En la mitad de una clase, en una universidad, uno de los alumnos, inesperadamente, le preguntó al profesor:
– ¿Usted sabe cómo se capturan los cerdos salvajes?
El profesor creyó que era una broma y esperaba una respuesta graciosa. El joven respondió que no era una broma, y con seriedad comenzó su disertación:
– Para capturar cerdos salvajes, primero se localiza un lugar en la floresta al que los cerdos salvajes suelen ir, y allí se coloca diariamente un poco de maíz en el suelo.
Así, los cerdos salvajes vienen todos los días a comer el maíz “gratis” y, cuando se acostumbran a venir diariamente, usted va construyendo una cerca alrededor del lugar donde se acostumbraron a comer, un lado por vez…
Cuando ellos se acostumbran a un lado de la cerca, vuelven para comer el maíz, y usted construye otro lado de la cerca…
Ellos vuelven a acostumbrarse y vuelven a comer.
Usted va construyendo la cerca alrededor, poco a poco, hasta instalar los cuatro lados del cercado alrededor de los cerdos.
Al final, instala una puerta en el último lado.
Los cerdos ya están habituados al maíz fácil y a las cercas, y así comienzan a venir solos por la entrada.
Es entonces cuando usted cierra el portón y captura a todo el grupo.
Así de simple, paso a paso, hasta que en el último segundo los cerdos pierden su libertad.
Ellos comienzan a correr en círculos dentro de la cerca, pero ya están presos.
Después, comienzan a comer el maíz fácil y gratuito.
Se acostumbran tanto a eso que se olvidan de cómo cazar por sí mismos, y por eso aceptan la esclavitud.
Incluso, se muestran agradecidos con sus captores y, durante generaciones van felices al matadero.
Ni siquiera desconfían de que la mano que los alimenta es la misma que los mata.
El joven le comentó al profesor que era exactamente eso lo que él veía que sucedía en su país, en su provincia, en su ciudad, con su pueblo.
Los gobiernos populistas, en sus proyectos dictatoriales, escondidos bajo el manto “democrático”, estuvieron lanzando maíz gratuito durante tiempo suficiente para alcanzar la mansedumbre sistemática.
Y cada nuevo “Gobierno Salvador” disfraza de “programas sociales” sus limosnas, da dinero que saca del bolsillo del propio trabajador, realiza misiones, planes, indulgencias, leyes de “protección”, subsidios para cualquier cosa, expropiaciones indebidas, programas de “bienestar social”, fiestas, ferias o festivales, uniformes, pan y circo, transporte “gratis”.
“¡G R A T I S!”
Toda esa “gratuidad” que nos ofrecen tales estafadores, disfrazados de políticos, llena de felicidad a un pueblo mal acostumbrado con las migajas del maíz fácil y “gratuito”. Nos roban la capacidad de ser críticos, pensantes y personas emprendedoras.
Sin embargo, claro que nada nos salió “gratis”.
Consecuentemente, ¡“no existe almuerzo gratis”!
Finalmente, si usted se da cuenta de que toda esa maravillosa “ayuda” gubernamental es un problema que se opone al futuro de la democracia en nuestro país, deberá compartir este mensaje.
Pablo Iglesias saluda a Pedro Sánchez, este viernes, en el Congreso de los Diputados. | EFE
No es fácil llegar a ser un país del primer mundo… pero casi más complicado es dejar de serlo. Eso sí, hay ejemplos de que, si lo intentas, lo puedes conseguir.
Siempre que me preguntan digo que yo soy optimista (hacia el futuro) porque soy realista (hacia el pasado). España, por ejemplo, ¿cómo será en 2040? Pues lo normal es que sea un país mejor: más rico, más próspero, más avanzado…
No lo digo por decir, es que todo nos empuja a ello. Los últimos 40 años son el asidero más resistente al que atar mi pronóstico: nunca hemos vivido un período que haya combinado así la estabilidad institucional, el crecimiento económico, la integración con las economías más avanzadas del mundo, la paz social. Sí, ha habido enormes dificultades, desde los crímenes de ETA a la crisis de 2008-2014, pero en conjunto podemos decir que hemos vivido el mejor período de nuestra historia. Y no es un cliché.
Además, como dice mi compañero Raúl Vilas, otro optimista-realista, en ese futuro previsible de prosperidad y crecimiento nos ayudan casi todas las grandes fuerzas que llegan del exterior: la globalización y la Unión Europea, el desarrollo tecnológico y la integración de los mercados. Como saben nuestros padres y abuelos (aquellos que nacieron en una terrible postguerra de hambre, miseria y aislamiento), no es nada fácil subirse al vagón del primer mundo… pero es casi más difícil bajarse.
Dejar de ser un país rico requiere de un trabajo denodado. Sólo empeñándote con todas tus fuerzas puedes conseguirlo: miren lo que les ha costado a griegos o argentinos. Décadas de un esfuerzo ímprobo. Eso sí, una vez que lo logras, la marcha atrás también es casi imposible.
Hace unos días se viralizó la carta de James Rhodes, un pianista y escritor que nos recordó algo tan obvio como que España es uno de los países con mejor calidad de vida del mundo. Y no lo digo con ese patrioterismo barato de «como mi pueblo no hay ninguno». Pensemos en el clásico juego: si fueras un extraterrestre y te preguntasen dónde querrías que aterrizara tu nave para vivir infiltrado como un humano, ¿Qué dirías? Yo lo tengo clarísimo: España, Francia (excepto París, una ciudad que siempre me ha parecido muy incómoda), el norte de Italia… Y poco más. Intuyo que Australia, sobre todo en esa costa que marcha de Melbourne a Sidney y Brisbane, también tiene que ser un buen sitio.
Hace 50 ó 100 años no creo que hubiera dicho lo mismo, pero ahora me quedo sin ninguna duda con mis tres elecciones mediterráneas: con esa mezcla de buen clima, desarrollo institucional (con todos los defectos que se quieran), democracia liberal (más defectos), progreso económico, cultural y social… Por cierto, que el clima y las playas están ahí porque sí; pero el resto, desde la tranquilidad que da pasear por las calles de Madrid (una de las capitales más seguras del mundo occidental), a tener la esperanza de vida más elevada del planeta junto a la de Japón, pasando por la extraordinaria red de carreteras, los bares pijos de Malasaña donde tomar el brunch este domingo, un sistema judicial capaz de juzgar y condenar al cuñado del Rey o la empresa de moda más importante del mundo (Inditex)… todo eso no ha surgido por generación espontánea. Démosle al César lo que es del César, y a la casta y al bipartidismo (y a los tecnócratas del Opus, que no se nos olviden, que también tiene su parte) lo que les toca.
Quizás por eso desde hace tiempo vivo las elecciones con una cierta distancia. No confío mucho en ninguno de los partidos. El 99% de los candidatos me parece de una mediocridad espantosa. Y sí, mis esperanzas de una revolución liberal (aunque sea mini-revolución) son cercanas al 0 absoluto. Pero tampoco me preocupaba especialmente el resultado. De hecho, en algunas ocasiones ni siquiera he ido a votar (y cuando lo he hecho, he apoyado a quien sabía que no iba a ganar, como UPyD al menos en dos ocasiones). Mis amigos forofos, los que siguen la actualidad política con la camiseta de su equipo puesta, le meten mucho dramatismo al asunto: «Si gana el PSOE nos hundimos», «Si vuelve el PP no se podrá vivir aquí», «A saber lo que hace Ciudadanos»… Y yo siempre les digo lo mismo: «Qué más da».
Ya sé que igual-igual no es. Si en los próximos 30 años predominan los presidentes mediocres y unos ministros poco hábiles pues creceremos algo menos y seremos un país más burocratizado y esclerotizado. Si tenemos suerte y caen dos o tres listos por La Moncloa, pues quizás podamos remendar los agujeros que le han ido saliendo a nuestros ropajes, porque no podemos negar que varios necesitan una puesta a punto: tendremos una normativa menos intrusiva, que facilite la creación de tejido empresarial más competitivo, flexible, liberalizado y con menos intromisión del BOE; un sistema de financiación autonómica más lógico; una fiscalidad más moderna; una normativa laboral menos decimonónica… Pero lo primero que debemos tener claro es que, en ese futuro en el que decidamos si queremos que nuestra economía sea más Italia-Francia o más Suiza-Holanda, los partidos harán lo que les pidamos.
Y, en ese relato de aburrida prosperidad o de estable mediocridad, ¿no podemos fastidiarla? Pero lo que se dice fastidiarla de verdad. Sí, claro que podemos. Miren a Grecia, a Argentina, a Venezuela (por cierto, tres países que hace 50-60 años eran más ricos que España). Es complicado pero, si lo intentas, lo consigues. También los habitantes de estos países pensaron que allí no podía pasar. Lo explica muy bien Nassim Taleb en sus libros: el problema de hacer predicciones basándote en las medias, en lo ocurrido en el pasado o en las tendencias… el problema es que obvias los grandes riesgos y lo que ocurre en los extremos de la distribución. Es como una empresa que crece cada año al 2% pero se endeuda cada vez más. Si no se vuelven locos y mantienen controlado el pasivo, es fácil prever dónde estará dentro de 10 años: pues será un 20-25% más grande. Pero si quiebra, la cuenta ya no sale. Da igual que tuviera el potencial de seguir creciendo. Tras la liquidación, lo que queda es la nada. En esa línea continua de mejora, ya hablemos de un país o una compañía, una disrupción que lo arrase todo es lo único que no te puedes permitir.
Nunca había pensado en que esos riesgos pudieran estar presentes en España. Siempre imaginé que íbamos a convertirnos en una de esas predecibles democracias donde la gente ni siquiera conoce a sus políticos o practica la alternancia por aburrimiento. Que estábamos a un pasito de ser Suiza o Alemania (un pasito muy grande, eso es verdad). Y ahora tenemos a un 25-30% del arco parlamentario con la intención declarada de destrozar la arquitectura institucional bajo la que nos hemos organizado en las últimas cuatro décadas (esto son los que hablan de hacer saltar por los aires el candado del 78) o romper directamente la misma unidad que nos ha traído hasta aquí (un nacionalismo de raíz étnica y xenófoba que debería estar enterrado en los campos de batalla centroeuropeos pero que en nuestro país pervive y manda).
Porque además, a estos tipos les da igual tener mayoría que no tenerla: ya lo han demostrado allí donde han podido, su objetivo es el poder y una vez en el mismo (aunque lo hayan alcanzado de milagro, por un diputado que cambió su voto o por una aritmética parlamentaria imposible) no se marcharán. Aquí no vale lo de decir: «Les damos una oportunidad y si no lo hacen bien, los echamos». Volvemos a lo de la normalidad y los extremos. A estos, cuando consiguen lo que quieren, no les echas (de nuevo, miren a Venezuela o a Argentina).
¡Un 30%! Y tienen pinta de que podrían ganar. Quien no quiera verlo es un ciego: desde hace 4-5 años estamos ante el asalto a un régimen, el del 78, que con todos sus defectos es el mejor que hemos conseguido hasta la fecha. Esto no tiene nada que ver con la dimisión de Rajoy o con la elección de Sánchez, sino con la destrucción del marco normativo y el armazón institucional. ¿Lo conseguirán? Si tuviera que apostar diría que no. En porcentaje, creo que tenemos un 75% de opciones de que las cosas salgan bien, se reconduzcan y volvamos al camino que nos lleva a Alemania o Francia o Suiza o…. Pero eso quiere decir que nos queda un 25% para el desastre.
Eso sí, ni de broma creo que esto es un argumento para estar relajado. Que un país rico, próspero y desarrollado como España tenga un 20-25% de opciones de entrar en un proceso de argentinización no es nada tranquilizador. De hecho, es una locura total. Y el peligro no terminará tras las próximas elecciones, sea cual sea el resultado. Probablemente la clave será qué partido sale de esta crisis al mando de la izquierda. Ya lo decía Pablo Iglesias enun artículo de la revista New Left Review en 2015: el objetivo no es ganar tal o cuál elección, sino sustituir al PSOE como fuerza hegemónica en la izquierda. Si eso se logra, llegar al poder es cuestión de tiempo, de pura alternancia democrática. Y cuando lleguen, no se irán.
El resultado final depende fundamentalmente de dos cosas: de las ganas de suicidio de los españoles y del PSOE, de si recupera la cordura o entra de forma definitiva en barrena. En este sentido, la elección de Sánchez podría ser hasta una buena noticia, si lograra lo que debería ser su objetivo principal: usar este tiempo en La Moncloa para recuperar para su partido el control de la izquierda, devolverle una idea de España que alguna vez se pudo intuir que tuvo y mandar a Podemos a la marginalidad de la que no debió salir. En sus manos estamos. De acuerdo, muy tranquilizador… no es.
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Posdata: este artículo nace de una doble incredulidad. La de ver que un país como España corre el riesgo cierto de tirar por la borda el mejor período de su historia. Y la de constatar que el 28-30% de los españoles vota a partidos que tienen como razón fundacional acabar con el régimen político que les ha traído hasta aquí (y, ya de paso, con uno de los países en los que mejor se vive del mundo). Yo puedo entender que un tipo en Zimbabwe esté de vuelta de todo, que le dé igual 8 que 80, que esté dispuesto a ir al infierno con tal de ir a alguna parte. Pero, ¿en España? ¿Un 30% de los votos? Pues así es.
Culpables de esto hay muchos. Rajoy desde luego. El PP, también: un partido miedoso y corroído por la corrupción. Zapatero, sin duda. Y el PSOE, una máquina infecta y enferma de poder que, por mantenerse en el mismo, en La Moncloa o en sus taifas regionales, ha estado dispuesto, casi siempre, a casi todo.
Pero que no se nos olvide una cosa. Si hemos llegado hasta aquí es por una razón fundamental: en España se miente y se ha mentido mucho. Ahora nos hemos dado cuenta por lo ocurrido en Cataluña: cómo puede ser, se preguntan los extranjeros, que Cataluña se quiera separar de España. Una de las regiones más prósperas de la UE saliéndose de la Unión. Un territorio con una autonomía real que para sí quisieran en muchos estados federales hablando de opresión. Pues porque la realidad que se ha dibujado es falsa: desde hace 40 años, cada problema, cada caricatura, cada contratiempo, cada revés, se ha asociado a España. El mensaje era «Tú eres mejor que ellos y tienes derecho a todo. Y si no lo consigues, es culpa de Madrid». Lo mezclas con unas gotas de supremacismo racial y superioridad moral y es hasta lógico que quieran irse. Porque, además, no ha habido un relato alternativo.
Y las mentiras no se han quedado sólo en la prensa (por llamarla de alguna manera) nacionalista. El retrato que se ha hecho de nuestro país en los últimos años en los medios de comunicación españoles (sobre todo en las televisiones, pero no sólo allí) también es mentira. La imagen de un país arrasado por la pobreza extrema, los desahucios y la desigualdad, tomado por una élite impune que robaba al ciudadano lo que era suyo, al borde de perder las libertades por la Ley Mordaza o por una sentencia judicial discutible… Cada uno de esos problemas existía y era discutible. Pero el conjunto que se ha dibujado, en tertulias, en columnas de opinión, en los titulares y en los reportajes de «interés social» es mentira. Mentira y de las gordas.
Sí, es mentira hacer artículos sobre la miseria en Madrid cuando Carmena hablaba de decenas de miles de niños en Madrid que vivían desnutridos y obviar el tema al día siguiente de que sea elegida. Sí, es mentira asociar la desigualdad, la precariedad o la pobreza con el PP, como si hubieran brotado del subsuelo en diciembre de 2011 y cuando en muchas de estas métricas económicas el peor período de la crisis fue el de 2009-2011. Sí, es mentira publicar 50 noticias al año sobre desigualdad o precariedad entre 2012 y 2018 y dos de 2009 a 2011 (hagan la prueba en un buscador, metan estos términos y vean la diferencia del número de noticias publicadas en función de quién gobierna y dónde). Sí, será mentira que desaparezcan de nuestras mañanas televisivas (y desaparecerán a partir del lunes) los reportajes sobre familias a las que desahucian o han perdido el subsidio del desempleo. Se ha dibujado un país que no existe. Se ha exagerado, sabiendo que se exageraba, por razones puramente ideológicas. Se ha descrito una realidad más norteafricana que europea. Y al mismo tiempo se han blanqueado partidos que hunden sus raíces ideológicas en los más abyectos totalitarismos del siglo XX. Se ha ocultado o minimizado quiénes los trajeron hasta aquí y cuál es su razón de ser (muy fan de esos politólogos socialdemócratas exquisitos que se van de debate con Monedero o con Errejón pero luego llaman derecha extrema al PP). De ahí, de esas mentiras, también salen esas quejas absurdas, ese sentimiento impostado, ese desprecio sel pasado reciente, de los que dicen este domingo que «Este país no puede ir a peor» o «Somos la primera generación que vivirá peor que sus padres» mientras se piden su segundo gin-tonic con pepino en la terraza del Matadero antes de irse a montar en bici por Madrid-Río.
Espero que tengamos suerte y que nos toque ese 75% del que hablaba antes. Pero, si no es así, recordemos quiénes ayudaron a los que nos quieren empujar hacia el abismo.
Lo único auténtico del 15M fue la indignación de mucha gente sencilla. Pero estaba gestionado por una élite con otras intenciones. Ésta es la verdadera historia de aquel artificio exitoso.
Si buscan ustedes en Youtube el video“Los primeros 40 de Sol”podrán ser testigos de cómo empezó todo. El chico que coge el megáfono se llama Miguel Arana, y será el primer portavoz del Movimiento, el primer indignado.
En esos días se presenta como estudiante, pero no es verdad, en realidad ya es profesor de Física Teórica en la Universidad Autónoma de Madrid, y está desarrollando una herramienta de software destinada a gestionar la inteligencia colectiva de manera masiva.
Una herramienta que presentará al año siguiente bajo el nombre de Incoma, y que perfeccionará más tarde con Labodemo, el laboratorio democrático que postula el Open Goverment financiado por el multimillonario de izquierdas Soros a nivel mundial (el mismo que financió las primaveras árabes).
Con Carmena
A día de hoy, Miguel pone en práctica todos sus conocimientos ocupando el puesto de Director de Participación del Ayuntamiento de Madrid que gobierna Podemos. Se trata de pasar de una democracia representativa como la actual donde los ciudadanos pintan poco, a una virtual colectiva donde los ciudadanos no pinten nada.
Así, en dicho ayuntamiento ya se están aprobando leyes y proyectos millonarios con apenas 8000 votos telemáticos… en una ciudad de casi 4 millones de habitantes.
‘Inteligencia’ colectiva
Miguel dará un paso atrás pronto, apenas el 15M se convierte en un fenómeno mundial se esconderá en la Comisión de Legal, a pesar de no haber leído un libro de leyes en su vida.
De repente aparecerá como nuevo portavoz y al mando de la Comisión de Comunicación (la más importante) un tal Tomasz Szabelewski, un Business Consultatnt que trabajaba para la Fundación Everis presidida por Eduardo Serra(Secretario de Estado con el PSOE, Ministro con el PP) e integrada por 100 empresarios de prestigio -la mayoría habituales del capitalismo de amiguetes tan propio de la socialdemocracia-, tales como: Benjumea (Abengoa), Falcones (FCC), Alierta (telefónica), etc. Todo muy antisistema ¿no?
Para ampliar los mensajes que surgían de Sol, algo fundamental para el éxito del Movimiento, el Presidente de Jazztel, Martín Varsavsky, instaló de manera ¿desinteresada? varias foneras en la emblemática plaza.
Y el periodista que más ha investigado sobre el movimiento, Daniel Stulin, descubrió que Vlad Teichberg -que luego sería el promotor del Occupy Wall Street, y que había estado también en las revueltas árabes que inspiraron el 15M-, permaneció durante toda la acampada en un palacete de la Calle del Pez de Madrid, donde tenía más de medio millón de dólares en equipos informáticos, y desde donde controlaba todo lo que trascendía desde Sol al exterior.
Teichberg, es un exbroker de Wall Street, además de un genio informático y matemático que asesora a empresas como JP Morgan para que se forren en la Bolsa.
Disidencia controlada
Existen dos formas de enfrentarse a la vida desde una perspectiva política: el colectivismo (socialismo, fascismo y comunismo) y el individualismo (liberalismo).
El 15M no es más que un exponente del primero. A través de la inteligencia colectiva y la disidencia controlada un grupo reducido de personas lidera a toda una masa que, desconcertada y confundida por no controlar más que una pequeña parte del proceso en el que se ven inmersos, decide acogerse a la seguridad que da el rebaño y seguir al pastor de turno que piensa y decide por todos.
Una vida desahogada
Entre las veinte personas más importantes del 15M no hay ni un solo joven sin futuro, ni un solo obrero maltratado por el sistema…. nada de eso. Todos sin excepción eran mentes privilegiadascon una o varias carreras universitarias y una vida desahogada.
Algunos formados en prestigiosas universidades privadas norteamericanas como UCLA o Harvard, donde estudió uno de los promotores de DRY (Democracia Real Ya) que convocó la manifestación del 15M: Enrique Dans, antiguo asesor de Núñez Feijoo en Galicia.
Las miles de personas que acudían a la plaza no sabían nada de esto, no sabían que formaban parte de un rebaño, y que en un rebaño nunca hay libertad de elección.
Pensamiento único
Todo rebaño tiene un pastor… y un perro pastor para las ovejas descarriadas que en este caso lleva la forma de pensamiento único impuesto a través de los medios de comunicación.
La gente se acercaba a la plaza harta de la situación que estaba viviendo, con buenas intenciones… sin saber que estaban allí para que nada cambiara.
Es todo tan artificial que en el momento de la protesta España llevaba siete años gobernada por el PSOE, con Zapatero al frente. Y el heredero natural de esa protesta, el que más beneficiado salió de aquella ola de indignación, Pablo Iglesias, dijo del mismo Zapatero que era un referente progresista mundial… y el mejor presidente de la democracia.
¿Protestaban contra el mejor presidente de la democracia?
Se está convirtiendo en una bomba en YouTube y redes sociales. Una versión del “Despacito” que se está haciendo poco a poco viral. La música de Fonsi sirve para despellejar a los morados.
Sin duda alguna poco a poco va a ser un éxito en las redes sociales para disgusto de los dirigentes de Podemos que se ven retratados en el vídeo. Ellos, los Pablo Iglesias, Juan Carlos Monedero, Irene Montero, Ramón Espinar, Pablo Echenique y compañía que tanto han utilizado las redes para arremeter contra sus rivales políticos, fundamentalmente el PP, ahora ven como el ingenio popular le ha pagado con la misma moneda.
Y es que la youtuberZooropina, tal y como ha constatado ESdiario, ha aprovechado el ritmo y música del éxito imparable de Luis Fonsi, el tema Despacito, para con una particular letra despellejar sin piedad a Podemos.
Retrasito se llama el tema adaptado, que les mostramos en ESdiario, fruto de la originalidad de la usuaria que justifica su creación con esta introducción que da paso al vídeo: “Me desperté ayer con esto en la cabeza. Necesitaba hacer esta versión y dar mi punto de vista. Ahora que abiertamente he dicho que no me gusta un pelo Podemos, qué mejor que una declaración musical. Espero lo disfrutéis y no tengáis en cuenta que no soy cantante profesional y que encima, estoy resfriada. Gracias por la consideración. Que lo disfrutéis”.
De momento no ha alcanzado los 500 millones de reproducciones del tema de Fonsi, pero ya acumula miles de reproducciones en YouTube y, sobre todo, un sinfín de “compartidos” en las redes sociales, fundamentalmente en Facebook pero también en Twitter. Un vídeo musical que no tiene desperdicio con imágenes de líderes de Podemos bailando al son de la canción o en situaciones que acompañan la crítica letra.
Les dejamos el vídeo y también la transcripción del tema que está corriendo como la pólvora.
Si lleváis un tiempo dando el espectáculo, el Congreso, cada día un show. No todo el que piense distinto es un cafre son la trama o lo cuñados,no.
Vais siempre de listillos con moralidad, siempre por encima del bien y del mal sobran mariscadas y falta discurso.
Y para rematar fletáis un autocar, que pa’ dar por culo no quiere arrancar sale más a cuenta tunear un vespino.
(Estribillo) Retrasito, todo ya en Podemos es un retrasito dicen democracia pero es comunismo, esto es lo que pasa por lo abrir un libro. Retrasito, todo el mundo es malo si no ve lo mismo de la hipocresía saltan al cinismo ahora ser moderno es ensalzar Marxismo.
¿Qué tal si os ganáis el sueldo con menos chorradas? Y que por un solo día, sepamos por qué se os paga. Tanta «MÁQUINA DEL FANGO» tanta «TRAMA» y «CASTA» pero os habéis convertido, en «LA GENTE» que más gasta.
Y cada día es un escándalo, llevo meses notándolo. Montáis el espectáculo y luego vais negándolo. Aun no lo sabéis pero ya sois la nueva CASTA Por soltar consignas os cae una buena PASTA
A ver si un día de estos, una buena idea sale, y dejáis de actuar como una panda de anormales. Ya estamos cansados de discursos y lecciones, luego que el PP os come en las elecciones.
Pasito a pasito, barriendo retrasito. Vamos protestando, poquito a poquito. Y si os molesta, es una protesta. Y a estas alturas no queda delicadeza.
Pasito a pasito, bajando el puñito. Tanta tontería, ya somos grandecitos. Y es que estamos hartos de tanta bobada. Al final Podemos, se va a quedar en nada.
(Estribillo) Retrasito, todo ya en Podemos es un retrasito dicen democracia pero es comunismo, esto es lo que pasa por lo abrir un libro. Retrasito, todo el mundo es malo si no ve lo mismo de la hipocresía saltan al cinismo ahora ser moderno es ensalzar Marxismo.
¿Qué tal si os ganáis el sueldo con menos chorradas? Y que por un solo día, sepamos por qué se os paga. Tanta «MÁQUINA DEL FANGO» tanta «TRAMA» y «CASTA» pero os habéis convertido, en «LA GENTE» que más gasta
Retrasito, vivir del franquismo eso está muy visto no hay que ser mediocre, hay que ser más listo. 2017 muera el comunismo.
Pasito a pasito, barriendo retrasito. Vamos protestando, poquito a poquito. Y si os molesta, es una protesta. Y a estas alturas no queda delicadeza.
Pasito a pasito,
bajando el puñito.
Tanta tontería, ya somos grandecitos…
Desde hace años el populismo es conocido como procedimiento político para alcanzar el poder prometiendo dar y hacer, a favor de la población, cosas que no se pueden cumplir porque el Estado carece de suficientes recursos y, entre esas promesas, se incluye alcanzar un alto índice de felicidad individual. Junto a la promesa de cosas imposibles los populistas promueven un líder, que aparece como salvador del país ante alguna situación de frustración, apalancándose sobre el malestar, reprimiendo las libertades y desembocando en el caudillismo. Ha habido dictadores-caudillos de corte fascista, como Mussolini y Hitler, los comunistas Lenin, Stalin, Mao, los Castro y los más recientes caudillismos populistas-comunistas de Sudamérica, como los de Chávez-Maduro en Venezuela, o de Ecuador o Bolivia que han llevado a las poblaciones a la sumisión personal, a la inseguridad física y jurídica, a la pérdida de libertades y a la pobreza.
Probablemente ha sido Hitler el dictador populista más conocido y que más desgracia provocó a sus conciudadanos, inicialmente, con la persecución interior de los judíos en Alemania y de los no afectos al nazismo y, posteriormente, al promover la Segunda Guerra Mundial que acabó con 60 millones de muertos. La aparición del nazismo en Alemania fue consecuencia de la frustración política que vivía el pueblo alemán por la derrota en la Primera Guerra Mundial 1914-1919, la imposición de indemnizaciones y las pérdidas territoriales, de regiones apreciadas como propias, por el Tratado de Versalles. A ello se sumó la hiperinflación que llevó a que el dinero careciera de valor (se llegaron a imprimir billetes de 1 billón de marcos). Así pues, lo que hizo Hitler fue agitar la indignación y la frustración colectiva, con “tambor” y propaganda, prometiendo solucionar esa crisis por la superioridad del pueblo ario germánico y con la unión pangermánica; para ello creó como enemigo a los judíos, que calificó de pueblo inferior, y lo acusó de enemigo de Alemania por ser capitalista o comunista, según el caso. Con esas mentiras y promesas de felicidad ganó Hitler las elecciones de 1933, llegó al poder, se adueñó de las instituciones, terminó con las instituciones democráticas, persiguió a los discrepantes y llevó al país a la represión y a la guerra.
El mensaje era mentiroso e irresponsable: declaró a los judíos como enemigos del pueblo ario y vinculó su eliminación con la felicidad de los alemanes; inventó la dicotomía entre pueblo ario-bueno y pueblo-judío malo, utilizó la violencia callejera, impulsó el temor ciudadano y pretendió alcanzar la limpieza de raza como elemento de felicidad social y económica del pueblo alemán. La táctica de división del pueblo y los métodos violentos de represión, sin reacción del Estado de Derecho, atemorizaron a la población, y fueron la palanca que ayudó a los nazis a alcanzar el poder en 1933 y, en los años posteriores, a publicar las leyes racistas de exclusión de los judíos: expulsión de las cátedras, de las escuelas públicas, de la función pública… El desenlace es conocido: el exilio o los campos de concentración o de exterminio.
Vale la pena leer un libro autobiográfico recientemente publicado en español “No eres como las otras madres” (“Du bist nicht so wie andre Mütter”), de Angelika Schrobsdorff. Se trata de la autobiografía de esta alemana, hija de judía y padre cristiano, que a los 10 años acompañó a su madre judía en la huida desde Berlín a Bulgaria. Lamentablemente, la madre se había empeñado en permanecer en Berlín hasta pocos meses antes de la invasión alemana de Polonia el 1 de septiembre de 1939, pues no daba crédito a lo que sucedía y confiaba en que acabaría pronto esa época de represión y persecución de los judíos por los nazis. Evidentemente, se equivocó.
Ese planteamiento de inventar un enemigo, al que se enfrenta el líder con el pueblo bueno, para dar el fruto de la felicidad carece de rigor y es una irresponsabilidad; pero es el procedimiento operativo utilizado por los populismos de Sudamérica y que, vemos, utilizan los populistas españoles. El líder (que será luego caudillo), con todo tipo de propaganda, quiere alcanzar el poder y, para ello fomenta el odio entre la población y la división social. Aquí, el pueblo es “la gente” (los buenos) y “la casta” (los malos, ya por capitalistas o por corruptos) y, simultánea y utópicamente, prometen que la sociedad alcanzará la felicidad por medio de la renta universal, o rentas complementarias, por lo que no habrá pobres ni personas desiguales. Sin embargo, no proponen actuaciones realistas de inversión ni de empleo, sino que anuncian la nacionalización de grandes sectores económicos: banca, energía, transportes, comunicaciones, etc., la revocación de las privatizaciones realizadas, la subida de los impuestos y la intervención económica comunista. Evidentemente, es incompatible con la integración de Europa y el euro, por lo que provocarían la salida de España de las instituciones europeas. En resumen, pretenden acabar en España con las libertades individuales, el modelo constitucional de división de poderes, el de libre empresa, con la seguridad jurídica del Estado de Derecho y la integración en Europa. Por supuesto, que nuestras instituciones deben ser regeneradas y mejoradas, pero nunca con esta fórmula que lleva a la pérdida de la democracia, a la huída de inversiones, como ha ocurrido en Venezuela, Argentina, y muchos otros lugares, así como a la pérdida de libertades y a la miseria.
Se ha puesto a la venta el libro, “El engaño populista”, cuyo título, he utilizado para esta nota, escrito por el politólogo chileno Axel Kaiser y la profesora guatemalteca Gloria Alvarez, en donde relatan los caracteres antiliberales del populismo, su evolución y lo que está siendo el populismo en Chile, Argentina y Venezuela, y que se resume en las ideas expuestas: aprovechar alguna crisis económica, prometer la felicidad del pueblo, dividirlo en buenos y malos, alcanzar el poder, consolidarse y, desde ahí, destruir las instituciones políticas, terminar con las libertades y arruinar la actividad económica.
¿Es ese el sistema para salir de la crisis? Es evidente que no se trata de un planteamiento de nueva política porque, simplemente, son viejos comunistas y ese modelo ya ha fracasado en la vida real.
CONCLUSIÓN
Ocurrió en Alemania, y ocurre actualmente en Venezuela; no podemos ser tan ingenuos de pensar que si llegaran al poder los populistas españoles de Podemos van a respetar las instituciones, el Estado de Derecho y nuestro modelo de convivencia y de prosperidad económica. Ahí está la triste realidad que sufren en los países con caudillos populistas en Sudamérica. Mejor aprender en cabeza ajena y que no se repita ese fracaso en España.
El argumento que se esgrime para defender la aplicación del salario mínimo interprofesional es siempre el mismo: la defensa de los derechos de los trabajadores más vulnerables. Es decir, se entiende que con la aplicación de un salario mínimo se protegen mejor los derechos del trabajador y se conseguirá también un mejor reparto de los “ingresos”, que no los “beneficios” de una actividad empresarial. Por tanto, además, se le atribuye al salario mínimo unas virtudes como catalizador para una mejor redistribución de la riqueza.
Nada más lejos de la realidad. Su efecto es más bien contrario a los beneficios que sus defensores predican. ¿Por qué comento esto? Principalmente por una cuestión de teoría económica, además de por los resultados obtenidos donde se ha aplicado.
La única variable a tener en cuenta cuando hablamos del salario minino es la “productividad”. El salario está directamente relacionado con la productividad y por lo tanto, cualquier subida salarial que no vaya de la mano de un aumento de la productividad tendrá solo un impacto en el nivel de precios, provocando inflación.
El principal error de los defensores del salario mínimo es tomar como referencia el “salario nominal”, lo cual no deja de ser otra gran equivocación. Para comprobar correctamente cómo se encuentra el poder adquisitivo de los trabajadores debemos tomar como referencia el “salario real”. Y sabemos perfectamente que éste, solo presenta mejorías cuando ocurren dos cosas: el ya comentado aumento de la productividad y un aumento de la inversión.
El salario real sirve para mostrar si el poder adquisitivo del trabajador se ha reducido como consecuencia de la inflación, o si por el contrario ha aumentado, lo cual sería ideal. Podemos encontrarnos con casos donde el trabajador ha experimentado un aumento salarial, pero este no se ha traducido en un aumento de su poder adquisitivo. Por tanto, la única subida que nos debería interesar son las subidas del salario real ya que se traducirían en un mayor poder adquisitivo para el trabajador. Pero mientras no aumente la productividad, estas subidas solo serán artificiales, como las provocadas por subidas automáticas o programadas del salario mínimo.
Voy a utilizar como ejemplo datos de una economía dinámica como la norteamericana, donde se llevan recopilando estadísticas desde principios del siglo XIX. El primer aumento salarial en EEUU decretado por el gobierno federal ocurrió en el año 1938, y tuvo como resultado un aumento significativo de la tasa de desempleo, especialmente entre los trabajadores con menos formación, curiosamente aquellos a los que estas medidas pretenden ayudar.
Y ¿porque?. Pues, como dice el adagio: «there is no free lunch». En castizo: «no hay tal cosa como una almuerzo gratis, o no es almuerzo, o no es gratis». Cada vez que el gobierno impone una subida del salario mínimo, las empresas actúan en consecuencia, reduciendo personal, jornada laboral, quitando beneficios y por supuesto aumentando el precio final de sus productos. En definitiva, trasladando a los consumidores y por ende a los trabajadores más desfavorecidos el aumento del coste de la contratación.
Por lo que se ve, los políticos parecen no enterarse, o bien, prefieren seguir con el discurso electoralista y populista. Desde 1938 el salario mínimo en EEUU ha experimentado subidas en veintidós ocasiones. Según un estudio publicado en 2012 por Mark Wilson, los aumentos del salario mínimo en gran parte del siglo pasado no tuvieron ningún efecto a la hora de reducir el número de ciudadanos en situación de pobreza. Todo esto unido a los efectos que una subida de precios tendría sobre la inflación son argumentos más que sólidos para posicionarse en contra de la intervención del Estado a la hora de regular las condiciones económico-laborales.
Desgraciadamente, el control sobre el salario mínimo no es la única injerencia del Estado en las relaciones empleado-empleador. Tenemos los dichosos convenios colectivos regulados por sindicatos y gobierno, y que imponen a la fuerza a empresas con realidades económicas totalmente distintas en una especie de “café para todos” que solo sirve para reducir la flexibilidad de las mismas y entorpecer a los empresarios y trabajadores, que son realmente quienes mejor conocen su realidad y podrían establecer sus relaciones de forma más eficiente.
Mientras siga primando el discurso populista y desfasado de la actualidad, y continúe imperando el grito a la razón, seguiremos siendo castigados por un sistema que limita nuestras libertades y nos empobrece a todos.
Una vez en el poder, las políticas que los populistas aplican no van nunca más allá de la acción arbitraria en función de lo que se envidia (propiedad) y lo que se teme (ideas diferentes), limitándose a la expropiación (robo) y la marginación del diferente de manera sistemática.
Han pasado más de cien días desde que los nuevos ediles podemitas tomaron el poder en diferentes ciudades y pueblos de la geografía española. No les voy a hacer un resumen de “noticias” o “noticietas”, que para eso ya leen ustedes los periódicos. Sólo pretendo compartir con ustedes lo que me ocurrió ayer mientras revolvía en mi biblioteca buscando fuentes citables para definir, y en cierta medida intentar explicar, la gripe populista de la que enfermaron buena parte de los votantes en las pasadas municipales y de la que espero vayan recuperándose poco a poco: no les bastaba con la vacuna subcutánea, pidieron una dosis en vena… y la “vacuna” va haciendo efecto.
La vacuna “Podemos” va haciendo efecto porque nada mejor para combatir el populismo arbitrario que la arbitrariedad del populismo. Los populismos, todos, alcanzan el poder apoyados en el marasmo temporal de las masas enfurecidas contra alguien o contra algo. El populismo no ofrece soluciones de futuro (ni de presente) pues lo único que necesita para llegar al poder en un sistema mayoritarista de alternancia (no lo voy a llamar democrático, el nuestro no lo es) son uno o varios enemigos a los que señalar con el dedo: los bancos, la casta, los ricos, los propietarios de más de un piso, los explotadores de la asociación de PYMES, los autónomos, … Enemigos porque comparten dos características findamentales: piensan diferente y tienen lo que las masas enfurecidas no tienen.
Las flamantes alcaldesas de Madrid y Barcelona, Manuela Carmena y Ada Colau.
Una vez en el poder, las políticas que los populistas aplican no van nunca más allá de la acción arbitraria en función de lo que se envidia (propiedad) y lo que se teme (ideas diferentes), limitándose a la expropiación (robo) y la marginación del diferente de manera sistemática. El carácter arbitrario de tal acción política acarrea, antes o después, consecuencias negativas para buena parte de los afectados por la gripe populista…. quienes se pasan el resto de la legislatura deseando que haya nuevas elecciones para poder devolver a las Colaus y Carmenas a su sitio: cuanto más lejos del poder, mejor. Pues se van a tener que “chinchar” tres años más, es lo que dura la convalescencia en esta coporcracia nuestra.
Les decía que ayer hojeaba algunos libros en casa, en busca de argumentos diferentes del mío que me apoyasen en mi apreciación psicopatógena del fenómeno populista, cuando descubro el lomo de un libro acribillado a marcadores de papel: “Economy and Society” de Friedrich Nietzsche. Mi “amigo” escribía estas memorables líneas, que comparto en tres dosis con ustedes (página 132):
Der Sozialismus ist der phantastische jüngere Bruder des fast abgelebten Despotismus, den er beerben will; seine Bestrebungen sind also im tiefsten Verstande reaktionär.
El socialismo es el fantástico hermano menor del casi decrépito despotismo , del que quiere ser heredero; sus aspiraciones son reaccionarias en el sentido más profundo de la palabra.
Denn er begehrt eine Fülle der Staatsgewalt, wie sie nur jeder Despotismus gehabt hat, ja er überbietet alles Vergangene dadurch, daß er die förmliche Vernichtung des Individuums anstrebt: als welches ihm wie ein unberechtigter Luxus der Natur vorkommt … er braucht die alleruntertänigste Niederwerfung aller Bürger vor dem unbedingten Staat, wie niemals etwas Gleiches existiert hat; und da er nicht einmal auf die alte religiöse Pietät gegen den Staat mehr rechnen darf, vielmehr an deren Beseitigung unwillkürlich fortwährend arbeiten muß … so kann er sich nur auf kurze Zeiten, durch den äußersten Terrorismus, hier und da einmal auf Existenz Hoffnung machen.
Porque desea tal gran cantidad de poder del Estado, como nunca ningún despotismo pudo disfrutar, incluso sobrepasa todo lo que ocurrió en el pasado en su búsqueda de la destrucción formal del individuo: dado que el individuo es un lujo de la naturaleza sin razón de ser … necesita (el socialismo) de la postración humillante y absoluta de todo ciudadano ante el Estado incondicional, y de forma como nunca antes había existido; y puesto que el socialismo ni siquiera puede contar con la antigua piedad religiosa frente al Estado , sino que debe trabajar contínua- y decididamente en su destrucción… sólo puede aspirar a la existencia durante períodos cortos de tiempo, a través del terrorismo más extremo.
Deshalb bereitet er sich im stillen zu Schreckensherrschaften vor und treibt den halbgebildeten Massen das Wort ‘Gerechtigkeit’ wie einen Nagel in den Kopf, um sie ihres Verstandes völlig zu berauben … und ihnen für das böse Spiel, das sie spielen sollen, ein gutes Gewissen zu schaffen.
Por eso prepara en secreto su reinado de terror e impronta en las masas medio-educadas la palabra “justicia” como un clavo en la cabeza para privarles por completo de la razón… y crear en ellos una buena conciencia ante el malvado juego al que les obligarán.
¿Qué más les voy a decir yo, que no haya dicho ya Nietzsche? Pues eso, a curar la gripe … o a sacarse el clavo de la cabeza del que nos habla el pensador alemán.
La publicidad la airea el señor Pablo Iglesias esta mañana con unas palabritas y un hashtag para el mundo del pajarito en el que los podemitas se mueven como pececillos en el agua: «No nos hace falta más indignación con la crisis humanitaria que vive Europa, hacen falta soluciones #PodemosAcoge«.
Coincide la campaña publicitaria, quizás casualidad, no lo creo, con las declaraciones de Compromis en Valencia en las que la señora Oltra pone a disposición del drama lo que haga falta. Al igual que Barcelona, Madrid, y Cádiz. Las nuevas y progres ciudades de acogida de refugiados ¿Faltaría mas?
Y en este tsunami populista, nivel diez con insuperables espumaradas de indignación y demagogia, los grandes gurús del periodismo mediático se contentan con surfear sobre las olas del gran debate teórico sobre la ética profesional centrados en la imagen del niño sirio ahogado en la playa.
–Mi niño no es malo –dice la madre destrozada a la puerta del talego-.Mi niño era muy bueno, pero tenía mala junta.
Es muy corriente entre las madres de los jóvenes delincuentes culpar a las compañías de sus hijos de los vicios, libertades y fechorías de las que abusan sus criaturas. Hay madres convencidas de que a su hijo, la Policía y la Guardia Civil le acusan de muchos tirones porque le tienen ojeriza y “…como la droga le ha dejado sin voluntad, se come los marrones de otros yonquis con influencias”. Es el amor de madre tatuado en el hombro presidiario y un sentimiento disculpable por el que hasta habría que tener un poco de caridad. Luego la madre, a solas y en casa, llora y reza porque su Rafa cambie de una puñetera vez.
Inevitablemente, el líder de Podemos, Pablo Iglesias, tuvo que cantar el día que subió al escenario con Javier Krahe aquella estrofa, justo antes del estribillo, que dice: “Lo que antes ser muy mal permanecer todo igual y hoy resultar excelente”.Corría febrero de 2014 cuando entrevisté a Iglesias por primera y última vez(no ha vuelto a conceder a La Marea ningún otro rato de conversación formal, pese a varios intentos). Entonces, Podemos era un proyecto que movilizaba masivamente la energía de unas bases que, tras el desgaste de la movilización que abrió el 15-M, parecían estar deseando poner sus esfuerzos en una organización que les representara en las instituciones. En ese momento, en el partido no había listas plancha y las primarias se presentaban como la posibilidad de que cualquier persona pudiera llegar a ser representante de la formación. El invento, pese a las distancias, olía a 15-M. Durante aquella entrevista, pregunté a Iglesias por Beatriz Talegón, que dejaba abierta la puerta -o al menos no la cerró en un primer momento- a unirse a Podemos si él se lo pedía. Él me respondió así: “Nuestro proyecto está abierto a todo el que comparta lo que estamos diciendo, pero aquí no hay estrellas que vayan a recibir una petición singularizada y diferente a la que hicimos en general. Conozco a Beatriz pero el llamamiento que hacemos a todo el mundo no implica que a una serie de personas, por el hecho de ser más relevantes, vayan a tener una petición específica”.
Un año y medio después, Iglesias y su entorno han entrado en contacto, de forma específica, por vía telefónica, con Talegón y con otros cuadros relevantes de partidos como IU, entre ellos Alberto Garzón, para integrarlos en su lista plancha de cara a las primarias internas. La diferencia de estilos entre el ayer y el hoy es abrumadora. Se trata de un conjunto de hasta 60 nombres que el secretario general y los suyos han confeccionado de manera privada y secreta, cocinada en despachos, y que se podrá votar en bloque cuando se abra el proceso de deliberación de Podemos. También se podrá optar por asignar los votos de forma individual, pero la experiencia de pasadas primarias permite adelantar el resultado sin mucho riesgoa equivocarse. Iglesias juega con la ventaja de una fama (y una genialidad a nivel discursivo) sin discusión. ¿Se imaginan que las primarias para las elecciones europeas, donde Podemos dio la sorpresa, se hubieran realizado con listas plancha? Difícilmente habría sido eurodiputada Teresa Rodríguez, ya que no se encontrabaentre las apuestasque Iglesias hacía pocos días antes de la votación. No había listas hechas en “despachos”, una práctica recurrentemente criticada por el líder de Podemos.
Muchos de los que asistimos a la presentación de Podemos, en un pequeño teatro alternativo en el madrileño barrio de Lavapiés, sentimos que estábamos ante algo vibrante que iba a sacudir la escena política española. En aquel momento, lo recuerdo bien, aunque se le haya echado la culpa a Podemos del vaciamiento de las calles, el 15-M estaba totalmente desgastado y no lograba juntar a más de unos pocos cientos de personas en sus manifestaciones. Se respiraba hastío, se acumulaban las multas, no se cumplían los objetivos. Por otro lado, el ascenso de IU era lento y lastrado por los casos de corrupción en la federación de la Comunidad de Madrid. En ese momento Iglesias, que se había hecho famoso por dar caña en platós a tertulianos y políticos de derecha, llevando a las televisiones un discurso que estaba en la calle, se ofreció a ser la cara de un nuevo partido político que se caracterizaba, entre otras cosas, por un “método”. Él mismo incidió en este concepto durante la presentación de Podemos: “El método es lo más importante”, aseguró.
Éste consistía básicamente en la elección de las listas electorales mediante “primarias abiertas” donde participasen candidatos de otros partidos, como IU, para que sean los mismos simpatizantes los que elijan a quienes les van a representar. De hecho, Iglesias mencionó en varias ocasiones al Partido X, de primarias totalmente abiertas, como ejemplo de las que querían realizar. En cuanto a la elección de aspirantes a las primarias, éstos eran “elegidos por los círculos de Podemos”, es decir, venían directamente avalados por la base, lo que garantizaba un alto grado de pluralidad. Por aquel entonces no se hablaba de que tenía que ser la gente “más preparada” la que estuviera al frente, sino la ciudadanía movilizada. “Nosotros nos debemos a nuestra metodología, estamos convencidos de que sólo devolviendo a la ciudadanía la responsabilidad, podremos construir una mayoría”, decían Carolina Bescansa, Miguel Urbán y el propio Pablo Iglesiasen un artículo firmado por los tres, un mes después de su fundación. Según este razonamiento, a la ciudadanía se la suponía mayor de edad, responsable y capaz de elegir a los mejores representantes.
La democracia real genera ilusión, porque da a las bases la sensación de que cualquiera puede ser dirigente o representante, ser votado y revocado con democracia total. Sentir que el proyecto es tuyo te hace defenderlo con una fuerza inagotable. El ascenso imparable en las encuestas de Podemos durante aquellos meses es conocido por todos. Ese espíritu, más parecido al 15-M, se rompió en Vistalegre, el congreso fundacional de Podemos. El tiempo dirá si la estrategia del entorno de Iglesias es certera o no, pero no se puede negar que en ese momento el partido cambió de forma contundente. Se presentaban los documentos organizativos, éticos y políticos, que incluían incluso la decisión de no confluir de cara a las generales. Se votó con la presencia de listas plancha. Con un solo clic, cualquiera podía elegir el pack de documentos que avalaba Pablo Iglesias. De nuevo, la figura pública y la adhesión que genera éste último hicieron el resto. De Vistalegre no sólo salió la decisión de no confluir con otras fuerzas en las generales, como sí se ha hecho en las municipales, sino que también se eligió a los miembros de la dirección, el Consejo Ciudadano, y su modo de funcionar. Y aquí tampoco hubo rastro de la incertidumbre de las europeas: las listas plancha dibujaron un Consejo Ciudadano leal a Iglesias. “Habilitando un mecanismo de votación en plancha, se ha establecido un sistema de elección mayoritario puro de facto, aunque formalmente se trate de listas abiertas”, se quejó el equipo del secretario general de Podemos Aragón, Pablo Echenique.
Este Consejo Ciudadano, formado por una lista presentada por Iglesias, ha sido el que ha aprobado el reglamento de primarias elaborado por éste. El círculo está cerrado. No hay casualidades ni sorpresas. Hoy, la realidad es que en la cúpula de Podemos el espacio para la discrepancia parece estrecho y eso se deja notar en el discurso, que cada día parece más acartonado. Los mismos conceptos se repiten machaconamente, hasta casi el hastío, en la mayoría de las caras visibles de la formación. Han desaparecido algunas ideas como la de la nacionalización de ciertos sectores económicos y aún no se sabe si la discusión del programa para las generales va a contar con el alto grado de participación que hubo en el de las europeas. “No es lo mismo hacer un programa para las europeas que otro para gobernar”, ha dicho en alguna ocasión Iglesias, mientras se recurre a expertos que limiten el marco de las discusiones.
Al principio, la sensación en las bases era que cualquiera podía dar el paso y convertirse en diputado del Congreso. Hoy eso ya no lo cree nadie en los círculos. Prácticamente sólo los que logran establecer una relación cercana con el entorno de la cúpula son llamados a ocupar puestos administrativos. ¿Qué son los círculos hoy en día? ¿Son un ejemplo de “empoderamiento”, como se pretendía?El ahora eurodiputado Miguel Urbán me comentó en una entrevistaque no quería que los círculos se convirtieran en “clubs de debates o en pegacarteles cuando toca manifestación”. Pero la realidad es que en estos momentos son poco más que eso. La mayoría de las personas que controlan los órganos de dirección estatales de Podemos, así como las de gran parte de la estructura burocrática del partido, se conocen entre ellos desde hace años. Es curioso, en definitiva, el alto nivel de endogamia al que conduce una suma de procesos que presuntamente son un ejemplo de democracia interna. Veremos si el marketing es suficiente para que Podemos genere ilusión de cara a las generales. Porque las bases cada vez muestran menor vigor.