Etiqueta: LIBERTAD

EL SISTEMA REAL ES PRIMERO MENTAL

El concepto abstracto de «el estado» y sumado al de «el gobierno», forman un escudo protector de simples criminales para poder ejercer todas las brutales violaciones del Derecho Individual contra la población.

Es hipnótico, por tanto es inconsciente.

El poder real primario de aquellos es, mental.

No hay dudas de que la anomia general y paralela sumisión a criminales, van de la mano de algo muy similar a un Síndrome de Estocolmo masivo.

No se puede eliminar a un hombre consciente de su individualidad, a una mente liberada. Sólo matarlo.

Pero tampoco se puede rescatar a una mente muerta como individuo, que en su programa sólo cree en directivas y leyes de esa letal ficción: la «autoridad» y el sistema que los sustenta.

La real autoridad va por la orilla opuesta, claro.

Su base es miedo y adoctrinamiento. No es un individuo libre.

Incluso superó la disonancia cognitiva, para transformarse en un no dubitativo defensor del sistema que lo asfixia y de sus propios verdugos. Vota por ellos, se identifica con ellos, en ese vacío de conciencia individual, despersonalización.

Para escapar de un manicomio, primero tienes que reconocer que estás dentro de uno y que tú no estás loco ni eres estúpido como ellos.

Estamos rodeados de locos y estúpidos que defienden el manicomio, a pesar del maltrato y crímenes contra ellos porque creen que fuera de él, no hay vida posible.

(Individuo Libre)

Democracia: Experimento fallido

El problema es el sistema. La democracia es un experimento fallido. Es una dictadura encubierta, y por ende igual de inmoral pero mucho más hipócrita, y por lo tanto, peligrosa.

Como cualquier gobierno, es simplemente un mafia, pero MONOPÓLICA y que además se auto-declara «legal» (¿puede concebirse algo más inmoral?) Abre los ojos !!! Te están quitando tu vida y tu ilusión. Los «políticos de raza», PARÁSITOS VITALICIOS, inmorales, mentirosos, ladrones, esclavistas y criminales. Portadores de las personalidades más aberrantes.

Viven de lo que te roban a ti, todos los días, minuto a minuto, porque no producen nada. Te esclavizan con sus regulaciones (sus «leyes» = fraude) que tú no has consentido. Controlan tu vida, no se someten a las mismas reglas que tú, ya que gozan de una inmunidad legal que tú no tienes (fueros y protección). Te dicen cómo tienes que vivir. Te impiden comerciar libremente, te imponen restricciones, te envían a la quiebra y a la miseria, mientras ellos viven a costa de ti. Crean más y más dependientes para asegurar su control sobre ti.

Han demonizado la virtud, la libertad y al libre mercado culpándolo de las distorsiones que SÓLO el gobierno genera y que sin el cual NUNCA existirían, porque el mercado, como ley natural, siempre se auto-regula. Y han adoctrinado a las personas para que culpen al libre mercado por las «distorsiones» y crean que necesitan un gobierno (ellos) para «corregirlas». Las evidencias hablan por sí mismas. Despierta !!! Sé libre !!!

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“La República resistirá hasta que los políticos se den cuenta de que pueden sobornar al pueblo con su propio dinero”

– Alexis de Tocqueville — «La Democracia en América» — (1835)

El ser humano, cien por cien natural

Lo natural está de moda. Vamos al supermercado y nos encontramos con que las patatas, los zumos, los huevos, la leche de coco y hasta las barritas energéticas son cien por cien naturales -quién lo hubiera sospechado de las patatas- y en algunos casos incluso “bio”. Aún recuerdo cuando allá por los setenta y principios de los ochenta, a caballo de los movimientos neohippies, cuatro gatos reclamaban para sí mismos y los demás la vuelta al naturalismo. Hoy, incluso las centrales nucleares diseñan sus campañas publicitarias presentándose como respetuosas con el medioambiente, climaneutrales y, por lo tanto, las mejores aliadas de la naturaleza. La naturaleza es al mismo tiempo pura y sagrada, disponible y un recurso. ¿No se trata de una seria contradicción? De manera enrevesada, reaparece aquí la dialéctica entre la dominación y la liberación. El tipo de concepto de naturaleza que uno elige no solo es decisivo para cuestiones éticas o políticas, sino que también revela la cuestión de la misma naturaleza del ser humano.

Parece ser que a la hora de definir naturaleza nos ocurra lo mismo que le ocurría a San Agustín con el concepto del tiempo: sabía lo que era, siempre y cuando no le preguntaran al respecto; porque cuando trataba de explicarlo, nunca lo conseguía. Hablar de la naturaleza en la vida cotidiana es tan usual como extrañamente misteriosa cuando pensamos detenidamente en ella. La naturaleza es ambigua y un viejo concepto. En primer lugar, significa transformación, crecimiento, adaptación, desarrollo. Podríamos seguir dándole atributos y ampliando el concepto hasta convertirlo en algo tan abstracto que lo incluya todo o la nada en absoluto. Nuestra mente necesita un “algo” opuesto o al lado -o fuera- de la naturaleza para poder definirla con precisión: frecuentemente hemos recurrido a la razón, la cultura, la costumbre, Dios o incluso la tecnología. Llevamos siglos en busca de una fórmula mágica, una teoría general de la naturaleza, que nos permita mantener intacto el abismo conceptual históricamente generado en occidente entre naturaleza y cultura, o civilización si lo prefieren.

REPASANDO LA HISTORIA

El término «naturaleza» proviene del latín natura, que coincide en su significado lógico con la palabra griega physis. Bajo este concepto se coloca todo aquello que no ha sido hecho por el hombre, la techné, es decir, el arte y la artesanía, que no se consideraban algo natural. En la antigüedad, el término “naturaleza” significaba la totalidad de las cosas que se originaron sin intervención humana y existen independientemente del ser humano. Caracterizando todo el ser y el devenir, el principio orgánico está integrado en la physis / natura. Así, en Platón, el organismo se concibe como una imagen del mundo viviente. En Aristóteles, la naturaleza es el devenir de la materia, la causa de su forma y su propósito. En el caso de los estoicos, la physis se reduce a lo externo, que se distingue precisamente de la naturaleza (racional) superior del hombre: el orden moral como instancia enfrente del orden natural. En la Edad Media cristiana (occidental), la naturaleza aparece como la creación de Dios, independientemente actuante, como el verde viviente. La naturaleza humana se define desde su semejanza a Dios creador. Dios es la naturaleza creativa (natura naturans) que creó las entidades mundanas (natura naturata).

EN JEAN-JACQUES ROUSSEAU, LAS IDEAS DE LA ILUSTRACIÓN SE MEZCLAN CON LA ALABANZA DE LA NATURALEZA, Y NACE LA IDEA DE QUE EL HOMBRE SE HA ALEJADO DEMASIADO DE LA NATURALEZA

El humanismo y el Renacimiento permiten la aparición de la idea de la intervención y la viabilidad de generar naturaleza: ya sea como médico o mago, arquitecto, mecánico o alquimista, la materia se redescubre como algo esencialmente disponible para el ser humano. La comprensión moderna de la naturaleza, que surgió en el período moderno temprano, se puede identificar con dos nombres: René Descartes y Francis Bacon. «Someter a la tierra» – de acuerdo con la palabra bíblica (ver Génesis 28), Bacon equipara el conocimiento natural con su dominación. La naturaleza se convierte en  cuestionable mediante la medición y el experimento, al tiempo que se vuelve autónoma mediante la formulación de las leyes generales de la naturaleza. Déscartes hace una separación entre lo que él llama res extensa y la esfera mental. Esta separación dualista entre la mente y la naturaleza todavía es muy poderosa hoy en día. Mediante el desarrollo tecnológico y los hallazgos científicos, el ser humano ha llegado al antiguo lugar creado y está modelando demiúrgicamente la machina mundi, que se piensa que es una estructura altamente compleja pero controlable.

En Jean-Jacques Rousseau, las ideas de la Ilustración se mezclan con la alabanza de la naturaleza, y nace la idea de que el hombre se ha alejado demasiado de la naturaleza. Los románticos contribuyen como mejor saben a mitificar lo natural como lo primigenio y bueno, mientras que Alexander von Humboldt reúne la naturaleza física y moral del hombre. Más tarde, al valor estético de la naturaleza se le une un valor ético, tal como la religión lo había hecho anteriormente con la naturaleza como producto de la creación.

EL PAISAJE SUPUESTAMENTE NATURAL EN REALIDAD DEBERÍA LLAMARSE PAISAJE CULTURAL

Hoy en día se pueden identificar dos conceptos de la naturaleza en competencia: el mecanicista y el organicista. El primero, basado en la metáfora de la máquina, se caracteriza, en primer lugar, por la división sujeto-objeto, en segundo lugar, por el mecanicismo, en tercer lugar, por el experimento y, en cuarto lugar, por la relación dominación-esclavitud. En el segundo concepto, el órgano sirve como una alegoría, que contiene la idea de totalidad, organicidad, simpatía y la igualdad de todos los seres vivos. Desde ambas concepciones, sin embargo, nos encontramos con un problema nuevo: la naturaleza virgen, la pura, aquella sobre la cual la sociedad no ha trabajado aún, no existe. Desde que existe el ser humano no ha dejado de cambiar su entorno, afectando a la naturaleza. El paisaje supuestamente natural en realidad debería llamarse paisaje cultural.

EL SER HUMANO ES PARTE DE LA NATURALEZA

Hablamos de la naturaleza y nos olvidamos de nosotros mismos: nosotros mismos somos la naturaleza, parte inseparable de ella. En consecuencia, la naturaleza es algo bastante diferente de lo que sentimos cuando pronunciamos su nombre. Convertir nuestras ideas, nuestras percepciones del medio en que vivimos en principios absolutistas no nos acerca a la realidad. En absoluto.

Y, sin embargo, más allá del etiquetado de productos de consumo procedente del entorno (natural), obviamente naturales, con la marca “bio” o “cien por cien natural”, caemos una y otra vez en la tentación de deificar todo aquello que no somos “nosotros” a costa, siempre, de demonizar todo lo que nosotros hacemos. El caso de la llamada “huella ecológica” es aquí un buen ejemplo. Sus promotores describen la influencia humana en la naturaleza como intrínsecamente mala. Somos vistos como una enfermedad en el planeta. La metáfora de la huella ecológica transmite la idea de que pisoteamos la tierra con nuestras sucias botas. En consecuencia, por ejemplo, somos juzgados moralmente por el alcance de nuestras emisiones de CO2. Un viaje a Los Ángeles supone tres toneladas y media de CO2, el viaje al restaurante X kilos, el filete en el plato sigue sumando y así sucesivamente.

SI NO HUBIÉRAMOS AUMENTADO NUESTRA HUELLA ECOLÓGICA, AÚN VIVIRÍAMOS EN CUEVAS, TENDRÍAMOS UNA ESPERANZA DE VIDA DE APROXIMADAMENTE 35 AÑOS Y MORIRÍAMOS DE HAMBRE

Esta actitud hacia la existencia humana está en profunda contradicción con las ideas nacidas del humanismo y la Ilustración. Si no hubiéramos aumentado nuestra huella ecológica, aún viviríamos en cuevas, tendríamos una esperanza de vida de aproximadamente 35 años y moriríamos de hambre. La metáfora de la huella ecológica busca destruir la aspiración histórica e inspiradora de la humanidad de conseguir progreso, bienestar y libertad enfrentándose -adaptándose- a los caprichos crueles de la naturaleza.

Los promotores de este tipo de ideas son como una autoridad religiosa moderna ansiosa por controlar nuestro comportamiento. Recuerda el Galileo Galilei de Bertold Brecht, donde los pobres deben ser felices sabiendo que Dios lo quiere así y les está poniendo a prueba. En el mismo estilo, los ecoverdistas de hoy quieren que los pobres sean felices sabiendo que la naturaleza requiere de su pobreza o les exige lograr un equilibrio místico indefinible. Pero deben seguir siendo pobres.

A diferencia de los ecoverdistas, creo que deberíamos sacar a los pobres de su miseria y mejorar las vidas de todos: hacer crecer nuestras economías, aumentar nuestra huella ambiental y liberar nuestro potencial creativo y adaptativo. O, como habría dicho Francis Bacon, necesitamos dominar más la naturaleza y obligarle a revelar sus secretos.

POR: Luis I. Gómez en DESDE EL EXILIO

NUNCA DUDARON

Nunca dudaron.
Sólo encendieron la pantalla para recibir el dato predigerido o abrieron el periódico con el mismo fin.
Nunca los dejaron e investigaron.
Nunca dejaron de tragar lo que otros elaboraron, balanceado y condimentado para mantenerlos en el corral.
Décadas repitiendo el ritual. Jamás un libro de esos autores…
Creen que deciden y comprenden y sólo repiten lo yá absorbido en su inconsciente como si fuese propio. Creen y obedecen.
Nunca sintieron La Libertad.
Por eso a ellos les es siempre tan fácil.
«Quien piensa desde sí mismo, duda y construye su propia senda. Es el mecanismo de defensa en su primer paso, para no ser un esclavo.» (Aldous Huxley) – Individuo Libre –

¡Ya está bien, BASTA! / Okay, ENOUGH!

COVID14

Y no me digáis que no.
Hace tiempo dije que parecía que estábamos viviendo una película apocalíptica. Y me reafirmo en ello.
Ahora ya tenemos hasta «rastreadores», en busca de nosotros.
Hoy la presidenta de la Comunidad de Madrid ha dicho que va a implementar una cartilla sanitaria y una tarjeta virtual para que haya distinción entre los que han pasado el virus y los que no. Es decir, nos quieren poner la estrella amarilla como a los judíos, nos quieren discriminar, nos quieren hacer diferentes. ¿Que demonios está pasando?
Esto ya da mucho miedo.
Porqué en una película te puedes levantar de la butaca e irte o apagar la tele, pero en la realidad ¿que haces?
Después, dicen que los PCR dan falsos positivos y siguen haciendo test y siguen confinando a la gente sana. Eso en mi tierra se dice que te quitan la libertad porque ellos quieren. ¿Nos hemos vuelto locos?
¿Nos quitan la libertad y nos quedamos tan conformes?
Sabéis que?…me voy a empollar la Constitución y voy a ver a qué artículos me puedo acoger. Y se acabaron las tonterías. Que ya está bien! Hacen con nosotros lo que quieren y nosotros, sumisos, a obedecer porque no nos sabemos los artículos de la Constitución donde habla de la libertad y de nuestros derechos.
Yo me la voy a aprender, vosotros hacer lo que queráis, pero no dejéis que os quiten la libertad y os digan «borregos sumisos».
Tenemos dignidad y somos personas, no dejéis que os pisen con sus prohibiciones y faltas de libertad.🙄😒🤐😷

¿Está en riesgo la libertad? / Is freedom at risk?

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«CLARO QUE ESTÁ EN RIESGO NUESTRA LIBERTAD, Y ACABARÁ POR PERECER SI NO ACERTAMOS A SER VALIENTES Y EXIGENTES CON LA RAZÓN, CON LA LÓGICA, CON LA EXPERIENCIA, CON EL CONOCIMIENTO CIERTO Y A NUESTRO ALCANCE SIN CONSENTIR CONFORMARNOS CON FÁBULAS NECIAS»

Por J.L. Gonzalez Quirós para DISIDENTIA

En los largos milenios que están a nuestra vista, la libertad política constituye una rara excepción. Incluso en la época posterior a lo que se llaman las revoluciones atlánticas, en los últimos dos siglos de nuestra civilización, que constituyen el período más brillante para las ideas democráticas, las libertades de opinión, de asociación y de movimiento, han estado muchas veces en peligro, cuando no perseguidas con saña. Ahora mismo, los países en los que impera un régimen que respete las libertades básicas de los ciudadanos constituyen una minoría y su pervivencia está expuesta al desafío de gigantes autoritarios como China que se presentan a los ojos del mundo como la síntesis perfecta del desarrollo, la tecnología y el orden social. Su pregonado éxito en el crecimiento económico y en la salud pública se proponen como ejemplo a contrastar con la ineficacia y la desunión de la vieja Europa, o la supuesta decadencia política del gigante americano.

Con todo, las amenazas principales a la libertad no provienen de fuera, sino que nacen en el seno mismo de nuestras sociedades. Al comienzo mismo de su excelente En defensa de la política advierte Bernard Crick de que el tedio por las verdades establecidas es el gran enemigo de los hombres libres. Nuestro criticismo con las innegables imperfecciones de las democracias y la tendencia a imaginar un futuro catastrófico, para lo que hay unas cuantas versiones disponibles, hace que muchos añoren la protección de un régimen que imponga el Bien de manera definitiva, que acabe con lo que cada cual considera los insoportables defectos del sistema.

La tendencia a imponer por las bravas supuestas verdades, por ejemplo, mediante legislaciones absurdas y liberticidas, se extiende por todas partes sin que parezcan ser sólidas las defensas oportunas. Una idea instrumental del poder legislativo, sin ningún respeto a la libertad de conciencia de cada cual, nos depara de continuo la implantación de nuevos delitos, y cada vez se está más cerca de considerar que es delictivo todo lo que no está conforme con una visión estrecha y autoritaria de lo que son los bienes morales. La libertad de opinión se proscribe con mucha facilidad, basta con no dejar hablar al que se espera que pueda decir algo que sea inconveniente y los medios de comunicación se lanzan con entusiasmo digno de mejor causa a facilitar estas formas descaradas de nueva censura, como si la creencia un poco infantil en que el miedo ha cambiado de bando autorizase a perseguir a los ciudadanos a escobazos, como si estuviésemos en el tren de la bruja.

Basta la superioridad numérica en el Parlamento para que se considere que se puede imponer como dogma cualquier gilipollez del gusto de los nuevos Torquemadas. En esto, nuestro Congreso está llegando a cimas de ridículo, a expresiones que uno creería más propias de El Mundo Today que de políticos en activo, como con el caso de una diputada de ERC que preguntó con toda seriedad al Gobierno que iba a hacer para impedir la ola de violencia policial en los Estados Unidos, es posible que esperase un gesto torero de Ábalos o una encendida condena de cualquiera a la espera de medidas más contundentes en un inmediato futuro. Parece claro que unos personajes que se creen que podrían leerle la cartilla a los EEUU estarán convencidos de poseer poderes sobrenaturales, como el que Cristo concedió a los apóstoles de perdonar los pecados, pero no para perdonar a nadie, sino para castigarlo con la debida severidad.

No es fácil explicar de otro modo que el Congreso se haya prestado a considerar la creación de un nuevo delito para aquellos que profesen la vergonzosa creencia negacionista de considerar como poco inteligente encasillar la violencia en géneros, o en transgéneros que no me he enterado muy bien. Esta inmensa bobería de creer que cambiando los nombres se cambian las cosas pertenece a un género, con perdón, de delirios lógicos difícil de combatir, porque es una variante lela de esa inmensa contradicción de creer que sea compatible sostener que todo es una construcción social al tiempo que se pueden combatir las fake news por mil procedimientos que este tipo de descerebrados considera obvios.

En 1950, el filósofo Karl Jaspers, que tenía muy presente el enorme desastre que había ocurrido en su patria alemana, escribió que los enemigos de la razón son siempre enemigos de la libertad, en especial por el afán de liberarse de la libertad, de simplificar el mundo hasta hacerlo inhumano, porque según el filósofo, la razón no existe por naturaleza, no aparece espontáneamente sino que surge de la libertad, de la acción en defensa de lo verdadero que está más allá de cualquier mentira, de no ceder a los intentos de ocultar las cosas abiertas a la capacidad del hombre de actuar con libertad, como diría su discípula Hanna Arendt. Siempre existe el riesgo de que muchos prefieran vivir agazapados en mentiras dóciles, a la sombra de diversos hechizos capaces de seducir a gentes deseosas de entregarse a cualquier causa.

En el mundo actual son todavía mucho mayores las posibilidades técnicas de atentar contra nuestra libertad, de ocultar las verdades que no convienen, y eso exige una especial vigilancia, una atención constante. A veces puede parecernos hasta infantil el empeño del Gobierno, por ejemplo, en engañarnos y engañarse acerca del número de víctimas de la pandemia, de disfrazar sus errores, que además no son solo suyos, con retórica bélica y con soflamas muy huecas. Hay que pensar que esas mentiras no son desinteresadas, que buscan privarnos de libertad, además de que nos debilitan en forma muy irresponsable frente a una posible repetición de amenazas de ese tipo o de otros géneros, porque invitan a un optimismo sin fundamento alguno, a una desmemoria, a ser indulgentes con los errores cometidos sin que importe que eso ayude a que puedan repetirse con mucha facilidad.

Claro que está en riesgo nuestra libertad, y acabará por perecer si no acertamos a ser valientes y exigentes con la razón, con la lógica, con la experiencia, con el conocimiento cierto y a nuestro alcance sin consentir conformarnos con fábulas necias. A cualquiera que se le pida esa actitud vigilante frente a los sofismas y los cuentos infantiles destinados a adultos complacientes, se le puede exigir también respeto por la libertad ajena, pero nunca que ese respeto encubra el miedo a buscar la verdad y a decidir por nuestra cuenta. Frente a quienes quieren engañar para maniatarnos hay que oponer un alto nivel de capacidad crítica, hay que esforzarse por no caer en el error que propician las mentiras, porque si se cae en él se acaba maniatado, y de inmediato se comienza a aplaudir al nuevo dueño.

Foto: Sven Przepiorka

Autoritarismo vs. libertad en tiempos de coronavirus. / Authoritarianism vs. freedom in times of coronavirus.

No es sostenible (como muchos políticos y aún científicos argumentan) una cuarentena prolongada o indefinida.

Por Andres Patarroyo para PANAN POST

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Para áreas como la economía, la teoría del cisne negro, enuncia que cada cierto tiempo aparece un escenario de sucesos en la sociedad de tremendo impacto socioeconómico de manera “sorpresiva” y, que, habiendo hecho un ejercicio de retrospectiva, se podría explicar y eventualmente predecir.

Eso es justamente lo que ha sucedido con la aparición del COVID-19, un brote que, debido a su elevada tasa de contagio, pasó de ser una simple epidemia (que tenía el potencial de ser regional como habían sido las anteriores brotes de gripe surgidos hace varios años en las provincias chinas), a ser un virus con alcance global.

El surgimiento de esta pandemia ha llevado a que muchos gobiernos alrededor del mundo hayan optado por incrementar el control a los ciudadanos, bajo el clásico pretexto de que: “​el papá Estado sabe mejor que tú, que es lo que te conviene y por ende, yo Estado, dicto que permanezcas en cuarentena obligatoria el tiempo que yo considere necesario​”.

Bajo ese contexto, las ideas de la libertad, soportadas por la ciencia y la técnica, deben prevalecer. No es sostenible (como muchos políticos y aún científicos argumentan) la cuarentena prolongada o indefinida. O bueno, sí se puede realizar, con el consecuente resultado de la decapitación de la economía, el estrangulamiento del comercio y la consiguiente depresión económica. Es la falsa disyuntiva entre la salud y la economía. En otras palabras, te pones en cuarentena para cuidar la salud, pero al perder tu empleo te enfermas del estrés para encontrar otro empleo y sostener a tu familia. ¿Entonces quién decide que salud cuidar? ¿El estado?

Quienes están a cargo de la administración de un país deben considerar variables técnicas que a su vez permitan que el ciudadano no permanezca confinado en su residencia. Tarde o temprano, debemos enfrentar el virus y si es el caso, contagiarse. Se sabe que Corea del Sur, Singapur, Taiwán e incluso Japón, no impusieron cuarentenas a su población. ¿Cómo se logró esto? A través de la aplicación gratuita de ​tests masivos a su población. ¿Que hicieron para preservar la libertad? extendieron ​recomendaciones a la población para que permanezcan en sus casas sin obligarlos a estar en ellas, sin cerrar la economía y sin arrestar a nadie.

¿El resultado de esto? Las más bajas tasas de crecimiento de infectados (cuando escribo estas líneas: Corea y Taiwán 1%). Corea y Taiwán por ejemplo, llevarían al doble el número de contagiados cada 151 días, sin restricciones a la libertad individual y sin clausurar la economía, mientras que países con cuarentenas impuestas como India y Perú las doblaría cada 4.5 días (datos del Washington Post y del New York Times).

No se trata únicamente de realizar el test, luego de ello, el ciudadano portador del virus es identificado y aislado y se hace seguimiento del círculo social con el cual tuvo contacto, generando una base de información sólida para enfocarse en los pacientes actuales y prevenir futuros contagios.

Recientemente Google y Apple se han unido para trabajar en una aplicación que, en tiempo real, pueda darle información al ciudadano de cuales son las áreas con mayor riesgo de contagio, basados en la información suministrada de los tests. Algo así como el “waze” del corona-virus donde la aplicación tendrá información de manera anónima de los contactos alrededor de los individuos que han tenido contacto con la epidemia. Estos mecanismos inteligentes son los que en el futuro ayudarán a prevenir y a mitigar el efecto de la infección.

Dada la coyuntura actual, los gobiernos se ven tentados a imponer medidas restrictivas y a actuar como un estado policial restringiendo las libertades civiles anteponiendo el autoritarismo sobre la técnica. Si bien el estado tiene un papel relevante en principio para movilizar recursos y población en el corto plazo y de manera forzada, en el mediano y largo plazo ese esquema no es sostenible.

Otro caso de abuso de poder de los gobiernos, son los controles de precios. Sin ahondar en tecnicismos, la historia ha dado incontables ejemplos de cómo la libre competencia es la mejor alternativa para la fijación de precios de un bien o un servicio. Pero la tentación de los gobernantes en regular e intervenir el mercado lleva a pretender nuevamente reinventar la rueda y decretar que X o Y producto no debe ser objeto de “especulación”. ¿Cuál es el gran problema? La distorsión de precios que esto conlleva, porque, como bien es sabido, a través del control de precios no se generan los incentivos necesarios para que las empresas y los productores comercialicen sus bienes y servicios.

Puedo continuar con innumerables ejemplos de cómo la intervención del sector privado más que la del Estado ayuda a prevenir riesgos y a salvar vidas. Bill Gates recientemente ha iniciado la financiación de varios grupos de investigación, que en paralelo, avanzan en la carrera de buscar la vacuna contra el virus, de modo que, si cualquiera de ellos la encuentra, los demás no pierdan el incentivo monetario por perder la carrera para obtener la patente. Personalmente creo que tiene más probabilidades Bill Gates de encontrar una vacuna para el virus que un burócrata desde el estado fabulando un plan para hacerlo.

Una alternativa desde el punto de vista liberal definitivamente no es mantener el confinamiento, ni el control de precios, una alternativa será convivir con el virus y aplicar las medidas técnicas arriba enunciadas: test masivos, aislamiento de pacientes y generación de bases de datos para trazar los posibles contagios, abriendo la economía y recomendando a los ciudadanos permanecer en casa. No es menos importante, otorgar créditos a grandes empresas y pymes, a la vez que se alivia la carga tributaria a empresas e individuos.

Muchos ponderan al Estado como el “gran salvador” en esta hora amarga para la humanidad, olvidando que fue el mismo estado comunista chino quien pecó por acción y omisión al no informar oportunamente al mundo sobre la gravedad del tipo de contagio y de la cepa del virus, siendo este mismo estado quien persiguió al afamado doctor Li Wenliang, cuando este alertaba sobre el riesgo potencial de la epidemia. Ese mismo estado en muchos lugares del planeta restringe la libertad de movimiento de los ciudadanos, a cambio de dar alivios tributarios, sube impuestos y en general, prefiere que la economía de guerra sea para usted y la bonanza sea para ellos.

Andrés Patarroyo es ingeniero de software egresado de la Universidad Nacional de Colombia. Actualmente trabaja en el sector de las tecnologías de la información como Product Manager y Analista de Negocios. Defensor de la libertad.

La servidumbre voluntaria es el nuevo desafío a la libertad – Agustín Etchebarne

Agustín Etchebarne considera que después de la caída del muro de Berlín se ha venido expandiendo rápidamente la nueva amenaza a la sociedad abierta: El Estado Benefactor.

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Aquí puede descargar este ensayo en formato PDF.

La lucha por la libertad ha existido desde siempre. Herodoto nos cuenta la historia de Otanes, el demócrata, hijo de Phartanes que defiende la independencia del gobierno para él y su familia.1 La Biblia relata cómo Jesús coloca a la libertad como un fin y la verdad como un medio: “La verdad os hará libres”. Santo Tomás y los autores de la escuela de Salamanca razonan a partir de ella. El libre albedrío recorre la obra de Shakespeare, donde aparece el individuo como protagonista, Romeo y Julieta. El más grande de la lengua española nos dice: “La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran la tierra y el mar: por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida”. Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616). En la filosofía la encontramos por doquier, desde Diógenes a Spinoza o Locke.

Pero recién en el siglo XVIII las ideas de la libertad iluminaron al mundo en Occidente con pensadores como Montesquieu, Hume, Burke, Quesnay, Smith, Paine y sus ideas impulsaron las revoluciones y las guerras de la independencia. Por fin comprendimos que cada hombre nace con los mismos derechos individuales a la vida, la libertad, la propiedad y a la búsqueda de la propia felicidad. Se hizo carne en la máxima inglesa: “La casa de un hombre es su Castillo”.

“El hombre más pobre puede que en su choza desafíe todas las fuerzas de la corona. Puede que sea frágil — su techo puede temblar — el viento puede atravesarlo — la tormenta podrá entrar — la lluvia podrá entrar — pero el Rey de Inglaterra no puede entrar”
William Pitt.2

En el siglo XIX estas ideas se consolidaron en todo el mundo anglosajón, en otras partes de Europa y hasta en lugares tan alejados como la Argentina. Fue entonces cuando la libertad obtuvo contundentes triunfos sobre los reyes totalitarios y sobre la pobreza. La esclavitud y los privilegios eran reemplazados por la igualdad ante la ley, con una justicia independiente que limitaba el poder de los gobiernos y avanzaba hacia los ideales republicanos. La posición social de una persona ya no estaba determinada de por vida al momento de nacer. Al abolirse los privilegios, si un hombre nacía pobre de él dependía la posibilidad de enriquecerse, y si nacía rico, podía morir en la miseria. Así nació la movilidad social y con ella el principal impulso para el progreso.

El siglo XX no se quedó atrás, mientras el capitalismo multiplicaba la riqueza en todo el Occidente, el principal debate ideológico se definió con un nuevo triunfo de las ideas de la libertad, esta vez, sobre el fascismo, el comunismo y el socialismo.

Pero diez años después de la caída del muro de Berlín, cuando estas ideas parecían no tener rival y optimistas como Fukuyama declaraban “El fin de la historia”, un nuevo desafío a la libertad se expandía con virulencia: El Estado Benefactor.

Las democracias republicanas habían logrado albergar a más de la mitad de la población mundial, pero no lograban evitar las crisis económicas. Las dos grandes, la de la década del 30 y la nueva gran crisis en la que caímos al despuntar el siglo XXI, sirvieron como excusa para aumentar la intervención estatal, tanto en gobiernos de derechas como de izquierdas, avanzando en el camino hacia la servidumbre voluntaria.

Como indicamos, ya a mediados del siglo XIX era imposible dejar de observar que el capitalismo multiplicaba la riqueza. El propio Karl Marx constataba que “En el siglo corto que lleva de existencia como clase soberana, la burguesía ha creado energías productivas mucho más grandiosas y colosales que todas las pasadas generaciones juntas”3. El mundo había logrado escapar de la trampa Malthuseana que suponía que la población fluctuaba alrededor de un número estable porque no había suficiente alimento, de modo que en cuanto aumentaba la cantidad de gente, las hambrunas, las guerras y las pestes restablecían el equilibrio. La explosión de bienes y servicios y los avances tecnológicos de la revolución industrial permitieron expandir un 50% la esperanza de vida promedio de la población de 30 años a 45 años en Europa, y más tarde, en el resto del mundo. Se reducían drásticamente la mortalidad infantil, las muertes de las parturientas y las hambrunas.

En ese contexto de optimismo por el progreso es que Karl Marx concibió un sistema que permitiría mejorar la distribución de la riqueza. Lamentablemente creyó que para hacerlo era necesario exacerbar el odio entre los trabajadores y los empresarios y propuso la “lucha de clases”, en lugar de sostener los valores que surgían de la “Iluminación” y que eran compatibles con el amor, la tolerancia, el respeto a los derechos de cada uno, el intercambio voluntario, la responsabilidad individual y la libertad de expresión. Todos estos, valores compatibles con los de la civilización judeo-cristiana, y brutalmente destruidos en el mundo Marxista-Leninista-Maoista, sea en la URSS, en China, en Camboya, en Corea del Norte, en Cuba o en cualquier otro lugar donde se aplicaron —o aún aplican.

Pero dos jóvenes economistas contemporáneos al genio del socialismo, Carl Menger y Böhm Bawerk, desarrollaron el Marginalismo y la Teoría del Valor Subjetivo que daba por tierra con la Teoría del Valor Trabajo de Smith en la que se basaba todo el andamiaje de la Plusvalía. Por este motivo, que los marxistas convenientemente omiten, el propio Marx jamás publicó el segundo y el tercer tomo de “Das Kapital”.

Más tarde, en el siglo XX, economistas como Mises, Hayek o Read, demostraron la imposibilidad del cálculo económico en el socialismo, por la carencia de un sistema de señales que sólo los precios de mercado pueden brindar, así como las dificultades insalvables de la planificación centralizada por la falta de conocimiento suficiente, y sobre todo, por su obvia incapacidad para procesar el cambio de los gustos de los consumidores, las ideas y los fines de cada individuo, la tecnología y el medio ambiente. Al mismo tiempo, Joseph Schumpeter enseñaba cómo el capitalismo era precisamente un proceso de destrucción creativa,4 en permanente y vertiginoso cambio, imposible de imitar por los rígidos sistemas de planificación centralizada.

El intenso debate teórico culminó en la práctica, con el colapso del socialismo, al costo de más de 20 millones de vidas en la URSS, 5 más de 40 millones en China 6 y un tercio de la población en Camboya.7

En 1979 el pragmático Deng Xiaoping liquidó el sistema comunista con una sola frase: “No importa si el gato es blanco o negro, mientras que cace ratones, es un buen gato”. Desde entonces, China tuvo una espectacular recuperación basada en una economía más libre y con mayor respeto de los derechos de propiedad de los inversores. Así logró eliminar dos terceras partes de la pobreza de su población en apenas tres décadas. Casi al mismo tiempo, los trabajadores polacos sindicalizados en Solidaridad y alentados por la visita del Papa Juan Pablo II derribaban el comunismo en Polonia. En noviembre de 1989 la caída del muro de Berlín marcaba un nuevo hito; permitió que los fanáticos socialistas constataran cómo el sistema comunista había logrado el milagro de que los mismos laboriosos alemanes obtuvieran una productividad y un ingreso cuatro veces inferior por el sólo hecho de estar al Este del muro. Se conocieron también los relatos de la opresión, persecuciones, carencias de todo tipo y el miedo a la nefasta policía secreta Stasi, que competía en maldad con la KGB soviética, que habían logrado anular casi por completo la libertad de elegir.

Así, fueron cayendo uno tras otro los regímenes comunistas hasta la disolución final de la URSS el 26 de diciembre de 1991 y el siglo XX pareció terminar con un decidido triunfo de las ideas de la libertad, con decenas de países que se volcaban al capitalismo.

Hoy día, los pocos países comunistas que todavía quedan, sirven como demostración cabal de la inoperancia y maldad de tales regímenes. Esto puede observarse incluso desde el espacio exterior, basta con tomar una foto nocturna de la península de Corea para observar como miles de ciudades son iluminadas por el capitalismo en el sur; mientras que las tinieblas comunistas se expanden en el norte, con la sola excepción de la ciudad de Pyongyang donde disfrutan su perversidad los miembros de la dinastía Kim y su corte de jerarcas que los endiosan. No es fácil imaginar lo que significa una ciudad sin electricidad, sin posibilidad de leer, estudiar, ver televisión, ir al cine, escuchar radio, disfrutar del aire acondicionado o siquiera de un ventilador. Esto es comparable con lo que ocurría en cualquier ciudad pre-capitalista, donde sólo los ricos podían comer bien, calentar sus casas en invierno e iluminarlas con velas para poder leer de noche y extender sus días.

Pero hubo otro debate, algo más sutil, que continuó infectando inteligencias durante décadas. Ese debate se centró en dos críticas que han minado la fe en el sistema económico y rentístico basado en la libertad de los hombres y el intercambio voluntario:

No incluimos en este debate la vieja crítica marxista que sostenía que los ricos sólo podían beneficiarse de los pobres mientras estos siguieran siendo siempre pobres. Esa crítica derivaba de la falsa “Ley de hierro de los salarios”, que sostenía que bajo el capitalismo los salarios de los trabajadores no excederían el nivel de subsistencia. Si crecían los salarios crecería la población y el aumento de la oferta de trabajadores reduciría los salarios. Esta crítica fue rebatida por la realidad: la población se multiplicó 20 veces en 200 años y el nivel de vida y los salarios aumentó sostenidamente en todos los países capitalistas sin excepción.8

Pero sí hay dos críticas que parecen más difíciles de superar. Por un lado, se dice que el sistema es sumamente exitoso para generar riqueza pero es ineficiente en la distribución de la misma, genera grandes desigualdades, y mantiene a una parte de la población fuera de los beneficios del sistema. Es interesante observar que pese a la enorme mejoría económica en todos los países de la tierra, no hemos logrado convencer a las grandes mayorías. Por fortuna, tenemos una nueva potente herramienta creada por el profesor sueco Hans Rosling: un gráfico interactivo donde concentra las estadísticas de 200 países. Allí puede observarse con claridad la historia de la salud y la riqueza de 200 países. 9 Las cifras muestran que en 1800 los países más prósperos alcanzaban entre 2.000 y 3.000 dólares per capita, pero ninguno sobrepasaba una esperanza de vida promedio de 40 años, el resto de los países tenían una esperanza de vida cercana a los 30 años y los menos favorecidos, la India y unos pocos países africanos apenas alcanzaban los 25 años, con ingresos de entre 300 y 1000 dólares per capita. La maravillosa herramienta de Hans Rosling nos permite, con sólo hacer un click, avanzar desde 1800 hasta 2010, y allí encontraremos que, dos siglos más tarde, todos los países han mejorado sustancialmente. El mundo muestra una impresionante mejoría en los ingresos y en la expectativa de vida de la población, tanto en países centrales como en países periféricos (como Australia, Chile o la Argentina). Estos datos sirven también para desbaratar la tesis de Prebisch que sostenía que los países centrales crecen más rápido porque explotan a los países periféricos a través del deterioro de los términos de intercambio.10 Incluso podemos ver cómo los países invadidos por EE.UU. al finalizar la segunda Guerra Mundial (Japón, Alemania e Italia) crecieron frenéticamente en la posguerra y acortaron rápidamente la brecha de riqueza con el país invasor, transformándose en la segunda, la tercera y la quinta potencia mundial.

Otro gigante de la historia económica, Angus Maddison, reconstruyó los datos de los últimos 2000 años.11 En nuestro caso, sirven para constatar que en los 80 años de estrecha relación de la Argentina con Inglaterra (1853-1930), el primero fue el más beneficiado y logró acortar dos tercios de la brecha de riqueza que separaba ambos países. Otro ejemplo de que el país periférico es quien más se beneficia con el intercambio. Así, todos crecieron con la única excepción del Congo, que había multiplicado por 3 su PBI per capita, pero las guerras civiles desde su independencia, el 30 de junio de 1960, lo devolvieron a niveles que podemos denominar pre-capitalistas. Sin embargo, aún allí en medio de las matanzas, los avances de la medicina y la alimentación permitieron alargar un 50% la expectativa de vida promedio de la población, hasta los 48 años.

Como decíamos, la crítica más sutil parece vigente, la referida a la gran desigualdad que se produce debido a las asimetrías estructurales y de acceso a la información. Si bien todos mejoraron, algunos lo hicieron más que otros. Nuevamente el gráfico de Hans Rosling es útil para observar que precisamente mejoran más rápido aquellos países que acogen el sistema de libre mercado, la división de poderes republicana y se atienen al Imperio de la Ley (Rule of Law). Cronológicamente podemos ver que Holanda avanza primero, seguida por Inglaterra —donde se desata la revolución industrial—, luego por el resto de Europa y poco después EE.UU. Extrañamente, la Argentina ingresa al “top ten”, hasta 1930 (momento a partir del cual se suceden golpes de estado y gobiernos populistas, que adoptan ideas proteccionistas que la alejan de la libertad de mercados).12 La correlación entre las instituciones de la libertad y el progreso de los países se mantiene hoy día como lo muestra el Índice de Calidad Institucional publicado por la Fundación Libertad y Progreso que resume ocho estudios internacionales sobre 200 países en todo el mundo.13

Pero los números no alcanzan a mostrar una verdad esencial, y es que la brecha entre ricos y pobres se ha cerrado enormemente en los países capitalistas. Hace un par de siglos, los hijos de los pobres no tenían zapatos, ni calefacción, apenas algo de carbón para los días más fríos, muchos no tenían techo, la mortalidad infantil era inmensa, las madres morían al parir, no tenían velas para ver de noche, no sabían leer ni escribir, ni tenían atención médica. Hoy la diferencia entre un obrero y un empresario capitalista es que uno llega a trabajar en un Ford y el otro en un Cadillac. Pero no todos aceptan que estos datos sean del todo concluyentes y se mantiene la crítica, de Amartya Sen entre otros, que podría sintetizarse en que, si bien es cierto que todos mejoran la enorme desigualdad, a sus ojos, es inadmisible en un mundo rico tanto entre diferentes países como entre ciudadanos de un mismo país.

La segunda crítica al sistema económico y rentístico de la libertad es que produce crisis o ciclos económicos en cuya fase recesiva pueden producirse altos niveles de desempleo y sufrimiento de la población. Esta crítica fue impulsada, entre otros, por John Maynard Keynes a quien le tocó vivir y describir la crisis del 30.

Frente a ambas críticas, la solución propuesta fue la intervención del Estado. Decenas de economistas y científicos sociales dieron rienda suelta a su imaginación para ver nuevas formas en las que el Estado podía intervenir para mejorar los resultados de los mercados libres. Así, el Estado fue avanzando progresivamente, el gasto público creció de niveles de entre 10 y 15% del PIB en las primeras décadas del siglo XX a niveles de entre 35 y 50% del PIB en EE.UU., Europa, Japón y en casi todas partes. Pasó a llamarse “Estado Benefactor”, y comenzó a ofrecer seguros de desempleo, jubilaciones, salud gratuita, planes sociales de todo tipo, asegurar salarios mínimos, vacaciones pagas. Para financiarse inventó todo tipo de nuevos impuestos, expropió el dinero privado (el oro) e impuso el papel moneda de curso “forzoso”, y se dedicó a manipular las políticas monetarias y fiscales para “evitar” las recesiones y crecer sostenidamente.

El camino a la servidumbre voluntaria, o la verdadera causa de la crisis mundial

Como el Estado Benefactor todo lo promete, sin esfuerzos, y todo lo puede; los pueblos del mundo captaron la idea y todo lo piden, casi como si se tratara de una nueva religión. Sin embargo, es evidente que algo no salió bien. En todo el mundo desarrollado el Estado está en crisis, sabemos que es grave y que tal vez llevará una década para solucionarlo.

Pero antes de encontrar la salida debemos ponernos de acuerdo con el diagnóstico. Existe cierto consenso en que la crisis actual se debe a que durante la década del 90 el mundo se enamoró nuevamente del “capitalismo salvaje” e impuso el “Consenso de Washington”. Entonces sobrevinieron las desregulaciones de los mercados financieros y, combinadas con la irrefrenable codicia de los financistas que aprovecharon las nuevas tecnologías para crear complejos productos estructurados, tomando excesivos riesgos que transfirieron a los incautos ahorristas, generaron enormes burbujas que inevitablemente estallaron.

Si este fuera el problema, la solución sería que los Estados intervengan decidida y coordinadamente para rescatar a la economía y sanear a los bancos para que no quiebre el “sistema”. Y eso están haciendo los bancos centrales, les prestan dinero al 0,25% o al 1% anual para que compren bonos de los gobiernos que pagan intereses entre 4% y 6% anual, inyectando masivamente dinero para reactivar la economía y rescatando al mismo tiempo a los Estados sobre-endeudados, que suben impuestos y recortan módicamente sus gastos para sanear las cuentas fiscales, creando nuevos institutos y cantidad de nuevas regulaciones para que los banqueros no reincidan en su afán de lucro y rezando para que funcione, que la economía se reactive y el crecimiento económico permita diluir los problemas. El problema es que, al final, el Estado termina con una mayor proporción de la torta económica.

Pero existe otra manera de ver el problema: Lo que está en crisis es el Estado Derrochador. El Estado ha crecido desmedidamente influyendo en casi todos los aspectos de la vida humana, limitando las libertades individuales, gastando más, año tras año. Ya es considerado normal que el gasto público supere a los ingresos del Estado, y esto, pese a que los impuestos son cada vez más numerosos y las alícuotas más altas. Así, las deudas fueron creciendo vertiginosamente y están en niveles récords en muchos países, sólo la deuda pública contabilizada alcanza al 229% en Japón, al 100% en EE.UU., al 86% en promedio en Europa, con picos de 144% en Grecia o 120% en Italia.

El problema se agravó porque, en todas partes, durante décadas el Estado Benefactor utilizó el impuesto de la jubilación obligatoria para financiar gastos corrientes (en lugar de acumular fondos para pagar el retiro a los futuros jubilados). El sistema jubilatorio funcionó como un esquema Ponzi donde los nuevos trabajadores pagaban a los antiguos. Pero el sistema se agotó porque necesitaba que los jóvenes de las nuevas generaciones superen en número a los anteriores, y esto dejó de ocurrir al disminuir la tasa de natalidad en Japón, Europa y en menor grado en EE.UU. Hoy día, si incluimos las deudas previsionales a las cifras de endeudamiento, se duplican o triplican las anteriormente mencionadas.

Por supuesto, aún falta mencionar la creación de los bancos centrales, empezando por el más poderoso, la Reserva Federal de los EE.UU., en 1914. Con este invento, los estados se adueñaron del dinero legal, inclusive en algunos casos confiscaron el oro. Crearon grandes centros de planificación estatal, no ya para ver qué producir, sino para manipular la cantidad de dinero, la ayuda a los bancos y posteriormente junto con el FMI, el BID y otros organismos multilaterales, intervenir para supuestamente evitar crisis en otros Estados. Sin el menor éxito, intentaron evitar las recesiones y sólo por casualidad cada tanto acertaron en sus predicciones. No pocas veces han servido para generar o agravar las recesiones, como en la crisis del 30. En otros lograron postergarla como en la crisis de 2000, pero al costo de endeudar los Estados y agravar las crisis futuras. A pesar de las enseñanzas de Hayek, no logran comprender que la complejidad de las implicancias de reducir artificialmente las tasas de interés escapa al análisis de los planificadores centrales.

La cantidad de intervenciones es cada vez mayor. En 1994, la Fed y el Tesoro de EE.UU. rescataron a México. En 1997 a Tailandia y Hong Kong. En 1998 a Rusia y luego rescataron un fondo de cobertura —Long Term Capital. En 1999 sostuvieron a Brasil. Al año siguiente intervinieron para frenar el desplome de la economía frente a la implosión de la burbuja en las acciones tecnológicas estadounidenses. En cada intervención la receta fue la misma, facilitar el crédito, bajar las tasas de interés y aportar “fondos frescos” y, en cada caso, la economía terminó reactivándose. Pero ya en el 2001 las tasas de interés habían caído artificialmente hasta un casi 0% anual en EE.UU. y Japón, y apenas algo más en Europa. Lo cual generó una nueva burbuja, la descomunal burbuja del sector inmobiliario, en muchos países, en simultáneo, en todos los continentes. Fatalmente, la burbuja explotó con las tasas ya en 0% y la deuda de EE.UU. en récords históricos.

¿Qué hacer? ¿Revisar las premisas y repensar la estrategia? No, pues siguieron profundizando el mismo camino. Lo llamaron “Quantitative Easing” (QE), que significa, básicamente, imprimir dinero para salvar a los bancos con problemas. Esta política no fue del todo consistente porque huo dos graves excepciones, la Argentina y Lehman Brothers, las consecuencias inmediatas fueron una importante recesión local, en el primer caso, y una recesión internacional en el segundo.

Pero aún suponiendo que hubieran sido consistentes y hubieran logrado prevenir o postergar estas recesiones, la tendencia global seguiría siendo la misma. Luego de décadas de intervencionismo y oleadas de nueva legislación regulatoria, la consecuencia sigue siendo el extraordinario aumento del poder del estado, y su correlato, la disminución de las libertades individuales. Así, mientras que hace 100 años el Estado representaba poco más del 10% de la economía, en casi todo el mundo ha crecido desproporcionalmente hasta ocupar entre el 40 al 50% del PIB de cada país. Imaginemos un monopolio que ocupe el 50% de la economía y comprenderemos que su poder dominante es tan descomunal que las libertades individuales pasan a ser casi nominales. Sumemos además las generosas deudas que han acumulado. Agreguemos también que ha abusado de su capacidad legislativa escribiendo semejante cantidad de leyes que sólo las pueden albergar las más grandes bibliotecas.

Irónicamente, muchos economistas atribuyen la crisis actual a la “desregulación de los mercados financieros” de la década del 90. Conviene recordar que sólo en EE.UU. existen 75.000 páginas de regulaciones en ese mercado. O bien atribuyen la crisis a la codicia de los banqueros, como si las tasas de interés en 0% anual y los salvatajes no actuaran como estímulo adicional y extraordinario para exacerbar estas características de la naturaleza humana.

Todavía podemos añadir algo más grave. Muchos economistas creen que para salir de la crisis las guerras son indispensables. Tal vez esto influya para mantener la permanente guerra contra el terrorismo y la inútil guerra contra las drogas, y sus inevitables consecuencias en términos de pérdidas de libertades ciudadanas como el “Acta Patriótica” en EE.UU., la “Ley antiterrorista” en la Argentina, o las leyes anti-lavado en todo el mundo. Podríamos concluir sin asombro que el resultado no deseado es que el poder del Leviathán se ha vuelto inconmensurable, está totalmente fuera del control ciudadano y de manera que los hombres libres de antes, casi sin darse cuenta, se han ido transformando en siervos del Estado.

El desafío del siglo que estamos viviendo es recuperar el control sobre el Estado, “ponerlo en caja” y reducir el porcentaje que ocupa en la economía. Tal vez, la manera de lograrlo sea la competencia entre ciudades con diferentes legislaciones como propone Paul Romer con sus Free Cities. Si estas ideas logran imponerse, en algunas décadas más, los ciudadanos elegirán vivir en ciudades de servidumbre voluntaria, definidas como ciudades con altísimos impuestos a cambio de la promesa de seguridad provista por el Estado; o bien en ciudades con bajos impuestos y alta responsabilidad individual, en ciudades de hombres libres.

Referencias:

1. Herodotus. Histories. Traducido por George Rawlinson(1996). Wordsworth Edition, pp. 255-265.

2. William Pitt the elder quotes (British Statesman 1st Earl of Chatham, Viscount Pitt of Burton-Pynsent , byname The Great Commoner, 1708-1778). Traducción libre en el texto de versión original en inglés: “The poorest man may in his cottage bid defiance to all the forces of the crown. It may be frail — its roof may shake — the wind may blow through it — the storm may enter — the rain may enter — but the King of England cannot enter.”

3. Karl Marx y Federico Engels (original 1848; versión alemana de 1872). Manifiesto comunista. Edición Alemana traducida por José F. Polanco. Disponible en: http://www.marxists.org/espanol/me/1840s/48-manif.htm

4. Joseph A. Schumpeter (1942). Capitalism, Socialism and Democracy (Londres), pp. 81.

5. “Soviet Union, Stalin’s Regime” en “Source List and Detailed Death Tolls for the Primary Megadeaths of the Twentieth Century”. Disponible en: http://users.erols.com/mwhite28/warstat1.htm#Stalin. Ver también: Alexander Solzhenitsyn, Archipiélago Gulag, Barcelona, 3 vols. 2005, Tusquets Ed.

6. “People’s Republic of China, Mao Zedong’s Regime” en “Source List and Detailed Death Tolls for the Primary Megadeaths of the Twentieth Century”. Disponible en: http://necrometrics.com/20c5m.htm#Mao

7. Ben Kiernan (2003) “The Demography of Genocide in Southeast Asia: The Death Tolls in Cambodia, 1975-79, and East Timor, 1975-80”. Critical Asian Studies Vol. 35 (No. 4), pp. 585-597. Disponible en: http://www.yale.edu/gsp/publications/KiernanRevised1.pdf

8. Gapminder: Wealth and Health of Nations. Disponible en: http://www.gapminder.org/world

9. Gapminder: Wealth and Health of Nations. Disponible en: http://www.gapminder.org/world

10. Agustin Etchebarne (2005). “El cambio tecnológico y los términos de intercambio”. Revista de Instituciones, Ideas y Mercado, No. 48, mayo de 2008. ESEADE. Disponible en: http://www.eseade.edu.ar/servicios/Libertas/55_RIIM%2048.pdf

11. Angus Madisson. Contours of the World Economy: Essays in Macroeconomic History. Oxford University Press, septiembre de 2010.

12. Roberto Cortes Conde (2001). Progreso y declinación de la economía argentina: Un análisis histórico institucional. Fondo de Cultura Económica

13. Índice de Calidad Institucional 2011. Fundación Libertad y Progreso (Argentina). Disponible en: http://www.libertadyprogresonline.org/2011/06/15/indice-de-calidad-institucional-de-2011resumen/

 

Origen: La servidumbre voluntaria es el nuevo desafío a la libertad | elcato.org

LIBERTAD INDIVIDUAL

Justicia en contraposición a justicia social

«La llamada Justicia Social es la mayor injusticia del hombre para con el hombre.»

Por 

leonard-read-231x300¿Qué es Justicia? «Justicia» dice James Madison «es la finalidad del Gobierno y es la finalidad de la sociedad civil». Esta definición me satisface. Mi contención o tesis es que la Justicia y la llamada «Justicia Social» están en pugna y que pretender fomentar la última es contrarrestar la primera.

La Justicia como la Honradez debe ser la meta de nuestra conducta con los demás. Cierto que también podemos ser injustos o deshonestos con nosotros mismos, pero eso es otro cantar. La que ahora nos ocupa es un problema social que cubre las relaciones entre usted y yo y otros individuos. No son los grupos o clases, sino los individuos los que están sujetos a la justicia o injusticia, a la honradez o deshonestidad, a la armonía o desarmonía. Sabemos que la Sociedad está compuesta por personas como usted y yo, pero en adición a eso, no tenemos ni remota idea de lo que es la sociedad. La Justicia no cabe aplicarse a todos en general, sólo a cada uno en lo particular.

Lo que hemos dado en llamar sociedad civil consiste de una cantidad diversa y variante de individuos, cada uno de por sí, un mundo, y que viven contemporáneamente. Cada uno puede alcanzar el máximo de sus potencialidades sólo en tanto prevalezca la justicia en sus relaciones personales, o sea la ausencia de injusticia. Comprendida en esta forma, la justicia es en realidad la finalidad de la sociedad civil.

El Gobierno en su concepción ideal, no puede tener ninguna otra finalidad que una justicia común, porque esa es la finalidad de la sociedad civil, de la cual el gobierno es sólo el instrumento o el agente. A la diosa Justicia se le representa con los ojos vendados, precisamente porque si atisba, o mira a hurtadillas, trampea. Lo que le concierne no es quién es la persona, sino qué fue lo que hizo o de qué se le acusa. Tal es el significado de lo que se dice ser: «Un gobierno de leyes, no de hombres».

Hemos de admitir que la igualdad de oportunidades, sin favores ni privilegios especiales para nadie, es un ideal u objetivo un tanto lejos de realización y al que apenas podemos aspirar. Sin embargo, no podemos siquiera pretender aproximarnos a dicho ideal, si no comprendemos claramente lo que es la justicia y cómo puede alcanzarse. Algunas verdades o realidades pueden contribuir a aclarar nuestras ideas acerca de la justicia.

«No hagas a otros, lo que no quieras que hagan contigo» es una máxima venerable que puede servirnos de guía de la forma en que cada individuo debe comportarse hacia los demás. La práctica de la mutualidad y reciprocidad es quizás la forma más acertada y por la cual no es dable aproximarnos más al alcance de la justicia.

Podemos también hacer la prueba de lo que es bueno y justo, aplicando el principio de universalidad a las máximas que nos sirven de guía. Por ejemplo, «Tengo derecho moral a la propia vida, a poder adquirir los medios de vida y a la libertad». ¿Es esto justo? Sí, siempre que concedamos el mismo derecho a los demás. ¿Se puede? Entonces es justo. Probemos ahora enunciando la máxima al revés: «¿Me cabe el derecho de quitar la vida, los medios de vida y la libertad a los demás?» ¿Es esto justo?

Lo sería si pudiéramos racionalmente con ceder el derecho de asesinar, robar o esclavizar a los demás. Pero como racionalmente no podemos conceder ese derecho a ninguno, por consiguiente no es ni bueno, ni justo.

La institución de la libertad, correctamente entendida, basta para hacer justicia a cada individuo. John Stuart Mill nos dio la siguiente definición:

«La única libertad que merece el nombre nuestro propio bienestar a nuestra manera, siempre que no intentemos privar a los de más del mismo derecho, o impidamos sus esfuerzos por alcanzarlo».

Mi propia definición si fuera puesta en práctica, asegurarla la justicia universal: «Que no existan restricciones hechas por el hombre que limiten el desenvolvimiento de la energía creadora». Lo cual significa que nadie tendría derecho a inhibir a ningún individuo en ningún sentido, excepto el de impedir cualquier acción destructiva, tales como: el fraude, la violencia, el engaño, el robo, etc.

Las fórmulas expuestas son cuatro maneras de expresar substancialmente la misma idea: «La Justicia en contraposición a la concesión de privilegias es únicamente la ausencia de represión de las aspiraciones creadoras del individuo. Dejad a cada cual que persiga sus propios fines, siempre y cuando no interfiera con la persecución de fines pacíficos por los demás. La Justicia correctamente entendida, es como Alejandro Hamilton la definiera: «El cemento de la sociedad».

Ahora consideraremos lo que es conocido como: «Justicia Social», aunque tanto en teoría como en la práctica, dista mucho de ser Justicia. La Justicia Social refleja la corriente de nuestros tiempos. Es de origen muy antiguo, aunque todavía sirve como bandera para políticos y planificadores que tratan de ganar votos para alcanzar el poder. La Justicia Social sirve únicamente para conquistar el poder, no tiene ninguna base racional y es simplemente una manifestación del complejo de Diosificación que hoy día afecta en gran parte de la humanidad.

En la práctica de la tan recantada Justicia Social, al individuo se le ignora por completo. En cambio a la población y a la economía se le considera globalmente; a los individuos se les clasifica vagamente como: ricos y pobres, y en las votaciones se les toma en cuenta como bloques de finqueros, asalariados, pensionados, minorías oprimidas, víctimas de desastres, personas desalojadas, habitantes de palomares, y muchas otras clases de grupos, en la guerra que se libra contra la pobreza.

Justicia Social es el juego por el cual se «roba al minoritario de Pedro para ayudar al mayoritario de Pablo». Esta forma de comportamiento político busca el beneficio de algunos a costa del sacrificio de otros y en realidad es una forma de lo enunciado por Marx en su fórmula: «de cada cual según su habilidad, a cada cual según su necesidad». No es el hecho de que la Justicia Social siga los lineamientos del pensamiento de Marx, lo que la condena, sino únicamente lo que atrae nuestra censura es el hecho de que la justicia queda burlada. Para apreciar la diferencia, sometamos los principios de la Justicia Social a algunas de las fórmulas usadas con anterioridad.

«La Regla de Oro». Si no estuvieras de acuerdo en aprobar que otros forcivoluntariamente te quitaran lo tuyo para apropiárselo, tampoco puedes pretender que se les quite a ellos para tu propio beneficio. La Justicia Social está en pugna con este principio.

«Universalidad». Si no puedes racionalmente aprobar la práctica del despojo legal por parte de otros como medio de enriquecerse, tampoco puedes aprobarlo como medio de enriquecimiento propio. La Justicia Social resulta totalmente antagónica a este principio.

«La persecución del propio bien, siempre que a los demás no se les prive del mismo derecho». La Justicia Social persigue exactamente el fin opuesto, o sea el de privar a los demás, para beneficio propio.

«Que no existan restricciones hechas por el hombre que impidan el desenvolvimiento de energías creadoras». La Justicia Social busca premiar al indolente, penando y restringiendo a los que han ejercitado su energía creadora.

La llamada Justicia Social es la mayor injusticia del hombre para con el hombre. En vez de cimentar y consolidar a la sociedad, fomenta la codicia del poder y privilegio y es la semilla que germina en la corrupción y caída del hombre.

Finalmente, la Justicia Social en modo alguno se ajusta a la pretensión de sus partidarios, quienes pretenden que es expresión de misericordia y de piedad. Estas virtudes son de carácter estrictamente personal y hallan expresión únicamente en la voluntaria donación de lo que es de uno, nunca en la acción de arrebatar y redistribuir las posesiones de los demás.

Los ciudadanos que actúan motivados por una educación moral y ética, pueden condonar una filosofía tal como la llamada Justicia Social, solamente en caso de no darse cuenta de la terrible injusticia involucrada en la misma.

PROGRES, podemitas y similares: Solo ven lo que quieren ver

ELLOS, colectivistas, progres, adoctrinados, PODEMONGERS, etc., etc., etc., aceptan cualquier cosa, excepto al hombre independiente. Por ignorancia, cortedad de intelecto o, simplemente por miedo a la LIBERTAD VERDADERA, es decir, LA LIBERTAD INDIVIDUAL.

OBSÉRVESE: 

las tribus liberales1

Lo reconocen al instante…Hay un odio especial, insidioso, reservado para él. Ellos perdonan a criminales. Ellos admiran a dictadores. El crimen y la violencia son un lazo. Ellos necesitan lazos. Ellos tienen que forzar sus miserables pequeñas personalidades sobre todas las personas con que se encuentren. El hombre independiente los mata.

LAS TRIBUS LIBERALES2