Etiqueta: ISLAMISMO
¿JUSTICIA EN EL ISLAM?
Terrorífico video en el que se muestra la justicia de la “religión de paz”. Sin desperdicio y no apto para sensibles (PINCHAR EN LA IMAGEN):
Y aun así, con pruebas, Y MAS PRUEBAS Y MAS PRUEBAS Y MAS PRUEBAS Y MAS PRUEBAS Y MAS……., aun así, seguirá habiendo «lerdo-progres» insistiendo en estupideces como «es que habría que verlo desde su punto de vista puesto que es otra civilización», «es que eso solo son los muy radicales», etc., etc., etc..
Pues no señor, no, EL ISLAM ES BARBARIE, ES CRIMINAL, ES ASESINO.
UN RESTAURANTE CAMBIA DE NOMBRE.
Les Quick halal changent de nom / Los Quick halal cambian de nombre:

ESTIMADA CIUDADANA COMPROMETIDA:
«Hemos decidido seleccionar un terrorista y colocarlo bajo la dependencia de la familia de usted»
Así escribe el Ministro de Defensa de Canadá a una pacifista: «El lunes le enviaremos un terrorista a su casa»
Una canadiense pacifista escribió a las autoridades de su país quejándose del trato que se da a los «insurgentes pre…sos» (terroristas) detenidos en Afganistán. Le contesta el ministro de Defensa en los siguientes términos:
Atentamente, Gordon O’Connor, ministro de Defensa.
¡¡¡¡ISLAM ASESINO!!!!

NIGERIA, CRISTIANOS MASACRADOS POR MUSULMANES, NACI-ONES UNIDAS CALLA! Y ACEPTA EL ISLAM COMO RELIGION DE LA PAZ PLORIFERANDO MEZQUITAS, CENTROS Y COMIDA HALAL POR DOQUIER,PERO EL EL PUEBLO
EUROPEO DICE NO AL ISLAM Y FUERA! SE LEVANTAN PARTIDOS ANTI ISLAM EN TODA EUROPA, DEBEN CRECER, DEBEMOS APOYARLOS Y VOTARLOS MASIVAMENTE.
El islam no debe ser considerado como una religión, puesto que todos sus credos van contra la libertad individual y colectiva, los derechos humanos y el sentido común.
Todo aquél que pide respeto y facilidades para la proliferación de esta ideología totalitaria, desvirtuando las leyes occidentales y manipulando el lenguaje para ofrecer una imagen falsa de la misma, debe ser acusado de alta traición y procesado.
En la civilización no hay sitio para el islam, este debe ser considerado como CRIMEN CONTRA LA HUMANIDAD, UN DELITO MUY GRAVE Y QUIENES LO APOYAN Y DIFUNDEN DEBEN SER TRATADOS COMO DELINCUENTES.
MATAR CRISTIANOS, UNO DE LOS OBJETIVOS DEL ISLAMISMO.
El islamismo es según muchos expertos una corriente ideológica del Islam, aunque para otros muchos expertos el islamismo no es más que el Islam en estado puro, sin cortapisas ni frenos.
El islamismo intenta implementar la religión fundada por Muhammad a nivel mundial a través de los úteros [crecimiento demográfico], de la violencia del Yihad, y del chantaje petrolero, tiene como uno de sus objetivos principales la limpieza religiosa en Dar al-Islam, la Casa –el mundo- del Islam.
Limpieza religiosa en Dar al-Islam
La limpieza religiosa del totalitarismo islámico se lleva a cabo forzando la conversión de cristianos al Islam, persecución y asesinato de cristianos, algunos de ellos muy relevantes y otras veces muchas veces cometiendo asesinatos indiscriminados en iglesias y lugares frecuentados por cristianos. El intento de destruir Israel también forma parte de la limpieza religiosa en un territorio que según los islamistas les pertenece por haber sido antaño invadido y ocupado por el Islam.
El ministro para las Minorías Religiosas, detractor de las leyes antiblasfemia, y único ministro cristiano del gobierno de Pakistán, Shahbaz Battí, fue asesinado el miércoles 2 de marzo de 2011 en Islamabad por un grupo de islamistas armados. El atentado se produjo casi dos meses después de que el gobernador de la provincia oriental de Punyab, el musulmán liberal Salman Tasir, fuera asesinado por su guardaespaldas islamista, también en Islamabad. [1]
El también reciente asesinato del sacerdote, según unos, copto, y según otros, católico,
Daoud Botrous el 22 de febrero en Assiut, en el alto Egipto, que fue apuñalado y posteriormente decapitado por islamistas mientras gritaban Alahú Akbar -Alá es el más grande-. [2]
El número dos de Al Qaeda, Ayman al-Zawahiri, ha lanzado un mensaje en el que incita a la violencia contra los cristianos y la Iglesia Copta. Zawahiri ha dicho que los coptos son uno de los principales problemas que han llevado a la situación que atraviesa el Egipto de hoy. [3] “Obviamente”, Israel es el otro principal problema, para los islamistas.
Abdirahman Hussein Roble fue asesinado por miembros de Al-Shabaab en Mogadiscio, la capital somalí, el 26 de enero de 2011, según International Christian Concern.
La organización islamista Al-Shabaad acusó al cristiano de “espionaje y de causar discordia religiosa entre los musulmanes”. Además su esposa e hijos han sido amenazados de muerte. Desde el año 2009, los islamistas han asesinado a veinticuatro cristianos en Somalia. [4]
International Christian Concern (ICC) ha informado que el 26 de febrero de 2011 una multitud musulmana asaltó e hirió a 17 estudiantes universitarios cristianos en un viaje misionero en el pueblo de Oma, Etiopía. [5]
Los estudiantes comenzaron a distribuir ejemplares de la Biblia y hablaron con los musulmanes, uno de los aldeanos discutió con ellos con ira, incitó a una turba para atacar a los estudiantes cristianos. Los musulmanes gritaban Alla hú Akbar (Alá es el más grande) mientras lanzaban piedras a los cristianos y los golpearon con varas.
Según el Censo Nacional del 2007 de Etiopía, los cristianos representan el 62,8% de la población del país y los musulmanes el 33,9%. La Constitución etiope garantiza la libertad de religión, pero la realidad es que los cristianos que viven en zonas de mayoría musulmana de Etiopía son atacados por los musulmanes.
«Estamos alarmados por el aumento de ataques contra cristianos en las zonas de mayoría musulmana de Etiopía. Instamos a las autoridades etíopes a que investiguen este último ataque y que prevengan ataques similares en el futuro” dijo el Director Regional de la ICC para África, Jonathan Racho.
Una larga serie de crímenes, ofensas, agresiones islamistas que no cabrían en este artículo, no son más que el epifenómeno del odio islamista contra la alteridad.
¿Qué motiva a los islamistas a asesinar cristianos?
Los islamistas aducen que los cristianos son la quintacolumna de Occidente en Dar al-Islam, y de la “decadencia del cristianismo”, pero ellos saben perfectamente que antes de nacer Muhammad y el Islam, existían cristianos en el mundo árabe, en el norte de África, y en Próximo Oriente, y que nunca los cristianos han pretendido recristianizar Turquía –antiguo Imperio Romano de Oriente, el Imperio Bizantino-, ni las zonas que antaño fueron cristianas.
También argumentan que Israel es la quintacolumna de Occidente, de la democracia y de los valores “decadentes del judaísmo”, aunque ellos saben perfectamente que el pueblo judío y el judaísmo nacieron en el Israel completo, mayor que la parte que es actualmente el estado judío, y que el judaísmo nació casi dos milenios y medio antes que Muhammad y el Islam aparecieran en la tierra.
El motivo real y principal que impele a los yihadistas a asesinar cotidianamente a cristianos en todos los frentes del Yihad es mostrar a sus correligionarios musulmanes que el islamismo tiene músculo, nervio, poder y potencia para imponerse, y que cualquier discrepancia –por parte del resto de los musulmanes- se pagará con la vida. También lo que les empuja a los islamistas a cometer sus crímenes es mostrar la debilidad de los cristianos de Occidente, a los que les achacan insolidaridad, por seguir una religión “equivocada” y que si los cristianos son incapaces de solidarizarse y defender a los cristianos en Dar al-Islam, aún serán menos capaces en defender a los musulmanes que discrepen del islamismo, y también es una advertencia para aquellos musulmanes “tibios” que viven en Occidente, que el largo brazo que empuña la Espada del Islam puede llegar a ellos muy fácilmente, y que se encontrarán sin defensa, en caso de rechazo, ya que el cristianismo es “insolidario, decrépito, decadente y débil”, como afirman los islamistas.
¿Hasta cuando asesinarán a cristianos, por el mero hecho de ser cristianos?
El régimen chiíta de los mulás, aun perteneciendo a la corriente minoritaria del Islam, es quien enarbola la bandera del islamismo con un proyecto mundial: el Imamato –Califato- a nivel terráqueo, y con una base firme: la República Islámica de Irán.
A pesar de pelearse, combatirse y asesinarse mutuamente los islamistas sunnitas y chiítas, tienen como objetivo final la implementación del Islam en todo el globo terráqueo.
La organización sunnita Al-Qaeda, como otras tantas en Pakistán, y el islamismo en Turquía, pretenden disputar el Yihad a los ayatolás.
El prestigio de los islamistas se apoya en la dictadura del totalitarismo islámico de Teherán y aquellos ven al régimen de los mulás como su aspiración máxima, a pesar de sus divergencias sectarias.
Si Occidente apoya a los iraníes que se manifiestan contra la dictadura de Alí Jamenei y Mahmmud Ahmadineyad, fortalece a los que discrepan de la tiranía islámica y se consigue la caída de la dictadura islámica de Irán, los islamistas –tanto chiítas como sunnitas- perderán todo el prestigio que tienen entre sus acólitos y paulatinamente los crímenes islámicos serán rechazados mayoritariamente por los árabes y por los musulmanes.
NOTAS
[1] Libertad Digital. Asesinan al único ministro cristiano de Pakistán por defender a Asia Bibi. Se oponía a la ley antiblasfemia
http://www.libertaddigital.com/mundo/islamistas-asesinan-al-unico-ministro-cristiano-de-pakistan-por-defender-a-asia-bibi-1276415895/
Boston.com Militants kill Christian minister in Pakistan
Persecution. International Christian Concern
Ecclesia Digital. Asesinado en Egipto el sacerdote copto ortodoxo Daoud Boutros
http://www.revistaecclesia.com/content/view/24009/63/
[3] http://www.nationalreview.com/corner/260691/egypt-s-copts-al-qaeda-s-sights-nina-shea
http://www.persecution.org/2011/03/03/egypt%E2%80%99s-christians-in-al-qaeda%E2%80%99s-sights/
[4] Entre Cristianos. En Somalia cristiano es asesinado por radicales islamistas http://www.entrecristianos.com/201102271662/En-somalia-cristiano-es-asesinado-por-radicales-islamistas
[5] http://www.persecution.org/2011/03/01/christian-students-attacked-by-muslim-mob-in-ethiopia/
Fuente y difusion: www.porisrael.org
ATENCIÓN MUJERES: NO VAYAN A EGIPTO.
En muchas ocasiones al staff y a algunos de los participantes de éste blog se nos ha tachado por parte de ”naziprogres”, islamistas radicales, “perroflautas”, etc, de ser xenófobos en relación a los moros, cuando en mi opinión lo único que hemos hecho es denunciar las atrocidades cometidas por los seguidores de ésta religión (afortunadamente no todos) en el nombre de la misma aportando datos y hechos objetivos.
A continuación daré una serie de datos NO elaborados por ninguno de nosotros, datos por los que de no citar la fuente seríamos nuevamente tachados de ser mentirosos, calumniadores y xenófobos. Unas estadísticas elaboradas NO por ninguna organización o persona SIONISTA u OCCIDENTAL, sino por el ECRW (Egyptian Centre for Women’s Rights) traducido al español como el Centro EGIPCIO de los derechos de la mujer! Los datos:

Posted por suso, by » PATRIA JUDIA»
EL TOTALITARISMO ISLÁMICO EN EL CORÁN.
¿Y esa consigna de no “demonizar” al Islam, como si los atentados del 11 de septiembre no hubieran sido realizados en su nombre? ¿No es Ben Laden y sus sahid quienes lo demonizan ofreciendo una imagen de salvajismo e inhumanidad? Arma suprema de los islamo-fundamentalistas, lo islámicamente correcto sitúa como postulado que el ‘verdadero Islam’ no puede ser más que ‘tolerante’ y ‘pacífico’ puesto que el Corán es un ‘texto de paz y amor’. Muhamad Alí, el boxeador Casius Clay, lo proclamó en el homenaje a las víctimas: “el Islam es la paz”. Esta especie de consigna rechaza cualquier análisis argumentado para desentrañar las raíces coránicas y teológicas del islamismo radical, del terrorismo suicida, como “intolerancia racista”. En vez de exorcizar el desviacionismo de los terroristas suicidas se sataniza la crítica. Los atentados se convierten en un acto de propaganda de ¡un Islam limpio de todo pecado! El fanatismo y el oscurantismo islámico justifican por tanto, en el nombre de Dios, la lapidación de las mujeres en Irán, Sudán o Mauritania, el exterminio de los cristianos en Indonesia, la degradación de las mujeres en Afganistán o la liquidación de los blasfemos y los católicos en Pakistán, muestras todas ellas de tolerancia, paz y amor, hasta el punto de que lo coherente sería pedir la aplicación de la sharia en nuestras naciones occidentales. ¿Por qué tanto silencio ante las flagrantes lesiones a los derechos humanos en las naciones islámicas “moderadas”? ¿Es una excepción cultural, una manifestación de una cultura distinta, satanizar el sexo, hasta lapidar a las adúlteras? ¿La no discriminación por razón de sexo es acaso una costumbre occidental? Afganistán, ese “régimen vomitivo” donde la mujer ha de morir sin recibir atención sanitaria, y ¿Arabia Saudí, donde tienen prohibido conducir? ¿Estaba entonces bien aquello de la mujer con la pata quebrada? El imán de Fuengirola publicó un libro recomendando los castigos corporales a la mujer, como, por otra parte, recomienda el Corán. ¿Dónde queda lo del terrorismo doméstico? ¿Alguien se imagina la justa indignación nacional si un párroco católico saliera por donde el imán de Fuengirola? Pues ese señor es quien selecciona a los profesores y profesoras, nunca los sexos juntos, de las clases de musulmán en los colegios de Málaga. La postmodernidad, el estructuralismo y los ‘políticamente correcto’ han acostumbrado a las gentes a esa doble moral, a ese relativismo ético, consecuencia directa del cultural. Al margen de tanto tópico, las razones de la violencia tienen raíces muy profundas en El Corán. Es un texto asequible, de fácil estudio, ¿por qué mantener que el Islam es la paz cuando una de cada dos azoras chorrea sangre?.
Mahoma fue al tiempo un líder espiritual y un caudillo militar. Bajo su mandato, los islamitas fueron perseguidos y perseguidores. De forma similar al pueblo hebreo en su éxodo y su toma de posesión de la tierra prometida, los islamitas combatieron y se impusieron sobre sus adversarios por las armas. Ese ambiente bélico, de violencia y propaganda, impregna el Corán.
Exiten sobre Mahoma prolijas biografías en donde se reseñan sus hechos más notables y sus cualidades de estadista, pues en la última etapa de su vida fue básicamente un organizador. Dotó a las tribus de la península arábiga de una férrea unidad y una misión, que se tradujo a las pocas décadas de su muerte en una impresionante expansión por Asia y África del Norte hasta la península ibérica. Mahoma, “el alabado”, nació alrededor del año 580. Huérfano desde joven, casó con la rica Jadicha, que lo doblaba en edad y a quien ayudó en la administración comercial de sus bienes. Del matrimonio nacieron cuatro hijas y varios hijos varones, muertos a corta edad. A Mahoma no le sobrevivió ningún hijo varón de sus quince mujeres, como reseña El Corán. La actual Arabia Saudí era entonces una fragmentada colección de tribus –él pertenecía a los hachemitas, un clan prestigioso, pero de poder reducido-, con religiones politeístas relacionadas con cada clan, con centro religioso y comercial en La Meca, donde se veneraba la Kaaba, una piedra negra a la que se supone un aerolito, rodeada de ídolos de las numerosas divinidades adoradas por los beduinos. Convivían también comunidades de dos religiones monoteístas, la hebrea y la cristiana, y había seguidores de credos asiáticos como el de Zoroastro.
Fue en el año 610 cuando recibió su primera revelación en el monte Hira. Según Tabari, historiador musulmán (839-923), comunicó a su mujer “Oh Kadija, temo volverme loco. ¿Por qué?, preguntó ella. Porque veo en mí los signos de un poseído: cuando camino oigo voces que vienen de cada piedra y de cada colina, y por la noche veo en sueños un ser enorme que se presenta ante mí, un ser cuya cabeza alcanza al cielo y cuyos pies tocan la tierra”. Un lunes se le apareció un ángel de Dios, Gabriel. “Se presentó ante él y le dijo: ¡La bendición sea contigo, oh Mahoma, apóstol de Dios! Mahoma se asustó y se puso de pie pensando que había perdido el juicio. Se dirigió hacia la cumbre para matarse arrojándose desde lo más alto. Pero Gabriel le tomó entre sus alas, de modo que no podía avanzar ni retroceder. Y entonces le dijo: ¡Oh Mahoma, no temas, porque tú eres el profeta de Dios, y yo soy Gabriel, el ángel de Dios!. Mahoma permaneció inmóvil entre las dos alas, y Gabriel continuó: ¡Oh, Mahoma recita: en nombre de tu Señor, que ha creado todo, que ha creado el hombre a partir de un coágulo de sangre!”. Gabriel le entregó la primera sura del Corán, denominada Iqra, el credo musulmán: “La alabanza a Dios, Señor de los mundos. El Clemente, el Misericordioso, Rey del Día del Juicio. A ti adoramos y a ti pedimos ayuda. Condúcenos al camino recto, camino de aquellos a quienes has favorecido, que no son objeto de tu enojo y no son los extraviados”.
“Mahoma descendió de la montaña. Fue invadido de un fuerte temblor y volvió a casa, repitiéndose a sí mismo las palabras del ángel. Estas le daban confianza, pero temblaba con todo el cuerpo debido al temor y al terror que le había inspirado Gabriel. Ya en la casa dijo a su mujer: el mismo que se me había aparecido de lejos se me ha presentado hoy delante. ¿Qué te ha dicho?, le preguntó Jadicha. Me ha dicho: Tú eres el profeta de Dios y yo soy Gabriel, y me ha recitado esta sura. Jadicha, que había leído viejas escrituras y conocía historias de profetas, sabía también el nombre de Gabriel. Mahoma fue dominado acto seguido por un agudo frío, inclinó la cabeza y dijo a su mujer: ¡Cúbreme, cúbreme!. Ella le cubrió con un manto, y él se durmió”[1].
El Corán prácticamente no da detalles de las revelaciones de Mahoma, luego enriquecidas literariamente por sus seguidores. Con frecuencia se trataba de locuciones intelectuales difíciles de determinar, acompañadas por fenómenos físicos descritos por la tradición: palidecía, su frente se llenaba de sudor y entraba en un estado de semiinconsciencia. A veces caía en tierra, como fulminado de una irrupción que no se juzgaría natural. “Para Teófano todos estos síntomas no eran más que el reflejo externo de un ataque de epilepsia”[2]. “Quienes consideran los hechos desde fuera de la tradición musulmana mantienen, como es de esperar, una postura escéptica sobre el origen último de las iluminaciones experimentadas por Mahoma. Ha habido autores que las han atribuido a un psiquismo patológico, pero de gran brillantez y originalidad. Otros han hablado de alucinaciones, mientras que algunos piensan que estamos ante una mente que no consigue siempre distinguir entre lo imaginario y lo real”[3]. En cualquier caso, Mahoma siempre creyó con gran fuerza en su misión y en la veracidad de los mensajes.
En un primer momento, “no quiere crear una nueva religión”[4], sino lanzar un mensaje monoteísta, llamando a pedir perdón por los pecados mediante letanías cristianohebreas, denunciando algunas prácticas aberrantes como el asesinato de niñas recién nacidas. Todo ello para volver a la antigua pureza del hombre piadoso o hánif, cuyo primer representante es el profeta Abraham. Los primeros seguidores en su círculo familiar pronto fueron objeto de amenazas, ridiculizaciones y persecuciones. Mahoma llegó a temer por su vida, volviéndose a la intercesión de algunos ídolos, de lo que pronto se arrepintió, no volviéndose a separar del monoteísmo. La muerte de su esposa y de su protector Abu Talib, le sumió en una situación de desaliento de la que salió tras “la visión del viaje nocturno”, que la tradición musulmana sitúa en Jerusalén.
En medio del fracaso de su predicación, fue reclamado por los habitantes de Medina “para que fuese a vivir entre ellos como árbitro supremo de las tribus de Aws y Jazrach, divididas por viejas rivalidades que dos años antes habían conducido a la guerra”[5]. Su posición monoteísta le hacía también un interlocutor respecto a importantes clanes judíos como los Banu Qurayza, Qaynuqa y Nadir. Esto marca un cambio radical en Mahoma, de predicador religioso a figura política. Según Vernet, “Mahoma, que hasta entonces jamás había pensado que su doctrina pudiera teñirse de un matiz político cualquiera, cambió de opinión ante la contumacia de sus compatriotas”. La huida o hégira de La Meca, con alrededor de ciento cincuenta seguidores, a Madinat al-nabí (la ciudad del profeta) se produjo el 16 de julio del año 622, donde se sitúa el origen del calendario musulmán.
La introducción en la política de Mahoma dio un giro importante en su mensaje y en sus revelaciones, pues estas no sólo se refieren a aspectos religiosos sino también a la justificación de las decisiones como dirigente político y como jefe militar. Primero sigue una estrategia conciliadora. Fue aceptado por las diversas facciones, aunque con reservas por los que denominará hipócritas. Buscó el acercamiento a los judíos. Para ello situó como día de ayuno de sus seguidores el mismo que el del yom kippur o de la purificación hebraico y prescribió la orientación en las oraciones hacia Jerusalén, aunque mantuvo la oración pública el viernes. Pero entraron en una intensa polémica. Mahoma siempre tuvo un conocimiento de segunda mano de la Biblia y no fue aceptado como profeta. La disputa derivó en un odium theologicum, una de las formas históricamente más intensas de repulsa.
Mahoma culpó a los judíos de haber suprimido fragmentos de las escrituras y haber añadido otros. Por otra parte, esta serie de diálogos habían dado lugar a formas sincretistas de religiosidad. Procedió a incrementar la diferenciación y a reforzar su poder. En el plano religioso tomó decisiones fundamentales. Intensificó el carácter nacional de su mensaje. político. Sustituye el ayuno de la asurá (yom kippur) por el del mes de ramadán. Las oraciones pasaron a orientarse hacia La Meca, considerada ciudad sagrada, cuyo santuario –supuestamente fundado por Abraham y su hijo Ismael- debía ser purificado de los dioses idólatras, pero había de ser objeto de peregrinación de los musulmanes. Rompió, de esa forma, uno de los motivos de oposición a su mensaje, pues los comerciantes de La Meca veían en peligro su influencia y su fuente de ingresos. Al tiempo marcó un objetivo político: la comunidad de creyentes o umma pasa a ser ejército. Mahoma se presentó desde entonces como el último Profeta, tras Moisés y Jesús, y al tiempo resaltó una relación directa con Abraham, que no fue “ni idólatra, ni judío, ni cristiano”.
LA VERDAD SE JUSTIFICA POR LA GUERRA
“La guerra –según explica Julio Vernet- constituía el ideal supremo de Mahoma, puesto que con ella iba a infligir a los incrédulos mequíes, por propia mano, el tormento con que reiteradamente les había amenazado”[6]. Sin embargo, “sus partidarios se mostraban reacios a admitir la predicación por medio de la espada” pues representaba “luchar contra hermanos”. Mahoma reforzó su poder personal, haciéndose jurar fidelidad, y el providencialismo. La desobediencia a sus mandatos lo es al propio Alà. Así en la azora II 212 señala “se os prescribe el combate, aunque os sea odioso”[7]. Primero sus seguidores desarrollan operaciones de estricto pillaje poniendo en riesgo el comercio de La Meca. Una operación de castigo fue enfrentada por Mahoma consiguiendo la victoria de Badr, cuyo botín mejoró la posición de los musulmanes hasta entonces dependientes de la generosidad de los habitantes de Medina. “El alabado” presentó el éxito militar como una prueba del poder y la supremacía de Alá. Tras ello pasó a eliminar disidencias atacando a los hipócritas y a los clanes judíos. Al año siguiente, contra otro ejército superior en número, sufrió la derrota de Ohod. Desde el creciente providencialismo, la interpretación se establece en una prueba de Dios, que premia a los constantes, en términos de triunfo y aniquilación[8]. “Estos días los hacemos suceder entre los hombres, a fin de que Dios sepa quiénes creen y escoja, entre vosotros, testigos -¡Dios no ama a los injustos!-, con el fin de probar a Dios a quienes creen y aniquilar a los infieles”. Esta derrota dio alas a los descontentos en Medina, pero Mahoma cortó la rebelión –expulsando a los judíos- e intensificó las medidas diferenciadoras de sus seguidores estableciendo barreras de comunicación con otras comunidades: prohibió la bebida y el juego.

Como jefe político y militar demostró una voluntad de poder y de dominio que no existía en sus adversarios, dispersos y divididos. Los comerciantes de La Meca se mostraron a favor de terminar con una guerra que sólo les causaba perjuicios. Además, el giro nacionalista de Mahoma les permitía mantener su posición. Tuvo, sin embargo, que vencer en la batalla de Hunayn para ser el señor de la Arabia central, pero no consiguió dominar la norte al ser derrotado en Muta. En esta etapa, cuando empezó a vislumbrar el triunfo, intensificó los elementos teocráticos, y estableció la imposibilidad de pactos salvo entre iguales, o sea entre los creyentes, mientras que los miembros de las religiones del libro –judíos y musulmanes- podían ser tolerados en situación de inferioridad con impuestos especiales.
En el año 10 tras la hégira hizo la peregrinación solemne a La Meca, presentándose al tiempo como el profeta de una nueva religión para los árabes y “como restaurador de la religión de Abraham”[9]. En el año 11 diversas tribús se sublevaron afirmando contar entre sus miembros a nuevos profetas. Preparando la campaña de castigo murió Mahoma de fiebres el 8 de junio de 632.
El lenguaje bélico de El Corán es de inusitada violencia, establecida como voluntad de Alá. “Yo estoy con vosotros. ¡Consolidad en sus puestos a quienes creen! Arrojaré el pánico en el corazón de quienes no creen! ¡Golpeadlos encima del cuello! ¡Golpeadlos en la yema de los dedos!”[10]. Hay un ensañamiento genocida: “No es propio de un Profeta tener prisioneros hasta que haya encubierto la tierra con los cadáveres de los incrédulos” [11]. Hay con frecuencia una exaltación de la venganza y escasos sentimientos humanitarios como cuando exclama “¡Dios los mate!” con referencia explícita a los judíos y los cristianos[12]. “¡Profeta! ¡Combate a los infieles y a los hipócritas! ¡Sé duro con ellos”[13]. Todo en una ambientación de subido tono providencialista: “si cesáis en la lucha, será mejor para vosotros; si la reanudamos, la reanudaremos; no os servirá de nada vuestro número aunque sea grande: Dios está con los creyentes” [14].
EL EXTERMINIO O LA CONVERSIÓN UNIVERSALES
El Antiguo Testamento está lleno también de batallas y de intervenciones bélicas providencialistas con exterminio como contra los moabitas. Hay una diferencia en esa violencia divinal –execrable en cualquiera de los casos-, pues en el caso hebreo está relacionada con la tierra, con una promesa, restringida a un territorio, y como preservación del pueblo elegido, pero en el caso de Mahoma está relacionada con la fe. Apenas si contempla otra forma de conversión que a través de la imposición violenta y se trata de un designio universal: “¡Combatid a quienes no creen en Dios ni en el último Día ni prohiben lo que Dios y su enviado prohiben, a quienes no practican la religión de la verdad entre aquellos a quienes fue dado el Libro! Combatidlos hasta que paguen la capitación personalmente y ellos estén humillados”[15]. “No hay ciudad a la que nosotros no aniquilemos o atormentemos con terrible tormento antes del día de la Resurrección. Eso está en el Libro, escrito” [16]. La santificación de la guerra, en el sentido comúnmente entendido, es un estado permanente.
¿Sobre qué sustenta Mahoma la autoridad de su posición religiosa? Sobre la violencia. La suya es una teología de la guerra: es ésta la que justifica en sí el mensaje y es, a la vez, lo fundamental de él. Alá es grande y Mahoma su profeta, porque dan la victoria final sobre los incrédulos. Al contrario que los profetas anteriores, en cuya estela se sitúa como culminador, Mahoma no hizo milagros. De alguna manera asume los de sus predecesores, pero en su caso las pruebas de la fe son la espada y el libro.
AUTORITARISMO EXTREMO
Por supuesto el argumento fundamental es que se trata de una verdad revelada. El principio de la existencia de una revelación se acompaña con frecuencia del criterio de que esa verdad es manifiesta, de manera que la ausencia de reconocimiento –la falta de fe, la incredulidad- constituye un pecado, una perversión, un yerro moral que con frecuencia es consecuencia de una depravación de la conducta. A esa cuestión apunta la diferencia establecida por San Pablo entre el hombre viejo y el hombre nuevo, o la aseveración de que el hombre carnal no puede conocer las verdades divinas. La consideración de la incredulidad como una especie de ataque al contenido de la fe es habitual en las religiones, pues se considera que pone en cuestión el carácter manifiesto, obvio, de la verdad en sí. Este argumento ha llevado con frecuencia a fórmulas autoritarias por las que se trata de someter al incrédulo o de eliminarlo, considerando que la unidad en la creencia confirma su veracidad. Ese fue uno de los resortes con los que funcionó durante siglos la Inquisición de la Iglesia católica o en nombre del que se llevaron a cabo las guerras de religión europeas en los siglos XVI y XVII. También ha sido el principio de persecución de los disidentes en los países comunistas, considerando, por ejemplo, que quienes rechazaban el marxismo eran dementes, pues su verdad era manifiesta, una forma de revelación secular, y aún de mayor fuerza que las de las religiones, pues se trataba de una verdad científica.
Sin embargo, a título de ejemplo, la apologética cristiana establece tres pruebas en su favor, a modo de principios de contrastación: milagros, profecías y belleza moral del mensaje. Los milagros, como suspensiones momentáneas de las leyes de la naturaleza, manifiestan el poder divino y respaldan la revelación. Son observados por testigos. En el mismo sentido funciona el cumplimiento de profecías, de augurios establecidos sobre sucesos futuros. Estas pruebas, incluida la belleza moral del mensaje, buscan una armonización entre fe y razón. No resultan concluyentes para quien no tiene fe, pero implican, en su misma enumeración, un respeto a la autonomía de la racionalidad, un principio de tolerancia. Por supuesto, esa tolerancia se ha roto con frecuencia a lo largo de los siglos, pero el cristianismo, por muy diversas, curiosas y extravagantes que sean las costumbres de sus diversas corrientes y sectas, ha demostrado ser compatible con la tolerancia.
TEOCRACIA ABSOLUTA, SIN DIFERENCIA ENTRE FE Y RAZÓN
Esa diferencia entre fe y razón no existe en el texto canónico islámico. Aunque El Corán abunda en dicotomías excluyentes, sin zonas intermedias de neutralidad, casi todas ellas se basan precisamente en el hecho de que la única razón posible es la fe. De forma poética y algo elíptica el arabista francés Louis Massignon decía que al judaísmo le caracteriza la esperanza, al cristianismo la caridad y al islamismo la fe. La fe lo es todo. Entendida como obediencia. De hecho, no hay humanidad fuera de la fe. El no musulmán no pertenece a la especie humana. “La idolatría es peor que el homicidio”[17]. “Matadlos hasta que la idolatría no exista y esté en su lugar la religión de Dios”[18]. La apologética de Mahoma se basa en la violencia y en la belleza del Corán. Es una religión cuya coherencia es un autoritarismo circular, no deja resquicio para la tolerancia. Ibn Warraq describe bien este blindaje hacia la crítica que fundamente el totalitarismo islámico: “La verdad ha sido revelada de una vez por todas, imposible discutirla, relativizarla o incluso reflexionar sobre ella. El Corán se pretende eterno. Cada uno debe obedecer con cuerpo y alma, pues por el contrario las sanciones serán terribles. En estas condiciones, intentad exponer la menor ironía, el menor espíritu crítico, la menor puesta en duda de orden histórico o filológico…”[19].
Mahoma y el Corán rechazan cualquier contrastación. Por de pronto rechazan, contra la evidencia, cualquier historicidad. El libro santo del Islam no es obra de Mahoma, sino recopilación posterior. Está formado por ciento catorce azoras o capítulos, dividido en aleyas rimadas o versículos. Los capítulos están ordenados de mayor a menor número de aleyas, sin orden cronológico. En vida de Mahoma los comentarios de sus revelaciones eran aprendidos de memoria por sus seguidores. Con el tiempo, la muerte de estos recitadores hizo ver la conveniencia de poner por escrito esos pensamientos. Esa labor fue encargada por el siguiente califa, Abu Bakr a Zayd b. Tabit. Se trata, pues de una recopilación. En ese sentido resulta acumulativa. Incluso resulta piadoso el comentario de que “hay en el libro mucha palabra superflua, así como innumerables reiteraciones”[20]. La historia de Moisés está contada más de cincuenta veces, sin variaciones resaltables. La de Noé, veinticinco. Y eso sucede con numerosos sucesos del antiguo y del nuevo testamento. La eliminación de las reiteraciones reduciría de manera sensible el Corán. La regulación de la vida de los musulmanes es incoada, pero sobre todo se encuentra en los hadiz o dichos, por los que mediante la fórmula alguien dijo que había escuchado al Profeta se concreta un contenido que en el Corán es vago. De hecho, la sharia, el código penal islámico, principal reivindicación integrista, vigente en numerosos países, no se encuentra en el Corán sino en tales comentarios recopilados por generaciones posteriores.
LA TOLERANCIA, EL PEOR PECADO
La tradición musulmana con base en el propio Corán ha deificado el libro situándolo como la copia del que se encuentra en el paraíso. Es decir, mientras judaísmo y cristianismo consideran sus libros inspirados, a través de autores humanos, causas segundas, la autoría del Corán se establece directamente divina. Con estos precedentes, es de todo punto lógico que el texto coránico resulte obsesivo respecto a la incredulidad. Como si se sintiera amenazado sobre bases débiles, toda disidencia pone en riesgo a la verdad manifiesta y al edificio de los creyentes. Ese sentido de la verdad manifiesta, sólo negable por una depravación moral, está llevada hasta el extremo: “Las peores bestias, ante Dios, son los infieles”[21]. Negada la racionalidad de los discrepantes, la verdad resulta incuestionable. Conviene precisar que, según ese esquema, los preceptos morales islámicos quedan reducidos a los límites de los creyentes. Por ejemplo, por supuesto la vida es sagrada, como en las otras religiones monoteístas. Así: “no mataréis a una persona si no es como justicia. Dios os lo ha prohibido”[22], pero bien entendido que sólo es persona el creyente y sólo hay vida en la fe.
El Corán muestra una constante obsesión de Mahoma por no ser creído, e incluso un intenso resquemor por ser ridiculizado. En estos puntos es muy explícito. Son frecuentes las referencias a quienes le acusan de hacerse eco “de leyendas de los antiguos” o de “haber recibido la revelación de un mortal”. Esa obsesión va pareja al odio contra los incrédulos y un insano deseo de venganza. Las referencias ofrecen, de esa forma, verosimilitud al mensaje de cara a los creyentes, pues resultan la explicitación de una conjura o de una mentalidad conspirativa. Esto es frecuente en la idea de la verdad manifiesta, pues la increencia es el fruto de una maldad congénita. Quienes no creen no son, en ningún caso, neutrales, sino que se oponen a la fe y conspiran contra ella. La justificación de la fe en Mahoma es la guerra, la eliminación del infiel o el impío, pues sólo de esa forma puede ponerse fin a tal conspiración. Si todos creen, la verdad es, en sentido pleno, manifiesta. La ausencia de todo disidente es, de hecho, la parusía islámica, cumplida por el Madihd, personaje que vendrá al final de los tiempos, y que algunos musulmanes especulan con que será Jesús, conjuntando de esa forma la profecía evangélica del segundo advenimiento.
Conviene precisar que tal grado de autoritarismo se compagina con una teología sencilla de cuerpo doctrinal escaso. La unicidad de Dios es prácticamente el único dogma. Es una reafirmación del monoteísmo hebraico. No hay novedad, ni creatividad religiosa, tampoco en las postrimerías, bien explícitas en el cristianismo, salvo en la descripción de un paraíso sensual, con jardines recorridos por ríos subterráneos, donde son lícitos algunos placeres prohibidos en la tierra, como licores que no embriagan, y donde hay mujeres de ojos rasgados, vírgenes, no tocadas por hombres ni demonio. En el Corán en sí no queda claro si las mujeres se salvan, pues las huríes parecen fruto de una creación ulterior no bien explicada.
Aunque los politeístas son blanco de las iras, y si bien el Corán ni contempla ni se plantea la increencia agnóstica o el ateísmo, el pecado mayor es la apostasía. Lógico desde el autoritarismo extremo de la verdad manifiesta en el que se sitúa Mahoma. No tanto, como suelen decir algunos de sus seguidores, porque rompa la fortaleza interna (la solidaridad se diría ahora) de la umma, sino porque rechaza la verdad. Ésta es tan manifiesta que después de haberse sostenido el daño producido por la negación sólo puede resolverse con la muerte. Aunque para cualquiera de los impíos (la impiedad es sinónimo de incredulidad) las penas del infierno serán dolorosas, la apostasía ha de ser perseguida con preferencia mediante el ajusticiamiento o asesinato del apóstata. Algunos escritores e intelectuales de naciones musulmanas conocen bien los efectos prácticos de este designio en nuestros días. Ese fue el sentido de la fatwa contra Salman Rhusdie o la persecución de la escritora pakistaní Taslima Nasrin. Como resalta Ibn Warraq, “el problema de la ley divina es que excluye toda aproximación serena y racional. Donde la sharia encuentra su aplicación, sea donde sea, dos grupos son sistemáticamente las víctimas: las mujeres y los no musulmanes. Estos últimos son considerados como inferiores y los apóstatas merecedores de la muerte”[23].
La idea de tolerancia es por completo extraña al Corán. Es, de hecho, su negación
. Un pecado. “No hay tolerancia islámica: cuando el Islam ha crecido lo ha hecho a través de la espada, destruyendo la cristiandad en Oriente o la cultura persa secular, no dejando del pasado otra cosa que ruinas”. Ese es el sentido de la destrucción de los Budas de Bamiyan por la tiranía talibán. ¿No hay tolerancia, como se repite en abundancia, hacia las religiones del Libro, hacia judíos y cristianos? No, salvo que se entienda por tal la obligación de llevar vestimentas distintas, de pagar impuestos especiales y de no poder tener bajo su mando a musulmanes. Esas medidas tratan de resaltar la superioridad del creyente y forzar la conversión, pero en cualquier caso están justificadas porque la verdad es manifiesta, y por ende los infieles han de ser infelices y tener un status inferior.
Mahoma trata más de vencer que de convencer. La suya es una teología de la guerra. Pues la verdad es manifiesta, debe imponerse. Pues la verdad es manifiesta, la existencia de una sola persona que la niegue representa la negación absoluta de su contenido. La eliminación de los infieles por los creyentes está presente de continuo en el Corán. La venganza es una virtud, de la que participa Dios: “Han considerado falsa la verdad cuando ésta les ha venido; les vendrán noticias de lo que se han burlado. ¿No han visto a cuántas generaciones hemos aniquilado antes que a ellos?”[24]. La tolerancia contradice el principio musulmán y su finalidad.
La argumentación, en ese sentido, es circular, cerrada. El Corán no acepta la crítica, porque niega la posibilidad de yerro, incluso cuando cae en contradicción. Contradicciones prácticas como el cambio de la alquibla cuando de la orientación hacia Jerusalén se pasó a La Meca. La explicación es meramente voluntarista y se remite a Dios: “Dirán los insensatos: ¿Qué les hizo girarse respecto de su alquibla, aquella que tenían? Responde: Oriente y Occidente pertenecen a Dios; Él guía a quien quiere hacia el buen camino (…) Fue grande la perplejidad excepto para aquellos a quienes Dios guía, pues Él no os haría perder vuestra fe”[25]. Las contradicciones entre las propias aleyas del Corán es resuelta mediante la ley del abrogante y el abrogado, de forma que la última aleya tiene validez sobre la anterior. Hay una contradicción esencial. En principio Mahoma predica una religión nacional para un pueblo elegido, los árabes. Como señala V.S. Naipaul, premio nobel de Literatura 2001, “en sus orígenes, el islam es una religión árabe. Cualquiera no árabe que sea musulmán es un converso. El islam no es simplemente una cuestión de conciencia o de creencias, pues tiene exigencias imperiales. Cambia la visión del mundo del converso. Sus lugares sagrados están en tierras árabes; su lengua sagrada es el árabe. La idea sobre la historia cambia también para el converso. Rechaza la suya, y le guste o no, pasa a formar parte de la historia árabe. Las sociedades experimentan un enorme trastorno, que puede seguir sin resolverse incluso al cabo de mil años; la separación tiene que renovarse una y otra vez. Las personas construyen fantasías sobre quiénes y qué son, y en el islam de los países conversos existe un elemento de neurosis y nihilismo. Estos países pueden entrar en ebullición fácilmente”[26]. Y, sin embargo, esta esencia árabe se hace compatible con el principio universalista de los hanif, los hijos de Abraham, por el que todos los seres humanos nacen musulmanes, pero son luego educados como infieles. Esto, en el fondo, implica un principio larvado de apostasía y justifica el designio de dominio completo.
LA GUERRA ES SANTA
La jihad no es contemplada como un esfuerzo o en el sentido de la ascesis cristiana de perfeccionamiento interior, sino en el bélico, tal como se entiende comúnmente. La financiación de la guerra está bendecida. La muerte en ella es premiada con el acceso al paraíso. Hay, sin embargo, apuntes en la dirección de contemplar, al menos como posibilidad, una coexistencia pacífica, entre comunidades, no dentro de la musulmana, que situaría la jihad en términos de respuesta a agresión externa, caso en el que concurrir a la guerra santa es una obligación para todos los varones. La idea de concordia se encuentra en la azora 60: “Es posible que Dios establezca la concordia entre vosotros y quienes son vuestros enemigos. Dios es poderoso, Dios es indulgente, misericordioso. Dios no os ha prohibido el ser buenos y equitativos con quienes no os han combatido ni os han expulsado de vuestras casas por causa de la religión. Dios ama a los equitativos. Dios sólo os ha prohibido, respecto de quienes os combatieron en la religión, os expulsaron de vuestras casas y cooperaron en vuestra expulsión, que los toméis por amigos. Quienes los tomen por tales, éstos son los injustos”. En algunos momentos se anima a la predicación –“Llama a la senda de tu Señor con la sabiduría y la bella exhortación. Discútelos con aquello que es más hermoso”-, pero siempre desde la preeminencia del Islam y sin descartar nunca la guerra y la violencia como el camino de ganar adeptos: “Cuando llegue el auxilio de Dios y la victoria y veas entrar a las gentes, a bandadas, en la religión de Dios, entona el loor de tu Señor y pídele perdón. Él es remisorio”[27].
La negación de toda discrepancia sitúa al islamismo originario, desde su texto canónico, en un fanatismo estricto. Entonces, ¿en dónde sostener ese mito de la tolerancia islámica? Hay de nuevo que referirse al choque de tiempos. El estatuto de dinim, el impuesto de capitación de judíos y cristianos, podía ser comprensible, y aún avanzado, en los siglos primeros de la Edad Media. En la España cristiana los judíos venían obligados a pagar un impuesto por persona y en algunos lugares uno recordatorio de las treinta monedas cobradas por Judas a cambio de su traición. Pero no puede hablarse en términos de tolerancia, tal y como la concebimos desde la Ilustración hasta nuestros días. Como recuerda el historiador César Vidal[28], la principal fuente de ingresos de los Omeyas de Córdoba, tenidos por el sumum de la tolerancia, era la trata de esclavos. En las conquistas nunca se respetaron, como hemos visto recordar a Naipaul, las culturas anteriores. Por el contrario, Amin Maalouf recuerda la impresión de fanáticos que dejaron los cruzados. Por ejemplo, en la toma de Jerusalén en la primera cruzada reseña la escena narrada por comentaristas musulmanes: “es cierto que los caballeros de Occidente son famosos por su bravura, pero su comportamiento ante los muros de Jerusalén es algo desconcertante a ojos de un militar avezado. Iftijar espera verlos construir, nada más llegar, torres móviles y diversos instrumentos de asedio, y cavar trincheras para precaverse de las salidas de la guarnición. Sin embargo, lejos de dedicarse a estos preparativos, han empezado por organizar en torno a los muros una procesión encabezada por sacerdotes que rezan y cantan a voz en grito, antes de lanzarse como posesos al asalto de las murallas sin disponer de la menor escala. Por más que al-Afdal le ha explicado que estos frany querían apoderarse de la ciudad por razones religiosas, un fanatismo tan ciego lo sorprende”[29].
Desde entonces, sin embargo, han cambiado poco las cosas en el Islam. Como apunta el filósofo Javier Hernández Pacheco, no hay en el islamismo un proceso similar a la Ilustración: “Hay en el Islam múltiples valores religiosos y humanos que se podrían incorporar a una comprensión compartida del mundo tan pronto el oriente islámico realice históricamente la depuración humanista de su ideal religioso. Eso fue para Occidente la Ilustración, desde la que el atentado terrorista es un horror incomprensible, mientras que es pura lógica para una comprensión religiosa que tiene esa Ilustración todavía pendiente”[30]. La cuestión no es transferir la voluntad de cambio, sino interrogarse y buscar explicaciones para el inmovilismo. La proscripción de todo debate, la exigencia de “sumisión” no favorece, podría decirse que imposibilita, la evolución en el mensaje, anquilosado en el tiempo. El Corán no es un libro para meditar, sino para recitar. No se reflexiona sobre él, se memoriza. Hay por supuesto escuelas y tendencias diversas, como los sunníes y los chíies. O la extinguida tendencia jarachí, que sólo concede validez al Corán, negándoselas a los hadiz. Los sufíes, llamados así por las gruesas chaquetas de lana que vestían, desarrollaron una tendencia mística y espiritual, a la búsqueda de un trato personal con Dios, en una religión en que la unicidad de Alá tiende a situarlo como una abstracción. La tendencia sufí ha sido prácticamente sofocada. Es hoy en día cuestión literaria occidental, más que realidad musulmana. Averroes, el racionalista aristotélico, de tanta influencia en el cristianismo medieval, cuyos Comentarios dominaron por siglos la Sorbona y fundamentaron la escolástica, es considerado un simple hereje.
El Corán tiene un contenido consuetudinario, relacionado con el contexto de la época. La esclavitud o la poligamia podrían ser interpretadas como meros criterios de tolerancia a instituciones preexistentes, pero tal criterio, sostenido por algunos autores musulmanes, no se tiene en cuenta, porque el texto coránico pretende ser asumido por completo sin evolución posible. Las interpretaciones alegóricas o analógicas, tan fundamentales en la teología cristiana, son consideradas heréticas, y han sido condenadas por sistema por la universidad de Al Azhar. La falta de una autoridad central ha tenido, en ese sentido, un efecto perverso pues cualquier grupo o ulema se ha sentido con capacidad en las últimas décadas para emitir fatwas con declaraciones de kafir o impío, reclamación directa al asesinato. Fue el caso del intelectual egipcio Farag Foda por oponerse a la imposición de la sharia[31], o de Nasr Abu Zeid, profesor universitario que se vio obligado a refugiarse en Europa cuando fue “divorciado” por un tribunal, pues un “apóstata” no podía seguir casado con una musulmana. O del premio Nobel de Literatura, Naguib Mahfuz, apuñalado, tras numerosas amenazas, por considerar sus novelas indecentes.
El fundamentalismo está seriamente instalado en el Corán. La insistencia en la verdad manifiesta y la justificación de la violencia abren un riesgo permanente de intensificar el rigorismo de la ortodoxia y emprender el camino de las armas, o a través del terrorismo o de la guerra. La idea integrista de que “el Islam es un sistema completo y total” no se compadece mal con el texto coránico en el que no existe diferenciación ninguna entre política y religión.
La concepción de la verdad manifiesta no sólo legitima el autoritarismo, lo precisa. Esa verdad ha de imponerse por el poder político, sin resquicios para la autonomía personal, ni espacio para la discusión, mediante la adhesión a la ortodoxia. De esa manera, una de las materias tradicionalmente prohibidas en el mundo islámico es el derecho político. Ya hemos visto como la escisión chíi se produjo por una discusión sobre la esencia del poder islámico, por considerar necesario la continuidad carismática de los herederos del Profeta. La concepción del poder islamista es teocrática. Pero si los chíies resolvieron su derrota y contradicción mediante la curiosa forma mesiánica de que Alí y aún más su hijo Husein, se “ocultaron” en vez de morir, y reaparecerán en otro momento de la historia, el islamismo en su conjunto vive en una contradicción más profunda, intensificada desde la desaparición del califato otomano en 1924, último vestigio de poder central. La idea de Hutginton de un Estado central capaz de aglutinar a la “civilización islámica” no es musulmana, pues el poder ha de ser personalizado, como lo fue la relación de Mahoma, jefe político y religioso, con Alá. Ese vacío enervante alimenta las fantasías de los islamistas. Tahar ben Jelloun, escritor marroquí, ganador del Premio Goncourt, en relación con la situación actual, afirma: “es verdad que los árabes, que los musulmanes están a la búsqueda de un líder”[32]. La recreación en el integrismo de la umma como proyecto político comunitarista no ha resuelto, en ningún caso, el problema ni la contradicción. Ha producido dictaduras como la sudanesa. Pero el misticismo islamista, político-religioso, alimenta las expectativas del surgimiento de un califa, un líder carismático, señor de la guerra, tras cuyo imaginario no es difícil percibir el sueño iluminado de Osama ben Laden.
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AUTOR: Enrique de Diego
[1] Citado por José Morales, El Islam, Ediciones Rialp, pp.22-23
[2] Juan Vernet, introducción a El Corán, Plaza y Janés, p. 11.
[3] José Morales, El Islam, p. 24.
[4] Juan Vernet, p. 11.
[5] Juan Vernet, p. 12.
[6] Julio Vernet, op. cit. p. 17.
[7] El Corán, azora 2, 18
[8] Azora 3, 134-135
[9] Julio Vernet, p. 23
[10] Azora 8, 12
[11] Azora 8, 68
[12] Azora 9, 30
[13] Azora 8, 74
[14] Azora 8, 19
[15] Azora 9, 29
[16] Azora 16, 60
[17] Azora 2, 187
[18] Azora 2, 189
[19] Ibn Warraq, autor de Pourquoi je ne suis pas musulman, Editorial L’Age d’homme. Entrevista en Le Figaro Magazine, 6 de octubre de 2001.
[20] José Morales, op. cit. p. 139
[21] Azora 8, 57
[22] Azora 6, 152
[23] Entrevista en Le Figaro Magazine, 6 de octubre de 2001
[24] Azora 6, 4-6
[25] Azora 2, 136-138
[26] V. S. Naipaul, Exigencias imperiales del islam, en ABC, 12-10-2001
[27] Azora 110, 1-2
[28] En Libertaddigital, 2 de octubre de 2001
[29] Amin Maalouf, Las cruzadas vistas por los árabes, Alianza Editorial, pp. 80-81
[30] Javier Hernández Pacheco, En Época, nº 865, 14 de septiembre de 2001
[31] Gilles Kepel, La Jihad, Ediciones Península, p. 453
[32] Entrevista en El Mundo, 14 de octubre de 2001



SABIOS NO TAN SABIOS
La enseñanza islámica la llevan a cabo los ulemas (sabios) que en realidad son «sabios» solo en un pequeño ámbito del saber: han aprendido el Corán de memoria, han tomado los viejos dichos atribuidos a Mahoma (Sunna) y centenares de miles de respuestas jurídicas de otros imanes. Pero no han estudiado matemáticas, sociología, psicología; la Historia para ellos se limita al mundo islámico; el estudio de las religiones se hace sólo con función apologética, por si el islam es atacado. Es como si nuestros sacerdotes hubieran estudiado sólo la Biblia y además, partiendo de comentarios antiguos.
¡¡MENUDOS SABIOS!! y, es evidente, si esos son los «sabios musulmanes» y el llamado «pueblo musulmán» sigue los dictados de estos «sabios» es facil de entender muchos de sus «civilizados» actos y su «progresista» y mega moderna intelectualidad.
Vamos a poner dos efemérides que se llevan entre ellas mas de 500 años, en ambas están implicados los «civilizados» musulmanes, a saber:
1526 – Destrucción y saqueo de la mayor parte de la biblioteca de Matías Corvino, rey de Hungría, en la conquista de Buda por los turcos musulmanes.
Toulouse- Francia: 2005-11-05 – Al final de la tarde una turba de jóvenes mahometanos saquean e incendian una biblioteca pública.
Otra demostración mas de lo que es la «civilización islámica» y, como puede suponerse, esto NO TERMINA AQUÍ, si, si, hay mas, MUCHAS MAS, INNUMERABLES, para hacer post y post y post y post…
Cosa que no seria necesaria si en occidente nos quitaramos de una vez las gafas de madera y plantaramos definitivamente cara a esta horda de bárbaros, ilegalizando tan aberrante doctrina.



EL ISLAM NO ES POSITIVO PARA LAS MUJERES.
Interesante artículo que, además, me ha sorprendido porque esta periodista y escritora suiza a la que desconozco totalmente, es SOCIALISTA Y FEMINISTA.
Esto demuestra además que por encima de las ideologías, el raciocinio, la preparación intelectual y el sentido común es el que siempre lleva a la verdad.
No es la primera vez que he dicho que apoyo a Suiza en lo que a este tema de esa aberrante, intolerante, bárbara, misógina e intolerante doctrina político-religiosa, creada por el maltrecho cerebro de un loco visionario analfabeto y pedófilo caravanero del desierto se refiere (y aun así creo que se quedan bastante cortos) y me encanta leer que una mujer, socialista además, va por el mismo camino.
Y ahora me pregunto, ¿que dirán nuestras INSIGNES SOCIALISTAS sobre esto?, lo mismo son capaces de decir que esta mujer en realidad no es socialista. Pues bien, las ínclitas Pajín, Aido, Sinde y sus compañeros de partido, encabezados por nuestro ZoPenco presidente deben saber que SI, ESTA MUJER ES SOCIALISTA y además ¡¡¡FEMINISTA!!!
Y que LOS SUPERA A TODOS EN PREPARACIÓN, INTELECTO Y RACIOCINIO.
También el resto de Europa, a la izquierda y a la derecha deberian leer cosas como esta y aprender un poco, falta les hace.
El artículo, no por ser del año 2.009 deja de tener su vigencia, eso si, cuanto antes se empiece a actuar mucho mejor, aun estamos a tiempo.
“El Islam no es positivo para las mujeres”
Es lo que sostiene la escritora y periodista suiza Mireille Vallette, autora del libro ‘¿Islamofobia o legítima desconfianza?’ que genera polémica. Militante feminista y miembro del Partido Socialista, considera positivo el resultado del referéndum que prohíbe la construcción de minaretes en Suiza.
Mireille Vallette recibió a swissinfo.ch en un céntrico café de Ginebra para analizar los resultados de la votación del pasado 29 de noviembre y explicar su rechazo a lo que considera como “penetración del integrismo en Suiza”. Entrevista.
Habituados a escuchar un discurso crítico hacia el Islam en boca de hombres de la derecha nacionalista, las observaciones de una mujer de izquierdas y feminista poseen un interés particular.swissinfo: ¿Cuando comienza su lucha contra el integrismo islámico?
Mireille Vallette: La primera vez que abrí los ojos a esta realidad fue en 1979, gracias a la Revolución Iraní. Entonces militaba yo en el Movimiento de Liberación Femenino (MLF) y una colega periodista logró entrevistar al ayatola Jomeini en su retiro francés. Las exigencias a las que tuvo que someterse para poder hablar con el líder religioso me hicieron ver que el Islam fundamentalista no podía ser positivo en absoluto para la condición de la mujer. Por tanto, como feminista comencé a tomar distancia de ellos y estudiarles con atención.
swissinfo: ¿Y cuál es la relación con Suiza?
M.V.: En varias ocasiones he entrevistado a pensadores y líderes islámicos integristas sobre cuestiones muy concretas como pueden ser sus posturas sobre la poligamia, la desigualdad en la herencia entre hijos e hijas, el derecho a la apostasía (renuncia al Islam) o la generalizada falta de reacción musulmana ante el terrorismo islamista. Jamás obtuve respuestas satisfactorias. Pero tampoco obtuve respuestas del Partido Socialista, cuya dirección se oculta ante estos problemas. Ello me ha hecho tomar cada vez más distancia de las élites políticas, que no escuchan a la gente.
swissinfo: A su entender, ¿por qué ocurre tal fenómeno?
M.V.: Porque una reivindicación de base del socialismo y la izquierda es la defensa de los derechos del inmigrante. De todos los inmigrantes, sin excepción ni filtros de ninguna clase. Ello explica el apoyo ciego de las élites de izquierda europeas a la inmigración árabe y musulmana. Pero lo cierto es que hay miles de musulmanes moderados en Suiza y Europa bajo la presión integrista, un hecho que debe ser denunciado. Me preocupa que nadie se plantee seriamente la necesidad de saber lo que ocurre en estas sociedades paralelas que se están formando dentro de Europa.
swissinfo: ¿A qué se refiere con “sociedades paralelas”?
M.V.: Pienso que el Islam en Suiza penetra poco a poco con su lógica todas las estructuras que hasta ahora se mantenían como esencialmente laicas: la escuela ante todo, luego la salud, el ocio, etc. El Islam se infiltra en todo el espacio que se le permita ocupar, imponiendo su ley y prohibiendo toda disensión o crítica a su respecto, por razonada y sensata que sea. Cuando adquieran la masa crítica que les permita influir políticamente, lo harán. No le quepa la menor duda.
swissinfo: ¿Es por estas razones que llega usted a escribir su libro?
M.V.: Mi libro ha sido descalificado por algunos como un panfleto, pero otros analistas piensan que debería haber sido una lectura obligatoria para los periodistas encargados de cubrir el referéndum del 29 de noviembre. En general, los medios de comunicación se limitaron a interrogar a los mismos portavoces islámicos de siempre: Tariq Ramadan, Hafid Ouardiri y otros integristas, quienes son, en realidad, los responsables últimos del resultado de la votación de los ciudadanos suizos. Esta gente no se posiciona jamás de manera clara y progresista. En los debates afirman no apoyar la violencia islamista, pero siempre parecen estar dispuestos a comprenderla.
swissinfo: ¿Cómo analiza el resultado de la votación del 29 de noviembre?
M.V.: Lo que ha ocurrido es una chispa de esperanza en un paisaje en el que las élites favorecen el oscurantismo. Se ha liberado la palabra. Es evidente que un resultado del 58% a favor no pudo abarcar sólo a los votantes de la Unión Democrática del Centro (UDC, derecha nacionalista), sino que muchas feministas, socialistas, centristas y otras fuerzas moderadas han querido pasar un mensaje inequívoco a la clase política y a los integristas musulmanes.
swissinfo: ¿Por qué a la clase política?
M.V.: Porque el abismo existente entre la opinión pública europea y las élites políticas, mediáticas y culturales es muy preocupante. En cuanto a Suiza, es posible que las numerosas iniciativas para anular la voluntad popular prosperen, dadas las grandes presiones e intereses en juego, pero eso sería un arma de doble filo.
swissinfo: ¿Por qué?
M.V.: Porque el peligro sería la deslegitimización de la clase política. O sea, que el pueblo ya no reconozca a los políticos como sus representantes. Y ese es un precio muy alto a pagar en Berna. Me preocupa mucho que la gran pregunta que parece hacerse el Consejo Federal (gobierno) sea acerca de cómo anular el resultado del referéndum, en vez de interrogarse seriamente sobre cuáles son las verdaderas motivaciones que han llevado al pueblo suizo a pronunciarse de esta manera. Hay un paternalismo y un desprecio de la voluntad popular que me parecen muy graves.
swissinfo: ¿Puede dar un ejemplo?
M.V.: Piense en el caso de Christophe Darbellay (presidente del Partido Demócrata Cristiano) quien abogó tras el arrollador resultado del referéndum por medidas estrictas y un mayor control de la inmigración musulmana. Pues bien, Darbellay se vio obligado a desdecirse y a pedir perdón públicamente. Fue un linchamiento político en toda la regla, puesto que nadie puede alzar la voz contra el Islam en Europa.
swissinfo: ¿Qué responde a los observadores que alegan que los musulmanes de Suiza están bien integrados?
M.V.: Está por ver que el fundamentalismo no ocupe un enorme espacio en Turquía. Y creo que los alemanes pueden dar testimonio de la ‘integración’ turca, sin olvidar a qué corriente política adhiere el actual primer ministro de Turquía. Lo cierto es que incluso los turcos moderados están bajo el poderoso influjo de los fundamentalistas.
swissinfo: Usted es una combatiente feminista de primera hora.
M.V.: Como feminista no puedo tolerar una religión que diaboliza el cuerpo de la mujer y justifica los castigos físicos o la poligamia. De hecho, me cuesta entender que una mujer occidental pueda tolerar y avalar estas prácticas. Pero lo más increíble es que comenzamos a tolerar ritos y prácticas incluso antes de que los musulmanes nos lo pidan. Es una forma de autocensura marcada por la omnipresente corrección política.
swissinfo: ¿Y qué opinan las demás feministas?
M.V.: La militancia feminista de hoy es profundamente académica y está alejada de la realidad de la calle. Además, muchas feministas son igualmente socialistas, lo que las lleva a tener una visión idealizada y angélica de la inmigración.
swissinfo: Hay voces que claman por una ‘alianza de civilizaciones’…
M.V.: Creo que la Alianza de Civilizaciones, propugnada por el presidente del Gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero, el primer ministro turco Erdogan y Suiza, es una iniciativa muy peligrosa. Pone en planos de igualdad realidades que no lo son, e intenta convencer a los pueblos de Europa de que sus ideas sobre el Islam están equivocadas, en contra de toda evidencia razonable. A base de dinero, quieren cambiar nuestras ideas y nuestra educación.
swissinfo: ¿Teme usted por Suiza a partir de esta decisión?
M.V.: No creo en un estallido de violencia o en un boicot generalizado del mundo musulmán contra Suiza, pero sí creo que la decisión del pueblo suizo llevará a los musulmanes moderados de este país a acercarse aún más a los integristas. He aquí el gran peligro para la democracia.













