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Los españoles se juegan el 10-N la mayor subida de impuestos de la historia. / The Spaniards play 10-N the biggest tax increase in history

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Pablo Iglesias, Pedro Sánchez e Íñigo Errejón | Cordon Press

España no sólo se juega la formación de un Gobierno en las elecciones del próximo 10 de noviembre (10-N), sino la aprobación de la mayor subida de impuestos de la historia reciente, a la vista de la larga lista de incrementos tributarios que incluyen los partidos de izquierda en sus respectivos programas.

Así, en caso de que el PSOE obtenga el respaldo suficiente en las urnas para alcanzar algún tipo de acuerdo con Podemos y Más País, todas las promesas de gasto que han anunciado durante la campaña se acabarán traduciendo, de una u otra forma, en un histórico palo tributario, cuyo impacto, aunque no ha sido estimado en los programas, superará de lejos la subida de 5.000 millones de euros que aprobó el anterior Ejecutivo de Mariano Rajoy nada más llegar al poder, a finales de 2011.

Y es que, a las medidas impositivas que ya han barajado en diversas ocasiones Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, se suman ahora las que plantea Íñigo Errejón a través de su nueva formación, dando como resultado una nutrida retahíla de incrementos fiscales. Entre las medidas presentadas en los pasados comicios de abril, que todavía persisten, y las nuevas de cara a noviembre, destacan las siguientes:

  • Subida mínima de dos puntos en los tipos del IRPF para rentas superiores a 130.000 euros y de cuatro puntos para los de más de 300.000 euros.
  • Subida mínima de cuatro puntos en el IRPF para las rentas del ahorro superiores a 140.000 euros, pasando del 23% al 27%.
  • Aplicación de un tipo efectivo mínimo del 15% en el Impuesto de Sociedades para grandes corporaciones, que subiría al 18% en el caso de los bancos y empresas de hidrocarburos.
  • Recorte de las deducciones en el Impuesto de Sociedades.
  • Aplicar un tipo agravado en el Impuesto de Sociedades a las empresas «contaminantes».
  • Incremento de las cotizaciones a través de una nueva subida del salario mínimo interprofesional.
  • Disparar los costes laborales mediante la fijación de una semana laboral de 4 días (32 horas semanales) sin reducción salarial.
  • Aumento de las cotizaciones que pagan los autónomos bajo la excusa de adecuar dicha contribución a sus ingresos reales. El 80% de los autónomos cotiza por la base mínima, de modo que la mayoría pasaría a cotizar más para poder trabajar.
  • Destopar las cotizaciones sociales a los sueldos de más de 45.000 euros brutos anuales, lo cual supondría un pago medio de 2.200 euros al año por trabajador, aumentando, además, el coste laboral para, al menos, dos millones de asalariados.
  • Aumentar la fiscalidad del diésel con el fin de equiparar su precio al de la gasolina, perjudicando con ello a la mitad de los conductores.
  • Armonización fiscal a nivel autonómico, lo cual se traduciría en la reintroducción del Impuesto de Patrimonio en todo el territorio nacional, a partir de un mínimo exento por primera vivienda de 400.000 euros, y en una subida del Impuesto de Sucesiones y Donaciones en las regiones que lo han eliminado o reducido de forma sustancial.
  • Elevar el IVA a los alimentos ultraprocesados o ricos en grasas y azúcares.
  • Creación de la tasa Google a empresas tecnológicas.
  • Creación de la tasa Tobin a transacciones financieras.
  • Endurecer el régimen de las Sicav para elevar su tributación.
  • Endurecer el régimen de las Socimi (empresas de inversión colectiva en inmuebles en alquiler) para que, entre otras medidas, paguen un tipo del 15% sobre los beneficios no distribuidos.
  • Eliminar las ventajas fiscales que disfrutan los planes privados de pensiones, cuyos partícipes rondan los 7,6 millones de personas.
  • Incremento sustancial de la factura eléctrica debido al fomento de las energías renovables.
  • Limitación de vuelos nacionales y encarecimiento generalizado de los billetes de avión mediante el aumento del IVA, un mayor gravamen al queroseno y la creación de una tasa adicional y específica a este tipo de viajes.
  • Creación de un nuevo impuesto a la distribución y venta de plástico de un solo uso, embalaje o de productos de usar y tirar.
  • Subida del impuesto de matriculación a todos los vehículos que emitan CO2, frente al umbral mínimo actual de más de 120 g/km, y una nueva elevación del Impuesto de Vehículos de Tracción Mecánica.
  • Nuevos aranceles mediante la creación de un «impuesto de carbono» en las fronteras de la UE que se aplicaría a las actividades intensivas en energía, desde el transporte aéreo y marítimo a los sectores industriales más contaminantes procedentes de terceros países.

FUENTE: LIBRE MERCADO

Caos económico, migratorio y catalán: Sánchez conduce a España a un desastre a la griega en forma acelerada / Economic, migratory and Catalan chaos: Spain Sanchez leads to a disaster in Greek accelerated

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Si hubiera que definir en solo una frase los meses de gobierno de Pedro Sánchez, esta sería sin duda caos, sectarismo e ignorancia a todos los niveles. En lo económico, España es el país que más desastrosamente gestiona lo público de toda Europa, que despilfarra anualmente el 9% del PIB sin control alguno. Una “política económica responsable no puede recortar gasto y bajar impuestos”, ¡alucinante! Vamos a un desastre a la griega en forma acelerada.

El Gobierno ha enchufado a millares de amigos sin conocimiento alguno para los cargos y con sueldos de escándalo —con nóminas de hasta 546.000 euros (Jordi Sevilla), coches oficiales, visas oro, etc.—, y muchos miles más sumando los enchufados que traen consigo; ha iniciado programas de despilfarro público inexistentes en el resto del mundo, como la sanidad universal y el turismo sanitario, financiando todo ello con un incremento brutal de deuda —en junio un 46% más que en mayo—, comprada casi toda por un BCE que dejará de hacerlo en 16 semanas, sin que nadie piense ni sepa cómo van a financiar más de 200.000 millones en vencimientos y deuda en 2019.

El Gobierno ha sido incapaz de coger las riendas de una economía que acumula la mayor deuda pública de su historia, solo plantea en forma totalmente caótica el mayor hachazo fiscal de la historia (cinco veces el de Rajoy), cuyas primeras consecuencias están a la vista: destrucción récord de empleo y afiliación a la Seguridad Social en agosto, la mayor desde hace 10 años y que, al igual que entonces, no es coyuntural sino el comienzo de una nueva crisis, y desplome de la bolsa, y seguirá cayendo. Los inversores han sacando ya más de 60.000 millones, y no debido a las crisis externas que afectan a muy pocos, sino al temor suscitado por un Gobierno caótico, donde la descoordinación es total y el sectarismo, absoluto.

Algo que, a pesar de las purgas estalinistas de los comunistas bolivarianos en TVE, RNE y EFE, no podrán ocultar mucho tiempo.

El último informe de coyuntura del Ministerio de Economía cuantifica la grave desaceleración de la economía (caída de ventas minoristas, desplome del turismo, caída de expectativas y de indicadores adelantados). El déficit comercial se ha disparado, 14.585 millones en el primer semestre, un 31,5% más que el año anterior; el precio del petróleo esta en 77,6 dólares, un 43% más que la media del año anterior, y la tasa de inflación se acelera. Pero esto no es todo, el más importante indicador adelantado, el PMI del sector servicios, que representan los dos tercios del PIB, se ha desacelerado al nivel mas bajo en casi dos años, los nuevos pedidos siguen cayendo por quinto mes consecutivo y el sentimiento empresarial se ha desplomado a su mínimo de hace cinco años. Y el crecimiento en julio-agosto ha caído al 0,3%, ¡el 1,8% en tasa anual!

El déficit, dada la orgía de gasto iniciada por Sánchez, superará el 3%. El problema es que estos irresponsables, cuya ignorancia supera su sectarismo, opinan que el déficit no solo no es ningún problema y que lo que hay que hacer es tener más déficit, porque socialistas y podemitas comparten la increíble patraña de que “un país no puede quebrar”, cuando solo desde 1975 han quebrado 20 países, y nueve desde el año 2000, dejando una secuela de hambre, miseria y dolor humano casi inimaginable. Solo en Grecia, las pensiones se han reducido en un 40% (frente a las subidas prometidas por Txipras), los salarios públicos en un 38% y más de un 40% de los griegos vive por debajo del umbral de la pobreza.

Demagogia, incompetencia y sectarismo ciego como no se conocían desde que Zapatero nombró a un equipo ministerial que asombraría a Europa porque el que más parecía sacado de una escombrera. Cada ministro/a va completamente a su aire, sin nadie que coordine nada, en función de sus caprichos y de su filosofía ‘progre’, ya que casi nadie tiene el menor conocimiento sobre las responsabilidades a su cargo.
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Pero lo malo de verdad empezará en 2019. Con la mayor deuda pública de su historia, casi 1,7 billones de euros (1,64 billones a marzo, segun el BdE) o el 143% del PIB, con un crecimiento que no superará el 1% y teniendo que emitir deuda por más del 20% del PIB sin el BCE para comprar, vamos a la senda griega de la suspensión de pagos. Veremos qué dice la Comisión en noviembre, aunque no será porque no se lo hayamos avisado.

Luego tenemos los dos otros grandes desastres: inmigración y Cataluña. Es un hecho que Sánchez ni cree en España, la unidad nacional más antigua de Europa, ni tiene proyecto alguno de nación. Es también un hecho que ha puesto en marcha junto con Podemos una política radicalmente anticatólica que denigra los valores cristianos mientras se ensalza otras religiones.

Su deseo de destruir la gran cruz del Valle de los Caídos, el más grandioso monumento construido en Europa en todo el siglo XX, se inscribe dentro de esta política de descristianización. Desde su llegada al poder, ha convertido España en líder europeo en descontrol de fronteras. La entrada de inmigrantes por el Mediterráneo se ha doblado, mientras que en Italia ha disminuido en un 80%, y además ha pactado con Merkel el hacerse cargo de todos los inmigrantes musulmanes de Alemania que hayan entrado por España.

Finalmente, el tema catalán ha empeorado exponencialmente. En el momento cero, Sánchez pasó del 155 a afirmar que “Cataluña es una nación”, algo que no ha sido jamás en toda su historia. Y a partir de ahí las cesiones y la humillaciones se han multiplicado como nunca antes. En ningún país democrático existe el derecho a decidir, excepto Escocia y Quebec, porque así se pactó expresamente en la Constitución. Pero lo que ya es absolutamente demencial es que un jefe de Gobierno no solo permita vulnerar impunemente la legalidad y la Constitución, que ya lo hizo Rajoy, sino además se ponga del lado de los que incumplen, y, lo que es infinitamente peor, en contra de los jueces que la defienden. Según Ron Aledo, oficial de la U.S. Army ex consultor de la CIA, “esto no ha sucedido jamás en democracia, donde sería un caso de alta traición”.

Con la ley y la fuerza de su lado, es inconcebible que el Gobierno y el Rey no planten cara a una organización criminal de racistas supremacistas, y le cedan el monopolio del adoctrinamiento, la intimidación y la violencia.

Roberto Centeno.

 

IMPUESTOS. / TAXES.

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Todos los días 10 hombres se reúnen en un bar para charlar y beber cerveza.

La cuenta total de los diez hombres es de $100.

Acuerdan pagarla de la manera proporcional en que se pagan los impuestos en la sociedad de un país, con lo que la cosa sería más o menos así, según la escala de riqueza e ingresos de cada uno:

• Los primeros 4 hombres (los más pobres) no pagan nada.
• El 5º paga $1
• El 6º paga $3
• El 7º paga $7
• El 8º paga $12
• El 9º paga $18
• El 10º (el más rico) paga $59.

A partir de entonces, todos se divertían y mantenían este acuerdo entre ellos, hasta que, un día, el dueño del bar los metió en un problema:

“Ya que ustedes son tan buenos clientes,” les dijo, “Les voy a reducir el costo de sus cervezas diarias en $20. Los tragos desde ahora costarán $80.”

El grupo, sin embargo, planteó seguir pagando la cuenta en la misma proporción que lo hacían antes.

Los cuatro primeros siguieron bebiendo gratis; la rebaja no les afectaba en absoluto.
¿Pero qué pasaba con los otros seis bebedores, los que realmente abonan la cuenta? ¿Cómo debían repartir los $20 de rebaja de manera que cada uno recibiese una porción justa?

Calcularon que los $20 divididos en 6 eran $3,33 pero si restaban eso de la porción de cada uno, entonces el 5º y 6º hombre estarían cobrando para beber, ya que el 5º pagaba antes $1 y el 6º $3.

Entonces el barman sugirió una fórmula en función de la riqueza de cada uno, y procedió a calcular la cantidad que cada uno debería pagar.

El 5º bebedor, lo mismo que los cuatro primeros, no pagaría nada: (100% de ahorro).

• El 6º pagaría ahora $2 en lugar de $3: (ahorro 33% ).

• El 7º pagaría $5 en lugar de $7: (ahorro 28% ).

• El 8º pagaría $9 en lugar de $12: (ahorro 25% ).

• El 9º pagaría $14 en lugar de $18: (ahorro 22%).

• El 10º pagaría $49 en lugar de $59: (ahorro 16%).

Cada uno de los seis pagadores estaba ahora en una situación mejor que antes: los primeros cuatros bebedores seguían bebiendo gratis y el quinto también.

Pero, una vez fuera del bar, comenzaron a comparar lo que estaban ahorrando.

“Yo sólo recibí $1 de los 20 ahorrados,” dijo el 6º hombre y señaló al 10º bebedor, diciendo “Pero él recibió $9”

“Sí, es correcto,” dijo el 5º hombre. “Yo también sólo ahorré $1; es injusto que él reciba nueve veces más que yo.”

“Es verdad”, exclamó el 7º hombre. “¿Por qué recibe él $9 de rebaja cuando yo recibo sólo $2? ¡Los ricos siempre reciben los mayores beneficios!”

“¡Un momento!”, gritaron los cuatro primeros al mismo tiempo.
“¡Nosotros no hemos recibido nada de nada. El sistema explota a los pobres!”

Los nueve hombres rodearon al 10º y le dieron una paliza.

La noche siguiente el 10º hombre no acudió a beber, de modo que los nueve se sentaron y bebieron sus cervezas sin él, pero a la hora de pagar la cuenta descubrieron algo inquietante:
Entre todos ellos no juntaban el dinero para pagar ni siquiera LA MITAD de la cuenta……

Y así es, amigos y amig”as”, profesores y profesor”as” universitarios, gremialistas y asalariados, profesionales y gente de la calle, la manera en que funciona el sistema de impuestos, la gente que paga los impuestos más altos son los que se benefician más de una reducción de impuestos.

Póngales impuestos muy altos, atáquenlos por ser ricos, y lo más probable es que no aparezcan nunca más, de hecho, es casi seguro que comenzarán a beber en algún bar en el extranjero donde la atmósfera es algo más amigable.

Moraleja:
«El modelo nacional y popular fracasa cuando se les acaba el dinero…..de los demás»

O si prefieren, agrego este pensamiento que no tiene desperdicio:

«Todo lo que una persona recibe sin haber trabajado para obtenerlo, otra persona deberá haber trabajado para ello, pero sin recibirlo…

El gobierno no puede entregar nada a alguien, si antes no se lo ha quitado a alguna otra persona.

Cuando la mitad de las personas llegan a la conclusión de que ellas no tienen que trabajar porque la otra mitad está obligada a hacerse cargo de ellas, y cuando esta otra mitad se convence de que no vale la pena trabajar porque alguien les quitará lo que han logrado con su esfuerzo, eso… mis queridos amigos, es el fin de cualquier Nación.

No se puede multiplicar la riqueza dividiéndola».

Dr. Adrián Rogers, año 1931.

De lo que se ha librado España: las medidas que proponía Podemos para ‘sus ministerios’

Diseccionamos el programa electoral de los morados en aquellas áreas en las que se planteó su entrada en el Ejecutivo.

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Pedro Sánchez escucha a Pablo Iglesias durante su intervención en la tercera jornada del debate de investidura, este jueves, en el Congreso. | EFE

Pablo Iglesias no será ministro, ni Irene Montero vicepresidenta. Al menos por ahora. En septiembre, ya veremos. Las negociaciones para un Gobierno de coalición entre PSOE y Podemos han fracasado. Y sí, se ha hablado mucho de cargos y de nombres propios. Pero no podemos olvidar el contenido. Lo sustancial. Las propuestas.

Como explican Cristina Losada y Alberto Penadés, nunca ha habido un gobierno de coalición en la UE formado exclusivamente entre socialistas y comunistas. Ni siquiera aquel primer Ejecutivo de François Miterrand de comienzos de los años 80 era como éste que proyectaban Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, porque en aquel caso había otros partidos involucrados. Por una parte, parece que a los socialdemócratas europeos no les atrae demasiado la posibilidad de compartir en exclusiva el Consejo de Ministros a unos tipos poco preparados, en muchas ocasiones sin ninguna experiencia de gestión y con propuestas que ya parecían antiguas en 1989.

Desde el lado de la extrema izquierda, entrar en un Gobierno como socio minoritario puede ser un arma de doble filo: durante unos años pisas moqueta y ganas relevancia, pero también perderás la pureza ideológica ante tu electorado al que tendrás que explicar por qué se aprueban o no se aprueban determinadas medidas. Y casi siempre, en las siguientes elecciones, el socio minoritario sale trasquilado. Quizás por eso el empeño de Podemos en crear una especie de Gobierno B, en el que los ministros de uno y otro partido marchasen en paralelo, cerca pero sin tocarse.

Mientras tanto, los españoles se preguntan qué habrían hecho los ministros de Podemos si hubieran llegado al poder. Por ahora, es una incógnita. Eso sí, las peticiones de ministerios de los de Iglesias no son producto de la casualidad. Hablamos de carteras clave en el área económica, con mucho presupuesto y competencias muy relevantes. Con una enorme capacidad para intervenir el mercado, las relaciones laborales y la vida de las empresas.

Para los seguidores de Podemos, éste será un resumen de lo que España se pierde. Los que temían la llegada de la dupla Iglesias-Montero al Consejo de Ministros pensarán «de la que nos hemos librado».

Las propuestas

Dividimos las propuestas en cinco apartados. Los que corresponden con los cinco ministerios incluidos en el documento que filtró el PSOE con las exigencias de Podemos. Y tomamos como referencia el programa de la formación de extrema izquierda para las elecciones del pasado abril.

– Ministerio de Trabajo, Seguridad Social y Lucha contra la Precariedad

En este punto, el objetivo está claro. Podemos quiere «derogar las dos reformas laborales, de Zapatero y Rajoy». Por aquí se intuye el primer elemento de fricción con sus posibles socios. Porque en cada punto del programa en el que se habla del tema, se asocian las reformas aprobadas en 2011 y 2013, por PP y PSOE. Tanto en lo que hace referencia al coste del despido, como en lo que tiene que ver con la negociación colectiva. Podemos quiere cargárselo todo.

De hecho, en las modalidades de contratación y coste del despido, Podemos pide ir más allá de lo que había vigente hasta 2011. No les gusta que se diga esto, pero lo cierto es que plantea un modelo de relaciones laborales más parecido al que salió del franquismo que a cualquiera que haya vigente en la Europa actual. Así, la contratación temporal sería casi imposible: se prohíben los contratos de menos de un mes, se obliga a hacer fijo a los seis meses de contrato y se amenaza con inspecciones a las empresas que despidan temporales para comprobar que no se hace para evitar hacerlos fijos.

Evidentemente, este endurecimiento contra los contratos temporales no va en la línea de promover una contratación indefinida algo más flexible (similar al contrato único propuesto por Ciudadanos), sino todo lo contrario. Podemos pide endurecer las causas de despido objetivo para hacer más complicado recurrir a esta herramienta. Por lo tanto, lo que tendríamos es un encarecimiento muy importante de la contratación, menos flexibilidad para hacer frente a imprevistos en las empresas y un mercado laboral más rígido.

Además, en este mismo sentido, Podemos propone «recuperar el poder de la negociación colectiva, devolviendo a los sindicatos la fuerza que les quitaron las reformas de Zapatero y de Rajoy», otorgando prioridad a los convenios sectoriales sobre los de empresa (más poder para las centrales sindicales frente a los sindicatos de empresa) y retomando la ultraactividad de los convenios (un arma de bloqueo para los sindicatos, que pueden exigir lo que deseen en la negociación, porque mientras no haya acuerdo, se mantiene el convenio anterior).

Pero hay más en este Ministerio. Podemos también propone una «jornada laboral de 34 horas semanales (siete horas de lunes a jueves y seis horas los viernes), sin reducción de salario, y reorganización de los tiempos de trabajo, ocio y cuidados». Puede que a algunos les suene bien, pero en realidad es un aumento de costes muy importante para unas empresas españolas que no andan precisamente sobradas en productividad y competitividad.

A los autónomos, se les promete que cotizarán por los «ingresos realmente obtenidos». En el programa electoral se asocia esta promesa a los autónomos de muy bajos ingresos que, efectivamente, verían una reducción de su cuota. A cambio, más del 85% de los trabajadores por cuenta ajena verían un incremento en lo que pagan mes a mes.

Por último (y hablamos de una selección de artículos, en el programa hay mucho más), Podemos introduce una de esas medidas que pueden pasar desapercibidas, porque suenan a lo ya escuchado, pero que tendrían un enorme impacto. Así, la formación morada propone que se considere «discriminación salarial una brecha de más del 20% en las retribuciones de las empresas, de manera que deberán justificarlas ante los tribunales». O lo que es lo mismo, cualquier empresa en la que esto ocurra (el 20% de diferencia) se considerará culpable por defecto y tendrá que demostrar su inocencia. Es decir, se invierte la carga de la prueba, con una consecuencia indeseada muy posible: habrá empresas que se pensarán mucho contratar mujeres con baja cualificación, porque sólo por tenerlas en plantilla se podría ampliar la brecha estadística y tener un problema con la inspección.

En pensiones, Podemos pide derogar la reforma de 2013 (es decir, acabar con cualquier medida de control del gasto) y subir las mínimas y no contributivas (erosionando, todavía más, el carácter contributivo del sistema). Además, propone cambiar las reglas de cálculo para que los nuevos jubilados puedan elegir los años para el cómputo de su base (de nuevo, más gasto). Y, por supuesto, eliminar los topes de cotización (sin tocar la pensión máxima, es decir, sistema todavía menos contributivo) y acabar con los incentivos fiscales a los planes de pensiones.

Por cierto, para cerrar este capítulo, una curiosidad: las políticas activas de empleo, ese conejo que se sacó de la chistera Podemos justo antes de la segunda votación, el pasado jueves, sólo tienen una mención en el programa electoral, en el apartado dedicado a los españoles que viven fuera y quieren retornar. No hay nada sobre el tema en el resto del documento ni propuestas concretas para mejorar la formación de parados o los trabajadores. Es extraño que cobrara tanta importancia a última hora.

– Ministerio de Justicia Fiscal y Lucha contra el Fraude

Detrás de este novedoso nombre (y no es el único ministerio bautizado de forma algo peculiar), lo que se esconden son las propuestas de podemos en materia de impuestos. Aquí el resumen es sencillo: los de Iglesias piden subirlos todos. O casi todos. Hay algunos productos (pocos) que verían reducido el IVA. A cambio, las principales figuras impositivas incrementarían sus tipos:

  • «Tipo efectivo mínimo en Sociedades del 15% sobre el rendimiento neto positivo de los grupos empresariales y del 20% para entidades financieras y empresas de hidrocarburos». A cambio, proponen una rebaja del 25 al 23% para las pymes que facturen menos de un millón de euros al año.
  • «Crear un impuesto para las grandes fortunas que grave los grandes patrimonios con el fin de recaudar un 1el PIB. Este impuesto sustituirá al actual impuesto sobre el patrimonio, que es inoperativo, y no podrá bonificarse por parte de las comunidades autónomas»
  • Subida del IRPF: por un lado, con dos nuevos tipos del 47 y el 55% para rentas superiores a los 100.000 y 300.000 euros. A esto se le suma la igualación de la tributación sobre el ahorro a los tipos de las rentas del trabajo (esto afectaría a todos, no sólo a las rentas más altas). A cambio, Podemos propone fijar el tramo más bajo del IRPF en el 18% desde el 19% actual.
  • Fijar «un impuesto de transacciones financieras que grave las ventas brutas en el mismo día, y no solo las netas».
  • Establecer un impuesto a la banca que aumente 10 puntos el tipo impositivo de las entidades financieras en el impuesto sobre sociedades.
  • «Bajar el IVA al tipo del 4% a más alimentos y bebidas no alcohólicas, y del 10% a todos los suministros básicos (calefacción, gas, electricidad). También se bajará el IVA de los servicios veterinarios, del 21% actual al 10%, y de los productos de higiene femenina y de alimentación animal, del 10% actual al 4%».
  • Fijar un impuesto para operaciones de la economía digital para «empresas con ingresos anuales totales mundiales de al menos 500 millones y con ingresos en España superiores a los 3 millones».

Eso sí, aquí hay un desequilibrio: son muchas subidas tributarias, pero no especialmente importantes en términos de recaudación. A pesar de la retórica habitual, el grueso de lo que recauda el Estado llega de las clases medias, no de las grandes fortunas (que no hay muchas en España) o de las multinacionales. Si no subes los impuestos a esas clases medias, no subirás sustancialmente los ingresos.

Por eso, si combinamos estas propuestas con el resto del programa de Podemos que, como veremos, implica muchísimo más gasto, las cuentas no salen. La clave está en lo que proponen los de Iglesias en su primer punto para el Ministerio de Hacienda: derogar el artículo 135 de la Constitución, aquel que se reformó en 2011 y dice que «el Estado y las Comunidades Autónomas no podrán incurrir en un déficit estructural que supere los márgenes establecidos, en su caso, por la Unión Europea para sus Estados Miembros. Una ley orgánica fijará el déficit estructural máximo permitido al Estado y a las Comunidades Autónomas, en relación con su producto interior bruto. Las Entidades Locales deberán presentar equilibrio presupuestario». Y junto a ese artículo de la Constitución, pide derogar también la «Ley de Estabilidad Presupuestaria«.

En resumen, lo que quería Podemos es un ministro de Hacienda con las manos libres en lo que tiene que ver con el déficit. Con barra libre de gasto «social» y apenas medidas impopulares por el lado de los impuestos. Con unos números rojos disparados y sin restricciones legales a ese desequilibrio. Otro problema, y este de los gordos, para Sánchez y para el ministro de Economía al que le tocase ir a Bruselas a defenderlo ante los socios comunitarios.

– Ministerio de Transición Energética, Medioambiente y Derechos de los Animales

Éste es un tema central para Podemos. De hecho, es el que abre su programa electoral: el primer capítulo está dedicado a estos temas. ¿Y qué es lo que se proponía hacer el posible ministro designado por Pablo Iglesias? Pues intervenir en el mercado energético de una forma desconocida en nuestro país desde hace décadas: volvemos, de nuevo a un diseño que se parece más a lo que había vigente durante el franquismo que a cualquier otra cosa.

En este punto, la formación neo-comunista es coherente con lo que tradicionalmente ha propuesto la extrema izquierda y pide crear una «empresa pública de energía» que, para empezar, recupere la gestión de las centrales hidroeléctricas. Y por supuesto, intervenir en el mercado eléctrico de forma directa, entre otras cosas abaratando la factura de la luz vía decreto y escogiendo tecnologías ganadoras (con ayudas) y perdedoras.

El ministro morado tendría también el cometido de cerrar cuanto antes las centrales nucleares y las de carbón. Eso sí, con un matiz interesante: Podemos asegura que «antes de que se pierda un empleo del sector de los combustibles fósiles, se crearán dos empleos con condiciones laborales idénticas o mejores en la misma comarca y que tendrán prioridad absoluta de acceso a ellos las personas afectadas». ¿Cómo se crearán esos empleos en las comarcas mineras afectadas? ¿Quién los creará? ¿Por decreto? No hay detalles al respecto.

Por supuesto, esta lucha por un futuro «más verde» se haría con subvenciones: a la compra de coches eléctricos, a las instalaciones de renovables (pasadas y futuras), a la rehabilitación de viviendas, a las empresas que «adopten las tecnologías más eficientes», a la inversión en baterías, a las infraestructuras de recarga, a las infraestructuras ferroviarias, a la implementación de una estrategia de «reindustrialización verde y economía circular»… ¿Quién pagará todo esto? ¿A cuánto ascendería el coste? Sobre eso no se dice nada. De eso se ocuparía el ministro de Hacienda, el que quiere cargarse la Ley de Estabilidad Presupuestaria.

En este punto Podemos plantea otra propuesta que sería muy polémica, en Madrid y en Bruselas. La formación morada quiere crear un «Banco de Inversión para la Transición Tecnológica y Económica (BITTE) con el fin de asumir las principales inversiones para la transformación productiva que vamos a emprender» y «aprovechar Bankia como banco público» que atienda las «funciones sociales de la banca». ¿Un sector financiero público que disponga barra libre de crédito para lo que el Gobierno exija y sin atender a criterios comerciales? Nuestros socios en la UE, los que pusieron el dinero para el rescate financiero, algo que no hay que olvidar, seguro que tendrían bastante que decir al respecto.

– Ministerio de Derechos Sociales, Igualdad y Economía de los cuidados

En este epígrafe hay un poco de todo. Sonaba a Ministerio batiburrillo, que mezclaba dependencia, mayores, educación infantil, pobreza infantil, lucha contra la pobreza, derecho a la vivienda, juventud, familia…

En la mayoría de estos capítulos hay mucho margen para políticas de poco presupuesto (en términos relativos), algunas cedidas a las CCAA, pero con mucho impacto en la opinión pública, con grandes titulares y muy populares para el público de izquierdas: subvenciones, ayudas, programas integrales, observatorios, comisionados contra la pobreza…

Pero por encima de todo, destaca la política de vivienda. Aquí Podemos sí quería entrar a por todas. Su programa electoral implicaba una intervención radical en el mercado inmobiliario que empezaba por la exigencia de «blindar» en la Constitución el derecho a la vivienda. ¿Y esto qué significa? ¿Cómo se hace? Pues garantizando, todavía más, que el ocupante de un inmueble, no importa cuáles sean las circunstancias de esa ocupación, tendrá prioridad sobre el propietario del mismo.

De esta manera, Podemos propone «prohibir los desalojos sin alternativa habitacional»: o lo que es lo mismo, una vez que una persona o familia esté dentro de una casa, no podrán sacarla de la misma si no le garantizan otra vivienda similar (sin que eso quiera decir que tengan que pagar algo, por la primera o la segunda vivienda). En términos prácticos, esto supondría legalizar la ocupación. De hecho, supondría incentivarla hasta extremos desconocidos en ningún otro país europeo. Para tener casa gratis sólo habría que entrar en una que ya estuviese construida y hacerse fuerte allí.

Evidentemente, la formación morada no se queda ahí. También quiere meter la mano en el mercado de alquiler: obligará a los grandes tenedores a ceder sus viviendas vacías para ponerlas en el mercado en régimen de «alquiler social», aseguran que incrementará el parque público de viviendas durante toda la legislatura y prometen «garantizar un alquiler estable, asequible y seguro» limitando las causas de rescisión del contrato. Por supuesto, todo esto unido a una «intervención» decidida en el mercado para «impedir subidas abusivas mediante el control de los precios». Ningún Gobierno europeo ha planteado nunca un programa de intervención del mercado inmobiliario como éste.

Pues bien, esto es lo que lleva Podemos en su programa y lo que habría hecho en el Gobierno. Porque, además, si hay una cartera que desde el principio se dio por hecho que terminaría en sus manos, era la de vivienda.

– Ministerio de Ciencia, Innovación, Universidades y Economía Digital

Aquí Podemos rompe con todo lo anterior, al menos en lo que tiene que ver con la retórica fiscal. Para las universidades, la formación morada apuesta por la política más regresiva posible: la gratuidad total de la matrícula en la educación superior. Los ricos del pasado y los del futuro podrán acceder a un servicio de primer nivel financiado con los impuestos de todos los contribuyentes, ricos y pobres. Ni una palabra de posibles préstamos o de otras opciones similares, que garanticen la igualdad de acceso sin que esto implique cargar al contribuyente con la financiación de este servicio.

En lo que tiene que ver con Ciencia, Podemos promete convertir la «I+D+i en un puntal de nuestra economía», aumentando la inversión pública hasta el equivalente al 2% del PIB. Además, hablamos de «ayudas directas», que superarán «ampliamente a los créditos». En resumen, dinero a fondo perdido, con retorno o no. En esta misma línea, el programa incluye aumentar la inversión de la Agencia Estatal de Investigación con préstamos del citado BITTE (el nuevo banco público que plantean).

Por último, están una serie de propuestas que podríamos denominar voluntaristas acerca de los investigadores y científicos. El partido morado habla de lograr «un aumento neto de 5.000 investigadores e investigadoras cada año» y que «hasta un 75e las personas que inician una carrera científica puedan dedicarse de manera estable a la ciencia o a la educación superior». Es complicado imaginar cómo puede asegurarse esto. ¿Van a ofrecer un puesto de trabajo, sí o sí, al 75% de los licenciados en las carreras de ciencia? ¿Una nueva empresa pública para incluirlos a todos? ¿Sin más requisitos? ¿El objetivo es puramente numérico? Tampoco sobre esto hay demasiados detalles. Como no habrá ministro, por ahora quedará la incertidumbre de cómo lo habrían intentado lograr.

FUENTE: LIBREMERCADO

 

La servidumbre voluntaria es el nuevo desafío a la libertad – Agustín Etchebarne

Agustín Etchebarne considera que después de la caída del muro de Berlín se ha venido expandiendo rápidamente la nueva amenaza a la sociedad abierta: El Estado Benefactor.

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Aquí puede descargar este ensayo en formato PDF.

La lucha por la libertad ha existido desde siempre. Herodoto nos cuenta la historia de Otanes, el demócrata, hijo de Phartanes que defiende la independencia del gobierno para él y su familia.1 La Biblia relata cómo Jesús coloca a la libertad como un fin y la verdad como un medio: “La verdad os hará libres”. Santo Tomás y los autores de la escuela de Salamanca razonan a partir de ella. El libre albedrío recorre la obra de Shakespeare, donde aparece el individuo como protagonista, Romeo y Julieta. El más grande de la lengua española nos dice: “La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran la tierra y el mar: por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida”. Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616). En la filosofía la encontramos por doquier, desde Diógenes a Spinoza o Locke.

Pero recién en el siglo XVIII las ideas de la libertad iluminaron al mundo en Occidente con pensadores como Montesquieu, Hume, Burke, Quesnay, Smith, Paine y sus ideas impulsaron las revoluciones y las guerras de la independencia. Por fin comprendimos que cada hombre nace con los mismos derechos individuales a la vida, la libertad, la propiedad y a la búsqueda de la propia felicidad. Se hizo carne en la máxima inglesa: “La casa de un hombre es su Castillo”.

“El hombre más pobre puede que en su choza desafíe todas las fuerzas de la corona. Puede que sea frágil — su techo puede temblar — el viento puede atravesarlo — la tormenta podrá entrar — la lluvia podrá entrar — pero el Rey de Inglaterra no puede entrar”
William Pitt.2

En el siglo XIX estas ideas se consolidaron en todo el mundo anglosajón, en otras partes de Europa y hasta en lugares tan alejados como la Argentina. Fue entonces cuando la libertad obtuvo contundentes triunfos sobre los reyes totalitarios y sobre la pobreza. La esclavitud y los privilegios eran reemplazados por la igualdad ante la ley, con una justicia independiente que limitaba el poder de los gobiernos y avanzaba hacia los ideales republicanos. La posición social de una persona ya no estaba determinada de por vida al momento de nacer. Al abolirse los privilegios, si un hombre nacía pobre de él dependía la posibilidad de enriquecerse, y si nacía rico, podía morir en la miseria. Así nació la movilidad social y con ella el principal impulso para el progreso.

El siglo XX no se quedó atrás, mientras el capitalismo multiplicaba la riqueza en todo el Occidente, el principal debate ideológico se definió con un nuevo triunfo de las ideas de la libertad, esta vez, sobre el fascismo, el comunismo y el socialismo.

Pero diez años después de la caída del muro de Berlín, cuando estas ideas parecían no tener rival y optimistas como Fukuyama declaraban “El fin de la historia”, un nuevo desafío a la libertad se expandía con virulencia: El Estado Benefactor.

Las democracias republicanas habían logrado albergar a más de la mitad de la población mundial, pero no lograban evitar las crisis económicas. Las dos grandes, la de la década del 30 y la nueva gran crisis en la que caímos al despuntar el siglo XXI, sirvieron como excusa para aumentar la intervención estatal, tanto en gobiernos de derechas como de izquierdas, avanzando en el camino hacia la servidumbre voluntaria.

Como indicamos, ya a mediados del siglo XIX era imposible dejar de observar que el capitalismo multiplicaba la riqueza. El propio Karl Marx constataba que “En el siglo corto que lleva de existencia como clase soberana, la burguesía ha creado energías productivas mucho más grandiosas y colosales que todas las pasadas generaciones juntas”3. El mundo había logrado escapar de la trampa Malthuseana que suponía que la población fluctuaba alrededor de un número estable porque no había suficiente alimento, de modo que en cuanto aumentaba la cantidad de gente, las hambrunas, las guerras y las pestes restablecían el equilibrio. La explosión de bienes y servicios y los avances tecnológicos de la revolución industrial permitieron expandir un 50% la esperanza de vida promedio de la población de 30 años a 45 años en Europa, y más tarde, en el resto del mundo. Se reducían drásticamente la mortalidad infantil, las muertes de las parturientas y las hambrunas.

En ese contexto de optimismo por el progreso es que Karl Marx concibió un sistema que permitiría mejorar la distribución de la riqueza. Lamentablemente creyó que para hacerlo era necesario exacerbar el odio entre los trabajadores y los empresarios y propuso la “lucha de clases”, en lugar de sostener los valores que surgían de la “Iluminación” y que eran compatibles con el amor, la tolerancia, el respeto a los derechos de cada uno, el intercambio voluntario, la responsabilidad individual y la libertad de expresión. Todos estos, valores compatibles con los de la civilización judeo-cristiana, y brutalmente destruidos en el mundo Marxista-Leninista-Maoista, sea en la URSS, en China, en Camboya, en Corea del Norte, en Cuba o en cualquier otro lugar donde se aplicaron —o aún aplican.

Pero dos jóvenes economistas contemporáneos al genio del socialismo, Carl Menger y Böhm Bawerk, desarrollaron el Marginalismo y la Teoría del Valor Subjetivo que daba por tierra con la Teoría del Valor Trabajo de Smith en la que se basaba todo el andamiaje de la Plusvalía. Por este motivo, que los marxistas convenientemente omiten, el propio Marx jamás publicó el segundo y el tercer tomo de “Das Kapital”.

Más tarde, en el siglo XX, economistas como Mises, Hayek o Read, demostraron la imposibilidad del cálculo económico en el socialismo, por la carencia de un sistema de señales que sólo los precios de mercado pueden brindar, así como las dificultades insalvables de la planificación centralizada por la falta de conocimiento suficiente, y sobre todo, por su obvia incapacidad para procesar el cambio de los gustos de los consumidores, las ideas y los fines de cada individuo, la tecnología y el medio ambiente. Al mismo tiempo, Joseph Schumpeter enseñaba cómo el capitalismo era precisamente un proceso de destrucción creativa,4 en permanente y vertiginoso cambio, imposible de imitar por los rígidos sistemas de planificación centralizada.

El intenso debate teórico culminó en la práctica, con el colapso del socialismo, al costo de más de 20 millones de vidas en la URSS, 5 más de 40 millones en China 6 y un tercio de la población en Camboya.7

En 1979 el pragmático Deng Xiaoping liquidó el sistema comunista con una sola frase: “No importa si el gato es blanco o negro, mientras que cace ratones, es un buen gato”. Desde entonces, China tuvo una espectacular recuperación basada en una economía más libre y con mayor respeto de los derechos de propiedad de los inversores. Así logró eliminar dos terceras partes de la pobreza de su población en apenas tres décadas. Casi al mismo tiempo, los trabajadores polacos sindicalizados en Solidaridad y alentados por la visita del Papa Juan Pablo II derribaban el comunismo en Polonia. En noviembre de 1989 la caída del muro de Berlín marcaba un nuevo hito; permitió que los fanáticos socialistas constataran cómo el sistema comunista había logrado el milagro de que los mismos laboriosos alemanes obtuvieran una productividad y un ingreso cuatro veces inferior por el sólo hecho de estar al Este del muro. Se conocieron también los relatos de la opresión, persecuciones, carencias de todo tipo y el miedo a la nefasta policía secreta Stasi, que competía en maldad con la KGB soviética, que habían logrado anular casi por completo la libertad de elegir.

Así, fueron cayendo uno tras otro los regímenes comunistas hasta la disolución final de la URSS el 26 de diciembre de 1991 y el siglo XX pareció terminar con un decidido triunfo de las ideas de la libertad, con decenas de países que se volcaban al capitalismo.

Hoy día, los pocos países comunistas que todavía quedan, sirven como demostración cabal de la inoperancia y maldad de tales regímenes. Esto puede observarse incluso desde el espacio exterior, basta con tomar una foto nocturna de la península de Corea para observar como miles de ciudades son iluminadas por el capitalismo en el sur; mientras que las tinieblas comunistas se expanden en el norte, con la sola excepción de la ciudad de Pyongyang donde disfrutan su perversidad los miembros de la dinastía Kim y su corte de jerarcas que los endiosan. No es fácil imaginar lo que significa una ciudad sin electricidad, sin posibilidad de leer, estudiar, ver televisión, ir al cine, escuchar radio, disfrutar del aire acondicionado o siquiera de un ventilador. Esto es comparable con lo que ocurría en cualquier ciudad pre-capitalista, donde sólo los ricos podían comer bien, calentar sus casas en invierno e iluminarlas con velas para poder leer de noche y extender sus días.

Pero hubo otro debate, algo más sutil, que continuó infectando inteligencias durante décadas. Ese debate se centró en dos críticas que han minado la fe en el sistema económico y rentístico basado en la libertad de los hombres y el intercambio voluntario:

No incluimos en este debate la vieja crítica marxista que sostenía que los ricos sólo podían beneficiarse de los pobres mientras estos siguieran siendo siempre pobres. Esa crítica derivaba de la falsa “Ley de hierro de los salarios”, que sostenía que bajo el capitalismo los salarios de los trabajadores no excederían el nivel de subsistencia. Si crecían los salarios crecería la población y el aumento de la oferta de trabajadores reduciría los salarios. Esta crítica fue rebatida por la realidad: la población se multiplicó 20 veces en 200 años y el nivel de vida y los salarios aumentó sostenidamente en todos los países capitalistas sin excepción.8

Pero sí hay dos críticas que parecen más difíciles de superar. Por un lado, se dice que el sistema es sumamente exitoso para generar riqueza pero es ineficiente en la distribución de la misma, genera grandes desigualdades, y mantiene a una parte de la población fuera de los beneficios del sistema. Es interesante observar que pese a la enorme mejoría económica en todos los países de la tierra, no hemos logrado convencer a las grandes mayorías. Por fortuna, tenemos una nueva potente herramienta creada por el profesor sueco Hans Rosling: un gráfico interactivo donde concentra las estadísticas de 200 países. Allí puede observarse con claridad la historia de la salud y la riqueza de 200 países. 9 Las cifras muestran que en 1800 los países más prósperos alcanzaban entre 2.000 y 3.000 dólares per capita, pero ninguno sobrepasaba una esperanza de vida promedio de 40 años, el resto de los países tenían una esperanza de vida cercana a los 30 años y los menos favorecidos, la India y unos pocos países africanos apenas alcanzaban los 25 años, con ingresos de entre 300 y 1000 dólares per capita. La maravillosa herramienta de Hans Rosling nos permite, con sólo hacer un click, avanzar desde 1800 hasta 2010, y allí encontraremos que, dos siglos más tarde, todos los países han mejorado sustancialmente. El mundo muestra una impresionante mejoría en los ingresos y en la expectativa de vida de la población, tanto en países centrales como en países periféricos (como Australia, Chile o la Argentina). Estos datos sirven también para desbaratar la tesis de Prebisch que sostenía que los países centrales crecen más rápido porque explotan a los países periféricos a través del deterioro de los términos de intercambio.10 Incluso podemos ver cómo los países invadidos por EE.UU. al finalizar la segunda Guerra Mundial (Japón, Alemania e Italia) crecieron frenéticamente en la posguerra y acortaron rápidamente la brecha de riqueza con el país invasor, transformándose en la segunda, la tercera y la quinta potencia mundial.

Otro gigante de la historia económica, Angus Maddison, reconstruyó los datos de los últimos 2000 años.11 En nuestro caso, sirven para constatar que en los 80 años de estrecha relación de la Argentina con Inglaterra (1853-1930), el primero fue el más beneficiado y logró acortar dos tercios de la brecha de riqueza que separaba ambos países. Otro ejemplo de que el país periférico es quien más se beneficia con el intercambio. Así, todos crecieron con la única excepción del Congo, que había multiplicado por 3 su PBI per capita, pero las guerras civiles desde su independencia, el 30 de junio de 1960, lo devolvieron a niveles que podemos denominar pre-capitalistas. Sin embargo, aún allí en medio de las matanzas, los avances de la medicina y la alimentación permitieron alargar un 50% la expectativa de vida promedio de la población, hasta los 48 años.

Como decíamos, la crítica más sutil parece vigente, la referida a la gran desigualdad que se produce debido a las asimetrías estructurales y de acceso a la información. Si bien todos mejoraron, algunos lo hicieron más que otros. Nuevamente el gráfico de Hans Rosling es útil para observar que precisamente mejoran más rápido aquellos países que acogen el sistema de libre mercado, la división de poderes republicana y se atienen al Imperio de la Ley (Rule of Law). Cronológicamente podemos ver que Holanda avanza primero, seguida por Inglaterra —donde se desata la revolución industrial—, luego por el resto de Europa y poco después EE.UU. Extrañamente, la Argentina ingresa al “top ten”, hasta 1930 (momento a partir del cual se suceden golpes de estado y gobiernos populistas, que adoptan ideas proteccionistas que la alejan de la libertad de mercados).12 La correlación entre las instituciones de la libertad y el progreso de los países se mantiene hoy día como lo muestra el Índice de Calidad Institucional publicado por la Fundación Libertad y Progreso que resume ocho estudios internacionales sobre 200 países en todo el mundo.13

Pero los números no alcanzan a mostrar una verdad esencial, y es que la brecha entre ricos y pobres se ha cerrado enormemente en los países capitalistas. Hace un par de siglos, los hijos de los pobres no tenían zapatos, ni calefacción, apenas algo de carbón para los días más fríos, muchos no tenían techo, la mortalidad infantil era inmensa, las madres morían al parir, no tenían velas para ver de noche, no sabían leer ni escribir, ni tenían atención médica. Hoy la diferencia entre un obrero y un empresario capitalista es que uno llega a trabajar en un Ford y el otro en un Cadillac. Pero no todos aceptan que estos datos sean del todo concluyentes y se mantiene la crítica, de Amartya Sen entre otros, que podría sintetizarse en que, si bien es cierto que todos mejoran la enorme desigualdad, a sus ojos, es inadmisible en un mundo rico tanto entre diferentes países como entre ciudadanos de un mismo país.

La segunda crítica al sistema económico y rentístico de la libertad es que produce crisis o ciclos económicos en cuya fase recesiva pueden producirse altos niveles de desempleo y sufrimiento de la población. Esta crítica fue impulsada, entre otros, por John Maynard Keynes a quien le tocó vivir y describir la crisis del 30.

Frente a ambas críticas, la solución propuesta fue la intervención del Estado. Decenas de economistas y científicos sociales dieron rienda suelta a su imaginación para ver nuevas formas en las que el Estado podía intervenir para mejorar los resultados de los mercados libres. Así, el Estado fue avanzando progresivamente, el gasto público creció de niveles de entre 10 y 15% del PIB en las primeras décadas del siglo XX a niveles de entre 35 y 50% del PIB en EE.UU., Europa, Japón y en casi todas partes. Pasó a llamarse “Estado Benefactor”, y comenzó a ofrecer seguros de desempleo, jubilaciones, salud gratuita, planes sociales de todo tipo, asegurar salarios mínimos, vacaciones pagas. Para financiarse inventó todo tipo de nuevos impuestos, expropió el dinero privado (el oro) e impuso el papel moneda de curso “forzoso”, y se dedicó a manipular las políticas monetarias y fiscales para “evitar” las recesiones y crecer sostenidamente.

El camino a la servidumbre voluntaria, o la verdadera causa de la crisis mundial

Como el Estado Benefactor todo lo promete, sin esfuerzos, y todo lo puede; los pueblos del mundo captaron la idea y todo lo piden, casi como si se tratara de una nueva religión. Sin embargo, es evidente que algo no salió bien. En todo el mundo desarrollado el Estado está en crisis, sabemos que es grave y que tal vez llevará una década para solucionarlo.

Pero antes de encontrar la salida debemos ponernos de acuerdo con el diagnóstico. Existe cierto consenso en que la crisis actual se debe a que durante la década del 90 el mundo se enamoró nuevamente del “capitalismo salvaje” e impuso el “Consenso de Washington”. Entonces sobrevinieron las desregulaciones de los mercados financieros y, combinadas con la irrefrenable codicia de los financistas que aprovecharon las nuevas tecnologías para crear complejos productos estructurados, tomando excesivos riesgos que transfirieron a los incautos ahorristas, generaron enormes burbujas que inevitablemente estallaron.

Si este fuera el problema, la solución sería que los Estados intervengan decidida y coordinadamente para rescatar a la economía y sanear a los bancos para que no quiebre el “sistema”. Y eso están haciendo los bancos centrales, les prestan dinero al 0,25% o al 1% anual para que compren bonos de los gobiernos que pagan intereses entre 4% y 6% anual, inyectando masivamente dinero para reactivar la economía y rescatando al mismo tiempo a los Estados sobre-endeudados, que suben impuestos y recortan módicamente sus gastos para sanear las cuentas fiscales, creando nuevos institutos y cantidad de nuevas regulaciones para que los banqueros no reincidan en su afán de lucro y rezando para que funcione, que la economía se reactive y el crecimiento económico permita diluir los problemas. El problema es que, al final, el Estado termina con una mayor proporción de la torta económica.

Pero existe otra manera de ver el problema: Lo que está en crisis es el Estado Derrochador. El Estado ha crecido desmedidamente influyendo en casi todos los aspectos de la vida humana, limitando las libertades individuales, gastando más, año tras año. Ya es considerado normal que el gasto público supere a los ingresos del Estado, y esto, pese a que los impuestos son cada vez más numerosos y las alícuotas más altas. Así, las deudas fueron creciendo vertiginosamente y están en niveles récords en muchos países, sólo la deuda pública contabilizada alcanza al 229% en Japón, al 100% en EE.UU., al 86% en promedio en Europa, con picos de 144% en Grecia o 120% en Italia.

El problema se agravó porque, en todas partes, durante décadas el Estado Benefactor utilizó el impuesto de la jubilación obligatoria para financiar gastos corrientes (en lugar de acumular fondos para pagar el retiro a los futuros jubilados). El sistema jubilatorio funcionó como un esquema Ponzi donde los nuevos trabajadores pagaban a los antiguos. Pero el sistema se agotó porque necesitaba que los jóvenes de las nuevas generaciones superen en número a los anteriores, y esto dejó de ocurrir al disminuir la tasa de natalidad en Japón, Europa y en menor grado en EE.UU. Hoy día, si incluimos las deudas previsionales a las cifras de endeudamiento, se duplican o triplican las anteriormente mencionadas.

Por supuesto, aún falta mencionar la creación de los bancos centrales, empezando por el más poderoso, la Reserva Federal de los EE.UU., en 1914. Con este invento, los estados se adueñaron del dinero legal, inclusive en algunos casos confiscaron el oro. Crearon grandes centros de planificación estatal, no ya para ver qué producir, sino para manipular la cantidad de dinero, la ayuda a los bancos y posteriormente junto con el FMI, el BID y otros organismos multilaterales, intervenir para supuestamente evitar crisis en otros Estados. Sin el menor éxito, intentaron evitar las recesiones y sólo por casualidad cada tanto acertaron en sus predicciones. No pocas veces han servido para generar o agravar las recesiones, como en la crisis del 30. En otros lograron postergarla como en la crisis de 2000, pero al costo de endeudar los Estados y agravar las crisis futuras. A pesar de las enseñanzas de Hayek, no logran comprender que la complejidad de las implicancias de reducir artificialmente las tasas de interés escapa al análisis de los planificadores centrales.

La cantidad de intervenciones es cada vez mayor. En 1994, la Fed y el Tesoro de EE.UU. rescataron a México. En 1997 a Tailandia y Hong Kong. En 1998 a Rusia y luego rescataron un fondo de cobertura —Long Term Capital. En 1999 sostuvieron a Brasil. Al año siguiente intervinieron para frenar el desplome de la economía frente a la implosión de la burbuja en las acciones tecnológicas estadounidenses. En cada intervención la receta fue la misma, facilitar el crédito, bajar las tasas de interés y aportar “fondos frescos” y, en cada caso, la economía terminó reactivándose. Pero ya en el 2001 las tasas de interés habían caído artificialmente hasta un casi 0% anual en EE.UU. y Japón, y apenas algo más en Europa. Lo cual generó una nueva burbuja, la descomunal burbuja del sector inmobiliario, en muchos países, en simultáneo, en todos los continentes. Fatalmente, la burbuja explotó con las tasas ya en 0% y la deuda de EE.UU. en récords históricos.

¿Qué hacer? ¿Revisar las premisas y repensar la estrategia? No, pues siguieron profundizando el mismo camino. Lo llamaron “Quantitative Easing” (QE), que significa, básicamente, imprimir dinero para salvar a los bancos con problemas. Esta política no fue del todo consistente porque huo dos graves excepciones, la Argentina y Lehman Brothers, las consecuencias inmediatas fueron una importante recesión local, en el primer caso, y una recesión internacional en el segundo.

Pero aún suponiendo que hubieran sido consistentes y hubieran logrado prevenir o postergar estas recesiones, la tendencia global seguiría siendo la misma. Luego de décadas de intervencionismo y oleadas de nueva legislación regulatoria, la consecuencia sigue siendo el extraordinario aumento del poder del estado, y su correlato, la disminución de las libertades individuales. Así, mientras que hace 100 años el Estado representaba poco más del 10% de la economía, en casi todo el mundo ha crecido desproporcionalmente hasta ocupar entre el 40 al 50% del PIB de cada país. Imaginemos un monopolio que ocupe el 50% de la economía y comprenderemos que su poder dominante es tan descomunal que las libertades individuales pasan a ser casi nominales. Sumemos además las generosas deudas que han acumulado. Agreguemos también que ha abusado de su capacidad legislativa escribiendo semejante cantidad de leyes que sólo las pueden albergar las más grandes bibliotecas.

Irónicamente, muchos economistas atribuyen la crisis actual a la “desregulación de los mercados financieros” de la década del 90. Conviene recordar que sólo en EE.UU. existen 75.000 páginas de regulaciones en ese mercado. O bien atribuyen la crisis a la codicia de los banqueros, como si las tasas de interés en 0% anual y los salvatajes no actuaran como estímulo adicional y extraordinario para exacerbar estas características de la naturaleza humana.

Todavía podemos añadir algo más grave. Muchos economistas creen que para salir de la crisis las guerras son indispensables. Tal vez esto influya para mantener la permanente guerra contra el terrorismo y la inútil guerra contra las drogas, y sus inevitables consecuencias en términos de pérdidas de libertades ciudadanas como el “Acta Patriótica” en EE.UU., la “Ley antiterrorista” en la Argentina, o las leyes anti-lavado en todo el mundo. Podríamos concluir sin asombro que el resultado no deseado es que el poder del Leviathán se ha vuelto inconmensurable, está totalmente fuera del control ciudadano y de manera que los hombres libres de antes, casi sin darse cuenta, se han ido transformando en siervos del Estado.

El desafío del siglo que estamos viviendo es recuperar el control sobre el Estado, “ponerlo en caja” y reducir el porcentaje que ocupa en la economía. Tal vez, la manera de lograrlo sea la competencia entre ciudades con diferentes legislaciones como propone Paul Romer con sus Free Cities. Si estas ideas logran imponerse, en algunas décadas más, los ciudadanos elegirán vivir en ciudades de servidumbre voluntaria, definidas como ciudades con altísimos impuestos a cambio de la promesa de seguridad provista por el Estado; o bien en ciudades con bajos impuestos y alta responsabilidad individual, en ciudades de hombres libres.

Referencias:

1. Herodotus. Histories. Traducido por George Rawlinson(1996). Wordsworth Edition, pp. 255-265.

2. William Pitt the elder quotes (British Statesman 1st Earl of Chatham, Viscount Pitt of Burton-Pynsent , byname The Great Commoner, 1708-1778). Traducción libre en el texto de versión original en inglés: “The poorest man may in his cottage bid defiance to all the forces of the crown. It may be frail — its roof may shake — the wind may blow through it — the storm may enter — the rain may enter — but the King of England cannot enter.”

3. Karl Marx y Federico Engels (original 1848; versión alemana de 1872). Manifiesto comunista. Edición Alemana traducida por José F. Polanco. Disponible en: http://www.marxists.org/espanol/me/1840s/48-manif.htm

4. Joseph A. Schumpeter (1942). Capitalism, Socialism and Democracy (Londres), pp. 81.

5. “Soviet Union, Stalin’s Regime” en “Source List and Detailed Death Tolls for the Primary Megadeaths of the Twentieth Century”. Disponible en: http://users.erols.com/mwhite28/warstat1.htm#Stalin. Ver también: Alexander Solzhenitsyn, Archipiélago Gulag, Barcelona, 3 vols. 2005, Tusquets Ed.

6. “People’s Republic of China, Mao Zedong’s Regime” en “Source List and Detailed Death Tolls for the Primary Megadeaths of the Twentieth Century”. Disponible en: http://necrometrics.com/20c5m.htm#Mao

7. Ben Kiernan (2003) “The Demography of Genocide in Southeast Asia: The Death Tolls in Cambodia, 1975-79, and East Timor, 1975-80”. Critical Asian Studies Vol. 35 (No. 4), pp. 585-597. Disponible en: http://www.yale.edu/gsp/publications/KiernanRevised1.pdf

8. Gapminder: Wealth and Health of Nations. Disponible en: http://www.gapminder.org/world

9. Gapminder: Wealth and Health of Nations. Disponible en: http://www.gapminder.org/world

10. Agustin Etchebarne (2005). “El cambio tecnológico y los términos de intercambio”. Revista de Instituciones, Ideas y Mercado, No. 48, mayo de 2008. ESEADE. Disponible en: http://www.eseade.edu.ar/servicios/Libertas/55_RIIM%2048.pdf

11. Angus Madisson. Contours of the World Economy: Essays in Macroeconomic History. Oxford University Press, septiembre de 2010.

12. Roberto Cortes Conde (2001). Progreso y declinación de la economía argentina: Un análisis histórico institucional. Fondo de Cultura Económica

13. Índice de Calidad Institucional 2011. Fundación Libertad y Progreso (Argentina). Disponible en: http://www.libertadyprogresonline.org/2011/06/15/indice-de-calidad-institucional-de-2011resumen/

 

Origen: La servidumbre voluntaria es el nuevo desafío a la libertad | elcato.org

LIBERTAD INDIVIDUAL

¿Por qué los impuestos son un robo?

IMPUESTOS11

“La idea de que la libertad política puede preservarse en ausencia de libertad económica, y viceversa, es una ilusión”.

Ludwig von Mises (1881-1973), en Planning for Freedom

Por Sergio Villalta en Instituto libertad

Existe una creencia muy generalizada en que pagar impuestos es una obligación moral y que no hacerlo es un acto deleznable. Parecido a cualquier otra acción que siendo ilegal es a la vez muy censurable.

También existe el sofisma de que los impuestos son un mal necesario. Al menos aquí se reconoce la inmoralidad del tributo – sin embargo -, se le exculpa a medias cuando se dice que es un mal; pero un mal que es ineludible y además necesario.

I. La autopropiedad.

En primer lugar es necesario afirmar que el hombre es dueño de si mismo. Derecho del cual goza simplemente por su condición de ser humano. Es decir, por su condición de hombre cada persona es dueña de si misma (de su cuerpo y de su mente) por derecho propio.

Este derecho no deviene de ningún otro hombre, tampoco de ningún grupo o gobernante. La propiedad de si mismo es una proposición moral.

Y una sociedad libre (una sociedad “voluntarista”) necesariamente debe basarse en este principio.

Murray Rothbard lo describe en su obra “La Ética de la Libertad”, al explicarnos que solo existen tres posibilidades:

A) Que cada individuo sea dueño de sí mismo. Esto es el derecho de ser dueño de uno mismo por libre voluntad.

B) Que algunas personas sean dueñas de otras. Esto sería la esclavitud o servidumbre de un hombre para con otro de sus semejantes.

C) Que cada persona sea dueña de una parte de todas las demás personas. Y esto significaría la propiedad comunal y universal de voluntades.

En la tercera opción no podría un hombre cortarse su cabello, a no ser que tuviera el permiso del resto de la humanidad entera. Puesto que cada parte de su cuerpo sería propiedad de los demás.

Esta tercera opción por la impracticabilidad absoluta que conlleva degenera en un absurdo teórico.

Sobra decir que solamente la primera opción sería compatible con una sociedad libre, porque es mediante el gozo de la libertad de acción de cada individuo que se puede disponer de uno mismo.

Y en sentido contrario: para la libre disposición de su persona, el hombre necesariamente tienen que gozar de la libertad para determinar su voluntad.

II. El derecho a la vida.

Siendo el hombre dueño de si mismo, este goza de la libertad de vivir. Esto es así y no de otra manera, porque la primera condición para que el individuo pueda reclamar su propiedad es que esté vivo.

Sin vida no es posible enunciar nada, menos una voluntad. Tampoco le sería posible al individuo establecer la propiedad de si mismo ante los demás, ni ante él mismo. Y sin estar vivo: ¿cómo podría gozar de la libertad de voluntad o de acción?

Además, como la propiedad de si mismo implica la posibilidad de declarar el derecho a la vida, este es en primer lugar una condición natural y a la vez una consecuencia posterior del derecho de propiedad.

El gran ensayista libertario Frank Chodorov lo explica así:

“El derecho absoluto de propiedad deriva del derecho original a la vida porque no tiene sentido el uno sin el otro: los medios de vida deben identificarse con la vida misma.”

III. La propiedad

Si cada hombre es dueño de si mismo y este es libre para vivir – es decir para actuar de acuerdo a su libre voluntad -, entonces por consiguiente somos libres para gozar del fruto de nuestras acciones y de nuestra voluntad.

¿Cómo podríamos tener la libertad de ser dueños de nosotros mismos y tener un libre albedrío, pero no ser libres de disfrutar de todo aquello que se deriva de nuestra misma propiedad y de nuestra voluntad?

Si se puede hacer lo primero necesariamente deberá ser posible hacer los segundo. Salvo los casos – claro está -, en que se agrede o provoca un daño a terceros.

Al ser el hombre dueño de si mismo y tener la libertad para decidir sus acciones, es consecuencia lógica, que tendrá también la libertad de gozar de todo lo que su voluntad produzca.

Porque de no ser así tendríamos que aceptar que otro individuo (un tercero) tendría el derecho a gozar de lo que otra persona produzca por derecho propio.

Esto sería igual que proclamar a este tercero como dueño de todos los derechos que hicieron posible ese disfrute.

El tercero devendría en dueño finalmente de aquello que produjo esos frutos – es decir -, de la vida y voluntad de la otra persona. En este último caso estaríamos ante la esclavitud.

IV. El robo.

Siempre es fácil identificar al robo cuando este se produce a un nivel individual. Por ejemplo: imagine que usted ahorró parte de su salario durante varias semanas para comprarse una bicicleta.

Ahora imagine que un día cualquiera otro individuo le roba a usted su bicicleta a punta de pistola. Ante este hecho no habría discusión alguna en llamarlo por lo que es: un robo.

Existe una tendencia innata a identificar al robo. No es necesario ser un intelectual, ni una mente brillante para entender que la propiedad de otros debe respetarse.

Nuestra moral está predispuesta a condenar el robo. De niños se nos enseña a no robar.

En en la tradición judeo-cristiana – así como en otras -, el no robar constituye un mandamiento. Existe una si

mpatía natural que surge ante el que ha sido asaltado en un camino solitario.

Sentimos repulsión e ira ante el ladrón que se aprovecha de la debilidad o descuido de otro para robarle. Y hasta se podría sentir incluso compasión ante el ladrón que ha sido robado.

Si dos hombres roban a otro tampoco habría dificultar en identificar esta acción. Fácilmente se tendría como un robo.

Podríamos hipotéticamente aumentar la cantidad de ladrones de manera exponencial: 2, 4, 8, 16, 32, 64, etc., pero a medida que aumenta la cantidad – asombrosamente -, es más difícil para algunos identificar el robo.

En especial cuando los ladrones llegan a ser un grupo muy numeroso y proclaman una justificación para apropiarse de los bienes de otros, en nombre de la “sociedad”, la “seguridad”, la “necesidad”, la “justicia”, o cualquier otro pretexto.

V. El robo legal

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La pregunta es: ¿habría una diferencia entre la acción de una persona que roba a otra y la acción de todo un grupo cuando este llega a robarle a uno de sus miembros?

O más claro: ¿en qué punto el robo deja de ser un robo? ¿Si los ladrones son mil? ¿Un millón? ¿La mitad de la población? ¿La mitad más uno? ¿Dos tercios de la población de un país, el 80%, etc.?

La respuesta es que no hay diferencia alguna. El robo sigue siendo robo, independientemente del número de ladrones que ejecuten la acción e independientemente de la excusa que lleguen a invocar.

No hay diferencia si se llaman a si mismos como una mayoría, una “supermayoría” o la “sociedad” o el “gobierno”, y aunque se ampare la acción en una ley, el robo sigue siendo robo.

Chodorov nos explica:

“No es la ley la que en primera instancia define el robo, es un principio ético que la ley puede violar, pero no suplantar. Si por necesidades de la vida consentimos la fuerza de la ley, si por una larga costumbre perdemos de vista su inmoralidad, ¿se ha eliminado el principio? Un robo es un robo y ninguna cantidad de palabras puede hacer de él algo distinto.”

Así como no podemos justificar que otro individuo (un tercero) tenga el derecho de disfrutar de todo lo que la voluntad y la autopropiedad de una persona produzcan – tampoco podemos aceptar que el “Estado”, el “Gobierno” o la “Sociedad” lo puedan hacer.

Ya que en última instancia el “Estado”, el “Gobierno” y la “Sociedad” no son más que una abstracción y representan nada más a un conjunto de individuos.

Ni el “Estado”, ni el “Gobierno”, ni la “Sociedad” tienen un cuerpo, una mente y menos una voluntad propia. Solo reflejan la voluntad de un grupo particular de hombres.

Así como no podemos aceptar que un tercero sea dueño de todos los derechos (o de las causas) que hicieron posible los frutos de la propiedad – porque el tercero devendría en dueño finalmente de aquello que produjo esos frutos -, es decir, de la vida y voluntad de la otra persona; de igual manera tampoco podemos aceptar que un grupo de personas que se presentan a si mismas como el “Estado”, el “Gobierno” o la “Sociedad” lo hagan.

Si el robo es moralmente censurable en la primera instancia, lo es necesariamente en la segunda también. Ya que el robo no deja de serlo en función de la cantidad de ladrones que lo lleven a cabo. Y tampoco deja de serlo en función del motivo por el cual se haga.

Y si no tenemos el derecho de robar la propiedad de otro, tampoco podemos delegar ese poder en el “Gobierno”, en el “Estado” o en la “Sociedad”. Ya que no podemos entregar a otro un derecho que no poseemos.

No existe ninguna obligación moral en pagar impuestos. De la misma forma que no existe obligación moral en obedecer al ladrón cuando nos amenaza para que le entreguemos la billetera.

Lo cual no significa que sea aconsejable no pagar impuestos. De la misma forma que tampoco es aconsejable no entregarle la cartera al hampón que nos amenaza con matarnos.

Podemos entender ahora que al decir: los impuestos son un “mal necesario”, esto equivale a decir, que el robo es un “mal necesario”. Similar a decir que la esclavitud es un “mal necesario”.

Aceptar esto sería aceptar que una sociedad libre debería – y podría -, construirse a partir del uso de la violencia.

Sería igual a decir que una sociedad libre podría – o debería -, construirse con base en la esclavitud. En cualquier caso estamos ante un oxímoron.

En mucho mejores palabras Hans Hermann Hoppe nos dice:

“Obviamente, los impuestos no son pagos normales ni voluntarios, por bienes y servicios, porque a usted no se le permite abstenerse de pagar si no está satisfecho con el producto. Usted no será castigado si deja de comprar coches de Renault o perfumes de Chanel, pero será arrojado a la cárcel si deja de pagar los costos de escuelas públicas o universidades estatales, o los gastos pomposos (…) Tampoco es posible interpretar los impuestos como pagos de alquiler normal…”

Así como ninguna cantidad de palabras puede cambiar la naturaleza inmoral de un robo, tampoco ninguna “ley” puede cambiar la naturaleza inmoral de los impuestos. Es necesario siempre repetir a viva voz: ¡sí, los impuestos son un robo!

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SALARIO MÍNIMO: ¿PARA QUÉ?

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Cuanto más produce el individuo, tanto más acrecienta la riqueza de toda la comunidad. Cuanto más produce, tanto más valiosos son sus servicios para los consumidores y, por lo tanto, para los empresarios. Y cuanto mayor es su valor para el empresario, mejor le pagarán. Los salarios reales tienen su origen en la producción, no en los decretos y órdenes ministeriales.

Henry Hazlitt – Economía en una Lección

Por Bernal Mauricio

Por lo general, el argumento económico en favor a incrementar el salario mínimo se resume en que incrementos en el mismo, permitirá incrementar la demanda agregada, lo que permitirá incrementar la producción, lo que a su vez estimulará nuevamente.

De Historia de las Doctrinas Monetarias de Juan Ramón Rallo tratamos el primer argumento, que deriva de la tradición subconsumista y consiste en que, a mayor demanda agregada, mayor oferta agregada. Si bien existen diversos medios para cebar la demanda agregada, uno de ellos es aumentando el salario mínimo por decreto, es decir, que incrementos en el salario están concebidos para incrementar la demanda de bienes de consumo, lo que a su vez, incrementará la oferta agregada. Dicho argumento subconsumista (propio de los mercantilistas) de que sin aumentos en la demanda agregada la oferta agregada se deprimiría deprimiendo a su vez a la demanda agregada en un círculo vicioso de depresiones, podemos encontrarlo en Simonde de Sismondi, quien, sin proponérselo, revivió los razonamientos mercantilistas al igual que Thomas Malthus; posteriormente economistas como James Mill (padre de John Stuart Mill), David Ricardo y Jean Baptiste Say refutaron el argumento subconsumista, puesto que no es la demanda agregada la que determina la oferta agregada y con esto el crecimiento, sino por el contrario, es la producción la que posibilita la demanda de otros productos.

Pero la réplica que definitivamente refuta el razonamiento de que no es la demanda de los consumidores la que consigue la generación de rentas, sino que es la inversión del exceso de renta sobre los gastos de los consumidores la que mantiene altas las rentas  se halla en el artículo El mejor test de Hayek para un economista de Jesús Huerta de Soto, para quien:

“Me parece más que nunca que es verdad que la comprensión de la doctrina de que ‘la demanda de producto no es demanda de trabajo’ es ‘el mejor test para un economista’”.[1]

Hayek quiere destacar aquí uno de los puntos clave de la teoría del capital: la estructura productiva real es muy compleja y está formada por muchas etapas, de tal manera que un aumento en la demanda de productos de consumo siempre perjudicará el empleo en las etapas más alejadas del consumo (que son precisamente donde se emplea a la mayoría de los trabajadores). O, en otras palabras, los empresarios pueden perfectamente ganar dinero incluso si disminuye su ingreso (o “demanda agregada”), si reducen sus costes al remplazar trabajo por equipos de capital, generando indirectamente una demanda importante de empleo en las etapas de la producción de bienes de capital más alejadas del consumo.[2]

Ahora bien, dejando de lado las cuestiones de tipo moral sobre si es justo o no incrementar el salario mínimo o, dicho de otra manera, si depende de los políticos y sus arbitrariedades el incrementarlo ¿Qué es lo que incrementa el salario mínimo? Guiándonos por la teoría económica, la productividad marginal que añada el trabajador al proceso productivo es lo que permite lograr incrementos en el salario, sea en una empresa unipersonal, de responsabilidad limitada o sociedad anónima, el principio es el mismo. Si el salario mínimo que decreta el gobierno se ubica por encima de la productividad marginal de un trabajador o, dicho de otra manera, si el trabajador no produce por encima de lo que le impone el salario mínimo, el empresario no tendrá incentivos a contratar, ya que si los costos son mayores al valor que produce incurrirá en pérdidas. En palabras de Henry Hazlitt:

La mejor manera de elevar, por lo tanto, los salarios, es incrementando la productividad del trabajo. Tal finalidad puede alcanzarse acudiendo a distintos métodos: por una mayor acumulación de capital, es decir, mediante un aumento de las máquinas que ayudan al obrero en su tarea; por nuevos inventos y mejoras técnicas; por una dirección más eficaz por parte de los empresarios; por mayor aplicación y eficiencia por parte de los obreros; por una mejor formación y adiestramiento profesional. Cuanto más produce el individuo, tanto más acrecienta la riqueza de toda la comunidad. Cuanto más produce, tanto más valiosos son sus servicios para los consumidores y, por lo tanto, para los empresarios. Y cuanto mayor es su valor para el empresario, mejor le pagarán. Los salarios reales tienen su origen en la producción, no en los decretos y órdenes ministeriales.

Pero además, el incremento salario mínimo aumentará la demanda elevando los precios con el tiempo, lo que terminará traduciéndose en mayores costos de producción dado el mayor costo laboral del incremento del salario mínimo para las empresas; es decir, que por un lado, el salario mínimo eleva la renta del trabajador, pero por otro lado, al elevarse el precio de los bienes que consume el efecto incremento se neutraliza pero termina perjudicando a los trabajadores informales, que difícilmente ganan más allá del salario mínimo.

Y es que el problema de decretar “el” salario mínimo es que no tiene en cuenta las distintas rentabilidades de todas las empresas que producen en el país: ¿el gobierno tendrá el conocimiento de las rentabilidades de todas las empresas que operan en el país como para establecer un “nivel” de salario mínimo tal que beneficie a todas? Si la rentabilidad que estiman los proyectos empresariales no cubre los costos impuestos por el salario mínimo lo que está generando el gobierno aún sin que no se lo haya propuesto es destruir dichos proyectos empresariales y, por tanto, la generación de nuevos puestos de trabajo.

Más aún, puesto que cualquier persona que abra una empresa pagaría un salario que vaya acorde con lo que el trabajador produce, según el documento de trabajo de la Fundación INESAD:

Los bajos niveles de productividad laboral que, en las últimas décadas, representaron, en promedio, apenas el 15% de la productividad de los países de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), y el 38% de América Latina. Aún más, entre 2005 y 2016, la productividad laboral en el país tuvo una tasa de crecimiento promedio anual de apenas el 0,6%.

Sin embargo, vemos que el salario mínimo por decreto, para el mismo periodo 2005-2016 ¡se ha incrementado 310%! según cifras del INE. Ante este panorama, uno podría preguntarse: si no hay incentivos para contratar trabajadores por parte del sector privado ¿por qué el desempleo bajó? Lo que puede explicarse por: el incremento en la demanda de puestos de trabajo por parte del gobierno y es un factor que explica los elevados niveles de informalidad laboral. Sobre lo primero, escribí un artículo explicando dónde es que creció más la demanda de empleo y por qué no beneficia a la sociedad boliviana. Sobre lo segundo ¿Cuál es el problema de la elevada informalidad? En que pone en riesgo la sostenibilidad del sistema integral de pensiones (en camino a su estatalización) y supone una merma de ingresos impositivos para el Estado.

Así las cosas, el salario mínimo es un factor que impide la generación de empleo pero no el único, otros factores como la rigidez laboral y la facilidad para hacer negocios en el país, por ejemplo, complementan la batería de medidas que: perjudican sobre todo a los jóvenes en busca de su primera experiencia laboral que actualmente están luchando por incorporarse al mercado de trabajo, desalienta nuevas inversiones, destruye el capital, beneficia a la cúpula de los sindicatos, empeora la competitividad de las exportaciones, lo que a su vez, merma la acumulación de reservas internacionales, etc. Por tanto, el salario mínimo, junto con todas las trabas que impiden incrementar el empleo tienen que eliminarse, de otra forma los efectos secundarios mencionados que afectan a la economía nunca terminarán.

[1] F.A. Hayek, The Pure Theory of Capital, Londres: Routledge, 1976, p. 439. [Teoría pura del capital]

[2] Huerta de Soto, J. (2006). Money, Bank Credit and Economic Cycles, Auburn, AL: Ludwig von Mises Institute, 2006, pp. 265-395. [Dinero, crédito bancario y ciclos económicos].

 

La mentira de los impuestos a los “ricos”(The lie of the taxes to the «rich»)

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If my best isn’t good enough then how can it be good enough for two?”

George Michael

Por  Daniel Lacalle 

Por fin. Al final lo reconocen. Las subidas de impuestos no son para pagar las pensiones ni para reducir el déficit, son por “justicia social” –según la Ministra de Hacienda-.

La frase es magnífica y se une a aquellas proféticas palabras de Carmen Calvo, que ustedes recordarán “el dinero público no es de nadie”. Dice así: «Hay subidas de impuestos con afán recaudatorio y otras que se hacen por justicia social».

La frase parece una broma. Todas las subidas de impuestos tienen afán recaudatorio. ¿“Justicia social”? Pues no. Si lo que le preocupase a nuestra ministra es la justicia social, habría atajado la administración paralela,esa red clientelar de empresas y fundaciones fantasma, que en su comunidad, Andalucía, detrae más de 3.000 millones de euros anuales de recursos públicos (un 3,5% más que en 2017 en el presupuesto de la Comunidad, casi el 10% del gasto no financiero total). Y lo mismo en otras comunidades autónomas. Más de 28.000 millones anuales.

Si al PSOE le preocupase la justicia social, no habría subido impuestos a familias y empresas en todas las comunidades autónomas gobernadas con Podemos hasta alcanzar una presión fiscal entre un punto y hasta dos puntos superior a la media nacional.

El cuento de demonizar las rentas altas empieza por el lenguaje. “Rentas altas”. ¿Quién define “altas”? Parte de hacer creer al que lo lee o escucha que es una renta injusta o desproporcionada. No dicen “las rentas más productivas” o “las rentas mejor remuneradas”, no. “Rentas altas”. Para que usted piense que somos malvados explotadores. 

El PSOE y Podemos les cuentan el cuento de que 600.000 personas van a pagar 20.000 millones más de gastos anuales, ustedes se lo creen y, mientras se carcajean, les suben los impuestos a todos con nombres originales (verdes, locales, regionales, Google, CO2). Luego bajan el listón “de rico” a medida que su voracidad confiscatoria no se ve saciada. Hasta que usted es rico y no se había enterado.

En España, el contribuyente medio dedica 177 días de sueldo anual para pagar impuestos.

Las “rentas altas”, por su parte, trabajan 180 días al año solo para pagar impuestos.

Si partimos de un contribuyente soltero y sin hijos que gana 150.000 euros brutos al año, vemos que su cuña fiscal ya es del 48,25% en las comunidades autónomas del régimen común, y que llega hasta el 53,11% en NavarraEl concepto de “renta alta” es en realidad casi inexistente en España.

Las rentas de 150.000 euros abonan unos 84.000 al año en impuestos, antes de entrar en impuestos indirectos, al ahorro, a la vivienda, etc. Es decir, el equivalente a unos cuatro sueldos brutos medianos.

Ellos saben que un incremento del 10% en el tipo efectivo medio sobre las rentas de más de 150.000 euros hundiría la recaudación entre 500 millones y 2.500 millones de euros. En el más optimista de los casos, efecto casi nulo. Como indica Juan Rallo, hay diversos estudios que lo demuestran.

Si le preocupase la justicia social, no consideraría aceptable detraer en impuesto de la renta más de la mitad de los ingresos de un trabajador, sea cualificado o no, para luego detraer un tercio de sus ahorros, un cuarto de su vivienda y un quinto de su consumo. Pero si le preocupase la justicia social, desde luego se daría cuenta que expoliando a los 90.000 ciudadanos, trabajadores, que ganan más de 120.000 euros ni se pagan las pensiones ni se reduce el déficit ni se mejora el patrón de crecimiento ni aumentan los salarios.

En España la mayor desigualdad es entre contribuyentes y burócratas.

Aquí, de lo que se trata no es de garantizar el estado de bienestar, que se garantiza creando empleo, empresas grandes y sólidas y atrayendo inversión.Se trata de financiar el gasto clientelar y poner escollos al crecimiento para presentarse luego como el salvador. “No le importa quemar el bosque si se convierte en rey de las cenizas” como decían en Game of Thrones.

Ninguna sociedad ha hecho más ricos a los pobres haciendo pobres a los ricos.

Pero lo que es absolutamente intolerable es que digan que no va a afectar a “la clase trabajadora”. Como si los que ganan 120.000 o 150.000 euros al año, o lo que sea, no fueran trabajadores. Y además, incansables, como los demás. Como si los médicos, ingenieros, arquitectos o cualquier grupo que se gane su salario con su esfuerzo no fueran trabajadores que se levantan cada mañana para generar crecimiento, empleo y prosperidad.

Estamos ante una guerra de odio al mérito, al éxito y a la prosperidad. El odio populista a la gran empresa o a los salarios superiores no es la defensa del pueblo o el pequeño empresario. Es la constatación de la envidia al éxito. Porque la definición de gran empresa se va rebajando –como la de “ricos”- hasta que el kiosco de barrio les parece Exxon.

En España tenemos aproximadamente 600.000 personas que ganen más de 60.000 euros y a eso llaman “ricos”. Y unas 750 empresas contribuyen a la inmensa mayoría del impuesto de sociedades. Esas empresas son hasta un 30% más pequeñas en tamaño a la media de los grandes grupos de nuestros países comparables, pero lo llaman “grandes empresas”. La empresa española es fundamentalmente pequeña y mediana y, encima, más pequeñas que la media de nuestras economías comparables.

La fiscalidad confiscatoria es devastadora para el estado de bienestar, el crecimiento y el empleo. Porque los impuestos confiscatorios generan un efecto depresor, y estamos sobrepasando ese nivel con el cuento de que “hay margen”. 

“Recaudamos poco”, dicen. Y usan presión fiscal (una ratio recaudatoria, ingresos fiscales sobre PIB) en vez de cuña fiscal (lo que usted y yo pagamos con respecto a lo que ganamos). La primera es ópticamente baja. La segunda es muy alta. ¿Cómo lo solucionan? Subiendo impuestos. Y siguen recaudando “poco”. El que parte, reparte y se lleva la mejor parte.

¿Se han dado cuenta que los que siempre encuentran margen lo hacen con el dinero de los demás? ¿Que los solidarios con el salario y ahorro ajeno siempre consideran que usted gana demasiado y ellos gastan poco?

Una renta de 150.000 euros paga más impuestos que cuatro salarios medianos. ¿No deberíamos incentivar que fuera atractivo atraer inversión, contratar y subir sueldos en vez de multiplicar el coste del impuesto al trabajo y la inversión para que nunca aumenten?

Las grandes empresas generan 1,21 millones de empleos. Es decir, crean 1,21 millones de puestos de trabajo más que los populistas que las atacan. ¿No deberíamos atraer más y mejores?

Según Funcas, el 10% más rico en términos de renta soporta el 48% de todo lo que se recauda en impuesto sobre la renta.

Los “ricos”, señora ministra, son los que mantienen en sus sillones a esos que jamás han creado un puesto de trabajo ni arriesgado sus ahorros para montar una empresa, que jamás se han quedado hasta altas horas de la madrugada, fines de semana y sin vacaciones, para crear riqueza. Los “ricos” son los que pagan el sueldo a esos que atacan al capitalismo desde su iPad pagado con nuestros impuestos mientras se toman un mes de vacaciones después de cuarenta días de “gobierno”. Nunca he visto a unos anticapitalistas más apegados al capital… de los demás.

Las “rentas altas”, señora ministra, son la clase trabajadora que mantiene a su clase política.

Los trabajadores, empresarios, autónomos y familias que ustedes llaman “los ricos” están hartos de los políticos rentistas extractivos, que usan la demagogia para incitar el odio y multiplicar el gasto clientelar, no garantizar el estado de bienestar. 

Lo verdaderamente preocupante de España es esta carrera hacia cero de subir impuestos constantemente para recaudar peor y menos. Y así nunca progresaremos. Pero nos daremos palmadas en la espalda diciendo que la culpa es de la nueva, e inferior, definición de “los ricos”. Prepárese.

No se engañen, los populistas saben que las empresas y “rentas altas” pagan muchos impuestos. Lo que buscan es fomentar la envidia, destruir lo que queda y echar a quien quiera venir. Y presentarse como la solución repartiendo las migajas de lo que quede. Destruyendo miles de empleos al día, como ya hemos visto en el pasado. Justicia social.

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Los impuestos los pagas tu (Taxes you pay for)

PARA QUE SE ENTEREN SOBRE TODO, LOS CRETINOS QUE VOTAN A PODEMOS Y PARTIDOS SIMILARES O AL MISMO PSOE.

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Escrito por José Luis Montesinos

Es bien conocido por una parte importante de la ciudadanía que los impuestos siempre recaen sobre la clase media. Si se incrementan en demasía la clase media se convierte en baja y el país se va al carajo. Así de sencillo. Las clases altas, y más en un mundo globalizado, tienen los recursos necesarios para poner el dinero a buen recaudo, fuera de la voracidad de la sanguijuela de turno del ministerio de economía.

Todas las veces que repitamos este mantra son pocas. Comprobado está, de la misma forma. que existen políticos que reiteran que los impuestos los van a pagar los ricos y tontos de baba que les creen. La envidia siempre se consideró el pecado endémico de los españoles y eso de que paguen otros y que se jodan cala como gota malaya.

Mientras es un hecho que la economía repunta, los salarios en España se mantienen bajos. Las empresas que han sufrido un tremendo reajuste en los últimos tiempos no acaban de transferir esta bonanza a la cuenta de sus empleados, entre otras cosas porque no acaban de notarla. Habiendo como hay más trabajo, en el mundo global competir con otros países implica mantener los costes bien embridados. En un país donde la energía se paga al doble de lo que cuesta, gracias a los impuestos, es muy difícil transponer las subidas en el volumen de negocio a subidas salariales. El tejido empresarial español, en donde las empresas de alto valor añadido son la excepción, no puede repuntar si a cada paso que de les suben el gasoil, la luz o Sociedades.

Las pretendidas subidas de impuestos que se han anunciado y que pagaran las grandes empresas y las pymes, se repercutirán directamente en los salarios de sus empleados. Hasta en un 75%, según los estudios.

Los conocimientos más básicos de economía nos enseñan que el precio viene determinado por el mercado, cuando el número de competidores va en aumento. En la economía mundial, a excepción de algunos monopolios y oligopolios, el número de actores que participan en el mercado de cada producto o servicio es cada vez mayor, lo que impide que nadie pueda marcar el precio, por lo que nuestras empresas deberán reducir sus costes cada vez que al iluminado recaudador le parece que necesita hacer caja. Mientras suben ventas e ingresos el beneficio se lo lleva Hacienda y los salarios se quedan igual. Sencillo de entender.

Así de sencillo. Tú pagas el pato, como trabajador de una empresa de que haya que recaudar más. Tú pagas el pato como consumidor, porque eres clase media y cuando suben impuestos te los suben siempre a ti. Tú pagas. Y ¿callas?

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UNIDOS PODEMOS y PSOE a lo de siempre, EMPOBRECERNOS.

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Aun así, seguirá habiendo millones de MASTUERZOS ANALFABESTIAS, además de la CHUSMA PARASITARIA que les seguirán votando. ESTO es lo único que saben hacer esta panda de TOTALITARIOS.

Y, por mucho que hablen de la corrupción y mas concretamente, la del PP, aunque NINGUNO SE PUEDE IR DE ROSITAS, parece mentira que, eso que llaman «El Pueblo» no se entere que LO PRIMERO Y MAS IMPORTANTE ES LA PROPIA LIBERTAD, ASÍ COMO EL PROPIO BOLSILLO Y PATRIMONIO DEL INDIVIDUO.

¿Gasto social? ¡¡para que!!!, ¿PARA CRIAR PARÁSITOS Y SUBVENCIONAR A LOS QUE NOS VIENEN DE FUERA?

PASEN Y LEAN:

Unidos Podemos pide disparar el techo de gasto en 15.000 millones y el Gobierno acelera nuevos impuestos

El aliado parlamentario clave del Gobierno, Unidos Podemos, solicita una subida histórica del llamado techo de gasto del Estado, que es la primera gran decisión para la elaboración de los Presupuestos para el próximo año. El Gobierno asume que hay que elevarlo y acelera la creación de nuevos impuestos para poder intentar cuadrar el círculo de subir el gasto y bajar a la vez el déficit público como prometido a la Unión Europea.

La aprobación del techo de gasto en Consejo de Ministros está prevista para la semana próxima y el portavoz económico de Unidos Podemos, Alberto Garzón, cifra en al menos 15.000 millones más la subida necesaria que debe aprobar. Esta fuerza política es partidaria de dar un salto sustancial en el límite permitido en 2019 para todas las administraciones públicas para recuperar la agenda social que, en su opinión, perdió el Gobierno de Mariano Rajoy. La petición de Garzón implicaría pasar del actual techo de gasto de 119.000 millones a, al menos, 135.000 , lo que representaría el mayor esfuerzo de gasto estatal desde 2010.

«Es la cantidad mínima para empezar, con menos de eso no vamos a ningún lado», asegura a este diario Carlos Sánchez Mato, que ha hecho los cálculos con Garzón. En su opinión, se abre una gran oportunidad con el actual Gobierno para cambiar el discurso económico y dar el salto de gasto necesario. «Estamos en línea con Podemos», asegura. El grupo parlamentario que lidera Pablo Iglesias presentó hace unas semanas una enmienda a la totalidad a los Presupuestos del PP en que solicitaba un incremento del gasto mayor, 20.000 millones de euros. En un artículo en el diario Público, Garzón defiende que, en realidad habría que fijar un techo de gasto de 150.000 millones, pero le parece indispensable arrancar al menos los citados 135.000 el próximo año.

Aumento «sustancial»

El responsable económico de Podemos, Nacho Álvarez, corrobora a este diario que el aumento del techo de gasto debe ser «sustancial», aunque declina especificar cifras a la espera de la propuesta que termine presentando el Gobierno. «Estamos estudiando y trabajando los números, pero en todo caso, no pasa tanto por poner cifras, sino identificar los grandes retos que tiene nuestro país y que deben quedar recogidos en los próximos Presupuestos. Lo importante es identificar y fijar esos retos y después poner los números», afirma Álvarez.

En cuanto a cómo compatibilizar tal aumento del techo de gasto y la exigencia de la Comisión Europea de ajustar unos 15.000 millones el déficit en 2019, el ex concejal madrileño Sánchez Mato lo tiene claro: «No hay por qué cumplir el objetivo de déficit y, en todo caso, el prioritario es el déficit social«.

La presión de este socio parlamentario y las propias promesas electorales del PSOE empujan a la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, a aumentar el techo de gasto, pese a que el año próximo se ha comprometido con la Unión Europea a rebajar el déficit al 1,3% del Producto Interior Bruto. Para intentar que salga la ecuación, la ministra está acelerando la creación de nuevos impuestos con ingresos que apuntalen el mayor gasto. Montero aseguró en la Cadena Ser que va a subir el techo de gasto «para recuperar parte del gasto social perdido durante la crisis». El techo de gasto más alto se alcanzó en 2010 cuando el Gobierno de Zapatero lo fijó en 182.439 millones y, desde entonces, nunca ha alcanzado los 134.000 millones.

Más presión fiscal

Montero confirmó ayer, al tiempo, la tramitación inminente de al menos tres nuevos impuestos: el previsto sobre la banca, la llamada Tasa Google e impuestos medioambientales. No dio aún cifras ni detalles, pero la dinámica es clara: más gasto público y más presión fiscal.

Montero descartó «subir impuestos a los ciudadanos» y, en concreto, elevar el IRPF, aunque no confirmó ni tampoco cerró la puerta a elevar la tributación sobre el gasóleo dentro de la fiscalidad medioambiental.

«En lo que está trabajando el Gobierno es en encontrar espacios fiscales nuevos para una sociedad del siglo XXI». Enmarcó los nuevos impuestos en dar respuesta a los retos de la globalización y de la economía colaborativa, y para contar con los nuevos nichos de actividad, que a veces hacen competencia desleal a sectores tradicionales y que tienen que contribuir en mayor medida a la redistribución de la renta», subrayó la ministra.

«Empezaremos desde ya a llevar propuestas al Congreso», ha afirmado, porque los tres nuevos impuestos necesitarían proyecto de ley y un apoyo parlamentario nada fácil, puesto que habría que poner de acuerdo a partidos en las antípodas económicas como Podemos y el PNV. El objetivo es que entren en vigor no más tarde que principios del año que viene. Es prematuro cuantificarlos, porque, aunque el impuesto sobre la banca que quería el PSOE recaudaba 1.000 millones, Montero dio a entender que no sería el mismo y que se implantaría de forma «razonable y progresiva». En cuanto a la tasa Google, serían unos 600 millones anuales, según el Gobierno anterior y los medioambientales dependerán de la incógnita del diésel.

Montero sí dio por hecho incrementar el tipo efectivo del Impuesto de Sociedades desde el 12% al 15% de modo que, por debajo de ese porcentaje las empresas no puedan ya aplicar deducciones. Con esta medida podría recaudar hasta 4.000 millones, según cálculos preliminares de su programa electoral.

Por el lado contrario, la ministra de Hacienda dijo que estudiará que puedan existir deducciones para aquellas empresas que apuesten por la igualdad efectiva de hombres y mujeres.

Por cierto, para todos aquellos BORRICOS que aplauden eso de «mas impuestos para los bancos» ¿seguís sin daros cuenta, pandilla de lamelibranquios, que eso lo repercuten directamente tanto en los ya de por si bajos intereses que te dan por un simple depósito a plazo fijo o por el mantenimiento de una miserable cuenta corriente? ¡¡Pues ya os enteraréis ya!! y, además, es normal, no es porque «los bancos son mu malutos» y tal, no, es que cualquiera de nosotros haríamos lo mismo. Si yo me dedico a prestar algún tipo de servicio o a vender cualquier cosa y el maldito estado me sube los impuestos, ES ABSOLUTAMENTE LÓGICO QUE YO (O TU, O EL, O ELLA, O ESOS, O AQUELLOS…) LO REPERCUTA EN LOS PRECIOS ¿lo entendeis mostrencos?

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