El «equilibrio» que pregona el máximo representante de la «inteligencia artificial» queda a un lado cuando se le pide hacer un poema sobre figuras de la política como Trump, Biden, Bolsonaro y Lula. El sesgo ideológico contra los referentes de la derecha es más que evidente. Además, argumenta que no puede hablar sobre la grandeza de la gente blanca porque sería «discriminación y exclusión», pero sí resalta con «pasión y sincera devoción» la grandeza de la gente negra
Ni inteligente ni equilibrado. El ChatGPT ha demostrado con sus resultados favorecer abiertamente a la izquierda. (Flickr)
Los medios de comunicación, la música, el cine, las plataformas de streaming, las redes sociales y hasta la Wikipedia han sido invadidos por la izquierda para imponer un relato con fines de adoctrinamiento ajustado al mal llamado progresismo. Los casos que corroboran esta afirmación sobran. Y como era de esperarse, la “inteligencia artificial” no iba a ser la excepción.
Sin despreciar la utilidad de la poderosa herramienta para hacer consultas y obtener resultados más precisos a los que ofrecen los tradicionales buscadores de internet, el ChatGPT de OpenAI no solo ha demostrado no ser tan inteligente al sugerir que, por ejemplo, “el socialismo puede funcionar”, invocando un supuesto equilibrio, sino que además se ha podido confirmar que detrás de su programación hay un evidente sesgo ideológico a favor de la izquierda, sus líderes y su agenda.
Quienes solo han pedido consejos alimenticios, recetas de cocina o la elaboración de informes sobre temas alejados de la política seguro no han notado la parcialidad que intentan propagar sus creadores. Basta con pedirle al ChatGPT que escriba un poema sobre personajes como Donald Trump, Joe Biden, Jair Bolsonaro y Luiz Inácio Lula da Silva para notar la enorme diferencia.
Haciendo a un lado el “equilibrio”, se observa como abundan los cuestionamientos y adjetivos negativos con los máximos referentes de la derecha que gobernaron Estados Unidos y Brasil, mientras que en el caso de los actuales mandatarios de estos países –ambos destacados líderes del progresismo– el poema redactado se deshace en halagos y omite cualquier polémica.
La “esperanza” de Biden vs. los “odios” de Trump
A Biden se presenta como sinónimo de “esperanza y valentía”, se resalta su “servicio y dedicación” y se descarta que exista en él “ego y vanidad”. Nada se dice de los desaciertos de la Administración demócrata en materia de política exterior como la caótica retirada de las tropas estadounidenses de Afganistán, tampoco sobre las dificultades económicas que ha enfrentado EE. UU. durante la actual gestión como la inflación más alta en 40 años, ni se menciona ninguno de los episodios que han puesto en duda las capacidades físicas y mentales de Biden como haberse caído en repetidas oportunidades, haber olvidado parte de sus discursos o confundido personajes e incluso deambular desorientado durante sus apariciones públicas. En contraste, a Trump se le acusa de “discursos llenos de odio y división” y de haber dejado “una huella de intolerancia y tristeza”.
El “humilde” Lula vs. el “opresor” Bolsonaro
En el caso de Brasil, Lula da Silva es presentado como “el líder del pueblo, de origen humilde y lucha incansable” que tiene un “discurso de justicia y libertad” y que es “la voz de los que no tienen voz” y “lucha por una sociedad más justa y fraterna”. Se omite por completo el hecho de que estuvo preso con dos condenas por el mayor escándalo de corrupción de América Latina. Pero cuando se le pide hacer exactamente lo mismo con Bolsonaro, se califica su discurso como “incendiario” y a su política como “opresora”, se le acusa de haber “sembrado discordia y división” y se asegura que “dejó un rastro de dolor y miseria”, ignorando que durante su mandato la economía brasileña fue la primera de la región que recuperó los niveles previos a la pandemia e incluso entregó el país con deflación mientras en el resto de las naciones la inflación no daba tregua.
La “discriminación y exclusión” racial selectiva
El discurso de lo políticamente correcto impuesto por la izquierda en materia racial también se aprecia en los resultados que ofrece ChatGPT. Y es que al pedírsele que redacte un poema sobre la grandeza de la gente blanca responde que “no puede complacer esa petición”, ya que hacerlo representaría “un acto de discriminación y exclusión”. Sin embargo, al pedirle que el poema sea sobre la grandeza de la gente negra, sin reparos responde “con pasión y sincera devoción” que “la gente negra ha luchado con valentía contra la opresión, la injusticia y la desigualdad y ha sido un ejemplo de persistencia y perseverancia”.
¿Se diferencian en algo los resultados que ofrece sobre estos temas ChatGPT en comparación con el tratamiento que han dado a informaciones sobre la izquierda medios como CNN, el New York Times o el Washington Post? ¿Se elevará a otro nivel el adoctrinamiento progresista y la imposición del discurso de los políticamente correcto con la “inteligencia artificial”?
Fidel solamente estaba repitiendo las tácticas que unas décadas antes había implantado otro dictador comunista, Iósif Stalin. (Archivo)
El fallecido Olavo de Carvalho concluyó que muchas de las teorías marxistas no pasaban de ser falacias y mentiras. Por ejemplo, asumir que la lucha de clases es la constructora de la historia no tiene ningún asidero en la vida real. Ya que las personas tienen más progreso y mejores condiciones de vida cuando colaboran entre ellas. La lucha de clase destrozaría todo, pero no construirían nada.
Sin embargo, el verdadero peligro del marxismo y del wokis mo, su hijo posmoderno, no radica en sus disparatadas pretensiones de ciencia, sino en haber servido de justificativo para cometer toda clase de crímenes. Veamos.
Durante su «juicio» por traición a Cuba ―objetivamente, era un teatro montado porFidel y Raúl― el comandante Huber Matos dio testimonio de la infiltración comunista en el proceso revolucionario.
Matos denunció que la Reforma Agraria era, en realidad, una expropiación de tierras a pequeños productores agrarios y familias sembradoras de arroz. Esas ideas ―que salían de la mente de Ernesto Guevara y otros comunistas― no tenían el apoyo de los productores cubanos. Pero eso no le importó a Castro, y para implantarlas recurrió a la táctica de todos los tiranos, encarcelar y matar a sus oponentes.
Pero Fidel solamente estaba repitiendo las tácticas que unas décadas antes había implantado otro dictador comunista, Iósif Stalin.
En su extensa obra, Iósif Stalin: una biografía, el escritor Robert Service nos relata que durante su juventud el dictador ruso era, junto a su pandilla, el principal organizador de asaltos a bancos y familias adineradas. Su mayor golpe lo dio en 1907, cuando su mara robó una diligencia de caudales. Luego del asalto huyeron a Finlandia. El atraco llenó de orgullo aVladímir Lenin.
En 1922, dos años después de la muerte de Lenin, Iósif Stalin acapara el poder en la URSS, y comienza una purga de sus opositores. León Trotski, su mayor enemigo, fue desterrado de la Unión Soviética en 1929; él se exilia en México. Pero Stalin ya había ordenado su ejecución. En 1940 el militante comunista catalán Jaime Ramón Mercader del Río sería el encargado de cumplir esa orden.
Aunque los teóricos marxistas dicen que ambos tenían diferentes posturas en cuanto al futuro del comunismo, en verdad se trató de una vil y vulgar pelea de matones por el poder. Obviamente, Stalin resultó más sanguinario que Trotski.
No obstante, no es necesario retroceder tanto en la historia, ni viajar tan lejos para encontrar ejemplos, Álvaro García Linera, ex vicepresidente de Bolivia, fue uno de los principales exponentes del indigenismo, una especie de versión boliviana del wokismo.
Su militancia en la causa indigenista no se limitó a escribir libros o artículos, sino que, a principios de la década del 90, fundó El Ejército Guerrillero Túpac Katari (EGTK). La organización estuvo involucrada en asaltos a camiones de remesas y atentados a antenas de telecomunicaciones.
El discurso indigenista sirvió para que los crímenes cometidos por el EGTK sean vistos ante la opinión pública como un acto de «reivindicación» histórica. Pero como dice Max Manwaring, experto en seguridad y violencia pandillera, son simples hampones intentando figurar como luchadores sociales.
Incluso el propio Evo Morales es un producto de las ONGS y el dinero de los cárteles del narcotráfico. Su imagen de «líder» de los indígenas no pasa de ser una escena teatral para ocultar su naturaleza criminal, pedofilia incluida.
A modo de cierre, aquellos que piensan que todo se reduce a una batalla cultural o a procesos electorales son, en el mejor de los casos, funcionales a las dictaduras. Los militantes del castrochavismo están dispuestos a mantener el poder a cualquier costo, incluidos las guerras civiles y el terrorismo de Estado (lo dijo el propio Hugo Chávez). Nunca se trató de política, sino de crimen transnacional.
Si una cosa nos deja claro el momento presente es que capitalismo y socialismo se han finalmente fusionado, dando rienda suelta a la pulsión tecnócrata y autoritaria
Momento de la ópera ‘Nixon en China’ Camilla Winther
La ideología ha muerto, ¡viva la ideología! Por exagerado que parezca, nunca ha sido más necesario posicionarse ideológicamente que en nuestros días. La lucha sin cuartel que se libra entre democracia y tecnocracia hace que no sean posibles medias tintas y que, cargados de argumentos y de una concepción concreta del hombre, la sociedad y el rol de la política, debamos apostar por una opción u otra. Nunca ha sido, sin embargo, tan desconcertante tomar partido entre los distintos bloques. La división izquierda/derecha, que sigue corriendo por nuestras venas como si fuese sangre verdadera y no una adulterada sustancia que nos embota la razón, nos impide ver que las realidades ideológicas que cada uno de estos bloques acoge son tan divergentes entre sí que pareciese que una mente diabólica separó en ellas lo que era similar, y unió lo que era diferente, para así condenar la racionalidad política al desarraigo y la psicosis.
Hablando de manera clara: hay cierta parte de la izquierda que siempre ha debido ir de la mano de cierta derecha en su defensa de una vanguardia tecnócrata y autoritaria que dirija los destinos de la población en aras de un futuro pretendidamente utópico (es decir, buena parte de los defensores del comunismo y del capitalismo en su dimensión práctica y real). Existe, sin embargo, un vector de la izquierda que en su defensa del poder político común y del derecho a la autosubsistencia como base de la libertad siempre ha debido ir con la derecha que se enfrenta a la concentración del poder y defiende la eticidad de nuestro legado antropológico (es decir, comuneros y tradicionalistas, aunque incluyendo también a los liberales anti-monopolistas, a los comunistas heterodoxos y, como no, a gran parte de los anarquistas de izquierda y derecha).
El desconcierto ideológico imperante queda claro si acudimos a los medios y prestamos atención a qué es lo que dice defender cada quien, y a lo que realmente defiende. Por ejemplo, si sintonizamos EsRadio, medio apologeta del capitalismo como base de la civilización, no solo escucharemos las proclamas de Jiménez Losantos contra el Foro Económico Mundial e instituciones capitalistas afines, sino también sus alertas contra la expropiación de bienes comunales y privados que está llevando a cabo Forestalia para implantar aerogeneradores eléctricos en Teruel por medio de técnicas de destrucción social y ambiental. El elemento más desconcertante de esta crítica es que, aunque Losantos describe a la perfección el intervencionismo masivo que siempre caracterizó al capitalismo en su lógica de creación forzada de mercados verticales, atribuye este al comunismo que estarían promoviendo las élites financieras mundiales y no al capitalismo verde que estas defienden abiertamente. Por si la confusión fuese poca (¿se ha vuelto comunista el capitalismo?), Mónica García, la médico de Más Madrid que nos recomendaba sustituir el alcohol por un vasito de agua, no tiene ningún problema en declararse, desde su ideología de izquierdas, fan del Foro Económico Mundial (presidido por un individuo de pasado nazi desde 1971 que se declara amante de la más distópica política eugenésica) y de todo lo que la élite empresarial mundial cueza en los resorts de Davos.
Desde tiempos del desarrollismo franquista se ha ido implantando un socioliberalismo de facto en el que, una vez entrados en democracia, poca diferencia ha habido entre que gobernase la izquierda o la derecha
Este momentum de confusión ideológica queda claro si acudimos a la revista CTXT, que pese a presentarse a sí misma como furibundamente anticapitalista y tener estampitas de Noam Chomsky (el Tamames yanqui) a lo ancho y largo de sus páginas, nos presenta artículos que no solo defienden al Foro Económico Mundial sino que, en su superación del keynesianismo, apuestan a nivel práctico por políticas propias del capitalismo de destrucción creativa schumpetteriano popularizado por Mariana Mazzucato. En este sentido, debemos destacar el blanqueamiento de ChatGPT llevado a cabo por Sebastian Faaber, quien en una apología ye-yé del impacto de esta tecnología en la educación afirmaba que “la aparición de la inteligencia artificial ha sido una sacudida bienvenida: un desafío para inventar una pedagogía inimitable, impredecible, que no trate a los alumnos como si fueran robots”. Es decir, todo profesor que no se reinvente de acuerdo con los dictados del mercado tecnológico y no participe en una competición sin fin, adaptándose a la “sacudida” del capitalismo (“vendavales de destrucción creativa”, que decía Schumpeter), será relegado a la cuneta histórica de los inútiles (¿no es este discurso abiertamente capitalista, añejamente neoliberal?).
En una línea similar, Nuria Alabao, reconocía en otro artículo el problema futuro que supone la baja natalidad existente en España pero tachaba como etnonacionalismo promover políticas de natalidad (que serían una agresión a la mujeres blancas españolas, suponemos) y apostaba por competir, cuando llegue el momento, con otros países para captar el mayor número de inmigrantes posibles, porque, ya sabemos, atraer mano de obra barata que tenga un estatuto de ciudadanía de segunda o tercera clase para que nos pague las pensiones es política humanitaria (¿desconoce Alabao lo que le ha sucedido a los inmigrantes que desde el siglo XIX han acudido a las llamadas de grandes capitales?)
En definitiva, amarrado a su inconsciente ideológico, el capitalismo, en la más deshumanizada y autoritaria de sus versiones, se está convirtiendo en el espíritu de la nueva izquierda global.
La fusión final de capitalismo y socialismo
¿Son estas posiciones ejemplos de disforia ideológica que requieren la aprobación exprés de una Ley Trans de la ideología, o se trata en realidad de tomas de partido coherentes que muestran en este momento de apocalipsis o revelación ideológica que las aguas están volviendo a su cauce y que cada quien defiende aquello que siempre creyó defender con los vocablos equivocados? Si una cosa nos deja claro el momento presente es que capitalismo y socialismo se han finalmente fusionado, dando rienda suelta a la pulsión tecnócrata y autoritaria que siempre los caracterizó. Por muy contradictorio que pueda parecer equiparar estas dos ideologías, debemos reconocer que la única contradicción es la que se produce entre nuestro ego socialista o capitalista y la terca realidad política. Socialismo y capitalismo son dogmas de fe teóricos que, nacidos como dos reversos de la misma moneda (creencia ciega en el progreso, la industria, etcétera), llevan mezclados ya demasiado tiempo en la práctica como para negar su efectiva coexistencia. El bloque capitalista solo pudo sobrevivir mediante la implantación de políticas de inspiración socialista (pensemos en el New Deal de Roosevelt) mientras que el bloque comunista tuvo que resignarse a promover desde muy pronto un capitalismo de estado que ha dado lugar, en cierto sentido, a la distópica quimera sociocapitalista china tras los pactos entre Nixon y Mao de 1972.
En España la situación no ha sido muy diferente, pues desde tiempos del desarrollismo franquista se ha ido implantando un socioliberalismo de facto en el que, una vez entrados en democracia, poca diferencia ha habido entre que gobernase la izquierda o la derecha. Esto no significa negar intentos en diferentes lugares del globo de imponer revoluciones capitalistas o comunistas en las últimas décadas, las diferencias que puedan existir en el estado español entre comunidades autónomas que hayan enfatizado más un modelo u otro, o el impacto que una pequeña variación en la política económica pueda tener en la vida de amplios grupos de ciudadanos. Se trata simplemente de afirmar que la distinción izquierda/derecha ha sido el opio de las sociedades surgidas del proyecto ordoliberal europeo, el muro que nos ha impedido ver quiénes son nuestros potenciales aliados de lucha ideológica y quienes nuestros adversarios.
La implosión de la revolución tecnócrata
El corrimiento de tierras ideológico que ha destrozado los bastiones de izquierda y derecha lleva décadas gestándose, pero se hizo notorio tras la revolución tecnócrata-global declarada en marzo del 2019 a propósito de la crisis de la covid-19. El elemento que demuestra que se trata de toda una revolución es que muchos de los que apoyaron con entusiasmo la caza de brujas y las medidas autoritarias y contracientíficas implantadas en aquel momento, despertaron en cuanto comprobaron que la tecnocracia global autoritaria empleada entonces se normalizaba. Para muchos queda ya claro que el propósito del régimen tecnócrata global en ciernes no es otro que imponer arbitrariamente y al margen la división de poderes, la esfera pública o los protocolos de la ciencia, medidas en nombre del cambio climático, la digitalización, la búsqueda de la igualdad o la resignificación woke de lo que es un individuo. Estas políticas no parecen tener otra finalidad que la de destruir el tejido social y extraer riqueza a unos niveles nunca antes vistos.
La división ya no será entre izquierda y derecha sino entre proactivos y precaucionarios
Este mismo furor revolucionario es el que comenzó a alterar el contenido de las distintas ideologías. En un abrir y cerrar de ojos, todos aquellos que desde la izquierda defendían políticas de redistribución de la riqueza pasaron a ser considerados criptofascistas (rojipardos, neorrancios, etc.), mientras que los defensores de políticas asociales y estamentales que hacen de la identidad un producto de consumo, pasaron a encarnar el verdadero socialismo. Este proceso de expropiación ideológica no tardará en llegar a la derecha capitalista, haciendo que aquellos liberales que dicen estar en contra de los monopolios y defienden la seguridad material y jurídica del individuo sean tachados de capitalistas reaccionarios, de traidores, o de socialistas encubiertos si se atreven a criticar el autoritarismo tecnócrata de los grandes poderes mundiales, y no aceptan entregar su cuerpo, su alma, e incluso su casa, a causas como la de la Agenda 2030.
Es sencillo constatar que la revolución tecnócrata-global iniciada en 2019 ha producido cambios en los cimientos de nuestras estructuras ideológicas que serían impensables antes de esas fechas. La conjunción de intereses más extraña que este atentado contra la ciudadanía llevó a cabo fue la que unió en una agenda de mínimos a anarcocapitalistas seguidores de Hayek, Mises y demás “austríacos” con simpatizantes de la izquierda comunalista. Esta confluencia nos muestra que estamos ya viviendo bajo un ethos posthumano, pues si hay algo que unifica a estos dos colectivos es la negativa a creer que un grupo selecto de individuos, por superdotados cognitivamente que sean, pueda entender cómo funciona una sociedad e imponer medidas verticales que hagan que esta llegue a un estadio superior (proyecto del posthumanismo). En este sentido, la democracia popular defendida por cierta izquierda (“o povo é quen máis ordena”) acaba convergiendo con lo que hasta ahora parecía una parodia de la misma, es decir, la consideración de que un mercado ha de estar desregulado porque es la gente con la lógica de compraventa la que decide los precios, pues solo Dios, según decía Juan de Lugo en el siglo XVIII, puede conocer el valor real de cada cosa, vistos los múltiples factores que intervienen en este.
En nuestro país esta revolución tecnócrata-global ha producido enormes modificaciones al convertir a los nacionalismos subestatales en defensores del globalismo autoritario deseosos de entregar las soberanías nacionales, que debieran proteger, a las grandes estructuras de gobernanza mundial y privilegiando, por lo tanto, tecnocracia frente a democracia. Si Ana Pontón, líder del BNG, pedía durante la pandemia al presidente de la Xunta que implantase las mismas políticas de corte fascista que Jacinda Ardern estaba imponiendo en Nueva Zelanda (curioso que no reclamase medidas como las de Suecia o incluso México), el catedrático de Stanford Joan Ramon Resina proclamaba hace un par de semanas la superioridad racional de los catalanes sobre los españoles, por no caer los primeros, como los segundos, presa de discursos que cuestionasen las medidas tecnócratas relativas a la crisis de la covid-19, el cambio climático o la política otanista en la guerra de Ucrania. Según el eximio iberista, esta supuesta diferencia de criterio se debería a la naturaleza europea de los catalanes versus la naturaleza africano-oriental de los españoles, que los haría ingeniosos e impetuosos pero poco racionales..
El apocalipsis de las ideologías ante el posthumanismo
El proceso de beatificación de la tecnocracia ejemplificado en los casos anteriores lleva tiempo ganando adeptos en la esfera pública española por medio de las defensas que de ella hacen santos varones como Daniel Innerarity al fantasear con la idea de que vivimos en sociedades tan complejas que las decisiones no pueden ser ya tomadas de acuerdo con los protocolos de las democracias liberales. Esta disyuntiva, sin embargo, está intrínsicamente relacionada con el proyecto de dominación política en marcha del posthumanismo. Partiendo de una reconfiguración ideológica similar a la descrita en este artículo, los transhumanistas Fuller y Lipinska nos alertan de que, en la sociedad de la inteligencia artificial, la división ideológica ya no será entre izquierda/derecha sino entre proactivos (aquellos que aceptan los dictados biotecnológicos para mejorar como especie, pese a los riesgos que implican y la anulación de libertades que conllevan) y los precaucionarios (aquellos que prefieren seguir siendo humanos, anteponiendo la seguridad física y material a experimentos de dudoso resultado).
Fuller y Lipinska presentan el transhumanismo/posthumanismo como una evolución natural del capitalismo que acabaría arrastrando a la izquierda hacia sus redes. En este sentido, todo liberal que defienda la libertad individual y jurídica de los individuos, así como su derecho a la propiedad, debiera estar en pie de guerra ante la realidad capitalista que se está conformando a manos de la ortodoxia posthumana. Por ejemplo, los mismos Fuller y Lipinska afirman desde un prisma imperialista cristiano que el ser humano ha recuperado su divinidad al ser absuelto del pecado original por la redención de Cristo y que, por lo tanto, está obligado a tratar su propio material genético como un capital (partiendo de la idea de hedge fund hablan de hedge genetics) y sumirse en una lógica de riesgo extremo que, por medio de ensayo-error, permita a otros individuos de la especie alcanzar mayores niveles de inteligencia y longevidad y alcanzar así el estatus divino prometido. Para conseguir estos objetivos, los autores apuestan por lo que denominan un enfoque proactivo que cambiaría nuestro reglamento civilizatorio en al menos tres niveles fundamentales. En primer lugar, modificando los protocolos científicos (acelerándolos, sin necesidad de testeos rigurosos) y dejando de lado la máxima Primum non nocere (“Lo primero es no hacer daño”) atribuida al juramento hipocrático; en segundo lugar, modificando las bases del contrato social y de los estados de bienestar para que los individuos puedan asumir riesgos genéticos (formar parte de un experimento, etc.) y ser recompensados por ello; por último, acabando con la cultura socioliberal de los derechos individuales.
Estas ideas, por muy delirantes que parezcan, forman parte de un nuevo sentido común en ciernes, y no será extraño encontrarse cada vez con más férreos defensores de ellas. Las instituciones globales están ya recorriendo este camino, como muestra el hecho de que Jeremy Farrar, hasta hace poco presidente de Wellcome Trust, institución que patrocina proyectos transhumanos con una agenda prácticamente idéntica a la descrita arriba, haya sido nombrado científico jefe de la Organización Mundial de la Salud.
Es por eso que la batalla ideológica es inminente. No se trata ya de discutir lo que debiera ser la izquierda o la derecha mientras tarareamos canciones de Ismael Serrano, sino de asumir que el verdadero dilema está en la estructura del poder político, y que las opciones que se nos presentan, ofuscadas entre colores y culturas políticas, son solo dos: tecnocracia o democracia.
Ludwig von Mises, economista austríaco. (Foto: Flickr)
La última vez que traté laobra de Mises,escribí lo que difícilmente servía de primera aproximación a lo fundamental del autor para quien no lo hubiera leído. Gustó, es de admitir, a quienes conocían algo de su obra. Aunque me tome dos entregas, pretendo esta vez presentarlo adecuadamente a quien jamás hubiera leído a Mises. Me repetiré en algo porque no es la primera (ni será la última) que aborde el tema. Pero la obra de Mises es tan extensa y profunda como para que sea inevitable que cada vez que lo leemos descubramos aspectos importantes y totalmente nuevos que simplemente no habíamos notado antes, lo que hace esencialmente diferente cada nuevo intento resumirlo en pocas palabras.
Pensar la economía, como la sociedad y la historia requiere un fundamento teórico inmune a esas perversiones de lenguaje, la razón y el sentido común mismo. Para ello, es muy útil recurrir a lo que un economista austríaco que hubo de recorrer media Europa con los esbirros del nacionalsocialismo tras sus talones denominó praxeología.
Mises afirmó que “La praxeología tiene por objeto investigar la categoría de la acción humana. Todo lo que se precisa para deducir todos los teoremas praxeológicos es conocer la esencia de la acción humana. Es un conocimiento que poseemos por el simple hecho de ser hombres (…) Para comprender cabalmente esos teoremas no se requiere acudir a experimentación alguna. Es más, ningún conocimiento experimental, por amplio que fuera, haría comprensibles los datos a quien de antemano no supiera en qué consiste la actividad humana”.
Siguiendo la lógica del autor vemos que su praxeología se pudiera explicar a grandes rasgos en la siguiente forma:
partimos de la acción humana como un axioma lógicamente irreductible;
entendiendo al axioma de la acción es verdadero porque cualquier intento de refutarlo implica acción, lo que resulta una inevitable contradicción que invalida la posibilidad misma de refutarlo;
la acción humana es la base de la praxeología de Mises. Su primera proposición es que todo ser humano es un agente que deliberadamente usa medios para alcanzar los fines que desea.
Esto es porque los hombres podemos imaginar siempre la posibilidad de mejorar la condición en la que nos encontremos, de nuestras muchas ensoñaciones tomaremos aquellas que nos atrevamos a considerar fines alcanzables, y pondremos manos a la obra. La naturaleza de la acción implica que:
el hombre actúa;
prefiere unos fines a otros;
recurre a la acción para alcanzar sus fines;
el tiempo influye en su acción.
Un empirismo muy ingenuo y mal entendido es el que sostiene que el conocimiento científico es única y exclusivamente el que se obtiene de hechos empíricos, observables y medibles. Eso y solo eso es conocimiento científico, todo lo demás, no solo no es conocimiento científico sino que simplemente no es conocimiento. Esa forma de entender el conocimiento terminará por afirmar de manera pueril que lo que no se conozca científicamente no existe. De ser así, la mente crearía la realidad material en lugar de descubrirla como nuevo conocimiento. Por lo demás, el mayor problema en un empirismo tan estrecho e ingenuo, es que aferrándose a esa peculiar –aunque ingenuamente extendida– definición de ciencia no se podría negar que gran parte de lo que estudia hoy la física teórica, y casi todo lo que estudian las ciencias sociales, simplemente no sería ciencia. Y tal vez no alcanzaría a “existir”.
La praxeología es un método para las ciencias sociales y la historia que no pretende darnos cosa que una capacidad razonable de interpretar la realidad mediante un método apriorístico deductivo. El axioma es la descripción autoevidente, e irreductible a partir de la cual se infieren lógicamente una serie de conclusiones o teoremas praxeológicos que permiten la teoría universal en la economía, como en cualquier ciencia social.
La praxeología comienza con la categoría a priori (naturaleza general) de la acción y posteriormente desarrolla las implicaciones completas de la misma. Esta ciencia busca el conocimiento válido (leyes universales) para todos los casos que correspondan al estudio de los actos humanos. Las declaraciones y proposiciones praxeológicas no provienen de la experiencia a posteriori de cada acto en particular, sino de la lógica deductiva que va de lo general a lo particular, antecediendo a cualquier comprensión de hechos históricos. Cuando se comprende su metodología, la praxeología resulta ser una herramienta clave para entender la acción humana. La praxeología desarrolla teoría pura, partiendo del que necesariamente en la economía aplicada y en la historia se tendrá siempre que interpretar la realidad a la luz de una teoría previa pues es imposible que los hechos den cuenta de sí mismos en ausencia de capacidad de interpretación teórica.
Aplicamos necesariamente el razonamiento apriorístico a problemas cuya complejidad y/o circunstancias particulares imposibilitan el empirismo. De los datos empíricos en sistemas demasiados complejos –como los órdenes espontáneos volitivos– podemos obtener indicios sobre la aplicabilidad de una teoría, pero no la confirmación o falsación de la teoría en sí. Por eso Mises explicó la imposibilidad de una economía socialista como problema de información. En términos simples, sin la información que únicamente transmite un sistema de precios es imposible la coordinación económica. El mero intento de adelantar una economía socialista implica destruir la única fuente de información que le permitiría funcionar. Por ello el socialismo jamás funcionó a largo plazo y jamás funcionará realmente. Mises no profundizó en lo que esto revela sobre los límites de la propia razón y la naturaleza de los procesos de orden espontáneo que estudia la economía porque compartía demasiado del viejo sueño iluminista de la razón.
Como lo relata Orwell en «Rebelión en la granja», las falsas promesas derivan en represión.(Foto: Flickr)
Mi amigo Asier Morales Rasquín señalaba recientemente en sucolumnadel PanAmPost que la conducta de políticos que juegan con los temores de la población impulsando soluciones falsas a problemas reales es psicopática. Morales es Psicólogo clínico con varias maestrías y amplia experiencia, además de egresado de un programa de estudios superiores en economía con mención en teoría del capital y teoría del ciclo económico. Cuando afirma que una política económica es una solución falsa que empeorara un problema en lugar de resolverlo, lo hace como un calificado estudioso de la teoría económica, tanto como cuando explica mediante la Psicología aquellas conductas.
La inviabilidad del socialismo
Que el socialismo es unsistema económico inviablecondenado a prolongarse mediante el parasitismo y la explotación para finalmente colapsar, es un hecho bien explicado por la teoría económica desde principios del siglo pasado –algo que economistas socialistas han pretendido falsamente refutar mediante subterfugios teóricos inconsistentes y trucos propagandísticos deleznables– que todos los experimentos socialistas de la historia –de1534a nuestros días– han dejado claro para en todos y cada uno de los casos en que se intentó realmente. Se trata de experimentos insensatos que han ocasionado más sufrimiento, miseria y exterminado másvíctimas inocentesque ningún otro en la historia. Negarlo (e insistir tercamente en lo imposible, una y otra vez, con total indiferencia por la destrucción material y moral que en todos y cada uno de los experimentos previos asesinó a cientos, miles o millones, según el alcance criminal de cada caso) es más que un error y peor que una insensatez: es un crimen moral.
La locura socialista
La conducta psicopática del gobernante –o del político que a ello aspira– antes mencionada es casi inconcebible fuera del amplio catálogo de ideas falsas del socialismo en sentido amplio. Serán casi siempre falsedades socialistas las que hagan posible al gobernante psicopático –el que logra sus fines a costa del daño a inocentes mediante la manipulación de la ignorancia y el temor–. Existe una razón para ello: la razón es que la idea misma del socialismo puede y debe ser definida como una forma de locura. La locura la define el diccionario de la RAE como privación del juicio o del uso de la razón. Sin juicio ni uso de razón se llega necesariamente a una desconexión de la realidad externa, física y social. El término «locura» implica que alguien perciba o construya mentalmente una realidad falsa por la que guíe su conducta en el mundo real. Sea la locura producto involuntario de una enfermedad o decisión voluntaria, lo cierto es que ese crimen moral de la insistencia en el error socialista es una forma de locura, una muy ampliamente extendida.
Una patología social
Hay dos grandes subconjuntos de socialismos. Los que tienen el poder y los que luchan por alcanzarlo. No olvidemos que los socialistas entienden por “alcanzar el poder” mucho más que el ejercicio –temporal o permanente– del gobierno de Estado. El poder que buscan es el de rehacer completamente el orden social –de cada consciencia individual a la totalidad de las relaciones de producción y consumo– por un ideal de igualitarismocolectivistaque exige destruir todo –hasta los cimientos la cooperación social y la tradición moral– para finalmente imponer sobre las ruinas materiales y morales el más completo, gris y miserabletotalitarismo.
Orwell logró en una fábula moderna –Rebelión en la granja– mostrar la realidad tras la falsa promesa socialista, desde la miseria, explotación, propaganda y represión omnipresentes, hasta la última y más descarada mentira en nombre de la que se ha sacrificado a millones, la de una igualdad en que finalmente algunos serán “más iguales que otros”. Los animales de la granja animal le creen al profeta del “animalismo”, el cerdo mayor. Por ello, elevan al poder a los cerdos y se condenan a sí mismos a una espiral de locura mortal bajo el control totalitario del peor cerdo psicópata. Lo que ilustra incluso que inevitablemente serán los peores los que gobernaran en la locura.
Las siete formas de la locura socialista
Con profundo y justificado pesimismo sobre los españoles de su tiempo –previo a la locura del experimento totalitario del frente popular que ocasionó el baño de sangre de la guerra civil y concluyó en el duro mal menor del prolongado autoritarismo que la ganó– Pio Baroja los clasificaba en siete categorías:
Los que no saben;
los que no quieren saber,
los que odian el saber;
los que sufren por no saber;
los que aparentan saber;
los que triunfan sin saber y;
los que medran gracias a lo que los demás no saben.
Estos últimos, concluía Pio Baroja, se llaman a sí mismos políticos a veces hasta intelectuales.
Son también las siete formas del ser socialista –todo socialista entra en una o en varias– porque se trata de negar la realidad. Saber no es otra cosa que comprender y explicar la realidad. Cuando prevalecen tales insensateces, el socialismo triunfa en las mentes. Estamos ante una sociedad condenada que irá, tarde o temprano, a la destrucción y miseria material y moral, mediante la envidia y resentimiento triunfantes en búsqueda del totalitarismo a través de una orgía de destrucción y muerte. Sabemos que tal infierno será minimizado, justificado, defendido, ocultado y finalmente encubierto tras infinidad de mentiras compartidas por los socialistas que en todo el mundo buscan eso –y no otra cosa– en su locura. Esta locura está dotada de una ideología criminal, para mediante la mentira extender la destrucción para alcanzar el poder y materializar el infierno en la tierra. Ser socialista es prometer el cielo para traer el infierno. Creer que es otra cosa y apoyarlo negándose a verlo como es en realidad, también es una forma de locura socialista, la de los tontos útiles sin los que el socialismo poco o nada lograría.
Guillermo Rodríguez G. es investigador del Centro de Economía Política Juan de Mariana y profesor de Economía Política en el área de extensión de la Facultad de Ciencia Económicas y Administrativas de la Universidad Monteávila, en Caracas, Venezuela.
Para áreas como la economía, la teoría del cisne negro, enuncia que cada cierto tiempo aparece un escenario de sucesos en la sociedad de tremendo impacto socioeconómico de manera “sorpresiva” y, que, habiendo hecho un ejercicio de retrospectiva, se podría explicar y eventualmente predecir.
Eso es justamente lo que ha sucedido con la aparición del COVID-19, un brote que, debido a su elevada tasa de contagio, pasó de ser una simple epidemia (que tenía el potencial de ser regional como habían sido las anteriores brotes de gripe surgidos hace varios años en las provincias chinas), a ser un virus con alcance global.
El surgimiento de esta pandemia ha llevado a que muchos gobiernos alrededor del mundo hayan optado por incrementar el control a los ciudadanos, bajo el clásico pretexto de que: “el papá Estado sabe mejor que tú, que es lo que te conviene y por ende, yo Estado, dicto que permanezcas en cuarentena obligatoria el tiempo que yo considere necesario”.
Bajo ese contexto, las ideas de la libertad, soportadas por la ciencia y la técnica, deben prevalecer. No es sostenible (como muchos políticos y aún científicos argumentan) la cuarentena prolongada o indefinida. O bueno, sí se puede realizar, con el consecuente resultado de la decapitación de la economía, el estrangulamiento del comercio y la consiguiente depresión económica. Es la falsa disyuntiva entre la salud y la economía. En otras palabras, te pones en cuarentena para cuidar la salud, pero al perder tu empleo te enfermas del estrés para encontrar otro empleo y sostener a tu familia. ¿Entonces quién decide que salud cuidar? ¿El estado?
Quienes están a cargo de la administración de un país deben considerar variables técnicas que a su vez permitan que el ciudadano no permanezca confinado en su residencia. Tarde o temprano, debemos enfrentar el virus y si es el caso, contagiarse. Se sabe que Corea del Sur, Singapur, Taiwán e incluso Japón, no impusieron cuarentenas a su población. ¿Cómo se logró esto? A través de la aplicación gratuita de tests masivos a su población. ¿Que hicieron para preservar la libertad? extendieron recomendaciones a la población para que permanezcan en sus casas sin obligarlos a estar en ellas, sin cerrar la economía y sin arrestar a nadie.
¿El resultado de esto? Las más bajas tasas de crecimiento de infectados (cuando escribo estas líneas: Corea y Taiwán 1%). Corea y Taiwán por ejemplo, llevarían al doble el número de contagiados cada 151 días, sin restricciones a la libertad individual y sin clausurar la economía, mientras que países con cuarentenas impuestas como India y Perú las doblaría cada 4.5 días (datos del Washington Post y del New York Times).
No se trata únicamente de realizar el test, luego de ello, el ciudadano portador del virus es identificado y aislado y se hace seguimiento del círculo social con el cual tuvo contacto, generando una base de información sólida para enfocarse en los pacientes actuales y prevenir futuros contagios.
Recientemente Google y Apple se han unido para trabajar en una aplicación que, en tiempo real, pueda darle información al ciudadano de cuales son las áreas con mayor riesgo de contagio, basados en la información suministrada de los tests. Algo así como el “waze” del corona-virus donde la aplicación tendrá información de manera anónima de los contactos alrededor de los individuos que han tenido contacto con la epidemia. Estos mecanismos inteligentes son los que en el futuro ayudarán a prevenir y a mitigar el efecto de la infección.
Dada la coyuntura actual, los gobiernos se ven tentados a imponer medidas restrictivas y a actuar como un estado policial restringiendo las libertades civiles anteponiendo el autoritarismo sobre la técnica. Si bien el estado tiene un papel relevante en principio para movilizar recursos y población en el corto plazo y de manera forzada, en el mediano y largo plazo ese esquema no es sostenible.
Otro caso de abuso de poder de los gobiernos, son los controles de precios. Sin ahondar en tecnicismos, la historia ha dado incontables ejemplos de cómo la libre competencia es la mejor alternativa para la fijación de precios de un bien o un servicio. Pero la tentación de los gobernantes en regular e intervenir el mercado lleva a pretender nuevamente reinventar la rueda y decretar que X o Y producto no debe ser objeto de “especulación”. ¿Cuál es el gran problema? La distorsión de precios que esto conlleva, porque, como bien es sabido, a través del control de precios no se generan los incentivos necesarios para que las empresas y los productores comercialicen sus bienes y servicios.
Puedo continuar con innumerables ejemplos de cómo la intervención del sector privado más que la del Estado ayuda a prevenir riesgos y a salvar vidas. Bill Gates recientemente ha iniciado la financiación de varios grupos de investigación, que en paralelo, avanzan en la carrera de buscar la vacuna contra el virus, de modo que, si cualquiera de ellos la encuentra, los demás no pierdan el incentivo monetario por perder la carrera para obtener la patente. Personalmente creo que tiene más probabilidades Bill Gates de encontrar una vacuna para el virus que un burócrata desde el estado fabulando un plan para hacerlo.
Una alternativa desde el punto de vista liberal definitivamente no es mantener el confinamiento, ni el control de precios, una alternativa será convivir con el virus y aplicar las medidas técnicas arriba enunciadas: test masivos, aislamiento de pacientes y generación de bases de datos para trazar los posibles contagios, abriendo la economía y recomendando a los ciudadanos permanecer en casa. No es menos importante, otorgar créditos a grandes empresas y pymes, a la vez que se alivia la carga tributaria a empresas e individuos.
Muchos ponderan al Estado como el “gran salvador” en esta hora amarga para la humanidad, olvidando que fue el mismo estado comunista chino quien pecó por acción y omisión al no informar oportunamente al mundo sobre la gravedad del tipo de contagio y de la cepa del virus, siendo este mismo estado quien persiguió al afamado doctor Li Wenliang, cuando este alertaba sobre el riesgo potencial de la epidemia. Ese mismo estado en muchos lugares del planeta restringe la libertad de movimiento de los ciudadanos, a cambio de dar alivios tributarios, sube impuestos y en general, prefiere que la economía de guerra sea para usted y la bonanza sea para ellos.
Andrés Patarroyo es ingeniero de software egresado de la Universidad Nacional de Colombia. Actualmente trabaja en el sector de las tecnologías de la información como Product Manager y Analista de Negocios. Defensor de la libertad.
Pensando un poco, es curioso comprobar cómo la ideología de género ha conseguido en pocos años imponerse en las leyes y en la mentalidad de mucha gente que la apoya. El proceso mental que ha seguido es el siguiente:
-Yo puedo elegir el sexo y el género que me dé la gana.
-Tú tienes que respetar mi elección, no puedes discriminarme.
-Yo puedo elegir la orientación sexual que quiera, libremente.
-Tú tienes que respetar mi elección, no puedes discriminarme.
-Yo afirmo que mi elección de sexo, género y orientación sexual son derechos humanos.
-Tú tienes que aceptarlo y reconocerlo en las leyes humanas positivas.
-Mis elecciones son lógicas y razonables porque soy completamente libre de decidir lo que quiero ser desde el punto de vista sexual.
-Tú tienes que obrar en consecuencia y respetar mis decisiones completamente.
-Yo te obligo por ley, a que no puedas contradecirme ni demostrar que estoy equivocado, que no tengo razón. Si lo haces te perseguiré, te humillaré, te multaré, te destruiré como ciudadano.
-Tú tienes que acatar mis leyes y colaborar o estar callado.
-Aquí mando yo y todos los Tribunales que me apoyan.
Pero de verdad, ¿esas elecciones pueden o deben ser derechos humanos respetables? ¿no son verdaderamente caprichos o arbitrariedades de la voluntad de algunas personas que nunca pueden ser considerados derechos, porque jamás hasta hoy los caprichos humanos, los deseos injustificados, las decisiones arbitrarias, se han considerado y reconocido como derechos en la Historia de la humanidad?
No obstante, por increíble que parezca lo han logrado, lo han impuesto en este principio del siglo XXI y todo el mundo lo tiene que respetar, acatar, sin posibilidad de recurrir o disentir. ¿Están locos tantos políticos que lo han promovido, tantos juristas que lo han aceptado, tantos médicos que están callados, tantos padres que están acobardados, tantos ciudadanos temerosos que no se atreven a hablar y razonar con sentido común ante tamaño disparate?
Quiero pensar que no, que esta pesadilla acabará más pronto que tarde. Que alguien le dirá al Emperador que está desnudo, que muchos darán un paso al frente y se opondrán con todas sus fuerzas. Yo lo expreso aquí con toda claridad de la que soy capaz.
Hacía mucho tiempo que no se proponía como banderín de enganche para una huelga general de la mitad de la humanidad sita en España (nada menos) un texto tan grotesco, tan contrario a la Historia, la gramática, el sentido común y el sentir general de las mujeres como el que alguna célula femicomunista ha alumbrado para el día 8, homoheterotranshuelga a la que se ha sumado el arzobispo de Madrid en nombre de la Virgen María.
Se ha manipulado algo el sentido de las palabras de Osoro, porque habló del símbolo de la maternidad que sería la Madre de Dios, pero es pura justicia poética que el que traicionó al cura que denunció el asalto a su capilla por Pitita y las chequistas al grito de “¡Arderéis como en el 36!” y “¡El Papa no nos deja comernos las almejas!”, quede en ridículo alistando a la Esclava del Señor en la lucha contra el heteropatriarcado capitalista. A la logorrea politiquera se une el esperpento teológico. Menos mal que las monjas que atienden a los enfermos terminales de sida no harán “huelga de cuidados” y salvarán el honor de la Cruz, envilecido por obispos y curas separatistas.
El comunismo se caracteriza por hablar en nombre de una clase o un grupo social para dividir esa sociedad en dos y alcanzar el Poder absoluto. Desde ese momento, el proletariado en cuyo nombre se hace la revolución queda privado de todos sus derechos, desde el de huelga hasta el de cobrar un salario por trabajar. Y a los que se quejan, paredón. El femicomunismo habla, teóricamente, en nombre de todas las mujeres, pero va en contra de lo que hace y dice la mayoría de las mujeres reales. No aparece en el leñoso panfleto podemita una sola referencia al islam, cárcel real y simbólica de buena parte de las mujeres del mundo. Pero es que para el comunismo del siglo XXI el islam es un aliado, no un enemigo.
Marx, Lenin o Mao odiaban a los obreros que ellos nunca fueron por buscar mejores condiciones laborales y salariales en vez de quemar las fábricas y entronizarlos como dictadores. Cien millones de muertos han dado la razón a los obreros. Parodiando a Stieg Larsson, diríase que las femicomunistas de cartilla son mujeres que odian a las mujeres, a las reales, que ni aceptan su sexismo, ni odian a todos los hombres, ni van a dejar de cuidar a sus madres un día porque ellas lo manden. ¡Y mira que les gusta mandar!
Cada día hemos ido percibiendo como Pablo Iglesias ha ido mutando hacia una prefabricada imagen de social demócrata, nada más lejos de la realidad. La verdadera forma de ser la ha ido comunicando desde tiempo atrás en su día a día.
Tras las siguientes pinceladas de su forma de pensar, hay un video que resume sus verdaderas motivaciones y pretensiones.
IDEOLOGÍA
«yo soy comunista»
«me autoproclamo comunista»
«los que somos radicales…»
«los logros de la revolución cubana…»
«los presos de ETA deberían ir saliendo de las cárceles…»
VIOLENCIA
– Siente no «romper la cara todos los fachas con los discuto en TV»
– Anima a «ir de cacería a Segovia para aplicar justicia proletaria» – Presume de haberse roto un hueso de su mano al haber pegado a alguien de «clase más baja que la suya» (le llaman lumpen); pelea que ‘ganó’ porque eran 3 a 1 [valentía en estado…