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Las cuatro mentiras de Podemos (y los tres “cretinos” del Gobierno)

En plena tormenta política entre Podemos y el PSOE por el ‘solo sí es sí’, el círculo de hierro de Irene Montero -su íntima amiga y secretaria de Estado, la ínclita Pam- no duda en mentir para seguir aferrado a su bien remunerado cargo. Y, mientras, nos encaminamos a los 400 abusadores beneficiados por su engendro legal

Irene Montero e Isa Serra en su visita a la Casa Blanca; Washington

Dimitir es un nombre ruso. También para Podemos. Las mujeres del Ministerio de Igualdad, con Irene Montero a la cabeza y fielmente secundada por su secretaria de Estado, Ángela Rodríguez Pam la que bromeaba a cuenta de la liberación “en masa” de abusadores sexuales y violadores y ya vamos camino de los cuatrocientos– están dispuestas a mentir cien veces.

 Pedro Sánchez, Irene Montero y Ione Belarra, en una imagen de archivo. EUROPA PRESS

Todo con tal de no dimitir y permanecer en sus poltronas tan bien remuneradas –más de 100.000 euros en el caso de Pam– y para no reconocer que su ley fue una chapuza que ha provocado –y provocará- cientos de rebaja de penas y la libertad de varias decenas de condenados por abusos sexuales.

En plena crisis con su socio de (des) Gobierno, tras anunciar el PSOE por fin que va a modificar una ley que el presidente Sánchez defendió y todo el Grupo Socialista votó y aprobó sin rechistar –obligado porque las encuestas han activado todas las alarmas a solo unos meses de las elecciones autonómicas y municipales cuando, según el plan de Moncloa, se debería estar hablando del alza del SMI y la subida de las pensiones-, desde el Ministerio de Igualdad se miente sin recato para intentar salvar la cara a Irene Montero.

Desde la izquierda a la derecha, nadie daba crédito al nuevo mantra del Ministerio de Irene Montero para intentar enrocarse y negar la realidad de una ley nefanda parida en su departamento. “Ni un grupo parlamentario, ni un solo informe de los órganos consultivos, ni un solo Ministerio, ni un solo medio de comunicación adivinó que esta era una posibilidad”, aseguraba ayer desde su cuenta de secretaria de Estado la ínclita Pam sobre los cientos de revisiones de condenas que su ley ha provocado.

Cuatro mentiras, cuatro, en un solo tuit oficial. Cuatro mentiras, cuatro, tan fácilmente desmontables que causan sonrojo y que se deberían añadir a los ‘méritos’ de Pam para que no estuviera ni un minuto más en su puesto. Vayamos por partes.

Primera mentira

“Ni un grupo parlamentario” adivinó que se producirían rebajas de condenas con su ley. Primera mentira tan burda que se desbarata acudiendo a la propia hemeroteca del Congreso.

El 22 de mayo de 2022, la diputada del PP por La Coruña y portavoz adjunta de ese Grupo en la Cámara pedía desde la tribuna “eliminar prácticamente entera la exposición de motivos” de la ley porque “parece una soflama del programa electoral de Unidas Podemos que puede suponer, como lo saben ustedes, paradójicamente, que lo que antes eran agresiones sexuales que conllevaban una pena  grave ahora vean rebajado su castigo”. Literalmente.

Martes 27 de septiembre de 2022. Ruth Goñi, senadora de Navarra Suma, advertía directamente a la propia Pam de la posibilidad de que, acogiéndose a la nueva normativa impulsada por el equipo de Irene Montero, los condenados por agresión y abuso sexual puedan solicitar la rebaja de sus penas tal y como ahora se está comprobando. «Esta ley no supone más protección efectiva para las mujeres y sí supone una rebaja de las penas para los agresores sexuales», avisa. La ínclita Pam hizo oídos sordos. Primera gran mentira.

Segunda mentira

“Ni un solo informe de los órganos consultivos” insiste Pam. El 19 de noviembre, Vozpópuli publica que el Gobierno sacaba adelante la polémica ley del ‘sí es sí’ sin estudiar el borrador que el principal órgano asesor del Ministerio de Justicia elaboró durante meses de cara a una posible reforma de los delitos sexuales. Una treintena de juristas de reconocido prestigio trabajaron en el marco de la Comisión General de Codificación para plasmar su criterio sobre este asunto. Pese a los meses de trabajo y a que se llegaron a elaborar varios borradores, finalmente el Ejecutivo desoyó su propuesta.

5 de febrero de 2021. Hace casi dos años, el CGPJ en su informe sobre la ley del «solo sí es sí», cuestiona varios de los ejes del proyecto, desde la definición del consentimiento de la víctima, a que “se considere agresión sexual lo que ahora es un abuso”. El informe lo redactan tres vocales y avisan: eliminar el delito de abuso sexual puede perjudicar a la víctima, al no castigar con mayor pena a quienes cometan actos más graves. Pam miente por segunda vez.

Tercera mentira

“Ni un solo Ministerio” insiste Pam como tercera mentira. Lo dice cuando este lunes la propia Carmen Calvo, en abierta discusión en la SER con el entonces vicepresidente del Gobierno y hoy tertuliano, profesor y pareja de la ministra Irene Montero, Pablo Iglesias, asegura vehementemente que ella, entonces vicepresidenta, y el por aquellos días ministro de Justicia Juan Carlos Campo hicieron “objeciones clarísimas” a la ley de Igualdad. “Se respetó a la ministra cuando dijo ‘Mi ley es ésta’.  

Calvo respondía a la retórica de Iglesias, que aseguraba ufano que ninguno de los tres magistrados presentes en el Gobierno habían planteado objeciones y “ninguno de esos tres magistrados es cretino ni Pedro Sánchez, que defendió la ley, es cretino”. Calvo saltó en defensa de su exjefe y sus excompañeros para desmentir a Iglesias. No seré yo quien desmienta lo del cretinismo.

Cuarta mentira

“Ni un solo medio de comunicación adivinó que esta (la rebaja de penas) era una posibilidad”. Otro embuste de la secretaria de Estado de Montero. Se cae por su propio peso con todos los ejemplos en la hemeroteca.

Solo uno: el 7 de julio de 2021, la magistrada Victoria Rosell, delegada del Gobierno contra la Violencia de Género, tiene que salir en la agencia EFE a negar lo que era un clamor en los medios: que la aprobación de la ley de libertad sexual vaya a suponer una revisión de las condenas ya impuestas a los agresores sexuales. La primera mentira, entonces, de Rosell y la cuarta de Pam.

Y así, entre mentiras y cretinos, se cambia por fin la ley, nadie dimite en Igualdad, Sánchez y Bolaños pretenden salir limpios de cualquier responsabilidad en un engendro al que dieron todas las facilidades, defendieron y votaron con disciplina militar, y ya son casi cuatrocientas las víctimas que han visto a sus abusadores o violadores beneficiarse.

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Irene Montero o el arte de mentir

La defensa de las mujeres queda en un segundo plano porque lo que importa verdaderamente es la derrota electoral que anuncian los sondeos para el 28M

Por Félix Madero

Si hiciéramos un esfuerzo y pudiéramos volver a situarnos  una semana antes de que una moción de censura echara del gobierno a Mariano Rajoy; si tuviéramos esa posibilidad a nuestro alcance y ya hubiéramos asumido que el país caería en las manos de un tipo que, sin estrenarse, ya apuntaba las formas de la frivolidad y la mentira, si esa posibilidad estuviera disponible. Nadie en este país podría haber imaginado que el debate público naciera de dos jóvenes mujeres de mirada esquinada y verbo ácido cuando hablan de sus enemigos -ellas no tiene adversarios- o manifiestan estar siempre, o casi siempre, en posesión de la razón. Los que adolecen de esta patología de la personalidad participan de una singularidad: nunca reconocen que tienen semejante desviación.

Ni Irene Montero ni Ione Belarra son conscientes de que la arrogancia, ni siquiera la equivocación y el disparate de sus ideas elevadas a leyes, no es otra cosa que la síntesis perfecta de la soberbia. Y con soberbia se puede mandar, pero no es posible gobernar. Gobernar exige mesura, sosiego, equilibrio y preparación, porque cuando lo haces se debería pensar en todos los españoles y no solo en los que te han votado, lo que en sí mismo es la más contundente expresión del sectarismo aplicado a la política. No hay declaración en la que Montero no luzca esa soberbia. No hay plano en la televisión en el que Belarra no aparezca enfadada. Cabreada más bien.

Las señoras -¿podré llamarlas así sin que me califique de machista?- son dos hiatos que la lógica y la política más sutiles no pueden digerir

Para cualquier ciudadano medianamente informado, imaginar que hoy íbamos a estar enzarzados en debates bizantinos sobre una ley cuya enunciación -del sí es sí- ya produce bochorno, le resultaría increíble. Tampoco éramos capaces de adivinar la existencia de tantos tipos de familia como Belarra ha querido imaginar: Familia múltiple, LGTBI homomarental y homoparental, reconstituida, intercultural, transnacional o familias de personas solas, entre otras. Y menos podíamos conjeturar que, tantos años después, la titular de Asuntos Sociales colocara en el debate público argumentos que eran viejos cuando ella no había nacido: el capitalismo despiadado de algunos empresarios, Juan Roig, a la cabeza. Las señoras -¿podré llamarlas así sin que me califique de machista?- son dos hiatos que la lógica y la política más sutiles no pueden digerir. El trazo gordo y desabrido cada vez que hablan sólo envía un mensaje a quien las escucha: tú no tienes ni idea.

Con estos antecedentes es fácil imaginar a las dos ministras en sus trece, siempre en sus trece, y resultaría milagroso que en algún momento de sus cortas vidas políticas reconocieran algún error. Se equivocan siempre otros. En ellas no hay espacio para la hermenéutica y por eso no hay la más mínima posibilidad de debatir lo que hacen, porque siempre están en el uso de la razón. La verdad les importa poco, es la razón impuesta y cerrada.

Dejo ahí a Belarra, registrando los nombres de los capitalistas despiadados que están matando de hambre al pueblo. Ignoro si sabe que el dinero que ella recibe como salario es público, pero que antes fue privado. Si no lo sabe se lo recuerdo. Y es por esta razón por la que puede pensar que algo de ese dinero ha servido en algún momento para que ella haya estudiado y haya terminado, destrozando el cálculo de probabilidades, en un sillón en el Gabinete ministerial.

Irene Montero es la culpable, ella junto a esa otra señora que se ríe en público cuando habla del maltrato contra las mujeres, y a la que sus secuaces llaman Pan

Sus argumentos son débiles y, sin embargo, engatusan a una buena cantidad de gente que no atina a preguntarse dónde está el problema de lo que plantean en sus soflamas. Y no se lo preguntan porque, en el fondo, saben la respuesta: Irene Montero es la culpable, ella junto a esa otra señora que se ríe en público cuando habla del maltrato contra las mujeres, y a la que sus secuaces llaman Pam.

Ahora nos cuentan que el Gobierno quiere -ojo al verbo-, “perfeccionar” la ley del sí es sí. Pero sucede que así no podemos seguir. Que es un escándalo mayúsculo el goteo de abusadores y violadores que salen de la cárcel, mientras se observa cómo la inepcia de esta muchacha metida a ministra, lejos de corregir, se reafirma en el disparate. Esta semana llegaremos con seguridad a los 300 beneficiados. La culpa siempre es de otros y sobre todo de los jueces machistas, a los que hay que reeducar y formar en los valores que la ministra hace suyos pero que al menos la mitad de la población rechazamos.

Estamos, quizá, en la antesala de la ruptura de la coalición social comunista, algo que empiezan a necesitar uno y otro socio del Gobierno. Pero esta es cuestión menor si reparamos en lo sustancial, que no es otra cosa que Pedro Sánchez desea ¡ahora! la modificación de esta ley infame porque advierte el desgaste y sus efectos en las encuestas. Al final, la defensa de las mujeres queda en un segundo lugar, porque lo que importar verdaderamente es la derrota electoral que anuncian los sondeos para el 28M.

Montero, no va a dimitir, porque todo es cosa de una conspiración de jueces fachas. Si no lo ha hecho ya, perdamos toda esperanza. El Gobierno demediado de Sánchez no tiene capacidad para cesarla. ¿Y el Ministerio de Justicia, anda por ahí, dice algo, piensa algo la ministra o con la señora Llop no va esto? 

Qué tiene que ver el consentimiento con que una mujer haya tenido que irse de Zamora porque su maltratador no deja de enviarle mensajes desde la cárcel en los que le adelanta que le va a cortar el cuello

Irene Montero, cuya desfachatez es inconmensurable, sigue hablando de la importancia del consentimiento recogido en la ley, como si esa fuera la cuestión. No confunda a la gente, no la trate de idiota, porque eso es lo único decente del bodrio que ha engendrado. Qué tiene que ver el consentimiento con que una mujer haya tenido que irse de Zamora porque su maltratador, que se va a beneficiar de la ley del sí es si, no deja de enviarle mensajes desde la cárcel en los que le adelanta que le va a cortar el cuello cuando salga. Por qué no coge el teléfono la ministra y llama a esa señora y le explica lo del consentimiento a ver qué pasa.

La titular de Igualdad acaba de afirmar que todo responde a “una indecente ofensiva de la derecha mediática y judicial”. Habrá quien le compre la mercancía e incluso vuelva a votar. Siempre habrá gente incapaz de decidir entre las mentiras con algo de verdad y las verdades con algo de mentira. Nada se puede decir salvo compadecer al incauto y al que no quiere saber. A los demás nos toca esperar tiempos en que los ministerios no se regalen ni se rifen en España. Y ver cuanto queda para que empiece el circo de la ruptura entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, el mismo que sigue moviendo la cuna.