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Hacia un corralito de alta tecnología

Escrito por Juan Manuel Olarieta


Durante los tres años de pandemia los gobiernos paralizaron deliberadamente la actividad económica. Generaron una cantidad gigantesca de deudas y, para pagarlas, liberaron dinero fiduciario a espuertas.

Esa gran masa de moneda circulante (dólares, euros, libras) aumentó aún más con la Guerra de Ucrania, desatando una inflación galopante. El coste de la energía y los alimentos redujo los salarios reales de los trabajadores.

Para frenar la inflación, los bancos centrales elevaron los tipos de interés, tras lo cual el valor de los bonos se desplomó y el castillo de naipes empezó a tambalearse.

Algunos bancos han quebrado y la respuesta política es reforzar la supervisión “para que no se vuelva a repetir”. En las crisis financieras, los bancos centrales siempre salen absueltos. Los medios ni siquiera hablan de ellos, como si sólo fueran árbitros. Quieren dar la impresión de que no tienen la culpa del corralito, que es consecuencia de los bancos privados.

Es la gran coartada socialdemócrata: lo público es mejor que lo privado, hay que cambiar las reglas del juego, intensificar los controles, regular los mercados…

Las criptomonedas son uno de esos asuntos privados. Dos de los bancos que se han hundido (Silvergate y Signature) habían invertido en ellas, lo mismo que el SVB. Quieren aparentar que las criptomonedas son un peligro para el sistema financiero porque son privadas.

En consecuencia, pretenden regular las criptomonedas y la mejor manera es que sean los bancos centrales quienes las emitan. En la jerga de los expertos se llaman CBDC.

Esa política económica conduce a reforzar el capitalismo monopolista de Estado en los mercados financieros. Del mismo modo que España acabó con las cajas de ahorros (públicas) en beneficio de los bancos (privados), ahora tratan de eliminar a los pequeños bancos en beneficio de los grandes. Habría menos bancos y serán más fáciles de manejar para los bancos centrales.

A su vez, los bancos centrales ya funcionan de manera “independiente” de los gobiernos respectivos, es decir, no son tan políticos ni públicos como antes. El modelo es la Reserva Federal de Estados Unidos, un banco privado: instituciones privadas ejerciendo funciones públicas (de política económica).

En el caso de las criptomonedas, el sistema funcionaría al revés: una institución pública asumiría funciones privadas. Es otro espejismo: a muchos las CBDC les parecen más seguras que las criptomonedas de los bancos privados porque las emite un organismo público (que no tiene ánimo de lucro ni, por lo tanto, un afán de especular con la moneda digital).

Pero si, como ocurre, los fondos de garantía de depósitos cubren las cuentas de los clientes de los bancos quebrados, cualquiera que sea la cantidad, las instituciones públicas ya están sustituyendo a las privadas.

Lo que se está preguntando ahora mismo el capital financiero es: ¿las CBDC serán un factor de estabilización financiera?, ¿cómo afectarían a los futuros corralitos? Eso significa que hay algo que tienen muy claro: el actual sistema financiero internacional es insostenible y puede desatar una crisis económica sin precedentes.

En enero de este año, el Foro Económico Mundial publicó un documento titulado : “¿Pueden las monedas digitales de los bancos centrales ayudar a estabilizar los mercados financieros mundiales?” El Banco de Pagos Internacionales respondió que puede ocurrir todo lo contrario: las CBDC (y el dinero digital en general) pueden agravar las crisis bancarias, pero sólo respecto de los bancos que tengan dificultades. Ahora bien, como permiten transferir dinero de forma instantánea, los depositantes huirían de los pequeños bancos para marcharse a los fuertes.

Por lo tanto, de momento, el capital financiero sólo piensa en crisis bancarias localizadas en los pequeños bancos y juegan con la suposición de que los bancos centrales no van a dejar caer a los grandes, que se beneficiarían de la crisis de los demás, es decir, que se produciría una monopolización aún mayor del mercado financiero.

Con más razón se puede decir eso mismo de las CBDC: los depositantes de los bancos privados comprarían las CBDC de los bancos centrales a golpe de móvil, sin necesidad de guardar cola en la sucursal del banco, ni en el cajero automático.

Los corralitos serían mucho más discretos, sin gritos en las calles, pero mucho más acelerados y, por lo tanto, más graves. Bastaría que los rumores corrieran por las redes sociales para vaciar las cuentas en muy pocos segundos. Las retiradas de fondos serían más frecuentes y más masivas, llevando a los bancos privados a la quiebra.

Con los CBDC los bancos centrales van a hacer exactamente lo mismo que con el dinero fiduciario, creando más inestabilidad financiera y provocando el colapso de los bancos privados, las aseguradoras y, finalmente, las bolsas de valores.

Antes de que esa situación se produzca, quienes estén enganchados a los móviles y sus aplicaciones se encontrarán con una sorpresa desagradable: empezarán a pulsar las teclas pero no podrán recuperar su dinero. El móvil dejará de mover dinero sin esperar a que el corralito haya aparecido. Es política preventiva. Para evitar una quiebra lo mejor es dejar a los clientes sin su dinero.

Se acabaron las crisis, las quiebras y los corralitos. No es futurología; ya ocurrió con las acciones de GameStop hace un par de años. En lo sucesivo no bastará tener cuidado con los bancos, sino también con las aplicaciones de los móviles, como Robin Hood, que funcionan muy rapido y dejan de funcionar más rápido aún.

La plataforma digital Robin Hood hizo todo lo contrario de lo que cabía esperar de una denominación así: robó el dinero a los pobres para dárselo a los ricos. No sólo los bancos funcionan así; también las empresas tecnológicas, aunque presuman de “alternativas”.

Hay que tener mucho cuidado con los “alternativos”. Forman parte de lo mismo: robar a los pobres para dárselo a los ricos, porque es la manera de paliar las crisis capitalistas.

La España embargada y el marrón de las renovables que Sánchez ha multiplicado

Los pleitos internacionales por las renovables brindan una pésima imagen ante las agencias de calificación y los grandes inversores. Mala tarjeta de presentación para un país obligado a financiar una deuda inmensa

JUAN T. DELGADO en VOXPOPULI

No debe ser plato de buen gusto para los profesionales del Tesoro, ni para algunos funcionarios ‘top’ del Ministerio de Economía. Sobre sus espaldas recae la misión de mover en los mercados la deuda soberana española. Esta tarea implica dar la cara ante quienes tienen que calificarla y, por supuesto, ante quienes pueden comprarla. Y el presente no facilita, precisamente, la ‘venta’. España es hoy cualquier cosa menos un ejemplo para los inversores internacionales, y no sólo porque tiene una deuda pública excesiva: para colmo, no paga lo que debe.

Las principales agencias de calificación (Moody’sFitch o S&P) son plenamente conscientes. Se lo han hecho saber los fondos que llevan años litigando contra el Estado por los cambios de retribución de las energías renovables. El marrón lo dejó el Ejecutivo de Mariano Rajoy sin medir las consecuencias. Recordemos: el gabinete de José Luis Rodríguez Zapatero aprobó unas primas de ensueño para promover fuentes, como la solar o eólica. El Gobierno de Rajoy, al que tocó comerse el rescate europeo, consideró disparatada la factura y tiró por la calle de en medio, aplicando un tajo radical a la retribución. 

De aquellos polvos vienen los actuales lodos. Los inversores se lanzaron en tromba a denunciar al Estado. Las cortes de arbitraje fueron dándoles uno por uno la razón, imponiendo compensaciones… que el Gobierno de Sánchez se niega a pagar ahora. La bola de nieve se ha hecho tan grande que sólo Venezuela supera hoy a España en el ranking de países morosos. Lo ha contado en Vozpópuli Alberto Sanzya hay ocho laudos impagados por valor de 700 millones y un reguero de litigios que supera el medio centenar.

Hasta el Banco Mundial ha sacado los colores al Gobierno, exigiendo que abone lo exigido en los arbitrajes. Mala tarjeta de presentación para un país obligado a lidiar con una deuda pública descomunal. En septiembre de 2022 superó por primera vez la barrera del billón y medio de euros, y el pasado febrero cerró con un nuevo récord (1,52 billones). La factura desbocada de las pensiones o la falta de voluntad para recortar el gasto superfluo explican, entre otros factores, por qué España tardará mucho más que otros países vecinos en recuperar los niveles de deuda prepandemia.

Sólo este año, el Tesoro tiene que colocar cerca de 257.000 millones de euros, sumando las nuevas emisiones (70.000 millones) y la refinanciación de los títulos en circulación. La rentabilidad exigida en las primeras operaciones del año ya alcanzó los niveles más altos en una década (casi un 3% para los bonos a 10 años).

Al Tesoro le queda un gran trabajo por delante en los próximos meses. A la incertidumbre que genera entre los inversores el año electoral, se suma el goteo de informaciones negativas que seguirán generando los pleitos de las energías renovables.

Pulsos por las renovables

No olvidemos que esos pulsos se libran en las principales plazas del mercado, como Londres Nueva York. E incluso en la lejana Sidney, donde la Corte Suprema ha iniciado un proceso que puede culminar en el embargo de activos de la pública Navantia en suelo australiano. 

Eso es, exactamente, lo que ya está ocurriendo en Reino Unido. El Tribunal Superior de Londres aceptó a principios de este mes el embargo cautelar de la sede del Instituto Cervantes en la capital. Todo un bochorno para quienes trabajan en la institución. Y un apunte negativo más para quienes dan la cara en el Ministerio de Economía ante los inversores y las agencias de calificación de riesgos.

Tanto Moody’s como Fitch o S&P conocieron hace diez días un hecho que prendió como la pólvora en los mercados y en la prensa: un fondo estadounidense (Blasket Renewable Investments) ha solicitado que se declare el ‘default’ de una partida de deuda española. Sus abogados esgrimen que los bonos españoles merecen tal castigo al ser emitidos por un Estado tan mal pagador.

El incendio, lejos de aplacarse, irá extendiéndose, a la vista de la lista de laudos pendientes de pago. El marrón de Rajoy que Sánchez ha multiplicado acabará en manos del próximo presidente. «Lo peor que nos puede pasar es que los inversores internacionales empiecen a percibir que España va camino de convertirse en una especie de Venezuela», asegura uno de los principales banqueros de inversión que operan en nuestro país. «En el fondo, eso es lo que percibió Rafael del Pino. Por eso se marcha Ferrovial.

 

El Partido de lo Tuyo

Por  Juanma Badenas 

CONTEXTO SOCIO-POLÍTICO: crisis de la sociedad industrial

La democracia liberal creció al tiempo que el capitalismo y mientras se desarrollaron las clases medias. Este proceso tuvo su apogeo tras la Segunda Guerra Mundial y hasta que sobrevino la crisis de las hipotecas subprime, aunque a mediados de los años setenta del siglo XX se empezaron a manifestar algunos signos de decadencia del sistema. Alvin Toffler y su mujer Heidi publicaron en 1994 un ensayo titulado Creating a New Civilization: the Politics of the Third Wave; si bien, en 1970, Alvin ya había logrado un superventas con su libro Future Shock en el que introdujo el concepto de “crisis general de la sociedad industrial”.

La crisis de la sociedad industrial, que en el fondo no es más que la manera en que el capitalismo se transforma a sí mismo, tiene consecuencias económicas, sociales y políticas. Las económicas son bastantes conocidas y tienen que ver con el globalismo, la hiperinternacionalización de los mercados y la tendencia al oligopolio (con la consiguiente acumulación de la propiedad en pocas manos). Las sociales con la disminución de la influencia del factor trabajo (en favor del capital y del uso progresivo de máquinas para la fabricación y prestación de servicios), el estancamiento (e incluso mengua, en algunos casos) de los salarios, el aumento del desempleo y el empobrecimiento de las clases medias. Y las políticas con la pérdida de poder de los Estados en favor de las corporaciones globales, la pérdida de transparencia en la toma de decisiones (y de democracia), el sacrificio del individuo en favor de la colectividad y, como decían los Toffler en 1994, que “carezcan ya de aplicación las antiguas formas de análisis político, tales como los términos derecha izquierda o liberal conservador, entre otros”.

INFLUENCIA EN EL MODO DE VIDA DE LOS INDIVIDUOS

De las anteriores consecuencias, acaso las más relevantes son las que afectan directamente al individuo y su forma de vida. Siguiendo el orden expuesto, una de ellas es, sin duda, la tendencia a la concentración de la propiedad y del capital en pocas manos, así como el fortalecimiento de las grandes corporaciones internacionales. En el año 2000, Jeremy Rifkin empezó a hablar del tránsito de la “era de la propiedad” (base de la actual sociedad occidental) a la “era del acceso” (que da título a una de sus más conocidas obras). En la misma línea, veinte años después, el Foro Económico Mundial (WEF), en un documento titulado 8 predictions for the world in 2030, afirma que en menos de una década “no tendremos nada y seremos felices. Cualquier cosa que deseemos alquilar nos la llevará a casa un dron”. En el plano doméstico español, Santiago Niño-Becerra, en su libro Capitalismo 1679-2065, comparte las mismas posiciones y pone como ejemplo lo que la compañía Ikea anunció en enero de 2020 al decir que va a establecer un sistema por el cual los consumidores podrán acceder a un catálogo de productos sin necesidad de comprarlos, pagando únicamente por su uso. Por consiguiente, estamos asistiendo al proceso inverso al que tuvo lugar en España (entre otros países) cuando en el año 1965 se aprobó la Ley sobre Venta a Plazos de Bienes Muebles que tuvo por finalidad facilitar la adquisición de productos duraderos, tales como electrodomésticos y vehículos, por parte de una clase media creciente, tanto en número como en poder adquisitivo. Ahora el fenómeno es justamente al revés; el último estertor del sistema tuvo lugar, como dije antes, al tiempo que las hipotecas subprime, que –como es conocido, visto hoy con perspectiva– fue un intento de enmascarar el declive de la capacidad adquisitiva de las clases medias y el ensanchamiento de la baja. Por medio de su posterior titulización, estas hipotecas crearon, en extensas capas de la población, el espejismo de que podían seguir accediendo a bienes que, si no hubiera sido por créditos falsamente garantizados, no habrían podido adquirir.

La disminución de la influencia del factor trabajo –y la consiguiente mengua de los salarios– es otra circunstancia preocupante. Según Niño-Becerra, “a partir de 1973, la inflación, y no el desempleo, fue el enemigo a batir”. Esto trajo consigo la aparición de dos fenómenos que han terminado por influir en el statu quo de los ciudadanos, que son los siguientes: de un lado, la deslocalización de la producción y de los servicios y, del otro, la sustitución de puestos de trabajo por máquinas. Como señala Esmeralda Linares en su trabajo La Deslocalización Industrial en Europa, “el outsourcing está siendo una de las estrategias más frecuentes de las empresas” para adaptarse a la realidad económica (global) que vivimos. Este outsourcing puede ser nacional o internacional, y tanto interno como externo; pero casi siempre comporta un elemento externo y/o internacional. Aquellas empresas que por su envergadura y capacidad necesitan abaratar costes, trasladan una parte de su producción, a través de filiales, a países donde la mano de obra es mucho más barata o compran componentes, que anteriormente fabricaban por sí mismas, en naciones con precios más reducidos. Tanto una cosa como la otra tienen como efecto la disminución del número de puestos de trabajo disponibles a nivel nacional y el estancamiento (o incluso reducción) de los salarios.

La sustitución de puestos de trabajo por máquinas es otra manera que tienen las empresas de reducir costes y de maximizar el valor del accionista. Las máquinas no cobran, no cotizan a la Seguridad Social, no tienen derecho a vacaciones pagadas, ni pagas extra, ni derechos sindicales y, además, pueden llegar a producir, en algunos casos, más que veinte trabajadores juntos. En la duda, cualquier empresa preferirá comprar máquinas que contratar nuevos empleados. Durante algunos años se pensó que la tecnologización traería consigo la destrucción de puestos de trabajo que después serían sustituidos por otros de mejor calidad. Hecho que, según los Toffler y otros muchos autores, sucedió en el tránsito de la Primera Ola (la agrícola) a la Segunda Ola (la industrial). Sin embargo, los datos ponen de manifiesto que no es así, que los empleos que destruye la tecnología no son repuestos en ninguna otra parte. Al menos de momento, y no se espera que pueda cambiar durante las próximas décadas, motivo por el cual, tal y como vaticinaban los referidos autores, nos aproximamos inexorablemente a momentos socialmente convulsos.

Una opinión semejante se deduce del documental American Dharma, dirigido por Errol Morriscuando entrevista al estratega de Donald Trump, Steve Bannon. A mayor abundamiento y con datos más concretos, según un informe reciente de la OCDE, “más de cuatro millones de españoles pueden perder su empleo por los robots y la automatización” (el informe habla exactamente de 4.200.000 puestos de trabajo que van a desaparecer en nuestro país por esta causa). Un efecto de todo esto puede que ser que el nivel de paro entre quienes buscan su primer empleo sea descomunal y que la calidad y retribución de los pocos que son contratados sea ínfima. Un reciente editorial del diario español El Mundo hablaba de “la cicatriz laboral de los jóvenes” y de que “el salario mensual real de los jóvenes de entre 18 y 35 años es hoy menor que en la década de los 80, con caídas que van dese el 26% para la franja entre los 30 y los 34 años y hasta el 50% para la de los de 18 a 20” (datos apoyados en informes de fundaciones de estudios económicos de prestigio, como FEDEA).

Por otra parte, la disminución de los puestos de trabajo tiene otro efecto preocupante que es el relativo al mantenimiento del sistema de pensiones. Como advirtió el excanciller alemán Gerhard Schröder en el año 2003, “en 1960 trabajaban cinco por cada jubilado, hoy en día son solo tres y en el año 2030, por cada dos en activo habrá un jubilado”. Actualmente, esta ratio, por ejemplo, en España ya es menor.

El empobrecimiento de las clases medias es un hecho evidente, progresivo y constante. Como sostiene Niño-Becerra, “la clase media está desapareciendo por una razón muy sencilla: está dejando de ser útil para el sistema. Los elementos que la caracterizaban, el trabajo y el consumo, han perdido su significado debido a la disminución de los salarios y a la capacidad de endeudamiento cada vez más limitada desde 2007”. Siguiendo a Richart Sennet, uno de los mayores expertos sobre la materia, “el modelo anterior, cuya crisis se puso de manifiesto en 2007, suponía el equilibrio entre oferta y demanda de trabajo, y eso ya no tiene arreglo posible”. Se acabó la clase media, título de uno de los libros de otro de los especialistas sobre este tema, el economista y profesor norteamericano Tyler Cowen, publicado en 2013, es lo suficientemente elocuente para no tener que añadir mucho más. Este autor también hace hincapié en el desarrollo tecnológico como causa del derrumbe de la citada clase media.

Según otro informe reciente de la OCDE, “la clase media española pierde peso y cae a niveles de los años noventa”. La distribución de la renta se acerca cada vez más a la de USA y se aleja de la media europea. A pesar de lo que opinan los sociólogos y economistas, un 70% de los españoles desea identificarse con el citado término “clase media” aunque, conforme a la tabla de equivalencias que utiliza la OCDE, para ello sea necesario que la renta de tales personas sobrepase los 11.200 euros, cosa que no sucede en tan alto porcentaje en la población española. Esta situación, en la que los deseos y la realidad no coinciden, también será un factor de inestabilidad social. Conviene ver también el documento Cómo salvar a la clase media publicado por el diario El Mundo el 11 de abril de 2021 y el editorial de ese mismo día titulado “La agonía de la clase media pone en riesgo la estabilidad”. Como señalaban los Toffler en 1994, “cuando unas destrezas profesionales se tornan anticuadas de la noche a la mañana, puede quedar sin trabajo gran número de personas de la clase media, incluso muy capacitadas”.

Finalmente, respecto de lo señalado al principio, otro tema que tiene –y tendrá– consecuencias respecto de la vida de la gente, es la pérdida de poder de los Estados en favor de las corporaciones globales, tal y como anticipó Georges Soros en 1996, cuando dijo que “los mercados votan cada día, obligan a los gobiernos a adoptar medidas impopulares, pero imprescindibles. Son los mercados los que tienen sentido de Estado”. Tal pérdida de poder estatal produce un debilitamiento de la soberanía popular y de la democracia respecto de los tres poderes: ejecutivo, legislativo e incluso judicial. El sociólogo y escritor Carlos Malo de Molina, en su reciente libro El mercado de las ideas, hace una encendida defensa de la democracia y denuncia la opacidad de la ONU y de la UE, y de otras organizaciones internacionales, en la toma de decisiones que afectan directamente en la vida de los ciudadanos.

LA CONQUISTA DEL MAÑANA

El conocido economista austro-estadounidense Joseph Schumpeter habló de “la destrucción creativa” como necesidad para el progreso. Y nadie duda que, efectivamente, como sostenía Ortega y Gasset, la historia es un proceso inexorable en donde las etapas se suceden unas a otras, sin que el devenir se pueda parar. No obstante, hay dos cosas dignas de tenerse en cuenta. La primera, que el declive de las eras y de los periodos históricos no es lineal (quiero decir, en forma de línea recta), sino que, como ocurre a los seres vivos, salvo que la muerte les sobrevenga de manera violenta (lo que en el campo social equivaldría a una guerra o revolución), ésta tiene lugar poco a poco –con altibajos–, pudiéndose alargar más o menos. La segunda que, como ya advertían los Toffler, “la cuestión política fundamental no es quién domina en los últimos días de la sociedad industrializada, sino quien configura la nueva civilización, que surge rápidamente para reemplazarla (…). Este conflicto es la superlucha por el mañana”. Niño-Becerra se refiere a ello de otra manera, “la dinámica histórica y el avance tecnológico pueden ser retrasados por conveniencia, durante un breve periodo de tiempo, pero son imparables”. Por consiguiente, la generación presente tiene, como mínimo, un par de alternativas. Una de ellas es –si lo que queremos es mantener, al menos en parte, las estructuras de la Segunda Ola (industrial), que tan buenos resultados nos ha dado durante la mayor parte del siglo XX y que, aunque de manera no perfecta sigue proporcionando más beneficios que perjuicio– es luchar social y políticamente para retrasar lo más que se pueda su declive. Respecto de ello no sólo estarían en juego las condiciones de vida de la generación presente y de la sucesiva, sino quizá también, dependiendo de lo tenaz que sea la resistencia, las de dos o tres generaciones más. La segunda es no impedir el tránsito de la Segunda Ola a la Tercera, pero sin dejar que sean “las fuerzas indeterminadas del progreso”, los mercados desbocados, casi sin ningún control gubernamental, y los movimientos políticos “progresistas”, alineados estratégicamente con las grandes corporaciones globales, las que impongan su modelo al resto del mundo.

La tercera posibilidad, a priori no se debería contemplar, si bien no debe ser completamente descartada porque, si las tensiones sociales y políticas arriba descritas, por afectar a capas de la población cada vez más numerosas, provocan estallidos violentos y revueltas prolongadas, el devenir de los acontecimientos, tal y como nos enseña la ciencia de la prospectiva y la propia historia, podría ser incierto y derivar en algo completamente imprevisible o que, desde la perspectiva actual, pudiera parecer poco probable.

En todo caso, en toda evolución histórica siempre existe margen para lo improbable y lo imprevisible. Determinado acontecimiento (quizá una guerra) podría desencadenar las circunstancias que podrían hacer que el futuro evolucionarse de una manera que en este momento parece menos probable. Por consiguiente, es responsabilidad de cada uno de nosotros estar preparado y dispuesto para aprovechar las circunstancias, si es que se dan.

LA PROPIEDAD: ELEMENTO CRUCIAL

Antes me referí al vaticinio del Foro Económico Mundial (WEF) para 2030: “no tendrás propiedades y serás feliz, alquilarás lo que quieras y será entregado por un dron”. Expuesto así, parece algo inofensivo, diríase que incluso bienintencionado, pues habla de que seremos felices sin necesidad de tener nada. Nos recuerda un refrán que bien podría haber inventado el Papa Francisco, “no es más rico quien más tiene, sino el que menos necesita”. En efecto, ser propietario implica preocupaciones, ya que hay que cuidar y conservar la cosa, mantenerla, pagar impuestos y otras molestias. No obstante, también comporta ciertas ventajas.

Veamos algunos ejemplos que ya he puesto en otro lugar. Muchos tenemos un coche e incluso una casa, lo cual nos permite desplazarnos por cuenta propia y habitar en una morada estable en compañía de nuestra familia. Es verdad que poseer un coche obliga a mantenerlo, pagar un seguro, impuestos, etc., y que para tener una casa casi siempre hace falta constituir una hipoteca, contribuir con el IBI, cuidarla e incluso tener que pagar los gastos de comunidad; pero mientras somos propietarios estamos seguros de que normalmente, hasta que decidamos venderlos, podemos seguir utilizando el coche y la casa sin que haya nadie que nos lo pueda impedir.

Sin embargo, la propiedad no es lo mismo que el arrendamiento. El inquilino tiene un contrato temporal que necesita ser renovado cada cierto tiempo. No es lo mismo ser el propietario de un coche que ser su arrendatario, y tampoco es igual ser el dueño del inmueble que estar a merced de un alquiler. Hay algunas cosas que conviene tener en cuenta: sólo el propietario de la vivienda puede hacer reformas en ella y ajustarla plenamente a sus necesidades, mientras que el inquilino ha de pedir permiso al propietario a veces incluso para cambiar el color de las paredes. La situación actual de propiedad e inquilinato se corresponde con la de un mercado en el que hay una gran variedad de propietarios (grandes y pequeños, empresarios y particulares), con unos Derechos nacionales muy protectores de los intereses de los inquilinos. Pero la situación no será la misma si los propietarios son solo unos pocos fondos internacionales, radicados en no se sabe dónde, con unos Derechos nacionales cada vez más irrelevantes, sin papel moneda –sino simplemente monedas digitales, controladas por unos pocos bancos centrales y otros agentes desconocidos —y en la que todos los arrendamientos serán celebrados por medio de smart contracts (contratos inteligentes), que seguidamente explicaré.

Los smart contracts son un tipo de programas informáticos que, según una definición bastante extendida, “facilita, hace cumplir y ejecuta acuerdos registrados entre dos o más partes”. Es decir, son unos contratos digitalizados que al mismo tiempo que formalizan un acuerdo entre las partes (por ejemplo, un arrendador y un arrendatario), permiten que el contrato se vaya ejecutando minuto a minuto y segundo a segundo, de acuerdo con la programación establecida en el propio contrato. De manera que ya no hace falta que haya leyes ni jueces, ni nada parecido, porque es el propio contrato, basado en la tecnología blockchain (cadena de bloques), el que actúa como intermediario entre las partes. Todo se debe realizar conforme a lo establecido en la cadena de bloques de información, de manera que si una de las partes deja de cumplir lo estipulado en el contrato inteligente la relación queda rescindida desde ese mismo momento. Veamos otro ejemplo. Algunas compañías de alquiler de vehículos están empezando a plantearse el uso de smart contracts para la celebración de sus contratos con los consumidores. Cuando el arrendatario del coche firma digitalmente el contrato recibe una llave que le permite acceder al vehículo y usarlo, a condición de que cumpla todo lo estipulado; porque, en el caso de que el contrato detecte algún tipo de irregularidad, la llave del coche queda automáticamente bloqueada, de manera que el arrendatario es privado, desde ese mismo instante, de su uso. La misma práctica se podría trasladar a los arrendamientos de viviendas o de cualesquiera otros bienes. Si el contrato inteligente, tal y como ha sido programado por la parte arrendadora, detecta algún tipo de incumplimiento por parte del inquilino (por ejemplo, un “uso inadecuado” del inmueble, un retraso en el pago de la renta, etc.), automáticamente se bloquea la llave de acceso a la casa, el suministro de gas y electricidad y cualquier otra cosa vinculada con la vivienda. Todo ello en cuestión de segundos, sin posibilidad de reclamación ni desahucio, porque es el propio contrato inteligente el que actúa como intermediario y juez entre las partes.

Esto, desde el punto de vista jurídico es muy interesante; pero, desde el de los usuarios, no parece tan divertido. Sobre todo, si tal y como prevé el WEF en los próximos ocho años la propiedad queda concentrada en muy pocas manos y Europa se convierte en un continente de arrendatarios.

Durante la Edad Media la propiedad también estuvo concentrada en pocas manos; pero, al menos, los señores, por medio del acuerdo de vasallaje, tenían un compromiso de defensa y protección de los vasallos que trabajaban sus tierras, cosa que no es seguro que se produzca entre los inquilinos y los titulares anónimos de los fondos internacionales que terminaran por convertirse en propietarios de los bienes. Porque la Agenda 2030 habla de que todos seremos arrendatarios, sin decir que alguien deberá seguir siendo el dueño de las cosas; pues no puede haber arrendamiento sin alguien que ostente la propiedad del bien que se arrienda. Lo que se nos viene encima quizá no sea como el Comunismo (en que la propiedad de los bienes correspondía al Estado), pero acaso pueda ser mucho peor.

Decía Ayn Rand, “sin derechos de propiedad ningún otro derecho es posible”. Quien tiene el control sobre tus cosas tiene el control de tu vida. De qué sirve reclamar el derecho a la libertad de expresión o de asociación, ideológica o religiosa, si tu vida depende de que un gran fondo internacional esté contento contigo. El derecho a disfrutar de “tu casa”, de “tu coche”, de “tu teléfono”, de tu conexión de internet, estará a merced de un click del gran suministrador de los bienes y de los servicios, por medio de los contratos inteligentes. También los “jueces” (aunque se habilitará una especie de justicia automática, por medio de programas informáticos) y los “políticos” habitarán en las casas y utilizarán los coches y los teléfonos, ordenadores, etc. de las grandes compañías, controladas por los fondos internacionales, señores de todos los bienes.

Al final todo concuerda, Santiago Niño-Becerra lleva algunos años hablando de la defunción del sistema capitalista que trajo consigo la Ilustración, la democracia liberal y el Estado de Derecho, tal y como hasta ahora lo estábamos conociendo. Él sitúa el colapso definitivo en torno a 2065, aunque reconoce que la crisis del Covid-19 está acelerando el derrumbe (la guerra de Ucrania también contribuye a ello). Coincide con los representantes del Foro Económico Mundial y de las restantes organizaciones globalistas en que el futuro al que nos encaminamos será sin derecho de propiedad (con un mero “derecho de acceso”, como sostiene Riftin), en un mundo lleno de arrendatarios felices que esperarán la llegada del dron milagroso.

¿Por qué las predicciones de Niño-Becerra y del Foro Económico Mundial se van a cumplir tan rápidamente? Pues porque el empobrecimiento causado por la “gran pandemia”, que nos ha traído el coronavirus –que no se sabe muy bien cómo se originó– las guerras y otros problemas, provocarán más pronto que tarde, un abaratamiento del precio de los bienes que muchas personas no tendrán más remedio que vender, lo cual producirá, a su vez, que quienes tengan liquidez (especialmente, los grandes fondos internacionales) compren muy barato. Y si esto no se consigue a la primera, vendrán dos, tres o más crisis económicas –como la de 2007– que conseguirán que se produzca el definitivo abaratamiento de los bienes, y que todos terminen siendo comprados por los citados fondos (esto en lo que respecta a los inmuebles). La proscripción de los combustibles fósiles también traerá consigo que, en menos de diez o quince años, todos nuestros coches de gasoil y gasolina resulten inservibles y que muy probablemente terminemos recurriendo al alquiler de vehículos eléctricos de uso temporalizado.

En conclusión, estoy de acuerdo con el filósofo José Luis L. Aranguren cuando en su obra Ética sostiene que “los hombres –todos los hombres—necesitan una cierta cuantía de bienes, materiales e inmateriales, para su perfección moral. Por debajo de ella, tratados como seres inferiores, sin libertad social, se ven obligados para subsistir a abdicar de su humana dignidad. Por encima de ella, adquieren una ilusión de sobrehumano poder que les conduce a la perdición”. Por tanto, un mundo donde la propiedad estuviera en muy pocas manos sería necesariamente malo e injusto, y nada ético. Este podría ser un argumento a favor de quienes piensan que el paso de la Segunda a la Tercera Ola no se puede dejar al albur del globalismo y de que los Estados necesitan jugar el papel que las sociedades democráticas les han otorgado, al menos, durante el último siglo.

EL PARTIDO DE LO TUYO

Ante los acontecimientos económicos, sociales y políticos que ya se están poniendo de manifiesto y, sobre todo, frente a la agitación social que progresivamente se va a ir concentrando en España y el resto de los países occidentales, alguien tendrá que vertebrar y dar voz a la inmensa mayoría de gente que directa o indirectamente está sufriendo, y seguirá haciéndolo con más intensidad, las consecuencias de la crisis de la sociedad industrial.

Harán falta pensadores, comunicadores, estrategas, juristas, etc., pero sobre todo un partidos o movimientos que encaucen la voluntad de tantísimas personas. Partidos que defiendan los intereses de cada ciudadano en los órdenes económico, social y político y que, de acuerdo con los criterios y principios de la democracia parlamentaria (que sigue siendo la mejor forma de regir el destino de los seres humanos, mientras no se demuestre lo contrario, aunque es cierto también que “is the worst form of government, excep for all the others”, según la opinión de Churchil), contribuya a construir una sociedad ética y democrática en la que los ciudadanos sigan mereciendo tal nombre, por poseer un nivel de dignidad y derechos políticos y patrimoniales que les permita seguir siendo libres y autónomos.

¿Qué postulados o proposiciones deberán sustentar el ideario de tales partidos? Pues, entre otros, según mi opinión, los que se exponen a continuación:

  1. La nación o la patria como baluarte frente a un globalismo desbocado e incontrolable. Nación no es sinónimo de nacionalismo. El nacionalismo es una posición política sentimental que huye del racionalismo. Sin embargo, se puede llegar al convencimiento racional de que la nación sigue siendo el mejor ecosistema político para la convivencia de las personas. Los humanos siempre hemos sido– y seguiremos siendo– seres de comunidad, cuyas relaciones de confianza mutua necesitan de un capital social que sea compartido por sus miembros. Sin nación no puede haber soberanía nacional, ni Estado de Derecho ni del bienestar.
  2. La comunidad nacional debe ser entendida como un todo integrado por individuos libres e iguales, lo cual es incompatible con las políticas de identidad que enfrentan mujeres contra hombres, nacionales contra extranjeros, homosexuales contra heterosexuales, o personas de una raza contra las de otra, etc.
  3. El pasado no es un compartimento estanco del que únicamente merece la pena enorgullecerse o ser recordado con añoranza. La tradición es un vínculo entre generaciones y también una entidad viva, capaz de adaptarse constantemente a la realidad (de acuerdo con la opinión, entre otros, de Edmund Burke y Roger Scruton). Lo mejor que tenemos no nos lo debemos sólo a nosotros mismos. El olvido del esfuerzo empleado por los que nos precedieron es una actitud presuntuosa e irreal y, por tanto, perjudica a la sociedad.
  4. El Derecho nacional no sólo sirve para regular las relaciones de convivencia entre los miembros del grupo, asimismo es el límite (quizá el único) frente al poder omnímodo de los poderosos. La defensa de los débiles exige leyes nacionales que los protejan, tribunales independientes que los amparen, y que castiguen e impidan los abusos de los más fuertes.
  5. La propiedad debe ser tenido como el primero de los derechos individuales y ser elevado a la categoría de fundamental. Sin este derecho, los demás no son posibles. Las personas necesitan una morada estable para su familia y un mínimo control sobre sus bienes, para desarrollar su vida con dignidad y seguridad. El partido de lo tuyo deberá promover los cauces para el acceso a la propiedad del mayor número de ciudadanos y para que la mantengan quienes ya la tienen.
  6. La ciencia objetiva, la razón y la verdad de los hechos son imprescindibles para el avance social y para la misma cohesión de las sociedades. La razón es el elemento que nos hace comunes a todos los hombres, a diferencia del misticismo de cualquier tipo: político, religioso y, aunque parezca un oxímoron, científico, que produce división social. Salvo que se trate de una sociedad o nación teocrática o totalitaria, obviamente, en cuyo caso la adhesión no es voluntaria de los individuos, sino externamente impuesta, en algunos casos incluso por la fuerza. El abuso del misticismo y de la corrección irracional son algunas de las causas de la decadencia de las sociedades occidentales. El progreso social exige la defensa a ultranza de la libertad de expresión, de pensamiento y de cátedra. El mercado de las ideas es el que ha permitido que nuestras naciones hayan alcanzado las cuotas de desarrollo social, cultural, científico y económico que poseen.
  7. La defensa de la clase media para evitar el extremismo que produce la polarización entre muy ricos y demasiado pobres. No puede haber verdadera democracia sin una clase media abundante.
  8. El fomento de las capacidades del individuo, de su libertad y responsabilidad, la igualdad de oportunidades, y el mérito –no como elementos formales de selección, sino reales y efectivos–, también son condiciones necesarias para el verdadero progreso social. El mejor ciudadano es el que es capaz de obtener, a través de su ingenio y de su trabajo, lo necesario para valerse por sí mismo y cuidar de sus hijos, y que, además, genera un excedente que le permite ahorrar y contribuir al bien común por medio de unos impuestos limitados y proporcionados.

CONCLUSIÓN

Ante la disgregación política y social, producida por el choque entre el final de una etapa y el comienzo de una nueva, se abre un espacio en el que han dejado de ser útiles y válidas las referencias que durante las últimas décadas han servido para el posicionamiento político en las naciones occidentales.

Un Partido de lo Tuyo, con este o con cualquier otro nombre, está llamado a jugar un importante papel social y político durante las próximas décadas.

Hablar de éxito o de fracaso de los partidos o de los movimientos políticos es algo relativo. Al final todos se extinguen, pues nacen en función de unas circunstancias y mueren cuando tales circunstancias desaparecen. En efecto, hay algunos que duran muy poco; pero no será el caso del Partido de lo Tuyo, porque el movimiento político-social en la que nos encontramos no ha hecho sino empezar.

El Partido de lo Tuyo no va a ser un fenómeno nacional. La mayor parte de los países occidentales van a tener su propio “partido de lo tuyo”. De hecho, es muy previsible un “efecto contagio” entre ellos; pues los problemas que se detectan en unos países tienen su correlato en otros, como consecuencia de la globalización.

Como dije antes, un mundo donde la propiedad estuviera en muy pocas manos sería necesariamente malo e injusto, y nada ético. Y cuando digo propiedad, incluyo, por extensión, todos y cada uno de los derechos individuales que permiten que los ciudadanos tengan el margen de libertad que necesitan para tener una vida digna. En su defensa deberá emplearse, a fondo, el Partido de lo Tuyo.

Juanma Badenas es catedrático de Derecho civil de la UJI, su último libro
es Contra la corrección política, Ediciones Insólitas.

Por qué el oro es un arma tan eficaz contra los planes monetarios del gobierno

Los gobiernos erosionan imprudentemente la riqueza de los ciudadanos, pero hay formas de evitar ser víctima de este esquema

Por FEE

Invertir en oro y en monedas que mantengan su valor supone un desafío para el monopolio del gobierno sobre la moneda y su explotación de ese monopolio. (Archivo)

“Como el oro es dinero honesto, no gusta a los hombres deshonestos”.

– Ron Paul

La compra de oro físico es un método de probada eficacia para asegurar la riqueza generacional, y una medida de seguridad que se adopta a menudo en tiempos de turbulencias económicas. La inversión en oro se considera desde hace tiempo una cobertura contra la inflación y un depósito de valor frente a las divisas. A lo largo de la historia, a medida que las monedas y divisas se devaluaban, quienes tenían más metales preciosos a mano disponían de muchas más opciones para comprar lo necesario e invertir.

Invertir en una moneda de oro, como sugirió el economista F.A. Hayek, también actúa como competencia al papel moneda y a cualquier intento de monopolio coercitivo de las divisas. Cuando las monedas están estrictamente controladas, se refuerza el poder del gobierno. Hayek especificó: “[El monopolio de la moneda] se ha convertido, por supuesto, en un instrumento principal para las políticas gubernamentales imperantes y ha ayudado profundamente al crecimiento general del poder gubernamental.”

Según Investopedia, la devaluación de la moneda consiste en reducir intencionadamente su valor mediante diversos métodos monetarios y fiscales. En el pasado, la devaluación se asociaba a la sustitución de metales preciosos por metales básicos, como el uso de menos oro o plata en las monedas y su sustitución por cobre o níquel, manteniendo el mismo valor nominal. Hoy en día, la degradación se produce principalmente mediante la impresión de más dinero en forma de moneda fiduciaria, un proceso conocido como inflación monetaria.

La razón por la que los gobiernos suelen iniciar el envilecimiento de la moneda es para ampliar el gasto público y el poder adquisitivo. Sin embargo, se produce a expensas de los ciudadanos, que finalmente se quedan con menos riqueza, costes más elevados y menor poder adquisitivo. La devaluación de la moneda, así como la inflación monetaria en general, tiende a la inflación de precios. En pocas palabras, la devaluación de la moneda en forma de inflación monetaria es una falsificación legalizada.

Desde que EE.UU. comenzó a abandonar el patrón oro en 1933 -y finalmente eliminó por completo el respaldo en oro en 1971- el valor del dólar ha caído significativamente en comparación con una onza de oro. A partir de 2023, el valor de la moneda estadounidense estará en entredicho a medida que el dólar se devalúe lentamente. El poder adquisitivo de un dólar en 1913 valdría unos 30,22 dólares; un dólar en 1933 valdría unos 23 dólares; un dólar en 1970 valdría 7,71 dólares; y un dólar en 2003 valdría 1,63 dólares.

¿Cómo protege el oro contra la inflación? 

El oro es una materia prima valorada y comercializada internacionalmente. El oro se valora por muchas razones, entre ellas su apreciación estética, su oferta limitada, su durabilidad, su carácter imperecedero, su popularidad y sus usos industriales. Debido a estas razones y a otras más, el oro ha mantenido su valor global a lo largo de los milenios. Cuando la moneda de un país empieza a deslizarse o a tambalearse, el oro es probablemente la materia prima mejor compartida para transferir riqueza entre monedas de otros países, manteniendo al mismo tiempo un mayor atractivo para la inversión. Sobre todo cuando las monedas de algunos países no son aceptadas en todas partes debido a conflictos o discrepancias políticas.

Al medir la tasa de inflación, Inflation Tool demuestra que, desde 1971 hasta 2023, la tasa media de inflación del dólar estadounidense ha sido del 3,93%, mientras que la tasa de inflación acumulada ha sido de la friolera del 641,44%. En términos sencillos, esto significa que 100 dólares en 1971 equivalen ahora a 741,44 dólares, lo que representa una importante disminución del poder adquisitivo.

Como afirma Lawrence White, profesor de economía de la Universidad George Mason, “la tasa de inflación fue de sólo el 0,1% durante los 93 años que Gran Bretaña estuvo en el patrón oro clásico. En Estados Unidos sólo fue del 0,01 por ciento entre la reanudación del oro en 1879 y 1913”. Sin embargo, debido a los fracasos de las políticas monetarias de la Reserva Federal, y las políticas fiscales del Congreso, la tasa de inflación hoy en día es mucho mayor empujando por encima del 6 por ciento con una tasa de inflación media de 1960 a 2023 con un promedio cercano al 5 por ciento.

¿Es volátil el oro?

Algunos economistas, especialmente aquellos con tendencias socialistas y de planificación centralizada, sugerirán que los precios del oro son volátiles. Sus afirmaciones tergiversan el oro como si la “volatilidad” significara que el oro no es tan sostenible en precio como el dólar. En contra de su opinión, el precio del oro sólo se considera volátil cuando se compara con una divisa como el dólar estadounidense en plazos relativamente cortos. Cuando el oro se mira a través de una lente de valores globales a lo largo de la historia, más allá de una moneda única, vemos que ha mantenido un valor significativo, y cuando las monedas fracasan es el oro el que ha ayudado a la gente a recuperar la riqueza. Comparando el valor global del oro con el dólar, vemos que el valor del oro se ha mantenido intacto en general.

En EE.UU., en 1913 el oro costaba 20,67 dólares; en 1933, unos 32,32 dólares; en 1970, 38,90 dólares; en 2003, 417,25 dólares; y hoy, unos 1800 dólares. Según Statista, de 1971 a 2022, el oro tuvo un rendimiento del 7,78 por ciento anual en términos de USD.

Aunque el gobierno estadounidense ha seguido fijando, cambiando e influyendo artificialmente en el precio del oro, el valor del oro ha seguido siendo superior al del dólar en general. Esto indica además que el oro sigue siendo una buena cobertura contra la inflación. El oro ha superado a la inflación en los EE.UU. a largo plazo, lo que indica que el oro no es tan volátil como el dólar a largo plazo.

¿Puede la inversión en oro mejorar al dólar?

El dólar fiduciario de los EE.UU. es lo que permite a los políticos, en conjunción con el Tesoro y la Reserva Federal, imprimir arbitrariamente más dólares para financiar guerras casi interminables, programas de bienestar inflados, y para entregar ayuda exterior sin límites. Más impresión de dólares tiende a disminuir el valor de los otros dólares en circulación, y esto puede conducir a la inflación de precios. El fiat actúa simultáneamente como una forma de esclavitud indirecta y de robo de segunda mano una vez que esos dólares se gastan, del mismo modo que lo hace la falsificación. Si el dólar no vuelve a un patrón oro para crear un valor natural del dólar acordado por el mercado con una oferta más restringida, es probable que el dólar siga debilitándose, ya que los incentivos para estos programas y dádivas gubernamentales son mayores que los costes inmediatamente percibidos.

Incluso si el dólar no vuelve al patrón oro, el hecho de que un número cada vez mayor de personas invierta fuertemente en oro en lugar de en bonos del Tesoro, cuentas del mercado monetario, certificados de depósito, acciones y similares, crea cambios en los incentivos que animan y presionan a otras personas a unirse a la inversión más sólida del oro. El mercado ve la estabilidad a largo plazo y las ganancias de los que invierten en oro, y la gente tiende naturalmente a querer obtener el mayor rendimiento de la inversión. El oro no es una panacea para la inflación y la deflación, sino una opción más estable a largo plazo que el dinero fiduciario.

Invertir en oro y en monedas que mantengan su valor supone un desafío para el monopolio del gobierno sobre la moneda y su explotación de ese monopolio. O, como dijo Hayek: “Del mismo modo que la ausencia de competencia ha impedido que el monopolista proveedor de dinero esté sujeto a una disciplina saludable, el poder sobre el dinero también ha liberado a los gobiernos de la necesidad de mantener sus gastos dentro de sus ingresos.”

Economía para las elecciones

Entramos en año electoral múltiple con elecciones municipales, autonómicas y generales a lo que se une la presidencia española de la Unión Europea en el segundo semestre del año. Ya saben lo que todo eso implica normalmente con carácter general, ¿no? Pues imagínense con nuestro presidente Sánchez y secuaces varios como directores de campaña electoral y de peleas internas entre todos ellos. Prepárense para emociones fuertes y fuegos de artificio a raudales. Y esto acaba de empezar.

ESCRITO POR: Álvaro Shares

Entramos en año electoral múltiple con elecciones municipales, autonómicas y generales a lo que se une la presidencia española de la Unión Europea en el segundo semestre del año. Ya saben lo que todo eso implica normalmente con carácter general, ¿no? Pues imagínense con nuestro presidente Sánchez y secuaces varios como directores de campaña electoral y de peleas internas entre todos ellos. Prepárense para emociones fuertes y fuegos de artificio a raudales. Y esto acaba de empezar.

Hemos conocido recientemente la EPA (Encuesta de población activa) del cuarto trimestre de 2022 y el producto interior bruto (PIB) provisional de cierre del año. Ambos indicadores han mostrado una foto de la última parte del año francamente preocupante y muy reveladora de lo que nos queda por delante en los próximos trimestres. Sin embargo, hemos visto a las cohortes gubernamentales, con Sánchez, Calviño, Montero, Escrivá y Díaz a la cabeza, sacando pecho y vendiéndonos las glorias de su “estupenda y fantástica” gestión. O sea, lo de siempre. Y para variar, la realidad está muy lejos del mensaje triunfalista de nuestros ilustres gobernantes. Mientras tanto, por la puerta de atrás, siguen saliendo condenados por delitos sexuales de las cárceles y rebajas de condenas a muchos de ellos, gracias a la súper ley de “Montero y cuchipandi” del “sí es sí”. En breve, empezaremos a ver rebajas de condenas y libertad para los corruptos por malversación gracias a la derogación de dicho delito por este gran gobierno que desgobierna la nación así como el perdón a los sediciosos por la misma razón. Hay que reconocer que hacen “cosas chulísimas”, en palabras de la súper ministra Ladyparo Díaz.

No pienso cansarles con los múltiples datos de la EPA ni el desglose y evolución de los componentes del PIB en 2022, ya que han tenido múltiples informaciones detalladas en prensa y televisiones varias con también múltiples y variadas interpretaciones dependiendo de las subvenciones gubernamentales y la sumisión al relato oficial de cada una de ellas.

Sobre la EPA sólo mencionar que se ha salvado el año gracias a la creación de empleo público (20.000 en el 4T22) mientras se sigue destruyendo empleo en el sector privado (101.900 empleos menos en 4T22), la productividad sigue sin crecer, las horas trabajadas sigue cayendo, los contratos a tiempo completo disminuyen en 214.500 en 4T22 mientras los a tiempo parcial aumentan en 159.900, la duración de los contratos disminuye, la tasa de paro juvenil se mantiene en el 29.26% (más alta de la UE) y el paro “real” se sitúa cerca del 15% (más alto de la UE). Y como nota destacada, desaparecen 111.200 autónomos en doce meses mientras el número de empleados públicos llega a su máximo histórico por encima de los 3.5 millones. Y como colofón el gobierno acaba de anunciar una nueva oferta récord de empleo público con 27.500 nuevas plazas. Éramos pocos y parió la abuela. Y lo peor de todo es que la tendencia que lleva la creación de empleo empeorará en los próximos trimestres del nuevo año. La famosa contrarreforma laboral de Ladyparo además de estar financiada con más impuestos y cotizaciones sociales seguirá teniendo una fuerte incidencia en la creación de empleo productivo y de más calidad y probablemente en una subida de salarios (más subidas del SMI).

Sobre la cifra de crecimiento del PIB en 2022 mencionar que si bien hemos evitado la famosa recesión técnica (al menos de momento) la tendencia de sus componentes en el 4T22 es claramente preocupante. Aún a pesar de haber crecido provisionalmente un 5,5% por efecto inercia del año 2021 (mismo crecimiento del 5,5%) se puede decir que excepto el 2T22 que creció un 2,2%, en el resto de trimestres el crecimiento intertrimestral ha sido del 0% en el 1T22 y del 0,2% en los dos últimos trimestres. Es decir, hablamos en realidad de estancamiento y no de crecimiento real y sobre todo remarcar que rebotar no es crecer. El PIB español sigue a 1,4 puntos de los niveles de 2019, siendo el único país de la UE que no ha conseguido recuperarlo pese al incremento masivo de deuda, la recaudación impositiva en máximos históricos y la recepción de los fondos europeos. En el 4T22 destacar la caída del consumo privado del 1,8% trimestral, de la inversión del 3,8% (bienes de equipo un 5,8%), las exportaciones cayendo un 1,1% y las importaciones un 4,2%. La demanda externa medida en términos interanuales aporta solamente 2,1 puntos al crecimiento del PIB, Por sectores la industria crece un paupérrimo 0,1% trimestral, la construcción cae un 0,3%, los servicios estancados con un 0,3% mientras el comercio y la hostelería se hunden un 0,6% y el segmento de actividades de ocio un 7%.

Es decir, los datos son malos y no auguran una buena evolución en 2023. Hay que recordar que el PIB español ha conseguido salir airoso en 2022 por la buena evolución del turismo y del sector exterior y apoyado en un ahorro acumulado por la economía doméstica durante la pandemia de más de 80.000 millones de euros. Sin embargo y según cifras del INE, la tasa de  ahorro de los hogares ha caído hasta un 5,7% de su renta disponible (el dato más bajo en cuatro años) desde un 25,1% en el 2T20. Es decir, ese viento de cola que ha apoyado el gasto privado durante estos dos años empieza a desinflarse a lo que hay que sumar los mayores costes financieros por la subida de tipos de interés y el mayor coste energético derivado de la invasión rusa de Ucrania. Apostaremos todo al gasto público y el interminable incremento de deuda. 

Conviene recordar que las cifras de PIB del 4T22 y según advertencia del propio INE en su nota de prensa, pueden variar significativamente en las dos próximas revisiones hasta su cómputo final, al no disponer de muchos datos relevantes de estos últimos meses. Curiosa la advertencia. Mi apuesta es que las revisiones serán a la baja.

Y con estos mimbres y una inflación subyacente desbocada en el 7% (la más alta desde noviembre de 1992), una inflación de alimentos superior al 15% y una inflación general del 5,7% empezamos el año 2023. Los precios industriales (medida anticipada de la inflación general) crecieron en diciembre u n 14,7% y en acumulado en el año un 35,5%. La factura de las pensiones de enero marcaron un nuevo máximo histórico en 11.902 millones de euros por la actualización del 8,5% de las mismas en base a la inflación (unos 170.000 millones de euros de coste anual).El BCE seguirá subiendo los tipos de interés en la primera parte del año unos 150 puntos básicos adicionales hasta el nivel del 3,50% y mientras el Euribor se mueve en el entorno del 3,30%, encareciendo los costes de financiación de empresas y de particulares con hipotecas variables.

Gracias a que hemos tenido unos meses de fin de año climatológicamente apacibles, los precios del gas natural y de la electricidad han cedido bruscamente desde sus máximos del año 2022 y han permitido que la inflación modere su crecimiento. En la medida que las condiciones climatológicas se endurezcan y se empiecen a consumir las reservas de gas natural acumuladas, los precios volverán a subir metiendo presión de nuevo a una inflación ya por desgracia en niveles no deseados. Habrá que estar atentos.

Pero bueno, como entramos en año electoral múltiple y las bolsas y los mercados financieros parecen haber descartado una recesión profunda, veremos mensajes triunfalistas por parte de nuestros ilustres políticos, aún a pesar del sombrío panorama que tenemos de fondo.

Recordemos que nos quedan por desplegar los famosos más de 140.000 millones de euros de fondos europeos del Next Generation (NGEU), cuya implementación en estos dos últimos años ha sido más que lamentable y con una incidencia mínima como multiplicador e impulsor del PIB y de la actividad empresarial. En breve nos visitan las autoridades europeas para analizar el destino de los fondos asignados hasta ahora ya que no hemos sido capaces de decirles en que han sido empleados. El gobierno de la transparencia y regeneración y tal y tal.

Por eso queridos lectores, ármense de paciencia y tragaderas para el bombardeo de campañas electorales, mensajes y promesas triunfalistas de todos los colores que vamos a tener que soportar. Como si no hubiésemos ya soportado suficiente con este gobierno social comunista y una oposición acomplejada y descafeinada, pues tomen dos tazas.

Ánimo, suerte y sobre todo mucha salud en este nuevo año que nos toca torear de nuevo. Nos vestiremos con nuestras mejores galas taurinas.

Pésima aplicación de la suma cero

El argumento central que alimenta el resentimiento y la envidia es la noción de lo que se conoce con lo que Ludwig von Mises bautizó con el nombre de “el dogma Montaigne”, es decir, que la pobreza de los pobres se debe a la riqueza de los ricos.

 por Alberto Benegas Lynch

En última instancia los mayores errores en economía obedecen a una aplicación muy desacertada de lo que en teoría de los juegos se denomina “la suma cero”, esto va desde la parla habitual en muchos medios a representantes de la Iglesia, hasta el keynesianismo y el estatismo en general.

El argumento central que alimenta el resentimiento y la envidia es la noción de lo que se conoce con lo que Ludwig von Mises bautizó con el nombre de “el dogma Montaigne”, es decir, que la pobreza de los pobres se debe a la riqueza de los ricos. En el siglo XVI, Michel Montaigne -a pesar de buenas contribuciones en otras materias- concluyó en su ensayo número veintidós que “no se saca provecho para uno sin perjuicio para otro” en el contexto de todas las transacciones.

Éste es el punto de partida de una equivocación garrafal que ha teñido buna parte del discurso que pretende explicar aspectos clave de la economía. Al contrario, en toda transacción libre y voluntaria en el mercado, ambas partes ganan siempre. Para recurrir a la terminología de la teoría de los juegos, en esta situación hay suma positiva. En cambio, cuando tiene lugar la violencia, sea gubernamental directa o indirecta a través de que acepta la intimidación sindical o al otorgarle mercados cautivos a empresarios prebendarios, hay suma cero, es decir, en estos casos inexorablemente lo que gana uno lo pierde otro del mismo modo que ocurre cuando se asalta un banco. Curiosamente los patrocinadores de la suma cero en transacciones libres y voluntarias imponen esa modalidad en lo que defienden, es decir, el estatismo en sus diversas variantes.

Es muy frecuente que se piense que la pobreza relativa de unos se debe a la riqueza de otros, que si unos tienen “demasiado” no queda para otros. Esto es un completo disparate. La riqueza no es algo estático. Los recursos naturales de hace siglos eran iguales o mayores aun que los actuales y, sin embargo, en la actualidad la gente en general vive mejor respecto de la época de Montaigne en la que la condición natural era las hambrunas, las pestes y la miseria (incluso los reyes morían por una infección de muelas). Esta mejora se debe a marcos institucionales que respetan derechos de propiedad, lo que al destapar la olla de la energía creadora hace que se multiplique y extienda la riqueza y que el obrero de un país civilizado pueda vivir mejor con posibilidades tales como calefacción, automóvil, agua potable y medios de comunicación y, por cierto, más tiempo que un príncipe de la antigüedad.

En física se ha visto desde la formulación precaria de Lucrecio pasando por Newton, Lavoisier y Einstein que nada se pierde y todo se transforma. La cuantía de la masa de materia, incluyendo la energía es la misma en el universo pero lo relevante para el aumento de la riqueza no es el incremento de lo material sino su valor. Puede ser que artefactos tales como un teléfono antiguo contengan más materia que un celular pero el servicio de este último y su precio son sustancialmente distintos.

La creación de riqueza es creación de valor en el contexto de un proceso dinámico. En la medida en que el empresario ofrece en el mercado bienes y servicios que la gente acepta, incrementará su patrimonio y en la medida en que no acierte lo disminuirá. Dejando de lado la lotería, solo hay dos maneras de enriquecerse: sirviendo a los demás o robando a los demás. El primer método es el de la sociedad abierta y los mercados libres, el segundo es el de los regímenes socialistas e intervencionistas en los que el favor oficial establece los patrimonios de los allegados y amigos y condena a la miseria al resto.

No es reclamando que se lesione el derecho de quienes crearon riqueza lícitamente la forma de prosperar, sino contribuyendo a crear el propio patrimonio sirviendo a otros. Hoy, salvo raras excepciones, resulta en verdad tristes los espectáculos que ofrecen candidatos a ocupar la escena política en todas partes del llamado mundo libre: compiten en una carrera desenfrenada de promesas para ver quién saquearía más los bolsillos de los que tienen recursos para entregárselos graciosamente a los que tienen menos patrimonios.

Resulta triste a la luz de los postulados de los Padres Fundadores quienes consideraban fundamental el derecho de propiedad, de responsabilidad individual y de desconfianza al poder gubernamental. James Madison, el padre de la Constitución estadounidense, escribió en 1792 que “El gobierno ha sido instituido para proteger la propiedad de todo tipo […] Éste es el fin del gobierno, solo un gobierno es justo cuando imparcialmente asegura a todo hombre lo que es suyo”. También en nuestro medio el padre de nuestra Constitución fundadora, Juan Bautista Alberdi, se preguntaba y respondía: “¿Qué exige la riqueza de parte de la ley para producirse y crearse? Lo que Diógenes exigía a Alejandro: que no le haga sombra.”

¡Qué lejos estamos de los principios de libertad cuando observamos que de un tiempo a esta parte gobernantes y futuros gobernantes incluso en Estados Unidos, el otrora baluarte del mundo libre, se han dejado seducir por el bochornoso síndrome de la suma cero! Pensemos lo que queda para países con tradiciones menos civilizadas. Es imperioso retornar a las bases sólidas de la sociedad libre a través de una educación más esmerada y cuidadosa respecto de valores fundamentales.

Por su parte una de las pocas sentencias acertadas de John Maynard Keynes con razón estampó que “Las ideas de los economistas y de los filósofos políticos, tanto cuando están en lo cierto como cuando no lo están, son más poderosas de lo que se supone corrientemente. Verdaderamente, el mundo se gobierna con poco más. Los hombres prácticos, que se creen completamente libres de toda influencia intelectual, son generalmente esclavos de algún economista difunto”.

El párrafo no puede ser más ajustado a la realidad. Sin embargo Keynes ha tenido y sigue manteniendo la influencia más nefasta de cuantos intelectuales han existido hasta el momento. Mucho más que Marx, quien debido a sus inclinaciones violentas y a su radicalismo frontal ha ahuyentado a más de uno. Keynes, en cambio, patrocinaba la liquidación de la sociedad abierta con recetas que, las más de las veces, resultaban de una mayor sutileza y difíciles de detectar para el incauto debido a su lenguaje alambicado y tortuoso.

Es del caso repasar los pensamientos de Keynes en este contexto de la suma cero que navega en sus escritos. Los ejes centrales de su obra más difundida (Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero) consisten en la alabanza del gasto estatal, el déficit fiscal y el recurrir a políticas monetarias inflacionistas para “reactivar la economía” y asegurar el “pleno empleo” ya que nos dice en ese libro que “La prudencia financiera está expuesta a disminuir la demanda global y, por tanto, a perjudicar el bienestar”.

Tal vez los trabajos de mayor lucidez sobre Keynes estén consignados en el noveno volumen de las obras completas del premio Nobel en Economía F.A. Hayek (The University of Chicago Press, 1995) y en el meduloso estudio de H.Hazlitt traducido al castellano como Los errores de la nueva ciencia económica (Madrid, Aguilar, 1961). Numerosas universidades incluyen en sus programas las propuestas keynesianas y no como conocimiento histórico de otras corrientes de pensamiento, sino como recomendaciones de la cátedra. Personalmente, en mis dos carreras universitarias y en mis dos doctorados tuve que estudiar una y otra vez las reflexiones keynesianas en el mencionado contexto. Todos los estatistas de nuestro tiempo han adoptado aquellas políticas, unas veces de modo explícito y otras sin conocer su origen. Incluso en Estados Unidos irrumpió el keynesianismo más crudo durante las presidencias de Roosevelt: eso era su “New Deal” que provocó un severo agravamiento de la crisis del treinta, generada por las anticipadas fórmulas de Keynes aplicadas ya en los Acuerdos de Génova y Bruselas donde se abandonó la disciplina monetaria.

Las terminologías y los neologismos más atrabiliarios son de su factura. No quiero cansar al lector con las incoherencias y los galimatías de Keynes, pero veamos sólo un caso, el que bautizó como “el multiplicador”. Sostiene que si el ingreso fuera de 100, el consumo de 80 y el ahorro 20, habrá un efecto multiplicador que aparece como resultado de dividir 100 por 20, lo cual da 5. Y préstese atención porque aquí viene la magia de la acción estatal: afirma que si el Estado gasta 4 eso se convertirá en 20, puesto que 5 por 4 es 20 (sic). Ni el keynesiano más entusiasta ha explicado jamás como multiplica ese “multiplicador”.

En definitiva, y aquí es una de las instancias en que se filtra de contrabando la suma cero, Keynes apunta a “la eutanasia del rentista y, por consiguiente, la eutanasia del poder de opresión acumulativo de los capitalistas para explotar el valor de escasez del capital”. Resulta sumamente claro y específico lo que escribió como prólogo a la edición alemana de la obra mencionada, en 1936, en plena época nazi: “La teoría de la producción global, que es la meta del presente libro, puede aplicarse mucho más fácilmente a las condiciones de un Estado totalitario que la producción y distribución de un determinado volumen de bienes obtenido en condiciones de libre concurrencia y un grado considerable de laissez-faire”.

En resumen, la incoherencia de la suma cero en la cooperación social en libertad está presente en todas las exposiciones estatistas que empobrecen moral y materialmente por más que como queda dicho estén en boca de no pocos sacerdotes muy escasos de conocimientos elementales en ciencias sociales de muy diversa jerarquía eclesiástica y de expositores cacofónicos dignos de una torpeza de dimensiones colosales que alardean de proteger a los más vulnerables con lo que los extienden por doquier.

Los boomers se jubilan: radiografía de la generación que marcará el rumbo en las próximas décadas

Los boomers decidirán el destino del país las próximas tres décadas. GETTY IMAGES
  • En los próximos 30 años se jubilarán en España más de 15 millones de personas
  • En 2050 el 50% de la población será mayor de 50 años
  • La economía, la política, la ciencia, el ocio, la salud… todo girará en torno a los jubilados

Ya empiezan a jubilarse los boomers, las generaciones más numerosas que ha tenido España en toda su historia. De los años 1958 a 1977 nacieron en España casi 14 millones de niños, que en los próximos 30 años se irán jubilando. Esto lo cambiará todo: las pensiones, el mercado de trabajo, la economía, la salud, el cuidado a los dependientes… los próximos 30 años estarán marcados por la manera en que afrontemos como sociedad este formidable reto.

Un aluvión de jubilados

Entre 1958 y 1978 se produjo el baby boom español. En esos veinte años nacieron casi 14 millones de niños (más de 650.000 cada año, hoy nacen la mitad), sumando 4,5 millones más que en los 20 años siguientes y 2,5 más que en los 20 años anteriores. Hace 25 años había en nuestro país 6.412.000 mayores de 65 años. Hoy ya son 9.620.000, y en 2050 habrá 16 millones de mayores de 65 años, según las proyecciones del INE. La progresión impresiona. Envejecemos rápidamente. En 2001 éramos el 19 país más envejecido de Europa. Hoy somos el 5º, y en 2050, según la ONU, seremos el 1º.

Llama la atención el crecimiento de los mayores de 65 en los últimos años, pero la bomba demográfica viene detrás, 15 millones de españoles que hoy tienen entre 45 a 65 años, y que esperan jubilarse durante los próximos 25 años. Este tsunami demográfico vivirá su cénit en los años 30 y 40 de este siglo, para decaer a partir de 2050, cuando los primeros boomers comiencen a desaparecer.

Más mujeres

En envejecimiento tiene nombre de mujer. A los 50 años el número de hombres y mujeres está igualado, pero a partir de los 50, los hombres se mueren más. A los 65 años ya hay 3 mujeres por cada hombre, y la diferencia se acentúa con la edad. La esperanza de vida a los 65 años es de las más altas de Europa y del mundo, las mujeres españolas tienen por delante 24 años más de vida, y los hombres casi 20. Y si hablamos de esperanza de vida tras la jubilación, a los hombres les quedan 23 años, y a las mujeres casi 28 después de jubilarse.

Y cada vez vivimos más tiempo. Según el INE, en enero de 1973, hace 50 años, en España vivían 190.000 mayores de 85 años. En el año 2000 ya eran 665.000, y ahora viven 1.625.000 mayores de 85 años. En el año 2000 vivían apenas 2.000 centenarios, en 2023 ya son más de 15.000, de los que 12.000 son mujeres.

La patata caliente

Los 14 millones de boomers han sustentado el Estado de Bienestar de nuestro país durante los últimos 40 años, y ahora les toca cobrar sus pensiones. El problema es que nuestro sistema es de reparto, esto es, se pagan las pensiones de hoy con las cotizaciones de hoy, y cada vez hay menos cotizantes por cada jubilado.

El sistema ya tiene un déficit contributivo de más de 26.000 millones de euros, según el foro de expertos del Instituto Santa Lucía. Gastamos más del 12% del PIB en pensiones y éstas se llevan el 40% del gasto de los Presupuestos Generales del Estado.

En diez años en número de pensiones ha aumentado en casi un millón, de las 9.146.000 de 2013 a las poco más de 10 millones actuales; y el gasto ha pasado de los 7.800 millones al mes de 2013, a los más de 11.900 millones al mes de enero de 2023. Hablamos de todas las pensiones, incluidas las de viudedad, incapacidad y orfandad. La pensión media de jubilación ha pasado de los 987 euros al mes de 2013, a los 1.368 de 2023, según las estadísticas de la Seguridad Social.    

Y esto antes de que lleguen los boomers a la jubilación. En 2023 se pagan casi 12 millones de pensiones. En 2050 se pagarán 17 millones. Ahora hay 2,3 trabajadores por cada pensionista, en 2050 habrá 1,3 trabajadores para pagar cada pensión.

El objetivo de las continuas reformas es que el sistema aguante durante las próximas tres décadas, hasta que la tensión de la llegada de los boomers a la jubilación se relaje. La mejora de las condiciones salariales actuales, de la productividad o el impulso de la economía y la inmigración pueden hacer cambiar una situación muy compleja. Sobre los boomers planea la amenaza de no poder disfrutar de igual modo de unas pensiones que sí han disfrutado otros gracias a su esfuerzo.

La reinvención del trabajo

El mercado laboral español tiene que cambiar. Tenemos la peor tasa de empleo en el grupo de 55 a 59 años de Europa y, junto con Francia, el valor más bajo en el tramo de 65 a 69 años, según el Mapa del Talento Senior de la Fundación Mapfre. Según el INE, la tasa de actividad en el mercado laboral disminuye sustancialmente a partir de los 55 años, reduciéndose al 50% entre los 60 a 64 años y al 9% entre los 65 y 69 años.

Uno de cada tres parados en España es mayor de 50 años, y lo que resulta más preocupante, se trata de parados de larga duración.

Ante la falta de apoyos y las trabas para seguir trabajando, muchos mayores de 50 optan por emprender un negocio. Según el Observatorio del EmprendimientoEl 60% de los sénior que emprenden lo hacen por necesidad, para ganarse la vida. Y no lo hacen mal, el 70% de las compañías creadas por ellos sobreviven más de tres años, frente al 28% de supervivencia de las creadas por los emprendedores más jóvenes. Además, los sénior que se proponen emprenden acaban por materializar su idea en un 90% de los casos, frente al 36% de los más jóvenes.

Y la creación de negocios, y por lo tanto de empleo, sería más fructífera si hubiera más apoyos. Según la OCDE el 60% de los emprendedores “perdidos” por falta de ayudas y asesoramiento son mayores de 50 años. En Europa nos llevan ventaja y las apuestas por la llamada economía de las canas ya es firme. La contribución de los sénior al PIB de la UE en 2025 alcanzará entre 5,7 y 6,4 billones de euros, duplicando prácticamente su volumen de la década anterior (uno de cada tres euros aportados al PIB de la UE vendrá de los sénior).

Una economía de oportunidades     

La revolución de la longevidad que plantean algunos demógrafos también se producirá en la economía. El envejecimiento de la población abre la puerta a nuevas oportunidades de negocio, y plantea un cambio en las industrias y los productos dirigidos a un segmento de la población con un poder adquisitivo un 12% superior al resto. El 40% tiene unos ingresos anuales superiores a los 25.000 euros, según ‘El Libro Blanco de la Silver Economy en España’.  

Las pensiones han salvaguardado el poder adquisitivo de los jubilados frente a las sucesivas crisis que llevamos desde 2008. Pero no es que sean más ricos, es que el resto se ha empobrecido más. Para hacernos una idea, los que tienen pensiones de más de 2.500 euros son el 8%, unas 734.000 personas. Pensiones de entre los 1.500 y los 2.500 euros, hay 1.400.000. Tenemos 1.740.000 pensionistas que cobran entre 1.000 y 1.500 euros. Y la gran mayoría, casi 6.000.000 de pensiones, están por debajo de los 1.000 euros, y de éstas, más de 2.000.000 están por debajo de los 600 euros, lo que no es para tirar cohetes.

Otra fortaleza de los mayores de 50 es que el 76% tiene vivienda en propiedad, un porcentaje que sube hasta el 90% en los mayores de 65 años. El valor del patrimonio en vivienda de los silver supera los 620.000 millones de euros, tanto como la mitad del Producto Interior Bruto (PIB) español, y casi seis veces superior a todo el patrimonio acumulado en el conjunto de planes de pensiones, que asciende a 106.000 millones de euros, según la Fundación Mapfre.

Los mayores de 50 años son un pilar esencial en nuestra economía, y tendrán más protagonismo en el futuro. En 2050 habrá más de 23 millones de mayores de 50 años, casi la mitad de la población.

Contribución del gasto de los mayores de 50 años en 2019 CENIE

Según el último informe del Cenie, Centro Internacional sobre Envejecimiento del CSIC, antes de la pandemia (cuando se tomaron los datos) el gasto de las personas mayores de 50 años en España era ya un impulsor significativo de las actividades económicas del país, y representaba aproximadamente el 60% del gasto en consumo nacional y generó directamente 1,9 millones de puestos de trabajo.

Ahorran, pero menos

Son ahorradores. Casi la mitad de ellos ahorra todos los meses (el 43%), un porcentaje que ha caído en los últimos tres años, y que en 2020 ascendía al 56%. Lo hacen para cubrirse ante posibles imprevistos, como enfermedad y dependencia, así como ayudar a familiares. Una mayoría de sénior obtiene más de un ingreso en su hogar (uno de cada dos), y suele echar una mano a sus allegados (cuatro de cada 10), según el III Barómetro del Emprendedor Senior, de Mapfre.

Conectados

Los boomers están presentes en las redes sociales: 10,9 millones utilizan YouTube; 10 millones usan el servicio de mensajería instantánea WhatsApp; 9,8 millones, Facebook, 9 millones están en Instagran. Por otra parte, 9,4 millones gestionan sus cuentas corrientes a través de la web de su banco, y 8 millones compran por Amazon.

El reto de cuidar bien

Una gran parte de los mayores de 50 tienen a sus padres en situación de dependencia y se enfrentan al problema de buscarles la mejor ayuda posible. La Ley de Dependencia llega tarde, a veces mal, y en muchas ocasiones, nunca.

Según el último Observatorio de la Dependencia, que realiza la Asociación de Directoras y Gerentes de Servicios Sociales, hay 194.000 personas esperando que se les asigne algún recurso para atender a sus familiares, de las que 86.000 son grandes dependientes, personas que no pueden vivir sin ayuda diaria y constante. El 70% de los cuidados son proporcionados por mujeres mayores de 50 años, generalmente, la hija, lo que condiciona su vida laboral y su futura pensión.

El desarrollo de la economía de los cuidados puede ser una de las industrias más importantes del futuro, así como una fuente importante de empleo estable, si se destinan a ello más recursos. El año 2021 se destinaron algo más de 9.000 millones de euros a la dependencia, el 0,8% del PIB, cuando los países de nuestro entorno dedican a los cuidados el 2% del PIB.

Decisivos en todo

La ola de los boomers llega a todos los rincones de la economía del país. El 28% de todos los viajes de turismo en 2021 fueron realizados por mayores de 55 años. El 17% van al teatro, el 26% al cine, son los mayores asistentes a conciertos de música clásica (57% del total), y también de zarzuela (65% del total), el 90% entra a internet regularmente y son lectores fieles y constantes, el 60% lee libros habitualmente, según la Encuesta de Hábitos y Prácticas Culturales del ministerio de Cultura 2022.

Les cuesta hacer deporte, lo que más hacen, el 88%, es andar o pasear, aunque las nuevas generaciones van cogiendo la costumbre y el 21% están apuntados a un gimnasio. No pierden el gusto por el sexo, el 46% reconoce practicarlo todos los meses, y el 21%, una vez a la semana.

También conservan algunos malos hábitos, el 37% de los que tienen entre 55 y 65 años ha fumado tabaco durante el último mes, y el 6% se ha fumado un porro según la última Encuesta Nacional sobre Drogas, que curiosamente no contempla a los mayores de 65 años.

Los que ahora tienen entre 45 y 65 años, los boomers, deciden las elecciones, el 89% votó en las últimas generales, el 32,5% votó al PSOE y 19% PP, pero según el último barómetro del CIS, de enero de 2023, si tuvieran que votar hoy, el 22% lo haría al PSOE y el 24,5%, al PP.

El vaso medio lleno

El envejecimiento puede verse como una amenaza para los sistemas de pensiones y sanitario, pero también como una fuerza social transformadora. “La economía plateada puede abrir nuevas oportunidades de empleo en sectores como el turismo, los hogares inteligentes, las tecnologías de asistencia, los productos y servicios accesibles, la robótica de servicios, el bienestar, la cosmética y la moda, la seguridad, el ocio, la cultura, la movilidad personal y automatizada, los cuidados personales, la atención a la dependencia y la banca. La innovación científica y médica también abrirá oportunidades para quienes desarrollan tecnologías y para los profesionales sanitarios y los cuidadores altamente cualificados, al tiempo que ofrecerá el avance necesario para responder al envejecimiento de la sociedad”, señala el ‘Libro Verde sobre el Envejecimiento’ 2021 de la Comisión Europea.

No nos queda más remedio que vivir en una sociedad que envejece, pero eso no tiene porqué ser un drama. El demógrafo Julio Pérez Díaz afirma que «quien aborda las consecuencias del envejecimiento demográfico con ánimo alarmista olvida que se trata sólo de una expresión más del desarrollo económico y social, y que su correcta interpretación pasa por comprender sus causas. No sólo se ha reordenado el peso respectivo de las edades, sino que ha cambiado radicalmente lo que cada una de ellas significa: la vejez ha llegado a nuestro mundo, por primera vez, en pie de igualdad con las otras edades, y ha venido para quedarse».

FUENTE: Uppers.es

Las mentiras de la izquierda sobre Liz Truss: no cae por los impuestos sino por disparar el gasto

En contra de lo que sostiene la izquierda, la causa no es el impuesto a «los ricos», sino el aumento del gasto y de la deuda. Es decir, la misma situación que en España.

La ex primera ministra británica, Liz Truss (EP)

Por: EDUARDO SEGOVIA

La izquierda política y mediática lleva semanas alentando la teoría de que la caída de Liz Truss como primera ministra británica se debe al fracaso de su intento de bajar los impuestos a «los ricos». Nada más lejos de la realidad: la crisis financiera que ha vivido el Reino Unido ha estado provocada por la explosión del gasto público, mientras que la medida para las rentas altas tenía un impacto mínimo en las cuentas del país.

Para empezar, Truss no aprobó una bajada de impuestos para los tramos más altos de su Impuesto sobre la Renta, sino para todos los contribuyentes: en concreto, rebajó el tramo más bajo del 20% al 19%. Asimismo, anuló la subida anunciada de las cotizaciones sociales (un 1,25% este año y otro 1,25% el próximo) y la del Impuesto de Sociedades, que iba a pasar del 19% al 25%. Finalmente, pretendía reducir el tipo para el tramo más alto del IRPF -más de 150.000 libras anuales- del 45% al 40%, que es lo que retiró ante el rechazo social.

El impacto total de estas medidas se calculaba en unos 45.000 millones de libras, mientras que la medida retirada -la de las rentas altas- supondría entre 2.000 y 7.000 millones, según la fuente que se tome. En todo caso, no es un importe que asuste a los mercados.

«Los mercados no tiemblan por una bajada que afecta a entre 2.000 y 7.000 millones en un conjunto de casi 200.000 millones en medidas», señala un economista experto en la materia. Esa cantidad sale de sumar 150.000 en aumento del gasto público para combatir la escalada de la luz y los citados 45.000 en impuestos. Y es que Reino Unido ha anunciado el mayor paquete de ayudas de Europa para paliar el alto coste de la energía para sus ciudadanos y empresas.

Igual que España

Por tanto, la realidad es que la rebaja del tramo más alto del Impuesto de la Renta no es, ni mucho menos, la causa de la crisis financiera que provocó la intervención del Banco de Inglaterra comprando deuda pública en el mercado. Es la mezcla de estas rebajas impositivas y, sobre todo, un aumento desaforado del gasto público, que dejó sin credibilidad sus presupuestos. Es decir, algo muy parecido a lo que está pasando con Pedro Sánchez, con la diferencia de que aquí el aumento descontrolado del gasto no se destina a rebajar el recibo de la luz, sino al despilfarro y a las medidas para comprar votos del Gobierno.

Otro economista subraya que Reino Unido fue el segundo país tras España que más sufrió con la pandemia (su PIB cayó el 11%), aunque su crecimiento fue superior al nuestro en 2021, del 7,5%. Pero esta caída provocó un incremento de la deuda de 420.000 mill libras (el 19%), a lo que hay que sumar los 200.000 millones del paquete previsto entre más gasto y menos ingresos. Por tanto, los mercados no se creen el presupuesto presentado, que lo fía todo a un crecimiento del 2,5% en 2023 -como hace nuestro Gobierno con su previsión del 2,1%- y que no ha sido revisado por el organismo equivalente a nuestra Airef (OBR).

Si a esto se suma la inestabilidad política, «los mercados creen que puede ir directo a una crisis financiera», de ahí la inestabilidad en la libra y los bonos británicos. Pero, en contra de lo que sostiene la izquierda, la causa no es el impuesto a «los ricos», sino el aumento del gasto y de la deuda. Es decir, la misma situación que en España.

Los Veintisiete dan luz verde a la tasa a las energéticas y a la reducción del 5% de la demanda eléctrica

Nord Stream evaluará los daños del gasoducto cuando se acaben las fugas de gas.

Bruselas no acepta la propuesta española de topar el precio del gas ruso.

Bruselas obligará a reducir el consumo eléctrico un 5% en las hora de la cena.

Los ministros de Energía de la Unión Europea han cerrado este viernes un acuerdo político sobre las medidas de emergencia para intervenir el mercado eléctrico comunitario y han pactado reducir la demanda eléctrica en la UE un 5% en horas pico, una tasa a las empresas de combustibles fósiles y establecer un límite de 180 euros/MWh al precio al que las productoras de electricidad inframarginales pueden comercializar la energía.

Tras poco más de una hora de reunión, los titulares de Energía de los Veintisiete han adoptado estas medidas de emergencia para fijar una reducción obligatoria del consumo de electricidad, establecer una tasa de «solidaridad» a las intermediarias de combustibles fósiles, como petroleras, o redistribuir a los más vulnerables los beneficios extraordinarios de las tecnologías inframarginales que vendan la electricidad por encima de de 180 euros/MWh.

«Creo que hoy daremos otro paso necesario para gestionar la crisis energética. La Comisión ha propuesto medidas para reducir la demanda de energía y generar beneficios», ha indicado la comisaria de Energía, Kadri Simson, a su entrada al Consejo de ministros de Energía de la UE, al tiempo que ha agregado que estos instrumentos «relajarán la presión en los precios».

Las medidas, que serán formalmente adoptadas por procedimiento escrito la próxima semana, no entrarán en vigor hasta el día siguiente a su publicación en el Diario Oficial de la Unión Europea (DOUE) y su aplicación se extenderá del 1 de diciembre del presente ejercicio al 31 de diciembre de 2023, si bien Chipre y Malta cuentan con excepciones específicas por su condición de islas energéticas, según informa Europa Press. 

Medidas

El acuerdo suscrito por los ministros de Energía de los Veintisiete establece que estas medidas serán compatibles con las implementadas a nivel nacional por los Estados miembros si tienen un carácter equivalente, como es el caso del mecanismo de minoración del gas o el impuesto sobre los ingresos de las grandes energéticas.

Así, los ministros de Energía han suscrito la propuesta de Bruselas de fijar una reducción obligatoria del 5% de consumo de la electricidad en la franjas horarias de máximo consumo y una disminución del 10% de la demanda de electricidad entre el 1 de diciembre de 2022 hasta finales de marzo de 2023.

En todo caso, corresponderá a cada país introducir las medidas apropiadas para alcanzar los objetivos de reducción del consumo durante este periodo.

«El acuerdo alcanzado hoy supondrá un alivio para los ciudadanos y empresas europeos. Los Estados miembros aplanarán la curva de demanda de electricidad durante las horas pico, lo que tendrá un efecto positivo directo en los precios», ha indicado el ministro checo de Industria y Comercio, Jozef Síkela, en un comunicado.

Tasa de solidaridad

Además, los Veintisiete han convenido establecer una tasa de «solidaridad» a las empresas intermediarias de combustibles fósiles, como petroleras, gasísticas o el sector del refino. Esta medida fijará una «contribución» del 33% sobre los beneficios obtenidos hasta el 31 de diciembre de 2023 y que se sitúen un 20% por encima de la media de los últimos cuatro años.

Este impuesto se articula como una contribución temporal y el importe recaudado se destinará a hogares vulnerables, a las empresas más afectadas y a las industrias electrointensivas.

La tercera de las medidas acordadas por los países de la UE pasa poner establecer un máximo de 180 euros/MWh al precio al que las tecnologías inframarginales, las que producen electricidad por debajo de las productoras de ciclo combinado de gas como las renovables o la nuclear, pueden vender la electricidad en el mercado mayorista (‘pool’).

El acuerdo contempla la posibilidad de que los países introduzcan modificaciones como establecer un limite de precios más elevado, utilicen medidas para limitar los beneficios del mercado, establezcan diferenciaciones por tecnologías o apliquen límites a los beneficios en el mercado a otros operadores como los proveedores.

Con este instrumento, que estará operativo hasta el 30 de junio de 2023, se pretende atajar los beneficios extraordinarios de estas compañías de electricidad que se redirigirán a cubrir la factura eléctrica de los colectivos más vulnerables, para lo cual los Estados miembros podrán aplicar las medidas que consideren más convenientes e incluir ciertas flexibilidades para adaptarse a las circunstancias de cada mercado.

OKDIARIO

No se confundan… Winter is coming!

Ayer asistimos a la mayor segunda subida en la historia del Banco Central Europeo (BCE) de los tipos de referencia en Europa. Una subida histórica de 75 puntos básicos (0.75%) hasta el nivel de 1,25% tras una subida de 50 puntos básicos en la reunión de julio.

Ayer asistimos a la mayor segunda subida en la historia del Banco Central Europeo (BCE) de los tipos de referencia en Europa. Una subida histórica de 75 puntos básicos (0.75%) hasta el nivel de 1,25% tras una subida de 50 puntos básicos en la reunión de julio. Las presiones inflacionistas en la Unión Europea y un euro por debajo de la paridad con el dólar (importamos más inflación) ha obligado a nuestros ilustres funcionarios europeos del BCE a ejecutar un movimiento de subida que una vez más llega tarde y mal. El BCE ha ido por detrás de la inflación desde la segunda parte del 2021 y ha tardado en reaccionar en este 2022 aún a pesar de la tendencia creciente de los precios desde finales de 2021 y acrecentada por la subida de precios energéticos desde la invasión por Rusia en Ucrania. Y no lo han querido ver ni enfrentarse a ello.

Era tan sencillo como ver a sus homólogos en EEUU, Canadá, Reino Unido, Australia por mencionar sólo algunos bancos centrales que han sabido reaccionar a tiempo. Pero la UE con la excusa de que la inflación en Europa era temporal y estaba provocada por un shock de oferta y no de demanda ha permitido que lleguemos a la situación en la que nos encontramos actualmente. Es decir, en una situación de estanflación (bajo crecimiento y alta inflación), la más temida por todos los analistas. Y no lo digo yo, lo dice el propio BCE revisando sus estimaciones de crecimiento de la economía a la baja en 2023 al 0,9% desde la estimación de junio de 2,8% y una revisión al alza de la inflación del 3,5% al 5,5%. Es decir, un crecimiento real negativo de -4,6%. EN 2022 esperan un crecimiento de 3,1% (vs 2,8% anterior) y una inflación del 8,1% (vs 6,8% anterior). Y lo peor de todo es que en 2023 el crecimiento se estima en un 1,9% (vs 2,1%) con una inflación del 2,3% (vs 2,1%). Es decir, el objetivo del 2% de inflación del BCE del 2%, no se conseguirá hasta el año 2025 aún a pesar de las subidas de tipos ya ejecutadas y las que todavía llegarán (unos 100 puntos básicos adicionales). La idea es llegar al objetivo “neutral” de tipos de interés que está en torno al 2-2,5% controlando la inflación e intentando evitar una recesión en la eurozona (cosa que dudo que se consiga).

La propia Christine Lagarde en su discurso, ya reconoce que tenemos una inflación más persistente de lo estimado y un crecimiento estancado en el 4T2022 y 1T2023, es decir, la famosa estanflación tan temida.

De fondo el mensaje es claro. Aún a pesar de que todos los indicadores publicados ya anuncian una desaceleración del consumo y de la producción en la eurozona (PMIs de agosto compuestos, de servicios y manufacturas) y una ralentización de la creación del empleo, además se percibe que entrado el otoño-invierno la situación se va claramente a deteriorar rápidamente. Acabado el efecto turismo del verano, volvemos a la cruda realidad de la economía.

Es un hecho que la situación energética en Europa es un grave problema. Aún a pesar de los esfuerzos de sustituir el gas y el petróleo ruso con otras alternativas, va a ser muy complicado conseguirlo a corto plazo. No hay más que ver la evolución de los precios del gas natural, del GNL y del carbón. El gas de referencia en Europa (el TTF holandés) ha subido un 109,2% en 2022 y el carbón un 270%, mientras otras materias primas ya han cedido de forma clara desde sus máximos. El Zinc ha caído un 20%, el Cobre un 22%, el Cobalto un 27%, el Aluminio un 20,4%, mientras el Níquel y el Litio han subido un 4,7% y un 13,1% respectivamente. Los metales preciosos han seguido la misma senda con el Oro bajando un 5,9%, la Plata un 21%, el Platino un 9,7% mientras el Paladio sube un 5,2%.

Es decir, la situación de la inflación este invierno no va a mejorar ya que los precios del gas natural y del GNL seguirán subiendo y seguirán siendo un lastre para la inflación general y las facturas de empresas y familias, reduciendo el poder adquisitivo y márgenes, reduciendo el consumo y la producción y por tanto aumentando el desempleo. Mal panorama nos espera en los próximos meses.

Los países europeos han aumentado sus reservas de gas por encima del 80% de media, lo que garantiza dos meses de suministro, más o menos. A medida que llegue el invierno y se vayan consumiendo, es evidente que habrá que seguir reponiéndolas. Con el corte de suministro de gas por parte de Rusia a través del gaseoducto Nord Stream 1 y los límites al precio de importación de gas y petróleo ruso por parte de la UE, es evidente que la situación no mejorará. De hecho la propia UE ha convocado una cumbre el viernes 9 de septiembre de los líderes europeos para discutir y aprobar una serie de medidas de ahorro energético y de demanda de gas (reducción del 10%) entre las que se encuentran la “obligación” (mandatory) de reducir el consumo de electricidad en horas punta, limite de precio a energías renovables y nuclear, inyecciones de liquidez a operadores energéticos para garantizar su viabilidad, entre muchas otras. La propia UE anuncia el desastre al que nos dirigimos este invierno.

Lo mejor de todo es que Christine Lagarde en su discurso, se intentaba justificar de su retraso en la toma de decisiones de tipos de interés y sus constantes errores de planificación, argumentando que también el resto de analistas se han equivocado. Mal favor le hace a la credibilidad del BCE, ya bastante cuestionada.

La realidad de cómo hemos llegado a esta situación, por mucho que insistan, no es por culpa de la invasión de Ucrania por Rusia (que empeora el problema). No se confundan. Simplemente ha sido una constatación del desastre de política energética llevada a cabo por la UE en las dos últimas décadas y su obsesión por abandonar la energía nuclear, los combustibles fósiles (responsables de nuestro actual estado del bienestar) y la transición a las energías ¿verdes? , basadas en las reuniones de París, protocolo de Tokio y Agenda 2030 y RePower.

Todo ello y la extrema dependencia energética desde hace años de Europa de países poco fiables y con regímenes muy lejos de ser demócratas, ha provocado la situación actual. El ejemplo perfecto es Alemania y su dependencia del gas ruso y de muchos países del norte de Europa cuya dependencia supera el 80%. Ahora Alemania vuelve a quemar carbón como si no hubiese un mañana (con sus emisiones de CO2) y prorroga el cierre de sus dos reactores nucleares ante la evidente escasez de suministro en este invierno. Situaciones paradójicas en países donde gobiernan los social demócratas con los verdes y los liberales. Al final se tragan su propio sapo, pero lo malo es que lo padecemos el resto de países que no teníamos (ahora parece que sí) esa dependencia del gas y petróleo rusos.

No verán ustedes a ningún dirigente europeo reconocer sus errores en política energética ni pedir perdón a sus ciudadanos por el problema al que les han llevado, especialmente teniendo en cuenta el coste que hemos tenido que padecer en esa transición ecológica. Y lo malo es que reinciden en la misma política a seguir en materia energética los mismos que nos han traído hasta aquí. Ni una sola dimisión ni una modificación de la política energética a futuro.

Países como Reino Unido van a apostar por las nucleares y levantan el veto al fracking de combustibles de esquisto (gas y petróleo). Y cada vez más países apuestan por la energía nuclear (segura y limpia de emisiones) como alternativa a la situación actual en los mercados internacionales.

Recordemos que en España seguimos con nuestra política anti nuclear y la prohibición de explorar y explotar yacimientos de gas (tenemos reservas para más de 40 años), el desarrollo de las explotaciones de Uranio y Litio y muchos otros materiales necesarios para conseguir una independencia energética de esos países poco fiable y regímenes totalitarios. El desastre que ha montado nuestro presidente con Argelia (nuestro principal suministrador de gas barato) por la decisión unilateral con el Sahara y Marruecos, ha sabido ser aprovechado por Francia e Italia para garantizarse dicho suministro a un precio razonable y con garantía de estabilidad. Nosotros mientras compramos gas licuado (GNL) a Rusia (principal proveedor en julio y agosto) y a EEUU al doble de precio mientras que seguimos reduciendo nuestras importaciones de Argelia (gas barato y estable).

Menos políticos y más expertos y técnicos en la planificación energética a futuro. Es la única solución.

Podríamos hablar de todas las medidas puestas encima de la mesa para limitar las facturas de gas y electricidad por el gobierno español y otros europeos que han sido totalmente populistas y electoralistas y de nula eficacia para los consumidores, además del coste a posteriori que conllevan para dichos consumidores o en su caso el incremento de deuda que supondrán y tendrán que ser compensadas con mayores impuestos o tasas a futuro.

Podríamos hablar de las ayudas que los estados están dando a las operadoras energéticas vía inyecciones de liquidez o líneas de crédito para garantizar su viabilidad y funcionamiento ante la imposibilidad de cubrir las garantías exigidas en los mercados de futuros de gas que aumentan a medida que aumentan los precios, con el consiguiente aumento de deuda adicional que ello conlleva. Reino Unido inyecta 40.000 millones de libras, Suecia 23.000 millones de euros, Finlandia 10.000 millones de euros, Alemania ha rescatado a Uniper comprando el 30% del capital y una emisión de convertibles de 7.700 millones de euros y un aumento de línea de crédito de 2.000 millones adicionales, Suiza inyecta 4.000 millones de francos a Axpo y las que vendrán. Equinor estima que las garantías necesarias para las energéticas europeas pueden ascender a 1,5 billones (europeos) de euros. Casi nada. Y eso para garantizar la viabilidad de las compañías y de los suministros.

Podríamos pero sería eterno el artículo.

Abran los ojos y exijan a sus responsables políticos nacionales y europeos, el diseño de una política energética que garantice el suministro a precios razonables y que garantice el estado del bienestar que tanto nos ha costado conseguir. Ello no implica dejar de lado la transición a energías verdes y sostenibles, sino ampliar la producción de energía a través de los recursos que tenemos y que permitirían ser independientes energéticamente y con precios y suministros estables y razonables, además de ser exportadores netos de dicha energía, mejorando nuestras balanzas comerciales y de capital, que ahora estamos destrozando.

Exijan. Están en su derecho. Al fin y al cabo lo pagamos todos nosotros y siempre sufrimos los mismos los errores de ellos. A ellos no les afecta. Nunca asumen ninguna responsabilidad. Va siendo hora de que lo hagan y paguen por sus errores y el desastre económico y energético que han creado.

Suerte este invierno. 

FUENTE: Ataraxia Magazine