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LOS INGENIOSOS CUENTOS DEL MULLÁH NASRUDIN: » El plano espiritual «

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Dos viajeros cruzaban junto a Nasrudín las montañas del Himalaya, discutiendo sobre la importancia de poner en práctica todo aquello que habían aprendido en el plano espiritual. Estaban tan entretenidos en el plano espiritual que no fue hasta bien entrada la noche que se dieron cuenta de que solamente llevaban consigo un pedazo de pan.

Decidieron no discutir sobre quién merecía comerlo. Sin duda eran hombres piadosos; dejarían la decisión en manos de los dioses. Rezaron para que durante la noche, un espíritu superior les indicase quién de ellos recibiría el alimento.

A la mañana siguiente, los tres se levantaron al salir el sol.
—He aquí mi sueño, principió el primer viajero. Yo iba cargado hacia lugares donde nunca había estado antes, y experimenté toda la paz y armonía que he buscado en vano en esta vida terrenal. En medio de ese idílico paraíso, un sabio de largas barbas me decía: «Tú eres mi preferido, ya que jamás te entregastes al placer mundano y siempre renunciaste a todo lo vacuo. Sin embargo, para confirmar mi alianza contigo, me gustaría que comieras un pedazo de pan».
—Es bien extraño, comentó el segundo viajero,porque en mi sueño, yo vi mi pasado de santidad y mi futuro de maestro. Mientras miraba el porvenir, encontré un hombre de gran sabiduría diciendome: «Tú necesitas comer más que tus dos amigos porque tendrás que liderar a mucha gente, y para ello necesitarás fuerza y energía.”
—En mi sueño, intervino entonces Nasrudín, yo no vi nada, no visité ningún lugar ni encontré a ningún sabio. Sin embargo, a determinada hora de la noche me desperté de repente. Y me comí el pan.
Los otros dos se enfurecieron:
—¿Dinos, por qué no nos llamaste, antes de tomar una decisión tan personal?
—Vaya, ¿Cómo iba a hacerlo? ¡Estabais tan lejos, encontrándoos con maestros y teniendo visiones sagradas! Ayer argumentábamos sobre la importancia de poner en práctica todo aquello que aprendemos en el plano espiritual. En mi caso, Dios actuó rápido y me hizo despertar a causa del hambre.

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LOS INGENIOSOS CUENTOS DEL MULLÁH NASRUDIN: » La joven impúdica «

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Durante mucho tiempo, Nasrudín había tenido la intención de pedir la mano de cierta joven. Pero antes de que hubiera ahorrado el dinero de la dote, su amigo le dijo que iba a casarse con la bella muchacha. El Mullah se quedó trastornado y, pensando un momento, dijo:
—Te felicito, ella es verdaderamente el mejor premio. Casualmente, hoy hablaba con otro hombre, que admitía, que estaba deslumbrado por sus encantos.
—¿Estás diciendo que ha aparecido sin velo en público?, preguntó su amigo.
—Simplemente repito lo que he oído, no he hecho preguntas, contestó Nasrudín.

Muy angustiado, el otro hombre salió corriendo a la casa de su futuro suegro y rompió el compromiso.

Unos meses después, cuando finalmente Nasrudín había conseguido el dinero de la dote, se comprometió con la muchacha. Cuando su amigo oyó la noticia, se enfadó mucho.
—¡Qué va! ¡Si no me hubieras dado a entender que era impúdica, me habría casado con ella!
—Estás confundido, dijo Nasrudín. Jamás insinué que fuera impúdica.
—Dijiste que habías hablado con otro hombre que estaba deslumbrado por su belleza.
—¿No mencioné que el otro hombre era su padre?,preguntó Nasrudín.

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LOS INGENIOSOS CUENTOS DEL MULLÁH NASRUDIN: «El maestro espiritual»

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Un anciano sabio había llegado a la aldea desde más allá de Ashsharq, un lejano territorio de Oriente. Sus exposiciones filosóficas eran tan abstrusas, y sin embargo tan fascinantes, que los parroquianos de la casa de té llegaron a pensar que quizá podría llegar a revelarles los misterios de la vida.

El Mullah Nasrudín lo escuchó durante un rato.

—Sabrá usted, acotó Nasrudin, que he tenido experiencias parecidas a las que usted vivió durante sus viajes. Yo también he sido un maestro errante.

—Cuénteme algo de eso, si es imprescindible,precisó el anciano, algo molesto por la interrupción.

—Oh, sí, debo hacerlo, afirmó el Mullah, por ejemplo, en un viaje que hice por el Kurdistán era bienvenido por dondequiera que fuese. Me hospedaba y trasladaba de un monasterio a otro, donde los derviches escuchaban atentamente mis palabras. Me suministraban alojamiento gratuitamente en las posadas y comidas en las casas de té. En todas partes la gente al verme quedaba impresionada.

El anciano monje comenzaba a impacientarse ante tanta propaganda personal:
—¿Nadie se opuso en ningún momento a algo de lo que usted decía?, preguntó agresivamente.
—Sí, afirmó un inefable Nasrudín, una vez en un pueblo fui golpeado, introducido al cepo y finalmente expulsado del lugar.
—¿Cuál fue el motivo?
—Bueno, verá usted, ocurrió que en esa ciudad la gente comprendía turco, el idioma con el que yo impartía mis enseñanzas.
—¿Y qué sucedía con aquella gente que lo recibía tan bien?
Ah, pues esos eran kurdos; tienen su propio idioma. Estaba a salvo mientras estuviera entre ellos.

 

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LOS INGENIOSOS CUENTOS DEL MULLÁH NASRUDIN: ¿Saben de qué les voy a hablar?

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Esta historia comienza cuando Nasrudín llega a un pequeño pueblo en algún lugar lejano de Medio Oriente.

Era la primera vez que estaba en ese pueblo y una multitud se había reunido en un auditorio para escucharlo. Nasrudín, que en verdad no sabía que decir, porque él sabía que nada sabía, se propuso improvisar algo y así intentar salir del atolladero en el que se encontraba.

Entró muy seguro y se paró frente a la gente. Abrió las manos y dijo:

-Supongo que si ustedes están aquí, ya sabrán que es lo que yo tengo para decirles.

La gente dijo:

-No… ¿Qué es lo que tienes para decirnos? No lo sabemos ¡Háblanos! ¡Queremos escucharte!

Nasrudín contestó:

-Si ustedes vinieron hasta aquí sin saber qué es lo que yo vengo a decirles, entonces no están preparados para escucharlo.

Dicho esto, se levantó y se fue.

La gente se quedó sorprendida. Todos habían venido esa mañana para escucharlo y el hombre se iba simplemente diciéndoles eso. Habría sido un fracaso total si no fuera porque uno de los presentes -nunca falta uno- mientras Nasrudín se alejaba, dijo en voz alta:

-¡Qué inteligente!

Y como siempre sucede, cuando uno no entiende nada y otro dice “¡qué inteligente!”, para no sentirse un idiota uno repite: “¡sí, claro, qué inteligente!”. Y entonces, todos empezaron a repetir:

-Qué inteligente.

-Qué inteligente.

Hasta que uno añadió:

-Sí, qué inteligente, pero… qué breve.

Y otro agregó:

-Tiene la brevedad y la síntesis de los sabios. Porque tiene razón. ¿Cómo nosotros vamos a venir acá sin siquiera saber qué venimos a escuchar? Qué estúpidos que hemos sido. Hemos perdido una oportunidad maravillosa. Qué iluminación, qué sabiduría. Vamos a pedirle a este hombre que dé una segunda conferencia.

Entonces fueron a ver a Nasrudín. La gente había quedado tan asombrada con lo que había pasado en la primera reunión, que algunos habían empezado a decir que el conocimiento de Él era demasiado para reunirlo en una sola conferencia.

Nasrudín dijo:

-No, es justo al revés, están equivocados. Mi conocimiento apenas alcanza para una conferencia. Jamás podría dar dos.

La gente dijo:

-¡Qué humilde!

Y cuanto más Nasrudín insistía en que no tenía nada para decir, con mayor razón la gente insistía en que querían escucharlo una vez más. Finalmente, después de mucho empeño, Nasrudín accedió a dar una segunda conferencia.

Al día siguiente, el supuesto iluminado regresó al lugar de reunión, donde había más gente aún, pues todos sabían del éxito de la conferencia anterior. Nasrudín se paró frente al público e insistió con su técnica:

-Supongo que ustedes ya sabrán que he venido a decirles.

La gente estaba avisada para cuidarse de no ofender al maestro con la infantil respuesta de la anterior conferencia; así que todos dijeron:

-Sí, claro, por supuesto lo sabemos. Por eso hemos venido.

Nasrudín bajó la cabeza y entonces añadió:

-Bueno, si todos ya saben qué es lo que vengo a decirles, yo no veo la necesidad de repetir.

Se levantó y se volvió a ir.

La gente se quedó estupefacta; porque aunque ahora habían dicho otra cosa, el resultado había sido exactamente el mismo. Hasta que alguien, otro alguien, gritó:

-¡Brillante!

Y cuando todos oyeron que alguien había dicho “¡brillante!”, el resto comenzó a decir:

-¡Si, claro, este es el complemento de la sabiduría de la conferencia de ayer!

-Qué maravilloso

-Qué espectacular

-Qué sensacional, qué bárbaro

Hasta que alguien dijo:

-Sí, pero… mucha brevedad.

-Es cierto- se quejó otro

-Capacidad de síntesis- justificó un tercero.

Y en seguida se oyó:

-Queremos más, queremos escucharlo más. ¡Queremos que este hombre nos de más de su sabiduría!

Entonces, una delegación de los notables fue a ver a Nasrudín para pedirle que diera una tercera y definitiva conferencia. Nasrudín dijo que no, que de ninguna manera; que él no tenía conocimientos para dar tres conferencias y que, además, ya tenía que regresar a su ciudad de origen.

La gente le imploró, le suplicó, le pidió una y otra vez; por sus ancestros, por su progenie, por todos los santos, por lo que fuera. Aquella persistencia lo persuadió y, finalmente, Nasrudín aceptó temblando dar la tercera y definitiva conferencia.

Por tercera vez se paró frente al público, que ya eran multitudes, y les dijo:

-Supongo que ustedes ya sabrán de qué les voy a hablar.

Esta vez, la gente se había puesto de acuerdo: sólo el intendente del poblado contestaría. El hombre de primera fila dijo:

-Algunos si y otros no.

En ese momento, un largo silencio estremeció al auditorio. Todos, incluso los jóvenes, siguieron a Nasrudín con la mirada.

Entonces el maestro respondió:

-En ese caso, los que saben… cuéntenles a los que no saben.

Se levantó y se fue.

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LOS INGENIOSOS CUENTOS DEL MULLÁH NASRUDIN: La Sopa de Pato

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pato-a-la-cazuelaCierto día, un campesino fué a visitar a Nasrudín, atraído por la gran fama de éste. Deseoso de ver de cerca al hombre más ilustre y más idiota del país, le llevó como regalo un magnífico pato.

El Mulá, muy honrado, invitó al hombre a cenar y pernoctar en su casa. Comieron una exquisita sopa preparada con el pato.

 A la mañana siguiente, el campesino regresó a su campiña, feliz de haber pasado algunas horas con un personaje tan importante.

Algunos días mas tarde, los hijos de este campesino fueron a la ciudad y a su regreso pasaron por la casa de Nasrudín.

– Somos los hijos del hombre que le regaló un pato – se presentaron.

Fueron recibidos y agasajados con sopa de pato.

Una semana después, dos jóvenes llamaron a la puerta del Mulá.

– ¿Quienes son ustedes?

– Somos los vecinos del hombre que le regaló un pato.

El Mulá empezó a lamentar haber aceptado aquél pato. Sin embargo, puso al mal tiempo buena cara, e invitó a sus huéspedes a comer.

A los ocho días, una familia completa pidió hospitalidad al Mulá.

– Y ustedes ¿quiénes son?

– Somos los vecinos de los vecinos del hombre que le regaló un pato.

Entonces el Mulá hizo como si se alegrara y los invitó al comedor. Al cabo de un rato, apareció con una enorme sopera llena de agua caliente y llenó cuidadosamente los tazones de sus invitados. Luego de probar el líquido, uno de ellos exclamó:

– Pero …. ¿qué es esto, noble señor? ¡Por Allah que nunca habíamos visto una sopa tan desabrida!

El Mulá Nasrudín se limitó a responder:

-Esta es la sopa de la sopa de la sopa de pato que con gusto les ofrezco a ustedes, los vecinos de los vecinos de los vecinos del hombre que me regaló el pato !!!

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LOS INGENIOSOS CUENTOS DEL MULLÁH NASRUDIN: Los granjeros a los que se les daban bien los números.

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Nasrudín es un Mulá (maestro) que protagoniza una larga serie de historias-aventuras-cuentos-anécdotas, representando distintos papeles: agricultor, padre, juez, comerciante, juez, sabio, maestro o tonto. Cada una de estas historias cortas hace reflexionar a quién la lee u oye, como una fábula, y además suelen ser humorísticas, con el humor simple de lo cotidiano, a veces con contrasentidos y aparentes absurdos.

Sus enseñanzas, que han sido y son utilizadas por los maestros del sufismo, van desde la explicación de fenómenos científicos y naturales, de una manera más fácilmente comprensible, a la ilustración de asuntos morales.

Idres Shah popularizó en Occidente al personaje a través de diversas recopilaciones de estos cuentos breves rescatados de la literatura y tradición oral de las culturas donde es conocido.

Ya, ya se que yo estoy totalmente en contra del Islam y esto puede parecer una contradicción pero lo cierto es que SON RELATOS HUMORÍSTICOS y en ellos NO se hace proselitismo religioso, así que contradición ninguna. Es, sencillamente, un relato humorístico (por supuesto cada uno se lo puede tomar como quiera) y, en mi opinión, SON TODOS DIVERTIDÍSIMOS, yo me parto jejev con este menda.

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Los granjeros…

a los que se les daban bien los números.

 

nasrudin02De entre todos los pueblos que el mula Nasrudin visitó en sus viajes, había uno que era especialmente famoso porque a sus habitantes se les daban muy bien los números. Nasrudin encontró alojamiento en la casa de un granjero. A la mañana siguiente se dio cuenta de que el pueblo no tenía pozo. Cada mañana, alguien de cada familia del pueblo cargaba uno o dos burros con garrafas de agua vacías y se iban a un riachuelo que estaba a una hora de camino, llenaban las garrafas y las llevaban de vuelta al pueblo, lo que les llevaba otra hora más.

«¿No sería mejor si tuvieran agua en el pueblo?», preguntó Nasrudin al granjero de la casa en la que se alojaba. «¡Por supuesto que sería mucho mejor!», dijo el granjero. «El agua me cuesta cada día dos horas de trabajo para un burro y un chico que lleva el burro. Eso hace al año mil cuatrocientas sesenta horas, si cuentas las horas del burro como las horas del chico. Pero si el burro y el chico estuvieran trabajando en el campo todo ese tiempo, yo podría, por ejemplo, plantar todo un campo de calabazas y cosechar cuatrocientas cincuenta y siete calabazas más cada año.»

«Veo que lo tienes todo bien calculado», dijo Nasrudin admirado. «¿Por qué, entonces, no construyes un canal para traer el agua al río?» «¡Eso no es tan simple!», dijo el granjero. «En el camino hay una colina que deberíamos atravesar. Si pusiera a mi burro y a mi chico a construir un canal en vez de enviarlos por el agua, les llevaría quinientos años si trabajasen dos horas al día. Al menos me quedan otros treinta años más de vida, así que me es más barato enviarles por el agua.»

«Sí, ¿pero es que serías tú el único responsable de construir un canal? Son muchas familias en el pueblo.»

«Claro que sí», dijo el granjero. «Hay cien familias en el pueblo. Si cada familia enviase cada día dos horas un burro y un chico, el canal estaría hecho en cinco años. Y si trabajasen diez horas al día, estaría acabado un año.»

«Entonces, ¿por qué no se lo comentas a tus vecinos y les sugieres que todos juntos construyáis el canal?

«Mira, si yo tengo que hablar de cosas importantes con un vecino, tengo que invitarle a mi casa, ofrecerle té y halva, hablar con él del tiempo y de la nueva cosecha, luego de su familia, sus hijos, sus hijas, sus nietos. Después le tengo que dar de comer y después de comer otro té y él tiene que preguntarme entonces sobre mi granja y sobre mi familia para finalmente llegar con tranquilidad al tema y tratarlo con cautela. Eso lleva un día entero. Como somos cien familias en el pueblo, tendría que hablar con noventa y nueve cabezas de familia. Estarás de acuerdo conmigo que yo no puedo estar noventa y nueve días seguidos discutiendo con los vecinos. Mi granja se vendría abajo. Lo máximo que podría hacer sería invitar a un vecino a mi casa por semana. Como un año tiene sólo cincuenta y dos semanas, eso significa que me llevaría casi dos años hablar con mis vecinos. Conociendo a mis vecinos como les conozco, te aseguro que todos estarían de acuerdo con hacer llegar el agua al pueblo, porque todos ellos son buenos con los números. Y como les conozco, te digo, que cada uno prometería participar si los otros participasen también. Entonces, después de dos años, tendría que volver a empezar otra vez desde el principio, invitándoles de nuevo a mi casa y diciéndoles que todos están dispuestos a participar.» «Vale», dijo Nasrudin, «pero entonces en cuatro años estarías preparados para comenzar el trabajo. ¡Y al año siguiente, el canal estaría construido!»

«Hay otro problema», dijo el granjero. «Estarás de acuerdo conmigo que una vez que el canal esté construido, cualquiera podrá ir por agua, tanto como si ha o no contribuido con su parte de trabajo correspondiente.»

«Lo entiendo», dijo Nasrudin . «Incluso si quisierais, no podríais vigilar todo el canal.»

«Pues no», dijo el granjero. «Cualquier caradura que se hubiera librado de trabajar, se beneficiaría de la misma manera que los demás y sin coste alguno.»

«Tengo que admitir que tienes razón», dijo Nasrudin.

«Así que como a cada uno de nosotros se nos dan bien los números, intentaremos escabullirnos. Un día el burro no tendrá fuerzas, el otro el chico de alguien tendrá tos, otro la mujer de alguien estará enferma, y el niño, el burro tendrán que ir a buscar al médico.

Como a nosotros se nos dan bien los números, intentaremos escurrirnos el bulto. Y como cada uno de nosotros sabe que los demás no harán lo que deben, ninguno mandará a su burro o a su chico a trabajar. Así, la construcción del canal ni siquiera se empezará.»

«Tengo que reconocer que tus razones suenan muy convincentes», dijo Nasrudin. Se quedó pensativo por un momento, pero de repente exclamó: «Conozco un pueblo al otro lado de la montaña que tiene el mismo problema que ustedes tienen. Pero ellos tienen un canal desde hace ya veinte años.»

«Efectivamente», dijo el granjero, «pero a ellos no se les dan bien los números.»

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El ojo de Ra.

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Lejos fuera de esta galaxia, donde el tiempo puede parecer eterno, donde el pasar de los minutos pareciera que no existir…

No sé cuánto ha pasado o desde cuando he permanecido de este modo, solo sé que ojala las cosas vuelvan a ser de la forma que eran. Ya no siento temor es mas ya no importa si siento algo; ya que no soy nada ni nadie, solo una partícula parte de este infinito universo.

La sola idea de ser capaces, de ser mejor que el enemigo nos ha carcomido del todo, las vidas que estar en el inter no fueron nada importante, y aquellos que tenemos las haz de perder fuimos las primera cabezas que se explotaron por la ambición de unos cuantos. He de presumir que este proyecto fue lo más importante de mi vida, la carrera especial ha sido una de las inventivas humanas más potentes de todo. La conquista espacial es algo que el hombre no podrá culminar ya que esta gran extensión es más gigante que todo y por mucho que nosotros.

La experimentación era simple; una salida para arreglar un transbordador descompuesto, aquello no tomaría de más de unas horas, un día quizás. Yo comenzaba mi carrera de astronauta, aun estaba muy lejos de las misiones de verdad, no había tenido la oportunidad de salir aun, así que este momento era muy importante y muy emociónate en mi vida, era el día donde me subiría a una nave y rompería la barrera entre nuestro mundo y el mundo de afuera, el gran momento para contemplar las maravillas que conforman nuestro pequeño sistema solar, he de admitir de que si tan solo me hubiera imaginado lo que pasaría, jamás me hubiera arriesgado, pero claro que es esta vida sin tomar los riesgos necesarios para darse el lujo de presumir que se vive.

Al principio como todo, iba bien, el despegue se logro sin complicaciones y salimos fuera de al atmosfera en el tiempo contemplado, todo iba según el curso programado, al cabo de un par de horas después de haber salido de la nave para lograr reparar la maquina rota, la señal con la tierra cada vez se fue debilitando mas, estábamos perdiendo el contacto, mis compañeros no sintieron ninguna preocupación ya que dijeron que como no se contaba con las tecnologías tan avanzadas a veces la señal se iba por una hora o dos, claro que como novato que soy, esta idea no me dejo del todo tranquilo, pero el trabajo seguía y había que hacerse.

Las horas seguía pasando la comunicación no se restablecía, y mis nervios aumentaban el solo pensar de que hubiera fallas me mataba, el colmo fue cuando comenzaron los desperfectos de la nave al intentar volver, al no restablecerse la comunicación no se pudo obtener coordenadas de nuestra ubicación por lo que en la base no sabían de nuestro punto exacto, era difícil saber cómo regresar, igual teníamos que irnos ya que acabamos nuestra misión, pero la nave no respondía con esto se nos complicó todo, inclusive cerrar las puertas nada reaccionaba entonces empezaron esos ruidos quienes nos aseguraban que las cosas no iban a cavar muy bien, al momento de hacerle una revisión el mecánico encargado nos aseguro que la nave había sido corrompida , algunos cables fueron cortados esto con el objetivo de hacernos explotar con ella. Era nuestro fin ya que no podía repararlos por que los aditamentos necesarios se encontraban en la tierra, los soviéticos supieron como ponernos un final y ahí estábamos llorando dado que la nave se explotaría como una forma de salvar toda la tecnología estadounidense con ella, un método de protección de nuestros compatriotas, una idea que sin importar quienes vayan terminarían igual.

No sé porque ni de donde pero solo tenía una idea en la cabeza, quería creer en algo, antes de morir, encomendarme a alguien como lo estaban haciendo en ese momento mis compañeros; a pesar de no considérame alguien quien mantuviera una fe o algo así, el único dios que paso por mi mente fue aquel dios egipcio Ra, un tatuaje con su ojo en mi brazo izquierdo el cual siempre vendo para ocultarlo, uno de mis secretos… porque pensaba en aquello antes del inminente fin.

La explosión era una realidad, ahí estábamos tomados de la mano, gritando rezando por muestras familias, esposas e hijos por todo aquello que fuimos obligados a renunciar, al terminar el conteo solo pude sentir una fuerza que me saco volando de ahí, fue muy potente la cual consumió aquellos quienes se encontraban cerca del tablero de control, la falta de gravedad era muy potente por lo que me separe drásticamente de mis compañeros quienes por la fuerza de la explosión salieron en distintas partes y con ellos una fuerza, la cual los dirigió hasta perderse de vista.

Todo fue tan rápido, la nave estaba hecha pedazos y no había rastro de nadie cerca de mí, estaba solo flotando en la inmensidad de la nada, en medio de mis pensamientos y mi absoluto terror, y ahora que hare comencé a maldecir a todos y a todo, el maldito plan que nos aplicaron, aislarnos de todo ¿para qué? Nosotros no representábamos ninguna amenaza, no éramos mas que unos astronautas haciendo nuestro trabajo investigativo, y que sigue, cuánto tiempo estaré aquí.

Y ahí estaba yo, flotando en el universo con la resignación encima, con los ideales destrozados, pero por qué no siento nada, es como si mis emociones desaparecieran. Bueno haciendo una retrospección he de admitir que no tengo nada ni nadie quien me espere de regreso en la tierra, mi familia quizás, mi familia…. Mi maldita familia a esos desgraciados no les debo nada, mis padres me dieron la espalda cuando les conté de mi sueño de ser astronauta solo se limitaron a llamarme loco y hui de esa casa. Mi esposa esa mujer, la cual según me apoyaba y solo me engañaba con el vecino y por ultimo mis hijos esos malagradecidos quienes jamás me notaban, nunca me hacían caso solo me veían como su fuente de dinero y como uno maldito lunático; es más creo que estoy mejor aquí lejos de ellos y en medio de la belleza más hermosa que existe, el universo mi sueño se ha cumplido salir a conocer que hay más allá, además no estoy solo Ra está conmigo, su ojo me observa y vela por mí.

¡Ra vivirá para siempre! – al gritar estas palabras para sus adentros, el joven astronauta fue golpeado por una parte de la deshecha nave y perdió el conocimiento.

Una vieja estrella término su ciclo de vida conjugándose con el universo, aquella supernova movió todo lo que estaba cerca de ella, el cuerpo del astronauta se movió junto con las demás estrellas que se encontraban cerca de él, esto provoco que se acercara a una nave aledaña a él, los otros astronautas se sorprendieron al verlo ahí.

Algunos días después, el astronauta se despertó en lo que el identifico como un hospital pero lucia distinto, todo tenía un aspecto extraño, había aparatos muy raros, salió muy rápido de ahí en busca de alguien que pudiera orientarlo quien pudiera decirle que paso y en qué momento llego a la tierra o si se encontraba ahí o en un planeta desconocido.

En su búsqueda por información se asomo a la ventana y pudo confirmar que efectivamente era el planeta tierra, pero entonces por qué lucia todo tan diferente, era la vieja base donde comenzó todo, así que pensó en sus registros ahí debería venir la información que él buscaba, al llegar comenzó a buscar algún indicio de que podría estar pasando, busco y busco pero nada, entre papeles y papeles… nada que lo vinculara, era una tontería.

Después de varias horas de buscar información pero sin éxito, se rindió y se dejo caer una silla cercana ahí, vio lo que se parecía a un periódico lo tomo y comenzó a leerlo, sus ojos no podían creer lo que estaba viendo en ese momento un escalofrió le recorrió el cuerpo, lo aventó y se decido a salir corriendo de ahí, en busca de su casa solo para llegar y encontrase con una estructura completamente diferente.
Como si nunca hubiera vivido ahí nada tenía sentido como fue que paso, nada era lo que recordaba, cuánto tiempo estuvo lejos de casa él se veía como antes de que se fuera nada en el había cambiado pero en su alrededor era completamente distinto.

¿Qué está ocurriendo? –se decía a sí mismo, como es que paso esto. ¿Cuánto tiempo estuve flotando en el espacio?
!!¿EN QUE MOMENTO PASARON 50 AÑOS?¡¡ ¿cómo es que todo cambio menos yo? Mis manos, mi cara, nada han cambiado, sigo siendo el mismo..

Estas palabras le provocaron un shock tan fuerte que estando de pie se desplomo sobre si mismo y se desvaneció en el suelo.

La oscuridad le despertó, no había ni un solo ruido solo podía sentir su corazón a punto de salir de su pecho…
Dios, fue un sueño menos mal –se decía- menos mal que ya termino

Se dejo caer en su cama, aunque sin motivo aparente sintió una soledad extrema como si algo le faltara, pero no sabía que era. Así que decidió seguir durmiendo.

….

Buenas noches, hoy como cada día les traemos las últimas novedades, en este momento se encuentra nuestra reportera estrella cubriendo el reportaje más sorprendente vamos para allá

Muchas gracias, estamos en el juzgado local cubriendo la acusación a una extraña mujer –decía la reportera dirigiendo la mirada al juzgado.

¡Señoría usted se equivoca, es que nadie me entiende! –Gritaba la mujer apuntando con su dedo al juez- es que acaso no se da cuenta de la mentira en la que me están involucrando

¡Señora cálmese y siéntese!

No me voy a callar, y usted está equivocado y la gente que está aquí, yo era un astronauta, estuve haciendo una misión, mu nave exploto, me golpeo y perdí el conocimiento durante 50 años.

Es imposible las acusaciones en mi contra, soy inocente –insistía aquella mujer, mientras seguía señalando al juez

¡Es que nadie entiende yo era un nombre! Un astronauta en la carrera espacial. Yo sé que esto es culpa de esos desgraciados soviéticos, ellos están detrás de esto

Señora, cállese todo lo que dice es falso, usted está acusada de asesinato a su esposo e hijo, ambos los estrangulo y descuartizo, quemo su casa y además de venta de drogas ilegales a menores de edad –decía el juez mirando con desdén a la joven mujer

Pero juez eso es imp…. No usted es sentenciada a cadena perpetua sin posibilidad de salir… Se acabo ¡llévensela!

No podrán detenerme esto es una trampa yo lo sé, tengo al Dios Ra de mi testigo, ustedes me mienten, TODO ESTO ES UN ENGAÑO

¡¡El ojo de Ra esta observándonos, esta observándonos!! –gritaba histéricamente la mujer al ser llevada

Esto fue la noticia de la semana volvemos al estudio –comento la reportera al voltear drásticamente a la cámara

Esta mujer fue víctima de una extraña droga que está muy de moda entre la sociedad marginal de las afueras, al parecer esta droga produce alusiones muy fuertes, violencia y depresión además de producir una extraña devoción, al parecer. Su consumo constante puede llevarte a un fallo por completo en el sistema nervioso es muy peligrosa

El nombre de esta droga por su procedencia de Egipto es comúnmente llamado la droga de los devotos o el ojo de Ra…

AUTOR: Incubus

 

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San Valentín sangriento (RELATO).

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No solo era un San Valentín más, apenas hace un día nos habíamos reconciliado de la pelea que tuvimos el 8 de febrero, ni bien despertaste me deseaste feliz día, sonreí mientras pensaba que era una tontera estar saludando por algo tan irrelevante cuando hacía solo 2 semanas que no quisiste decir nada el día de nuestro aniversario.

– Bien – pensé- tratemos de llevar la fiesta en paz, solos tu y yo, pero si me lastimas como en ti ya es costumbre ahora si te vas a enterar…

El día transcurrió tranquilo, me prometiste un regalo, salimos juntos como una familia normal, luego de cenar me comprarías el regalo, de alguna manera la ilusión que sentí con esa promesa me daba esperanzas de ser mejor y tener un buen día… pero como siempre…

– Hola ¿qué tal? – ahí estaba tu amigo y jefe con su familia, sonriendo de oreja a oreja y augurando que mi día terminaría arruinado por completo
– Bien, ahora veremos como actúa, si sigue solo con nosotros o se pone a andar de arriba abajo con su amiguito

Hice al mal tiempo buena cara, pero para mi decepción sucedió lo de siempre también, preferías a tu amiguito por encima de tu familia y lo peor es que teníamos que alojarlo en casa; tuve que aguantarme la molestia, aunque tú sabes bien que no soporto a ese pata y que tenerlo cerca me crispa los nervios.

Llego la noche y otro amigo más se unió, hicieron planes para salir a pasear, bailar, el karaoke, estuve de acuerdo en un principio, pero las horas pasaban y ustedes seguían hablando como cotorras, mi frustración aumento ya que ni siquiera tuviste la amabilidad de comprarme el regalo prometido…. Abreviando decidí no ir contigo, mi cólera ya estaba creciendo, era mejor quedarme a cuidar del bebe, con la esperanza de que no regresaras muy tarde… vanas esperanzas.

Me entretuve una hora leyendo relatos de esta página, algunos eran realmente tenebrosos, a media noche decidí dormir de una vez, él bebe ya hace horas que descansaba, me acurruque a su lado y cerré los ojos, cuando los abrí mire la hora las 2 am… ¿dónde diablos estabas que no venias hasta ahora? El insomnio se apodero de mí, y no fue solo eso, mis manos cuyas unas no había cortado hace unos días se sentían como con vida propia, unas afiladas y largas, sentía al bebe durmiendo pasivamente a mi lado, y las ansias de lastimar a mi hijo crecían, tuve que respirar y contenerme, la pobre criatura no me había hecho ningún daño.

Las horas siguieron pasando, a las 3 am te mande un mensaje al celular y solo contestaste que ya se venían.

Así como pasaban las horas aumentaba mi cólera, mi odio por ti crecía hasta el punto de verme dominada y querer maltratar al ser que más querías, nuestro hijo… no pude resistirlo mis manos cobraron vida propia, empecé por hacerle suaves arañazos en el cuerpecito el nene no despertaba, lo cual hacia que mi cólera aumentara, quería que despertara, gritase, llorase y supiera que era maltratado; mire su cuellito, que frágil! si lo apretaba un solo momento sería capaz de asfixiarlo, como disfrutaba pensando en el dolor que sentirías al volver y ver ese cuerpecito en un charco de sangre, sin una gota de vida… mi corazón se henchía de gozo al imaginar tu sufrimiento, mi ojos miraban enloquecidos de fiebre, odio, venganza…

Al fin llegaste, eran las 4 am, abriste la puerta esperando no hacer ruido para no despertarnos, mi espera fue recompensada al ver tus ojos desorbitarse mientras mirabas el charco rojo de las sabanas, de alguna manera adivinabas lo que había sucedido, me miraste con odio, yo solo sonreí, una sonrisa felina y macabra “que esperas, lánzate sobre mí, lucha!” tenía tantas ganas de lanzarme hacia ti, arañar, morder, destruir, desfogar en ti mi odio, hacer de este un San Valentín Sangriento… lo hice cual fiera me abalance a tu rostro, era inmenso el placer que sentía al desgarrar tu carne, destrozar tu rostro, sabía que eras fuerte, pero mi fuerza se veía incrementada por algo maligno, aun así me agotaba, podía perder en cualquier momento, tome tu cabeza tratando de golpearla contra algo, lo conseguí te golpee una y otra vez contra el borde de la mesita de noche, tu cabeza sonaba con cada golpe y mi ansias de sangre crecían…

 

vampira_disfrutando

Desperté… estabas acurrucado a mi lado durmiendo plácidamente, al otro lado se encontraba nuestro bebe también dormido… ya era 15 de febrero y mi San Valentín sangriento fue solo un sueño…

AUTOR: Raksha 

 

good-night-99

 

GUILTY ROSE.

-Mamá…tengo frió

 

-…

 

-Mamá, ¿estás bien?

 

-…

 

-Mamá ¿Por qué tu ropa está manchada de rojo?

 

-…

 

-¿Mama?…

 

-Charlotte, ¡Despiértate!

 

Abrí los ojos lentamente, me giré, mi hermanito Liam me miraba curioso.

 

-¿Por qué?..

 

-Porque hoy empiezas clases y son las 6:30

 

-….¡MIERDA!

 

Salté de la cama hacia el baño, perdón por mis modales. Me llamo Charlotte Black y vivo en Allentown, Pennsylvania, me acabo de mudar y se me hace tarde para la prepa.

 

-¿POR QUÉ NO ME DESPERTASTE ANTES? -Dije mientras me vestía, me caí al ponerme los pantalones, cayendo en mi..trasero -¡Ay!

 

-Tienes el sueño demasiado pesado -dijo aburrido.

 

Bajé rápidamente las escaleras mientras me recogía el cabello en una coleta.

 

-¡Buenos días! -dije tomando una tostada y comiéndomela rápidamente.

 

-Hasta que te despiertas -dijo mi padre- buenos días, hija.

 

-¡Me voy! -miré la foto de una mujer de ojos oliva y cabellos chocolate.

 

– Hasta luego, mamá.

 

Mi madre murió cuando Liam tenia 2 años, yo tendría como… perdón, pero antes de todo eso, mi memoria la perdí en un accidente.

 

Miré que había pocas personas entrando, la campana sonaba.

 

-¡Joder!

 

Entré rápidamente, corrí por los pasillos hasta llegar a la recepción.

 

-Me puede..dar mi…horario…-dije entre jadeos.

 

La mujer lanzó una risita y me miró amable.

 

-Toma, cariño, tu salón está derecho, el 201, el profesor Briard aún no llega así que puedes caminar.

 

Asentí avergonzada y me encaminé a mi salón, justo cuando llegaba también lo hacía el profesor, éste solo me sonrió, era un viejito.

 

-¿Charlotte? -asentí- espera aquí, te avisaré cuándo entrar.

 

Escuché un poco de bulla pero él entró, dijo alguna cosa y me dio la señal para entrar.

 

-Ella será su nueva compañera desde hoy, trátenla bien -dijo el profesor.

 

-Mi nombre es Charlotte, mucho gusto…-dije, en realidad soy muy tímida pero al extremo imprudente.

 

-Bien. Se sentará con….El joven Chris.

 

Miré, estaba a lo ultimo, era un muchacho bastante pálido, tenía el cabello negro y ojos verdes, al instante que me senté, todas y digo todas las del salón me miraron feo.

 

-Hola…-le dije al chico y éste me ignoró, hasta creo que se alejó de mí.

 

-Hm…-fue lo único que dijo para seguir ignorándome, el idiota.

 

 

…………………………….

 

Me desperté mirando la ventana, no quería ir a la escuela, tenía un muy mal presentimiento, pero al ser Joshua el menor y entrar por primera vez a la prepa tenía que cuidarlo, a no ser que quisiera que masacre a media escuela, aún no es muy bueno controlando su apetito. Ah, sí, soy un vampiro.

 

-Buenos días…

 

-Hola -dijo Arriane. Ella era la esposa de Adam, el líder de la manada, pero al ser mayor que Sasha, Joshua y yo, se cree nuestro padre.

 

Las leyendas de los vampiros tradicionales son una mentira vulgar, nosotros podemos exponernos la sol, pero solo por 6 o 7 horas, pues nos debilitaríamos mucho, cuando bebemos sangre, no es cualquiera, cada quien tiene su gusto específico. Por ejemplo, a mí me gusta la sangre con sentimientos de soledad, confusión y amabilidad, es una mezcla amarga y dulce, nosotros rara vez dormimos, solo cuando es necesario o para recuperar fuerzas y la única forma de asesinarnos es cortándonos en pedazos y enterrar las partes del cuerpo alejadas unas de otras, para que no se regeneren.

 

-Vamonos ya! -dijo Sasha obstinada, en el carro ya estaban Joshua y ella así que no había problema.

 

Llegamos y entramos al salón, todas me miraban embobadas, pobre Joshua.

 

-Ella será su nueva compañera desde hoy, trátenla bien -dijo el profesor.

 

Me giré y un tenúe olor a vainilla y flores me embargó, era delicioso, era la nueva….y la persona más bella que haya visto.

 

-Mi nombre es Charlotte, mucho gusto…-dijo tímidamente, sus ojos eran un oliva cristalino y su piel blanca era resaltada por su cabello chocolate oscuro, unos lindos bucles caían por los lados de su cara, tenía el pelo recogido y tenía una nariz chiquita y puntiaguda, al igual que unos labios de un perfecto color rosa pálido….Su sangre también huele bien…Mierda, no he comido en días.

 

-Bien, se sentará con….El joven Chris.

 

…Dios me odia..es seguro.

 

-Hola…-me dijo, y yo solo la ignoré y ésta al parecer se molestó..

 

Este día va a ser muy largo….

 

AUTOR: bloodyrose
FUENTE: Escalofrío.com

¿SOLO UNA PESADILLA MÁS?

 

 

Las pesadillas son algo común en todas las personas. Desde siempre ha habido ese tipo de cosas, ya sea provocadas, como se cree comúnmente, por cenar demasiado antes de dormir o por otros motivos. Lo cierto es que siempre he tenido pesadillas, y por eso es un tema recurrente en casi todo lo que hago. En la escuela, cuando los profesores solían pedirnos redactar cuentos, siempre escribía sobre mis pesadillas. Recuerdo a la maestra Martha, de mi cuarto año de primaria, quien incluso trató de enviarme al psicólogo escolar, luego de que usara una especialmente desagradable como inspiración para un cuento que nos había pedido para la clase de lenguaje, por ese motivo, deje de usarlas como base en mis redacciones escolares.

 

Mis pesadillas eran extrañas, o al menos es esa la manera en la que yo las percibo. Podían variar de tema de manera abrupta, pero siempre eran similares en el fondo, la representación de uno de mis tantos temores. Soñaba, por ejemplo, que todos en mi familia se habían convertido en vampiros, excepto yo; mis familiares me perseguían intentado morderme para que me uniera a ellos. Sé que suena como algo tonto, pero cuando los soñé debía de tener unos seis años. Un miedo infantil.

 

Otro sueño que recuerdo claramente, y que en verdad resulto aterrador, trataba sobre una muñeca. Mi madre, cuando joven, coleccionaba muñecas de porcelana, esas que parecen inusualmente reales, ataviadas con vestidos victorianos y ese tipo de cosas. Recuerdo que había una habitación llena de ellas en casa de la abuela, que mamá no había querido llevarse a su casa, ya que temía que cuando tuviera hijos estos las destrozaran. Debó de admitir que eso era una posibilidad muy grande cuando yo era un niño. Bueno, sólo hubo una muñeca que ella se llevo a la casa. Media unos cincuenta centímetros y estaba hecha de porcelana blanca, la cual hacia que pareciera tener una piel pálida y lustrosa. Tenía un cabello negro rizado cubierto por un sombrero de ala ancha adornado con encajes blancos y plumas de pavorreal; llevaba un vestido verde oscuro de en estilo victoriano. Esa muñeca me había dado pavor desde que vi una película de miedo sobre una muñeca que estaba viva.

 

Pero, bueno, en el sueño yo era enviado por mi madre a buscar algo a su cuarto. Entraba corriendo, pues sabía que lo que buscaba estaba sobre la cómoda, sólo era cuestión de entrar, tomarla y volver corriendo al primer piso. Abría la puerta con cuidado, veía mi objetivo y corría hacia él, al tomarlo, se escuchaba la puerta cerrarse tras de mí, me volvía para salir y entonces veía a la muñeca parada frente a la puerta. Trataba de gritar, pero de mi boca no salía sonido alguno. La muñeca comenzaba a caminar hacía a mí.

 

—Juega conmigo —decía de pronto ella, mientras extendía sus manos hacia mí. Justo cuando estaba por alcanzarme, despertaba.

 

Ese tipo de sueños han sido comunes durante toda mi vida, lo cierto es que, nunca me he podido deshacer de ellos. En el pasado, despertaba continuamente sintiendo un horror indescriptible. Recuerdo que me levantaba de la cama y me ponía a dar vueltas por la habitación en penumbras, tratando de dejar de pensar en lo que acaba de soñar. Usualmente mi padre se levantaba para decirme que volviera a dormir, cuando más chico inventaba que tenía ganas de ir al baño, pero que me daba miedo bajar solo a la planta baja. Mi padre me acompañaba y se quedaba en el pasillo fuera del cuarto de baño hasta que yo terminaba de hacer mis necesidades. Conforme fui creciendo, deje esa manía de levantarme cuando tenía ese tipo de sueños, y solamente me quedaba acostado, tratando de tranquilizarme pensando cosas agradables.

 

A los doce años, leí en algún lugar que era posible alejar las pesadillas escuchando algo de música relajante mientras se dormía. Antes de eso, había intentado otras cosas, como dormirme en determinada posición. Llegue a creer que si dormía viendo específicamente a la pared este de mí cuarto podía evitarlas. Al final, luego de tanto «remedio casero» intente lo de la música. Elegí música clásica, ya que siempre me ha parecido sumamente relajante, y al poco encontré una estación local que transmitía una selección de música clásica toda la noche. Mis pesadillas disminuyeron considerablemente, o al menos eso pensaba.

 

A los quince años, fue cuando comenzó. Recuerdo que dormía plácidamente, cuando de improviso me desperté. No había soñado algo especialmente desagradable como para que me despertara con un sobresalto, al menos no recuerdo nada. La habitación estaba oscura, salvo por los eventuales destellos de uno que otro coche que pasaba por la calle. En la radio sonaba la Novena de Beethoven. Allí estaba yo, sin saber porque de pronto me había despertado con el corazón latiendo ferozmente y un extraño sudor frio perlándome el cuerpo.

 

Fue la primera vez que la escuche. Una risa como de niña, pero yo era hijo único, así que obviamente no tenía hermana y, aunque la tuviera, era demasiado tarde como para que alguien, salvo el que despierta por una pesadilla, estuviera despierto. La risa parecía provenir de algún lugar del pasillo, fuera de mi habitación. Ya que era invierno, me cubrí con las cobijas hasta la cabeza. Permanecí en vilo, mientras la risa no paraba de sonar. Al poco rato se escucharon unos pasos que se acercaban a la puerta de mi habitación, aún bajo los cobertores y el edredón, apreté los ojos y trate de regular mi respiración agitada, fingir que dormía.

 

Las risas y los pasos se detuvieron justo frente a mi puerta, la cual estaba cerrada por dentro. Se escucharon cuatro golpes quedos, como los que daría una mano pequeña y luego una risita como de burla. Luego de eso, pasaron unos minutos, pero en ese instante debió de haberme parecido más tiempo, antes de que los pasos se alejaran en dirección a la escalera. Se escucho como si alguien bajara las escaleras con pequeños saltos.

 

c

No pude volver a dormir esa noche, o al menos no me di cuenta de en que momento el sueño volvió a alcanzarme.

A la mañana siguiente creí que había sido una de mis inusuales pesadillas, o tal vez sólo trataba de convencerme de eso. Pasaron dos semanas sin que nada de eso volviera a ocurrir, y el incidente se borró de mi mente. Llegaron las vacaciones de navidad y el tiempo en que podía quedarme hasta noche viendo los programas de comedia de la barra nocturna, que termina a las dos de la mañana.

Los primeros días no pasó nada de importancia, hasta el cuarto día. Estaba por terminar el penúltimo programa de ese día, cuando la risa volvió a escucharse en el pasillo. Me quede paralizado. En la tele Ross decía algo sobre paleontología que los demás no entendían, pero a mi no me hizo gracia el chiste, estaba muerto de miedo. Nuevamente escuche que tocaban a la puerta. Trate de quedarme quieto, de no hacer ruido.

—Sé que estas allí —se escucho una voz de niña, tal vez de entre siete y ocho años, no lo sé, tal vez menos, nunca he sido bueno para definir la edad de las personas sólo por su voz—. Vamos, sal a jugar.

Aun paralizado por el miedo, comencé a rezar todas las oraciones que podía recordar de mis días en el catecismo. Nunca he sido muy religioso, pero en momentos como ese toda ayuda, especialmente divina, es bien recibida. El ser fuera de mi cuarto tarareaba una canción infantil, aunque no recuerdo cual, sólo que la forma en que lo hacia tenía un efecto que aumentaba el horror de tal escena.

 

—Eres muy aburrido —dijo de pronto la niña. Se escucho que sus pasos se alejaban nuevamente hacia la escalera, esta vez de manera veloz, como si estuviera corriendo.

 

Me metí a la cama sin preocuparme por apagar el televisor y me cubrí nuevamente con las cobijas. Resulta extraño como unas siempre piezas de tela parecer ser una coraza impenetrable para quien experimenta tales horrores.

 

A la mañana siguiente, algo cansado y asustadizo, baje al comedor a desayunar. Mi padre, que también tenía vacaciones esos días, estaba sentado leyendo el periódico, mientras mi madre preparaba el desayuno.

 

—Deberías de bajar el sonido cuando ves la televisión por las noches, Raúl —me reprendió de pronto—, juró que esta vez estaba tan alto que parecía retumbar por todo el pasillo.

 

Me quede helado ante esto, sólo atine a contestar un escuálido: «Sí, papá».

 

—Hablando de eso —intervino mamá, mientras me servía un plato de huevos revueltos—, ¿qué veías?

 

—Los programas de comedia —respondía, mientras usaba el tenedor para picar distraídamente mi plato.

 

—Me pareció que era otra cosa —agregó ella, sentándose a la mesa—. Creo haber escuchado una canción que no oía desde que mi abuela, que en paz descanse, nos la cantaba cuando niña a tus tíos y a mi.

 

Por la tarde, mis padres salieron para visitar a la tía Samanta que había estado algo enferma, por lo que me quede solo en casa. Por alguna razón me había olvidado de lo ocurrido la noche anterior, quedando sólo como una pesadilla más. Conecte la consola de videojuegos en la televisión de la sala y me dispuse a jugar una partida del juego de guerra que mi abuela me había regalado en mi cumpleaños.

 

Estaba muy entretenido tratando de entrar a un bunker nazi, cuando escuche nuevamente la voz de la niña en el segundo piso. ¡Esta vez a plena luz del día! Creo que deje caer el control del videojuego, mientras el terror volvía a apoderarse de mí. Podía oír claramente como la niña parecía estar jugando a brincar el avión en el piso de arriba, incluso entonando la vieja melodía. Luego se escuchó como corría hacía las escaleras. Desde la sala, es posible ver el inicio y el final de estas, ya que sólo son separadas por un muro, y las escaleras, además, estas defienden en forma de «U».

 

Impulsado por una fuerza extraña, volví la mirada hacía estas. Pude ver la forma de unos pequeños piececillos bajar corriendo. Con temor esperé a que el fantasma apareciera en mi marco de visión. Lo cual sucedió de inmediato.

 

Me encontré frente a una niña de unos seis años. Tenía un largo cabello castaño oscuro y una piel blanca de aspecto cenizo, mostraba una sonrisa inocente en sus pequeños labios sonrosados, aunque esta perdía su fuerza debido al aspecto terrorífico de sus ojos amarillos, los cuales parecían mirar como un depredador. Traía puesto un vestido amarillo de holanes, unas calcetas blancas hasta la rodilla y unos zapatitos negros.

 

Al verme la «niña» sonrió como si se hubiera encontrado con un juguete nuevo. Comenzó a caminar hacia mí con paso lento. A cada movimiento de sus piececillos podía sentir como mí terror se incrementaba. La niña se dio cuenta de eso y su sonrisa abandono su sonrisa inocente para adoptar una más cruel e inhumana. Era una escena surrealista, una niña jamás debe de verse de esa manera. Era aterrador.

 

Salí de mi mutismo y me aleje de ella, lo más que pude, arrastrándome al otro lado del sofá en el que estaba sentado. La cosa hizo una mueca.

 

—¿No quieres jugar, Raúl? —su voz sonaba engañosamente tierna. Se detuvo y me miro con una expresión curiosa. Volvió su mirada a la pantalla del televisor, donde, a esas alturas, se mostraba una imagen de mi personaje muerto y un texto donde se le preguntaba al jugador si quería continuar la partida desde el anterior punto de salve—. Esos son los juegos que te gustan —dijo, mientras parecía analizar la pantalla—. ¡No me gustan! —grito, haciendo una especie de berrinche.

 

La niña se sentó en el sofá, sin apartar sus orbes amarillentos de mí. Yo hacia lo mismo, pero el ente no parecía querer acercarse más sólo estaba allí, sentada mientras balanceaba sus pies y tarareaba una canción infantil.

 

—Sabes, me agradas —dijo, mientras se subía por completo al sillón y comenzaba a gatear hacia a mí. Me paralice nuevamente, la niña se detuvo mientras su rostro quedaba a unos escasos centímetros del mió—. Realmente me agradas mucho.

 

Su aliento olía como a vegetales podridos, aunque sus dientes parecían ser perlas relucientes de lo blancos que estaban. Movió la cabeza cómo si fuera a intentar darme un beso en la mejilla, pero bajo más, de tal manera que pude sentir su fétido aliento en mi cuello. Justo en ese momento se escucho que la puerta automática de la cochera se abría, mis padres habían llegado. La niña se puso de pie de un brinco, y luego subió las escaleras corriendo. No sin antes prometer que jugaríamos en otro momento.

 

Casi no pude dormir esa noche, ni las siguientes, por temor a la extraña niña. Pero ni una sola vez volví a escuchar sus risas y juegos en el pasillo.

 

Cerca de tres meses más tarde, me encontraba ayudado a mi madre a acomodar unas cosas en casa de la tía Samanta, que acaba de morir. Ella en realidad era mi tía abuela, y vivía sola desde que su marido muriera poco antes de que nacieran sus hijos gemelos, y nunca se había vuelto a casar.

 

Estábamos ordenando viejas cajas con fotografías, cuando me tope con una muy extraña. En ella aparecían la tía Samanta, mi abuela y otra niña. Mi abuela era menor que mi tía por cinco años, pero esa otra niña, que estaba a la derecha de mi abuela, quien estaba al centro, parecía ser unos dos años menor que la tía. Traía puesto un vestido blanco de esos que se usaban unos setenta años atrás, en los años cuarenta.

 

—¿Quién es la otra niña? —pregunte a mi madre.

 

Ella tomó la fotografía de mi mano y la observo un momento con semblante triste. Luego volvió a guardarla en una de las cajas.

 

—Era tú tía abuela Isabel —respondió ella, con mirada seria.

 

—¿Murió? —pregunte.

 

—Se podría decir —parecía distraída, por lo que no presione a pesar de que tenía curiosidad—. Desapareció —dijo al fin—, en un viaje a Guanajuato para visitar a tus bisabuelos, se perdió en las calles de la ciudad mientras paseaban una noche. Nunca pudieron hallarla. La verdad dudo que siga con vida.

 

La foto había quedado hasta arriba de las demás. En un momento de descuido de mi madre, la agarré y la guardé en el bolsillo trasero de mis pantalones.

 

Pasó alrededor de un mes, en el que pude dormir tranquilo, confiándome a que el horror que había vivido con ese extraño ente se había acabado. Volvía a mi vida normal, aunque las pesadillas volvían a atormentarme de vez en cuando, algunas veces soñaba con aquella niña pero nada más. Hasta que volvió.

 

Esa noche, convenientemente, había olvidado cerrar la puerta de mi habitación por dentro, puesto que me había quedado hasta tarde terminando con un trabajo de química. Cuando me desperté a las dos treinta de la mañana, de la misma manera en que me había ocurrido la primera vez que la escuche, supe que era lo que ocurría.

 

La escuche reír en el pasillo, mientras sus pasitos de acercaban cada vez más a mi puerta. Cuando ella toco la primera vez, la puerta se entre abrió, causando que ella riera divertida, aunque con un deje de crueldad. Empujó la puerta. Como era verano yo sólo tenía una sabana para cubrirme en caso de mosquitos. Estaba bajo de esta, pero la luz de la luna llena que se colaba por el pasillo me permitía ver perfectamente la silueta de la niña.

 

La pequeña se acercó hacia a mi, tarareando una de esas viejas melodías infantiles que parecían ser una especie de marca personal en ella. Se detuvo justo al lado de mi cama. La radió sobre mi cabeza tocaba una canción de Mozart cuyo nombre no recuerdo. Las manitas de la niña agarraron la sabana y la jalaron para descubrirme.

 

—Hola, Raúl —dijo, con ese todo de inocencia fingida—. Esta vez si vamos a jugar.

 

Aunque estaba paralizado de miedo, me obligue a mi mismo a tomar algo de valor de cualquier lugar. Con voz queda susurré algo.

 

—¡Espera Isabel! —mi voz era tan baja que por un momento temí haberlo pensado en vez de haberlo dicho.

 

La niña, que para ese momento ya se estaba acercando hacia mi cuello, mientras se relamía los labios, se detuvo en seco. Sus ojos me miraron con extrañeza, a la vez que me exigían revelar como era que sabía algo tan personal de ella como su nombre.

 

En un rápido movimiento saqué la fotografía que durante el último mes había permanecido escondida bajo mi almohada. Se la mostré a Isabel quien, tras contemplarla un momento con mudo asombro, la arrebato de mis manos. Siguió observando el retrato, y en cierto momento acarició la imagen como si se tratara de un gran tesoro.

 

—¿Cómo… ? —parecía realmente confundida por el hecho de que yo tuviera algo como eso.

 

—¿Eres la tía abuela Isabel? —pregunté—. La hermana desaparecida de la tía Samanta y la abuela Ágata.

 

Ella me volvió a ver con sus ojos amarillos que parecían tener un destello especial por la noche. No había ningún rastro de malicia en ellos, al contrario, parecían verme con genuina dulzura.

 

—Gracias, hijo —susurró, antes de salir de mi habitación, mientras sostenía la foto en sus manos como su posesión más preciada. Supongo que era lo único que tenía para recordar a sus hermanas.

 

Nunca más volví a verla ni a escucharla siquiera, y al poco tiempo deje de soñar con ella. Las otras pesadillas ya no me molestaban tanto, no luego de haber visto un horror de verdad tangible, como lo era, o más bien, es Isabel. No sé que le habrá pasado cuando niña en ese viaje a Guanajuato, ni que es ella realmente, si un fantasma o algo más. Sólo sé que, de la familia o no, no quiero volver a verla ni a escucharla en mi vida.

 

Al final, al recordarla, deseo que mi encuentro con ella fuera sólo una pesadilla más, aunque el miedo y la incertidumbre que me causo nunca dejaran que tal cosa pasé, ni siquiera en mis pensamientos.

AUTOR:  alucard70

FUENTE: Escalofrío.com