Tras presenciar cómo la República Islámica de Irán viola los derechos humanos, adopta la ley de la sharia, persigue a otras religiones, asesina a los disidentes yobliga al poder judicial a ponerse al servicio del Ministro de Inteligencia, parece claro que lo peor que puede ocurrirle a un país libre occidental es permitir que los fundamentalistas islámicos se hagan con un gobierno.
La mayoría de los 1.600 millones de musulmanes del mundo rezan en árabe, aunque no sea su lengua materna. El problema, sin embargo, no reside en la traducción, sino en la ideología.
Quince de los diecinuevesecuestradores del 11-Seran árabes saudíes; dos eran de Emiratos Árabes Unidos, uno era de Egipto y otro del Líbano. Todos eran de países de lengua árabe.
Los eruditos musulmanes no se unieron para protestar por el acto terrorista del 11-S. En su lugar, muchos celebraron una victoria: el Corán incluye pasajes que permiten la violencia para expandir el islam.
La mayoría de los denominados musulmanes son amantes de la paz, pero como hay164 versículos del Corán que prescriben la yihad, muchos musulmanes pueden sentir que sería herético o desleal condenarlo.
Iránsigue financiando la fetua de muertedictada contra un europeo, el novelista británico Salman Rushdie, por Los versos satánicos –una novela–, dictada en 1989 el ayatolá Jomeini, muerto hace mucho tiempo. El año pasado, la recompensa por su cabeza se incrementó en otros 600.000 dólares, alcanzando casi los4 millones de dólares.
Hasta su muerte a principios de este año, el ayatolá Vaez-Tabasi, un prominente clérigo chií en Irán, que presidió el santuario del Imán Reza, el cual atrae anualmente a tantos visitantes como La Meca, llamó a librar una«perpetua guerra santa».
Las prácticas de Mahoma chocan con los valores humanistas de la civilización occidental
Los fundamentalistas ven a Mahoma como el hombre perfecto. Sin embargo, Mahoma fue el guía de sus violentos seguidores, que violaron, esclavizaron a presos de guerra y asesinaron a los no creyentes como parte del plan de expansión del islam. Hoy,dicha conducta es emulada por los terroristas islámicosen Irak, Siria, Sudán, Pakistán, Bangladés, Mauritania y Nigeria, por citar sólo unos pocos.
Mahoma tuvo varias esposas, entre ellas una esclava que se le dio como regalo. Con los cincuenta años ya cumplidos, le pidió a un amigo la mano de su hija, de seis años, y consumó el llamado matrimonio cuando la niña tenía nueve. Aunque Mahoma criticaba las costumbres corruptas de sus contemporáneos árabes, mantuvo relaciones sexuales con una niña que era demasiado menor para tener capacidad de consentimiento; en Occidente llamamos a esto estupro. (Sahih Bukhari, volumen 5, libro 58, número 234)
Haciendo referencia a la vida de Mahoma, los fundamentalistaspermiten matrimonios forzosos con menoresen países como Arabia Saudí, Afganistán, algunos Estados del Golfo e Irán.
Si los líderes musulmanes fundamentalistas no entienden lo errónea que resulta esta ideología a ojos de occidente, tal incomprensión podría dar lugar a una visión fundamentalmente distinta de los derechos humanos: para Occidente, estos valores se encarnan en la Ilustración –valores como las libertades individuales, la libertad de pensamiento, la investigación desinteresada– , y en laDeclaración Universal de los Derechos Humanos: que todos los pueblos, al margen de su raza, religión o sexo, tienen derecho a la vida, a la libertad y la seguridad personal, y a la libertad frente a la tortura, la esclavitud y el trato degradante.
Para los 57 miembros de la Organización de Cooperación Islámica, los derechos humanos deben estar basados en la ley religiosa islámica, la sharia: lo que esté dentro de la sharia es un derecho humano; lo que esté fuera, no. En la imagen, la cumbre que la OCI celebró en Estambul en 2016. (Imagen: captura de un vídeo de Al Yazira).
Por lo tanto, la esclavitud, o el sexo con menores, o pegar a las mujeres, o llamar «adulterio» a las violaciones que no cuentan con cuatro testigos –castigado con la pena de muerte–, o que una mujer valga oficialmente la mitad que un hombre, son todo «derechos humanos».
En 2005, después de que el dibujante danés Kurt Westergaard dibujara una viñeta que satirizaba suavemente a Mahoma por encargo de un periódico, muchos clérigos musulmanes lo acusaron de blasfemia y pidieron su muerte. Entre ellos, un clérigo paquistaní que ofreció un millón de dólares de recompensapara quien asesinara al danés. Protestaron miles de musulmanes. En 2010, un asaltante musulmán, hacha en mano, atacó a Westergaard en su casa; por fortuna, Westergaard pudo escapar a una habitación segura.
Los gobiernos occidentales deberían mantenerse firmes frente a quienes nos chantajean para que renunciemos a nuestras libertades. Ningún gobierno inteligente debería debilitar el derecho a la libertad de expresión para aplacar a una gente que se presenta falsamente como víctimas, cuando a menudo son, en realidad, los agresores.
Los musulmanes reformistas y la crisis de credibilidad
La mayoría de los 1.600 millones de musulmanes del mundo no aprueben quizás la violencia y las violaciones de los derechos humanos, pero el hecho sigue siendo que los fundamentalistas no son un grupo marginal: ocupan posiciones de alto nivel en la jerarquía clerical musulmana. Haydecenas de millones(o más), y cada uno de ellos parece creer que su interpretación del islam es la única correcta. De este grupo, se calcula quecientos de milesson yihadistas dispuestos a tomar parte de la violencia activa.
Muchos musulmanes reformistas afirman que se les incluye injustamente en el mismo montón que esa cuadrilla de extremistas, pero si lo que están diciendo es que hay una división, puede que muchas veces no lo hayan expresado con demasiada claridad.
Cuando Martín Lutero, sacerdote católico y profesor de Teología, repudió dos enseñanzas fundamentales de la Iglesia Católica, reconoció que, por definición, ya no era católico. Formó parte de la Reforma protestante, y a sus seguidores se les conoce como luteranos.
Los musulmanes reformistas pueden seguir llamándose musulmanes, pero nunca podrá haber un Corán 2.0. Se considera que toda palabra del Corán es la palabra de Alá, similar a los Diez Mandamientos como la palabra directa de Dios. Nadie puede negar que Alá quiso decir realmente lo que se supone que Alá dijo. Las interpretaciones, sin embargo, sí difieren, y desde 1948 han provocado lamuerte de 11 millones de musulmanesa manos de otros musulmanes.
Así que imaginemos lo que les podría deparar a los no musulmanes.
El islam, además, parece haberse estructurado para ser difundido mediante la violencia, la «yihad dura» y la «yihad blanda»: En la yihad dura entran el terrorismo, el asesinato y el intento de asesinato. En la yihad blanda entran la reescritura de la historia, como ha ocurrido con la votación de la Unesco que afirma que antiguos monumentos bíblicos, como la Tumba de Raquel o la Cueva de los Patriarcas, son islámicos, cuando el islam histórico ni siquiera existió hasta el siglo VII; la migración para hacer crecer el islam (héjira), como estamos viendo ahora en Europa y con las amenazas turcas de inundar Alemania de migrantes; la penetración cultural, como lapromoción del islamen los libros de texto escolares o ajustar el currículum a la«corrección política»; la infiltración política y educativa, así como la intimidación (una yihad blanda bajo la que se esconde una yihad dura).
Más lamentable es que todo esto se haga tan a menudo, como con la Unesco, con la ayuda y la complicidad de Occidente.
Tanto la yihad dura como la blanda han sido históricamente el modo con que el islam ha podido imponerse en Persia, Turquía, Grecia, el sur de España, Portugal, todo el norte de África y toda Europa oriental. Depende de nosotros que no nos lo vuelvan a hacer.
De forma unánime el Tribunal de Europa de Derechos Humanos (TEDH) emitió un fallo el 09/06 que algunos han intentado o minimizar u ocultar: «El matrimonio homosexual no es un derecho humano», concluyeron los 47 jueces de los países miembros del Consejo de Europa que integran el pleno del Tribunal con sede en Estrasburgo. El fallo se fundamentó en juicios de filosófos y antropólógos, que interpretaron la cuestión a la luz del artículo N°12 del Convenio Europeo de Derechos Humanos, sobre derechos humanos, similar al N°17 del Pacto de San José y al N°23 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos. Según la sentencia, la familia es la unión de un hombre y una mujer, y ningún gobierno está obligado a abrir las nupcias entre personas del mismo sexo.
Importante fallo del Tribunal de Estrasburgo.
Estrasburgo es una ciudad de Francia, en la región histórica y cultural de Alsacia. Su centro histórico está declarado Patrimonio Unesco de la Humanidad desde 1988.
Estrasburgo es la sede de:
> Parlamento Europeo: Las sesiones plenarias se realizan en Estrasburgo. > Eurocuerpo: Comando Central. > Europol: Centro de información. > Comisión Central para la Navegación del Rin. > Corte Europea de los Derechos Humanos: Palacio de los Derechos Humanos. > Otras 22 instituciones europeas como el Consejo de Europa.
Los 47 jueces, de los 47 países del Consejo de Europa, que integran el pleno del Tribunal de Estrasburgo (el tribunal de Derechos Humanos más importante del mundo), ha dictado una sentencia de enorme relevancia, la cual fue y es sorprendentemente silenciada por el progresismo informativo y su zona de influencia.
Los jueces del Tribunal Europeo de Derechos Humanos son elegidos por la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, por mayoría, de entre una terna de candidatos que presenta cada Estado miembro del Consejo de Europa. Los candidatos deben ser juristas de la más alta consideración moral y reunir las condiciones requeridas para el ejercicio de altas funciones judiciales o ser jurisconsultos de reconocida competencia (artículo N° 22 del Convenio).
Ahora, el TEDH, con sede en Estrasburgo, ha fallado, por unanimidad de los 47 jueces que lo integran, que el Convenio Europeo de Derechos Humanos no ampara de forma automática el “derecho” al matrimonio para las parejas homosexuales. La sentencia, hecha pública esta mañana, se basa principalmente en los artículos 8 (respeto al derecho de la vida privada y familiar) y 12 (derecho al matrimonio y a fundar una familia).
Tras recordar que la regulación del matrimonio está regulada por las leyes de los Estados que han firmado el Convenio -España entre ellos-, los jueces del TEDH recuerdan que el artículo 12 [del Convenio] consagra“el concepto tradicional del matrimonio, a saber, la unión de un hombre y de una mujer” y que no impone a los gobiernos la “obligación de abrir el matrimonio a las personas de mismo sexo”.
En relación con el artículo 8 y alegando también el artículo 14 (principio de no discriminación), la sentencia afirma que “los Estados son libres de reservar el matrimonio únicamente a parejas heterosexuales y gozan de un margen de apreciación para decidir acerca de la naturaleza exacta del estatuto otorgado por otros modos de reconocimiento jurídico”.
Dicho de otra forma, el TEDH acepta sin coaccionar, la decisión de cada Estado, sea cual sea: mantener el matrimonio de siempre, legalizar el homosexual u optar por una unión civil. Y por supuesto, reconoce el derecho de cada Estado a cambiar la legalidad vigente.
Grégor Puppinck, director de The European Center for Law and Justice, subraya, en relación con esta sentencia, que “si bien sigue siendo oportuno que el Convenio se siga aplicando a las evoluciones sociales, no deja de ser abusivo forzar la ‘evolución’ del contenido del Convenio”.
El caso que ha motivado este fallo es la unión entre 2 hombres celebrada en Francia por el líder ecologista Noël Mamère, en su condición de alcalde de Bègles, en 2004, 9 años antes de que se legalizara en matrimonio homosexual.
En aquel 2004 el alcalde de Bègles (Gironda), celebró el “matrimonio”simbólico de una pareja homosexual. La unión fue registrada en el registro civil del ayuntamiento, pero posteriormente anulada en 2007 por los tribunales franceses, al ser en aquel momento ilegal la celebración de “matrimonios” entre personas del mismo sexo.
El Tribunal Europeo de Derechos Humanos, con sede en Estrasburgo, ha dictaminado, con fecha 9 de junio, que el matrimonio homosexual no es un derecho. El acuerdo fue adoptado por unanimidad de los jueces de su sección 5ta.
Este resultado judicial (nº 40183/07) tiene su origen en el litigio presentado por los señores Chapin y Charpentier contra Francia. Ambos contrajeron matrimonio civil que fue impugnado por la procuraduría de la República y fallado a favor de su anulación por las distintas instancias judiciales francesas, hasta que, después de todas estas derrotas jurídicas, fue llevado por los interesados al Tribunal de Estrasburgo, que ahora también ha resuelto en el mismo sentido: el matrimonio entre personas del mismo sexo no es un derecho y, por consiguiente, la negativa a su existencia por parte de un estado no significa ninguna violación. Unos datos esenciales deben ser subrayados:
La sentencia desfavorable para el matrimonio homosexual se produce cuando en Francia ya ha sido legalizado, pero ello no ha sido óbice para fallar en contra, por la razón esencial de que al no ser un derecho no puede verse reconocido por una jurisprudencia que tendría validez europea. Puede ser una regulación francesa, española, por razones de partido ideológico como tantas otras hay, pero no puede exigirse como un cumplimiento general en razón de constituir un derecho, y su negativa, una discriminación. En las distintas sentencias adversas que se han ido reiterando, se encuentra la doctrina común de que el matrimonio es la institución de los emparejamientos potencialmente fecundos, y que son estos posibles hijos comunes los que le otorgan su especificad, y también que existen otras formulaciones, como la legislación de parejas de hecho -y el pacto civil de solidaridad, en el caso de Francia- que posibilitan diversas formas de vida en común.
Esta sentencia reitera (porque no es la primera) la razón de quienes sostenemos que el matrimonio homosexual no es un derecho, sino una opción ideológica, política, que uno puede compartir o rechazar. No digo nada nuevo, Lionel Jospin el líder de la izquierda francesa y ex primer ministro ya lo adujo hace algunos años.
El Tribunal sostuvo que la noción de familia no sólo contempla “el concepto tradicional del matrimonio, a saber, la unión de un hombre y de una mujer” sino que no se debe imponer a los gobiernos la “obligación de abrir el matrimonio a las personas de mismo sexo”.
En cuanto al principio de no discriminación, el Tribunal también añadió que no hay tal discriminación dado que “los Estados son libres de reservar el matrimonio únicamente a parejas heterosexuales”.
La decisión del TEDH puede resultar absolutamente inevitable a la luz del citado artículo y más que aconsejable en un momento delicado para las instituciones europeas, cuando hay países como Polonia y Hungría que rechazan abiertamente el llamado ‘matrimonio gay’, en el caso del 2do. tipificado en su propia Constitución el matrimonio natural como el único reconocido por el Estado.
En contraste, y especialmente desde que el Tribunal Supremo de los Estados Unidos proclamase ‘constitucional’ el matrimonio entre dos hombres o dos mujeres, la tendencia universal ha sido considerarlo una‘conquista social’ irreversible.
De esta forma, la reciente sentencia en Europa viene a enfriar y templar la propaganda incesante de los grupos LGBT que hacen parecer la aprobación del matrimonio gay como un avance imparable al que solo se resisten, movidos por una profunda homofobia, un puñado de países. La realidad es que solo 17 de los 193 países miembros de la ONU tiene esta institución.
Pero ni siquiera puede alegarse homofobia militante en esos casos, al menos no en su mayoría: 95 de los 176 estados que solo reconocen el matrimonio natural han despenalizado por completo las conductas homosexuales y 88 mantienen protección constitucional sobre los individuos del colectivo LGBT.
En el caso concreto que juzga el TEDH, Francia aprobó el llamado“matrimonio homosexual” en 2013, y el tribunal ha alegado que la pareja demandante tiene ahora la posibilidad de casarse.
Dicen que el desierto es para unos pocos elegidos. Hombres nacidos y criados en él, lejos de las comodidades del mundo moderno. Aquí la ley la impone el sol en lo alto y la inabarcable tierra a nuestros pies. Los lujos no sirven, aunque a cambio la inmensidad le hace a uno totalmente libre.
Domar este territorio hasta hace bien poco parecía una tarea de locos. ¿Quién en su sano juicio lo intentaría? Sin embargo, mucho ha cambiado la Arabia actual. Ahora grandes ciudades brotan sobre la dura arena. Kilométricas carreteras surcadas por coches de lujo han sustituido a las caravanas y las dunas palidecen a la sombra de grandes rascacielos. ¿Qué ha ocurrido? ¿Cómo una de las regiones más inhóspitas del planeta se ha convertido en una gran potencia económica?
Para encontrar la respuesta a esta pregunta debemos trasladarnos a los inicios del siglo XVIII, concretamente al año 1703. En el seno de una familia de pastores nacía Muhammad ibn Abdul Wahab. El chico pronto mostró que no estaba dispuesto a seguir la vida de sus antepasados, y siendo sólo un adolescente marchó a La Meca para conocer a fondo las enseñanzas del profeta Mahoma. No obstante, seria en Medina donde Abdul Wahab descubriría su verdadera vocación. Fue aquí donde el joven conocería el pensamiento de Taqi ad-Din Ahmad ibn Taimiya, clérigo del siglo XIII famoso por su visión extremadamente estricta del Islam.
Influido de manera decisiva, Abdul Wahab hizo suya esta visión proponiendo una vuelta total a las primeras enseñanzas del profeta. La ley sólo debía basarse en el Corán y el hadiz, dichos y acciones de Mahoma. Cualquier innovación fuera de estos era totalmente rechazada. Además la sociedad tenía que ser íntegramente monoteísta, sólo así el musulmán podía acercarse plenamente a Dios. Para el hereje únicamente quedaba el combate. En palabras del propio Abdul Wahad: “el único camino es el amor, la admiración y la ayuda a aquellos que practican el tawhid, culto a Ala, y la aversión y hostilidad hacia los infieles y politeístas”.
Abdul Wahab, totalmente convencido de sus ideas, inició lo que él consideraba una misión evangelizadora. Los musulmanes habían caído en el oscurantismo y sólo la nueva fe podía enseñarles el auténtico camino. Ya hacia el año 1760 encontramos recogidos los primeros choques entre el predicador y los clérigos locales. Al fin y al cabo los habitantes de la región no estaban acostumbrados a una visión tan intransigente del islam y muchos fueron reacios al rigorismo de Abdul Wahab. Se cuenta que incluso en más de una ocasión estuvo el clérigo a punto de ser asesinado. Y puede que este hubiera acabado siendo su destino si no llega a cruzarse en su camino Muhammad ibn Saud.
Hay que aclarar aquí que el clan de los Saud por aquel entonces sólo controlaba el pequeño oasis de Diriyya, en el corazón de la actual Arabia Saudí. Del encuentro hay mil y una versiones. No obstante, ocurriera lo que ocurriera, al poco de llegar al oasis Abdul Wahab ya era, sin ninguna discusión, el líder religioso de la comunidad. Nada le ocurriría al clérigo mientras permaneciera cerca de los Saud. A cambio Muhammad ibn saud, ansioso por expandir su poder, obtenía una nueva legitimidad para sus conquistas. Ahora estas se convertían en una cuestión religiosa, un asunto de fe.
La alianza pronto dio sus frutos y en cuestión de pocos años el poder de los Saud se había multiplicado de manera espectacular. Grandes zonas de Arabia se encontraban, por primera vez en mucho tiempo, sometidas por una sola dinastía. Los guerreros convertidos en auténticos muyahidines parecían invencibles. Sin embargo, no todo era una encarnizada guerra santa y donde no llegaba la espada. Los Saud aseguraban su posición mediante una inteligente política de pactos y contrapesos. A finales del siglo XVIII plazas tan emblemáticas como La Meca o Riad ya se encontraban totalmente controladas.
No obstante Arabia seguía siendo considerada por muchos una región inhóspita y poco importante. No sería hasta 1802, tras el sangriento asalto de Kerbala, cuando los aún poderosos señores de la Sublime Puerta centrarían su atención en la amenaza saudí-wahabí.
Kerbala era y es considerada una de las ciudades santas del islam chií. En ella se encuentra la tumba de Husayn ibn ali, nieto de Mahoma, que falleció en la ciudad en el año 680. Ali, muerto en combate, es desde entonces considerado un mártir por los chiíes, los cuales conmemoran cada año su figura en la fiesta de la Ashura. Una vez entendida la gran importancia del lugar es más fácil comprender la repercusión que tuvo el asalto wahabí del mismo.
Mucho se ha escrito desde entonces sobre el suceso, aunque muy pocos son los que niegan la brutalidad del asalto. Kerbala fue totalmente saqueada, incluidos los santos lugares, y se estima que más de 5.000 personas fueron asesinadas en un solo día. La nueva fe demostraba así que no habría compasión para aquellos a los que consideraba herejes. Incluso hoy en día es fácil encontrar referencias a la toma de Kerbala en la retórica chií. Muchos expertos consideran aquel aciago día como uno de los principales motivos de enfrentamiento entre chiíes y suníes.
Pero volvamos al siglo XIX. Los saudíes-wahabíes, como hemos visto, se habían adentrado más allá de su tradicional zona de influencia. Un imperio como el otomano no podía permitir semejantes acciones y puso en marcha su lenta pero eficaz maquinaria bélica. No olvidemos que la Sublime Puerta, al cobijar bajo su dominio a muy distintas confesiones religiosas, se había mostrado siempre muy tolerante. Una visión tan rigorista del islam chocaba frontalmente con la política del imperio.
La guerra a los Saud se basó en dos pilares básicos. Por un lado los imanes de los grandes centros religiosos del islam, como El Cairo o Damasco, iniciaron una contundente ofensiva propagandística contra las enseñanzas de Abdul Wahab. Los saudíes, lejos de ser considerados los protectores de la verdadera fe, debían aparecer como unos barbaros herejes. Por otro lado desde la provincia del actual Egipto se empezó a organizar una expedición de castigo, aunque no sería hasta la primavera de 1811 cuando esta estuvo por fin lista para partir.
Los combates fueron duros, y en un primer momento los Saud lograron controlar al avance egipcio. Las tropas saudíes estaban mejor adaptadas al terreno y supieron sacar ventaja de la situación. Sin embargo tras el primer año de campaña los invasores empezaron a obtener importantes victorias. En 1812 las ciudades de La Meca y Medina volvían a estar bajo el control de la Sublime Puerta. Finalmente la suculenta recompensa prometida a los soldados egipcios pudo más que la fe y el martirio de los wahabíes.
Durante los siguientes años los otomanos se mantuvieron firmes en su empeño de mantener bajo control la península arábiga y en 1818 los generales invasores ya se posicionaban a los alrededores de Riad. El 11 de septiembre Abdula ibn al Saud, derrotado y aislado, entregaba la ciudad.
Muchos pensaron que tras la toma de Riad por fin se había logrado acabar con la amenaza saudí-wahabí. Y bien es cierto que fueron muy pocos los miembros de la casa Al Saud que sobrevivieron a las represalias impuestas desde Estambul. No obstante, con el paso de los años, los retenes egipcios abandonaron paulatinamente la región. Para 1840 la presión colonial ejercida por Francia y Gran Bretaña ya había conseguido que todo el ejército egipcio fuera retirado de la península arábiga. Desde El Cairo y Estambul pensaron, no sin razón, que los retenes podían ser más útiles en otros lugares. El país de los beduinos volvía a la casilla de salida, sometido de nuevo a las luchas entre distintos clanes por el control de los oasis.
Será en este contexto donde surgirá la figura de Faisal bin Turki al Saud, nieto de Abdula, el último de los Saud que había ocupado el trono de Riad. Bajo su liderazgo el clan volvería a ocupar un importante papel en la península arábiga, aunque lejos del poder que había tenido anteriormente. También será el propio Faisal quien recompondrá la tradicional alianza entre los clérigos wahabitas, que aún persistían en la región, y la casa Saud. Sin embargo este periodo de estabilidad fue breve y a la muerte de Faisal un cruento conflicto por la sucesión asoló a la familia real saudí. Durante casi veinte años pelearon los sucesores del emir, hasta que al final no hubo nada por lo que pelear. A inicios del siglo XX el resurgir del reino wahabí-saudí volvía a llegar a su fin.
Hacia un estado moderno
Una de las primeras fotografías de Abdul Aziz ibn Saud.
Lejos de estar predestinado por Dios o gozar de un aura especial se dice que quien quiera gobernar Arabia debe ser todo un tahúr, un encantador de serpientes capaz de mover a los más peligrosos enemigos a su son. Pocos poseen tan particular cualidad. No obstante es evidente que Abdul Aziz ibn Saud la tenía. El joven, que se había formado en Kuwait, entendía a la perfección la tierra de sus antepasados y estaba firmemente dispuesto a reclamarla.
A principios del siglo XX la decadencia del imperio otomano era indiscutible y nuevas potencias se acercaban a la región. Ibn Saud supo utilizar esta inestabilidad a su favor, recuperando Riad con el apoyo de Estambul para luego apoyar los intereses británicos. El estallido de la I Guerra Mundial selló definitivamente esta alianza. Londres se comprometía a apoyar militar y financieramente a los saudíes, a cambio estos se abstendrían de negociar con cualquier otra potencia y no atacarían intereses británicos. El colapso final del imperio otomano en 1922 demostró que Ibn Saud había acertado. Aunque, como bien sabía el gobernante, los deseos de su majestad podían ser cambiantes y siempre había que estar alerta.
El siguiente gran reto del nuevo poder saudí fue conseguir una autentica cohesión interna de todo su territorio. Como en anteriores ocasiones el avance del clan saud se había visto acompañado de un nutrido grupo de clérigos wahabíes. Estos daban legitimidad al estado y aseguraban la fidelidad de diversas tribus al emir. Sin embargo, por primera vez en mucho tiempo, la casta wahabí también estaba poniendo en apuros a la autoridad de Riad. Ibn Saud, consciente de su debilidad frente a las potencias europeas, estaba decidido a hacer de Arabia un estado moderno. La región necesitaba una transformación radical, pero muchos clérigos wahabíes se oponían a los cambios importados del exterior. Finalmente la situación alcanzo tal grado de tensión que los Saud tuvieron que hacer frente a una sublevación interna, aunque la intervención de fuerzas británicas, bien equipadas y preparadas, anuló cualquier posibilidad de triunfo rebelde.
El poder de Ibn Saud estaba por tanto a mediados de los años veinte casi totalmente consolidado. Sin embargo los saudíes seguían teniendo algunos problemas. Por un lado el estado moderno soñado desde Riad adolecía de innumerables problemas financieros. Arabia era una tierra pobre y hasta el momento se pensaba que poseía escasos recursos naturales. Fue quizá esta delicada situación lo que llevo a Ibn Saud a autorizar las prospecciones de diferentes empresas occidentales en su territorio.
Al mismo tiempo, y llevados en parte por la nueva política, en la corte de Riad se decidió dar un paso más en la consolidación del poder Saud. En 1932 Abdul Aziz ibn Saud se autoproclamaba rey de Arabia y custodio de los santos lugares. Había nacido un nuevo país: Arabia Saudí.
Fotografía del mítico pozo Dammam 7, el primero en ser explotado en territorio saudí.
Las distintas potencias no tuvieron en principio demasiados problemas para reconocer el nuevo estado, ya que muchos pensaban que este carecía de toda importancia. No obstante todo cambió en 1938. Los ingenieros de la multinacional Standard Oil no habían cejado en su empeño de encontrar petróleo en Arabia, y tras varios intentos fallidos el 4 de marzo de 1938 por fin se lograba extraer el preciado oro negro. En cuestión de días miles de barriles de crudo fluían de las profundidades del desierto. El pozo de Dammam 7 superaba todas las expectativas.
El increíble hallazgo ponía a Arabia Saudí en el mapa y pronto un nuevo actor se interesó por el joven estado. En plena Segunda Guerra Mundial resultaba fundamental asegurar fuentes estables de abastecimiento energético y Estados Unidos tomó clara ventaja en la región. No obstante, ¿por qué retirarse una vez terminada la contienda? Washington podía asegurar a Riad la tecnología necesaria para desarrollar su incipiente industria petrolera. Ambos gobiernos veían con muy buenos ojos continuar la colaboración.
El 14 de febrero de 1945 Ibn Saud y Franklin D. Roosevelt firmaban a bordo del buque USS Quincy uno de los acuerdos más longevos de la geopolítica internacional. Petróleo a cambio de apoyo político y militar. En lo sucesivo y hasta la actualidad ambas cancillerías mantuvieron este pacto por encima de tensiones y disputas regionales.
Arabia Saudí, ya en la retórica de la Guerra Fría, se convertía en un estado amigo. Sin embargo, ¿podían los clérigos wahabíes tolerar de puertas para dentro tan buenas relaciones con los herejes? No debemos olvidar aquí que el desarrollo industrial del país requirió de incesante mano de obra extranjera cualificada. Estos llegaban con sus costumbres y creencias, muchas veces totalmente opuestas a las de la sociedad saudí. Para dar solución al problema se optó por crear sistemas sociales segregados. La población local permanecería aislada de las malas influencias procedentes del exterior. La idea en un principio pareció dar buenos resultados, pero terminó generando gigantescas bolsas de pobreza y exclusión. Al fin y al cabo alrededor de los grandes pozos petrolíferos surgieron auténticas ciudades. Estas eran habitadas por prestigiosos ingenieros, pero también por miles de trabajadores pobres que huían de los pequeños oasis. Para estos, separados de la población occidental, no había más ley que la interpretación más estricta de la Sharia. En la actualidad, alejados del glamour y la riqueza de los centros urbanos, aún es fácil encontrar estos grandes suburbios. Una de las caras ocultas del desarrollo saudí.
En los siguientes años en el país se fue conformando toda una sociedad a dos velocidades, aunque Ibn Saud ya no sería testigo del proceso. El rey, ya anciano, fallecía el 9 de noviembre de 1953 tras sufrir un ataque al corazón. Arabia Saudí se encaminaba hacia la modernidad soñada por el difunto monarca. No obstante, el reino seguía teniendo graves problemas incluso en las más altas esferas de gobierno. En primer lugar las luchas de poder dentro del clan Saud siguieron siendo una constante. Buena prueba de ello es el destino de Saud ibn Abdelaziz, sucesor de Ibn Saud, que gobernó el país por once años. Para muchos saudíes este es casi un desconocido y es que tras ser obligado a abdicar en 1964 su nombre desapareció de toda institución oficial.
Las últimas tres generaciones de los Saud
Tras él otros lograron hacerse con el trono de Riad, aunque ninguno se alejó del más puro absolutismo como forma de gobierno. El petróleo, utilizado como arma geopolítica y económica, y la ayuda de Estados Unidos fueron suficientes para mantener el sistema. Por otro lado el rigorismo wahabí sigue marcando el día a día del reino. Este se enseña desde muy temprano en las escuelas, donde los más pequeños aún aprenden el Corán de memoria. El pacto entre los Saud y la casta religiosa goza de buena salud, aunque en los últimos años el mundo empieza a ser consciente de los peligros que encierra dicha doctrina. Es, sin lugar a dudas, un juego peligroso, ya que la religión es uno de los vínculos esenciales del país y quizá el único que conecta a las clases más populares. No olvidemos que estas siguen siendo numerosas, y es que se calcula que más de un 30% de la población vive en la más absoluta pobreza.
En el ámbito internacional Arabia Saudí capeó sin mayores problemas el fin de la Guerra Fría. El gran amigo americano había resultado vencedor. No obstante, las “primaveras árabes” han vuelto a reordenar el mapa regional. Los tradicionales líderes, véase el caso egipcio, han caído y el reino de los Saud,tratando de expandir su influencia, se ha topado de lleno con las aspiraciones de Teherán. El “Gran juego” por el control de Oriente Medio vuelve a estar abierto.
Por último dos grandes problemas laten en el reino. Las arcas públicas siguen dependiendo de la renta petrolera. Sin embargo, nada asegura que las fuentes energéticas cambien en el medio plazo y Arabia Saudí debe prepararse. A fin de cuentas la edad de piedra no acabó por falta de piedras. Por otro lado el país sigue sin resolver la cuestión de género y la mitad de su población sigue sin tener reconocidos los derechos más fundamentales. Un mundo de hombres, que aunque se muestra poderoso, puede que sólo sea un gigante con pies de barro.
Reservas probadas de petróleo según la OPEP
Y, POR MI CUENTA, AGREGO A ESTE ARTÍCULO este vídeo sobre la esclavitud en Arabia Saudi, ESCLAVITUD ACTUAL, EN PLENO SIGLO XXI, si, si, tal como suena; aquí podemos ver como un saudi azota a su empleado, como si fuera un esclavo:
HAGO NOTAR, POR SI ALGUIEN LO HA OLVIDADO O NO SE HA ENTERADO AUN (O NO HA QUERIDO O HACE QUE NO SE HA ENTERADO -LOS SIMPATIZANTES, VOTANTES Y AFILIADOS A PODEMOS, POR EJEMPLO-) QUE ARABIA SAUDÍ FUE NOMBRADA POR LA ONU«DEFENSORA DE LOS DERECHOS HUMANOS»Y HASTA LA MISMA CADENA SER, QUE YA ES DECIR, RECONOCE:«Arabia Saudí, un reino sin derechos humanos»
TAMBIÉN ES INTERESANTE RECORDAR QUE EL ISLAM NACE ALLÍ, MUHAMMAD/MAHOMA, ESE ANALFABETO ENVIDIOSO, RESENTIDO, RESABIADO, MEGALÓMANO, PSICÓPATA Y DEPRAVADO SEXUAL NACIÓ Y PREDICÓ ESE SU VENENO ALLÍ. NO SE LLAMABA ARABIA SAUDITA PERO FUE ALLÍ, EL ERA UN ÁRABE.
En aquellos tiempos, evidentemente, NO EXISTIAN NI EL FASCISMO, NI EL «CAPITALISMO IMPERIALISTA Y OPRESOR», NI LAS «MALVADAS» POTENCIAS COLONIALISTAS EUROPEAS NI LOS «MALÍSIMOS» ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA.
Aunque … PARA PODEMOS, IZQUIERDA UNIDA Y DEMÁS CHUSMA PARECE SER QUE SI.