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El Gobierno ¿nacional? socialista de España

«Hay un defecto claro en la tramitación de la proposición de ley y la jurisprudencia es clara, por tanto, el temor del Gobierno se circunscribe a que la oposición lleva razón»

Fachada del Tribunal Constitucional. | Europa Press

Ibor Fernandes Romero

Se habla mucho de memoria democrática, expresión de la que se ha apropiado completamente la actual izquierda de nuestro país, como si los demás se sintieran cómodos en una suerte de alzhéimer histórico. En realidad, el objetivo es claramente mantener un clima político de guerracivilismo que, desde la perspectiva de movilización de su electorado, es manifiestamente beneficiosa. Sin embargo, muchos de los que esta semana se rasgan las vestiduras por que el Tribunal Constitucional intervenga en el marco del proceso legislativo, deberían quizá repasar la historia política del constitucionalismo, para entender por qué la soberanía del poder legislativo debe tener límites (también, si han estudiado Derecho, quizá podrían echar un ojo a su manual de Derecho Constitucional). En este sentido, hemos escuchado hasta la saciedad el argumento de que las decisiones adoptadas por la mayoría del Congreso son legítimas en tanto ostentan la voluntad popular, por consiguiente, la autonomía parlamentaria es inatacable. Un argumento muy interesante para un ciudadano del siglo diecinueve, sin embargo, completamente superado en el constitucionalismo moderno, dado que, nada más y nada menos, era la base del sistema parlamentario liberal que dio pie al nazismo, que culminó con la atroz Segunda Guerra Mundial.

De hecho, esa argumentación recuerda a la teorización de Carl Schmitt, jurista y politólogo alemán, que a principios del pasado siglo defendía a ultranza dicha premisa liberal. La ley es un producto de la razón, consecuencia de un proceso público y contradictorio desarrollado por los representantes del pueblo, por lo que su bondad, razonabilidad y respeto a la constitución es irrefutable. Más tarde, la cosa terminó con el conflicto bélico más importante que ha vivido la humanidad, en la que murieron entre cuarenta y cincuenta millones de personas.

Es por ello por lo que, en el constitucionalismo moderno, la doctrina ha entendido imprescindible la inclusión de instituciones e instrumentos jurídicos que controlen el estricto cumplimiento de la constitución por todos los órganos del Estado. En el caso español, dicha competencia la ostenta el Tribunal Constitucional y, por supuesto, incluye velar por el estricto cumplimiento de la Constitución, también en el ámbito del proceso legislativo. De lo contrario, podría de facto vaciarse de contenido la Constitución, tramitarse una ley palmariamente inconstitucional, o ¿por qué no? silenciar a un diputado por que no nos guste lo que diga; si lo dice la mayoría, pues se le expulsa del hemiciclo y asunto resuelto.

«Lo cierto es que el recurso de amparo parlamentario es un instrumento procesal para la defensa de los derechos fundamentales previsto en el ordenamiento jurídico, de hecho, su planteamiento es usual»

Muchas voces desinformadas se han oído los últimos días en relación con el recurso de amparo planteado por el Grupo Parlamentario Popular y, lo que es peor, otras voces con pleno conocimiento han llegado a denunciar la consecución de un golpe de Estado. Lo cierto es que el recurso de amparo parlamentario es un instrumento procesal para la defensa de los derechos fundamentales previsto en el ordenamiento jurídico, de hecho, su planteamiento es usual (a modo de ejemplo, según las estadísticas del TC, en el año 2020 se plantearon 25 recursos de este tipo, en el 2021 se plantearon 26 y en el 2019 fueron 28). La ingeniosa novedad del recurso de amparo planteado esta semana es que junto al mismo se ha solicitado una medida cautelarísima (instrumento procesal que, del mismo modo, está nítidamente regulado en la Ley) con la finalidad de que se restablezca el orden constitucional en la tramitación parlamentaria de la proposición de ley, dado que la Mesa de la Comisión había incumplido objetivamente lo previsto en el Reglamento del Congreso, en dos planos: primero, permitiendo la incorporación de enmiendas desconectadas completamente del objeto de la tramitación legislativa (recordemos que la misma versaba sobre la inefable reforma del Código Penal para contentar al independentismo y, en el último momento, con nocturnidad y alevosía se incluye la reforma del régimen de nombramiento de los magistrados del Tribunal Constitucional); y, por otro lado, dejando de resolver, dado que en una demostración del más rancio caciquismo, el presidente de la Comisión decidió no decidir sobre las rectificaciones solicitadas y, así, evitar adrede generar un acto recurrible. Por consiguiente, un manifiesto fraude constitucional ante el que nuestro Tribunal Constitucional no puede permanecer de imposible.

Entonces, ¿qué es lo que molesta tanto al Gobierno? Pues, sencillo, hay un defecto claro en la tramitación de la proposición de ley y la jurisprudencia es clara, por tanto, el temor se circunscribe a que la oposición lleva razón y es muy posible que se dicte una resolución que, sin entrar a valorar la constitucionalidad del fondo del asunto, sin embargo, aprecie que no se puede cercenar los derechos fundamentales de la minoría en el proceso legislativo, dado que esa es la esencia del Estado de Derecho, evitar que las mayorías aplasten a las minorías, a través de unas garantías y derechos que se consagran en la Constitución.

En definitiva, independientemente de lo que este lunes se decida, afortunadamente, en nuestro Estado de Derecho el Parlamento seguirá sometido a la Constitución y a la revisión por el Tribunal Constitucional de sus actos, circunstancia que nos aleja de un modelo, como el que imperaba en el constitucionalismo liberal de principios del siglo pasado, aunque algunos actores políticos, con poca «memoria democrática», al parecer, lo añoran.

* Ibor Fernandes Romero es doctor en Derecho Constitucional y profesor del CES Cardenal Cisneros de Madrid.

Ayer Perú y ahora España: golpe del gobierno izquierdista contra la independencia judicial

Sánchez beneficia a golpistas y corruptos y amenaza con la prisión a los jueces

Elentir

Esta semana estamos asistiendo a una exhibición de pisoteo de la democracia por parte de la izquierda. Tras el golpe de Estado en Perú, ahora le toca a España.

Un atraco a la democracia, violando la separación de poderes

Anoche, aprovechando que en España era día festivo, un medio de ultraizquierda afín al gobierno, Eldiario.es, publicó una noticia anunciando un auténtico asalto al Poder Judicial, con el fin de suprimir la mayoría de tres quintos en el Consejo General del Poder Judicial para elegir a los magistrados del Tribunal Constitucional, reformando una norma vigente desde 1985. Se trata de una forma descarada de violar la independencia judicial para someter a ese Tribunal al control del gobierno, cambiando la mayoría cualificada que era necesaria para su renovación, simplemente porque el gobierno no tiene esa mayoría. Es un atraco a la democracia, que se basa en la separación de poderes.

Impunidad para golpistas y corruptos y amenazas de prisión contra los jueces

Además, los socialistas del PSOE y los comunistas de Podemos quieren cambiar otra ley de 1979 para amenazar con consecuencias penales al Poder Judicial si no renuevan el Tribual Constitucional en el plazo exigido por el gobierno. El colmo de la indecencia es que esos cambios se van a tramitar como enmiendas a una reforma del Código Penal que simultáneamente elimina el delito de sedición a petición de los socios separatistas del gobierno, a fin de dejar impunes a los autores del golpe separatista de 2017 en Cataluña, y además rebaja el delito de malversación a fin de dejar impunes también los delitos de corrupción cometidos en ese golpe, abriendo la puerta, además, a que otros políticos corruptos condenados por delitos de malversación se beneficien de esa reforma.

En resumidas cuentas: Pedro Sánchez favorece a golpistas y corruptos, porque depende de su apoyo para seguir un año más en el poder, y a la vez amenaza con la prisión a los jueces por no someterse a los caprichos del gobierno. Y todo eso ante el silencio cómplice de Bruselas, debido a que los socialistas tienen una amplia presencia en la actual Comisión Europea.

Este gobierno es una amenaza para el Estado de Derecho en España

Estamos ante un hecho de una enorme gravedad, con el que el gobierno de socialistas y comunistas encabezado por Sánchez amenaza con liquidar el Estado de Derecho en España, cambiando las leyes a su voluntad y con el exclusivo fin de servir a sus intereses personales, y adaptándolas a la carta a los delitos cometidos por los aliados del gobierno. Es el mayor escándalo de corrupción que se ha visto en España: un descarado tráfico de favores entre el gobierno y unos delincuentes, hecho públicamente y, además, procediendo a liquidar la independencia del Poder Judicial para que los jueces no entorpezcan ese pisoteo del Estado de Derecho. ¿Qué será lo siguiente? ¿Disolver el Congreso como hizo Pedro Castillo en Perú?

El precedente de la suspensión ilegal del Congreso en 2020

Lamentablemente, ya hay precedentes recientes sobre eso en España. En octubre de 2021, el Tribunal Constitucional que Sánchez quiere someter a su control sentenció que el gobierno suspendió ilegalmente el funcionamiento del Congreso durante el primer estado de alarma con motivo de la pandemia en marzo de 2020. Fue la primera vez en la historia de la democracia en España que se declaraba que un gobierno había violado la Constitución suspendiendo la actividad del Congreso, pero en vez de reconocer que obró malSánchez dijo que lo volvería a hacer. Una declaración que, unida a este asalto del gobierno al Poder Judicial, dejan claro que la democracia está amenazada en España por un gobierno que no respeta la Constitución y que la viola con descaro.

España va camino de ser una réplica de Venezuela, Bolivia y Nicaragua

Ya hemos visto a la izquierda dar pasos así en otros países como Venezuela, Bolivia y Nicaragua, corrompiendo países democráticos hasta convertirlos en dictaduras. Muchos pensaban que no era posible que algo así ocurriese en España, pero está ocurriendo. Y si está ocurriendo algo así, que hasta ahora parecía impensable en un país como el nuestro, no es sólo por la prepotencia y el autoritarismo del gobierno, sino también por la tibieza de una parte de la oposición (el Partido Popular), por la complicidad de muchos medios de comunicación (regados por el gobierno con millones de euros en ayudas públicas) y por la pasividad de gran parte de la sociedad. Los españoles tienen que reaccionar ya, si no quieren acabar como Venezuela, Nicaragua y Bolivia.

La complicidad de la Comisión Europea con el autoritarismo de Sánchez

Además, es necesario que la oposición emprenda una ofensiva en las instituciones europeas no sólo contra este asalto del gobierno de Sánchez a la democracia, sino también por la complicidad de Bruselas. Es gravísimo que esto ocurra en un país de la Unión Europea y que la Comisión Europea no haga nada, simplemente porque Sánchez es un político afín, mientras emprende una persecución contra los gobiernos conservadores de Polonia y Hungría por motivos puramente ideológicos. Si Ursula von der Leyen está dispuesta a permitir que España se convierta en una réplica de Venezuela para no perder el apoyo de sus aliados socialistas en el Parlamento Europeo, entonces lo que debe hacer la presidenta de la Comisión es dimitir y dejar paso a una persona más capaz y que no esté dispuesta a subordinar el Estado de Derecho a sus intereses personales.

Foto: Europa Press.