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UN ECO ANCESTRAL? UNA MEMORIA FUTURA DESDE EL PASADO? TRES PARALELISMOS Y EL ANARQUISMO.

Tanto la cultura clásica como la cristiana comparten la creencia en un estado original de perfección humana, en el que el hombre vivía sin esfuerzo y en completa armonía con la naturaleza, libre del tiempo, el cambio y la muerte.

Así inicia el Génesis en el Antiguo Testamento, hasta la caída del Hombre a su devenir histórico de trabajo, sufrimiento y muerte.

En la cultura clásica este período se conoció como la «Edad de Oro»; la idea se remonta a un poema griego muy antiguo, «Las obras y los días de Hesíodo», que describe cinco razas de hombres que se suceden cronológicamente: la dorada (pura), la plateada (impía), la descarada (guerrera y cruel), la raza de los héroes (semidioses, que se acercó a la perfección de la raza de oro) y de hierro (la raza actual, que lleva una vida miserable y laboriosa).

En algunas versiones posteriores sólo existen dos razas, la dorada y la de hierro.

Yendo a las escrituras y mitología hindú, el universo y la humanidad están destinados a cuatro grandes eras denominadas Yugas o ciclos de tiempo de creación y destrucción.: Satya Yuga, Treta Yuga, Dwapar Yuga y Kali Yuga . Se dice que estamos en esta última.

Metafóricamente, las cuatro edades Yuga pueden simbolizar las cuatro fases de involución durante las cuales el ser humano perdió gradualmente la conciencia de su yo interior y cayendo en la sola consideración de lo material y los placeres temporales hasta lo más pervertido, lo más bajo en su degradación, embrutecimiento y olvido de aquello de elevado en su espíritu.

Otra teoría interpreta que estas épocas de tiempo representan el grado de pérdida de justicia en el mundo. Esta teoría sugiere que durante Satya Yuga sólo prevalecía la verdad (sánscrito Satya = verdad).

Durante el Treta Yuga, el universo perdió una cuarta parte de la verdad, Dwa Par perdió la mitad de la verdad y ahora el Kali Yuga se queda con sólo una cuarta parte de la verdad. Por lo tanto, el mal y la deshonestidad han reemplazado gradualmente a la verdad en las últimas tres épocas.

Un mundo contaminado de impurezas y vicios. El número de personas que poseen nobles virtudes disminuye día a día y la ignorancia generalizada es la característica.

Inundaciones y hambrunas, guerras y crímenes, engaños y duplicidad caracterizan esta época.

Pero, dicen las Escrituras, sólo en esta época de problemas críticos es posible la emancipación final.

De cualquier manera que se quieran interpretar estos paralelismos o similitudes, hay coincidencia en la descripción cultural-mitológica-histórica de un ancestral Tiempo de Armonía de la Humanidad, previo al descenso cronológico al mundo que conocemos los mortales.

En nuestro presente vemos el constante ciclo de guerras, de ausencia de Justicia, de los gobiernos mintiendo, ocultando, sometiendo a sus naciones y las poblaciones incapaces de rebelarse hacia una superación, un cambio evolutivo y cayendo en la obediencia ciega, temerosa y degradante a sus falsas autoridades.

Hemos olvidado la espiritualidad y puesto en el panteón de deidades a la tecnología derivada en tecnocracia y a la ciencia transformada en cientificismo. Ambas utilizadas por el poder de los estados/gobiernos, de las espurias «instituciones globales», de las megaempresas y «empresarios estrella» asociados a toda esa banda de monarcas globales a los cuales la Humanidad en amplia mayoría, acepta como sus amos, sin chistar e incluso admira como a seres mitológicos, superhéroes.

Pero al mismo tiempo, un porcentaje de seres humanos conectados con su Conciencia Individual, reconociendo la Ley Natural como Ley y Justicia y el Camino del Hombre hacia la armonía de convivencia, entendemos a la anarquía, (a la cual demasiada gente confunde con «caos»), en sintonía con esa Suprema Ley perenne e inmutable de La Creación.

«Anarquía»deriva del griego «ἀναρχία» («anarkhia»). Está compuesta del prefijo griego ἀν- (an), que significa «no» o «sin», y de la raíz arkhê (en griego ἀρχή, «origen», «principio», «poder» o «mandato»), significa ausencia de gobierno, sin estado o poder público y sin el monopolio de la fuerza sobre un territorio, pero no ausencia de organización ni de orden sino una convivencia donde el ideal humano no necesita de esos amos, gobiernos, reyes, etc. para su orden ya que cada uno está en absoluta sintonía con la Ley Natural.

Y más en concreto, el poder centralizado en una minoría de individuos, controlador de toda una comunidad ya no es posible.

Por otra parte, gobierno y estados han llevado a la Humanidad al exterminio de alrededor de 150 millones de seres humanos en los últimos dos siglos en grandes guerras y otras.

Acaso eso puede considerarse estar regidos por «autoridades»??? Es decir, el abandono de autoridades reales, jerarquías naturales reconocidas tácitamente en una comunidad, han sido eliminadas para construir el poder del estado, mediante un espurio sistema falso de elección igualando hacia abajo, con las permanentes consecuencias que sufrimos. Y siendo aceptadas como una manada de ovejas, ganado de psicópatas.

En resumen y para terminar, en nuestra memoria ancestral, nuestro ADN o nuestro espíritu, quizás esas antiguas mitologías, relatos, ocupen algo más que tan solo eso y nos están reclamando – en contraste con las perversiones, injusticias y actos demenciales de los que somos víctimas o testigos – que dirijamos nuestras mentes y espíritus hacia un estado de superación que anhelamos desde lo más profundo de nosotros. (Individuo Libre)

Época triste y ruin, de hombres pequeños. Por Jesús Aguilar Marina

Es esta una época de hombres pequeños, de homúnculos. De unos enanitos agarrados a las ubres de la patria, de la que viven y a la que paradójicamente desean destrozar. Enanos estatales, autonómicos, provinciales, municipales… Todos separatistas, antifranquistas activos, traidores… Antiespañoles, en definitiva. Y malvados. Son una carcoma. Unos okupas instalados en puestazos o puestecillos, en los medios informativos, en los chollos de la cultura, en eventos varios, en ministerios y tribunales, en despachos policiales o militares, en las universidades… 

Viven de la patria que odian, del sudor de los trabajadores que aún se esfuerzan y a los que humillan. Y últimamente también de multar a los que circulan a 109 Km/h por autovías con repentinos tramos limitados a 100 km/h. Porque necesitan el dinero para sus gastos personales y para los gastos de sus condicionales, a los que hay que pagar los servicios prestados. 

Gente que parasita gracias al vasto nepotismo que nos invade y corroe. Todos amiguetes, familiares, amantes, cuñaos… Todos inútiles, vagos, fracasados -funcionarios o no- que en su vida las han visto más gordas. Todos resentidos con los luchadores que se ganan las lentejas sin parcialidades ni amiguismos. Todos ellos, individuos con dos caras que, afiliados al partido de turno, andan sueltos como diablos y con el rabo trenzan subvenciones y esquilman los filones de España. Gente que corta diariamente el cuello a la excelencia, por rencor, y para que no les prive de la carnada. 

Personajillos de la política, en fin, o sus afines; asesores, consejeros, políticos de la casta que se esfuerzan por mantener las apariencias, sabiendo que el mundo -los electores- les darán crédito para todo lo demás. Pero no se le puede dar veneno a la serpiente, que es lo que llevan haciendo los españoles hace décadas: engordar a esta caterva, sus dilectos delincuentes públicos. Locura es correr en la oscuridad, en esa oscuridad que es hoy España, como es locura esconder la cabeza bajo el ala cuando se derrumba un monte sobre nosotros. Y que esta época es un tiempo triste y mutilado está claro, pues malos tiempos son aquellos en los que es preciso proclamar lo obvio. 

No hay justicia suficiente para juzgar y condenar unas faltas como las de nuestros políticos traidores y codiciosos, y las de su cohorte. No es casualidad, sino farsa falaz y estratégica propaganda la formación y proliferación de tantas tertulias televisivas o radiofónicas vendidas al Sistema. Hay que ser muy sectario o muy venal para participar con gente entregada a organizar e integrar semejantes debates, porque querer oír o colaborar con lo que en ellos se dice es querer una bajeza. 

El caso es que, España, sumida en la oscuridad, arriesga a cada instante perderse; pero, tal vez, de modo inconsciente, en estos días de indiferencia e ignominia, los esclavos estén esperando al Hombre; y el Hombre llegará, con mirada plácida y rebelde. No es este su mundo, en el que hay miseria, gentes sufrientes y niños violados en plena inocencia o asesinados antes de nacer, y muchachos y doncellas vendidos al vicio de los ricos. 

Este Hombre, que quiere la paz, tendrá que encender la guerra, porque el más santo no puede mantenerse en paz cuando no le place al vecino malvado. Condenará a los traidores y dignificará a la patria, redimirá a los perseguidos por la venal justicia, pero no podrá resucitar a los muertos que se cobraron las instituciones globalistas y sus secuaces aprovechando las provocadas pandemias, ni podrá cambiar finalmente la naturaleza de los redimidos que, al cabo, le han de señalar con el dedo para que lo eliminen los enemigos, o han de contemplar su ejecución, inertes y en silencio. 

Morirá, una vez más, con mil heridas, ofreciendo su sangre a la verdad, dirigiendo sus ojos a los escasos compañeros que se sacrificaron o lucharon junto a él, para que prosigan esa inacabable marcha hacia la utópica redención del ser humano. E, instantes antes de su muerte, recordará a Dante en su Comedia, y lo parafraseará amargo y afligido, viendo como las ovejas ignorantes van al pasto y vuelven del pasto repletas de inexistencia, de ignominia.   

«Cristo no dijo a sus primeros seguidores: “Andad y predicad patrañas al mundo”, sino que les dio como sustento la verdad y esta apareció en sus labios como escudo y lanza. Ahora, para predicar se abusa de los engaños y de las bufonadas, y los papagayos se hinchan de orgullo. Si el vulgo lo quisiera ver no admitiría las indulgencias ni las humillaciones de manos de aquellos por cuya culpa ha crecido tanto la necesidad, la perversión y la traición en la tierra. Así engordan los puercos y otros muchos que son peores que puercos, pagando en moneda no acuñada».

JESÚS AGUILAR MARINA.