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La revuelta ambientalista contra la humanidad

#cambioclimaticomentira #nosmienten

En la era actual del «Antropoceno», el término de moda, los seres humanos han alterado el equilibrio de la naturaleza. En mi opinión, los escenarios apocalípticos de los propagandistas del cambio climático son burdas exageraciones

Marcha del movimiento ambientalista “Fridays for the Future”. (Flickr)

The Revolt against Humanity: Imagining a Future without Us
por Adam Kirsch
Columbia Global Reports, 2023; 100 pp.

Aristóteles dice en el libro 1 de la Ética a Nicómaco que «la felicidad, por tanto, encontrándose como algo final y autosuficiente, es el Fin al que apuntan todas las acciones». La palabra griega eudaimonia, «felicidad» en esta edición, se traduce a menudo como «florecimiento».

¿No es obvio que quieres que tu vida florezca? Por supuesto, te pueden pasar todo tipo de cosas malas, pero no son lo que pretendes. Algunas personas piensan que la moralidad es algo más que la felicidad, o definen la «moralidad» de modo que sólo incluya los deberes para con los demás, pero incluso quienes hacen esto suelen reconocer que buscar tu propia felicidad es importante.

En su nuevo libro, Adam Kirsch, poeta y crítico literario que edita la sección weekend Review del Wall Street Journal, escribe sobre las personas que niegan que uno deba buscar su propia felicidad, dándoles la credibilidad que sus opiniones no merecen. Los antihumanistas son un grupo de personas que no valora el florecimiento. Creen que los seres humanos provocarán una catástrofe no sólo para sí mismos, sino también para otras especies si se mantienen los actuales niveles de emisiones de carbono.

Los antihumanistas no creen que nuestro daño se limite al clima. En la era actual del «Antropoceno», el término de moda, los seres humanos han alterado el equilibrio de la naturaleza. No es que el mundo fuera un paraíso antes de nuestra llegada, pero hemos empeorado mucho las cosas:

La idea de que nos destruyamos a nosotros mismos al expoliar el planeta es más radicalmente inquietante [que la amenaza de una guerra nuclear]. Significa que la humanidad está en peligro no sólo por nuestros vicios reconocidos, como el odio y la violencia, sino por perseguir objetivos que de ordinario consideramos buenos y naturales: prosperidad, comodidad, aumento de nuestra especie.

En mi opinión, los escenarios apocalípticos de los propagandistas del cambio climático son burdas exageraciones, pero ese no es un argumento que haya que considerar aquí. (Para un buen debate, véase Fossil Future, de Alex Epstein, que reseñé aquí).

Supongamos que tú sí crees que se avecina una catástrofe climática inminente a menos que «hagamos algo». En ese caso, ¿no deberíamos intentar organizar nuestras actividades de modo que perturben lo menos posible nuestras vidas? Los antihumanistas no piensan lo mismo. Puesto que hemos hecho tanto daño a la naturaleza, piensan que sería mejor idea deshacernos de nosotros.

Si la única manera de restaurar la soberanía de la naturaleza es que la civilización humana se derrumbe, entonces [Paul] Kingsnorth da la bienvenida a la perspectiva. . . . Si tiene que elegir entre la naturaleza y la humanidad, Kingsnorth elige la primera, con plena conciencia de adónde puede conducir tal decisión.

Kirsch señala que algunos filósofos que simpatizan con el antihumanismo piensan que para exponer correctamente su postura es necesario modificar radicalmente el lenguaje ordinario:

El primer paso para cambiar nuestra imagen del mundo es cambiar el lenguaje que utilizamos para describirlo. . . . Para los teóricos del antihumanismo, el lenguaje presenta un problema particular, porque es un modo de cognición exclusivamente humano. Paradójicamente, en cuanto afirmamos nuestra intención de pensar fuera o en contra de nuestra humanidad, hemos fracasado, ya que se trata de una afirmación que sólo los seres humanos podrían concebir o comprender.

Quienes adoptan una postura tan negativa hacia los seres humanos se enfrentan a un problema interesante. Si nuestras actividades nos ponen en conflicto con otros tipos de vida o con el «equilibrio de la naturaleza», ¿por qué debería importarnos? ¿Por qué nos interesa sacrificarnos por una serie de plantas y animales?

Una respuesta sería negar que los valores, es decir, lo que debe perseguirse, estén directamente relacionados con las personas que los desean. Según esta postura, los valores son «intrínsecos»; algo es valioso sólo por sí mismo. Sin embargo, entre los valores intrínsecos se encuentran los valores o intereses relativos de diversos seres vivos (y no vivos, en algunos casos). En consecuencia, lo que valoran los seres humanos no cuenta o cuenta negativamente. Pero quienes piensan así deben dar cuenta de la motivación moral: aunque haya valores intrínsecos, hay que demostrar por qué deberían importarnos.

No creo que los antihumanistas hayan proporcionado tal relato, pero eso no les ha impedido desear que todos estuviéramos muertos:

Un ejemplo destacado es Patricia MacCormack, cuyo libro El manifiesto antihumanoactivismo para el fin del Antropoceno (2020) reclama «el fin de lo humano tanto conceptualmente como excepcionalizado y realmente como especie». La segunda parte de la demanda debe cumplirse mediante «la desaceleración de la vida humana a través del cese de la reproducción» y «abogando por el suicidio [y la eutanasia]».

La mayoría de los lectores encontrarán repugnantes opiniones de este tipo, pero ¿es racional tal reacción? dice Kirsch:

La mezcla de razas y la homosexualidad también fueron antaño profana para la mayoría de la gente; la esclavitud y el sistema de castas fueron cosas que la humanidad mantuvo durante milenios. Los males arraigados sólo pueden superarse cuando se someten a un escrutinio racional. . . . La sabiduría de la repugnancia significa que la razón calla cuando más necesita ser escuchada.

Kirsch no ha conseguido bloquear la sabiduría de la repugnancia. Como él dice, la gente puede rechazar con horror propuestas para cambiar males ante los que está ciega, pero esto sólo demuestra que la repugnancia no es la última palabra. A menudo, un examen racional apoyará la propuesta o al menos no encontrará nada malo en ella, pero esto no demuestra que la repugnancia no cuente para nada. La carga de la prueba recae sobre quienes proponen un cambio. Deben aportar argumentos suficientes para contrarrestar nuestra repugnancia. La razón es el juez final, pero los reformadores deben partir de donde estamos ahora.

La risa también tiene mucho que decir a su favor. Kirsch se lo toma en serio, pero ¿cómo evitar reírse de él y por qué intentarlo?

[La teórica política Jane Bennett] escribe que se encontró con un montón de basura al azar en un desagüe de Baltimore y, de repente, lo vio de una forma nueva: «la materialidad del guante, la rata, el polen, el tapón de botella y el palo empezaron a brillar y a chispear»: «la materialidad del guante, la rata, el polen, el tapón de la botella y el palo empezaron a brillar y a chispear». . . .

«¿Por qué defender la vitalidad de la materia? Porque tengo la corazonada de que la imagen de la materia muerta o completamente instrumentalizada alimenta la arrogancia humana y nuestras fantasías de conquista y consumo que destruyen la Tierra», escribe. Una vez que reconocemos que tanto la materia viva como la inerte nos son afines en aspectos esenciales, es menos probable que la destruyamos o la explotemos.

Vertederos del mundo, ¡únanse!

Este artículo fue publicado inicialmente en el Instituto Mises


David Gordon es miembro sénior del Instituto Mises y editor de la Revista Mises

La sequía española es la gran oportunidad de los hijos de puta

Por Diego Herchhoren

En agosto de 2005, el huracán Katrina desoló el interior de Estados Unidos provocando más de 1300 víctimas y una migración de centenares de miles de personas. El llamado «tercer mundo» ingresó en los Estados Unidos, y para el diario Wall Street Journal, esto era una «ventana de oportunidades» para reformar drásticamente el sistema de protección social en las zonas afectadas, donde empresas de primera línea podrían hacer grandes negocios con la gestión de determinados servicios públicos.

La sequía que padece la geografía española (inducida o no) recorre los mismos derroteros que aquella funesta experiencia, y los fondos Next Generation de la Unión Europea son el instrumento para que un bien esencial para el desarrollo humano sea convertido, bajo el paraguas de la eficiencia y la sostenibilidad, en un bien de pago. De hecho, el plan de recuperación español auspiciado por la UE aboga precisamente por una «digitalización» del ciclo del agua, similar al que ya ha sido incorporado en el negocio de la electricidad.

Entendido el negocio del agua como la suma de productos, canales de distribución, concesiones y puntos de venta, empresas españolas como Sacyr, con su proyecto SOS Agua, se han erigido en «facilitadoras» del acceso a este recurso.

La Comisión Europea impulsó en el año 2003 la creación de Water Europe, un grupo de presión encargado de asesorar a los Estados miembros y a sus administraciones en lo que ellos llaman «agua inteligente» y que tienen cuatro objetivos: reducir un 50% las fuentes de extracción de agua; agregarle valor como commodity; añadir competitividad al mercado del agua europeo y «garantizar a largo plazo la estabilidad y la sostenibilidad de los acuíferos y las diferentes fuentes de obtención de agua».

Es decir, el patrón es convertir el agua en un bien escaso que motive la incautación de regadíos, la distribución de contadores, el abono de precios libres en función de la oferta y la demanda, así como el necesario cambio cultural español en torno a este recurso, hasta ahora más o menos convencido de la generosidad en su acceso.

Para ello apuestan por «soluciones digitales y modelos de buen gobierno corporativo y de negocio que contribuyan a resolver, con objetivos sostenibles, el desafío de unas sociedades inteligentes en las que los recursos del agua estén plenamente garantizados y su demanda, satisfecha”, afirman en su web.

Water Europe es el ejemplo más claro de eso que se viene a llamar «colaboración público privada», es decir, un grupo de empresas líderes que promueven a una serie de «especialistas» distribuidos en organismos, confederaciones hidrográficas y administraciones públicas y que no se sabe nunca para quién trabajan. Corporaciones punteras como Suez, Veolia, Acciona o Coca-Cola son las empresas que están detrás de este lobby.

El paulatino acceso de «empresas gestoras» en las concesiones de agua potable a partir del año 2000 se ha ido naturalizando, y la evolución del sector (que es normalmente el anticipo de las regulaciones por venir) augura un próspero negocio en la «gestión eficiente».

Durante los gobiernos de Jose Luís Rodríguez Zapatero se introdujeron en España profundos cambios en la antigua Ley de Aguas, limitando los derechos e introduciendo el mercado del agua, así como se introdujo el llamado «Plan Hidrológico Nacional» y la Directiva Marco Europea, que fue una silenciosa pero contundente privatización de los recursos hídricos.

El concepto de esta reforma era que recaudando por consumo de agua se repercutirían los ingresos en la mejora de la infraestructura, evitando así los efectos de sequías prolongadas. Y podría pensarse que el objetivo fracasó, pero no es así.

En efecto, se han reducido notablemente las fuentes de extracción y la sequía, entendida ya no como anomalía del clima, sino como concepto político, se ha instalado en la población española, y la idea del «racionamiento», la «gestión eficiente» (de pago) y los «límites de acceso» están cada vez más asumidos.

Franklin Roosvelt definió al dictador nicaragüense Anastasio Somoza como «nuestro hijo de puta, trabaja para nosotros». Quienes diseñaron esta política hídrica son los hijos de puta que están haciendo cola en los despachos oficiales para llevarse alguna concesión hídrica o de infraestructura, y que seguramente fueron los que colocaron a otros como ellos a cargo de esos despachos.

Los efectos de esa sequía políticamente inducida los estamos viendo en el precio de los alimentos y en todo aquello que repercute en el bienestar general, que ya no es general, sino de pago. Y animamos a los lectores a que busquen en sus municipios quienes serán los encargados de «gestionar» el racionamiento hídrico previsto para este verano.

Las temperaturas mundiales no han subido en los últimos nueve años

No ha habido ningún aumento de las temperaturas mundiales desde julio de 2015 hasta marzo de este año, es decir, durante casi nueve años, según los registros satelitales de la Universidad de Alabama en Huntsville que miden las temperaturas en la troposfera.

Con respecto a la media del periodo 1991-2020 la temperatura fue de +0,20ºC, mientras que en febrero fue de sólo +0,08ºC.

Si tomamos un periodo de tiempo aún más largo, desde enero de 1979, la tendencia lineal de calentamiento se mantiene en +0,13ºC por década .

Se trata de mediciones reales de temperaturas que contrastan con las predicciones apocalípticas basadas en modelos informáticos o en las declaraciones de los grupos seudoecologistas.

Así, el movimiento 300.org intentó impedir que se superara las 300 partes por millón (ppm) de CO2 en la atmósfera, ya que ello elevaría las temperaturas y extinguiría la vida en el planeta.

El límite se basaba en un artículo publicado en 2007 por el “experto” James Hansen en el que aseguraba que 350 ppm de CO2 en la atmósfera era el tope que podían admitir los seres vivos.

Aquella web desapareció de puro ridículo hace ya varios años y actualmente la concentración de CO2 está en 418 ppm y, a pesar de ello, las temperaturas no aumentan de manera correlativa.

FUENTE: mpr21

La autopista al infierno climático de la ONU

#CalentamientoGlobalHoax

Ante el nulo interés que ha despertado la COP27, al Conferencia de la ONU sobre cambio climático, ha tenido que saltar a la palestra Antonio Guterres para declarar que el mundo está “en la autopista al infierno climático”.

El domingo la Organización Meteorológica Mundial hizo lo propio emitiendo un comunicado de prensa titulado “Los ocho años más calurosos registrados indican un aumento de los impactos del cambio climático” (1).

Es más falso de un billete de tres euros.

Los registros de temperatura por medio de satélites y globos meteorológicos comenzaron en 1979. Desde entonces la temperatura ha subido +0,013°C cada año. Entre 2015 y 2022, es decir, durante los últimos 8 años, las temperaturas se han estabilizado, e incluso han disminuido ligeramente. En consecuencia, no hay ninguna aceleración.

En 2015 el objetivo fijado por la COP21 fue que la temperatura mundial se estabilizara. Es lo que está ocurriendo ahora mismo. ¿Es sólo un respiro o el comienzo de una tendencia? Nadie lo sabe, por supuesto, excepto la Organización Meteorológica Mundial, cuyo director, Petteri Taalas, dijo otra estupidez: que la Guerra de Ucrania había sido una bendición para el clima (2).

El caso es que las emisiones y la concentración de CO2 han seguido aumentando a pesar de los discursos oficiales en contra. La temperatura no ha cambiado porque al clima el CO2 no le importa nada.

(1) https://public.wmo.int/en/media/press-release/eight-warmest-years-record-witness-upsurge-climate-change-impacts
(2) https://apnews.com/article/russia-ukraine-business-united-nations-weather-ece2a951b35fe8be9a7090cd93b3a0ac

mpr21

Los niños de papá se entretienen con el cambio climático

A falta de efectivos, los seudoecologistas se dedican a atraer a las cámaras de la televisión con acciones simbólicas, como arrojar tomates a cuadros famosos, como “Los girasoles” de Van Gogh en la National Gallery de Londres.

Este fin de semana se celebra en El Cairo la COP 27, la Conferencia de la ONU sobre el cambio climático y el capital financiero internacional ha puesto a sus peones en movimiento porque este tipo de fastos ya no logran atraer la atención del mundo.

A falta de efectivos, los seudoecologistas se dedican a atraer a las cámaras de la televisión con acciones simbólicas, como arrojar tomates a cuadros famosos, como “Los girasoles” de Van Gogh en la National Gallery de Londres. En el Museo del Prado posaron ante los cuadros de Goya y con pintura negra escribieron en la pared “+1,5 grados”.

En La Haya dos seudoecologistas que se pegaron a la ventana que protegía el cuadro “La Niña de la Perla” de Johannes Vermeer fueron condenados por un tribunal a dos meses de prisión.

Las corrientes seudoecologistas creen que el clima se puede regular como el grifo del agua fría y caliente. Lo llaman “protección del clima”. La campaña estuvo organizada por la red A22, formada el pasado mes de abril para que los gobiernos reduzcan “drásticamente” las emisiones de CO2.

La red está financiada por el Fondo de Emergencia Climática, un organismo estadounidense creado en 2019 por tres grandes oligarcas. En primer lugar, Trevor Nelson, empresario y antiguo alumno de la Fundación de Bill Gates, cercano a Howard Warren Buffett, nieto del financiero más famoso de Wall Street. Pero también Rory Kennedy, hija del senador Bob Kennedy, y representante de la familia presidencial estadounidense.

Aileen Getty contribuyó al Fondo con 600.000 dólares. Es la tercera generación del imperio Getty, fundado por su padre John Paul Getty, un magnate de los combustibles fósiles. Propietario de la Getty Oil Company, fue considerado en su día el hombre más rico del planeta.

Un museo privado en las alturas de Los Ángeles exhibe las colecciones de arte moderno, fruto de las inversiones del multimillonario. Sus hijos pasaron la página del petróleo en 1984, ocho años después de su muerte. Les dejó una fortuna de 5.400 millones de dólares. Su hermano Mark fundó la agencia de fotografía Getty, pero Aileen se convirtió en la típica pija que se aburre en las grandes mansiones con piscina.

“Creo que la crisis climática ha avanzado hasta un punto en el que tenemos que tomar medidas contundentes para intentar cambiar el rumbo de un planeta que cada vez es más inhabitable. Mi apoyo al activismo climático es una afirmación del valor de la desobediencia civil como la vía más rápida para el cambio. No queda tiempo para otra cosa que no sea una acción climática rápida y completa”, escribió en un reciente artículo para The Guardian.

Dos bisnietos de los Rockefeller, Rebecca Rockefeller Lambert y Peter Gill Case, crearon la Equation Campaign, un organismo que financia a los seudoecologistas. Entregaron 30 millones de dólares, más donaciones de la propia Fundación Rockefeller, o de Open Society, la fundación de Soros.

Las grandes fortunas también suelen codearse con los famosos en las plataformas de filantropía. El director de “No mires hacia arriba”, Adam McKay, una película de Netflix que tuvo una difusión mundial, forma parte de la junta directiva del Fondo de Emergencia Climática.

Estos grandes fondos reivindican un radicalismo infantil y fueron decisivos para la aparición del grupo Extinction Rebellion a finales de la década pasada. Se creó gracias un cheque del Fondo de Emergencia Climática.

Para hacerse con una parte del botín, los “expertos” en el clima han comenzado a imitar a los niños de papá. Han creado colectivos, como la Rebelión de los Científicos, y la primavera pasada asaltaron la sede del banco JPMorgan, acusándolo de financiar los combustibles fósiles. El físico de la NASA Peter Kalmus fue uno de los detenidos.

El apoyo a los niñatos del cambio climático es rentable para las fundaciones filantrópicas, incluso desde un punto de vista estrictamente financiero. Un estudio publicado en la Stanford Social Innovation Review explicaba en primavera que el impacto de las movilizaciones vinculadas a la desobediencia civil era menos costoso en términos de emisiones de gases de efecto invernadero, y más rentable en términos de impacto político y mediático, que la simple financiación de las ONG tradicionales.

La financiación de la seudoecología sigue aumentando, pero el destino del dinero cada vez está menos claro. ClimateWorks estimó en su último informe que de los 750.000 millones de dólares invertidos por las fundaciones filantrópicas, sólo se gastaron entre 6.000 y 10.000 millones en el clima.

mpr21

Las olas de calor ni son más frecuentes ni más largas que antes en todo el mundo

La tesis de que las olas de calor son ahora más frecuentes y más largas que en el pasado es incierta, ya sea porque los datos anteriores a 1950 son escasos o se ignoran por completo.

Uno de los principales registros de olas de calor y temperaturas mundiales procede de un grupo internacional de científicos del clima y meteorólogos cuyos datos se actualizaron por última vez en 2020. Dichos datos proceden de la base de datos de temperaturas diarias del Centro Hadley de la Oficina Meteorológica de Reino Unido.

Los datos del Centro Hadley parecen apoyar la afirmación de que las olas de calor han aumentado a escala mundial desde aproximadamente 1990. Los datos también indican que las olas de calor actuales son mucho más frecuentes que durante la década de los treinta, una conclusión que contradice los datos sobre la frecuencia de las olas de calor en Estados Unidos, que cuenta con datos detallados sobre las olas de calor que se remontan a 1900.

En Estados Unidos las olas de calor eran mucho más frecuentes y más largas y calurosas en la década de 1930 que en la actualidad. La duración total anual de las olas de calor ha descendido de 11 días en la década de los treinta a unos 6,5 días en la década de 2000. El índice máximo de ola de calor en 1936 fue tres veces mayor que en 2012 y hasta nueve veces mayor que en muchos otros años.

Aunque los registros de Estados Unidos y del resto del mundo muestran un aumento de la duración total anual de las olas de calor desde 1970, el aumento en Estados Unidos es mucho menor que el nivel de los años treinta, que era de 11 días, en comparación con el nivel actual, que es de sólo unos 7 días.

La discrepancia entre los dos conjuntos de datos refleja probablemente la diferencia en el número de estaciones de temperatura utilizadas para calcular la temperatura máxima media. Los datos del Centro Hadley proceden de 942 estaciones, frente a las 11.000 de los datos estadounidenses. Para que la compilación general del Centro Hadley se considere fiable, debería probarse con el conjunto de datos de Estados Unidos, mucho más amplio.

Una característica notable de los datos de la tendencia mundial a partir de 1950 es la pronunciada variación de las olas de calor de un país a otro, que va desde un aumento de más de 4 días por década en países como Brasil, a menos de 0,5 días por década en la mayor parte de Estados Unidos y Sudáfrica, hasta una disminución de 0,5 días por década en el norte de Argentina.

Un calentamiento generalizado en todo el planeta contradice unas variaciones regionales tan acusadas en las olas de calor. Es más probable que las disparidades se deban a la insuficiencia de datos. Además, la tendencia está exagerada artificialmente porque la fecha de inicio de 1950 se encuentra en medio de un período de 30 años de enfriamiento mundial, de 1940 a 1970.

Las olas de calor de la década de los treinta en Estados Unidos se vieron agravadas por la sequía del Dust Bowl, que agotó la humedad del suelo y redujo los efectos moderadores de la evaporación. Pero no sólo el Dust Bowl experimentó temperaturas abrasadoras en la década de los treinta.

En el verano de 1930 dos olas de calor consecutivas que batieron el récord, cada una de las cuales duró ocho días, afectaron a Washington DC; mientras que en 1936, la provincia de Ontario (muy alejada de las Grandes Llanuras, donde se concentraba el Dust Bowl) vio cómo el mercurio se elevaba hasta los 43 grados centígrados en la ola de calor canadiense más larga y mortífera de la que se tiene constancia.

El “dust bowl” en Estados Unidos, durante los años treinta

El “Dust Bowl” (tazón de polvo) fue un período de fuertes tormentas de polvo que dañaron la agricultura de las llanuras y praderas que se extienden por norteamérica, desde el golfo de México hasta Canadá, impactando principalmente en Estados Unidos. Se prolongó al menos entre 1932 y 1939, y fue precedida por un largo periodo de precipitaciones por encima de la media.

FUENTE: mpr21

Exxon, verdes y leyes

Una conspiración contra Exxon Desde siempre, la estrategia del activismo verde ha sido “acabar la discusión” del cambio climático. Que no deja de tener su ironía. Su tesis básica es que…

Origen: Exxon, verdes y leyes

 

El calentamiento global y tus emisiones de CO2 salvan a los pinos del norte

Es una historia breve y tierna. Y muy “natural”; como verde. ¿Ves esas masas de pinos coloreados de rojo? Es en British Columbia, Canadá, y la coloración indica que estaban siendo ataca…

Origen: El calentamiento global y tus emisiones de CO2 salvan a los pinos del norte

La moda verde.

 

En la fila del supermercado, el cajero le dice a una señora mayor que debería traer su propia bolsa, ya que las bolsas de plástico no son buenas para el medio ambiente.

La señora pide disculpas y explica: “Es que no había esta moda verde en mis tiempos.”

El empleado le contestó: “Ese es ahora nuestro problema. Su generación no puso suficiente cuidado en conservar el medio ambiente.”

Tiene razón: nuestra generación no tenía esa moda verde en esos tiempos:

En aquel entonces, las botellas de leche, las botellas de gaseosa y las de cerveza se devolvían a la tienda. La tienda las enviaba de nuevo ala fábrica para ser lavadas y esterilizadas antes de llenarlas de nuevo,demanera que se podían usar las mismas botellas una y otra vez. Así, realmente las reciclaban.

BOTELLON

Pero lleva razón, no teníamos esta moda verde en nuestros tiempos.

Subíamos las escaleras, porque no había escaleras mecánicas en cada comercio ni oficina.

Íbamos andando a las tiendas en lugar de ir en coches de 300 caballos de potencia cada vez que necesitábamos recorrer 200 metros.

Pero tiene Vd. toda la razón. No teníamos la moda verde en nuestros días.

Por entonces, lavábamos los pañales de los bebés porque no los había desechables. Secábamos la ropa en tendederos, no en secadoras que funcionan con 220 voltios.

La energía solar y la eólica secaban verdaderamente nuestra ropa.

Los chicos usaban la ropa de sus hermanos mayores, no siempre modelitos nuevos.

Pero está en lo cierto: no teníamos una moda verde en nuestros días.

Entonces teníamos una televisión, o radio, en casa, no un televisor en cada habitación. Y la TV tenía una pantallita del tamaño de un pañuelo, no una pantallota del tamaño de un estadio de fútbol.

En la cocina, molíamos y batíamos a mano, porque no había máquinas eléctricas que lo hiciesen por nosotros.

Cuando empaquetábamos algo frágil para enviarlo por correo, usábamos periódicos arrugados para protegerlo, no cartones preformados o bolitas de plástico.

En esos tiempos no arrancábamos un motor y quemábamos gasolina sólo para cortar el césped; usábamos una podadora que funcionaba a músculo.

Hacíamos ejercicio trabajando, así que no necesitábamos ir a un gimnasio para correr sobre cintas mecánicas que funcionan con electricidad.

Pero claro que está Vd. en lo cierto: no había en esos tiempos una moda verde.

Bebíamos del grifo cuando teníamos sed, en lugar de usar vasitos o botellas de plástico cada vez que teníamos que tomar agua.

Recargábamos las estilográficas con tinta, en lugar de comprar una nueva y cambiábamos las cuchillas de afeitar en vez de tirar a la basura toda la maquina afeitadora sólo porque la hoja perdió su filo.

Pero, eso sí, no teníamos una moda verde por entonces.

En aquellos tiempos, la gente tomaba el tranvía o el autobús y los chicos iban en sus bicicletas a la escuela o andando, en lugar de usar a su mamá como taxista las 24 horas.

Teníamos un enchufe en cada habitación, no una regleta de enchufes para alimentar una docena de artefactos. Y no necesitábamos un aparato electrónico para recibir señales desde satélites situados a miles de kilómetros de distancia en el espacio para encontrar la pizzería más próxima.

Así que me parece lógico que la actual generación se queje continuamente de lo irresponsables que éramos los ahora viejos por no tener esta maravillosa moda verde en nuestros tiempos.

Lecciones de ecología… civismo, valores, dignidad etc… La historia es el libro
 que nunca debemos olvidar, no sólo en estos temas si no en cualquier otro, y si no lo crees, echa un vistazo a la historia de nuestro país ¡¡España¡¡ (por cierto, que ya se no se da esta asignatura en los colegios) y lo verás¡¡¡

Y por cierto, cuando toda una turba de personajes diversos, no muy higienicos la mayor parte de ellos, se decidieron a tomar por asalto, sin pensar en el resto de los habitantes, ni en los comercios, oficinas, despachos y establecimientos de hosteleria de la zona, la Puerta del Sol de Madrid, acampando durante varios dias, haciendo muchos de ellos allí todas sus necesidades, dejando kilos y kilos de basura, mucha de ella DIFICILMENTE RECICLABLE y, ante la falta de limpieza del espacio Y DE MUCHOS DE ELLOS EN PERSONA (muy amigos de la ducha no eran, no) ¿SE TUVO EN CUENTA EL MEDIO AMBIENTE?

PUES ESO.

El ecologismo se queda mudo ante los ‘desastres naturales’ de la extrema izquierda – Diego Sánchez de la Cruz

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28/02/2015 – Diego Sánchez de la Cruz

El entusiasmo que muestra cierto ecologismo izquierdista ante los regímenes latinoamericanos del «socialismo del siglo XXI» vuelve a poner de manifiesto la doble vara de medir que aplican sus activistas.

No pocos movimientos ecologistas europeos abanderan la aplicación de políticas económicas de corte marxista. Esta postura antimercado resulta, cuando menos, llamativa, pues el historial de los países comunistas en lo tocante a la protección del medio ambiente está repleto de catástrofes y malas prácticas.

Un ejemplo lo tenemos en el caso del Mar de Aral, que acabó convertido en un desierto bajo la gestión de la Unión Soviética. Las cosas no funcionaron mucho mejor en la central nuclear de Chernóbil, donde el régimen comunista que gobernaba Ucrania presidió uno de los episodios más negros de la década de 1980.

En la actualidad, el entusiasmo que muestra cierto ecologismo izquierdista ante…

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