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Por qué los oligarcas americanos se están moviendo a la izquierda

El izquierdismo de vigilia no consiste en luchar por los intereses del hombre común. Las demostraciones ornamentales de victimismo de la política del agravio sólo ocultan la naturaleza oligárquica de este proyecto

por Instituto Mises

Para los miembros ricos de la sociedad que tienen inclinaciones izquierdistas, existe una utilidad marginal decreciente del dinero. (Archivo)

Hoy en día, no son los típicos milénials que beben café con leche los que se están volviendo locos. Si se da un paseo por las mayores áreas metropolitanas de América, se creerá que la justicia social es la última moda que está arrasando en las salas de juntas de las empresas. Se ha escrito mucho sobre el capital woke —el reciente giro de las empresas para señalar su afinidad con los movimientos de izquierda— y lo que significa para la sociedad en general. Basta decir que desde el año pasado, esta tendencia se ha acelerado a una velocidad vertiginosa.

Rascarse la cabeza con total confusión debería ser una respuesta natural a la señalización de virtudes de las empresas americanas. Hay que preguntarse por qué las grandes empresas, que tradicionalmente han sido percibidas como una institución reaccionaria alineada con la derecha política, hacen causa común con los radicales de la izquierda cultural. Aunque parezca contradictorio, las empresas y los magnates prominentes tienen muchos incentivos para subirse al carro de la señalización de la virtud.

Para las megacorporaciones, la señalización de woke es una cuestión de autopreservación para protegerse de las turbas voraces tanto en el ámbito virtual como en el físico. Es más, en una época en la que los vigilantes de los pasillos —estatales y no estatales— están al acecho en cada esquina a la espera de que los individuos cometan algún tipo de impropiedad, muchas instituciones se esforzarán por señalar su conformidad con las normas del régimen. No respetar el comportamiento aceptado por el régimen conlleva importantes costes sociales y financieros que la mayoría de las empresas no están dispuestas a asumir.

, como explicó el presidente del Instituto Mises, Jeff Deist, en una entrevista con Jay Taylor hace dos años. En pocas palabras, gastar cientos de millones en campañas que destruyen la civilización es un gasto ocasional para los principales magnates de América, que tienen mucho dinero de sobra después de cubrir sus gastos en necesidades básicas.

Cuando alguien es rico, digamos un individuo que tiene 10.000 millones de dólares, se permite el lujo de tirar el dinero en empresas antieconómicas sin perder el sueño por satisfacer sus necesidades económicas básicas. El multimillonario que encabeza un proyecto de teatro que es rechazado por el público no caerá en la pobreza por las consecuencias financieras. Puede volver a sus asuntos privados o pivotar hacia otra causa política que no sea tan divisiva. Por el contrario, para el propietario de una pequeña empresa, esa señalización de la virtud podría significar la bancarrota si su base de clientes tiende a ser de derechas o es, al menos, hostil a la señalización de la virtud culturalmente radical.

De hecho, uno de los desarrollos más perversos de las sociedades occidentales es la inclinación de los ricos a dilapidar la riqueza que han acumulado financiando todo tipo de proyectos sociales extraños. Sólo en una economía tan desarrollada, caracterizada por la hiperabundancia y los lujos sin precedentes, la gente puede dedicarse a actividades extrañas que en épocas anteriores habrían sido consideradas masoquistas y autodestructivas.

Personajes como George Soros Michael Bloomberg son un claro contraejemplo de las élites empresariales del pasado. Los dos titanes financieros se han forjado una reputación de financiar una amplia red de grupos de control de armas que se esfuerzan por aprobar leyes destinadas a infringir la capacidad de millones de personas para defenderse. Por el contrario, Bloomberg y sus homólogos oligárquicos de izquierdas se permiten el lujo de vivir en comunidades cerradas y confiar en la seguridad privada para defenderse. Para ser justos, es probable que los magnates de los negocios de épocas anteriores no fueran fervientes defensores de cuestiones políticas de cuña como los derechos de las armas, pero no se les vería lanzando con entusiasmo su peso detrás de las últimas modas políticas hacia las que gravita la izquierda en estos días.

Bolcheviques y multimillonarios

Aunque la izquierda ha cambiado su estrategia general, pasando de los conflictos clasistas a un enfoque de política de identidad en el transcurso del último siglo, existen varios puntos en común entre la izquierda contemporánea y sus iteraciones pasadas. El más importante es su origen elitista.

En su polémica obra, Wall Street y la revolución bolchevique, el historiador económico Antony Sutton descubrió el respaldo oligárquico del bolchevismo, el movimiento político más destructivo del siglo XX por el número de muertos y el caos económico que desató en los países que abrazaron sus preceptos.

En contra de la mitología que han creado los historiadores de izquierdas, el bolchevismo no fue un levantamiento espontáneo de los trabajadores, sino un movimiento de aspirantes a la élite. El propio Lenin contaba con una licenciatura en Derecho y trabajó como escritor y activista político durante su tiempo de exilio mientras vivía en Suiza, Alemania y el Reino Unido. Al igual que Karl Marx, que contaba con el fastuoso patrocinio del industrial Friedrich Engels para subvencionar sus actividades cotidianas, destacados financieros como el banquero sueco Olof Aschberg ayudaron a financiar a Lenin y a sus compatriotas revolucionarios, según revela el trabajo de Sutton.

Tal vez sea contradictorio que los pesos pesados de las finanzas apoyen a un individuo y a un movimiento que aboga por la destrucción de la propiedad privada, pero tiene sentido cuando se analiza cómo se comportan los actores económicos que buscan rentas en el contexto de la centralización del Estado.

La naturaleza intrínsecamente centralista de los sistemas socialistas, incluso cuando los responsables políticos hacen desviaciones en los márgenes, como se vio con la Nueva Política Económica de Lenin, sigue siendo atractiva para los actores financieros sin escrúpulos, que buscan explotar estas características para obtener beneficios fáciles sin tener que enfrentarse a ninguna competencia seria. Sutton observó cómo los radicales económicos y los grandes intereses financieros pueden convertirse en extraños compañeros de cama:

Los bolcheviques y los banqueros tienen entonces este importante punto en común: el internacionalismo. La revolución y las finanzas internacionales no son en absoluto inconsistentes si el resultado de la revolución es establecer una autoridad más centralizada. Las finanzas internacionales prefieren tratar con gobiernos centrales. Lo último que quiere la banca es una economía de laissez-faire y un poder descentralizado porque esto dispersaría el poder.

Del mismo modo, Ludwig von Mises reconocía en Gobierno omnipotente cómo la sal de la tierra no es la responsable de que los movimientos políticos colectivistas sean la corriente principal:

No es cierto que los peligros para el mantenimiento de la paz, la democracia, la libertad y el capitalismo sean el resultado de una «revuelta de las masas». Son un logro de los eruditos e intelectuales, de los hijos de los acomodados, de los escritores y artistas mimados por la mejor sociedad. En todos los países del mundo las dinastías y los aristócratas han colaborado con los socialistas y los intervencionistas contra la libertad.

La «wokidad» como estrategia de relaciones públicas

Además, la señalización woke tiene una función de ofuscación que las empresas y los individuos pueden utilizar para desviar la atención de su comportamiento cuestionable. En un mundo dominado por las normas de conducta woke, estos actores apuestan por la suposición de que ir en contra de la ortodoxia imperante constituye una ofensa social mayor que prestar servicios de mala calidad o participar en un comportamiento moralmente cuestionable.

En lugar de competir con otras empresas sobre la base de la satisfacción de los deseos de los consumidores, las empresas tratan de superar a las demás intentando mostrar sus credenciales de woke. Aquellos que tienen esqueletos en sus armarios probablemente encontrarán utilidad en este tipo de señalización como una forma de evitar cualquier atención no deseada. Ser woke actúa como una liberación de todas las obligaciones sociales. Al considerar la historia de su nación como fundamentalmente intolerante, los individuos y las instituciones ya no se sienten obligados a cumplir con las normas básicas de decencia y a servir a sus clientes y a la comunidad.

Teniendo esto en cuenta, no se puede subestimar el papel de la ideología en la configuración del comportamiento de los actores empresariales en la época contemporánea. A menudo se caricaturiza a los magnates empresariales como homines oeconomici cuya única preocupación es el beneficio y que ven las relaciones humanas a través de una lente exclusivamente transaccional. Esta percepción subestima el nivel de socialización que ha permeado a través de las líneas de clase en toda América.

No hay nada especial en la clase media-alta y superior que la exima de ser infectada por la ideología de la izquierda cultural. De hecho, las personas acomodadas de América crecen en entornos, desde las instituciones educativas en las que se inscriben hasta los clubes sociales en los que participan, que los exponen a las tendencias políticas y sociales dominantes. A lo largo de su desarrollo, muchos miembros de esta clase acaban siendo condicionados a aceptar la doctrina dominante establecida.

La actual cosecha de élites empresariales tiene poco en común con los titanes corporativos de la Edad Dorada, que todavía operaban dentro de los confines de la propiedad burguesa. De hecho, los valores tradicionales y la resistencia al radicalismo cultural pertenecen más bien a las clases trabajadoras y a otros americanas que no se han colocado en la cinta transportadora del PC que es el conducto contemporáneo de la educación a la empresa.

Sin embargo, una cosa es cierta: el izquierdismo de vigilia no consiste en luchar por los intereses del hombre común. Las demostraciones ornamentales de victimismo de la política del agravio sólo ocultan la naturaleza oligárquica de este proyecto.


José Niño es un escritor independiente con sede en Austin, Texas.

ALFONSO USSIA: Azafatos

PODEMOS AZAFATAS FEMINAZIS

Por/By Alfonso Ussia en La Razón

El profesor Carlos Rodríguez Braun ha publicado en La Razón un texto, como todos los suyos, embriagador e inteligente. Trata del feminismo cutre y de las azafatas del Circuito de Jerez, que quieren eliminar los estalinistas de Podemos. A Stalin le encantaban las soviéticas vestidas de uniforme, y elegía a las altas, rubías y amables en los anocheceres para tenerlas a su servicio. Con las que daba gatillazo, las destinaba a Siberia para que aprendieran a comportarse con mayor calidad y calidez. Los grupos feministas que desean terminar con la presencia de las azafatas guapas del Circuito de Jerez, son de prestigio internacional. Marea Violeta de Jerez, Marea Violeta de Sanlúcar de Barrameda, Marea Joven y Colectivo Feminista de Jerez, Café Feminista de San Fernando y Equiláteras Asociación de Cádiz. Grupos de enorme prestigio. Al final, Carlos Rodríguez Braun formula una pregunta, porque aun estamos en situación de formular preguntas, y haciendo uso de su libertad, que aún la disfrutamos, se cuestiona: ¿Que piensan las azafatas de todo esto?

Coincide la memez de los llamados colectivos feministas de los aires vendimiadores, salineros y atlánticos, con la decisión adoptada por los organizadores de la Vuelta a España de suprimir los besos de las azafatas a los ciclistas triunfadores y prohibirles sus «poses» de modelos. Los acomplejados organizadores han hallado una solución para no ser agobiados por la obsesión sexual del feminismo activo, que no desea ningún espacio de igualdad entre los hombres y las mujeres, sino darle al rollo del sexo, del que algunas están faltas y escasamente cumplidas. Y para ello, para armonizar, van a contratar azafatos. Es decir, que hay explotación sexual con las azafatas y no con los azafatos. De esas cosas se ocupan.

El durísimo deporte del ciclismo, que se endurece aún mas en las grandes vueltas, -Giro, Tour y Vuelta-, merece todo mi respeto, pero no me llena. Decía Antonio Mingote de su amigo Luis García Berlanga: -¿Como un tipo tan inteligente puede pasarse horas siguiendo una etapa que casi siempre gana el mismo ciclista?-. Se refería a las de alta montaña en el Tour en tiempos del gran Miguel Indurain. El anticiclismo de Mingote se resumía en un dibujo fabuloso. Tres afanosos, con la lengua fuera, ascendían por un puerto de categoría especial. Entre ellos, con una bicicleta de anchos neumáticos y un cajón acoplado entre los manillares, pedaleaba un vendedor de helados. Y el vendedor de helados les decía a los ciclistas, -Voy al pelotón de cabeza, que me han pedido unos helados, y ahora vuelvo con vosotros-.

No hay nada sexual en la costumbre de las azafatas. Los ciclistas que suben al podio llegan agotados. No se fijarían ni en una ardilla. Una ardilla, por otra parte, poco agraciada según el baremo de belleza de las ardillas. Esas azafatas altas, guapas y refrescantes, forman parte de la estética del ciclismo. Resulta curiosa la tirria que sienten las feministas por las mujeres jóvenes, atractivas y deslumbrantes. Es comprensible la tirria, pero no la obsesión por aniquilar su trabajo. Las azafatas del ciclismo, del motorismo, del automovilismo y de los Congresos y Eventos múltiples y diversos, son guapas porque iluminan la vulgaridad. Si un Congreso de fabricante de gafas, de ópticos, es servido e informado por un grupo de azafatas feas, gordas, malhumoradas con la vida, y con las mareas violetas fluyendo por los axilámenes, al siguiente congreso no hay óptico que se apunte. Esas azafatas que han cometido el delito social de nacer guapas, viven de ser guapas, y tienen todo el derecho para hacerlo. España está perdiendo la libertad, el tesoro más importante del ser humano. Y todo es consecuencia de la envidia. El feminismo no tendría que sufrir porque unas mujeres se ganen la vida entregando un ramo de flores y besando los papos de un ciclista sudado que termina de subir y bajar cuatro puertos de alta montaña. El feminismo sufre por otros motivos, muy compresibles, por otra parte.

Con azafatos en lugar de azafatas, va a ver el ciclismo su tía. No porque tenga importancia el cambio de sexo en los que entregan el ramo de flores, sino por el sometimiento y el miedo que algunos tienen a quienes se mueven, casi exclusivamente, por el rencor y la envidia, para terminar con las costumbres y sustituirlas por sus complejos.

Son, sencillamente, unas pesadas.

inglaterra

Professor Carlos Rodríguez Braun has published in La Razón a text, like all his, intoxicating and intelligent. It deals with the seedy feminism and the hostesses of the Circuito de Jerez, who want to eliminate the Stalinists from Podemos. Stalin loved the Soviets dressed in uniform, and chose the tall, blond and friendly at dusk to have them at his service. With those that gave a trigger, he sent them to Siberia so that they learned to behave with greater quality and warmth. Feminist groups who wish to end the presence of the beautiful hostesses of the Circuito de Jerez, are of international prestige. Marea Violeta de Jerez, Marea Violeta de Sanlúcar de Barrameda, Marea Joven and Colectivo Feminista de Jerez, Café Feminista de San Fernando and Equiláteras Association of Cádiz. Groups of enormous prestige. In the end, Carlos Rodríguez Braun asks a question, because we are still in a position to ask questions, and making use of his freedom, which we still enjoy, is questioned: What do stewardesses think of all this?

The stupid thing  of the so-called feminist collectives of the vineyards, salineros and atlantic airs, coincides with the decision taken by the organizers of the Vuelta a España to suppress the kisses of the stewardesses to the successful cyclists and to prohibit their «poses» of models. The organized organizers have found a solution not to be overwhelmed by the sexual obsession of active feminism, who does not want any space of equality between men and women, but to give to the roll of sex, of which some are lacking and scarcely fulfilled. And to do this, to harmonize, they will hire stewardesses. That is, there is sexual exploitation with the hostesses and not with the hostesses. Those things are taken care of.

The hard sport of cycling, which harden even more in the big laps, -Giro, Tour and Vuelta-, deserves all my respect, but it does not fill me. Antonio Mingote said of his friend Luis Garcia Berlanga: – How such a smart guy can spend hours following a stage that almost always wins the same cyclist? He referred to the high mountains on the Tour in the time of the great Miguel Indurain. Mingote’s anticiclismo was summed up in a fabulous drawing. Three anxious, with their tongues outside, they ascended by a port of special category. Between them, with a bicycle of wide tires and a drawer coupled between the handlebars, pedaled an ice cream vendor. And the ice-cream vendor was saying to the cyclists, «I’m going to the peloton of the head, they asked me for some ice cream, and now I’m coming back with you.»

There is nothing sexual in the custom of the stewardesses. The riders on the podium are exhausted. They would not even notice a squirrel. A squirrel, on the other hand, ungracious according to the beauty scale of the squirrels. These high stewards, beautiful and refreshing, are part of the aesthetics of cycling. It is curious how the feminists feel for the young women, attractive and dazzling. It is understandable the tirria, but not the obsession to annihilate his work. The hostesses of cycling, motorcycling, motorsport and multiple and diverse congresses and events are beautiful because they illuminate vulgarity. If a congress of optical glasses manufacturer is served and informed by a group of ugly, fat, ill-tempered stewardesses with life, and with the violet tides flowing through the axils, at the next congress there is no optic to be pointed. Those stewardesses who have committed the social crime of being born beautiful, live to be beautiful, and have every right to do so. Spain is losing freedom, the most important treasure of the human being. And all is a consequence of envy. Feminism would not have to suffer because some women make a living by delivering a bouquet of flowers and kissing the sweating of a sweaty cyclist who finishes raising and lowering four high mountain passes. Feminism suffers for other reasons, very compressible, on the other hand.

With stewardesses rather than stewardesses, she will see her aunt cycling. Not because it is important to change the sex in those who deliver the bouquet, but because of the submission and fear that some have to those who move, almost exclusively, by resentment and envy, to end the customs and replace them with Their complexes.

They are simply heavy.

 

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Los discursos más ridículos de la «gente» de Podemos

Pablo Iglesias, durante la pasada campaña electoral | EFE
Pablo Iglesias, durante la pasada campaña electoral | EFE

No todos los podemitas que hablan en público dominan el noble arte de la palabra. Algunos, de hecho, lo ignoran por completo. Aquí algunos ejemplos.

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Tal vez el debate interno más repetido en Podemos es el que tiene que ver con la participación de la «gente» (palabra favorita del partido). La formación morada nació como organización participativa desde abajo en la que todo el mundo podía opinar. Se crearon foros, asambleas, círculos, triángulos (círculos pequeños con tres miembros) y todo tipo de organizaciones para discutir o señalar al otro como traidor.

Todos los podemitas tuvieron la sensación de que podrían participar y decidir como pueblo por fin sobre las cosas que le afectan. Basta de votar cada cuatro años, pudiendo hacerlo todos los días. Seamos dueños de nuestras propias vidas. «Quiero poder participar», decía Pablo, tratando de expresar el cabreo del personal.

Un nuevo país se abría ante nuestros ojos. Por fin se veían expresadas las reclamaciones del histórico 15-M que reunió en la puerta del Sol a treinta mil personas. Pueden parecer pocas, pero son más que usted y yo, que somos solamente dos. Allí, en Sol, se celebrabanasambleas en las que el que quería podía arreglar el mundo. Todas las asambleas fueron registradas en cuadernos (que acabaron en un cajón cogiendo polvo, claro).

Este discurso asambleario de Podemos duró una breve temporada. Mientras la ilusión crecía en los recién llegados podemitas, los creadores del partido tomaban las posiciones que les permitieran controlarlo todo. Iglesias en el pasado ya había expresado que la política asamblearia le parecía una ficción. Concretamente, en la conocida entrevista en la que se ciscaba en los medios de comunicación privados, reconocía que algo «participativo, todo el mundo levantando la mano, dando su opinión, construyendo procesos desde la base, que luego ya se reunirán en una cafetería los jefes para tomar las decisiones importantes, no me interesa eso».

Además, destacaba que el papel del Estado era imprescindible para «empoderar a la gente, que es la base de la democratización de la política». Comparto que la política asamblearia es un caos inútil y un cebo para incautos. Y la democracia directa y participativa es algo que utilizas cuando sabes el resultado del proceso de votación, salvo que seas David Cameron. Nunca nos pedirán votar si queremos pagar menos impuestos, se lo garantizo.

Parte de los dirigentes de Podemos consideran que dejar hablar a todo el mundo no suma, sino que resta. ¿Por qué? Porque cuanta más gente hable, más meteduras de pata se producen y más contradicciones empiezan a salir a la luz. Y eso no es bueno en tiempos en los que de los partidos políticos se espera un discurso único, que fácilmente se confunde con ser un partido cohesionado.

Además, no todo el mundo tiene la capacidad de expresarse en público sin hacer el ridículoo sin decir alguna barbaridad. Así que poco a poco las asambleas se convierten en un lastre en el que pueden aparecer incluso denuncias de agresiones sexuales. Ante el temor de levantar un partido caótico e ineficaz, que se quemara rápido ante una cascada de meteduras de pata, Podemos se organizó como un partido tradicional con su líder y sus amigos del líder (órganos ejecutivos). Y fin.

Esto provocó desencanto en las soñadoras bases y en Monedero. Esperanzas enterradas, pero partido bien atado. En mi opinión, elección correcta (y ahora lo vamos a demostrar). Pero las elecciones no fueron todo lo bien que en Podemos hubieran deseado, ni yendo en coalición con cuarenta partidos. Así que llegó el cambio de estrategia: después de ignorar a los círculos en la mayoría de las decisiones del partido, tocaba dar voz a la gente. Este mismo mes, acto de encuentro y reconciliación de Iglesias con los círculos en el teatro Palafox de Madrid.

El líder entra y tras él se despliega una pancarta con un dibujo de la cara que Pablo tendrá dentro de veinte años. «Empujando están lxs muchachxs de la coleta», dice el lema de la pancarta (lema que el círculo de sobones sabría rimar fácilmente). Esta inspiradora frase vuelve a recordarnos que la izquierda domina la cultura y tiene a los artistas a su favor creando hermosas consignas y versos atemporales.

A este evento participativo acuden mil personas. Dura algo más de una hora. El tiempo se distribuye con equidad: Pablo habla cincuenta minutos y las otras novecientas noventa y nueve personas hablan diez minutos entre todas (no hablan al mismo tiempo, por aclarar). Cuando Pablo termina su largo discurso, se hacen preguntas y el líder contesta. Entrega y bondad. Entre las preguntas, hay un chico de un círculo de Podemos que toma la palabra. Su aportación es breve, pero valiosa. Por suerte, el vídeo de La Contra TV está subtitulado:

Impresiona desde el principio. Agradece un acto para la militancia en el que solamente habla el líder. Seguidamente, anuncia que quiere «hacer varias cosas en hincapié». Todos los elementos de la frase «hacer hincapié en varias cosas» están ahí, aunque el orden no es el tradicional. Por desgracia, no hay traductor simultáneo en la sala, pues el partido confiaba en que todos los asistentes hablaran castellano usando las palabras en el orden estandarizado. Desastrosa organización, Podemos. Fatal.

Seguidamente, la persona que ha tomado la palabra hace una aclaración importante: «Yo soy hombre». No fastidies. Estupefacción entre los asistentes. Fíjense en la cara de Rita Maestre al fondo, totalmente boquiabierta. Bien. Pero sigue: «Yo soy hombre, pero». Vamos mal. Esto acaba en accidente seguro. «Yo soy hombre, pero como hombre quiero que participen mucho las mujeres, feminizar (realmente dice otra palabra, «fenizmizar», seguramente de raíz húngara, pero traducimos y eliminamos balbuceos) la política. Feminizar la política no sólo es que estas instituciones (¿?), sino que se hagan y se predican con el ejemplo». Miren, yo qué sé.

Me gusta mucho el momento en el que, dándose cuenta de que ha sido capaz de hilar dos frases sin trabarse (es un decir), se va viniendo arriba. «Que se les dé voz, que se les dé voto, que se les dé más autoridad en todo, que se les dé más oportunidades». Madre mía, Clara Campoamor reencarnada, con la única pega de que estamos en 2016. Si Iglesias en la última campaña electoral vasca pedía que los niños pudieran ir al colegio, ahora este señor pide que las mujeres tengan voz y puedan votar. Cada generación necesita sus pioneros, aquellos individuos que van por delante de la sociedad y de los tiempos. Las mujeres «no sólo son cuatro o cinco, son el 55% de la población en España», añade nuestro hombre.

Seguimos con las cosas de las que nadie se había dado cuenta. A pesar de ello, hay aplausos, incluso de Pablo. España tiene cuarenta provincias, ovación cerrada. El Ebro nace en Cantabria, público en pie. «Son una gran votación para España, no sólo para Podemos. Es de sentido común. Son ese tipo…». Esta frase queda inacabada, para desgracia de todos. Me sorprende que lo primero que haya sabido valorar de la mujer es que «son una gran votación». Es decir, importan porque son muchas y también pueden votar (aunque hace un minuto ha pedido el voto para ellas). Es todo caótico: cuando empezó a hablar no existía el sufragio universal, pero ahora sí.

Lo peor está por llegar. Las mujeres «son las que nos llevan la comida a casa, son las que gracias a ellas nos hacemos grandes». Rita Maestre, que sigue al fondo (bajo el micrófono, si no la han encontrado), mueve su cuello en señal de «te estás luciendo, campeón». Es raro que (siguiendo la lógica de este hombre) si lo más destacado de ellas es que son muchas y nos traen la comida a casa (salvo si alguien compra por internet, que entonces el mérito es del transportista) nos hagan grandes.

Creo que la hoja de servicios podría haberse mejorado. El hombre, que debe de haber escuchado murmullos, además del crujir de pescuezo de Maestre, intenta remontar y vuelve a lo seguro: «Nuestras madres, nuestras hermanas, nuestras abuelas. Muchas gracias». Última frase sin verbo, pero en la que todo es cierto. Termina aquí. Pablo aplaude, magnánimo.

Yo pido un abrazo para este chico que no ha tenido la culpa de meterse en este berenjenal. Bueno, sí ha tenido la culpa, pero esto le puede pasar a cualquiera. De repente vas hablando y, con la mejor intención del mundo, te has metido en el pozo del machismo y salir de ahí es prácticamente imposible. Cuanto más intentas alabar, más machista eres. De repente, te despiertas una mañana y eres Donald Trump, pero en pobre.

Aquella tarde hubo más preguntas y reflexiones. Hasta ocho. La mitad eran «qué hay de lo mío» y la otra mitad eran «somos los mejores». No sabría decir cuál fue la peor. Pablo, que había ido anotando los comentarios, tuvo que contestarlas todas en dos minutos y se disculpó por haber empleado tanto tiempo en su discurso.

Ya que hemos entrado en el lóbrego tema del machismo, veamos otra gran intervención. Esta vez no se trata solamente de un militante, sino de la consejera y diputada de Podemos en la Asamblea de Madrid, Beatriz Gimeno. En su perfil de Twitter dice ser anticapitalista. No especifica si es anticapitalismo nórdico. Es uno de los primeros actos importantes de Podemos, en febrero de 2014. No han llegado a participar en unas elecciones.

Dice muchas genialidades, pero mi parte favorita es una reflexión que debería servir de advertencia a todos: «El capitalismo, cuando aprieta el acelerador, destroza las vidas y se lleva por delante las vidas del noventa, del noventa y nueve por ciento de la población. El patriarcado solamente se lleva por delante las vidas de la mitad de la población». Mierda de patriarcado que no sirve para nada con su absoluta ineficacia a la hora del genocidio. No entiendo que el capitalismo se lleve por delante la vida de casi todos. Además, ese baile de cifras (primero noventa y luego noventa y nueve) no inspira mucha confianza en el cálculo.

Tal vez Gimeno solamente quiere decirnos que todo el mundo se muere al menos una vez en la vida. Y eso es cierto. Aunque, en ese caso, no entiendo qué pasa con el uno por ciento restante. ¿Hay un uno por ciento de la población que no muere? Bien. Cuando Gimeno lanza su apocalíptico anuncio, enfocan a un hombre que está en el público con cara de «qué demonios hago yo aquí». No haber ido. A las asambleas de Podemos se va extrañado de casa.

El Tratado de Tordesillas, el de Versalles, el pacto Molotov-Ribbentrop o la Conferencia de Yalta quedan en nada ante el pacto entre el capitalismo y el patriarcado del que nos habla Gimeno. Su objetivo: tocar las narices a todos. No acabo de entender que si uno de los dos sistemas por sí solo «se lleva por delante» al noventa y nueve por ciento de la población (todos menos el Club Bildelberg y Florentino Pérez) ¿qué utilidad tiene el otro? Sí, los hombres nos salvamos del patriarcado, pero el capitalismo acaba con nosotros igualmente. Es como quitarte el azúcar del café pero seguir echando cianuro. No adelantamos nada.

«El neoliberalismo tiene su propia política sexual. Y está apretando el acelerador de su política sexual, porque el neoliberalismo necesita una política sexual», comenta la diputada. Ahora es el neoliberalismo el que acelera. ¿Hacia dónde va? ¿Cuál es la política sexual del neoliberalismo?

«Cuando todo se tambalea, cuando todo es frágil, cuando la gente empieza a pensar que no tiene nada y que no le queda nada, los hombres siempre pueden pensar que al menos tienen su masculinidad inexpugnable», sentencia. Así que uno puede estar muriéndose de hambre en este mundo neoliberal, pero si es hombre, siempre le queda su masculinidad, echarse la mano a la entrepierna y aquí no ha pasado nada.

He iniciado una investigación sobre los liberales y su política sexual. He buscado con Google cuántas noticias de esta página web contienen la palabra «pene». Y hay cientos. La última es de hace unos días: «Un hombre se hace una cirugía en su propio pene». Un hombre neoliberal, huelga decir.

Lo típico que no te queda nada, todo se vuelve frágil (menos la masculinidad) y te operas el miembro. Otros titulares que aparecen son «Un hombre corta el pene a su amigo al perder una apuesta» o «Un escocés golpea con su pene a una oficial de policía». Qué cosas pasan. Uno de los artículos que aparecen en la búsqueda lo escribí yo y en él mencioné al miembro masculino en siete ocasiones sin ser censurado por ello. Es evidente que los neoliberales intentan algo con esta inaceptable campaña liberal-falócrata. Campaña sin sentido, pues nos van a matar a todos.

Maduremos. Presentación de la candidatura «A por ellos». Por desgracia, no tenemos imágenes de la reunión en la que se decidió este nombre. Pero sí la tenemos de la presentación. Al micrófono, Alba López Mendiola, inicialmente «gente», pero actual vocal de Ahora Madrid por Vallecas. Un periodista hizo este montaje con necesario marcador electrónico (el escudo de España modificado es obra suya):

«Vengo aquí, primero reivindicándome como mujer, como bollera, como comunista y como feminista». Vaya, cuántas cosas. Tú vales mucho, tía. ¿Eh? No se sabe si presenta una candidatura o es un acto de autobombo bollero. Reivindicarse como mujer es como reivindicarse por ser rubio. Sacamos méritos muy raros. «Eso para empezar», amenaza. Y hay aplausos. ¿Qué aplauden? ¿Que sea mujer? Mi enhorabuena. Por supuesto, es muy importante iniciar un discurso político dejando claro con quién te sueles acostar. Eso indica claramente que quieres que no haya distinción alguna por tu condición sexual. Sí.

Entre sorbida de mocos y sorbida de mocos nos cuenta que apuesta «por esta candidatura porque como mujer, como lesbiana, no me sirven unas simples reformas». Está bien recordar cada treinta segundos que eres mujer, por si alguien se había olvidado. Es la misma estrategia que siguió el joven del principio, que opinaba de todo «como hombre», algo, desde luego, inevitable en el corto plazo.

Alba prosigue: «Lo que queremos es que, de una puñetera vez, así, con las palabras que tenga que emplear (no está claro qué dice), de una puñetera vez tengamos derecho a decidir sobre nuestros cuerpos, con la edad que tengamos, nos da igual, y sobre todo lo que queramos hacer con nuestro cuerpo».

Uuuuuuh, ha usado «puñetera». Qué agresiva y provocadora. Me sorprende (y me entristece) que no lidere ningún partido. «Desde esta candidatura hemos decidido que vamos a dejar de ser sujetos pasivos, porque es como nos quiere este sistema machista. Vamos a tomar de una vez lo que es la política», añade. Suficiente.

Recuerdo que cuando aparecieron los tuits de Zapata contra los judíos o contra Irene Villa, corrió el rumor (no sé si confirmado) de que si el concejal dimitía, su sustituta sería esta mujer-bollera-comunista-feminista. Al enterarse, hubo gente que empezó a quitar importancia a los tuits de Zapata. No es para tanto, lo dijo hace mucho, total, qué más da.

Nos hemos alejado mucho del tema inicial, fuera cual fuera. Pero es igual. El camino es tortuoso, lo admito. Miren, el capitalismo no solamente va a por todos nosotros. Tampoco deja en paz a los animales. PACMA se manifiesta por las calles de Madrid y una señora explica su opinión sobre la muerte del torero Víctor Barrio (sí, parece que se puede tener más de una opinión).

El toro no tiene la culpa, nos aclaran. Vale. Pero esta buena señora va más allá: aquel día (precisamente) hubo más desgracias, se murió un perro súper importante, «un icono de nuestra protectora y a mí nadie me dio el pésame». Su tono se ha vuelto duro, de reproche total, contra todo y contra todos.

Pero no se derrumba. Los españoles se han portado de vergüenza. Nadie se acordó, nueva muestra de la sociedad inhumana que estamos construyendo entre todos, gato. ¿Por qué nadie dio el pésame a esta señora? «En cambio a esa viuda, le dieron el pésame muchos españoles», subraya. Algunos le dieron el pésame y otros mostraron su miserable profunda alegría, también hay que decirlo. No merece más comentario.

Como ven, no solamente Podemos tiene problemas cuando la gente se pone a hablar. Este mal también afecta a otras formaciones. Los nervios y el afán de mejorar el mundo en el que vivimos a base de lemas y reuniones pueden llevar a errores. Y es que todos debemos pensar más y escuchar mucho más. Miren, la presión es tan grande que a veces el pueblo podemita no se aclara ni de cuándo debe aplaudir:

Creo que en ese momento Pablo estuvo a punto de dejar caer el micrófono, de decir «mira, os lo hacéis vosotros», y desaparecer de la política para siempre. Pero, en su infinita y santa paciencia, él opta por una mirada larga al horizonte con desfruncido de ceño para disimular el bochorno. Ligero gesto de «claro, aplaudidme, majos». En fin, en estos mítines y actos políticos es complicado mantener la atención. De hecho, para eso están los aplausos, para que nadie se duerma, algo especialmente importante en los actos en las calles en los que todo el mundo está de pie.

Lo que al ciudadano mejor le funciona en política, en mi humilde opinión, es quedarse en casa. Pero si uno quiere ser animal político, lo recomendable es simplificar los ritos: frase facilona, corro de la patata y todos bien agarrados de la mano para que nadie se salga de su puesto o se caiga y acabe haciendo la croqueta:

No se ve bien (esta gente usa cámaras de pobreza extrema), pero en un lado del corro hay un perro que lo está flipando, dando por hecho que ha llegado su hora y que va a ser sacrificado.

Tres palabras, oigan: sí, se puede. ¿»Sí se puede» qué? Ahí cabe todo. Sí, se puede soñar con un mañana mejor. Sí, se puede tener menos personalidad que el musgo. Sí, se puede, por fin me han admitido en el psiquiátrico. Es un contenedor universal que se adapta a los treinta y cinco proyectos económicos que lleva Podemos, a la socialdemocracia nórdica, al bolivarianismo y al sueño abstracto que queramos defender en cada momento.

Y evita el problema de género que traía el lema original norteamericano del «yes, we can», que obligaría a decir «sí, podemos y podemas». El que inventó la oración (en el sentido religioso) es un genio al que la humanidad está debiendo mayor reconocimiento que al perro de la señora de PACMA.

Me dicen que termine ya. La política es algo muy complicado, de ahí que la representatividad sea importante. No todos sabemos hablar en público sin parecer machistas, sin decir que el capitalismo nos va a llevar a todos por delante o sin comparar la vida de un perro importante con la de un hombre. Por eso debemos tener personas que lo hagan por nosotros.

Esta semana decía Carmena que «el mundo de la democracia representativa se está acabando». Quiero creer que se equivoca. Entre otras cosas, porque algunos no queremos nada, no aspiramos a hacer política o a decidir el color de las aceras de nuestro barrio. Realmente, algunos aspiramos a que nos molesten lo menos posible. En definitiva, mi consejo es que no se metan en política, es algo desagradable. Y cuando vean un micrófono, salgan corriendo.

 

#VOTOPORESPAÑA.- El Blog de CARLOS CC (El Rebuznómetro): Los rebuznos del día. Pablo Iglesias y Juan Carlos Monedero.

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MONEDERO

EL REBUZNÓMETRO: El Rincón de los gilipollas. Zapatero vuelve a rebuznar en la concesión del premio Pluma.

 

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La mas docta y preclara mente de Afganistán.

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PALOMOS COJOS.

 

EL gran Wyoming, con la evidente intencionalidad de emplomarle las alas electorales a Miguel Celdrán, ha organizado para hoy una caravana de palomos cojos en Badajoz. ¡Qué error! Celdrán debe enviarle una cesta por Navidad. Inicialmente era para palomos cojos, pero parece que la respuesta estaba siendo muy tibia y, después de posponerla por la lluvia, ‘para que no se les mojasen las plumas’, la han hecho extensiva a todo el que quiera apuntarse a un jolgorio macarra. Bienvenidos sean los que vengan, venga de dónde vengan, porque esta ciudad está abierta a todos, a los palomos, a los patos, a los gallos y a Wyoming, a pesar de que lleva dos meses jugueteando con el nombre de Badajoz en vano.

Que vengan todos, los cojos, los desplumados, los tuertos y los de ala rota. Aquí van a encontrar simpatía, hospitalidad, tolerancia, humor, buen vino y mejor jamón. Ánimo para los palomos cojos y para los que corran como Lightning Bolt, que hay pistas para todos. Que se lo pasen bien y aprovechen la estancia para conocer un poco mejor a los pacenses y a los extremeños, entre los que hay gente de todos los palomares. No sé qué idea traerán, pero sé que la que se llevarán será buena, porque así es como se van todos los que visitan Extremadura. Aquí nadie presume de machos recios, ni de mari machas trasnochadas, porque esta tierra es de todos. Y de todas. Y de los palomos cojos también, sean autóctonos o filipinos. En Badajoz, aunque no lo sepa Wyoming, sabemos medir las distancias, encogernos de hombros y reírnos de pamplinas e histrionismos baratos.

Si lo que pretende el gran sextario de la Sexta es hacer una de sus gracietas para rellenar programa, pues ojalá le salga bien y se lleve cuerda para alargar su pantomima un par de meses más. Extremadura necesita promoción y si es gratis, mejor, pero que no borre la ruta para poder volver, porque Badajoz tiene otras gracias y otros problemas menos artificiales que los de los palomos. Nunca se movilizó por nuestras cosas, tal vez porque ignore que aquí hay gente que lo está pasando muy mal. Puede que nuestros 125.000 parados no vean bien el despilfarro festivo de una caravana chunga, montada artificialmente al rebufo de la nada, mientras ellos andan con la tabarra de buscar el pan nuestro de cada día. Wyoming no sabe de esto, pero si se baja un poco de su frivolidad, puede aprender y hasta concienciarse un poco para ayudarnos desde su tribuna.

Que se diviertan, que vacíen el monedero, que compartan su alegría, que sepan recibir la nuestra y que entiendan que el horno no está para bollos. Si sirve para que vean lo que no habían visto, daremos por buena esta caravana de palomos cojos, que puede abrir la posibilidad de otras muchas caravanas, solidarias con Extremadura, con su gente y sus problemas. Bienvenido sea Wyoming y todos los feligreses del esperpento que se hayan desplazado hasta aquí, con la disculpa de una sonsera. Seguro que cuando los necesitemos de verdad, volverán para ayudarnos. Feliz día, palomos.

AUTOR: 09.04.2011 – TOMÁS MARTÍN TAMAYO


– GILI-PROGRE: Dícese del miembro o miembra que su ideología y sistema de vida está a medio camino entre Hugo Chávez y Hugo Boos.