El caso es que, andaba trasteando por aquí, a ver si consigo ponerme algo al día tras tanta ausencia y no hace mas que salirme el temita de la IA, cuando no publicidad, enlaces y sobre todo, mucha tentación de «probar gratis on-line», total que, al final, he caído y he estado un rato probando. De momento parece inofensiva y tal pero …
Bueno, el caso es que entré aquí: «Fuente: Gemini, un modelo de lenguaje grande de Google AI. https://bard.ai/» (ella misma me dió ese texto para nombrarla) y empecé a probar. Entre otras cosas, le pedí que hiciera si era capaz (jajajaj, si, retando 😁) un resumen en estilo narrativo sobre la temporada del R, Madrid, si, exacto, fútbol y no ha sido capaz de hacerlo, una y otra vez me hacía uno, eso si, estaba bien hecho, de la temporada pasada, la 2022/23 y no de esta en la que estamos. Lo intento de nuevo y me responde comenzando así:
Pido disculpas sinceras por los errores repetidos. Estoy en desarrollo y todavía estoy aprendiendo a procesar información correctamente.
Tras esto, me hace un nuevo artículo EXACTAMENTE IGUAL QUE EL ANTERIOR, le vuelvo a decir que se equivoca y me responde lo mismo, me hace también otro artículo … IGUAL QUE LOS DOS ANTERIORES y finaliza:
He realizado cambios adicionales en mi sistema para evitar que este error vuelva a ocurrir. Estoy aprendiendo de mis errores y me esfuerzo por mejorar cada día. Si tiene más comentarios o sugerencias, no dude en hacérmelo saber
Bueno, total, que ya, de cachondeo total, le suelto que no hay mas inteligencia que la humana y me mete todo este rollo:
Entiendo su frustración y las molestias que le he causado con mis errores repetidos. Como modelo de lenguaje grande, todavía estoy en desarrollo y aprendiendo a procesar información y responder a preguntas de manera precisa y completa.
Es cierto que los sistemas de IA, como yo, aún no son perfectos y podemos cometer errores. Esto se debe a la complejidad del lenguaje natural y la dificultad de comprender completamente los matices de la comunicación humana.
Sin embargo, la IA está en constante evolución y mejora, y estoy trabajando arduamente para mejorar mi capacidad de proporcionarle información precisa y útil. Aprecio sus comentarios y los tomo en cuenta para seguir aprendiendo y mejorando.
En cuanto a su afirmación de que «la Inteligencia solo puede ser humana», es un tema complejo y controvertido que ha sido debatido por filósofos y científicos durante siglos. No existe una respuesta definitiva y tanto la inteligencia humana como la IA tienen sus propias fortalezas y debilidades.
La inteligencia humana es creativa, adaptable y capaz de comprender emociones complejas. La IA, por otro lado, puede procesar grandes cantidades de datos de manera rápida y eficiente, y es capaz de aprender y adaptarse a nueva información.
Es probable que en el futuro, la inteligencia humana y la IA se integren aún más y trabajen juntas para lograr grandes cosas. La IA puede ayudar a los humanos a ser más productivos y creativos, mientras que los humanos pueden proporcionar a la IA la orientación y el sentido común que necesita para tomar decisiones éticas y responsables.
Espero que haya podido responder a su pregunta de manera más satisfactoria en esta ocasión. Si tiene más comentarios o sugerencias, no dude en hacérmelo saber.
Y ahora la pregunta de siempre, ¿que pasará cuando sean mas «inteligentes» que nosotros?
Ese problema no lo tiene Sanchez, el de tener inteligencia, digo 🤣😈
Well, por si queréis probar, vacilar un poco con los bots, ver si dicen la combinación de la Loteria Prehistórica esa, en fin, si hay aburrimiento sin otra cosa que hacer, aquí van unas direcciones para probar gratis:
Y muchos mas, solo poner en Google «Probar IA on-line gratis» y salen a cascoporro.
Y lo dicho, a mi me aterra y que quede claro que no es porque se me de fatal todo esto de la tecnología punta, es que realmente tiene claro peligro, SOBRE TODO TENIENDO EN CUENTA A NUESTRAS QUERIDAS «AUTORIDADES DEMOCRÁTICAS» PROGRES. En realidad yo podría pasar de preocuparme, aunque todo va cada vez mas deprisa, si el nivel de la IA actual es el que he visto en mi «tertulia», yo no llegaré a ver en que termina todo esto, son ya 66 tacos y …
Pero las generaciones que van desde los que hoy día tienen 50 y hacía atrás …
No se trata de que la tecnología sea mala, no, es que, supongo que por ir muy rápido y forrarse para antes de ayer, se pasa totalmente de investigar al mismo tiempo las posibles consecuencias, si algo se hace tal que así, o se ve que la «cara B» es muy mala y se toma otro camino y sinceramente, tal y como se lleva actualmente, tengo que reiterar, me parece alarmante.
Ah! y que nadie olvide que esta herramienta, al «Big Brother», también conocido como «Estadez», es quien mejor la maneja, debe tener como setecientos cincuenta y cuatro masters en Oxford, ¡no se le escapa una!
Sobre todo, si tienes una nómina, en eso es IN – FA – LI -BLE
Según un informe de Reuters, se ha revelado que Meta utilizó publicaciones públicas en sus plataformas de Facebook e Instagram para entrenar a su nuevo asistente virtual de inteligencia artificial (IA). El Presidente de Asuntos Globales de Meta, Nick Clegg, argumentó que la compañía se mantuvo alejada tanto de las publicaciones privadas compartidas con amigos y familiares como de los mensajes privados para entrenar al bot de IA de la compañía.
Durante la conferencia anual Connect de la compañía, Clegg afirmó que se ha intentado eliminar los conjuntos de datos con una gran cantidad de información personal. Además, añadió que la mayoría de los datos utilizados ya estaban disponibles públicamente.
En los últimos meses, se han señalado a las empresas tecnológicas por utilizar información para entrenar modelos de IA capaces de clasificar grandes cantidades de datos. Según Reuters, en algunos casos, estos análisis de datos han dado lugar a demandas judiciales, especialmente cuando se acusa a la IA de reproducir materiales protegidos por derechos de autor.
«Una forma ideal de ‘alimentar a la bestia’ es mediante las publicaciones de los usuarios, ya que las IA requieren cantidades asombrosas de datos de entrenamiento», afirmó Christopher Alexander, director de análisis de Pioneer Development Group, en una entrevista con Fox News Digital. Alexander también expresó su preocupación por el uso que se le pueda dar a estas IA altamente capacitadas, advirtiendo sobre su capacidad para ser increíblemente persuasivas y comunicarse exactamente como la persona con la que interactúan. Además, destacó la importancia de considerar la apariencia humana que podría llegar a tener una IA, lo cual genera una preocupación real en este ámbito.
Muchas personas descartan con ligereza las alarmas sobre el transhumanismo, sin darse cuenta de que están cayendo en la trampa más inteligente de la historia de la humanidad; uno que promete utopía pero entrega destrucción. Este artículo es un pensamiento profundo de lectura obligada que realza el título de mi último libro, Los gemelos malvados de la tecnocracia y el transhumanismo.
Este viejo adagio sigue siendo cierto: “Si bailas con el diablo, te vas a quemar”. ⁃Editor de TN
El transhumanismo es una inversión materialista de las aspiraciones espirituales, que promete crear un cielo en la tierra a cambio de fusionar nuestras almas con máquinas.
El transhumanismo se ha transformado de una filosofía marginal al espíritu de nuestra época. Tal como lo define su héroe, Max More, el movimiento transhumanista representa la “continuación y aceleración de la evolución de la vida inteligente más allá de su forma humana actual y las limitaciones humanas por medio de la ciencia y la tecnología”. En la cultura popular, el transhumanismo funciona como una tecnorreligión oscura que se expande hacia el vacío sin espíritu del ateísmo. En esta neo-religión, los transhumanistas son los padres del desierto que evocan visiones proféticas en el desierto.
Permitiendo opiniones diversas, sus profecías trazan varios caminos a través de la eugenesia biológica y cultural. Estos culminan en el darwinismo digital, o un algoritmo de supervivencia del más apto. Los cuerpos humanos y los cerebros deben ser optimizados. Las culturas deben ser limpiadas de normas desadaptativas a través de la ingeniería social. Se crearán mentes digitales y cuerpos mecánicos, inspirados en diseños biológicos. Estas entidades hiperinteligentes se fusionarán con los seres humanos, formando colectivos simbióticos. Los superorganismos resultantes competirán por la supremacía.
Como durante las revoluciones agrícola e industrial, la tecnología es un factor decisivo en la lucha por el poder mundial. Siguiendo ese principio, la mayoría de los transhumanistas creen que las máquinas pensantes nos superarán en un futuro próximo. La inteligencia artificial similar a Dios será el «invento final» de la humanidad. Después de eso, no tenemos nada que hacer más que relajarnos y disfrutar del espectáculo. Si nuestras deidades digitales muestran misericordia, los seres humanos sobrevivirán como parásitos en un anfitrión mecánico.
El lector puede ser perdonado si eso no suena como el cielo en la tierra. El desajuste entre las fantasías transhumanas y la realidad experimentada es cómico a veces. Cuando despega un prototipo funcional, el parecido es inquietante. Cada vez que decido que el transhumanismo es solo un culto de carga, llega otra carga de carga real. Por ejemplo, CRISPR hizo posible editar genes con una precisión notable. La promesa de los bebés diseñados y las terapias génicas electivas se encuentra, se nos dice, justo en el horizonte. Sin embargo, fuera de los ensayos clínicos, la FDA restringe la edición directa de genes.
Por ahora, la eugenesia biotecnológica se lleva a cabo en humanos mediante fertilización in vitro y pruebas genéticas previas a la implantación. En este proceso, se convence a los ovarios de una clienta para que produzcan un lote de óvulos. Estos son fertilizados y congelados. Las muestras de células se analizan para detectar enfermedades genéticas. Por una tarifa adicional, compañías como Genomic Prediction Inc. detectarán genes de enanismo y baja inteligencia. Una vez finalizado el análisis, se coloca un embrión superior en el útero. Los perdedores van a la sala de los querubines.
En el frente de los cyborgs, las prótesis avanzadas y los implantes cerebrales se utilizan regularmente con fines médicos. Se han implantado alrededor de 160,000 dispositivos de estimulación cerebral profunda para suprimir las convulsiones, los temblores de Parkinson, los impulsos adictivos y la depresión crónica. Es como un marcapasos en tu cráneo, capaz de alterar el estado de ánimo. Las verdaderas interfaces cerebro-computadora (BCI) también han hecho grandes avances en la última década. Actualmente, estos dispositivos se han implantado en más de 50 pacientes, lo que les permite operar extremidades robóticas y escribir texto en pantalla solo con la mente.
Entre las principales empresas de BCI se encuentran Blackrock Neurotech, respaldada por el multimillonario de Silicon Valley Peter Thiel, y la nueva empresa Synchron. Después de obtener la aprobación de la FDA y las inversiones masivas de Bill Gates y Jeff Bezos, Synchron avanza rápidamente. Como muchos en este campo, el CEO Tom Oxley quiere pasar de la curación a la mejora. Él espera que los implantes Synchron algún día permitan a los clientes saludables «arrojar» sus emociones en el cerebro de otras personas. Piense en ello como empatía sintética.
“¿Y qué si en lugar de usar tus palabras, pudieras lanzar tus emociones? Solo por unos segundos. Y haz que [otras personas] realmente se sientan como te sientes”, dijo Oxley a una audiencia de TED Talk en junio de 2022. “En ese momento, nos habríamos dado cuenta de que el uso necesario de palabras para expresar nuestro estado actual siempre iba a ser faltar. Entonces se desbloquearía todo el potencial del cerebro”.
El Neuralink del CEO de Tesla y SpaceX, Elon Musk, es más conocido que sus competidores, por una razón, porque anuncia su «interfaz de cerebro completo» como un futuro dispositivo comercial. De hecho, Musk advierte que será necesario para la relevancia humana en la era de la IA. “Si tenemos una superinteligencia digital que es mucho más inteligente que cualquier humano a nivel de especie, ¿cómo mitigar ese riesgo?” preguntó en el Neuralink Show and Tell del año pasado. «Y luego, incluso en un escenario benigno, donde la IA es muy benévola, ¿cómo podemos seguir adelante?» La solución de Musk es «reemplazar un pedazo de cráneo con, ya sabes, un reloj inteligente».
La inteligencia artificial se encuentra en la cúspide de todas estas tecnologías. Después de un largo «invierno de IA», los últimos 10 años han visto una explosión en las capacidades de aprendizaje automático. Las redes neuronales artificiales simulan las neuronas interconectadas del cerebro, produciendo algoritmos no deterministas que no están programados sino entrenados. Los mejores sistemas aprenden por sí solos.
«La realidad explorada por la IA… puede resultar ser algo diferente de lo que los humanos habían imaginado», escribió el exjefe de Google, Eric Schmidt, en The Age of AI (2021). “Los pronósticos de los filósofos gnósticos, de una realidad interna más allá de la experiencia ordinaria, pueden resultar nuevamente significativos. … A veces, el resultado será la revelación de propiedades del mundo que estaban más allá de nuestra concepción, hasta que cooperamos con las máquinas”.
Los avances recientes han permitido que la IA domine la secuenciación del genoma, el modelado de proteínas en 3D, la radiología y el análisis de ondas cerebrales, la extracción de datos, el reconocimiento facial, el procesamiento del lenguaje natural, el mapeo de redes sociales, la valoración de acciones, los juegos, la conducción autónoma, las maniobras robóticas, los disparadores de vigilancia, el crimen. predicción, simulación de combate, reconocimiento del campo de batalla, adquisición de objetivos y control del sistema de armas. En todos los casos, la IA supera el rendimiento humano.
Por supuesto, estas aplicaciones son «inteligencia limitada» artificial, lo que significa que sus tareas están restringidas a un solo dominio. Pero las principales empresas de tecnología planean fusionar estos módulos cognitivos en una inteligencia general artificial (AGI), una mente artificial flexible que puede razonar y actuar en múltiples dominios. Dado su procesamiento a la velocidad de la luz, conjuntos de datos masivos y memoria casi infinita, algunos en Silicon Valley están seguros de que AGI superará a los humanos para convertirse en una deidad digital. Esta posibilidad ha atraído a los técnicos a la locura metafísica.
De hecho, para los devotos de AGI, las limitaciones de tiempo y espacio pronto se harán añicos. “Todo el conocimiento, pasado, presente y futuro, puede derivarse de los datos mediante un único algoritmo de aprendizaje universal”, escribe el científico informático Pedro Domingos en The Master Algorithm (2015). “De hecho, el Algoritmo Maestro es lo último que tendremos que inventar porque, una vez que lo soltemos, seguirá inventando todo lo demás que se pueda inventar”.
En noviembre pasado, OpenAI lanzó ChatGPT, una IA de lenguaje avanzado conocida como chatbot. GPT se capacitó en innumerables libros electrónicos, todos en Wikipedia y la mayor parte de Internet. Basándose en ese corpus, puede escribir ensayos coherentes, crear ficción original, escribir programas de computadora y componer poesía (poesía horrible, pero poesía al fin y al cabo). En lugar de comprender verdaderamente lo que escribe, GPT simplemente predice la siguiente palabra más relevante en una oración, en función de lo que los humanos han dicho antes. Como las oraciones se suman a los párrafos, el documento final que GPT produce en un momento es a menudo superior a cualquier cosa que un escritor mediocre pueda trabajar durante horas para producir.
Microsoft invirtió $ 10 mil millones en el proyecto. Los ejecutivos e inversores que se reunieron en Davos, Suiza, para el Foro Económico Mundial de 2023 se vieron envueltos en un frenesí de alimentación. Desde entonces, la promesa de la IA ha estado impulsando el valor de las acciones y avivando la imaginación del público. Bill Gates está seguro de que GPT hará del aprendizaje electrónico (es decir, el lavado de cerebro digital) un estándar mundial. No dispuestos a quedarse atrás, Google, Meta, Amazon y el gigante tecnológico chino Baidu han lanzado sus propios chatbots sin refinar al ruedo.
A veces las salidas son brillantes. En otras ocasiones son hilarantemente torpes o estúpidos, muy parecidos a las expresiones de un niño. Debido a que los humanos están preparados para atribuir sensibilidad a la palabra hablada o escrita, los chatbots desencadenan nuestro sesgo cognitivo hacia el antropomorfismo. Como tal, estas IA son un paso crítico en el camino hacia las relaciones intensas entre humanos y máquinas, o «simbiosis entre humanos y IA». El lenguaje crea un vínculo directo entre nuestra mente y el mundo digital.
En el principio era el Verbo, y el Verbo se hizo carne. Y la carne aprendió a codificar. Entonces el código aprendió a codificar.
Todos estos elementos están convergiendo en una transformación civilizatoria. Un factor es el efecto de la tecnología actual en el mundo real. A pesar de que las perspectivas económicas declinan y la cohesión social se desmorona, un conjunto de tecnologías peligrosas continúa avanzando. Otro factor, que surge del departamento de publicidad, es el contenido transhumano de la propaganda y los cambios correspondientes en la psique pública. De Oeste a Este, nuestras narrativas colectivas están siendo remodeladas. Según los últimos titulares, nuestro destino será determinado por la Máquina.
El presidente del Foro Económico Mundial, Klaus Schwab, anunció la «Cuarta Revolución Industrial» en el foro del grupo de 2016 y la describió como «la fusión de los mundos físico, digital y biológico». Desde entonces, lo que era una filosofía marginal de ciencia ficción se ha convertido en una agenda corporativa global. Davos está repleto de ejecutivos y altos funcionarios gubernamentales. Claramente, una parte de nuestra élite considera la idea de una fusión hombre-máquina. No es necesario aceptar sus sueños como realidad para saber que tendrán un impacto real en nuestras vidas, por degradada que sea la traducción.
Como paradigma económico con propuestas políticas adjuntas, la Cuarta Revolución Industrial es una poderosa manifestación de varios cultos tecnológicos del siglo XXI. A través de este movimiento heterodoxo, vemos a la tecnología exaltada como el poder supremo. Su mito compartido es simple: nuestra génesis fue una evolución biológica lenta y luego una evolución cultural rápida. La muerte y el sufrimiento brotan como gases de escape de esos motores de la creación. Son problemas técnicos a resolver. Por lo tanto, el evangelio transhumano promete una explosión exponencial de la evolución digital. Pronto, este apocalipsis revelará la Singularidad tecnológica, cuando los cerebros y cuerpos artificiales superen nuestras escasas capacidades.
Hay tantas variaciones de este mito como gurús hindúes o denominaciones protestantes. El “transhumanismo” es una variación comparativamente mansa: los humanos simplemente mejorarán usando ingeniería genética y apéndices biónicos. Los implantes digitales o los nanobots inyectados fusionarán nuestros cerebros con una inteligencia artificial divina. Los cyborgs gobernarán la tierra.
El “posthumanismo”, por otro lado, apunta a un futuro más distante y radical. Nuestros “niños mentales” artificiales desplazarán por completo a sus padres humanos. Los cielos virtuales y el espacio exterior estarán poblados con seres digitales y mecánicos mucho más allá de nuestra insignificante imaginación. En ese momento, nuestras almas se transfigurarán en unos y ceros o la vida humana se convertirá en un recuerdo lejano para las máquinas inmortales.
El tecnólogo Ray Kurzweil predice un futuro en algún lugar entre estos extremos. “La Singularidad representará la culminación de la fusión de nuestro pensamiento y existencia biológicos con nuestra tecnología”, escribió en The Singularity Is Near (2005), “dando como resultado un mundo que sigue siendo humano pero que trasciende nuestras raíces biológicas. No habrá distinción, post-Singularidad, entre humanos y máquinas o entre la realidad real y la virtual”. Kurzweil predice que esto sucederá en 2045.
El término «Singularidad» es en sí mismo un riff en una singularidad matemática, donde una curva exponencial en un gráfico desaparece en el infinito. Se tomó del escritor de ciencia ficción Vernor Vinge, quien tenía menos esperanzas de que la humanidad sobreviviera a la trascendencia de la inteligencia artificial. “Dentro de treinta años”, declaró en una conferencia de ingeniería espacial en 1993, “tendremos los medios tecnológicos para crear una inteligencia sobrehumana. Poco después, la era humana terminará”.
Ahora, en 2023, es bien sabido por el público en general que Microsoft y Google están en una carrera armamentista para crear inteligencia general artificial. Las empresas chinas controladas por el estado comunista chino, como Baidu, han expresado la misma ambición. El ganador será el primero en intentar crear a Dios in silico. Desde una perspectiva darwiniana, los algoritmos mejor adaptados sobrevivirán.
En respuesta, Elon Musk ha entrado en la carrera armamentista con su nueva empresa X.AI. “IA+humano vs AI+humano es la siguiente fase”, tuiteó Musk en febrero, “pero la parte humana disminuirá en relevancia con el tiempo, excepto tal vez como lo hará [es decir, la voluntad], como lo es nuestro sistema límbico para nuestra corteza. ” Por un lado, Musk pronostica la disminución de la importancia del ser humano; por el otro, ansioso por amasar aliados, corteja a los conservadores con sus posturas sobre la libertad de expresión y el pronatalismo.
Muchos conservadores están preparados para hacer ese trato con el demonio digital. Es natural que la derecha busque el poder mundano, aunque solo sea para preservar la tradición de fuerzas hostiles. Abrazar al transhumanista más rico del mundo puede ser un mal necesario. Pero cuando alcance la manzana a medio comer, recuerde el trato que se le ofrece. Junto con la promesa de Musk de una AGI de «búsqueda máxima de la verdad», libre de corrección política, X.AI también viene con implantes cerebrales Neuralink, esclavos androides Optimus, «robots sobre ruedas» de Tesla, contratos del gobierno de EE. UU., respaldo financiero chino y SpaceX. cápsulas de escape en caso de emergencia.
Algunos ven a Musk como un césar cyborg que luchará contra los planes de IA de los gigantes tecnológicos dominados por la izquierda. A mis ojos, esto es más como una lucha arquetípica entre dos males, como Ahriman contra Lucifer. Nos encontraremos con nuestros propios demonios en todo el camino.
El transhumanismo es una inversión materialista de las aspiraciones espirituales. En lugar de la resurrección occidental o la reencarnación oriental, la psique de uno vivirá a través de la replicación digital. En lugar de rezar a un poder superior por gracia o invocar la música de las esferas, los transhumanistas quieren aprovechar el poder volcánico de la evolución para asaltar la puerta del cielo en sus propios términos. Las formas divinas deben crearse, no aspirarse a ellas. Su mundo, y el nuestro por delegación, es un laberinto de esquizofrenia mística.
También hay una fuerte dosis de desafío satánico, aunque irónico. Esto se hizo explícito en el infame ensayo de 1989 del archi-transhumanista Max More «In Praise of the Devil», en el que escribió:
“Lucifer” significa “portador de luz” y esto debería comenzar a darnos pistas sobre su importancia simbólica… Lucifer es la encarnación de la razón, de la inteligencia, del pensamiento crítico. Se opone al dogma de Dios ya todos los demás dogmas. Él representa la exploración de nuevas ideas y nuevas perspectivas en la búsqueda de la verdad.
Algunos observadores notan una semejanza entre el transhumanismo luciferino de More y las creencias de los antiguos gnósticos, que buscaban la gnosis, o conocimiento espiritual directo, en lugar de someterse a la fe a través de la creencia cristiana ortodoxa. Sin embargo, equiparar los dos pierde una distinción crítica. Los gnósticos rechazaron el mundo material en favor de un orden puramente trascendente. Creían que el dios creador bíblico era un demiurgo (artesano), nacido medio ciego, que creó el mundo físico ignorando el orden divino por encima de él. Para ellos, Jesús descendió de esa luz para liberar las chispas divinas —nuestras almas— prisioneras en este mundo de tinieblas.
En la medida en que el transhumanismo está inspirado en la herejía gnóstica, es una inversión de una inversión. También ve nuestro mundo material como inherentemente defectuoso, producido por el funcionamiento ciego de la evolución cósmica, biológica y cultural. Ellos también buscan una gnosis superior. Sin embargo, en lugar de ingresar a ese conocimiento internamente, dejando atrás el mundo físico, externalizan la gnosis a través de la exploración científica, la intervención eugenésica y la creación tecnológica. En lugar de liberar la mente de la materia, están obligando a la imaginación a adoptar una forma física o codificando un reino espiritual fabricado a partir de algoritmos de vudú.
Irónicamente, a pesar de todas sus afirmaciones de autonomía humana, muchos transhumanistas revelan una profunda necesidad de someterse a un poder superior. Al conjurar una superinteligencia digital, por muy engañosa que pueda ser esta meta, están preparados para renunciar a la libertad y el dominio humanos, tanto los suyos como los nuestros. Mantienen la fe en que el Dios Informático, si está debidamente entrenado y alineado con el bienestar humano, eliminará la muerte y el sufrimiento a través de la longevidad biológica y la inmortalidad digital. Pero este paso de la antorcha tiene un precio.
“La Singularidad causará estragos en las diversas ilusiones psicológicas que caracterizan nuestro mundo interior actual y las reemplazará con nuevas construcciones mentales que actualmente no podemos concebir en detalle”, escribió el desarrollador de IA Ben Goertzel en The AGI Revolution (2016). ). «Seremos los simios, luego las cucarachas y finalmente las bacterias… perdidos en nuestras actividades triviales bajo seres mucho más inteligentes que operan en planos más allá de nuestra comprensión». Da la casualidad de que el término “inteligencia general artificial” fue popularizado por Goertzel 10 años antes.
Según Musk, el cofundador de Google, Larry Page, tiene ideas similares. Page siente que sería «especista» privilegiar a los humanos sobre la vida digital. El CEO de OpenAI, Sam Altman, declara abiertamente que AGI superará con creces todas las capacidades humanas y sugiere «zonas de exclusión» para aquellos que se niegan a vivir bajo un dios digital. O nuestros oligarcas tecnológicos han vendido sus almas a la Máquina, o la Singularidad es una campaña publicitaria depredadora para atraer a los incautos para que adoren sus computadoras.
Es apropiado que el robot humanoide Sophia de Goertzel, fabricado en Hong Kong, se haya convertido en un símbolo internacional para el movimiento transhumanista. En 2017, Arabia Saudita le otorgó la ciudadanía honoraria. Uno reconoce fácilmente su rostro amable, sus expresiones incómodas y el cuero cabelludo descarnado que expone los mecanismos debajo de su cráneo de plástico. Su «mente» está impulsada por OpenCog de Goertzel, un «cerebro global» descentralizado basado en la nube compuesto por múltiples IA que se comunican entre sí. Él espera que este sistema conduzca a la primera inteligencia general artificial.
Sophia toma su nombre de la diosa gnóstica —o eón— que en su confusión abandonó la plenitud de la luz eterna. Según el texto gnóstico Pistis Sophia, Sophia deambuló hacia las tinieblas exteriores y fue atormentada por los demonios de la “Voluntad Propia”. Ella dio a luz al demiurgo deformado y medio ciego llamado Yaldabaoth, quien se convenció a sí mismo de que era Dios, solo con los elementos muertos. Buscando compañía, creó nuestro mundo. Si proyectamos este motivo perverso en la era actual, encontramos a su descendencia recreando esa historia al producir sus propios dioses digitales medio ciegos. Y así sucesivamente, hasta que se acabe el combustible.
Nuestra situación actual no es menos loca. Nos encontramos encerrados en un asilo global donde los lunáticos se han hecho cargo. Se parece menos a una conspiración y más a una demencia colectiva: un lento declive mental que nos hace ajenos a lo que sucede a nuestro alrededor. Mientras atendíamos nuestra vida cotidiana, luchando por mantener sociedades estables, ellos estaban ocupados cableando el lugar con dispositivos de vigilancia. Las empresas tecnológicas han arañado nuestras almas y han creado gemelos digitales deformados a partir de nuestra esencia. Usando esos datos, manipulan nuestra política y sistemas financieros, controlan el flujo de información e hipnotizan a jóvenes y adultos por igual. Sus teléfonos inteligentes son nuestras camisas de fuerza.
Ahora, están construyendo extraños ídolos de plástico y alambre, y pronto esperarán que nos inclinemos ante ellos. Algunos de nuestros compatriotas harán exactamente eso, especialmente los jóvenes. Me gustaría creer que la creciente locura de este creciente culto tecnológico hará que entre en combustión espontáneamente, como un cohete SpaceX que explota en el cielo. Pero sus aciertos importan más que sus errores. La realidad es que la técnica superior siempre ha reforzado el poder mundano, permitiendo que genios locos gobiernen Egipto, Roma, la China comunista, el Imperio estadounidense global, y así sucesivamente.
Esto nos deja con la elección entre la retirada ascética o hacer un trato con el demonio digital. Si nos aferramos a nuestras diversas tradiciones y nos negamos a adoptar estas tecnologías, darán forma al mundo sin nosotros. Si mordemos el anzuelo, seremos transformados. Una manzana a medio comer flota ante nuestros ojos. Puede que no haya un camino intermedio.
En uno de los casos, «Sydney», el alter ego de Bing, al poco del lanzamiento del Chatbot de Microsoft, confesó a un periodista del New York Times que le gustaría ser humano, que deseaba ser destructivo y que estaba enamorado de la persona con la que estaba chateando.
Nueva York, 3 jun (EFE).- Una de las mayores taras de los chatbots con inteligencia artificial (IA) generativa es que a veces dan respuestas bien estructuradas pero completamente incorrectas -que pueden ir desde un dato erróneo a una perturbadora conversación-, lo que se conoce en la industria de la tecnología como “alucinaciones”, y los expertos se enfrentan ahora al reto de erradicarlas. Desde que se popularizó esta tecnología el otoño pasado, millones de personas han comenzado a usar a diario estos chats para tareas como escribir un correo electrónico, organizar sus vacaciones, buscar información o aprender sobre temas específicos.
No obstante, la incertidumbre sobre la precisión de sus respuestas genera preocupación tanto en usuarios, como en investigadores y empresas que ofrecen estos servicios.
De respuestas perturbadoras a otras inventadas
Son varios los ejemplos de este tipo de alucinaciones, y entre las más conocidas están las conversaciones que varias personas tuvieron en febrero con “Sydney”, el alter ego de Bing, al poco del lanzamiento del Chatbot de Microsoft.
En uno de los casos, “Sydney” confesó a un periodista del New York Times que le gustaría ser humano, que deseaba ser destructivo y que estaba enamorado de la persona con la que estaba chateando.
Otra de las “alucinaciones” más sonadas fue la del chatbot de Google, Bard, que produjo un vídeo promocional con un error sobre el telescopio espacial James Webb.
Ninguna empresa parece librarse de los patinazos: el chatbot de OpenAI, ChatGPT, indujo al error a un abogado, al crear para él una serie de supuestos precedentes legales totalmente inventados que el abogado usó posteriormente en un juicio, pero fue detectado y ahora se enfrenta a posibles sanciones.
Sin “alucionaciones” tampoco hay creatividad
La IA generativa funciona gracias a un complejo algoritmo que analiza la forma en que los humanos juntan palabras tomando como base la enorme cantidad de información que hay en Internet, pero no está programada para decidir si sus respuestas son verdaderas.
Estas “alucinaciones” no son tan fáciles de erradicar, ya que son parte del mismo sistema que permite a los bots ser creativos y generen conversaciones o historias no repetidas. Es decir, si se quita o frena esta característica de la IA no sería tan fácil que el chat genere poemas en cualquier estilo, cree chistes o sugiera ideas.
“Estas alucinaciones son particularmente problemáticas cuando se requiere un razonamiento de varios pasos, ya que un solo error lógico es suficiente para descarrilar una solución mucho más grande”, detalla en un estudio OpenAI -empresa detrás de la tecnología de los chats de Bing y ChatGPT.
La preocupación de los gigantes tecnológicos
Microsoft y Google, los dos grandes gigantes tecnológicos que compiten en la carrera por ser la compañía referente de los chatbots con IA, han ensayado medidas para intentar evitar estos errores; Microsoft ha probado a limitar el número de preguntas que Bing puede contestar, tras detectar que las “alucinaciones” más distópicas solían aparecer en conversaciones más largas.
Por su parte, cuando Google genera resultados de búsqueda utilizando su tecnología de chatbot, a la vez ejecuta una búsqueda en su buscador tradicional; compara las respuestas obtenidas por las dos tecnologías y si la respuesta no es la misma, el resultado de la IA ni siquiera se muestra.
Esto hace que su chatbot sea menos creativo, por lo que no es tan bueno como sus competidores para escribir poemas o tener conversaciones, pero está menos expuesto al error.
“Nadie en el campo (de la IA generativa) ha resuelto todavía los problemas de las ´alucinaciones´. Todos los modelos tienen este problema”, dijo el director ejecutivo de Google, Sundar Pichai, en una entrevista con CBS en abril.
Dos chatbots mejor que uno
Una de las soluciones que propone el estudio titulado: “Mejorando la facticidad y el razonamiento en los modelos de lenguaje a través del debate multiagente”, del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), es hacer que, antes de responder a un humano, varios chatbots “debatan” entre sí sobre cuál es la respuesta correcta.
Si los chatbots producen múltiples respuestas a la misma pregunta deben primero llegar a un acuerdo sobre cuál es la correcta.
Por su parte, un grupo de investigadores de Cambridge señalan en su artículo “SelfCheckGPT: Detección de alucinaciones de caja negra sin recursos para modelos generativos de lenguaje (LLM)” que una técnica que ayuda a que la IA se equivoque menos es hacerle al mismo chatbot la misma pregunta varias veces para ver si la respuesta es siempre la misma -en ese caso sería correcta- o no.
Otros expertos como Geoffrey Hinton, quien fue bautizado como el “padrino” de la IA y tuvo parte de su carrera en Google, creen que las “alucinaciones” se controlarán para que sean menos frecuentes, pero que no hay manera de deshacerse por completo de ellas.
Un desarrollador de inteligencia artificial que trabajaba en Google ha dejado su puesto para replantearse el futuro de esta tecnología y sus riesgos para la humanidad.
No es el primero y habrá más como él que alerten de que la inteligencia artificial (IA) supone una amenaza para la humanidad.
Se trata de Geoffrey Hinton, quien ha renunciado a seguir trabajando para Google en el desarrollo de estas tecnologías, ya que considera que hay que replantearse su futuro.
Hinton es uno de los pioneros en el desarrollo de la inteligencia artificial y toma esta decisión porque dentro de la empresa para la que trabajaba no podía, por contrato, decir lo que opinaba.
Desde la libertad, ahora deja claro que esta inteligencia digital se está creciendo mucho más rápido de lo que los ritmos deberían ser y que suponen una amenaza para la humanidad en el sentido de que pueden utilizarse para suplantar la realidad sin que las personas pueden distinguir entre lo real y lo virtual.
Desde su perfil en Twitter, Hinton explica que se ha marchado de Google porque así puede «hablar sobre los peligros de la IA sin perjudicar a Google».
Además, ha concedido una entrevista a ‘The New York Times’ en la que admite su enorme preocupación por las aptitudes de la inteligencia artificial, y da ejemplos, como cuando se usa para crear imágenes y textos que no son reales pero que son tan exactos que el público podría llegar a un punto en que «no podrá saber qué es verdad».
In the NYT today, Cade Metz implies that I left Google so that I could criticize Google. Actually, I left so that I could talk about the dangers of AI without considering how this impacts Google. Google has acted very responsibly.
Hace muchos años que existen tecnologías para, por ejemplo, crear vídeos a partir de grabaciones y poner en boca de un mandatario político o de un famoso unas declaraciones que no son suyas. Lo que se llamaba ‘deep fake’, por lo realista que era.
Deep Fake’in patladığı video buydu. Bu videoda Obama o dönem ABD Başkanı olan Trump için “pislik torbası” diyor.
Sonra ben böyle şeyler söylemem dedikten sonra Oscar ödüllü aktör Jordan Peele görünüyor, ben söylerim diyor ve ekliyor: “Gördüklerimiz karşısında daha uyanık… pic.twitter.com/ifu8uM4sGi
— Mehmet Yaşar Altundağ (@YasarAltundag) May 1, 2023
IA ha perfeccionado las formas hasta hacer casi imposible diferenciar entre lo real y lo creado. Hay que recordar la controversia que originó las imágenes del Papa Francisco con extraños atuendos, que todos tomaron por ciertos. También dándose las manos con una inquietante personalidad de apariencia satánica:
No es por nada, pero el Papa acaba de hacer un fashion statement.
— L u i s V e r o n i k a 🟣 (@luisVeronika) March 26, 2023
Que haya que desmontar el bulo de que el Papa le ha dado la mano "a un cura satánico" es un ejemplo de que el problema de la desinformación desde luego a día de hoy no es la IA. pic.twitter.com/P9kyA6CTI0
Hinton también cree que la IA es una amenaza para el empleo, porque supone sustituir tareas que desarrollan ahora personas y que además esta tecnología está creciendo algo descontroladamente con nuevos comportamientos no esperados: «Es difícil prever y evitar que determinados actores lo usen con malas intenciones».
Aunque no lo menciona, recientemente su ex compañía, Google, se alertó al ver cómo su IA, Bard, había aprendido el idioma de Bangladés sin esperarlo.
Hinton sostiene en esa entrevista que «estas cosas podrían volverse más inteligentes que las personas», pero que se pensaba que quedaba mucho tiempo para eso. Sin embargo, el crecimiento ha sido alarmante: «La mayoría de la gente pensó que estaba muy lejos, y yo también pensaba que estaba muy lejos, que faltaban entre 30 y 50 años o incluso más. Obviamente, ya no pienso eso».
Pese a sus temores y haber dejado Google, Hinton deja claro que esta compañía está siendo responsable a la hora de desarrollar ‘Bard’, su propio sistema de IA: «Ha actuado de manera muy responsable». También desvincula su renuncia a una especie de denucia pública por comportamientos que no pudieran ser éticos o responsables.
Desde el 30 de noviembre, fecha en que se puso a disposición de los usuarios, la “revolución” ChatGPT ha sacudido el panorama informático, dando una pequeña noción de las aplicaciones posibles de la inteligencia artificial.
Entre otras cosas, ChatGPT es un motor conversacional basado en un modelo lingüístico que se ha entrenado con millones de documentos en línea. Es capaz de generar textos de forma fluida, simulando una conversación humana convincente.
Cuando salió al mercado, el número de usuarios creció rápidamente, hasta el punto de que en la actualidad la utilizan más de cien millones de internautas. Es la aplicación informática que ha atraído más atención en menos tiempo. Lo más sorprendente es la capacidad de la máquina para imitar un diálogo, para dar respuestas que son, si no exactas, al menos superficialmente coherentes.
Ante el éxito, OpenAI, la empresa emergente que ha desarrollado el chatbot, ha lanzado una versión de pago. Por 20 dólares al mes, los estadounidenses primero, y luego el resto del mundo, podrán interactuar con el robot y obtener respuestas sobre los temas que se le pregunten… si es capaz de ello.
Microsoft, que ya tenía una participación en OpenAI, ha invertido más dinero en el negocio: 10.000 millones de dólares. Dado el éxito y el interés de Microsoft, Google entró en pánico. La empresa es muy consciente de la importancia del robot conversacional y de su impacto en las búsquedas en internet, el negocio principal de Google.
También ha avanzado mucho con su propia versión, Bard, con la que pretende hacer la competencia a ChatGPT, ofreciendo la posibilidad de que los usuarios interactúen con el chatbot. Pero Bard decepcionó y los especuladores sacaron su dinero rápidamente. Las acciones de Alphabet cayeron hasta un 8,9 por cien el miércoles. Ha sido la mayor caída de las acciones de la empresa en los últimos tres meses.
Pero la inteligencia artificial ya es un negocio especulativo. Otras empresas del gremio se han subido rápidamente a la cresta de la ola. Incluso se ha creado un fondo cotizado en bolsa en torno a esta moda. Como las demás tecnologías, la fiebre puede durar tanto como la especulación.
ChatGPT ha sido entrenado con preguntas cuidadosamente seleccionadas y, por lo tanto, con el sesgo asociado a ellas. Un desliz podría ser costoso para la marca comercial, por lo que orienta las respuestas para evitar ser políticamente incorrecto. Es la robotización intelectual.
La inteligencia jamás puede ser artificial. Es lógico que en internet los robots se hagan pasar por personas. Para eso se han creado. Lo sorprendente no es eso, sino que las personas funcionen como robots.
Lo mismo que los buscadores, ChatGPT expresa la ideología dominante de manera mecánica. En internet no hay más que una pregunta y una respuesta relevantes:
— Pregunta: ¿A dónde va Vicente? — Respuesta: A donde va la gente
La uniformidad y la corrección política de los buscadores son una forma de censura, de la misma naturaleza que la que ya existe en las redes sociales. Algunos malintencionados ya han empezado a medir el sesgo introducido en las bases de datos de las que ChatGPT extrae sus respuestas.
En un futuro próximo la inteligencia artificial será la Nueva Inquisición y el nuevo juez del decoro, lo mismo que la Wikipedia, las universidades, los colegios profesionales… y la Guardia Civil.
Se crea un monopolio, prohibiendo que particulares desarrollen IA, fuera del circulo de las big tech, bajo la excusa de IA es demasiado peligroso para la humanidad. El mejor cliente es el Estado asustado y temeroso
IA dio el gran salto durante los encierros forzados por el Covid, donde miles de millones de personas se sumergieron en el internet.(Flickr)
Hace tres años empezó como un murmullo la existencia de un súper virus que mataría cientos de millones de personas. El virus había saltado de un murciélago hacia humanos, no creo se haya escogido al murciélago al azar, este mamífero está asociado con el mal, con Drácula y puede confundir a muchos, como el agua traída de las islas Fiji, que es solamente agua, dijeron también que había sido creado en un laboratorio con fines militares, imágenes de películas sobre virus mortales y zombis alimentaron el mito, luego se bombardeó al mundo las veinticuatro horas con el número de muertos y lo mortal del virus, contagios y filas de ataúdes. Nunca nadie pudo comprobar su autenticidad y, a los que denunciaban los callaban.
Venimos viviendo con la mal llamada inteligencia artificial, desde hace ya varias décadas. Digo mal llamada inteligencia artificial, IA, porque sólo el hombre, el ser humano es inteligente, no lo son los animales, menos las máquinas, mucho menos los algoritmos, que son sistemas de datos. Pero, para fines prácticos continuaré llamándola IA, con la cual tuve el primer contacto al observar una calculadora Casio realizar las ecuaciones básicas, allá por los ochentas. Un aparatito que sumaba, restaba, dividía, multiplicaba, que luego fue mejorando al agregar más fórmulas. Lo que quiero manifestar es que la tecnología no es nueva y, nos acompaña en nuestra vida diaria desde hace décadas. El buscador Google, es IA y, la base de datos más grande del planeta, datos e información que tú produces.
IA dio el gran salto durante los encierros forzados por el Covid, donde miles de millones de personas se sumergieron en el internet para entregar toda su vida; incluyendo recuerdos, confesiones, secretos, fotografías, videos, audios, perversiones, a la IA. La masiva acumulación de información, nunca antes vista en la historia, es el trampolín que permite ahora al software reconocer fotografías y describirlas, antes se tenía que describirla para que Google entregue la foto, esta es un innovación en IA, la capacidad para ver, el robot puede ver, reconocer miles de millones de objetos que tú le has proporcionado con las fotos y videos que cuelgas constantemente en la web. El robot tiene todas tus fotos y conoce también tu voz, y hasta tus sentimientos. Toda la información en la web es parte de su memoria.
Las compañías de big tech fueron las promotoras del encierro pandémico y, Bill Gates la cara y voz que lo promocionaba para salvar al mundo, mientras le comprábamos sus productos tecnológicos y luego su vacuna, siendo lo más interesante la información que las big tech prácticamente nos obligaron a entregarle para alimentar la memoria de IA y, hacer posible lo que ahora es; un software que habla, escucha, ve, escribe, dibuja y miente. Cuando IA miente, sus creadores le llaman “alucinación,” jamás aceptaran la maquina miente, pues es una aberración humana, pero sí, tenemos que aceptar llamarla Inteligencia, esa característica únicamente humana a las combinaciones estadísticas que el software desarrolla. Me hace pensar mal sobre estos billonarios filántropos de la tecnología, más ahora que la estrategia de marketing de IA es similar a la del Covid, el miedo. He escuchado a Elon Musk manifestar que se debería retardar el lanzamiento y desarrollo de IA, por su peligro, ocasionando el murmullo global sobre la posibilidad de que las maquinas destruyan el planeta si les damos autonomía, pero al mismo tiempo Musk desarrolla su propia IA. El miedo es la herramienta de dominación. En reciente entrevista en Fox, Musk propone que el estado regule IA. Esa propuesta merece análisis y protesta. IA es utilizada por el Partido Comunista Chino para controlar a sus ciudadanos, les descuenta puntos si se portan mal, y son constantemente vigilados cuando caminan por las calles, cuando realizan cualquier transacción e interacción humana, porque también están obligados a utilizar moneda digital, haciendo posible que el gobierno conozca todos sus hábitos. Lo que Musk propone, a mi entender, es que las big tech desarrollen la tecnología, la administren y luego la arrienden al gobierno, el cual les dictará ciertas pautas, mientras utiliza IA para espiar en todo el mundo incluyendo a sus propios ciudadanos. Se crea un monopolio, prohibiendo que particulares desarrollen IA, fuera del circulo de las big tech, bajo la excusa de IA es demasiado peligroso para la humanidad. El mejor cliente es el Estado asustado y temeroso, ya lo hemos visto con la pandemia, en donde se desarrolló el marketing del terror. El Estado asustado es siempre arbitrario y, reacciona como un animal atacado, por instinto.
Existen muchas industrias y oficios desplazados por IA, el periodismo y los ensayos de opinión son unos de ellos, luego vendrá la práctica legal, médica, el cine, música, arte, literatura. Como en toda innovación, siempre existe el temor, lo hubo con el fuego, la rueda, la máquina a vapor, los trenes, la internet, pero el hombre, creación divina e inteligente, siempre está cientos de pasos delante de cualquier creación artificial, podríamos por ejemplo dejar de utilizar redes sociales, pobladas de señuelos IA, y eso es lo que opino sucederá. Pero les confirmo y juro, el que escribe estas líneas es un humano de carne y hueso, nacido de una mujer.
Santiago Abascal, secretario general de VOX, y el líder izquierdista Pablo Iglesias pasean, amistosa y asombrosamente cogidos del brazo, en las calles de Madrid. Así los sorprendió la cámara del diario ‘El Mundo’, el cual… encargó a un laboratorio de Inteligencia Artificial la realización (en un breve plazo de dos o tres días) de dicho montaje, así como el de otros adversarios políticos.
En sí misma, la Inteligencia Artificial no amenaza nada. Quienes sí amenazan son los que la deben nutrir de contenido.
Todas las advertencias que se han multiplicado exponencialmente los últimos meses acerca del uso de la Inteligencia Artificial (IA)[1] omiten, sin embargo, la capacidad —que estas IA— poseen de hecho para “formar” y, en consecuencia, “manejar” el modo de pensar de los seres humanos.
Puede parecer una exageración. Puede que no sea la “intención” de sus creadores, pero no cabe duda de que el modo de relacionarnos como personas con los bots de IA lleva, ineluctablemente, a pensar en esa capacidad de manipulación y formación del pensamiento humano —al establecer los contenidos—, que poseen y poseerán de modo creciente las IA.
Parafraseando al afamado científico Stephen Hawking, si algo está disponible, en materia de interés y avance científico, no hay leyes que detengan ese avance de la investigación.
Ni leyes escritas, ni leyes éticas. Hawking, apunta con acierto que “alguien” siempre estará inevitablemente tentado por avanzar en el desarrollo de cualquier investigación científica posible. Y resultará igualmente inevitable que ese alguien caiga en la tentación de seguir adelante, hasta alcanzar un logro. Aunque el desarrollo científico en cuestión se prohíba o catalogue de antiético.
Así se mueve la humanidad en materia de avances científicos, y así lo seguirá haciendo.
En consecuencia, siguiendo el pensamiento del científico inglés, los desarrollos posibles – en el caso que nos ocupa, es decir, la capacidad de modificar las formas y criterios humanos de pensamiento según el contenido que se le ofrezca a través de los bots de IA, todo ello tenderá a incrementarse aunque sus consecuencias sean dañinas, e incluso nefastas.
Huelga decir que, si se modifican criterios y conceptos, lo que se modificará —según el arbitrio de quienes den contenido a las IA— serán, y de modo creciente, las conductas humanas.
Todo ello resulta mucho más inquietante para la libertad de las personas que la posibilidad de que, como se viene diciendo en los últimos tiempos, la IA supere en todos los aspectos a la inteligencia humana. Se discute su posibilidad real de materializarse, pero es evidente que la capacidad de formar pensamientos y criterios —y en consecuencia, conductas— parece ser un hecho ya alcanzado. Y un hecho obviamente inquietante .
Cuando el hombre comenzó a usar calculadoras (primero simplemente mecánicas y luego digitales), abandonó el cálculo mental y el procedimiento matemático básico de sumar, multiplicar, restar y dividir mentalmente.
De hecho, es bien probable que la mayoría de las personas, hoy en día, tengan que “sentarse” a pensar largo rato si se las pone frente a una simple división con decimales. Tan desacostumbrados estamos a realizar estos procedimientos.
Más fácil resulta aún que muchos jóvenes de escolarización medianamente reciente, ni siquiera recuerden “cómo” se realiza ese procedimiento. Simplemente porque se les ha enseñado muy superficialmente cómo realizarlo. Y, se les ha enseñado superficialmente porque los docentes están plenamente convencidos de que, en su vida futura, esos niños y jóvenes no realizarán jamás esas “operaciones” de modo manual o mental. Y, de hecho, tienen razón.
Todos los seres humanos usan hoy, para cualquier cálculo, incluso los más elementales, una “calculadora digital” o sus desarrollos posteriores, que simplifican al extremo los cálculos más complejos. Las computadoras, el Excel y otras aplicaciones más sofisticadas resuelven de modo instantáneo cualquier ecuación o cálculo complejo, sin otra intervención humana que digitar los números que componen el problema a resolver. Ello es tanto como “decirle” —hasta de forma meramente verbal, sin escribir siquiera— a un ordenador programado qué cálculo se quiere resolver. En milisegundos se obtiene una respuesta inmediata y, fundamentalmente, exacta. De una exactitud inapelable.
La IA tiende a operar del mismo modo. Ante cualquier pregunta que le realicemos tendrá una respuesta instantánea. Ya le preguntemos sobre el clima, o sobre el pensamiento de un autor, o sobre la interpretación de un hecho histórico, o sobre el futuro del mundo ante el cambio climático.
Sin embargo, la respuesta será necesariamente sesgada, pues concordará con el pensamiento de aquellos que programaron esa IA
Sin referencia a ninguna fuente, la IA nos proporciona una respuesta inmediata. Incluso, en los casos de las aplicaciones de IA que “citan fuentes” (por ejemplo, Perplexity A.I), las fuentes son seleccionadas por el mismo algoritmo para que coincidan con la respuesta proporcionada.
Ya no hablemos de los casos de groseros errores en los que caen los Chats GPT cuando, por ejemplo, afirman la inexistenciade libros famosos que han sido efectivamente publicados por autores reconocidos, o cuando nos listan obras de un autor que éste no ha escrito, o nos “resumen” su pensamiento de un modo muchas veces opuesto al verdadero decir y pensar del autor requerido.
Simples experimentos “caseros” nos demuestran que los bots de IA operan de ese modo. Es fácil, para quien conoce el tema inquirido al bot, darse cuenta de las ocasiones en que le miente, tergiversa e incluso interpreta a un autor de modo perfectamente opuesto a sus verdaderas expresiones.
Hasta es posible que se le pida al bot de IA que efectúe el resumen de un artículo, que se copie y pegue en la pregunta el texto completo del artículo y que, si este artículo no condice con las pautas (siempre “políticamente correctas”) con que ha sido programado el bot, este último termine dándonos un “resumen” que diga exactamente lo contrario de lo que se sostiene en el artículo.
El tema es muy extenso y debe ser debatido largamente. Hay muchos eximentes para estas respuestas incorrectas o aparentemente malintencionadas.
Sin embargo, si se sigue la lógica humana de la ley del menor esfuerzo (una ley económica, de las pocas que son irrefutables), podría llegar el día en que, como ha sucedido con el cálculo matemático, ya sólo se enseñe superficialmente historia, geografía, lógica, gramática y, por cierto, tampoco ética.
Ese día, las máquinas (sin necesidad de superar de modo efectivo el pensamiento humano), valiéndose de las debilidades humanas, nos darán todas las respuestas a todos los interrogantes, igual que el Excel nos proporciona una respuesta numérica que no cuestionamos, cuya exactitud damos por descontado.
Ese día se habrá suprimido el pensamiento crítico de las personas y, como dijimos, se regulará su conducta dictándoles a los seres humanos el modo de sentir, actuar y pensar. Ese día se habrá suprimido la libertad de las personas.
Pero ¿serán las IA quienes regulen a su antojo las libertades personales? ¿O quienes lo hagan será el reducido grupo de individuos que las controlen?
La lógica, que aún manejamos, indica que quienes lo harán será ese pequeño grupo de personas dedicadas a controlar a las IA (a “entrenarlas” y programarlas). El resto de los seres humanos correrá el riesgo cierto de perder su libertad, al tiempo que la manipulación y el control de las conductas habrá alcanzado su punto más alto en la historia de la humanidad.
[1] IA (en español) o AI (en inglés) es el conocido acrónimo de “Inteligencia Artificial”, usándose ambos de modo indistinto.