Etiqueta: MULTA

JUBILADOS.

 

La gente que todavía trabaja me pregunta a menudo qué hago cada   día, ahora que estoy jubilado…
Pues bien, por ejemplo, el otro día fui al centro y entré en una tienda a recoger una cosa, sin tardar en la gestión ni cinco minutos.

Cuando salí, un policía municipal estaba rellenando una denuncia por estacionamiento prohibido.
Rápidamente me acerqué a él y le dije:

¡Venga hombre, que no he tardado ni cinco minutos…! Haría usted bien si hiciera un pequeño gesto para con los jubilados…

Me ignoró olímpicamente y continuó cumplimentando la denuncia.
La verdad es que me pasé un poco y le dije que no tenía vergüenza, me miró fríamente y empezó a rellenar otra denuncia, alegando que, además, el coche llevaba los neumáticos en mal estado.

  Entonces levanté la voz para decirle que me había percatado de   que estaba tratando con el rey de los tontos del culo, que cómo   le habían dejado entrar en la Academia de Policía….

  Él acabó con la segunda denuncia, la colocó debajo del   limpiaparabrisas, y empezó con una tercera.

  No me achiqué y estuve durante más de 20 minutos llamándole   de todo. Él, a cada insulto respondía con una nueva denuncia.

  ¡Suerte que había ido en autobús!

  Desde mi jubilación, ensayo cada día cómo divertirme un poco.

  Es importante a mi edad.

EL CURIOSO CASO DEL INSPECTOR DE HACIENDA Y LAS SERVILLETAS.

 

Hace años conocí el caso de un retaurante que se acogió a la tributación directa (ingresos menos gastos) y  que al estar en un medio urbano de pequeñas dimensiones utilizaba una técnica muy simple para defraudar: las facturas que daba a los conocidos no las contabilizaba, y las que daba a los desconocidos, iban íntegras la contabilidad. De ese modo, no corría el riesgo de que un día se sentara a su mesa un inspector de Hacienda y comprobase luego que la factura que le habían dado no aparecía en ninguna parte.

El caso es que debía de declarar muy pocos ingresos, y tras varios años de consecutivios de pérdidas, la cosa empezó a resultar rara. Las ciudades pequeñas tienen también ese inconveniente: que todo el mundo sabe qué negocios funcionan y cuales están vacíos, y además no es normal perder dinero siempre o ganar un sueldo de miseria a cambio de una inversión como la que requiere un restaurante.

Finalmente, un inspector de Hacienda amigo mío se presentó por allí y le pidió toda la contabilidad de los últimos tres ejercicicios, esperando encontrar más patatas comnpradas que vendidas, o más carne comprada que platos servidos. Pero no fue así: el dueño del restaurante tenía buen cuidado de aprovisionarse por los pueblos o en mercados a particulares donde lo trataban como a un cliente más, y sólo una parte de lo que compraba aparecía facturado por proveedores.

Mi amigo el inspector seguía sin creérselo. Pidió los recibos de la luz y el consumo era alto, pero eso no probaba nada. Tantas vueltas le dio, que al final lo encontró: el dueño del restaurante había declarado cuatro mil comensales en un año y la factura de la lavandería indicaba que se habían lavado veinte mil servilletas y siete mil manteles. ¿Le pone usted cinco servilletas a cada cliente? No, ¿verdad? Pues palo que Dios te crió.

Por eso, posiblemente, se ven ahora tantos restaurantes con servilletas y manteles de papel.

O eso desconfiamos algunos, aunque seguramente no sea por eso.

FUENTE: Trincado AQUÍ