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Cómo el gobierno nos roba derechos de forma gradual y progresiva

La única forma que el gobierno tiene para «justificar» su existencia es a través de problemas. Si hay problemas, «necesitamos al gobierno», pero ¿Si no hay problemas? El gobierno los inventa.

Jose Miguel

Cada nueva ley, política, ordenanza o cualquier forma que el gobierno encuentra para hablar de «un problema» y regular, legislar o controlar en base a ese problema, no es más que la forma en la que el gobierno convence a la gente de que este «es necesario» y así prolongar su existencia.

En Twitter escribí:

Son muchos los ejemplos que existen de cómo el gobierno ha crecido en tamaño e intervención, gracias al brillante trabajo que hacen de convencernos de que «solo ellos pueden resolver ciertos problemas».

El sistema de salud, el educativo y la seguridad nacional, son los temas más populares cuando se habla de la supuesta «necesidad de un gobierno», porque han magnificado estos tres a tal punto que la gente termina creyendo que no hay forma de tenerlos sin el gobierno, o que no pueden ser resueltos de manera local y focalizada.

Mientras el gobierno más mete sus narices, más son los controles, restricciones y robo de libertades de los que somos objeto constantemente por parte de esta institución, que crece constantemente, mientras trata de evitar que otros lo hagan.

¿Qué hace el gobierno cuando encuentra resistencia a sus intenciones de restringir y controlar? Comienza una campaña que se ejecuta de manera gradual pero progresiva, en la que la gente empieza a aceptar poco a poco grandes regulaciones que vienen en paquetes pequeños, pero constantes.

Veamos esto con ejemplos recientes, como el libre porte de armas. Es todo un tema en Estados Unidos, porque la gente está siendo convencida desde los medios de comunicación que «la violencia con armas de fuego en el país es un gran problema».

Una secta política anti-segunda enmienda, financia estas matrices de opinión que aterrorizan a la gente, a pesar de que en la realidad, casi cualquier país de Latinoamérica -con control de armas- es mucho más violento que Estados Unidos.

Siempre inician la propuesta con un paquete «all-in», en el que está todo lo que quieren hacer: que menos personas puedan tenerlas, que sea imposible comprarlas, que de ser posible sean totalmente prohibidas; así es el paquete inicial.

Cuando consiguen resistencia, empiezan con cambios «graduales», pero progresivos, para que la gente los acepte creyendo que «no alteran el derecho en su conjunto» y -de paso- creen que «es lo racional de hacer».

Por ejemplo:

Cuando nos damos cuenta, de 18 años cambiaron la edad para 21, lo que quiere decir que hay que esperar 3 años más para tener derecho a la legítima defensa. Aceptamos ese cambio y el gobierno viene con otro: aumentemos los controles del chequeo de antecedentes.

Unos años después, 21 años «ya no son suficientes», «subámoslo a 25» grita el gobierno y en un abrir y cerrar de ojos, el libre porte de armas ha sido derogado y con él, el derecho a la legítima defensa.

Cierro con esto:

La noche de los okupas rotos.

«En la noche de los okupas rotos lo que asombra no es este peligro, lo que asombra es que esa gente, sin trabajo y sin recursos esté en Europa»

La noche de los okupas rotos

Por: RODOLFO ARÉVALO

Parece como si los Europeos tuviéramos la culpa de todas las desgracias que ocurren en el mundo y no es así. Hoy nos enteramos por los servicios informativos, que unos vecinos al parecer se han vuelto todos de la noche a la mañana muy solidarios, de que en su histórico barrio de Madrid, hay una casa ocupada por inmigrantes africanos y denuncian que está llena de trastos y enseres, colocados sin orden ni concierto, que cualquier día podrían provocar alguna catástrofe, tipo incendio o similares.

Le ha faltado tiempo a la oposición en el ayuntamiento, a los herederos de Carmena, para denunciar este hecho y pedir responsabilidades a Martínez Almeida, por lo que pudiera ocurrir. Me hace gracia, pues cuando es la izquierda la que ampara ocupaciones y desmanes parecidos, nadie tiene la culpa, es más la culpa la tienen los ricos que no se ocupan de que todo el mundo tenga una vivienda digna, aunque sea de protección social.

A estos señores políticos, tan amables, les diré que si estos casos se producen es precisamente por sus organizaciones, como Open Arms y similares, que llevan años favoreciendo la inmigración irregular a través del Mediterráneo y que procede del norte de África y del África profunda. Les recuerdo que África no cabe en Europa, por tamaño, cantidad de personas, y por cultura y costumbres.

Estos políticos, no sé cómo pueden tener la representación popular si parece que son bastante cabeza cuadradas porque no comprenden esto que entendería un niño de diez años. Y no, no hablo de oídas, he vivido en África y por eso sé como son su cultura y sus maneras de vida. Nada parecido a lo que tenemos en Europa. África vive aún en sociedades pre feudales y los Europeos vivimos en el siglo XXI, cualquier intento de integración, si no es con aprendizaje previo de los inmigrantes, acerca de la forma de vida y trabajo Europeo fracasará, y aún así será muy difícil conseguir la integración.

¿Significa eso que soy un puto fascista que no merece respeto y que además soy racista redomado? No, literalmente no. Abogo y defenderé por que se ayude a los seres humanos, pero a integrarlos en sus países y en sus culturas sin perjudicar al resto de personas que tienen derecho a defender sus sociedades y culturas europeas. Si hay que ayudar a esta gente, que se habiliten los recursos pertinentes para hacerlo en sus países, pero atendiendo al refrán, “la caridad bien entendida empieza por uno mismo”.

Si hay gente en Europa, sin trabajo, sin vivienda, muchos en la calle por los motivos que sean, soluciónese primero esto y a posteriori, si se puede, el resto del universo. No se puede tolerar con un país al borde de la debacle económica dilapide fuera o en forasteros lo que necesitan sus oriundos. Estos han pagado sus impuestos, han trabajado aquí y son tan seres humanos como cualquier otro emigrante o no.

¿De qué está hablando una parte de la izquierda? ¿Quieren meter toda África en Europa? No caben. Que tal si estos señores tan sociales ellos se van a África a enseñar a estos humanos, de sociedades retrasadas en el tiempo, a desarrollar sus sociedades, y como hacen los Chinos, a trabajar la tierra y las demás cosas.

Es muy bonito comprometerse, solo por quedar bien y por cara dura, con los problemas ajenos a tu país, pero tu país debe de estar primero en tu lista de valores y luego si todavía tienes recursos y ganas, podrás empeñarte en rescatar de la pre edad media al resto de mundo, que por las razones que sean no ha sabido hacerlo por si mismo.

Está bien, es bonito ser caritativo y solidario, cuando puedes hacerlo porque a los tuyos les basta con lo que tienen, pero no deja de ser inmoral cuando para los tuyos no tienes y dilapidas el dinero del país en socorrer a quienes no hacen el esfuerzo por desarrollar sus civilizaciones. Parece como si los Europeos tuviéramos la culpa de todas las desgracias que ocurren en el mundo y no es así. Hoy nos enteramos por los servicios informativos, que al parecer los vecinos se han vuelto todos de la noche a la mañana muy solidarios, de que en su barrio, hay una casa ocupada por inmigrantes africanos y denuncian que está llena de trastos y enseres, colocados sin orden, ni concierto, que cualquier día podrían provocar alguna catástrofe, tipo incendio o similares. Lo que asombra no es este peligro, lo que asombra es que esa gente, sin trabajo y sin recursos esté aquí, en Europa.

El problema de la libertad

Winston Churchill, primero, y Oriana Fallaci, después, habían anunciado que el fascismo regresaría travestido de antifascismo. Y así está siendo

Por: Almudena Negro Konrad 

La sociedad occidental se encuentra como siempre en una encrucijada entre libertad o totalitarismo. Décadas de socialdemocracia, que no es más que un grado del socialismo como la Coca Cola Zero lo es de la Coca Cola, han convertido a nuestras sociedades en acomodaticias e infantilizadas. Dependientes de la propaganda que se traslada a través de los «comprometidos» medios de comunicación y de las sociedades clientelares. La paguita. Así se puso de manifiesto en el debate sobre el estado de la nación española, con Pedro Sánchez ofreciendo recetas fracasadas y subvenciones. Ni una sola propuesta que de verdad pueda ayudar a las clases medias, cada vez más bajas. Algo que celebraron con fruición en la extrema izquierda, pero no solo. El problema es grave por cuanto la mentalidad estatista y el totalitarismo liberal se han extendido por todo el mundo. Y ha conformado regímenes que podrían ser calificados como regímenes estupidocráticos. La característica principal de las actuales oligarquías se subsume perfectamente en el principio de Hanlon: no atribuyas a la maldad lo que puedas atribuir a la estupidez. Hoy, la razón, la tradición y la ciencia han sido sustituidas por las emociones y el cientificismo. Los parlamentos, pero también las universidades, son más una guardería que lugares para la reflexión.

Tras el derrumbe por implosión del Muro de Berlín y de la socialdemocracia leninista han aparecido no pocas formas totalitarias escondidas tras un supuesto neoliberalismo (otra forma de la socialdemocracia). Fukuyama erró, hoy está claro, cuando anunció el fin del la historia. Winston Churchill, primero, y Oriana Fallaci, después, habían anunciado que el fascismo regresaría travestido de antifascismo. Y así está siendo. Las hoy triunfantes bioideologías (de género, ecologistas, de la salud…), que actúan como verdaderas Ersatzreligionen, hunden sus raíces en el biologicismo propio del nacional socialismo alemán. No es extraño. Al fin y al cabo, el nacional socialismo fue una herejía de la religión marxista.

El democratismo es hoy la coartada del totalitarismo liberal. Muchos creen que porque votamos cada cuatro años vivimos en democracia. Algo completamente falso. Basta con recordar que bajo la dictadura de Francisco Franco en España se votaba. Como se vota en la Venezuela de Nicolás Maduro; un régimen que nada tiene que ver con la democracia.

Por otra parte, y debido a la mentalidad estatista imbuida en las sociedades libres desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, muchos confían su vida, bienes y libertad a esa máquina artificial llamada Estado, que es hoy el gran enemigo de la libertad. Un Estado moral y minotauro conformado como religión secular que nos dicta lo que debemos de pensar y cómo debemos de vivir. Contra el que no cabe derecho de resistencia, propio del derecho natural anterior a la aparición de esa máquina artificial que todo lo monopoliza y que ha sustituido la ley por legislación. Despojo legal, que diría Bastiat.

El declive de nuestras sociedades se percibe en todos los ámbitos. El lassalliano y teocrático «el Estado es dios» se ha hecho realidad. Lasalle sostuvo que es el Estado el que tiene la función de realizar la evolución de la libertad. ¡Qué barbaridad y cuántos, a izquierdas y derechas, se la han creído! Ortega y Gasset advirtió certeramente contra el Estado, al que consideraba «el mayor peligro que hoy amenaza a la civilización».

Contribuye a ello la confusión, en la que caen no pocos liberales, entre Estado y Gobierno. Cuando es posible un Gobierno sin Estado, pero no un Estado sin Gobierno. El origen se encuentra en las palabras anglosajonas State y Government.

Los liberales defendemos un gobierno limitado. La tradición liberal española, por su parte, es antiestatista. Podría entrar aquí en las absurdas disquisiciones teóricas entre minarquismo, paleoliberalismo, anarcocapitalismo y demás tribus o colectivos liberales, que tanto han contribuido a la huida de la defensa de la libertad. No lo haré. Soy individualista y me importan bien poco los debates histriónicos (¿puedo vender el riñón de mi hijo?, por ejemplo) que en la mayoría de los casos nada aportan a la defensa de la libertad y sí mucho a la confusión y al rechazo a las ideas liberales.

Otros creen que la libertad se limita a la libertad económica. Algo que abrazan con fruición casi orgásmica los tecnócratas de todos los partidos. Esto explica que existan liberales que tengan a Singapur por el colmo de la libertad, cuando es un régimen autoritario. La mayoría de estos liberales beben en las fuentes nacionalistas de partidos como la extinta CiU. Cuando el nacionalismo, colectivista, es incompatible con la defensa de la libertad puesto que subsume al individuo en la tribu. Siempre y sin excepción. No existe el nacionalismo bueno desde el punto de vista de la libertad.

Como es incompatible el liberalismo con las nuevas formaciones políticas conservadoras, algunas ultraconservadoras, surgidas recientemente, cuyo programa económico suele basarse en la bajada de impuestos mientras que el resto de sus propuestas oscilan entre lo demagógico, lo autárquico y el proteccionismo.

Decía Jean François Revel en El conocimiento inútil que el liberal simplemente observa, toma lo que funciona y desecha lo que no funciona. Marañón sostenía que ser liberal era una forma de vida, una actitud: «Se debe ser liberal sin darse cuenta, como se es limpio, o como, por instinto, nos resistimos a mentir».

Un debate entre un liberal y un colectivista es una pérdida de tiempo porque la fe no se puede combatir con la razón o los hechos. Menos en los tiempos de la tecnociencia («todo lo que puede hacerse debe ser hecho», Lorenz) y el cientificismo. Porque, al contrario que el socialismo, el liberalismo no es una ideología. Ideologías que, afirmaba Revel certeramente, actúan como triple dispensa: moral (y ética), intelectual y práctica. Ayn Rand decía que con un colectivista «no se puede razonar. No está abierto a la razón. No puedes hablar con él: no puede escuchar». Basta con abrir un periódico o ver un telediario para darse cuenta.

Ilegales: Sánchez es cómplice de la “invasión”

Un grupo de inmigrantes dialoga en la céntrica plaza de Lavapiés. JAVIER MARTINEZ

«Los vuelos fletados desde Las Palmas, Melilla y Ceuta a la península son habituales, mientras el ministerio del Interior, con Marlaska a la cabeza, no ejecuta órdenes de expulsión de personas en situación ilegal en España.

Por Alejandro Baeza

En los últimos tres años, el porcentaje de inmigrantes ilegales expulsados ha caído en picado, llegando a ejecutarse en lo que va de 2022, apenas un 2,8% de las órdenes de devolución dictadas. Mientras esto ocurre, los inmigrantes se dispersan por todo el territorio nacional, la inseguridad crece en los barrios más humildes y los delitos se disparan. Pese a que el Gobierno dice que esto es falso, se niega a aportar datos que demuestren que cumplen con su obligación.

De las 27.821 órdenes de devolución dictadas en 2019, se ejecutaron 5.393, lo que supone un 19,37%. Un porcentaje muy bajo, pero que cae en picado a partir de 2020. Y es que, el Gobierno informa que en este año se dictaron 37.287 órdenes de devolución de las que apenas se llevaron a cabo 1.623, que representa sólo el 4,35%.

En 2021 la situación sigue yendo a peor, pues a pesar de que las órdenes de devolución se incrementaron considerablemente, en la misma proporción caen el número de las que se ejecutan. Según los datos del Gobierno de Sánchez, el año pasado se dictaron 42.614 órdenes de devolución de las que sólo se ejecutaron 1.417 -3,32%- y en lo que va de 2022 se han registrado 18.678 de estas órdenes, pero apenas se han llevado a cabo 539 devoluciones -2,88%-.

Los vuelos fletados desde Las Palmas, Melilla y Ceuta a la península son habituales, mientras el ministerio del Interior, con Marlaska a la cabeza, no ejecuta órdenes de expulsión de personas en situación ilegal en España. Así el Ejecutivo facilita que, tras los traslados, los inmigrantes dejen de estar controlados, ya que disponen de libertad ambulatoria mientras no se ejecuta una expulsión que casi nunca les llega. “Algo intolerable”.

Nuestro infame Gobierno está actuando en este delicado asunto, como cómplice necesario al facilitar la “invasión” de ilegales procedentes de culturas hostiles a los valores que imperan en occidente, personas casi todas ellas, incapaces de integrarse en una sociedad libre y democrática como la imperante en Europa.

El Gobierno pide duchas más frías este invierno para ahorrar energía

La ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, bebiendo agua Europa Press

El agua en los hogares no debe superar los 35 grados para cumplir las recomendaciones del Ejecutivo en su plan de seguridad energética. Esta temperatura es “suficiente” en el plan de Ribera

Por: ALBERTO SANZ

Son pocos los que conocen a qué temperatura exacta les gusta el agua de la ducha. La respuesta suele ser «templada», “más fría” o “más caliente”. Si se tiene en cuenta que la temperatura corporal media está entre los 36 y los 37 grados, y que un ‘agua tibia’ puede alcanzar un máximo de 40 grados, ducharse con un agua por debajo de los 35 grados se puede considerar una “ducha fría”. Una temperatura que el Gobierno considera “suficiente” en su carrera por ahorrar energía en invierno. 

El plan de seguridad energética que ha presentado este martes la ministra Teresa Ribera recomienda que, con carácter general, una temperatura del agua entre 30ºC y 35ºC “puede ser suficiente” en su uso doméstico. Esta recomendación de ahorro y eficiencia energética en los casas que se acompaña de una petición a los ciudadanos de “usar el agua caliente con prudencia” para el plan del Gobierno de bajar la demanda de gas natural. 

“Es recomendable prestar atención para que nunca se quede un grifo abierto más de la cuenta”, expone el Gobierno en su documento de 164 páginas. Su exigencia en este sentido es aún mayor para los centros de trabajo de las administraciones públicas. El plan de seguridad energética recomienda a los responsables de estos edificios que eviten el uso de agua caliente en el centro de trabajo cuando no sea imprescindible, suprimiendo o desconectando termos eléctricos.

Las propuestas que acompañan este plan también lanzan varias recomendaciones para la climatización de los hogares. El Gobierno quiere que, cuando sea necesario renovar los equipos, sustituir los sistemas de calefacción y agua caliente sanitaria actuales al uso de electricidad con bombas de calor (aerotermia, geotermia), o de otras renovables (biomasa, solar térmica). Una propuesta para la que ofrece su programa de ayudas a la instalación de sistemas de climatización renovable en hogares.

Su intención es que los hogares ahorren este invierno con el uso de válvulas termostáticas para regular adecuadamente las instalaciones de calefacción para conseguir un funcionamiento más eficiente. Y, además, que se compruebe periódicamente que la programación del sistema de calefacción se ajusta al horario familiar. Estas son alguna de las apuestas para conseguir un ahorro entre el 5,1% y el 13,5% del gas natural.

Revisar las calderas

Otra forma que ven posible ahorrar en el uso de la calefacción es llevar al día la revisión y cumplir con las recomendaciones de mejora de los técnicos. “Un mantenimiento adecuado puede suponer ahorros del 15%”, aportan. A las empresas, el Gobierno les propone que comprueben periódicamente que la programación del sistema de calefacción se ajusta al horario de trabajo para lograr sus objetivos de ahorro.

La apuesta para los edificios públicos, aunque también se extiende para empresas y hogares, es que mantengan las condiciones de temperatura en locales e instalaciones, limitando la calefacción y refrigeración a 19 y 27ºC, respectivamente.

El Gobierno quiere que apagues la nevera… si puedes 

Sus guías también incluyen un mejor uso de los electrodomésticos domésticos. La primera vía para esta bajada del consumo es pagar los electrodomésticos cuando nos ausentemos de casa por un período largo. “Especialmente el frigorífico-congelador, que consume hasta el 30% del total del consumo de la vivienda”, expone su plan de seguridad energética. 

Mantener los electrodomésticos en “stand by” es otro de los factores de ‘derroche eléctrico’ que se debe evitar en esta crisis. De cara a las buenas temperaturas, que con el cambio climático abundan, se recomienda aprovechar las horas de sol para el secado de ropa. Aprovechar al máximo la luz natural apagando la luz de las zonas iluminadas de manera natural y siempre que haya espacios abiertos o paredes acristaladas que contribuyan a una vigilancia pasiva. Son deberes que el Gobierno recomienda seguir para acompañar sus 73 medidas para afrontar un invierno que estará marcado por la gestión energética.

El canalla que nos gobierna.

Por: JULIO MERINO

Me dicen algunos de mis lectores, e incluso de mis amigos, que van a dejar de leerme porque soy demasiado pesimista y a veces hasta catastrofista. «Oiga, don Julio, leo uno de sus artículos y se me quitan las ganas de comer y luego no duermo bien»… «Amigo Merino, lo siento, pero ya no te leo más,  no quiero amargarme la vida porque tú lo veas todo mal, pienso que algo habrá de bueno»… También están los otros, los que me dicen que cuanto más me leen más comen, por si acaso mañana es verdad que no vamos a tener  ni para comer pan y duermo toda la noche y más, como un lirón,  cuando pienso- según dices tú en muchos de tus artículos– que los comunistas torturan en sus checas no dejando dormir y con duchas de  agua fría cada media hora.

Bueno, pues sí, seguramente yo estoy muy pesimista desde que llegaron  estos sujetos ( o por lo menos desde que el señor Sánchez llegó a la Moncloa). Aunque mi grado de pesimismo varía de un día a otro según veo  las teles, salgo a la calle y  palpo lo que hace y dice el pueblo español, y según me indican mis brújulas (o sea Federico Jiménez Lossantos,  si quiero saber cómo va la política. A don Pablo Sebastián sí quiero saber cómo va eso de Monarquía o República. A Raúl del Pozo si quiero saber cómo se puede supervivir en una España que se hunde como el Titanic … Y a Jesús Cacho, el periodista  más documentado en la materia,  si quiero saber la realidad económica actual y si es cierto que el caballero Sánchez  está vendiendo España por trozos  en el rastro de Madrid o nos ha vendido ya y ni nuestros bisnietos podrán terminar de pagar las deudas que hoy está sumando.

Para que se crean ustedes lo que le estoy diciendo y comprueben mi pesimismo les reproduzco el artículo de don Jesús Cacho que publica hoy en «Voz Populi» con el título»Unos presupuestos indecentes» y donde califica de «canalla» al que nos gobierna.

            Pasen y lean (y duerman como quieran)

EL CANALLA QUE NOS GOBIERNA

Christian Lindner, ministro alemán de Finanzas, se ha declarado esta semana partidario de volver cuanto antes a la disciplina fiscal y presupuestaria en el seno de la UE, de acuerdo con los criterios de Maastricht. Su declaración no ha sorprendido teniendo en cuenta su condición de líder del Partido Democrático Liberal (FDP) alemán, hoy parte de la coalición que gobierna el país, pero ha sido contestado en distintos foros con el argumento de que eso precipitaría la recesión en el continente. Sébastien Laye, que además de empresario es economista jefe del Instituto Thomas More, un think tank con sede en París, ha acudido en socorro de Lindner, urgiendo al Gobierno Macron a poner orden cuanto antes en las finanzas públicas galas. El momento no puede ser más inquietante. El fantasma de la crisis financiera de 2008 y la forma de abordarla entonces a base del jarabe de palo del ajuste duro sigue presente en el inconsciente colectivo de una clase política (y de gran parte de la económico-financiera, por no hablar de la élite burocrática que campa a sus anchas por Bruselas) europea, que se ha acostumbrado a la vida muelle que Mario Draghi y su «whatever it takes» (lo que sea necesario) inauguró en 2015, algo que acrecentó hasta el paroxismo la aparición del Covid, merced a la política del BCE inundando de liquidez el sistema (tipos de interés negativos) y comprando deuda soberana. Hoy ya sabemos que esa política de expansión monetaria ha conducido a una inflación (9% en el caso español, septiembre) convertida en la gran amenaza a la prosperidad colectiva.

Para tratar de domeñar al monstruo, el BCE puso en marcha, con mucho retraso, una política monetaria restrictiva que choca frontalmente con las políticas presupuestarias expansivas que ha venido alentando Bruselas, con el argumento de la protección a los más débiles, de no pocos países de la Unión, caso de Italia, Francia y naturalmente España, políticas (apoyo a la demanda con inyección de liquidez al sistema) que podrían hacer fracasar los esfuerzos del BCE en su lucha contra la inflación mediante la subida de tipos. Cierto que tratar de frenar esa hidra tiene un impacto negativo en el crecimiento a corto plazo, algo a lo que se resiste una opinión pública y unos Gobiernos poco a nada conscientes de que hoy la gran amenaza que se yergue frente al bienestar de las familias no es el desempleo o el bajo crecimiento, sino la inflación y la caída del poder adquisitivo, una inflación que si no se le ataca de forma rápida y decidida podría enquistarse hasta convertirse en un problema de años. Este es el contexto, que el último informe del Banco de España (BdE) describía esta semana con tintes mucho más dramáticos, en el que el Gobierno Sánchez acaba de presentar su proyecto de Presupuestos Generales del Estado para 2023, unos PGE descaradamente expansivos que ignoran lo que está pasando a nuestro alrededor, porque, digámoslo ya, no son los PGE que España necesita y que le vendrían bien al país en estos momentos, sino los que convienen a Sánchez para, derrochando el dinero público con la liberalidad e irresponsabilidad propia del sujeto, tratar de ganar la reelección a la presidencia en 2023.

Los Presupuestos que acaba de presentar el Gobierno son descaradamente expansivos. Ignoran lo que está pasando a nuestro alrededor, porque, digámoslo ya, no son los PGE que España necesita y que le vendrían bien al país en estos momentos, sino los que convienen a Sánchez para tratar de ganar la reelección a la presidencia en 2023

Unos Presupuestos que, de entrada, nacen muertos, porque la ministra Montero se ha sacado de la manga un crecimiento del PIB para el año próximo del 2,1%, estimación que el BdE ha dinamitado al calcular que no superará el 1,4% (1,5% en el caso de la AIRef), pero que muchos expertos reducen todavía más hasta dejarlo en el 1% pelado, dependiendo de la evolución del contexto internacional. En consecuencia, las estimaciones de ingresos no financieros (307.445 millones, con crecimiento del 6%, de los cuales 262.781 millones proceden de impuestos, aumento del 7,7%) contenidas en el proyecto son papel mojado (como, por desgracia, han sido todos los PGE preparados por este Gobierno desde que está en el poder). Ese punto de PIB de menor crecimiento es muy importante, porque significa no solo que vas a crecer menos, y por tanto vas a recaudar menos, sino que no vas a crear empleo, al contrario, te va a aumentar el paro con lo que ello significa en términos de recaudación. De modo que el capítulo de ingresos está brutalmente inflado y normalmente serán inferiores, incluso muy inferiores, a los que figuran en el proyecto, ello a pesar del efecto de la inflación y de los fondos estructurales Next Generation, la varita mágica con la que Sánchez piensa cuadrar las cuentas. 

Con los gastos ocurre lo contrario: están claramente infraestimados, en un calculado ejercicio de trilerismo presupuestario propio de un Gobierno acostumbrado a gastar como si no hubiera un mañana, de espaldas a cualquier racionalidad económica. Un trilerismo particularmente llamativo en el caso de las cuentas de la Seguridad Social, con ingresos claramente inflados para poder hacer frente a la enorme cuantía del gasto reconocido. Cuestiones estas que sin duda no quitan el sueño a un presidente cuyo objetivo es regar el patio, captar votos creando pesebres con cargo al erario público con la intención de atraer a más y más colectivos dispuestos a apoyar su reelección. Y para regalar dinero público primero hay que quitárselo al contribuyente asfixiándolo a impuestos y, por ejemplo, negándose a deflactar la tarifa del IRPF o a retocar tipos del IVA de acuerdo con el alza de los precios. Pensionistas, funcionarios (la masa salarial del Estado supera los 25.000 millones) y rentas del trabajo inferiores a 21.000 euros son los grandes beneficiarios de esta política que refleja a la perfección el carácter de un personaje, Pedro Sánchez Pérez-Castejón, que desde su llegada al poder en 2018 optó por ser el presidente de la mitad -en el mejor de los casos- de los españoles y que, en consecuencia, ha pergeñado unos PGE destinados a engatusar a esa mitad de españoles, los teóricamente de izquierdas, despreciando la posibilidad de confeccionar unas cuentas públicas destinadas a dar respuesta realista a las necesidades de todos los españoles.

Particularmente escandaloso es el caso de las pensiones, partida que crece un 11,4% hasta superar los 190.600 millones, con una revalorización estimada del 8,5%. Escandaloso en tanto en cuanto supone una quiebra brutal de la equidad intergeneracional. Pensiones, funcionarios y servicio de la deuda se comen más del 50% del Presupuesto. Pero suben todos los rubros que tengan que ver con el reparto del dinero público, y por subir sube hasta el sueldo del propio presidente del Gobierno (el 4%) mientras permanece congelada la asignación del Jefe del Estado, S.M. el rey Felipe VI. Como escribía esta semana un lector de Vozpópuli al hilo de una sentencia de Thomas Paine («There are two distinct classes of men in the nation, those who pay taxes, and those who receive and live upon taxes»), vivimos en una injusta sociedad dual formada por dos grupos de personas: el constituido por «Empresarios y trabajadores sujetos a la competencia, cuyos ingresos dependen de lo que producen y de lo que los ciudadanos deciden libre y voluntariamente adquirir y pagar por ello», y el formado por «Políticos, empresarios amigos del Gobierno, empleados públicos y liberados sindicales cuyos sueldos y privilegios -decididos por los políticos- son pagados obligatoriamente por los ciudadanos del primer grupo«. El Gobierno Sánchez se ha dedicado plena y conscientemente a exacerbar esa maligna dualidad.

El drama del aumento del gasto en pensiones, funcionarios y demás es que va a consolidar un gasto estructural estimado en no menos de 50.000 millones, situación que pone a las cuentas públicas en una posición muy delicada, muy débil para afrontar cualquier posterior impacto negativo exterior y que, en definitiva, coloca al país al borde de la quiebra

Dice el proyecto de Presupuestos de la señora Montero («Si tú recaudas por este producto solamente puedes gastártelo en Juanolas, no te lo puedes gastar en nada más; entonces, si las Juanolas no están…») que, con un crecimiento del PIB del 2%, objetivo imposible desde todos los puntos de vista, los ingresos crecerán un 6% sobre 2022 mientras los gastos lo harán un 7,6% más. La realidad es que los primeros quedarán bastante por debajo de esa cifra, mientras que los segundos se dispararán hasta cerca del 12%, con un déficit estructural (aquel que no depende de los vaivenes del ciclo) que podría irse hasta el 6%, una salvajada se mire por donde se mire, y una deuda pública a la que habrá que añadir no menos de 70.000 millones nuevos y cuya cuantía (1.501.773.618.989 euros ahora mismo, el 124,40% del PIB o 31.660 por habitante) no deja de crecer. El drama del aumento del gasto en pensiones, funcionarios y demás es que va a consolidar un gasto estructural estimado en no menos de 50.000 millones, situación que pone a las cuentas públicas en una posición muy delicada, muy débil para afrontar cualquier posterior impacto negativo exterior -precios del gas, por ejemplo-, y que, en definitiva, coloca al país al borde de la quiebra (la prima de riesgo española es ya la tercera más elevada de la UE, tras Grecia e Italia).

Toda la política fiscal del Gobierno Sánchez durante 2020, 2021 y este 2022 ha ido en contra de las verdaderas necesidades del país, toda a aumentar ese déficit estructural. Todo en contra de la más elemental ortodoxia económica. Redoblar el gasto público (aquí disfrazado siempre de «social») es retroalimentar la inflación y destruir el poder adquisitivo de los hogares. Sánchez ha hecho estos años justo lo contrario de lo que tendría que haber hecho en términos de saneamiento de nuestras cuentas públicas. Lo acaba de refrendar con este indecente («miserable o de mal aspecto, inconveniente u obsceno. Se aplica a las cosas que ofenden al pudor» según el María Moliner) proyecto de PGE. La posición de España queda muy comprometida. Una herencia envenenada casi imposible de manejar por quien, tras las generales de 2023, se haga cargo del timón colectivo, sea el mismo canalla que hoy nos gobierna u otro cualquiera. Si el Gobierno Zapatero dejó España en 2011 a los pies de los jinetes del Apocalipsis, Sánchez la va a dejar aún peor porque, además de gastar de una forma delictuosa en beneficio propio, ha imbuido estos años en el inconsciente colectivo de los españoles, a través de un poderoso aparato de propaganda que controla, la idea de que cualquier problema que le surja a Juan Español se lo resolverá raudo el Estado con cualquier tipo de ayuda, paguita, cheque o lo que sea menester, de modo que no tendrá ninguna necesidad real de buscarse un trabajo porque podrá vivir del cuento. Eso sí, votando siempre al gran Sánchez, un tipo de una radicalidad perdida en el tiempo, un radicalismo viejo imposible de encontrar en cualquier otro país europeo: la dicotomía ricos versus pobres, la aversión a la creación de riqueza, la guerra permanente contra la libre empresa (el último atentado: el destope de las cotizaciones máximas a la Seguridad Social)… Un impostor, un personaje tras el cual quedará la sombra alargada de un auténtico apóstol de la pobreza.

EL SISTEMA REAL ES PRIMERO MENTAL

El concepto abstracto de «el estado» y sumado al de «el gobierno», forman un escudo protector de simples criminales para poder ejercer todas las brutales violaciones del Derecho Individual contra la población.

Es hipnótico, por tanto es inconsciente.

El poder real primario de aquellos es, mental.

No hay dudas de que la anomia general y paralela sumisión a criminales, van de la mano de algo muy similar a un Síndrome de Estocolmo masivo.

No se puede eliminar a un hombre consciente de su individualidad, a una mente liberada. Sólo matarlo.

Pero tampoco se puede rescatar a una mente muerta como individuo, que en su programa sólo cree en directivas y leyes de esa letal ficción: la «autoridad» y el sistema que los sustenta.

La real autoridad va por la orilla opuesta, claro.

Su base es miedo y adoctrinamiento. No es un individuo libre.

Incluso superó la disonancia cognitiva, para transformarse en un no dubitativo defensor del sistema que lo asfixia y de sus propios verdugos. Vota por ellos, se identifica con ellos, en ese vacío de conciencia individual, despersonalización.

Para escapar de un manicomio, primero tienes que reconocer que estás dentro de uno y que tú no estás loco ni eres estúpido como ellos.

Estamos rodeados de locos y estúpidos que defienden el manicomio, a pesar del maltrato y crímenes contra ellos porque creen que fuera de él, no hay vida posible.

(Individuo Libre)

HISTORIA DE DOS TRAICIONES: MOCIÓN DE CENSURA Y GOBIERNO DE PEDRO SÁNCHEZ

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En los últimos días, hemos asistido con consternación ciudadana a dos traiciones que han evidenciado la miseria moral y política de sus protagonistas, y el grave peligro que amenaza a la España constitucional que una inmensa mayoría de ciudadanos desea mantener, como ámbito de convivencia que garantice sus derechos y libertades.

Tras la presentación de la moción de censura contra Mariano Rajoy Brey, el país se debatía, institucionalmente hablando, entre mantener un gobierno “zombie” (lo que finalmente no aconteció), designar a un gobierno “Frankenstein” o concurrir a un proceso electoral.

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Mariano Rajoy aplaudido por los suyos durante la moción de censura.

Tres caminos podrían haberse seguido, y previsiblemente se ha optado por el peor:

  • Mantener en el poder a un gobierno “cobarde, timorato y cómplice” de los golpistas e independentistas;
  • Provocar la caída de Mariano Rajoy Brey para abrir el camino a La Moncloa a “un gobierno en manos de golpistas, proetarras, independentistas y comunistas – lo que finalmente ha sucedido -;
  • O que, aplicando el sentido de Estado, Rajoy hubiese presentado su dimisión al cargo, desactivando, de ese modo, la moción de censura, facilitando que los ciudadanos españoles, en un plazo relativamente corto, pudieran pronunciarse en las urnas. Toda esperanza en esta posibilidad quedó descartada cuando la secretaria general del Partido Popular, María Dolores de Cospedal, compareció ante los medios para anunciar que de nada valdría la dimisión de Rajoy, dado que ello no garantizaría que el PP continuase en el gobierno. Pero, una vez más, el cobarde Rajoy traicionó a los ciudadanos.

Por tanto, asistimos a una muestra de felonía política nunca evidenciada en nuestra democracia, y Rajoy fue su principal protagonista.

Sin embargo, la traición de Mariano Rajoy Brey comenzó mucho antes: en el Congreso del Partido Popular de Valencia (2008), al que el periodista Federico Jiménez Losantos denomina “Congreso de Bulgaria, capital Valencia”, cuando Mariano Rajoy decidió salvarse a sí mismo, traicionando todos los principios ideológicos del Partido Popular, traicionando la herencia política del aznarismo y entregando el accionar propagandístico a la izquierda radical.

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Congreso del PP de 2008, en Feria Valencia.

Pero, independientemente de la gran traición de Rajoy al PP, a sus afiliados y a sus principios, lo peor ha sido la gran traición del ex presidente a la confianza depositada por millones de ciudadanos.

A más de 10 años de ese “congreso”, nadie recordará la pedantería y soberbia de algunos dirigentes populares, para quienes, aunque pusieran una fregona en las listas, jamás bajarían de los diez millones de sufragios. La realidad ha conducido a muchos de esos políticos a tribunales, a otros a la cárcel, a cientos al ostracismo político, a algunos pocos a la tumba y a miles a perder el mayor político que jamás detentó una formación en toda la historia de nuestra democracia.

Pero Rajoy no sólo ha traicionado el programa del Partido Popular, Rajoy ha traicionado la confianza de millones de ciudadanos.

Recordemos que, para esas elecciones, el lema de campaña del PP había sido “Súmate al cambio”, y los ciudadanos se sumaron: 10.866.566 ciudadanos confiaron en el programa del Partido Popular. Y esa confianza se tradujo en una mayoría absoluta de 188 escaños.

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Distribución de escaños en el Congreso de los Diputados,

El mapa político de España se “tiñó de azul”, otorgando a los populares la gran responsabilidad de gobernar, tras el nefasto gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, y de no defraudar la confianza de los ciudadanos.

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Mapa político “azul popular” surgido de las elecciones de 2011.

¿Qué votaron los españoles en 2011?

Los ciudadanos votaron un programa basado en una serie de principios, a saber: rebaja fiscal, apoyo a las familias, fortalecimiento de la sociedad civil y de eficientización del Estado, respaldo a los autónomos para facilitarles la creación de empleo, reducción de duplicidades entre administraciones, liderazgo internacional, revalorización de las pensiones, reducción del paro, lucha contra el terrorismo y reducción de la deuda pública, por citar solo algunos ejemplos.

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Portada del programa del PP de 2011.

Rajoy, con su traición, ha empeñado nuestro presente e hipotecado nuestro futuro, así como el de varias generaciones de ciudadanos quienes, por primera vez desde la recuperación de la vida democrática, vivirán mucho peor que sus padres y que sus abuelos.

Rajoy traicionó a los españoles en lo económico, en lo político y en lo social.

En lo económico, y más allá del supuesto “mejoramiento de la economía”, Rajoy ha endeudado a los ciudadanos durante varias generaciones, condenándoles a un presente aciago y a un futuro desolador, en cuanto el Banco Central Europeo deje de comprar deuda y aumenten los tipos de interés.

En lo político, por ejemplo, Rajoy, tras la consulta ilegal del 1-O y la aplicación del artículo 155 de la Constitución Nacional, optó por convocar elecciones en la autonomía catalana, sin desmantelar las estructuras del golpe de estado, posibilitando el regreso de los golpistas al poder. La consecuencia de esa traición es el regreso al poder de los independentistas catalanes, liderados por un xenófobo supremacista que llama “bestias con forma humana” a los castellanoparlantes.

En lo social, Rajoy ha traicionado a la familia, ha permitido la imposición de la ideología de género en las instancias educativas (incluso por gobernantes del PP), ha permanecido incólume ante la fragmentación social y familiar derivada de la Ley de Memoria Histórica y ha condenado a la muerte a cientos de miles de no natos, favoreciendo el ingreso de decenas de miles de extranjeros contrarios a la cultura occidental, y deseosos de imponer un proyecto social totalitario al que encubren bajo un manto pseudo religioso.

En síntesis, Rajoy ha sido uno de los mayores traidores de toda la historia de España, tanto que quizás deberíamos llamarlo, Mariano, el felón.

Así como en un momento de nuestra historia, el Rey Fernando VII consideró que no podía enfrentarse al poder de Francia, creencia que le condujo a unir sus intereses políticos con los de Napoleón, Mariano asumió que nunca podría enfrentarse al discurso político de la izquierda y, por ello, traicionó todo el ideario liberal conservador y la confianza de millones de ciudadanos, para unir su futuro político al de una izquierda radical que funcionaría a modo de pinza contra el PSOE y que le permitiría estar durante muchos más años en el poder.

Una vez más, Mariano se equivocó.

Y el colofón de su traición ha culminado con un gobierno del PSOE, con Pedro Sánchez como Presidente, respaldado por golpistas catalanes, nacionalistas vascos, independentistas varios y comunistas totalitarios.

Hoy se ha presentado la foto del nuevo gobierno, al que no nos referiremos en este artículo.

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Pedro Sánchez, Presidente de Gobierno, rodeado de sus ministros.

Las consecuencias de estas dos traiciones: la de Mariano nacida del 2008, y la de Sánchez aceptando los votos de Bildu, ERC, PdCaT, Podemos, Compromís y otros, la viviremos en próximos días.

Concesiones al golpismo catalán, millones al independentismo vasco, dinero público para los lobbys partidarios de la ideología de género, aumento de la presión fiscal para familias y autónomos, incremento del gasto público en desmedro de la economía productiva, adoctrinamiento educativo, ideologización radical del discurso político y otros serán los efectos de esas traiciones. Pero de esto escribiremos en los próximos días.

FUENTE: Políticamente Incorrectos.

Rajoy tiene un problema singular: España

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Rajoy, el Judas de este viacrucis, tiene, como dijo Catalá del juez González, un problema singular: se llama España. Para tirarse un año más a la bartola en la Moncloa, está dispuesto a entregar, troceado y barato, el Estado. No lo permita la Nación.

Por Federico Jiménez Losantos

Mariano Rajoy quiere alargar un par de años su estadía en la Moncloa, pese a carecer de mayoría parlamentaria, de proyecto político y de partido, porque el PP se va hundiendo mientras su líder, encaramado a sus hombros náufragos, mantiene la cabeza fuera del agua. También cabe verlo como un barco que se va inexorablemente a pique y prolonga su agonía echando al mar cualquier cosa que permita aligerar su peso, en vez de subirse a un bote y tratar de salvarse antes de que el postrer remolino se lo trague.

Esta semana hemos visto el precio de ese empeño en estar a costa de no ser, que después de siete lustros en política, debería haber colmado su ambición: ponerse en manos de los enemigos de España el tiempo que permanezca en el Poder, conscientes, él y ellos, de que nada puede convenirles más que un Presidente del Gobierno dispuesto a vender el Gobierno a cambio de presidir lo que sea.

Una triple infamia: la ETA, el Prusés y Catalá

Tres son los episodios que prueban, más allá de toda duda razonable, ese empeño de Rajoy de aguantar como sea, a costa del régimen constitucional: 1) la pantomima de cambio de local, que no de actividad, de la ETA, protagonizada por el asesino Ternera, interlocutor protegido -CNI mediante- de los gobiernos de Zapatero y Rajoy; 2) el apoyo a la formación de cualquier gobierno golpista en Cataluña con tal de que no lo presida -aunque pueda formalmente tutelarlo- Puigdemont; y 3) el ataque calumnioso, personal y profesional, del Ministro de Justicia a un juez cuya honradez intelectual le ha hecho acreedor de una típica campaña totalitaria de asesinato civil a manos de la horda femirroja, podemitarra, respaldada por el cadalso mediático que dirige la Sexta y seguida por la recua que conforma el albañal audiovisual y al que obedece el rebaño del bien llamado «espectro político».

 

Hemos visto cómo se regala a los etarras las dos piezas que siempre reclamaron para dejar de matar españoles: Navarra y la suelta de sus presos. Y ambas cosas las ha asegurado públicamente Urkullu, paseando con Barcos y asegurando en El País que Rajoy e Instituciones Penitenciarias son «sensibles» a la situación de los asesinos etarras. Vamos, que los sueltan ya.

Pero esa suelta de los pistoleros del separatismo etarra es el prólogo y garantía de que los presos catalanes por el golpe de estado del 1 de octubre seguirán la misma suerte. Para eso hacen falta dos cosas: que haya Gobierno en Cataluña, todo lo separatista que quiera, pero que permita archivar el 155; y una presión implacable a los jueces hasta plegarse a lo que ya no sería un golpe de Estado en dos frentes, vasco y catalán, sino del propio Gobierno, que, contando con la inmensa batahola de medios comunistas y separatistas, con el aplauso entusiasta de la Izquierda, la mudez de la Derecha y la memez del Centro, acabaría sometiendo a jueces y tribunales a lo que el PSOE llama el «Veredicto Popular«, que estaría muy, muy por encima de la Constitución.

Esa es la función de los dos asaltos a la independencia judicial que ha perpetrado en apenas dos semanas el Gobierno. El primero, fue contra el juez Llarena, al que quiso imponer a través de la Fiscalía General del Estado la suelta de Forn, primer favorecido con una política penitenciaria «sensible» a la situación de los presos golpistas hasta «normalizar» la violencia callejera y poder lavarse las manos de la responsabilidad del 155, que moriría inédito.

El segundo asalto lo perpetró el mismísimo Ministro de Justicia contra el juez González, y ha sido tan escandalosa la forma de agredirlo en lo personal y despreciarlo en lo profesional que ha conseguido movilizar en su contra a todas las asociaciones de jueces, y de fiscales, menos una. Y no se sabe si el milagro se debe al decoro profesional, a la humillación corporativa o a que han adivinado que, tras dejar en manos del Poder Judicial la inmensa y honrosa responsabilidad de proteger a la Nación y su Estado de Derecho, ahora el Ejecutivo de Rajoy, con un amplio respaldo del Legislativo, quiere quitarles aquella «patata caliente» para zampársela asadita con los golpistas.

España, Italia, la ETA y la Mafia

Los tres movimientos –el pacto con la ETA, el apoyo al golpismo light y el acoso a los jueces molestos– tienen el mismo objetivo político: asegurar a Rajoy la supervivencia durante el resto de la legislatura, mediante la alianza más abyecta que haya hecho nunca un Gobierno de España: con los partidos y organizaciones criminales que nacieron y viven para destruirla. Es como si en Italia formara Gobierno el izquierdista Grillo con el apoyo parlamentario de la fascio-separatista Liga Norte y el callejero de la Mafia y la Camorra.

Este es el proyecto de supervivencia político-personal de Rajoy: de momento, llegar a las elecciones municipales, autonómicas y europeas de 2019; y después, prorrogando los Presupuestos, hasta las Generales de 2020. Cuenta, como expuso obscenamente el portacoz del PNV, con el apoyo del separatismo vasco, para retrasar todo lo posible la llegada de Rivera al Poder. Y con el separatismo vasco, que de nuevo toma la delantera, pero siempre coordinados, el separatismo catalán, para el que de inmediato se negociará otra salida «sensible» para los presos, antes de que Rivera pueda impedirla. No es seguro que se atreviera a hacerlo, pero, por si acaso, mejor asegurarlo con un muerto en Moncloa que con un rivales que ambicionen hacer Historia.

Ante este plan de Rajoy tan rastrero como evidente, que es también el de la ETA, el PNV, los separatistas catalanistas y los comunistas podemitas, Rivera puede quitarle su apoyo parlamentario y forzar elecciones generales. Aparentemente, eso no le conviene nada desde una perspectiva partidista, ya que está recibiendo un alud de votos del PP y una inundación del PSOE. A este paso, en nueve meses, arrasaría, consolidaría bastiones de poder local y regional y se presentaría ante las generales con todos los triunfos en la mano. Como ese voto de rechazo a los dos grandes partidos lo recibe por parecer un partido formal, para defender las instituciones y evitar revoluciones, sería difícil, aunque creo que no imposible, explicar por qué derriba al Gobierno. Entiendo que, hoy por hoy, Rivera se plantee, sobre todo, no cometer errores. Cuantos más votos y escaños obtenga, con esta táctica, mejor podrá en el Gobierno deshacer las fechorías que perpetren Rajoy y sus aliados satánicos.

Rivera puede encontrarse una España intransitable

Sin embargo, ese planteamiento tiene un defecto: olvida al enemigo. Precisamente por temor a Rivera y confianza en la inerme doblez de Rajoy, sus aliados de fortuna, separatistas y comunistas, llevarán todo lo lejos que puedan el proceso de desmantelamiento del régimen constitucional de 1978. Y en ese proyecto, que es el de la Ruptura, la condena de la Transición y el plebiscito de una República Confederal con derecho a la autodeterminación de los territorios que la integren, van a contar con el PSOE de Pedro Sánchez.

Sin apenas darnos cuenta, hemos entrado en una época de «gimnasia revolucionaria«, que así llamaba el faísta García Oliver -y gusta repetir Pablo Iglesiasa la violencia callejera para ensayar el golpe final revolucionario. Con la careta del feminismo batasuno, la violencia callejera de los CDR o las procesiones de entronización de asesinos etarras, lo que cada día nos sirven unos medios audiovisuales tan demagogos, sectarios y avariciosos que ya sólo les falta rifar asesinatos en directo dizque para ayudar a niños etíopes, es el desprecio de los jueces en particular y la Ley en general, mientras se exalta la violencia callejera como expresión directa de la Voluntad Popular.

Ese calentamiento de las masas brutas y ese acostumbramiento de las blandas a la brutalidad, ya lo vivimos una vez, del 2002 al 2004, con las grandes movilizaciones del Prestige y la Guerra de Irak que desembocaron en los terribles días del 11M al 14M, en especial el cerco a las sedes del PP el 13M, cuando empezó a cambiar, o sea, a descarrilar, la Historia de España. El proceso de vuelta a la Guerra Civil, a la división social por sexos y lenguas que empezó Zapatero, está alcanzando con Rajoy un punto de no retorno. No podemos confiar en los dos grandes partidos, que son parte del problema, ni fiarlo todo a Ciudadanos, inédito en la gestión y aún gateante en la política.

La Nación, al rescate del Estado

Las únicas instituciones que, frente a la defección del Gobierno y la Oposición, y bajo unos medios audiovisuales corruptos, comunistas y golpistas, han demostrado capacidad de resistencia frente al reto separatista y la descomposición de España son la Corona, la Nación y la Justicia. Deben movilizarse antes de que esta política torva y a traición parezca irreversible.

Digo parezca. Para que el sórdido egoísmo de la Derecha y la siniestra idiocia de la Izquierda triunfaran haría falta que los españoles admitiéramos que no valemos para estar juntos y que aceptamos, so capa de autonomías, privilegios feudales, fronteras lingüísticas e inquisiciones sexistas. Puede que nuestros enemigos triunfen, pero no les será fácil. Rajoy, el Judas de este viacrucis, tiene, como dijo Catalá del juez González, un problema singular: se llama España. Para tirarse un año más a la bartola en la Moncloa, está dispuesto a entregar, troceado y barato, el Estado. No lo permita la Nación.

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El Gobierno no tiene dinero para las pensiones pero sí para mantener a las autonomías y a 8 millones de inmigrantes

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«Rajoy nos dice ufano que no hay dinero para las pensiones pero le envía 100 millones de euros al Monomotapa. A ver ¿no hay dinero para los pensionistas, que no reclaman sino lo que es suyo, y lo que es suyo se destina a “ayudar a países africanos”? Que nos lo expliquen. Y sobre todo que los afectados se lo pregunten.»

Por Yolanda Couceiro Morin

Últimamente los jubilados son noticia en España: por fin se han dado cuenta de que son un colectivo importante a pesar del ninguneo constante al que son sometidos por todas las fuerzas políticas del arco parlamentario de nuestro país. Y se han decidido a tomar las calles y protestar reclamando lo que es suyo, lo que han ganado en sus años de trabajo y cotización, con su ahorro y su esfuerzo de años y décadas

Pero no puedo evitar que esta situación me recuerde el cuento de la moneda. Dice el cuento que una mujer perdió una valiosa moneda de oro en su casa. Alarmada, pidió ayuda a sus vecinas para que le ayudaran a buscarla por el patio. Tras dos horas buscando la moneda, una de las vecinas le preguntó: “Pero ¿estás segura de que la perdiste aquí?”. “No, contestó la mujer, la perdí en la cocina.”. Irritadas, las vecinas le dijeron: “¿Y por qué las estamos buscando aquí entonces?”. Contestó ella: “Porque aquí hay más luz.”

Las reivindicaciones de los jubilados son justas, ciertamente, pero están buscando “su moneda” de manera equivocada, en la geografía equivocada. Reclamarle lo propio a este gobierno, o al precedente o al que sin duda vendrá (tanto monta monta tanto) es tan insensato y errado como la actitud de los protagonistas del cuento citado. Lo que corresponde hacer en este caso es preguntarse cómo y dónde se perdió la moneda y en consecuencia buscarla adecuadamente. Pues esa moneda se perdió cuando estos mismos jubilados entregaron su confianza a los mismos que ahora son objeto de la reclamación actual.

Los jubilados gritan su descontento y su cólera con toda razón, pero si quieren saber dónde está su moneda perdida deberían intentar una reflexión sobre el uso de ese dinero que no llega a sus bolsillos. El despilfarro del dinero público, cuando no la malversación o incluso el latrocinio (legal mediante publicación en el BOE o ilegal en cuentas dobles, comisiones diversas y demás “regalos” a amigos y parientes…) es la tónica general del sistema que nos esquilma a todos. Un único (y reciente) ejemplo: el gobierno anunció hace pocos días el regalo de más de 100 millones de euros a varios países africanos en concepto de “ayuda al desarrollo para combatir la pobreza en los países del Sahel.”

Si nuestros jubilados se preguntan dónde está su dinero, pacientemente ahorrado durante años de trabajo y sacrificios, pues ya lo saben. Se ha ido al corazón de África. El gobierno Papá Noel de España ha considerado que allí es donde debe ir el fruto del esfuerzo de los españoles.

Rajoy nos dice ufano que no hay dinero para las pensiones pero le envía 100 millones de euros al Monomotapa. A ver ¿no hay dinero para los pensionistas, que no reclaman sino lo que es suyo, y lo que es suyo se destina a “ayudar a países africanos”? Que nos lo expliquen. Y sobre todo que los afectados se lo pregunten.

Y no es lo único que nos tienen que explicar, por cierto.

Nos deberían explicar por qué un país como España, que no es precisamente rico, mantiene 17 mini Estados, todos ellos con una legión de cargos, subcargos, altos cargos políticos, duplicidad funcionarial y gastos desorbitados en sedes, consejeros, etc, etc. Son cada vez más las voces que se alzan contra el estado de las autonomías, pero no parece que ningún político esté por la labor de someterlo a referéndum, ni la calle lo reclama en manifestaciones multitudinarias.

También deberían explicarnos por qué hemos traído y mantenemos a tantos millones de inmigrantes. Primero nos vendieron el cuento de que “vienen a hacer los trabajos que los españoles no querían“. La mentira tiene las patas cortas. Coló un tiempo, pero era algo tan evidentemente falso que buscaron otro cuento: “vienen a pagarnos las pensiones“. Ah, pues si venían a pagarnos las pensiones ¿cómo es que ahora, después de 8 o 10 millones de inmigrantes, no hay dinero para pensiones?. Al final ya, cuando ningún cuento era creíble, recurrieron a la solidaridad, a la lágrima fácil, a la sensiblería: “son pobres refugiados que huyen de países en conflicto y buscan un futuro mejor“. Pero el futuro que buscan es a costa de nuestro futuro, ya no hay dudas al respecto.

Nadie puede ser solidario si apenas tiene para sí mismo. Nadie está obligado a ser solidario con el dinero de su pensión, porque se lo ha ganado trabajando y pagando impuestos, y ahorrando, y luchando cada día en la jungla del empleo. Que sea solidario quien quiera y pueda permitírselo, pero no a mi costa. No puedo ser solidario con los extraños mientras haya pensionistas españoles cobrando una miseria. No quiero ser solidario con los extraños mientras se ningunea el trabajo y el derecho a una ayuda a los españoles. Que no me cuenten milongas: eso no es solidaridad, eso es genocidio: se quiere destruir a la población nativa y dar lo suyo, lo legítimamente ganado, a quienes ni han hecho nada por merecerlo ni les pertenece. Si en sus países están mal, que reclamen a sus gobiernos y que pidan mejoras en su país. Pero que no vengan al mío a reclamar lo que pertenece a los jubilados, lo que me pertenecerá en un futuro a mi. Curiosamente, todo lo que exigen en nuestros países, jamás lo han pedido en los suyos.

También deberían explicarnos por qué España ayuda a construir mezquitas en Afganistán, financiar festivales de cine en Perú, bailes tradicionales en Cochabamba o paritorios en Tánger sin haber dinero para los jubilados, sin haber trabajo para los propios españoles. ¿Nos quieren vender eso como solidaridad? ¿Desde cuando la irracionalidad es solidaridad?

– Nos deberían explicar montones de cosas más, pero creo que ya se entiende la idea. Y la idea es que hay dinero para sueldos innecesarios de políticos innecesarios con pensiones que rozan la inmoralidad y el escándalo, y que además, no tienen ni que cotizar como el resto de mortales. Hay dinero para todo el que llega de modo ilegal a nuestro país. Hay dinero para “ayudar” a otros países. Pero no hay dinero para los jubilados.

Por eso digo que los jubilados, aunque hacen bien en reivindicar lo que es suyo, están buscando la moneda en el patio en lugar de donde se perdió: en los consejos de ministros de los sucesivos gobiernos que venimos soportando durante décadas, y en los parlamentos nacional y autonómicos que legislan contra los intereses de los ciudadanos.

Lo primero que tienen que hacer los jubilados y los no jubilados es exigir la suspensión inmediata del Estado de autonomias, y que todos los cargos innecesarios (altos cargos, subcargos, consejeros, consejero del consejero, secretario del consejero, subconsejero, etc etc,), sean eliminados.

Exigir el cese inmediato de subvenciones y ayudas para cualquier proyecto fuera de España con dinero publico. El que quiera ser solidario, que dé de su paga y de su dinero. Pero no del dinero de todos, del dinero ajeno. (¿De esos últimos 100 millones de euros regalados por Rajoy a África cuantos de ellos han salido de su bolsillo?)

Exigir que los inmigrantes tengan el mismo trato que los españoles, que no haya discriminación positiva para ellos y que si no cotizan, no cobren ningún tipo de ayuda. Lo dicho. El mismo trato que los españoles. Y ya veríamos entonces si hay dinero o no. Cuando les quitemos las ayudas a todos esos improductivos extranjeros que reciben una paga por respirar y apoyar esquinas en España, tal vez empiecen a salirnos un poco mejor las cuentas.

Todo lo que sea reivindicar sin poner soluciones es como buscar la moneda en el patio cuando ésta se perdió en la cocina. El griterío y las maldiciones son humanamente comprensibles pero no son soluciones reales para una situación que cada vez irá a peor si no hacemos nada por rectificarla y corregirla.

Los jubilados y los no jubilados no deben equivocarse de actitud para hacer frente a sus problemas y asumir la defensa de sus intereses. En el sistema en el que vivimos tenemos todavía algunas herramientas que por regla general no sabemos utilizar efectivamente. Por ejemplo, el derecho a voto. No es en la luminosidad tumultuosa de las plazas en donde que hay que buscar una efectiva solución al problema de la “moneda perdida”, sino en la soledad del cuarto oscuro a la hora de votar.