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Cuando el lenguaje «políticamente correcto» atenta contra la libertad de expresión.

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En las universidades de los Estados Unidos el debate plantea por qué el exceso de prudencia en las palabras genera el “no debate” (Shutterstock)

En las principales universidades de los Estados Unidos se abrió un debate sobre cuáles son las mejores formas de expresarse para evitar caer en denuncias por racismo y discriminación

¿Pueden las palabras provocar la unión de los pueblos? Sí. ¿Pueden las palabras dividir a los pueblos? Sí. Pero claro que no son las palabras las culpables, sino el uso que se hace de ellas. Este siglo XXI parece ser un escenario férfil y complejo para que corran estas ¿aparentes? contradicciones. Tan basado en la diversidad cultural, política y religiosa que sin embargo parece ser que el uso de palabras justas y políticamente correctas conforman un debate acerca de lo «no dicho» que opera más para separar que para unir.

 

En Estados Unidos, esta discusión se dio de manera profunda en varias universidades de diferentes Estados del país del Norte. La revista Newsweek realizó al respecto un informe preciso sobre cómo se extiende y el daño que provoca esta situación de aparente «no debate»; pero que en realidad se trata de un debate efímero y epidérmico, que hoy se da en el interior de los claustros universitarios.

 

Para los sociólogos, este cambio de paradigma en el uso del lenguaje en las instituciones educativas de EEUU disparó la primera piedra. Allí, la demonización de ciertas expresiones y la amplificación casi inmediata en las redes sociales está provocando una ola de censura encubierta, donde la extrema corrección política pasa a ser un eje primordial.

 

La universidad siempre fue un campo fértil para la incorrección, para desafiar ideas preconcebidas, para jugar con el lenguaje y transgredir las fronteras mediante la creatividad. Sin embargo, esa óptica rupturista, que caracteriza a los jóvenes, parece en la actualidad estar cambiando.

 

Uno de los casos más llamativos fue el de Clyde Lynch, quien presidió durante 18 años el Lebanon Valley College. En su honor, hace un tiempo bautizaron al edificio principal con su nombre. Sin embargo, un grupo de estudiantes comenzó a juntar firmas y adhesiones en las redes sociales para cambiar la denominación. Los motivos no dejan de ser sorprendentes. El rechazo no está relacionado con la conducta de Lynch, ni con su trabajo, sino con el significado de su apellido, ya que «lynch», en inglés, significa linchar y en los petitorios aducían que el nombre del edificio tenía «connotaciones raciales».

 

Algo similar le sucedió a Eve Ensler, la reconocida dramaturga estadounidense, quién jamás se imaginó que una representación de su obra Los monólogos de la vagina, interpretada cientos de veces por miles de artistas alrededor del mundo, sería cancelada en un colegio de mujeres por ser ofensiva contra las «mujeres sin vagina».

 

Según los especialistas, estas nuevas camadas salen a un mundo sin reglas, pero con la contradicción de «vivir en lo prohibido», donde ciertas conductas verbales resultan ofensivas y donde los nombres de las personalidades más crueles de la historia están resaltados en monumentos y edificios públicos.

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La tapa de la revista Newsweek puso el debate en la picota

En los últimos años los programas de estudio norteamericanos han ido cambiando: buscan reflejar las nuevas sensibilidades sociales. Los libros ahora vienen con «advertencias gatillo» –trigger warnings, en inglés- un concepto originado en Internet para advertir a las personas con trastorno de estrés postraumático -veteranos de guerra, sobrevivientes de abuso infantil y otros- sobre los contenidos que podrían «activar» un fantasma psicológico del pasado.

 

Otra de las conductas que causaron revuelo fue la postura de estudiantes de la Universidad de Columbia, quienes están dejando de leer mitología griega para no despertar impresiones del pasado relacionadas al abuso sexual. Y mientras que en Rutgers University realizaron una huelga de «libros caídos» por los textos de Virginia Woolf ante el temor a «activar» tendencias suicidas.

 

Más de la mitad de los colegios y universidades de Estados Unidos tienen códigos de expresión restrictivos y, de acuerdo con un observatorio de la censura, 217 instituciones -incluyendo algunas de los más prestigiosas- tienen códigos de expresión que «sin ambigüedades inciden en la libertad de expresión».

 

La Primera Enmienda a la Constitución de los Estados Unidos se ha interpretado en términos generales, dando a los estadounidenses algunos de los derechos de expresión más amplios del mundo. Sin embargo, en las últimas dos décadas, y especialmente en los últimos años, los administradores universitarios y muchos estudiantes han tratado de limitar el uso de algunas palabras y han generado movimientos para restringirlo en las aulas también.

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En las universidades de Columbia y Rutgers la sensibilidad acerca de textos de Virginia Woolf y otros escritos ya generaron polémica (The Atlantic)

Para proteger a los estudiantes de la incomodidad de tener que escuchar las ideas y opiniones de otros que puedan dañar sus creencias, el Departamento de Educación de Estados Unidos entre otras autoridades educativas- han señalado al «discurso» como una «conducta verbal que potencialmente puede violar los derechos civiles de las minorías y las mujeres».

El contraste del discurso anti minorías de Donald Trump

 

Algunos campus universitarios están empezando a parecerse a la Oceanía de George Orwell con su policía del pensamiento. Los periódicos estudiantiles se debaten ante la elección del uso de algunos vocablos y los estudiantes que hacen uso de frases y expresiones calificadas como «discurso del odio» son señalados por el resto. En paralelo, las redes sociales todo lo amplifican y lo comunican como un ojo omnipresente y protagonista vital de este tiempo.

 

Los profesores también se enfrentan a la posibilidad de ofender accidentalmente a cualquier estudiante y es por eso que están reconsiderando los planes de estudio y la restricción de las discusiones en clase sólo a cuestiones simples y «lavadas». Un profesor de la Universidad de Brandeis tuvo que atravesar recientemente una investigación administrativa secreta por acoso racial después de usar la expresión «espalda mojada» en clase, que se considera ofensiva y dirigida a los inmigrantes mexicanos que quieren ingresar a los Estados Unidos.

 

A medida que las universidades se han convertido en bastiones de una corrección política rigurosa, en la arena política se destaca un ambiente muy distinto. Y lo más manifiesto es la posición del candidato republicano a la presidencia, Donald Trump. Él se caracteriza por repartir macro-agresiones a diario y con un uso de expresiones muy políticamente incorrectas. Sus discursos incluyen acusaciones sobre la supuesta «portación de criminalidad» de los hispanos y musulmanes o comentarios que contienen expresiones que promueven la violencia de género sobre la gordura o fealdad de sus rivales mujeres políticas. Este tipo de discurso, en la actualidad, sería casi imposible que ocurriera en la mayoría de los campus universitarios.

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Mientras que algunos textos como los de Virginia Woolf despiertan “traumas”; el discurso misógino del candidato republicano Donald Trump contrasta con la corrección política de las universidades (Shutterstock)

Algunos líderes de negocios, escritores, políticos y hasta cómicos están siendo excluidos de los campus para evitar incomodar a las minorías -o a la mayoría-. La primavera en Estados Unidos es la estación donde ocurren los discursos de graduación y que ahora se denominó con ironía «temporada de no invitación». Los estudiantes y las universidades debaten acaloradamente sobre la idoneidad moral de quienes hablan en las graduaciones y se involucran en peleas sobre si los oradores ligeramente controvertidos merecen estar detrás de un podio.

 

Algunos incluso declinan el convite. Christine Lagarde, directora del Fondo Monetario Internacional y una de las mujeres más poderosas del mundo, canceló recientemente un discurso en la Universidad de Smith, uno de los colegios de mujeres más preeminentes de los Estados Unidos, después de una protesta contra ella en Facebook de estudiantes y profesores, a raíz de su conexión con los «capitalistas globales».

Los temas sobre diversidad sexual y raza son los que generan mayor debate con respecto al rol de la universidad. ¿Es un laboratorio para experimentar cómo hacer una sociedad más amable y justa? ¿O se trata de un campo de entrenamiento para el cerebro, donde las mentes jóvenes son desafiadas por otros puntos de vista para aprender a defender los propios? ¿O ambos?

 

Irónicamente, los jóvenes que claman por las «advertencias gatillo» es una generación criada por los valores de hombres y mujeres que alcanzaron la mayoría de edad en la década de 1960, en pleno auge del movimiento pro libertad de expresión de la Universidad de Berkeley, California que  estableció un nuevo estándar para hablar sin restricciones. El Free Speech Movement (FSM).

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Las universidades solían ser el espacio para lo disruptivo. Ya no (Shutterstock)

El movimiento de censura en los campus de hoy es un impulso profundamente conservador, incrustado dentro de una cultura permisiva y decadente que está muy lejos de ser «segura».

Cinco meses atrás, la Universidad de Yale organizó el debate Inteligencia Squared para analizar la proposición «La libertad de expresión está amenazada en el campus». Allí, cuatro destacados profesores y escritores argumentaron durante 1 hora y 45 minutos. Después, el público votó la proposición y el 66 por ciento estuvo de acuerdo. El debate tuvo muy poca cobertura, posiblemente debido a que se realizó el Supermartes, una noche en la que el dueño de las macro-agresiones, Donald Trump, lideró la atención de los medios.

 

El debate de Yale devino en una discusión acerca de si la demanda de libertad de expresión es en realidad un ataque encubierto a la izquierda. «Debemos tener en cuenta la posibilidad de que lo que realmente está sucediendo es que la libertad de expresión ha sido cooptada por los grupos sociales dominantes, para servir a sus intereses y silenciar a los marginados», dijo el profesor de filosofía de la Universidad de Yale Stanley Jason.

Shaun Harper, director del centro para el estudio de la raza y la equidad en la educación de la Universidad de Pennsylvania desestimó las quejas generalizadas acerca de la censura en el campus, diciendo que «sólo un puñado de las universidades tienen políticas restrictivas y que el racismo en los campus americanos es un problema más generalizado y urgente que la censura». Como prueba de ello, dijo que 8 mil presidentes de universidades y otros directores de alto nivel han llegado a su centro de orientación para saber cómo responder al racismo en sus campus.

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Para los especialistas, en algunas universidades hay más problemas de racismo que de libertad de expresión (Shutterstock)

La escritora y abogada Wendy Kaminer, en cambio, argumentó a favor de la idea y coincidió: «La libertad de expresión está amenazada en el campus» y desgranó las estadísticas que muestran que la mitad de los colegios y universidades de Estados Unidos tienen códigos de expresión restrictivos.

 

Kaminer ha escrito libros y ensayos que critican los movimientos de autoayuda y recuperación, así como la censura, y argumentó que el número de restricciones «vagas» en el habla, los chistes y los gestos en los campus son «demasiados para memorizarlos».

La opinión de Kaminer es interesante, ya que ella misma tuvo problemas con la «policía del lenguaje«. Poco antes del debate en Yale, ella participó en un panel organizado por los alumnos de la Universidad de Smith en Nueva York donde se debatió sobre el desafío de enseñar o no con el libro de Mark Twain «Huckleberry Finn», donde se usa repetidamente la palabra «nigger», forma despectiva de llamar a una persona de descendencia africana.

 

Opinó Kaminer a la revista Newsweek: «En la clase propuse hablar de estas palabras que sólo podemos mencionar por sus iniciales. Cuando digo ‘la palabra N’, todos oyen la palabra nigger en sus cabezas. Una alumna que estaba presente lo filmó y lo posteó en las redes «fogoneando» un debate sobre el supuesto racismo de la escritora. Fue realmente sorprendente para mí que mis agresores, no pudieran distinguir entre el discurso racista y el hecho de hablar sobre el discurso racista. No hubo diferencia«.

El jurista y crítico cultural Stanley Fish, autor del libro «No hay tal cosa como la Libertad de Expresión», dice que los administradores universitarios deberían ignorar las demandas de censura de los estudiantes, ya que van en contra del propósito de la universidad.

 

«La investigación académica no puede ser impedida por demonizar a ciertas formas de discurso por adelantado o por santificar a ciertos tipos de discurso con antelación», dijo.

«Lo que estamos viendo no son sólo fobias sobre el lenguaje», dijo Kaminer. «Hemos ido más allá de la corrección política y estamos viendo una disminución real del pensamiento crítico. Si usted no sabe la diferencia entre una palabra citada y un epíteto, entonces usted no sabe pensar».

FUENTE: Infobae

NOTA PERSONAL: Pues todo esto en Europa es aun peor y, si PODEMOS llegara a gobernar en España … ¡¡NI TE CUENTO!! MEJOR SER MUDO.

 

 

Políticamente Correcto: Que es, de donde vino. / Political Correctness: What It Is and Where It Came From

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«Redwood se refiere a la corrección política como una de las armas más viables y útiles de la izquierda, porqué  debido a la presión de algunos grupos, obliga a la sociedad a aceptar lo que aquellos ven como “verdad”. Esta presión lleva a las personas a adaptarse o a ser rechazadas. ¿Quién quiere eso? Muy a menudo, la gente cede por no soportar la alternativa.»

Por / By Fred DeRuvo

ORIGINAL ARTICLE IN ENGLISH: 

Political Correctness: What It Is and Where It Came From

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politicamente-correcto-autocensuraTodos hemos escuchado los términos “políticamente correcto” y “corrección política”. Sabemos que estos términos comenzaron como un poco más que eufemismos, pero en realidad, fueron (y son) de hecho un señuelo. Se hace hincapié en el disimulo del término para ocultar la verdadera amenaza que plantean a la sociedad lo políticamente correcto o la corrección política.

Políticamente correcto o Corrección política es esencialmente la labor externa de la cultura marxista en la sociedad.  El objetivo del marxismo cultural es la reformar de la sociedad para reemplazar completamente sus tradiciones y valores. Mientras que los marxistas de la vieja escuela creían que la oposición violenta, incluso militarizada era la mejor manera de lograrlo, los marxistas de hoy (Los nuevos Izquierdistas) encontraron una mejor manera de hacer eso mismo evitando el derramamiento de sangre y muerte con que plagaron el siglo XX. Hacerlo cambiando la sociedad desde adentro. Es algo que el secretario del partido comunista italiano Antonio Gramsci (1891-1937) había entendido y promovió en muchos de sus escritos.

La mayoría de la gente piensa que ser políticamente correcto significa simplemente evitar términos, frases y acciones que solo tienen el propósito de ofender a la gente. Normalmente, a personas que forman parte de grupos minoritarios. Por ejemplo, socialmente no es aceptable utilizar términos despectivos al referirse a las personas por su raza o por sus preferencias sexuales. Nos dicen que la corrección política en una sociedad civilizada evita hacer este tipo de cosas porque simplemente exacerba los problemas creando más separación entre los grupos.

¿Pero políticamente correcto es solo eso? Resumiendo, la corrección política en vez de alentar a la gente a reconocer su identidad, lleva a las personas a ver y acentuar sus diferencias. Esto es también conocido como multiculturalismo. Así, en lugar de celebrar nuestra identidad, deberemos celebrar nuestra diversidad. Se pretende que festejemos a los que son diferentes de nosotros, como si debido a esas diferencias ellos fueran mejores (no si eres blanco). Políticamente correcto es un llamado a ignorar el carácter de la persona centrándonos sólo en el color de su piel, su género u otra condición superflua.

Entiéndase que el objetivo del marxismo hoy sigue siendo el mismo que generaciones atrás, enfrentar a los trabajadores (el proletariado) contra la burguesía (ricos) y forzarlo a redistribuir su riqueza. Sin embargo, pretende lograr lo mismo mediante la corrección política (o multiculturalismo), obligando a la sociedad civil a rendir su libre pensamiento.

En otras palabras, se utiliza la presión social para obligar a la gente a aceptar nuevos valores y principios relegando esos molestos valores bíblicos. Por ejemplo, si una persona no está de acuerdo con el estilo de vida homosexual, rápidamente se enfrentara a “! DETEN EL ODIO!” entre otros comentarios diseñados para avergonzarla y conducirla a un sumiso silencio.

No importa si la persona realmente odia o no la homosexualidad. La idea aquí es que supoliticamente-correcto-libertad-expresion desacuerdo sea expuesto como odio y acusarlo de eso. Pronto, en el momento que alguien se atreva a afirmar su desacuerdo con ese estilo de vida, será verbalmente atacado e injuriado como alguien que odia al homosexual. Así eventualmente, aunque solo estén en desacuerdo con la homosexualidad las personas comienzan a mantenerse calladas. Es decir la corrección política se utiliza para forzarlo a aceptar un nuevo valor, suprimiéndole el de su tradición.

Estos insólitos valores también son acompañados por la promoción y constante repetición en los medios de comunicación, la educación y los negocios. Los teóricos marxistas a través de las últimas tres o cuatro generaciones hasta hoy, se ocultaron en grupos académicos detrás de los muros de nuestras universidades, en revistas de como Fortune 500,  tras películas de Hollywood y en la industria musical. También llenan los pasillos del Congreso. Desde estas posiciones de poder, los marxistas han redefinido valores fundamentales para nuestra sociedad. Mientras calladamente ocurría esta metamorfosis, creo que muchos fuimos sorprendidos totalmente fuera de guardia  y ahora tratamos de ponernos al día.

El principal problema con la corrección política (como la variedad multicultural) es que “en la mayoría de estos dogmas y tabúes podemos encontrar una creencia oculta que nunca  fue examinada correctamente y mucho menos probada, aun así, no puede ser cuestionada”. [1] La persona que dijo esto, Zuriel Redwood, utiliza el ejemplo de la homosexualidad perfectamente. Zuriel lo explica diciendo: “todo el movimiento de los derechos homosexuales se basa en el supuesto de que el homosexual nace homosexual. El dogma insiste en que ser homosexual no es una opción. Basado en este supuesto, sugiere la lógica que cualquier argumento en contra de los reclamos homosexuales es intrínsecamente injusto. Quien se oponga a la idea de los homosexuales en las fuerzas armadas es acusado inmediatamente de odiarlos”. [2]

El principio básico fundamental, que las personas nacen homosexuales, nunca ha sido probado. Redwood dice que mientras algunas personas posiblemente nacen homosexuales, no tenemos una pizca de evidencia o prueba concluyente que apoye el concepto/creencia de que todo homosexual, nació como tal y no que fue una elección personal. Sin embargo, por la presión social creada por la corrección política, esta conjetura (que el  homosexual nace así) aun sin pruebas es  aceptada como verdad.

Redwood se refiere a la corrección política como una de las armas más viables y útiles de la izquierda, porqué  debido a la presión de algunos grupos, obliga a la sociedad a aceptar lo que aquellos ven como “verdad”. Esta presión lleva a las personas a adaptarse o a ser rechazadas. ¿Quién quiere eso? Muy a menudo, la gente cede por no soportar la alternativa. Si miramos a través de las Escrituras, encontramos muchos ejemplos de personas que no claudicaron ante la presión social, manteniendo su integridad siguieron la verdad de Dios independientemente de lo que pudiera sucederles.

Políticamente correcto es una fuerza en la sociedad que moldea y forma no sólo lo que la gente dice y hace, al final hasta lo que piensa. “El Bolchevismo soviético dio lugar a la corrección política tal como la conocemos hoy. El término se refería a las acciones o declaraciones aunque no  ilegales, iban en contra de los estándares aprobados de la dirigencia política. Ser políticamente incorrecto no fue necesariamente castigado legalmente, pero tuvo consecuencias políticas”. [3]

Hoy, ser políticamente correcto significa evitar acciones y palabras que pudieran ofender las sensibilidades de los que se consideran víctimas de la sociedad (minorías). Sin embargo, es llevado al ridículo extremo, siendo lo más preocupante la aplicación legislativa de la corrección política. Sabemos que se han promulgado leyes en el Reino Unido que prohíben a la gente de decir ciertas cosas. ¿Llamarlo homosexualidad? “pecado” ¡Prepárate, será arrestado e ir a la cárcel! Lo mismo sucede ahora en Canadá, donde se aprobó una ley que prohíbe el uso de la palabra “sodomita” al referirse a un homosexual.

En esencia, el marxismo hoy emplea el multiculturalismo (a través de lo políticamente correcto) para cambiar las normas sociales y valores desde adentro, mientras que ayer los marxistas intentaban cambiar la sociedad desde fuera, asimiento el control a través de la oposición violenta. Obviamente, es mucho más efectivo cambiar la sociedad desde dentro. Aunque lograrlo toma mucho más tiempo, tiene más poder de permanencia.

Los izquierdistas están usando lo políticamente correcto para arruinar la sociedad. Apelan al anclaje sentimental y emocional de la persona. Nos dicen que “si se siente bien no es malo”. La corrección política ha creado una paleta siempre cambiante sobre la virtud de las emociones por las que la gente toma sus decisiones. La corrección política es un método sin basamento alguno en la Verdad real sustantiva. No es absoluta. Simplemente busca cerrar la discusión o la acción que considere ofensiva y lo hará con leyes si es necesario.

[1] Redwood, Zuriel (29 / 08 / 2012). Minoría bolchevismo (Kindle ubicaciones 1050-1051). Kindle Edition.
[2] Ibíd., Kindle ubicaciones 1038-1041
[3] Ibídem, Kindle ubicaciones 1059-1062

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 CORRECCIÓN POLÍTICA1

Islamofobia: el chantaje cultural que busca censurar la libertad de expresión / Islamophobia: cultural blackmail that seeks to censor freedom of expression

Por/By La Verdad Ofende

La islamofobia es una ingeniosa invención porque equivale a hacer del Islam un tema que no se puede tocar sin ser acusado de racismo”. Pascal Bruckner (filósofo, ensayista y novelista francés)

“Islamofobia: palabra creada por fascistas, utilizada por cobardes para manipular a estúpidos”.  Andrew Cummins
 

«Islamofobia es el Caballo de Troya de los salafistas» Manuel Valls (Publicado en L’OBS el 31 de julio de 2013 de 16:31)

“El fraude intelectual de la islamofobia, que pretende ser antirracista pero se utiliza como arma para silenciar a todos los críticos del Islam y a las ideas detrás de él calificándolas automáticamente como hostiles hacia todos los musulmanes”. Zineb El Rhazoui (Socióloga y superviviente del atentado islamista a Charlie Hebdo)

 

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Desde el mundo islámico –a pesar de los millones de negacionistas que existen en él– se ha querido equiparar el antisemitismo que dio lugar al Holocausto en el que fueron asesinados 6.000.000 de inocentes con el prejuicio contra el musulmán en Occidente.

La Organización de Cooperación Islámica (57 países) parece haber estado ocupada sembrando la palabra ‘islamofobia’ en el discurso internacional de manera que fusione el prejuicio contra los musulmanes con la crítica legítima del Islam, bajo el propósito específico de prohibir lo que ellos llaman la difamación de la religión.
 

La “Islamofobia” es usada por algunos grupos de apologetas del Islam con el fin supuesto de proteger a los musulmanes a quienes nadie amenaza en Occidente, que disfrutan de nuestros derechos humanos que las naciones islámicas se negaron a suscribir, de nuestras instituciones, leyes, ayuda social, diversas ONG, de la ayuda de la Iglesia, Caritas, así como del “complejo de Alicia” que subyuga la conciencia occidental.
 

Sin embargo, en lugar de proteger a un grupo de personas contra la intolerancia, el término actúa simplemente como una manera de silenciar a los críticos. Y no me refiero solo al evidente enmudecimiento de los crímenes que perpetran musulmanes (se evita mencionar su religión).
 

Las personas tienen el derecho a ser evaluadas como individuos y no juzgados por su raza, etnia o religión. Las ideologías o creencias religiosas que las personas tienen, sin embargo, no tienen los mismos derechos.
 

Ninguna ideología es irreprochable, ya sea el Islam, el fascismo o la democracia. Cualquier religión puede tener aspectos preocupantes y criticar aquellos aspectos es un paso hacia el cambio social. Esta no es una actividad que deba ser evitada en nombre de la corrección política; debe ser considerada una herramienta básica del pensamiento crítico.
 

El propio término “islamofobia” es engañoso. Una fobia es un miedo irracional a algo. En el caso del Islam, sin embargo, a menudo tiene sentido práctico tener miedo. Miles de ex musulmanes temen expresarse públicamente acerca de una religión que aboga por el asesinato de sus apóstatas y victimiza a sus propios miembros, especialmente mujeres y niños inocentes.
 

Etiquetándolos como “islamófobos», el Islam y sus apologetas están reconociendo que el Islam no puede resistir un análisis crítico. Una defensa que colisiona con el necesario derecho a la critica constructiva, herramienta que permitió a las sociedades occidentales desarrollar su ciencia, sus leyes, y su actual estado de bienestar.
 

Se debe rechazar el término “islamofobia” mientras desde ámbitos como la Organización de Cooperación Islámica y otros apologetas del Islam se utilice esa palabra como herramienta de propaganda, con el fin de silenciar la crítica legítima del Islam como ideología, permitiendo y legitimando las reiteradas violaciones de los derechos humanos que los regímenes islamistas imponen a los musulmanes y no musulmanes.
 

En su libro “Destruir el fascismo islámico”,  Zineb El Rhazoui llama colaboracionistas y cómplices a todos aquellos políticos occidentales que apoyan silenciar las críticas al Islam mediante la utilización del término “islamofobia”:
 

“Todos estos cómplices distorsionan la noble causa de la lucha contra el racismo para dar legitimidad inmerecida a una ideología que en sus resultados más extremos son los horrores del Estado Islámico, pero que también hace que las vidas de millones de musulmanes que viven en países islámicos sean francamente miserables”.
 

Sin dudar de la buena voluntad de los que utilizan el término “islamofobia”, las estadísticas nos muestran una realidad radicalmente diferente. Los autores de los más sangrientos atentados y crímenes de odio en Europa son mayoritariamente musulmanes.
 

Los medios de comunicación silencian lo que eminentes sociólogos europeos han alertado. Vean:
 

El “Estudio comparativo de la integración de los inmigrantes en seis países”, realizado durante 5 años con inmigrantes marroquíes y turcos en Alemania, Austria, Bélgica, Francia, Holanda y Suiza, fue financiado por el gobierno alemán, y presentado en diciembre de 2013 por el Centro de Ciencias Sociales WZB Berlín , yarrojaba los siguientes resultados:
 

– El 65% de los musulmanes entrevistados dice que la ley islámica Sharia es más importante que las leyes del país en que viven.
 

-El 75% de los encuestados sostiene la opinión de que sólo hay una interpretación legítima del Corán, que debe aplicarse a todos los musulmanes.
 

-El 60% de los musulmanes creen que su comunidad debe volver a «raíces islámicas.»
 

El nivel de fobia contra Occidente entre los musulmanes es muy alto, un 54% cree que Occidente busca destruir el Islam.

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Desde finales del siglo XX, los musulmanes han surgido como un nuevo grupo de antisemitas en Europa occidental. Los autores de los casos más extremos de violencia contra los judíos europeos en los últimos años eran musulmanes, y en parte justificaron sus acciones por su interpretación del Islam o con el pretexto del conflicto árabe-israelí o cualquier otra guerra en la que participe Occidente en Oriente Medio.
 

No hay estadísticas fiables ya que numerosos incidentes antisemitas protagonizados por musulmanes no han sido resueltos y en otros casos, el hermetismo de policía y medios de comunicación hace que sólo pueda ser un número estimativo.
 

Esta realidad escasamente difundida por los medios de comunicación generales es sin embargo algo cotidiano en las redes sociales. Millones de tuits cada día son lanzados con consignas antisemitas y antisionistas con innegables mensajes de odio. Son una ínfima parte de los que se difundieron cuando Israel ardía en llamas por los incendios provocados hace apenas una semana, en una nueva forma de terrorismo palestino.

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Como sucede en el resto de Occidente, en España y para el mundo hispano, organizaciones islamistas y activistas pro-palestinos siguen las consignas de la Organización de Cooperación islámica.
 

Dicen luchar contra el discurso del odio en las redes sociales utilizando la herramienta “islamofobia” para silenciar cualquier crítica al Islam y al islamismo. Su “lucha contra el discurso del odio” incluye paradójicamente difundir contenidos y enlaces a webs islamistas de innegable carácter antisemita, con informaciones falsas o tergiversadas, con el  propósito de difundir un mensaje de odio a Israel y los Judíos.
 

Hipócritamente adornan sus mensajes de odio con un supuesto respeto al pueblo Judío pero con un inequívoco odio a los judíos y no judíos sionistas, que en el mejor caso son calificados de racistas y en el peor, de asesinos sin piedad. En realidad judaísmo y sionismo están intrínsecamente unidos y en el fondo, de este modo lo entienden los antijudíos, pues al incriminar al sionismo, siempre se les escapa la incorrección antisemita.

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Lejos de constituir una guerra progresista contra el racismo, la industria de la islamofobia es un intento cobarde y autoritario de evitar todo debate de ideas y de traer de nuevo la obsoleta condena de la blasfemia a Europa.
 

Debemos compartir plenamente el enjuiciamiento a lo que se ha convertido en el más descarado chantaje cultural de nuestro tiempo, la islamofobia. La lucha contra el terror no se plantea únicamente en el terreno bélico, sino también en el ideológico.
 

La lucha contra la hipocresía que se esconde detrás de la “industria de la islamofobia” debe ser una de las primeras prioridades del mundo democrático después de los horribles atentados de París, Niza, Copenhague, Marsella, Toulouse, Bruselas….
 

A pesar del creciente poder sobre los legisladores occidentales, las organizaciones islámicas aún no han conseguido reinstaurar el delito de blasfemia en las legislaciones europeas, donde ya hay presiones para reconocer la “sharia” como parte esencial de su cultura.
 

Esta reinstauración rompería de facto con la Carta Universal de los Derechos Humanos que las naciones árabes jamás suscribieron, y silenciaría cualquier crítica al Islam por banal que fuera, mutilando la libertad de expresión y la crítica para siempre, y con ello la democracia, sometiéndonos al Islam, cuya traducción es sumisión.
 

Y así, tal vez, quienes basan su política en los sentimientos y no en el poder de la razón, proclamando eslóganes como “tu odio mi sonrisa” aumentarían explosivamente el racismo dentro de nuestras sociedades occidentales al identificar a quienes cercenaron la libertad de expresión, o tal vez, como en Cuba, no, sometiéndose. Estamos a tiempo… Aún.
 

“La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; por la libertad así como por la honra se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres”. (El preso de Argel, y manco de Lepanto)

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«Islamophobia is an ingenious invention because it is equivalent to making Islam a subject that can not be touched without being accused of racism.» Pascal Bruckner (French philosopher, essayist and novelist)

«Islamophobia: word created by fascists, used by cowards to manipulate stupid people.» Andrew Cummins

«Islamophobia is the Trojan Horse of the Salafists» Manuel Valls (Posted in L’OBS on July 31, 2013 at 4:31 PM)

«The intellectual fraud of Islamophobia, which purports to be anti-racist but used as a weapon to silence all critics of Islam and the ideas behind it, automatically qualifying them as hostile to all Muslims.» Zineb El Rhazoui (Sociologist and survivor of the Islamist attack on Charlie Hebdo)

 

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From the Islamic world – in spite of the millions of negationists that exist in it – it has wanted to equate the anti-Semitism that gave rise to the Holocaust in which 6,000,000 of innocent people were assassinated with the prejudice against the Muslim in the West.

The Organization of Islamic Cooperation (57 countries) seems to have been busy sowing the word ‘Islamophobia’ in international discourse in a way that fuses prejudice against Muslims with the legitimate criticism of Islam, specifically forbidding what they call Defamation of religion.

«Islamophobia» is used by some groups of apologists of Islam with the supposed purpose of protecting the Muslims whom no one threatens in the West, who enjoy our human rights that the Islamic nations refused to subscribe to, from our institutions, laws, Social assistance, various NGOs, aid from the Church, Caritas, as well as the «Alice complex» that subjugates Western consciousness.

However, instead of protecting a group of people against intolerance, the term acts simply as a way of silencing critics. And I am not referring only to the evident silence of the crimes perpetrated by Muslims (we avoid mentioning their religion).

Individuals have the right to be evaluated as individuals and not judged by their race, ethnicity or religion. The ideologies or religious beliefs that people have, however, do not have the same rights.

No ideology is irreproachable, be it Islam, fascism or democracy. Any religion can have worrying aspects and criticizing those aspects is a step towards social change. This is not an activity to be avoided in the name of political correctness; Must be considered a basic tool of critical thinking.

The very term «Islamophobia» is misleading. A phobia is an irrational fear of something. In the case of Islam, however, it is often practical to be afraid. Thousands of former Muslims fear publicly expressing a religion that advocates the murder of their apostates and victimizes their own members, especially innocent women and children.

By labeling them as «Islamophobes,» Islam and its apologists are recognizing that Islam can not withstand a critical analysis.A defense that collides with the necessary right to constructive criticism, a tool that allowed Western societies to develop their science, And their current state of well-being.

The term «Islamophobia» should be rejected as long as, from areas such as the Islamic Cooperation Organization and other apologists of Islam, that word is used as a propaganda tool, in order to silence legitimate criticism of Islam as an ideology, permitting and legitimizing repeated violations Of the human rights that Muslim regimes impose on Muslims and non-Muslims.

In his book «Destroying Islamic Fascism», Zineb El Rhazoui calls collaborators and accomplices all those Western politicians who support silencing criticism of Islam by using the term «Islamophobia»:

«All these accomplices distort the noble cause of the fight against racism to give undeserved legitimacy to an ideology that in its most extreme results are the horrors of the Islamic State, but which also makes the lives of millions of Muslims living in Islamic countries Be downright miserable. «

Without doubting the goodwill of those who use the term «Islamophobia», statistics show us a radically different reality. The perpetrators of the bloodiest attacks and hate crimes in Europe are mostly Muslim.

The media silence what eminent European sociologists have warned. See:

The «Comparative Study of the Integration of Immigrants into Six Countries», carried out over 5 years with Moroccan and Turkish immigrants in Germany, Austria, Belgium, France, the Netherlands and Switzerland, was funded by the German government and presented in December 2013 By the WZB Berlin Social Science Center, and showed the following results:

– 65% of Muslims interviewed say that Islamic Sharia law is more important than the laws of the country in which they live.

– 75% of respondents hold the view that there is only a legitimate interpretation of the Koran, which should apply to all Muslims.

– 60% of Muslims believe that their community should return to «Islamic roots.»

The level of phobia against the West among Muslims is very high, 54% believe that the West seeks to destroy Islam.

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Since the late twentieth century, Muslims have emerged as a new group of anti-Semites in Western Europe. The authors of the most extreme cases of violence against European Jews in recent years were Muslims, and partly justified their actions by their interpretation of Islam or under the pretext of the Arab-Israeli conflict or any other war involving the West in Middle East.

There are no reliable statistics as numerous anti-Semitic incidents carried out by Muslims have not been resolved and in other cases, the secrecy of police and media makes it only an estimate number.

This reality scarcely spread by the general media is nevertheless something everyday in social networks. Millions of tweets every day are launched with anti-Semitic and anti-Zionist slogans with undeniable hate messages. They are a tiny part of those that spread as Israel burned in flames over fires sparked just a week ago in a new form of Palestinian terrorism.

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As in the rest of the West, in Spain and for the Hispanic world, Islamist organizations and pro-Palestinian activists follow the slogans of the Organization of Islamic Cooperation.

They say they fight the hate speech in social networks using the «Islamophobia» tool to silence any criticism of Islam and Islam. His «fight against hate speech» includes, paradoxically, disseminating content and links to Islamist websites of undeniable antisemitic character, with false or distorted information, in order to spread a message of hatred to Israel and the Jews.

Hypocrically they adorn their messages of hatred with an alleged respect for the Jewish people but with unequivocal hatred of the Jews and non-Jewish Zionists, who in the best case are described as racist and at worst, merciless murderers. In fact, Judaism and Zionism are intrinsically united, and in the end, this is understood by the anti-Jews, because by incriminating Zionism, anti-Semitic incorrectness always escapes them.

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Far from constituting a progressive war against racism, the industry of Islamophobia is a cowardly and authoritarian attempt to avoid any discussion of ideas and to bring back the obsolete condemnation of blasphemy to Europe.

We must fully share in the prosecution of what has become the most blatant cultural blackmail of our time, Islamophobia. The fight against terror does not only arise in the military field, but also in the ideological one.

The fight against hypocrisy behind the «Islamophobia industry» must be one of the first priorities of the democratic world after the horrific attacks in Paris, Nice, Copenhagen, Marseille, Toulouse, Brussels ….

Despite growing power over Western lawmakers, Islamic organizations have yet to reinstate the crime of blasphemy in European law, where there is pressure to recognize sharia as an essential part of their culture.

This reinstatement would de facto break with the Universal Charter of Human Rights that the Arab nations never signed, and would silence any criticism of Islam as banal as it might be, mutilating freedom of expression and criticism forever, and thus democracy, by subjecting ourselves to Islam, whose translation is submission.

And so, perhaps, those who base their politics on feelings rather than the power of reason, proclaiming slogans like «you hate my smile» would explosively increase racism within our Western societies by identifying those who cut off free speech, Or perhaps, as in Cuba, not, submitting. We are on time … Yet.

«Freedom, Sancho, is one of the most precious gifts given to men by the heavens; For liberty as well as for honor one can and should venture to live, and, on the contrary, captivity is the greatest evil that can come to men. » (The prisoner of Algiers, and Lepanto’s maim)

«Yo no quiero transgénicos», otra burda y falaz mentira progre-conspiranoica.

«¡Dile no a los transgénicos! Prefiere los alimentos naturales, sin modificaciones.»

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La agricultura de por sí es una de las actividades más “antinaturales” que realiza el ser humano, transformando ecosistemas naturales en agro-ecosistemas, ambientes totalmente artificiales y altamente alterados por actividades humanas para fines agrícolas y producción alimentaria, lo que conlleva una alta reducción de la biodiversidad local (vegetal, animal, microorganismos). A lo largo de millones de años, la evolución por selección natural ha sido el motor de diversidad genética y fenotípica del reino vegetal, enfocado sobre todo en la generación de mecanismos de adaptación y defensa en diferentes ambientes, lo cual conllevó a generar toxinas, venenos, estructuras espinosas, mimetismo, entre otros, con fines de protección ante depredadores.

Las plantas no estuvieron allí con la intención de ayudarnos sino, más bien, tratando de sobrevivir y adaptarse lo mejor posible a su ambiente – es por esto que es una falacia el típico pensamiento de que “todo lo natural es bueno”. ¿Dónde quedo el ricino, la belladona, el regaliz, la adelfa, o la cicuta? Éstas y muchas otras plantas tienen efectos altamente tóxicos que han sido usados como venenos a lo largo de la historia; en Chile, por ejemplo, hace poco ha sido motivo de noticia la alta toxicidad que presenta la Aristolochia (variedades locales se han usado en la medicina popular por largo tiempo) a través de un poder carcinogénico mucho más alto que el tabaco o la radiación ultravioleta, generando tumores en el tracto urinario, riñones e hígado. También es curioso el hecho de que el 99% de los pesticidas que ingerimos en la dieta son “naturales” (los produce la misma planta) y muchos de ellos son cancerígenos. Si existe un químico de utilidad o una propiedad terapéutica en alguna planta, esto no es “natural”, sino más bien es una buena suerte “antinatural”.

En el ámbito alimentario ocurre lo mismo: las plantas no estaban allí para alimentarnos. Fue el ser humano quien, a lo largo de miles de años, ha dejado a la selección natural en segundo plano, pasando a ser la selección artificial y el cruce sexual los principales motores que promueven la reproducción y supervivencia de determinadas especies o variedades que nos son favorables en términos de nutrición….

En las técnicas de mejoramiento genético convencional (cruce, selección, hibridación, mutagénesis, etc, donde los transgénicos no tienen nada que ver) cabe recalcar que poseen un alto grado de incertidumbre e imprevisibilidad asociada, ya que se intercambian grandes cantidades de material genético cuando se cruzan dos genomas de organismos. Las variaciones genéticas (y número de estas) que ocurrieron dentro de los organismos son desconocidas, pudiendo haberse creado nuevas funciones (o eliminarse), crear inestabilidad génica, modificación de vías metabólicas, etc. En el caso de la mutagénesis, los cambios genéticos están creados de forma extremadamente aleatoria; también hay ADN movible (transposones) que se encuentra en todas las plantas y animales, que entran y salen de los genomas, transformándolos continuamente. Como ejemplo de lo anterior, se ha establecido que la soya silvestre (la que estaba en la naturaleza) se diferencia de la soya comercial en 186.177 cambios en el DNA que afectan a 856 genes.

Es muy importante saber que todos estos cambios no son sometidos a análisis de inocuidad, como sí ocurre (caso a caso) con la biotecnología agrícola y los cultivos transgénicos. En el mejoramiento biotecnológico, que consta en las modernas técnicas de ingeniería genética surgidas en los años ’70, se acelera este proceso de mejoramiento vegetal permitiendo a los científicos tomar solamente los genes deseados de una planta (u otro organismo), logrando de ese modo los resultados buscados en tan sólo una generación, de una forma segura y eficiente, ya que solo se mueve uno o pocos genes conocidos en lugares controlados del genoma de la planta receptora, eliminando el azar y la incertidumbre propia del mejoramiento convencional.

 

Mark Lynas, un acérrimo ex activista anti-OGM ahora come tranquilamente una papaya transgénica resistente a un virus. Fuente: @mark_lynas
Mark Lynas, un acérrimo ex activista anti-OGM ahora come tranquilamente una papaya transgénica resistente a un virus. Fuente: @mark_lynas

[para seguir leyendo dirigirse al artículo «Chile y el Mundo Según Monsanto», 3° Capítulo: «Nada es Natural… o de cómo llegó ese choclo hasta tu plato» –http://www.aech.cl/2013/10/chile-y-el-mundo-segun-monsanto.html]

 * Para leer información sobre las técnicas de mejoramiento genético vegetal [Selección artificial y cruzamientos selectivos, Hibridación, Mutagénesis inducida, Polinización y Fertilización in vitro, Cultivo in vitro de células, tejidos y órganos vegetales, Variación somaclonal, Obtención de haploides, ingeniería genética]: http://www.chilebio.cl/mejoramiento_vegetal.php

PD: Esta imagen fue obtenida con el permiso correspondiente del Dr. Gabriel León: (Twitter: https://twitter.com/GaboTuitero/). También le recomendamos su blog: http://elefectorayleigh.wordpress.com

/* Links recomendados: 1) ¿Que es un transgénico?: a)http://elefectorayleigh.wordpress.com/2013/05/17/que-es-un-transgenico/  b) http://www.youtube.com/watch?v=Z9lTsMUHOGc

3) ¿Como se hace un transgénico?: http://www.youtube.com/watch?v=WbhfHQ23VtA

4) Recopilación de los mitos mas frecuentes citados por los anti-transgénicos sobre los cultivos GM: http://goo.gl/qz176Q 

5) Más de 2000 estudios avalan la seguridad de los cultivos transgénicos (aprox. 1000 son estudios independientes): http://goo.gl/EiEn70

6) Más de 190 instituciones científicas de renombre mundial avalan seguridad y beneficios de los GMO: http://goo.gl/i4Wd1n

7) Análisis crítico de los errores en los estudios anti-transgénicos más citados: http://goo.gl/q9Wluz

8) El error de cuanto tu único argumento es Monsanto: http://goo.gl/nUwkp1

9) Plantas «naturales» y veneno: http://elefectorayleigh.wordpress.com/2013/02/06/341/

10) Cultivos Transgénicos: Ciencia, no Ideología: http://www.youtube.com/watch?v=EaEbLpw0geI————————

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FUENTE: Si quiero transgénicos

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