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Carmena absolvió al acusado de abusar de un niño de 12 años porque “no aparentaba su edad”

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«La ahora alcaldesa de Madrid, aseguró que “Adolfo era, en esa fecha, un muchacho cuyo aspecto físico (altura y constitución) correspondía a una persona de mayor edad”, y que el acusado “ni siquiera se planteó que el joven tuviera menos de trece años”.

Por Luz Sela

Manuela Carmena absolvió –siendo juez de la Audiencia Provincial de Madrid– a un acusado de agresión sexual contra un menor destacando, como uno de los principales argumentos del fallo, que el muchacho, de 12 años –uno menos de lo legalmente establecido para el consentimiento sexual– no aparentaba su edad. La sentencia rebatió la opinión de la Fiscalía, que consideró probado que el hombre era responsable de un delito consumado de agresiones sexuales, castigado, según los artículos 181 y 182 del Código Penal, con 8 años de cárcel.

Los hechos relatados se remontan a 2005, cuando el acusado –por entonces de 27 años– y el menor se encontraban en una piscina de Alcorcón.

“El joven merodeaba alrededor de donde se encontraba el acusado (…) La actitud del primero fue interpretada por el segundo como expresiva de la intención de mantener un contacto sexual; así que entró en las instalaciones donde se encuentran los vestuarios, duchas y servicios, al igual que lo hizo Adolfo”, describe el fallo.

Ya desde el primer momento de la argumentación, el tribunal, del que formaba parte la ahora alcaldesa de Madrid, aseguró que “Adolfo era, en esa fecha, un muchacho cuyo aspecto físico (altura y constitución) correspondía a una persona de mayor edad”, y que el acusado “ni siquiera se planteó que el joven tuviera menos de trece años”.

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Por ello, se explica, el hombre “entró en uno de los retretes cerrados e hizo un gesto al muchacho, quien lo siguió. Ya dentro ambos -sin mostrar oposición alguna- practicó al acusado una felación”. Posteriormente, el acusado “se colocó sobre su espalda, eyaculando a la altura del coxis del muchacho”. Según la versión de éste, avisó al menor de que “podría ser su padre”.

La sentencia admite que los hechos probados de la sentencia reúnen todos los elementos para ser punibles, ya que el Código Penal determina con claridad que se considera un delito sexual no consentido el que se ejecute “sobre menores de trece años” (artículo 181), castigándose además con la pena en su mitad superior, en tanto delito de agresión sexual.

Así, destaca el fallo, el Código establece que, aún en el caso de que un menor preste su consentimiento, “la Ley no le reconoce validez por no haber alcanzado cierta edad, al margen de su grado de madurez”, por lo que “el menor puede prestar su consentimiento u oponerse a las pretensiones del adulto, pero a efectos de tratamiento penal, es indiferente“.

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El tribunal, en cambio, rechazó ese argumento y priorizó que el menor “no se presenta como una víctima candorosa, que acepta, sin comprender su alcance, la propuesta de mantener un contacto sexual”. “Reconoce, muy al contrario, que lo consintió (…)”. Los jueces señalaron, además, que entre ambos medió “un lenguaje no hablado –miradas, discretos gestos– que funciona como código para entablar esta clase de contactos”.

“Aparentaba más edad”

A continuación, la sentencia pasa a detallar las razones por las que, el hecho de que el muchacho tuviese menos de 13 años, no sería determinante. Defienden que el acusado no tenía forma de saber que el chico era menor de esa edad ya que “se trata de un muchacho corpulento, cuya edad, a simple vista, pudiera fijarse alrededor de los dieciséis años” . Los jueces se apoyan además en el dictamen del forense para concluir que “aparentaba ser de mayor edad que la que tenía”. 

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“Siendo así, cabe hipotetizar que el acusado calculó también que la víctima tenía edad suficiente para consentir válidamente la realización de una relación sexual. Es verdad que, como ocurre en otros tantos casos similares, a poco que se converse mínimamente con él, aflora su verdadera edad; pero entre el muchacho y el acusado no debieron cruzarse demasiadas palabras”.  

La sentencia se remite a distinta jurisprudencia para avalar que, en ese caso, el acusado no sería responsable de delito alguno, en tanto no tenía razones para “calcular que Adolfo, por su aspecto externo y su comportamiento, tenía la edad suficiente para consentir válidamente en mantener un contacto sexual”.

Su comportamiento fue, se concluye, “imprudente” y en consecuencia, se determinó la total absolución. Únicamente se condenó al acusado a pagar una indemnización, de 1.500 euros, en tanto el caso hizo que los padres de Adolfo descubrieran las tendencias homosexuales de su hijo, provocando una “crisis familiar”  puesto que estos, explicaba la sentencia, “pertenecen a un círculo cultural poco o nada tolerante con las relaciones homosexuales”.

 

Así es la gran trama clientelar de Carmena y Ahora Madrid

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Manuela Carmena ha colocado al 71% de integrantes de su lista electoral.

Por Diego Sánchez de la Cruz

Desde que llegó al poder, el gobierno de Ahora Madrid se ha caracterizado por disparar de forma significativa el presupuesto reservado para conceder subvenciones. Nada más comenzar la legislatura, levantó una enorme polvareda el abultado presupuesto de ayudas municipales que maneja el sobrino político de la alcaldesa Manuela Carmena. También generó muchas críticas el hecho de que la asociación que venía dirigiendo el número dos de la alcaldesaNacho Murgui, esté recibiendo millones de euros en aportaciones de las arcas locales.

Por si no fuese suficiente, el Ayuntamiento modificó las pautas de aprobación de estas partidas para relajar las medidas de control y disfrutar de mayor discrecionalidad. Quizá por eso los contratos menores y las subvenciones directas se han disparado de manera obscena, hasta el punto de que la Administración Carmena lleva ya 11.000 adjudicaciones a dedo en los dos últimos años, por un monto que ronda los 60 millones de euros.

Todas estas informaciones han disparado las críticas al gobierno local de la Villa y Corte, acusado de tejer una red clientelar a base de apoyar a entidades afines. Un caso especialmente mediático fue el de la «consultora social» Dinamia, una entidad dirigida por una actriz que participó en la creación de Ahora Madrid. Dicha organización ha recibido una lluvia de contratos municipales desde que la extrema izquierda controla el Ayuntamiento.

Pero las acusaciones de clientelismo también tienen que ver con la política de contratación del gobierno local. De entrada, Manuela Carmena ha colocado al 71% de los integrantes de su lista electoral. A esto hay que sumarle los ocho millones de euros reservados para contratar a «dinamizadores sociales» o los seis millones de euros que cuestan cada año los más de cien asesores fichados por Ahora Madrid.

Esta forma de gobernar obedece a una estrategia concreta que fue detallada a puerta cerrada por Íñigo Errejón. El dirigente morado impartió una charla en 2017 para insistir en que los llamados Ayuntamientos del Cambio deben aprovechar su paso por el poder para «dejar sembradas instituciones populares para refugiarse cuando gobierne el adversario». Errejón defendió entonces la creación de una «estructura económica autónoma» similar a la que ha creado el peronismo argentino para «sostener a su militancia». Desde el Ayuntamiento de Madrid no han dudado en defender esta forma de hacer política, afirmando que el objetivo es «fomentar la participación ciudadana» y «mejorar la relación y la cooperación entre el consistorio y el tejido asociativo».

El caso es que no paramos de conocer nuevas informaciones que ahondan en la trama de clientelismo que ya denunció Libre Mercado desde los primeros compases de la legislatura. En El Mundo hemos leído recientemente que Carmena ha subvencionado personalmente a distintos miembros de cooperativas vinculadas a la marca blanca de Podemos en Madrid. También hemos conocido a través de la cabecera de Unión Editorial que los contratos a dedo han subido un 1.166% en los primeros compases de 2018.

Y algo similar se desprende de las informaciones de El País en las que se apunta que la cooperativa de una impulsora de Ahora Madrid ha recibido ya 300.000 euros del consistorio. Ante semejantes informaciones, no es de extrañar que todas las encuestas conocidas con motivo del 2 de mayo certifiquen la caída de popularidad de Carmena y los suyos, cuya salida del poder municipal se antoja cada vez más probable, a un año de las elecciones municipales.

Rajoy tiene un problema singular: España

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Rajoy, el Judas de este viacrucis, tiene, como dijo Catalá del juez González, un problema singular: se llama España. Para tirarse un año más a la bartola en la Moncloa, está dispuesto a entregar, troceado y barato, el Estado. No lo permita la Nación.

Por Federico Jiménez Losantos

Mariano Rajoy quiere alargar un par de años su estadía en la Moncloa, pese a carecer de mayoría parlamentaria, de proyecto político y de partido, porque el PP se va hundiendo mientras su líder, encaramado a sus hombros náufragos, mantiene la cabeza fuera del agua. También cabe verlo como un barco que se va inexorablemente a pique y prolonga su agonía echando al mar cualquier cosa que permita aligerar su peso, en vez de subirse a un bote y tratar de salvarse antes de que el postrer remolino se lo trague.

Esta semana hemos visto el precio de ese empeño en estar a costa de no ser, que después de siete lustros en política, debería haber colmado su ambición: ponerse en manos de los enemigos de España el tiempo que permanezca en el Poder, conscientes, él y ellos, de que nada puede convenirles más que un Presidente del Gobierno dispuesto a vender el Gobierno a cambio de presidir lo que sea.

Una triple infamia: la ETA, el Prusés y Catalá

Tres son los episodios que prueban, más allá de toda duda razonable, ese empeño de Rajoy de aguantar como sea, a costa del régimen constitucional: 1) la pantomima de cambio de local, que no de actividad, de la ETA, protagonizada por el asesino Ternera, interlocutor protegido -CNI mediante- de los gobiernos de Zapatero y Rajoy; 2) el apoyo a la formación de cualquier gobierno golpista en Cataluña con tal de que no lo presida -aunque pueda formalmente tutelarlo- Puigdemont; y 3) el ataque calumnioso, personal y profesional, del Ministro de Justicia a un juez cuya honradez intelectual le ha hecho acreedor de una típica campaña totalitaria de asesinato civil a manos de la horda femirroja, podemitarra, respaldada por el cadalso mediático que dirige la Sexta y seguida por la recua que conforma el albañal audiovisual y al que obedece el rebaño del bien llamado «espectro político».

 

Hemos visto cómo se regala a los etarras las dos piezas que siempre reclamaron para dejar de matar españoles: Navarra y la suelta de sus presos. Y ambas cosas las ha asegurado públicamente Urkullu, paseando con Barcos y asegurando en El País que Rajoy e Instituciones Penitenciarias son «sensibles» a la situación de los asesinos etarras. Vamos, que los sueltan ya.

Pero esa suelta de los pistoleros del separatismo etarra es el prólogo y garantía de que los presos catalanes por el golpe de estado del 1 de octubre seguirán la misma suerte. Para eso hacen falta dos cosas: que haya Gobierno en Cataluña, todo lo separatista que quiera, pero que permita archivar el 155; y una presión implacable a los jueces hasta plegarse a lo que ya no sería un golpe de Estado en dos frentes, vasco y catalán, sino del propio Gobierno, que, contando con la inmensa batahola de medios comunistas y separatistas, con el aplauso entusiasta de la Izquierda, la mudez de la Derecha y la memez del Centro, acabaría sometiendo a jueces y tribunales a lo que el PSOE llama el «Veredicto Popular«, que estaría muy, muy por encima de la Constitución.

Esa es la función de los dos asaltos a la independencia judicial que ha perpetrado en apenas dos semanas el Gobierno. El primero, fue contra el juez Llarena, al que quiso imponer a través de la Fiscalía General del Estado la suelta de Forn, primer favorecido con una política penitenciaria «sensible» a la situación de los presos golpistas hasta «normalizar» la violencia callejera y poder lavarse las manos de la responsabilidad del 155, que moriría inédito.

El segundo asalto lo perpetró el mismísimo Ministro de Justicia contra el juez González, y ha sido tan escandalosa la forma de agredirlo en lo personal y despreciarlo en lo profesional que ha conseguido movilizar en su contra a todas las asociaciones de jueces, y de fiscales, menos una. Y no se sabe si el milagro se debe al decoro profesional, a la humillación corporativa o a que han adivinado que, tras dejar en manos del Poder Judicial la inmensa y honrosa responsabilidad de proteger a la Nación y su Estado de Derecho, ahora el Ejecutivo de Rajoy, con un amplio respaldo del Legislativo, quiere quitarles aquella «patata caliente» para zampársela asadita con los golpistas.

España, Italia, la ETA y la Mafia

Los tres movimientos –el pacto con la ETA, el apoyo al golpismo light y el acoso a los jueces molestos– tienen el mismo objetivo político: asegurar a Rajoy la supervivencia durante el resto de la legislatura, mediante la alianza más abyecta que haya hecho nunca un Gobierno de España: con los partidos y organizaciones criminales que nacieron y viven para destruirla. Es como si en Italia formara Gobierno el izquierdista Grillo con el apoyo parlamentario de la fascio-separatista Liga Norte y el callejero de la Mafia y la Camorra.

Este es el proyecto de supervivencia político-personal de Rajoy: de momento, llegar a las elecciones municipales, autonómicas y europeas de 2019; y después, prorrogando los Presupuestos, hasta las Generales de 2020. Cuenta, como expuso obscenamente el portacoz del PNV, con el apoyo del separatismo vasco, para retrasar todo lo posible la llegada de Rivera al Poder. Y con el separatismo vasco, que de nuevo toma la delantera, pero siempre coordinados, el separatismo catalán, para el que de inmediato se negociará otra salida «sensible» para los presos, antes de que Rivera pueda impedirla. No es seguro que se atreviera a hacerlo, pero, por si acaso, mejor asegurarlo con un muerto en Moncloa que con un rivales que ambicionen hacer Historia.

Ante este plan de Rajoy tan rastrero como evidente, que es también el de la ETA, el PNV, los separatistas catalanistas y los comunistas podemitas, Rivera puede quitarle su apoyo parlamentario y forzar elecciones generales. Aparentemente, eso no le conviene nada desde una perspectiva partidista, ya que está recibiendo un alud de votos del PP y una inundación del PSOE. A este paso, en nueve meses, arrasaría, consolidaría bastiones de poder local y regional y se presentaría ante las generales con todos los triunfos en la mano. Como ese voto de rechazo a los dos grandes partidos lo recibe por parecer un partido formal, para defender las instituciones y evitar revoluciones, sería difícil, aunque creo que no imposible, explicar por qué derriba al Gobierno. Entiendo que, hoy por hoy, Rivera se plantee, sobre todo, no cometer errores. Cuantos más votos y escaños obtenga, con esta táctica, mejor podrá en el Gobierno deshacer las fechorías que perpetren Rajoy y sus aliados satánicos.

Rivera puede encontrarse una España intransitable

Sin embargo, ese planteamiento tiene un defecto: olvida al enemigo. Precisamente por temor a Rivera y confianza en la inerme doblez de Rajoy, sus aliados de fortuna, separatistas y comunistas, llevarán todo lo lejos que puedan el proceso de desmantelamiento del régimen constitucional de 1978. Y en ese proyecto, que es el de la Ruptura, la condena de la Transición y el plebiscito de una República Confederal con derecho a la autodeterminación de los territorios que la integren, van a contar con el PSOE de Pedro Sánchez.

Sin apenas darnos cuenta, hemos entrado en una época de «gimnasia revolucionaria«, que así llamaba el faísta García Oliver -y gusta repetir Pablo Iglesiasa la violencia callejera para ensayar el golpe final revolucionario. Con la careta del feminismo batasuno, la violencia callejera de los CDR o las procesiones de entronización de asesinos etarras, lo que cada día nos sirven unos medios audiovisuales tan demagogos, sectarios y avariciosos que ya sólo les falta rifar asesinatos en directo dizque para ayudar a niños etíopes, es el desprecio de los jueces en particular y la Ley en general, mientras se exalta la violencia callejera como expresión directa de la Voluntad Popular.

Ese calentamiento de las masas brutas y ese acostumbramiento de las blandas a la brutalidad, ya lo vivimos una vez, del 2002 al 2004, con las grandes movilizaciones del Prestige y la Guerra de Irak que desembocaron en los terribles días del 11M al 14M, en especial el cerco a las sedes del PP el 13M, cuando empezó a cambiar, o sea, a descarrilar, la Historia de España. El proceso de vuelta a la Guerra Civil, a la división social por sexos y lenguas que empezó Zapatero, está alcanzando con Rajoy un punto de no retorno. No podemos confiar en los dos grandes partidos, que son parte del problema, ni fiarlo todo a Ciudadanos, inédito en la gestión y aún gateante en la política.

La Nación, al rescate del Estado

Las únicas instituciones que, frente a la defección del Gobierno y la Oposición, y bajo unos medios audiovisuales corruptos, comunistas y golpistas, han demostrado capacidad de resistencia frente al reto separatista y la descomposición de España son la Corona, la Nación y la Justicia. Deben movilizarse antes de que esta política torva y a traición parezca irreversible.

Digo parezca. Para que el sórdido egoísmo de la Derecha y la siniestra idiocia de la Izquierda triunfaran haría falta que los españoles admitiéramos que no valemos para estar juntos y que aceptamos, so capa de autonomías, privilegios feudales, fronteras lingüísticas e inquisiciones sexistas. Puede que nuestros enemigos triunfen, pero no les será fácil. Rajoy, el Judas de este viacrucis, tiene, como dijo Catalá del juez González, un problema singular: se llama España. Para tirarse un año más a la bartola en la Moncloa, está dispuesto a entregar, troceado y barato, el Estado. No lo permita la Nación.

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España: Sociedad Limitada

Montoro y Rosell

«Todo aquel que critica el sistema para mejorarlo desde una posición moderada y reformista, es inmediatamente arrojado extramuros y etiquetado como antisistema»

Por Benegas y Blanco en Disidentia

El teléfono sonó dos veces. Tan pronto el alto ejecutivo descolgó, la voz al otro lado del hilo comenzó a hablar de manera atropellada, en un tono tan alto que sus palabras resonaron por todo el despacho. El directivo frunció el ceño. Impaciente, golpeó rítmicamente la superficie de la mesa con las yemas de los dedos mientras las palabras brotaban incesantes del auricular.

De pronto, interrumpió a su interlocutor y le espetó: “Escucha, Fulano, sabemos que no es culpa tuya pero no es lo que hablamos, no es lo acordado… y habrá que poner remedio”. Sin dejar margen a la réplica, continuó: “tú lo que vas a hacer es lo siguiente…” y, en un tono complaciente y a la vez amenazante, le dio una serie de instrucciones claras y concisas.

La voz al otro lado de la línea enmudeció unos instantes. Cuando volvió a hablar, era casi ininteligible, un dulce susurro. El ejecutivo escuchó satisfecho, asintió con la cabeza, se despidió de su interlocutor cariñosamente y colgó. Luego, volviéndose hacia quien había sido testigo de la conversación, se encogió de hombros y dijo: “Estos estúpidos políticos se ahogan en un vaso de agua”.

Un secreto a voces

Infinidad de rumores apuntan hacia situaciones similares, sean conversaciones telefónicas, reuniones informales o charlas cara a cara entre un político y un gran empresario durante algún evento con acceso restringido. En ocasiones, se trataría de amañar adjudicaciones públicas a cambio de un pago diferido en el tiempo; en otras de promulgar determinadas leyes, normas y regulaciones que afectarían a los sectores llamados “estratégicos”, donde el Boletín Oficial del Estado, con su letra pequeña, es la llave que abre y cierra mercados, la cal que ensancha o estrecha el terreno de juego.

La consecuencia es que, finalmente, en la estructura productiva española existe una desproporción enorme entre grandes empresas, por un lado y pequeñas y medianas empresas (pymes), por otro. Esta anomalía se debe a motivos legales y regulatoriosLas pequeñas empresas no crecen porque si aumentan de tamaño deben comenzar a cumplir infinidad de nuevas normas y requisitos extraordinariamente costosos, muchas veces inalcanzables. Lógicamente, al no crecer no pueden competir con las grandes compañías, que sí tienen suficiente músculo, y también relaciones, para asumir las cargas del marco regulatorio.

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Así, en España, las pymes suponen el 99,9% de las compañías: son 3.110.522. Y lo que es peor, más de la mitad de ellas, 1.670.329 (el 53%), son microempresas sin empleados, y de ellas 1.050.714 son meras personas físicas. Pero hay una gran escasez de medianas empresas. ¿Cómo generar “salarios dignos” con una estructura productiva tan precaria?

La trampa regulatoria: un arma contra la competencia

Muchas regulaciones no son neutrales ni inocentes: surgen precisamente de esas llamadas telefónicas, encuentros y conversaciones entre políticos y empresarios; es decir, de la connivencia del poder político y económico. Por ello, el Régimen español se asemeja más a un sistema de acceso restringido que a un sistema de libre acceso. En Violence and Social Orders (2009), Douglass NorthJohn Wallis y Barry Weingast explicaron la diferencia entre ambos.

El Sistema de Acceso Restringido es cerrado porque imperan los privilegios, las relaciones de tipo personal y las barreras a la participación en la política y en la economía. Por el contrario, en el Sistema de Libre Acceso predominan las relaciones impersonales, institucionalizadas, la ausencia de barreras, la libre competencia en la política y la economía, y la igualdad de oportunidades.

Cuando el sistema es cerrado, los políticos generan una legislación, unas normas y regulaciones que no son neutrales sino simples estratagemas para impedir la competencia y favorecer a las grandes empresas amigas que, a cambio, corresponden con financiación al partido, pagos opacos a sus dirigentes o lo que se han venido a llamar “puertas giratorias“.

¿Por qué son tan pocos los que lo denuncian?

En un sistema de acceso restringido, pocas cosas suceden de manera espontánea; los primeros comprometidos son los medios de comunicación, que viven de la publicidad de las grandes empresas. Un publicidad que, aunque lo parezca, en realidad no es comercial. Su precio está extraordinariamente inflado, porque su verdadero objetivo es comprar la voluntad de unos medios incapaces de vivir de sus lectores, del mercado.

Las alocuciones de gobernantes o políticos en activo, poco o nada dicen al respecto: tienen mucho que perder. Algo más de sustancia contienen las declaraciones de ex políticos que ya no participan de la vida partidista ni aspiran a cargo o prebenda alguna. Por ejemplo, José Bono, ex ministro de Defensa, denunció que, en España, las listas electorales sólo incluyen a los amigos del jefe del partido. O Francisco Granados reveló, justo al abandonar su escaño, que las tareas de los senadores se limitaban a pulsar un botón. Los hechos eran de sobra conocidos pero… ninguno de los dos había pregonado estas “verdades del barquero” cuando se encontraban en activo.

La sinceridad sobrevenida

Al contar su historia, el ex político suele ofrecer una versión exculpatoria, demasiado idealizada de su trayectoria, pero también se siente mucho más libre para señalar esos fallos del sistema sobre los que antes guardó silencio. La entrevista que Rosa Díezconcedió a Disidentia contiene todos estos elementos pero, sobre todo, denuncias de hechos demasiado graves como para ser pasados por alto.

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De sus declaraciones puede deducirse que España está dominada por un puñado de grandes empresas, que poseen o controlan los medios de comunicación y que utilizan este poder, no directamente para influir en el día a día de las decisiones gubernamentales, pero sí para encauzar los cambios, alzando a los partidos que mejor sirven a sus intereses y saboteando a los que no les sirven. Así explicaba por qué su partido, UPyD, desapareció súbitamente no solo de los medios de comunicación; también de unas encuestas que no pretenden tanto medir la opinión pública como manipularla.

Lo que la veterana ex política define con sus palabras es lo que se conoce popularmente como “capitalismo de amigotes”, un sistema en el que existe una coalición gobernante, compuesta por un puñado de grandes empresas, estructuras de partidos, grupos de interés y burócratas que, mediante acuerdos tácitos o explícitos, utilizan de forma interesada el poder imponiendo barreras tanto en la política como en la economía.

De esta forma, el imperio de la ley es desplazado por un esquema de pura arbitrariedad, de intercambio de favores. Y los personajes pudientes obtienen un trato de favor, no sólo del ejecutivo o del legislativo; a veces también del judicial.

Así, Emilio Botín no sólo pasará a la historia por haber presidido el Banco Santander, también a los anales de la jurisprudencia por la doctrina jurídica que lleva su apellido, un invento de última hora del Tribunal Supremo para retorcer la ley, evitando una condena a tan ilustre banquero. Un favor similar fue concedido a los empresarios Alberto Cortina y Alberto Alcocer, los famosos “Albertos”, cuando el Tribunal Constitucional decidió cambiar toda la doctrina sobre prescripción de delitos para librarlos de la cárcel. Con suficiente influencia y dinero… casi todo es posible en España.

Los antisistema, tontos útiles… del sistema

Rosa Díez insinúa que al Establishment le convienen los partidos antisistema. Y tiene razón, pero por un motivo que no señala: sirven para desactivar la crítica que se lleva a cabo desde posiciones reformistas sensatas… pero peligrosas para determinados intereses. Las críticas al modelo de acceso restringido para proponer la eliminación de las barreras, la evolución hacia un régimen abierto a la política y la economía se manipula en los medios para identificarla con la que realizan los antisistema, cuya beligerancia no es demasiado sincera; más bien una forma de ganar votos e introducirse dentro del esquema de poder.

Así, todo aquel que critica el sistema para mejorarlo, para hacerlo más eficiente y justo, desde una posición moderada y reformista, es inmediatamente arrojado extramuros y etiquetado como antisistema. Sin embargo, hay una sustancial diferencia entre ambos: la solución propuesta. Mientras que los antisistema pretenden construir un régimen todavía más cerrado, con añadidas trabas, componendas y cambalaches, los verdaderos reformistas desean abrirlo, retirar esas barreras que impiden la participación de todos.

Un modelo peligroso e inestable

Ahora bien, los sistemas de acceso restringido, por muy correosos que parezcan, tienen un flanco muy débil: a largo plazo resultan inestables. Los acuerdos suelen quebrar por voluntad de algún miembro de la coalición gobernante que aspira a obtener una parte mayor del pastel. Es el caso en España de parte de la oligarquía catalana, que decidió romper la baraja presionada por las apreturas que trajo consigo la Gran depresión. Esto, junto con la crisis de los partidos tradicionales, el conocimiento de la corrupción estructural y los escándalos de tipo económico desembocó en una sensación de fin de Régimen.

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En efecto, el sistema está agotado y sólo hay dos caminos. O bien restablecer el statu quoque ha estado vigente hasta hoy, aseando el Régimen para que parezca que cambia, pero siga todo igual, es decir, lo que ha venido en llamarse la operación Ciudadanos. O, como abogamos algunos, acometer las reformas necesarias para eliminar barreras, liquidar los privilegios, garantizar la igualdad ante la ley. Dicho de otro modo, avanzar hacia un sistema de libre acceso, en beneficio de todos.

Como señaló Jean-François Revel, “la libertad de emprender es, ante todo, el medio de defensa de los pequeños contra los grandes y de los débiles contra los fuertes”. La connivencia entre gobernantes y grandes empresarios para establecer barreras causa un quebranto enorme a los ciudadanos, les impone incalculables costes económicos, pero sobre todo socava pilares fundamentales.

Los políticos no resuelven los problemas porque no gobiernan en beneficio de la población, sino en interés de ellos mismos y de determinados grupos. Y la sociedad civil desaparece, queda desvertebrada, limitada: como esa mayoría de empresas… incapaz de crecer.

 

La verdad del mantero / The truth of the «mantero»

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Lo ilegal debe ser extirpado y expulsado. Lo contrario, esta papilla globalista ahora mismo padecida, es el peor desprecio al hombre, ya sea blanco o negro.

Por Carlos Kaiser

La trata de esclavos que fomenta Europa está en pleno apogeo. ¡Quien tuvo, siempre será un pervertido! Así las “pateras” o “balsas de la ignominia”, fletadas por los “tratantes esclavistas” de Africa y Oriente Próximo, yihadistas y pro–palestinos del odio sin coartada, protegidas por diversas ONGs cómplices de “cosa nostra” y rescatadas por los Servicios de Auxilio Marítimo (y por la Armada española), únicos humanitarios impolutos en esta cadena criminal, llegan a nuestras costas y desembarcan en el país una creciente muchedumbre de negros (ahora se tiende a llamarlos subsaharianos en piadosa jaculatoria jesuítica o leninista). Estos esclavos recién llegados, celebrados por toda una Europa política de forajidos (en otro momento hablaremos de los “muslims”), sólo tienen por delante la condena a trabajos forzados (consumirse noche y día en los invernaderos a 50º C) o vivir de la limosna y de la delincuencia. Detrás, por el camino de los mares, van quedando cientos y miles de cadáveres, ahogados sin identidad, que no consiguieron llegada en esta gymkana de lo perverso. Nuestro “piélago político” en su totalidad reacciona con su sabido despotismo irresponsable: «Aquí sólo se cumplen las leyes que a mí me salen de las “webs”». Nada más lejano de sus prácticas que un Estado de derecho.

Nos encontramos por consecuencia con una creciente comunidad incrustada de gentes de color oscuro (¡negros, vamos!) que han accedido ilegalmente a nuestro país, que no pueden legalizar su permanencia en él, que carecen de todo recurso legal para llegar a ser “libertos” y únicamente tienen abierto el camino de la delincuencia consentida (en muchos casos también protegida a lo Capone): permanencia ilegal, prostitución, comercio ambulante ilegal y tráfico de mercancías robadas y/o falsificadas, el llamado “pirateo de baja intensidad”. Frente a ello, las llamadas autoridades sólo saben jugar a ser “niños de piedra”, pedrusquitos de sonrisa estúpida que ignoran todo compromiso con la ley y juegan a ser monaguillos de Cáritas Diocesana (¡todo para el pobre, pero sin el pobre!). «¡Tente a tres pasos, sosancho, que jiedes!», dijo Cervantes.

Pero alguno de estos “marginados”, a veces, tiene acceso a la palabra y lo que dice no nos gusta. Un “mantero” de Lavapiés, negro como un tizón, ha tenido acceso a las gacetas y ha soltado, refiriéndose al niño Gabriel asesinado en Las Hortichuelas”: «Se muere un niño de mierda y España sale a la calle». Nuestros tiernos corazones, ¡tan sensibles!, se remueven dentro de sus tumbas. ¡Qué barbaridad! ¿Cómo se puede ser tan animal?

Sí, pero intenten por un momento entender el razonamiento del “mantero”: «Vosotros, delicados y llorosos querubines colmados de virtudes, que aceptáis la esclavitud de facto de los negros, que no respetáis vuestras propias leyes y celebráis su incumplimiento, vosotros los discípulos del más artero de los satanases, los babosos mendicantes de piedad para los verdugos aún delante de los cuerpos todavía calientes de sus víctimas, ¿os llamáis a vosotros mismos bondadosos? ¿Dónde están los aplausos, las manifestaciones, las velitas, los dibujitos, las banderas a media asta y los días oficiales de luto por los negros ahogados en su huida hacia el infierno? ¿Somos los negros unos muertos de baja calidad como denunciaba Machín en sus Angelitos Negros? ¿O todavía pensáis que os vamos a dar las gracias por dejarnos infravivir? ¿Habéis imaginado siquiera que nosotros también querríamos soñar con algún futuro?»

Esa es la verdad del mantero, por mucho que nos moleste. Y nuestra mentira es aplaudir, por muy “buenistas” que queramos ser, que exista un “al margen” consentidor permitiendo la burla de la ley. Ya sean intentonas golpistas, foralidades trasnochadas o invasiones extranjeras.

Lo ilegal debe ser extirpado y expulsado. Lo contrario, esta papilla globalista ahora mismo padecida, es el peor desprecio al individuo, al hombre, ya sea blanco o negro, y a la sociedad de todos. El primer paso es respetarnos a nosotros mismos, lo demás vendrá por añadidura. Negar la evidencia es un suicidio, el más cobardica de todos, la del bobainas terco y contumaz. Es un morirse por lo laico (¡el más irrisorio de los rituales, desde la Prehistoria hasta hoy!), ya que estamos. Y si es contra alguien, más patético. ¡Por cierto, no se les ocurra buscar mi tumba, los muertos son ustedes!

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El guardiolismo, enfermedad crónica del catalanismo

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Pep Guardiola, en un acto independentista con Puigdemont, Junqueras y Forcadell el pasado mes de junio. | Cordon Press

¿Qué enfermedad moral lleva a Guardiola y los guardiolos catalanes a vivir instalados en la mentira compulsiva, en el embuste total y absoluto?

Por Federico Jiménez Losantos en LIBERTAD DIGITAL

El ayer futbolista, hoy entrenador y siempre pesadísimo hijo de Sampedor, fiel a su cita semanal con la vanidad al modo nacionalista, que es la pública denigración de España, porque sólo denigrándola logra sentirse superior al resto de los españoles y a buena parte de la humanidad, ha resumido en pocas frases el mal crónico del catalanismo, nacionalismo o separatismo catalán, una fiebre con diferentes grados de temperatura pero que revela una misma enfermedad: el autobombo servido por la mentira.

Guardiola ha dicho: «Estoy como toda la gente que no quiere el mal para los demás ni para sus familias. Todo lo que hemos hecho seis millones de personas saliendo a la calle en estos años lo hemos hecho de manera pacífica… o más que eso. Cuando dicen que somos generadores de violencia, se equivocan de lleno. Puedes estar de acuerdo o no, ya sabemos que las ideas son de cada uno, también los jueces pueden hacer su trabajo».

Y, añadió: «Es una gran injusticia que nos comparen con la kale borroka o con ETA. (…) Esto es muy sencillo: es ver lo que pasó el 1 de octubre. La fotografía no engaña, los vídeos no engañan. Y hay muchos. Hace años se podía, pero ahora no. Todos los mensajes, desde el presidente Puigdemont, el vicepresidente Junqueras, presidente de la ANC, presidente de Ómnium… Toda la gente de allí lo ha dicho mediante el pacifismo y expresarse mediante el voto de las urnas. Por eso es muy injusto: puedes no estar de acuerdo conmigo, pero hay fotos e imágenes».

 

Ni seis millones, ni fotos ni imágenes verdaderas

Nunca han salido seis millones a la calle, como dice el demagogo de Sampedor, ni catalanes, ni norcoreanos. Esos seis millones son los que el mayor ladronazo de Europa, Jordi Pujol, exhibió en una campaña pagada en diarios de todo el mundo para fingir que la Barcelona del 92, cuyos Juegos Olímpicos consiguió el franquista Samaranch y pagó toda España, no estaba en España sino en un ente sin fronteras llamado, solo en catalán, Catalunya. Ente unívoco, «un sol poble», donde no había más diferencia que la de ser catalán de nacimiento, amb arrels, o con «voluntat de ser-ho«.

El sueño totalitario de Pujol era el de cualquier cerdito con nostalgia de jabalí: «Ein Volk, ein Reich, ein Führer». Un solo pueblo, el alemán; un solo Estado, al que todo se somete; y un Caudillo, al que todos obedecen. Ni siquiera entonces, cuando los gobiernos de Madrid celebraban aquel vasto sistema de latrocinio que «aseguraba la gobernabilidad de España», toda Cataluña pensaba lo mismo ni aceptaba el proyecto separatista. Menos aún ahora, cuando una mayoría de votantes catalanes rechaza la violenta imposición de la ruptura de España de los separatistas como Guardiola.

En realidad, sólo la pereza analfabeta del periodismo inglés impide preguntarle al entrenador del Manchester City: ¿cómo es posible que, de esos seis millones de los que habla, sólo dos voten a partidos separatistas; que la mayor manifestación de la historia de Cataluña haya sido la de las banderas españolas, un millón en la calle; y que el partido más votado en las últimas elecciones legales sea antinacionalista, llamado Ciudadanos? ¿Y por qué se empeña en contar las votaciones ilegales como si fueran legales?

Pero hay algo peor que la pereza analfabeta del periodismo deportivo inglés: lapereza criminal del Gobierno de España para contrarrestar esas fotos e imágenes trucadas, la campaña de intoxicación internacional que no sólo orquestaron los corresponsales amaestrados por la Generalidad, sino la TV3, el gang Roures y las televisiones de Soraya, con La Sexta a la cabeza. Hoy sabemos que de los mil heridos sólo hubo dos; que Marta Dedosrrotos es una mentirosa compulsiva que ni fue manoseada por la policía, como dijo Colau, ni nadie le rompió nada; que la famosa anciana ensangrentada se había caído por una escalera antes de que llegase la policía; que por orden de la Generalidad se computaron todas las altas en hospitales como lesiones a manos de la policía; que no hubo ni una foto de los políticos separatistas con sus heridos porque los heridos eran policías, más de un centenar; que en las fotos de las cargas de la Policía nacional se añadieron imágenes de los Mozos de Escuadra contra el 15M ¡y de la policía turca!

La violencia de los compinches de Guardiola

Más aún: en el auto del juez Llarena se reseñan más de 300 actos violentos por parte de los separatistas, dentro del cuadro violentísimo de convocar a millones de personas a participar en un Golpe de Estado, más de lo que se nunca han atrevido a hacer la ETA y sus cachorros callejeros. El terrorista Otegui es el héroe de las Diadas a que convoca Guardiola. En el último cerco institucional se coreaban gritos de apoyo al terrorismo. Y la mayoría golpista del Parlamento se niega a condenar los actos violentos.

Cataluña es una dictadura nacionalista desde hace cuarenta años. La persecución de los disidentes políticos la llevan a cabo las instituciones que en teoría representan al Estado y bandas organizadas de matones que atacan en la calle o el trabajo a quienes pretenden algo tan elemental como que sus hijos reciban la enseñanza en su lengua materna, el español, proscrito de la enseñanza pública y objeto de multa si se usa para rotular establecimientos. La violencia política en Cataluña no es la que por orden judicial padecen unos pocos golpistas sino la que desde hace décadas sufren los que se han opuesto a la dictadura separatista. El presidente en el exilio es Boadella, al que le talaron los cipreses de su casa, no Puigdemont, que no se atrevió a convocar elecciones y a evitar la cárcel, por miedo a los radicales de ERC.

El mismo día en que hablaba –o sea, que mentía- Guardiola, un muchacho era apaleado por llevar una bandera española. Lo mismo les sucedió a dos chicas por llevar el uniforme de la Selección Española de Fútbol a la que Guardiola perteneció porque económicamente le convenía. Son continuos los asaltos a los tenderetes de Sociedad Civil Catalana y las sedes del PP y Ciudadanos, que, conviene repetirlo, ha sido el partido más votado por los catalanes en las últimas elecciones legales. Nadie en España ni ningún país europeo ha acudido más veces a las urnas que los catalanes. Lo que pretendían los separatistas era convocar por la fuerza un plebiscito ilegal para proclamar la ruptura del régimen constitucional español, la sumisión de media Cataluña a la otra media y la destrucción del Estado. A eso, la máxima violencia posible contra la legalidad española y europea, le llama el cantamañanas de Sampedor «pacifismo», «democracia» y «votar».

Complejo de superioridad, complejo de inferioridad

¿Qué enfermedad moral lleva a Guardiola y los guardiolos catalanes a vivir instalados en la mentira compulsiva, en el embuste total y absoluto? Esta misma semana, el médico del Bayern, que tuvo que dejar el club por los celos de Guardiola y que ha vuelto a su club al largarse el demagogo, daba esta pista en un libro: «Guardiola se cree más que nadie, pero esa superioridad que exhibe esconde un profundo complejo de inferioridad«Hay quien dice que el famoso complejo de superioridad de los catalanes les ha llevado al extremo de creerse argentinos. Con Messi en el Barça, difícil. Pero es cierto que la fatuidad que a diario exhiben, al modo de Guardiola, tantos políticos y periodistas catalanes esconde una duda primordial: si somos tan modernos y tan superiores al resto de España, ¿por qué nunca hemos sido independientes, ni capaces de vencer a esa antigualla de Estado casposo? Si España vale tan poco y Cataluña tanto, ¿cómo es que nunca jamás, ni antes ni después de los romanos, hemos valido más que ellos?

Para no contestar esta pregunta han hecho falta cuarenta años de dictadura política, de inmersión lingüística, de desinformación mediática, de corrupción de los Gobiernos de Madrid y de la conversión de toda la clase dirigente de Barcelona en una mafia cleptocrática para, finalmente, perpetrar un golpe de Estado, luego arrepentirse, después reafirmarse en plantar cara a los jueces, a continuación huir de la Justicia, luego gemir, siempre llorar y, mientras se agrede a los indefensos, seguir quejándose.

Esa enfermedad moral de vivir en perpetua impostura, exhibiendo a diario su fanfarronería miedosa, no la cura el médico de Sampedor ni Freud resucitado. Para mí que no tiene cura. Lo importante es evitar el contagio.

Quiénes se lucran con la Ley de Violencia de Género

En España, la “Ley contra la Violencia de Género” vulneró principios fundamentales como la igualdad ante la ley y la presunción de inocencia

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«Cuantas más denuncias, más ayudas, más financiación; y cuantas más ayudas, más se incentivan las denuncias»

Detrás de la Ley Orgánica de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, promulgada en España, se esconden tres verdades políticamente incorrectas.

La primera, el sobredimensionamiento de la denominada violencia de género por parte del pensamiento hegemónico. La segunda, a diferencia de lo que muestran los medios de comunicación, España está a la cola en muertes violentas de mujeres, siendo estable los casos desde 1999 (60-70 casos anuales), tal como señalé en otro artículo. La tercera: con esta ley se lucran asociaciones feministas, los partidos políticos y cualquier medio o entidad que se circunscriba a sus dogmas. Todos ellos manipulan la realidad para mostrarla de tal forma que les siga siendo rentable esta dichosa ley.

Para comprender cómo se lucran todas estas entidades, es necesario entender que se trata de un circuito de retroalimentación, donde se encuentran las denuncias por violencia de género, los presupuestos y subvenciones y la financiación con los Fondos Europeos. Cuantas más denuncias, más ayudas, más financiación; y cuantas más ayudas, más se incentivan las denuncias.

Las denuncias falsas existen

Hasta la década de los 90 se producían en España en torno a 15.000-20.000 denuncias al año por violencia de hombres a mujeres en el ámbito de la pareja. Posteriormente, hasta principios de este milenio, se registraron unas 70.000 denuncias anuales. Y a partir del 2005, con la implantación de la ley, las denuncias ascienden a 126.000 al año, cifra que continúa aumentando (en 2017 ya 166.000). El primer salto se explica porque, en 1999, comienza a contemplarse el maltrato psicológico como delito y, además, el delito de violencia contra la mujer se extiende a los casos entre ex parejas. Eso explica que se incremente sustancialmente el número de denuncias.

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Pero el segundo salto no se debe a una recalificación de los actos delictivos, sino a la “Ley contra la Violencia de Género”, que introduce el concepto de discriminación positiva, vulnerando así, de forma evidente, la igualdad ante la ley. Se empiezan a aplicar penas diferentes en función de si el hecho lo comete un hombre o una mujer. Incluso, determinados actos constituyen delito si son cometidos por un hombre… pero no si los comete una mujer. También se suprime la presunción de inocencia, invirtiendo la carga de la prueba: el hombre denunciado es culpable hasta que no demuestre su inocencia. Y, además, esta ley concede sustanciosas ayudas económicas y ventajas jurídicas a las mujeres que denuncian, incluso antes de que se dicte sentencia.

No sólo eso, se crea una jurisdicción específica para la violencia de género, unos Tribunales de Excepcióninconstitucionales pues están expresamente prohibidos por la Constitución Española de 1978, en los que solamente se juzga a hombres. A este proceso discriminatorio se le añade otro más perverso: se crean fuertes incentivos para que la mujer acuse a su esposo de malos tratos en los procesos de separación conyugal. Hasta el punto que surgen abogados especializados en ello, que introducen estas acusaciones como elemento de presión en la negociación del divorcio.

Pero, ¿qué impulsa a una mujer a recurrir a estas más que dudosas prácticas de denuncia indebida? Muy sencillo: con una denuncia por malos tratos se agiliza el proceso de separación. Para empezar, el expediente de separación pasa de ser un trámite civil (Juzgado de Familia) a uno penal (Juzgado de Violencia de Género). Además, sin que el esposo haya sido juzgado, se aplican medidas cautelares desproporcionadas, como una orden de alejamiento.

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Pero aquí no termina el despliegue de incentivos. La mujer que ha denunciado obtiene, en pocos días, la custodia total de los hijos, una pensión alimenticia y el derecho exclusivo al uso de la vivienda. Y, aunque la mujer disponga de medios económicos sobrados, puede beneficiarse de los servicios gratuitos de un abogado a cargo de la Administración. Infinidad de beneficios para la mujer; al hombre, por el contrario, se le despoja de todo sin haber sido ni siquiera juzgado.

Las denuncias falsas apenas se investigan

Mientras esta práctica inmoral está a la orden del día, los medios de comunicación insisten en afirmar que sólo el 0.0075% de las denuncias son falsas. Su fuente proviene de la Fiscalía General del Estado pero lo que dice esta fiscalía realmente no es que sólo exista este porcentaje de denuncias falsas sino que solo ha investigado y comprobado como falsas ese número. Existen muchas más que quedan impunes. Pero ¿por qué no se investigan?

Los procesos legales son complejos; si el juez no aprecia delito de violencia de género se debe a que o no existió o bien no se encuentran indicios o pruebas. La mayoría de las veces no se sabe si se debe a una razón u otra y por ello se procede a archivar y a absolver al hombre denunciado. Del más de millón de denuncias interpuestas desde la ley, la tasa de delitos inexistentes, archivados o sobreseídos es del 80% respecto a los hombres enjuiciados, según los datos del CGPJ. Exactamente ahí, en esas sentencias es donde se ocultan las denuncias falsas.

Ahora bien, si el juez tiene claro que no hay pruebas porque no hay delito de malos tratos y sospecha que la denunciante lo sabía, entonces se puede abrir un nuevo proceso por denuncia falsa. Pero este nuevo procedimiento discurre de igual modo: si no hay pruebas de denuncia falsa, el caso se archiva. Al contrario, si hay pruebas de ello y se condena, la pena máxima para esa mujer es de 2 años de prisión pero, sin antecedentes, la pena queda en suspenso. Por tanto, para una mujer, el riesgo de denunciar falsamente a su esposo es mínimo, casi inexistente.

Resumiendo, ese famoso 0,0075% hace referencia solamente a los casos en los que se abrió un proceso penal contra la mujer, se acusó, juzgó y condenó, confirmando la Audiencia Provincial la sentencia. Cabe preguntarse por qué la Fiscalía no actúa de oficio ante un falso testimonio. Lo cierto es que sólo actúa en casos muy flagrantes y, además, resulta que denunciar sin pruebas no es un delito. Pero, sobre todo, lo fundamental aquí es que la Fiscalía no es independiente: trabaja para el Gobierno, para el Poder Político.

Existen incentivos cuantiosos para incitar la denuncia falsa

Todo el edificio económico de subvenciones pivota en un hecho jurídico, las denuncias. A través de la ley se establecen unos criterios para el reparto de los Fondos Europeos. Una tercera parte de los fondos atiende a criterios vinculados con valores demográficos. Las otras dos terceras partes atiende al número de mujeres asesinadas, al número de mujeres que se declaran maltratadas y al número de denuncias interpuestas. Así, a mayor número de denuncias más dinero procedente del Fondo Social Europeo se reparte al Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad.

Qué mejor forma de obtener fondos que por medio de las denuncias. Pero, para ello, tuvieron que modificar el Código Penal y violentar los principios de igualdad ante la ley, causalidad y presunción de inocencia. Así se amparan situaciones esperpénticas como un hombre que fue condenado por soltar una ventosidad durante una discusión con su pareja. Incorporándose este hecho en el largo catálogo de acciones punibles por las que los hombres pueden ser denunciados. En palabras de Soledad Murillo de la Vegacuando hicimos la ley se nos planteaba el dilema entre la presunción de inocencia y el derecho a la vida, y optamos por salvar vidas”. Suena a naufragio: “primero las mujeres y los niños”.

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A las motivaciones para denunciar se suma la llamada Renta Activa de Inserción (RAI),una ayuda que, como otras, se concede a la mujer por la mera denuncia, sin que exista base legal base legal constitutiva de la existencia de maltrato. Así se explica que, a pesar del descenso de número de hombres condenados, haya aumentado el número de mujeres perceptoras de los pagos de la RAI: 10.913 hombres condenados frente a 31.555 mujeres perceptoras de la RAI en 2015.

A este sistema de percepción de fondos se le suman las múltiples subvenciones que conceden las Administraciones Públicas. Hace poco Absolutexe, el Grifo de Twitter, documentó más de 93 millones de euros concedidos, en más de 9.000 subvenciones aprobadas desde el año 2014. Partiendo de los términos “mujer” y “convocatoria” hizo toda una aproximación. Así aparecen entidades como la Fundación Mujeres, la Asociación Mujeres para la Salud o la Asociación de Mujeres Juristas Themis, quienes reciben cuantiosas ayudas en esta materia además de otras distintas instancias. En cualquier caso, la lista de entidades que reciben subvenciones es muy larga. Es todo un enredo de aportaciones que confirma el lucro de estas asociaciones y otras tantas. Pero también confirma el papel del Estado y su intención a la hora de incentivarlas y mantenerlas.

La verdadera lacra de la Ley de Violencia de Género

Como se puede apreciar, esto es un círculo vicioso: la pescadilla que se muerde la cola. Con una simple denuncia se activan los mecanismos económicos: y las ayudas y subvencionas animan a denunciar. La dotación para la denominada “violencia de género” y su difusión y relevancia en los medios de comunicación nada tiene que ver con el bienestar de las personas sino con el beneficio privado que las ayudas proporcionan a algunas asociaciones, que han hecho de la Ley de Violencia de Género su medio de vida.

Como consecuencia de esta perniciosa ley se violan sistemáticamente los derechos humanos, no sólo de los hombres afectados, sino también de niños, abuelos, familias, etc. Y otro daño colateral de esta ley es el infligido a aquellas mujeres que realmente necesitan ayuda, que piden auxilio y no tienen las asistencias necesarias para salvaguardar sus vidas.

La ley falla porque no quiere ver que la violencia íntima en la pareja es un problema humano en el que están implicados factores psicobiológicos y culturales. La Ley no funciona porque no protege ni siquiera a las mujeres, por más que diferentes estamentos elogien su aprobación y puesta en marcha. Pero los datos en contra son muy tozudos. Sólo la sociedad puede impedir que la política y sus brazos largos se adueñen definitivamente de nuestras vidas. Depende absolutamente de todos nosotros no seguir ignorando tan enorme daño. La vida de cada persona no debería tener un precio distinto y menos aún en función de su “género”.

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Podemos la lía por el infarto de un senegalés tras pedir calma ante el asesinato de Gabriel

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LO OCURRIDO EN LAVAPIÉS DEJA AL DESCUBIERTO EL RACISMO DEL PARTIDO MORADO

Anoche, la muerte por infarto de un ciudadano senegalés en el barrio de Lavapiés, en Madrid, sirvió de excusa a la ultraizquierda para desatar una ola de violencia y vandalismo.

La ultraizquierda aprovechó un bulo para incendiar el barrio de Lavapiés

El detonante fue un bulo difundido por las redes sociales, según el cual el muerto era un mantero senegalés y el infarto se lo había provocado la Policía al perseguirle desde la Puerta del Sol. El bulo fue instrumentalizado por grupos de extrema izquierda para montar bronca. El resultado: 20 heridos -16 de ellos policías- y 6 detenidos, todos ellos españoles; mobiliario urbano quemado y destrozado (contenedores, farolas, bicicletas municipales); árboles y señales de tráfico arrancadassucursales bancarias asaltadas para robar televisoresuna ambulancia, un vehículo de los bomberos y coches de la Policía Local apedreados. La Policía Nacional tuvo que acudir al lugar porque los violentos quisieron linchar a policías locales. Incluso apedrearon a vecinos que estaban grabando lo que ocurría. Una orgía de violencia gratuita en la que la muerte de un senegalés sólo les importó a los violentos como una excusa para desahogarse.

Lo que de verdad ocurrió: la Policía intentó salvar al senegalés fallecido

Ya desde anoche, algunos testigos de lo ocurrido negaban lo que afirmaba el bulo. Finalmente, hoy se ha sabido que el senegalés fallecido no se dedicaba al top manta, y que unos amigos suyos pidieron ayuda a la Policía al ver que se encontraba mal. Según informa Abc, los policías que atendieron al senegalés venían de entregar una notificación judicial en la zona de Embajadores cuando los amigos del fallecido les pidieron ayuda. Los policías intentaron salvarle la vida al senegalés practicándole una maniobra de reanimación cardiopulmonar, hasta que llegaron los efectivos del Samur, pero los esfuerzos para reanimarle fueron en vano y el senegalés falleció. Esto lo declaró en dependencias policiales anoche un amigo del senegalés fallecido. Pero para entonces otros inmigrantes y elementos de la extrema izquierda ya se habían decidido a liarla.

La miserable utilización de un infarto por parte de Podemos

Desde Podemos y sus marcas electorales se sumaron a la estrategia de la tensión iniciada por grupos violentos de ultraizquierda. La alcaldesa de Madrid, la comunista Manuela Carmena, publicaba un tuiteo anoche anunciando que investigaría lo ocurrido pero sin condenar los actos de violencia que estaban provocando ultras de izquierda e inmigrantes en Lavapiés. El senador de Podemos Ramón Espinar aprovechaba la muerte del senegalés para dar sepultura a nuestra democraciaHoy es un día triste en España. No hemos estado a la altura de los Derechos Humanos. Hemos fracasado como democracia. Otro dirigente de Podemos, Juan Carlos Monedero, se sumaba a la versión difundida por el bulo: “Aquí, en Lavapiés, ha muerto esta noche Mmame Mbage, un inmigrante perseguido por la policia. Cuánto dolor innecesario. ¿No basta la tragedia de ser inmigrante?” Hoy Pablo Iglesias también ha dado crédito al bulo, diciendo que “es inaceptable en una sociedad democrática” que un mantero “tenga que salir corriendo y morir de un infarto”. El colmo de la manipulación política de lo ocurrido lo ha protagonizado la concejala presidenta de los Distritos de Arganzuela y Userala podemita Rommy Arce: ha equiparado el infarto del senegalés con el asesinato de la dominicana Lucrecia Pérez a manos de neonazis en 1992, presentando a ambos como “víctimas de la xenofobia institucional y de un sistema capitalista que levanta fronteras interiores y exteriores”. Esto ya es el colmo de la manipulación y de la ruindad.

De día claman contra la ‘venganza’ y por la noche la jalean

Hay que recordar que el pasado domingo era detenida una inmigrante dominicana por el asesinato de un niño español. Ante las muestras de indignación provocadas por el cobarde asesinato, con el agravante de que la asesina engañó a los padres del niño y a las autoridades durante días, la ultraizquierda se lanzó a clamar contra el “racismo”. En contraste con lo ocurrido anoche, desde Podemos criticaron “los intentos de politizar el dolor”. Y ayer mismo, horas antes de los disturbios en Lavapiés y de jalear una operación de venganza de la ultraizquierda basada en un bulo, Podemos rechazaba la prisión permanente revisable tachándola de “venganza”. Podemos ha mostrado una asquerosa doble moral al pedir calma ante el asesinato de un niño español y luego lanzarse a montar jaleo porque a un senegalés le da un infarto. Lo que Podemos demostró anoche es su profundo racismo, alimentado por un discurso antioccidental que lleva años promoviendo la ultraizquierda, un discurso según el cual los europeos somos racistas, explotadores y opresores simplemente por el color de nuestra piel.

La millonaria industria del victimismo que ha montado la izquierda

Lo que uno acaba comprobando es que para la ultraizquierda todo se reduce a inventar víctimas de algo de lo que se pueda culpar a la cultural occidental, al Cristianismo o al capitalismo, sus viejos enemigos de siempre. Ese victimismo no se fomenta inocentemente: se está convirtiendo en un suculento negocio. La industria izquierdista del victimismo se alimenta con subvenciones públicas dirigidas a todo tipo de entidades afines, cuya finalidad es demostrarnos lo machistas, homófobos, transfóbicos y racistas que somos los españoles, y sobre esa base proponer planes de reeducación que, a su vez, llevarán a cabo -a cambio de más subvenciones- esos mismos grupos que viven del victimismo. Ya lo han hecho con el machismo, convirtiendo el feminismo en un negocio multimillonario que crece a costa de los contribuyentes y de nuestras libertades. Ya lo están haciendo también con la excusa de la homofobia y la transfobia, con la creación de diversas leyes autonómicas que recortan derechos constitucionales y crean una justicia paralela usando el pretexto de combatir la discriminación de los LGTB, una labor que los políticos acaban asignando a esos colectivos, desde tareas adoctrinadoras en los colegios hasta la función de censores, como prevé la Ley Mordaza de Podemos. Todo ello, por supuesto, alimentado con el fruto de tu trabajo que se lleva el Estado vía impuestos. Ahora le toca al racismo. Quieren que nos sintamos racistas por enfadarnos con una dominicana que mata a un niño español, aunque la raza de la asesina nos importe un pimiento -ya que eso no aumenta ni disminuye su culpa-, y quieren que nos sintamos racistas porque a un senegalés le da un infarto. Esto ya es el colmo.

FUENTE: ElentirVigo

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Telebasura en las Cortes

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Viñeta de Linda Galmor

Citaba Paco Rosell el otro día en esRadio a un profeta posmoderno que advirtió del peligro de que un país acabara pareciéndose a su televisión. Esa reflexión se hacía a cuenta de Italia y Berlusconi, pero en los USA ya es presidenciable Oprah, cuyo libro más promovido y vendido durante años en su programa es El Secreto, manual de brujería social o vudú maoísta según el cual basta la voluntad de que te pase algo bueno para que te pase; por ejemplo, la lotería o una herencia. El pensamiento mágico por excelencia es el comunista, que promete la prosperidad imponiendo la igualdad a tiro limpio. Luego se queda en terror y miseria, salvo para el Partido, que está en El Secreto y vive muy bien en nombre de los que viven mal. Los populismos modernos operan sobre el modelo de Münzenberg para la Komintern: crear un malo malísimo culpable de todo, para que hasta el ser más lerdo o abyecto se vea moralmente superior a lo que Pablenin llamaría «cutre plebe fachosa». Y todo vale contra eso, aunque no exista, hasta alcanzar el Poder, que sí existe. «Salvo el Poder todo es ilusión», reza el himno de Sendero Luminoso.

¡Al PSOE se lo van a contar! 1917, 1934, 1936, 1937, 1939 y 2004 son fechas que prueban su idea de llegar al Poder como sea. Iglesias Posse, su fundador, debutó en las Cortes anunciando que usarían la Ley según les conviniera y que para acabar con Maura «estaban dispuestos a llegar al atentado personal». En siglo y medio ha habido sectores del PSOE decentes y nacionales, pero suele imponerse el sectarismo energuménico. Ayer, un tal Campo acusó al PP y Cs de utilizar a las víctimas como arma política arrojadiza. ¡Lo decía el partido del 11-M! Y luego va y cita una frase de la madre de Gabriel contra los padres con hijos asesinados que habían ido a las Cortes a pedir que no se derogase la prisión permanente revisable, freno para la suelta de violadores y asesinos en serie. Iban con la presidenta de la Asociación Clara Campoamor a implorar al PSOE que no se uniera a Bildu, PNV y Podemos. Inútil.

En contra de lo que dice la mayoría de sus votantes -los que le quedan-, los socialistas demostraron ayer que para ellos el Parlamento es tan solo un plató más de La Sexta, la tele del PP al servicio de Podemos. La auténtica telebasura, que se ha quedado con la contrata de Las Cortes.

Federico Jiménez LoSantos ( El Mundo )

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Políticamente Correcto: Que es, de donde vino. / Political Correctness: What It Is and Where It Came From

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«Redwood se refiere a la corrección política como una de las armas más viables y útiles de la izquierda, porqué  debido a la presión de algunos grupos, obliga a la sociedad a aceptar lo que aquellos ven como “verdad”. Esta presión lleva a las personas a adaptarse o a ser rechazadas. ¿Quién quiere eso? Muy a menudo, la gente cede por no soportar la alternativa.»

Por / By Fred DeRuvo

ORIGINAL ARTICLE IN ENGLISH: 

Political Correctness: What It Is and Where It Came From

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politicamente-correcto-autocensuraTodos hemos escuchado los términos “políticamente correcto” y “corrección política”. Sabemos que estos términos comenzaron como un poco más que eufemismos, pero en realidad, fueron (y son) de hecho un señuelo. Se hace hincapié en el disimulo del término para ocultar la verdadera amenaza que plantean a la sociedad lo políticamente correcto o la corrección política.

Políticamente correcto o Corrección política es esencialmente la labor externa de la cultura marxista en la sociedad.  El objetivo del marxismo cultural es la reformar de la sociedad para reemplazar completamente sus tradiciones y valores. Mientras que los marxistas de la vieja escuela creían que la oposición violenta, incluso militarizada era la mejor manera de lograrlo, los marxistas de hoy (Los nuevos Izquierdistas) encontraron una mejor manera de hacer eso mismo evitando el derramamiento de sangre y muerte con que plagaron el siglo XX. Hacerlo cambiando la sociedad desde adentro. Es algo que el secretario del partido comunista italiano Antonio Gramsci (1891-1937) había entendido y promovió en muchos de sus escritos.

La mayoría de la gente piensa que ser políticamente correcto significa simplemente evitar términos, frases y acciones que solo tienen el propósito de ofender a la gente. Normalmente, a personas que forman parte de grupos minoritarios. Por ejemplo, socialmente no es aceptable utilizar términos despectivos al referirse a las personas por su raza o por sus preferencias sexuales. Nos dicen que la corrección política en una sociedad civilizada evita hacer este tipo de cosas porque simplemente exacerba los problemas creando más separación entre los grupos.

¿Pero políticamente correcto es solo eso? Resumiendo, la corrección política en vez de alentar a la gente a reconocer su identidad, lleva a las personas a ver y acentuar sus diferencias. Esto es también conocido como multiculturalismo. Así, en lugar de celebrar nuestra identidad, deberemos celebrar nuestra diversidad. Se pretende que festejemos a los que son diferentes de nosotros, como si debido a esas diferencias ellos fueran mejores (no si eres blanco). Políticamente correcto es un llamado a ignorar el carácter de la persona centrándonos sólo en el color de su piel, su género u otra condición superflua.

Entiéndase que el objetivo del marxismo hoy sigue siendo el mismo que generaciones atrás, enfrentar a los trabajadores (el proletariado) contra la burguesía (ricos) y forzarlo a redistribuir su riqueza. Sin embargo, pretende lograr lo mismo mediante la corrección política (o multiculturalismo), obligando a la sociedad civil a rendir su libre pensamiento.

En otras palabras, se utiliza la presión social para obligar a la gente a aceptar nuevos valores y principios relegando esos molestos valores bíblicos. Por ejemplo, si una persona no está de acuerdo con el estilo de vida homosexual, rápidamente se enfrentara a “! DETEN EL ODIO!” entre otros comentarios diseñados para avergonzarla y conducirla a un sumiso silencio.

No importa si la persona realmente odia o no la homosexualidad. La idea aquí es que supoliticamente-correcto-libertad-expresion desacuerdo sea expuesto como odio y acusarlo de eso. Pronto, en el momento que alguien se atreva a afirmar su desacuerdo con ese estilo de vida, será verbalmente atacado e injuriado como alguien que odia al homosexual. Así eventualmente, aunque solo estén en desacuerdo con la homosexualidad las personas comienzan a mantenerse calladas. Es decir la corrección política se utiliza para forzarlo a aceptar un nuevo valor, suprimiéndole el de su tradición.

Estos insólitos valores también son acompañados por la promoción y constante repetición en los medios de comunicación, la educación y los negocios. Los teóricos marxistas a través de las últimas tres o cuatro generaciones hasta hoy, se ocultaron en grupos académicos detrás de los muros de nuestras universidades, en revistas de como Fortune 500,  tras películas de Hollywood y en la industria musical. También llenan los pasillos del Congreso. Desde estas posiciones de poder, los marxistas han redefinido valores fundamentales para nuestra sociedad. Mientras calladamente ocurría esta metamorfosis, creo que muchos fuimos sorprendidos totalmente fuera de guardia  y ahora tratamos de ponernos al día.

El principal problema con la corrección política (como la variedad multicultural) es que “en la mayoría de estos dogmas y tabúes podemos encontrar una creencia oculta que nunca  fue examinada correctamente y mucho menos probada, aun así, no puede ser cuestionada”. [1] La persona que dijo esto, Zuriel Redwood, utiliza el ejemplo de la homosexualidad perfectamente. Zuriel lo explica diciendo: “todo el movimiento de los derechos homosexuales se basa en el supuesto de que el homosexual nace homosexual. El dogma insiste en que ser homosexual no es una opción. Basado en este supuesto, sugiere la lógica que cualquier argumento en contra de los reclamos homosexuales es intrínsecamente injusto. Quien se oponga a la idea de los homosexuales en las fuerzas armadas es acusado inmediatamente de odiarlos”. [2]

El principio básico fundamental, que las personas nacen homosexuales, nunca ha sido probado. Redwood dice que mientras algunas personas posiblemente nacen homosexuales, no tenemos una pizca de evidencia o prueba concluyente que apoye el concepto/creencia de que todo homosexual, nació como tal y no que fue una elección personal. Sin embargo, por la presión social creada por la corrección política, esta conjetura (que el  homosexual nace así) aun sin pruebas es  aceptada como verdad.

Redwood se refiere a la corrección política como una de las armas más viables y útiles de la izquierda, porqué  debido a la presión de algunos grupos, obliga a la sociedad a aceptar lo que aquellos ven como “verdad”. Esta presión lleva a las personas a adaptarse o a ser rechazadas. ¿Quién quiere eso? Muy a menudo, la gente cede por no soportar la alternativa. Si miramos a través de las Escrituras, encontramos muchos ejemplos de personas que no claudicaron ante la presión social, manteniendo su integridad siguieron la verdad de Dios independientemente de lo que pudiera sucederles.

Políticamente correcto es una fuerza en la sociedad que moldea y forma no sólo lo que la gente dice y hace, al final hasta lo que piensa. “El Bolchevismo soviético dio lugar a la corrección política tal como la conocemos hoy. El término se refería a las acciones o declaraciones aunque no  ilegales, iban en contra de los estándares aprobados de la dirigencia política. Ser políticamente incorrecto no fue necesariamente castigado legalmente, pero tuvo consecuencias políticas”. [3]

Hoy, ser políticamente correcto significa evitar acciones y palabras que pudieran ofender las sensibilidades de los que se consideran víctimas de la sociedad (minorías). Sin embargo, es llevado al ridículo extremo, siendo lo más preocupante la aplicación legislativa de la corrección política. Sabemos que se han promulgado leyes en el Reino Unido que prohíben a la gente de decir ciertas cosas. ¿Llamarlo homosexualidad? “pecado” ¡Prepárate, será arrestado e ir a la cárcel! Lo mismo sucede ahora en Canadá, donde se aprobó una ley que prohíbe el uso de la palabra “sodomita” al referirse a un homosexual.

En esencia, el marxismo hoy emplea el multiculturalismo (a través de lo políticamente correcto) para cambiar las normas sociales y valores desde adentro, mientras que ayer los marxistas intentaban cambiar la sociedad desde fuera, asimiento el control a través de la oposición violenta. Obviamente, es mucho más efectivo cambiar la sociedad desde dentro. Aunque lograrlo toma mucho más tiempo, tiene más poder de permanencia.

Los izquierdistas están usando lo políticamente correcto para arruinar la sociedad. Apelan al anclaje sentimental y emocional de la persona. Nos dicen que “si se siente bien no es malo”. La corrección política ha creado una paleta siempre cambiante sobre la virtud de las emociones por las que la gente toma sus decisiones. La corrección política es un método sin basamento alguno en la Verdad real sustantiva. No es absoluta. Simplemente busca cerrar la discusión o la acción que considere ofensiva y lo hará con leyes si es necesario.

[1] Redwood, Zuriel (29 / 08 / 2012). Minoría bolchevismo (Kindle ubicaciones 1050-1051). Kindle Edition.
[2] Ibíd., Kindle ubicaciones 1038-1041
[3] Ibídem, Kindle ubicaciones 1059-1062

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 CORRECCIÓN POLÍTICA1