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La mojigatería sexual entra en campaña

El candidato de Vox en Valencia, Juanma Badenas, en un mitin electoral

«¡Follar!» «¡Ha dicho “follar”!» «¡Vade retro, Satanás!», han exclamado los ofuscados oponentes de Juanma Badenas, el candidato de Vox a la alcaldía de Valencia.

Por Javier Ruiz Portella

¡Quién lo hubiera podido creer! ¡Quién se hubiera podido imaginar  dos cosas! La primera, que, a estas alturas de la película, la pudibundez pudiese regresar con tamaña fuerza a nuestros pagos (y no, no regresa desde el campo en el que estuvo haciendo estragos durante tanto tiempo: regresa desde el campo opuesto). Lo segundo que uno tampoco se habría podido imaginar es que lo publicado  por un periódico como EL MANIFIESTO  pudiese acabar impactando con tanta fuerza en la campaña electoral de unas elecciones: las próximas.

Viene lo anterior a cuento de lo sucedido en Valencia, donde los oponentes a Juanma Badenas, candidato de Vox a la alcaldía de la capital han lanzado toda una campaña en Redes Sociales para intentar denigrarlo a propósito de unas declaraciones que, hace dos años, efectuó en un almuerzo entre amigos y que, hasta ahora, sólo figuraban en este periódico, en el que también colabora el —así lo presentan— lujurioso, procaz candidato de Vox.

¿Cuáles fueron las obscenas palabras que sus adversarios le echan en cara? Helas aquí, en este video de YouTube que reproduce ABC :

«¿Por qué somos contraculturales? —se preguntaba Juanma Badenas—. No lo somos porque estemos en contra de la cultura, sino porque nos quieren imponer una cultura que no es la nuestra. Y nuestra cultura la queremos defender hasta el final, también comiendo, y bebiendo, y follando», concluyó.

«¡Follar!» «¡Ha dicho “follar”!» «¡Vade retro, Satanás!» «¡¿Cómo es posible?!», han exclamado sus ofuscados oponentes.

Pues sí, señores (o señoras, o señoris, o lo que sea), el erotismo —«follar», expresado en lenguaje coloquial— forma parte integrante de la cultura; es decir, de la manera de ser, vivir y sentir de un pueblo. Y no hay en ello nada de reprobable u ominoso. Al contrario, es cosa altamente gozosa y virtuosa, siempre que por «virtud» se entienda lo que «virtus» significaba en Roma: lo elevado, lo grande, lo poderoso.

Pero da igual. Por más que uno se lo explique, esta gente nunca lo entenderá. No lo entendían los compungidos mojigatos de antaño (pero éstos al menos ya han cerrado prácticamente el pico) y tampoco lo entienden los desvergonzados puritanos de hoy: feministas radicales, identitarios genéricos, elegetebeicuístas (en claro: LGTBIQ+), que amenazan dar al traste con todo nuestro mundo de dos formas que parecen diametralmente opuestas. Por un lado, lo hacen con la desvergüenza hortera de quienes no tienen empacho en desnudarse y hasta en fornicar públicamente (por ejemplo, en la gran mascarada anual del «Orgullo Gay»). Por otro lado, lo hacen con la hipocresía de quienes se escandalizan (o lo simulan) cuando oyen que alguien habla públicamente de follar.

Pero se escandalizan sobre todo si ese alguien es un destacado candidato de Vox. Se rasgan las vestiduras si, además, ese candidato (un contumaz combatiente de lo políticamente correcto, cuyo último libro se titula precisamente Contra la corrección política) pone en relación el placer erótico con las virtudes —con la fuerza y la grandeza, decía— propias de la cultura.

Porque es sobre todo la cultura —esa que el hombre blanco ha ido forjando a lo largo de siglos— lo que está marcado, para esta gente, con el sello mismo del diablo. Para esta gente: para ese estado de espíritu que considera, entre otras cosas, que se deberían prohibir obras como las de  un Homero o un Beethoven. ¡Sí, sí, han leído bien! Deberían prohibirse las mayores obras de nuestra civilización porque —así lo pretenden— son tan nocivas como el conjunto de una «elitista cultura clásica, que refuerza el poder de los hombres blancos y reprime las voces de las mujeres, los negros y la comunidad LGTBIQ+», puede leerse, por ejemplo, en Vox.com, un digital estadounidense que nada tiene que ver (salvo el nombre) con quienes en España pretenden exactamente todo lo contrario.

Y para defender, frente a tanta aberración y tanto desvarío, la cultura y la civilización, la verdad y la belleza —tanto las del espíritu como las de la carne—, es por lo que gente como Juanma Badenas han saltado a la palestra.

La Agenda 2030 de la ONU: un repaso a sus aspectos y sus objetivos más controvertidos

Examinando en su propio texto las causas por las que genera tanta polémica

Elentir

Uno de los temas recurrentes de los discursos políticos de estos últimos años es la llamada Agenda 2030, muy citada pero poco conocida para el gran público.

Un documento aprobado en 2015 sin ser sometido a votación

Su nombre oficial es «Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible». Fue adoptada por la Asamblea General de la ONU el 25 de septiembre de 2015. El texto completo y oficial de la Agenda 2030 se puede leer aquí (ver PDF). Según podéis leer en este enlace, la ONU afirma que se trata de «un plan de acción a favor de las personas, el planeta y la prosperidad, que también tiene la intención de fortalecer la paz universal y el acceso a la justicia». Un detalle llamativo de este documento se refiere a su proceso de aprobación. Ese mismo día, la web de la ONU afirmó que el texto se adoptó «unánimemente», pero en el registro de resoluciones del 70° Período de Sesiones de la ONU nos encontramos con lo siguiente:

Esto mismo se indica en el Volumen I de Resoluciones y Decisiones de la ONU (ver PDF) de ese año, al hablar de la Resolución 70/1, que aprobó la Agenda 2030: «Aprobada en la 4a sesión plenaria, celebrada el 25 de septiembre de 2015, sin votación, sobre la base del proyecto de resolución A/70/L.1″.

Hay que decir que este tipo de resoluciones sin votación son aprobadas en la ONU cuando existe un consenso previo. En el sitio web de la Agenda 2030 se afirma: «En 2015, todos los Estados Miembros de las Naciones Unidas aprobaron 17 Objetivos como parte de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, en la cual se establece un plan para alcanzar los Objetivos en 15 años». La pregunta que cabe hacerse ahora es si todos los países miembros de la ONU consensuaron dicha agenda tal como la ONU los está interpretando.

El objetivo 5 y el eufemismo que usa para disfrazar el aborto

Un ejemplo de este posible conflicto lo vemos en el objetivo 5, titulado así «Lograr la igualdad de género y empoderar a todas las mujeres y las niñas». Ya de partida, el objetivo utiliza un término con una carga ideológica (los seres humanos tenemos sexo, no género, pero el progresismo usa esta palabra para disociar el sexo de la biología). El texto que desarrolla el objetivo incluye muchas cuestiones totalmente legítimas, como poner fin a toda discriminación y violencia contra mujeres y niñas, y eliminar el matrimonio infantil, precoz y forzado y la mutilación genital femenina.

El problema llega en el punto 5.6, que afirma lo siguiente: «Asegurar el acceso universal a la salud sexual y reproductiva». La ONU viene utilizando desde hace muchos años el término «salud sexual y reproductiva» como un eufemismo del aborto. Por ejemplo, el 11 de noviembre de 2019, la web de la ONU acusó a «conservadores y fundamentalistas» de intentar «hacer retroceder los derechos de las mujeres»citando expresamente el acceso al aborto como parte de esos derechos. La declaración partía simplemente de un grupo de expertos de la ONU, pero a menudo estas declaraciones son usadas como si hubiesen sido aprobadas por la Asamblea General.

La ONU ya ha apelado a ese objetivo 5 para promover la despenalización del aborto

Los motivos para la alarma en torno al citado objetivo punto 5.6 se confirmaron en menos de un año. El 5 de agosto de 2016, la ONU publicó un documento, el Informe del Relator Especial sobre el derecho de toda persona al disfrute del más alto nivel posible de salud física y mental (ver PDF). El informe señalaba al comienzo: «La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y los Objetivos de Desarrollo Sostenible brindan la oportunidad de mejorar la salud y los derechos humanos de los que se han quedado más atrás». En el documento se afirma lo siguiente:

«Las leyes que penalizan el aborto o limitan el suministro de información o la prestación de servicios de salud sexual o reproductiva exponen a las mujeres y las niñas a un mayor riesgo de complicaciones relacionadas con el embarazo y mortalidad materna (meta 3.2/3.7 y Objetivo 5)».

A día de hoy, muchos países penalizan total o parcialmente el aborto por cuanto implica matar a un ser humano en su etapa prenatal. ¿Cuando esos países otorgaron su apoyo a una Agenda 2030 aprobada sin votación, sabían que se usaría para atacar el derecho a la vida que protegen sus leyes?

El objetivo 4 y su olvido de la libertad de educación

Por otra parte, el objetivo 4 lleva este título: «Garantizar una educación inclusiva y equitativa de calidad y promover oportunidades de aprendizaje permanente para todos». Nuevamente, el texto utiliza términos con carga ideológica como «igualdad de género» y no hace mención alguna a la libertad de educación, un derecho amparado por los Artículos 18 y 26 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y por diversos tratados internacionales.

Colaron la ideología de género ya en la introducción

Hay que decir que la carga ideológica de la Agenda 2030 queda patente ya en su introducción, cuando afirma: «La incorporación sistemática de una perspectiva de género en la implementación de la Agenda es crucial». El término «perspectiva de género» viene siendo utilizado como un eufemismo de la ideología de género, una teoría anticientífica que pretende disociar el sexo de la Biología.

El cambio climático y las políticas de intervencionismo estatal

Por otra parte, el Objetivo 13a afirma lo siguiente: «Cumplir el compromiso de los países desarrollados que son partes en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de lograr para el año 2020 el objetivo de movilizar conjuntamente 100.000 millones de dólares anuales procedentes de todas las fuentes a fin de atender las necesidades de los países en desarrollo respecto de la adopción de medidas concretas de mitigación y la transparencia de su aplicación». El punto 13.2 también llama a lo siguiente: «Incorporar medidas relativas al cambio climático en las políticas, estrategias y planes nacionales».

Estas pautas están sirviendo para disparar el gasto público, la presión fiscal y el intervencionismo estatal en los países occidentales, mientras China sigue siendo la primera potencia contaminante, emitiendo un 30% del total mundial de dióxido de carbono, más que Estados Unidos, India, Rusia y Japón juntos.

Un documento en el que han colado metas muy criticables entre otras legítimas

Así pues, los críticos con la Agenda 2030 tienen razones para recelar de ella. Entre muchas metas que son loables y otras que son más o menos ambiguas, la ONU ha colado elementos con una clara carga ideológica y que lesionan derechos fundamentales, empezando por el derecho más primario de todos, que es el derecho a la vida, en el caso del aborto.

¿Un texto determinado por la influencia de China en la ONU?

Hay que tener en cuenta que China tiene una creciente influencia en la ONU, por lo que cabe preguntarse hasta qué punto de esos objetivos se han caído cuestiones tan elementales como la libertad de educación -que no existe en esa dictadura comunista- mientras se han introducido tesis abortistas que sí son del agrado de ese régimen totalitario, simplemente para hacer un texto acorde a los intereses chinos, aunque no lo sea para el resto del mundo. Por lo demás, habría que preguntar también qué clase de examen hicieron muchos gobiernos de ese documento antes de aprobarlo, dejándose colar términos ideológicos y tesis abortistas que no tiene la aprobación de todo el mundo ni por asomo.

La tenebrosa Ley Trans, Parto o aborto de Irene Montero, la desquiciada.

#NoALaLeyTrans #NoALaIdeologíaDeGénero

RAMIRO GRAU MORANCHO

Confieso que ya no leo en BOE, boletín oficial del estado.

Ya soy mayor, y he dejado de leer tebeos.

No creo en el  capitán Trueno, ni en Pulgarcito, pero si en el  guerrero del Antifaz, que ya tarda en venir a España, para librarnos de los miles (posiblemente, cientos de miles), de ladrones, corruptos y traidores que nos circundan y oprimen.

Creo en Dios, en la Virgen del Pilar, en la Patria, en la familia, en los amigos, y en mí mismo, por este orden.

La vida es corta, y no estoy dispuesto a perder el tiempo leyendo paridas, ocurrencias, y mentiras sin compasión.

Antes, cuando el BOE se publicada en papel, siempre podía ser útil para limpiar los cristales, o hasta limpiarse la parte donde la espalda pierde su honroso nombre, a falta de papel higiénico, pero ahora, ni eso…

Quiero decir con esto, que si no leo las leyes nuevas, la mayoría reales decretos leyes, del gobierno, que luego se transforman en leyes, con la anuencia de la mayoría de los culoparlantes, y del rey Felipe VI (iba a poner Felpudo VI, por error), menos aún voy a leer y estudiar los proyectos de los varios gobiernos que tenemos: algo que creo queda del PSOE, el partido sanchista, que es mayoritario –en el  gobierno, pero no en la sociedad-, y las taradas de Podemos.

Y la expresión taradas, no la uso en sentido peyorativo, sino meramente descriptivo.

Las cosas son lo que son, y no hay que darles más vueltas.

Pero esta mañana, 4 de noviembre de 2022,  al leer el   diario digital PaNam Post, en el que colaboro desde hace años, y que se edita en Miami, para toda Hispanoamérica, he visto un brillante artículo de doña Gabriela Moreno, que se titula así:

“Tres cambios de sexo en dos años permite polémica Ley Trans de Irene Montero”,

Y me he quedado a cuadros, la verdad.

(Les aconsejo que lo lean y, si es posible, que el medio lo reproduzca, pues es de lo más sensato que he leído en mucho tiempo).

Independientemente de las aberraciones jurídicas del  proyecto de ley que explica de forma sencilla y exhaustiva el  artículo,

 ¿Cómo va a hacer nuestra seguridad social para poder atender la avalancha de personas que quieren ser lo que no son…?

¿Y que coste económico van a tener esas operaciones, los periodos de estancia hospitalaria, pre y post operatorios, etc…?

Antes, cuando se legislaba bien, toda norma jurídica de cierto rango, leyes, reales decretos leyes, reales decretos…, tenía que llevar adjunta una memoria económica, para ver el coste estimado que iba a tener el asunto, de donde iba a salir el dinero, etc.

Pero ahora, se le ocurre una parida a cualquier tarada o desquiciada, y allá va el  proyecto de ley.

Todo ello sin intervención de médicos, psicólogos y psiquiatras, faltaría más. ¡Qué sabrán ellos, habiendo tantas desquiciadas en el “monasterio de igualmedatodo”!

Y los menores de edad, que puedan cambiar de sexo, sin necesidad de autorización de sus padres.

Si ya pueden abortar, o tomar la píldora del día después, que produce graves daños, cuando les salga del coño, y nunca mejor dicho, y sin que sus padres lo sepan, ¿qué más da que se extirpen el pene y los testículos, por ejemplo, como el que se va al cine?

Claro que, en un país antes llamado España, donde 202 diputados, no menos tarados, votaron a favor de la eutanasia, nada tiene que extrañarnos. (Supongo que incluirían una disposición transitoria, en su propio “beneficio”, de forma que a los 202 se les aplique la eutanasia en su momento, y más bien pronto que tarde… ¡Qué menos!).

En fin, termino ya, que soy hipertenso, y no me conviene calentarme más.

En el  hipotético supuesto de que alguien me lea,  ruego hagan todo lo que puedan para evitar que esta aberración,  jurídica y social, se convierta en ley, y no sea un parto, sino un aborto.

¿O es que no queda nada de sociedad civil, libre e independiente, es decir, no subvencionada…?

Y sino, que Dios se lo demande a todos los que no hayan cumplido con su deber.

¡Vade retro, Satanás!

Lo que pocos cuentan: el origen ideológico totalitario del actual feminismo de género.

Fue promovido por marxistas para aplicar la lucha de clases a la sexualidad.

«Nos insultaban diciéndonos que éramos unas zorras, unas hijas de puta, que nos teníamos que pudrir…» Esto, aunque lo parezca, no es el relato de una escena de maltrato doméstico.

Una violenta pervesión del feminismo original

Esos insultos atrozmente machistas los sufrieron ayer mujeres de Vox en una marcha feminista en Madrid. Las insultadas, además, fueron agredidas y precisaron protección policial, y todo por el mero hecho de atreverse a cuestionar los dogmas ideológicos del feminismo de género. Entre otros lemas violentos, se corearon barbaridades como «vamos a quemar la Conferencia Episcopal««machotes a machete» y «varón, pardillo, tu boca en el bordillo», en referencia al método con el que un nazi le destrozaba la cabeza a un joven negro en la película «American History X». Pero ¿en qué consiste esta ideología de género o feminismo de género? Su denominación la acuñó una feminista, Christina Hoff Sommers, abiertamente opuesta a él. En su libro «Who Stole Feminism?» (¿Quién robó el feminismo?), publicado en 1994, escribió lo siguiente:

«El feminismo de equidad es sencillamente la creencia en la igualdad legal y moral de los sexos. Una feminista de equidad quiere para la mujer lo que quiere para todos: tratamiento justo, ausencia de discriminación. Por el contrario, el feminismo del ‘género’ es una ideología que pretende abarcarlo todo, según la cual la mujer norteamericana está presa en un sistema patriarcal opresivo. La feminista de equidad opina que las cosas han mejorado mucho para la mujer; la feminista del ‘género’ a menudo piensa que han empeorado. Ven señales de patriarcado por dondequiera y piensan que la situación se pondrá peor. Pero esto carece de base en la realidad norteamericana. Las cosas nunca han estado mejores para la mujer que hoy conforma 55% del estudiantado universitario, mientras que la brecha salarial continúa cerrándose.»

Una manipulación del feminismo promovida desde la ultraizquierda

Ese feminismo de género, profundamente materialista y promovido inicialmente desde la extrema izquierda, quiso aplicar la tesis marxista de la lucha de clases a las relaciones sexuales, tal como explicaba una de las creadoras del feminismo radical, Shulamith Firestone (1944-2012). En su libro «La dialéctica del sexo» (1970) bebía directamente del pensamiento de Karl Marx:

«Asegurar la eliminación de las clases sexuales requiere que la clase subyugada (las mujeres) se alce en revolución y se apodere del control de la reproducción; que se restaure a la mujer la propiedad sobre sus propios cuerpos, como también el control femenino de la fertilidad humana, incluyendo tanto las nuevas tecnologías como todas las instituciones sociales de nacimiento y cuidado de niños. Y así como la meta final de la revolución socialista era no sólo acabar con el privilegio de la clase económica, sino con la distinción misma entre clases económicas, la meta definitiva de la revolución feminista debe ser, a diferencia del primer movimiento feminista, no simplemente acabar con el privilegio masculino, sino con la distinción de sexos misma: las diferencias genitales entre los seres humanos ya no importarían culturalmente.»

El objetivo: acabar con la maternidad; el medio: el aborto

Pero ¿cómo acabar con esas diferencias sexuales, si sólo las mujeres pueden ser madres? Firestone lo tenía claro: «el núcleo de la opresión femenina hay que buscarlo en sus funciones procreadoras y de crianza.». ¿Y cuál era la solución que proponía frente a esa opresión«La liberación de las mujeres de la tiranía de su biología reproductiva por todos los medios disponibles», y esto último incluye el aborto, por supuesto. Este feminismo de género decía defender a la mujer desligándola de una facultad exclusivamente femenina -la maternidad- y enfrentándola a sus hijos, convertidos en simples obstáculos para alcanzar esa «liberación», de forma que si hace falta, se les liquida con la aprobación de la ley y la financiación del Estado. Así se crearon las perversas y totalitarias bases ideológicas de la legalización del aborto en países democráticos.

Un proyecto de ingeniería social que se empezó a aplicar en la URSS

Esa visión nefasta y materialista de la maternidad y de las relaciones con los hijos fue promovida inicialmente por el marxismo, al que le interesaba destruir las relaciones familiares en su concepción totalitaria de la sociedad. No es casualidad que las dictaduras comunistas fuesen las más activas promotoras del aborto: el primer país que lo legalizó fue la URSS en 1920. En Cuba se legalizó en 1965, seis años después de la instauración de la dictadura castrista. A día de hoy, entre los países que más desprotegen a los niños por nacer en el mundo están dictaduras comunistas como China, Corea del Norte, Vietnam y Cuba. La promoción del aborto en esos países y también en muchos países democráticos ha generado la más absoluta irresponsabilidad de hombres y mujeres sobre los frutos de su sexualidad, pero con ciertas diferencias. Y es que las leyes creadas para permitir matar a los hijos por nacer han sido especialmente beneficiosas para los hombres que querían desentenderse de su descendencia, al convertir ésta en la consecuencia de una mera elección de la mujer y, por tanto, exclusiva responsabilidad suya. Una feminista actual, Cecilia Voss Koch, ha denunciado las consecuencias del aborto para las mujeres:

«A base de animar a la sociedad a considerar al hijo de una mujer como una especie de propiedad desechable, el aborto refuerza la imagen de la propia mujer como una propiedad disponible y como un objeto sexual reutilizable -un recurso sexual renovable. No es ninguna coincidencia que el mayor contribuyente financiero a la causa de los «derechos de aborto» sea la Fundación Playboy. Cuando el aborto está disponible para todas las mujeres, toda la responsabilidad masculina para el control de la fecundidad ha sido eliminada. Un hombre sólo necesita ofrecer a la mujer un dinero para un aborto y eso es todo: ninguna responsabilidad, ninguna relación, ningún compromiso. Y en eso estamos… ¡recicladas y utilizadas de nuevo!»

Contra las niñas por nacer y las madres en nombre del feminismo

Esa legislación perversa ha dado lugar a la matanza de más de dos millones de niños por nacer en España. Teniendo en cuenta que algo más del 48% de los recién nacidos en España son niñas, podríamos concluir que de esos dos millones, más de 960.000 eran niñas por nacer, asesinadas con el beneplácito e incluso con el aplauso del feminismo de género. Pero esta matanza de niñas no es el único efecto directo de las leyes abortistas en las propias mujeres. Hace dos años la Fundación Madrina denunciaba que nueve de cada diez mujeres españolas sufren ‘mobbing maternal’ en sus empresas, de modo que ser madre se ha convertido en un factor de exclusión social y laboral para la mujer. Y es que la desprotección de los niños por nacer va ligada a la desprotección de la maternidad. En 2009, durante un debate en el Parlamento de Galicia, una diputada socialista favorable al aborto tachó de «ultraderechista» la propuesta de ofrecer apoyo a las madres embarazadas sin recursos. En febrero de 2011, cuando el gobierno gallego aprobó definitivamente un plan de ayuda a la mujer embarazada, el PSOE descalificó la medida diciendo que pretendía «exportar a Galicia el modelo familiar de la ultraderecha». En un tono parecido, pero en este caso en el Parlamento de Asturias, la izquierda descalificaba una iniciativa similar entre insultos a las madres, llegando el PSOE a tachar de «casi ilegal» una iniciativa para apoyar a madres embarazadas sin recursos, considerando que ofrecerles alternativas al aborto va «contra el derecho de la mujer a decidir». Un derecho que, por lo visto, sólo deja una opción a las madres: abortar.

El siguiente objetivo a destruir: la familia

Pero al feminismo de género no le bastaba con cargarse la maternidad para alcanzar sus objetivos. Esa ideología totalitaria chocaba con la existencia de una institución social ligada a la maternidad: la familia. En la citada obra, Shulamith Firestone apelaba nuevamente a Karl Marx para justificar este proyecto feminista de ingeniería social:

«Marx intuyó la existencia de algo cuya profundidad escapaba a sus conocimientos, cuando observó que la familia contenía en sí misma -en embrión- todos los antagonismos que luego se desarrollarían a mayor escala dentro de la sociedad y el estado. A menos que la revolución arranque de cuajo la organización social básica -la familia biológica, el vínculo a través del cual la psicología del poder puede siempre subsistir clandestinamente-, el germen parasitario de la explotación jamás será aniquilado. Necesitamos una revolución sexual mucho más amplia que la socialista y, por supuesto, que la incluya- para erradicar verdaderamente todos los sistemas clasistas».

¿Y cómo proponía destruir la familia? Pues recurriendo directamente a la ciencia-ficción para diseñar una sociedad sin familias:

«La reproducción de la especie a través de uno de los sexos en beneficio de ambos sería sustituida por la reproducción artificial… La división del trabajo desaparecería mediante la eliminación total del mismo (cybernation). Se destruiría así la tiranía de la familia biológica.«

Nos encontramos ya con un diseño social puramente orwelliano, que se parece peligrosamente al de la novela «1984» y que, como el comunismo, pretende subvertir las instituciones naturales de la sociedad a golpe de ingeniería social, recurriendo a todo tipo de atropellos para lograr sus objetivos, incluso agredir a las mujeres que no están de acuerdo con ese proyecto totalitario.

Una ingeniería social que genera opresión, violencia e injusticia

Resulta alarmante comprobar hasta qué punto estas aberrantes tesis están siendo asumidas por sociedades como la nuestra, desatando la violencia contra el discrepante, la violencia contra los niños por nacer y la violencia en el seno de la familia. En este sentido, tampoco es casualidad que las leyes basadas en la ideología de género invisibilicen la violencia doméstica que sufren hombres y niños varones, y que la mera palabra de una mujer baste para detener a su pareja masculina, dando pie a la presentación de denuncias falsas y a la utilización de esta ley perversa como un método de chantaje. Recordemos que en los siete primeros años de su aplicación, los Juzgados de Violencia sobre la Mujer recibieron 1.034.613 denunciasresultando exculpados 826.616 denunciados, el 79,89%. se trata de la única ley, además, en la que el sexo es un factor a tener en cuenta en el caso de valorar si una denuncia merece ser considerada o si el culpable es reo de un delito (en el caso del varón) o de una falta (si es mujer), en una directa violación de la igualdad ante la ley y del derecho a la presunción de inocencia que proclama la Constitución. Y a estas agresiones contra derechos fundamentales, igual que pasa con la más brutal de todas -el aborto, que implica violar el derecho a vivir-, ya ni siquiera se opone la actual derecha parlamentaria, ya sea por complejo, por tibieza o por miedo a ser blanco de las iras de personas violentas como las que ayer agredieron a unas mujeres por discrepar. Con esta ingeniería social promovida por el feminismo de género no estamos consiguiendo una sociedad más libre e igualitaria, sino más opresiva, violenta e injusta. Y ya va siendo hora de decirlo alto y claro.

ELENTIR

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El espeluznante fin último de la ideología de género explicado por uno de sus creadores.

Shulamith Firestone quería una sociedad comunista que normalizara la pedofilia

La ideología de género, surgida de la extrema izquierda y ahora muy extendida en la sociedad, es una fuente incesante de disparates. Pero, ¿cuál es su objetivo final?

La diferencia entre feminismo de equidad y feminismo de género

En 2008 ya señalé aquí la diferencia entre feminismo de igualdad y feminismo de género . El primero buscaba, desde una perspectiva liberal, la igualdad de derechos y oportunidades para las mujeres, un propósito muy loable que ya se ha logrado en los países occidentales. Sin embargo, el feminismo de género no tiene una perspectiva liberal, sino marxista. La primera en describir la verdadera naturaleza del feminismo de género fue la feminista Christina Hoff Sommers en su libro “¿Quién robó el feminismo?” (1994), en el que acuñó el término “ideología de género” para referirse a ese feminismo marxista. En 2016, en una entrevista publicada por el diario español El Mundo , lo definió así:

“Es una escuela de feminismo de línea dura que ve a las mujeres, incluso en Occidente, como cautivas de un sistema de injusticia y opresión. Según esta teoría, cada logro humano lleva en realidad el sello del patriarcado: la literatura, la filosofía, la ciencia, la música o el lenguaje. No basta con cambiar las leyes o las tradiciones. Todo el sistema tiene que ser desmantelado. El feminismo de género surgió de la política radical de la década de 1960 y estuvo marcado por la filosofía marxista y la de Marcuse, Frantz Fanon y Michel Foucault”.

Lo que escribió una de las fundadoras del feminismo de género

En mi artículo sobre el origen totalitario del feminismo de género , expuse algunos de los escritos publicados en 1970 por una de sus creadoras y autoras más influyentes: la comunista canadiense Shulamith Firestone. Vimos entonces cómo este fanático radical se proponía abiertamente destruir “la familia biológica”, inspirado en el pensamiento de Karl Marx.

Creía que el comunismo fracasó porque no destruyó a la familia.

Sin embargo, en su libro “La dialéctica del sexo” (1970) Firestone no se queda ahí. Para ella, la destrucción de la familia es parte de algo aún mayor. En la primera edición publicada por Bantam Book, en la página 212 se puede leer lo siguiente:

“El fracaso de la Revolución Rusa se debe directamente al fracaso de sus intentos de eliminar la represión familiar y sexual. Este fracaso, a su vez, como hemos visto, fue causado por las limitaciones de un análisis revolucionario con sesgo masculino basado únicamente en la clase económica, que no tuvo en cuenta a la familia en su totalidad, ni siquiera en su función como unidad económica. Del mismo modo, todas las revoluciones socialistas hasta la fecha han sido o serán fracasos precisamente por estas razones. Cualquier liberación inicial bajo el socialismo actual siempre debe volver a la represión, porque la estructura familiar es la fuente de la opresión psicológica, económica y política”.

Es decir, que las razones por las que Firestone quería destruir a la familia no solo tenían una supuesta relación con un propósito de liberación de la mujer: lo que ella realmente quería era el triunfo del comunismo destruyendo a la familia, que es el dique social más sólido frente al totalitarismo. experimentos Para ella, el comunismo había fracasado en Rusia no porque hubiera sido demasiado totalitario, sino porque había revertido sus planes más totalitarios.

Propuso abolir la infancia y normalizar el incesto y la pedofilia

En la página 239 del libro, Firestone propone la abolición del “concepto de infancia”, desvinculándolo de cualquier relación con sus padres biológicos , y señala que “aunque los niños serían menos, no estarían monopolizados, sino que se mezclarían libremente toda la sociedad en beneficio de todos”.

Lo que nos encontramos en la página 240 es la consecuencia que saca Firestone de esa sociedad totalitaria: la normalización de la pedofilia y el incesto. Hablando de los niños, afirma: “si él decidiera relacionarse sexualmente con adultos, aunque decidiera elegir a su propia madre genética, no habría razones a priori para que ella rechazara sus insinuaciones sexuales , porque el tabú del incesto sería han perdido su función.”

En la misma página repite sin rodeos su intención de normalizar la pedofilia ( algo que también defendió otra de las ideólogas del feminismo de género, Simone de Beauvoir ): “Las relaciones con los niños incluirían tanto sexo genital como el niño fuera capaz de hacer —probablemente considerablemente—. más de lo que ahora creemos— pero debido a que el sexo genital ya no sería el foco central de la relación, la falta de orgasmo no presentaría un problema serio. Los tabúes del sexo adulto/niño y homosexual desaparecerían”.

Una ideología que ha acabado asumiendo incluso la acomplejada derecha

Después de leer estas aberraciones, escritas por una mujer que padeció esquizofrenia durante décadas, es escalofriante darse cuenta de la enorme influencia que ha alcanzado en nuestra sociedad la ideología de género formulada por Firestone , hasta el punto de que ya no es solo una colección de tonterías. defendida desde la extrema izquierda, pero también por el resto del mapa político. Incluso la derecha más tímida ha terminado asumiendo estas tonterías sin dudar , arremetiendo contra quienes aún nos oponemos a ellas.

Ya no pueden decir que un grupo de exagerados “ultraderechistas” intentan vincular la ideología de género con la promoción de la pedofilia y de una sociedad totalitaria , ya que una de las fundadoras de esa ideología lo expuso abiertamente. La pregunta que debemos hacernos ahora es: sabiendo esto, ¿están dispuestos a seguir siendo cómplices de esa ideología creada para empujarnos hacia una sociedad totalitaria, comunista y pedófila?

ELENTIR.

Madrid: las amenazas mafiosas de extremistas LGTB contra profesores que discrepan de ellos

#NoALaIdeologíaDeGénero #NoALaDictaduraLGTBIQ

También amenazan con la «hoguera» a las feministas que no opinan como ellos

La radicalización del movimiento LGTB de la mano de la ultraizquierda está llevando a sus partidarios más extremistas a protagonizar acciones propias de nazis.

Esta semana ha habido un claro ejemplo de esas actitudes extremistas en la Universidad Complutense de Madrid (UCM), concretamente en su Facultad de Políticas, un conocido bastión de la ultraizquierda. Extremistas LGTB han cubierto la Facultad con papeles con amenazas mafiosas contra profesores y contra feministas que discrepan de la llamada teoría queer, la versión más extremista de la ideología de género, que inspira la polémica «Ley Trans» que está promoviendo el partido de extrema izquierda Podemos, uno de los socios del gobierno de coalición que encabeza Pedro Sánchez.

El jueves, el profesor José Errasti denunció los hechos en una serie de tuiteos en los que muestra los mensajes y amenazas de tipo mafioso que han pegado los extremistas LGTB en esa Facultad. Errasti es autor del libro «Nadie nace en un cuerpo equivocado», una obra en la que expone sus discrepancias de la teoría queer. Como recordaréis, en mayo extremistas LGTB amenazaron con quemar una librería y a la gente que había dentro con motivo de una presentación de ese libro. Esta vez, y según Errasti, partidarios de la teoría queer han robado ese libro de la biblioteca de la Facultad y han arrancado sus páginas para escribir sus consignas.

Entre esas consignas se podían leer cosas como «Ha llegado la inqueersición a la UCM» (haciendo una siniestra combinación de las palabras «queer» e «inquisición»), «El único cuerpo equivocado es el de Policía» y también un lema que deja claro la escasa seriedad intelectual de sus planteamientos: «Cada vez que te quejas creamos 7 géneros más».

Uno de esos lemas, en los que esos extremistas presumen de ser la nueva inquisición, incluso se ha plasmado en una pancarta de grandes dimensiones en un patio de la Facultad. Una forma clara de gritar a los cuatro vientos lo fanáticos e intolerantes que son.

Pero la cosa ha ido más allá de una mera exhibición de fanatismo e intolerancia. En uno de los carteles, hecho con dos páginas arrancadas del libro de Errasti, los extremistas LGBT han escrito una amenaza mafiosa a los profesores que no piensan como ellos: «Profesores tránsfobos ¡¡¡tenéis regalo bajo el coche!!!», una amenaza que evoca los tiempos en los que la banda terrorista ETA colocaba bombas bajo los vehículos de las personas a las que asesinaba.

Las feministas contrarias a la teoría queer también han sido el objetivo de las amenazas de esos extremistas LGTB. En uno de sus pasquines, escrito con tres páginas arrancadas del libro de Errasti, escribieron lo siguiente: «La transfobia académica, a la hoguera con las terfas», apodo que dan esos extremistas a las feministas que no opinan como ellos.

Así mismo, en una de sus pancartas los extremistas LGTB amenazan a esas feministas con este texto: «Terfas estáis en nuestras listas».

A pesar de la gravedad de las amenazas, la Universidad Complutense y la Facultad de Políticas no han publicado ningún comunicado condenando esos comportamientos mafiosos. Desde el gobierno de Pedro Sánchez y desde el Ministerio de Igualdad, en manos de Podemos, tampoco han emitido condena alguna contra esas amenazas.

FUENTE: ELENTIR

Los hombres princesita: la verdadera masculinidad tóxica

La mujer sensual y lista despierta rencor y envidia en el hombre princesita. Ante ella adopta una actitud de altanería y soberbia.

Irene González

Quizá el origen de todo esté en la música indie. Esa desgracia musical que inutilizó los cerebros de una generación, atormentada en su egocentrismo, impregnándolos de debilidad y desprecio por lo valioso, para ocultar sus complejos ante la masculinidadTodo vestigio de hombría quedó denostado al crear al pusilánime, al eterno adolescente, al hombre princesita. Un subgénero del hombre moderno heterosexual.

El anhelo de ligar, de conectar. Ese interés, esa torpe curiosidad rodeada de errores y ganas de ver, tocar y vivir a la otra persona por encima de cualquier miedo, insignificante ante el calor del otro. Ligar muchas veces implica interrumpir, quizá molestar, insistir o sentirse ridículo, pero siempre es atreverse. Ser capaz de vencer ese instante de salto al vacío es un alarde natural de virilidad, aunque en muchas ocasiones no surta efecto. Siempre fue cosa de dos. Una especie de baile donde cada uno hace lo que puede y el valor va cambiando de lado, al paso.

Toda esa excitante y extraordinaria tentación ha sido sustituida en la vida posmoderna por una reacción en redes, un «me gusta», que sin palabras no es más que un bucle de emoticonos a ninguna parte. Sé que es difícil no caer rendida de deseo ante este absurdo, que lleva a refugiarse en una película de Marcello Mastroianni. Pienso en la masculinidad destruida que representan los hombres princesita y me invade la desolación ante el declive estético de la seducción y el amor, tras el que hay un oscuro vacío moral.

El princesita está tan acomodado en su cobardía que la ha transformado en pereza sexual y desidia emocional. Su apatía posmoderna le incapacita para vivir el vigor del deseo, tan alejado de la necesidad y el ansia de consumo. Tiene más miedo a mostrar un natural interés por una mujer y no ser correspondido, que a perderse lo que pueda vivir. Este desdén ante el sexo que requiere moverse del sofá hay quien lo interpreta como una desgana ante la falsa sensación de abundancia. Las redes le han hecho preso del espejismo de ilimitadas opciones y experiencias. Una generación atrapada y agitada en la saturación de un scrolling infinito que deja un vacío aturdido y demasiado cansado como para sentir ante la vida real que se escapa, mientras se intenta huir de ella en esa pantalla, en esa rueda de hámster. Hacerse next a uno mismo.

Hombres princesita: cobardía emocional

Atrapados en el síndrome de María Antonieta, el hombre princesita necesita ser buscado, elogiado e invitado hasta tenerlo en bandeja para muchas veces desdeñarlo. Un ego débil, caprichoso e infantil que necesita alimentar la sensación de exceso. O algo mucho peor, aparentar un carácter bohemio que su cobardía emocional nunca le podrá dar. La mujer sensual y lista despierta rencor y envidia en el princesita, ante la que adopta una actitud de altanería y soberbia. Le da tanto miedo no ser deseado por ciertas mujeres que opta por el desprecio para ocultar sin éxito su falta de hombría. Lo que más valora es la facilidad de acceso y deshecho, la comodidad que le permita disfrazar sus limitaciones, masculinidad destruida.

El feminismo de tercera ola ha hecho mucho daño a las guapas. Sin piropos, ni caballerosidad, ni amor romántico. Ahora todo es un asco.

La ampliación del concepto de violencia sexual hasta el absurdo ha dado refugio a los depredadores al permitir que se confundan con el que mira a la chica que le gusta. (No te quedes ahí, ve a hablar con ella).

Este escenario sirve como excusa para camuflar su pusilánime existencia esperando impávido que vayan a cortejarle. Tan infantil como insustancial murmulla: «que se acerque ella, estamos en el siglo XXI». Terror. El princesita además de poco hombre no es muy listo.

La iniciativa no es y no debe ser exclusiva de los hombres, pero tampoco de las mujeres como pretenden. El posmofeminismo ha conseguido que las mujeres se encarguen de todo, de parir y de invitarles a salir. «No, que me denuncian», «igualdad», contesta el princesita —lo peor es que son unos aburridos. Pocas cosas más antieróticas que un tipo pidiendo cuotas de igualdad para él en el momento de «ligar».

Que hoy nazcan niños en este mundo del absurdo sentimental es un milagro. Se dedican estudios a la incidencia del precio del alquiler y los salarios en la baja natalidad. Nadie habla de los puentes destruidos entre los que son iguales y naturalmente algo distintos. Toda diversidad se celebra, menos la existente entre sexos. Se fomenta la confusión y se enaltece la fugaz compañía, sin capacidad para conocer el deseo, normalizando el desprecio al amor.

La verdad de una sociedad está en las costuras de cómo nos relacionamos y aproximamos a la intimidad. El lugar que ocupa en cada uno la posibilidad del amor, que no es tan frecuente como las parejas estables. Ahora la soberbia, el miedo, la envidia y la desidia llenan un espacio ausente de ternura y curiosidad hacia el otro a la hora de explorar una conexión real, una intimidad. Lo que más anhelan los hombres y mujeres supervivientes de la posmodernidad.

© Voz Populi

Y para que nada falte a nuestra condena a ser dilapidados en plaza pública por manifiesto delito de heteropatriarcado y masculinidad tóxica, he aquí La fortuna de ser mujer, una película con los grandes Sofia Loren y Marcello Mastroianni.

La guerra abierta entre sexos, cada vez más cerca.

Lo sucedido en el colegio mayor Elías Ahuja de Madrid cuando menos merece un comentario. Naturalmente habrá quien piense que la culpa de todo la tiene Franco. Interpretaciones tan descabelladas o más, hemos podido verlas reproducidas en la  “mentira democrática” y la gente se lo ha tragado sin pestañear, porque el pueblo español no es que se distinga precisamente, por su capacidad crítica, de lo cual también se le echa la culpa al de siempre.  Pues bien, lo cierto es que un hecho así resulta inimaginable y cualquiera que haya vivido en la España franquista lo sabe bien, que nunca un hecho tan vergonzoso se hubiera podido producir, por la sencilla razón de que las escuelas de entonces, lo mismo que en los Colegios Mayores, eran lugares, donde se velaba por la  formación humana , donde los adolescentes y los jóvenes  aprendían a  ser personas de bien  y honradas a carta cabal. Los chicos   eran respetuosos con unas chicas que se hacían respetar porque habían sido educadas en la honestidad y en la limpieza de cuerpo y alma. Ésta y no otra era la clave para que los propios chicos, también educados en los mismos valores, tuvieran en gran estima a las chicas pudorosas, no como actualmente ocurre, en que  a la hora de elegir compañera, los propios interesados  confiesan que prefieren que  sean un poco “guarronas”.

Motivos hay para estar preocupados, no tanto por el hecho en sí del que todo el mundo habla, cuanto por lo que a través de él se dejé entrever y que viene a confirmar lo que ya más o menos sabíamos. Estamos viviendo una crisis aguda, que afecta a la relación entre los sexos. La situación es grave, tanto que la ministrilla Irene Montero se vio obligada a intervenir quirúrgicamente, sacando la ley del “solo el SÍ es SÍ”, tan equivocada que lo que seguramente va a conseguir es agravar el problema. Naturalmente que hay que tomar conciencia de la gravedad del asunto, pero sobre todo urge saber cuál es su origen para enfrentarnos a él y tratar de darle alguna solución.

 Resulta verdaderamente  grotesco e indignante que salgan en primera línea, lamentándose y rasgándose las vestiduras, precisamente dirigentes políticos, que por acción u omisión han sido sus principales causantes y no parece muy difícil dar con  quienes han sido, más aún, desde hace tiempo se vienen denunciando prácticas educativas aberrantes, inspiradas en la ideología de género, que bien podría ser visto, como un instrumento pensado para la corrupción de menores. No nos engañemos, en gran medida la falta de  compenetración, no solo entre las parejas jóvenes, sino también en las más maduritas, es fruto de una educación equivocada, que más que educar lo que hizo y está haciendo es deseducar. 

 El adoctrinamiento en la ideología de género que se está llevando a cabo en los centros educativos, no solo está siendo motivo de perversión moral, sino que está dando origen larvadamente a una guerra entre los sexos y quien no lo vea así es que está ciego. Guerra entre sexos en versión chusca, es exactamente lo que yo acierto a ver en lo sucedido en el colegio agustino de Elías Ahuja y que ha puesto bien de manifiesto el componente de un subconsciente masculino lleno aversión y resentimiento. No sé si habrá réplica por parte de las chicas, pero hay razones suficientes para pensar que si la hubiera, seguramente saldría a relucir un subconsciente sexista no menos preocupante, tal como hemos podido ver en más de una ocasión.  Esto que acaba de suceder y mucho más, hay que interpretarlo dentro del contexto amplio, enmarcado en un feminismo corrosivo y demoledor, que anda diciendo por ahí que los hombres son unos machistas depredadores, violadores irredentos, enemigos de las mujeres a las que siempre han tenido esclavizadas.  Hace falta mucho cinismo para lamentarse por algo de lo que se es responsable. Después de haber estado durante años, tratando de adoctrinar a los escolares en la práctica de una sexualidad salvaje, puramente biológica, ahora nos escandalizamos de que éstos se expresen en términos sexistas.  ¿Acaso se puede esperar una respuesta solidaria, comprometida y respetuosa con los demás a quienes han sido educados  en un pansexualismo enfermizo, que solo busca  la satisfacción momentánea y egoísta de los más bajos instintos?

Vamos a hablar claro, la educación sexual que se está impartiendo en las escuelas  además de ser  demoledora, está alimentando  resentimientos y malentendidos,  que propician el enfrentamiento entre hombre y  la mujer.  Una información interesada sobre los juguetes eróticos  puede  contribuir a despersonalizar la sexualidad dejando fuera de toda relación humana y humanizadora y convertirla en una pura estimulación mecánica.  ¿Que sentido tendría un aprendizaje de este tipo de cara a un relación conyugal, como la propia naturaleza exige?   Según he podido saber,  el tipo de educación sexual que se imparte en los centros, consiste en conocer el propio cuerpo, para así poder obtener el máximo de placer posible, lo que ciertamente se corresponde con una cultura eminentemente hedonista, no lo voy a negar, lo que sí que digo es que ésa no es la educación sexual que se está necesitando, o cuando menos no lo es toda. Lo que se necesita fundamentalmente y más que nada es conocer y explorar los espíritus y dotarles de aquellos valores humanos y morales que hagan posibles que un sujeto y una sujeta, distintos entre sí, se compenetren y mutuamente se apoyen y complementen. Recalco lo de un sujeto y una sujeta distintos entre sí, porque hay que partir de la evidencia científica de que hombre y mujer son diferentes. Lo son morfológicamente, lo son genéticamente, lo son anatómicamente y sobre todo lo son psicológicamente, con su sensibilidad propia y su modo característico de entender la sexualidad.       

 Desde mayo del 68 existen fuerzas muy interesadas por implantar la indiferenciación sexual,    sirviéndose para ello de las escuelas, los parlamentos y los medios de comunicación, para sus siniestros propósitos , incluso la propia ONU, está haciendo valer su autoridad moral a favor de   esto mismo. Es seguramente por ello, que la identidad femenina atraviesa una crisis sin precedentes. Todo comenzó por ocultar los sentimientos y afectos femeninos, para así poder ingresar más fácilmente en el mundo laboral de los hombres; la cosa fue a más y muchas mujeres acabaron  traicionándose a sí mismas,  sacrificando su propia identidad femenina,  para  convertirse en “hombretonas” y  llegar  a ser paradigma de lo que se dio en llamar la mujer moderna. Frente a tanta confusión, una cosa parece clara y es que la naturaleza de la mujer   es única e insustituible, estando llamada a realizar un tipo de humanidad maravillosa y diferente de la del hombre, de modo que solo siendo fiel a sí misma podrá lograr su plenitud. La falsificación de la mujer obra del feminismo radicalizado “a lo Beauvoir” ha repercutido negativamente en las relaciones de la pareja, pero a quien más daño ha hecho es a la propia mujer. A simple vista, semejante afirmación resulta paradójica, por lo que está pidiendo una explicación.   Bien está que a la mujer se la equipare con el hombre en todos los órdenes de la vida social, lo que no deja de ser una desgracia es que a la mujer se la masculinice, robándole su propia identidad, hasta verla convertida en una réplica del hombre. Ser mujer es un don, un privilegio que el mundo necesita, por eso una mujer nunca debiera dejar de serlo. Fue Julián Marías quien dijo que: “Cuando una mujer no sabe a mujer, resulta una forma degradada de lo humano”.  En la medida en que la mujer se olvida de su condición de mujer, se está convirtiendo en un objeto fácilmente manipulable.  Bien entendido que esta fidelidad de la que hablo es compatible con las preferencias personales y con la vocación profesional de cada cual, sin necesidad de tener que renunciar a nada, por supuesto tampoco a la maternidad y a la familia.  

 La Srª Irene Montero,  ministra de la igualdad, tiene que explicarnos qué está fallando en la política  de género, para que cada vez haya más desavenencias entre los jóvenes de distinto sexo, para que las agresiones sexuales sean el pan nuestro de cada día, o para que unos  universitarios nos obsequien con un espectáculo de tan mal gusto. Ha de explicarnos porqué  tantos chicos y chicas  se muestran reacios a formar una familia  estable  y cuando se deciden a hacerlo son incapaces de dar continuidad a un ilusionante proyecto en común.

Cuando en España se impuso por decreto la ley  la coeducación, se nos dijo que ello iba a favorecer la cooperación, el mutuo conocimiento, la convivencia, la cercanía, la confraternización, la interrelación. Todo ha sido un camelo, Sra. ministra, lo que está sucediendo   es otra cosa bien distinta.  Políticos, políticas y polítiques ¿por qué no se van a sus casas y nos dejan en paz?

El Correo de España

Santurrones progres… y liberales

Imágenes de los dos colegios mayores la noche de la «agresión machista y heteropatriarcal»

Ante la blasfemia mayor de los tiempos LGTBIQ+, las vestiduras se han rasgado

Por: Javier R. Portella

“¡Salid, putas, de la madriguera! ¡Ninfómanas! ¡Os vamos a follar!”, gritaban desde sus ventanas los estudiantes del Colegio Mayor Elías Alhuja de Madrid dirigiéndose la otra noche a sus vecinas del Colegio Mayor Santa Mónica. Las cuales, regocijadas, contestaban a sus amigos y compañeros: “¡Queremos más, queremos más!”. Luego, a preguntas de los periodistas que se precipitaron a asediarlas, las estudiantes precisaron que todo era una tradicional broma de inicio de curso por la que no se sentían en absoluto ofendidas y pedían la readmisión de sus compañeros masculinos que han sido expulsados del colegio mayor.

Ante la blasfemia mayor de los tiempos LGTBIQ+, las vestiduras se han rasgado y se ha montado el mayor de los escándalos. “¡Machismo insultante, expresión denigrante del heteropatriarcado”, etc. han gritado todos a coro. Todos. No sólo el rojerío PSOE-izquierdista, encabezado por sus televisiones (la Sexta y TVE) que han abierto con tal noticia sus telediarios. También el PP (cosa lógica y de esperar) ha repudiado el “machismo” varonil. Y lo más tremendo: también Vox, en boca de Rocío Monasterio y de su recientemente dimitido secretario general Javier Ortega Smith, ha inclinado la cerviz y se ha sumado al coro de los santurrones de la virtud feministoide. Sola, en toda la casta política, la presidenta de Madrid, Isabel Díaz Ayuso ha tenido la inteligencia política de negarse a condenar los hechos.

Cuando todo se rompe…

Cuando todo se rompe —valores, principios, belleza, tradiciones…— hasta se quiebra el sentido mismo del humor y de la fiesta. Todo se vuelve triste, enjuto, seco. Como les gusta a ellos, como son ellos mismos: mirad, si no, la cara de los líderes del mundo progre-liberal que nos sojuzga (suavemente, dulcemente, la mayoría de las veces; pero si nuestra servidumbre voluntaria no les basta, entonces…).

Todo se había limitado a una fiesta, ¡por Dios!, a una de esas tradicionales bufonadas estudiantiles con las que se suele celebrar el comienzo del año académico. Jamás, fuera de tal contexto, a ninguno de los “machistas” estudiantes se le ocurriría dirigirse con tales términos a sus amigas, compañeras o novias.

Fue una bufonada, es cierto, de tintes groseros, vulgares, incluso. ¿Y?… ¿Desde cuándo los forjadores del mundo más vulgar, feo y grosero de la historia osan criticar una vulgaridad puntual, breve y festiva? Es más, ¿desde cuándo las bufonadas festivas carecen, en el grado que sea, de tales rasgos? ¿No los había acaso en todas las tradiciones y ritos, hoy perdidos, en que, durante ciertos días del año, se transgredían los principios  y el orden social imperantes? ¿Acaso no era descomedido, desaforado y burdo todo lo que se celebraba desde las Saturnalia romanas (con sus orgías y su inversión de roles entre amos y siervos) hasta los carnavales medievales y renacentistas?

¿Hasta tal punto hemos perdido hoy el sentido del humor y de la transgresión, de la fiesta y de la tradición? Por supuesto que los hemos perdido. Pero todavía no todo el mundo. Todavía no lo han perdido, por ejemplo, los estudiantes de ambos sexos (sí, “sexos”, no “géneros”, maldita sea) de estos colegios mayores de Madrid que, con su fiesta, se han mostrado inmunes (¡y cómo les duele a los progres y liberales!) a la ideología de género y demás desatinos woke que, desde su más tierna infancia, los forjadores de ideas (desde los medios de cretinización hasta muchos docentes, pasando incluso por sus propias familias) les han tratado y tratan de imbuir.

Saludemos, pues, con simpatía y admiración a los estudiantes de los colegios mayores Elías Alhuja y Santa Mónica de Madrid. Y esperemos que los años próximos tengan las agallas de proseguir su tradición. Pero les resultará difícil: la policía del pensamiento y los nuevos Savonarola  velarán por el mantenimiento del orden y la moral.