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El socialismo garantiza el fracaso y fabrica imbéciles, pobres y desgraciados

España está en campaña electoral, en vísperas de unas elecciones de gran importancia que van a decidir si nuestro futuro es tiránico o libre. Si gana la coalición de socialistas, comunistas, etarras e independentistas, el país avanzará hacia la tiranía socialista y el Estado será todavía más potente e intervencionista, pero si los votos libres de los ciudadanos les derrotan, España puede ganar cotas de libertad y erradicar los vicios de la izquierda marxista, que propician la delincuencia, la corrupción, la esclavitud y el atraso.

Hace unos días mantuve una conversación con dos matrimonios cubanos, seriamente preocupados por el futuro de España, que según ellos avanza de manera inexorable hacia modelos cercanos a Cuba y Venezuela. Al saber que yo soy periodista y que escribo a diario, me explicaron con claridad meridiana por qué siempre fracasa el socialismo, un sistema que genera pobreza, desigualdad, desinterés, desconfianza y odio. Una de esas personas era miembro del partido comunista cubano, pero al vivir en España se permite ser sincera y reconocer que el sistema cubano es un fracaso completo.


Fue precisamente el comunista del grupo quien me explicó con claridad y detalle el mecanismo perverso que hace fracasar el socialismo allí donde se establece.

Miles de mensajes recordando en las redes sociales el peligro que corre España de caer en la tiranía comunista.

El comunista, muy interesado en impedir que el comunismo se establezca en España, donde él vive, me pidió que utilizara mi capacidad de comunicar como periodista para abrir los ojos a los españoles, que, según dijo, corren el peligro de caer en las garras del comunismo, de la mano del PSOE y de Pedro Sánchez.

Para demostrar el drama del socialismo, me contó la siguiente historia:

Un reconocido profesor de economía de la Texas Tech University, la mejor universidad on line del mundo, cuenta que él nunca había suspendido a uno de sus estudiantes pero que, en una ocasión, tuvo que suspender a la clase entera.

Cuenta que esa clase le insistió que el socialismo sí funcionaba, que en este sistema no existían ni pobres ni ricos, sino una total igualdad.

El profesor les propuso a sus alumnos hacer un experimento en clase sobre el socialismo: Todas las notas iban a ser promediadas y a todos los estudiantes se les asignaría la misma nota de forma que nadie sería suspendido y nadie sacaría un sobresaliente.

Después del primer examen, las notas fueron promediadas y todos los estudiantes sacaron Notable. Los estudiantes que se habían preparado muy bien estaban molestos porque esperaban un sobresaliente, pero los estudiantes que estudiaron poco estaban contentos.

Cuando presentaron el segundo examen, los estudiantes que estudiaron poco, estudiaron aún menos, y los estudiantes que habían estudiado duro decidieron no trabajar tan duro ya que no iban a lograr obtener un sobresaliente.

El promedio del segundo examen fue Suficiente! Nadie estuvo contento.

Pero cuando se llevó a cabo el tercer examen, toda la clase sacó insuficiente:¡suspensos a todos.

Las notas nunca mejoraron. Los estudiantes empezaron a pelear entre sí, culpándose los unos a los otros por las malas notas, hasta llegar a insultos y resentimientos, ya que ninguno estaba dispuesto a estudiar para que se beneficiara otro que no lo hacía.

Para asombro de toda la clase, ¡todos perdieron el año..

El profesor les preguntó si ahora entendían la razón del gran fracaso del socialismo.

Es sencillo; simplemente se debe a que el ser humano está dispuesto a sacrificarse trabajando duro cuando la recompensa es atractiva y justifica el esfuerzo; pero cuando el gobierno quita ese incentivo, nadie va a hacer el sacrificio necesario para lograr la excelencia. Finalmente, el fracaso será general.

Le di las gracias por la anécdota y le prometí que la contaría a mis lectores para que abrieran los ojos y no votaran socialista en las urnas, ahora que todavía les permiten expresar su voluntad política en las elecciones.

Como autor de este artículo quiero reforzar la tesis contra el socialismo con dos citas:

Winston Churchill, premio Nobel en 1953 dijo: «El socialismo es la filosofía del fracaso, el credo de los ignorantes y la prédica de la envidia. Su misión es distribuir la miseria de forma igualitaria para el pueblo».

La ex Primer Ministra Británica Margaret Thatcher declaró:»El socialismo fracasa cuando se les acaba el dinero…. de los demás».

Francisco Rubiales

«I told you that having a socialist human being would bring us problems.»

Humor Animalista

El infantilismo y el relativismo moral alcanzan tal grado de notoriedad que asustan. Pero no es una sorpresa, si uno se para a pensar en las bases de la corriente animalista.

La defensa de los animales es un principio de la dignidad humana. El hombre que maltrata a su perro delata su crueldad, y esto se entiende desde los tiempos de Esopo. En la actualidad, muchas personas se preguntan si el sufrimiento de los animales puede reducirse. Más allá de anécdotas como el anormal que pega a su caniche o el encierro de vaquilla de las fiestas de un pueblo, está el dilema de la alimentación. Yo, carnívoro empedernido, no deseo que las reses y polluelos que degluto tengan una existencia parecida a la de los muebles embalados de Ikea. Quisiera que las cadenas de producción ganadera tuvieran mejores condiciones para los animales, aunque sé que la industrialización de la ganadería es un factor esencial en el desarrollo de las grandes sociedades. Al menos, hasta que alguien descubra cómo producir carne a precios asequibles para una sociedad con tantos miles de millones de comensales.

«ME PREGUNTO SI, EN ESTA SITUACIÓN DE IMBECILIDAD GENERALIZADA, PODRÍA TENER ÉXITO UNA CAMPAÑA PARA SALVAR A LAS MEDUSAS QUE SON ASESINADAS CADA VERANO EN LAS PLAYAS»

Pero una cosa es tener conciencia de que los animales sienten y padecen, y estar a favor de que se cuide de ellos lo mejor posible, y otra creer que las películas de Disney son como documentales de la 2, es decir: que los animales y los humanos no somos tan distintos como nos había dicho Darwin. En este sentido, animalistas y creacionistas caen en un error con base equiparable.

Esta semana algunos quedamos asombrados por la repercusión de la vida de un perro en una situación de contagio del virus del ébola en España. Cualquiera que asomase el hocico a los mentideros se daba cuenta que la noticia del día era la del perro de Teresa, auxiliar de enfermería contagiada de esta enfermedad. Muchos internautas que llamaban al padre Pajares “el cura ese” se referían al perro por su nombre de pila, y la amenaza del sacrificio preventivo del can, finalmente llevada a cabo, movilizó en change.org a más de 300.000 personas que querían salvar al chucho de la muerte a cualquier precio. Algunas personas llegaron a formar un cordón humano en la puerta de la casa de la enfermera donde permanecía el perro, como cuando el banco desahucia a una familia.

Científicos entendidos explicaron que el perro no debía ser sacrificado. No porque defendieran su vida perruna, sino porque hubiera debido estudiarse si el animal funcionaba como transmisor pasivo del virus. Los perros lamen a otros perros y llevan una vida errática. Un comportamiento peligroso en una situación de descontrol sobre un virus tan letal. Muchos animalistas estaban tan obsesionados con salvar al perro que compartían el testimonio de estos científicos en las redes sociales, inconscientes de lo que significa poner al animal en cuarentena. Como dijo una amiga veterinaria: ¿se creen que es ponerle un piso en Fuengirola?

Lo importante para esta oleada de animalistas era salvar la vida del perro a toda costa, y así se manifestaron por la vida del perro, y firmaron una petición para salvar la vida del perro. Petición que contenía tantas faltas morales como de ortografía, y que redactó una internauta que, con toda razón, elegía la foto de una niña para su avatar de change.org.

A mí todo aquello me ponía los pelos de punta. No por miedo al ébola, sino por el comportamiento de la multitud.

Excálibur, así se llamaba el perro, pertenecía a una mujer sobre la que pesa todavía el riesgo de muerte. Una auxiliar de enfermería a la que pusieron a trabajar con enfermos de ébola sin haberla adiestrado en profundidad para quitarse el traje, en un nuevo caso de incompetencia de las autoridades. Sin embargo, el perro movilizó más apoyos que la enfermera. Si los negros que caen como moscas en África caminasen a cuatro patas y estuvieran cubiertos de pelo, es posible que consiguieran despertar un poco de esta inmensa, desnortada e infantiloide compasión.

«HUBO QUIEN COMPARÓ EL MOMENTO DEL SACRIFICIO DEL PERRO CON LA EJECUCIÓN DE MIGUEL ÁNGEL BLANCO»

Decían muchos animalistas que una cosa no quitaba a la otra. Que ellos defendían lo mismo al perro que a la enfermera, los misioneros y los negros de África. No percibieron lo terrible que es defender “lo mismo” a unos que otros, no se dieron cuenta, y para colmo mentían: Médicos sin Fronteras sigue pidiendo ayuda para su operativo de emergencia en los países afectados. Por supuesto, no han recibido ni una pequeña parte de los apoyos que recibió el perro. Quizás si Liberia ladrase…

Me pregunto si, en esta situación de imbecilidad generalizada, podría tener éxito una campaña para salvar a las medusas que son asesinadas cada verano en las playas. Miles de perros mueren en perreras, o atropellados porque los anormales de sus dueños los abandonan en la cuneta cuando se van de vacaciones, pero Excálibur se convertía en perro mediático y desataba una inmediata movilización. La velocidad y la trayectoria de la campaña delataba un preocupante relativismo moral. Buscando en Twitter “Excálibur” y “Ana Mato”, aparecían cientos de comentarios de internautas que consideraban la vida del perro más valiosa que la de la ministra. Hubo quien, incluso, comparó el momento del sacrificio del perro con la ejecución de Miguel Ángel Blanco a manos de ETA.

El infantilismo y el relativismo moral alcanzaban tal grado de notoriedad que asustaban. Pero no es una sorpresa, si uno se para a pensar en las bases de la corriente animalista.

El animalismo existe desde hace siglos en Occidente, pero ha alcanzado una gran popularidad cuando la generación Disney se ha hecho mayor. No es paradójico que en los años de la crisis económica se hayan multiplicado en los medios de comunicación las consignas de los animalistas. Las protestas contra las fiestas populares donde se maltrata a los animales, parrafadas sobre la dieta vegana y manifestaciones antitaurinas aparecen cada pocos días en los medios. Mientras muchas familias españolas no tienen qué comer, los animalistas nos recuerdan lo pecaminoso que les resulta vernos tragar una hamburguesa. Todo esto hace pensar que el animalismo es un movimiento radical con un origen eminentemente burgués, aunque por supuesto muchas personas de origen y de vida humildes se hayan dirigido a esta corriente.

Defienden a los animales porque, según dicen, ellos no pueden defenderse. Creen que esto es una declaración de intenciones, pero en realidad es una falla argumental que los retrata. Uno puede defender la necesidad de llevar la democracia con aviones militares a un país como Irak, pero los iraquíes podrán negarse a ello y montar un Estado Islámico. Uno puede creer que las autoridades mexicanas deben arrancar la lacra de los narcos de la sociedad, pero posiblemente los narcos acaben agujereando al activista a base de balazos. En cambio, perros, gatos, corderos y zarigüeyas permanecen impasibles mientras las legiones de animalistas se dejan las horas del reloj en defenderlos de las agresiones del hombre.

En este sentido, el animalismo es una causa vacía: defiende los derechos de un colectivo que no los ha exigido y que no va a causar ningún problema a sus supuestos benefactores.

El animalismo no tiene malas intenciones, pero puede llegar a ser nocivo como todas las deformaciones grotescas de la bondad humana. Los presupuestos de los animalistas más radicales tienen tintes alienígenas: proclaman la igualdad de todos los seres con sistema nervioso que moramos sobre la tierra, y con una frecuencia alarmante comparan el valor de la vida de un humano con la de cualquier ratón de laboratorio. Cuando un animalista escribe que la vida de su perro es más valiosa que la de mucha gente, recibe un apoyo enorme por parte de otros animalistas. Ahí está lo nocivo de esta corriente que en principio tiene tan buenas intenciones: al equiparar el valor de la vida de los animales con la vida humana, considera que quien mata a un animal, aunque sea en un matadero alimenticio, está cometiendo un asesinato. Por lo tanto, si el animalismo sigue creciendo y logra representación en cámaras legislativas, las consecuencias podrían llegar a ser mucho más serias que los comentarios de cuarenta defensores de los gatos en una red social.

La fragilidad argumental del animalismo contiene una gran paradoja, que se manifiesta en la acusación que los animalistas radicales han elegido para quienes nos rebelamos contra su doctrina. Nos llaman, despectivamente, especistas. Antropocéntrico o especista es aquel humano que se considera superior a un mono titi o una merluza. ¿Dónde está la gran paradoja? En que el animalismo se levanta precisamente sobre un antropocentrismo radical: proyecta en los animales cualidades humanas, hasta el punto de considerar a los animales sujetos de derecho.

Esta confusión, de nuevo motivada por nobles sentimientos, resulta aparatosa desde un punto de vista humanista. El animalista cree que los animales tienen derechos aunque con frecuencia se muestra incapaz de explicar de dónde emanan estos derechos. Suele referirse al derecho a la vida de los animales como si fuera un mandato del reino natural que los humanos deben acatar, pero no especifican dónde está escrita esta ley.

Asumido este dogma, no se dan cuenta de que la ecuación funciona exactamente al revés: somos nosotros, los hombres, quienes tenemos el derecho a disfrutar de los animales. Por supuesto, es un derecho que nos hemos otorgado: son milenios usando a las bestias para acarrear el peso de los carros, a los perdigueros para ayudarnos en la caza, a las lombrices para servir de cebo en nuestros anzuelos. Nosotros inventamos los derechos y tenemos la potestad de repartirlos, y todos los derechos de que disfrutan los animalistas parten de la misma fuente: desde la libertad para expresar sus planteamientos por escrito o para manifestarse en la calle, hasta la garantía de que nadie, por mucho que aborrezca lo que digan, podrá reprimirlos por la fuerza sin recibir un castigo.

Pero ahí está el problema capital de la ideología animalista: en que los animales no tienen derechos, de la misma manera que no tienen obligaciones. No pueden acatar leyes, ni hacerlas cumplir a otros animales1. Cuando educamos a un perro para que no cague en casa estamos imponiéndole reflejos condicionados a su conducta, lo cual es totalmente diferente a imponer una ley. Pero que los animales no tengan derechos no significa que deban ser vulnerables a la crueldad humana: de nuestro derecho a utilizar a los animales emana nuestra obligación de cuidar de ellos. Es decir: no es que mi perro tenga derecho a una vida digna por ser un perro, sino que yo tengo la obligación de dársela, y por lo tanto debo ser castigado si lo maltrato. A cambio de mis cuidados, el perro me premia con su lealtad, su cariño y su simpatía, elementos tan intrínsecos a los perros que cualquiera con un poco de sensibilidad sufre cuando se le arrima por la calle un chucho abandonado.

Entre las dos posturas, la del derecho intrínseco del animal y la de nuestra obligación de cuidar a los animales, hay una distancia tan grande como la que separa a los niños de los adultos. Pero precisamente ahí, en el infantilismo, está el talón de Aquiles de los animalistas contemporáneos.

FUENTE / SOURCE: EL ESTADO MENTAL

El último delirio antiblanco: prohibir a Beethoven

Siguen empeñados en liquidar la civilización

Por: Javier R. Portella

Repitamos el titular: quieren prohibir a Beethoven. Repitámoslo, por si alguien cree que lo ha leído mal: quieren prohibir a Ludwig van Beethoven.

¿Quiénes proponen semejante atentado?

Quien lanzó el primer ataque contra el que es el mayor o, digamos, uno de los cinco mayores músicos de todos los tiempos, fue una tal Susan McClary, que además de feminista es “musicóloga”, la cual, ya en 1980, comparó la Novena Sinfonía con “la rabia de un violador impotente”. Pero desde entonces no sólo han proseguido, sino que se han incrementado los ataques contra nuestro mundo y nuestra civilización. En particular, el movimiento racista antiblanco denominado Black Lives Matter no sólo se ha dedicado a destruir estatuas y monumentos: también la ha emprendido contra la música clásica y en particular contra Beethoven.

Así, según el musicólogo Nate Sloam y el compositor Charlie Harding, estrellas del podcast Switched on Pop, producido en asociación con la Orquesta Filarmónica de Nueva York (sí, han leído bien: con la Orquesta Filarmónica de Nueva York), la Quinta Sinfonía de Beethoven constituye un exponente de todo lo que, para ellos, es más detestable de la música clásica y de la cultura occidental. Si por ellos fuera, habría que prohibir a Beethoven, cuya música es la “banda sonora” del “privilegio blanco”.

En Vox.com —desgraciada web cuyo desgraciado nombre nada tiene que ver, huelga decir, con el que ustedes tienen en mente—, dichos cretinos achacan a la música de Beethoven y en particular a la Quinta Sinfonía… lo de siempre, ya se pueden imaginar:  ser una opresiva expresión de la elitista cultura clásica que refuerza el poder de los hombres blancos y reprime las voces de las mujeres, los negros y la comunidad LGTBQ.

Ante tanta aberración, la paciencia se colma y uno no puede sino preguntarse: la culpa de tanto cretinismo, ¿incumbe sólo a los cretinos? ¿No incumbe también a quienes, aun criticándolos, toleran, miran hacia otro lado o creen que hay algo que debatir con ellos? La voces que atacan a la música, al arte y a la belleza, ¿son sólo unas voces erradas, o son las voces de nuestros más viscerales enemigos?

¿QUE HABÍA ANTES DE LOS «PRIMATES»?.

 

Pues nada mas y nada menos que «ESTA COSA NAUSEABUNDA Y PIOJOSA»:

La dificultad que ofrece a la ciencia su estudio es el hecho de que SEA TAN BOCAZAS ya que se supone que EL QUE CARECE DE INTELIGENCIA NO DEBERÍA HABLAR, ni siquiera para DECIR MAMARRACHADAS COMO ESTA:

El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, ha afirmado que «el capitalismo acabó con la vida en Marte». «Yo siempre he dicho que no sería extraño que hubiese habido civilización en Marte, pero tal vez el capitalismo y el imperialismo llegaron y terminó el planeta». (http://www.rtve.es/noticias/20110322/chavez-capitalismo-acabo-vida-marte/418893.shtml).

 

NO contento con todo esto, también hace unos días afirmó que:

Y claro, ocurrió lo siguiente:

VENEZUELA 0 ESPAÑA 3

España mantiene su buen ‘feeling’ La campeona del mundo vence en Venezuela sin grandes alardes

   PUERTO LA CRUZ (VENEZUELA), 8 Jun. (EUROPA PRESS) –

   La selección española saldó de forma positiva (0-3) su último compromiso del curso, un amistoso ante Venezuela que resolvió desde bien pronto gracias a un gol de Villa a los cinco minutos, en un partido donde se evidenció el escaso nivel de la ‘vinotinto’, incapaz de cosquillear tan siquiera a la vigente campeona del mundo. (Si alguien quiere ver la crónica completa, que pinche en este texto, aunque solo es un amistoso, por eso yo no he hecho ninguna crónica, no valia la pena)

 

A ver APRENDIZ DE PRIMATE CON PIOJOS, PULGAS Y ALITOSIS, ¿QUE DICES AHORA?,MIRA BOCAZAS, MIRA:

Pues no. No parece haber quedado muy satisfecho, no.

Todo esto es bufonesco, es para partirse la caja, a este tipo no se le puede llamar siguiera PAYASO porque seria OFENDER A LA PROFESIÓN DE PAYASO.

Bueno….es que «esta aberración de la genética», este GRAVE ERROR DE LA NATURALEZA es OFENSIVO DE POR SI, OFENSIVO ES QUE ALGO COMO «ESO» EXISTA.

La parte inquietante está en que EXISTE, ES PRESIDENTE DE UN PAÍS Y HAY BERZOTAS ILETRADOS, IGNORANTES Y ANALFABESTIAS QUE LE VOTAN Y LE APOYAN. 

No hace falta ser el Rey de España ni…vamos, ni el pregonero de Villachorrete del Alcornoque para decirle al menda este:

 ¿PORQUÉ NO CIERRAS TU ALITOSA

 BOCOTA, BUFÓN?

ESTA FOTO TOMADA EL DÍA DE SU NACIMIENTO

EXPLICA MUCHAS COSAS

 ¡¡¡ QUE LO ECHEN DE UNA VEZ !!!

¡¡¡¡FUERA CHAVEZ!!!