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‘La humanidad desaparecerá de la Tierra dentro de 250 millones de años’

Redacción

La seudociencia de origen anglosajón ha llegado a cotas de estupidez como la siguiente: los seres humanos, junto con otros mamíferos, podrían desaparecer de la Tierra en los próximos 250 millones de años. Es un artículo de la Universidad de Bristol publicado por la revista Nature Geoscience y reproducido por Newsweek (1). Si quieren saber los motivos de nuesta desaparición, ya tienen la respuesta de antemano: el calentamiento.

Ahora bien, nos queda un hilo de esperanza: podríamos tener posibilidades de sobrevivir en el apocalipsis climático gracias a los avances tecnológicos. Por lo tanto, hay que invertir en eso que llaman “ciencia”, o sea mejorar, los sueldos de los “científicos”, “académicos”, “universitarios” y demás para que sigan publicando bobadas.

Naturalmente, la “lucha” contra el calentamiento también debe proseguir porque la subida de los termómetros no causa más que desgracias. Es más, todas las desgracias tienen su origen en el aumento del calor ambiental.

Ya lo explicó en portada la revista Time en 2021. Fue un número completo dedicado al cambio climático bajo un título revelador: “El clima lo es todo” (2). La subida de las temperaturas afecta a todos los aspectos de la naturaleza y la sociedad, desde la educación hasta la delincuencia y la inmigración.

Antes el calor era sinónimo de “buen tiempo”. Ahora es todo lo contrario. Del calentamiento sólo cabe esperar desgracias, una detrás de otra: inundaciones, sequías, incendios, huracanes, terremotos, emigración, extinciones… Basta recurrir a un buscador para comprobar que al calentamiento se le han asociado 900 desgracias de todo tipo.

Si alguien quiere saber el origen de alguna calamidad, natural o social, la respuesta la tiene en el bolsillo: todo es culpa del cambio climático. Es un ejercicio de reduccionismo y simplismo como pocas veces se ha visto en ninguna ciencia que, por lo demás, se convierte en autodemostrativo: lo que prueba la subida de temperturas son el cúmulo de desgracias que provoca por todas partes.

En las corrientes seudoecologistas, todo va mal siempre y, además, en el futuro todo irá a peor.

(1) https://www.newsweek.com/extreme-heat-mass-extinction-climate-change-1829584
(2) https://time.com/5953374/climate-is-everything/

El último hombre no es ningún hombre

Lo que va a poner término, si no lo remediamos, a la civilización y a la humanidad…

Cui Xiaopan, nombrada la empleada del año en una de las principales promotoras inmobiliarias de China. Trabaja 24 horas al día, 365 días al año

Javier R. Portella

Se equivocó el gran Nietzsche. Mejor para él, que, si erró, fue sólo porque no llegó a ver lo que a nosotros nos está dado ver.

Se equivocó el gran Nietzsche. «El último hombre», el más despreciable de todos los hombres, incapaz incluso de despreciarse a sí mismo, no es en absoluto lo que él pensó.

Recordemos sus palabras. Proféticas nos habían parecido hasta hoy mismo:

¡Ay! ¡Llega el tiempo en que el hombre dejará de lanzar la flecha de su anhelo más allá del hombre, y en que la cuerda de su arco no sabrá ya vibrar!

Llega el tiempo en que el hombre no dará ya a luz ninguna estrella, el tiempo del hombre más despreciable, el incapaz ya de despreciarse a sí mismo.

¡Mirad! Yo os muestro el último hombre.

La tierra se ha vuelto pequeña, y sobre ella da saltos el último hombre, que todo lo empequeñece.

“Nosotros hemos inventado la felicidad” —dicen los últimos hombres, y parpadean.

No, no es esto. Ese hombre que, creyendo haber inventado la felicidad, da saltos como un imbécil; ese hombre que, empequeñeciéndolo todo, ya no da luz a ninguna estrella; ese hombre, no…, pese a todo, pese a estar chapoteando en su degeneración misma, ese hombre todavía es un hombre. Abyecto y repugnante, pero hombre. Aún nace. Aún vive o vegeta. Aún muere.

En cambio, lo que ahora se nos viene encima; lo que, fabricado por aprendices de brujo chinos o yanquis, va a poner término, si no lo remediamos, a la civilización y a la humanidad (“transhumanismo”, lo llaman); ese esperpento que da forma al último de todos los hombres ya no es un hombre: es una máquina.

Véanlo, si no, leyendo este artículo de El Mundo«La empleada del año es un robot (y muchas novias chinas ya son virtuales)».

Sus primeras palabras —y no hay razón para ponerlas en duda— son éstas:

Seiscientos millones de personas han descargado en China asistentes artificiales para evitar la soledad, y sus promotores difunden las ventajas de sortear “las experiencias negativas, como el engaño o los enfados, que las parejas acumulan en la vida real”.

Así habla y se mueve Zhang Zhao, el robot que
presenta las noticias en la agencia estatal china Xinhua

El ser humano, cien por cien natural

Lo natural está de moda. Vamos al supermercado y nos encontramos con que las patatas, los zumos, los huevos, la leche de coco y hasta las barritas energéticas son cien por cien naturales -quién lo hubiera sospechado de las patatas- y en algunos casos incluso “bio”. Aún recuerdo cuando allá por los setenta y principios de los ochenta, a caballo de los movimientos neohippies, cuatro gatos reclamaban para sí mismos y los demás la vuelta al naturalismo. Hoy, incluso las centrales nucleares diseñan sus campañas publicitarias presentándose como respetuosas con el medioambiente, climaneutrales y, por lo tanto, las mejores aliadas de la naturaleza. La naturaleza es al mismo tiempo pura y sagrada, disponible y un recurso. ¿No se trata de una seria contradicción? De manera enrevesada, reaparece aquí la dialéctica entre la dominación y la liberación. El tipo de concepto de naturaleza que uno elige no solo es decisivo para cuestiones éticas o políticas, sino que también revela la cuestión de la misma naturaleza del ser humano.

Parece ser que a la hora de definir naturaleza nos ocurra lo mismo que le ocurría a San Agustín con el concepto del tiempo: sabía lo que era, siempre y cuando no le preguntaran al respecto; porque cuando trataba de explicarlo, nunca lo conseguía. Hablar de la naturaleza en la vida cotidiana es tan usual como extrañamente misteriosa cuando pensamos detenidamente en ella. La naturaleza es ambigua y un viejo concepto. En primer lugar, significa transformación, crecimiento, adaptación, desarrollo. Podríamos seguir dándole atributos y ampliando el concepto hasta convertirlo en algo tan abstracto que lo incluya todo o la nada en absoluto. Nuestra mente necesita un “algo” opuesto o al lado -o fuera- de la naturaleza para poder definirla con precisión: frecuentemente hemos recurrido a la razón, la cultura, la costumbre, Dios o incluso la tecnología. Llevamos siglos en busca de una fórmula mágica, una teoría general de la naturaleza, que nos permita mantener intacto el abismo conceptual históricamente generado en occidente entre naturaleza y cultura, o civilización si lo prefieren.

REPASANDO LA HISTORIA

El término «naturaleza» proviene del latín natura, que coincide en su significado lógico con la palabra griega physis. Bajo este concepto se coloca todo aquello que no ha sido hecho por el hombre, la techné, es decir, el arte y la artesanía, que no se consideraban algo natural. En la antigüedad, el término “naturaleza” significaba la totalidad de las cosas que se originaron sin intervención humana y existen independientemente del ser humano. Caracterizando todo el ser y el devenir, el principio orgánico está integrado en la physis / natura. Así, en Platón, el organismo se concibe como una imagen del mundo viviente. En Aristóteles, la naturaleza es el devenir de la materia, la causa de su forma y su propósito. En el caso de los estoicos, la physis se reduce a lo externo, que se distingue precisamente de la naturaleza (racional) superior del hombre: el orden moral como instancia enfrente del orden natural. En la Edad Media cristiana (occidental), la naturaleza aparece como la creación de Dios, independientemente actuante, como el verde viviente. La naturaleza humana se define desde su semejanza a Dios creador. Dios es la naturaleza creativa (natura naturans) que creó las entidades mundanas (natura naturata).

EN JEAN-JACQUES ROUSSEAU, LAS IDEAS DE LA ILUSTRACIÓN SE MEZCLAN CON LA ALABANZA DE LA NATURALEZA, Y NACE LA IDEA DE QUE EL HOMBRE SE HA ALEJADO DEMASIADO DE LA NATURALEZA

El humanismo y el Renacimiento permiten la aparición de la idea de la intervención y la viabilidad de generar naturaleza: ya sea como médico o mago, arquitecto, mecánico o alquimista, la materia se redescubre como algo esencialmente disponible para el ser humano. La comprensión moderna de la naturaleza, que surgió en el período moderno temprano, se puede identificar con dos nombres: René Descartes y Francis Bacon. «Someter a la tierra» – de acuerdo con la palabra bíblica (ver Génesis 28), Bacon equipara el conocimiento natural con su dominación. La naturaleza se convierte en  cuestionable mediante la medición y el experimento, al tiempo que se vuelve autónoma mediante la formulación de las leyes generales de la naturaleza. Déscartes hace una separación entre lo que él llama res extensa y la esfera mental. Esta separación dualista entre la mente y la naturaleza todavía es muy poderosa hoy en día. Mediante el desarrollo tecnológico y los hallazgos científicos, el ser humano ha llegado al antiguo lugar creado y está modelando demiúrgicamente la machina mundi, que se piensa que es una estructura altamente compleja pero controlable.

En Jean-Jacques Rousseau, las ideas de la Ilustración se mezclan con la alabanza de la naturaleza, y nace la idea de que el hombre se ha alejado demasiado de la naturaleza. Los románticos contribuyen como mejor saben a mitificar lo natural como lo primigenio y bueno, mientras que Alexander von Humboldt reúne la naturaleza física y moral del hombre. Más tarde, al valor estético de la naturaleza se le une un valor ético, tal como la religión lo había hecho anteriormente con la naturaleza como producto de la creación.

EL PAISAJE SUPUESTAMENTE NATURAL EN REALIDAD DEBERÍA LLAMARSE PAISAJE CULTURAL

Hoy en día se pueden identificar dos conceptos de la naturaleza en competencia: el mecanicista y el organicista. El primero, basado en la metáfora de la máquina, se caracteriza, en primer lugar, por la división sujeto-objeto, en segundo lugar, por el mecanicismo, en tercer lugar, por el experimento y, en cuarto lugar, por la relación dominación-esclavitud. En el segundo concepto, el órgano sirve como una alegoría, que contiene la idea de totalidad, organicidad, simpatía y la igualdad de todos los seres vivos. Desde ambas concepciones, sin embargo, nos encontramos con un problema nuevo: la naturaleza virgen, la pura, aquella sobre la cual la sociedad no ha trabajado aún, no existe. Desde que existe el ser humano no ha dejado de cambiar su entorno, afectando a la naturaleza. El paisaje supuestamente natural en realidad debería llamarse paisaje cultural.

EL SER HUMANO ES PARTE DE LA NATURALEZA

Hablamos de la naturaleza y nos olvidamos de nosotros mismos: nosotros mismos somos la naturaleza, parte inseparable de ella. En consecuencia, la naturaleza es algo bastante diferente de lo que sentimos cuando pronunciamos su nombre. Convertir nuestras ideas, nuestras percepciones del medio en que vivimos en principios absolutistas no nos acerca a la realidad. En absoluto.

Y, sin embargo, más allá del etiquetado de productos de consumo procedente del entorno (natural), obviamente naturales, con la marca “bio” o “cien por cien natural”, caemos una y otra vez en la tentación de deificar todo aquello que no somos “nosotros” a costa, siempre, de demonizar todo lo que nosotros hacemos. El caso de la llamada “huella ecológica” es aquí un buen ejemplo. Sus promotores describen la influencia humana en la naturaleza como intrínsecamente mala. Somos vistos como una enfermedad en el planeta. La metáfora de la huella ecológica transmite la idea de que pisoteamos la tierra con nuestras sucias botas. En consecuencia, por ejemplo, somos juzgados moralmente por el alcance de nuestras emisiones de CO2. Un viaje a Los Ángeles supone tres toneladas y media de CO2, el viaje al restaurante X kilos, el filete en el plato sigue sumando y así sucesivamente.

SI NO HUBIÉRAMOS AUMENTADO NUESTRA HUELLA ECOLÓGICA, AÚN VIVIRÍAMOS EN CUEVAS, TENDRÍAMOS UNA ESPERANZA DE VIDA DE APROXIMADAMENTE 35 AÑOS Y MORIRÍAMOS DE HAMBRE

Esta actitud hacia la existencia humana está en profunda contradicción con las ideas nacidas del humanismo y la Ilustración. Si no hubiéramos aumentado nuestra huella ecológica, aún viviríamos en cuevas, tendríamos una esperanza de vida de aproximadamente 35 años y moriríamos de hambre. La metáfora de la huella ecológica busca destruir la aspiración histórica e inspiradora de la humanidad de conseguir progreso, bienestar y libertad enfrentándose -adaptándose- a los caprichos crueles de la naturaleza.

Los promotores de este tipo de ideas son como una autoridad religiosa moderna ansiosa por controlar nuestro comportamiento. Recuerda el Galileo Galilei de Bertold Brecht, donde los pobres deben ser felices sabiendo que Dios lo quiere así y les está poniendo a prueba. En el mismo estilo, los ecoverdistas de hoy quieren que los pobres sean felices sabiendo que la naturaleza requiere de su pobreza o les exige lograr un equilibrio místico indefinible. Pero deben seguir siendo pobres.

A diferencia de los ecoverdistas, creo que deberíamos sacar a los pobres de su miseria y mejorar las vidas de todos: hacer crecer nuestras economías, aumentar nuestra huella ambiental y liberar nuestro potencial creativo y adaptativo. O, como habría dicho Francis Bacon, necesitamos dominar más la naturaleza y obligarle a revelar sus secretos.

POR: Luis I. Gómez en DESDE EL EXILIO

«Nuevos derechos»

malasx

Pensando un poco, es curioso comprobar cómo la ideología de género ha conseguido en pocos años imponerse en las leyes y en la mentalidad de mucha gente que la apoya. El proceso mental que ha seguido es el siguiente:

-Yo puedo elegir el sexo y el género que me dé la gana.

-Tú tienes que respetar mi elección, no puedes discriminarme.

-Yo puedo elegir la orientación sexual que quiera, libremente.

-Tú tienes que respetar mi elección, no puedes discriminarme.

-Yo afirmo que mi elección de sexo, género y orientación sexual son derechos humanos.

-Tú tienes que aceptarlo y reconocerlo en las leyes humanas positivas.

-Mis elecciones son lógicas y razonables porque soy completamente libre de decidir lo que quiero ser desde el punto de vista sexual.

-Tú tienes que obrar en consecuencia y respetar mis decisiones completamente.

-Yo te obligo por ley, a que no puedas contradecirme ni demostrar que estoy equivocado, que no tengo razón. Si lo haces te perseguiré, te humillaré, te multaré, te destruiré como ciudadano.

-Tú tienes que acatar mis leyes y colaborar o estar callado.

-Aquí mando yo y todos los Tribunales que me apoyan.

Pero de verdad, ¿esas elecciones pueden o deben ser derechos humanos respetables? ¿no son verdaderamente caprichos o arbitrariedades de la voluntad de algunas personas que nunca pueden ser considerados derechos, porque jamás hasta hoy los caprichos humanos, los deseos injustificados, las decisiones arbitrarias, se han considerado y reconocido como derechos en la Historia de la humanidad?

No obstante, por increíble que parezca lo han logrado, lo han impuesto en este principio del siglo XXI y todo el mundo lo tiene que respetar, acatar, sin posibilidad de recurrir o disentir. ¿Están locos tantos políticos que lo han promovido, tantos juristas que lo han aceptado, tantos médicos que están callados, tantos padres que están  acobardados, tantos ciudadanos temerosos que no se atreven a hablar y razonar con sentido común ante tamaño disparate?

Quiero pensar que no, que esta pesadilla acabará más pronto que tarde. Que alguien le dirá al Emperador que está desnudo, que muchos darán un paso al frente y se opondrán con todas sus fuerzas. Yo lo expreso aquí con toda claridad de la que soy capaz. 

Roberto Grao Gracia ( El Brief de Actuall )

LOS SUEÑOS.

Uno de los motores de la historia, a pesar de que el amigo Marx diga que la exclusividad la tiene la lucha de clases, han sido las ambiciones y deseos de una nación, los sueños nacionales que hacen que toda la energía de un pueblo se dirija hacia una meta común, ampliamente compartida por todos los sectores sociales… Desde un emperador a un jornalero, desde un almirante a un grumete.

Energías liberadas que han dado nacimiento a naciones, han creado y destruido imperios, provocado guerras, derrocado gobiernos…

Así, la España Imperial se forjó por el sueño de gloria, de oro, de un pueblo que, recién salido de un larga Reconquista, creía en su destino y que llevó a valientes hidalgos extremeños, a recios marinos vascos, a duros campesinos castellanos, a cruzar los mares y crear una nueva sociedad en tierras americanas…

Dicho sea de paso, los aztecas tenían unos sueños bastante parecidos y, gracias a una serie de razones explicadas por Jared Diamond en Armas, Gérmenes y Acero, este artículo que compongo no está escrito en ‘naualt’.

Y qué decir del Imperio Británico. La Puerta de Bombay aún se yergue como mudo testigo del paso de miles de jóvenes británicos que llegaron a la India a vivir el sueño imperial. Muchos regresaron, pero muchos otros dejaron allí sus huesos, cubiertos por una preciosa casaca roja, en las polvorientas llanuras del Deccán o en las tórridas junglas bengalíes.

Por supuesto, hay sueños nacionales que mejor nunca se hubiesen soñado… El sueño de una Germania «Uber Alles», del «Der morgige Tag ist mein», el sueño nacional socialista que, vendido por un cabo austriaco que se reveló como uno de los más efectivos vendedores de sueños de la historia, acabó con la mayor guerra conocida por la humanidad y con el Holocausto.

Como su primo hermano, otro sueño prescindible, el sueño de la sociedad sin clases, de la utopía socialista comunista, sueño que desembocó en unos regímenes totalitarios con más de cien millones de muertos como legado… pero que a diferencia del sueño nazi aún sigue teniendo buena prensa.

Pero no todos los sueños son imperiales, raciales, expansionistas…

Estados Unidos, la nación más rica, libre y poderosa de la historia, fue creada a partir de un sueño, un sueño de libertad, de igualdad, de búsqueda de la felicidad, que, partiendo del Mayflower, fue recogido por los Padres Fundadores en la Declaración de Independencia y sigue vivo en el «American Dream» que hace que miles de emigrantes lleguen cada año a sus puertas, que hace que dos chavales en un garaje creen una revolución informática y que hace que muchos de vosotros hayáis llegado a este artículo a través de una red social creada por un tipo de no acabó la carrera…

Y por supuesto, aquí y ahora, en España, también hemos vivido nuestro propio sueño (en determinadas regiones compartido con otros sueños más cercanos a » El Mañana nos pertenece» nazi).

Pero el nuestro ha sido un sueño cutre, gris, anodino. Hemos vivido el sueño de la mediocridad, de hacer lo justito, el sueño de que teníamos derecho a todo, de que para cualquier problema, reto o exigencia que nos plantease la vida, ahí estaba el Estado para solucionarlo…

En todo, desde la educación para nuestros hijos hasta el ocio que disfrutaríamos, desde la pensión hasta la vivienda, desde nuestro trabajo y nuestro sueldo hasta nuestra salud, pasando por asuntos tan personales como compatibilizar el trabajo y la familia, los españoles hemos soñado con que el Estado nos resolvería la papeleta.

Así, nos iban a dar una casa de protección oficial, con un colegio público cercano para nuestros niños, con un polideportivo también público donde nos darían clases de aerobic o jugaríamos al pádel, con un centro cultural, por supuesto también gratuito, donde veríamos pelis, obras de teatros… y por supuesto un transporte público en la puerta.

Soñábamos con ser funcionarios o tener un trabajo garantizado de por vida, con el «no te pueden echar» o como mínimo con seguros de paro indefinidos. Responsabilidades, ninguna. Objetivos, ninguno… Vivir, ser felices, disfrutar de los amigos…

La democracia era la herramienta para lograrlo. Solo había que votar al al partido correcto y lo teníamos hecho. Ellos proveerían por todas nuestras necesidades… Pero el sueño se ha acabado, el Sueño Español ha acabado siendo una pesadilla y ahora nos toca volver a la realidad… ¡Feliz 2012!

 

LA ESTUPIDEZ HUMANA

 

La verdad, no conozco a este señor de nada, ni lo habia oido ni nombrar pero desde luego, esto me parece muy, muy bueno.

 

La estupidez humana 

Carlo M. Cipolla

-RESUMEN DEL LIBRO «ALLEGRO MA NON TROPPO»

“Tengo la firme convicción, avalada por años de observación y experimentación, de que los hombres no son iguales, de que algunos son estúpidos y otros no lo son.” Carlo Cipolla

 

LAS LEYES FUNDAMENTALES

 DE LA ESTUPIDEZ HUMANA

 

  1. La Primera Ley Fundamental: » Siempre e inevitablemente cada uno de nosotros subestima el número de individuos estúpidos que circulan por el mundo».
  2. La Segunda Ley Fundamental: » La probabilidad de que una persona determinada sea estúpida es independiente de cualquier otra característica de la misma persona».
  3. La Tercera Ley Fundamental: » Una persona estúpida es una persona que causa daño a otra o grupo de personas sin obtener, al mismo tiempo, un provecho para sí, o incluso obteniendo un perjuicio».
  4. La Cuarta Ley Fundamental: » Las personas no estúpidas subestiman siempre el potencial nocivo de las personas estúpidas. Los no estúpidos, en especial, olvidan constantemente que en cualquier momento y lugar, y en cualquier circunstancia tratar y/o asociarse con individuos estúpidos se manifiesta infaliblemente como un costosísimo error».
  5. La Quinta Ley Fundamental: » La persona estúpida es el tipo de persona más peligroso que existe. El estúpido es más peligroso que el malvado».

 

CATEGORÍAS FUNDAMENTALES DE PERSONAS

 

Todos los seres humanos están incluidos en una de estas cuatro categorías fundamentales: los incautos, los inteligentes, los malvados y los estúpidos.

 

Los Incautos: Podemos recordar ocasiones en que un individuo realizó una acción (es decisivo que sea él quién la inicie), cuyo resultado fue una pérdida para él y una ganancia para nosotros: habíamos entrado en contacto con un incauto.

 

Los Inteligentes: Igualmente nos vienen a la memoria ocasiones en que un individuo realizó una acción de la que ambas partes obtuvimos provecho: se trataba de una persona inteligente.

Una persona inteligente puede alguna vez comportarse como una incauta, como puede también alguna vez adoptar una actitud malvada. Pero, puesto que la persona en cuestión es fundamentalmente inteligente, la mayor parte de sus acciones tendrán la característica de la inteligencia.

En determinadas circunstancias una persona actúa inteligentemente, y en otras circunstancias esta misma persona puede comportarse como una incauta. La única excepción importante a la regla la representan las personas estúpidas que, normalmente, muestran la máxima tendencia a una total coherencia en cualquier campo de actuación.

 

Los Malvados: Todos nosotros recordamos ocasiones en que, desgraciadamente, estuvimos relacionados con un individuo que consiguió una ganancia causándonos perjuicio a nosotros: nos encontramos frente a un malvado.

Existen diversos tipos de malvados; el malvado perfecto es aquél que con sus acciones causa a otro pérdidas equivalentes a sus ganancias. Otro tipo de malvados son aquellos que obtienen para sí ganancias mayores que las pérdidas que ocasionan en los demás, esos son deshonestos y con un grado elevado de inteligencia, pero la mayoría de los malvados son individuos cuyas acciones les proporcionan beneficios inferiores a las pérdidas ocasionadas a los demás. Este individuo se situará muy cerca del límite de la estupidez pura. 

 

Los Estúpidos: Nuestra vida está salpicada de ocasiones en que sufrimos pérdidas de dinero, tiempo, energía, apetito, tranquilidad y buen humor por culpa de las dudosas acciones de alguna absurda criatura a la que, en los momentos más impensables e inconvenientes, se le ocurre causarnos daños, frustraciones y dificultades, sin que ella vaya a ganar absolutamente nada con sus acciones.

Nadie sabe, entiende o puede explicar por qué esta absurda criatura hace lo que hace. En realidad no existe explicación -o mejor dicho- solo hay una explicación: la persona en cuestión es estúpida.

La mayoría de las personas estúpidas son fundamentalmente y firmemente estúpidas, en otras palabras, insisten con perseverancia en causar daños o pérdidas a otras personas sin obtener ninguna ganancia para sí, sea esto positivo o negativo. Pero aún hay más. Existen personas que con sus inverosímiles acciones, no solo causan daños a otras personas, sino también a sí mismos. Estas personas pertenecen al género de los superestúpidos. 

 

EL PODER DE LA ESTUPIDEZ

 

Como ocurre con todas las criaturas humanas, también los estúpidos influyen sobre otras personas con intensidad muy diferente. Algunos estúpidos causan normalmente perjuicios limitados, pero hay otros que llegan a ocasionar daños terribles, no ya a uno o dos individuos, sino a comunidades o sociedades enteras. La capacidad de hacer daño que tiene una persona estúpida depende de dos factores principales: del factor genético y del grado de poder o autoridad que ocupa en la sociedad.

Nos queda aún por explicar y entender qué es lo que básicamente vuelve peligrosa a una persona estúpida; en otras palabras en qué consiste el poder de la estupidez.

 

Esencialmente, los estúpidos son peligrosos y funestos porque a las personas razonables les resulta difícil imaginar y entender un comportamiento estúpido.

 

Una persona inteligente puede entender la lógica del malvado. Las acciones de un malvado siguen un modelo de racionalidad: racionalidad perversa, si se quiere, pero al fin y al cabo racionalidad. El malvado quiere añadir un «más» a su cuenta. Puesto que no es suficientemente inteligente como para imaginar métodos con que obtener un «más» para sí, procurando también al mismo tiempo un «más» para los demás, deberá obtener su «más» causando un «menos» a su prójimo.

 

Desde luego, esto no es justo, pero es racional, y si es racional uno puede preverlo. 

 

Con una persona estúpida todo esto es absolutamente imposible. Una criatura estúpida os perseguirá sin razón, sin un plan preciso, en los momentos y lugares más improbables y más impensables. No existe modo alguno racional de prever si, cuándo, cómo, y por qué, una criatura estúpida llevará a cabo su ataque. Frente a un individuo estúpido, uno está completamente desarmado.

 

Puesto que las acciones de una persona estúpida no se ajustan a las reglas de la racionalidad, de ello se deriva que generalmente el ataque nos coge por sorpresa incluso cuando se tiene conocimiento del ataque no es posible organizar una defensa racional, porque el ataque, en sí mismo carece de cualquier tipo de estructura racional.

 

El hecho de que la actividad y los movimientos de una criatura estúpida sean absolutamente erráticos e irracionales no sólo hace problemática la defensa, sino que hace extremadamente difícil cualquier contraataque. Hay que tener en cuenta también otra circunstancia. La persona inteligente sabe que es inteligente. El malvado es consciente de que es malvado. El incauto está penosamente imbuido del sentido de su propia candidez. Al contrario de todos estos personajes, el estúpido no sabe que es estúpido. Esto contribuye poderosamente a dar mayor fuerza, incidencia y eficacia a su acción devastadora.

 

Con la sonrisa en los labios, como si hiciese la cosa más natural del mundo, el estúpido aparecerá de improviso para echar a perder tus planes, destruir tu paz, complicarte la vida y el trabajo, hacerte perder dinero, tiempo, buen humor, apetito, productividad, y todo esto sin malicia, sin remordimientos y sin razón. Estúpidamente.

 

No hay que asombrarse de que las personas incautas, generalmente no reconozcan la peligrosidad de las personas estúpidas. El hecho no representa sino una manifestación más de su falta de previsión. Pero lo que resulta verdaderamente sorprendente es que tampoco las personas inteligentes ni las malvadas consiguen muchas veces reconocer el poder devastador y destructor de la estupidez.

 

Generalmente, se tiende incluso a creer que una persona estúpida sólo se hace daño a sí misma, pero esto significa que se está confundiendo la estupidez con la candidez.

 

SOCIEDAD Y ESTUPIDEZ

 

Sería un grave error creer que el número de estúpidos es más elevado en una sociedad en decadencia que en una sociedad en ascenso. Ambas se ven aquejadas por el mismo porcentaje de estúpidos. La diferencia entre ambas sociedades reside en el hecho de que en la sociedad en declive los miembros estúpidos de la sociedad se vuelven más activos por la actuación permisiva de los otros miembros.

 

Un pais en ascenso tiene también un porcentaje insólitamente alto de individuos inteligentes que procuran tener controlada a la fracción de los estúpidos, y que, al mismo tiempo, producen para ellos mismos y para los otros miembros de la comunidad ganancias suficientes como para que el progreso sea un hecho.

 

En un país en decadencia, el porcentaje de individuos estúpidos sigue siendo igual; sin embargo, en el resto de la población se observa, sobre todo entre los individuos que están en el poder, una alarmante proliferación de malvados con un elevado porcentaje de estupidez y, entre los que no están en el poder, un igualmente alarmante crecimiento del número de los incautos.

FUENTE: http://www.personal.able.es/cm.perez/estupidezhumana.htm