Etiqueta: CORRECCIÓN POLÍTICA

VÍDEOS. Leyes LGTBI un peligro para nuestros menores. Desmontando la ideologia de género.

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Desde hace meses las diferentes Comunidades Autónomas están desarrollando leyes, reglamentos y normativas, en las que supuestamente se pretenden defender los derechos LGTBI, encubriendo el verdadero motivo de dichas normas: LA DESTRUCCIÓN DE LA FAMILIA y EL ADOCTRINAMIENTO DE LOS MENORES.

Y no solo es eso, se trata además de otra maniobra mas para imponer la linea del pensamiento único dentro de lo que actualmente conocemos como «corrección política», atacando de facto la  libertad de expresión pues estas leyes cercenan cualquier tipo de discrepancia, obligandonos a aceptar estas doctrinas como verdades únicas e irrebatibles.

A todo ello hay que añadir que se basan en falsedades, no tienen el menor rigor científico siendo totalmente CONTRA NATURA.

Desde este blog apoyo y me sumo al manifiesto de la

“Plataforma por las libertades”

Pinchar en el anterior enlace para leer y firmar, a quien le interese (al contrario que los totalitarios de grupos como el lobby LGTBI o partidos políticos como UNIDOS PODEMOS, auténtica chusma estalinista-bananera, entre otros y que, desgraciadamente, tampoco son combatidos por quienes deberian hacerlo, lease el Sr. Rajoy y sus acólitos, aquí no se obliga a nadie, la verdadera libertad consiste en decidir uno mismo libremente sobre tal o cual asunto) el MANFIESTO.

Así mismo es MUY INTERESANTE VER ESTOS OTROS DOS VÍDEOS editadoS por Yael Farache que ella misma presenta de esta manera y que se titulaN «Desmontando la ideología de género» y «Las niñas con pene y los niños con vulva»:

Ayer en Madrid empezó a circular un autobús pagado por un grupo cristiano y rotulado con el siguiente mensaje:

«Las niñas tienen vulva y los niños tienen pene. Que no te engañen.»

El mensaje del autobús era una respuesta a otra campaña de un colectivo LGBT que meses atrás puso anuncios en las marquesinas de las paradas de autobús con el siguiente mensaje:

«Hay niñas con pene y niños con vulva. Así de sencillo»

El Autobús De La Realidad ha causado una gran polémica. Los colectivos LGBT y los grupos de izquierda han acusado al autobús de ser un autobús de odio, un autobús transfóbico. Sin embargo el mayor logro del autobús quizás sea que ha conseguido unir a Podemos y al PP: Manuela Carmena prohibió la circulación del autobús por las calles de Madrid y Cristina Cifuentes ha enviado el caso a la Fiscalía por si fuese constitutivo de delito de odio. 

De eso va mi vídeo de hoy, sobre lo sorprendente de que ahora se persiga a la gente detrás del Autobús De La Realidad por poner exhibir unos HECHOS y cómo los colectivos LGBT utilizan a los transexuales, los gays, las lesbianas y sus simpatizantes para sus fines políticos. Lo puedes ver por aquí:

VÍDEO 2

Por cierto, la cosa es tan descarada que hablan en muchos casos de «incitación al odio», bien, pues no se, pero ¿es mas «odio» decir que las niñas tienen vulva y los niños pene» que «vais a arder como en el 36» y cosas similares como dicen esos bolcheviques bananeros de PODEMOS?

A mi me parece que no, lo primero no es mas que UN HECHO REAL, BIOLÓGICO, CIENTÍFICO, lo otro es UNA CLARA AMENAZA DE VIOLENCIA.

Pues efectivamente, NO TE DEJES ENGAÑAR, NO A ESTAS ABERRANTES IDEOLOGIAS Y NO AL TOTALITARISMO DE LO «POLITICAMENTE CORRECTO».

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El doctor LGTBI Frankenstein y el moderno cretino Prometeo

Las ampollas que un autobús rotulado con unas frases que rayan lo exacto y meridiano es, sin más ambages, un síntoma del grado de cinismo, cobardía e imbecilidad que imperan en el seno de nuestra sociedad.

“Los niños tienen pene. Las niñas tienen vulva. Que no te engañen. Si naces hombre, eres hombre. Si eres mujer seguirás siéndolo.” Este ha sido el puñado de frases que ha hecho explotar la indignación de la dictadura de lo políticamente correcto y de la policía del pensamiento, en la que los grandes grupos de la comunicación se han erigido.

Con esta lógica de la locura, decir que hoy, día en el que se publica este editorial, es uno de marzo puede llegar a ser considerado una aberración e incluso algo condenable. Porque si cada uno podemos ser lo que queramos, quién es el que puede decirnos en qué momento o día vivimos.

Podemos ser hombres y sentirnos mujeres, ser mujeres y sentirnos hombres, ser humanos y sentirnos lombrices, ser ancianos y sentirnos adolescentes, ser blancos y sentirnos negros. Podemos sentirnos lo que queramos, desafiando a la medicina, a la antropología o a la misma biología. Esta es la quimera que conduce irremisiblemente al colapso a las sociedades de Europa occidental. Esta es la libertad que nos ofrece, junto con las ofertas del Primark, el modelo económico global en su peor vertiente, que es la europea.

Pero esa presunta libertad, básicamente la libertad de ser un majadero, está blindada. Son esos irrefutables, sagrados e intocables dogmas de nuestros días que, en apenas veinte años, han puesto patas arriba milenios de civilización europea. Leyes, dotaciones presupuestarias y códigos penales aprobados por amplias mayorías parlamentarias que han llevado al ordenamiento jurídico a un plano similar al del Derecho Inquisitivo.

Porque la libertad o la defensa de la integridad de las personas por su condición sexual tienen muy poco, o nada, que ver con la actual operación de ingeniería social que estamos sufriendo. Es así de claro y sencillo.

En España el amparo no ya de una moral determinada, sino del más simple sentido común biológico cuenta con muy pocos valedores. Y en el marco del panorama político la situación es simplemente desoladora. El PP, el partido de los complejos y de la vergüenza, se sube a la carroza del orgullo arcoíris al son con el que Cifuentes mueve su teñida melena.

Solamente los ciudadanos de a pie somos quienes podemos contrarrestar el lavado de cerebro colectivo al que se nos está sometiendo. Debemos seguir llamando a las cosas por su nombre y ni plegarnos a la censura de los medios e instituciones, ni imponernos autocensura alguna ante el temor a la exclusión social. Son los padres los que han de vigilar y paliar el machacón adoctrinamiento que sus hijos reciben, desde la enseñanza primaria, en la ideología de género y en la apología del homosexualismo. Debemos denunciar, en reuniones de padres y profesores, la basura e inmundicia con la que se quiere confundir y corromper las inocentes mentes de los niños. Puede que sea duro, pero es una cuestión de supervivencia.

Ante la ley del silencio que se nos pretende aplicar, ante los dedos acusadores y las manipulaciones vertidas por los grandes medios de comunicación, ante los chillidos y estridencias del doctor Frankenstein de la ideología de género, transgénero o como quieran llamar a semejante genocida mamarrachada nos queda la resistencia civil.

Somos más los que creemos que los niños tienen pene y las niñas tienen vulva a quienes afirman que hay niños con vulva y niñas con pene. Y somos más, aunque hagamos menos ruido y muchos tengan miedo a expresarlo públicamente, porque simplemente tenemos razón y porque así ha sido desde que el hombre es hombre y así será hasta el día de nuestra extinción.

Los alaridos y gruñidos que han despertado unas cuantas verdades rotuladas en un autobús nos indican que el camino no es el de la resignación o el del silencio, sino decir las cosas alto y claro. Nadie dijo que ser libres fuese fácil.

Redacción Despiertainfo.com

Porque no somos politicamente correctos…(ni ganas de serlo)

Desde hace años asistimos a un intento de uniformizacion del pensamiento a nivel mundial, que, por supuesto, en España se asume casi con entusiasmo. Forma parte de eso que se ha denominado mundialismo promovido por grandes fortunas y centros de poder.

Por supuesto no se promueven recuperar valores tradicionales,ni favorecer,la familia,etc..Al contrario se promueve la ideología de genero,con leyes descaradamente liberticidas,y en España da igual quien gobierne (como hemos visto con Cifuentes en Madrid).

Afortunadamente 2016 ha resultado un mal año para los Soros,Ford,y otros abanderados del mundialismo, con los fiascos para ellos de las elecciones USA y el Brexit. Esto ha supuesto un frenazo y según lo que haga Trump, además de lo que resulte en las citas electorales de varios países europeos, puede haber cierta reversibilidad.

En España no cabe esperar nada, la partitocracia en lineas generales, van todos a una, sometimiento al lobby LGTBI , europeismo ciego e incuestionable, apoyo a la llegada de inmigrantes, mal llamados refugiados, mayoritariamente musulmanes.. Y para mas inri ahora el gobierno(del PP),mete el Islam en las escuelas.

Pues yendome a lo que es el título, afortunadamente somos muchos, cada vez más (aunque en España va lento) los que nos rebelamos, a pesar del bombardeo mediático que, salvo dignisimas excepciones, va en la misma dirección, el mejor ejemplo las noticias sobre Trump…difícil encontrar una noticia positiva.

Respecto a la llegada de inmigrantes, los delitos cometidos por musulmanes, si lo criticas ya directamente eres fascista, xenofobo y por supuesto islamófobo.

Con la victoria de Trump y el triunfo del Bréxit se ha demostrado que la gente de a pie, la no abducida, piensa y puede informarse, y decide. Este año puede haber más sorpresas con las elecciones en varios paises europeos, que se sitúen en la linea de Orban, Szydlo, etc.

Aqui tenemos congresos de los que nada cabe esperar. Adhesión al líder en el caso de PP y Ciudadanos, y algo de clarificacion en los otros.

Por supuesto, por muchas enmiendas que dicen que hay, que nadie espere que el PP de Rajoy vaya a convertirse en el partido de derechas que no es (ni lo ha sido nunca realmente). Porque me parece una broma que según un estudio se perciba a este PP muy a la derecha, con un 8 sobre 10, de traca, vamos. Y ni los «díscolos se van, ni dan la batalla». Algunos prefieren ir de «jovenes lideres globales» a esa «reunion de pastores» que es el foro de Davos, y arremeter contra Vox que sin acabar de despegar , si se puede considerar de derechas; o contra Trump, de quien dicen que no es de derechas, hombre comparado con Rajoy…Para el primero «los americanos primero», para el segundo «España es un gran país donde viven españoles». Notable diferencia.

Además en esto de lo politicamente correcto, está mal vista la menor simpatía por Putin, o Le Pen…y se llega al ridículo de comparar a Trump con Podemos ¿como?, con la etiqueta mágica y de moda«Populismos», hay entra todo lo que no va con el sistema.

Resumiendo, que lo importante es tener criterio e ideas claras, incluso cuando haya periodistas, comunicadores, etc., con los que coincidir en muchas cosas, pero que su animadversión hacia los dos grandes lideres mundiales, roza lo personal.

El mundo va despertando, en España tardaremos, pero ojalá surja pronto esa derecha fuerte, que rompa con la uniformidad dominante en el parlamento que va de la socialdemocracia a la extrema izquierda. Porqué no somos politicamente correctos, ni ganas de serlo, y no nos callarán…La lucha solo acaba de empezar.

P.d: Muchas cosas tienen que cambiar,muchas van a cambiar. La UE o cambia radicalmente o no durará, la OTAN está desfasada, máxime manteniendo como gran objetivo a Rusia.

FUENTE: POR UNA ESPAÑA MEJOR SIEMPRE

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La corrección política se nos ha ido de las manos./The political correctness has gone out of our hands. (SPANISH-ENGLISH)

Imagen Luigi Morante
Imagen Luigi Morante

Hemos llegado a un punto en el que cada vez son más las personas que prefieren autocensurarse, eludir la discusión, el debate o, simplemente, no manifestar su opinión ante el riesgo de ser señaladas con el dedo.

POR JAVIER BENEGAS

Es muy probable que usted, querido lector, pertenezca a una familia de clase media, con más o menos posibles, en la que, desde la más tierna infancia, sus padres, abuelos y familiares le educaron en una serie de convenciones morales, algunas de ellas bastante elementales tales como que no se debía abusar de los demás, que estaba mal pegar o pelearse, menos aún hacerlo con personas manifiestamente más débiles. Incluso, tal vez le enseñaran que la violencia de cualquier tipo, no sólo física, sino también verbal, contrariamente a lo que un crío pueda creer, no te colocaba por encima de los demás sino justo lo contrario: te degradaba.

Era difícil siendo muy joven asumir por completo esas enseñanzas, sobre todo en el colegio, sin el amparo de la familia, rodeado de desafiantes competidores, de locos bajitos que buscaban destacar sobre los demás, erigirse en líderes dominantes o, simplemente, colocarse los primeros en la cadena alimenticia de una selva infantil. En ocasiones se fracasaba porque resultaba imposible reprimir el insulto ante una provocación o no recurrir al uso de la fuerza cuando algún chaval te arreaba un mamporro durante una discusión. Sin embargo, los mayores insistían. Así, perseverando, madurabas y desarrollabas un mayor autocontrol. Ya de adulto, eras tú quien transmitías esas mismas convenciones a tus hijos, que a su vez tenían que asumirlas e intentar salir indemnes de sus infantiles selvas particulares.

Evolución social

Sin embargo, pese a esas convenciones nobles, aquellos eran tiempos diferentes. Tiempos en los que hacer chistes sobre maricas, negros, mujeres, discapacitados físicos o mentales no estaba mal visto. Se admitían porque nos hacían reír y se descontaba que su coste moral no recaía sobre nosotros sino que corría a cuenta de minorías testimoniales. La “ofensa” era inocua, en tanto que afectaba a grupos supuestamente residuales o que no manifestaban de forma contundente su indignación. Obviamente esta circunstancia no ennoblecía la costumbre. De hecho, antes de que aparecieran  grupos organizados que defendieran a las minorías, estas actitudes ya resultaban incómodas para quienes eran educados en contra del abuso, porque podían intuir cierta incoherencia entre esas elevadas convenciones transmitidas en el seno familiar y la trivialización del menosprecio, aunque fuera para pasar el rato. Así, aunque la actitud mayoritaria consistiera en mirar para otro lado, con el tiempo aquellas actitudes fueron cayendo en desuso.

El progreso social consiste en desarrollar reglas informales contrarias a cualquier práctica que atente o denigre a los demás

Podríamos decir que el progreso social consiste en desarrollar reglas informales contrarias a cualquier práctica que atente o denigre a los demás. Unas reglas informales que tarde o temprano terminan convirtiéndose en reglas formales. Quizá no a la velocidad que muchos desean, pero la evolución se produce. Sin embargo, lo que hoy entendemos como corrección política (o políticamente correcto) es relativamente reciente. Un fenómeno no tanto surgido de forma espontánea, a través de reglas informales que dimanan de la sociedad, sino dirigido desde las instituciones a exigencia de organizaciones que, se supone, representan a grupos agraviados, discriminados o simplemente vituperados. Esta corrección política ha dado lugar no sólo a legislaciones polémicas, que, esgrimiendo la discriminación positiva, han chocado frontalmente contra el principio de igualdad ante la ley, sino al surgimiento de una policía del lenguaje. Incluso, en ocasiones, lo que puede parecer un avance, una evolución, puede ser un viaje al pasado, como sucede, por ejemplo, con el “novedoso” delito de odio, que es una puesta al día deldelito por convicción ideado en la totalitaria y, se supone, desaparecida Unión Soviética.

La policía del lenguaje

Hoy, cualquiera con una mínima empatía sabe que no sólo la agresión física hace daño sino que también puede hacerlo la palabra. Por lo tanto, la corrección política, que afecta al uso del leguaje, ha progresado sin apenas resistencia, a una velocidad vertiginosa, demasiado vertiginosa como para no producir efectos adversos. Al fin y al cabo, ¿quién osará oponerse a prohibiciones que persiguen actitudes inmorales? Lamentablemente, las sociedades no son masas uniformes de millones de individuos, capaces todos de avanzar a igual velocidad en el complejo terreno de las convenciones. Hay quienes están encantados con que la progresión sea vertiginosa y quienes necesitan más tiempo para asumir situaciones completamente nuevas que, en no pocos casos, les obligan no ya a luchar contra la costumbre, el hábito, sino a girar 180 grados sobre sí mismos.

Hoy, cualquiera puede meterse en un buen lío por el simple hecho de tener un desliz y usar una expresión inconveniente

Hoy, cualquiera puede meterse en un buen lío por el simple hecho de tener un desliz y usar una expresión inconveniente, quizá anacrónica, aunque sólo sea una frase hecha dentro de una conversación mucho más amplia y, desde luego, sin intención de ofender. Peor aún, se puede sacar de contexto una expresión y que algún desdichado termine siendo linchado socialmente, sin que la turba atienda a razones. De hecho, resulta alarmante la facilidad con la que hoy se adjudican etiquetas como “intolerante”, “machista”, “racista”, “xenófobo”, “homófobo” a cualquiera que, no ya utilice expresiones incorrectas, sino manifieste su desacuerdo o disienta de determinadas iniciativas, leyes o medidas que supuestamente tienen como fin revertir algún tipo de discriminación.

Autocensura y silencio

Así, hemos llegado a un punto en el que cada vez son más las personas que prefieren autocensurarse, eludir la discusión, el debate o, simplemente, no manifestar su parecer ante el riesgo de ser señaladas con el dedo y que su reputación se vea comprometida. En vez de propiciar el acuerdo, el intercambio de ideas y pareceres, se incentiva el silencio, la falta de comunicación y el distanciamiento entre las personas.

Los políticos llevan demasiado tiempo jugando al peligroso juega de la polarización, a dividir a la sociedad en facciones, en grupos de intereses de los que se valen para alcanzar el poder

Para que una sociedad evolucione de forma equilibrada es necesario un clima que favorezca el diálogo, donde las personas puedan expresar libremente sus preocupaciones, inquietudes, dudas y, por qué no, desacuerdos. Una sociedad sana tiene que poder debatir sobre cualquier asunto, abiertamente, sin tabúes, desde todas las perspectivas y dentro de un clima de confianza. Pero si la policía de la corrección política anda al acecho, atenta al menor indicio de disidencia, dispuesta a arrojar a la hoguera a cualquier sospechoso de herejía, ese clima es imposible. Así, lejos de lograr la integración, lo que se perpetúa es la exclusión. Si hay un síntoma de la crisis de la política es la incapacidad de los partidos para sumar, para ser realmente inclusivos. Muy al contrario, los políticos llevan demasiado tiempo jugando al peligroso juega de la polarización, a dividir a la sociedad en facciones, en grupos de intereses de los que se valen para alcanzar el poder. Y están determinados a perseverar en el error.

Como muestra, valga un botón. Tras la victoria de Trump, el partido Demócrata se plantea buscar un candidato que movilice el voto afroamericano y latino, porque ahí ha estado la clave del fracaso de Hillary Clinton. Pero lo que puede parecer un acierto en el corto plazo, es un error a largo plazo. En realidad, el fracaso no ha estado en no movilizar a minorías decisivas sino plantear la política como un juego de desequilibrios, en vez de como un gran proyecto, donde todos los ciudadanos, independientemente de su raza, sexo, religión o preferencias, estén y se sientan debidamente representados.

inglaterra

ENGLISH

We have reached a point where more and more people prefer to self-censor, avoid discussion, debate or simply not express their opinion at the risk of being pointed with the finger.

BY JAVIER BENEGAS

It is very likely that you, dear reader, belong to a middle-class family, with more or less possibility, in which, from the earliest childhood, their parents, grandparents and relatives educated him in a series of moral conventions, some of them They were quite elementary such as not to abuse others, it was wrong to hit or fight, let alone to manifestly weaker people. They might even teach him that violence of any kind, not only physical but also verbal, contrary to what a child can believe, did not put you above others, but just the opposite: it degraded you.

It was hard to be very young to fully assume these teachings, especially in school, without the protection of the family, surrounded by challenging competitors, crazy little people who wanted to stand out over others, become dominant leaders or simply put the first In the food chain of a children’s jungle. Sometimes it failed because it was impossible to suppress the insult to a provocation or not to resort to the use of force when some guy was driving you a fight during an argument. However, the elders insisted. Thus, persevering, matured and developed a greater self-control. As an adult, it was you who transmitted these same conventions to your children, who in turn had to take them and try to get free of their childish particular jungles.

Social evolution

However, despite these noble conventions, these were different times. Times in which to make jokes about fags, blacks, women, physically or mentally disabled were not frowned upon. They were admitted because they made us laugh and it was deduced that their moral cost did not fall on us but it was run by testimonial minorities. The «offense» was innocuous, while it affected groups supposedly residual or who did not manifest in a forceful way their indignation. Obviously this circumstance did not ennoble the custom. In fact, prior to the emergence of organized groups defending minorities, these attitudes were already uncomfortable for those who were educated against abuse, because they could sense a certain inconsistency between these high conventions conveyed in the family and the trivialization of contempt, Outside to hang out. Thus, although the majority attitude consisted in looking the other way, over time those attitudes were falling into disuse.

Social progress consists of developing informal rules that are contrary to any practice that threatens or denigrates others

We could say that social progress consists in developing informal rules that are contrary to any practice that threatens or denigrates others. Informal rules that sooner or later end up becoming formal rules. Maybe not at the speed that many want, but evolution occurs. However, what we understand today as political correctness (or politically correct) is relatively recent. A phenomenon not so much spontaneously emerged, through informal rules that emanate from society, but directed from the institutions to the demands of organizations that are supposed to represent aggrieved groups, discriminated or simply vituperated. This political correctness has given rise not only to controversial legislation, which, on the basis of positive discrimination, has clashed head-on against the principle of equality before the law, but to the emergence of a language police. Sometimes, what may seem to be an advance, an evolution, can be a journey into the past, as, for example, with the «novel» hate crime, which is an updating of crime by conviction devised in the Totalitarian and, supposedly, disappeared Soviet Union.

The Language Police

Today, anyone with a minimum of empathy knows that not only does physical aggression hurt, but so can the word. Therefore, political correctness, which affects the use of language, has progressed with little resistance, at a vertiginous speed, too dizzying to produce no adverse effects. After all, who dares oppose prohibitions that pursue immoral attitudes? Regrettably, societies are not the uniform masses of millions of individuals, all capable of advancing at the same speed in the complex terrain of conventions. There are those who are delighted that the progression is vertiginous and those who need more time to take on completely new situations that, in a few cases, force them not to fight against habit, but to turn 180 degrees on themselves.

Today, anyone can get into a mess by the simple fact of having a slip and use an expression inconvenient

Today, anyone can get into a mess by the simple fact of having a slip and use an inconvenient, perhaps anachronistic, expression, if only a phrase made into a much broader conversation and certainly not meant to offend. Worse, an expression can be taken out of context and some wretch ends up being socially lynched, without the mob attending to reasons. In fact, it is alarming the ease with which today labels like «intolerant», «macho», «racist», «xenophobic», «homophobic» are given to anyone who does not already use incorrect expressions, but expresses their disagreement or dissents Of certain initiatives, laws or measures that are supposed to reverse some form of discrimination.

Self-censorship and silence

Thus, we have reached a point where more and more people prefer to self-censor, to avoid discussion, debate or simply not to express their opinion to the risk of being pointed with the finger and that their reputation Is compromised. Instead of fostering agreement, the exchange of ideas and opinions, silence is encouraged, lack of communication and distance between people.

Politicians have spent too long playing the dangerous game of polarization, dividing society into factions, groups of interests that are used to achieve power

For a society to evolve in a balanced way, it is necessary a climate that favors dialogue, where people can freely express their concerns, concerns, doubts and, why not, disagreements. A healthy society must be able to discuss any issue, openly, without taboos, from all perspectives and within a climate of trust. But if the politically correct police are on the lookout for the slightest sign of dissent, ready to throw any suspected heresy to the stake, that climate is impossible. Thus, far from achieving integration, what is perpetuated is exclusion. If there is a symptom of the crisis of politics is the inability of parties to add, to be truly inclusive. Quite the contrary, politicians have spent too long playing the dangerous game of polarization, dividing society into factions, into groups of interests that are used to achieve power. And they are determined to persevere in error.

As shown, a button is worth. After Trump’s victory, the Democratic Party plans to seek a candidate who mobilizes the African-American and Latino vote, because that has been the key to Hillary Clinton’s failure. But what may seem like a success in the short term is a long-term mistake. In reality, the failure has not been to not mobilize decisive minorities but to pose politics as a game of imbalances, rather than as a grand project, where all citizens, regardless of race, sex, religion or Feel properly represented.

Navidad en Europa: no hables, no preguntes

La primera ministra británica, Theresa May, dijo la semana pasada que los cristianos no deben tener miedo de hablar de su fe en el trabajo y en lugares públicos. Añadió que los cristianos deben “guardar celosamente” su derecho a hablar de su fe “libremente, con respeto y responsabilidad”. [The Telegraph, en inglés, de pago]

En un discurso inusual en un gobernante europeo, la señora May señaló que “estamos en el tiempo de Adviento, tenemos en nuestro país una tradición muy fuerte de tolerancia religiosa y libertad de expresión, y nuestra herencia cristiana es algo de lo que podemos sentirnos orgullosos”. 

Las palabras de la primera ministra respaldaban las conclusiones de dos informes que alertan de una creciente presión de los códigos de corrección política en las empresas británicas. Se está obligando a los trabajadores cristianos a no mostrar signos externos de su fe para no ofender a los no creyentes y a los musulmanes. 

David Isaac, presidente de la Comisión de Igualdad y Derechos Humanos, dijo haber detectado “demasiada ansiedad” por la corrección política en muchas empresas. Cada vez es más frecuente que las compañías dejen de celebrar la Navidad con árboles, postales y actos específicos, para no ofender a una parte de sus empleados. [Equality and Human Rights Commission, en inglés]

El Cristianismo “debe ser celebrado, no denigrado”, concluye otro informe, elaborado conjuntamente por la Evangelical Alliance y el Lawyers Christian Fellowship, que apunta los mismos síntomas. “Me alegra dar la bienvenida a este informe y a sus conclusiones”, dijo la primera ministra, refiriéndose a este último documento. 

La dictadura de la corrección política está haciendo estragos con las libertades fundamentales en las democracias. La libertad religiosa no es una libertad más, sino una que goza de una especial protección en el contrato social. No son libertades de la misma naturaleza expresar una opinión sobre fútbol o política, y expresar tu fe. Vivir y manifestar libremente tus creencias es un derecho reforzado en las constituciones democráticas avanzadas. 

Hasta el progresista The Guardian reconoció este domingo, en un artículo editorial, que la corrección política está llegando demasiado lejos. [The Guardian, en inglés]

Y no solo en el Reino Unido. 

En Virginia (Estados Unidos), acaban de prohibir que en los colegios se lean las novelas Matar a un ruiseñor, de Harper Lee, y Las aventuras de Huckelberry Finn, de Mark Twain, porque su contenido puede ofender a los negros. [Kiro7 y The Daily Wire, en inglés]

En España, este libro de HazteOir.org que describe la aplicación en los colegios de las nuevas leyes LGBT aprobadas por Gobiernos locales como el de Madrid y el de Cataluña, ha suscitado una campaña de censura de autoridadespartidos políticos y grupos de presión. Todos exigen la retirada de la publicación, de la que se están distribuyendo 100.000 ejemplares. [Actuall]

Además, se han pedido acciones legales contra la plataforma ciudadana, cuyos responsables creen que lo que vendrá, a continuación, es una intensa campaña en televisión y otros medios para intentar desacreditar su labor. [Actuall]

Son prácticamente inexistentes las voces en la sociedad española que han denunciado estas prácticas censoras. Una de las excepciones es la red liberal Club de los Viernes, cuya delegación de Extremadura emitió un comunicado el pasado sábado, defendiendo la libertad de expresión y el derecho a difundir el libro que describe los contenidos LGBT que se enseñarán en los colegios al amparo de las nuevas leyes de discriminación positiva. 

El presidente de HO, Ignacio Arsuaga Rato, responde a la polémica en este artículo en Actuall, en el que inscribe la censura contra el libro en el marco de las tensiones entre la sociedad civil y las élites instaladas. [Actuall]

El discurso de la primera ministra May merece ser tenido en cuenta, para que Europa y, en general, las sociedades democráticas occidentales no acaben adoptando una política selectiva de “no hables, no preguntes” para ciertas creencias y ciertas opiniones.

Actuall 

Y PARA LOS MAS CORTITOS, A VER, CEPORRETES, LA CORRECCIÓN POLÍTICA ES CENSURA, ES UN ATAQUE A LA LIBERTAD INDIVIDUAL Y LA LIBERTAD, SI NO ES INDIVIDUAL, NO ES LIBERTAD ¿OS ENTERAIS DE UNA VEZ, PANDA DE SACAMANTECAS?

LA TOLERANCIA NO ES PROHIBIR NI AUTOCENSURARSE, BERZOTAS.

Y EN EL CASO PARTICULAR DEL TEMA DE LAS NAVIDADES, LOS ÚNICOS QUE PROTESTAN SON LOS PUTOS MUSULMANES, YO SOY AGNÓSTICO Y NUNCA ME HA MOLESTADO PERO ES MAS, ES QUE CONOZCO A MUCHAS OTRAS PERSONAS, NO RELIGIOSAS, QUE SIEMPRE HAN CONVIVIDO PERFECTAMENTE Y SIN PROBLEMAS, ESTO LO HAN EMPEZADO, UNA VEZ MAS, LOS SEGUIDORES DE ESA INMUNDA IDEOLOGIA, DISFRAZADA DE RELIGIÓN, QUE PIDE TOLERANCIA CUANDO LOS QUE NO TOLERAN NADA A NADIE SON ELLOS.

La corrección política: una bomba a punto de explotar.

El fenómeno Donald Trump, o el ascenso de la extrema derecha en algunos países europeos, surgen tras décadas de imposición de la corrección política.

Por JAVIER BENEGAS Y JUAN M. BLANCO

Muchos intelectuales e informadores han descrito el irresistible ascenso de Donald Trump. Pero muy pocos se han tomado la molestia de analizarlo con rigor, de determinar cuál es la corriente de fondo que impulsa con fuerza al magnate neoyorkino. Diríase que la dimensión del “fenómeno Trump” es directamente proporcional a la estupidez de no pocos analistas, mucho más dispuestos a escandalizarse, a rasgarse las vestiduras, que a investigar sus verdaderas causas.

Que un personaje histriónico, con peinado ridículo y bronceado naranja fosforito, capaz de pronunciar las sentencias más altisonantes, obtenga el apoyo de millones de ciudadanos, obliga a un análisis mucho más profundo y objetivo, libre de aspavientos y lamentos de cara a la galería. Trump no sólo gana apoyos en la “América profunda”, sino también en el nordeste, incluso en regiones tan industriales y prósperas como Virginia y Massachusetts. Sus seguidores crecen en el Norte y en Sur, en el Oeste y en el Este: en todas partes. Así pues, la clave está en el origen de esa potente mar de fondo que no sólo está generando turbulencias en EEUU sino también al otro lado del Atlántico.

«Nada puede entenderse sin tener en cuenta la perversa acción de los políticos durante las pasadas décadas»

¿Qué está sucediendo?

Nada puede entenderse sin tener en cuenta la perversa acción de los políticos durante las pasadas décadas: su intromisión en la vida privada de los ciudadanos, su insistencia en legislar basándose en lo que llamaron derechos colectivos y, especialmente, su pretensión de imponer a la población una nueva ideología: la corrección política. Todo ello ha acabado comprometiendo la libertad individual, la igualdad ante la ley, los principios, la honradez, el juego limpio, el pensamiento crítico y, por supuesto, el bienestar económico. Y de aquellos polvos, estos lodos.

Durante décadas, los políticos han aprovechado el viento de popa de la prosperidad económica para desviarse de sus obligaciones y dedicarse a «defender al ser humano de sí mismo», de su avaricia y capacidad de destrucción. Han utilizado la seguridad, la salud y el medioambiente como coartadas para perseguir sus propios intereses. Para ello, han promulgado infinidad de leyes y normas que se inmiscuyen cada vez más en el ámbito privado de las personas e interfieren de forma inexorable en sus legítimas aspiraciones. Las consecuencias más evidentes de esta deriva son, por ejemplo, los enormes obstáculos administrativos para abrir una empresa, por modesta que sea, o simplemente encontrar un trabajo decente.

El imperio de los «derechos» colectivos

Los políticos descubrieron que dividir a la sociedad en rebaños, en constante pugna entre ellos, es la mejor forma de tenerla controlada. Por ello, la política ha primado los derechos colectivos en detrimento de los derechos individuales, unos derechos grupales que implican, por definición, la prevalencia de unos grupos en perjuicio del resto. La consecuencia más grave, sin duda, ha sido la quiebra de la igualdad ante la ley. Pero también, dado que lo que cuenta no es el mérito individual sino la pertenencia a un colectivo, el decaimiento del esfuerzo y la eficiencia. O la desaparición de la responsabilidad individual: al fin y al cabo, si los sujetos se ven obligados a compartir el fruto de sus aciertos, ¿por qué habrían de cargar con los costes de sus errores? El sistema de favores, prebendas y privilegios acaba deformando la mentalidad de muchas personas, genera ciudadanos infantiles, acostumbrados al paternalismo, a reivindicar más que a esforzarse.

«El sistema de derechos por colectivos no sólo discrimina; también favorece la picaresca»

Así, la adhesión a grupos interesados constituye la vía más directa hacia la ventaja y el privilegio. El sistema de derechos por colectivos no sólo discrimina; también favorece la picaresca cuando los beneficios se asignan con criterios meramente burocráticos. Al final, muchas personas no encuentran trabajo, simplemente por no conocer a nadie que les consiga un certificado de discapacidad, por no haber denunciado a su pareja, o por no pertenecer a alguno de los múltiples colectivos con ventajas para ser empleados o subvencionados.

La tiranía de la corrección política

Lo más grave, con diferencia, es la pretensión de políticos y burócratas de moldear la forma de pensar de las personas para evitar que se resistan a la arbitrariedad, al atropello. Generaron, para ello, una ideología favorable a los intereses grupales, una religión laica: la corrección política, que arroja  a la hoguera a todo aquel que cuestiona su ortodoxia. Esta doctrina determina qué palabras pueden pronunciarse y cuales son tabú, aplicando el principio orwelliano de que todo aquello que no puede decirse… tampoco puede pensarse. Propugna que la identidad de un individuo está determinada por su adscripción a un determinado grupo y dicta que la discriminación puede ser buena: para ello la llama “positiva”. Pero toda persona consciente sabe en su fuero interno que ninguna discriminación es positiva. 

En los países con convenciones democráticas consolidadas, con una sociedad civil desarrollada y consciente de sus derechos y obligaciones, celosa de sus principios y convicciones, el avance de esta mentalidad ha sido lento, aunque inexorable. En España, sin embargo, carente de tradición democrática, con una mayoría que cree que la democracia consiste solo en votar, la ortodoxia de lo políticamente correcto progresó a una velocidad vertiginosa, convirtiéndose en dogma de general aceptación a izquierda y derecha en tiempo récord.

«Asistimos a una reacción exacerbada, puramente irracional y desmesurada, contra la imposición de los códigos políticamente correctos»

Pero, tarde o temprano, estos sistemas, como cualquier otro basado en la mentira, acaban saltando por los aires. En ocasiones, porque la crisis lleva a una reducción del botín a repartir, con el consiguiente choque entre grupos interesados. Otras, por el hartazgo de muchas personas productivas cansadas de tanta trampa y marrullería que les impide ganarse la vida dignamente, o cansadas de que otros vivan a su costa. Pero también por una reacción exacerbada, puramente irracional y desmesurada, contra la imposición de los códigos políticamente correctos. Es lo que se conoce en psicología como reactancia, una reacción emocional que se opone a ciertas reglas censoras, vistas como absurdas y arbitrarias por reprimir conductas e ideas que el sujeto considera justas y lícitas.

Así, el péndulo oscila al extremo contrario, la tortilla se voltea, y muchos ciudadanos acaban apoyando posiciones indeseables, igualmente alejadas de la razón o la moderación. El fenómeno Donald Trump, o el ascenso de la extrema derecha en algunos países europeos, surgen tras décadas de imposición de la corrección política, por el hartazgo de muchos ciudadanos que, tan cabreados como desesperados, se pasan al extremo opuesto. Cierto es que, cuando una campaña es puramente emocional, la racionalidad es lo de menos. Pero millones de personas no caen a plomo en el error por obra y gracia de una campaña de marketing sino por la verdad que en ese error se encierra. Y mucho menos en contra del statu quo, si no existe un caldo de cultivo adecuado, una potente causa de fondo: mentiras que han estado golpeando sus oídos, y su conciencia, durante años. 

Próximas elecciones: ¿la misma cantinela?

Más vale prevenir que lamentar. Para lograr en España un sistema justo, eficiente y racional, debemos cambiar las leyes, simplificarlas, retirar muchas trabas administrativas, eliminar las normas que conceden prebendas, restaurar la igualdad ante la ley. Pero ello no basta: hay que desterrar la nefasta corrección política, esa ideología justificadora de privilegios grupales y sustituirla por convenciones sanas: honradez, inclinación al juego limpio, ética, libertad y responsabilidad individual, igualdad de todos los ciudadanos ante la ley.

«Cada vez son más las personas hastiadas de tanta majadería, que desean ser ellas mismas, no clones sin identidad dentro del grupo asignado»

Es una pésima noticia que los principales partidos concurran a las próximas elecciones con un enfoque que se mantiene dentro de lo políticamente correcto, haciendo promesas muy similares que, en todo caso, difieren en la dosis prescrita. Cierto, España no es Estados Unidos, ni siquiera Austria. Aquí, el control que ejerce el establishment alcanza cotas inaceptables en aquellas latitudes. Y muy pocos medios osan desafiar sus directrices. Pero lo que pudiera parecer un seguro en el corto plazo generará, a la larga,tensiones extraordinarias. Cada vez son más las personas hastiadas de tanta discriminación y tanta majadería, que desean ser ellas mismas, no clones sin identidad dentro del grupo asignado. Y podría llegar el día en el que el fenómeno Trump, en comparación, nos parezca una minucia.

Así pues, es deseable que ciertas mentes pensantes de algún partido comiencen a plantar cara de forma decidida a lo políticamente correcto. Pronto se percatarán de que no es tan difícil. Que es rigurosamente falso que la verdad no venda. Los monstruosos guardianes de la ortodoxia no son más que degastados y achacosos tigres de papel. Se puede romper el tabú si se hace con convicción, explicándolo con argumentos razonables, y ganar a la larga el apoyo de un enorme sector de la población, hasta ahora silente. Recuerden: en una época de engaño universal, decir la verdad es un acto revolucionario. Pero deben darse prisa, no sea que algún Donald Trump versión española, con tupé o sin él, asalte el poder y se haga con los mandos. 

Marxismo cultural: Ideología de Género y manipulación del habla

Por Nicolas Marquez.

Si hay alguna herramienta utilizada por el marxismo cultural y su consiguiente ideología de género a la hora de ganar terreno en su batalla psico-política, es justamente la del lenguaje. Para tal fin, estos lobbystas no han escatimado en manosear el idioma y el sentido de las palabras, para luego acudir no sólo a su embestida propagandística sino también a la amable quimera del “diálogo” como herramienta de “persuasión civilizada”:“No hay dicotomía entre diálogo y acción revolucionaria.1 No hay una etapa para el diálogo y otra para la revolución. Al contrario, el diálogo es la esencia misma de la acción revolucionaria”[1] sostenía el agente marxista Paulo Freire, pedagogo brasileño oriundo de Pernambuco (suerte de Antonio Gramsci tercermundista), quien tanto influyó con su famosa obra Pedagogía del oprimido publicada en 1968.

Paulo Freire: agente comunista y corruptor del lenguaje. El más influyente ideólogo de la subversión cultural de Sudamérica.
Paulo Freire: agente comunista y corruptor del lenguaje. El más influyente ideólogo de la subversión cultural de Sudamérica.

Pero tres años antes y con notable vocación visionaria, otro brasileño nacido en San Pablo y pensando desde las antípodas ideológicas de Freire, ya venía denunciando la incipiente trampa “dialoguista” del neocomunismo desde su libro Trasbordo ideológico inadvertido y diálogo (1965): nos referimos a Plinio Correa de Oliveira. Es en esta imprescriptible obra donde este avezado intelectual de derecha advertía que desde la técnica del diálogo las palabras “ecumenismo”, “diversidad”, “pacifismo” y afines, serían las que de ahora en más acuñaría la estrategia comunicacional revolucionaria para engañar a la población y de esta forma “trasbordar ideológicamente” al interlocutor no izquierdista. Estos vocablos especialmente seleccionados eran denominados por Plinio como “Palabra-talismán” y según el autor “Se trata de palabras cuyo sentido legítimo es simpático y a veces hasta noble”[2], motivo por el cual “los conferencistas, oradores o escritores que emplean tales palabras, por ese sólo hecho ven aumentadas sus posibilidades de buena acogida en la prensa, en la radio y en la televisión. Es este el motivo por el cual el radioescucha, el telespectador, el lector de diarios o revistas encontrará utilizadas esas palabras a todo propósito, que repercutirán cada vez más a fondo en su alma” y ante ello, los comunicadores tendrán “la tentación de usarla con creciente frecuencia y así lograrán hacerse aplaudir más fácilmente. Y, para multiplicar las oportunidades de usar tal palabra, la van utilizando en sentidos analógicos sucesivamente más audaces, a los cuales su elasticidad natural se presta casi hasta el absurdo”[3]. Con este mecanismo de acción psicológica, sostenía Plinio que “un anticomunista fogoso puede ser ‘trasbordado’ a un anticomunismo adepto exclusivamente a las contemporizaciones, a las concesiones y a los retrocesos”[4], agregando que el objetivo es “el de debilitar en los no comunistas la resistencia al comunismo, inspirándoles un ánimo propenso a la condescendencia, a la simpatía, a la no resistencia, y hasta al entreguismo. En casos extremos, la distorsión llegaba hasta el punto de transformar a los no comunistas en comunistas”. Por ende los comunistas “esperan mayores resultados de la propaganda que de la fuerza”[5], dado que “ya no es más de los partidos comunistas existentes en los países libres, sino de la técnica de la persuasión implícita, que el comunismo espera la conquista de la opinión pública”[6]. Más aún, decía Plinio que cuanto menos emparentado esté el eventual comunicador con el comunismo, mayor penetración tendrá su mensaje en las masas. No es casualidad entonces que la “ideología del género” esté hoy siendo apoyada por tantos voceros desideologizados o semicultos, frecuentemente pertenecientes al mundo de la farándula, del deporte o del periodismo panelístico: “El partido comunista no puede mostrarse. Debe escoger agentes de apariencia no comunista, o hasta anticomunistas, que actúen en los más diversos sectores del cuerpo social. Cuanto más insospechables de comunismo parecieren, tanto más eficaces será”[7], concluía con impecable certeza Correa de Oliveira.

Plinio Correa de Oliveira: su magistral labor intelectual contrarrevolucionaria tiene más vigencia que nunca.
Plinio Correa de Oliveira: su magistral labor intelectual contrarrevolucionaria tiene más vigencia que nunca.

Luego, con este consenso comunicacional hegemonizado y con las bases de este “diálogo” sedimentadas, los sofistas de la subversión cultural comienzan a jugar con las palabras cuyo significado ha sido previamente manipulado, enfatizando aquellas que serían funcionales a su causa y quitando las que podrían resultarles inconvenientes. Es por ello que hace tiempo vienen erradicando por “reaccionaria y arcaica” la denominación binaria “hombre-mujer” y en sentido contrario, multiplicaron sus consignas con la sigla “GLBT” (visualmente acompañadas por pabellones multicolores) correspondiente a “Gays” (homosexuales varones), Lesbianas (homosexuales mujeres), “Bisexuales” (personas que practican actividad venérea con personas de ambos sexos alternadamente) y según el caso, la letra “T” se corresponde con “Travestis”, “Transgenéricos”, “Transexuales” y elementos afines, cuyos significados terminológicos se encuentran en “plena evolución” según informan sus glamorosos catequistas. Tanto es así que los grupos LGTB en sus comunicados han llegado a catalogar un total de 23 “identidades sexuales” (“agenéricos”, “pansexuales”, “intersexuales” y muchas otras ocurrencias) y con esta flexibilidad, se pretende licuar todo paradigma sexual instaurando un verdadero desconcierto discursivo en el cual se diluye cualquier criterio rector y se procura ir arrastrando sutilmente al desprevenido interlocutor hacia su causa o al menos, a ser indiferente ante ella.

En esta inteligencia, uno de los principales triunfos filológicos conseguidos por la maquinaria propagandística del “género” sin dudas ha consistido en imponer en el léxico popular la palabra “gay” (vocablo anglosajón que suena “cool” y vanguardista), la cual no significa absolutamente nada en términos sexuales —“alegre” es la traducción de “gay” del inglés al español— y con ello, se le brinda a una conducta reñida con la naturaleza una connotación sonriente y festiva:“La misma palabra ‘gay’ es un catalizador que tiene la facultad de anular lo que expresaba la palabra ‘homosexualidad’”le comenta en 1981 el periodista Gilles Barbedette al pornógrafo comunista Michel Foucault, cuyo entrevistado celebra este triunfo idiomático respondiendo lo siguiente:Es importante porque, al escapar a la categorización ‘homosexualidad-heterosexualidad’, los gays, me parece, han dado un paso significativo e interesante. Definen de otro modo sus problemas al tratar de crear una cultura que sólo tiene sentido a partir de una experiencia sexual y un tipo de relaciones que les sean propios. Hacer que el placer de la relación sexual evada el campo normativo”[8]. O sea que con este revestimiento simpático y auspicioso, la cofradía del género toma más impulso para vanagloriase públicamente de sus hábitos procurando así, no que la homosexualidad sea tolerada —nadie se opone a la existencia de dicha tolerancia—, sino que esta praxis sea catalogada de una manera tan valiosa y fecunda como la heterosexual o incluso superior a ella: “Los hombres y las mujeres gays, al conocer mejor sus propios cuerpos, podían estimular y satisfacer a sus compañeros más efectivamente que los hombres a las mujeres”[9], sostiene el ideólogo del género costarricense Jacobo Schifter Sikora, cuyo macizo libro Ojos que no ven…psiquiatría y homofobia se desvive por “demostrar” la superioridad moral homosexual por sobre la heterosexual.

Michel Foucault: comunista, drogadicto, homosexual y apologista de la pedofilia, murió de SIDA en 1984. Es el intelectual más aplaudido por la corrección política y el marxismo cultural hoy en boga.
Michel Foucault: comunista, drogadicto, homosexual y apologista de la pedofilia, murió de SIDA en 1984. Es el intelectual más aplaudido por la corrección política y el marxismo cultural hoy en boga.

Y así como se ha pretendido con éxito la adulación a toda manifestación cultural emparentada con la homosexualidad, de manera inversamente proporcional se buscó (también con éxito) satanizar a todo aquel que cuestione dicha agenda, imponiéndole al circunstancial contradictor la etiqueta pseudocientífica de “homofóbico”, apodo fabricado por George Weinberg —psicólogo izquierdista aliado a la causa homosexual—, quien inventó dicho estigma para regocijo y gratitud de Arthur Evans, co-fundador del “Gay Activists Alliance” (Alianza de Activistas Homosexuales)[10]: “La invención de la palabra ‘homofobia’ es un ejemplo de cómo una teoría puede echar raíces en la práctica”[11]sostuvo con júbilo. De más está decir que dicha denominación no sólo no tiene el menor rasgo científico (no figura en ningún DSM de psiquiatría) sino que la naturaleza del vocablo incurre en una evidente contradicción: si el prefijo griego “homo” significa tanto “hombre” como “igual”, y del mismo griego surge que “fobia” es un “miedo” o “aversión”, tendríamos que “homo-fobia” es un “miedo o aversión a los hombres o a los iguales”. Es decir, en comprensión literal, la palabra “homofobia” es un sinsentido consistente en que uno siente miedo de los iguales a uno, cuando de existir alguna “fobia” habría de ser del diferente y nunca del afín: salvo que los homosexuales confiesen que no se sienten iguales sino diferentes, pero esta confesión iría en contradicción con el igualitarismo ideológico tan caro al discurso de su respectiva agenda.

O sea que la “ideología de género” impuso la paradoja de brindarle una connotación patológica no a quienes atentan contra el orden natural sino a quienes lo reivindican. No es para menos; la exoneración de todo aquel que se resista al engaño cultural fue una técnica que también supo ser definida por el precitado delincuente idiomático Paulo Freire: “Cuando la creación de una nueva cultura es apropiada pero se la ve frenada por un ‘residuo’ cultural interiorizado es preciso expulsar este residuo por medios culturales. La acción cultural y la revolución cultural constituyen, en diferentes momentos, los modos apropiados para esta expulsión”[12]. Luego, nada más efectivo que inventarle a todo detractor de la ideología de género el infamante apodo de “homofóbico” y así, expulsarlo de la contienda dialéctica: denuesto artificial que ya fue indulgentemente recogido como propio por el grueso de los acobardados exponentes del centrismo bienpensante y el libertarianismo funcional.

Pero estrategias sucias al margen preguntamos: si a los defensores del orden natural se los considera “homofóbicos” y por ende enfermos (dado que la fobia es una patología): ¿Cómo puede ser entonces que se acuse de manera insultante al “homofóbico” por ser tal si al ser un enfermo no sólo no habría que reprocharle su “fobia” sino contenerlo y auxiliarlo? Indudablemente, la incorporación acrítica de dicha fabricación lingüística con pretensión despreciativa es otro gran triunfo publicitario de la nueva izquierda.

Y si no es “homofobia” el insulto, la palabra talismánica utilizada en su reemplazo por los voceros del género y sus bienpensantes colaterales es justamente “discriminación”, muletilla por antonomasia aplicada a todo aquel que no acepte dócilmente concederle a la Internacional Rosa los caprichos de su agenda. Incluso, la palabra discriminación ha sido también bastardeada como si todo acto discriminatorio fuese malo en sí, cuando en su cabal acepción discriminar significa “distinguir o discernir”. Vale decir: discriminar es lo contrario a confundir. Y lo que no se suele decir en la materia que nos concierne, es que hay discriminaciones que no surgen del prejuicio, ni de la ley, ni tampoco de ninguna “construcción cultural” sino de la naturaleza misma: “Al condenar toda discriminación, deberíamos por lo mismo reprochar a la membrana plasmática las tareas que realiza para el bien de nuestro organismo, dado que esta membrana selecciona, discrimina las moléculas que deben entrar a la célula respecto de otra, las que deben salir. Asimismo, deberíamos castigarnos a nosotros mismos por distinguir lo verdadero de lo falso, lo bueno de lo malo, lo natural de lo contranatural”[13] sentencia el joven ensayista Juan Carlos Monedero (h) en su libro Lenguaje, ideología y poder, texto precisamente dedicado a estudiar las trampas lingüísticas utilizada por los agentes de la subversión cultural.

Otra apelación recurrente de la propaganda del género es al término “diversidad” —que según la Real Academia Española significa “desemejanza”[14]—, vocablo extraño puesto que justamente lo que caracteriza al vínculo sexual de una persona con otra del mismo sexo es que el otro no es un “diverso” sino un “semejante” —es decir lo opuesto a la diversidad—. O sea que el vínculo homosexual, lejos de hacer honor al cacareado mantra de la “diversidad” hace lo contrario, dado que representa lo redundante, lo equivalente, lo imitativo: “En el acto homosexual no se realiza ese asombroso trascender hacia la unión de los opuestos; al ser encerrado en sí sólo une lo mismo con lo mismo, incapacitado de saltar a la diverso”[15] señala el neurólogo y psiquiatra chileno Armando Roa.

De igual forma, uno de los recurrentes trucos lingüísticos propagados es el referido a la pretensión manifestada por algunos travestis, consistente en operarse y así “cambiarse de sexo”. Pero el sexo no se cambia jamás en la vida y en todo caso, a lo que un travesti puede aspirar es a someterse quirúrgicamente a la autoagresión corporal consistente en amputarse los genitales, pero esta insana decisión de arrancarse la entrepierna en modo alguno implica que el mutilado varón deje de ser varón: nació varón y morirá varón con o sin tijeretazo.

Un varón tiene todo el derecho a disfrazarse y autoagredirse con operaciones múltiples: pero nació varón y morirá varón.
Un varón tiene todo el derecho a disfrazarse y autoagredirse con operaciones múltiples: pero nació varón y morirá varón.

Este tipo de farsas dialécticas como las ejemplificadas son muy parecidas a las promovidas por las filicidas, es decir por las mujeres abortistas, aquellas que bregan por asesinar a su hijo antes de nacer, al sostener que persiguen el “derecho a disponer de su cuerpo”: nadie les niega ese derecho, pero una cosa es disponer de “su cuerpo” —verbigracia hacerse un tatuaje, teñirse el pelo u operarse los senos— y otra absolutamente distinta, es disponer del cuerpo de un tercero y que encima ese tercero sea nada más y nada menos que su propio hijo, y cuya “disposición” consistiría en asesinarlo. Aunque ellas insisten en su engañoso eufemismo llamando a dicho crimen como “Interrupción del embarazo”, encubrimiento del homicidio con lenguaje cortés, dado que los embarazos no se “interrumpen” porque la interrupción es el cese transitorio de una actividad para su posterior reanudación, pero el aborto es un acto de naturaleza definitiva e irreversible: precisamente porque la muerte es un hecho de naturaleza definitiva e irreversible.

Mujeres abortistas claman por el “derecho a decidir” matar a su hijo.
Mujeres abortistas claman por el “derecho a decidir” matar a su hijo.

¿Y cuál fue el secreto de tan exitosa estrategia comunicacional? Además de los muchos aportes de Paulo Freyre y de varios de los ideólogos ya mencionados, en los años ´70, se publicó un extenso documento de marketing sodomítico titulado “Vendiendo la homosexualidad a América”[16] (Selling homosexuality to America). En tal documento se detallaban los pormenores de la campaña que iniciaron los grupos de presión en aquellos tiempos —quienes para tal fin contrataron expertos en comunicación egresados de la Universidad de Harvard— en la cual se puso en funcionamiento el concepto de la aplicación de “las cuatro P” del marketing para transferir masivamente la idea normalizadora de la homosexualidad[17].

Este texto primigenio sirvió de antesala para que en 1989, un par de publicistas homosexuales (Marshall Kirk y Hunter Madsen) se asociaran, entre otras cosas, para publicar en los Estados Unidos un libro titulado After the Ball: How America Will Conquer Its Fear and Hatred of Gays in the 90’s (Tras la fiesta: Cómo conquistará Estados Unidos su miedo y odio hacia los gays en los años 90´s), el cual detalló una serie de pasos a seguir en la estrategia tendiente a imponer los objetivos de su agenda. Este libro se convirtió luego en el manual por excelencia en el que abrevaron todos los movimientos pansexualistas modernos[18]. En este trabajo, los autores sostienen que el público prioritario a conquistar es el de los indecisos de centro —“los escépticos ambivalentes” según sus palabras— y la principal táctica comunicacional debe apuntar al costado emocional del interlocutor a convencer: “La insensibilización tiene como objetivo reducir la intensidad de las reacciones emotivas anti-homosexuales a un nivel próximo a la total indiferencia; el bloqueo intenta obstruir o contrariar el gratificante ‘orgullo de ser prejuicioso’ (…) vinculando el odio contra los homosexuales a un sentimiento previo y autocastigador de vergüenza por ser intolerante (…) Tanto la insensibilidad como el bloqueo (…) son simples preludios para nuestro objetivo máximo, aunque indefectiblemente mucho más lento de obtener, que es la conversión”[19].

Una vez agotada esta instancia, la estrategia apela al sentimentalismo e intenta centrar el debate acudiendo a la “compasión”. De este modo, se supone que quien apoya la agenda homosexual demuestra compasión y quien no lo hace, insensibilidad. Pero en verdad, esta dicotomía es otra deliberada distorsión. Por empezar hay que aclarar que la compasión es un noble sentimiento humano relacionado con la conciencia del sufrimiento ajeno y el consiguiente deseo de aliviarlo. Pero ocurre que este sentimiento es manipulado por la ideología del género, porque aquí no se percibe como compasivo a todo aquel que se acerque al homosexual con el fin de ayudarlo o contenerlo sino a quien se acerca para ponderar sus hábitos. Es decir, el concepto de la compasión ha sido hábilmente maniobrado en los debates y reducen este sentimiento sólo a su aspecto emocional despojándolo de toda intervención de la razón, dado que si alguien efectúa sobre el tema que nos ocupa un juicio refractario (sea moral, biológico, ideológico, antropológico o científico), ese alguien “carecería” de toda compasión. O sea que con ese criterio, ante un amigo alcohólico la compasión no consistiría en intentar rescatarlo de su desarreglo sino en proveerle mayores dosis de bebida para que no se enoje ni sufra abstinencia etílica.

Luego, una compasión que no sea guiada por la razón quedaría reducida a una simple pulsión desprovista de prudencia y discernimiento. En definitiva, la “compasión” tal como se exhibe y concibe en los manipulados debates televisivos, acaba siendo una piedad mal orientada, la cual nos conduce a proporcionarle al paciente los medios para que este siga apegado a sus vicios y no al rescate de los mismos: tal acción favorecería no a la persona sino a la permanencia de sus malos hábitos.

Los ejemplos abundan y las tergiversaciones idiomáticas son trabajadas de manera permanente, dado que esta constancia distorsiva del lenguaje forma parte del catecismo sentenciado por el “pedagogo” Freire: “Para ser auténtica, una revolución debe ser un acontecimiento continuo o de lo contrario cesará de ser una revolución y se convertirá en burocracia esclerótica (…) el proceso revolucionario se convierte en revolucionario cultural”[20]. León Trotski supo publicar La revolución permanente en 1930, Freire varias décadas después propuso también la revolución permanente pero no a través de la agitación callejera como su predecesor sino de la deformación idiomática y cultural: nuevos vientos para viejas banderas. Mismos objetivos pero distinta estrategia. Aquella revolución era ruidosa, hostil, armada y dolorosa. Esta es silenciosa, simpática, desarmada y con anestesia.

No en vano en los años ‘30 Charles Maurras con sentida preocupación advertía: “La revolución verdadera no es la Revolución en la calle, es la manera de pensar revolucionaria”[21].

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[1] Bandera, A. Paulo Freyre. Un Pedagogo. Caracas, Universidad Católica Andrés Bello, 1981, p. 92.

[2] Oliveira, P. Trasbordo ideológico inadvertido y diálogo. Santiago de Chile, Corporación Cultural Santa Fe, 1985. p. 48.

[3] Correa de Oliveira, P. Ob. Cit., p. 49.

[4] Correa de Oliveira, P. Ob. Cit., p. 18.

[5] Correa de Oliveira, P. Ob. Cit., p. 14:20.

[6] Correa de Oliveira, P. Ob. Cit., p. 31.

[7] Correa de Oliveira, P. Ob. Cit., p. 35.

[8] Foucault, M. El triunfo social del placer sexual. Una conversación con M. Foucault. [Entrevista con Gilles Barbedette, 1981]. En Michel Foucault: La inquietud por la verdad. Escritos sobre la sexualidad y el sujeto, Cit. Ver nota completa en el siguiente enlace: http://perrerac.org/francia/michel-foucault-el-triunfo-social-del-placer-sexual-una-conversacin-con-m-foucault/876/

[9] Ojos que no ven…psiquiatría y homofobia. San José, Editorial ILPES, 1997. p. 4.

[10] La Alianza de Activistas Gays (“Gay Activists Alliance”) fue fundada en Nueva York el 21 de diciembre de 1969 por miembros disidentes del Gay Liberation Front (GLF; “Frente de liberación gay”, en español), entre los que se encontraban además del citado Arthur Evans, Sylvia Rivera, Marsha P. Johnson, Jim Coles, Brenda Howard, Christopher Charles y Altan Zimbabwe.

[11] Evans, A. The Logic of Homophobia. [Nota periodística]. Ver informe completo en el siguiente enlace:

http://gaytoday.badpuppy.com/garchive/viewpoint/101600vi.htm.

[12] Prólogo a Freyre, Paulo. Concientización. Buenos Aires, Búsqueda, 1974, p. 31.  Citado en: Díaz Araujo, E. Ob. Cit., p. 187.

[13] Citado en Monedero (h), J.C. Lenguaje, ideología y poder. La palabra como arma de persuasión ideológica: cultura y legislación. Buenos Aires, Ediciones Castilla, 2015, p. 81.

[14] Definición provista por la Real Academia Española, que puede verse digitalmente en el siguiente enlace:http://dle.rae.es/?id=E0b0PXH

[15] Roa, A.  Ob. Cit., p. 217.

[16] Rondeau, P.E. Selling Homosexuality to America. EE.UU., Regent University Law Review, 2002.

[17] Las “cuatro P” consisten en: Product (conceptualizar el producto que se desea vender), Price (centrándose en el precio de exacción), Promotion (mecanismos que se utilizarán para promocionar la idea al público) y finalmente Place  (lugar o clientes que serán objeto de la campaña).

[18] El nombre es un neologismo que proviene del prefijo griego pan-, que significa “todo”. Pansexual se refiere a las personas que se sienten atraídas por todos los géneros y sexos de manera indistinta.

[19] Kirk, Marshall; Madsen, Hunter. After the Ball: How America Will Conquer Its Fear and Hatred of Gays in the 90’s. New York, Penguin Books, 1990, p. 153.

[20] Citado en Díaz Araujo,  La Rebelión de la Nada, o los ideólogos de la subversión cultural. Buenos Aires, Cruz y Fierro Editores, 1983. 185.

[21] Maurras, Ch.  Mis ideas políticas. Buenos Aires, Huemul, 1962, p. 183.

La libertad de expresión asesinada por lo políticamente correcto.

Por  LUIS I. GÓMEZ

El sol se pone, lánguido, sobre el horizonte de la libertad de expresión y el derecho de cada uno de nosotros a decir lo que pensamos. Este verano de 2016 quedará en la memoria de todos no como el verano más tibio, o más caliente, sino como el verano en el que, tras meses (años) de orquestada campaña igualitarista empezó a bosquejarse el fin de uno de los derechos fundamentales de toda persona.

En España, los esfuerzos cordosanitarios y las altisonantes campañas buenistas unicorniales han conseguido aunar las fuerzas de izquierda con la negligente inacción del PP en un vórtex final en el que el enemigo somos todos. Todos los que no estén estrictamente del lado del mainstream, no me lo podrán negar, claramente colectivista y enajenante.

Las denominadas campañas  contra el “discurso del odio”, orquestadas desde todos los altares sociales: ministerios, ONG’s, partidos, redes sociales y panfletos de barrio han sabido imponerse a pesar de ambigüedad se su mismísimo objeto: ¿de qué “odio” estamos hablando?  ¿Son todos los “odios” iguales? ¿Qué es exactamente lo que no podemos “odiar”? El objetivo, nos dicen, es posicionarse con contundencia frente a la incitación a la ofensa, sin definir muy bien esta última, pero dejando claro que nada de lo escrito en los medios o en internet quedará sin leer-censurar-denunciar. Ejércitos de bots pululan en la red en busca del twitt “inadecuado”, el comentario “xenófobo” en Facebook o el artículo neoturboliberal “digno” de ser amordazado.

Todo aquello que “alguien” – incluso para un miembro de alguna checa autoconfigurada asambleariamente en un perdido foro de internet – considera que tiene pinta de ser odio, incitación o puesta en duda del mainstream, puede ser declarado como odio, incitación y puesta en duda del mainstream. Declaración de spam, denuncia en Twitter, bloqueo en Facebook, demonización de un blog, incluso denuncia ante algún tribunal que se preste. El umbral de lo “legal” definitivamente enmarcado en el dintel del “eso no lo queremos”, “eso no nos gusta”.

La ridícula pirueta intelectual, el funanbulismo mental necesario para redactar los titulares de buena parte de la prensa – no ya española, la europea también – cuando  de presentar ciertas noticias se trata, es el precio a pagar tras haberse arrojado en caída libre por el abismo de la autocensura, abismo excavado en buena medida por esos mismos medios en su afán de gustar al poder.

No, no se trata del temor a incumplir una ley con artículos y párrafos, todavía no. Pero todos experimentaremos las consecuencias de la cada día más patente ausencia de luz sobre la libertad de expresión: ¿retuiteo esta frase? ¿le doy al “me gusta” este artículo? Lo notaremos siempre que vacilemos antes de escribir nada, no sea que hacerlo pudiese ser perjudicial y dañar la propia carrera profesional.

El miedo está ahí, el deseo de participar en una discusión abierta, que siempre debe ser la base para la toma de cualquier decisión que afecte a la mayoría, se desvanece. Como en los mejores tiempos de todas las notorias dictaduras, el debate se retira al sector privado y en los espacios seguros de personas afines.

Esto acaba de empezar.

¿Cuánto de nuestra cultura estamos entregando voluntariamente al islam?

« Ciertamente, los rezos en la calle, los velos, el halal y las mezquitas son símbolos de ocupación y de conquista. » (Riposte Laïque)

por Giulio Meotti
5 de Julio de 2016

  • Las democracias son, o al menos deberían ser, guardianas de un tesoro perecedero: la libertad de expresión. Esa es la gran diferencia entre París y La Habana; entre Londres y Riad; entre Berlín y Teherán, y entre Roma y Beirut. La libertad de expresión es lo que nos otorga lo mejor de la cultura occidental.

  • Es contraproducente discutir por nimiedades sobre la belleza de las viñetas, poemas o pinturas. En Occidente hemos pagado un alto precio por la libertad de hacerlo. Por lo tanto, todos deberíamos protestar cuando un juez alemán prohíbe versos «ofensivos», cuando una editorial francesa despide a un editor «islamófobo» o cuando un festival de música veta a una banda políticamente incorrecta.

Todo ocurrió en la misma semana. Un juez alemán prohibió a un comediante, Jan Böhmermann, que repitiera los versos «obscenos» de su famoso poema sobre el presidente turco Recep Tayip Erdogan. Al parecer, un teatro danés canceló los Versos Satánicos de su programa por temor a «represalias». Dos festivales franceses retiraron de su cartel a Eagles of Death Metal –la banda estadounidense que estaba actuando en la sala Bataclan de París cuando se produjeron allí los atentados del ISIS (89 personas fueron asesinadas)– por los comentarios «islamófobos» de Jesse Hughes, su vocalista. Hughes sugirió que los musulmanes deberían ser sometidos a un mayor escrutinio, diciendo: «No pasa nada por discrepar hoy en día en lo relativo a los musulmanes», y añadió:

Saben que hay todo un grupo de chavales blancos ahí fuera que son estúpidos y ciegos. Estos chavales blancos y ricos han crecido con planes de estudios progresistas desde la guardería, a los que les inundan con conceptos vacuos que no son más que cháchara.

Como escribió Brendan O’Neill, «Los progresistas occidentales les están haciendo el trabajo sucio; están silenciando a quienes el ISIS acusa de ser blasfemos; están completando la acción terrorista del ISIS».

Pocas semanas antes, la editorial más importante de Francia, Gallimard, despidió a su editor más famoso, Richard Millet, autor de un ensayo en el que escribió:

El declive de la literatura y los profundos cambios causados en Francia y Europa por la continua y vasta inmigración de fuera de Europa, con sus elementos intimidantes del salafismo militante, y por la corrección política en el núcleo del capitalismo global; es decir, el peligro de la destrucción de Europa y su humanismo cultural, o del humanismo cristiano, en nombre del «humanismo» en su versión «multicultural».

Kenneth Baker acaba de publicar un nuevo libro, On the Burning of Books: How Flames Fail to Destroy the Written Word. Es un compendio sobre el llamado «bibliocausto», la quema de libros, desde el califa Omar a Hitler, e incluye la fatwa contra Salman Rushdie. Cuando los nazis quemaron libros en Berlín, dijeron que de las cenizas de esas novelas «surgiría el ave fénix de un nuevo espíritu«. Es el mismo odio que proviene de los islamistas y sus aliados políticamente correctos. Ni siquiera tenemos una vaga idea de a cuánta cultura occidental hemos renunciado a causa del islam.

La película de Theo Van Gogh, Submission, por la que fue asesinado, desapareció de muchos festivales de cine. Las viñetas de Charlie Hebdo sobre el profeta islámico Mahoma fueron ocultadas en la esfera pública: tras la masacre, muy pocos medios reprodujeron las viñetas. Los artículos de Raif Badawi en su blog, que le costaron 1.000 latigazos y diez años de prisión en Arabia Saudí, han sido borrados por las autoridades saudíes y ahora circulan como lo hacía la literatura «samizdat» en la Unión Soviética.

Tras la matanza en la redacción de ‘Charlie Hebdo’, muy pocos medios reprodujeron las viñetas de Mahoma. Arriba, Stéphane Charbonnier, director y editor de ‘Charlie Hebdo’ -que fue asesinado el 7 de enero de 2015, junto con varios de sus colegas-, ante la antigua sede del magacín, justo después de que fuera atacada en noviembre de 2011.

Molly Norris, la dibujante estadounidense que en 2010 dibujó a Mahoma y proclamó el «Día de Dibujar a Mahoma», sigue viviendo escondida, y tuvo que cambiar de nombre y de vida. El Metropolitan Museum of Art de Nueva York retiró unas imágenes de Mahoma de una exposición, mientras que Yale Press vetó las imágenes de Mahoma en un libro sobre las viñetas. La joya de la Medina, una novela sobre la esposa de Mahoma, también fue retirada.

En los Países Bajos, una ópera sobre Aisha, una de las esposas de Mahoma, fue cancelada en Rotterdam después de que la obra fuese boicoteada por los actores musulmanes de la compañía, tras las evidencias de que iban a ser objetivo de los islamistas. El periódico NRC Handelsblad tituló así su reportaje sobre el caso: «Teherán en el Mosa«, el río que atraviesa la ciudad holandesa.

En Inglaterra, los museos Victoria y Albert retiraron una imagen de Mahoma. «Los museos y bibliotecas británicas conservan decenas de esas imágenes, la mayoría miniaturas incluidas en manuscritos con varios siglos de antigüedad, pero durante mucho tiempo no se ha permitido que el público las viera», explicó The Guardian. En Alemania, la Deutsche Opera canceló la opera de Mozart Idomeneo en Berlín, porque aparecía la cabeza cortada de Mahoma.

Tamerlán el Grande, de Christopher Marlowe, donde se hace referencia a que Mahoma «no merece ser adorado», fue reescrita en el teatro Barbican de Londres, mientras que el Carnaval de Colonia canceló la carroza de Charlie Hebdo.

En la ciudad holandesa de Huizen se retiraron de una exposición dos cuadros de desnudos tras las críticas de los musulmanes. La obra de la artista iraní-holandesa Sooreh Hera fue retirada de varios museos holandeses porque algunas de las fotografías mostraban retratos de Mahoma y de su yerno, Alí. De seguir esta tendencia, un día la National Gallery de Londres, el Uffizi de Florencia, el Louvre de París o El Prado de Madrid decidirán censurar a Miguel Ángel, a Rafael, a El Bosco y a Balthus por si ofenden la «sensibilidad» de los musulmanes.

El dramaturgo inglés Richard Bean ha sido obligado a censurar una adaptación de Lisístrata, la comedia de Aristófanes, donde las mujeres griegas se pone en «huelga de sexo» para evitar que sus hombres vayan a la guerra (en el guion de Bean, las vírgenes musulmanas se ponían en huelga para frenar a los terroristas suicidas). Varios pueblos españoles han dejado de quemar efigies de Mahoma en la ceremonia que conmemora la reconquista del país en la Edad Media.

Existe un vídeo que fue grabado en 2006, cuando las amenazas de muerte contra Charlie Hebdo empezaron a ser preocupantes. Sus periodistas y dibujantes se encontraban reunidos en torno a una mesa para decidir la siguiente portada de la revista. Hablaban sobre el islam. Jean Cabu, uno de los dibujantes que fue más tarde asesinado por los islamistas, lo expresó así: «Nadie en la Unión Soviética tenía el derecho de hacer sátira sobre Brezhnev».

Entonces, otra futura víctima, Georges Wolinski, dice: «Cuba está llena de dibujantes, pero no hacen caricaturas sobre Castro. Así que somos afortunados. Sí, somos afortunados. Francia es un paraíso».

Cabu y Wolinski tenían razón. Las democracias son, o al menos deberían ser, guardianas de un tesoro perecedero: la libertad de expresión. Esa es la gran diferencia entre París y La Habana; entre Londres y Riad; entre Berlín y Teherán, y entre Roma y Beirut. La libertad de expresión es lo que nos otorga lo mejor de la cultura occidental.

A causa de la campaña de los islamistas, y al hecho de que ahora solo algunos «chalados» se sigan arriesgando a ejercer su libertad, ¿nos vamos a limitar a asustarnos? Los dibujantes, periodistas y escritores «islamófobos» son los primeros europeos desde 1945 que se han apartado de la vida pública para proteger sus propias vidas. Por primera vez en Europa desde Hitler, se ha ordenado la quema de libros en la Bebelplatz de Berlín; de películas, cuadros, poemas, novelas, viñetas, artículos y obras de teatro que son literal y metafóricamente quemadas en la hoguera.

El joven matemático francés Jean Cavailles, para explicar su fatídica participación en la resistencia contra los nazis, solía decir: «Luchamos para leer el Paris Soir en vez del Völkischer Beobachter«. Solo por esa razón, es contraproducente discutir por nimiedades sobre la belleza de las viñetas, poemas o pinturas. En Occidente hemos pagado un alto precio por la libertad de hacerlo. Por lo tanto, todos deberíamos protestar cuando un juez alemán prohíbe versos «ofensivos», cuando una editorial francesa despide a un editor «islamófobo» o cuando un festival de música veta a una banda políticamente incorrecta.

¿O es ya demasiado tarde?

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#VOTOPORESPAÑA. Un diputado ridiculiza al lobby LGTBI citando una a una 60 “identidades sexuales”

Steffen Königer, diputado del partido Afd en el lander aleman de Bradeburgo, respondió la propuesta de Los Verdes mostrando las consecuencias que tendría si se aprobara. Hasta dos minutos estuvo saludando a todos los miembros de los distintos «géneros».

POR: Javier Lozano

La llamada “identidad sexual” se ha convertido en un problema de primer orden mundial si se tiene en cuenta la importancia que numerosos gobiernos, parlamentos y ayuntamientos están dando a este asunto gracias a las eficaces presiones del lobby LGTBI.

El objetivo es superar la al parecer discriminatoria diferenciación de sexos que marca la naturaleza: hombre y mujer. Este lobby ya ha conseguido que las instituciones acepten lo que ellos llaman géneros y que son lesbianas, gais, transexuales, bisexuales e intersexuales.

Pero quieren más, mucho más. No les vale con lo que hay y por ello ya han asaltado los baños escolares, los pasaportes e identificaciones personales y el objetivo es que cada uno sea llamado con respecto a lo que sienta, sea lo que sea.

Un ejemplo de esta deriva a la que está yendo Occidente es Nueva York, considerada la capital del mundo. La Comisión de Derechos Humanos de esta inmensa urbe estadounidense ha publicado un listado con 31 identidades sexuales diferentes y especifica que las empresas que no respete a una persona por alguna de estas identidades podrá ser sancionada con multas de hasta un millón de euros.

Y algo parecido está pasando en otros lugares como en el estado alemán de Bradeburgo donde su parlamento debatía una propuesta del Partido Verde para que se facilite y amplíen los llamados géneros y así las personas se sientan más identificadas.

Una intervención que deja en evidencia la propuesta

El gran momento del debate se produjo cuando el parlamentario del partido de derecha nacionalista ADF, Steffen Königer, subió a la tribuna para informar de la posición de su grupo sobre este asunto y con una ingeniosa intervención ridiculizó la propuesta de la izquierda.

Königer quería demostrar con su intervención lo que puede pasar a partir de ahora si se aprueban propuestas como la de Los Verdes o el ayuntamiento de Nueva York.

En vez del tradicional saludo a los presentes, el parlamentario comenzó así: “Damas y caballeros, estimados homosexuales y lesbianas…”. Pero no se quedó ahí sino que decidió incluir en el saludo a las decenas de “identidades sexuales”. Más de dos minutos estuvo Steffen Königer saludando a los estimados “andróginos”, “pansexuales”, “pángeneros”, “hermafroditas”, “bigéneros”, “sin géneros”, miembros del “tercer sexo” o “transgéneros”.

Hasta sesenta géneros citó el diputado alemán, que fue interrumpido por el presidente de la Cámara regional a lo que Königer le contestó que todavía no había acabado de saludar a los miembros de los distintos “géneros”.

Una vez que acabó de saludar ridiculizando la propuesta sólo tenía que decir una cosa: “el partido Afd rechaza su propuesta”. Y se sentó.

El vídeo con la intervención de este parlamentario se está expandiendo rápidamente por redes sociales y ha tenido ya decenas de miles de visitas. Hasta el propio Königer se muestra sorprendido con la reacción y ha afirmado que no ha tenido que buscar mucho para encontrar un listado con tantos géneros y que simplemente utilizó las categorías de Facebook.

AL QUE LE MOLESTE ¡QUE SE JODA!

PORQUE REIVINDICO MI LEGÍTIMO DERECHO A LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN, EL CUAL, ADEMÁS, ESTÁ RECOGIDO EN NUESTRA CONSTITUCIÓN Y MUY BIEN DEFINIDO:

Artículo 20 de la Constitución Española:

  1. Se reconocen y protegen los derechos:

  2. a) A expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción.
  3. b) A la producción y creación literaria, artística, científica y técnica.
  4. c) A la libertad de cátedra.
  5. d) A comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión. La ley regulará el derecho a la cláusula de conciencia y al secreto profesional en el ejercicio de estas libertades.
  6. El ejercicio de estos derechos no puede restringirse mediante ningún tipo de censura previa.

Así que quejaros lo que querais, que, mientras esté vivo, A MI NO ME CALLA NADIE ¿QUEDA CLARO?

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#VOTOPORESPAÑA