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La policía del pensamiento / The thought police

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La policía del pensamiento

«Suetonio escribe en la vida de Tiberio que «en una ciudad libre conviene que la mente y la lengua sean libres» y en la actualidad sufrimos a la policía del pensamiento»

Por Jorge Hernández Mollar

Se viene desarrollando en algunas redes una nueva “policía de pensamiento” que sin pudor alguno censura o pone cortapisas a opiniones que contradicen determinadas ideologías.

La era digital ha revolucionado la vida del hombre y será estudiada en un futuro como una de las edades que abre un nuevo ciclo de la historia de la humanidad a continuación de la era contemporánea, esto es tan cierto como que una simple palabra, relato o la expresión de un pensamiento circula por todo el globo terráqueo en una fracción de segundo gracias a las redes de comunicación que internet ha creado.

Suetonio escribe en la vida de Tiberio que en “una ciudad libre conviene que la mente y la lengua sean libres” (“in civitate liberta mentemque linguam libertas esse decet), pero esta nueva era digital ¿nos hace mas libres? ¿son nuestras ciudades más libres? ¿nuestras mentes y lenguas pueden expresarse más libremente?

No son baladíes estas preguntas a la vista de cómo se viene desarrollando en algunas de estas redes una nueva “policía de pensamiento” que sin pudor alguno censura o pone cortapisas a opiniones que contradicen determinadas ideologías. Simplemente la transcripción que he hecho en Facebook de los párrafos de un artículo sobre la utilización hoy de menores en parlamentos y cumbres como si fueran mayores, al estilo de la sobreactuación de Greta Thunberg en la COP25, ha originado una reacción inmediata de la red censurándola como “Información falsa” por considerar “objetivamente inexactas” las afirmaciones que se contenían en dicho artículo.

Es de extrema gravedad que por un lado se confunda la información y la opinión en cuanto esconde una peligrosa línea inquisitorial de limitar la libertad de expresión y pensamiento y por otra parte se va diluyendo subrepticiamente con esa censura, el aprecio y el gusto por la libertad dejando paso a un nuevo fundamentalismo que no respeta la “la libertad del otro” para opinar sobre temas discutidos o discutibles como ocurre con el cambio climático, el aborto, la eutanasia o la ideología de género.

Si a esto se le añade la perversión del lenguaje que se nos trata de imponer como es la insistente y a veces ridícula diferenciación de géneros masculino y femenino; llamar “interrupción del embarazo” al aborto; pre-embrión al embrión o incluso desterrar las palabras de padre o madre por progenitores estamos ante lo que se podría calificarse ya de un intento de la nueva progresía, de estatificar la libertad a la medida de una falaz dictadura cultural de pensamiento único.

La persecución inquisitorial está llegando ya al extremo de proponer penalizar la inadaptación a esta nueva cultura o incluso animar a la delación ante la opinión o pública o a las autoridades para represaliar tamañas desviaciones de la auténtica cultura. El gran Quevedo se hizo eco en su época de afán absolutista en estos conocidos tercetos. “¿No ha de haber un espíritu valiente? / ¿Siempre se ha de de sentir lo que se dice? / ¿Nunca se ha de decir lo que se siente?”.

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Un lobby islamista presiona para coartar la libertad de expresión en Occidente / An Islamist lobby presses to curtail freedom of expression in the West

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La prestigiosa analista Judith Bergman acaba de revelar en las páginas del Gatestone Institute cómo la Organización de Cooperación Islámica (OIC, por sus siglas en inglés) está intentando poner coto a tu libertad de expresión en diferentes países occidentales.

Bergman destaca cómo, de un modo irónico, el “Primer Foro Islámico-Europeo para examinar formas de cooperación para poner coto al discurso del odio en los medios”, tuvo lugar el pasado mes de junio en el Press Club Brussels Europe.

El director del departamento de información de la OIC, Maha Mustafá Aqel, explicó que el foro es parte de la estrategia mediática para contrarrestar la “islamofobia”:

“Nuestra estrategia se centra en interactuar con los medios, el sector académico y los expertos en varios temas relevantes, además de interactuar con los gobiernos occidentales para generar conciencia, apoyar los esfuerzos de los organismos de la sociedad civil musulmana en Occidente e implicar a esta última en el desarrollo de planes y programas para contrarrestar la islamofobia”.

A diferencia de todas las demás organizaciones intergubernamentales, el OIC ostenta poder religioso y político. Se define como:

“La segunda mayor organización intergubernamental después de Naciones Unidas con 57 países miembros repartidos en cuatro continentes. La Organización es la voz colectiva del mundo musulmán […] que apoya todas las causas que más interesan a los más de 1.500 millones de musulmanes en el mundo”.

Bergman explica cómo según la carta fundacional de la OIC, uno de los objetivos de la organización es “diseminar, promover y preservar las enseñanzas y valores islámicos basados en la moderación y la tolerancia, promover la cultura islámica y salvaguardar el patrimonio islámico así como “proteger y defender la verdadera imagen del islam, para combatir la difamación del islam y fomentar el diálogo entre civilizaciones y religiones”.

En la 11ª Sesión de la Conferencia de la Cumbre Islámica (Sesión de la Uma Musulmana del siglo XXI) celebrada en Dakar (Senegal) los días 13 y 14 de marzo de 2008, los países miembros de la OIC decidieron “renovar nuestro compromiso para trabajar más duro para asegurar que la verdadera imagen del islam se proyecta mejor sobre el mundo” y “tratar de combatir la islamofobia que pretende distorsionar nuestra religión”[6].

En 2008, la OIC publicó su Primer Informe del Observatorio de la OIC sobre Islamofobia. Este documento enumeraba una serie de interacciones que los representantes de la OIC tuvieron con los públicos occidentales, incluidos el Consejo de Europa, la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) y académicos y otras universidades como Georgetown y Oxford, y decía:

“La cuestión que se subrayó en todas estas interacciones fue que la islamofobia está ganando cada vez más terreno en la mentalidad de la gente común en las sociedades occidentales, un hecho que ha creado una percepción negativa y distorsionada del islam. Se hizo hincapié en que las sociedades musulmanas y occidentales tendrían que abordar el problema con un sentido de compromiso para poner fin a la islamofobia […]. La islamofobia representa una amenaza no sólo para los musulmanes, sino para el mundo en general”.

“La OIC fue explícita en sus exigencias a Occidente”, recuerda Bergman. “En un comunicado entregado en la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, el secretario general de la OIC pidió que Europa “enjuiciara y castigara la discriminación racial […] mediante el marco de una legislación adecuada” y también “fortalecer las leyes existentes sobre discriminación y el el ‘tratamiento desigual’ y discriminatorio adoptado por los directivos del consejo de la UE”.

Hoy, muchos gobiernos europeos están enjuiciando a sus propios ciudadanos por criticar al islam o a los musulmanes, por ejemplo en Suecia, Alemania y Reino Unido, aunque se desconoce si este desarrollo de los acontecimientos puede atribuirse directamente, o en qué medida, a la OIC.

En Suecia, por ejemplo, los pensionistas en especial han sido procesados por hacer comentarios críticos sobre el islam en Facebook. Una mujer de 71 años se refirió a los denominados menores sin acompañante como “niños barbudos” y dijo –no incorrectamente (aquí, aquí y aquí)– que algunos habían participado “en violaciones y demolido sus centros [de acogida]”. En febrero de 2018, un tribunal sueco la sentenció a pagar una multa por “incitación al odio contra un grupo étnico”.

En Alemania, un periodista, Michael Stürzenberger, recibió una sentencia de seis meses de cárcel suspendida por publicar en su página de Facebook una foto histórica del gran muftí de Jerusalén, Hay Amin Al Husseini, estrechando la mano de un gerifalte nazi en Berlín en 1941. La fiscalía acusó a Stürzenberger de “incitar al odio hacia el islam” y “denigrar el islam” al publicar la fotografía.

Además de cultivar contactos de alto nivel con actores occidentales, la OIC también está siguiendo una exhaustiva estrategia mediática, acordada en Arabia Saudí en diciembre de 2016 y centrada en Occidente.

La estrategia mediática de la OIC afirma que uno de sus objetivos es:

“Aumentar la interacción con los medios y profesionales, mientras se promueve una imagen veraz y factual del islam. Se debe dirigir el énfasis a evitar cualquier vínculo o asociación entre el islam y el terrorismo, o el uso de retórica islamófoba en la guerra contra el terrorismo, como la de caracterizar a los criminales terroristas de fascistas “islámicos” o extremistas “islámicos”.

Parte de esa estrategia ya ha tenido mucho éxito en todo el mundo occidental, donde las autoridades y los medios no quieren referirse a los terroristas musulmanes como islámicos, sino que los describen sistemáticamente como “trastornados mentales”.

La OIC también señala que le gustaría que los profesionales de los medios y los periodistas “desarrollen, articulen e implementen códigos de conducta voluntarios para contrarrestar la islamofobia”, mientras que colaboran con los gobiernos occidentales para “generar conciencia contra los peligros de la islamofobia al abordar la responsabilidad de los medios sobre el problema”. La OIC dice además que le gustaría formar a periodistas extranjeros para “abordar el fenómeno del odio y la difamación de la religión islámica”, como ejemplificó el reciente Foro Europeo-Islámico, donde se presentó a los asistentes el “Programa para formar a los profesionales de los medios y reorientar los estereotipos sobre el islam” de la OIC.

Como se sostuvo antes aquí, los periodistas europeos –ayudados por la UE– ya son muy proclives a censurarse a sí mismos, lo que significa que el trabajo de la OIC ya está más que medio hecho en lo relativo a Europa.

Por último, la estrategia mediática de la OIC pide fomentar “una red de figuras públicas occidentales de alto perfil que apoyen los esfuerzos para combatir la islamofobia en la política, el periodismo y la sociedad civil” así como equipos de investigadores académicos y celebridades que sean las caras de la campaña.

Según Bergman, la OIC menciona los siguientes ejemplos, entre otros, de campañas mediáticas generales que pretende lanzar como parte de su estrategia mediática:

  • Campañas de televisión y publicidad “dirigidas al transporte público (bus y metro), periódicos y revistas famosos de cada país dos veces al año”.
  • Organizar tres tertulias al año en canales televisivos clave de EEUU y Europa sobre el islam con la participación de miembros escogidos de países musulmanes.
  • Diez conferencias al año en cada país (universidades, sindicatos y centros importantes sugeridos) “sobre el papel islámico para construir culturas y conectar religiones”.
  • Visitas a colegios y universidades de “equipos de especialistas” de la OIC.
  • Invitar a cien “activistas occidentales” de varios ámbitos en países musulmanes seleccionados que “puedan interactuar con intelectuales, políticos, figuras mediáticas e investigadores religiosos”.
  • Producir un documental de una hora “que examine el crecimiento de la islamofobia en occidente y su impacto en los musulmanes alrededor del mundo y las relaciones interreligiosas” que se emita “en grandes canales como la BBC británica y el Channel 4 o la PBS de Estados Unidos”.

La OIC está siendo ayudada en estos esfuerzos por “prestigiosas compañías de relaciones públicas como UNITAS Communications con sede en Londres (Reino Unido), y Golden Cap, con sede en Yeda (Arabia Saudí)”. La OIC promete que también creará un fondo para financiar iniciativas locales contra la islamofobia, y que hará un seguimiento de los medios y pulicará comentarios en noticias en publicaciones occidentales clave.

“Los muy ambiciosos planes de la OIC para acabar con la libertad de expresión están pasando muy desapercibidos en Occidente”, explica Bergman, quien añade que “los periodistas de los grandes medios occidentales no parecen considerar peligroso que su libertad de expresión pueda estar supervisada por la OIC, mientras que los gobiernos occidentales, lejos de resistirse, parecen, quizá para ganar votos, cómodamente dispuestos a aceptar lo que sea”.

(La Tribuna del País Vasco)

El marxismo cultural impone el fin de la libertad de expresión en Europa / Cultural Marxism imposed to freedom of expression in Europe

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Según un extenso reportaje publicado en la nueva Revista Naves en Llamas, en su número del pàsado mes de junio, el totalitarismo socialdemócrata se extiende por los principales países de la Unión Europea de la mano de la más asfixiante censura periodística que ha vivido el viejo continente desde la II Guerra Mundial.

Mientras el Parlamento Europeo “aconseja” a los ciudadanos qué periódicos leer y pretende “enseñar” qué información seleccionar y cómo hacerlo, países como Alemania, Francia, Suecia o Gran Bretaña, entre otros, diseñan leyes intensamente restrictivas que se presentan como herramientas legislativas contra las “noticias falsas”, pero que tienen como único fin castigar y eliminar todas aquellas informaciones y opiniones que cuestionen el pensamiento políticamente correcto impuesto a sangre y fuego en la UE por las fuerzas políticas dominantes y la totalidad de los medios de comunicación del Sistema.

La historia de la comunicación de masas demuestra que las informaciones falsas, las noticias equivocadas, los comentarios manipuladores, los análisis torticeros, las opiniones estridentes, las críticas furibundas y los puntos de vista rompedores son la esencia de la libertad de expresión desde que las primeras gacetas comenzaron a ver la luz en la Europa del siglo XVI. Y, del mismo modo, tratar de poner fin a la publicación de “mentiras” ha sido la excusa preferida de los incontables censores políticos, culturales o religiosos que el mundo ha conocido a lo largo de los siglos. Lo dramático del asunto es que hoy, en el siglo XXI, son las principales potencias de Occidente, sumisas a una falsaria corrección política impuesta por la alianza atroz existente entre el marxismo cultural y el islamismo político, las que no dudan en silenciar a sus ciudadanos más libres, aquellos que se niegan a acatar el discurso ideológico dominante.

Durante los últimos años, y especialmente desde que las grandes empresas periodísticas entraron en una crisis económica dramática a consecuencia de la implosión producida en el sector por la llegada de las TIC’s (nuevas tecnologías de la comunicación y la información), han sido los canales televisivos de más audiencia y las principales cabeceras del continente (tanto unos como otros generosamente financiados por las instituciones) los medios que más patrañas, inventivas y contenidos manipulados han lanzado al público en general. Estas empresas, de la BBC a El País, pasando por Financial Times, La Vanguardia, Le Monde, The Washington Post, The New York Times o La Sexta, mantenidas directamente o indirectamente por gobiernos propios o por regímenes dictatoriales extranjeros, son las que durante años han mantenido el monopolio de la desinformación en solitario y son las que hoy más presionan para que los dirigentes europeos actuales legislen a su favor… censurando, acallando y enmudeciendo a los nuevos protagonistas informativos que, básicamente a través de Internet, se suman al ámbito de la comunicación global.

Francia

En Francia, donde intelectuales y periodistas de talla internacional como Alain Finkielkraut, Éric Zemmour, Gilles Kepel o Ivan Rioufol, repetidamente censurados en las televisiones públicas, denuncian insistentemente y en solitario cómo cada vez es más difícil emitir informaciones y escribir opiniones contrarias al pensamiento único islamoizquierdista dominante, el presidente Emmanuel Macron ha anunciado el inicio de una “guerra” a las “noticias falsas” y a quienes las propagan. Con este fin, va a impulsar una nueva ley para “controlar, limitar y castigar la propagación en Internet, durante campañas electorales, de noticias falsas por parte de entidades extranjeras”.

Según Emmanuel Macron, que ascensdió al poder después de que los principales medios de comunicación galos impulsaran una durísima campaña contra su principal contrincante, François Fillon, la norma que está preparando su Gabinete “protegerá la vida democrática de las falsas noticias que, a través de las redes sociales, expanden por todo el mundo y en un instante, en todas las lenguas, bulos inventados para ensuciar a un responsable político, a una personalidad, a una figura pública, a un periodista”.

Mientras tanto, en Francia, como también ocurre en la mayor parte de los países que forman el núcleo duro de la UE, y gracias a leyes dictadas “ad hoc” bajo el pretexto de luchar contra “los discursos del odio”, es imposible y sumamente arriesgado cuestionar públicamente los constantes alegatos antidemocráticos lanzados por el Islam político, no hay forma de criticar serenamente a los “jemeres verdes” apologetas incansables del “cambio climático” y, por supuesto, es siempre motivo de querella judicial cualquier planteamiento que se haga en contra de una ideología de género tan generalizada como ignorante. De todo esto, de las decenas de “no-go zones” que se extienden por el país, de los miles de policías que son atacados todos los años en los barrios de mayoría musulmana y de las decenas de atentados islamistas que se han cometido en suelo galo en la última década, Macron, por el momento, no tiene nada que decir.

Alemania

Desde el pasado 1 de octubre de 2017, una nueva ley ha introducido la censura del Estado en plataformas sociales como Facebook, Twitter y YouTube. El Gobierno germano exige a estas empresas que acallen a sus usuarios en nombre del Estado alemán y, para ello, estas redes sociales se encuentran obligadas a borrar o a bloquear cualquier “delito de ofensa” como el libelo, la calumnia, la difamación o la incitación en un plazo de 24 horas de la recepción de la queja de un usuario, al margen de que el contenido de la denuncia sea cierto o no. Las empresas propietarias de las redes sociales tienen siete días para los casos que sean más complicados. Si no lo hacen, el Gobierno alemán puede imponerles una multa de hasta 50 millones de euros por no cumplir la ley.

De esta forma, el Ejecutivo de Angela Merkel ha conseguido que la libertad de expresión de sus ciudadanos esté sujeta a las decisiones arbitrarias de entidades empresariales que tienden a censurar más de lo necesario para no arriesgarse a una multa demoledora. Como explica la analista Judith Bergman, “cuando se nombra a los empleados de las compañías de las redes sociales como policía privada del pensamiento del Estado y se les da el poder de moldear el actual discurso político y cultural, decidiendo quién puede hablar, y qué puede decir, y a quién se acallará, la libertad de expresión se reduce a nada más que un cuento de hadas”.

Mientras esto ocurre, y como ejemplo perfecto de que tanto en Alemania como en el resto de Europa Occidental la censura solo funciona en una dirección, el Tribunal del distrito de Múnich ha reactivado e imputado una sentencia suspendida al periodista alemán Michael Stürzenberger de seis meses de cárcel por publicar en su página de Facebook una foto histórica del gran muftí de Jerusalén, Haj Amin Al Huseini, estrechando la mano de un gerifalte nazi en el Berlín en 1941. Los fiscales acusaron a Stürzenberger de “incitar al odio hacia el Islam” y de denigrar a esta religión por publicar la fotografía. El tribunal declaró a Stürzenberger culpable de “diseminar la propaganda de organizaciones anticonstitucionales”. Aunque la admiración mutua que una vez existió entre Al Huseini y los nazis alemanes es un hecho histórico incuestionable, resulta evidente que los tribunales alemanes están reescribiendo la historia, con el visto bueno de las autoridades políticas.

Reino Unido

En el Reino Unido, mientras el alcalde musulmán de Londres prohíbe colocar en las estaciones de metro anuncios de mujeres occidentales en bikini, la primera ministra, Theresa May, dirige también su indignación contra las compañías de Internet y contra los usuarios de éstas: “La industria tiene que ir más lejos y más rápido para automatizar la detección y eliminación de contenido terrorista online […]. Al final, no son sólo los terroristas a quienes tenemos que derrotar. Es la ideología extremista que los alimenta. Son las ideologías que predican el odio, siembran la división y perjudican nuestra humanidad común. Debemos ser mucho más firmes en la identificación de esas ideologías y su derrota, en todos los ámbitos de nuestra sociedad”.

A más de un lector esta declaración de principios puede resultarle aceptable, pero lo más llamativo de la misma es que en ella Theresa May jamás pronuncia el “apellido” de los terroristas que durante los últimos años, y especialmente a lo largo de 2017, han convertido Londres en general, y el Reino Unido en particular, en un campo de cadáveres. La primera ministra sigue insistiendo en que “estas ideologías” afectan “a todos los ámbitos de nuestra sociedad” cuando, en realidad, prácticamente todo el terrorismo que padece Occidente es islámico.

Paralelamente, su propia secretaria de Interior, Amber Rudd, se ha negado a ilegalizar al brazo político de Hezbolá. El discurso del odio de los islamistas de Hezbolá, al parecer, es perfectamente aceptable para las autoridades británicas. Y también el del clérigo musulmán sudafricano y predicador del odio Ebrahim Bham, que había sido intérprete del director jurídico de los talibanes. Se le permitió entrar en el Reino Unido para hablar en el Queen Elizabeth II Centre, un edificio del Gobierno, en el marco de la “Expo Palestina”, un gran evento antijudío celebrado en julio en Londres. Bham es conocido por citar a Goebbels, el ministro nazi de Propaganda, y decir que todos los judíos y cristianos son “agentes de Satán”. Entretanto, a un académico de primer orden como Robert Spencer se le ha vetado la entrada en el Reino Unido, supuestamente porque lo que narra —que es verdadero— es “islamófobo”.

La muy concreta intencionalidad política e ideológica que encierra el empeño de coartar la libertad de expresión de los ciudadanos en base a lo que se conoce como “delitos de odio” queda claramente expuesta en los datos que ofrece la Fiscalía del Estado británica (CPS, por sus siglas en inglés), que entre 2015 y 2016 asegura haber denunciado 15.442 casos de este tipo de faltas. Curiosamente, a pesar de que los judíos de Gran Bretaña, que ya han sufrido un drástico aumento el antisemitismo en los últimos tres años, suelen ser los destinatarios habituales de los delitos de odio, sus casos continúan siendo apenas una fracción mínima de las estadísticas. Según Campaign Against Antisemitism, “aún no ha habido un año en que se hayan enjuiciado más de unos 25 delitos de odio antisemita. En lo que llevamos de 2017, nos constan 21 enjuiciamientos, en 2016 hubo 20 y en 2015 hubo sólo 12. Es tan grave la inacción de la Fiscalía que hemos tenido que demandar a título privado a los presuntos antisemitas y enfrentarnos a la Fiscalía mediante las revisiones judiciales, de las cuales la primera la ganamos en marzo. El año pasado sólo se juzgó el 1,9% de los delitos de odio contra los judíos, señalando a las fuerzas policiales que sus esfuerzos para investigar este tipo de delitos podrían ser en vano, y enviando el claro mensaje a los antisemitas de que no tienen por qué temer a la ley”.

Suecia

En 1966, uno de los escritores para niños más populares de Suecia, Jan Lööf, publicó “Mi abuelo es pirata”, un libro infantil ilustrado que incluía, entre otros personajes, al malvado pirata Omar y al vendedor ambulante Abdulah. El libro se reveló como un éxito de ventas desde un primer momento, y ha sido traducido al inglés, al español, al francés y a otros idiomas. Hace diez años, se distribuyeron incluso 100.000 copias al público sueco con los “Happy Meals” de McDonald’s, como parte de un iniciativa para fomentar la lectura entre los niños.

Ahora, quince años después, el libro ya no es tolerable. El autor, que cuenta en la actualidad con 76 años, ha revelado que su editorial le había dicho que si no reescribía el libro y cambiaba las ilustraciones, éste sería retirado del mercado. La editorial también amenazó con retirar otro libro suyo si no lo rehacía, porque incluye la ilustración de un músico negro de jazz que duerme con las gafas de sol puestas.

La editorial de Lööf, la gigante sueca Bonnier Carlsen, dice que no ha tomado aún una decisión final y que solo considera la reescritura y reilustración de los libros como “una opción”. No hay duda, sin embargo, de que consideran los libros en cuestión sumamente problemáticos.

“Los libros estereotipan a otras culturas, algo que no es extraño, ya que todas las ilustraciones se crearon en un contexto, en su propio tiempo, y los tiempos cambian”, explica Eva Dahlin, que dirige el departamento literario de Bonnier Carlsen.

Por este motivo, Dahlin revela también que su editorial invierte mucho tiempo en revisar viejas publicaciones, para comprobar si incluyen dichos pasajes “problemáticos”. Añadió que la editorial no solo comprueba pasajes culturalmente delicados: “Tenemos muchas mujeres editoras, así que es probable que de forma natural seamos más conscientes de las representaciones con prejuicios de género que de este tipo de cuestiones. Pero ahora tenemos una mejor perspectiva y una mayor conciencia sobre estos asuntos”.

Suecia ya está acostumbrada a las “revisiones literarias” de este tipo, u otras revisiones culturales en nombre de las imposiciones políticamente correctas. Tanto “Pipi Calzaslargas” como otros libros infantiles han sufrido revisiones varias o han sido incluso retirados del mercado. En la serie televisiva de la niña pelirroja de las largas coletas se ha eliminado una escena en la que Pipi entrecierra los ojos para parecer china, “para no ofender a nadie”.

En 2013, un popular y premiado libro infantil danés, “Mustafas Kiosk”, de Jakob Martin Strid, fue retirado del mercado sueco tras las quejas en las redes sociales de este país de que el libro era racista e “islamófobo”. Irónicamente, el autor lo escribió en 1998, cuando se encontraba en Indonesia, el país con la mayor población musulmana del mundo, como un “alegato antirracista”.

Elocuentemente, el libro ha estado en el mercado sueco desde 2002 sin ninguna queja. En respuesta a estas críticas, el escritor danés señaló que solo se logra una sociedad igualitaria y no racista “cuando te permiten hacer bromas (cariñosas) sobre cualquiera”. “También hago bromas sobre los noruegos”, añadió.

En 2014, tras las quejas en las redes sociales suecas de que algunas de sus golosinas eran “racistas”, la empresa Haribo decidió cambiar uno de sus productos, “Skipper Mix”, que consistía en golosinas con forma de recuerdos marineros, entre ellos… máscaras africanas.

Y mientras tanto, día a día, y en muchos casos a través de asociaciones y organizaciones subvencionadas con recursos públicos, en Suecia se suceden las denuncias por “incitación al odio”. Estos son algunos casos recientes recogidos por el Instituto Gatestone norteamericano:

Una mujer de 71 años se refirió a los llamados menores sin acompañante como “niños barbudos”, y dijo que estaban “violando en grupo y demoliendo sus casas [de asilo]”. Publicó el comentario en la página de Facebook de los Demócratas Suecos en junio de 2016. En febrero de 2018, un tribunal sueco la sentenció al pago de una multa por “incitación al odio contra un grupo étnico”.

Durante el juicio, dijo que había estado leyendo varios artículos sobre estos supuestos refugiados sin acompañante que “habían incendiado las casas de asilo, violado, y negado a que un médico determinara su edad para evitar la sentencia”.

“Me horrorizó lo que leí”, dijo, disculpándose por el comentario que había publicado, del que dijo que se dirigía solamente a los que cometen delitos. Al tribunal, obviamente, no le importó el miedo de la anciana, y concluyó: “[la mujer] debió darse cuenta de que había un riesgo inminente de que las personas que leyeran el texto lo percibieran como una expresión de desacuerdo con otros grupos étnicos de personas en general y la inmensa mayoría de los refugiados sin acompañante, que, en el momento del comentario, habían ido concretamente a Suecia. A pesar de ello, escribió el comentario en Facebook”.

Otra mujer de cincuenta y tantos fue sentenciada a pagar una multa en diciembre de 2017 por un comentario en Facebook, donde llamaba a los hombres de Afganistán que habían mentido sobre su edad, “cabalgacamellos”: “Esos malditos cabalgacamellos nunca serán autosuficientes, porque son unos malditos parásitos”, escribió. El fiscal Mattias Glaser insistió en que el comentario iba dirigido contra “jóvenes que están luchando para quedarse en el país”. Según el tribunal: “se usaron palabras condescendientes de una manera que […] expresaban desprecio por las personas de origen afgano o personas de las regiones colindantes respecto al color de piel o su origen nacional o étnico y encajan en la cláusula sobre incitación al odio”.

En noviembre de 2017, un hombre de 65 años fue sentenciado a pagar una multa por “incitación al odio contra un grupo étnico”. ¿Cuál fue su delito? Escribir en Facebook que los migrantes “recién llegados”, no los suecos, “eran culpables de perpetrar violaciones colectivas”. Según el tribunal, el hombre “afirmó que los afganos, africanos y árabes que acababan de llegar a Suecia cometían delitos como violaciones colectivas”. Esta afirmación, según el tribunal, constituye un “claro desprecio” por las personas de los orígenes nacionales mencionados. El hombre de 65 años adujo que había publicado el comentario porque Suecia oculta las estadísticas sobre los orígenes étnicos de los violadores y que su comentario era una forma de difundir información e iniciar un debate. Esto no impresionó en absoluto al tribunal, que concluyó: “El comentario contiene una grave acusación de que las personas de determinados orígenes nacionales cometen delitos graves y no puede [el comentario] considerarse por tanto que dé lugar o contribuya a un debate objetivo sobre el asunto”.

En febrero de 2018, un hombre de 55 años fue sentenciado a pagar una multa por “incitación contra un grupo étnico” por escribir en Facebook que los musulmanes suníes están detrás de la mayoría de los delitos de bandas en Suecia, así como de las violaciones. “Los somalíes son musulmanes suníes… están detrás de buena parte de los delitos de bandas en Suecia y de toda la otra violencia, como las violaciones. ¡Los afganos son en un 80% suníes y son una gente maldita!”, escribió.

Durante el juicio dijo que tenía entendido que había libertad de expresión en Suecia. “Ves este tipo de cosas cada día”, dijo, “violaciones colectivas, disparos, maltrato animal y similares, y los políticos no parecen capaces de hacer nada al respecto. La policía no hace nada tampoco, y la gente se enfada”. El tribunal concluyó: “El comentario expresa que los musulmanes en general están detrás de los delitos de bandas y violaciones colectivas en Suecia, y se formula de una manera ofensiva […] El comentario no invita a un debate crítico sobre la religión, expresa exactamente el mismo tipo de desprecio que pretende abordar lo estipulado sobre incitación al odio contra un grupo étnico. Se sentencia al acusado al pago de 10.000 coronas [1.200 dólares] por incitación contra un grupo étnico”.

La analista Judith Bergman se muestra tajante: “Suecia está siendo barrida por una ola de asesinatos, agresiones violentas, violaciones, también colectivas y agresiones sexuales, además de la sempiterna amenaza terrorista. En lugar de usar sus limitados recursos para proteger a sus ciudadanos de los ataques violentos contra ellos, Suecia está librando una batalla legal contra sus pensionistas por atreverse a hablar contra los mismos ataques violentos de los que el Estado no les está protegiendo”.

FUENTE: ALERTANACIONAL

LOS DISCURSOS DEL ODIO / THE SPEECHES OF HATE

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Hola, esta vez quiero tratar un tema que está muy de moda últimamente, y que se oye mucho en los llamados “medios de comunicación” (cuando en realidad, para que haya una comunicación debe haber alguien que emita un mensaje y alguien que responda, lo que excluye a la televisión, a la prensa y a la radio). Se trata de los discursos del odio. Escuchad, no hay dictadura más totalitaria que la que afirma ser ejercida en nombre de la libertad, del amor, de la paz, de la tolerancia. Ninguna dictadura podría funcionar a las claras, por lo que necesitan muchísimas capas de maquillaje lingüístico, palabras que suenen bien al oído, que deleiten al que escucha, que haga caer en sus redes a cualquiera que no sea crítico o que no piense por si mismo. Pues eso es lo que está pasando en los tiempos actuales sin que la inmensa mayoría de la población se dé cuenta de ello. Estamos llegando al punto alarmante en el que a cualquiera que discrepa de los temas predominantes en la “opinión pública” (opinión difundida mediante el marketing masivo y asimilada sin razonar por las masas) se le tacha de realizar algo llamado un discurso del odio.

Lejos de mi intención querer propagar el sentimiento del odio. Este sentimiento puede comprenderse cuando ha sucedido algo horrible en nuestras vidas, causado por otros, por ejemplo, si han asesinado a alguien muy querido, o si han quemado nuestro hogar, por poner algunos ejemplos. Sin embargo, nunca es un sentimiento que nos favorezca: lo ideal es mantenernos en un estado de calma, de serenidad sostenida. Sin embargo, el hecho de que se aplique la palabra odio a la simple discrepancia con un punto de vista predominante, es algo que no deberíamos permitir, y muy peligroso, pues nos acerca cada vez más a una dictadura ideológica, política y social.

Cuando veáis en lo sucesivo que alguien o algo (como la televisión o la prensa) habla de discurso del odio, hazte la siguiente pregunta: ¿realmente quien habla ha manifestado que desea algún mal a otras personas, o simplemente está hablando de lo que piensa?

 

Muy lejos de defender la libertad de expresión, quienes hablan de discursos del odio creen que hay una serie de dogmas que son incuestionables, que nunca pueden ni deben ser criticados, porque hacerlo es para ellos expresar odio. Por eso, imágenes como la siguiente no tienen ningún sentido (a veces, el supuesto discurso del odio es, precisamente, un simple uso de la libertad de expresión, aunque algunos totalitarios quieran llamarlo de otro modo):

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Otra pregunta que podéis haceros es: ¿quién está cortando realmente la libertad de expresión, quién no permite hablar al otro, el que emite su opinión, aunque sea discrepante, o quien le tacha de emitir un discurso del odio por ello?

 

De este modo, usando el sentido común, podréis distinguir entre lo que es dar una simple opinión o punto de vista, y la ignorancia más profunda. Pongamos algunos ejemplos.

1) El feminismo.

Este es sin duda uno de los dogmas incuestionables de nuestro tiempo, si lo criticas se te califica como emisor de un discurso del odio (contra las mujeres en este caso) si no de cosas aún peores. Y sin embargo, ¿qué pasa si simplemente dudas de algunos de los postulados de este movimiento ideológico? Por ejemplo, si dudas que exista un patriarcado (pues los hombres son sometidos al mismo nivel o más que las mujeres) o de esa otra afirmación según la cual las mujeres cobran menos que los hombres en igualdad de condiciones, siendo que esto carece de datos o evidencias? Si dudas de esto, se te calificará como machista, agresor, o de odiar a las mujeres en general, o de considerarlas inferiores. Cosas todas muy distantes de la realidad, que no provienen del uso de la lógica, sino de la estupidez, y que no honra al movimiento feminista actual (le honraría más bien dar datos objetivos de lo que afirman sin alarmarse de que alguien se los pregunte).

1) La inmigración masiva a Europa.

Otro de los temas en los que se tergiversa la realidad es la inmigración de millones de personas de los inmensos continentes africano, asiático, etc, a la pequeña Europa. Muchas son las dudas o planteamientos que esto puede generar de un modo natural, pero todos serán calificados como ‘discurso del odio’ o xenofobia por todos aquellos que solo se centran en el dogma de que la inmigración es algo bueno y solidario, y que solo puede traer bien, o de que tenemos la obligación moral de aceptarlo. ¿Qué tiene que ver dudar de las ventajas de esta inmigración masiva de extranjeros a Europa con el odio personal a esas gentes? Creo yo que absolutamente nada. Pero cuidado con no estar conforme o de acuerdo con lo que está ocurriendo, con nada que tenga que ver con los extranjeros, porque ellos están “libres de crítica” como un limbo que escapa a la lógica humana, a la razón. Se esconde tras ello la ideología de que ellos son buenos y nosotros malos. Si te sales de ese patrón, serás tachado de racista, xenófobo, o fascista.

FUENTE: Para Mi Son Enigmas

COMISIONES DE LA VERDAD Y POR EL MONTE LAS SARDINAS

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Escrito por Miguel A.Velarde

El verano, junto con la cabalgata presupuestaria anual, siempre es el momento propicio para que un gobierno cuele todas esas cosas que no se atrevería a hacer en épocas en las que los ciudadanos están algo más atentos a las noticias. Tampoco es que hacerlo de forma descarada vaya a tener demasiada repercusión, en un país en el que la mayoría ha asumido orgullosamente su papel de siervos obedientes que necesitan ser protegidos por un amo sabio. No, pero quizás algunas cosas den algo más de reparo, y es mejor hacerlas de forma más discreta, sin que los afectados vayan a dedicarle mucho tiempo en pensar sobre ellas.

A cambio, se nos suelen regalar polémicas menos trascendentes para tenernos entretenidos, lo que se agradece, puesto que nos permite mantener cierto nivel de indignación y cabreo (“conviene que haya tensión” como decía el gobernante que sin duda pasará a la Historia como modelo y síntoma de la decadencia de la Europa del siglo XXI). A los yonkis se nos tiene que dar nuestra dosis para que no nos alteremos demasiado.

¿Temas intrascendentes? Quizá. Ningún tema en política lo es y a la vez todos lo son. La vida sigue después de cualquier acto del gobierno. Se pueden socavar derechos y decretar el hundimiento económico de un país, y al día siguiente el sol vuelve a salir y la gente sigue tomándose su café de la mañana, e indignándose porque tal o cual mamarracho ha dicho cualquier cosa. Pocos notaron el final del Imperio Romano de Occidente. Se levantaron un día siendo súbditos del rey de los ostrogodos, y lo vivieron exactamente igual que el día anterior cuando eran ciudadanos romanos. Acercándonos más, se nos privó del derecho al recurso de apelación civil en los asuntos de menos de 3.000 € y la vida siguió. Se nos limitó el derecho al uso de dinero en efectivo y no se acabó el mundo. ¿Nos vamos a preocupar por cuestiones menores? La vida va a seguir igual.

Más o menos. Al menos un tiempo.

Este verano la cosa nos pilló por sorpresa con el tema de la inmigración. El gobierno nos vendió que iba a ser caritativo y amoroso, para llevarse bien con su principal socio parlamentario, pero enseguida descubrió que su masa principal de votantes no veía bien esa caridad (convencer a la gente que son competidores por los subsidios con los inmigrantes, es lo que tiene), así que lo que toca es correr un tupido velo y tratar de agradar a todo el mundo: ahora acojo a éstos porque salen muy bien en las fotos y ahora entrego a Marruecos a estos otros porque nadie me lo puede impedir.

Mejor seguir con el plan A preparado desde un principio que es… Franco.

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En España siempre tenemos muy presentes y de actualidad nuestros conflictos civiles del pasado.

Lo que ocurre con Francisco Franco es muy curioso, y debiera ser objeto de un estudio en bastante mayor profundidad. Que 43 años después del fin de un régimen, tipos que no lo vivieron actúen como si fuese algo actual debiera ser bastante sorprendente. Pero rascando un poco, vemos que es el Mcguffin perfecto de nuestro país.

Para empezar, Franco es el coco, el hombre del saco, y a la vez el mito fundacional de buena parte de las fuerzas políticas españolas. Estamos en un mundo en el que la socialdemocracia ha muerto de éxito (de éxito político, de cuota de poder, que no en lo relativo a solucionar ningún problema). Durante décadas no hubo espacio relevante en Europa para ninguna fuerza política no socialdemócrata. Se podían dividir en democristianos (con un toque más conservador en lo social) o socialdemócratas propiamente dichos (con un toque menos conservador en lo social), por usar la terminología alemana aplicable a casi todo el continente, pero en el fondo, las diferencias eran tan mínimas que la crisis de partidos era inevitable. Incluso los comunistas renunciaron en su día a la dictadura del proletariado, admitiendo (al menos de palabra) las reglas de la democracia representativa. El eurocumunismo fue una palabra muy de moda hasta que les empezó a dar vergüenza usarla.

Por supuesto, entre las cloacas (en los escaños minoritarios de los parlamentos y las administraciones menores) se movían las ratas que se oponían a la socialdemocracia imperante. Teniéndolos a ellos como alternativa al sistema, resultaba evidente que era mejor seguir como se estaba: comunistas, fascistas, ecologistas sandía (con un sorprendente éxito en algunos momentos)…

¿En qué se podían diferenciar entre ellos, entonces, los socialdemócratas españoles, una vez superadas las cuestiones estéticas (las chaquetas de pana tuvieron su época, y no daban para más)?: Franco.

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Todo español entre 20 y 90 años corrió delante de los grises. Ellos lo confirman

Así, ya desde el principio, unos alzaron la antorcha de su heroica lucha antifranquista como origen de su legitimidad, y otros agacharon la cabeza para que no los relacionaran con el régimen anterior. Da igual que ninguno hubiera luchado en su vida contra la dictadura, y que todos tuvieran sus comienzos políticos cuanto menos cierta relación con la política previa a la democracia. El cambio de régimen fue “de la ley a la ley”, como se ha repetido, y los que eran funcionarios, sindicalistas o alcaldes a principios de 1975 seguían siéndolo para fin de año.

Pero daba igual. Unos se inventaron un pasado ficticio para ellos, y otros prefirieron avergonzarse del suyo, esperando que nadie se lo recordase. La ficción, evidentemente, tiene más fuerza que la vergüenza.

Pasaron las décadas, y el pecado original pervivió al igual que el mito. Los hijos de los que nunca habían hecho nada para derrocar la dictadura, se enorgullecían de las novelescas heroicidades de sus mentores políticos, mientras que echaban en cara a los nuevos políticos del otro bando que los fundadores de su partido habían tenido cargos públicos antes de la Constitución. Así, Franco se convirtió en la kriptonita de unos socialdemócratas (los del PP) y en la poción mágica de Panoramix de los otros socialdemócratas.

Al fin y al cabo, todos seguimos teniendo una gran querencia por la justicia bíblica, y los pecados de los padres se transmiten a sus hijos, sin redención posible. Si es que nos rascan un poco y sale el pastor neolítico que llevamos dentro.

¿Relevancia práctica? Ninguna. Estética. Estética. Franco y el antifranquismo convertidos en las nuevas chaquetas de pana.

Luego llegó la etapa final de la última crisis económica, que trajo consigo la crisis (aunque tampoco para tanto) de los partidos tradicionales. Por toda Europa, los fascismos y los comunismos por fin dejaron de tratar de arrebatarse violentamente la clientela potencial y asumieron todas las cosas que los unían ideológicamente. Así, de la fusión de grupúsculos de ideología totalitaria surgieron cosas como Podemos. Pero como rascando debajo de las estupideces y los unicornios de sus programas electorales (me encanta el término burricornio que acuñó Eclectikus) cualquiera con un coeficiente intelectual algo mayor que un boniato de tamaño medio, huiría de ellos como de la peste, tuvieron que enarbolar otras banderas para atraerse indignados. En algunos sitios fue la inmigración (a favor o en contra), o las políticas de género, o el odio al turista (una rama de la xenofobia bastante clásica)… En España, además de ello, tenían el principal Mcguffin a su alcance: Franco.

Ellos podían acusar a todo bicho viviente de franquista, porque según su propia fantasía fundacional, afirmaban ser los nuevos, los recién llegados, los que no tenían pasado, al contrario que el resto: Los del PP eran franquistas, pero los del PSOE también. Y como la mala conciencia debe explotar por alguna parte, los aludidos siempre estuvieron dispuestos a hacer cualquier cosa para librarse del sambenito, al igual que los conversos del siglo XVI para evitar ser acusados de judaizantes.

Y es que vivir en sus torres (universitarias, parlamentarias, funcionariales…) alejadas de la realidad es lo que tiene. En el mundo real, Franco está tan presente como Leovigildo, el general Prim o la princesa de Éboli. Hay una pequeña panda que aún lo odia como si todavía caminase por la calle, temiendo que sus designios controlen sus vidas, y otro pequeño grupúsculo que lo adora de idéntica forma. Todos ellos irrelevantes en la práctica, pero que parecen ser los motores de la política actual, en vista de lo que los medios (al calor del oligopolio fáctico estatal) y sus subvencionadores políticos nos muestran.

He tenido ocasión de ver discusiones muy raras en las redes. Tipos que no han escuchado hablar de las guerras carlistas, dando lecciones sobre los motivos sociales de la guerra del 36 y la dictadura, y de cómo ésta es la causa de los males de nuestra sociedad actual. Y todo ello bajo el mejor de los argumentos posibles: el “es mi opinión y debes respetarla”.

– Oiga, es que yo creo que Franco fue un dictador asesino y malvado que merece lo peor.

– Oiga, que yo creo que Franco fue el salvador de España y reunía en su persona todas las virtudes.

Pues vale. ¿Y a mí qué me cuentan?

– Oiga, que yo veo muy mal que se produzcan actos de exaltación de Franco y de su dictadura.

– Oiga, que yo veo muy mal que se insulte la memoria de Franco.

Pues vale. ¿Y a mí qué me cuentan?

– Oiga, que hay que impedir que se produzcan actos de exaltación de Franco y de la dictadura.

– Oiga, que hay que prohibir que se insulte la memoria de Franco.

Pues miren, no. Ahí entramos en la libertad de opinión y de expresión, que no puede defenderse sólo para quien opine lo mismo que yo.

Si alguien sale en televisión llamando genocida a Franco y a usted no le gusta, refútelo. Y si alguien se va a un monumento a enarbolar banderas con el águila de San Juan y pedir que Franco resucite, y a usted no le gusta, refútelo también, o monte al día siguiente otro acto pidiendo que se quede en su tumba.

No es posible pedir respeto por los derechos fundamentales, pero sólo de los que piensan como nosotros.

Y aquí estamos, discutiendo sobre lo banal y usándolo como excusa para atacar lo importante. Gritos indignados por el lugar donde está enterrado un cadáver, pero lo solucionamos infringiendo el artículo 86 de la Constitución. Porque ¿qué es el principio del sometimiento del poder a normas, comparado con una polémica veraniega?

Pero estas cosas arrastran consecuencias más divertidas aún. Ahora nos anuncian una “comisión de la verdad” para dejar zanjados todos los debates sobre la guerra civil (la de 1936 a 1939, supongo, porque los debates sobre la que enfrentó a Pedro I de Castilla con Enrique de Trastámara, por ejemplo, aún continúan donde deben, que es en los ámbitos académicos). Y lo sueltan así, sin vergüenza ninguna, porque saben que han preparado bien a la audiencia. Todos dispuestos a obedecer sumisamente a quien el que manda diga que es un experto. Y todos tan hartos ya de la cansina matraca que están dispuestos a admitir cualquier cosa que la ponga fin.

O quizá convenga pararse un poco a reflexionar. Quizá.

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Las comisiones de la verdad siempre han tenido mucho trabajo en todas partes.

Hace 2234 años de la batalla de Cannas, y aún no hay consenso absoluto de cuál de los dos cónsules la pifió ese día, o si lo hicieron de común acuerdo. Hace 120 años de la guerra de Cuba, y aún no están claros los movimientos políticos del gobierno español. Sólo por poner dos ejemplo. ¿El 11-M, el golpe de estado de Tejero, la transición, la primera república..?

¿Nadie ve el problema de permitir que unos políticos y sus expertos decidan cómo fue la Historia e impongan por Ley sus conclusiones? ¿Y luego qué? ¿Penalizamos al discrepante? ¿Abolimos la libertad de expresión, al tiempo que prohibimos la investigación histórica?

¿Y por qué quedarnos ahí? ¿Por qué no hacemos lo mismo con el resto de la Historia de España? Que los expertos a sueldo del político de turno establezcan la verdad irrefutable de todo cuanto sucedió. Y ya que estamos, de todo cuanto sucede.

Y extendámoslo a otros ámbitos, y así nos quedaremos más tranquilos. La Filosofía es una lata. ¿Por qué no dejar sentado legalmente qué corriente de pensamiento tiene la razón? E igual con la Física, la Química, la Biología…Todo sea por evitar las polémicas, que sólo traen crispación y… bueno sí, avance en todos los ámbitos del saber. Pero viviremos todos tan tranquilos…

Y por supuesto, la política. ¿Por qué no determinar ya desde el poder qué ideología es la correcta? ¿Y qué gobernante es el mejor?

Y todo ello gracias a Franco. El personaje más útil de la Historia. Dictador, vale, pero un chollo. Eso es lo que es.

El caso Robinson: a prisión por islamófobo

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Robinson ha sido declarado ‘no-persona’ porque está en contra de los mantras de la diversidad y el multiculturalismo y porque denuncia.

Por   en Libertad Digital 

No hay ningún riesgo de que ninguno de los grandes popes de la libertad de expresión en nuestro país, esos mismos que se han indignado por que la Guardia Civil haya notificado una denuncia a Evaristo La Polla Records Páramos, diga una palabra más alta que otra por el encarcelamiento de Stephen Lennon, más conocido como Tommy Robinson. El activista había sido ya sentenciado el año pasado a tres meses de cárcel –más otros dieciocho en suspenso– por llamar a una banda de pedófilos musulmanes «banda de pedófilos musulmanes» antes de que hubiera sentencia. Fueron declarados culpables.

Ha sido detenido de nuevo, el pasado viernes, mientras grababa delante de otro tribunal en Leeds donde se juzgaba el caso de violaciones masivas de bandas de musulmanes de este mes: 29 acusados (todos ellos con nombres como Mohammed, Zahid, Abdul… ya saben) por violar a 18 mujeres de entre 11 y 17 años en un caso similar a los de Rotherham o Telford, o el de Alicante en España. Esta vez tuvo cuidado en hablar de «presuntos». Pero dio igual. Los policías que detuvieron a Robinson lo justificaron con que «alteraba la paz». Lo malo es que está todo grabado y, salvo preguntar a algunos de los acusados a la entrada del juzgado cómo se sentían ante el posible veredicto, no hizo nada más que grabarse a sí mismo hablando. Sin acceso a su abogado, el defensor de oficio le recomendó que se declarara culpable de desacato y ha sido condenado a trece meses de cárcel por el juez Geoffrey Marson, quien ordenó además a los medios británicos que no publicaran la noticia. Varios ya lo habían hecho, y tuvieron que eliminar sus noticias o tacharlas para no incumplir la orden, que lleva acarreada una pena de hasta dos años de cárcel.

Mientras, en casos de violaciones masivas de bandas de musulmanes de otros meses, a familiares y amigos de los acusados se les ha permitido manifestarse a la puerta e insultar y acosar a las denunciantes sin castigo ninguno. Uno podría pensar que las feministas británicas se indignarían con estas cosas, si no fuera porque sabemos que son como las nuestras: lo importante es denunciar el despatarre en el metro, no proteger a las denunciantes de bandas de violadores. Al fin y al cabo, suelen ser chicas de clase baja procedentes de familias desestructuradas. Que les den.

 

Tommy Robinson ya ha pasado tiempo en prisión. Fue condenado a dieciocho meses por no decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad en los papeles de su hipoteca y apalizado en la cárcel por presos de, digamos, religión y procedencia étnica distintas a la suya. «Asiáticos», que es como se les llama oficialmente en el Reino Unido y que solivianta a muchos hindúes, porque los mete en el mismo saco. Robinson no es un angelito. Ha pasado por fases muy extremistas y también ha colaborado con grupos musulmanes moderados. Pero la cuestión no es esa. El periodista Rod Liddle ha dicho:

No soy fan de Robinson ni de lejos. Pero no me gusta la idea de que te puedan detener simplemente por ser Robinson.

Y es que parece claro que Robinson ha sido declarado no-persona porque está en contra de los mantras de la diversidad y el multiculturalismo y porque denuncia. Etiquetarlo en la extrema derecha ayuda a que nada de lo que se le haga produzca indignación entre los biempensantes. Pero nos equivocaríamos si lo dejáramos pasar. Robinson, en sí, da igual. Lo que no da igual es que, en un país que tantas y tan buenas aportaciones ha hecho a la libertad, un juez te pueda condenar a trece meses de prisión por hablar delante de un juzgado y además prohibir que se informe sobre ello, a pocos metros del lugar donde la presunta banda de violadores musulmanes de este mes recibe un juicio justo y con todas las garantías.

Cada día que pasa, y aun siendo consciente de los muchos abusos que se pueden cometer en su nombre, soy más firme admirador de la Primera Enmienda norteamericana. En los países donde no la tenemos, deberíamos trabajar para que las restricciones a la libertad de expresión fueran cada vez menos, y no más. Donde se pudiera hornear a un cristo y también pasear un autobús que diga que los niños tienen pene y las niñas vagina. Y donde se pueda decir que si estamos todos los meses condenando a bandas de musulmanes violadores, igual es que tenemos un problema con los miembros de la comunidad «asiática» y todo. Aunque no estemos de acuerdo.

Arrestado por pensar distinto:

Cientos de personas se concentran en Down Street en apoyo de Tommy Robinson:

Cuando el lenguaje «políticamente correcto» atenta contra la libertad de expresión.

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En las universidades de los Estados Unidos el debate plantea por qué el exceso de prudencia en las palabras genera el “no debate” (Shutterstock)

En las principales universidades de los Estados Unidos se abrió un debate sobre cuáles son las mejores formas de expresarse para evitar caer en denuncias por racismo y discriminación

¿Pueden las palabras provocar la unión de los pueblos? Sí. ¿Pueden las palabras dividir a los pueblos? Sí. Pero claro que no son las palabras las culpables, sino el uso que se hace de ellas. Este siglo XXI parece ser un escenario férfil y complejo para que corran estas ¿aparentes? contradicciones. Tan basado en la diversidad cultural, política y religiosa que sin embargo parece ser que el uso de palabras justas y políticamente correctas conforman un debate acerca de lo «no dicho» que opera más para separar que para unir.

 

En Estados Unidos, esta discusión se dio de manera profunda en varias universidades de diferentes Estados del país del Norte. La revista Newsweek realizó al respecto un informe preciso sobre cómo se extiende y el daño que provoca esta situación de aparente «no debate»; pero que en realidad se trata de un debate efímero y epidérmico, que hoy se da en el interior de los claustros universitarios.

 

Para los sociólogos, este cambio de paradigma en el uso del lenguaje en las instituciones educativas de EEUU disparó la primera piedra. Allí, la demonización de ciertas expresiones y la amplificación casi inmediata en las redes sociales está provocando una ola de censura encubierta, donde la extrema corrección política pasa a ser un eje primordial.

 

La universidad siempre fue un campo fértil para la incorrección, para desafiar ideas preconcebidas, para jugar con el lenguaje y transgredir las fronteras mediante la creatividad. Sin embargo, esa óptica rupturista, que caracteriza a los jóvenes, parece en la actualidad estar cambiando.

 

Uno de los casos más llamativos fue el de Clyde Lynch, quien presidió durante 18 años el Lebanon Valley College. En su honor, hace un tiempo bautizaron al edificio principal con su nombre. Sin embargo, un grupo de estudiantes comenzó a juntar firmas y adhesiones en las redes sociales para cambiar la denominación. Los motivos no dejan de ser sorprendentes. El rechazo no está relacionado con la conducta de Lynch, ni con su trabajo, sino con el significado de su apellido, ya que «lynch», en inglés, significa linchar y en los petitorios aducían que el nombre del edificio tenía «connotaciones raciales».

 

Algo similar le sucedió a Eve Ensler, la reconocida dramaturga estadounidense, quién jamás se imaginó que una representación de su obra Los monólogos de la vagina, interpretada cientos de veces por miles de artistas alrededor del mundo, sería cancelada en un colegio de mujeres por ser ofensiva contra las «mujeres sin vagina».

 

Según los especialistas, estas nuevas camadas salen a un mundo sin reglas, pero con la contradicción de «vivir en lo prohibido», donde ciertas conductas verbales resultan ofensivas y donde los nombres de las personalidades más crueles de la historia están resaltados en monumentos y edificios públicos.

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La tapa de la revista Newsweek puso el debate en la picota

En los últimos años los programas de estudio norteamericanos han ido cambiando: buscan reflejar las nuevas sensibilidades sociales. Los libros ahora vienen con «advertencias gatillo» –trigger warnings, en inglés- un concepto originado en Internet para advertir a las personas con trastorno de estrés postraumático -veteranos de guerra, sobrevivientes de abuso infantil y otros- sobre los contenidos que podrían «activar» un fantasma psicológico del pasado.

 

Otra de las conductas que causaron revuelo fue la postura de estudiantes de la Universidad de Columbia, quienes están dejando de leer mitología griega para no despertar impresiones del pasado relacionadas al abuso sexual. Y mientras que en Rutgers University realizaron una huelga de «libros caídos» por los textos de Virginia Woolf ante el temor a «activar» tendencias suicidas.

 

Más de la mitad de los colegios y universidades de Estados Unidos tienen códigos de expresión restrictivos y, de acuerdo con un observatorio de la censura, 217 instituciones -incluyendo algunas de los más prestigiosas- tienen códigos de expresión que «sin ambigüedades inciden en la libertad de expresión».

 

La Primera Enmienda a la Constitución de los Estados Unidos se ha interpretado en términos generales, dando a los estadounidenses algunos de los derechos de expresión más amplios del mundo. Sin embargo, en las últimas dos décadas, y especialmente en los últimos años, los administradores universitarios y muchos estudiantes han tratado de limitar el uso de algunas palabras y han generado movimientos para restringirlo en las aulas también.

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En las universidades de Columbia y Rutgers la sensibilidad acerca de textos de Virginia Woolf y otros escritos ya generaron polémica (The Atlantic)

Para proteger a los estudiantes de la incomodidad de tener que escuchar las ideas y opiniones de otros que puedan dañar sus creencias, el Departamento de Educación de Estados Unidos entre otras autoridades educativas- han señalado al «discurso» como una «conducta verbal que potencialmente puede violar los derechos civiles de las minorías y las mujeres».

El contraste del discurso anti minorías de Donald Trump

 

Algunos campus universitarios están empezando a parecerse a la Oceanía de George Orwell con su policía del pensamiento. Los periódicos estudiantiles se debaten ante la elección del uso de algunos vocablos y los estudiantes que hacen uso de frases y expresiones calificadas como «discurso del odio» son señalados por el resto. En paralelo, las redes sociales todo lo amplifican y lo comunican como un ojo omnipresente y protagonista vital de este tiempo.

 

Los profesores también se enfrentan a la posibilidad de ofender accidentalmente a cualquier estudiante y es por eso que están reconsiderando los planes de estudio y la restricción de las discusiones en clase sólo a cuestiones simples y «lavadas». Un profesor de la Universidad de Brandeis tuvo que atravesar recientemente una investigación administrativa secreta por acoso racial después de usar la expresión «espalda mojada» en clase, que se considera ofensiva y dirigida a los inmigrantes mexicanos que quieren ingresar a los Estados Unidos.

 

A medida que las universidades se han convertido en bastiones de una corrección política rigurosa, en la arena política se destaca un ambiente muy distinto. Y lo más manifiesto es la posición del candidato republicano a la presidencia, Donald Trump. Él se caracteriza por repartir macro-agresiones a diario y con un uso de expresiones muy políticamente incorrectas. Sus discursos incluyen acusaciones sobre la supuesta «portación de criminalidad» de los hispanos y musulmanes o comentarios que contienen expresiones que promueven la violencia de género sobre la gordura o fealdad de sus rivales mujeres políticas. Este tipo de discurso, en la actualidad, sería casi imposible que ocurriera en la mayoría de los campus universitarios.

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Mientras que algunos textos como los de Virginia Woolf despiertan “traumas”; el discurso misógino del candidato republicano Donald Trump contrasta con la corrección política de las universidades (Shutterstock)

Algunos líderes de negocios, escritores, políticos y hasta cómicos están siendo excluidos de los campus para evitar incomodar a las minorías -o a la mayoría-. La primavera en Estados Unidos es la estación donde ocurren los discursos de graduación y que ahora se denominó con ironía «temporada de no invitación». Los estudiantes y las universidades debaten acaloradamente sobre la idoneidad moral de quienes hablan en las graduaciones y se involucran en peleas sobre si los oradores ligeramente controvertidos merecen estar detrás de un podio.

 

Algunos incluso declinan el convite. Christine Lagarde, directora del Fondo Monetario Internacional y una de las mujeres más poderosas del mundo, canceló recientemente un discurso en la Universidad de Smith, uno de los colegios de mujeres más preeminentes de los Estados Unidos, después de una protesta contra ella en Facebook de estudiantes y profesores, a raíz de su conexión con los «capitalistas globales».

Los temas sobre diversidad sexual y raza son los que generan mayor debate con respecto al rol de la universidad. ¿Es un laboratorio para experimentar cómo hacer una sociedad más amable y justa? ¿O se trata de un campo de entrenamiento para el cerebro, donde las mentes jóvenes son desafiadas por otros puntos de vista para aprender a defender los propios? ¿O ambos?

 

Irónicamente, los jóvenes que claman por las «advertencias gatillo» es una generación criada por los valores de hombres y mujeres que alcanzaron la mayoría de edad en la década de 1960, en pleno auge del movimiento pro libertad de expresión de la Universidad de Berkeley, California que  estableció un nuevo estándar para hablar sin restricciones. El Free Speech Movement (FSM).

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Las universidades solían ser el espacio para lo disruptivo. Ya no (Shutterstock)

El movimiento de censura en los campus de hoy es un impulso profundamente conservador, incrustado dentro de una cultura permisiva y decadente que está muy lejos de ser «segura».

Cinco meses atrás, la Universidad de Yale organizó el debate Inteligencia Squared para analizar la proposición «La libertad de expresión está amenazada en el campus». Allí, cuatro destacados profesores y escritores argumentaron durante 1 hora y 45 minutos. Después, el público votó la proposición y el 66 por ciento estuvo de acuerdo. El debate tuvo muy poca cobertura, posiblemente debido a que se realizó el Supermartes, una noche en la que el dueño de las macro-agresiones, Donald Trump, lideró la atención de los medios.

 

El debate de Yale devino en una discusión acerca de si la demanda de libertad de expresión es en realidad un ataque encubierto a la izquierda. «Debemos tener en cuenta la posibilidad de que lo que realmente está sucediendo es que la libertad de expresión ha sido cooptada por los grupos sociales dominantes, para servir a sus intereses y silenciar a los marginados», dijo el profesor de filosofía de la Universidad de Yale Stanley Jason.

Shaun Harper, director del centro para el estudio de la raza y la equidad en la educación de la Universidad de Pennsylvania desestimó las quejas generalizadas acerca de la censura en el campus, diciendo que «sólo un puñado de las universidades tienen políticas restrictivas y que el racismo en los campus americanos es un problema más generalizado y urgente que la censura». Como prueba de ello, dijo que 8 mil presidentes de universidades y otros directores de alto nivel han llegado a su centro de orientación para saber cómo responder al racismo en sus campus.

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Para los especialistas, en algunas universidades hay más problemas de racismo que de libertad de expresión (Shutterstock)

La escritora y abogada Wendy Kaminer, en cambio, argumentó a favor de la idea y coincidió: «La libertad de expresión está amenazada en el campus» y desgranó las estadísticas que muestran que la mitad de los colegios y universidades de Estados Unidos tienen códigos de expresión restrictivos.

 

Kaminer ha escrito libros y ensayos que critican los movimientos de autoayuda y recuperación, así como la censura, y argumentó que el número de restricciones «vagas» en el habla, los chistes y los gestos en los campus son «demasiados para memorizarlos».

La opinión de Kaminer es interesante, ya que ella misma tuvo problemas con la «policía del lenguaje«. Poco antes del debate en Yale, ella participó en un panel organizado por los alumnos de la Universidad de Smith en Nueva York donde se debatió sobre el desafío de enseñar o no con el libro de Mark Twain «Huckleberry Finn», donde se usa repetidamente la palabra «nigger», forma despectiva de llamar a una persona de descendencia africana.

 

Opinó Kaminer a la revista Newsweek: «En la clase propuse hablar de estas palabras que sólo podemos mencionar por sus iniciales. Cuando digo ‘la palabra N’, todos oyen la palabra nigger en sus cabezas. Una alumna que estaba presente lo filmó y lo posteó en las redes «fogoneando» un debate sobre el supuesto racismo de la escritora. Fue realmente sorprendente para mí que mis agresores, no pudieran distinguir entre el discurso racista y el hecho de hablar sobre el discurso racista. No hubo diferencia«.

El jurista y crítico cultural Stanley Fish, autor del libro «No hay tal cosa como la Libertad de Expresión», dice que los administradores universitarios deberían ignorar las demandas de censura de los estudiantes, ya que van en contra del propósito de la universidad.

 

«La investigación académica no puede ser impedida por demonizar a ciertas formas de discurso por adelantado o por santificar a ciertos tipos de discurso con antelación», dijo.

«Lo que estamos viendo no son sólo fobias sobre el lenguaje», dijo Kaminer. «Hemos ido más allá de la corrección política y estamos viendo una disminución real del pensamiento crítico. Si usted no sabe la diferencia entre una palabra citada y un epíteto, entonces usted no sabe pensar».

FUENTE: Infobae

NOTA PERSONAL: Pues todo esto en Europa es aun peor y, si PODEMOS llegara a gobernar en España … ¡¡NI TE CUENTO!! MEJOR SER MUDO.

 

 

La censura de Facebook en Alemania / Facebook’s Censorship in Germany

UN PEQUEÑO CHISPAZO DE OPTIMISMO, tanto el tribunal alemán como el abogado que llevó la demanda, se  han enfrentado, al mismo tiempo, CON LA LEY MORDAZA DE SU PROPIO PAÍS Y CON FACEBOOK.

¡¡Y HAN GANADO!! Aunque Facebook, como de costumbre, solo lo ha aplicado en parte, lo que demuestra QUE ES EN REALIDAD ESA RED SOCIAL que me parece a mi que NI ES RED NI ES SOCIAL.

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Por/By Stefan Frank

ORIGINAL TEXT IN ENGLISH: Facebook’s Censorship in Germany

Traducido por El Medio

Un tribunal de Berlín ha dictado una orden de suspensión cautelar contra Facebook. Bajo una amenaza de multa de 250.000 euros o una pena de cárcel, Facebook está obligada a restaurar el comentario de un usuario que había sido borrado. Además, la sentencia prohíbe a la empresa bloquear al usuario por su comentario.

Esta es la primera vez que un tribunal alemán se ha enfrentado a las consecuencias de la ley de censura de internet alemana, que entró en vigor el 1 de octubre de 2017. La ley estipula que las empresas propietarias de las redes sociales tienen que borrar o bloquear «posibles» delitos penales, como el libelo, la injuria, la difamación o la incitación, en un plazo de 24 horas tras la recepción de la queja de un usuario.

Como muchos críticos han señalado, este Estado censor deja la libertad de expresión al albur de las decisiones arbitrarias de entidades corporativas que probablemente censurarán más de lo absolutamente necesario, para no arriesgarse a pagar una demoledora multa de hasta 50 millones de euros. Según publicó un periódico, los censores de Facebook sólo tienen diez segundos para decidir si borrar un comentario o no.

El caso del que tuvo que ocuparse el tribunal de Berlín fue que el 8 de enero, el diario suizo Basler Zeitung publicó un artículo titulado: «Viktor Orban habla de ‘invasión’ musulmana en su página de Facebook». El destacado decía:

Viktor Orban se pregunta cómo en un país como Alemania […] el caos, la anarquía y el cruce ilegal de fronteras se puede celebrar como algo bueno.

El usuario Gabor B. publicó un comentario:

Los alemanes se están volviendo cada vez más estúpidos. Normal, ya que los medios de izquierdas les contaminan diariamente con noticias falsas sobre ‘trabajadores cualificados’, el descenso de la tasa de paro o Trump.

Este comentario recibió rápidamente la mayor cantidad de «me gusta», hasta que Facebook lo borró por una supuesta infracción de las «normas de la comunidad» de Facebook. Además, se bloqueó el acceso de Gabor B. a Facebook durante treinta días.

«Uno puede compartir la opinión del que hace el comentario o puede considerarlo polémico o no objetivo», dijo el abogado de Gabor B., Joachim Nikolaus Steinhöfel, a Gatestone. «Lo importante es que el comentario está amparado por el derecho a la libertad de expresión». Añadió que antes de ir a juicio su bufete había enviado una carta de aviso a Facebook.

Facebook cedió en parte y desbloqueó al usuario, pero no restauró el comentario. Los abogados de Facebook nos notificaron que «tras un nuevo y concienzudo análisis habían llegado a la conclusión de que se habían aplicado correctamente las normas de la comunidad y por lo tanto el contenido no se podía restaurar», una valoración que no podemos compartir.

Steinhöfel, además de ser abogado, es un renombrado periodista, bloguero y activista contra la censura. Dirige una página web en la que ha documentado innumerables casos en los que Facebook ha borrado contenido o bloqueado a usuarios, a veces ambas cosas. Al parecer, Facebook suele bloquear a usuarios por comentarios críticos con la inmigración masiva o ciertos aspectos de la cultura islámica. Por ejemplo, en marzo, Frank Bormann fue bloqueado después de hacer este comentario irónico: «Los musulmanes se están buscando una segunda esposa. Para financiarles la vida, los alemanes se están buscando un segundo trabajo».

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Joachim Steinhöfel (derecho) es un abogado, periodista y activista anticensura. Dirige una web en la que documenta casos en los que Facebook ha eliminado contenido o baneado a usuarios. (Foto: Hilmaarr/Wikimedia Commons).

A veces, Facebook parece poner reparos incluso a las críticas implícitas a organizaciones terroristas. En abril, Christian Horst fue bloqueado durante tres días después de haber publicado una foto donde aparecían miembros de la organización terrorista Frente Democrático por la Liberación de Palestina haciendo el saludo nazi.

A veces, los usuarios son bloqueados sin ningún motivo aparente. En marzo, Marlene Weise fue bloqueada en Facebook durante treinta días por publicar un conjunto de dos imágenes: en una aparecía la selección nacional de voleibol femenino en la década de 1970, con camisetas y pantalones cortos; en la otra, el actual equipo iraní, con hiyabs y ropas que les cubren los brazos y las piernas.

Steinhöfel explica que el tribunal no suele dar explicaciones sobre una orden de suspensión. Sin embargo, el tribunal acepta la solicitud si el contenido en cuestión que ha sido borrado se considera legal y legítimo al fin y al cabo:

Esta es una decisión que sienta jurisprudencia, y la primera de este tipo dictada en Alemania […]. Al final, los usuarios pueden actuar contra las prácticas opacas de las empresas que se toman su responsabilidad como si estuviesen tratando con bicicletas de segunda mano.

Steinhöfel dice que, dada la ventajosa posición de Facebook en el mercado, el resultado de esta batalla legal tendrá repercusiones de gran alcance para la comunicación e intercambio de opiniones en las redes sociales: «¿Acaso una ley y un usuario que cumple el contrato han de consentir que empresas como Facebook y Twitter eliminen su contenido o lo bloqueen? Esta sentencia es una importante victoria escénica para la libertad de expresión.

Políticamente Correcto: Que es, de donde vino. / Political Correctness: What It Is and Where It Came From

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«Redwood se refiere a la corrección política como una de las armas más viables y útiles de la izquierda, porqué  debido a la presión de algunos grupos, obliga a la sociedad a aceptar lo que aquellos ven como “verdad”. Esta presión lleva a las personas a adaptarse o a ser rechazadas. ¿Quién quiere eso? Muy a menudo, la gente cede por no soportar la alternativa.»

Por / By Fred DeRuvo

ORIGINAL ARTICLE IN ENGLISH: 

Political Correctness: What It Is and Where It Came From

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politicamente-correcto-autocensuraTodos hemos escuchado los términos “políticamente correcto” y “corrección política”. Sabemos que estos términos comenzaron como un poco más que eufemismos, pero en realidad, fueron (y son) de hecho un señuelo. Se hace hincapié en el disimulo del término para ocultar la verdadera amenaza que plantean a la sociedad lo políticamente correcto o la corrección política.

Políticamente correcto o Corrección política es esencialmente la labor externa de la cultura marxista en la sociedad.  El objetivo del marxismo cultural es la reformar de la sociedad para reemplazar completamente sus tradiciones y valores. Mientras que los marxistas de la vieja escuela creían que la oposición violenta, incluso militarizada era la mejor manera de lograrlo, los marxistas de hoy (Los nuevos Izquierdistas) encontraron una mejor manera de hacer eso mismo evitando el derramamiento de sangre y muerte con que plagaron el siglo XX. Hacerlo cambiando la sociedad desde adentro. Es algo que el secretario del partido comunista italiano Antonio Gramsci (1891-1937) había entendido y promovió en muchos de sus escritos.

La mayoría de la gente piensa que ser políticamente correcto significa simplemente evitar términos, frases y acciones que solo tienen el propósito de ofender a la gente. Normalmente, a personas que forman parte de grupos minoritarios. Por ejemplo, socialmente no es aceptable utilizar términos despectivos al referirse a las personas por su raza o por sus preferencias sexuales. Nos dicen que la corrección política en una sociedad civilizada evita hacer este tipo de cosas porque simplemente exacerba los problemas creando más separación entre los grupos.

¿Pero políticamente correcto es solo eso? Resumiendo, la corrección política en vez de alentar a la gente a reconocer su identidad, lleva a las personas a ver y acentuar sus diferencias. Esto es también conocido como multiculturalismo. Así, en lugar de celebrar nuestra identidad, deberemos celebrar nuestra diversidad. Se pretende que festejemos a los que son diferentes de nosotros, como si debido a esas diferencias ellos fueran mejores (no si eres blanco). Políticamente correcto es un llamado a ignorar el carácter de la persona centrándonos sólo en el color de su piel, su género u otra condición superflua.

Entiéndase que el objetivo del marxismo hoy sigue siendo el mismo que generaciones atrás, enfrentar a los trabajadores (el proletariado) contra la burguesía (ricos) y forzarlo a redistribuir su riqueza. Sin embargo, pretende lograr lo mismo mediante la corrección política (o multiculturalismo), obligando a la sociedad civil a rendir su libre pensamiento.

En otras palabras, se utiliza la presión social para obligar a la gente a aceptar nuevos valores y principios relegando esos molestos valores bíblicos. Por ejemplo, si una persona no está de acuerdo con el estilo de vida homosexual, rápidamente se enfrentara a “! DETEN EL ODIO!” entre otros comentarios diseñados para avergonzarla y conducirla a un sumiso silencio.

No importa si la persona realmente odia o no la homosexualidad. La idea aquí es que supoliticamente-correcto-libertad-expresion desacuerdo sea expuesto como odio y acusarlo de eso. Pronto, en el momento que alguien se atreva a afirmar su desacuerdo con ese estilo de vida, será verbalmente atacado e injuriado como alguien que odia al homosexual. Así eventualmente, aunque solo estén en desacuerdo con la homosexualidad las personas comienzan a mantenerse calladas. Es decir la corrección política se utiliza para forzarlo a aceptar un nuevo valor, suprimiéndole el de su tradición.

Estos insólitos valores también son acompañados por la promoción y constante repetición en los medios de comunicación, la educación y los negocios. Los teóricos marxistas a través de las últimas tres o cuatro generaciones hasta hoy, se ocultaron en grupos académicos detrás de los muros de nuestras universidades, en revistas de como Fortune 500,  tras películas de Hollywood y en la industria musical. También llenan los pasillos del Congreso. Desde estas posiciones de poder, los marxistas han redefinido valores fundamentales para nuestra sociedad. Mientras calladamente ocurría esta metamorfosis, creo que muchos fuimos sorprendidos totalmente fuera de guardia  y ahora tratamos de ponernos al día.

El principal problema con la corrección política (como la variedad multicultural) es que “en la mayoría de estos dogmas y tabúes podemos encontrar una creencia oculta que nunca  fue examinada correctamente y mucho menos probada, aun así, no puede ser cuestionada”. [1] La persona que dijo esto, Zuriel Redwood, utiliza el ejemplo de la homosexualidad perfectamente. Zuriel lo explica diciendo: “todo el movimiento de los derechos homosexuales se basa en el supuesto de que el homosexual nace homosexual. El dogma insiste en que ser homosexual no es una opción. Basado en este supuesto, sugiere la lógica que cualquier argumento en contra de los reclamos homosexuales es intrínsecamente injusto. Quien se oponga a la idea de los homosexuales en las fuerzas armadas es acusado inmediatamente de odiarlos”. [2]

El principio básico fundamental, que las personas nacen homosexuales, nunca ha sido probado. Redwood dice que mientras algunas personas posiblemente nacen homosexuales, no tenemos una pizca de evidencia o prueba concluyente que apoye el concepto/creencia de que todo homosexual, nació como tal y no que fue una elección personal. Sin embargo, por la presión social creada por la corrección política, esta conjetura (que el  homosexual nace así) aun sin pruebas es  aceptada como verdad.

Redwood se refiere a la corrección política como una de las armas más viables y útiles de la izquierda, porqué  debido a la presión de algunos grupos, obliga a la sociedad a aceptar lo que aquellos ven como “verdad”. Esta presión lleva a las personas a adaptarse o a ser rechazadas. ¿Quién quiere eso? Muy a menudo, la gente cede por no soportar la alternativa. Si miramos a través de las Escrituras, encontramos muchos ejemplos de personas que no claudicaron ante la presión social, manteniendo su integridad siguieron la verdad de Dios independientemente de lo que pudiera sucederles.

Políticamente correcto es una fuerza en la sociedad que moldea y forma no sólo lo que la gente dice y hace, al final hasta lo que piensa. “El Bolchevismo soviético dio lugar a la corrección política tal como la conocemos hoy. El término se refería a las acciones o declaraciones aunque no  ilegales, iban en contra de los estándares aprobados de la dirigencia política. Ser políticamente incorrecto no fue necesariamente castigado legalmente, pero tuvo consecuencias políticas”. [3]

Hoy, ser políticamente correcto significa evitar acciones y palabras que pudieran ofender las sensibilidades de los que se consideran víctimas de la sociedad (minorías). Sin embargo, es llevado al ridículo extremo, siendo lo más preocupante la aplicación legislativa de la corrección política. Sabemos que se han promulgado leyes en el Reino Unido que prohíben a la gente de decir ciertas cosas. ¿Llamarlo homosexualidad? “pecado” ¡Prepárate, será arrestado e ir a la cárcel! Lo mismo sucede ahora en Canadá, donde se aprobó una ley que prohíbe el uso de la palabra “sodomita” al referirse a un homosexual.

En esencia, el marxismo hoy emplea el multiculturalismo (a través de lo políticamente correcto) para cambiar las normas sociales y valores desde adentro, mientras que ayer los marxistas intentaban cambiar la sociedad desde fuera, asimiento el control a través de la oposición violenta. Obviamente, es mucho más efectivo cambiar la sociedad desde dentro. Aunque lograrlo toma mucho más tiempo, tiene más poder de permanencia.

Los izquierdistas están usando lo políticamente correcto para arruinar la sociedad. Apelan al anclaje sentimental y emocional de la persona. Nos dicen que “si se siente bien no es malo”. La corrección política ha creado una paleta siempre cambiante sobre la virtud de las emociones por las que la gente toma sus decisiones. La corrección política es un método sin basamento alguno en la Verdad real sustantiva. No es absoluta. Simplemente busca cerrar la discusión o la acción que considere ofensiva y lo hará con leyes si es necesario.

[1] Redwood, Zuriel (29 / 08 / 2012). Minoría bolchevismo (Kindle ubicaciones 1050-1051). Kindle Edition.
[2] Ibíd., Kindle ubicaciones 1038-1041
[3] Ibídem, Kindle ubicaciones 1059-1062

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 CORRECCIÓN POLÍTICA1

Ante la colonización ideológica de género, ¡Despertad!

IDEOLOGIA DE GENERO10

A día de hoy trece Comunidades Autónomas gobernadas por partidos de diverso signo político han aprobado leyes denominadas genéricamente LGTBI. En todas ellas, sin excepción, se atenta contra ese bien fundamental del hombre que es su libertad. Estas leyes, que están ya vigentes, en su mayoría, conculcan derechos básicos de las personas, como son: la presunción de inocencia, la libertad de expresión, la igualdad, la libertad de cátedra, la seguridad jurídica, el derecho de los padres a educar a los hijos según sus convicciones, etc.. Y en especial atentan contra los más vulnerables, los menores, conculcando el principio del interés superior del menor.

El iter legislativo, puede culminar en breves semanas con la aprobación en el Congreso de los Diputados de la “Proposición de ley de Podemos contra La discriminación por orientación sexual, identidad o expresión de género y características sexuales”.

Esta Proposición, lejos de perseguir lo que afirma, no solo atenta contra numerosos derechos fundamentales reconocidos en nuestra Constitución, sino que trata de imponer una ideología, una forma de concebir al hombre, violentando la ciencia bajo unos parámetros no científicos, y todo ello en un marco de absoluto relativismo moral, con el perverso sello de estimular guerras y odios entre iguales. Por supuesto, con la prescripción y aplicación de sanciones para el que disienta. Única forma de hacer prevalecer a una ideología contraria a la naturaleza.

Esta ley prevé una legislación específica, para un determinado grupo de personas, en función de su orientación sexual, produciendo una discriminación con cualquiera otro que entienda la sexualidad de manera diferente.

El sexo biológico desaparece frente al “sexo sentido”. Los menores podrán recibir tratamientos irreversibles que, según dictamina la Asociación de Pediatras Americana, hacen un profundo daño a los niños.

Se prohíben tratamientos para revertir el sexo hacia la heterosexualidad, aun pudiendo ser esta la voluntad del paciente.

Introduce en la escuela una determinada forma de entender la sexualidad, siempre contraria al sexo biológico y a la evidencia científica, violentando el derecho de los padres y se transgrede la clara obligación de absoluta neutralidad del Estado en estas cuestiones.

Culpabiliza a todo aquel que pueda disentir, imponiendo sanciones de forma discrecional a quien sea denunciado por discriminación, con el único parámetro subjetivo del sentimiento del presunto ofendido.

Todo ello bajo la excusa de igualdad y no discriminación, que encierra toda una estrategia para modificar culturalmente nuestra sociedad y subvertir los valores en los que se asienta nuestra Carta Magna. ¿Cómo no defender la igual dignidad de toda persona? ¿Cómo no luchar contra cualquier tipo de discriminación? ¿Cómo no crear en los colegios pautas en contra de cualquier ataque a un compañero? Pero… lamentablemente, esta no es la intención. Nuestro ordenamiento jurídico actualmente responde ante estos posibles ataques.

La ley de Podemos, que es muy parecida en sus postulados a la aprobada por unanimidad en la Comunidad de Madrid, y que conlleva en ambos casos sanciones a quien disienta, ha sido objeto de una enmienda a la totalidad presentada por el GPP. Una enmienda que trataba de que se aprobara un texto, por otra parte innecesario, de no discriminación. Un gran avance, si se hubiera aprobado, con respecto a todo lo anterior (aunque pueda disentir de parte de su contenido). Pero, en mi opinión, esta enmienda iba más dirigida a dar una pátina de cordura y trasladar un mensaje a sus votantes, que realmente a defender lo obvio.

“Paroles, paroles, paroles…” se oyó en el hemiciclo.

Un discurso consistente, que denunciaba vulneraciones de derechos fundamentales, que era digno de alabar, y que hacía falta oír, pero en el que se introdujo, justificando a modo de torpe excusa, que en las Comunidades Autónomas donde se gobierna, existen leyes similares que ya se están aplicando. Madrid, Galicia, Extremadura o Murcia. Esa reafirmación, no parece muy coherente. Porque esas leyes autonómicas, que adolecen de los mismos errores que denuncian para la Ley de Podemos, se están aplicando, introduciendo sus pautas culturales, y sancionando a quien disienta. Lo hemos podido comprobar con el director de un colegio en Madrid, perteneciente a la institución educativa Educatio Servanda.

En su virtud, y atendiendo a la coherencia, la Plataforma por las Libertades, formada por más de cien asociaciones, reivindica la derogación de estas leyes autonómicas, que contradicen de forma evidente el discurso del PP en el hemiciclo, y lo que es más importante, contradicen la Constitución Española.

Ahora bien, la consagración de la colonización ideológica a nivel nacional, viene de la mano de Podemos y, lamentablemente, con el apoyo fundamental de los dos partidos PSOE y Ciudadanos. El resto de grupos parlamentarios que componen la Cámara han dado el visto bueno a la tramitación de la Ley (excepto PP y UPN del GP mixto). Auspiciada por la izquierda esta revolución social de deconstrucción del hombre y la familia, encuentran ahora, la inestimable ayuda de Ciudadanos, que aprovecha cualquier oportunidad para crear inestabilidad, con afán oportunista, sin importarle la defensa de tal o cual derecho incuestionable del hombre.

El procedimiento requiere en este momento, que el texto acometa el trámite de enmiendas parciales. Si se aprueba en sus términos actuales, se consagrará a nivel nacional, “el ataque a la libertad, en nombre de la libertad”, como afirma Gabrielle Kuby. Esta nueva ley que de principio a fin, persigue una colonización ideológica, poco podrá mejorarse con unas enmiendas parciales. Podrá minorar sus graves efectos, pero…, ojalá me equivoque, se utilizará la demagogia imperante para, en nombre de la libertad, atentar contra las libertades y sobretodo hacer un gravísimo daño a los niños. Porque,cuando se atenta contra la verdad del hombre, se hace precisamente más daño a aquellos a quien se dice defender.

Serán en fin los Tribunales y en concreto el Tribunal Constitucional, quienes tendrán que dirimir, después de pasado un tiempo su legalidad o constitucionalidad. Es la consecuencia de la actitud de políticos y gobernantes que en unos casos delegan su función representativa en ellos, como estamos viendo últimamente (y como ha ocurrido con el ya olvidado tema del aborto) y en otros casos como éste, legislan en contra de sus propios ciudadanos. Han pasado casi ocho años desde que se presentó el recurso contra la actual Ley del Aborto en el Constitucional, por lo que, podemos concluir, que en similares circunstancias, se habrán conseguido para entonces parte de sus objetivos de normalización aceptación e irreversibilidad.

Ante esta desoladora situación política, en tema tan trascendente, solo nos queda…. ¡Despertar!Un despertar que ha de comenzar por recordar a nuestros representantes cuál es su verdadera obligación. Y si no es la defensa de las libertades… ¿Cuál es entonces?

Lourdes Méndez Monasterio 
Coordinadora de la Plataforma por las Libertades

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