Hacía mucho tiempo que no se proponía como banderín de enganche para una huelga general de la mitad de la humanidad sita en España (nada menos) un texto tan grotesco, tan contrario a la Historia, la gramática, el sentido común y el sentir general de las mujeres como el que alguna célula femicomunista ha alumbrado para el día 8, homoheterotranshuelga a la que se ha sumado el arzobispo de Madrid en nombre de la Virgen María.
Se ha manipulado algo el sentido de las palabras de Osoro, porque habló del símbolo de la maternidad que sería la Madre de Dios, pero es pura justicia poética que el que traicionó al cura que denunció el asalto a su capilla por Pitita y las chequistas al grito de “¡Arderéis como en el 36!” y “¡El Papa no nos deja comernos las almejas!”, quede en ridículo alistando a la Esclava del Señor en la lucha contra el heteropatriarcado capitalista. A la logorrea politiquera se une el esperpento teológico. Menos mal que las monjas que atienden a los enfermos terminales de sida no harán “huelga de cuidados” y salvarán el honor de la Cruz, envilecido por obispos y curas separatistas.
El comunismo se caracteriza por hablar en nombre de una clase o un grupo social para dividir esa sociedad en dos y alcanzar el Poder absoluto. Desde ese momento, el proletariado en cuyo nombre se hace la revolución queda privado de todos sus derechos, desde el de huelga hasta el de cobrar un salario por trabajar. Y a los que se quejan, paredón. El femicomunismo habla, teóricamente, en nombre de todas las mujeres, pero va en contra de lo que hace y dice la mayoría de las mujeres reales. No aparece en el leñoso panfleto podemita una sola referencia al islam, cárcel real y simbólica de buena parte de las mujeres del mundo. Pero es que para el comunismo del siglo XXI el islam es un aliado, no un enemigo.
Marx, Lenin o Mao odiaban a los obreros que ellos nunca fueron por buscar mejores condiciones laborales y salariales en vez de quemar las fábricas y entronizarlos como dictadores. Cien millones de muertos han dado la razón a los obreros. Parodiando a Stieg Larsson, diríase que las femicomunistas de cartilla son mujeres que odian a las mujeres, a las reales, que ni aceptan su sexismo, ni odian a todos los hombres, ni van a dejar de cuidar a sus madres un día porque ellas lo manden. ¡Y mira que les gusta mandar!
El año pasado, el día internacional de la mujer estuvo marcado por el ridículo que hizo Podemos, una vez más, con su cartel repleto de mensajes como «Ni una menos» o «Un país con nosotras» y… la foto de Pablo Iglesias. Que, salvo que aceptemos que se siente de género binario no fluido o alguna cosa parecida, no es una mujer. Lo cual, por supuesto, no le ha impedido aparecer como feminista, como tampoco le han restado puntos sus ansias de «azotar hasta que sangre» a una periodista desafecta. Ni ponerse a la cabeza de la reivindicación de este año, que es una huelga de mujeres en la que los hombres no somos bienvenidos, pese a lo cual se supone que es una manifestación más de la lucha contra el sexismo.
Que el feminismo actual no es más que una careta de la extrema izquierdaresulta evidente a ojos de cualquiera que tenga… bueno… ojos. El problema es que abusa de una etiqueta que para muchos significaría abogar por la igualdad de derechos entre hombres y mujeres para imponer una elusiva y unidireccional igualdad social. Elusiva, porque se pretende una representación igualitaria en sueldos, ocupaciones laborales, parlamentos y prácticamente cualquier ámbito considerado deseable donde las mujeres sean minoría, cuando un vistazo a la historia y al mero sentido común nos desvela que grupos diferenciados –sea por sexo, nacionalidad, cultura o cualquier otro baremo en que se pueda clasificar a los seres humanos en conjuntos con distintos intereses y aptitudes– jamás han tenido una representación igualitaria en nada. Unidireccional, porque jamás les preocupará que los hombres sean la práctica totalidad de los encarcelados, de los fallecidos en accidente laboral, de quienes pierden la custodia de los hijos o de los suicidas. Como tampoco luchan para que las mujeres sean la mitad de los que arreglan nuestros problemas con las fosas sépticas, conducen camiones durante jornadas interminables o consiguen que a nuestras casas llegue ese milagro conocido como electricidad. No. Lo que quieren es que las mujeres sean al menos la mitad de los arquitectos, no de los albañiles.
La izquierda ha reducido su visión del mundo al producto exclusivo de una serie de relaciones de poder, sin que ninguna otra causa pueda explicar nada. Por tanto, cualquier injusticia o desigualdad, real o percibida, en la situación de la mujer no puede sino ser provocada por un poder injusto impuesto por los opresores machos a las pobres oprimidas mujeres. De ahí que Julia Otero, tan incapaz de un pensamiento original como entusiasta portavoz de cualquier ocurrencia políticamente correcta, se dedique a insultar a Cayetana Álvarez de Toledo calificándola de «cómplice de la opresión» por no ser una feminista acrítica, valga la redundancia. Pero resulta difícil tomar en serio la existencia de un patriarcado omnipresente y todopoderoso como explicación de todo cuando existen Soraya Sáenz de Santamaría y Ana Patricia Botín. Si el patriarcado es el Poder y todo se explica por el Poder, no habría ninguna mujer en ningún puesto de tronío en ningún país occidental; el Poder se habría encargado de impedirlo. No se preocupen: las feministas también encuentran explicación a estos casos, como que esas mujeres no son mujeres realmente, porque han interiorizado los valores masculinos y en el fondo son hombres en esencia. Pero quizá es más sencillo y realista concluir que no todo se reduce a esa visión dialéctica simplista de la lucha de opresores y oprimidos.
Como el posmodernismo que late por debajo de casi toda la ideología de la izquierda de hoy niega legitimidad o capacidad explicativa a nada que no sea el poder, los esfuerzos de la ciencia por investigar las causas reales de la brecha de género, o de la criminología por intentar averiguar las razones reales que llevan a un hombre a asesinar a su pareja, son criticados como meras justificaciones del patriarcado. Exactamente igual que hace 150 años Marx encontraba en la clase social burguesa a la que pertenecían los demás economistas la razón por la que no estaban de acuerdo con él. Por eso el uso que hace el feminismo de hoy de la ciencia es selectivo: vale lo que valga para la causa. La biología sí sirve para justificar que los hombres tengan de media cinco años menos de esperanza de vida, pero no para explicar que las mujeres opten más a menudo por carreras enfocadas en las personas (de medicina a trabajo social) antes que en las cosas (ciencias e ingenierías), o que sean mayoritariamente ellas quienes prefieran tener una vida más equilibrada entre lo personal y lo profesional.
Pero, oye, igual resulta que esta manifestación es limpia, que no la han organizado este tipo de feministas posmodernas, que no es cosa de esas locas que gritan «Machete al machito» o «Al abortaje». Pero un vistazo siquiera superficial del manifiesto debería llevar a cualquier persona razonable, esté a favor o en contra de la convocatoria, a descartar esa posibilidad. Personas razonables entre las que obviamente no se encuentra el obispo Osoro, que de buenas a primeras ha decidido que la Virgen María estaría a favor del aborto o de la lucha contra «la alianza del patriarcado y el capitalismo que nos quiere dóciles, sumisas y calladas». Según la convocatoria de la huelga, para defender los derechos de las mujeres tienes que ser anticapitalista, antiliberal, abortista, anticlerical, antimilitarista y apoyar las fronteras abiertas. Es decir, tienes que ser de extrema izquierda.
La verdad, no conozco a ningún hombre que quiera a las mujeres «dóciles, sumisas y calladas». Ahora, conozco a muchísimos hombres y mujeres que sí querrían que este tipo de feministas se callara de un puta vez y dejara de darnos la matraca. Y cada vez somos más.
¿POR QUÉ INTENTAN ENFRENTAR A HOMBRES Y MUJERES USANDO CUALQUIER TONTERÍA?
Podemos montó ayer otro numerito para demostrar su gran habilidad a la hora de generar polémicas aparentemente triviales y convertir incluso errores gramaticales en manifiestos políticos.
Intenta desacreditar a la RAE por no ayudarles en su ingeniería social
En una rueda de prensa en el Congreso de los Diputados, la portavoz de Unidos Podemos en el Congreso de los Diputados, Irene Montero, protagonizó la tontería del mes lanzando un “portavoces y portavozas”, un absurdo desdoblamiento deuna palabra que, precisamente, sirve para ambos géneros:
Por la tarde,Irene Montero defendió el uso del “portavozas”alegando que “el lenguaje se usa como instrumento para perpetuar el machismo en las sociedades: lo que no se nombra suele no existir”.
Montero también alegó que la RAE contiene una definición machista de la palabra “fácil”, en un penoso intento de desacreditar a la Academia. Pero hay que decir que la RAE no se dedica a diseñar el significado de las palabras -eso es lo que intentan ingenieros sociales como los de Podemos-, sino que se limita a describir los usos existentes, aunque a veces sean peyorativos. Y precisamente por eso Podemos se lleva mal con la RAE: porque la Academia no se pliega a sus exigencias de manipular las palabras con fines ideológicos.
Un deliberado error gramatical con un propósito nada limpio
De hecho, lo de ayer no fue algo accidental. La propia Montero lo ha dejado claro: se siente oprimida por las palabras y quiere que las demás mujeres se sientan tan oprimidas como ella. Pero ¿y a qué viene esto? Pues a que Podemos defiende la ideología de género, cuyas creadoras -comunistas militantes comoSimone de Beauvoiro Shulamith Firestone-querían trasladar la tesis marxista de la lucha de clases a los sexos, pensando que ésa era la única forma de que triunfase su revolución en un Occidente donde la consolidación de una amplia clase media inmunizaba a la sociedad frente a los viejos discursos marxistas. El objetivo de aquellas ideólogas era que las mujeres se sintiesen oprimidas por los hombres, pero en una sociedad en la que la mujer goza de los mismos derechos legales que el varón, ese discurso es cada vez más difícil de sostener. Por eso salen con cosas comoel mito de la “brecha salarial”o los “micromachismos”, con los que intentan que las mujeres se sientan oprimidas por cualquier tontería,desde invitar a café a una chica a decirle que está guapa, pasando porque los niños jueguen a ser superhéroes, que los hombres se sienten con las piernas abiertasy también por el hecho de llamar “portavoz” a una mujer.
Te ofrecen una utopía a cambio de tu libertad: ¿qué puede salir mal?
Pero ¿y qué ganan estos tipos -y tipas- provocando enfrentamiento entre hombres y mujeres? Repasemos la historia del comunismo (pues Podemos es un partido fundado por comunistas): también dijeron que iban a “liberar” a los obreros instaurando una sociedad igualitaria y sin clases, y el precio a pagar era que el Estado lo controlase todo, y que una minoría de ideólogos tuviese todo el poder. El dramático resultado lo hemos visto estos últimos cien años: represión, dictaduras, miseria y muerte. La ideología de género es un nuevo intento de concentrar un poder político absoluto en unas pocas manos, prometiendo a cambio -como en 1917- una sociedad utópica e igualitaria, en la que las mujeres se verán liberadas de la brutal opresión a la que las sometemos los hombres haciendo cosas como invitarlas a tomar café y decirles que están guapas. Y el precio a pagar sería, una vez más, nuestra libertad, y en este punto no tenemos que imaginar futuros distópicos: hace años que nos someten a un señalamiento constante contra todo el que es acusado de “machista”. Ahí tenemosel caso del actor Arturo Valls, sometido a un linchamiento en la red por rechazar que los Premios Goya se conviertan en un mitin feminista. Es otro claro aviso a navegantes: el que se atreva a discrepar será machacado. Al final, esos vendedores de utopías siempre acaban igual: intentando “liberarnos” de nuestra libertad.
Una de ellas es Paola Pinar, una mujer de 23 años que ha enviado una carta abierta al Mundo Deportivo para mostrar su indignación.
Aquí la reproducimos completa:
“Nos quitan el trabajo, pero oye, lo hacen por nuestro bien. Este trabajo que ellos califican de machista y anticuado es un trabajo que a todas aquellas que lo realizamos nos gusta, lo hacemos porque queremos, porque nos divertimos, porque vivimos una experiencia desde dentro, y porque nos pagan bien incluso a veces muy bien. El problema no está en el trabajo, el problema está en vuestros cerebros, ahí se encuentra el verdadero machismo.
¿Os habéis planteado alguna vez la cantidad de trabajos de azafatas que hay? Seguramente no, seguramente si no estáis dentro de este mundo no sois capaces de ver cómo es este trabajo realmente y os creéis con el derecho de opinar sobre algo de lo que no tenéis ni idea.
Dentro de todos los trabajos de azafata, probablemente los circuitos sean uno de los mejores trabajos, ya que por mucho que seas imagen y reclamo, en el 99% de los casos la gente te trata con el mayor respeto, te cuidan, no te falta de nada… Todo esto cambia si trabajas de azafata para una marca de alcohol por la noche, en una discoteca llena de borrachos a las 3 de la mañana, en ocasiones sola. ¿Alguien se ha planteado prohibir ese trabajo?
Os invito a todos esos que criticáis y que apoyáis la decisión de eliminar a las ‘Grid Girls’ de Fórmula 1, que vayáis a cualquier promoción de noche, es más, me atrevería a decir que hasta alguno de vosotros, valientes y críticos feministas de día, cualquier noche con dos copas de más ha intimidado a alguna azafata cuando intentaba hacer su trabajo. Ahí sí que hay peligro, pero no por el trabajo en sí sino por la gente que te rodea mientras tú intentas trabajar. Pero claro, eso no es mediático, eso no sale en las noticias así que nadie habla.
Pero bueno no todo está en el trabajo, el machismo está en la calle, cada día, en cualquier lugar. Vas caminado y un tío te dice toda clase de “piropos” denigrantes, te pitan, paran la furgoneta y tú te callas y sigues andando mirando al frente. No se te ocurra parar, plantarles cara y mandarles a la mierda porque entonces te llaman puta y se largan acelerando.
Quizá deberíamos reeducar a las personas en vez de prohibir trabajos que en ningún caso denigran, humillan ni hacen de menos a las mujeres.
Os mando esto con todo el respeto, ya que he visto un artículo hablando sobre el tema, cuando nadie nos ha pedido la opinión. Esta es la otra cara del asunto. Nosotras estamos contentas con nuestro trabajo y no queremos dejar de hacerlo.”
One of them is Paola Pinar, a 23-year-old woman who has sent an open letter to Mundo Deportivo to show her outrage.
Here we reproduce it complete:
«They take away our work, but hey, they do it for our own good. This work that they describe as macho and old-fashioned is a job that we all enjoy doing, we do it because we want to, because we have fun, because we live an experience from within, and because they pay us well even sometimes very well. The problem is not in the work, the problem is in your brains, there is the real machismo.
Have you ever considered the amount of work of hostesses there? Surely not, surely if you are not in this world you are not able to see how this work really is and you believe you have the right to express your opinion about something you do not have a clue about.
Within all the works of stewardess, circuits are probably one of the best jobs, because no matter how much you are image and claim, in 99% of the cases people treat you with the greatest respect, they take care of you, you do not lack Nothing … All this changes if you work as a stewardess for a brand of alcohol at night, in a nightclub full of drunks at 3 in the morning, sometimes alone. Has anyone considered prohibiting this work?
I invite all those who criticize and support the decision to eliminate the ‘Grid Girls’ of Formula 1, go to any night promotion, what’s more, I would dare to say that even some of you, brave and feminist critics of day, any night with two more drinks has intimidated some stewardess when she tried to do her job. There is danger there, but not because of the work itself but because of the people around you while you try to work. But of course, that’s not media, that does not appear on the news, so nobody speaks.
But well, not everything is at work, machismo is on the street, every day, anywhere. You walk and an uncle tells you all kinds of denigrating «compliments», they whistle at you, stop the van and you shut up and keep walking looking straight ahead. Do not ever stop, stand up and send them to hell because then they call you a bitch and they run away accelerating.
Maybe we should reeducate people instead of banning jobs that in no way denigrate, humiliate or make women less.
I send this to you with all due respect, since I have seen an article speaking on the subject, when nobody has asked us the opinion. This is the other side of the matter. We are happy with our work and we do not want to stop doing it. «
El profesor Carlos Rodríguez Braun ha publicado en La Razón un texto, como todos los suyos, embriagador e inteligente. Trata del feminismo cutre y de las azafatas del Circuito de Jerez, que quieren eliminar los estalinistas de Podemos. A Stalin le encantaban las soviéticas vestidas de uniforme, y elegía a las altas, rubías y amables en los anocheceres para tenerlas a su servicio. Con las que daba gatillazo, las destinaba a Siberia para que aprendieran a comportarse con mayor calidad y calidez. Los grupos feministas que desean terminar con la presencia de las azafatas guapas del Circuito de Jerez, son de prestigio internacional. Marea Violeta de Jerez, Marea Violeta de Sanlúcar de Barrameda, Marea Joven y Colectivo Feminista de Jerez, Café Feminista de San Fernando y Equiláteras Asociación de Cádiz. Grupos de enorme prestigio. Al final, Carlos Rodríguez Braun formula una pregunta, porque aun estamos en situación de formular preguntas, y haciendo uso de su libertad, que aún la disfrutamos, se cuestiona: ¿Que piensan las azafatas de todo esto?
Coincide la memez de los llamados colectivos feministas de los aires vendimiadores, salineros y atlánticos, con la decisión adoptada por los organizadores de la Vuelta a España de suprimir los besos de las azafatas a los ciclistas triunfadores y prohibirles sus «poses» de modelos. Los acomplejados organizadores han hallado una solución para no ser agobiados por la obsesión sexual del feminismo activo, que no desea ningún espacio de igualdad entre los hombres y las mujeres, sino darle al rollo del sexo, del que algunas están faltas y escasamente cumplidas. Y para ello, para armonizar, van a contratar azafatos. Es decir, que hay explotación sexual con las azafatas y no con los azafatos. De esas cosas se ocupan.
El durísimo deporte del ciclismo, que se endurece aún mas en las grandes vueltas, -Giro, Tour y Vuelta-, merece todo mi respeto, pero no me llena. Decía Antonio Mingote de su amigo Luis García Berlanga: -¿Como un tipo tan inteligente puede pasarse horas siguiendo una etapa que casi siempre gana el mismo ciclista?-. Se refería a las de alta montaña en el Tour en tiempos del gran Miguel Indurain. El anticiclismo de Mingote se resumía en un dibujo fabuloso. Tres afanosos, con la lengua fuera, ascendían por un puerto de categoría especial. Entre ellos, con una bicicleta de anchos neumáticos y un cajón acoplado entre los manillares, pedaleaba un vendedor de helados. Y el vendedor de helados les decía a los ciclistas, -Voy al pelotón de cabeza, que me han pedido unos helados, y ahora vuelvo con vosotros-.
No hay nada sexual en la costumbre de las azafatas. Los ciclistas que suben al podio llegan agotados. No se fijarían ni en una ardilla. Una ardilla, por otra parte, poco agraciada según el baremo de belleza de las ardillas. Esas azafatas altas, guapas y refrescantes, forman parte de la estética del ciclismo. Resulta curiosa la tirria que sienten las feministas por las mujeres jóvenes, atractivas y deslumbrantes. Es comprensible la tirria, pero no la obsesión por aniquilar su trabajo. Las azafatas del ciclismo, del motorismo, del automovilismo y de los Congresos y Eventos múltiples y diversos, son guapas porque iluminan la vulgaridad. Si un Congreso de fabricante de gafas, de ópticos, es servido e informado por un grupo de azafatas feas, gordas, malhumoradas con la vida, y con las mareas violetas fluyendo por los axilámenes, al siguiente congreso no hay óptico que se apunte. Esas azafatas que han cometido el delito social de nacer guapas, viven de ser guapas, y tienen todo el derecho para hacerlo. España está perdiendo la libertad, el tesoro más importante del ser humano. Y todo es consecuencia de la envidia. El feminismo no tendría que sufrir porque unas mujeres se ganen la vida entregando un ramo de flores y besando los papos de un ciclista sudado que termina de subir y bajar cuatro puertos de alta montaña. El feminismo sufre por otros motivos, muy compresibles, por otra parte.
Con azafatos en lugar de azafatas, va a ver el ciclismo su tía. No porque tenga importancia el cambio de sexo en los que entregan el ramo de flores, sino por el sometimiento y el miedo que algunos tienen a quienes se mueven, casi exclusivamente, por el rencor y la envidia, para terminar con las costumbres y sustituirlas por sus complejos.
Son, sencillamente, unas pesadas.
Professor Carlos Rodríguez Braun has published in La Razón a text, like all his, intoxicating and intelligent. It deals with the seedy feminism and the hostesses of the Circuito de Jerez, who want to eliminate the Stalinists from Podemos. Stalin loved the Soviets dressed in uniform, and chose the tall, blond and friendly at dusk to have them at his service. With those that gave a trigger, he sent them to Siberia so that they learned to behave with greater quality and warmth. Feminist groups who wish to end the presence of the beautiful hostesses of the Circuito de Jerez, are of international prestige. Marea Violeta de Jerez, Marea Violeta de Sanlúcar de Barrameda, Marea Joven and Colectivo Feminista de Jerez, Café Feminista de San Fernando and Equiláteras Association of Cádiz. Groups of enormous prestige. In the end, Carlos Rodríguez Braun asks a question, because we are still in a position to ask questions, and making use of his freedom, which we still enjoy, is questioned: What do stewardesses think of all this?
The stupid thing of the so-called feminist collectives of the vineyards, salineros and atlantic airs, coincides with the decision taken by the organizers of the Vuelta a España to suppress the kisses of the stewardesses to the successful cyclists and to prohibit their «poses» of models. The organized organizers have found a solution not to be overwhelmed by the sexual obsession of active feminism, who does not want any space of equality between men and women, but to give to the roll of sex, of which some are lacking and scarcely fulfilled. And to do this, to harmonize, they will hire stewardesses. That is, there is sexual exploitation with the hostesses and not with the hostesses. Those things are taken care of.
The hard sport of cycling, which harden even more in the big laps, -Giro, Tour and Vuelta-, deserves all my respect, but it does not fill me. Antonio Mingote said of his friend Luis Garcia Berlanga: – How such a smart guy can spend hours following a stage that almost always wins the same cyclist? He referred to the high mountains on the Tour in the time of the great Miguel Indurain. Mingote’s anticiclismo was summed up in a fabulous drawing. Three anxious, with their tongues outside, they ascended by a port of special category. Between them, with a bicycle of wide tires and a drawer coupled between the handlebars, pedaled an ice cream vendor. And the ice-cream vendor was saying to the cyclists, «I’m going to the peloton of the head, they asked me for some ice cream, and now I’m coming back with you.»
There is nothing sexual in the custom of the stewardesses. The riders on the podium are exhausted. They would not even notice a squirrel. A squirrel, on the other hand, ungracious according to the beauty scale of the squirrels. These high stewards, beautiful and refreshing, are part of the aesthetics of cycling. It is curious how the feminists feel for the young women, attractive and dazzling. It is understandable the tirria, but not the obsession to annihilate his work. The hostesses of cycling, motorcycling, motorsport and multiple and diverse congresses and events are beautiful because they illuminate vulgarity. If a congress of optical glasses manufacturer is served and informed by a group of ugly, fat, ill-tempered stewardesses with life, and with the violet tides flowing through the axils, at the next congress there is no optic to be pointed. Those stewardesses who have committed the social crime of being born beautiful, live to be beautiful, and have every right to do so. Spain is losing freedom, the most important treasure of the human being. And all is a consequence of envy. Feminism would not have to suffer because some women make a living by delivering a bouquet of flowers and kissing the sweating of a sweaty cyclist who finishes raising and lowering four high mountain passes. Feminism suffers for other reasons, very compressible, on the other hand.
With stewardesses rather than stewardesses, she will see her aunt cycling. Not because it is important to change the sex in those who deliver the bouquet, but because of the submission and fear that some have to those who move, almost exclusively, by resentment and envy, to end the customs and replace them with Their complexes.
España se ha convertido en el lugar donde los matones de la ultraizquierda campan a sus anchas
El Estado ha dimitido de aquello que lo justifica: el mantenimiento del orden público. Estamos en plena ley de la selva, donde los matones imponen sus reglas. Un paso seguro hacia el conflicto civil violento. No es la primera vez que ocurre: una combinación de matones sectarios y de cobardes nos mete en una espiral que acaba siempre en violencia desatada. Y luego dirán aquello de que ellos no lo veían venir o aquello del “No es eso, no es eso”.
“Grupos feministas y del entorno del Podemos han logrado reventar a base de gritos, amenazas e insultos el debate sobre ideología de género que habían organizado las asociaciaciones Despierta y Voceando por ti Sevilla en la Universidad de de la capital andaluza.
(…)
Según ha sabido este periódico por testigos presenciales también se han coreado lemas como “sacad los rosarios de nuestros ovarios” y “fuera machistas de la universidad“. Del mismo modo, dada la afiliación política de una de las intervinientes, Alicia Rubio, se han oído amenazas tales como “Vox, fascistas, estáis en nuestra lista”.
Los organizadores del acto se han visto obligados al suspenderlo tras comprobar que los gritos y el sonido de bocinas no iba a cesar, ni siquiera en el momento en el que se ha pedido que se guardara un minuto de silencio por las víctimas de la violencia machista.
Según han relatado a Actuall los mismos testigos, el gerente de la Universidad de Sevilla, Juan Ignacio Ferraro, ha negado el paso a las patrullas de Policía que se han desplazado hasta las puertas del recinto universitario al ser avisados de los violentos incidentes.
La Asociación Despierta, envió minutos antes de la celebración del acto, un comunicado en el que recordaba, sobre la polémica suscitada por la mesa redonda que el acto “es un debate al que han sido invitadas personas con muy diferentes opiniones”.
Al mismo tiempo, los convocantes señalaban como “intolerable la imposición de un pensamiento único y el intento de prohibición del debate público sobre temas controvertidos en nuestra sociedad”.
Tal y como adelantó ayer Actuall, Podemos consiguió a través de presiones previas a la celebración del acto que dos de los ponentes que iban a participar no acudieran al acto: Myriam Díaz, concejal del PSOE y Javier Moyano, concejal de Ciudadanos.
A pesar de que había confirmado en un principio su asistencia, finalmente tampoco asistió el concejal del PP José Luis García, por lo que el boicot lo sufrieron los representantes de la asociaciones convocantes y Alicia Rubio, autora del libro Cuando nos prohibieron ser mujeres… queno es la primera vez que sufre un escrache en las últimas semanas.”
Hace un año de las agresiones sexuales multitudinarias que ocurrieron en Colonia y en otras ciudades alemanas por obra de inmigrantes y «refugiados» musulmanes durante los festejos de la Nochevieja. Se denunciaron más de mil violaciones y abusos sexuales de todo tipo contra mujeres alemanas durante esa noche.
Este brutal episodio, inédito en Europa por su carácter masivo (e impune, ya que apenas unas decenas de personas fueron detenidas por estos hechos), trae a la memoria hechos similares ocurridos en ese país en el fragor de una lucha apocalíptica en los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial.
Estos ataques sexuales contra mujeres han puesto una vez más de relieve las contradicciones que socavan y desacreditan el movimiento feminista, y más allá de él a todos los supuestos humanistas antirracistas, siempre dispuestos a denunciar la xenofobia, el racismo y la islamofobia, siempre con la intención de avanzar en su agenda de acoso y derribo de la sociedad occidental.
El estatus de la mujer en Occidente impone a todos los ciudadanos europeos un deber de solidaridad con las mujeres que padecen en todo el mundo la opresión y la violencia por motivos religiosos que se basan y se confunden a menudo con culturas rancias y costumbres medievales. Cuando esa cultura religiosa/patriarcal/anti-mujeres pretende imponerse en nuestros países, debemos estar vigilantes y oponernos firmemente a todo intento de socavar los derechos y libertades que tan duramente hemos ganado las mujeres europeas en siglos de luchas y sacrificios.
La igualdad entre las mujeres y los hombres es una conquista fundamental de nuestra civilización. Sin esa igualdad, nuestro mundo no sería el mismo, nuestra especificidad dejaría de ser una realidad. El reconocido papel que tenemos las mujeres en nuestra sociedad es un logro de una importancia capital, que define, incluso por encima de otras diferencias con otras culturas, el carácter único de nuestra civilización.
Las feministas han errado el camino. Durante años han minimizado el avance del islam e ignorado su influencia negativa sobre los derechos de las mujeres. Para estas feministas sectarias y cegadas por su particular ideología, el opresor de la mujer no podía ser más que el hombre blanco, heterosexual, necesariamente racista, obviamente fascista, heredero del colonialismo, del comercio de esclavos, de la Inquisición, culpable de todo, hasta de la desaparición de los dinosaurios. Criticar la cultura islámica, que esclaviza a la mujer hasta en los más mínimos detalles de su existencia, convierte a cualquier ciudadano en un horrible nazi, un islamófobo, un racista, un servidor de Satán…
Hoy las feministas, así como toda la fauna progresista, se enfrenta a la realidad, sin que eso signifique que se sometan a ella. Todas las víctimas de Colonia describieron el mismo escenario: fueron rodeadas por grupos de hombres «de aspecto árabe o magrebí». Éstos se abalanzaban sobre ellas como si fueran fieras de presa, como animales en celo, como depredadores sin escrúpulos, como criminales en acción. Entre los pocos detenidos esa noche y en los días siguientes había una mayoría de «refugiados» sirios e iraquíes de la última ola recién llegada a Alemania, pero también argelinos y marroquíes, que obviamente no podían pretender estar huyendo de ninguna guerra.
En esas fechas y posteriormente, se oyeron voces «autorizadas» negando primero y disculpando después esas odiosas y brutales agresiones sexuales. El menos desafortunado de ellos nos recordó que para estos hombres que han nacido y crecido en una sociedad musulmana de valores arcaicos, el manosear a las mujeres no es motivo de reproche, el tratarnos como trozos de carne es un hecho aceptable: somos seres inferiores, no debemos esperar otra cosa, no merecemos respecto, no tenemos derechos. Para ellos una mujer que sale de noche no puede ser más que una prostituta -así que imaginen lo que podría ser yo misma que practico el nudismo usualmente-. Habría que añadir que la miseria sexual inherente a amplios sectores de cualquier sociedad regida por el islam no puede producir más que esta clase de desequilibrados y obsesos peligrosos. Otras voces han llegado a decir que es mejor que las mujeres europeas seamos violadas por «refugiados» que por nuestros compatriotas. Asistimos a una degradación de la moral y las costumbres sin precedentes, ante la justificación permanente de crímenes y aberraciones, siempre y cuando éstos sean cometidos por determinadas categorías humanas, inocentes por sistema y a perpetuidad.
Las sociedades patriarcales de valores medievales de donde provienen estos inmigrantes y «refugiados» son señalados como la fuente de estas agresiones. La denuncia del carácter oscurantista de esa cultura se convierte en una especie de subterfugio para no tener que llamar a las cosas por su verdadero nombre y señalar a la cultura islámica, que se expresa por boca de esas numerosas organizaciones del islam político que han echado raíces en nuestras sociedades, absurdamente acogedoras con todo aquello que las combaten y buscan destruir desde adentro, con las facilidades que sus propios anfitriones ponen a su disposición.
Ya patrullan en algunos barrios de ciudades europeas grupos de hombres encargados de vigilar las «buenas costumbres» de las mujeres, que obviamente no podemos ir vestidas de manera «indecorosa», ni entrar a tomar un café en un bar, ni siquiera caminar solas por las calles sin un acompañante masculino. El sistema que rige en Arabia Saudí y en otras comarcas de similar género ya ha puesto el pie en nuestros países.
Ese puritanismo extremo es otra cara de la locura islamista. Para estos fanáticos es la excusa para ejercer su violencia contra las mujeres. Nuestros progresistas en general y nuestras feministas en particular, siempre tan vociferantes contra el «macho blanco heteropatriarcal opresor», en esta ocasión guardan un silenciocómplice y culpable que sólo favorece el avance de esta intolerancia y oscurantismo medieval que están haciendo retroceder la condición de la mujer al siglo VII de La Meca y Medina.
Las feministas, para no cambiar de costumbre, se han vuelto a equivocar al transformar a los culpables en víctimas y viceversa. Lo vemos continuamente con ocasión de las violaciones que se cometen a diario por parte de agresores musulmanes, un fenómeno masivo que les deja indiferentes y que se las ingenian para invertir sistemáticamente los roles y las culpas. Para ellas, es necesario callar sobre estos hechos y tratar de tergiversar todo lo posible acerca de la identidad de los agresores y sobre los motivos de tanto desprecio y violencia contra las mujeres. Los agresores son inmigrantes y «refugiados», y esa circunstancia ya los exculpa de todo crimen, así sean violaciones o asesinatos. La culpa siempre será, de alguna manera, del hombre blanco, culpable por definición. Esa inversión perversa de los roles define a la perfección la impostura del discurso feminista y la desfachatez de quienes llegan al extremo de transformar a los culpables en víctimas y despreciar a las víctimas con un cinismo inaudito.
Ya son miles las agresiones sexuales de todo tipo cometidas contra mujeres de toda edad y condición en muchos países de Europa en los últimos meses. Europa se está convirtiendo en un lugar cada vez menos seguro para nosotras. Las feministas callan: la realidad contraría su discurso, sus objetivos y sobre todo su enfermiza ideología que las ha llevado a esa insólita y perversa alianza con el islam expansionista y conquistador.
A este callejón sin salida nos han llevado los desvaríos de estas feministas. Estas militantes izquierdistas, campeonas del relativismo cultural, han traicionado los valores de su propia sociedad y la causa que dicen defender. La causa de la mujer no tiene en las feministas únicamente a unas pésimas abogadas, sino a unas auténticas enemigas. Tarde o temprano, el islam político tendrá que ser puesto en el lugar que le corresponde, y sus colaboradores también. El feminismo degenerado de todas estas personas y organizaciones que se han puesto al servicio de la empresa de la destrucción de nuestros derechos y libertades, tendrá que responder algún día de su condescendencia y complicidad con la invasión islámica que padecemos.
ENGLISH
A year ago of the mass sexual assaults that occurred in Cologne and other German cities by Muslim immigrants and «refugees» during New Year’s Eve celebrations. More than one thousand rapes and sexual abuses of all kinds were reported against German women during that night.
This brutal episode, unheard of in Europe for its massive character (and unpunished, as only a few dozen people were arrested by these events), brings to mind similar events that occurred in that country in the heat of an apocalyptic struggle in recent months Of World War II.
These sexual attacks on women have once again highlighted the contradictions that undermine and discredit the feminist movement, and beyond it all supposed anti-racist humanists, always willing to denounce xenophobia, racism and Islamophobia, always with the Intention to advance in its agenda of harassment and demolition of the western society.
The status of women in the West imposes on all European citizens a duty of solidarity with women throughout the world suffering oppression and violence on religious grounds which are often based on, and often confused with, rancid cultures and medieval customs. When this religious / patriarchal / anti-women culture seeks to prevail in our countries, we must be vigilant and firmly oppose any attempt to undermine the rights and freedoms that so hard have been won by European women in centuries of struggle and sacrifice.
Equality between women and men is a fundamental achievement of our civilization. Without that equality, our world would not be the same, our specificity would cease to be a reality. The recognized role of women in our society is an achievement of paramount importance, which defines, beyond other differences with other cultures, the unique character of our civilization.
Feminists have gone the wrong way. For years they have minimized the advance of Islam and ignored its negative influence on women’s rights. For these sectarian feminists and blinded by their particular ideology, the woman’s oppressor could not be more than the white, heterosexual, necessarily racist, obviously fascist, heir to colonialism, the slave trade, the Inquisition, guilty of everything, Even of the disappearance of the dinosaurs. Criticizing the Islamic culture, which enslaves women even to the smallest details of their existence, turns any citizen into a horrible Nazi, an Islamophobe, a racist, a servant of Satan ..
Today, feminists, as well as all the progressive fauna, face reality, without that means that they submit to it. All the victims of Cologne described the same scenario: they were surrounded by groups of men «of Arab aspect or Maghreb». They rushed upon them as if they were beasts of prey, like animals in heat, as unscrupulous predators, as criminals in action. Among the few people detained that night and in the following days were a majority of Syrian and Iraqi «refugees» from the last wave recently arrived in Germany, but also Algerians and Moroccans, who obviously could not pretend to be fleeing any war.
At that time and later, «authorized» voices were heard, denying first and then excusing those hateful and brutal sexual aggressions. The less unfortunate of them reminded us that for these men who have been born and raised in a Muslim society of archaic values, to manipulate women is not a reason for reproach, treating us like pieces of meat is an acceptable fact: we are inferior beings, We must not expect anything else, we do not deserve respect, we have no rights. For them, a woman who goes out at night can not be more than a prostitute – so imagine what I could be myself that I practice nudism usually. It should be added that the sexual misery inherent in large sectors of any society governed by Islam can only produce this kind of unbalanced and dangerous obsessions. Other voices have come to say that it is better for European women to be raped by «refugees» than by our compatriots. We are witnessing an unprecedented degradation of morals and customs, given the permanent justification of crimes and aberrations, as long as they are committed by certain human categories, innocent by system and perpetuity.
The patriarchal societies of medieval values from which these immigrants and «refugees» come are identified as the source of these aggressions. The denunciation of the obscurantist character of that culture becomes a kind of subterfuge so as not to have to call things by their real name and to point out to the Islamic culture, that is expressed by mouth of those numerous organizations of the political Islam that have taken root In our societies, absurdly cozy with everything that they fight against and seek to destroy from within, with the facilities that their own hosts put at their disposal.
There are already patrols in some European city neighborhoods groups of men in charge of monitoring the «good manners» of women, who obviously can not dress in an «unseemly» way, or enter a café in a bar, or even walk alone for The streets without a male companion. The system that governs Saudi Arabia and other similar districts has already set foot in our countries.
That extreme Puritanism is another face of Islamist insanity. For these fanatics is the excuse to exercise their violence against women. Our progressives in general and our feminists in particular, always so vociferous against the «heteropatriarchal white male oppressor», on this occasion are an accomplice and guilty silence that only favors the advance of this medieval intolerance and obscurantism that are pushing back the condition of the Woman to the 7th century of Mecca and Medina.
Feminists, in order not to change their habits, have been mistaken again in transforming the guilty into victims and vice versa. We see it continually on the occasion of the daily violations committed by Muslim aggressors, a massive phenomenon that leaves them indifferent and that they manage to systematically reverse roles and guilts. For them, it is necessary to keep silent about these facts and try to misrepresent everything possible about the identity of the aggressors and the reasons for so much contempt and violence against women. The aggressors are immigrants and «refugees», and that circumstance already exculpates them from all crime, whether they are rapes or murders. The guilt will always be, in some way, the white man, guilty by definition. This perverse investment of roles perfectly defines the imposture of feminist discourse and the cheekiness of those who go so far as to turn the guilty into victims and to despise the victims with unheard-of cynicism.
There are already thousands of sexual assaults of all kinds committed against women of all ages and conditions in many European countries in recent months. Europe is becoming an increasingly safe place for us. Feminists are silent: reality contradicts their discourse, their goals and above all their sickly ideology that has led them to that unusual and perverse alliance with expansionist and conquering Islam.
This impasse has led us to the ravings of these feminists. These militant leftists, champions of cultural relativism, have betrayed the values of their own society and the cause they claim to defend. The cause of the woman does not have in the feminists only to a poor lawyers, but to a true enemy. Sooner or later, political Islam will have to be put in its proper place, and its collaborators as well. The degenerate feminism of all these people and organizations that have put themselves at the service of the company of the destruction of our rights and freedoms, will have to respond someday of its condescension and complicity with the Islamic invasion that we suffer.
Según Leonor Tamayo. Presidente de Profesionales por la ética: La ideología de género es un «constructo doctrinal» sin base científica cuyos postulados se han implantado por vía del engaño y la imposición totalitaria en diversos ámbitos de nuestra sociedad alterando valores y comportamientos. Que es una máquina de hacer dinero y lograr poder. Que supone una vulneración “legal” de derechos humanos fundamentales y la intromisión en las aulas de los menores mediante legislaciones inadmisibles.
Parece duro, pues este esta ideología, supone para los colectivos de mujeres organizadas sindicalmente, una actitud permanente en busca de una mayor preponderancia en una sociedad , hasta hace poco profundamente «machista», que busca sobre todo desde la izquierda adquirir protagonismo , derechos especiales y gabelas sobre el género masculino, lo que consigue especialmente en los medios de difusión, y en la legislación, que se endurece a la hora de castigar la llamada violencia de género, es decir cuando el hombre ataca a la mujer, ya sea leve ya sea gravemente. Es de justicia que ambos géneros sean iguales no solo ante la ley, sino también ante la sociedad, pero no es así, bien al contrario, el género masculino, no tiene quien le defienda, por ese mero hecho, lo que degenera en más violencia, por el sentimiento de trato inferior que tienen ante los tribunales, cuando se enfrentan con la pareja, en temas tales como la pensión o la patria potestad sobre los hijos.
Para un psicólogo, la explicación es muy profunda, pues proviene nada menos que de los instintos, que según Sigmund Freud son: los de vida, el sexual y el de conservación de la especie y los de muerte, es decir la agresión. Ambos se realizan en una conducta (behaviorismo) construida a partir de las actitudes, que transformadas en hábitos, definen las decisiones que constantemente hay que tomar para vivir, Naturalmente hasta el S. XX la agresión se reservaba al hombre, especialmente en las guerras y en toda conducta que implicara agresión, policía o milicia, en tanto la mujer se reservaba para las labores más pasivas.
La Filosofías nacidas en la Modernidad, especialmente la marxista, no solo han cambiado los «roles» que anteriormente se jugaban, sino que están revelando una tendencia cada vez mayor a la neutralidad, razón por la que la bisexualidad o la homosexualidad que pertenece a los instintos de vida, ha perdido su objetivo de conservación de la especie, limitándolo exclusivamente al sexual.
La Religiones, en la Historia, se han basado asimismo en el mantenimiento de un sistema, básicamente la familia, que aseguraba el mantenimiento de la población, su crecimiento y el aprovisionamiento de bienes materiales con los que sobrevivir. Hoy, quizás la Humanidad está creciendo en exceso. Se proyecta que la población mundial llegará a 11 200 millones en 2100, es evidente que la organización social del género humano, hábitat urbano, riqueza coyuntural, sobre todo de Occidente, intente frenar a un crecimiento que es una auténtica epidemia, ¿Como lo hace? Pues una de las formas es la igualación de los géneros, aunque la pregunta que cabe formularse, ¿esta igualación se produce de una forma justa?, o por el contrario lo hace por la búsqueda del predominio, aunque sea temporal del género femenino sobre el masculino. Esa actitud, es una actitud política que no tiene justificación, por lo que habrá que preguntarse si puede ocurrir una actitud de signo contrario en el hombre que genere conflicto, es decir más violencia.
Parece ser que las elecciones USA, el candidato Trump, ha apelado a esta motivación de lo que se ha dado en llamar, el voto «blanquito» de los hombres, a los que ha recordado que han dejado de jugar un papel principal en la sociedad y que él, está dispuesto a devolverles ese protagonismo que perdieron, incluyendo al voto femenino, no feminista que prefiere el «rol» que anteriormente jugaron. Evidentemente, pues en los USA la Ideología de Género se ha identificado con una actitud política.
En España, es el feminismo militante y sindicado, el que ha impulsado la ideología de genero, y el que ha distinguido en el asesinato de mujeres, si es o no violencia de género, lo que no ha dejado de sorprenderme, incluyendo la estadística que se lleva de las mismas, que provoca una gran alharaca en los medios de comunicación.
No creo personalmente, que deba darse una educación distinta según el género, pero sí creo que en aras de la libertad, lo que no podemos es oponernos, a que de acuerdo con su filosofía de vida o de religión, cada uno haga lo que quiera, sin que se ataque ominosamente su forma de hacer.
Menos aún, creo que el sexo, deba intervenir como «lobby» en la política, y bien que lo hacen los colectivos organizados en torno a su especial sexualidad, dentro de una actitud política que al fin y al cabo les proporciona poder y dinero, además de preponderancia social, y con la ideología de género como una de sus banderas. De cualquier forma defiendo también el derecho de las feministas a manifestarse en libertad y a conquistar las posiciones de igualdad que las Instituciones o la Sociedad le nieguen, que sea con una actitud política, pues de acuerdo, pero siendo conscientes de que lo es sin más. Ojala fuéramos más iguales, pero la desigualdad es en el fondo un derecho a ser diversos para los humanos, alejándonos del mundo de Orwell y de la confusión del individuo dentro de la masa. Esa es la verdadera libertad, igualdad de oportunidades sí, pero a continuación el esfuerzo, es el que debe premiar la consecución o no de los objetivos, materiales o intelectuales de cada ser humano en lo que debería ser el Cosmos y no el Caos de la existencia humana.
BERNARDO RABASSA ASENJO. PRESIDENTE DE CLUBS Y FUNDACIONES LIBERALES. MIEMBRO ASOCIADO DE ALIANZA LIBERAL EUROPEA (ALDE), PREMIO 1812. PREMIO CIUDADANO EUROPEO 2013. MEDALLA AL MÉRITO CULTURAL 2015, PSICOLOGO SOCIAL
ENGLISH
According to Leonor Tamayo. President of Professionals for Ethics: Gender ideology is a «construct doctrinal» without a scientific basis whose postulates have been implemented through deception and totalitarian imposition in various areas of our society altering values and behaviors. That is a machine to make money and achieve power. That involves a «legal» violation of fundamental human rights and intrusion into the classrooms of minors through inadmissible legislation.
It seems hard, because this ideology, supposes for the groups of women organized union, a permanent attitude in search of a greater preponderance in a society, until recently deeply «macho», that looks for everything from the left to acquire protagonism, special rights And gabelas on the masculine gender, which gets especially in the media, and in the legislation, that hardens when it comes to punishing the so-called gender violence, that is to say when the man attacks the woman, either light and Be seriously. It is fair that both genders are equal not only before the law, but also before society, but it is not so, on the contrary, the male gender, there is no one who defends, by that mere fact, what degenerates into more violence , Because of the feeling of inferior treatment that they have before the courts, when faced with the couple, in subjects such as the pension or parental authority over the children.
For a psychologist, the explanation is very profound, because it comes from nothing less than the instincts, which according to Sigmund Freud are: those of life, sexual and conservation of the species and death, ie aggression. Both are carried out in a behavior (behaviorism) built from the attitudes, which transformed into habits, define the decisions that must constantly be taken to live. Naturally until the XX century, aggression was reserved for man, especially in wars and In any conduct involving aggression, police or militia, while the woman reserved for the most passive tasks.
Philosophies born in Modernity, especially the Marxist, have not only changed the «roles» that were previously played but are revealing a growing tendency to neutrality, which is why bisexuality or homosexuality belonging to the Instincts of life, has lost its goal of conservation of the species, limiting it exclusively to the sexual.
Religions, in history, have also been based on the maintenance of a system, basically the family, which ensured the maintenance of the population, its growth and the supply of material goods with which to survive. Today, perhaps Humanity is growing in excess. It is projected that the world population will reach 11.2 billion by 2100, it is clear that the social organization of the human race, urban habitat, economic wealth, especially the West, try to stop a growth that is a real epidemic, as it does ? For one of the forms is the equalization of the genres, although the question that can be formulated, is this equation produced in a fair way ?, or on the contrary does it by the search for the predominance, even if it is temporal of the feminine gender on the male. That attitude is a political attitude that has no justification, so we have to ask if there can be an opposite attitude in the man who generates conflict, that is, more violence.
It seems that the US election, the candidate Trump, has appealed to this motivation of what has been called, the «white» vote of men, who has recalled that they no longer play a major role in society And that he is willing to give back to them that protagonism they lost, including the feminine, non-feminist vote that prefers the «role» they previously played. Obviously, because in the USA the Gender Ideology has been identified with a political attitude.
In Spain, feminism is militant and syndicated, which has promoted the ideology of gender, and which has distinguished in the murder of women, whether or not gender violence, which has not ceased to amaze me, including statistics that Is carried away from them, which causes a great stir in the media.
I do not personally believe, that a different education should be given according to gender, but I do believe that for the sake of freedom, what we can not oppose, that according to their philosophy of life or religion, everyone do whatever they want , Without ominously attacking his way of doing.
Even less, I believe that sex should intervene as a «lobby» in politics, and well that the groups organized around their special sexuality, within a political attitude that ultimately gives them power and money, Besides social preponderance, and with the ideology of gender as one of its flags. In any case, I also defend the right of feminists to express themselves in freedom and to conquer the positions of equality that the Institutions or the Society deny to her, let it be with a political attitude, of course, but being aware that it is just. I wish we were more equal, but inequality is at bottom a right to be different for humans, away from the world of Orwell and the confusion of the individual within the mass. That is true freedom, equality of opportunity, but then the effort must reward the achievement or not of the objectives, material or intellectual of each human being in what should be the Cosmos and not the Chaos of the Human existence.
BERNARDO RABASSA ASENJO. PRESIDENT OF CLUBS AND LIBERAL FOUNDATIONS. ASSOCIATE MEMBER OF THE EUROPEAN LIBERAL ALLIANCE (ALDE), PRIZE 1812. EUROPEAN CITIZEN AWARD 2013. MEDAL FOR CULTURAL MERIT 2015, SOCIAL PSYCHOLOGIST
Lo malo de los sistemas totalitarios es que ni los jueces se libran. Y entonces no hay seguridad jurídica, ni presunción de inocencia… Y si eres acusado date por condenado.
Ser juez en la China de Mao o en la Venezuela de Maduro es como un círculo cuadrado. Porque careces de independencia, eres un mero tornillo del engranaje: prácticamente un mandado del Capo.
Salvando las distancias algo análogo ocurre en regímenes democráticos de Occidente con ese totalitarismo disfrazado de libertad que es la Ideología de Género y el feminismo radical.
¿Como se puede hablar de independencia judicial si una ley como la española de Violencia de Género asume que la violencia es consustancial al hombre y es preciso corregir esa tendencia?
¿Como se puede hablar de justicia si a la sombra de la ley de Violencia de Género ha crecido un negociete de denuncias falsas de las que se benefician asociaciones feministas? Actuall ha sido, por cierto, uno de los pocos medios de comunicación que lo ha investigado publicando, por ejemplo, que más del 87% de las denuncias por violencia de género no acaban en condena.Eso sí, la interposición de la mera denuncia por malos tratos, por parte de la mujer, provoca la detención del varón, la expulsión del domicilio familiar o la imposibilidad de la custodia compartida.
Y si a un juez se le ocurre cumplir con su deber y actuar con independencia frente al lobby ya se puede dar por perdido. Es lo que le ocurrió a Francisco Serrano, que lleva años en el punto de mira de las feministas radicales.
Tomó una decisión que le colocó en el disparadero de los defensores de lo políticamente correcto y la imposición de la ideología de género: alargar el permiso de paternidad de un niño durante día y medio para que acudiera a una procesión.
Se le acusó de un delito de prevaricación dolosa y el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía le condenó a dos años de inhabilitación.
Convencido de su inocencia, Serrano recurrió al Supremo, que no se quedó en ratificar la condena, sino que amplió la inhabilitación a diez años.
El Tribunal Constitucional admitió el recurso de amparo, anuló la sentencia del Supremo, pero mantuvo la condena de la Audiencia Provincial de Sevilla. El juez Serrano está ahora a la espera de nuevo destino.