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Biografía de un Coronavirus / Biography of a Coronavirus

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BIOGRAFÍA DE UN CORONAVIRUS

Por Luis Lasala

Ante la gran cantidad de desinformación que circula por redes, diarios, tv, etc. cada son más los que se cuestionan la existencia misma del Virus de Wuhan.

Se cuestiona su existencia, se cuestiona la efectividad de las medidas preventivas, se cuestiona a médicos y enfermeras que han visto y vivido sus efectos, se cuestiona todo, y sin embargo, el Virus existe.

Vamos a despejar dudas. Nos remontamos a 1999. En este año, y tras una de las crisis del Estrecho de Taiwán entre China y esta isla, el General del Ejército de Liberación Popular chino Jin Liang escribió un libro: Irrestricted War (Guerra sin restricciones) En el, admitía que en caso de enfrentamiento bélico con Estados Unidos, China estaría en desventaja. Era necesario desarrollar una estrategia que aunque violase todas las restricciones y tratados de la guerra convencional, permitiese a China alzarse con la victoria.

Guerra de guerrillas, nuclear, química, bacteriológica, todo debía desarrollarse para alcanzar la supremacía. Aquí, a partir de esta idea, comienza una carrera por encontrar un virus que permita poner en jaque al enemigo.

En 2003 comienza su andadura en la lab. P4 de Wuhan la Dra. Shi Zhenli, especialista en coronavirus, y fanática de los murciélagos.

Desde 2003 hasta 2010, Shi no deja una cueva o gruta sin remover, en busca de murciélagos portadores de estos virus, y analizando todo lo que pilla. En 2010 encuentra un coronavirus en el murciélago de herradura, compatible en un 96% con el SARS- CoV. Pero que en su estado natural, no es capaz de atravesar la barrera interespecies.

Es decir, puede infectar a otros animales, pero no al hombre. A raíz de sus investigaciones, encuentra una proteína presente en otros virus humanos, que debidamente insertada en su virus permite a este infectar a todo bicho viviente, incluidos los humanos. Sin embargo sus efectos no van mucho más allá de los que podría provocar una mala gripe. Es necesario dotar a su criatura de una capacidad infecciosa y letal sin precedentes para que se ajuste a lo que el Partido Comunista Chino requiere.

Como si de un «Corta y Pega» se tratase, se dedica a insertar trocitos de otros virus en el suyo.

A continuación, algunas capturas de pantalla, de artículos de la Dra. Shi Zhenli publicados en la revista Nature y Nature Medicin a partir de 2015 en los que comunica sus avances.

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Cuando la comunidad científica leyó sus estudios, y comprobó sus trabajos, quedó horrorizada. El Dr. Virólogo Simón Wein-Hobson del Instituto Pasteur de Francia dijo: «Si este virus escapa, nadie puede predecir su trayectoria» y no le faltaba razón. Experimentos realizados en ratones primero, y monos después, mostraron daños irreversibles en los pulmones. Aparte de otras múltiples patologías. Pese a la cantidad de desinformación, es un virus muy conocido y estudiado.

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En Octubre de 2014, la Admón. Obama, retiró los fondos para investigación al Laboratorio de Wuhan, y muy especialmente, a la Dra. Shi, en cuanto se conoció la gravedad de lo que allí se cocía. En 2019, un equipo de virólogos hindú, secuenció y publicó el genoma.

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En el, se aprecian insertos aparte del SARS-CoV, del VIH (SIDA), MERS, Y SARS.

Este cocktail es lo que hoy conocemos como COVID-19 o Virus de Wuhan. Pero los tentáculos de Xi Jimpin son muuuuuy largos y abarcan a todas las esferas de influencia occidentales. Toda la información «desapareció» de las redes, de un día para otro.

La captura adjunta, muestra un fragmento de un artículo que Danny Sohan Exagente del MOSAD publicó en el «Diario de Estudios de Defensa» en 2015, y donde describía los planes del PCCh y el desarrollo de armas biológicas.

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Entre Enero y Febrero de 2020 y tras conocerse la fuga del Virus, El PCCh dirigió emails al laboratorio P4 de Wuhan, prohibiendo la filtración de información a medios o redes sociales.
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La paciente «0», Huan Yunlin, investigadora del P4, y responsable de la fuga del virus, «desapareció» tras su ingreso hospitalario.
El Dr. Ling Do que se contagió al tratarla, apareció muerto. Después se supo que fue asesinado.
El 7 de Febrero de 2020, el Dr. Wu Xiao, experto en armas químicas y bacteriológicas del Ejército de Liberación Popular chino, asumió el control del Lab. de Wuhan, y del Instituto de virología.
Desde 2015 hasta 2019 la Dra. Shi Zhenli, ha estado dando conferencias e impartiendo charlas sobre sus descubrimientos en facultades de Asia y Reino Unido.
Cuando os digan que es un virus del que no se sabe nada, os están mintiendo. Es justo lo contrario, pero no interesa que lo sepáis.
Y no interesa, porque la desinformación es tan peligrosa como el propio virus.
Es el arma perfecta que va a permitir instaurar el NWO sin oposición.
La era «Post-Covid» no se va a parecer en nada, a lo vivido hasta el momento.
Olvidaos de «volver», y adaptaos o luchad.
A continuación unas capturas de última hora.
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¿Por qué este segundo brote? / Why this second outbreak?

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¿Por qué este segundo brote?

  1. Confinaron a todos, enfermos y sanos, ancianos y jóvenes, en sus hogares.
  2. Cerraron pequeñas y medianas empresas locales y prohibieron trabajar a los autónomos.
  3. Se puso en marcha una globalizada propaganda mediática de muertes sensacionalistas, de peores escenarios, baile de números y reclamos «científicos» sin fundamento las 24 horas del día, 7 días a la semana.

En suma, esto debilitó el sistema inmunitario de las personas al tenerlas confinadas en sus casas por periodos prolongados, con baja actividad física y poca exposición al sol (necesario para la vitamina D, que se sabe que la gran mayoría de muertes por COVID sufren de una deficiencia de dicha vitamina), sus niveles de ansiedad aumentaron por el miedo que alentaron los medios de comunicación y la gran cantidad de estrés que provocó el fracaso de una economía quebrada y la incapacidad de poder trabajar para mantener el presupuesto familiar suprimieron aún más el sistema inmunitario de la mayoría de las personas. Que es peor, al confinar a todos, especialmente a las personas sanas y a los niños (que se sabe que los niños rara vez se infectan y no son diseminadores virales significativos), se detuvo la única salida de esta pandemia: la inmunidad colectiva.

Muchos médicos, epidemiólogos, virólogos y expertos de renombre mundial nos advirtieron esto, pero todos fueron ignorados y sistemáticamente censurados. Pero los hechos son hechos: inmuno-comprometes a las personas con miedo, estrés y una vida poco saludable, y tienes la receta perfecta para una segunda y muy extendida ola.

En palabras del Dr. Knut Wittkowski y el Dr. Jay Bhattacharya, dos expertos destacados que fueron ignorados: «poner a todos en cuarentena era solo postponer lo inevitable: aplanar la curva simplemente significa extender la pandemia».

Entienda quien pueda… o quien quiera…

FUENTE: Despiertainfo.

¿Está en riesgo la libertad? / Is freedom at risk?

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«CLARO QUE ESTÁ EN RIESGO NUESTRA LIBERTAD, Y ACABARÁ POR PERECER SI NO ACERTAMOS A SER VALIENTES Y EXIGENTES CON LA RAZÓN, CON LA LÓGICA, CON LA EXPERIENCIA, CON EL CONOCIMIENTO CIERTO Y A NUESTRO ALCANCE SIN CONSENTIR CONFORMARNOS CON FÁBULAS NECIAS»

Por J.L. Gonzalez Quirós para DISIDENTIA

En los largos milenios que están a nuestra vista, la libertad política constituye una rara excepción. Incluso en la época posterior a lo que se llaman las revoluciones atlánticas, en los últimos dos siglos de nuestra civilización, que constituyen el período más brillante para las ideas democráticas, las libertades de opinión, de asociación y de movimiento, han estado muchas veces en peligro, cuando no perseguidas con saña. Ahora mismo, los países en los que impera un régimen que respete las libertades básicas de los ciudadanos constituyen una minoría y su pervivencia está expuesta al desafío de gigantes autoritarios como China que se presentan a los ojos del mundo como la síntesis perfecta del desarrollo, la tecnología y el orden social. Su pregonado éxito en el crecimiento económico y en la salud pública se proponen como ejemplo a contrastar con la ineficacia y la desunión de la vieja Europa, o la supuesta decadencia política del gigante americano.

Con todo, las amenazas principales a la libertad no provienen de fuera, sino que nacen en el seno mismo de nuestras sociedades. Al comienzo mismo de su excelente En defensa de la política advierte Bernard Crick de que el tedio por las verdades establecidas es el gran enemigo de los hombres libres. Nuestro criticismo con las innegables imperfecciones de las democracias y la tendencia a imaginar un futuro catastrófico, para lo que hay unas cuantas versiones disponibles, hace que muchos añoren la protección de un régimen que imponga el Bien de manera definitiva, que acabe con lo que cada cual considera los insoportables defectos del sistema.

La tendencia a imponer por las bravas supuestas verdades, por ejemplo, mediante legislaciones absurdas y liberticidas, se extiende por todas partes sin que parezcan ser sólidas las defensas oportunas. Una idea instrumental del poder legislativo, sin ningún respeto a la libertad de conciencia de cada cual, nos depara de continuo la implantación de nuevos delitos, y cada vez se está más cerca de considerar que es delictivo todo lo que no está conforme con una visión estrecha y autoritaria de lo que son los bienes morales. La libertad de opinión se proscribe con mucha facilidad, basta con no dejar hablar al que se espera que pueda decir algo que sea inconveniente y los medios de comunicación se lanzan con entusiasmo digno de mejor causa a facilitar estas formas descaradas de nueva censura, como si la creencia un poco infantil en que el miedo ha cambiado de bando autorizase a perseguir a los ciudadanos a escobazos, como si estuviésemos en el tren de la bruja.

Basta la superioridad numérica en el Parlamento para que se considere que se puede imponer como dogma cualquier gilipollez del gusto de los nuevos Torquemadas. En esto, nuestro Congreso está llegando a cimas de ridículo, a expresiones que uno creería más propias de El Mundo Today que de políticos en activo, como con el caso de una diputada de ERC que preguntó con toda seriedad al Gobierno que iba a hacer para impedir la ola de violencia policial en los Estados Unidos, es posible que esperase un gesto torero de Ábalos o una encendida condena de cualquiera a la espera de medidas más contundentes en un inmediato futuro. Parece claro que unos personajes que se creen que podrían leerle la cartilla a los EEUU estarán convencidos de poseer poderes sobrenaturales, como el que Cristo concedió a los apóstoles de perdonar los pecados, pero no para perdonar a nadie, sino para castigarlo con la debida severidad.

No es fácil explicar de otro modo que el Congreso se haya prestado a considerar la creación de un nuevo delito para aquellos que profesen la vergonzosa creencia negacionista de considerar como poco inteligente encasillar la violencia en géneros, o en transgéneros que no me he enterado muy bien. Esta inmensa bobería de creer que cambiando los nombres se cambian las cosas pertenece a un género, con perdón, de delirios lógicos difícil de combatir, porque es una variante lela de esa inmensa contradicción de creer que sea compatible sostener que todo es una construcción social al tiempo que se pueden combatir las fake news por mil procedimientos que este tipo de descerebrados considera obvios.

En 1950, el filósofo Karl Jaspers, que tenía muy presente el enorme desastre que había ocurrido en su patria alemana, escribió que los enemigos de la razón son siempre enemigos de la libertad, en especial por el afán de liberarse de la libertad, de simplificar el mundo hasta hacerlo inhumano, porque según el filósofo, la razón no existe por naturaleza, no aparece espontáneamente sino que surge de la libertad, de la acción en defensa de lo verdadero que está más allá de cualquier mentira, de no ceder a los intentos de ocultar las cosas abiertas a la capacidad del hombre de actuar con libertad, como diría su discípula Hanna Arendt. Siempre existe el riesgo de que muchos prefieran vivir agazapados en mentiras dóciles, a la sombra de diversos hechizos capaces de seducir a gentes deseosas de entregarse a cualquier causa.

En el mundo actual son todavía mucho mayores las posibilidades técnicas de atentar contra nuestra libertad, de ocultar las verdades que no convienen, y eso exige una especial vigilancia, una atención constante. A veces puede parecernos hasta infantil el empeño del Gobierno, por ejemplo, en engañarnos y engañarse acerca del número de víctimas de la pandemia, de disfrazar sus errores, que además no son solo suyos, con retórica bélica y con soflamas muy huecas. Hay que pensar que esas mentiras no son desinteresadas, que buscan privarnos de libertad, además de que nos debilitan en forma muy irresponsable frente a una posible repetición de amenazas de ese tipo o de otros géneros, porque invitan a un optimismo sin fundamento alguno, a una desmemoria, a ser indulgentes con los errores cometidos sin que importe que eso ayude a que puedan repetirse con mucha facilidad.

Claro que está en riesgo nuestra libertad, y acabará por perecer si no acertamos a ser valientes y exigentes con la razón, con la lógica, con la experiencia, con el conocimiento cierto y a nuestro alcance sin consentir conformarnos con fábulas necias. A cualquiera que se le pida esa actitud vigilante frente a los sofismas y los cuentos infantiles destinados a adultos complacientes, se le puede exigir también respeto por la libertad ajena, pero nunca que ese respeto encubra el miedo a buscar la verdad y a decidir por nuestra cuenta. Frente a quienes quieren engañar para maniatarnos hay que oponer un alto nivel de capacidad crítica, hay que esforzarse por no caer en el error que propician las mentiras, porque si se cae en él se acaba maniatado, y de inmediato se comienza a aplaudir al nuevo dueño.

Foto: Sven Przepiorka

Porqué es inevitable que la izquierda gane. / Why it is inevitable that the left will win.

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«AUNQUE SE INSISTA EN LA RESPONSABILIDAD DE COLEGIOS Y UNIVERSIDADES A LA HORA DE PRODUCIR SUJETOS CON UNA INMADUREZ CRÓNICA, EL ORIGEN DE ESTA DERIVA ESTÁ TAMBIÉN EN LOS HOGARES»

Por Javier Benegas para DISIDENTIA

Dios no existe, no hay más allá, esto que ves es todo. Así pues, si no hay un paraíso al otro lado, si no hay vida más allá de esta, el sufrimiento y la adversidad dejan de ser entendidos como episodios que nos redimen y fortalecen, y se convierten en agresiones y ofensas que deben ser evitadas. Así lo entendemos todos, no sólo los adversarios. Por eso el mundo se vuelve antagónico a la libertad y la responsabilidad. Por eso también es falso que la izquierda tenga superpoderes, simplemente expande su imperio de la corrección política sobre el desierto de los ideales contrarios.

¿Mérito y esfuerzo?… Nadie se lo cree, tampoco los conservadores y liberales porque prácticamente desaparecieron. Fueron arrastrados con todo lo demás por la corriente arrolladora de un desesperado nihilismo. En la actualidad, ser libre y responsable es un desiderátum y la independencia, la muerte social. Todos buscamos con desesperación una tribu, un grupo o simplemente una banda en la que alistarnos. Por eso medimos cada una de nuestras manifestaciones públicas, cada mensaje, incluso una simple declaración o la ocasional reseña que hacemos de un tercero, porque si nos descuidamos podemos liberar una crítica inconveniente que, como un neutrón separado de su núcleo, provocará en nuestro círculo una reacción en cadena que pondrá demasiadas cosas en duda, y eso arruinaría nuestros planes.

No sólo en la izquierda, sino en todos lados, ser tenido en cuenta exige una lealtad a toda prueba, un aplauso permanente, un servilismo libre de cualquier sombra de duda. De esta forma se consigue el salvoconducto para ingresar en el pelotón de la carrera hacia la relevancia. Pero esta relevancia carece de verdadera utilidad, menos aún tiene algún sentido trascendente. Al contrario que nuestros antepasados, ya no creemos en la inmortalidad. Pero no nos hemos parado ahí, hemos ido más lejos: tampoco creemos en la importancia del legado. Tenemos prisa por alcanzar el falso ideal de la seguridad y no queremos equipaje porque, aunque la palabra muerte sea tabú, nuestro conocimiento es básicamente conocimiento de la muerte: sabemos que hoy estamos vivos pero mañana ya no.

La búsqueda de la recompensa inmediata ha degenerado en un presentismo que se derrama de arriba abajo para, luego, rebotar de abajo arriba generando un círculo vicioso. Así, como el ciclo del agua, la mentira del mundo feliz cae sobre nosotros como una lluvia fina y persistente que cala hasta los huesos, y, después, mediante el inevitable desencanto de cada uno, regresa a las alturas en forma de microscópicas partículas que, sumadas unas a otras, dan lugar a las tormentas.

Los que atribuyen la responsabilidad de esta pérdida de referencias a la escuela, o a la universidad, tienen razón, pero sólo en parte. El problema es mucho más complejo y profundo: nuestra visión del mundo es por lo general intranscendente y estrecha, se ciñe al presente inmediato y a la autosatisfacción. Por eso el mérito y el esfuerzo ya no sirven para alcanzar la relevancia. Prima la pertenencia al grupo, los contactos, las relaciones personales; no el talento ni la honestidad.

Para Richard M. Weaver, da igual que llamemos a este fenómeno decadencia de la religión o pérdida de interés en la metafísica, el resultado es el mismo, puesto que ambas son núcleos integradores que, cuando ceden, generan una dispersión inabarcable que sólo cesa cuando la cultura ha sido reducida a escombros. Y, quizá, esté en lo cierto, porque Occidente parece ir camino de convertirse en un inmenso patio de colegio gobernado por los caprichos y ocurrencias de seres infantiles.

Sin embargo, aunque se insista en la responsabilidad de colegios y universidades a la hora de producir sujetos con una inmadurez crónica, el origen de esta deriva está también en los hogares. Muchos padres —bien es verdad que animados por la opinión de los expertos— llegaron a la conclusión de que ser severos y exigentes con los hijos mermaba sus fuerzas y convertía su fugaz paso por el mundo en un suplicio innecesario. ¿Por qué debían sufrir si su existencia era intrascendente y breve? Había pues que actuar en sentido contrario, evitándoles contrariedades y sufrimientos, y engordando su autoestima. Así, los padres renunciaron a su autoridad para convertirse en amigos de sus hijos, en cómplices cuyo deber era eliminar obstáculos y proporcionar una autoestima artificial que ya no procedía de la experiencia, de las duras lecciones de la vida, sino de la potenciación del ego.

En opinión de Hanna Arendt, era en la crianza y educación de los niños donde la autoridad en el sentido más amplio siempre se consideró un imperativo natural. Se exigía tanto por las necesidades naturales, como es la indefensión del niño, como por una evidente necesidad política: la continuidad de una civilización sólo podía perdurar si sus vástagos asumían el mundo preexistente y aceptaban que debían madurar, es decir, alcanzar cierta edad y sabiduría, para ocupar un sitio en la mesa de los adultos. Sin embargo, Arendt añadía ya en 1950 que la Autoridad no había entrado en crisis, sino que era una causa perdida.

Un buen amigo sostiene que el principio de autoridad no ha desaparecido, simplemente se habría trasladado de las figuras tradicionales, como podía ser el maestro, el cura o el médico, a otras nuevas, como los “influencers” de Instagram. Pero discrepo de esta idea. El principio de autoridad clásico, aunque evolucionara de forma progresiva, era bastante estable, no se mostraba voluble ante las reacciones del público porque estaba incardinado en la tradición y en un marco común de entendimiento que trascendía a la persona, esto hacía que el principio de autoridad, por lo general, no se plegara a los estados de opinión del momento o a modas pasajeras.

El influencer, en cambio, gira a la deriva en el remolino de las tendencias, está sometido al arbitrismo del público y el espejismo de su autoridad se desvanece tan pronto como contraría a sus seguidores. En realidad, es la masa quien domina al influencer, ejerciendo sobre él no ya una cierta y paradójica autoridad, sino un voluble e imprevisible autoritarismo. Por eso el influencer sólo expresa aquello que, estima, agradará al público, no lo que debe ser dicho. Como los padres con sus hijos, alimenta la autoestima de sus seguidores.

En un demoledor artículo sobre la izquierda actual y la propensión al totalitarismo de buena parte de la juventud, Gonzalo Garcés apunta a las universidades y se pregunta “por qué la democracia tiene tantas dificultades para defenderse de un virus ideológico que ni siquiera atinamos a nombrar: ¿política identitaria? ¿Social justice? ¿Posmodermismo? ¿Teoría crítica?” Pero si los universitarios de hoy no saben quién fue Aristóteles, mucho menos sabrán qué es la Teoría crítica. Pueden reconocer determinadas expresiones, términos y consignas, pero son incapaces de vincularlas a argumentos elaborados.

Han aprendido a odiar a Occidente, pero no saben razonarlo; menos aún son capaces de confrontar sus opiniones con otras distintas porque su ánimo no obedece a teorías ni razonamientos, sino a un hipertrofiado sentimiento de amor propio que ha sido alimentado con devoción por el entorno. Por eso cualquier argumentación contraria desata su furia, porque no pone en cuestión una determinada idea u opinión sino su propio ego.

A este respecto, apuntaba Margaret Thatcher en la década de los 60 del pasado siglo que uno de los efectos de la rápida difusión de la educación superior había sido equipar a las personas para criticar y cuestionar casi todo. Y añadía que algunas de ellas parecían haberse detenido allí en lugar de pasar a la siguiente etapa, que consistía en llegar a nuevas convicciones o reafirmar las antiguas. Así, recordaba la noticia en la prensa del momento en la que se reseñaba que el líder estudiantil Daniel Cohn-Bendit había sido premiado por un trabajo extraordinario. Sus examinadores justificaban el galardón en que había planteado una serie de preguntas muy inteligentes, a lo que Thatcher añadía: “¿Significativo? Hubiera sido más feliz si él también hubiera encontrado una serie de respuestas inteligentes.” Pero el tiempo no pasa en balde. Desde entonces hasta hoy las universidades se han degradado bastante, y los activistas universitarios ya ni siquiera plantean preguntas inteligentes, las han sustituido por dogmas.

En este proceso, los ideólogos han actuado como los belicistas del pasado, utilizando el ansia por significarse de la juventud para promocionar sus guerras. Han asimilado los impulsos irreflexivos de los jóvenes a teorías que no están en el origen de los delirios narcisistas, sino que surgen a colación de éstos. En realidad, no son los artífices, simplemente, como el “influencer” de Instagram, seducen al público diciéndole aquello que quiere oír. Su trabajo consiste, pues, en avivar el fuego. Aunque les gusta que creamos que ellos dan forma al mundo, a lo sumo están contribuyendo a destruirlo. Pero sobre las ruinas no podrán edificar el sistema totalitario que añoran, porque el caos que están ayudando a desencadenar es una fuerza ciega que lo arrollará todo a su paso, a ellos también.

Las guerras —también las culturales— se sabe cuándo empiezan, pero no cuándo terminan ni tampoco cómo acaban. El problema añadido en el presente es que los ideólogos y políticos carecen de la autoridad que sí tenían los viejos gobernantes. Van a remolque de los acontecimientos, no controlan su deriva. Corren apresuradamente para colocarse en la cabeza de la manifestación, pero no la gobiernan, la masa les arrastra mediante la gratificación de la relevancia… y la promesa del poder.

En los años 70 del siglo XX algunos pensaban que el enorme deterioro de la Autoridad abriría una nueva era de mayor libertad individual. Otros creían, por el contrario, que conduciría a la anarquía social y al caos moral. Robert Nisbet apuntó, sin embargo, que el vacío dejado por la Autoridad sería llenado por un ascenso irresistible del poder. La pregunta medio siglo después es: ¿qué poder será ése?

Sea cual sea la respuesta, debemos tomar conciencia del peligro y entender que lo que cada uno haga o deje de hacer importa y mucho, que salvaguardar la libertad no sólo depende de las leyes o del Estado de derecho, que no existe un modelo político, por óptimo que sea, que por sí mismo la garantice y evite el auge irresistible del poder sobre el que advierte Nisbet.

La libertad es un valor trascendente, lleno de significado, por lo tanto, es incompatible con la creencia de que nuestros actos individuales son intrascendentes. Puede que la existencia sea un suceso fugaz, sin embargo, lo que hacemos tiene consecuencias. Así pues, debemos asumir nuestra responsabilidad y aceptar determinados sacrificios. No podemos abandonar a los jóvenes porque, en el colmo del cinismo, hemos concluido que son una causa perdida; tenemos que hablar con ellos, aunque hacerlo implique contrariarlos. Es crítico ayudarles a entender aquello que dijo Orwell, que, si la libertad significa algo, será, sobre todo, el derecho a decirle a la gente aquello que no quiere oír. Ningún colegio, universidad, gobierno o Estado hará esto por nosotros.

Foto: Mika Baumeister

Pedro Sánchez es un peligroso psicópata. / Pedro Sánchez is a dangerous psychopath.

Sánchez está dirigiendo España hacia el desastre más absoluto, el hundimiento de la actividad laboral, y en definitiva, la quiebra del Estado

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Pedro Sánchez, presidente de Gobierno de España. (Foto: Flickr)

España, una nación con más de cinco siglos de historia, y 47 millones de personas, no puede estar al albur de un individuo que confunde la realidad con sus paranoias, que no tiene ni idea de economía (a pesar de ser un falso doctor en economía) y que publica un libro que le escribe Irene Lozano, a la que nombra secretaria de Estado para “pagarle” el favor.

En cualquier país normal, esas actuaciones, y otras más que me reservo para no aburrirles, descalificarían a cualquier persona normal para ocupar cargos públicos, pero aquí tenemos a ese sujeto ocupando la presidencia del gobierno, nada menos.

No soy médico, psiquiatra ni psicólogo, por lo que solo puedo escribir como un hombre normal, de la calle, que habla con todo el mundo, y escucha mucho, pero en mi opinión, Pedro Sánchez es un psicópata, y un psicópata peligroso, que no solo puede hacer daño a su familia o seres queridos, sino que nos está jodiendo a los 47 millones de personas que vivimos en esta vieja piel de toro.

Un tipo que con tal de continuar unos años más, o previsiblemente, solo en unos meses, no le importa ceder ante todo y ante todos, terroristas incluidos, separatistas vascos y catalanes o agravar una pandemia de gravísimas consecuencias con su inacción y pasotismo.

Un sujeto que es rehén del comunismo más rancio que subsiste en Europa, aquí representado por Unidas Podemos, ese partido que tanto ha contribuido a la propagación del coronavirus en nuestra sociedad, que parece hecho a propósito (yo le llamo «comunistavirus», pues eso es lo que es).

Y con estos mimbres, un intervencionismo total y absoluto de la actividad económica, del mundo de la empresa, de las relaciones laborales (ya solo les falta regular las relaciones sexuales, los días y horas, las diversas “modalidades”, pero todo se andará), está dirigiendo España hacia el desastre más absoluto, el hundimiento de la actividad laboral, y en definitiva, la quiebra del Estado.

¿Cuántos meses tardaremos en tener que pedir ayuda a la Unión Europea ante la imposibilidad de atender nuestras obligaciones económicas? No creo que podamos resistir así hasta fin de año.

El diccionario de la lengua española, que no castellana, define la psicopatía como una “Enfermedad mental”, en su acepción primera, y explica que la psicopatía es una “anomalía psíquica por obra de la cual, a pesar de la integridad de las funciones perceptivas y mentales, se halla patológicamente alterada la conducta social del individuo que la padece” (acepción segunda).

Hablando claramente: ¿ustedes creen, de verdad que este tipo está bien de la azotea? Yo, no.

Todos conocemos a personas con problemas psiquiátricos, que tienen delirios, paranoias o trastornos bipolares. Tengo varios amigos y conocidos en esa situación, y procuro apoyarles en lo que puedo, hablo con ellos, les animo cuando están hundidos, e intento que se sientan normales e integrados en la sociedad.

Pero no son personas peligrosas, pues solo pueden hacer daño, en su caso, a las personas que viven o conviven con ellos, a sus compañeros de trabajo (la mayoría están sin trabajo, precisamente por esos problemas: inadaptación al medio, conducta y relaciones sociales), pero claro, una cosa son esas personas, normales y corrientes, y otra bien distinta ser el Presidente del Gobierno de España, nada menos.

Ludwig von Mises: La economía de la acción humana I / Ludwig von Mises: The Economics of Human Action I

Ludwig von Mises explicó la imposibilidad de una economía socialista, aunque no profundizó en lo que esto revela sobre los límites de la propia razón.

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Ludwig von Mises, economista austríaco. (Foto: Flickr)

La última vez que traté la obra de Mises, escribí lo que difícilmente servía de primera aproximación a lo fundamental del autor para quien no lo hubiera leído. Gustó, es de admitir, a quienes conocían algo de su obra. Aunque me tome dos entregas, pretendo esta vez presentarlo adecuadamente a quien jamás hubiera leído a Mises. Me repetiré en algo porque no es la primera (ni será la última) que aborde el tema. Pero la obra de Mises es tan extensa y profunda como para que sea inevitable que cada vez que lo leemos descubramos aspectos importantes y totalmente nuevos que simplemente no habíamos notado antes, lo que hace esencialmente diferente cada nuevo intento resumirlo en pocas palabras.

Pensar la economía, como la sociedad y la historia requiere un fundamento teórico inmune a esas perversiones de lenguaje, la razón y el sentido común mismo. Para ello, es muy útil recurrir a lo que un economista austríaco que hubo de recorrer media Europa con los esbirros del nacionalsocialismo tras sus talones denominó praxeología.

Mises afirmó que “La praxeología tiene por objeto investigar la categoría de la acción humana. Todo lo que se precisa para deducir todos los teoremas praxeológicos es conocer la esencia de la acción humana. Es un conocimiento que poseemos por el simple hecho de ser hombres (…) Para comprender cabalmente esos teoremas no se requiere acudir a experimentación alguna. Es más, ningún conocimiento experimental, por amplio que fuera, haría comprensibles los datos a quien de antemano no supiera en qué consiste la actividad humana”.

Siguiendo la lógica del autor vemos que su praxeología se pudiera explicar a grandes rasgos en la siguiente forma:

  • partimos de la acción humana como un axioma lógicamente irreductible;
  • entendiendo al axioma de la acción es verdadero porque cualquier intento de refutarlo implica acción, lo que resulta una inevitable contradicción que invalida la posibilidad misma de refutarlo;
  • la acción humana es la base de la praxeología de Mises. Su primera proposición es que todo ser humano es un agente que deliberadamente usa medios para alcanzar los fines que desea.

Esto es porque los hombres podemos imaginar siempre la posibilidad de mejorar la condición en la que nos encontremos, de nuestras muchas ensoñaciones tomaremos aquellas que nos atrevamos a considerar fines alcanzables, y pondremos manos a la obra. La naturaleza de la acción implica que:

  • el hombre actúa;
  • prefiere unos fines a otros;
  • recurre a la acción para alcanzar sus fines;
  • el tiempo influye en su acción.

Un empirismo muy ingenuo y mal entendido es el que sostiene que el conocimiento científico es única y exclusivamente el que se obtiene de hechos empíricos, observables y medibles. Eso y solo eso es conocimiento científico, todo lo demás, no solo no es conocimiento científico sino que simplemente no es conocimiento. Esa forma de entender el conocimiento terminará por afirmar de manera pueril que lo que no se conozca científicamente no existe. De ser así, la mente crearía la realidad material en lugar de descubrirla como nuevo conocimiento. Por lo demás, el mayor problema en un empirismo tan estrecho e ingenuo, es que aferrándose a esa peculiar –aunque ingenuamente extendida– definición de ciencia no se podría negar que gran parte de lo que estudia hoy la física teórica, y casi todo lo que estudian las ciencias sociales, simplemente no sería ciencia. Y tal vez no alcanzaría a “existir”.

La praxeología es un método para las ciencias sociales y la historia que no pretende darnos cosa que una capacidad razonable de interpretar la realidad mediante un método apriorístico deductivo. El axioma es la descripción autoevidente, e irreductible a partir de la cual se infieren lógicamente una serie de conclusiones o teoremas praxeológicos que permiten la teoría universal en la economía, como en cualquier ciencia social.

La praxeología comienza con la categoría a priori (naturaleza general) de la acción y posteriormente desarrolla las implicaciones completas de la misma. Esta ciencia busca el conocimiento válido (leyes universales) para todos los casos que correspondan al estudio de los actos humanos. Las declaraciones y proposiciones praxeológicas no provienen de la experiencia a posteriori de cada acto en particular, sino de la lógica deductiva que va de lo general a lo particular, antecediendo a cualquier comprensión de hechos históricos. Cuando se comprende su metodología, la praxeología resulta ser una herramienta clave para entender la acción humana. La praxeología desarrolla teoría pura, partiendo del que necesariamente en la economía aplicada y en la historia se tendrá siempre que interpretar la realidad a la luz de una teoría previa pues es imposible que los hechos den cuenta de sí mismos en ausencia de capacidad de interpretación teórica.

Aplicamos necesariamente el razonamiento apriorístico a problemas cuya complejidad y/o circunstancias particulares imposibilitan el empirismo. De los datos empíricos en sistemas demasiados complejos –como los órdenes espontáneos volitivos– podemos obtener indicios sobre la aplicabilidad de una teoría, pero no la confirmación o falsación de la teoría en sí. Por eso Mises explicó la imposibilidad de una economía socialista como problema de información. En términos simples, sin la información que únicamente transmite un sistema de precios es imposible la coordinación económica. El mero intento de adelantar una economía socialista implica destruir la única fuente de información que le permitiría funcionar. Por ello el socialismo jamás funcionó a largo plazo y jamás funcionará realmente. Mises no profundizó en lo que esto revela sobre los límites de la propia razón y la naturaleza de los procesos de orden espontáneo que estudia la economía porque compartía demasiado del viejo sueño iluminista de la razón.

Parar y cambiar de conductor. / Stop and change drivers.

CORONA VIRUS21

Esta pandemia ha producido la muerte directa a más de 31.000 españoles, y debido a ello, nunca podremos reincorporarnos a la vida como habitantes de esta gran nación, si no tomamos verdadera conciencia de lo que está ocurriendo y de las terribles secuelas psicológicas, morales, sociales y económicas que padecemos y pronto sufriremos.
Este gobierno, que se basa en una espectacular mentira, que se puede considerar legal gracias a indecentes maniobras políticas, y al que considero ilegítimo e inmoral por razones obvias, es el único responsable de la desastrosa y siniestra gestión de esta epidemia vírica, que ha puesto a España como ejemplo de país irresponsable ante la opinión mundial.
Alguien debe pagar por ello, pues los españoles de a pie, los que madrugan y trabajan para sacar adelante a sus familias y para ser respetados en el contexto internacional, no merecen a una cuadrilla de cínicos e hipócritas que refugiados tras el aforamiento al cargo público, no piensan ni trabaja más que en satisfacer sus propios intereses basados en una ideología rancia, trasnochada, y sobre todo malsana y claramente injusta.
De entre aquellos que les apoyan muchos saldrán a defenderlos ante tanta crítica, unos por convencimiento, otros por ignorancia, otros por dejadez y otros por propio interés personal, por ver si obtienen algún tipo de colocación en cargo público altamente remunerado, pero me consta que cientos de miles de españoles están reflexionando y arrepintiéndose de haber depositado su papeleta en aquellos que utilizaron la mentira para alcanzar el poder para perpetuarse en él.
El ambiente está repleto de gas y saltan chispas por todas partes. Son muchos los muertos, es mucho el sufrimiento y el futuro a corto y medio plazo es desesperanzador para todos y a todos los niveles. Cabe por tanto pedir la dimisión de este gobierno, buscar a gestores apropiados para esta crisis y la convocatoria de nuevas elecciones.
Nadie puede sentirse seguro como pasajero en un autobús en ruta, donde el conductor solo está capacitado para conducir ciclomotores, le gusta hablar con el teléfono móvil y además ya se ha salido varias veces de la carretera. Debido a ello, nadie puede pedir que los viajeros esperen tranquilos hasta llegar al destino, donde allí sí le pedirían responsabilidades al chófer que les engañó cuando se puso al volante para iniciar el viaje. Cabe por tanto, parar el autobús y buscar un conductor capacitado que no mienta en cuanto a formación y preparación, y que lleve a los viajeros a buen término, con las debidas garantías de seguridad y eficacia.
En fín, buenas tardes y feliz jueves.
CORONA VIRUS, REBELIÓN

El socialismo es una forma de locura criminal / Socialism is a form of criminal madness

El socialismo es tierra fértil para gobernantes con delirios psicopáticos y claros trastornos de ego.

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Como lo relata Orwell en «Rebelión en la granja», las falsas promesas derivan en represión. (Foto: Flickr)

Mi amigo Asier Morales Rasquín señalaba recientemente en su columna del PanAmPost que la conducta de políticos que juegan con los temores de la población impulsando soluciones falsas a problemas reales es psicopática. Morales es Psicólogo clínico con varias maestrías y amplia experiencia, además de egresado de un programa de estudios superiores en economía con mención en teoría del capital y teoría del ciclo económico. Cuando afirma que una política económica es una solución falsa que empeorara un problema en lugar de resolverlo, lo hace como un calificado estudioso de la teoría económica, tanto como cuando explica mediante la Psicología aquellas conductas.

La inviabilidad del socialismo

Que el socialismo es un sistema económico inviable condenado a prolongarse mediante el parasitismo y la explotación para finalmente colapsar, es un hecho bien explicado por la teoría económica desde principios del siglo pasado –algo que economistas socialistas han pretendido falsamente refutar mediante subterfugios teóricos inconsistentes y trucos propagandísticos deleznables–  que todos los experimentos socialistas de la historia –de 1534 a nuestros días– han dejado claro para en todos y cada uno de los casos en que se intentó realmente. Se trata de experimentos insensatos que han ocasionado más sufrimiento, miseria y exterminado más víctimas inocentes que ningún otro en la historia. Negarlo (e insistir tercamente en lo imposible, una y otra vez, con total indiferencia por la destrucción material y moral que en todos y cada uno de los experimentos previos asesinó a cientos, miles o millones, según el alcance criminal de cada caso) es más que un error y peor que una insensatez: es un crimen moral.

La locura socialista

La conducta psicopática del gobernante –o del político que a ello aspira– antes mencionada es casi inconcebible fuera del amplio catálogo de ideas falsas del socialismo en sentido amplio. Serán casi siempre falsedades socialistas las que hagan posible al gobernante psicopático –el que logra sus fines a costa del daño a inocentes mediante la manipulación de la ignorancia y el temor–. Existe una razón para ello: la razón es que la idea misma del socialismo puede y debe ser definida como una forma de locura. La locura la define el diccionario de la RAE como privación del juicio o del uso de la razón. Sin juicio ni uso de razón se llega necesariamente a una desconexión de la realidad externa, física y social. El término «locura» implica que alguien perciba o construya mentalmente una realidad falsa por la que guíe su conducta en el mundo real. Sea la locura producto involuntario de una enfermedad o decisión voluntaria, lo cierto es que ese crimen moral de la insistencia en el error socialista es una forma de locura, una muy ampliamente extendida.

Una patología social

Hay dos grandes subconjuntos de socialismos. Los que tienen el poder y los que luchan por alcanzarlo. No olvidemos que los socialistas entienden por “alcanzar el poder” mucho más que el ejercicio –temporal o permanente– del gobierno de Estado. El poder que buscan es el de rehacer completamente el orden social –de cada consciencia individual a la totalidad de las relaciones de producción y consumo– por un ideal de igualitarismo colectivista que exige destruir todo –hasta los cimientos la cooperación social y la tradición moral– para finalmente imponer sobre las ruinas materiales y morales el más completo, gris y miserable totalitarismo.

Orwell logró en una fábula moderna –Rebelión en la granja– mostrar la realidad tras la falsa promesa socialista, desde la miseria, explotación, propaganda y represión omnipresentes, hasta la última y más descarada mentira en nombre de la que se ha sacrificado a millones, la de una igualdad en que finalmente algunos serán “más iguales que otros”. Los animales de la granja animal le creen al profeta del “animalismo”, el cerdo mayor. Por ello, elevan al poder a los cerdos y se condenan a sí mismos a una espiral de locura mortal bajo el control totalitario del peor cerdo psicópata. Lo que ilustra incluso que inevitablemente serán los peores los que gobernaran en la locura.

Las siete formas de la locura socialista

Con profundo y justificado pesimismo sobre los españoles de su tiempo –previo a la locura del experimento totalitario del frente popular que ocasionó el baño de sangre de la guerra civil y concluyó en el duro mal menor del prolongado autoritarismo que la ganó– Pio Baroja los clasificaba en siete categorías:

  1. Los que no saben;
  2. los que no quieren saber,
  3. los que odian el saber;
  4. los que sufren por no saber;
  5. los que aparentan saber;
  6. los que triunfan sin saber y;
  7. los que medran gracias a lo que los demás no saben.

Estos últimos, concluía Pio Baroja, se llaman a sí mismos políticos a veces hasta intelectuales.

Son también las siete formas del ser socialista –todo socialista entra en una o en varias– porque se trata de negar la realidad. Saber no es otra cosa que comprender y explicar la realidad. Cuando prevalecen tales insensateces, el socialismo triunfa en las mentes. Estamos ante una sociedad condenada que irá, tarde o temprano, a la destrucción y miseria material y moral, mediante la envidia y resentimiento triunfantes en búsqueda del totalitarismo a través de una orgía de destrucción y muerte. Sabemos que tal infierno será minimizado, justificado, defendido, ocultado y finalmente encubierto tras infinidad de mentiras compartidas por los socialistas que en todo el mundo buscan eso –y no otra cosa– en su locura. Esta locura está dotada de una ideología criminal, para mediante la mentira extender la destrucción para alcanzar el poder y materializar el infierno en la tierra. Ser socialista es prometer el cielo para traer el infierno. Creer que es otra cosa y apoyarlo negándose a verlo como es en realidad, también es una forma de locura socialista, la de los tontos útiles sin los que el socialismo poco o nada lograría.

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Podemos: un Estado dentro del Gobierno / Podemos: a State within the Government

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Los comunistas avanzan a toda velocidad en la constitución de ese Estado paralelo que ha empezado, siguiendo la lógica leninista, por donde es más fácil derribar el Poder enemigo, es decir, el régimen constitucional.

Por

Las respuestas al ataque de Podemos a la administración de Justicia y no sólo a la sentencia que condena a Isa Serra por agredir a la policía y por atacar a una agente con feroces insultos heteropatriarcales -«puta, hija de puta, zorra, cocainómana, que os folláis a los policías, si tuvieras un hijo con una pistola tendría que pegarte un tiro en la cabeza»-, demuestran que jueces, medios y partidos políticos siguen sin entender absolutamente nada sobre la naturaleza ideológica y la estrategia política de Podemos, es decir, del comunismo instalado en el Gobierno, pero no como otro Gobierno, sino como otro Estado, como un Poder paralelo que sólo reconoce su propia ley.

Es lo que desde Lenin hasta Chávez suele llamarse «poder popular». Es lo que gritaban los primeros podemitas: «¡Forjar, crear Poder Popular!», y siguen gritando los grupos que desfilan de forma paramilitar en Madrid exhibiendo banderas rojas, al modo de Sendero Luminoso o de las FARC. Lo importante es entender que, en estricto marxismo leninismo, se trata de una estrategia que actúa simultáneamente por abajo, mediante la violencia de «las masas» dirigidas por el partido, y por arriba, en las instituciones que se pueden corromper y, si no, a las que se debe implacablemente combatir.

La literalidad del tuit de Iglesias

Pero ni las asociaciones de jueces, ni el CGPJ ni siquiera los medios de comunicación han entendido que en su ya famoso tuit, Iglesias no decía nada sobre la independencia de los jueces, algo en lo que insistía su esbirro mediático Echenique, o el separatista catalán Assens, sino algo mucho más grave: el Vicepresidente mentía de forma descarada y calumniosa sobre la sentencia que ha condenado a Serra por dos delitos y una falta como hechos probados y cometidos contra el cumplimiento de una orden de desahucio, que en España, a diferencia del «Exprópiese» de Chávez, necesita esa orden judicial. Y agredir a una fuerza policial en funciones de policía judicial es atacarla dos veces: una, como fuerza del orden para imponer que se cumpla una ley; otra, como encarnación uniformada de esa ley, a la Ley misma.

Podemos, como buen partido leninista, ha sido siempre violento. Además de los elogios a Lenin, Stalin, Guevara, Chávez y demás asesinos de masas, recuérdese el «jarabe democrático» que prescribía el Doctor Iglesias Escrache a las derechas -Soraya, impidiendo que durmiera su bebé- o izquierdas -Rosa Díaz, González, a los que impedía hablar en el «soviet de la Complu», como le llamaba graciosamente Rita Maestre en La Tuerka. La obsesión genital del caudillo podemita se manifestaba en esos días elogiando al golpista y genocida Chávez como «demócrata con agallas», variante bolivariana de la «democracia orgánica» del franquismo que tan fervorosamente defendió su abuelo en muchos libros, tras evitar la condena a muerte por su actividad chequista haciendo «desaparecer» a dos personas. Si no la adjetivan, a algunos la palabra democracia les parece intolerable.

Pero ¿ha atacado realmente la independencia judicial, ha negado la separación de poderes el vicepresidente del Gobierno Iglesias Turrión? No. Ha hecho algo menos y algo más. Implícitamente ha negado las dos cosas, pero puede alegarse que se trata de una crítica como las que el Gobierno de Rajoy, Ciudadanos, el PSOE, Bildu y Podemos hicieron a la sentencia de La Manada o el Caso Juana Rivas, ese populismo punitivo que impregna la nueva «Ley contra la Libertad sexual» de Irene Montero, pareja de Iglesias.

Lo que ha dicho exactamente Iglesias en su tuit es esto:

«Las sentencias se acatan (y en este caso se recurren) pero me invade una enorme sensación de injusticia. En España mucha gente siente que corruptos muy poderosos quedan impunes gracias a sus privilegios y contactos, mientras se condena a quien protestó por un desahucio vergonzoso.»

No son todos independientes

El vicepresidente del Gobierno miente a sabiendas, figura clásica de la prevaricación, porque Isabel Serra no ha sido condenada por oponerse a un «desahucio vergonzoso», sino por agredir e insultar a la policía cuando trataba de ejecutar una orden judicial. Hubo dos heridos, hay grabaciones inequívocas y se consideran hechos probados los violentos que protagonizó Serra, candidata del sector de Iglesias a la presidencia de la Comunidad de Madrid y también encausada por quemar un cajero automático. Lo pasmoso es que nadie dice que Iglesias ha mentido, sino que ataca la independencia de los jueces y la separación de poderes. Yo creo que, sin pretenderlo, y tal y como decían los españoles antiguos, «ha sacado, de mentira, verdad».

Y la verdad es que la justicia en España, al máximo nivel, no es ni puede ser independiente por la politización a que ha sido sometida desde la Ley Orgánica del Poder Judicial de 1985, obra de González y celebrada por su vicepresidente Alfonso Guerra con la frase «Montesquieu ha muerto». Ha sido la clase política, con el PSOE y el PP a la cabeza, la que se ha repartido y se reparte los cargos en los máximos tribunales, mediante el CGPJ o directamente en el Supremo y el Constitucional. Pero eso es lo que reclaman precisamente los podemitas, que Casado permita quitar a Lesmes de en medio para que haya una mayoría social-comunista que coloque a sus jueces afines, que andan merodeando como lobos por las bardas del corral.

Lo que han dicho Iglesias y sus esbirros tuiteros es que Lesmes y el CGPJ es ilegítimo como lo es cualquier justicia «que sirva a la Derecha». No niegan que sean independientes, sino que no sean sus independientes. En cuanto a la separación de Poderes, ¿de qué Poderes hablamos, cuando la Ley de Violencia de Género, la de Memoria Histórica o la de Libertad Sexual niegan las bases mismas de cualquier Estado de Derecho, desde la presunción de inocencia, la necesidad de la prueba o la libertad de opinión?

Sacar, de mentira, verdad

Los jueces, paradójicamente, han salido a defender lo que menos defensa tiene, y no han defendido la verdad y lo justo del procedimiento en el caso de esa sentencia. Lo más grave, prueba de hasta qué punto Podemos ha invadido ya una institución tan importante como el Gobierno, es que en vez de censurar la agresión, porque lo quiere ser, de todo un Vicepresidente contra una resolución judicial, recurrible sin necesidad de ser tergiversable, el Gobierno en pleno se haya solidarizado con la condenada Isabel Serra y no con la condena, y que, como recordaba ayer Javier Gómez de Liaño, los tres jueces y ex-miembros del CGPJ que forman parte del Gobierno no se hayan atrevido a discutir la actuación de Iglesias, su Partido y su Partida.

La Partida, evidentemente, es la del prevaricador Baltasar Garzón, expulsado de la carrera judicial, miembro egregio de las cloacas judiciales y policiales, íntimo de la exministra de Justicia y ahora Fiscal General del Estado y cabecilla del Juzgado Popular Paralelo de La Sexta, junto a otros miembros de la izquierda judicial jubilada o del Rastro de rábulas togados.

El comunismo avanza rápidamente

Han hecho contra las asociaciones judiciales lo mismo que Maduro con la Asamblea Nacional: como no podía con ella, creó otra paralela a sus pies. Y no faltarán Zapateros, que a comisión o por sectarismo ideológicos, les bailen el agua. Pueden decir que hay «opiniones distintas en el mundo judicial», aunque no sean comparables ni en cantidad ni en calidad, porque el efecto es el mismo: el doble Poder, el de un orden legal opuesto al de los que administran la Ley, es decir, un Poder Popular al que se oponen ciertos poderes ancestrales, hijos de la corrupción, el privilegio… y el franquismo.

Los comunistas avanzan a toda velocidad en la constitución de ese Estado paralelo que ha empezado, siguiendo la lógica leninista, por donde es más fácil derribar el Poder enemigo, es decir, el régimen constitucional. Y el punto más débil del régimen es, precisamente, este maldito Gobierno.

Estadozepam, el peligro de calmarse con mentiras / Estadozepam, the danger of calming down with lies

En tiempos de crisis, las personas nos inclinamos a una de nuestras drogas de preferencia: la intervención estatal.

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Podemos entender el estatismo como un modo de funcionamiento que emula el de los ansiolíticos. (Foto: EFE)

«Que no te duerman con cuentos de hadas».
Joaquín Sabina

Una curiosa y frecuente inclinación a abandonar la construcción de soluciones en manos de la burocracia, se ve complementada por la propensión a desear orientar los parámetros de la misma, según nuestras propias fantasías.

Entre los deportes más populares, cuando menos en América Latina, se encuentra discutir cuáles deberían ser las medidas correctas a tomar por los gobernantes. Desde luego ellos no conocen la respuesta y nosotros tampoco, pero, como sucede con los aficionados a los deportes, le indicamos al televisor apasionadamente lo que hay que hacer:

Deberían restringir la movilidad completamente.

Habría que implementar un programa para desinfectar a todos los que salen a la calle.

Tal vez haya que construir cárceles más grandes, para separar a los privados de libertad, sin soltarlos.

En béisbol a esto se le llama mánager de tribuna. «Todos son generales después de la batalla», es otra expresión que también aplica en este tipo de casos. Desde la cómoda imaginación resulta barato comentar lo que evidentemente hay que hacer.

El problema es que siempre debe ser alguien más quien ejecute las acciones. Las vías para que nuestras indicaciones se implementen no merecen construirse. Son apenas ilusiones que debería ejecutar el comodín discursivo que representa el Estado.

Estadozepam
El Estado podría entenderse como una especie de benzodiazepina. Este es un grupo de psicofármacos utilizados para el tratamiento de síntomas de ansiedad, depresión e insomnio. Algunas de las más conocidas son el bromazepam, clonazepam, lorazepam, diazepam.

Los psiquiatras describen los efectos de estos medicamentos de manera técnica: son sedantes, hipnóticos y ansiolíticos. Para quienes no los conocen, eso se traduce en mucho sueño y cierto mareo, capaz de aliviar la sensación de nerviosismo relacionada con la ansiedad, ayudando a dormir.

Todos hemos vivido situaciones de ansiedad importante, de manera que cabe incluir una curiosidad popular: ¿por qué no usamos benzodiacepinas en cualquier situación de incomodidad?

Podemos entender el estatismo como un modo de funcionamiento que emula el de los ansiolíticos; me refiero a una peligrosa e infundada confianza en que todo estará bien gracias a la existencia del estado, que se encargará de resolver problemas, como los que atravesamos actualmente.

El Estado comodín

No hace falta que la exigencia por remedios mágicos a circunstancias apremiantes nos inunde de vergüenza. Como tampoco es una deshonra requerir la ocasional colaboración de un profesional de la salud mental o de medicamentos de ese ramo. La necesidad de respuestas es comprobadamente humana y natural. A la mente no le gusta soportar la tensión que representa un problema constantemente abierto, una situación que no se soluciona. Automáticamente pasa a imaginar algo que cierre la gestalt y la desesperación ayuda a no ser demasiado exigente con las propuestas.

A todos nos sucede en momentos en los que las dificultades lucen avasallantes. Cuando hay un desastre natural, una guerra, un quiebre económico, un cambio involuntario de perspectiva, un fracaso fundamental. En estas situaciones, el ser humano vuelve a entrar en contacto con su fragilidad más original, con las paredes que demarcan el fin de sus capacidades.

Se trata de circunstancias en las que nos falta la dirección que lleva a la tranquilidad. Podemos imaginar la calma, sin dar con la forma de llegar a ella. Alguien más debe conocer cómo lograrlo. ¿Quién? Si este escrito fuese unos quinientos años más joven -o tal vez menos- la respuesta general sería Dios. Hoy, usando un método semejante respondemos: “el Estado”.

La superstición se reubica sin cambiar

El gesto de desesperación, que clama por una respuesta existencial desde un plano trascendente, está devaluado en nuestros días. Sobre la base de nuestra postura moderna y científica juzgamos tal gesto inferior, supersticioso o primitivo. No obstante, cubierto de gratuita prepotencia, el fondo del asunto se mantiene intacto.

Así, el conflicto que lleva a la desesperación sigue formando parte de nuestras dinámicas, la diferencia es que ahora son un poco más solitarias y avergonzantes. No solo “la pobreza es pudorosa” (como diría recientemente el actual Papa peronista), la impotencia lo es más aún.

Lidiamos con nuestra minusvalía clamando al estado, confiando en él, albergando la peregrina fantasía de que algún funcionario está haciendo “lo que se debe”.

Cabría suponer que una esperanza injustificada también podría activarse en tono capitalista: confiar en que alguna empresa resolverá el problema. Sin ser infalible, esta idea estaría mucho más conectada con la realidad, pues tal empresa no ofrecería una solución solo por su buen corazón, sino para conseguir beneficios en el camino.

De nuevo, sin representar tipo alguno de garantía, los mecanismos del mercado invitan a los participantes a idear y proponer opciones. Estas serán mejores o peores, egoístas o no las intenciones de sus participantes, pero el talante general con el que se enfrentan las dificultades es activo y participativo.

Estaríamos confiando en la posibilidad de nuestros semejantes, cuando nosotros no conseguimos respuestas y en la colaboración espontánea susceptibles de aparecer, con mayor eficiencia, en los sistemas de mercado.

Por esta vía, elaborar alternativas para conseguir remedios reales dejaría de ser cíclico, sintomático e infértil. Se trataría de poner en práctica ideas, arriesgarse a fallar; implicaría trabajar y hacerse responsable del resultado.