Etiqueta: CUENTOS

El cantero

Había una vez un cantero que estaba insatisfecho consigo mismo y con su posición en la vida. Un día pasó por la casa de un rico comerciante. A través de una puerta abierta, vio muchas finas posesiones e importantes visitantes.

– ¡Qué poderoso debe ser el comerciante! – pensó el cortador de piedra.

Se puso muy envidioso y deseó que pudiera ser como el comerciante. Para su gran sorpresa, se convirtió de repente en el comerciante, teniendo más lujos y poder de lo que siempre había imaginado, pero envidiado y detestado por aquellos menos ricos que él.

Un tiempo después un alto funcionario pasó cerca, llevado en una silla de manos, acompañado por asistentes y escoltado por soldados batiendo gongos. Todos, sin importar su clase o su riqueza, tenían que hacer una reverencia ante la procesión.
– ¡Qué poderoso es ese funcionario! -pensó.
– ¡Deseo que pudiera ser un alto funcionario!

Entonces se convirtió en el alto funcionario, llevado por todas partes en su bordada silla de manos, temido y odiado por la gente a su alrededor. Era un día caluroso de verano, por eso el funcionario se sentía muy incómodo en la pegajosa silla. Levantó la mirada al sol. Brillaba orgulloso en el cielo, no afectado por su presencia.
– ¡Qué poderoso es el sol! – pensó.
– ¡Deseo que pudiera ser el sol!.

Entonces se convirtió en el sol, brillando ferozmente sobre todos, abrasando los campos, maldicho por los granjeros y los trabajadores. Pero una enorme nube negra se interpuso entre él y la tierra, de modo que su luz no pudo brillar más sobre todo allá abajo.
– ¡Qué poderosa es esa nube de tormenta! – pensó.
– ¡Deseo que pudiera ser una nube!

Entonces se convirtió en la nube, inundando los campos y las aldeas, increpado por todos. Pero pronto descubrió que estaba siendo empujado lejos por cierta gran fuerza, y se dio cuenta de que era el viento.
– ¡Qué poderoso es! – pensó.
– ¡Deseo que pudiera ser el viento!

Entonces se convirtió en el viento, llevándose tejas de los techos de las casas, arrancando árboles, temido y odiado por todos debajo de él. Pero después de un rato, se encontró con algo que no movía, no importa lo fuerte que soplaba. Era una enorme y altísima roca.
– ¡Cuán poderosa es esa roca! – pensó.
– ¡Deseo que pudiera ser una roca!.

Entonces se convirtió en la roca, más poderosa que nada más en la tierra. Pero mientras estaba parado allí, oyó el sonido de un martillo golpeando un cincel en la dura superficie, y sintió que estaba siendo cambiado.
– ¿Qué podría ser más poderoso que yo, la roca? – pensó.

Y vio debajo de él, la figura de un cantero.

Amar la mujer

Cuenta la leyenda que al principio del mundo, cuando Dios decidió crear a la mujer, encontró que había agotado todos los materiales sólidos en el hombre y no tenía más de que disponer. Ante este dilema y después de profunda meditación, hizo esto:

Tomo la redondez de la luna;
las suaves curvas de las olas,
la tierna adhesión de la enredadera,
el trémulo movimiento de las hojas,
la esbeltez de la palmera,
el tinte delicado de las flores,
la amorosa mirada del ciervo,
la alegría del sol,
y las gotas del llanto de las nubes,
la inconstancia del viento
y la fidelidad del perro,
la timidez de la tórtola
y la vanidad del pavorreal,
la suavidad de la pluma de un cisne
y la dureza del diamante,
la dulzura de la paloma
y la crueldad del tigre,
el ardor del fuego
y la frialdad de la nieve.

Mezclo tan desiguales ingredientes, formo a la mujer y se la dio al hombre.

Después de una semana, vino el hombre y le dijo: «Señor, la criatura que me diste me hace desdichado, quiere toda mi atención, nunca me deja solo, charla incesantemente, llora sin motivo, parece que se divierte al hacerme sufrir y vengo a devolvértela porque no puedo vivir con ella!»

Bien, contesto Dios y tomo a la mujer.

Paso otra semana, volvió el hombre y le dijo: «Señor, me encuentro muy solo desde que te devolví a la criatura que hiciste para mi»;

ella cantaba y jugaba a mi lado,
me miraba con ternura y su mirada era una caricia,
reía y su risa era música,
era hermosa a la vista y suave al contacto.
Me cuidaba y protegía cuando lo necesitaba,
me daba dulzura, ternura,
comprensión y amor sin condiciones,

por favor Dios, devuélvemela, porque no puedo vivir sin ella!

Fuente: Internet, autor desconocido

Los ingeniosos cuentos del Mulláh Nasrudin.- «El mas idiota»

Nasrudin iba todos los días a pedir limosna en el mercado y a la gente le encantaba tomarle el pelo a Nasrudin con el siguiente truco: le mostraban dos monedas, una valiendo diez veces más que la otra. La gracia era que Nasrudin siempre escogía la de menor valor.

La historia se hizo conocida por todo el condado. Día tras día grupos de hombres y mujeres le mostraban las dos monedas, y Nasrudin siempre se quedaba con la de menor valor. Hasta que apareció un señor generoso, cansado de ver a Nasrudin siendo ridiculizado de aquella manera.

Lo llamó a un rincón de la plaza y le dijo:
– Siempre que te ofrezcan dos monedas, escoge la de mayor valor.
– Así tendrás más dinero y no serás considerado un idiota por los demás.
– Usted parece tener razón – respondió Nasrudin.
– Pero si yo elijo la moneda mayor, la gente va a dejar de ofrecerme dinero para probar que soy más idiota que ellos. Usted no se imagina la cantidad de dinero que ya gané usando este truco.

Los ingeniosos cuentos del Mulláh Nasrudin.- «La Lista»

La situación ya era desesperada. Nasrudin había sido mordido por un perro rabioso y los médicos no estaban seguros si se había empezado el tratamiento a tiempo, para salvarlo. Atribulados y después de una última consulta en la materia, ingresaron en la sala y le comunicaron la verdad: que podría desarrollar la hidrofobia y que sus posibilidades eran bastante malas.

En lugar de parecer molesto por la noticia, Nasrudin pidió un lápiz y papel y comenzó a escribir largo y tendido. Después de hora y media de escritura constante, su enfermera le preguntó:


—¿Qué escribes, Mullah? ¿Es tu voluntad o una carta a tu familia?
—No, dijo Nasrudin, es la lista de personas que voy a morder.

EL TACTO

# Humor : Salvador Rueda.- El patio Andaluz

Biografía de Salvador Rueda

Y poco bien que se destaca la pintura tras la labrada cancela, con su plátano abriéndose en opulentos arcos, y sus floreros colgados del techo , que se derraman en olas de verdura !

No quiso la familia soportar durante el verano los rayos del sol allá en los pisos altos de la casa, y echándose los bártulos al hombro, se posesionó de la planta baja, con gran satisfacción de los pulmones, que no recibían la cantidad de oxígeno suficiente, y la lengua pagaba el pato, saliéndose un palmo de su sitio.

Bien es verdad que hombre prevenido vale por ciento, y ya, gracias á Dios, la temperatura es respirable, pues con la evaporación que se exhala de los jazmines y madreselvas, recocí aire su equilibrio, y la sangre circula serenidad por las venas.

Los veinte pies cuadrados que sirven de base al patio están cubiertos de mármol blanco y limpio; bajo los arcos de los corredores está colocado el piano entre algunas mecedoras que esparcen acá y allá; una serie de floreros adelanta de la pared, alternando con cuadros y jaulas de alambre; un toldo que se desriza en siesta y se pliega al caer la tarde, ostenta innumerables anillos de hierro presos en largos alambres;  porción de macetas abren su balsámico follaje en derredor de los muros , y en el centro lanza al aire sus hilos finísimos una cristalina fuente, en cuya taza nadan los peces de color, como ligeras góndolas de fuego.

En este escenario de la gentileza sevillana, muévense las figuras de la comedia de costumbres, y es de ver el conjunto que forman la característica de más ó menos años, que es la mamá; el severo barba con sus anteojos sobre la nariz, esposo de la característica; el galán, mozo lleno de circunstancias, y la dama joven, de tez morena, sonrosado color y ojos de “allá va eso”

El sol , que ya subió bastante cielo arriba, envía con demasiada fuerza su luz, y el ris ris de las anillas del toldo, corriendo por los alambres, indica que es llegada la hora de la siesta.

 Al acabarse de desplegar el lienzo, pierde en luz el cuadro lo que gana en vaguedad y frescura; apáganse los tonos ardientes;  poetízanse los contornos de las figuras; fórmase un a modo de crepúsculo en torno de las plantas, y los colores del toldo refléjanse en la fuente, lo mismo que la luz que se cierne por el tejido, empiedra el suelo de pequeñas lentejuelas de oro.

Todos duermen en habitaciones interiores, excepto D. Anselmo, que se quedó adormecido con La Cigarra entre las manos, la cabeza torcida y soplando por un lado de la boca, y Concha, que borda al pasado detrás de la cancela , cantando entre dientes aires andaluces, entre los que da preferencia á las malagueñas. Con voz casi imperceptible no cesa de cantar esta copla:

El amor que tengo a un hombre 
Es mata de siemprevivas, 
La cultivan mis recuerdos 
Y la riegan sus sonrisas.

El rastrear de la aguja sobre el dedal cada vez que da una puntada, y el roce de la hebra al pasar por el tejido, sujeto por ambos lados al bastidor, son los únicos rumores que se oyen en el patio, a no ser que aguzando mucho el oído se perciba la pianisima canturia del canario, que sacudiendo sus alas de oro pálido, se limpia con aseo en la varilla y vuelve a limpiarse, andándose luego con la pata en el cuello y en la cabeza.

El agua tiembla sin descanso dentro de la fuente, deslizándose en imperceptibles rizos hacia las orillas, desde donde se descuelga en alegres rosarios de gotas.

Algún grillo duerme entre la lobreguez de las hojas; varias hormigas suben por los tallos de las flores, y errando, al parecer, el camino, páranse un momento, reflexionan, vuelven a andar desviándose á un lado como si por allí fuese su ruta, retroceden corriendo, tallo abajp, y ya cerca de la maceta , vuelven a subir entre las mismas indecisiones e iguales incertidumbres.

Los mosquitos por su parte, cuando no se paran sobre una hoja, zumban no se sabe dónde, y a la vez que Concha se da una manotada junto al oído para ahuyentar al importuno músico, el mosquito Dios sabe a qué distancia se halla, porque la muchacha sigue oyendo de igual modo su sonido monótono, como el de una flauta lejana.

En cuanto a las moscas , bailan su rigodón en el aire, pasando por un rayo de sol, que teñido de azul, mueve sus millones de átomos luminoso? en tremenda algarabía, y mientras uno entra brioso y rozagante en la escala de luz, otro se extingue en la orilla, y aquél forma un remolino, y el de allá sube lento y pausado, y el otro va dando encontronazos a los demás, y todos se sublevan al menor soplo del aire, que no podía por menos de meterse a escandalizar a las moléculas.

Aquella hoja por la que resbala una gota de agua, enseña limpias y vigorosas sus infinitas vértebras y ramificaciones, que partiendo del centro de la hoja, se enlazan, desvían y piérdense en las orillas; por su dorso no se perciben ramificaciones algunas, por hallarse éste cubierto de un leve terciopelo que vela el secreto de tan misteriosa anatomía.

La pesadumbre del calor gravita sobre todo, y un enervamiento general abruma a cuanto goza de vida : solamente Concha borda unas iniciales sin sentir pesadez ni cansancio; pero no se sabe si la ligereza de su cuerpo la ocasiona aquel desvelo del amor que todo lo torna aéreo, o lo valiente de su organismo meridional, más lleno de cuerdas que vibran que de tejido y músculos de acero.

Atenta a su bordado, aguarda impaciente el caer de la tarde, y luego ia noche, para ver a su novio, que antes faltará á todo lo divino y humano, que dejar de acudir a la reja.

La siesta, ya vencida , va aligerando su peso, y congregada la familia en el patio, empiézanse a oir los primeros preludios de la guitarra, que exhalando sus lamentos árabes, llena el corazón de melancolía y hace desfilar por la imaginación las ruidosas zambras moras y el mundo de recuerdos históricos esparcido por el suelo de Andalucía.

A través de la cancela vése la calle llena de gente, entre la que cruzan graciosas mozuelas con la cabeza llena de flores, menudo pisar ajustado a ritmo provocativo, y un espontáneo chiste en los labios; también cruzan la tostada y airosa gitana; el famoso vendedor de flores, cuyo pregón es un canto melodioso; la alegre cigarrera, más diestra en dimes y diretes que en el arte de liar cigarros; el chalán apergaminado con sus patillas de boca de hacha y su bordada pechera: todo lo que es característico de la tierra , desfila por delante de la cancela, menos llena de adornos y arabescos , que el patio andaluz de pródigas bellezas.

Por la noche, la jovialidad y el buen humor dan sus tonos alegres á la pintura, y tan pronto escúchanse las elegantes notas del piano , como el gemir de la vihuela.

A esta escena, cuando ya todos se han entregado al sueño, sucede la de la reja. Todos los giros con que se expresa el amor salen de una y otra boca de la pareja, mientras la luna derrama su luz soñadora sobre las plantas, o alguna ronda atraviesa por las aceras, donde aun se siente caer con monótona melodía el agua del balcón regado.

Ruidoso tropel de trasnochadores cruza el fondo de la calle entre voces desentonadas y coros de risas; las siluetas de las torres tienden su sombra sobre las casas, y también el sereno da de tiempo en tiempo su Ave Maria purisma , que se pierde en la soledad de la noche.

La pareja no interrumpe por nada su coloquio; sólo viene a cortarlo como espada suavísima  el primer rayo de luz…

¡Oh costumbres de Andalucía! ¡Oh patio alegre y delicioso!

Cuando lleno de vagos ensueños, toco, para dar penas, la guitarra, no es extraño que cante al compás de sus cuerdas aquella triste copla que dice:

Cuando salí de mi tierra 
Volví la cara llorando, 
Y le dije, «tierra mía, 
¡Qué lejos te vas quedando!»

LOS INGENIOSOS CUENTOS DEL MULLÁH NASRUDIN: «Nasrudin y la peste». / THE INGENIOUS TALES OF MULLÁH NASRUDIN: «Nasrudin and the plague».

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Iba la Peste camino a Bagdad cuando se encontró con Nasrudín.Este le preguntó:
— ¿Adónde vas?

La Peste le contestó:
— A Bagdad, a matar a diez mil personas.

Después de un tiempo, la Peste volvió a encontrarse con Nasrudín. Muy enojado, el mullah le dijo:
— Me mentiste. Dijiste que matarías a diez mil personas y mataste a cien mil.

Y la Peste le respondió:
— Yo no mentí, maté a diez mil. El resto se murió de miedo.

Cuento de la tradición sufí.

PESTE

LOS INGENIOSOS CUENTOS DEL MULLÁH NASRUDIN: «La lista» / THE INGENIOUS STORIES OF THE MULLÁH NASRUDIN: «The list»

nasrudin

La situación ya era desesperada. Nasrudin había sido mordido por un perro rabioso y los médicos no estaban seguros si se había empezado el tratamiento a tiempo, para salvarlo. Atribulados y después de una última consulta en la materia, ingresaron en la sala y le comunicaron la verdad: que podría desarrollar la hidrofobia y que sus posibilidades eran bastante malas. 

En lugar de parecer molesto por la noticia, Nasrudin pidió un lápiz y papel y comenzó a escribir largo y tendido. Después de hora y media de escritura constante, su enfermera le preguntó: 

—¿Qué escribes, Mullah? ¿Es tu voluntad o una carta a tu familia? 

—No, dijo Nasrudin, es la lista de personas que voy a morder.

inglaterra

The situation was already desperate. Nasrudin had been bitten by a rabid dog and the doctors were not sure if the treatment had been started on time, to save him. Troubled and after a final consultation in the matter, they entered the room and told him the truth: that he could develop hydrophobia and that his chances were pretty bad.

Instead of looking annoyed by the news, Nasrudin asked for a pencil and paper and began to write long and hard. After an hour and a half of constant writing, his nurse asked him:

– What are you writing, Mullah? Is it your will or a letter to your family?

-No, said Nasrudin, it’s the list of people I’m going to bite.

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El maestro Samurai y la vaca / The master Samurai and the cow

samurai

Un maestro samurai paseaba por un bosque con su fiel discípulo, cuando vio a lo lejos un sitio de apariencia pobre, y decidió hacer una breve visita al lugar.

Durante la caminata le comentó al aprendiz sobre la importancia de realizar visitas, conocer personas y las oportunidades de aprendizaje que obtenemos de estas experiencias.
Llegando al lugar constató la pobreza del sitio: los habitantes, una pareja y tres hijos, vestidos con ropas sucias, rasgadas y sin calzado; la casa, poco más que un cobertizo de madera…Se aproximó al señor, aparentemente el padre de familia y le preguntó:“En este lugar donde no existen posibilidades de trabajo ni puntos de comercio tampoco, ¿cómo hacen para sobrevivir?”

El señor respondió: “amigo mío, nosotros tenemos una vaca que da varios litros de leche todos los días. Una parte del producto la vendemos o lo cambiamos por otros géneros alimenticios en la ciudad vecina y con la otra parte producimos queso, cuajada, etc., para nuestro consumo. Así es como vamos sobreviviendo.”

El sabio agradeció la información, contempló el lugar por un momento, se despidió y se fue. A mitad de camino, se volvió hacia su discípulo y le ordenó: “Busca la vaca, llévala al precipicio que hay allá enfrente y empujarla por el barranco.”

El joven, espantado, miró al maestro y le respondió que la vaca era el único medio de subsistencia de aquella familia. El maestro permaneció en silencio y el discípulo cabizbajo fue a cumplir la orden.

Empujó la vaca por el precipicio y la vio morir. Aquella escena quedó grabada en la memoria de aquel joven durante muchos años.

Un bello día, el joven agobiado por la culpa decidió abandonar todo lo que había aprendido y regresar a aquel lugar.

Quería confesar a la familia lo que había sucedido, pedirles perdón y ayudarlos.

Así lo hizo. A medida que se aproximaba al lugar, veía todo muy bonito, árboles floridos, una bonita casa con un coche en la puerta y algunos niños jugando en el jardín. El joven se sintió triste y desesperado imaginando que aquella humilde familia hubiese tenido que vender el terreno para sobrevivir. Aceleró el paso y fue recibido por un hombre muy simpático.

El joven preguntó por la familia que vivía allí hacia unos cuatro años. El señor le respondió que seguían viviendo allí. Espantado, el joven entró corriendo en la casa y confirmó que era la misma familia que visitó hacia algunos años con el maestro.

Elogió el lugar y le preguntó al señor (el dueño de la vaca): “¿Cómo hizo para mejorar este lugar y cambiar de vida?” El señor entusiasmado le respondió: “Nosotros teníamos una vaca que cayó por el precipicio y murió. De ahí en adelante nos vimos en la necesidad de hacer otras cosas y desarrollar otras habilidades que no sabíamos que teníamos. Así alcanzamos el éxito que puedes ver ahora.”

Muchos tenemos alguna vaca que nos proporciona algún beneficio para nuestra supervivencia, pero que nos lleva a la rutina y nos hace dependientes de ella. Nuestro mundo se reduce a lo que la vaca nos brinda. Las vacas pueden ser creencias que nos frenan, miedos, que nos llevan a acomodarnos, a estancarnos..

Las vacas pueden ser desde un trabajo que no nos motiva pero en el que seguimos porque “peor es nada” o “es seguro”, por ejemplo o conformarse con la seguridad de un estado colectivista (como el que proclama el SOCIALISMO) en el que, a cambio del «pienso» diario y un chamizo con techo asegurado, aceptas una total sumisión y te niegas la posibilidad de mejorar tu situación, eso si, con esfuerzo propio.

Si sabes cuál es tu vaca, no dudes en tirarla por el precipicio. Llegó el momento de pasar a la acción y salir del estancamiento que nos impone cuanto antes.

Deja de quejarte, y disponte a revolucionar la forma en que estás haciendo las cosas, no hay manera de que obtengas los resultados que suenas, si primero no despiertas y del letargo en que la comodidad de tener una vaca que te proporcione leche puede introducirte.

inglaterra

A samurai master walked through a forest with his faithful disciple, when he saw a poor looking place in the distance, and decided to make a brief visit to the place.

During the walk he told the trainee about the importance of making visits, meeting people and the learning opportunities we get from these experiences. Arriving at the place, he noticed the poverty of the place: the inhabitants, a couple and three children, dressed in dirty clothes, torn and without shoes; The house, little more than a wooden shed … He approached the man, apparently the father of the family and asked: «In this place where there are no possibilities of work or points of trade either, how do they survive?»

The Lord replied: «My friend, we have a cow that gives several liters of milk every day. A part of the product is sold or exchanged for other foodstuffs in the neighboring city and with the other part we produce cheese, curd, etc., for our consumption. That’s how we’re surviving. «

The sage thanked the information, looked at the place for a moment, said goodbye and left. Halfway, he turned to his disciple and ordered him: «Look for the cow, take it to the precipice that is there and push it down the ravine.»

The young man, frightened, looked at the master and replied that the cow was the only means of subsistence for the family. The teacher remained silent and the disciple, head down, went to carry out the order.

He pushed the cow down the precipice and watched her die. That scene was etched in the memory of that young man for many years.

One fine day, the guilty young man decided to abandon everything he had learned and return to that place.

He wanted to confess to the family what had happened, to ask for their forgiveness and to help them.

He did so. As I approached the place, I saw everything very beautiful, flowery trees, a nice house with a car at the door and some children playing in the garden. The young man felt sad and desperate imagining that this humble family had to sell the land to survive. It accelerated the passage and was received by a very nice man.

The young man asked about the family who lived there for about four years. The lord replied that they were still living there. Frightened, the young man ran into the house and confirmed that it was the same family that he visited for some years with the teacher.

He praised the place and asked the lord (the owner of the cow): «How did he improve this place and change his life?» The enthusiastic lord replied: «We had a cow that fell down the precipice and died. From then on we saw ourselves in need of doing other things and developing other skills that we did not know we had. That way we achieve the success you can see now. «

Many of us have a cow that gives us some benefit for our survival, but that leads us to the routine and makes us dependent on it. Our world is reduced to what the cow gives us. Cows can be beliefs that stop us, fears, that lead us to settle, to stagnate ..

Cows can be from a job that does not motivate us but in which we follow because «worse is nothing» or «is safe,» for example or conform to the security of a collectivist state (such as that proclaimed SOCIALISM) in which , In exchange for the daily «feed» and a chamizo with a roof secured, you accept a total submission and you deny the possibility of improving your situation, that if with self-effort.

If you know your cow, do not hesitate to throw it down the cliff. The time has come to take action and get out of the stagnation that imposes on us as soon as possible.

Stop complaining, and prepare to revolutionize the way you are doing things, there is no way you can get the results you sound, if you do not wake up first and the lethargy in which the comfort of having a cow that gives you milk can introduce you.

El Elefante Encadenado / The Chained Elephant – JORGE BUCAY

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Cuando yo era pequeño me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de ellos eran los animales.

Me llamaba especialmente la atención el elefante que, como más tarde supe era también el animal preferido de otros niños.

Durante la función, la enorme bestía hacía gala de un tamaño, un peso y una fuerza descomunales… Pero, después de la actuación y hasta poco antes de volver al escenario, el elefante siempre permanecía atado a una pequeña estaca clavada en el

suelo con una cadena que aprisionaba sus patas.

Sin embargo, la estaca era sólo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en el suelo. Y aunque la madera era gruesa y poderosa, me parecía obvio que un animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su fuerza,podría liberarse con facilidad de la estaca y huir.

El misterio sigue pareciéndome evidente. ¿Qué lo sujeta entonces?. ¿Por qué no huye?.

Cuando era niño, yo todavía confiaba en la sabiduría de los mayores. Pregunté entonces por el misterio del elefante… Alguno de ellos me explicó que el elefante no huía porque estaba amaestrado.

Hice entonces la pregunta obvia: “Si está amaestrado, ¿porqué lo encadenan?”.

No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente. Con el tiempo, me olvidé del misterio del elefante y la estaca…

Hace algunos años, descubrí que, por suerte para mí, alguien había sido lo suficientemente sabio como para encontrar la respuesta:
El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy, muy pequeño.

Cerré los ojos e imaginé al indefenso elefante recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que, en aquel momento el elefantito empujó,tiró y sudó tratando de soltarse. Y, a pesar de sus esfuerzos, no lo consiguió, porque aquella estaca era demasiado dura para él.
Imaginé que se dormía agotado y al día siguiente lo volvía a intentar, y al otro día y al otro… Hasta que, un día, un día terrible para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino.

Ese elefante enorme y poderoso que vemos en el circo no escapa, porque, pobre, cree que no puede. Tiene grabado el recuerdo de la impotencia que sintió poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese recuerdo.
Jamás, jamás intentó volver a poner a prueba su fuerza.

Todos somos un poco como el elefante del circo: vamos por el mundo atados a cientos de estacas que nos restan libertad.

   Vivimos pensando que “no podemos” hacer montones de cosas, simplemente porque una vez, hace tiempo lo intentamos y no lo conseguimos.
Hicimos entonces lo mismo que el elefante, y grabamos en nuestra memoria este mensaje: No puedo, no puedo y nunca podré. Hemos crecido llevando este mensaje que nos impusimos a nosotros mismos y por eso nunca más volvimos a intentar liberarnos de la estaca.

   Cuando, a veces, sentimos los grilletes y hacemos sonar las cadenas, miramos de reojo la estaca y pensamos: “No puedo y nunca podré”.

   Ésto es lo que te pasa, vives condicionado por el recuerdo de una persona que ya no existe en tí, que no pudo.

   Tu única manera de saber si puedes es intentarlo de nuevo poniendo en ello todo tu corazón…¡ ¡¡Todo tu corazón!!!.

inglaterra

When I was little I loved circuses, and what I liked most of them were animals. I was particularly struck by the elephant, as I later learned was also favorite animal other children. During the function, the huge beast boasted a size, a weight and a huge force … But after the performance until shortly before returning to the stage, the elephant always remained tied to a small stake in the ground with a chain that held its legs.

However, the stake was only a tiny piece of wood buried just a few inches in the ground. And although the wood was thick and powerful, it seemed obvious that an animal capable of starting a tree with his strength rennet,could be released easily from the stake and run.

The mystery still seems evident. What holds it then?. Why not flee?.

As a child, I still trust the wisdom of the elders. Then I asked about the mystery of the elephant … One of them told me that the elephant ran away because he was not performing.

Then I did the obvious question:»If you are performing, Why they strung?».
I do not remember getting any coherent response.
Over time, I forgot the mystery of the elephant and the stake …

Some years ago, I discovered that, lucky for me, someone had been wise enough to find the answer:

I closed my eyes and imagined the helpless newborn elephant subject to the stake. I am sure that, Impostor elefantito digs at the moment,shot and trying to sweat it loose. And, despite their efforts, he failed, because that stake was too hard for him.
I figured out that I was asleep and the next day I tried again, and the next day and the next … Until, one day, a terrible day for your story, animal accepted his helplessness and resigned himself to his fate.

This huge and powerful elephant in the circus we see no escape, because, poor, believe that it can.

Has recorded memories of the helplessness he felt shortly after birth.
And the worst is that ever has become to seriously question the memory.
Never, never tried again put to test their strength.

We are all a bit like the circus elephant: let the world tied to hundreds of stakes remaining freedom we.

We live thinking «we can not» do lots of things, simply because once, while we try and we fail.
We did the same thing then that the elephant, and recorded in our memory this message: I can not,I can not and I never will.

We grew up taking this message we set ourselves and that’s why we never went back to try to free ourselves from the stake.

When, sometimes, Sorry we ring shackles and chains, look askance at stake and we:»I can not and I never will».

This is what you get, you live conditioned by the memory of a person who no longer exists in you, it could not.

Your only way to know if you can is try again putting it all your heart … Everything your heart!!!.