Etiqueta: HISTORIAS

Mi diario de gatos # 2

Avatar de vmielmoraPandawicked

Hace más dos años publique el primer » Mi primer diario de gatos»  creo que fue en el 2012, estos pequeño  pero astutos animales suelen maravillarme, creo que es por ello que siempre que salgo de casa a despejarme y caminar por el pueblo suelo tener la suerte de fotografiar a muchos de ellos.

En el post anterior les conté mi historia de adopción y  me propuse cambiar un poco de temas que veníamos desarrollando en el blog, pero eso si manteniendo las historias detrás de cada foto, muchas de las fotos de gatos que he logrado recopilar tienen una historia de fondo, ya que en varias ocasiones he logrado contactar con personas que son sus dueñas o saben sobre la vida del gato en el barrio.

Puesto estos empezamos con algunas historia de estos enigmáticos compañero.

Historia de Santi el abandonado:

el de la ured

Santi fue un enigma los primero días que…

Ver la entrada original 369 palabras más

LOS INGENIOSOS CUENTOS DEL MULLÁH NASRUDIN: «El Rapsoda»

HodjatheKing

Nasrudín solía contar la historia de un noble, inmensamente rico, que decidió un buen día que debía contar entre su séquito con un rapsoda que compusiera y cantara himnos y alabanzas a su persona. Para ello, ordenó que buscaran al mejor juglar que hubiera en todo el mundo. De regreso, los enviados contaron que, en efecto, habían hallado al mejor rapsoda del mundo, pero que era un hombre muy independiente que se negaba a trabajar para nadie.
El noble no se dio por satisfecho y decidió ir él mismo en su búsqueda. Cuando llegó a su presencia, observó al juglar, que amén de ser muy independiente, se encontraba en una situación de extrema necesidad.
—Te ofrezco una bolsa llena de oro si consientes en servirme, le tentó el rico.
—Eso para ti es una limosna y yo no trabajo por limosnas, contestó el rapsoda.
—¿Y si te ofreciera el diez por ciento de mi fortuna?
—Eso sería una desproporción muy injusta, y yo no podría servir a nadie en esas condiciones de desigualdad.
—¿Y si te diera la mitad de mi fortuna, accederías a servirme?, insistió el noble rico.
—Estando en igualdad de condiciones no tendría motivo para servirte.
—¿Y si te diera toda mi fortuna?
—Si yo tuviera todo ese dinero, no tendría ninguna necesidad de servir a nadie.

LOS INGENIOSOS CUENTOS DEL MULLÁH NASRUDIN: Una moneda de plata

417c8l2K6XL._SX258_BO1,204,203,200_

Cierto vez, después de terminar de recitar el Corán, el imán dijo ante todos los creyentes:
—Una moneda de plata concedida por Dios al feligrés equivale al valor de mil monedas de plata.

Al día siguiente, el imán llevó su bello caballo a la feria para venderlo. Nasrudin, acercándose, le preguntó:
—Imán mío, ¿Cuánto vale este caballo?
—¡Cómo! ¿Quieres comprarlo?, dijo el iman sorprendido, examinando de arriba abajo al Mullah.Si no te estás jactando, yo te diré el precio exacto: mil monedas de plata. Si te faltara una sola moneda, no te lo venderé.
—¡Excelencia! El pobre nunca tiene la costumbre de mentir, exclamó Nasrudin, golpeteando la bolsa que llevaba sobre sus hombros. Si no tuviese dinero,agregó, no me atrevería a preguntarle el precio del caballo. ¿Mil monedas de plata, dice? ¡Eso es muy caro! Sin embargo, no quisiera regatear con su Excelencia: ¡Le pago las mil monedas de plata y me llevo el caballo!

Apenas terminó de formular estas palabras, el Mullah sacó de su bolsa una reluciente moneda de plata, se la entregó al imán y, tirando del caballo, se dispuso a marcharse.
—¿Te has vuelto loco?, gritó el imán encolerizado.¡Faltan novecientos noventa y nueve monedas de plata!, prosiguió lleno de ira. ¡Apúrate a sacar monedas de plata de la bolsa!
—Imán mío, respondió el Mullah, no falta ninguna moneda. Su barba mide una cuarta, agregó indicando la blanca barba del imán. ¿Cómo es posible no mantener su palabra? Ayer en el púlpito nos dijo: «Una moneda de plata concedida por Dios a sus feligreses equivale a mil monedas de plata». Esta moneda de plata que acabo de darle, me la ha deparado Dios, justamente. De lo contrario, no tendría ni siquiera una moneda de cobre, y mucho menos una moneda de plata.
Al terminar de decir estas palabras, regresó muy contento a su casa, montando en su caballo.

El imán, carente de argumentos, se marchó sin replicar ni una sola palabra.

mulla-4

LOS INGENIOSOS CUENTOS DEL MULLÁH NASRUDIN: «El maestro espiritual»

NASRUDIN3

Un anciano sabio había llegado a la aldea desde más allá de Ashsharq, un lejano territorio de Oriente. Sus exposiciones filosóficas eran tan abstrusas, y sin embargo tan fascinantes, que los parroquianos de la casa de té llegaron a pensar que quizá podría llegar a revelarles los misterios de la vida.

El Mullah Nasrudín lo escuchó durante un rato.

—Sabrá usted, acotó Nasrudin, que he tenido experiencias parecidas a las que usted vivió durante sus viajes. Yo también he sido un maestro errante.

—Cuénteme algo de eso, si es imprescindible,precisó el anciano, algo molesto por la interrupción.

—Oh, sí, debo hacerlo, afirmó el Mullah, por ejemplo, en un viaje que hice por el Kurdistán era bienvenido por dondequiera que fuese. Me hospedaba y trasladaba de un monasterio a otro, donde los derviches escuchaban atentamente mis palabras. Me suministraban alojamiento gratuitamente en las posadas y comidas en las casas de té. En todas partes la gente al verme quedaba impresionada.

El anciano monje comenzaba a impacientarse ante tanta propaganda personal:
—¿Nadie se opuso en ningún momento a algo de lo que usted decía?, preguntó agresivamente.
—Sí, afirmó un inefable Nasrudín, una vez en un pueblo fui golpeado, introducido al cepo y finalmente expulsado del lugar.
—¿Cuál fue el motivo?
—Bueno, verá usted, ocurrió que en esa ciudad la gente comprendía turco, el idioma con el que yo impartía mis enseñanzas.
—¿Y qué sucedía con aquella gente que lo recibía tan bien?
Ah, pues esos eran kurdos; tienen su propio idioma. Estaba a salvo mientras estuviera entre ellos.

 

1883-shaykhaydar

 

Hambre.

BiRgnsnCEAA6KQKEra una noche fresca y había salido a caminar por una solitaria y oscura calle, sin buscar nada ni a nadie, hasta que en una esquina vi que él dio la vuelta. Era alto, cabello negro, iba de traje con un maletín en una mano, su aroma era dulce, embriagante hasta el éxtasis.

Me envolvió completamente su ser, su calor, toda su energía, y decidí seguirle, cada paso que daba me daba la sensación del cazador que iba por su presa dispuesto a atraparla a como diera lugar, era tan fuerte esa sensación que el noto mi presencia y al girarse bruscamente para buscar quien era ese ser que le perseguía con tanta insistencia, se encontró con la calle vacia, silenciosa y muy oscura sonrió sintiéndose tranquilo de que no era nada.

La calle no tenia fin, y yo ya no podía esperar mas por tenerlo entre mis brazos, sentir su calor, su respiración y la piel de su cuello rasposa por la barba. Me hice notar poco a poco, a el le inquieto que de la nada se escucharan unas pisadas tan fuertes y rapidas, el inconfundible sonido que hacen los tacones de una mujer al chocar contra el asfalto, el acelero aun mas el paso a mi me pareció muy tierno que intentara huir de esa manera, su respiración se acelero, sus latidos aumentaron aun mas, el estaba atento a cualquier ataque para intentar defenderse. Me acercaba aun mas a el, hasta estar a tres pasos lista para atraparlo entre mis brazos, pero el empezó a correr y cuando se sintió mas seguro y cansado disminuyo la velocidad volvió a girarse, y ahí estaba, la calle totalmente vacia, nada del peligro que el sentia.

Tratando de tranquilizarse intento respirar con normalidad, dejo caer su maletín y se llevo las manos a la cara, aun estaba temblando y sudando, después de unos segundos levanto su maletín y se dio la vuelta para darse un susto de muerte frente a el estaba yo, una mujer normal sonriendo sin nada amenazante, dio unos pasos atrás por la impresión, luego rió apenado por su reacción. Se disculpó, por estar tan asustado por eso no escucho mis pasos, siguió con sus disculpas y su historia casi fantástica de que alguien lo estaba siguiendo, yo me acerque a el y note su miedo, reconoció ese sonido, el sonido de mis pasos; quedo paralizado del terror mientras yo lo abrazaba y sentía su respiración y su piel rasposa, intentaba pedir auxilio pero yo lo tenia tan fuertemente abrazado a mi que podía escuchar el crujir de sus huesos rompiendose y su corazón que cada vez latía mas y mas despacio mientras yo me alimentaba de el, con ese dulce néctar que llenaba cada fibra de mi del mas delicioso placer.

Cuando su corazón latió por ultima vez me separe de el, lo deje suavemente en el asfalto y me fui caminando tranquila y satisfecha.

POR: ginger feroz

vampiresas_fotos_01

Atrapado en la red social.

adiccion-redes-

Entre satírico e inquietante. Da que pensar, ya lo creo que si (NOTA: tarda unos diez segundos en empezar, no es ningún fallo):

redes_sociales

From Dad To Son.

BUENOSDIAS40

Jejejejejejejejeejejejeeje, ¡MUY HABIL  FLANAGAN!!YO

saturday-hot-stuff-sensual

FINDE155

Me encantan las historias que acaban bien.

ATT000011

ATT0000222222222

ATT771

ATT000011

ATT000022

ATT000033

Chicken or the Egg

 

Jis jis jis, que COCHINADA más GALLINACEArotflmao_1ya27kc

 

VISTO EN: Ephenic

Un detective vasco en Cadiz

DETECTIVES PRIVADOSMe llamo Mikel Gorriaran, llevo 15 días en Cádiz y me estoy, o me están volviendo loco.

Os contaré mi historia. Soy investigador privado y he venido a Cádiz a resolver un caso simple. Pero la verdad es que cada día que pasa se vuelve más complicado. Tan solo se trataba de descubrir al amante de la mujer de un alto mandatario vasco, comprenderán ustedes por tanto que no dé su nombre, además porque me debo a mi secreto profesional.

En principio no tenía muchas pistas. Solo sabía que el hombre en cuestión era de Cádiz, se llamaba Manuel Ramírez, que trabajaba en el Puerto de Cádiz y que se le conocía con el alias de “picha”. Así que el individuo en cuestión debía de estar bien dotado, ya que además de la amante de la mujer del político, eran conocidas sus correrías por el Puerto de Bilbao. También usaba otro sobrenombre: “quillo”.

Con estas pistas, tome el avión hasta Madrid, y de allí enlace con el tren hasta Cádiz. Llegue a la estación, cogí un taxi y mientras iba camino del hotel, intente entablar conversación con el taxista. La cosa quedo en eso, en el intento, porque que yo sepa, una conversación es entre dos o más personas, pero el taxista no me daba opción ya que hablaba por los codos, y de modo ininteligible. Lo hacía de forma sumamente apresurada y las pocas palabras que podía cazar al vuelo estaban incompletas. Quise preguntarle por el puerto, pero sabiendo que su respuesta no la entendería, lo dejé para mejor ocasión.
Llegué al hotel “Playa Victoria” y como mi interés era buscar al tal Manuel Ramírez, en principio consulté la guía telefónica de la ciudad; pero como presumía aquí había demasiados Ramírez. En mi tierra hubiera sido muy fácil. Así que opte por buscar pistas en su lugar de trabajo. Salí a la calle y pregunte por el puerto. Un señor muy amable me dijo que lo mejor era coger el autobús de los Comes, pero que para eso tenía que ir a Cádiz.

Aquello me desconcertó, ¿Dónde estaba yo? Empecé a atar cabos. Efectivamente cuando llegue a la terminal de la estación no ponía Cádiz, sino Cortadura. Y, además, recuerdo que en el trayecto di unas cuantas cabezadas, y claro en ese intervalo pudo haber algún enlace, o algo, no sé. Lo cierto es que yo no me encontraba en Cádiz. Pero no debía de estar muy lejos.
Pare un taxi y con gesto decidido le dije al taxista que me llevara a Cádiz. El me contestó con: “¿a Cádiz dónde?”. Y le conteste algo enfadado: “a Cádiz, joder, a Cádiz; de una puta vez quiero llegar a Cádiz”.
Ya luego, el taxista con mucha paciencia y muy despacio me explico que donde yo estaba era Cádiz, pero no era Cádiz. A ver si lo explico bien. Resulta que la gente de aquí le llama Cádiz a la parte antigua y desde unas murallas para adelante le llaman Puerta Tierra. Así que en realidad yo estaba en Cádiz, pero en Puerta Tierra. No se si lo he explicado bien, pero yo ya lo he entendido.

vista_de_cadiz

Llegue por fin a la estación de autobuses de Comes, pedí un billete para el Puerto y me subí al autobús correspondiente. El trayecto fue relativamente corto, si acaso 30 minutos; pero la verdad es que yo creía que Cádiz era más pequeño. Sin duda me habían informado mal. Y además mi trabajo aquí se complicaba, puesto que habría que buscar en una ciudad más grande de lo que pensaba.

Pero mis sorpresas no habían acabado. Llegado a la estación terminal pegunte por el puerto. Mi interlocutor me miro con mal gesto y me dijo que esto era el Puerto. Yo no entendía nada. Ese hombre enfadado y yo no veía barcos por ningún sitio.
La verdad es que el hombre tuvo más paciencia que el santo Job, me fue explicando poco a poco que aquello era El Puerto de Santa María, pero que por todo el mundo (todo el mundo menos yo) era conocido por El Puerto. Y además me dijo que eso no era Cádiz, que Cádiz estaba allí enfrente. Que El Puerto es un pueblo de Cádiz y que si lo que quería es ir al puerto de Cádiz, que cogiera el vaporcito y me dejaría allí mismo.

Total, antes lo de Cádiz, que no era Cádiz, que era Puertatierra y ahora que El Puerto es un pueblo de Cádiz y entonces digo yo: ¿Cómo le llaman al puerto, al de los barcos, al puerto de siempre?

Subí por fin al que llaman el Vaporcito de El Puerto, que para que lo sepan ustedes no es un barco de vapor. No, porque aquí en Cádiz o donde coño esté ahora, no le llaman a las cosas por su nombre. Si, le llaman vaporcito; pero en realidad es un barco que va a gasoil. Y llegue por fin al puerto de Cádiz, que aquí le llaman “el muelle”. Una gracia que me ha costado gran pérdida de tiempo y dinero, que además no se justificar ante mi cliente, porque me temo que no me va a creer, y tampoco quiero darle muchas explicaciones porque seguro que voy a ser objeto de burlas.

Bien obviaré todos estos inconvenientes y pasaré a la acción. De siempre las mejores informaciones se consiguen en los bares, así que me acerque al bar más próximo al puerto (perdón “al muelle”), uno que se llama Lucero y pedí un tubo (de cerveza, se entiende), pero el camarero no lo entendió. Yo, más o menos, le explique lo que quería y el con aire de suficiencia me dijo: “Ah, usted lo que quiere es un bó”. Joder, no sabía yo que también tenían un idioma particular los gaditanos.
Me acomodé en la barra del bar y puse la oreja atenta a lo que allí se cocía. Me acerque la cerveza a los labios, y tome un trago largo y, de pronto, escuche la palabra mágica: “Pisha”.

¡Dios!, por fin la suerte me vino de cara. Casi no podía creérmelo. Me atore con la cerveza, me puse perdido, pero merecía la pena. Había encontrado a la persona que estaba buscando. Bendita suerte la mía. Con disimulo me acerqué a los hombres que charlaban de un tema que no comprendía, pero tenía que ver con la música y los coros. Y con un jurado, que por lo visto no tenía ni idea. Gente, sin duda muy creyente. Aunque mal hablada, eso sí, se escapaban de vez en cuando, demasiado de vez en cuando, palabras mal sonantes, que no creo deban reproducirse aquí. Pero, a mí lo que me interesaba era que uno de ellos fuera “el pisha”. Y para asegurarme que ese era el tipo que buscaba, pedí otro bó y pegue la oreja a la conversación.
Efectivamente a lo largo de la conversación uno de ellos: un tipo bajito (1,65 no más), moreno, 40 años, delgado, que no tenía ni media bofetada, era llamado constantemente “picha” por su compañero de conversación. Jo, pensé, Dios le da pañuelos al que no tiene nariz. No se si lo captan ustedes, porque aquel tipo se estaba trajinando a la mujer de mi cliente, Y aunque este mal decirlo, porque yo soy un profesional, es una hembra de bandera. No me extraña que a ese tipo le dijeran “el pisha”, porque sin duda era lo único que tendría.

Bueno, bueno, que me desvío de la trama. Había dado con el individuo, eso era lo importante. Esperé tranquilamente a que acabaran la conversación y seguí al “picha”, con la idea de abordarlo solo y sin testigos. Y ocurrió un caso hasta ahora inédito en mi dilatada carrera. Se encontró con un amigo suyo y al saludarlo le dijo: “¿Qué pasa PISHA?”. Y el otro le contesto: muy bien PISHA, ¿y tú?
Si efectivamente, había dos individuos con el mismo alias. Y a decir verdad, ese segundo tipo tenía mejor planta de amante que el escuchimizado de antes. Pero en esto de la investigación nunca se puede descartar a ningún sospechoso. Lo malo de esto es que ahora tendría que doblar mis esfuerzos y hacer seguimientos alternativos, para comprobar cual de ellos era el verdadero amante.

Opto en principio por seguir a este último ya que le veo con mejor planta, pero sin descartar, como buen profesional que soy, al tipo escuchimizado. El individuo toma un autobús y allí entabla conversación con un conocido suyo al que llama “quillo”. ¡Dios! Esto se complica a cada paso. Ahora tengo dos “pishas” y un “quillo”. Mi instinto de detective me dice que estoy siguiendo una pista falsa. Empezaré de nuevo; así que vuelvo al bar del “muelle” y le pregunto al camarero si conoce a un tal Manuel Ramírez que trabaja en el puerto. Me dice que con esos datos no le suena y que además El Puerto le queda algo lejos. Caigo entonces en la cuenta y rectifico diciéndole que donde trabaja es en el “muelle”. No cae. Le digo entonces que le conocen por el apodo de “pisha” y también por el de “quillo”. El tipo del bar se carcajea en mi cara. Y me aclara que aquí todo el mundo es “picha” y “quillo”. La poli, sin duda, aquí lo tiene complicado.

Te estás luciendo Mikel, me digo para mí. Otra cagada. No obstante, el camarero me dice que pregunte por “Paco el bigote”, que en el muelle es el que contrata a los estibadores. Después de darle todos los datos que disponía de Manuel Ramírez; de que según tenía entendido trabajaba en el muelle , de que durante seis meses trabajó en el Puerto de Bilbao (lo de los apodos lo omití, porque con el cachondeo del camarero ya tuve bastante), aquel me contesto de mala gana que ya no trabajaba allí. Que según tenía entendido ahora trabajaba en la Residencia. Yo le pregunté que, ¿en cuál residencia? El contestó, con menos ganas que antes, que “en cual va a ser, joé, pues en la Residencia”. Era ya tarde; y como la verdad había conseguido bastante información, volvía la hotel, a comer. Lo de la residencia dejaría para la tarde.

Pensé que era buena idea tomar un pescado para el almuerzo, que aquí lo habría bueno con tanta costa. Así que le pregunté al camarero que si tenía pescado. Él me contestó que tenía unas “zapatillas mu fresquitas”. A mi sinceramente me importaba un pimiento lo que se calzaba el fulano. Yo lo que quería era comer, y además no se a que venía aquello de las zapatillas. El tipo me estaba vacilando o tendría a medias una zapatería con algún cuñado y me hacia la propaganda. Obvie el comentario e insistí en lo del pescado, pero el camarero volvió con lo de las zapatillas fresquitas. Puse mala cara y el camarero debió de notarlo, ya que inmediatamente me aclaró que así le llaman aquí a las doradas. Gente rara esta de Cádiz. No hay Dios que los entienda, con lo que corren hablando, las palabras que las pronuncian a medias y, para colmo, le cambian el nombre a las cosas. Luego dicen que el euskera es difícil. No, euskera fácil, gaditano difícil.

Después de una pequeña siesta reparadora, volví a la faena. Tendría que averiguar a qué residencia en cuestión se refería “Paco el bigote”. Deduje, sin duda, que tenía que ser muy conocida, por la forma en que el susodicho me dijo: “cuál va a ser, joé, pues en la Residencia”. Perspicaz que es uno.

En la misma recepción del hotel me dieron la información que necesitaba. La Residencia estaba a cien metros del hotel. Un paseo siempre vendría bien; pero llevaba cierto tiempo andando y no encontré ninguna residencia. Pregunté a un transeúnte y me contesto que me la había pasado, que estaba a dos bocacalles. Así que volví sobre mis pasos, pero yo no encontré ninguna residencia. Y debía de estar allí. Volví a preguntar. “¿Por favor, la Residencia?”. “Pues eso que tiene usted delante”. Pero….eso…¡eso es UN HOSPITAL! Aquí decimos la Residencia, me contesto la señora y se quedo tan pancha y de camino me echó una mirada como diciendo, pareces tonto.

Bien, a partir de ahora no volveré a caer en estas artimañas. Porque para mí estaba claro que había algún tipo de complot, y entre todos los gaditanos intentaban marearme con nombres equivocados a cosas que solo pueden tener un nombre.
Investigué en el hospital y saque un dato importantísimo. Allí trabajaba desde hace dos meses un tal Manuel Ramírez que estuvo cierto tiempo en Bilbao, según todo ello me confirmó un celador de la residencia. No pudo decirme su dirección concreta, aunque me dijo que vivía por la Plaza de Toros. Iba, a pesar de la cantidad de datos “incorrectos”, cercando al sospechoso. Dar con la Plaza de Toros sería tarea simple.

Eso pensé, pero hasta el día de hoy (y llevo quince días aquí), no he podido dar con ella. Y tiene que estar ahí, porque una Plaza de Toros es una Plaza de Toros, y a eso no le pueden cambiar el nombre. Y además, a todo el que le pregunto me dice que “dos calles más pallá”, o “una mijita mas palante”. Luego eso confirma mi teoría: Hay una Plaza de Toros. Todos me hablan de ella, pero yo no la encuentro. Me estoy o me están volviendo loco.

Definitivamente dejo el caso. Y como dicen los de aquí, me guannajo

detective