Albert Rivera ha dicho que «los españoles no se merecen» el acuerdo de Rajoy y Sánchez para que recomience el golpe de Estado ese Hitleret que llama «bestias» a los catalanes y otros cuatrocientos cincuenta millones más que en el mundo hablan español. Cierto. Por eso los españoles dejan en masa de votar a los partidos que han usufructuado el régimen constitucional durante cuarenta años. Ahora, en el momento más grave de la historia de España desde 1936, Rivera debe demostrar que merece ser el presidente de esos españoles traicionados por los que, ante el requetegolpe de Estado, huyen en desbandada camino de unos jueces a los que Catalá y Robles ya han apuñalado preventivamente, por si Torra accediera a disimular un añito.
La parte de representación o parlamentaria ante el requetegolpe ya la ha desempeñado magníficamente Ciudadanos. Es difícil hacerlo mejor que Inés Arrimadas en las sesiones de investidura del que nos llama «bestias», sin que se inmuten esos medios de comunicación catalanes apesebrados y golpistas. Torra presume también de que toda su familia, como pidió en un tuit, es parte de los CDR, esos matones que agreden a los que en Cataluña se oponen a la dictadura xenófoba de un nacionalismo que, al fin, muestra su verdadera faz. También ha negado la legitimidad de su propio nombramiento, al reconocer que es otro y no él, pese a haberlo votado el parlamento regional, el presidente legítimo: el forajido, archicobarde y requetegolpista Puigdemont. También ha dicho que repondrá al paramilitar golpista Trapero -que debería estar en la cárcel- al frente de los 17.000 mozos de escuadra que son los que han de enfrentarse a tiros con la policía, la guardia civil y el ejército español. Y, por supuesto, ya ha dicho que a ver qué día decae el 155 y le dan la llave de la caja para refinanciar el requetegolpe, o sea, el enfrentamiento civil.
Ese dinero es el de los futuros Presupuestos del Estado, que serían los del requetegolpe pactado por Rajoy con Urkullu y sus borrokas. Y Rivera no debería votarlos jamás. Si Sánchez, que participa plenamente del proyecto golpista catalán en la Comunidad Valenciana y Baleares, quiere votarlos, que lo haga. Los españoles no merecemos que Rivera también nos traicione. Aunque no sea por patriotismo sino por interés, debe romper ya con Rajoy.
El Gobierno de Mariano Rajoy y el PSOE de Pedro Sánchez se han puesto su mejor traje de hombres de Estado y han pactado que aplicarán el 155 en según qué circunstancias y con según qué alcance. Sus voceros justificarán la alianza en la gravedad de la situación. Nadie duda de esa gravedad. De lo que cabe dudar, y mucho, es de las intenciones de estos dos necios arrogantes. Si efectivamente Pedro Sánchez percibiera la gravedad de la situación que atraviesa España, habría ayudado al Gobierno en la tramitación de los presupuestos generales a fin de evitar el chantaje del PNV. Y si efectivamente Mariano Rajoy hubiera sido consciente de los peligros que acechan a la nación, jamás se habría sometido a la extorsión de un partido cuyo objetivo es destruirla. No sólo: si de verdad tuvieran tan clara la necesidad de colaborar, lo que harían sería formar un Gobierno de coalición y arremeter unidos con toda la fuerza del Estado contra quienes quieren romper España.
Nada de eso hay porque el peligro que perciben Rajoy y Sánchez es en realidad el mismo que empujó a los nacionalistas vascos a votar los presupuestos. Ese peligro se llama Ciudadanos. Los acuerdos a los que llegaron este martes Rajoy y Sánchez no tienen por objeto pactar una estrategia con la que hacer frente a los futuros desafíos de la Generalidad. Su razón de ser es aislar a Ciudadanos. Y la prueba está en la invitación a Pablo Iglesias que el pacto incluye. Tal invitación es absurda, toda vez que el invitado es el responsable de que su franquicia en Cataluña entregara la presidencia del Parlamento catalán a los soberanistas. Esto es así porque el pacto no está dirigido contra Torra, sino contra Rivera. Su propósito es demostrar al electorado que el partido naranja sufre un ataque de histeria, sobreactúa y está contraindicado para combatir el independentismo catalán. El mensaje es que los soberanistas sólo pueden ser vencidos con mesura y sosiego y no con la ansiedad y precipitación que empapan las propuestas de Ciudadanos. De manera que Rajoy y Sánchez no se unen para salvar España sino para salvar sus antifonarios. Es para este elevado fin para el que hay unidad.
Es evidente que Rivera cometió un gravísimo error cuando se permitió apoyar la ley de presupuestos junto con el PNV, pues eso lo convirtió en cómplice del chantaje. Quizá creyó que no debía desdecirse o le pudo más colgarse las medallas de las medidas que había logrado introducir en ellos. Sea como fuere, el caso es que hoy por hoy representa al único partido que cree que, mal que bien, la unidad de España es un bien a preservar. Lo que Rajoy y Sánchez pretenden en definitiva es destruir la única esperanza que les queda a quienes creen que merece la pena tratar de impedir que España se rompa, aunque sólo sea para proteger la libertad de los españoles que se tienen por tales y que viven en Cataluña.
Rajoy, el Judas de este viacrucis, tiene, como dijo Catalá del juez González, un problema singular: se llama España. Para tirarse un año más a la bartola en la Moncloa, está dispuesto a entregar, troceado y barato, el Estado. No lo permita la Nación.
Mariano Rajoy quiere alargar un par de años su estadía en la Moncloa, pese a carecer de mayoría parlamentaria, de proyecto político y de partido, porque el PP se va hundiendo mientras su líder, encaramado a sus hombros náufragos, mantiene la cabeza fuera del agua. También cabe verlo como un barco que se va inexorablemente a pique y prolonga su agonía echando al mar cualquier cosa que permita aligerar su peso, en vez de subirse a un bote y tratar de salvarse antes de que el postrer remolino se lo trague.
Esta semana hemos visto el precio de ese empeño en estar a costa de no ser, que después de siete lustros en política, debería haber colmado su ambición: ponerse en manos de los enemigos de España el tiempo que permanezca en el Poder, conscientes, él y ellos, de que nada puede convenirles más que un Presidente del Gobierno dispuesto a vender el Gobierno a cambio de presidir lo que sea.
Una triple infamia: la ETA, el Prusés y Catalá
Tres son los episodios que prueban, más allá de toda duda razonable, ese empeño de Rajoy de aguantar como sea, a costa del régimen constitucional: 1) la pantomima de cambio de local, que no de actividad, de la ETA, protagonizada por el asesino Ternera, interlocutor protegido -CNI mediante- de los gobiernos de Zapatero y Rajoy; 2) el apoyo a la formación de cualquier gobierno golpista en Cataluña con tal de que no lo presida -aunque pueda formalmente tutelarlo- Puigdemont; y 3) el ataque calumnioso, personal y profesional, del Ministro de Justicia a un juez cuya honradez intelectual le ha hecho acreedor de una típica campaña totalitaria de asesinato civil a manos de la horda femirroja, podemitarra, respaldada por el cadalso mediático que dirige la Sexta y seguida por la recua que conforma el albañal audiovisual y al que obedece el rebaño del bien llamado «espectro político».
Hemos visto cómo se regala a los etarras las dos piezas que siempre reclamaron para dejar de matar españoles: Navarra y la suelta de sus presos. Y ambas cosas las ha asegurado públicamente Urkullu, paseando con Barcos y asegurando en El País que Rajoy e Instituciones Penitenciarias son «sensibles» a la situación de los asesinos etarras. Vamos, que los sueltan ya.
Pero esa suelta de los pistoleros del separatismo etarra es el prólogo y garantía de que los presos catalanes por el golpe de estado del 1 de octubre seguirán la misma suerte. Para eso hacen falta dos cosas: que haya Gobierno en Cataluña, todo lo separatista que quiera, pero que permita archivar el 155; y una presión implacable a los jueces hasta plegarse a lo que ya no sería un golpe de Estado en dos frentes, vasco y catalán, sino del propio Gobierno, que, contando con la inmensa batahola de medios comunistas y separatistas, con el aplauso entusiasta de la Izquierda, la mudez de la Derecha y la memez del Centro, acabaría sometiendo a jueces y tribunales a lo que el PSOE llama el «Veredicto Popular«, que estaría muy, muy por encima de la Constitución.
Esa es la función de los dos asaltos a la independencia judicial que ha perpetrado en apenas dos semanas el Gobierno. El primero, fue contra el juez Llarena, al que quiso imponer a través de la Fiscalía General del Estado la suelta de Forn, primer favorecido con una política penitenciaria «sensible» a la situación de los presos golpistas hasta «normalizar» la violencia callejera y poder lavarse las manos de la responsabilidad del 155, que moriría inédito.
El segundo asalto lo perpetró el mismísimo Ministro de Justicia contra el juez González, y ha sido tan escandalosa la forma de agredirlo en lo personal y despreciarlo en lo profesional que ha conseguido movilizar en su contra a todas las asociaciones de jueces, y de fiscales, menos una. Y no se sabe si el milagro se debe al decoro profesional, a la humillación corporativa o a que han adivinado que, tras dejar en manos del Poder Judicial la inmensa y honrosa responsabilidad de proteger a la Nación y su Estado de Derecho, ahora el Ejecutivo de Rajoy, con un amplio respaldo del Legislativo, quiere quitarles aquella «patata caliente» para zampársela asadita con los golpistas.
España, Italia, la ETA y la Mafia
Los tres movimientos –el pacto con la ETA, el apoyo al golpismo light y el acoso a los jueces molestos– tienen el mismo objetivo político: asegurar a Rajoy la supervivencia durante el resto de la legislatura, mediante la alianza más abyecta que haya hecho nunca un Gobierno de España: con los partidos y organizaciones criminales que nacieron y viven para destruirla. Es como si en Italia formara Gobierno el izquierdista Grillo con el apoyo parlamentario de la fascio-separatista Liga Norte y el callejero de la Mafia y la Camorra.
Este es el proyecto de supervivencia político-personal de Rajoy: de momento, llegar a las elecciones municipales, autonómicas y europeas de 2019; y después, prorrogando los Presupuestos, hasta las Generales de 2020. Cuenta, como expuso obscenamente el portacoz del PNV, con el apoyo del separatismo vasco, para retrasar todo lo posible la llegada deRiveraal Poder. Y con el separatismo vasco, que de nuevo toma la delantera, pero siempre coordinados, el separatismo catalán, para el que de inmediato se negociará otra salida «sensible» para los presos, antes de que Rivera pueda impedirla. No es seguro que se atreviera a hacerlo, pero, por si acaso, mejor asegurarlo con un muerto en Moncloa que con un rivales que ambicionen hacer Historia.
Ante este plan de Rajoy tan rastrero como evidente, que es también el de la ETA, el PNV, los separatistas catalanistas y los comunistas podemitas, Rivera puede quitarle su apoyo parlamentario y forzar elecciones generales. Aparentemente, eso no le conviene nada desde una perspectiva partidista, ya que está recibiendo un alud de votos del PP y una inundación del PSOE. A este paso, en nueve meses, arrasaría, consolidaría bastiones de poder local y regional y se presentaría ante las generales con todos los triunfos en la mano. Como ese voto de rechazo a los dos grandes partidos lo recibe por parecer un partido formal, para defender las instituciones y evitar revoluciones, sería difícil, aunque creo que no imposible, explicar por qué derriba al Gobierno. Entiendo que, hoy por hoy, Rivera se plantee, sobre todo, no cometer errores. Cuantos más votos y escaños obtenga, con esta táctica, mejor podrá en el Gobierno deshacer las fechorías que perpetren Rajoy y sus aliados satánicos.
Rivera puede encontrarse una España intransitable
Sin embargo, ese planteamiento tiene un defecto: olvida al enemigo. Precisamente por temor a Rivera y confianza en la inerme doblez de Rajoy, sus aliados de fortuna, separatistas y comunistas, llevarán todo lo lejos que puedan el proceso de desmantelamiento del régimen constitucional de 1978. Y en ese proyecto, que es el de la Ruptura, la condena de la Transición y el plebiscito de una República Confederal con derecho a la autodeterminación de los territorios que la integren, van a contar con el PSOE dePedro Sánchez.
Sin apenas darnos cuenta, hemos entrado en una época de «gimnasia revolucionaria«, que así llamaba el faísta García Oliver -y gusta repetirPablo Iglesias– a la violencia callejera para ensayar el golpe final revolucionario. Con la careta del feminismo batasuno, la violencia callejera de los CDR o las procesiones de entronización de asesinos etarras, lo que cada día nos sirven unos medios audiovisuales tan demagogos, sectarios y avariciosos que ya sólo les falta rifar asesinatos en directo dizque para ayudar a niños etíopes, es el desprecio de los jueces en particular y la Ley en general, mientras se exalta la violencia callejera como expresión directa de la Voluntad Popular.
Ese calentamiento de las masas brutas y ese acostumbramiento de las blandas a la brutalidad, ya lo vivimos una vez, del 2002 al 2004, con las grandes movilizaciones del Prestige y la Guerra de Irak que desembocaron en los terribles días del 11M al 14M, en especial el cerco a las sedes del PP el 13M, cuando empezó a cambiar, o sea, a descarrilar, la Historia de España. El proceso de vuelta a la Guerra Civil, a la división social por sexos y lenguas que empezó Zapatero, está alcanzando con Rajoy un punto de no retorno. No podemos confiar en los dos grandes partidos, que son parte del problema, ni fiarlo todo a Ciudadanos, inédito en la gestión y aún gateante en la política.
La Nación, al rescate del Estado
Las únicas instituciones que, frente a la defección del Gobierno y la Oposición, y bajo unos medios audiovisuales corruptos, comunistas y golpistas, han demostrado capacidad de resistencia frente al reto separatista y la descomposición de España son la Corona, la Nación y la Justicia. Deben movilizarse antes de que esta política torva y a traición parezca irreversible.
Digo parezca. Para que el sórdido egoísmo de la Derecha y la siniestra idiocia de la Izquierda triunfaran haría falta que los españoles admitiéramos que no valemos para estar juntos y que aceptamos, so capa de autonomías, privilegios feudales, fronteras lingüísticas e inquisiciones sexistas. Puede que nuestros enemigos triunfen, pero no les será fácil. Rajoy, el Judas de este viacrucis, tiene, como dijo Catalá del juez González, un problema singular: se llama España. Para tirarse un año más a la bartola en la Moncloa, está dispuesto a entregar, troceado y barato, el Estado. No lo permita la Nación.
Observen al independentismo y se asombrarán de como se parece cada día más a los nazis. Ahora están en la etapa de prudencia y cautela, escondiendo su odio extremo y ansias de enfrentamiento. No haber actuado con contundencia trae estas consecuencias. La cobardía, la hipocresía, el olvido del bien común y los pactos y negocios ocultos con los nacionalistas catalanes, realizados desde hace décadas por los gobiernos del PSOE y el PP, nos han traido hasta esta situación presente, peligrosa y desquiciante.
Han negociado, han cerrado los ojos ante el adoctrinamiento y la siembra del odio en Cataluña, les han dejado robar a mansalva, han antepuesto sus intereses de permanencia en el poder al bien común, han traicionado a España y a los españoles y nos han creado el actual drama catalán con una frivolidad y estupidez supinas.
Ahora han aplicado mal, tarde y pidiendo perdón el artículo 155 y han convocado elecciones de manera precipitada, para simular un amor a la democracia que no tienen. Tenían que haber dejado pasar el tiempo hasta que los procesos judiciales terminen y los culpables de la rebelión fueran condenados. La convocatoria urgente de elecciones por parte de Rajoy ha sido una frivolidad nociva para España.
La cobardía de nuestros gobernantes y su impericia provoca que los radicales se crezcan y que los independentistas mantengan la esperanza de lograr su república. Todo nuestro Estado está cometiendo el pecado de la frivolidad atontada y blandengue. Son mamarrachos en acción.
España necesita un gran estadista en lugar de corruptos acobardados y egoístas. Necesitamos un Winston Churchill de Albacete, de Granada, de Asturias o de cualquier otro lugar saneado de España.
El Grupo Libertad Digital ha brindado al presidente del Gobierno todo nuestro apoyo para que con la Ley en la mano, con todas las fuerzas armadas del Estado y con la fuerza de la Nación, que nos sostiene a todos, combatiera la rebelión separatista en Cataluña y la aplastara. A lo que no tiene derechoMariano Rajoyes a decirnos que «estemos tranquilos», porque todas las veces que lo ha dicho desde que es presidente, hace más de seis años, no ha hecho nada, absolutamente nada, empecinadamente nada, tranquilamente nada, para evitar que pasara lo que dijo que no iba a pasar y ha pasado, para que no sucediera lo que no iba a suceder y que, sin embargo, con total tranquilidad para los golpistas, finalmente ha sucedido.
Un Golpe de Estado financiado por el Gobierno
Sinceramente, me hubiera gustado creer al presidente del Gobierno cuando, en el Senado, dijo «que todos los españoles y todos los catalanes estén tranquilos, porque las cosas van a hacerse bien». Pero no puedo creer a Mariano Rajoy mientras no reconozca que todo lo que él, personalmente él, obstinadamente él, ha hecho hasta ahora con respecto al separatismo catalán ha estado rematadamente mal, absurdamente mal, estúpidamente mal. Si hubiera estado bien, no tendría ahora que pedirnos tranquilidad.
Pero ningún ciudadano mínimamente pensante y medianamente decente, especies ambas desconocidas en un Gobierno cuyo ministro de Educación ha dicho a los pies de la ERC que «no hay ningún problema educativo en Cataluña», puede estar tranquilo tras ver al Gobierno de Rajoy decirnos desde hace seis años, cuando se le alertaba por todos los pasos que desde hace cinco años ha dado el separatismo catalán, que «la economía es lo único importante», que el «problema territorial» (así llaman los lerdos a la crisis nacional) se arreglaba con «diálogo y más diálogo», y que él, sólo él, astutamente él, jabatamente él, impediría «la independencia de Cataluña o de ninguna otra parte de España».
No podemos estar tranquilos, como ha pedido el presidente del Gobierno, porque Mariano Rajoy ha sido el que ha financiado desde hace cinco años el separatismo catalán a través del FLA, el que ha evitado que la Fiscalía persiguiera a los golpistas y el que, con su apresurada convocatoria de elecciones autonómicas sin ninguna garantía democrática, ha decidido, por sí y ante sí, aunque arrejuntado con Cs y el plurinacional PSOE, que las urnas son la respuesta a un golpe de Estado, que unas elecciones en una región en la que, según sus propias palabras, no hay democracia, pueden decidir el futuro de Cataluña y, en muy poco tiempo, el de España.
La soberanía no se juega en las urnas
No, no podemos estar tranquilos, como ha pedido el Presidente del Gobierno, al que queremos apoyar, porque desconocemos si Mariano Rajoy es consciente de la gravedad de esa delegación de responsabilidad que es suya, personal e intransferible, desde que juró guardar y hacer guardar la Constitución, en unos pobres ciudadanos, los de Cataluña que, según dice el propio PP, carecen de libertad, viven aterrorizados por grupos violentos que campan a sus anchas, cuando no protegidos por una policía regional abiertamente golpista y sobrecogidos ante unos medios de comunicación que, también con dinero de todos los españoles, son simples máquinas de producir odio a España, a todo lo español y a todo lo catalán que se siga sintiendo español, pese a esta sucesión de Gobiernos que sólo de forma calumniosa podemos llamar de España.
No podemos estar tranquilos, ojalá pudiéramos, salvo que renunciemos a todos los recursos, muchos o pocos, que la inteligencia nos concede, cuando vemos que el presidente del Gobierno, tras haberse escondido sucesivamente en la economía, en el diálogo con CiU, ERC y el PNV, en los jueces y los fiscales y en el consenso invertebrado con una Oposición desnortada, al llegar el momento de imponer la fuerza de la legalidad y la legitimidad frente a la fuerza golpista de la ilegalidad y la ilegitimidad, se esconde en las urnas, sometiendo de hecho a plebiscito, por sus fechas a mera lotería, nada menos que la soberanía nacional española.
No, no podemos estar tranquilos, ni apoyar -como quisiéramos- al presidente del Gobierno, cuando vemos a Mariano Rajoy jugar a la ruleta rusa de unas elecciones regionales lo que, política y legalmente, sólo puede ser interpretado como la admisión a trámite de la disolución de España si sus «nacionalidades y regiones» así lo deciden. Todo, para que el tranquilo Rajoy siga tranquilo como hasta ahora, como siempre, a costa de España.
Tal vez podríamos estar tranquilos si el presidente del Gobierno que nos pide tranquilidad no fuera Mariano Rajoy, que ha vendido, por no decir regalado, la soberanía nacional, sobre la que descansa la continuidad de la Nación, la fortaleza del Estado y la paz civil de todos los españoles, a cambio de su tranquilidad personal por un par de meses, el tiempo de llegar al sorteo de la Lotería nacional. Se quedaría más tranquilo, definitivamente tranquilo, dimitiendo, aunque de hecho, ya haya dimitido, sin que sepamos cuándo aunque empecemos a sospechar por qué. El Gordo ya le ha tocado al separatismo catalán. Los españoles, abandonados por nuestros representantes políticos, apenas podemos aspirar a la pedrea.
Señor Presidente del Gobierno: Entendemos y valoramos su viaje a los Estados Unidos para reunirse con Trump, que apoyó la unidad de España y calificó de tontos a los separatistas. Y entendemos y valoramos también la suspensión de otro viaje previsto que podrá realizarse cuando pase el meneo. Lo que no entendemos, y por ello, no podemos valorar, es su desaparición. No sabemos si está en La Moncloa, en Pontevedra, en el Camino de Santiago o en el de Santo Toribio de Liébana. De lo que no hay duda es que usted no está. Y si está, que estará en alguna parte, su obligación es dar la cara y reprimir públicamente las tonterías que están emitiendo algunos de sus ministros.
Dice el señor Guindos, el del acento pijo, que está abierto a negociar suculentas mejoras económicas para Cataluña. Es decir, que el chantaje sirve. Mañana serán los vascos, y más tarde los gallegos y los canarios, con toda la razón. El Gobierno de España está dispuesto a beneficiar a unos delincuentes que no se ha atrevido a meter en la cárcel. Y el señor Méndez de Vigo, el que se olvida de Carlos I y se acuerda de Pablo Motos, ha reconocido su plena confianza en los Mozos de Escuadra. No digo que los Mozos de Escuadra no merezcan un margen de serena confianza, pero hasta la fecha, muchos de ellos, empezando por su Mayor, el charnego vallisoletano Trapero, no han hablado y actuado con arreglo a sus deberes y obligaciones. El ministro de Cultura no puede ni debe entrar en valoraciones que corresponden al ministro de Interior, que sin hacer demasiado ruido, al menos ha cumplido con su responsabilidad mandando a Cataluña a los guardias civiles y policías nacionales. Y de esos sí nos fiamos plenamente.
Pero las palabras de Guindos, o de Méndez de Vigo o de vaya usted a saber quién, señor Presidente, siempre cobardes y melindrosas, acomplejadas y fatuas simultáneamente, no van acompañadas de la voz que esperamos. Esa voz es la suya, y no se oye. Es conveniente e imprescindible escudarse en las leyes, los fiscales y los jueces. Lo contrario sería golpear a la auténtica democracia. Pero al mismo tiempo es conveniente e imprescindible que usted, señor Presidente, hable, opine, informe, advierta, y se enfrente a una realidad que es consecuencia de los pactos a espaldas de la ciudadanía de usted, de Zapatero, de Aznar, de González y de Adolfo Suárez con los independentistas, antaño llamados nacionalistas. Excluyo a Leopoldo Calvo-Sotelo, un hombre serio sin tiempo en la presidencia del Gobierno para conceder privilegios a los traidores.
Y me permito el atrevimiento de recomendarle un gesto. Usted, señor Presidente del Gobierno, culpable de no haber ordenado el cumplimiento de las leyes durante seis años, culpable de haber reaccionado bien y tarde, cuando es mucho más asumible que el Gobierno de España reaccione bien y pronto, usted, señor Presidente, nos daría una agradable sorpresa a los españoles que creemos en nuestra unidad, nuestra libertad, nuestra Constitución y nuestras leyes, si el domingo viaja a Barcelona y sigue desde allí los acontecimientos del golpe de Estado. Y desde allí, desde Barcelona, se dirige a todos los españoles para anunciarles que el refrendo de los separatistas ha constituido un fracaso. Su integridad física estaría a salvo, por ello no se preocupe. Puede instalar su despacho de un día en cualquier edificio propiedad del Estado, incluido el Palacio de Pedralbes, reservado a los Reyes, si éstos no lo ocupan, que nada me extrañaría ver al Rey el domingo en Barcelona. El domingo se juega España muchas cosas, y los españoles necesitamos gestos para mantener la confianza. Gestos de la Corona y gestos del Presidente del Gobierno. El Rey tiene un campo de acción limitado por la Constitución, pero el de usted carece de márgenes y fronteras. El gabinete de crisis, mejor en la Delegación del Gobierno en Cataluña que en La Moncloa. De cuando en cuando, en situaciones tan graves como las que se suceden en Cataluña, el Presidente del Gobierno tiene que dar ejemplo. No sólo a través de sus palabras, sino con su presencia en el lugar de los hechos.
Y el 2 de octubre, nada de lisonjas y prebendas a los golpistas. El peso de la Ley. Y si tienen que entrar en la cárcel mil delincuentes, que lo hagan sin sentir el complejo y el temor de quienes lo ordenan. Todos somos iguales, pero usted posee la singularidad de su cargo. El uno de octubre en Barcelona. El dos, en La Moncloa y el tres, los delincuentes y violentos en chirona. El Estado no puede traicionar a España.
Mr. President of the Government: We understand and value your trip to the United States to meet with Trump, who supported the unity of Spain and called the separatists foolish. And we also understand and appreciate the suspension of another planned trip that can be made when the wiggles pass. What we do not understand, and therefore, we can not value, is its disappearance. We do not know if it is in La Moncloa, in Pontevedra, in the Way of Santiago or in the one of Santo Toribio de Liébana. There is no doubt that you are not. And if it is, that it will be somewhere, its obligation is to give face and publicly repress the nonsense that some of its ministers are issuing.
Mr. Guindos says, the accent pijo, who is open to negotiate succulent economic improvements for Catalonia. That is, blackmail serves. Tomorrow will be the Basques, and later the Galicians and the Canaries, quite rightly. The Government of Spain is willing to benefit some criminals who have not dared to put in jail. And Mr. Méndez de Vigo, who forgets Carlos I and remembers Pablo Motos, has recognized his full confidence in the Squadrons. I do not say that the Squadrons do not deserve a margin of quiet confidence, but to this day, many of them, beginning with their Major, the Charlemagne Trappist of Valladolid, have not spoken and acted in accordance with their duties and obligations. The Minister of Culture can not and should not enter into assessments that correspond to the Minister of Interior, who without making too much noise, at least has fulfilled his responsibility by sending Catalonia to the civil guards and national police. And of these yes we fully believe.
But the words of Guindos, or of Mendez de Vigo, or of who you are, Mr. President, always cowardly and delicate, complex and fatuous at the same time, are not accompanied by the voice we hope for. That voice is yours, and you do not hear it. It is advisable and indispensable to shield oneself in the laws, the prosecutors and the judges. The opposite would be to strike at authentic democracy. But at the same time it is convenient and essential that you, Mr. President, speak, opine, report, warn, and face a reality that is a consequence of the covenants behind your citizenship, Zapatero, Aznar, Gonzalez and of Adolfo Suárez with the independentistas, formerly called nationalists. I exclude Leopoldo Calvo-Sotelo, a serious man without time in the presidency of the Government to grant privileges to the traitors.
And I dare to recommend a gesture. You, Mr. President of the Government, have been guilty of not having enforced the laws for six years, guilty of having reacted well and late, when it is much more acceptable for the Government of Spain to react well and soon, you, Mr President, would give a pleasant surprise to the Spaniards who believe in our unity, our freedom, our Constitution and our laws, if on Sunday he travels to Barcelona and follows from there the events of the coup. And from there, from Barcelona, he goes to all the Spaniards to announce that the endorsement of the separatists has been a failure. Your physical integrity would be safe, so do not worry. You can install your one-day office in any state-owned building, including the Palace of Pedralbes, reserved for the Kings, if they do not occupy it, that nothing would surprise me to see the King on Sunday in Barcelona.
On Sunday many things are played in Spain, and Spaniards need gestures to maintain confidence. Gestures of the Crown and gestures of the President of the Government. The King has a field of action limited by the Constitution, but yours has no margins and borders. The crisis cabinet, better in the Delegation of the Government in Catalonia than in La Moncloa. From time to time, in situations as serious as those that are happening in Catalonia, the President of the Government has to set an example. Not only through his words, but through his presence in the place of the facts.
And on October 2, no flattery and prebends to the coup. The weight of the Law. And if a thousand criminals have to enter the jail, they do it without feeling the complex and the fear of those who order it. We are all the same, but you have the singularity of your position. The one of October in Barcelona. The two, in La Moncloa and three, the criminals and violent in chirona. The State can not betray Spain.
Lo peor no es que personas que creíamos honradas no lo sean, o que, hartas de una política sin horizonte, se pasaran a la política como negocio. Eso es malo pero, por la torcida condición humana, resulta inevitable. Nos dejan en ridículo, pero no debería sorprendernos. Lo que ha convertido la penúltima fechoría deSorayapara proteger aRajoy en una carnicería de la que, si hubiera justicia, sería víctima su propio tinglado mediático, cadalso de políticos del PP y peana del terror podemita, es que no hay justicia y que lo ajusticiado es el último referente político del liberalismo en España, el otrora poderoso PP de Madrid a cuyo funeral hemos asistido esta semana.
Porque no nos engañemos: lo que une aFerrerasy Soraya,Pablenín y Montoro, Iceta y Susana, el Carnicero de Mondragón y Cocomocho, a la banda impune de los Pujol y al impune ejército de los ERE, es el odio a una idea liberal de España o a una idea de España basada en la libertad. Y eso que durante casi veinte años ha representado el PP de Aguirre –e Ignacio González- es lo que ha muerto por mucho tiempo ante la opinión pública.
Adiós a un gran modelo político
Y con el desprestigio abrumador de buena parte de los dirigentes del PP de Madrid, lo desprestigiado, para alegría de comunistas, socialistas y rajoyistas, es la mejor gestión del dinero público en cualquier autonomía, la visión más libre y próspera de la sociedad, la libertad de elección de escuela y hospital, la calidad de la enseñanza, las escuelas bilingües, el metro y demás infraestructuras concebidas como inversiones básicas para que la iniciativa privada, único motor del desarrollo, cree empleo e innove, y sobre todo, el ejemplo de libertad y prosperidad que a toda España daba la Comunidad madrileña, mientras las pirañas autonómicas devoraban, servidas por el carnicero fiscal Montoro, los higadillos de Madrid.
Con Esperanza Aguirre, la Checa del 11M, el mismo García Ferreras que inventó los terroristas suicidas del 11M, ayer al servicio de Cebrián, hoy de Casals y Soraya, siempre de la tiranía, ha linchado esta semana y va a seguir linchando las que vienen, al PP de Aznar, culminando el proceso que empezó en el Congreso de Bulgaria, capital Valencia, de 2008, cuando Rajoy decidió sacrificar el partido a su supervivencia personal y política. Y el PP, con Camps y Rita Barberá, que en paz descansa una y sin paz el otro, y Arenas como muñidor, lo aceptó.
Aznar y Aguirre pudieron dar entonces la batalla, y luchar por una parte, aunque fuera minoritaria del PP identificada con una idea liberal de España. No lo hicieron, y tras ver cómo caían, aplaudidos por los artífices del 13M y de la Ley de venganza Histórica,María San Gil, Ortega Laray lo mejor del PP vasco y español, que siempre tuvo en el Madrid de Aguirre su refugio de españoles maltratados, han acabado siendo víctimas de su respeto a las siglas o a esos argumentos personales que cada uno guardará en su almario y por los que nadie se interesará durante los próximos años.
Porque no estamos ante una caída, una enfermedad grave, un cáncer que se puede tratar y curar sino ante el entierro de la criatura política en la que algunos, no muchos, hemos confiado durante dos décadas. Y que deja la escena política sumida en el oprobio y arrastrando, simbólicamente, a los pocos medios que durante estos años hemos defendido lo que seguiremos defendiendo, faltaría más, pero sin nadie que nos represente y sin la menor confianza en que alguien ocupe ese hueco, fosa o abismo, del PP liberal.
Por supuesto, seguiremos diciendo -mientras nos dejen, y aunque no nos dejen- que el impuesto de sucesiones es un crimen de leso pueblo, que la política de Rajoy en Venezuela, arrendada aZapatero, es un crimen de lesa dignidad, que la política de apaciguamiento con el separatismo catalán es un crimen de lesa patria, que la politización de la Justicia es un crimen de leso Derecho y que la inquisición mediática de las telesorayas es un crimen de lesa libertad. Pero seremos pocos y seremos infamados por la gran triunfadora de esta semana: la checa del 11M, que hoy no es la SER sino el Sextabús conducida con tres capas de calzoncillos por el mismo chófer, cabeza del grupo creado por Soraya y Rajoy (Atresmedia/La Sexta) y cerebro del proyecto de Podemos para liquidar España y nuestra libertad. Por cierto, que según Javier Ayuso el chófer Ferreras se reunió con González, su presunto testaferro Adrián de la Joya, Villarejo y Mauricio Casals. ¿Para hablar de qué? ¿Lo llamará a declarar el juez Velasco?
Pero antes de que los vichinsky del despotismo comunista instalado en el poder mediático por el fantasma de Rajoy la fantasma de Soraya, nos «haga la autocrítica», debemos hacerla nosotros. Nuestra idea de España es no sólo nacional sino de orden moral. Y por eso cualquiera de los cientos de miles de compatriotas que nos escuchan, ven y leen a diario, de los dos mil accionistas del Grupo de LD, tiene derecho a preguntar: ¿Cómo no vieron ustedes la corrupción del PP de Madrid, que aun siendo mucho menor que la del PSOE, Pujol y Podemos, tanto perjudica la idea liberal?
Más adelante (esto es tan largo que parecerá de pedro Jota) entraré en detalles, pero hay una razón absolutamente vulgar: uno no sabe estas cosas si no está dentro y no suele aceptar los rumores sobre los «suyos» si vienen de los contrarios. Añadiré otra: mi personal relación con el PP histórico, con el que rompí cuando claudicó ante el Poder Fáctico Fácilmente Reconocible (fue en una entrevista conmigo cuandoAznar no se atrevió a nombrar a Polanco) y tras la nefasta boda del Escorial, con algunos de los reclusos del PP como invitados. En mi libro «Con Aznar y contra Aznar», a cuya presentación el mejor presidente de la democracia prohibió asistir a sus ministros, conAguirre, Mayor, Acebes, Zaplanay demás acatando la orden con perruna obediencia (sólo Álvarez del Manzano se atrevió a ir), se recogen los ensayos y artículos sobre la cara y cruz de aquella época.
Los fundamentales, publicados en La Ilustración Liberal, son el «Viaje al centro de la nada», por aquella internacional centrista inventada por Aznar y el del invierno mediático que esperaba la derecha si el PP perdía el Poder. La política aznarista de rendición ante la izquierda llegó al punto de negarse a cumplir la sentencia del Supremo que ordenó devolver al mercado las emisoras de Antena 3 de radio, compradas ilegalmente por Banesto para la SER, a cambio de la protección de PRISA aMario Conde. Y el libro termina con el largo artículo en LD al día siguiente de la boda del Escorial, que, durante dos años, supuso romper toda relación con Aznar.
¿Qué cambió? Aznar, no mucho. España, del todo. Desde 2002, la Izquierda se echó a la calle y del chapapote demagógico del Nunca mais al 13M de 2004, pasando por la guerra de Irak, tuve que elegir entre el rencor al partido que votaba y pedía votar desde que Aznar llegó al Poder del PP o hacerme perdonar –lo hubiera hecho de mil amores- por la checa mediática de la Izquierda, siempre deseosa de liberales y conservadores arrepentidos. Hice justo lo contrario. En mis libros «De la noche a la mañana» y «El adiós de Aznar» explico el cómo y el porqué de mi defensa de aquel PP.
Lo que atacaban en él no era la corrupción -casi desconocida salvo casos como los de Villalonga o Canyellas, poquita cosa al lado de la del PRISOE y Pujol- sino una idea más liberal que socialista del Gobierno y a la media España que creía y cree en la Nación, la Propiedad y la Libertad. Por eso, el 15M yo abrí mi programa a las seis en la COPE diciendo que desde el 11M y el 14M, previo cerco a las sedes del PP el 13M, había diez millones de huérfanos políticos en España y que la COPE era su casa. Así fue durante cuatro años, en especial los dos primeros: la COPE, El Mundo y Libertad Digital nos quedamos solos denunciando las mentiras del 11M y los apaños de ZP con la ETA y el separatismo catalán. Promovimos once manifestaciones con centenares de miles de personas en la calle, en defensa de las víctimas del terrorismo y del régimen constitucional, entre la AVT deAlcaraz, la COPE (q.e.p.d.), El Mundo, LD… y el PP de Rajoy, Acebes y Zaplana. Nunca tan pocos hicieron frente a tantos ni por más noble causa.
La liquidación del PP por Rajoy
Pero llegaron las elecciones de 2008. Rajoy tuvo un gran resultado pero perdió frente a ZP y decidió, tras un oscuro viaje a México, no dimitir, hacer suyo en el Congreso valenciano del PP el proyecto deGallardónque era «obviar el 11M» y denunciar ante el tribunal del PRISOE –los que le cercaron el 13M- a los medios que le habíamos apoyado, no por él, claro está, sino por lo que representaba aquel PP, y liquidar el partido de Aznar, Aguirre y San Gil, mientras esperaba el fallo de Zapatero para sucederle, no para cambiar nada importante ni para enmendar sus infinitas fechorías.
En mi libro El linchamiento (es un milagro de la Virgen del Tremedal que sobreviviera para escribirlo) cuento el proceso, padecido en primera persona, del cambio del PP de Aznar al de Rajoy, que era el de Gallardón, Zarzalejos y Cebrián; o sea, el del régimen salido del 11M. El verdadero anuncio del congreso de Bulgaria, capital Valencia, fue el juicio de Gallardón contra mí –cuya condena ha sido anulada de forma aplastante por el Tribunal de Estrasburgo- en realidad un pulso por el Poder dentro del PP. Y allí se produjo lo que la checa mediática del 11M, a cuyo liderazgo prisaico se había uncido La Sexta de Roures y ZP, llamó con regocijo -véase la hemeroteca- «la traición de los liberales a Losantos».
Los liberales que se negaron a respaldar lo que sabían perfectamente que era cierto -que Gallardón, enfrentado a la línea entonces mayoritaria en el PP, defendía literalmente en ABC y dentro del partido «obviar el 11M»– fueron Acebes, Zaplana, Aguirre e Ignacio González. No entraré en más detalles porque para eso está el libro y porque parecería que hago lo que hicieron ellos: ponerse de perfil ante alguien caído en desgracia. Sí quiero explicar por qué, igual que pasó con Aznar, volví a hablarles y, con Acebes y Zaplana ya defenestrados, he defendido a Aguirre yGonzálezen Madrid.
En primer lugar, porque me repugna la injusticia. Y lo que las checas del 11M han perpetrado esta semana es el linchamiento político del PP de ayer con el sólido argumento de hoy: la corrupción. Dos cosas me parecen especialmente repugnantes: cobrar millón y medio de López Madrid, el contratista de Villarejo, y negociar comisiones en la Venezuela chavista, como los de Podemos, algo que jamás imaginé en nadie del PP de Madrid. Pero el Sextabús, panzer del grupo Atresmedia/La Sexta, creado de forma ilegalísima por Rajoy y/o Soraya, era el que peor ha quedado, chantajeando a Cifuentes para proteger a uno de sus directivos. Y eso lo han tapado con ranas de atrezzo. La transcripción de la amenaza de Casals: «Que sepa que no es sólo La Razón, sino también Antena 3, Onda Cero y La Sexta», es, sin duda, lo más grave, porque prueba la existencia de una trama mediática y política, con cabeza en Moncloa, para impedir que la Justicia persiga la corrupción del PP. Y eso lo han ocultado descaradamente Ferreras y todos sus tertulianos, que lo habían leído en El Español y escuchado en la SER.
En segundo lugar, porque este descaro digno del Planeta mediático catalán, me permite barruntar queCifuentespodría hacer lo que hicieron conmigo los liberales del PP en 2008: negar la evidencia, ahora grabada y ayer publicada en la mismísima portada de ABC; que podría negar las coacciones evidentes y por las mismas razones: que el partido le perdone y le deje seguir en política. Eso creerá. Como enemiga de Soraya en la lucha por la herencia de Rajoy, la atropellará el Sextabús como a Aguirre. No es porque haya robado un euro, sino por no hacerlo y además desconocer la omertá rajoyana. «El PP siempre se porta bien», dijo Rajoy anteayer ante jóvenes militantes andaluces. Denunciar la corrupción es portarse mal. E implicar en ella a un directivo del grupo mediático de Moncloa, fatal.
Y en tercer lugar porque se puede sobrevivir a la pérdida del último referente político del liberalismo en España, pero no a la omnipotencia de la checa nacida entre el humo y la sombra del 11M, que ha comprobado que seguirá ganando muchísimo dinero (Atresmedia ha dado esta semana los mejores resultados de su historia) persiguiendo la corrupción ajena y protegiendo la propia. O sea, alanceando moros muertos del PP mientras se apoya a Podemos y se hunde España, mientras la empresa gane dinero.
¿Hasta qué punto supimos o debimos sospechar?
Ahora, el multimedia implicado en la mal llamada operación Lezo (podían haberle puesto un nombre menos heroico), convierte en sinónimos liberalismo y corrupción. Cuando la corrupción del liberalismo del PP de Madrid la demuestra precisamente su relación con la cadena de Podemos. Pero eso no obsta para preguntarse si sabíamos lo que pasaba, al menos en parte, o no queríamos ni mirar porque lo denunciaba la Izquierda corrupta. Yo creo que lo segundo explica, aunque no lo justifique, lo primero. Han acusado a Aguirre de corrupción tantas veces y tan falsamente en esa meca delictuosa llamada PRISA y al servicio del sospechosón Gallardón, origen, de la trama caribeña ahora descubierta, que como todo lo antiaguirrista, en general, lo de González tuvo el mismo beneficio de la duda, en particular.
Ayer,Luis Herrero, debutaba en ABC contando dos denuncias sobre la trama González-Atresmedia-La Sexta, aunque Luis dice que La Sexta es un medio periodístico o así. Así y asá. Una, que yo no conocía y es una lástima: Villar Mir le habría dicho a Lapuerta que le dio a González un millón y medio de euros. Informado Rajoy, no hizo nada. Con lo que he tenido que aguantar de la cloaca de Villarejo, con el que se reúne Luis sin que el empleado de López Madrid deje de denunciarme para ver si consigue callarme. Me hubiera encantado poderlo contar y comentar, la verdad.
De otra, hace tres años, proveniente de nuestro antiguo editorialista y luego político y alcalde de Leganés Jesús Gómez Ruiz, sí supe algo, pero a la vez que me contaban que Jesús había contratado en Leganés a Gonzalo Boye, condenado a siete años de cárcel por colaborar con la ETA en el secuestro de Revilla y promotor de una querella contra mí a cuenta del separatismo catalán. Supuse que la información sobre la famosa cuenta suiza, sin titular, procedía de ahí, y que, si era verdad, debía denunciarlo el tal Boye. Nunca lo hizo. En LD informaron del caso y nada más. Luego he leído que fue con un notario a registrar su denuncia ante Juan Carlos Vera, el aparatchik de Rajoy para echar a Aguirre y poner a Cifuentes. O sea, que de nuevo lo sabía Rajoy. Y, sin embargo, ahora le piden responsabilidades a Aguirre… los chicos de Rajoy. Me parece una broma pesada, la verdad.
Hay, sin embargo, un argumento más de fondo, que es el de la lucha ideológica contra el abuso fiscal del Gobierno. Cuando Montoro le declaró la guerra a Ignacio González porque se negó a reponer el impuesto de sucesiones y bajó los impuestos del tramo autonómico («será que le sobra», dijo), ¿cómo no defender a Ignacio González? Cuando las mareas blancas y verdes –léase rojas y moradas- atacaban a su Gobierno porque defendía la calidad de la enseñanza y la gestión privada de los hospitales en Madrid, ¿cómo no defender que no hicieran fijos a esos maestros interinos que dicen que el Guadalquivir y el Ebro pasan por Madrid? Pues Montoro va a hacerlo. Cuando Aguirre defiende la bajada sistemática de impuestos, igual que Aznar, ¿cómo no defenderlos, que es defendernos de Montoro y del destino de nuestro dinero, que es la financiación del separatismo catalán? Y durante los años de Zapatero y los seis de Rajoy este ha sido el pan nuestro de cada día. ¿Cómo no conceder el beneficio de la duda a quien se negaba a ceder, en favor de la ciudadanía, ante Montoro y Asociados, Villalobos y Arriola, Arenas y Mato, es decir, Rajoy y Soraya, telesocios de Podemos?
La corrupción salvo para las izquierdas en general («ahora nos toca a nosotros», dicen en Andalucía desde hace 35 años) y una parte de las derechas es indefendible. Habrá que esperar a una nueva generación de políticos limpios que se dejen votar. Pero sin estos referentes, perdidos por algún tiempo, las ideas liberales sobrevivirán. Lo invivible es un régimen totalitario como el que hemos visto en acción esta semana, con detenciones anunciadas con días de antelación y la televisión de la checa esperando a la Guardia Civil para la detención y humillación de los presuntos, con todos los detalles de los sumarios declarados secretos y, lo más grave de todo, con la defensa, como en tiempos de Lenin, del Terror Rojo o el Teleterror.
Este mismo sábado, J.M. Contreras, uno de los socios fundadores de la Sexta con Roures, Benet y Barroso, esos que Cebrián llamó «visitadores nocturnos de la Moncloa» de ZP, -él lo era diurno con González y ahora con Soraya-, publicó en Infolibre un artículo –Protejamos la pena del telediario– que su Sexta ha aplicado esta semana contra el PP de ayer para tapar al PP de hoy y su propia corrupción empresarial. Es decir, que los que mandan a través del duopolio televisivo en la España actual, por delegación de Moncloa y al servicio de Podemos, defienden abiertamente la muerte del Estado de Derecho y la creación de un régimen asesino y difamador como los de Cuba y Venezuela, que tienen en el linchamiento de los enemigos políticos –inocentes o no, da igual; están condenados antes de llegar a juicio, si llegan- su herramienta esencial de propaganda y terror político.
Vale la pena leerlo entero, y temblar, pero resumiré lo sustancial:
«Esta semana hemos asistido a un capítulo más de nuestra reciente historia política, la esperada detención de Ignacio González, expresidente de la Comunidad de Madrid, que tantas noticias había protagonizado como recurrente sospechoso de haber cometido numerosos actos delictivos, sin que hasta ahora la ley hubiera actuado contra él. Una cámara de la Sexta pudo conseguir las únicas imágenes de su captura por las fuerzas de seguridad».
Esto es falso. Fue la UCO la que accedió al Sextabús, para proceder a la detención conjunta y tapar con lo de González la llamada a declarar de Rajoy.
«No hay duda de que uno de los momentos televisivos preferidos de muchos espectadores es el de poder ver la llamada ‘pena del telediario’. Son esas imágenes, desgraciadamente repetidas en multitud de ocasiones, en las que algún expoderoso corrupto es introducido en la parte de atrás de un coche policial tras su detención. Siempre me llama la atención su reacción, que de manera casi milimétrica suele reproducirse de forma cotidiana. El personaje en cuestión suele caminar atropelladamente con la cabeza baja, incluso cubierta, y busca meterse en el vehículo que se convierte en una especie de último refugio donde cree poder terminar con su agonía. Dentro del coche, intentan ocultar su rostro con manos y brazos o con alguna prenda de vestir o se esconden detrás del asiento».
Esto es cierto, pero se ve que Contreras no tiene familia, a la que nadie salvo un marrajo quiere humillar, o se cree impune ante el Sextabús y la UCO. Debe de serlo, porque la absorción de la Sexta por A3 fue delictiva y ahí sigue.
«Es una pena que las fuerzas de seguridad suelan colaborar en ese comportamiento que impide que algún reportero, de forma calmada, pudiera acercarse al detenido y preguntarle sobre las razones de su ocultamiento, aclarándole que, aunque se tape la cara, todos le estamos viendo y, sobre todo, todos sabemos perfectamente quién es y qué ha hecho».
Esto es falso. Nadie sabe «perfectamente, lo que es y lo que ha hecho», salvo el que tenga la condena hecha antes del juicio, el fiscal o juez de un Estado totalitario. A la Sexta la llama su Gobierno de su PP. Y en el caso Rato hemos visto a la policía tratarlo con menos celo que a los etarras.
«Es habitual escuchar voces públicas que defienden la eliminación de las penas del telediario. El argumento de base es que esas imágenes suponen una condena social de facto, que ignora el principio de la presunción de inocencia. La cuestión no puede ser más absurda. Las imágenes no reflejan la condena sino la detención, porque hay firmes indicios de que ha cometido algún delito. Si el principio de presunción de inocencia se antepusiera a todo, ni siquiera la detención debería tener lugar puesto que no ha habido aún condena. Un disparate».
¿Un disparate que todos sean inocentes hasta que se demuestre lo contrario? Quizás Contreras lo piensa sobre etarras e islamistas, no sobre los del PP, a los que tan «perfectamente» conoce. Y la burla al «cretinismo democrático y parlamentario» (Lenin) acaba en este sadismo de chequista:
«Lo que sí reflejan esas voces es el daño moral que parece infligir a los corruptos detenidos esas imágenes difundidas incesantemente en las televisiones. He de reconocer que en mi caso me provocan un efecto hipnótico. Siento un alivio cuando las veo. Por un momento, esa reproducción electrónica de la realidad me hace creer que quizá hay justicia y que, de vez en cuando, el que la hace la paga. Pienso que ese castigo público debería formar parte de cualquier condena por un delito que supone el enriquecimiento ilícito, el haber sacado provecho, quebrantando la ley, de la confianza de los ciudadanos y de transformar el servicio público en vehículo para el robo de bienes ajenos».
Y ahora llega el regodeo del co-creador de la Sexta gracias a ZP:
«Propongo por tanto regular un protocolo especial para llevar a cabo la detención de los corruptos. Puedo llegar a entender que se impida el contacto directo a reporteros y ciudadanos con los acusados para evitar altercados e incidentes. Se deberían habilitar unas vallas de seguridad que facilitaran la visibilidad del público asistente. Sin embargo, el paseíllo hasta el vehículo policial habría que reglamentarlo. Deberíamos dejar al menos 200 metros de recorrido obligado, para que el detenido, convenientemente esposado, se dirigiera hasta el coche. Propongo que el desplazamiento lo hiciera en solitario y sin elementos que entorpecieran su marcha. Todo ello, eso sí, perfectamente televisado, con posibilidad de utilizar diferentes tomas y repeticiones con cámaras superlentas, al estilo de los encierros de San Fermín. Incluso, propondría la colocación de una mini cámara que portara el detenido en su solapa que nos permitiera tener una toma subjetiva de gran valor emocional. Una buena selección musical difundida con megafonía sería el toque final perfecto. El denostado reggaetón de Luis Fonsi, Despacito, sería una banda sonora perfecta con esa simbólica estrofa final:
Pasito a pasito, suave suavecito Nos vamos pegando, poquito a poquito Hasta provocar tus gritos Y que olvides tu apellido Despacito»
Lo de «provocar tus gritos» suena a torturador vocacional o rapero podemita. A «la azotaría hasta sangrar» o «soy un marxista devenido psicópata». Pero Contreras olvida algo demasiado deprisa: el apellido del corrupto no lo ha olvidado despacito ni deprisita el directivo de la Sexta detenido junto a González ni el gran jefe Casals, sino el camarada Ferreras, que lo tapó. ¿Por qué Contreras no comenta este caso de corrupción de la empresa que él fundó, nada menos que un descarado chantaje mediático para que no lo denunciaran? ¿Todavía pertenece a la empresa?
El mal menor no es un bien, es sólo menor
En fin, al leer este alarde tiránico de los que tras participar en el tinglado corrupto del PP de Madrid fingen desarticularlo para ahorrarse ellos la cárcel, vuelvo al dilema insoluble: el destino del liberal es siempre comprometido, porque uno elige los enemigos, no los aliados. Tras reñir con Aznar, lo defendí contra los golpistas del chapapote iraquí. Tras la traición de los liberales del PP, los defendí contra Montoro y el impuesto de Sucesiones. Tras leer a los viejos golpistas del 13 M, del Nunca mais y ahora del Sextabús vuelvo a la doctrina del mal menor para combatir el mayor: la tiranía. La corrupción del PP madrileño y su artera utilización para tapar la de Rajoy me ahorrará votar al PP, porque no se puede ni se debe votar a un muerto. Pero el PP medio liberal merecía un mejor funeral.
El croupier de esta original ruleta española se llama Mariano Rajoy. Es éste quien, con su temeraria política de medios de comunicación, ha permitido que Pablo Iglesias pudiera dar el salto de las tertulias a la política.
¿Quién no ha oído hablar del siniestro juego de la ruleta rusa? Se hace girar el tambor de un revólver, cargado con un único cartucho, se apoya el cañón del arma en la sien y se aprieta el gatillo. Según el número de balas que puede alojar la pistola (habitualmente, de cinco a nueve) la probabilidad de morir oscila entre el 11 y el 20 por ciento.
El próximo 26 de junio, los españoles tenemos una nueva oportunidad de practicar nuestra propia versión de ese juego infernal, votando en las elecciones legislativas. En este caso, la bala mortal es Unidos Podemos. Pero no se trata sólo de que las medidas económicas que defienden Pablo Iglesias y Alberto Garzón arruinarían el país (¡aunque no es poco!) en menos tiempo que lo hizo el chavismo en Venezuela, que al menos cuenta con las mayores reservas probadas de petróleo del mundo.
Aunque el PP de Mariano Rajoy se empeñe en observar el mantra de que la economía lo es todo, esto no es cierto, porque la economía no es un aspecto de la sociedad aislado de lo demás. El problema de Podemos no es que sea comunista. Siempre han concurrido comunistas a las elecciones. Pero esta vez se hallan en posesión de la técnica de toma del poder ensayada en Venezuela con gran éxito (para los dirigentes, obviamente).
El “socialismo del siglo XXI” no es más que el viejo comunismo de siempre, pero adaptado a sociedades democráticas mucho más desarrolladas que la Rusia de Lenin o la China de Mao. Es decir, el peligro de Podemos es que alberga posibilidades de triunfar.
Los comunistas actuales saben que tienen que alcanzar el poder y mantenerse en él, al menos durante los primeros años, mediante el sufragio universal. Saben también que la economía totalmente planificada al estilo de la URSS es inviable: ahí está el ejemplo del Partido Comunista chino, que sigue gobernando con mano de hierro el país más poblado del mundo, permitiendo astutamente que la economía de mercado conviva con un sector público colosal.
El comunismo de Podemos es una ideología totalitaria que divide el mundo en buenos y malos, con el fin de implantar una dictadura encubierta por un Estado de derecho de cartón piedra.Pablo Iglesias y los suyos saben muy bien qué tienen que hacer cuando entren en el gobierno, les toque o no la presidencia: infiltrarse en todas las instituciones del Estado, en las principales empresas públicas e incluso privadas, en los medios de comunicación, en las Fuerzas Armadas y los servicios secretos. En parte han empezado a hacerlo ya, pero desde el consejo de ministros podrán llevarlo a cabo de manera mucho más sistemática e irresistible.
Una vez has colocado a toda tu gente en los principales puestos del poder político, económico y cultural, hasta puedes permitirte el lujo de perder las elecciones (aunque no sea plato de gusto), porque con tus jueces, tus periodistas mercenarios y tus matones parapoliciales harás frente incluso al poder legislativo. Pero no adelantemos acontecimientos. Podemos todavía no ha bolivarianizado España; ni siquiera nos hemos disparado en la sien.
Estamos ahora en la fase de preguntarnos quién ha cargado el revólver, aunque no haya que buscar mucho. El croupier de esta original ruleta española se llama Mariano Rajoy. Es éste quien, con su temeraria política de medios de comunicación, ha permitido que Pablo Iglesias pudiera dar el salto de las tertulias a la política.
Pero ha hecho mucho más que eso. Al asumir toda la legislación de Zapatero, este gris registrador de la propiedad ha convertido definitivamente al Partido Popular en una segunda o tercera marca del Partido Progresista. Las otras son el PSOE y Ciudadanos.
Para ser justos, no ha sido Rajoy solo. Los barones regionales, desde Cifuentes a Feijóo, y casi todos los dirigentes del partido fundado por Manuel Fraga, desde las Nuevas Generaciones de cada provincia hasta los máximos órganos de la calle Génova, con las honrosas excepciones que confirman la regla, han contribuido con entusiasmo a esta entrega sin lucha ante la socialdemocracia, la ideología de género, el nacionalismo antiespañol y la dictadura cultural de la corrección política.
Este PP progresista, que se avergüenza de sus votantes, que incluso llega a decir que quienes se oponen al aborto no tienen cabida en él (Celia Villalobos), ha preparado durante años el terreno a unos progresistas mucho más lúcidos y consistentes, que son los dirigentes de Podemos, al igual que una parte sustancial de sus votantes.
Como señaló Richard M. Weaver,“un progresista es una persona que no es comunista, pero es incapaz de dar una buena razón para no serlo”. Se empieza creyendo que la economía lo es todo (a fin de cuentas, una idea ortodoxamente marxista) y se acaba legislando la hormonación de niños “transexuales”, sin necesidad del consentimiento paterno. (Hola, Cristina.)
Los dirigentes del PP, desde los niveles más bajos, suelen ser progresistas en la intimidad. Empiezan por definirse como agnósticos, cosa que hoy no llama la atención a nadie, porque se supone que religión y política no tienen nada que ver; mejor dicho, que no deben tener nada que ver. Que Rajoy se declare católico no es más que una incongruencia que probablemente se “resolverá” cuando otro cualquiera lo suceda al frente del partido. En todo caso, nunca hemos visto que sus creencias (si de verdad las tiene) interfieran en su acción o inacción políticas.
El hecho es que cuando uno no cree en nada firme, cualquier cosa es posible. Todos los giros de las directrices políticas, todos los cambios bruscos de consignas, y cosas mucho peores, pueden tragarse y digerirse, si se carece de referencias sólidas. El vacío íntimo de convicciones trascendentes es el caldo de cultivo del totalitarismo.
Cuando el hombre deja de creer en un Ser superior a él, fácilmente empieza a pensar que no hay tampoco ninguna norma que sea absolutamente inviolable; sin apenas darse cuenta, empieza a sentirse omnipotente. Así es como Hannah Arendt describió la psicología de comunistas y nacionalsocialistas: “Lo que liga a estos hombres es una firme y sincera fe en la omnipotencia humana. Su cinismo moral, su creencia de que todo está permitido, descansan en la súbita convicción de que todo es posible.”
Este es el espíritu fáustico que expresa el “Sí se puede”. Pero es un espíritu que embrionariamente ya se encuentra en los cuadros dirigentes de la mayoría de partidos, convertidos en puras maquinarias de conquista del poder, con la demoscopia como único credo. Ardo en deseos de saber si finalmente, en la próxima cita electoral, nos dispararemos en la sien, o de momento sólo en un pie.
Barcelona, 1967. Escritor vocacional y agente comercial de profesión. Autor de Contra la izquierda (Unión Editorial, 2012) y de numerosos artículos en medios digitales. Participó durante varios años en las tertulias políticas de las tardes de COPE Tarragona. Es creador de los blogs Archipiélago Duda y Cero en progresismo, ambos agregados a Red Liberal.
Sánchez: «Le he dicho a Rajoy que nos gustaría que acabara la campaña del miedo»
El secretario general dice que su reunión con el presidente del Gobierno en funciones fue «útil», pese a que no han llegado a ningún tipo de acuerdo. Le pide que sea tan «leal» como el PSOE en la oposición
Se reunieron. Rajoy y Sánchez se vieron en el Congreso, y ¿para qué?¿para un diálogo de sordos?¿para «aparentar» normalidad?. Pues me parece que España no está para esas estampas.
No. España no está para bromas con la que se nos avecina. Y es que las turbulencias de los mercados, la crisis en las economías emergentes y el derrumbe del precio del petróleo, entre otras cosas, desestabiliza el conjunto de sistemas monetarios, restringe el comercio y siembra dudas en la capacidad de generar beneficios para las inversiones. Y ese axioma básico de que el Capital quiere Beneficios cuando se le requiere para Invertir, sigue siendo una Ley de Bronce en el sentido más duro de ese término, de modo tal que sin Beneficios, nada de Inversión. Así de claro y sencillo.
¿Y cual es la «ocurrencia» de Pedro SÁNCHEZ?: pues, sencillamente, ante la imposibilidad de formar Gobierno con otras fuerzas políticas que no sean PODEMOS, IU, y la abstención y/o ausencia de fuerzas tales como PNV, BILDU, ESQUERRA, y así unos cuantos partidos más, no le que da otra que mirar el pavor que tal enjendro entre OCHO PARTIDOS como mínimo, provoca en las distintas fuerzas productivas, que son las que crean empleo.
¿Olvidamos lo que acontece en Portugal, donde su prima de riesgo está ya en los 400 puntos básicos?¿y sus Presupuestos?¿no han sido rechazados en su Parlamento?¿olvidamos el experimento de Grecia, donde las pensiones HAN BAJADO YA un 35% y las huelgas generales acosan a Tsipras?…¿y pretenden que, con estos vaticinios que se pueden comprobar YA en Europa, no se les pongan la piel de gallina a los españoles, y, en especial al Capital?¿acaso en España, en esas Comunidades Autónomas donde gobiernan estas coaliciones, YA ESTÁN SUBIENDO LOS IMPUESTOS y RECORTANDO, los derechos de los ciudadanos, rechazando inversiones productivas y colocando a parentelas y amiguetes?.
Pero Pedro SÁNCHEZ tiene una solución, «genial» como todo en el PSOE, solución que viene a ser tan sencilla como: RAJOY, DÉJATE DE ADVERTIR A LOS ESPAÑOLES DE LOS RIESGOS DE ESTE DISPARATE QUE VOY A HACER CON EL PSOE y así los españoles pasarán de la IGNORANCIA AL ESPANTO, pero ya con el PSOE en La Mocloa.
Luego ¿quién es el demagogo?¿el que nos avisa o el que no quiere que seamos conscientes de lo demasiado que nos estamos jugando?. Ustedes mismos decidan, ya que nos va mucho, demasiado, en ello.
El lunes, lo que se dibujaba en un principio como un debate entre dos presidenciables, el único encuentro serio entre aspirantes a presidir el país, después del bochornoso show a lo «final de Gran Hermano» que organizó Atresmedia, culminó en otro espectáculo dantesco de proporciones «sextarias». No fue por Mariano Rajoy quien, más allá de simpatías, mantuvo la compostura como alguien que aspira a dirigir una nación, sino por un líder de la oposición que creyó estar en una taberna aldeana, o peor aún, en una de esas tertulias en las que el gallinero y el eslogan arrancan el aplauso fácil. Pedro Sánchez se sentó en aquella mesa de la Academia de Televisión con la intención exclusiva de reventar el debate. No pasaron ni treinta segundos después de abrir la boca cuando Manuel Campo Vidal tuvo que llamarle la atención al comenzar, sin pudor, a atacar al presidente cuando aún estaban en la…