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¡¡B A S T A!!

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POR: Lucio Curiel

No hay canallada mayor a la que se pueda someter a un Ejército que ponerle frente a su propio pueblo desarmado.

Lo de Cataluña, no es que haya llegado a la línea roja más allá de la cual se entra el el territorio de lo sin Ley, de la descomposición del Estado, del caos; en realidad, ayer, 27 de Octubre, la línea roja ha sido traspasada por las huestes separatistas catalanas y lo han hecho a bombo y platillo, desplegando estandartes y fanfarrias y en el «templo de la democracia» convertido en taberna de conspiradores.

Es le penúltimo paso después de un sin fin de infracciones en materia grave, como lo es siempre el incumplimiento de la Ley y de las sentencias de los tribunales. Pero su sistemática impunidad ha envalentonado a una clase polìtica no ya sólo encanallada y corrupta hasta la náusea, sino enloquecida por el vino del éxito que supone humillar una y otra vez al Estado de Derecho sin que éste reaccione o, lo que es peor, lo haga con más concesiones, más entrega, más debilidad…

Desde hace ya demasiado tiempo, llevamos soportando del Presidente del Gobierno, de sus ministros, de diversos responsables de Instituciones del Estado y, por supuesto, de esa nueva subespecie de sabios que todo lo saben, los tertulianos, lecciones magistrales de cómo se actuará llegado el momento de que se consume eso que todos pensaban que no iba a suceder. Lo pensaban y, pese a lo ocurrido en el día de ayer, uno se asombra al comprobar que, con excepciones, parece que la mayoría lo sigue pensando.

He oído hablar a Políticos de todas las tendencias, a juristas, a tertulianos y todos, con un par de excepciones (Santiago Abascal y Rosa Díez), siguen teorizando sobre lo que habrá que hacer cuando se consume el delito de sedición; el primero, el Presidente del Gobierno ¿No se ha enterado este señor de que tiene a su disposición todo un cuerpo de Abogados del Estado para asesorarse y dar a cada acto el valor exacto que tiene?

Lo que ayer ha ocurrido en el Parlamento catalán ha sido un clarísimo acto de conspiración y proposición para la sedición que constituye, en si mismo, un delito que la Justicia y el Estado tienen la obligación de perseguir de oficio; un delito que, además, anuncia DE FORMA INEQUÍVOCA que, de inmediato, en cuestión de horas o de muy pocos días, se va a cometer el delito principal: LA SEDICIÓN contra ESPAÑA. Y se ha hecho en sede parlamentaria, mediante documento oficial. Conspiración pública y formalmente escenificada contra la Democracia, contra la Ley, contra la Constitución Española y contra el Pueblo Español para romper la indisoluble unidad de España.

¿Qué ha hecho el Gobierno, su Presidente y el resto de las Instituciones del Estado cuyos dirigentes han jurado o prometido solemnemente cumplir y hacer cumplir la Ley y la Constitución como Norma fundamental del Estado? Pues lo de siempre: NADA. Decirnos que si los conspiradores siguen adelante, harán lo que deban de hacer, pero que no han hecho hasta ahora ante el incumplimiento de leyes y sentencias de altos tribunales, ni lo han hecho ayer ante la perpetración de un delito de CONSPIRACIÓN PARA Y PROPOSICIÓN DE SEDICIÓN CONTRA ESPAÑA.

¿No es esto una prevaricación manifiesta de todos los Poderes del Estado?

¿No es esto una absoluta dejación de funciones del Gobierno, de la Fiscalía, de los Tribunales, de las mismísimas Cortes de España cuando está en RIESGO EVIDENTE E INMEDIATO nada menos que la ruptura de España y con ella y, por efecto dominó, de su supervivencia como NACIÓN?

Ya es grave que desde hace tiempo en Cataluña no se cumpla la Ley ni las sentencias de los tribunales de Justicia, pero ¿Por qué ayer no se han puesto en marcha todos los mecanismos del Estado para castigar a los responsables de un gravísimo delito consumado y prevenir y evitar la consumación del delito más grave en el que se puede incurrir contra la propia esencia de una nación?

¿Alguien es, a estas alturas, tan ingenuo o tan imbécil que sigue pensando aquello de que «no se van a atrever»? Ya no es cuestión de que se atrevan o no. Artur Mas y su caterva de traidores ya no tiene más salida que la huida hacia adelante; son prisioneros de su propia osadía. Una marcha atrás ahora sería meterse en las fauces del monstruo que ellos mismos han creado y que, por supuesto, les devoraría, y ellos lo saben.

Ayer debió de producirse un golpe de autoridad y un obligado acto de justicia. A instancias del gobierno, la Fiscalía General del Estado debiera de haber pedido a la instancia judicial que proceda la detención inmediata de los autores del delito de conspiración para la sedición, es decir, de los cuatro firmantes del cuerpo del delito, que a estas alturas ya estarían a disposición judicial. Acto seguido debiera de haberse procedido a poner en marcha con carácter de máxima urgencia, los trámites legales previstos en la Constitución (Art. 155) para la intervención de la autonomía.

A estas alturas, el ordenamiento constitucional, en estos momentos quebrantado o en vías de grave quebranto en Cataluña, ya estaría restablecido con una ventaja: El Estado se habría anticipado a la agenda de los sediciosos cortando e imposibilitando los pasos que tienen perfectamente estudiados y calculados.

Sin embargo, ha vuelto a ocurrir. El Estado vuelve a dar ventaja a quienes planean su destrucción.

No salgo de mi asombro cuando oigo a destacados miembros de esa subespecie a la que antes me he referido, los tertulianos, decir que no pasa nada, que no hay que alarmarse, que, llegado el momento (como si el momento no hubiera ya llegado ¡CIEGOS!), el Estado tiene todos los instrumentos necesarios para reconducir la situación. Porque, si bien esa afirmación es cierta, parece que nadie quiere pensar en el precio que, si les dejamos actuar conforme a su agenda, puede llegar a tener la operación de desmontaje de esta ALTA TRAICIÓN. O es que, habiendo llegado hasta aquí, ¿alguien ignora de que ellos no dudarán en incitar a sus seguidores (son el 47% de la población y eso es mucho) a la rebelión activa?

¿Se imaginan, si les dejamos marcar sus tiempos, que pongan en la calle a doscientos, trescientos mil o muchos más (ya lo han hecho en varias ocasiones; auténticos ensayos encubiertos que nadie ha querido ver) fanáticos enaltecidos, dispuestos a respaldar la sedición de sus líderes?

¿Alguien se imagina las consecuencias?

Una multitud enloquecida de esas dimensiones no hay Policía ni Guardia Civil que la pare. Y les diré una cosa: No hay canallada mayor a la que se pueda someter a un Ejército que ponerle frente a su propio pueblo desarmado.

Y todo esto, para lo que existen altas probabilidades de convertirse en realidad, podría haberse evitado ayer con un acto de valentía en el cumplimiento del deber llevado a cabo por sorpresa y sin vacilaciones por un Gobierno verdaderamente consciente de sus responsabilidades y de lo que su pueblo espera de él.

Otra vez nos has fallado, Mariano Rajoy.

A pesar de todo, es tan alto el precio que nos jugamos, que ahora no hay más remedio que todos, Instituciones, partidos políticos y ciudadanos, ponernos al lado del Gobierno y plantar cara al desafío de unos canallas que, de nuevo, una vez más se empeñan en romper España.

Habrá tiempo después, cuando los culpables estén a buen recaudo, de pedir responsabilidades y de poner a cada uno en su sitio.

¡¡BASTA!!

¿Quieres saber cómo eres saqueado fiscalmente por el Estado?

Esto es lo que los «progres» no entienden, no les entra en su cabecita y de eso se aprovecha la izquierda, partidos como PODEMOS, por ejemplo, aunque sin olvidar a los otros; el empresario es el enemigo, el malo, pero nunca se ponen a pensar en lo que lo que se arriesga uno para poner, no ya una mega-empresa, sinó un simple negocio de barrio, un bar, por ejemplo, o, como en este sencillo vídeo, un taller mecánico.

NINGUNO RECUERDA O SE PARA A PENSAR que un empleado es, efectivamente, un «mandao», que cobra un sueldo por estar «x» horas al dia, de tal a cual y punto; no se tiene que preocupar de nada mas pero para que eso ocurra, alguien tiene que ser el que cree un negocio o empresa que pueda emplear gente y para ello hay que pasar por todo ESTO:

Magnífico vídeo el realizado por el ‘youtuber’ Recuperando la Cordura que explica como el ciudadano español es saqueado, sin ninguna misericordia, por el modelo elefantiásico, voraz y altamente deficitario de Estado que sufrimos en la actualidad. Vala pena verlo en detalle y, por supuesto, compartirlo.

FUENTE: Decisión Económica.

Lo NORMAL y que no me vengan con cuentos e hipocresias, es que prefieras quedarte como empleado y no arriesgar, ahora, eso si, quejarte, todo lo que puedas y mas (adoctrinamiento recibido por los SINDICATOS -por cierto, ¿CUANDO SE VAN A FINANCIAR MEDIANTE SUS AFILIADOS Y NO VIA SUBVENCIONES? es decir, QUE LOS SUBVENCIONAMOS TODOS AUNQUE NO PERTENEZCAMOS A ELLOS, la verdad, YO NO VEO LA DIFERENCIA CON EL ANTIGUO SINDICATO VERTICAL, SE SUBVENCIONABA IGUAL, TE HACIAN UNA RETENCIÓN EN LA NÓMINA DIRECTAMENTE PARA EL MISMO– y los partidos de izquierdas y muy especiamente estos que van de «nuevos y renovadores», es decir, PODEMOS y sus «marcas blancas»)

SI EL PUTO ESTADO no pusiera tantas PUTAS NORMAS ni SE LLEVARA TODO LO QUE SE LLEVA por NO HACER ABSOLUTAMENTE NADA, las cosas serian muy diferentes.

Y aun hay CABRONES como PABLO «AL PABLONE» IGLESIAS que dice que los españoles tenemos que PAGAR MAS IMPUESTOS, concretamente quiere que paguemos TODOS un ¡¡¡55,5 %!!!, es decir, practicamente, TRABAJAR MAS DE MEDIO AÑO PARA EL PUTO ESTADO; y no, no me lo estoy inventando, para eso están las hemerotecas (PINCHAR EN EL ENLACE):

Todos los españoles deberían pagar un IRPF del 55,5% para financiar la «renta básica» de Podemos

Osea ¿que yo tengo que currar mas de medio año para el estado y así pagarle la renta básica a una gran parte de población que no son otra cosa QUE UNA PANDA DE VAGOS Y PARÁSITOS?, ¡¡VENGA YA!!

A ver si nos enteramos de una vez.

MENOS ESTADO Y MAS LIBERTAD INDIVIDUAL

TOTAL INICIATIVA PRIVADA Y MÍNIMA PRESIÓN FISCAL.

Lo de uno es de uno porque se lo ha ganado y no tiene porque compartirlo o ir de solidario, si quiero ser solidario, lo seré si YO quiero, cuando YO quiera, en la cuantia que YO decida y con quien A MI me de la gana. NO tiene que venir EL PUTO ESTADO  a quitarme lo que me he ganado para repartir.

El estado es un LADRÓN LEGAL.

LIBERALISMO2

Los boleros de Antonio Monzón: Pedro Sánchez el hermoso de Españolandia y las tres cosas de la vida

Avatar de Manuel Artero RuedaLa paseata

Pedro Sánchez El Hermoso

Pedro Sánchez, «El Hermoso», tiene entre sus propuestas de partido, para llegar al sillón de la Moncloa y «gobernar» a las marionetas de Españolandia, hacer un país laico.

Me parece perfecto, hijo de la democracia, pero me hago una preguntita, simple y sencilla.

¿ También quitarás las otras religiones ?

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¿Qué sociedad prefiere usted? La sociedad liberal vs. la socialista

El proceso espontáneo hace posible la paz social, porque cada actor, cooperando dentro del marco legal, explotando sus conocimientos prácticos y objetivos particulares persigue de manera espontánea y disciplinada el intercambio. Adaptando su comportamiento en función de las otras personas y de los otros objetivos para maximizar su beneficio.

Allá por el año 2000. Jesús Huerta de Soto escribía un librito bajo el título “La escuela austríaca – mercado y creatividad empresarial” en el que presentaba las principales líneas de pensamiento de la escuela austríaca de economía. Aún pensando que se trata de un libro desigual -hay capítulos excepcionales, otros no tanto- les recomiendo encarecidamente su lectura, especialmente su capítulo VI dedicado al pensamiento social de Friedrich A. von Hayek.

Friedrich A. von Hayek.Al final de dicho capítulo, de Soto hace el – para mi gusto –  mejor resumen posible del pensamiento de Hayek sobre las sociedades libres y las sociedades socialistas. Me permito parafrasear su texto, ofreciéndoles una versión de su tabla-resumen. La situación política que atraviesa nuestro país, mejor dicho, nuestro mundo occidental, secuestrado por  las socialdemocracias de todo color, hace que el tema cobre especial relevancia y sea de rabiosa actualidad.

Dos modelos sociales, usted elige.

SOCIEDAD LIBRE

SOCIALDEMOCRACIA

1. La coordinación social se produce espontáneamente, gracias a la función empresarial que descubre continuamente las expectativas de beneficio que generan los desequilibrios sociales al tiempo que los elimina (orden espontáneo). 1. Alguien trata de construir a propósito y mediante coacción la coordinación social. Para ello utiliza mandatos, órdenes y reglamentos establecidos desde un órgano central superior (orden jerárquico y organizado).
 2. El protagonista de los procesos  sociales es el individuo, que actúa y ejerce la función operativa. 2. El protagonista de los procesos sociales es el gobernante (democrático o no democrático) y el burócrata (es decir, la persona que pone en práctica las órdenes y reglamentos establecidos por el órgano central).
 3. Las relaciones de interacción social son de naturaleza contractual;  necesitan de la existencia de contratantes concretos, que intercambians bienes y servicios de acuerdo con las normas legales de la justicia material (ley).  3. Las relaciones de interacción social son relaciones de poder, en las que unos ordenan y los demás obedecen. Si se trata de una “socialdemocracia” la “mayoría” obliga a la “minoría”.
 4. Predomina el concepto tradicional de derecho desde la comprensión de la justicia material. Son reglas abstractas de contenido general que se aplican a todos por igual sin tener en cuenta ningún tipo de circunstancia especial.  4. Predomina el mandato o la regla, la que, como Ley formal, adopta contenidos concretos en forma de órdenes que determinan lo que se debe hacer en determinadas situaciones pero no es aplicable a todos por igual.
5.  Las leyes e instituciones que permitan el proceso social no se formaron intencionalmente, sino que tienen un origen evolutivo basado en las costumbres e incluyen un enorme volumen de experiencias e informaciones prácticas que se han ido acumulado durante generaciones. 5. Los mandatos y reglamentos son el resultado deliberado del poder organizado ; son altamente imperfectos y defectuosos, ya que nacen de la irremediable ignorancia de quienes están en el poder sobre los procesos de sociedad civil.
 6. El proceso espontáneo hace posible la paz social, porque cada actor, cooperando dentro del marco legal, explotando sus conocimientos prácticos y objetivos particulares persigue de manera espontánea y disciplinada el intercambio. Adaptando su comportamiento en función de las otras personas y de los otros objetivos para maximizar su beneficio.  6. Requiere que un objetivo o múltiples objetivos predominen sobre los demás. Ello se consigue mediante un sistema de órdenes. Esto conduce a conflictos sociales violentos que no se resuelven hasta que se impone al 100% la voluntad de unos sobre otros y, por tanto, pone en contínuo peligro la paz social.
 7. La libertad es entendida como ausencia de coacción o agresión (tanto la institucional como la no sistemática).  7. La “libertad” se entiende como el poder para lograr objetivos específicos, propios de un determinado momento y dictados por un simple acto de voluntad, un mandato o por un capricho.
 8. Predomina el sentido tradicional de la justicia que asume el derecho material es igual para todos, y ha de ser aplicada con independencia de los resultados concretos de un determinado proceso social. La única igualdad que se persigue es la igualdad ante la ley, aplicable por una justicia ciega a las diferencias individuales de las personas. 8. Predomina el sentido distorsionado de la “justicia de resultados” o de la “justicia social”, siendo su meta la igualdad en los resultados del proceso social, independientemente de si la conducta implícita de la gente en un proceso social es correcta  o no.
 9. Predominan las relaciones abstractas, económicas y comerciales. Los conceptos falsificados de “remordimiento”, “solidaridad” y el orden jerárquico no son considerados. En una sociedad libre de actores libres todos son prójimos de todos, todos son socios potenciales de todos, todos son potenciales clientes de todos, o potenciales proveedores.  9. Predomina la política en la vida social y las relaciones fundamentales siguen las reglas del “clan tribal”: a) La lealtad al grupo y su líder; b) el respeto al orden jerárquico; c) asistencia al “vecino” conocido (“Solidaridad”) y olvido e incluso desprecio por los” otros “, los más o menos desconocidos, los miembros de otro” clan tribal “, de los que se desconfía e incluso se califica de “enemigos”(falsificado y miope sentido del concepto de “solidaridad”).

Si se fijan bien, Hayek hace un dibujo perfecto de nuestra sociedad actual cuando de “socialismo” habla. Para él, el concepto de “socialismo” era un concepto muy amplio, que no sólo describía el “socialismo real” de las dictaduras comunistas, sino que incluía todo sistema social y político basado en el intento de sistematizar una sociedad mediante mecanismos de ingeniería social impuestos desde el poder. Asistimos con absoluta naturalidad (al menos la mayoría lo hace) a la intervención estatal en el mercado laboral, el energético, el de ocio, el de las profesiones liberales (como se decía antes), en la educación, la sanidad, el transporte, la vivienda, … convertidos en obedientes ciudadanos, ajenos al hecho de que lo legal es simplemente el dictado del poder, no necesariamente lo justo.

Las democracias occidentales han seguido en mayor o menor grado el camino socialdemócrata descrito por Hayek, lo que las convierte en vulnerables y caducas: no se puede domeñar la voluntad de las personas por siempre. El deseo de satisfacer las propias necesidades radica en la esencia misma del ser humano. La voluntariedad de las interacciones interpersonales no admite más diseño que el que realizan sus protagonistas directos, pues en caso contrario, siempre generarán insatisfacción. Ya está pasando: el proceso de polarización social al que asistimos en occidente es fruto de la socialdemocracia a la que nos hemos abandonado. Cada vez son más los obedientes que quieren imponer obediencia a todos los demás, pero cada vez son más también los que se sienten lesionados en sus relaciones formales con los otros, en su individualidad y en su deseo de prosperar. Populismos de izquierdas y derechas frente a los individuos maduros y responsables. Vamos perdiendo.

Considero las ideas de Hayek tan actuales como entonces, cuando las formuló. Y forman parte indispensable del cuerpo de ideas que deben subyacer en todo aqu¡el que se declare defensor de una sociedad libre. Yo ya he tomado mi decisión. Y usted, estimado lector, ¿por cuál de las dos formas de sociedad se inclina? ¿con cuál se siente más identificado?

LA COARTADA DEL “BIEN COMÚN”

Tu libertad y la mía están en jaque. Incluso tu libertad para acceder a esta o a cualquier otra información en Internet podría verse negada o reducida pronto: y todo ello en nombre de la lucha contra el terrorismo, contra la delincuencia, contra la contaminación, o de la protección del medio ambiente. La mayor tragedia de nuestra edad moderna es el declive de la libertad a nivel mundial, conducente al establecimiento de un neofeudalismo altamente tecnológico. El totalitarismo está en nuestro futuro y, en un grado alarmante, está ya en nuestro presente. (Edward Griffin – Freedom Force International)

Así es. Vivimos tiempos de cambio, y desgraciadamente no son para mejor. Antes de que nos demos cuenta, nuestras libertades se habrán reducido a la mínima expresión, a un mínimo representativo. Y lo más extraño y sorprendente de todo, es que ese proceso se habrá desarrollado ante nuestros propios ojos y ante nuestra propia condescendencia.  

El fenómeno del desprecio a las leyes ha llamado la atención de algunos filósofos, que han investigado sus causas. Pero se trata de un fenómeno mucho menos sorprendente que el fenómeno inverso del respeto a la ley, de la deferencia a la autoridad. Toda la Historia nos muestra enormes masas de hombres que soportan yugos odiosos y prestan a la conservación de un poder detestado la ayuda unánime de su consentimiento.

La causa final de la obediencia consistiría en el fin que persigue el Poder, que no es otro que el supuesto bien común, sea cual fuere la forma en que se conciba. Para que merezca la docilidad del individuo es preciso y basta que el Poder busque y procure el bien común.(Bertrand de Jouvenel, en Sobre el poder)

¿Os habéis fijado en que todo lo que se hace de un tiempo a esta parte es por “el bien común”? La mengua de libertades es por el bien común; el aumento de obligaciones es por el bien común; la sangría impositiva es por el bien común; la censura mediática es por el bien común, etc., etc. Y siendo así, ¿cómo es posible que las medidas que supuestamente sirven al bien común sean tan impopulares? En el fondo, pensamos que se nos está haciendo comulgar con ruedas de molino, pero por otra parte se nos presenta bajo un argumento de coacción irresistible: “Debemos hacer esto por el bien de todos”. A pesar de que nadie crea en tan noble motivación, lo cierto es que cada vez que se recurre a este discurso demagogo, la ciudadanía no puede dejar de asentir mostrando aceptación. Por eso esta estratagema es tan socorrida, y nociones como “el bien común” o “el bien público” han servido como justificación moral en la mayoría de los sistemas sociales de la historia, incluyendo en las tiranías.

Hablar hoy de derechos individuales parece estar invitando a recibir valoraciones de “egoísmo”, “insolidaridad”, etc. El término “individualismo” está hoy mal visto; sin embargo, la única base sobre la que pueden sustentarse los derechos colectivos o las aspiraciones comunitarias es la de los derechos o las aspiraciones individuales que les dan origen.

La unidad básica del grupo son los individuos que lo componen

Un grupo está compuesto por individuos, su unidad más importante. ¿Puede existir el grupo sin los individuos? Ciertamente no, de la misma manera que el bosque no puede existir sin los árboles. Por lo tanto, cuando se sacrifica una libertad o un derecho individual en nombre del bien mayor o del grupo, lo que se está haciendo es sacrificar al grupo pero no enteramente, sino una a una de sus partes. Y no hay que olvidar que cuando el vecino pierde hoy su libertad, mañana podemos ser nosotros los siguientes en perderla.

Un solo momento de reflexión basta para darse cuenta de que el mayor bien para el mayor número no puede alcanzarse si no es protegiendo a los individuos. En realidad, el mayor bien para el mayor número se alcanza antes mediante el individualismo, que mediante el colectivismo. Sin embargo, se nos ha adoctrinado en la creencia de que quien piensa en el individuo es mezquino; por contra, quien piensa en la colectividad es solidario y altruista. El mayor bien para el mayor número: los modernos totalitarios siempre se presentan bajo una apariencia humanitaria.

Cuando alguien argumenta que los individuos deben sacrificarse por el bien superior de la sociedad, lo que realmente está diciendo es que algunos individuos (normalmente una mayoría) sea sacrificados para el bien superior de otros individuos (normalmente una minoría elitista). Irónico y contradictorio, ¿no es cierto? Pero aun así la moralidad del colectivismo siempre se basa en el número. Cualquier acción está justificada con tal de que el número de personas que se beneficien sea supuestamente mayor que el número de personas que se sacrifiquen. Supuestamente porque, en el mundo real, quienes deciden quién debe sacrificarse no suelen entrar en la ecuación, de manera que a ellos nunca les llega el turno de sacrificarse. Los dictadores siempre proclaman que representan al bien superior de la mayoría pero, en realidad, ellos y su camarilla normalmente representan a menos del 1% de la población. La teoría es que alguien debe hablar por las masas y representar su mejor interés, porque esas masas son demasiado ineptas para entender qué les conviene. Pero no hay que preocuparse: los líderes colectivistas, en su inmensa sabiduría y virtud, toman las decisiones por nosotros, y hacen que las cumplamos revistiéndolas de legalidad, dejando un margen nulo para la disensión. De ese modo, es posible explicar cualquier atrocidad o injusticia que cometan estos iluminados como una medida necesaria para alcanzar el bien superior de la sociedad y como un deber hacia la humanidad.

Todos podemos identificar el doble discurso de los dictadores externos. En cuanto a la situacióninterior, eso requiere ya colocarse las gafas de aumento y estar dispuesto a observar el incómodo grano que nadie parece querer ver. En nuestras maltrechas democracias, el Estado y sus instituciones parten del razonamiento de que su finalidad es siempre superior y que está por encima de los derechos de los individuos, de manera que las libertades individuales pasan a considerarse en un primer momento como estorbos que superar, para después convertirse en verdaderos obstáculos para el “progreso”. Finalmente, los derechos de los individuos son tachados de “inmorales”, “fuera de la norma” e incluso “peligrosos” para los fines del Estado.

Y así es: porque la finalidad de un Estado que aclama estos principios no es ni más ni menos que agrandar y ejercer el poder. Y unos súbditos con derechos es un escollo en su camino. La historia demuestra que cuanto mayor poder acopia el Estado, más oprimido está el individuo. Y ello ha sido así con independencia del signo de ese poder: llámese fascista, comunista, o de cualquier otro modo. El denominador común en todos los casos es el totalitarismo.

Manifestaciones del enfoque colectivista

La primera señal de una mente colectivista es el pensamiento de que debe haber una ley para todo. El colectivismo no confía en la libertad. La libertad es un concepto cuyo ejercicio corresponde en exclusiva al individuo. Por lo tanto, no debe ser potenciada. Cuando las unidades que conforman el grupo gozan de mayor libertad, el grupo queda más disperso en sus objetivos, en sus puntos de vista y en su radio de acción; y eso es algo que, sencillamente, no interesa desde la perspectiva colectivista.

Por otra parte, la filosofía política del colectivismo se basa en una visión del hombre como un incompetente congénito, una criatura incapaz de gobernarse a sí misma, y que debe aceptar ser gobernada por una élite especial que alega algún tipo de sabiduría o de legitimidad superior, pues de lo contrario reina el caos.

Es por ello que el colectivismo trata a los individuos como a niños, y favorece una relación de potestad similar a la que ejerce un padre con sus hijos. En sus actos se refleja la esperanza de mantener a los individuos en la infantilidad y en la dependencia constantes frente al poder. Cuanto más dependientes seamos, más fortalecido saldrá el sistema. Y esa dependencia ha sido potenciada por las mentes colectivistas que guían al sistema a través de las diferentes etapas de la vida: nos hemos rodeado de una estructura de normas y directrices tan densa, que sin ella muchos se sienten perdidos.

Mecanismos para la dinámica colectivista

No resulta fácil comprender cómo el Poder ha conseguido dirigir cada vez más completamente las acciones individuales y apropiarse de una parte cada vez mayor de los recursos existentes en la sociedad. Todo acrecentamiento de la autoridad del Estado es, al parecer, una disminución inmediata de la libertad de cada uno; cada aumento de los recursos públicos, una amputación inmediata de las rentas particulares. Esta amenaza visible debería fomentar una conspiración unánime para detener eficazmente el avance del Poder.(De Jouvenel)

¿Cómo es posible que el Poder haya conseguido arrollarnos y prosiga a través de la historia su marcha triunfal?, se pregunta Jouvenel. De forma creciente, los Estados se han ido haciendo grandes acreedores de la obediencia y de los servicios de los individuos, sin que en realidad apenas nadie se percatara de ello. Y he ahí otro gran misterio. ¿No salta a la vista que el individuo, respecto al poder público, es cada vez más deudor de obediencia y de servicios?

¿A través de qué mecanismos se acrecienta ese poder que engulle cada vez más la esfera individual de sus ciudadanos, mientras que por lo general se interpreta su avance histórico como una liberación progresiva del individuo? ¿De qué medios se vale para perpetuarse? A continuación examinamos algunos de ellos:

Adoctrinamiento en la escuela

La manipulación y la homogeneización de las mentes se facilita desde la infancia a través del monopolio más o menos completo de la enseñanza, donde comienzan a inculcarse valores colectivistas, como la pertenencia al grupo. Si un niño no desea seguir al grupo o expresa alguna forma de individualidad, se le tacha de revoltoso y rebelde, cuando no de antisocial. La primera función de la escuela es formar al “buen ciudadano” según las cualidades que ese concepto abstracto pretenda favorecer en cada momento.

Por otra parte y en general, cuanto más se eleva la educación y la inteligencia de los individuos, más se diversifican sus opiniones y sus gustos, y es menos probable que lleguen a un acuerdo sobre una particular jerarquía de valores. Por lo tanto, conviene mantener un nivel bajo de independencia moral e intelectual. Conviene no potenciar capacidades de individualidad y originalidad. Por el contrario, se aplican la uniformidad y la negación de la capacidad crítica.

Y si alguien no quiere “educar” a sus hijos en el sistema público colectivista, hay leyes creadas para castigar a los padres que decidieron educarlos en casa. Queda muy poco o ningún espacio para el cumplimiento voluntario, pues esas leyes se imponen con la violencia legitimada por el poder: ¿qué podría ser más violento que arrebatar a los hijos de una familia debido a la “revolucionaria” idea de educarlos en casa?

Propaganda

Como explica Hayek, el camino más eficaz para hacer que todos sirvan al sistema único de fines que se propone el plan social consiste en hacer que todo el mundo crea en esos fines, hasta que lleguen a ser sus fines propios, de forma que los individuos se conduzcan de manera espontánea por la vía que el planificador desea.  

Evidentemente, esto se logra mediante las diversas formas de propaganda y de desinformación. Si todas las fuentes de información ordinaria quedan bajo un mando único, la cuestión no es ya persuadir a la gente de esto o aquello. El propagandista diestro tiene entonces poder para moldear sus mentes en cualquier dirección que elija, y ni las personas más inteligentes e independientes pueden escapar por entero a esa influencia si quedan demasiado tiempo aisladas de las demás fuentes informativas.

Las consecuencias morales de la propaganda totalitaria son, por consiguiente, la destrucción de toda la moral social, porque minan uno de sus fundamentos: el sentido de la verdad y su respeto hacia ella.

La misma palabra «verdad» deja de tener su antiguo significado. No designa ya algo que ha de encontrarse, con la conciencia individual como único árbitro para determinar si en cada particular caso la prueba (o la autoridad de quienes la presentan) justifica una afirmación; se convierte en algo que ha de ser establecido por la autoridad, algo que ha de creerse en interés de la unidad del esfuerzo organizado y que puede tener que alterarse si las exigencias de este esfuerzo organizado lo requieren. (Hayek, en Camino de servidumbre)

Instauración del pensamiento único

El colectivismo sostiene que la persona debe estar encadenada a la acción colectiva y al pensamiento colectivo en aras del “bien común”. Por lo tanto, su visión es que en los asuntos humanos, el colectivo es la unidad real y el estándar de valor. No hay cabida para la crítica individual.

Como hemos visto antes, se nos adoctrina desde muy temprana edad para abrazar el colectivismo, y con él al poder que lo representa. A su vez, un gobierno que crea y mantiene el control a través del propio sistema educativo garantiza una continua aceptación de la ideología durante varias generaciones. Se necesita mucha reflexión, pensamiento crítico, lectura y estudio de la verdadera historia para liberarse de la ideología que nos inculcan desde que llegamos a la vida social.

Globalización y pensamiento único van de la mano. Es por ello que asistimos a la potenciación de los entes transnacionales y multinacionales, y a la instauración de “valores” universales. Es algo que incluso tiene su reflejo en el lenguaje que empleamos y que eficientemente va calando en nosotros: conceptos tan reiterados hoy en día como “nuevo orden mundial”, “aldea global”, “economía global”, “todos somos uno”, “responsabilidad social corporativa” (tan cacareada por parte de empresas multinacionales que son las que menos la representan), “políticamente correcto” (la manipulación a través del lenguaje opera constantemente en lo políticamente correcto. Hay que aclarar que el hecho de que algo sea “políticamente correcto” no significa necesariamente que sea cierto).

¿Por qué interesa fomentar valores colectivistas? Actitud frente a las libertades

Ya hemos visto que el colectivismo ve en las libertades individuales la génesis de toda corrupción y egoísmo (eso sí, solo del ajeno). Por eso desea tutelas de todo tipo. Las épocas de crisis y los escenarios bélicos son campos de cultivo ideales para el germen del colectivismo.

Así es: la aceptación o la imposición del enfoque colectivista es el mejor medio para establecer obligaciones, cobrar impuestos, fomentar proyectos públicos mastodónticos que nadie ha solicitado, destinar el dinero público a causas ajenas y, en definitiva, coaccionar al ciudadano.

Por eso escuchamos con tanta frecuencia últimamente discursos como: “Todos debemos sacrificarnos”, “todos debemos hacer un esfuerzo extra”, etc. Y épocas como las actuales lo sirven en bandeja. Curiosamente, mientras que se niega al individuo para que deje de ser receptor y titular de libertades, se le tiene muy en cuenta a la hora de ser objeto de todo tipo deobligaciones.

En la ética colectivista, el principio de que el fin justifica los medios se convierte en la norma suprema; no hay, literalmente, nada que el colectivista consecuente no tenga que estar dispuesto a hacer si sirve «al bien del conjunto», porque el «bien del conjunto» es el único criterio, para él, de lo que debe hacerse. (Hayek).

Vemos que cada vez hay menos límites a lo que como ciudadanos debemos estar dispuestos a hacer o a soportar, y que bajo estas premisas las tropelías que presenciamos en nombre del bien común pasan por un embudo cada vez más ancho. Vemos que los niveles de poder están cada vez más alejados del individuo. A los entes nacionales sobrepasan ahora los organismos transnacionales; las Constituciones quedan supeditadas a tratados internacionales o a Declaraciones de derechos como las de Naciones Unidas, y las grandes multinacionales imponen sus propias condiciones por encima de las fronteras.

El poder económico, en las manos de los particulares jamás es un poder exclusivo o completo, poder sobre la vida entera de una persona. Pero centralizado como un instrumento de poder político, crea un grado de dependencia que apenas se distingue de la esclavitud. (Hayek)

El colectivismo trata de homogeneizar intereses utilizando el método de la tiranía de las mayorías, donde quien no está de acuerdo con la mayor parte de los integrantes del grupo debe someterse al “interés general” puesto que, en teoría, la mayoría siempre tendrá razón. Y de ahí al totalitarismo solo hay un paso.

Existe una enorme diferencia entre tratar a la gente con igualdad e intentar igualarlos. Mientras que lo primero es la condición de una sociedad libre, lo segundo significa, como lo describe De Tocqueville, “una nueva forma de esclavitud”. (Hayek)

Referencias:

Camino de servidumbre. Hayek, Friedrich A. 

Sobre el poder. Historia natural de su crecimiento. De Jouvenel, Bertrand.

Freedom Force International.

Recomendable ver esta serie de vídeos (individualismo vs colectivismo).

FUENTE: Yo, esclavo

El capitalismo no es el problema.

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… el capitalismo es el sistema por el que personas libres, en un mercado libre, ofertan y demandan: intercambian. No se trata de una ideología. Y no necesita de ningún estado ni sistema sociopolítico se llame como se llame para ser puesto en práctica.

Mi padre siempre decía que los libros sin la vida son como la vida sin libros: NADA. La experiencia, las ideas leídas, han de poder ser vividas. Y lo vivido, ha de ser transmisible, comunicable. Cada etapa de la vida debe suponer retos diferentes, pues lo contrario sólo puede significar que nos hemos encontrado ante problemas irresueltos (irresolubles desde nuestra sabiduría) que nos impiden avanzar, experimentar lo nuevo; no por nuevo, no por mejor, sólo por diferente, fruto de la inercia propia de nuestro ser. Todos tenemos nuestro propio pathos, heredado o adquirido, siempre acechando, a la espera de cualquier duda. Hay quienes, tras caer por una escalera, deciden evitarlas siempre. Otros se ponen armadura. Hay quien decide colocar unos cojines en los escalones, aunque ello dificulte transitar por ellos. Y hay quien decide que lo mejor es eliminar las escaleras. Y qué ocurre con quien nunca ha caído por una escalera, pero ha leído sobre ello, y toma una decisión no sólo para él, también para los demás? Supongamos que opta por la armadura. Decide, en ese mismo instante, no sólo que las otras formas de experiencia y sus resultados son “inadecuados”, elimina de un plumazo la posibilidad de que alguien encuentre una solución nueva, tal vez más eficaz. Y lo hace de oídas! O de leídas, vaya.

Yo entiendo que la impaciencia es una gripe que se cura sólo con el tiempo. Pero la impaciencia se domeña con la prudencia. Y la prudencia recomienda, ante todo, contínua revisión del propio convencimiento. No es más convincente el convencido, sino el coherente. Y no es más sabio el que dice mucho, sino el que dice lo justo sobre el objeto adecuado. Hoy les hablo de capitalismo.

Cuando un libertario como yo habla de capitalismo no se refiere nunca al sistema sociopolítico actual. A “lo de ahora” lo podemos llamar de muchas formas: Capitalismo de estado, Socialismo, Socialdemocracia, Democratura, Estatismo, Corporativismo, República Bananera, …

No, el capitalismo es el sistema por el que personas libres, en un mercado libre, ofertan y demandan: intercambian. No se trata de una ideología. Y no necesita de ningún estado ni sistema sociopolítico se llame como se llame para ser puesto en práctica. Además, no pocas veces leerán que hablamos de “sociedad libre”, algo para lo que también existe un gran elenco de palabras: anarco-capitalismo, anarquismo, voluntarismo, estado cero, libertarianismo …

En una sociedad realmente libre nada impediría que un grupo de personas decidiesen hacer realidad su sueño socialista, poniendo en práctica las teorías de Engels y Marx en su más puro estado científico. ¿Estarían libres de capitalismo? No. Se lo explico:

Esas personas seguirían siendo humanas y seguirían teniendo necesidades, deseos. Y deberán satisfacer esas necesidades. Tienen para ello tres opciones:

  1. Son superhombres, capaces de autoabastecerse con ropa, alimento, vivienda, seguridad, salud y todo aquello que se necesita para vivir. No es necesario intercambiar nada con nadie, todos son superhombres autosuficientes. Ocurre que los superhombres no existen, sólo hay humanos que, debido a que no son superhombres, limitan el ámbito de sus necesidades hasta el extremo de que, si lo desean, pueden vivir como ermitaños sin necesidad de intercambiar nada con nadie: solos y pobres.
  1. Mediante el robo también se puede aumentar la propia fortuna y bienestar. Pero antes de robar alguien ha tenido que producir lo robado. La producción de un bien obedece al deseo de mejorar las condiciones de vida y necesita del intercambio y reparto de trabajo, ya que, como vimos más arriba, no hay superhombres. La producción es inherente al intercambio, ya que se basa en ofrecer trabajo a cambio de un bien del que se carece. El intercambio se basa en la voluntad libre. Si la producción de un bien no se basa en un intercambio voluntario, estamos hablando de esclavitud, de robar a los productores su cuerpo y su voluntad enviándolos bajo amenaza de violencia (o pobreza absoluta) a trabajar. Esta forma de producción no puede mantenerse ad infitum, pues los esclavos serán siempre mayoría y terminarán por sublevarse, con violencia si necesaria, frente a los esclavistas. El robo necesita, pues, de producción y la producción necesita del acuerdo voluntario entre personas.
  1. Mediante intercambio. Una sociedad de socialistas científicos voluntarios también está formada por humanos. Y los humanos tienen necesidades, ya lo saben. Producen bienes y los intercambian. El intercambio basado en los contratos voluntarios genera producción, ventas, compras, valores, virtudes, bienes materiales e inmateriales, riqueza financiera e intelectual. También aquellos que reniegan del concepto “capitalismo” deben plegarse a estos tres principios para satisfacer sus propias necesidades o las de los otros. En un momento dado deberán tomar la decisión de intercambiar bienes voluntaria y libremente o robar (la voluntad, los bienes, el cuerpo de los otros) para mejor satisfacer sus necesidades y las de los demás.

Oiga, pero ¿qué me dice de la maldad del capitalismo?

El capitalismo, es decir, la economía de mercado, es sólo malo para las personas, si existe un “Dios todopoderoso” que “protege” el mercado: nos vemos obligados a comprar un producto porque es el único producto “protegido”.  Los mercados protegidos generan escasez en la oferta de bienes en términos de diversificación y – más importante – en términos de  provisión de productos similares por competidores, lo que afecta en gran medida el precio de los bienes disponibles. Sólo donde la demanda se satisface con una oferta razonable nacida de la libre competencia surgen precios razonables y máxima eficiencia, lo que beneficia al consumo de recursos en general, a los productores y a los consumidores.

El capitalismo se convierte en negativo cuando la política “protege” la economía o la economía “protege” a la política. Sólo a través de la influencia de la política (es decir, el Estado) puede surgir una “economía de mercado malvada”(monopolios, oligopolios).

Pero, ¡si el capitalismo no ha hecho nada bueno! 

Se equivoca. Seriamente.

¿Cuáles son los verdaderos factores sobre los que se fundamenta el progreso de nuestra especie en los últimos años?

  •          La higiene moderna (agua potable, eliminación de aguas sucias) contribuye al aumento de la esperanza de vida cuatro veces más que la medicina moderna. Ésta a su vez contribuye indiscutiblemente a la mejora de la calidad de vida.
  •          Los modernos métodos agropecuarios son capaces de ofrecer cada vez más y mejores alimentos… incluso carne! La ciencia ha contribuído a ello con tratamiento genético de mejora de especies, abonos artificiales, protección química de plantas, … Una vuelta a los métodos de producción “verdes” supondría la muerte de millones, el regreso de las hambrunas generalizadas. ¿Cuántos millones de vidas ha salvado el “maldito” DDT?
  •          Nunca antes, en ninguna época, tuvo la humanidad un acceso tan generalizado y barato a la energía. Desde la máquina de vapor hasta la energía nuclear pasando por la gasolina, el transporte de bienes y personas y la calefacción/refrigeración ha contribuído globalmente en un aumento de la esperanza de vida y la calidad de la misma.
  •          La libertad de expresión y la libertad investigadora han contribuído de manera definitiva a la hora de prevenir o corregir rápidamente desarrollos equivocados. Cualquier intento de la política por mutilar en nombre de lo políticamente correcto la primera y en nombre de “consensos” a segunda nos devolverá a la situación previa a la Ilustración.
  •          Con la excepción del Islam, todas las religiones han renunciado a la violencia y el apostolado agresivo.
  •          Las guerras expansionistas, tanto las basadas en nacionalismos como en ideologías totalitarias se han reducido –en comparación histórica- hasta casi desaparecer. El mérito es del comercio.
  •          La desigualdad social no es un fin deseable en sí misma, pero allí donde no se impone la igualdad ficticia por ley es un acicate indiscutible hacia el progreso. En las sociedades feudales era imposible desarrollar iniciativa propia y esfuerzo personal generalizado: sólo los nacidos en cuna noble decidían sobre el valor de los actos. Al pescador libre no le importa cuánto tiene quien le compra los peces. Le importa que le compren muchos peces, cuantos más clientes mejor. Reducir artificialmente la capacidad de compra de sus clientes mediante impuestos reduce la capacidad de crecimiento del negocio del pescador… que terminará por vivir no de su trabajo, pero de lo robado a los que antes eran sus clientes … hasta que estos tampoco tengan nada robable.

Y termino con la libertad … llámenlo como quieran: liberalismo, neo-, paleo-, ordo-, ultra-, … La fuerza desatada del capitalismo (que es como prefieren llamarlo sus enemigos), es decir, la dinámica de la persecución del propio interés y la propia felicidad de miles de millones de humanos. Éste es el motor que nos ha traído hasta aquí.

No, el capitalismo no es el problema. El liberalismo no es el problema. La libertad y el libre comercio no han sido nunca el problema.

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LAS MALAS PRÁCTICAS DE LOS/AS ALCALDES/AS RADICALES AÚPADOS POR EL PSOE

MADRID – BARCELONA – VALENCIA – ZARAGOZA – A CORUÑA – CÁDIZ – BADALONA – PAMPLONA – SANTIAGO

DOCUMENTO EN PDF. CLICK EN LINK:

AYUNTAMIENTOS-AFINES-A-PODEMOS-MALAS-PRÁCTICAS-100-DÍAS

Mientras los Estados Unidos dedican todo un mes a exaltar la Hispanidad, nuestros titiriteros se afanan en airear su imbecilidad

Mientras los Estados Unidos dedican todo un mes a exaltar la Hispanidad, nuestros titiriteros se afanan en airear su imbecilidad

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Mientras en España, aprovechando que celebrábamos la Fiesta Nacional del 12 de octubre, los tiritemos de siempre intentaron ofender gravemente nuestra historia con escatológicas manifestaciones que solo consiguieron -de nuevo- descalificar a quienes las vomitaron. Incluido ese vago espantapájaros de alcalde gaditano que dice ser profesor de historia.

imageEl pasado jueves el presidente Obama honraba el pasado hispano de los Estados Unidos con motivo de la celebración del Mes de la Hispanidad -el Hispanic Heritage Month– coincidiendo con el 25 aniversario de la Iniciativa de la Casa Blanca para la Excelencia Educativa de los Hispanos.

Todo ello sin perder la perspectiva de que las declaraciones de Obama sobre la inmigración, constituia una estrategia importante para conseguir el voto hispano de cara a la elección presidencial de 2016.

El Mes de la Hispanidad es un tiempo dedicado al reconocimiento de la contribución de españoles e hispanos, a la formación de los Estados Unidos de América celebrando con numerosos…

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LOS DISFRACES DEL COMUNISMO PARA SOBREVIVIR

LOS DISFRACES DEL COMUNISMO PARA SOBREVIVIR

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El comunismo nunca dejará de existir, sea bajo la forma que sea, siempre se las ha apañado para resistir embestidas y fracasos y aún así seguir encandilando a buena parte de la sociedad. Hasta que los descubren.

Saben que nunca van a gobernar en España mostrándose como son. En nuestro país no gusta el comunismo, más allá del minoritario grupo de izquierda radical que siempre ha estado ahí (aunque en las redes sociales den la sensación de mayoría) por lo tanto históricamente han necesitado disfrazarse para intentar colársela a los ciudadanos.

En el año 1977, con las primeras elecciones democráticas en España después de 40 años de dictadura, el Partido Comunista de Santiago Carrillo obtuvo un resultado espectacular, sobre todo proveniente del voto joven que apoyó en masa tanto al PSOE como al PCE. Pero en el 82, con la contundente victoria de Felipe González, los comunistas cayeron estrepitosamente consiguiendo apenas…

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Ingeniería social, PURIFICACIONISMO OBSESIVO y genocidio

POR: Domovilu Melimilla

Convengamos en que, a excepción de un puñado de desquiciados que jamás faltan en ninguna época y lugar, a la gente no le gusta ser o sentirse «mala». Lo que motiva a todo activista comprometido es el sentido del ideal, el anhelo de «salvar el mundo», el deseo de plegarse a «las fuerzas de la luz que impulsan la historia». Dicho en palabras más duras: los grandes atropellos y masacres multitudinarias del mundo se han cometido siempre, pero SIEMPRE, invocando algún elevado propósito, un motivo sagrado, un ideal sublime. Se cometieron genocidios en nombre de D’s, de la Virtud, de la Patria, de la Justicia Social, del Pueblo, de la Raza, de los Pobres y Oprimidos, y la lista es larga y sigue. Las hordas desbocadas no salen pues a cometer genocidios por simple maldad, ¡sino todo lo contrario!

El típico argumento reduccionista es: si se cometieron atropellos en nombre de D’s (de la Virtud, de la Patria, de la Justicia Social, del Pueblo, de la Raza, de los Pobres y Oprimidos; elija el que prefiera), ergo D’s (la Virtud, la Patria, la Justicia Social, el Pueblo, la Raza, o los Pobres y Oprimidos; ídem anterior) es malo. Es un argumento que no solo peca de simplista, sino que además adolece de una peligrosa superficialidad. Es más, he constatado que quien usualmente lo esgrime, suele ser fanático partidario de cualquier otro de los motivos citados… Quiero decir: le parece monstruoso cometer masacres en nombre de la Raza, por ejemplo, pero si es en aras de la «Dictadura del Proletariado», ah, bueno, entonces está bien…

Este es un problema en el que llevo décadas reflexionando. Con el tiempo, creo que alcancé a comprender el mecanismo de fondo: qué conduce a esas masas organizadas de idealistas a perpetrar atrocidades, llegando hasta el genocidio.

No se trata solamente del problema de que cuando uno está en grupo se envalentona, y comete actos radicales que en solitario jamás se le pasarían por las mientes. No se trata solo de la pérdida de responsabilidad que implica el difuminar la propia identidad dentro de la masa amorfa y más o menos sumisa a la verborrea del líder. Todo eso se ha señalado muchísimo antes por otros, no es nada nuevo. Pero nadie nace masificado. El líder es líder porque antes aglutinó a esa masa en torno a su liderazgo. En algún momento previo, el líder tuvo que vender sus ideas. Y esas ideas prendieron.

Nos engañaríamos si nos empeñáramos en creer que «es que al principio esos líderes desarrollaban un discurso hermoso y agradable, que solo radicalizaron después, cuando ya tenían el corazón de la masa conquistado». Porque no: jamás fue así. «Mein Kampf» ya estaba escrito y era bien claro en sus objetivos mucho antes de que el Partido Nacional Socialista Obrero Alemán llegase al poder. Lo mismo que estaban escritos y eran bien claros el Manifiesto Comunista, o los panfletos incendiarios de Lenin, etc. La gente se adhirió masivamente a esos movimientos (y lo sigue haciendo a pesar de un demostrado historial de crímenes monstruosos), no a pesar de que predicasen la necesidad de una cierta violencia, sino precisamente a causa de ese discurso. A muchas personas les encanta sentirse buenas mientras hacen cosas espantosas. No entiendo por qué la psique humana funciona así, pero lo veo en funcionamiento en todos los atropellos deliberados… E incluso en una enorme proporción de la producción cinematográfica habitual: los «buenos» ejercen su bondad matando; o en el mejor de los casos, repartiendo justicieros mamporros.

Claro que si el líder hubiese advertido desde el principio: «vamos a masacrar a MILLONES de personas perfectamente desconocidas, quizás incluso inocentes», muchos se habrían echado atrás en el acto. La masacre no habría comenzado jamás. Pero ningún líder mesiánico hace eso. Lo que te dicen es: «vamos a construir el paraíso sobre la Tierra, pero antes debemos PURIFICAR la sociedad. Debemos limpiarla de enemigos, de aquellos que obstruyen el camino hacia nuestro ideal». Y entonces se señala al enemigo a aniquilar.

El enemigo a aniquilar es inicialmente minoritario: «un puñado de gusanillos insignificantes, nada más, y el camino hacia la gloria quedará expedito». De modo que las masas se abocan con entusiasmo a participar de la misión purificadora, o cuando menos la aplauden con entusiasmo. Mucha propaganda continua se asegura de conseguir que quien ose disentir, inmediatamente sea identificado con las fuerzas de la oscuridad. ¿Quién puede ser tan perverso o mezquino de oponerse a los magníficos ideales que propugna el movimiento purificador?

Pero más tarde o más temprano, acabamos constatando que la espiral purificadora no tiene fin. Y el futuro radiante prometido se aleja como el horizonte a pesar de que la masa corre alocada a su encuentro: por desgracia, a medida que la sociedad se purifica, siempre se detectan nuevas impurezas. La labor purificadora, una vez iniciada, no parece querer detenerse jamás, sino lo contrario: a medida que avanza amplía círculos y métodos. Los enemigos a eliminar son cada vez más, y los medios empleados contra ellos se van volviendo cada vez más inhumanos.

Esta es la espiral del Purificacionismo Obsesivo que está en la base de todas las ideologías potencialmente genocidas: se empieza eliminando a lo que se considera «negro», una vez eliminado lo «negro», empieza a molestar lo «gris oscuro», y a medida que los matices de gris más oscuro van siendo eliminados a su vez, el proceso continúa hacia los grises más claros. Por definición, solo el líder representa al blanco impoluto. El líder y sus perros asesinos, aunque en algún momento ya avanzado de la obsesión purificacionista, pueden empezar las «purgas» incluso entre los perros más fieles del régimen.

Aquí es donde, demasiado tarde para tantas víctimas inocentes, el proceso se suele interrumpir: cuando los propios amos de las vidas ajenas empiezan a sentir que las suyas propias peligran. Y en ocasiones, ni así: algunos regímenes purificacionistas solo han sido detenidos por la fuerza de algún enemigo exterior.

Digamos pues que la raíz del genocidio no se encuentra en los motivos que se esgriman para justificarlo; porque aquellos no son constantes, sino que cambian según la época y el lugar. Sino en la arrogancia de los que se pretenden autoridades sobre la vida ajena, amos de la sociedad para moldearla según su capricho, los obsesionados con la purificación nacional, con el nuevo hombre, con la sociedad perfecta: los ingenieros sociales y sus borreguiles masas de seguidores.