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 ¿Qué es el liberalismo? 🧭🧠

El liberalismo cree en el individuo y en su necesidad fundamental de libertad para buscar el sentido de su vida. exploremos de qué trata este principio

UN INCISO PERSONAL: Como este blog, afortunadamente para mi, lo leen también personas de habla inglesa, y mas concretamente, Estadounidenses, debo recordar que, el concepto «liberalismo», es distinto según se vea en Estados Unidos o en España. Aquí, el liberalismo es, poco mas o menos, lo que en Estados Unidos llaman «Libertarians».

Y de «Extrema Derecha» NADA, eso es otro embuste de la izquierda y la progresia actual, que son totalmente panfletarios, no piensan, no opinan con opinión propia, fijense bien en como discuten, te hablan en lenguaje «panfletario», es decir, solo mentan consignas partidistas y/o dogmáticas, lo que les ordenan que digan siempre, por eso son colectivistas, porque como individuos son un FRACASO.

¿Desde cuando la extrema derecha defiende la libertad individual y las bajadas de impuestos? Mas de uno o dos mil millones deberían repetir bachillerato, al menos la asignatura de historia.

También muchos, sencillamente, son una panda de vagos que pretende vivir de subvenciones, el ejemplo mas clásico, los enlaces sindicales, menuda panda de parásitos.

Y terminado el inciso, pasamos a la parte didáctica del post:

POR: DESTACADAS

El camino más directo hacia los fundamentos políticos es preguntarse: ¿Qué deben hacer los gobiernos? Los diferentes «ismos» -liberalismo, socialismo, fascismo, etc.- responden a esta pregunta basándose en sus valores más preciados, sosteniendo que el propósito del gobierno es alcanzar esos valores.

Sin embargo, las sociedades son complejas y creamos muchos tipos de instituciones sociales -empresas, escuelas, amistades y familias, equipos deportivos, iglesias/sinagogas/mezquitas/templos, asociaciones dedicadas a actividades artísticas y científicas, gobiernos, etc.- para alcanzar nuestros valores más importantes.

Así que la siguiente pregunta es: ¿Qué tiene de único el gobierno, tanto en términos de qué valores es responsable de alcanzar, como de cómo debe hacerlo?

Un gobierno es una institución social que se distingue por dos rasgos: (1) sus principios se aplican a toda la sociedad, y (2) se promulgan mediante la fuerza física o la amenaza de la fuerza física. Es decir, los gobiernos reivindican y practican la universalidad y la coacción.

En estos dos aspectos, el gobierno se distingue de otras instituciones sociales, como las empresas, las asociaciones religiosas, los equipos deportivos, etc., que son particulares y voluntarias. No todo el mundo en una sociedad hace negocios con una determinada empresa, se afilia a una determinada asociación religiosa, practica un determinado deporte o participa en un determinado grupo musical. Y cuando un miembro de una de esas instituciones sociales no está de acuerdo con alguna de sus normas o las incumple, lo más que puede hacer esa institución es desvincularse de ese miembro. 

Un gobierno, por el contrario, reclama y promulga la autoridad para aplicar sus normas a todos los miembros de una sociedad. Además, reclama y promulga la autoridad para utilizar la fuerza física contra quienes infringen sus normas: confiscación, encarcelamiento, ejecución. Es una institución universal de coacción.

Por consiguiente, las preguntas clave a las que hay que responder cuando se define el papel adecuado y basado en principios del gobierno son: ¿Qué principios son tan importantes que todos los miembros de la sociedad deben respetarlos y vivir de acuerdo con ellos? ¿Qué principios son tan importantes que puede utilizarse la fuerza física contra quienes los violan?

Es decir, la cuestión del poder gubernamental requiere una profunda reflexión moral.

Y eso es lo que pone a los diversos «ismos» en conflicto entre sí, ya que el liberalismo, el socialismo, el fascismo, etc., aportan a su política valores, jerarquías de valores y justificaciones filosóficas de sus valores diferentes, a menudo fundamentalmente diferentes.

La respuesta liberal a las cuestiones de valores es, por supuesto, decir que la libertad es el valor político supremo. Por liberalismo entiendo la filosofía social que hace fundamental la libertad del individuo en todos los ámbitos de la vida -artístico, religioso, económico, sexual, político, etc.-.

Las reivindicaciones políticas clave del liberalismo son que todos los individuos tienen derecho a la libertad y que todos los individuos deben respetar las libertades de los demás. Este es el elemento de universalidad. Cualquier individuo que viole la libertad de otro puede ser sometido a la fuerza física. Este es el elemento de coacción. La justificación del poder social único del gobierno se basa, pues, en el valor de la libertad.   

Todos los demás valores que deben alcanzarse socialmente, dice el liberalismo, deben ser perseguidos por instituciones particulares y voluntarias. El trabajo de las empresas particulares es perseguir la riqueza con aquellos que eligen asociarse con ellas. El trabajo de las instituciones religiosas particulares es perseguir el culto con aquellos que eligen hacerlo de manera similar. La misión de los deportes consiste en superar retos físicos con quienes deciden participar en ellos. El trabajo de las asociaciones musicales es perseguir valores estéticos con aquellos que eligen interesarse. Y así sucesivamente.

La mayor parte del trabajo de la sociedad, según el liberalismo, debe ser realizado fuera del sector político por instituciones particulares formadas voluntariamente. El trabajo del gobierno, por el contrario, consiste en utilizar su poder universal y compulsivo al servicio de un valor: la protección de la libertad de los individuos cuando persiguen los valores que han elegido.

Por decirlo de forma negativa, no es tarea del gobierno proporcionarnos amistades y vidas románticas y familiares enriquecedoras, ni empleos bien remunerados o satisfacción espiritual, ni conocimientos científicos o experiencias estéticamente sublimes. Es nuestra responsabilidad personal buscarlas y crearlas por nosotros mismos, individual y/o socialmente como parte de instituciones voluntarias. La tarea del gobierno es sólo proporcionar el espacio de libertad para hacerlo.

Para proteger las libertades, los gobiernos liberales diseñan una red de elementos institucionales. Especifican las libertades religiosas, los derechos de propiedad, los derechos de libertad de expresión, las libertades para dedicarse a actividades comerciales, la libertad artística y otras. Establecen policías, tribunales y prisiones para investigar a quienes violan las libertades de los demás y para reprimir a los culpables de hacerlo.

Y, lo que es más singular entre las filosofías políticas, los gobiernos liberales imponen limitaciones explícitas al alcance y al poder del propio gobierno -especialmente teniendo en cuenta las lecciones históricas de abusos a menudo terribles del poder gubernamental- para disminuir el riesgo de que el propio gobierno viole las libertades.

Sin embargo, los defensores de otras filosofías políticas no están de acuerdo, y el debate está servido. ¿Es realmente la libertad el valor político más importante? ¿Qué hay de la seguridad, la prosperidad, la igualdad, la justicia, la paz, la eficacia o la pureza espiritual? ¿Es la libertad compatible o está en tensión con ellos? En cualquier caso, ¿por qué priorizar la libertad?

El radicalismo del liberalismo suele resultar desalentador para sus oponentes. En parte, esto se debe a que el liberalismo es relativamente nuevo en la historia de la humanidad, tras milenios de tribalismo, feudalismo y muchos tipos de autoritarismo. Fuertes elementos del liberalismo tuvieron un éxito efímero en la Grecia y la Roma clásicas, más recientemente en algunos Estados italianos y bálticos del Renacimiento, y podría decirse que en algunos otros lugares. Sólo en los últimos siglos el liberalismo se ha convertido en un contendiente importante en la teoría y en la práctica, y sólo en algunas partes del mundo.

Además, aparte de la resistencia de las formas tradicionales de política, el liberalismo se enfrenta a la formidable oposición de otros recién llegados, como los socialismos modernos, los fascismos, los autoritarismos jerárquicos actualizados y los sistemas que intentan mezclarlos.

Los socialismos y los fascismos rechazan fundamentalmente que el liberalismo dé prioridad a los individuos y, en su lugar, hacen del colectivo el valor supremo, sosteniendo que los individuos y sus bienes pertenecen a su colectivo preferido. En consecuencia, concluyen que el gobierno debe desplegar su poder compulsivo universal para utilizar a los individuos y sus bienes en nombre del colectivo. 

Los autoritarios jerárquicos rechazan fundamentalmente que el liberalismo dé prioridad a la libertad y, en su lugar, hacen de la posesión del poder en sí el principal valor político. O argumentan que algunos individuos son más merecedores del poder, ya sea por sus diferentes dotes naturales o sobrenaturales y/o por su éxito en la lucha por adquirirlo. En consecuencia, sostienen que el poder compulsivo universal del gobierno puede y debe utilizarse al servicio de los valores que decidan sus poseedores.

Aunque todos los «ismos» reconocen que el gobierno es una institución social con un poder único, difieren en los valores que justifican el uso por parte del gobierno de su poder único. Es decir, la política depende de creencias filosóficas más fundamentales sobre la moralidad, la naturaleza humana y el sentido de la vida.

El liberalismo cree en el individuo y en su necesidad fundamental de libertad para buscar el sentido de su vida. Otros «ismos» devalúan al individuo y/o niegan la importancia de la necesidad de libertad de cualquier individuo.

El liberalismo ha tenido un éxito rotundo en el mundo moderno, pero las sociedades son complejas y unos cuantos siglos es poco tiempo para teorizar, experimentar e institucionalizar la política. Así pues, el liberalismo es un proyecto en curso. No está en contra de conservar los logros políticos de generaciones anteriores, algunos de los cuales son ahora tradiciones, siempre que esos logros estén justificados por sus efectos de mejora de la libertad. Y está comprometido con la reforma continua o la abolición total de cualquier tradición política antiliberal que siga existiendo.

Es un trabajo en curso.

El problema de la libertad

Winston Churchill, primero, y Oriana Fallaci, después, habían anunciado que el fascismo regresaría travestido de antifascismo. Y así está siendo

Por: Almudena Negro Konrad 

La sociedad occidental se encuentra como siempre en una encrucijada entre libertad o totalitarismo. Décadas de socialdemocracia, que no es más que un grado del socialismo como la Coca Cola Zero lo es de la Coca Cola, han convertido a nuestras sociedades en acomodaticias e infantilizadas. Dependientes de la propaganda que se traslada a través de los «comprometidos» medios de comunicación y de las sociedades clientelares. La paguita. Así se puso de manifiesto en el debate sobre el estado de la nación española, con Pedro Sánchez ofreciendo recetas fracasadas y subvenciones. Ni una sola propuesta que de verdad pueda ayudar a las clases medias, cada vez más bajas. Algo que celebraron con fruición en la extrema izquierda, pero no solo. El problema es grave por cuanto la mentalidad estatista y el totalitarismo liberal se han extendido por todo el mundo. Y ha conformado regímenes que podrían ser calificados como regímenes estupidocráticos. La característica principal de las actuales oligarquías se subsume perfectamente en el principio de Hanlon: no atribuyas a la maldad lo que puedas atribuir a la estupidez. Hoy, la razón, la tradición y la ciencia han sido sustituidas por las emociones y el cientificismo. Los parlamentos, pero también las universidades, son más una guardería que lugares para la reflexión.

Tras el derrumbe por implosión del Muro de Berlín y de la socialdemocracia leninista han aparecido no pocas formas totalitarias escondidas tras un supuesto neoliberalismo (otra forma de la socialdemocracia). Fukuyama erró, hoy está claro, cuando anunció el fin del la historia. Winston Churchill, primero, y Oriana Fallaci, después, habían anunciado que el fascismo regresaría travestido de antifascismo. Y así está siendo. Las hoy triunfantes bioideologías (de género, ecologistas, de la salud…), que actúan como verdaderas Ersatzreligionen, hunden sus raíces en el biologicismo propio del nacional socialismo alemán. No es extraño. Al fin y al cabo, el nacional socialismo fue una herejía de la religión marxista.

El democratismo es hoy la coartada del totalitarismo liberal. Muchos creen que porque votamos cada cuatro años vivimos en democracia. Algo completamente falso. Basta con recordar que bajo la dictadura de Francisco Franco en España se votaba. Como se vota en la Venezuela de Nicolás Maduro; un régimen que nada tiene que ver con la democracia.

Por otra parte, y debido a la mentalidad estatista imbuida en las sociedades libres desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, muchos confían su vida, bienes y libertad a esa máquina artificial llamada Estado, que es hoy el gran enemigo de la libertad. Un Estado moral y minotauro conformado como religión secular que nos dicta lo que debemos de pensar y cómo debemos de vivir. Contra el que no cabe derecho de resistencia, propio del derecho natural anterior a la aparición de esa máquina artificial que todo lo monopoliza y que ha sustituido la ley por legislación. Despojo legal, que diría Bastiat.

El declive de nuestras sociedades se percibe en todos los ámbitos. El lassalliano y teocrático «el Estado es dios» se ha hecho realidad. Lasalle sostuvo que es el Estado el que tiene la función de realizar la evolución de la libertad. ¡Qué barbaridad y cuántos, a izquierdas y derechas, se la han creído! Ortega y Gasset advirtió certeramente contra el Estado, al que consideraba «el mayor peligro que hoy amenaza a la civilización».

Contribuye a ello la confusión, en la que caen no pocos liberales, entre Estado y Gobierno. Cuando es posible un Gobierno sin Estado, pero no un Estado sin Gobierno. El origen se encuentra en las palabras anglosajonas State y Government.

Los liberales defendemos un gobierno limitado. La tradición liberal española, por su parte, es antiestatista. Podría entrar aquí en las absurdas disquisiciones teóricas entre minarquismo, paleoliberalismo, anarcocapitalismo y demás tribus o colectivos liberales, que tanto han contribuido a la huida de la defensa de la libertad. No lo haré. Soy individualista y me importan bien poco los debates histriónicos (¿puedo vender el riñón de mi hijo?, por ejemplo) que en la mayoría de los casos nada aportan a la defensa de la libertad y sí mucho a la confusión y al rechazo a las ideas liberales.

Otros creen que la libertad se limita a la libertad económica. Algo que abrazan con fruición casi orgásmica los tecnócratas de todos los partidos. Esto explica que existan liberales que tengan a Singapur por el colmo de la libertad, cuando es un régimen autoritario. La mayoría de estos liberales beben en las fuentes nacionalistas de partidos como la extinta CiU. Cuando el nacionalismo, colectivista, es incompatible con la defensa de la libertad puesto que subsume al individuo en la tribu. Siempre y sin excepción. No existe el nacionalismo bueno desde el punto de vista de la libertad.

Como es incompatible el liberalismo con las nuevas formaciones políticas conservadoras, algunas ultraconservadoras, surgidas recientemente, cuyo programa económico suele basarse en la bajada de impuestos mientras que el resto de sus propuestas oscilan entre lo demagógico, lo autárquico y el proteccionismo.

Decía Jean François Revel en El conocimiento inútil que el liberal simplemente observa, toma lo que funciona y desecha lo que no funciona. Marañón sostenía que ser liberal era una forma de vida, una actitud: «Se debe ser liberal sin darse cuenta, como se es limpio, o como, por instinto, nos resistimos a mentir».

Un debate entre un liberal y un colectivista es una pérdida de tiempo porque la fe no se puede combatir con la razón o los hechos. Menos en los tiempos de la tecnociencia («todo lo que puede hacerse debe ser hecho», Lorenz) y el cientificismo. Porque, al contrario que el socialismo, el liberalismo no es una ideología. Ideologías que, afirmaba Revel certeramente, actúan como triple dispensa: moral (y ética), intelectual y práctica. Ayn Rand decía que con un colectivista «no se puede razonar. No está abierto a la razón. No puedes hablar con él: no puede escuchar». Basta con abrir un periódico o ver un telediario para darse cuenta.

Democracia: Experimento fallido

El problema es el sistema. La democracia es un experimento fallido. Es una dictadura encubierta, y por ende igual de inmoral pero mucho más hipócrita, y por lo tanto, peligrosa.

Como cualquier gobierno, es simplemente un mafia, pero MONOPÓLICA y que además se auto-declara «legal» (¿puede concebirse algo más inmoral?) Abre los ojos !!! Te están quitando tu vida y tu ilusión. Los «políticos de raza», PARÁSITOS VITALICIOS, inmorales, mentirosos, ladrones, esclavistas y criminales. Portadores de las personalidades más aberrantes.

Viven de lo que te roban a ti, todos los días, minuto a minuto, porque no producen nada. Te esclavizan con sus regulaciones (sus «leyes» = fraude) que tú no has consentido. Controlan tu vida, no se someten a las mismas reglas que tú, ya que gozan de una inmunidad legal que tú no tienes (fueros y protección). Te dicen cómo tienes que vivir. Te impiden comerciar libremente, te imponen restricciones, te envían a la quiebra y a la miseria, mientras ellos viven a costa de ti. Crean más y más dependientes para asegurar su control sobre ti.

Han demonizado la virtud, la libertad y al libre mercado culpándolo de las distorsiones que SÓLO el gobierno genera y que sin el cual NUNCA existirían, porque el mercado, como ley natural, siempre se auto-regula. Y han adoctrinado a las personas para que culpen al libre mercado por las «distorsiones» y crean que necesitan un gobierno (ellos) para «corregirlas». Las evidencias hablan por sí mismas. Despierta !!! Sé libre !!!

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“La República resistirá hasta que los políticos se den cuenta de que pueden sobornar al pueblo con su propio dinero”

– Alexis de Tocqueville — «La Democracia en América» — (1835)

SALARIO MÍNIMO: ¿PARA QUÉ?

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Cuanto más produce el individuo, tanto más acrecienta la riqueza de toda la comunidad. Cuanto más produce, tanto más valiosos son sus servicios para los consumidores y, por lo tanto, para los empresarios. Y cuanto mayor es su valor para el empresario, mejor le pagarán. Los salarios reales tienen su origen en la producción, no en los decretos y órdenes ministeriales.

Henry Hazlitt – Economía en una Lección

Por Bernal Mauricio

Por lo general, el argumento económico en favor a incrementar el salario mínimo se resume en que incrementos en el mismo, permitirá incrementar la demanda agregada, lo que permitirá incrementar la producción, lo que a su vez estimulará nuevamente.

De Historia de las Doctrinas Monetarias de Juan Ramón Rallo tratamos el primer argumento, que deriva de la tradición subconsumista y consiste en que, a mayor demanda agregada, mayor oferta agregada. Si bien existen diversos medios para cebar la demanda agregada, uno de ellos es aumentando el salario mínimo por decreto, es decir, que incrementos en el salario están concebidos para incrementar la demanda de bienes de consumo, lo que a su vez, incrementará la oferta agregada. Dicho argumento subconsumista (propio de los mercantilistas) de que sin aumentos en la demanda agregada la oferta agregada se deprimiría deprimiendo a su vez a la demanda agregada en un círculo vicioso de depresiones, podemos encontrarlo en Simonde de Sismondi, quien, sin proponérselo, revivió los razonamientos mercantilistas al igual que Thomas Malthus; posteriormente economistas como James Mill (padre de John Stuart Mill), David Ricardo y Jean Baptiste Say refutaron el argumento subconsumista, puesto que no es la demanda agregada la que determina la oferta agregada y con esto el crecimiento, sino por el contrario, es la producción la que posibilita la demanda de otros productos.

Pero la réplica que definitivamente refuta el razonamiento de que no es la demanda de los consumidores la que consigue la generación de rentas, sino que es la inversión del exceso de renta sobre los gastos de los consumidores la que mantiene altas las rentas  se halla en el artículo El mejor test de Hayek para un economista de Jesús Huerta de Soto, para quien:

“Me parece más que nunca que es verdad que la comprensión de la doctrina de que ‘la demanda de producto no es demanda de trabajo’ es ‘el mejor test para un economista’”.[1]

Hayek quiere destacar aquí uno de los puntos clave de la teoría del capital: la estructura productiva real es muy compleja y está formada por muchas etapas, de tal manera que un aumento en la demanda de productos de consumo siempre perjudicará el empleo en las etapas más alejadas del consumo (que son precisamente donde se emplea a la mayoría de los trabajadores). O, en otras palabras, los empresarios pueden perfectamente ganar dinero incluso si disminuye su ingreso (o “demanda agregada”), si reducen sus costes al remplazar trabajo por equipos de capital, generando indirectamente una demanda importante de empleo en las etapas de la producción de bienes de capital más alejadas del consumo.[2]

Ahora bien, dejando de lado las cuestiones de tipo moral sobre si es justo o no incrementar el salario mínimo o, dicho de otra manera, si depende de los políticos y sus arbitrariedades el incrementarlo ¿Qué es lo que incrementa el salario mínimo? Guiándonos por la teoría económica, la productividad marginal que añada el trabajador al proceso productivo es lo que permite lograr incrementos en el salario, sea en una empresa unipersonal, de responsabilidad limitada o sociedad anónima, el principio es el mismo. Si el salario mínimo que decreta el gobierno se ubica por encima de la productividad marginal de un trabajador o, dicho de otra manera, si el trabajador no produce por encima de lo que le impone el salario mínimo, el empresario no tendrá incentivos a contratar, ya que si los costos son mayores al valor que produce incurrirá en pérdidas. En palabras de Henry Hazlitt:

La mejor manera de elevar, por lo tanto, los salarios, es incrementando la productividad del trabajo. Tal finalidad puede alcanzarse acudiendo a distintos métodos: por una mayor acumulación de capital, es decir, mediante un aumento de las máquinas que ayudan al obrero en su tarea; por nuevos inventos y mejoras técnicas; por una dirección más eficaz por parte de los empresarios; por mayor aplicación y eficiencia por parte de los obreros; por una mejor formación y adiestramiento profesional. Cuanto más produce el individuo, tanto más acrecienta la riqueza de toda la comunidad. Cuanto más produce, tanto más valiosos son sus servicios para los consumidores y, por lo tanto, para los empresarios. Y cuanto mayor es su valor para el empresario, mejor le pagarán. Los salarios reales tienen su origen en la producción, no en los decretos y órdenes ministeriales.

Pero además, el incremento salario mínimo aumentará la demanda elevando los precios con el tiempo, lo que terminará traduciéndose en mayores costos de producción dado el mayor costo laboral del incremento del salario mínimo para las empresas; es decir, que por un lado, el salario mínimo eleva la renta del trabajador, pero por otro lado, al elevarse el precio de los bienes que consume el efecto incremento se neutraliza pero termina perjudicando a los trabajadores informales, que difícilmente ganan más allá del salario mínimo.

Y es que el problema de decretar “el” salario mínimo es que no tiene en cuenta las distintas rentabilidades de todas las empresas que producen en el país: ¿el gobierno tendrá el conocimiento de las rentabilidades de todas las empresas que operan en el país como para establecer un “nivel” de salario mínimo tal que beneficie a todas? Si la rentabilidad que estiman los proyectos empresariales no cubre los costos impuestos por el salario mínimo lo que está generando el gobierno aún sin que no se lo haya propuesto es destruir dichos proyectos empresariales y, por tanto, la generación de nuevos puestos de trabajo.

Más aún, puesto que cualquier persona que abra una empresa pagaría un salario que vaya acorde con lo que el trabajador produce, según el documento de trabajo de la Fundación INESAD:

Los bajos niveles de productividad laboral que, en las últimas décadas, representaron, en promedio, apenas el 15% de la productividad de los países de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), y el 38% de América Latina. Aún más, entre 2005 y 2016, la productividad laboral en el país tuvo una tasa de crecimiento promedio anual de apenas el 0,6%.

Sin embargo, vemos que el salario mínimo por decreto, para el mismo periodo 2005-2016 ¡se ha incrementado 310%! según cifras del INE. Ante este panorama, uno podría preguntarse: si no hay incentivos para contratar trabajadores por parte del sector privado ¿por qué el desempleo bajó? Lo que puede explicarse por: el incremento en la demanda de puestos de trabajo por parte del gobierno y es un factor que explica los elevados niveles de informalidad laboral. Sobre lo primero, escribí un artículo explicando dónde es que creció más la demanda de empleo y por qué no beneficia a la sociedad boliviana. Sobre lo segundo ¿Cuál es el problema de la elevada informalidad? En que pone en riesgo la sostenibilidad del sistema integral de pensiones (en camino a su estatalización) y supone una merma de ingresos impositivos para el Estado.

Así las cosas, el salario mínimo es un factor que impide la generación de empleo pero no el único, otros factores como la rigidez laboral y la facilidad para hacer negocios en el país, por ejemplo, complementan la batería de medidas que: perjudican sobre todo a los jóvenes en busca de su primera experiencia laboral que actualmente están luchando por incorporarse al mercado de trabajo, desalienta nuevas inversiones, destruye el capital, beneficia a la cúpula de los sindicatos, empeora la competitividad de las exportaciones, lo que a su vez, merma la acumulación de reservas internacionales, etc. Por tanto, el salario mínimo, junto con todas las trabas que impiden incrementar el empleo tienen que eliminarse, de otra forma los efectos secundarios mencionados que afectan a la economía nunca terminarán.

[1] F.A. Hayek, The Pure Theory of Capital, Londres: Routledge, 1976, p. 439. [Teoría pura del capital]

[2] Huerta de Soto, J. (2006). Money, Bank Credit and Economic Cycles, Auburn, AL: Ludwig von Mises Institute, 2006, pp. 265-395. [Dinero, crédito bancario y ciclos económicos].

 

La libertad individual y el Estado.

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Ensayo de Enrique Arenz sobre la doctrina liberal

La libertad individual es la gran conquista de la civilización occidental. Pero una conquista permanentemente amenazada y puesta en tela de juicio por el deseo de algunos de imponer su voluntad a sus semejantes.

Siempre hay personas que aspiran a gobernar a los demás, a pesar de que nadie en el mundo tiene el derecho de hacerlo. Es inevitable que esto ocurra en todos los tiempos y en todas las sociedades. Por eso la libertad no puede conservarse si los hombres no están dispuestos a defenderla cada día de su existencia, siendo muchos los peligros que la acechan permanentemente. Tanto la sociedad en su conjunto, al ejercer sobre las energías creativas de las personas ciertas presiones inhibitorias, como algunos hombres antisociales, al intentar someter a otros hombres, tejen una sutil trama de coacciones que tienen a limitar, restringir o, en algunos casos extremos, a impedir el ejercicio de las libertades individuales.

Por algo el premio Nobel de economía, Friedrich A. Hayek definió a la libertad como aquella condición por la cual la coacción que algunos ejercen sobre los demás queda reducida, en el ámbito social, al mínimo. “La libertad es la independencia frente a la voluntad arbitraria de un tercero”, afirmó resumiendo su claro concepto.

Pero Manuel Tagle va aun más lejos y asevera que la libertad es algo más que la simple ausencia de coerción. En su artículoAlberdi y de Tocqueville, dos almas gemelas, publicado en el diario La Prensa del 25/9/84, dice este pensador argentino: “En una primera instancia menos madura, la libertad se reduce a cortar los lazos dealgo que nos sujeta. Pero una vez alcanzada esa ausencia de coerción, la libertad del individuo se transforma en libertad para algo por realizar”.

Ahora bien, suele pensarse erróneamente que todo orden social implica inevitablemente una disminución de la libertad individual como precio por las ventajas de la civilización. Algunos opinan que el hombre primitivo disfrutaba plenamente de su derecho natural a ser absolutamente libre, pero que al organizarse socialmente debió sacrificar parte de su libertad en beneficio del conjunto.

No es así. La pérdida de la libertad jamás podría ser el precio de la civilización por la sencilla razón de que no puede haber libertad sin civilización. Imposible fuera concebir la libertad individual desvinculada de un ámbito de organización y cooperación social. Sólo en la esfera de las relaciones humanas cobra sentido la idea de la libertad. Tiene razón von Mises cuando nos señala que el hombre no nació ni fue libre en sus orígenes, puesto que en el orden biológico los más fuertes dominan y vencen a los más débiles, razón por la cual nuestros antepasados, los hombres primitivos, aún no organizados socialmente, sólo eran libres hasta que tropezaban con criaturas más fuertes. Cabe afirmar, por lo tanto, que el hombre no puede ser libre si no se organiza socialmente para serlo.

Suele decirse también que el “bienestar común” exige progresivas restricciones a la libertad individual. Debemos rechazar esta cómoda y peligrosa idea sencillamente porque tal “bienestar común” no existe, es una mera abstracción. Sólo existe el bienestar de los individuos siempre y cuando éstos dispongan de suficiente libertad y medios adecuados para alcanzar sus propios y personales fines. Resulta inimaginable una sociedad bien alimentada y feliz, salvo que esté integrada por individuos bien alimentados y felices. La sociedad es una abstracción cuya existencia sería inconcebible sin los individuos que la componen. La sociedad fue voluntariamente creada por las personas cuando éstas comprendieron las ventajas de unirse y cooperar entre sí frente a las dificultades que implicaba tratar de sobrevivir aisladamente. Por lo tanto el individuo está antes que la sociedad. El llamado “bienestar común” deriva en todo caso del bienestar de los individuos que componen la sociedad. Von Mises afirmaba que en libertad las mentes más agudas y ágiles son impulsadas a promover el bienestar de las más rezagadas.

Diferente, en cambio, es el concepto del bien común siempre que con él estemos señalando las condiciones políticas y jurídicas que aseguran las libertades del individuo y a las cuales éste se subordina. El bien común es la finalidad del derecho, según veremos más adelante.

Límites de la libertad

La libertad, sin embargo, nunca es absoluta, ya que necesariamente debe el hombre someterse a tres categorías de leyes que limitan sus acciones: las leyes físicas, las leyes praxeológicas y las leyes humanas de orden público. (En cierto sentido, el orden moral también condicionaría la libertad. Jorge García Venturini afirmada que no hay libertad sin moral ni moral sin libertad. “El hombre -decía- es libre, pero no hace lo que quiere sino lo que puede, y tampoco debe hacer lo que pueda sino lo que deba”. Sin embargo, debemos advertir que esta cuestión pertenece al ámbito de la conciencia individual. Desde el estricto punto de vista de la doctrina libertad todo aquello que contribuye a fortalecer la cooperación social voluntaria es moral, en tanto que lo que tienda a entorpecer o impedir dicha cooperación debe considerarse inmoral).

Las tres categorías de leyes mencionadas arriba (físicas,praxeológicas y humanas) establecen límites a la libertad individual, pero cuando una sociedad está organizada para la libertad, estos límites tienden a expandirse en lugar de contraerse. Puede decirse que la libertad es un sistema de fronteras móviles que el hombre puede ampliar permanentemente.

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Este concepto encierra tanta importancia para la comprensión de nuestra doctrina que es conveniente demorarnos en una más detallada explicación.

Todo el mundo acepta la soberanía de las leyes físicas como razonable límite a la libertad. No ocurre así con las leyes praxeológicas que, por desconocimiento, suelen ser resistidas por las personas. Esto se refleja en las leyes humanas. Cuando la sociedad dicta sus leyes de orden público, respeta escrupulosamente la jurisdicción de las leyes físicas. Ninguna ley humana, por ejemplo, puede contradecir la Ley de gravitación universal de Newton. Sin embargo, las leyes humanas suelen extralimitarse en lo referente a las leyes praxeológicas cuyas zonas invaden por desconocimiento.

Absurdo sería aun para el más ignorante decir que un hombre no es libre porque no puede arrojarse desde un décimo piso y volar como las aves. Cualquier necio comprende las leyes físicas que impiden hacer tal cosa. Sin embargo, cuando se trata de juzgar la suba de precio de un producto que escasea, pocos son los que advierten (aún entre los más cultos) la existencia de leyes praxeológicas que producen ese fenómeno, y la mayoría prefiere culpar a los comerciantes y exigir la intervención del Estado en resguardo de la “libertad” de comprar barato. En muchos casos (en la Argentina y en muchos otros países, sobre todo en tiempos de inflación o de crisis) este reclamo popular induce al legislador a sancionar leyes arbitrarias que comprimen las libertades individuales, vulneran el derecho de propiedad y alteran el orden espontáneo del mercado agravando aun más el problema que se pretendía solucionar. (Comprobaremos más adelante que la “libertad de comprar barato” es equivalente a la “libertad de volar”. Tan ilusoria una como la otra, salvo que atinemos a ampliar inteligentemente las fronteras móviles de la acción humana, en cuyo caso ambas serán posibles.)

El hombre nunca podrá lograr absolutamente todo lo que se propone. Sus deseos son ilimitados, pero las posibilidades de que dispone para satisfacerlos son siempre escasas. Por eso su libertad se halla necesariamente restringida y condicionada a esfuerzos y sacrificios personales para ampliar sus límites.

Las leyes físicas y las leyes praxeológicas son dóciles con quienes las entienden y respetan. Pero castigan implacablemente a quienes las llevan por delante. “La naturaleza no consiente burlas -escribió Goethe-, es siempre verdadera, siempre seria, siempre rigurosa; tiene siempre razón, y los errores y equivocaciones son siempre de los hombres. Ella repudia al inepto y se rinde tan sólo a quien es capaz, verdadero y puro, revelándole sus secretos”

Pero así como las leyes físicas y las leyes praxeológicas ofrecen flexibilidad en el trazado de sus límites a la libertad individual, con la sola condición de que el hombre sepa descubrir y respetar sus postulados, las leyes humanas, cuando pretenden modificar la naturaleza de las cosas, crean barreras rígidas que reducen arbitrariamente la esfera de la acción humana. No hay forma de ensanchar las posibilidades del hombre dentro de un sistema jurídico que pretenda crear y conceder derechos contrarios al orden natural, cuando sólo debiera limitarse a proteger la propiedad privada, la libertad de todos y el ámbito de la convivencia pacífica.

Nadie se rebela contra las leyes físicas cuando son éstas las que se oponen a los caprichos humanos- Pero cuando se trata de leyes praxeológicas las personas suelen resistirse a sus designios simplemente por ignorancia, y en lugar de buscar las soluciones por los cauces que esas mismas leyes les ofrecen, prefieren inducir a los políticos a dictar leyes que expropien (porque de eso en definitiva se trata) los frutos del trabajo de unos en beneficio de otros, creyendo que la falla está en la distribución de la riqueza. Todos pierden libertad y prosperidad por este camino. La invocada “libertad de comprar barato” (que ciertamente no puede concederse por decreto por ser ella el resultado laborioso de comprender y respetar las leyes praxeológicas) se transforma así en una aspiración ilusoria.

Las leyes físicas le dicen al hombre que no puede volar, pero al mismo tiempo le sugieren las soluciones científicas para fabricar una máquina voladora. ¿A quién se le ocurriría pedir al gobierno la derogación de la ley de Newton en resguardo de la “libertad de volar”? Tan sólo respetando esta ley y otras leyes físicas ha podido el hombre volar libremente como los pájaros.

Ahora apliquemos este razonamiento a las leyes praxeológicas. Si un producto comienza a faltar en el mercado, es natural que suba de precios, porque hay una ley praxeológica que se llama “Ley de la oferta y la demanda” que dice que si muchas personas desean al mismo tiempo un bien escaso, se producirá una competencia entre los potenciales consumidores quienes ofrecerán más dinero para quedarse con el producto anhelado. El precio que finalmente se forme en el mercado debido a esta presión de la demanda será el factor selectivo que se encargue de segregar quiénes pueden pagar de quiénes no pueden hacerlo, ya que si así no ocurriera, la violencia o el azar serían los que decidirían a manos de qué consumidores irían a parar las limitadas existencias disponibles.

Puede parecer injusto que en una sociedad civilizada unos puedan pagar y otros no. Sin embargo no es así. Von Mises nos explica en La acción humana que la desigualdad económica entre las personas es en sí misma el resultado de una previa selección del mercado, el cual, en decisiones que se modifican todos los días, hace a la gente rica o pobre, triunfadora o fracasada, según haya sabido o no interpretar y satisfacer los caprichos de… nosotros los consumidores.

Por otra parte, para comprar un producto a un determinado precio, no basta solamente con “poder pagar”, también es indispensable estar dispuesto a hacerlo. Recordemos que todo intercambio comercial se produce únicamente si cada parte valora en más lo que recibe que lo que da. Por consiguiente, habrá consumidores que no aceptarán el precio de un bien deseado a pesar de contar con el dinero necesario, sencillamente porque no lo considerarán un buen negocio y preferirán destinar sus limitados recursos a la compra de otros bienes aun más deseados.

El precio de mercado (esto lo veremos detalladamente más adelante), como fenómeno social selectivo, se produce por influencia de muchos factores concurrentes en cada consumidor y en cada vendedor. Algunos de estos factores son de carácter subjetivo (valor atribuido, preferencia, necesidad, emotividad), y otros, rigurosamente objetivos (capacidad económica, apremio legal, etc.)

Pero retornemos a la cuestión de las leyes praxeológicas. Si bien el fenómeno de los precios nos suele llamar la atención únicamente en aquellos productos que experimentan alteraciones en su abastecimiento, se verifica, en rigor, en todos los bienes y servicios que existen, ya que la oferta siempre es menos a la demanda potencial.

Es la escasez (combinada con su utilidad) lo que convierte a las cosas en bienes económicos. Todo cuesta, todo es dificultoso, todo tiene su precio porque todo lo útil o bien es difícil de obtener, o es obra de la creatividad y del esfuerzo humano. Sólo el aire abunda en todas partes, y por eso no tiene precio. El agua, en cambio, tiene valor comercial en muchos lugares, y aun donde abunda, debe pagarse por el servicio de su potabilización y traslado a los domicilios. Decía Röpke: “Toda sociedad debe confrontar el hecho de que, por un lado están nuestros deseos ilimitados, y por el otro, nuestros limitados recursos para satisfacer dichos deseos”. Es por ello -según ya lo hemos dicho antes-  que nadie ve totalmente satisfechas sus ambiciones. Y cuando alguien se enfrenta a dos cosas que desea ardientemente pero que no puede obtener al mismo tiempo, debe siempre elegir una y renunciar a la otra.

Estas leyes praxeológicas parecen muy antipáticas porque se empeñan en poner freno a nuestros antojos y caprichos. Sin embargo, son estas mismas leyes las que nos enseñan a economizarrecursos escasos a la vez que nos revelan sus secretos sugiriéndonos la forma científica de producir más y mejor para satisfacer cada vez en mayor medida nuestros ilimitados deseos.

Respetando las leyes praxeológicas logramos ampliar sus fronteras y con ellas el campo de las posibilidades humanas. La libertad de comprar barato resulta así tan posible como la libertad de volar. Nada más destructivo para el hombre civilizado que ir contra ellas. Tan vano resulta fijar precios y salarios por decreto (por mencionar tan sólo una de las insensateces de la política moderna, como derogar la ley de Newton.

La libertad debe ser de todos

Ahora bien, de la misma manera que nadie puede considerarse menos libre porque debe obedecer las leyes físicas y las leyes praxeológicas, tampoco puede hablarse de pérdida de libertad cuando el hombre debe respetar los límites que le imponen las leyes humanas, siempre que estas leyes tengan por finalidad únicamente la protección del individuo y la defensa de la libertad de todos. Si las leyes humanas van más allá de este objetivo -que es, por otra parte, su única justificación- la libertad individual es irremediablemente lesionada.

“El derecho -escribe Kant- puede definirse en general como la limitación impuesta a la libertad de un individuo hasta donde lo permite su acuerdo con la libertad de todos los otros individuos, en cuanto ello es posible por medio de una ley universal”.

Y recordemos a nuestro Alberdi: “Lo que llamamos nuestro deber no es más que la libertad de los otros: es la libertad nuestra que paga el respeto que debe a la libertad de otros”

La libertad, pues, debe ser de todos, y ella presupone la existencia de un contexto de cooperación e interdependencia social y la ausencia de coacción. Más allá de los límites impuestos por la libertad de los demás, el individuo libre disfruta de una amplia esfera de actividad privada en la cual no pueden intervenir los otros ni la sociedad.

A cada integrante de la sociedad le conviene que sus vecinos y conciudadanos desarrollen al máximo sus energías creadoras a fin de que el aporte de cada uno de ellos hacia la comunidad sea el máximo que su capacidad le permita. Un país con abundancia es un país donde todos producen y se benefician con la diversidad creciente de posibilidades y recursos. Ahora bien, si la libertad individual (según lo hemos visto en el capítulo anterior) es la condición indispensable para el fenómeno productivo se multiplique geométricamente mediante la liberación de las energías creativas individuales, es natural que todos nosotros, desde el más pobre al más rico, tengamos especial y personal interés en la libertad de los otros. En las antiguas monarquías absolutas el rey no era más libre que sus siervos: no podía curar sus enfermedades, no disponía de medios para viajar cómodo y seguro, no había calefacción en sus húmedos y fríos aposentos, no era dueño de darse una ducha caliente ni de hacer sus necesidades en un cómodo sanitario.

“¡El Estado soy yo!”  “¡Después de mí el diluvio!”  Así expresaban su arrogancia los soberanos absolutos cuya autoridad de origen divino les concedía la potestad sobre vidas y haciendas de sus súbditos. Sin embargo no podían disfrutar de las mínimas comodidades que hoy tiene a su alcance el más humilde obrero de un país capitalista. Con todo acierto William Allen White dijo que la libertad es la única cosa que uno no puede tener sin estar dispuesto a que los demás también la tengan. Porque si yo tengo libertad para trabajar, comerciar y poseer bienes y las demás personas no la tienen, no podré intercambiar nada con ellas, por lo cual no dispondré de aquellos indispensables medios que sólo la múltiple creatividad de los otros podría proporcionarme. Y sin tales medios, de poco habrá de servirme la libertad, pues mis posibilidades de elección serán casi nulas. Por el contrario, si todos somos libres, aún el más pobre recibirá parte de la riqueza creada por todos. “La vida del hombre medio es hoy más fácil, cómoda y segura que la del más poderoso en otro tiempo. ¿Qué le importa no ser más rico que otros, si el mundo lo es y le proporciona magníficos caminos, ferrocarriles, telégrafo, hoteles, seguridad corporal y aspirina?” (Ortega y Gasset, La rebelión de las masas).

Yo viajo diariamente en autobús. Mi asombro se renueva en cada uno de esos fantásticos viajes. Confortablemente sentado en una mullida y bien tapizada butaca individual, suelo preguntarme si no estoy soñando al desplazarme velozmente como en un cuento de hadas por lisos y bien nivelados pavimentos, protegido del frío y de la lluvia por grandes y transparentes ventanilla. Cuando llego a destino, oprimo un botón y como en el país de las maravillas de Alicia, el vehículo se detiene y la puerta trasera se abre para que yo, el soberano del siglo XX, pueda descender. ¿Cómo es posible no asombrarse frente a ese prodigio de la civilización? ¿Es que a alguien puede parecerle cosa natural un autobús circulando a frecuencia regular al servicio de la gente? Yo, al menos, no lo creo así. Soy consciente de que cada vez que hago ese fantástico viaje estoy recibiendo generosamente la cooperación acumulada de millones de personas que trabajaron, estudiaron, crearon, inventaron, ahorraron e invirtieron para que yo, por unos centavos, me pueda dar diariamente ese lujo inconcebible en otros tiempos. He ahí un sencillo ejemplo -a menudo inadvertido- de lo mucho que nos beneficia la acumulación de capital y la creatividad libremente expresada.

Gracias al capitalismo, cualquier trabajador recibe de millones de personas que jamás conocerá, más servicios y ventajas personales que los que obtenía a fuerza de látigo un señor feudal de sus esclavos.

Fácilmente deducimos, entonces, que el principal interés de toda comunidad consiste en asegurar a todos por igual el ejercicio de la libertad individual, creando leyes y costumbres tendientes a tal fin y abjurando del principal enemigo de la libertad, la divinización del poder, ya sea en su forma individual o colectiva.

El Estado y el orden jurídico 

Recapitulando, recordaremos que libertad individual es aquella condición por la cual todo hombre disfruta de una amplia esfera de actividad privada en la cual los demás no pueden interferir.

Si quisiéramos analizar el significado de la libertad desde un punto de vista negativo, deberíamos definir la esclavitud. Para ello nada mejor que recurrir a Herbert Spencer. Decía este pensador que esclavo es alguien que trabaja sometido a coerción para satisfacer los deseos de otro, y el grado de severidad de la esclavitud a que está sometido depende de la mayor o menor medida en que el esfuerzo es aplicado compulsivamente en beneficio de otro en lugar de serlo en propio beneficio.

Hemos analizado hasta aquí las dos condiciones extremas de un hombre: la total libertad individual (limitada por las físicas, las leyes praxeológicas y las leyes humanas), y la máxima esclavitud posible (también limitada por la última y trágica libre opción del esclavo: obedecer o suicidarse). Todos los infinitos estados intermedios que puedan imaginarse entre ambas condiciones extremas, son exponentes de pérdida de libertad del hombre. No es una exageración tautológica afirmar que el hombre nunca es más o menos libre, sino más o menos esclavo. La condición del hombre libre es una sola: no absoluta ni ilimitada, como queda dicho, pero sí susceptible de constante perfeccionamiento. Nadie puede considerarse libre “a medias”. Sólo se puede ser esclavo a medias.

Ahora bien, cuando se pierde la condición de hombre libre, la disminución progresiva de la libertad no se detiene. Lamentablemente esto ocurre en forma gradual y las personas no advierten lo que les está sucediendo, sobre todo cuando la pérdida de la libertad se produce por el avance del Estado sobre el ámbito de acción privativo de los particulares, en violación de las leyes praxeológicas del mercado, provocan desocupación de un sector laboral en beneficio de los obreros que conservan sus empleos. Con esta arbitrariedad no solamente limitan la libertad del empleador -y del consumidor, que en definitiva es quien fija precios y salarios- sino que también limitan la libertad de los propios trabajadores que quizás preferirían trabajar por un sueldo menor antes que quedar sin empleo.

Los límites del Estado han sido siempre un motivo de discusión, ya que de la misma manera con que algunos pretenden llevar su poder hasta extremos en que el hombre se transforma en su siervo, otros pretenden negar toda forma de autoridad política, aduciendo que el menor atisbo de coerción gubernamental implica pérdida de libertad.

Ninguna de ambas posiciones es aceptable. Es más, constituyen las dos caras de una misma moneda totalitaria: el colectivismo y el anarquismo.

Von Mises se encargó de aclarar, con estas palabras los fundamentos del orden jurídico en un sistema de libertad: “Mientras el gobierno, es decir, el aparato social de autoridad y mando, limita sus facultades de coerción y violencia a impedir la actividad antisocial, la libertad individual prevalece intacta. Esta coerción no limita la libertad del hombre, pues aunque éste decidiera prescindir del orden jurídico y el gobierno, no podría al mismo tiempo disfrutar de las ventajas de la cooperación social, y actuar sin frenos obedeciendo a sus instintos de violencia y rapacidad”.

En efecto, cuando el hombre delega la defensa de su libertad en una organización social, no renuncia a dicha libertad, ya que lo que quiere es precisamente preservarla. A lo que renuncia es a la irracionalidad y a la violencia. Por eso el hombre no puede ser libre si no se desenvuelve en un medio social donde todos los hombres hayan pactado cooperar entre sí para ser libres.

Es obvio que los gobiernos carecerían de toda justificación moral si los hombres no tuvieran aquellos instintos de rapacidad y violencia que los llevan a enfrentar permanentemente entre sí. De no existir reglas estipuladas de convivencia y una fuerza defensiva organizada, los más fuertes e inescrupulosos terminarían por someter a los más débiles e indefensos. La justificación moral de todo gobierno se nutre en un derecho natural de todo ser viviente: usar de la fuerza para defenderse de las acciones destructivas de los demás.

Nadie pone en duda que el derecho más elemental e incuestionable de todo ser humano es el derecho a vivir y a conservar la propia existencia. Este derecho, lógicamente, implica el uso de los medios adecuados para la obtención del sustento y la preservación de la vida y la salud. (Recuérdese que hay una sola cosa que el hombre puede hacer sin medios: dejarse morir). Ahora bien, si admitimos el presupuesto del derecho a la vida y al uso de los medios idóneos para defenderla, fácilmente deducimos que el hombre es libre para elegir, usar y disponer de una variedad ilimitada e imponderable de dichos medios con los cuales ha de conservar la vida, ponerla a cubierto de futuros riesgos, asegurar la supervivencia y bienestar de los hijos, acumular reservas para la vejez y eventuales enfermedades y, finalmente, alcanzar fines superiores. Nadie puede razonablemente negarle al hombre tales lógicas atribuciones, con lo cual queda claramente perfilado su derecho natural e inalienable a poseer bienes y disponer libremente de ellos. He aquí el sentido de la propiedad privada.

Pero la propiedad privada sería ilusoria si no se la protegiera en forma efectiva mediante el orden jurídico. Los más fuertes y violentos impedirían este derecho a los más débiles y terminarían por apropiarse de todo. La vida humana se extinguiría en el planeta.

En todos los tiempos han existido hombres pacíficos y hombres violentos. Hombres buenos y hombres malos. Los pacíficos han intentado vivir en comunidad, trabajando, creando e intercambiando libremente el fruto de su trabajo. Pero los violentos, han utilizado sus energías destructoras para imponer su voluntad a sus semejantes y apropiarse por la fuerza de las energías creadoras de los demás.

He aquí, en esta realidad de la condición humana, la primera amenaza a la libertad del hombre. Caín impone su violencia homicida sobre el pacífico Abel. El Antiguo Testamento nos muestra descarnadamente esta trágica circunstancia que habrá de acompañar eternamente el destino del hombre: la libertad y su amenaza permanente. El hombre pacífico frente a su tirano, el hombre violento.

Como se recordará, Leonard Read define a esta realidad como “el único problema social que existe”, ya que todo lo demás queda en la jurisdicción de lo creativo y lo individual.

Según hemos visto, el derecho a la vida y a conservar la propia existencia, implica necesariamente el derecho a la libre elección de los medios con los cuales lograr tales primarios fines. No cabe pues duda de que la libertad individual es un derecho anterior al hombre mismo ya que proviene de su Creador que lo dotó de la voluntad de vivir y del instinto de la supervivencia. La libertad, sin embargo (y esto también lo dijimos), sólo es posible en un contexto de organización social, ya que el hombre primitivo jamás pudo ejercerla. Es, por lo tanto, un derecho que requiere el voluntario propósito de cultivarlo (la conciencia del hombre libre es, en rigor, un estado cultural), un derecho que exige una clara convicción de su conveniencia social y, sobre todo, una firme decisión de preservarlo. La manera moderna de ejercer la libertad individual (sobre todo en el plano económico que es donde alcanza su máxima significación social) constituye, como afirmamos al principio de este capítulo, la gran conquista de la civilización occidental. Pero una conquista constantemente amenazada y puesta en tela de juicio. Por ello la libertad es un derecho que debe ser defendido todos los días, un derecho ligado a la vida misma que -al igual que ésta- se halla expuesta a mil peligros y acechanzas.

Por esta razón la libertad no es posible sin los medios adecuados para defenderla. Ahora bien, cualquiera tiene el derecho moral de impedir las acciones destructivas de los demás. Pero, por las razones que analizaremos a continuación, el hombre pacífico no puede enfrentar por sí mismo a los seres violentos que amenazan su libertad.

En primer lugar porque el hombre pacífico que dedica todas sus energías creativas a su trabajo, no puede estar de vigilante, temeroso de las acechanzas de los demás. Y aunque así lo hiciera, su reducido ámbito de información no le permitiría conocer los peligros que se ciernen sobre su vida y bienes, tramados a veces a mucha distancia.

Porque si cada individuo se hiciera cargo personalmente de su propia defensa, tendríamos en la Argentina 35 millones de tribunales de justicia, cada cual con su propia concepción del derecho.

Porque al hombre sólo le está moralmente permitido usar la “fuerza defensiva” y jamás la “fuerza agresiva”. La diferencia entre ambas es demasiado sutil para que cada cual la interprete a su manera.

Y finalmente el argumento más convincente: porque si se trata de imponerse por el uso de la fuerza, es imprescindible el empleo de las armas, y en este terreno siempre ganan los que las manejan mejor. Entre un hombre laborioso y pacífico y un delincuente, sin duda este último habrá de manejar más hábilmente las armas. Si cada cual estuviese librado a su propia defensa, los delincuentes no tardarían en erigirse en gobernantes y someter por la fuerza agresiva a todos los seres pacíficos.

Con lo cual no podemos sino llegar a la siguiente conclusión:El hombre debe delegar la defensa de su libertad en una organización que utilice con carácter de monopolio la fuerza defensiva, a fin de enfrentar -orgánica y eficientemente- el único problema social que existe: las agresiones de algunos individuos contra la libertad individual. De ahí la necesidad de que exista un gobierno y un orden jurídico.

La organización de un Estado sólo se justifica, entonces, en la necesidad de los individuos de defenderse contra las acciones humanas que inhiben la energía creadora y su libre intercambio. Un gobierno justo deriva de esta única motivación: la necesidad común de todos los hombres de protegerse contra aquellos que quisieran limitar sus posibilidades creativas.

“El principio que justifica la organización, por parte de la sociedad, de una función defensiva -nos advierte Leonard Read-, impone limitaciones a lo que debe realizar dicha organización. En una palabra, la limitación del derecho reside en la propia justificación del derecho.La fuerza es una cosa peligrosa. Por lo tanto, la función organizada de la sociedad es un instrumento peligroso. Contrariamente a lo que algunos sostienen, no es un mal necesario. Siempre que se limite a su debido alcance defensivo, es un bien positivo. Cuando excede sus justas limitaciones y se convierte en una agresión, no es un mal necesario sino un mal, directamente.”

Es simple deducir que las facultades de un Estado están limitadas por los mismos principios que justificaron su creación. Si ningún individuo tiene el derecho de gobernar a otro, mucho menos la asociación de muchos individuos (el Estado) formada precisamente para proteger a sus integrantes de aquellos que aspiran a imponerles su voluntad por la fuerza, podría asumir facultades que el individuo no tiene. Es decir, si yo me organizo junto a otros individuos en una sociedad para evitar que los merodeadores violentos intenten limitar mi libertad, mal puedo aceptar que esa misma sociedad vaya más allá de sus fines y avance sobre los derechos para cuya preservación fue creada.

Podemos, en fin, hacer un resumen de lo expresado hasta aquí diciendo que el ámbito donde la criatura humana puede desarrollar al máximo sus potencialidades creativas e intercambiar libremente sus energías en una cooperación voluntaria que beneficia a todos, es la libertad individual. Como dicha libertad está siempre amenazada, el hombre debe hacer algo para preservarla. El Estado, pues, es la consecuencia de la necesidad del hombre de proteger su libertad. Por tal razón el Estado es una organización subordinada al hombre que tiene, por definición, facultades estrictamente limitadas. Si estos límites defensivos son sobrepasados, cosa que ocurre hoy, lamentablemente, en todos los países del mundo, el individuo pierde independencia y ve interferida y reducida su esfera privada de acción.

Digamos, para finalizar este capítulo que existen dos tipos de fuerza  según ya lo insinuamos antes: la fuerza defensiva y lafuerza agresiva. La primera es un derecho indiscutido de todo ser viviente sobre la tierra. La segunda, en cambio, es siempre inmoral y socialmente destructiva. La violencia agresiva sólo es legítima en el mundo salvaje, en medio de la competencia biológica por la supervivencia.

 La competencia social propia del hombre civilizado se basa en la cooperación y en la búsqueda de ganancias mediante un mejor servicio a los demás. Decididamente, toda forma de agresividad es dañina y antisocial.

Hemos visto que el hombre se ve precisado a delegar en el cuerpo político de la sociedad, el uso de la fuerza defensiva. Ahora bien, si nadie tiene el derecho moral de emplear la fuerza agresiva contra sus semejantes, nadie tampoco puede delegar en el gobierno ese derecho que no tiene. Además, lo que no puede hacer un solo individuo, tampoco lo puede hacer un grupo de individuos o una sociedad. Sólo la fuerza defensiva podemos moralmente utilizar, y sólo la fuerza defensiva delegamos legítimamente en el gobierno,

Sin embargo, los gobiernos suelen atribuirse derechos y facultados que los individuos no tienen. A raíz de esta extralimitación, la fuerza defensiva del Estado puede transformarse, casi inadvertidamente, en una fuerza agresiva y volverse contra aquellos mismos a los cuales debiera proteger.

El padre del liberalismo político, John Locke, ha dicho que la grande y principal finalidad de los hombres que se unen en república y se someten al gobierno es el mantenimiento de su propiedad. Podríamos agregar que la única función de un gobierno republicano es defender la propiedad privada, amparar la libertad de los ciudadanos y asegurar la convivencia pacífica.

Podemos afirmar que todo empleo de la fuerza agresiva por parte del gobierno atenta contra la propiedad, reduce las esferas privadas de acción, inhibe las energías creadoras de los individuos y disminuye las posibilidades y recursos globales perjudicando a toda la sociedad. En este aspecto la doctrina liberal es, como acertadamente la definió Carlos Sánchez Sañudo, la doctrina de la limitación del poder.

En resumen: el orden social de la libertad es un inteligente sistema de fronteras móviles que el hombre puede ensanchar hasta el infinito siempre que tenga la sabiduría de armonizar sus propias y falibles leyes con aquellas otras leyes perfectas que el Creador estableció en todo el Universo para nuestro exclusivo uso y beneficio.

Libertad de expresión inalienable / Inalienable freedom of expression

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«La expresión de ideas, por atroces que parezcan, mediante la palabra escrita o dicha, no deben ser por tanto sujetos de justicia..»

Por / By  José Luis Montesinos

El ser humano es Libre y ejerce su Libertad usando su cuerpo; trabajando, alimentándose, jugando y, por supuesto, comunicándose. La Libertad de Expresión, es parte indispensable de este ejercicio. La Libertad de usar nuestro cuerpo según nuestra conveniencia no puede ser limitada si no es por la invasión de los derechos del otro. Tu Libertad termina dónde empieza la mía, sin duda.

Si hay una manzana y dos comensales, es el legítimo propietario de la manzana, el que la adquirió por medios lícitos, si lo hubiere, el que puede alimentarse. Sin su consentimiento el segundo comensal no puede probar la manzana sin conculcar los derechos del primero. Esto no ocurre cuando se expresa una opinión o un deseo, sea del modo que fuere en cuanto a su forma y estética. Cuando uno se expresa el otro también puede hacerlo. No hay por tanto invasión de los derechos del de enfrente.

A la expresión de una falsedad puede y debe seguir la reclamación de pruebas de la misma o la muestra de estas pruebas de que la afirmación no es cierta. Que la costumbre sea creer el rumor o el exabrupto es una cuestión meramente social que en nada atañe a la esencia del asunto. Las costumbres las crea el uso y los usos cambian a lo largo de la Historia. Sentir menoscabado el honor u ofenderse por unas palabras de un tercero es otorgarle un poder que no tiene. Si el refrán dice que no ofende quien quiere, si no quien puede, será por algo.

Si existe un momento en el que la Libertad de Expresión debe estar amparada por la Ley y ser defendida por los ciudadanos es cuando está se utiliza para atacar al Estado, a su gobierno o cuantas figuras y símbolos los representan. Quizá en democracia parezca que debemos conformarnos con lo que haya, pero piensen los lectores que cualquier totalitarismo al uso lo primero que prohíbe es la crítica al sistema, mediante la censura y el secuestro de los medios de comunicación y expresión como internet, por lo tanto, un amante de la Libertad y enemigo de los tiranos debe defender la Libertad de Expresión cuando se utilice para atacar al régimen, sea cual sea el régimen y sea cual sea el contenido y la forma del ataque. No se pueden hacer distinciones, ni andar con paños calientes. Suele ser la primera víctima en el camino hacía la dictadura.

La expresión de ideas, por atroces que parezcan, mediante la palabra escrita o dicha, no deben ser por tanto sujetos de justicia. Decía a Orwell que periodismo es publicar lo que nadie quiere que publiques, todo lo demás son relaciones públicas. Esta sentencia puede aplicarse a cualquier forma y modo de expresión. Del dicho al hecho hay un trecho. El dicho es Libre, el hecho es lo que transgrede libertades. El punto de inflexión se llama amenaza. Amenazar no es expresar una idea, pero tampoco es pasar a los hechos. Quizá la reiteración y la focalización es lo que determina el salto.

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The human being is Free and exercises his Freedom using his body; working, feeding, playing and, of course, communicating. Freedom of Expression is an indispensable part of this exercise. The Freedom to use our body according to our convenience can not be limited if it is not for the invasion of the rights of the other. Your Freedom ends where mine begins, no doubt.

If there is an apple and two people, it is the legitimate owner of the apple, who acquired it by lawful means, if any, who can feed. Without their consent, the second guest can not taste the apple without violating the rights of the first. This does not happen when an opinion or a wish is expressed, however it may be in terms of its form and aesthetics. When one expresses the other one can also do it. There is therefore no invasion of the rights of the opposite.

The expression of a falsehood can and should follow the claim of evidence of the same or the sample of these proofs that the statement is not true. That the custom is to believe the rumor or the outburst is a purely social issue that in no way concerns the essence of the matter. Customs are created by the use and uses change throughout history. To feel the honor diminished or to be offended by some words of a third party is to grant him a power he does not have. If the saying says that it does not offend who wants, if not who can, it will be for something.

If there is a moment in which Freedom of Expression must be protected by the Law and be defended by citizens, it is used to attack the State, its government or how many figures and symbols represent them. Perhaps in democracy it seems that we should be content with what we have, but readers think that any totalitarianism to use the first thing that prohibits is the criticism of the system, through censorship and kidnapping of the media and expression as internet, therefore , a lover of Freedom and enemy of tyrants must defend Freedom of Expression when it is used to attack the regime, whatever the regime and whatever the content and form of the attack. You can not make distinctions, or walk with hot cloths. It is usually the first victim on the road to dictatorship.

The expression of ideas, atrocious as they may seem, through the written word or saying, should therefore not be subjects of justice. He told Orwell that journalism is publishing what nobody wants you to publish, everything else is public relations. This sentence can be applied to any form and mode of expression. From the saying to the fact there is a stretch. The saying is Free, the fact is what transgresses freedoms. The point of inflection is called a threat. Threatening is not expressing an idea, but neither is it happening to the facts. Perhaps the reiteration and focus is what determines the jump.

 

¿Cómo funciona la economía fascista? / How does the fascist economy work?

ESTE MAGNÍFICO Y DIDÁCTICO ARTÍCULO está ESPECIALMENTE DEDICADO a toda esa «progresia», como los afiliados, votantes y simpatizantes de esa ESCORIA llamada «PODEMOS» o, de forma global, a esos que hoy en día se hacen llamar, curiosamente, «ANTIFAS» que se dedican a llamar «FASCISTA» a todo aquel que no conculca con sus ideas, SIN TENER NI LA MENOR IDEA DE LO QUE ES EL FASCISMO Y, POR TANTO, MUCHO MENOS DE QUE COMO ES SU SISTEMA ECONÓMICO, MUY PARECIDO POR CIERTO, AL SUYO PROPIO.

LOS EXTREMOS SE TOCAN.

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Por/By 

INTRODUCCIÓN

mussolini2-300x244El fascismo como doctrina política es ampliamente conocido, sin embargo es muy poco conocido como sistema económico. El padre indiscutible del fascismo fue Benito Mussolini, como jefe de Estado desde la perspectiva política  su discurso estaba encaminado a la creación de un Estado Corporativo, entendido como la unión monolítica entre población y gobierno mediante el caudillismo o populismo nacionalista, la violencia institucional y la propaganda.

Desde su creación, distintos gobiernos (marxistas inclusive) han adoptado en todo o parcialmente la doctrina política fascista en la praxis pero siempre bajo una constante negación frente a las masas por su asociación con regímenes como la Alemania Nazi.

Pero desde el punto de vista económico, el fascismo se distancia de su concepto político ya que busca la consolidación del Estado Corporativo a expensas de una población obligada a sostenerlo con cargas fiscales, lo cual ha sido y sigue siendo de gran utilidad por los políticos. El gobierno y la población ya no son idealizados románticamente como unidad corporativa sino que desde el prisma económico el fascismo se revela en toda su pureza y esplendor como el parasitismo que es: el gobierno como parásito y la población como huésped.

LA ECONOMÍA FASCISTA

La economía fascista se caracteriza por ser esencialmente antiliberal,  por ende antimercado y anticapitalista, en palabras de Benito Mussolini ‘‘El fascismo rechaza frontalmente las doctrinas del liberalismo, tanto en el campo político como económico’’, y del propio Adolf Hitler ‘‘Somos enemigos del sistema económico capitalista’’ es decir, se trata de una economía planificada, controlada o dirigida por un órgano centralizado de poder: el monopolio estatal.

A decir de Murray Rothbard: ‘‘El fascismo y el nazismo fueron la culminación lógica en los asuntos internos de la corriente moderna hacia el colectivismo de extrema derecha. Se ha hecho habitual entre los defensores de las libertades, considerar el fascismo y el comunismo como fundamentalmente idénticos. Pero si bien ambos sistemas fueron indudablemente colectivistas, diferían mucho en su contenido socio-económico’’, en efecto, a diferencia de una economía marxista donde todos los medios de producción están en manos del Estado o en propiedad colectiva, el fascismo económico permite la propiedad privada de medios de producción y la competencia de mercado aunque bajo el control o la influencia directiva del Estado; la empresarialidad se encuentra subordinada a los intereses del proyecto colectivista  de unidad nacionalista de la administración pública, donde pueden existir algunas nacionalizaciones o confiscaciones dentro sectores de la economía considerados presuntamente ‘‘estratégicos para el interés nacional’’ así como el proteccionismo de empresas igualmente consideradas ‘‘estratégicas’’ en el mismo sentido.

La regulación fascista de la economía se realiza obviamente como toda intervención en la economía, a través de un marco de derecho positivo, pero destinado especialmente a estructurar un esquema jurídico capaz de proporcionar las condiciones institucionales necesarias para el desarrollo del Bienestar Corporativo (en inglés Corporate Welfare).

 BIENESTAR CORPORATIVO

20140315_ird001_0-300x168Este mecanismo por lo general se mantiene oculto de las masas, porque dentro de la propaganda y el populismo fascista suele hablarse del llamado Bienestar Social (o Estado de Bienestar Paternalista) que se trata de un conjunto de programas o políticas de subsidios, que se obtienen con dinero arrancado por la fuerza a través de impuestos bajo el pretexto de sostener un supuesto interés colectivo o ‘‘ayudar’’ a la población o a un sector determinado de la misma manteniéndolos en estado de expectativa y mendicidad, mientras que el Estado Corporativo se desarrolla detrás del velo populista. La alegoría que resulta es la del borrego (la población) persiguiendo constantemente una zanahoria (subsidios) atada a una caña que sostiene el político montado en su lomo, así básicamente funciona el llamado Bienestar Social.

El principal objetivo del fascismo económico es el de ejecutar una política fiscal para beneficiar un entramado compuesto por burocracia y empresariado privado, a través del proceso llamado cabildeo (en inglés lobbying) que es una simbiosis que se manifiesta de las siguentes formas:

● Políticos miembros de la burocracia propietarios o accionistas de empresas privadas que utilizan su influencia para apartar a la competencia de su camino o ser rescatados de una inminente quiebra (también pueden operar a través de testaferros)

● Empresarios privados que se valen de favoritismo o conexiones políticas  usando los mismos medios para perseguir los mismos fines del punto anterior.

Como les había comentado, un mecanismo jurídico de  regulaciones, subsidios y concesiones selectivas sobre sectores de la economía es esencial para desplegar el fascismo económico por ello los elementos de la intervención del Estado fascista sobre la economía los he logrado diseñar en un Esquema del Bienestar Corporativo. A continuación haré una explicación detallada de los elementos en los que todo libertario debe enfocarse para abolir de raíz el sistema fascista.

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1.- Regulación de la competencia

También llamadas leyes anti-trust o antimonopolio, son aquellas que según la versiónantitrust-act-276x300 demagógica dicen estar elaboradas con el propósito de proteger al consumidor de los monopolios,  pero que no por casualidad, terminan siempre en detrimento tanto de los consumidores como de las pequeñas empresas, porque transforman el ambiente natural de cooperación contractual y civilizada de mercado en un entorno troglodita, donde la supervivencia del más apto, es decir el que tenga mejores conexiones políticas,  es el que siempre se posiciona por encima de los demás competidores por medio de la violencia legal del monopolio estatal, formando en consecuencia monopolios u oligopolios coercitivos y distorsiones dentro de la economía.

Las leyes anti-trust se basan en una lógica totalmente absurda y ajena al funcionamiento del mercado: cobrar más que la competencia sería abuso de posición dominante, cobrar menos sería competencia desleal y cobrar lo mismo que la competencia sería colusión, así que la única forma de evadir esta situación es colocándose por encima de la misma Ley, en pocas palabras, las leyes antimonopolio proporcionan sus propios incentivos para corromperse.

Las leyes anti-trust no son originales del fascismo económico pero si son un elemento complementario para  la realización del bienestar corporativo,  por lo tanto derogar las leyes anti-trust sería un paso fundamental para desmontar el corporativismo estatal fascista. No se debe entorpecer el surgimiento y desarrollo de PYMES, que las empresas se posicionen en el mercado por los méritos en satisfacer mejor a sus consumidores, no por pertenencia o contactos con las mafias políticas.

2.- Propiedad intelectual

protect_your-_intellectual_property-300x300Las patentes de propiedad intelectual son una concesión muy particular ya que con ellas se está otorgando un monopolio sobre las ideas. Con el pretexto de proteger o incentivar la creatividad o la investigación, las patentes siempre logran exactamente lo opuesto, sólo incentivan costosos litigios judiciales por un lado y aumentan el coste para investigar por el otro, cuando la realidad demuestra que sin las patentes de todas formas habría incentivos para la investigación.

Las ideas son bienes incorpóreos que cuando se hacen públicas son automáticamente de dominio universal, no se debe controlar o impedir por la fuerza el proceso humano de percepción, aprehensión y difusión de ideas, persiguiendo físicamente a todos aquellos que deseen emprender soluciones usando ideas precedentes no solamente se impide el mercado, sino que en muchos casos también la libertad de expresión.

Las patentes si bien tampoco son propias del fascismo económico si constituyen un instrumento de relevancia, no son más que otra forma de intervención del Estado sobre la economía que termina gestando monopolios protegidos bajo el mismo principio explicado en el punto anterior, ninguna empresa puede por sí misma impedir violentamente que otra le haga competencia. Si se quiere abolir el corporativismo fascista es necesario que el Estado deje de conceder patentes.

3.- Subsidios corporativos

Es un elemento sine qua non de la política económica fascista. Es el mecanismo por20140315_ldp001_0-300x1681 medio del cual se sostiene todo el andamio de bienestar corporativo donde por medio de la exacción fiscal y subsidios selectivos al sector privado se internalizan las ganancias y se socializan los costes y las pérdidas.

De esta política económica surge el aforismo ‘‘socialismo para ricos’’: los empresarios adláteres del gobierno, testaferros y políticos que en muchos casos son accionistas o propietarios de grandes empresas privadas recurren a las arcas del Estado para salvar su patrimonio de una eventual insolvencia.

De todos los subsidios, los corporativos se caracterizan por ser uno de los más excesivos y despilfarradores, son colosales cantidades de dinero robadas a través de los impuestos al ciudadano trabajador destinadas a financiar grandes empresas de manera  extremadamente anti competitiva, con la excusa de amparar un supuesto bienestar general o nacional, una de las mentiras populistas más grandes jamás inventadas.

Usualmente los políticos dicen que son subsidios destinados a financiar a productores independientes y PYMES cuando en realidad rescatan a las corporaciones más influyentes, por ejemplo, el gobierno fascista de Estados Unidos destina de 40 a 50 billones de dólares anuales de su presupuesto para supuestamente ‘‘incentivar’’ la pequeña y mediana empresa cuando en realidad se tratan de beneficios para los peces gordos de la industria.

Este proteccionismo cuyo origen es mercantilista, de ganancias concentradas y pérdidas difusas es especialmente nocivo porque perpetúa un círculo vicioso de ineficiencia y distorsiones de mercado profundas de gran impacto social, son empresas que en un mercado libre están destinadas a ser absorbidas  o quebrar para dar paso a una competencia que ofrezca bienes de mejor calidad o servicios más eficientes logrando un ritmo de desarrollo sostenido y saludable en la economía.

4.- Banca central

european-central-bank-300x225Es una herramienta fundamental de la economía fascista, por medio del banco central se obtiene un poder ilimitado para efectuar la planificación central,  desde donde se orquestan los ciclos de expansión y contracción de la economía y se fijan por decreto las tasas de interés. Cuando el banco central compra bonos suministra dinero nuevo y no ganado para el vendedor del bono, los banqueros centrales hacen absolutamente nada para ganarse el dinero, simplemente lo crean de la nada, es lo que se conoce como impresión de dinero FIAT, es decir dinero sin ningún respaldo real de valor en metales preciosos o en su valor intrínseco sino simplemente por la confianza en un decreto estatal y una promesa de pago, es una estafa a gran escala, este mecanismo se conoce como inflación.

Los primeros receptores del dinero fresco de la imprenta, el gobierno y las grandes corporaciones bancarias son los que se benefician directamente del poder adquisitivo adquirido recientemente mientras que los ahorradores comunes sufren  la evaporación de su poder adquisitivo con el antiguo dinero.

Los bancos centrales fijan artificialmente las tasas de interés muy por debajo de lo que vendría siendo el precio normal del mercado para proveer financiamiento barato y casi regalado a la administración pública, incentivando el derroche y crecimiento del Estado en actividades que no hubiesen tenido lugar bajo precios o tasas de interés normales o de mercado, por lo tanto se hace necesario abolir la banca central para acabar con éste mecanismo perverso de fascismo monetario.

 CONSIDERACIONES FINALES

romper-cadenas-21-300x205La solución elemental para abolir el Estado Corporativista fascista es la vía liberal: reducir progresivamente cargas fiscales hasta eliminarlas, con ello se disuelve la burocracia, todo subsidio, privilegio, controles y lógicamente toda posibilidad de financiamiento o rescate de corporaciones ineficientes. Lo contrario sería contraproducente, mantener el statu quo del fascismo económico o la vía marxista: amplificar la burocracia y la coacción en todos los aspectos, que es el sendero que desgraciadamente están tomando muchas naciones desorientadas por la ignorancia supina en ciencia económica.

En el capitalismo las empresas privadas que tengan que desaparecer tienen que quebrar, asumir ganancias pero también las pérdidas, así de sencillo, la realidad es que no existe interés colectivo o nacionalista alguno que justifique la semejante arbitrariedad de un rescate corporativo.

Una vez más está de parte de nosotros los libertarios ilustrar a la población en general, especialmente a los marxistas declarados y de closet y anarquistas confundidos sobre la naturaleza esencialmente antiliberal, anticapitalista, antimercado del fascismo.

El liberalismo como medio y el anarcocapitalismo como fin es la solución verdaderamente revolucionaria, la única vía sensata y posible para lograr la tan anhelada sociedad libre.

inglaterra

HIS MAGNIFICENT AND DIDACTIC ARTICLE IS ESPECIALLY DEDICATED to all that «progression», as the affiliates, voters and supporters of that ESCORIA called «PODEMOS» or, in a global way, to those who today call themselves, curiously, «ANTIFAS» who are dedicated to calling «FASCIST» anyone who does not infringe with their ideas, WITHOUT HAVING THE SMALLER IDEA OF WHAT IS THE FASCISM AND, THEREFORE, MUCH LESS THAN AS IT IS ITS ECONOMIC SYSTEM, VERY LIKE A CERTAIN, YOURSELF.

THE EXTREMES ARE TOUCHED.

INTRODUCCIÓN

Fascism as a political doctrine is widely known, however it is little known as an economic system. The undisputed father of fascism was Benito Mussolini, as head of state from the political perspective his speech was aimed at the creation of a Corporate State, understood as the monolithic union between population and government through caudillismo or nationalist populism, institutional violence and propaganda.

Since its creation, various governments (including Marxist) have adopted all or part of the fascist political doctrine in practice but always under constant denial in the face of the masses for their association with regimes such as Nazi Germany.

But from the economic point of view, fascism distances itself from its political concept as it seeks the consolidation of the Corporate State at the expense of a population forced to support it with fiscal burdens, which has been and continues to be very useful for politicians. The government and the population are no longer idealized romantically as a corporate unit but from the economic prism fascism is revealed in all its purity and splendor as the parasitism that is: the government as a parasite and the population as a guest.

 THE FASCIST ECONOMY

The fascist economy is characterized by being essentially antiliberal, therefore anti-market and anti-capitalist, in the words of Benito Mussolini «Fascism frontally rejects the doctrines of liberalism, both in the political and economic fields,» and Adolf Hitler himself. enemies of the capitalist economic system «that is, it is a planned economy, controlled or directed by a centralized organ of power: the state monopoly.

To say of Murray Rothbard: » Fascism and Nazism were the logical culmination in the internal affairs of the modern current towards extreme right-wing collectivism. It has become common among the defenders of freedoms to consider fascism and communism as fundamentally identical. But while both systems were undoubtedly collectivist, they differed greatly in their socio-economic content «, in effect, unlike a Marxist economy where all means of production are in the hands of the State or collective property, economic fascism allows the private ownership of means of production and market competition, although under the control or directive influence of the State; Entrepreneurship is subordinated to the interests of the collectivist project of nationalist unity of the public administration, where there may be some nationalizations or confiscations within sectors of the economy considered to be «strategic for the national interest» as well as the protectionism of companies equally considered » strategic » in the same sense.

The fascist regulation of the economy is obviously carried out as any intervention in the economy, through a framework of positive law, but especially aimed at structuring a legal framework capable of providing the necessary institutional conditions for the development of Corporate Wellbeing (in English Corporate Welfare).

CORPORATE WELFARE

This mechanism usually remains hidden from the masses, because within the propaganda and fascist populism is often spoken of the so-called Social Welfare (or State of Paternalistic Welfare) which is a set of subsidy programs or policies, which are obtained with money taken away by force through taxes under the pretext of sustaining a supposed collective interest or » helping » the population or a specific sector of it by keeping them in a state of expectation and begging, while the Corporate State develops behind the populist veil. The allegory that results is that of the sheep (the population) constantly chasing a carrot (subsidies) tied to a cane that holds the politician mounted on his back, so basically the so-called Social Welfare works.

The main objective of economic fascism is to implement a fiscal policy to benefit a network composed of bureaucracy and private business, through the process called lobbying (in English lobbying) which is a symbiosis that manifests itself in the following ways:

● Political members of the bureaucracy, owners or shareholders of private companies that use their influence to separate the competition from their path or be rescued from an imminent bankruptcy (they can also operate through nominees)

● Private entrepreneurs who use favoritism or political connections using the same means to pursue the same purposes of the previous point.

As I had told you, a legal mechanism of regulations, subsidies and selective concessions on sectors of the economy is essential to deploy economic fascism, which is why the elements of the intervention of the fascist State on the economy have been designed in a Corporate Welfare Scheme. . Below I will make a detailed explanation of the elements on which every libertarian should focus to abolish the fascist system at its roots.

1.- Regulation of competition

Also called anti-trust or antitrust laws, are those that according to the demagogic version claim to be developed for the purpose of protecting the consumer from monopolies, but that not by chance, end always to the detriment of both consumers and small businesses, because they transform the natural environment of contractual and civilized market cooperation into a troglodyte environment, where the survival of the fittest, that is to say, the one with the best political connections, is the one that always positions itself above other competitors through violence legal monopoly, thus forming coercive monopolies or oligopolies and distortions within the economy.

The anti-trust laws are based on a totally absurd logic and outside the functioning of the market: charging more than the competition would be abuse of a dominant position, charging less would be unfair competition and charging the same as competition would be collusion, so the only way to evade this situation is placing itself above the Law itself, in a few words, antitrust laws provide their own incentives to corrupt themselves.

 The anti-trust laws are not original of the economic fascism but if they are a complementary element for the realization of the corporate welfare, therefore repealing the anti-trust laws would be a fundamental step to dismantle the fascist state corporatism. The emergence and development of SMEs should not be hindered, for companies to position themselves in the market because of the merits in better satisfying their consumers, not because of belonging or contacts with political mafias.

  2.- Intellectual property

Intellectual property patents are a very special concession because with them a monopoly on ideas is being granted. Under the pretext of protecting or encouraging creativity or research, patents always achieve exactly the opposite, only encourage costly legal litigation on the one hand and increase the cost to investigate on the other, when reality shows that without patents anyway There would be incentives for research.

Ideas are disembodied goods that when they are made public are automatically universal domain, the human process of perception, apprehension and diffusion of ideas must not be controlled or impeded by force, physically persecuting all those who wish to undertake solutions using previous ideas. only the market is prevented, but in many cases also the freedom of expression.

Although patents are not specific to economic fascism if they are an instrument of relevance, they are no more than another form of State intervention on the economy that ends up creating protected monopolies under the same principle explained in the previous point, no company can by itself to violently prevent another from competing with him. If one wants to abolish fascist corporatism, it is necessary for the State to stop granting patents.

3.- Corporate subsidies

It is a sine qua non of fascist economic policy. It is the mechanism by means of which the entire scaffolding of corporate well-being is maintained where, through tax levying and selective subsidies to the private sector, profits are internalized and costs and losses are socialized.

From this economic policy arises the aphorism » socialism for the rich »: business executives government, figureheads and politicians who in many cases are shareholders or owners of large private companies resort to state coffers to save their assets from an eventual insolvency .

Of all the subsidies, the corporative ones are characterized as being one of the most excessive and wasteful, they are colossal amounts of money stolen through taxes to the working citizen destined to finance large companies in an extremely anti competitive way, with the excuse of protecting a supposed general or national well-being, one of the biggest populist lies ever invented.

Usually politicians say that they are subsidies destined to finance independent producers and SMEs when in reality they rescue the most influential corporations, for example, the fascist government of the United States allocates from 40 to 50 billion dollars a year of its budget for supposedly » incentivize » the small and medium enterprises when in fact they are about benefits for the big shots of the industry.

This protectionism whose origin is mercantilist, of concentrated profits and diffuse losses is especially harmful because it perpetuates a vicious circle of inefficiency and deep market distortions of great social impact, are companies that in a free market are destined to be absorbed or broken to make way to a competition that offers better quality goods or more efficient services achieving a sustained and healthy development rhythm in the economy.

4.- Central banking

It is a fundamental tool of the fascist economy, through the central bank you get an unlimited power to carry out central planning, from where the cycles of expansion and contraction of the economy are orchestrated and interest rates are set by decree. When the central bank buys bonds supplies new money and not earned for the bond seller, the central bankers do absolutely nothing to earn the money, they simply create it from nothing, this is what is known as FIAT money printing, ie money without any real value backing in precious metals or their intrinsic value but simply by trust in a state decree and a promise of payment, is a scam on a large scale, this mechanism is known as inflation.

The first recipients of fresh money from the printing press, the government and large banking corporations are those who benefit directly from the purchasing power recently acquired while ordinary savers suffer the evaporation of their purchasing power with the old money.

Central banks artificially set interest rates well below what would be the normal market price to provide cheap and almost gifted financing to the public administration, encouraging the waste and growth of the State in activities that had not taken place at low prices. Or normal or market interest rates, therefore it is necessary to abolish the central bank to end this perverse mechanism of monetary fascism.

FINAL CONSIDERATIONS

The elemental solution to abolish the fascist corporatist state is the liberal way: progressively reduce tax burdens until they are eliminated, thereby dissolving the bureaucracy, all subsidies, privileges, controls and logically any possibility of financing or rescue of inefficient corporations. The opposite would be counterproductive, maintain the status quo of economic fascism or the Marxist way: amplify bureaucracy and coercion in all aspects, which is the path that unfortunately are taking many nations disoriented by supine ignorance in economic science.

In capitalism private companies that have to disappear have to break, take profits but also losses, that simple, the reality is that there is no collective or nationalist interest that justifies the similar arbitrariness of a corporate bailout.

Once again, libertarians are there to illustrate the population in general, especially the declared Marxists and closet and anarchists confused about the essentially antiliberal, anti-capitalist, anti-market nature of fascism.

Liberalism as a means and anarcho-capitalism as an end is the truly revolutionary solution, the only sensible and possible way to achieve the long-awaited free society.

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Erradicar la pobreza, no demoler la riqueza / Eradicate poverty, do not demolish wealth

LIBERALISMO47

“Same old story, that’s a fact. One step up and two steps back”

Bruce Springsteen.

En el tiempo en el que usted termine de leer este artículo, si llega al final, unas seiscientas personas de todo el mundo habrán salido de la pobreza.

En 1990, el 35% de la población mundial vivía en la pobreza extrema. Hoy no llegan al 10,7% según el Banco Mundial.

En 1987, en China había 660 millones de pobres. Tras la apertura económica, esa cifra ha caído hasta solo 25 millones. En Indiala cifra de pobres desde ese año se ha reducido en más de cien millones de personas.

140 millones de personas se incorporan a la clase media cada año

Sin embargo, estamos viviendo la época en la que se ignoran estas magníficas noticias para centrarse en mensajes intervencionistas sobre la riqueza. Usted leerá que “el 1% del mundo controla el 87% de la riqueza” y cosas como “si las diez personas más ricas del mundo entregaran su riqueza no habría pobreza”.

Los 635 millones de chinos que han abandonado la pobreza en los últimos treinta años disienten. Están encantados de que China sea el país donde más millonarios se crean cada año y donde más crece la clase media, y gracias a esa prosperidad se da una “desigualdad creciente” que no solo no es negativa sino que es positiva. Millones de pobres que dejan de serlo, millones de pobres que pasan a la clase media y unos cuantos que, gracias al progreso, son millonarios.

En vez de fijarnos en los modelos de éxito que han llevado a la caída sin precedentes de la pobreza, los intervencionistas se preocupan. Si se acaba la pobreza, se acaba su trabajo. Al contrario de lo que le dicen los defensores de la represión, el capitalismo está encantado con la caída de la pobreza y la mejora de la clase media. Significa más y mejores consumidores, mejores productos, más sostenibles y mayor desarrollo… y con ello, más beneficios y mejores servicios públicos. Los que sufren ante la caída de la pobreza son los redistribuidores de la nada.

Es una ridiculez de tal calibre pensar que confiscando la riqueza de los ricos se acabaría la pobreza que parece increíble que en 2017 haya que recordar el desastre y aumento exponencial de la pobreza que supuso la idea mágica del expolio al exitoso desde la época de los assignats tras la Revolución Francesa hasta los ejemplos recientes de Argentina, Zimbabue, Venezuela, etc. La lista es interminable.

El expolio a la riqueza solo ha generado pobreza y peores condiciones para todos. Además, es una mentira. Expropie la riqueza de los ciudadanos más ricos y con ello, además de destruir el empleo de miles de personas, no solo no saca a los pobres de su miseria, sino que ¿qué ocurre al año siguiente? Ya no hay ricos que expoliar. Los pobres aumentan y la miseria se multiplica ante la evidencia de que, si penalizas el éxito, repartes el fracaso.

Todos los meses de enero coinciden dos eventos, Davos y el informe de Oxfam. Muchos de ustedes pensarán que son dos eventos diferentes e incluso antagónicos, y sin embargo tienen un tronco común. La glorificación del intervencionismo como solución a los problemas creados por… el intervencionismo.

No es una casualidad. La transferencia de riqueza de los ahorradores y exitosos hacia los gobiernos es un buen negocio. Porque cuando falla siempre se achaca a que no se intervino suficiente. Y es curioso, porque la evidencia del desastre económico que supone poner como objetivo único y central de la política la redistribución y la igualdad es evidente. Porque son consecuencias de la prosperidad, el crecimiento y el empleo.

Los objetivos no pueden centrarse en las segundas derivadas, porque desde la intervención solo se consigue que no quede nada que distribuir. La desigualdad no es lo mismo que la injusticia, como bien explica el Nobel Angus Deaton, y no nos sorprende que los intervencionistas se empeñen en situar como problema la desigualdad, cuando es de un 40% (es decir, un nivel de igualdad muy alto) en vez de la pobreza y cómo acelerar el crecimiento de la clase media, la principal pagafantas -vía impuestos- de los excesos estatales.

No es una casualidad que las sociedades con mayor libertad económica tengan también rentas más altas y Estados de bienestar más sólidos. Y eso lo saben hasta los que predican llevar a cabo lo contrario. Pero es que para e burócrata el objetivo es mantener el aparato, no hacerlo innecesario.

El capitalismo y el libre comercio han hecho más por la reducción de la pobreza que todos los comités gubernamentales juntos.

El debate de la pobreza y la desigualdad se ha convertido en una excusa para intervenir, no en cómo seguir mejorando. No quieren que los pobres sean menos pobres, solo que la clase media y alta sean menos ricos

El intervencionismo asume que la desigualdad es un efecto perverso, no una consecuencia de la prosperidad. Y la desigualdad es positiva. Si mis compañeros de trabajo tienen más éxito que yo es un incentivo para hacerlo mejor. Solo cuando hay una desigualdad por éxito progresan las sociedades, y se garantiza un Estado de bienestar sostenible. No hay mayor desigualdad que el igualitarismo, que elimina el mérito y el incentivo a mejorar. Y el igualitarismo no solo no reduce la pobreza, la aumenta. Pero, eso sí, como aplaudía Oxfam sobre Venezuela hace ocho años, “se reduce la desigualdad”. Haciendo a todos pobres, menos a los redistribuidores. Esos se forran.

inglaterra

“Same old story, that’s a fact. One step up and two steps back”

Bruce Springsteen.

By the time you finish reading this article, if it reaches the end, some six hundred people from all over the world will have come out of poverty.

In 1990, 35% of the world population lived in extreme poverty. Today they do not reach 10.7% according to the World Bank (SEGÚN EL BANCO MUNDIAL pdf)

In 1987, there were 660 million poor people in China. After the economic opening, that figure has fallen to only 25 million. In India, the number of poor since that year has been reduced by more than one hundred million people.

140 million people join the middle class every year.

However, we are living in a time when this magnificent news is ignored to focus on interventionist messages about wealth. You will read that «1% of the world controls 87% of wealth» and things like «if the ten richest people in the world gave their wealth there would be no poverty».

The 635 million Chinese who have left poverty in the last thirty years disagree. They are delighted that China is the country where most millionaires are created each year and where the middle class grows the most, and thanks to that prosperity there is a «growing inequality» that is not only negative but positive. Millions of poor people who stop being poor, millions of poor people who move to the middle class and a few who, thanks to progress, are millionaires.

Instead of looking at the models of success that have led to the unprecedented fall of poverty, the interventionists worry. If poverty ends, your work is finished. Contrary to what the defenders of repression say, capitalism is delighted with the fall of poverty and the improvement of the middle class. It means more and better consumers, better products, more sustainable and more development … and with it, more benefits and better public services. Those who suffer from the fall of poverty are the redistributors of nothingness.

It is a ridiculousness of such caliber to think that confiscating the wealth of the rich would end poverty that it seems incredible that in 2017 we must remember the disaster and exponential increase in poverty that brought the magical idea of ​​plundering to the successful since the time of the assignats after the French Revolution until the recent examples of Argentina, Zimbabwe, Venezuela, etc. The list is endless.

The plundering of wealth has only generated poverty and worse conditions for all. Besides, it’s a lie. Expropriate the wealth of the richest citizens and with this, in addition to destroying the employment of thousands of people, not only does it not remove the poor from their misery, but what happens next year? There are no more rich people to plunder. The poor increase and misery multiplies before the evidence that, if you penalize success, you share failure.

Every January there are two events, Davos and the Oxfam report. Many of you will think that they are two different and even antagonistic events, and yet they have a common trunk. The glorification of interventionism as a solution to the problems created by … interventionism.

It is not a coincidence. The transfer of wealth from savers and successful to governments is a good business. Because when it fails it is always blamed on not enough intervention. And it is curious, because the evidence of the economic disaster that supposes to put as a single and central objective of the policy the redistribution and the equality is evident. Because they are consequences of prosperity, growth and employment.

The objectives can not be focused on the second derivatives, because from the intervention only is achieved that there is nothing left to distribute. Inequality is not the same as injustice, as the Nobel Angus Deaton explains well, and it is not surprising that interventionists insist on placing inequality as a problem, when it is 40% (that is, a very high level of equality) instead of poverty and how to accelerate the growth of the middle class, the main payfantas – via taxes – of the state excesses.

It is not a coincidence that societies with greater economic freedom also have higher incomes and stronger welfare states. And even those who preach to carry out the opposite know this. But it is that for the bureaucrat the objective is to maintain the apparatus, not to make it unnecessary.

Capitalism and free trade have done more to reduce poverty than all government committees combined.

The debate about poverty and inequality has become an excuse to intervene, not how to keep improving. They do not want the poor to be less poor, just that the middle and upper classes are less rich.

Interventionism assumes that inequality is a perverse effect, not a consequence of prosperity. And the inequality is positive. If my co-workers are more successful than me it is an incentive to do better. Only when there is an inequality for success do societies progress, and a sustainable welfare state is guaranteed. There is no greater inequality than egalitarianism, which eliminates merit and the incentive to improve. And egalitarianism not only does not reduce poverty, it increases it. But, yes, as Oxfam applauded Venezuela eight years ago, «inequality is reduced». Making everyone poor, less redistributors. Those are lined.

Por/by Daniel Lacalle

LIBERALISMO36

La propiedad privada es la esencia de la libertad / Private Property Is the Essence of Liberty

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La privacidad es la esencia de la libertad. Sin ella, no pueden existir los derechos individuales.

Por / By Ron Paul para MisesInstitute

[Extraído de A Foreign Policy of Freedom]

6512La privacidad es la esencia de la libertad. Sin ella, no pueden existir los derechos individuales. Privacidad y propiedad están entrelazadas. Si se protegieran ambas, poco habría que decir acerca de otras libertades civiles. Si la casa, iglesia o negocio propios son nuestro castillo y la privacidad de una persona, de sus papeles y efectos, está rígidamente protegida, todos los derechos deseados en una sociedad libre estarán garantizados. Proteger diligentemente el derecho a la privacidad y la propiedad garantiza la experiencia religiosa, periodística y política, así como una economía de libre mercado y una moneda fuerte. Una vez aparece una actitud descuidada con respecto a la privacidad, todos los demás derechos están en peligro.

Hoy vemos un ataque sistemático y persistente a la privacidad de los ciudadanos estadounidenses, que socava el principio de propiedad privada. Comprender por qué el ataque a la privacidad se está extendiendo rápidamente y reconocer la necesidad de invertir esta tendencia son algo necesario si ha de sobrevivir nuestra República.

La falta de respeto por la privacidad y la propiedad de los colonos americanos por parte del trono británico fue una poderosa motivación para la Revolución Americana y generó la Cuarta Enmienda, clara y de palabras fuertes. Se destaca que las pesquisas y apropiaciones están prohibidas salvo cuando se emita orden judicial por causa probable corroborada por juramento o protesta, dando detalles como el lugar, persona y cosas a embargar. Esto está muy lejos de la apropiación rutinaria del gobierno federal y la expropiación de propiedad que se producen hoy. Nuestros papeles ya no se consideran personales y se ha eliminado su confidencialidad. La propiedad privada es investigada por agentes federales sin anuncio previo. Se imponen enormes multas cuando parecen haberse violado regulaciones federales y se reclama probar la inocencia si alguien decide luchar contra el abuso en tribunales y evitar las duras multas.

Ochenta mil burócratas federales y policías armados patrullan hoy nuestro territorio y establecimientos comerciales. Se monitoriza a grupos religiosos sospechosos y a veces se destruyen su el proceso legal oportuno, con poca o ninguna evidencia de mala actuación. La jurisdicción local y estatal raramente se reconoce una vez que aparecen los federales. Hoy es habitual que el gobierno expropie propiedad ilegalmente, obligando a las víctimas a probar su inocencia para recuperarla. Fracasan muchas veces debido a los costes y los obstáculos legales que se ponen en el camino de la víctima.

A pesar de que los votantes de la década de 1990 han reclamado un cambio de dirección y un gobierno más pequeño y menos intrusivo, se ha acelerado el ataque a la privacidad del Congreso, la administración y los tribunales. Se han planteado o implantado planes para una tarjeta nacional de identidad, un banco nacional de datos médicos, un banco de datos sobre médicos individuales, padres irresponsables, programas intrusivos monitorizando todas nuestras transacciones financieras.

El número de la Seguridad Social se ha establecido como identificador universal. Ahora el número de la Seguridad Social se usa comúnmente para casi todo: obtener un certificado de nacimiento, comprar un coche, ver a un médico, conseguir un empleo, abrir una cuenta corriente, conseguir una licencia para conducir, hacer cualquier compra rutinaria y, por supuesto, un certificado de defunción. La vigilancia del gobierno de la cuna a la tumba está aquí haciéndose cada día más omnipresente. El ataque a la privacidad no es una coincidencia ni un acontecimiento que aparece por ninguna razón explicable. Es el resultado de una filosofía que lo justifica y lo requiere. Un gobierno no dedicado a conservar la libertad debe, por su propia naturaleza, permitir que se erosione este preciado derecho. Un sistema político diseñado, como estaba el nuestro, para proteger la vida, la libertad y la propiedad, protegería con vigor todos los derechos ciudadanos a la privacidad; esto no puede pasar salvo que la propiedad y frutos del trabajo propio de todo ciudadano estén protegidos frente a la confiscación por matones en la calle, así como en nuestros cuerpos legislativos.

Los promotores de la intrusión del gobierno en nuestra privacidad normalmente usan clichés desgastados para defender lo que hacen. El argumento más común es que si no tienes nada que ocultar, ¿por qué te preocupas? Es ridículo. No tenemos nada que ocultar en nuestras casas o nuestros dormitorios, pero esa no es una razón para que deba permitirse al Gran Hermano monitorizarnos con una cámara de vigilancia.

Lo mismo puede argumentarse acerca de nuestras iglesias, nuestros negocios o cualquier acción pacífica que podamos realizar. Nuestras actividades personales no son asunto de nadie más. No tenemos nada que esconder, pero si no tenemos cuidado, tenemos mucho que perder: nuestro derecho a que nos dejen en paz. Otros argumentan que al hacer funcionar programas públicos eficientemente y sin fraude, se logra un mejor control con un identificador universal, el número de Seguridad Social. Puede que la eficiencia y la protección mejoren con el uso de un identificador universal, pero esto contradice toda idea del papel apropiado del gobierno en una sociedad libre. La mayoría de los programas federales son inconstitucionales, para empezar, así que eliminar el despilfarro y el fraude y promover la eficiencia para un programa que requiere la violación de los derechos de otro no debería ser una gran prioridad del Congreso. Pero la tentación es demasiado grande, incluso para los que cuestionan la sensatez de los programas públicos, y se hace aceptable un compromiso sobre la Cuarta Enmienda.

Nunca he oído una propuesta para promover una tarjeta nacional de identificación o algo parecido ofreciendo una razón que no sea un buen propósito. Esencialmente todos los que votan para permitir la erosión continua de nuestra privacidad y otros derechos constitucionales nunca lo hacen porque apoyen conscientemente un gobierno tiránico: siempre se hace con buena intención.

Traducido del inglés por Mariano Bas Uribe.

inglaterra

This selection is taken from chapter 10 of A Foreign Policy of Freedom by Ron Paul, available in both print and ebook editions at the Mises Store.

Privacy is the essence of liberty. Without it, individual rights cannot exist. Privacy and property are interlocked. If both were protected, little would need to be said about other civil liberties. If one’s home, church or business is one’s castle, and the privacy of one’s person, papers and effects are rigidly protected, all rights desired in a free society will be guaranteed. Diligently protecting the right to privacy and property guarantees religious, journalistic and political experience, as well as a free market economy and sound money. Once a careless attitude emerges with respect to privacy, all other rights are jeopardized.

Today we find a systematic and pervasive attack on the privacy of American citizens, which undermines the principle of private property ownership. Understanding why the attack on privacy is rapidly expanding and recognizing a need to reverse this trend are necessary if our Republic is to survive.

Lack of respect for the privacy and property of the American colonists by the British throne was a powerful motivation for the American Revolution and resulted in the strongly-worded and crystal-clear Fourth Amendment. Emphatically, searches and seizures are prohibited except when warrants are issued upon probable cause supported by oath or affirmation, with details given as to place, person and things to be seized. This is a far cry from the routine seizure by the federal government and forfeiture of property which occurs today. Our papers are no longer considered personal and their confidentiality has been eliminated. Private property is searched by federal agents without announcement. Huge fines are levied when federal regulations appear to have been violated, and proof of innocence is demanded if one chooses to fight the abuse in court and avoid the heavy fines.

Eighty thousand armed federal bureaucrats and law enforcement officers now patrol our land and business establishments. Suspicious religious groups are monitored and sometimes destroyed without due process of law, with little or no evidence of wrong doing. Local and state jurisdiction is rarely recognized once the feds move in. Today, it is routine for government to illegally seize property, requiring the victims to prove their innocence in order to retrieve their property. Many times they fail due to the expense and legal roadblocks placed in the victim’s way.

Although the voters in the 1990s have cried out for a change in direction and demanded a smaller, less-intrusive government, the attack on privacy by the Congress, the administration, and the courts has, nevertheless, accelerated. Plans have now been laid or implemented for a national I.D. card, a national medical data bank, a data bank on individual MDs, deadbeat dads, intrusive programs monitoring our every financial transaction.

The Social Security number has been established as the universal identifier. The Social Security number is now commonly used for just about everything: getting a birth certificate, buying a car, seeing an MD, getting a job, opening up a bank account, getting a driver’s license, making many routine purchases, and, of course, a death certificate. Cradle-to-the-grave government surveillance is here and daily getting more pervasive. The attack on privacy is not a coincidence or an event that arises for no explainable reason. It results from a philosophy that justifies it and requires it. A government not dedicated to preserving liberty must, by its very nature, allow this precious right to erode. A political system designed as ours was to protect life, liberty, and property would vigorously protect all citizens’ rights to privacy; this cannot occur unless the property and the fruits of one’s labor, of every citizen, is protected from confiscation by thugs in the street as well as those in our legislative bodies.

The promoters of government intrusion into our privacy characteristically use worn out clichés to defend what they do. The most common argument is that if you have nothing to hide, why worry about it? This is ludicrous. We have nothing to hide in our homes or our bedrooms, but that is no reason why Big Brother should be permitted to monitor us with a surveillance camera.

The same can be argued about our churches, our businesses, or any peaceful action we may pursue. Our personal activities are no one else’s business. We may have nothing to hide, but, if we are not careful, we have plenty to lose — our right to be left alone. Others argue that to operate government programs efficiently and without fraud, close monitoring is best achieved with a universal identifier, the Social Security number. Efficiency and protection from fraud may well be enhanced with the use of a universal identifier, but this contradicts the whole notion of the proper role for government in a free society. Most of the federal programs are unconstitutional to begin with, so eliminating waste and fraud and promoting efficiency for a program that requires a violation of someone else’s rights should not be a high priority of the Congress. But the temptation is too great, even for those who question the wisdom of the government programs, and compromise of the Fourth Amendment becomes acceptable.

I have never heard of a proposal to promote the national I.D. card, or anything short of this for any reasons other than a good purpose. Essentially all those who vote to allow the continual erosion of our privacy and other Constitutional rights never do it because they consciously support a tyrannical government; it is always done with good intention.

#PodemosBasura: 15 M: el triunfo sobre el individuo.

#PodemosChusma

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ASÍ SE COCINÓ AQUEL MOVIMIENTO

Samuel Vázquez / El Club de los Viernes

Lo único auténtico del 15M fue la indignación de mucha gente sencilla. Pero estaba gestionado por una élite con otras intenciones. Ésta es la verdadera historia de aquel artificio exitoso.

 

Si buscan ustedes en Youtube el video “Los primeros 40 de Sol” podrán ser testigos de cómo empezó todo. El chico que coge el megáfono se llama Miguel Arana, y será el primer portavoz del Movimiento, el primer indignado.

En esos días se presenta como estudiante, pero no es verdad, en realidad ya es profesor de Física Teórica en la Universidad Autónoma de Madrid, y está desarrollando una herramienta de software destinada a gestionar la inteligencia colectiva de manera masiva.

Una herramienta que presentará al año siguiente bajo el nombre de Incoma, y que perfeccionará más tarde con Labodemo, el laboratorio democrático que postula el Open Goverment  financiado por el multimillonario de izquierdas Soros a nivel mundial (el mismo que financió las primaveras árabes).

Con Carmena

A día de hoy, Miguel pone en práctica todos sus conocimientos ocupando el puesto de Director de Participación del Ayuntamiento de Madrid que gobierna Podemos. Se trata de pasar de una democracia representativa como la actual donde los ciudadanos pintan poco, a una virtual colectiva donde los ciudadanos no pinten nada.

Así, en dicho ayuntamiento ya se están aprobando leyes y proyectos millonarios con apenas 8000 votos telemáticos… en una ciudad de casi 4 millones de habitantes.

‘Inteligencia’ colectiva

 Miguel dará un paso atrás pronto, apenas el 15M se convierte en un fenómeno mundial se esconderá en la Comisión de Legal, a pesar de no haber leído un libro de leyes en su vida.

De repente aparecerá como nuevo portavoz y al mando de la Comisión de Comunicación (la más importante) un tal Tomasz Szabelewski, un Business Consultatnt que trabajaba para la Fundación Everis presidida por Eduardo Serra(Secretario de Estado con el PSOE, Ministro con el PP) e integrada por 100 empresarios de prestigio -la mayoría habituales del capitalismo de amiguetes tan propio de la socialdemocracia-, tales como: Benjumea (Abengoa), Falcones (FCC), Alierta (telefónica), etc. Todo muy antisistema ¿no?

Para ampliar los mensajes que surgían de Sol, algo fundamental para el éxito del Movimiento, el Presidente de Jazztel, Martín Varsavsky, instaló de manera ¿desinteresada? varias foneras en la emblemática plaza.

Y el periodista que más ha investigado sobre el movimiento, Daniel Stulin, descubrió que Vlad Teichberg -que luego sería el promotor del Occupy Wall Street, y que había estado también en las revueltas árabes que inspiraron el 15M-, permaneció durante toda la acampada en un palacete de la Calle del Pez de Madrid, donde tenía más de medio millón de dólares en equipos informáticos, y desde donde controlaba todo lo que trascendía desde Sol al exterior.

Teichberg, es un exbroker de Wall Street, además de un genio informático y matemático que asesora a empresas como JP Morgan para que se forren en la Bolsa.

Disidencia controlada

Existen dos formas de enfrentarse a la vida desde una perspectiva política: el colectivismo (socialismo, fascismo y comunismo) y el individualismo (liberalismo).

El 15M no es más que un exponente del primero. A través de la inteligencia colectiva y la disidencia controlada un grupo reducido de personas lidera a toda una masa que, desconcertada y confundida por no controlar más que una pequeña parte del proceso en el que se ven inmersos, decide acogerse a la seguridad que da el rebaño y seguir al pastor de turno que piensa y decide por todos.

Una vida desahogada

Entre las veinte personas más importantes del 15M no hay ni un solo joven sin futuro, ni un solo obrero maltratado por el sistema…. nada de eso. Todos sin excepción eran mentes privilegiadascon una o varias carreras universitarias y una vida desahogada.

Algunos formados en prestigiosas universidades privadas norteamericanas como UCLA o Harvard, donde estudió uno de los promotores de DRY (Democracia Real Ya) que convocó la manifestación del 15M: Enrique Dans, antiguo asesor de Núñez Feijoo en Galicia.

Las miles de personas que acudían a la plaza no sabían nada de esto, no sabían que formaban parte de un rebaño, y que en un rebaño nunca hay libertad de elección.

15m

Pensamiento único

Todo rebaño tiene un pastor… y un perro pastor para las ovejas descarriadas que en este caso lleva la forma de pensamiento único impuesto a través de los medios de comunicación.

La gente se acercaba a la plaza harta de la situación que estaba viviendo, con buenas intenciones… sin saber que estaban allí para que nada cambiara.

Es todo tan artificial que en el momento de la protesta España llevaba siete años gobernada por el PSOE, con Zapatero al frente. Y el heredero natural de esa protesta, el que más beneficiado salió de aquella ola de indignación, Pablo Iglesias, dijo del mismo Zapatero que era un referente progresista mundial… y el mejor presidente de la democracia.

 ¿Protestaban contra el mejor presidente de la democracia?

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