Gracias a las protestas obreras y populares, en China ha llegado el momento de la relajación de las restricciones sanitarias. El viernes varias ciudades flexibilizaron la aplicación de la política de “covid cero”, empezando por el abandono de las pruebas masivas diarias que pesaban como una losa sobre la vida cotidiana de millones de personas.
En Chengdu, al suroeste de China, ya no exigen un resultado negativo reciente para acceder a los lugares y transportes públicos, sino que se requerirá un pasaporte sanitario.
Pekín autoriza a los hospitales a atender a los pacientes que no tengan un resultado negativo en la prueba de la PCR de hace menos de 48 horas, a pesar de que la denegación de atención por ese motivo ha sido responsable de varias muertes, incluida la de un bebé, que ha conmocionado especialmente a los chinos.
Otras ciudades se están tomando la libertad de reabrir restaurantes, centros comerciales y escuelas. En particular, la capital de Xinjiang, Urumqi, permite a sus cuatro millones de habitantes volver a los supermercados, hoteles, restaurantes y estaciones de esquí.
Hasta China venía exigiendo pruebas de PCR casi diarias para acceder a lugares públicos, con cuarentenas regulares de empresas, edificios, barrios e incluso ciudades enteras.
Los funcionarios se han visto obligados a teletrabajar cuando pueden, y los trabajadores no pueden llegar a sus fábricas. En primavera, la capital económica china, Shanghai, fue sometida a un confinamiento estricto. Todas estas medidas han acabado por desbordar a los chinos tras dos años y medio de restricciones infundadas.
A pesar de la represión policial, la protesta, que culminó el pasado fin de semana, se extendió rápidamente a las grandes ciudades del país como Pekín, Shangai, Guangzhou y Wuhan. Para el gobierno ha sido la ola de protestas más extendida desde hace décadas.
Sorprendidas por la magnitud del movimiento, las autoridades parecen dispuestas a suavizar sus políticas sanitarias. Al no hacer pruebas masivas PCR, el número de “casos” se reducirá ostensiblemente, como en los demás países del mundo, sirviendo de pretexto para dar por finalizadas las restricciones.
El miércoles el viceprimer ministro Sun Chunlan admitió ante la Comisión Nacional de Salud que “el enfoque de China sobre el virus se enfrenta a nuevas circunstancias y nuevas tareas”. Sun Chunlan no resistió la tentación de aferrarse al mito: la variante ómicron es menos peligrosa y la vacunación ha logrado sus frutos.
Ni una cosa ni la otra son ciertas. Las restricciones no se impusieron ni se van a eliminar por motivos sanitarios. Ni en China ni en ningún otro lugar del mundo.
Salvando las distancias, las diferencias entre el autoritarismo comunista chino y lo que sucede en la UBA no es muy lejano. Tampoco difiere de lo que ocurre en Estados Unidos con las universidades más importantes.
Antes de explicar lo que ocurre en la Universidad de Buenos Aires, donde el adoctrinamiento progresista cada vez es más presente y el marxismo cultural abarca cada vez más terreno, resulta imperativo hacer un breve paréntesis de lo que ha ocurrido este año calendario.
Los medios de comunicación, academias, universidades, políticos e influencers nos han metido hasta en la sopa un supuesto fracaso del modelo económico que rige en el mundo; culpabilizándolo de toda estructura y daño social que viene de siglos atrás y se han generado, en muchas ocasiones, por ideas diametralmente opuestas a la economía de mercado o libertades individuales. En ese sentido, es menester explicar como una narrativa engañosa ha calado tan fuerte en el mensaje cultural. Todo esto para llegar al punto clave: el adoctrinamiento progresista en la UBA y las universidades del mundo, en especial Estados Unidos.
2020, el año del quiebre
Este 2020 ha sido un año atípico, complejo, enredado; bastante difícil de explicar. Diversas cuestiones – sanitarias y económicas, política y estratégicas, ideológicas y culturales – se han puesto en tela de juicio; resurgiendo los eternos conflictos que aún no podemos terminar.
Uno de ellos yace en los valores de la libertad, los que defienden estas ideas – para muchos imprescindibles para otros claramente no – alzan sus voces ante aquellas medidas coercitivas estatales que, de una u otra manera, atentan contra sus principios básicos.
El derecho a la libertad de expresión es uno de ellos, algo que los autoritarismos desechan. Países como Venezuela, Cuba, China, Nicaragua hacen gala de ello. Pero lo más preocupante es como aquellos que fueron grandes diarios, como The New York Times, se han puesto del lado autoritario; defendiendo modelos como el chino y poniendo en duda la importancia de la primera enmienda con algunos artículos de opinión.
Pero hay otros puntos igual de preocupantes y trágicos: libertad económica o de libre tránsito, algo afectado en este 2020 indirectamente por la pandemia generada por la COVID-19.
A raíz del debate de las cuarentenas – o confinamientos – se reavivó la llama de varias cuestiones. ¿Qué nos conviene más?: ¿Estados más grandes o chicos? ¿Libertad individual o protección estatal? ¿Libertad económica o con muchas regulaciones impositivas para la redistribución? Aunque se han comprobado con dichos y hechos que, a menor tamaño del Estado, menos regulaciones y más libertades es mayor y mejor la calidad de vida; parece ser que el coronavirus creó un punto de inflexión para crear dudas donde no las debería haber.
Por ejemplo, se «reivindicó» el rol del Estado en un contexto pandémico único y atípico, como si este año fuera la norma a lo que viene y no la excepción. Además, sin tener un éxito sobresaliente. España, Argentina y tantos otros países son claros ejemplos del fracaso de los confinamientos radicales. ¿La sorpresa? Muchos medios lo ocultan. Pero a Suecia sí se le liquidó, aunque los datos demuestren que su sistema funcionó. Curiosamente llamativo.
En ese sentido, que no se olvide: siempre, a mayores libertades, hay más progreso. Tanto en lo social, económico y hasta cultural. Los avances son irreprochables. No hay que desechar los avances por la pandemia, sería ilógico.
Esto que parece hecho, lastimosamente, ha sido destrozado muchas veces por el relato. Por eso es que en Latinoamérica aún hay gente que piensa que Venezuela es un fracaso por un bloqueo económico estadounidense y que Argentina está en una situación paupérrima por el «neoliberalismo».
¿Cómo es que sucede esto? La respuesta es simple, adoctrinamiento mediático, manipulación de las narrativas, ignorancia académica y un lavado entero de la realidad donde las universidades juegan un papel preponderante.
Esa fórmula es un coctel de la muerte que sirve de semillero para ideas que han fracasado durante décadas en nuestra región, pero que de igual forma siguen tomando fuerza. Hacemos referencia a las ideas socialistas, por supuesto, hoy disfrazadas como progresistas para hacerlas más tolerables.
El caso en EEUU es sencillo de explicar, solo hay que mencionar este dato reseñado en La Gran Época: «Según un reciente informe del Young America’s Foundation (YAF), solo una de las 100 mejores universidades de EE.UU. invitó a un orador republicano para dirigirse a la clase de 2020 en sus ceremonias de graduación, lo cual refleja una abrumadora falta de voces conservadoras en el campus».
No es casualidad que el presidente Donald Trump haya pedido revisar la exención de impuestos para suprimir los beneficios impositivos a las casas de estudio que promuevan el «adoctrinamiento de izquierda radical». Pero el problema ya es de fondo, el progresismo y el marxismo cultural ha abarrotado las universidades más importantes del país.
Adoctrinamiento: caso de la UBA
Quizá, es más difícil explicar el aparato mediático, cómo los medios se han puesto del bando autoritario, pues es un tema amplísimo digno de tesis. Pero es más simple explicar el adoctrinamiento académico, tal y como ocurre en la Universidad de Buenos Aires (UBA), una casa de estudio reconocidísima en toda la región.
En la UBA existen hechos irrefutables que demuestran como a los jóvenes se les meten ideas de forma forzosas atentando contra los propios valores universitarios y las leyes argentinas.
El 13 de noviembre del 2019, el Consejo Superior de la Universidad de Buenos Aires dispuso una resolución donde se obligaba la capacitación obligatoria en temas de violencia contra la mujer y género a los docentes, estudiantes, autoridades; etc., «de conformidad con el artículo 1 de la Ley N˚ 27 499». Es decir, la Ley Micaela.
Este curso, que el lector puede verificar en la página web de la UBA y el canal de YouTube de la propia universidad argentina, tiene contenidos como: 1. «Patriarcado, sexismo y género», 2. «Historia de los feminismos con foco en la Argentina», 3. «Colectivos LGTTBIQ»; y una gran serie de vídeos con alto contenido dogmático progresista.
Por ejemplo, en el vídeo «Patriarcado, sexismo y género» la doctora en Ciencias Sociales, Diana Maffia, habla desde su mero punto de vista subjetivo sobre lo que es la violencia en base a la «jerarquización de los géneros», menciona que existe una trampa para la mujer en lo que ella considera el «principal cambio de la sociedad occidental» – pasar de un orden natural a un contrato social – y que esa trampa radica en el orden privado.
Según ella, la vida privada de las familias se sigue manteniendo en un «orden natural» que termina en un contexto opresivo para la mujer. Ella espeta, con alta seguridad en su vídeo, que el reconocimiento de derechos en el contrato social de la sociedad moderna llega solo al ámbito público – controlado por el Estado – pero no al privado, que se maneja en un orden natural familiar que ha dejado a la mujer como una esclava doméstica; además, culpa al capitalismo sobre ese origen opresivo.
Una clase adoctrinaria.
La doctora en Ciencias, que demuestra constantemente su amorío por lo público, lo colectivo, por el Estado; y su desprecio constante hacia la familia, la propiedad y lo natural; destaca que, en el orden privado de la familia formado en un contexto natural, «los niños y la mujer son propiedades del hombre». Ese es su argumento en un vídeo de poco más de once minutos.
Este pensamiento, cargado de resentimiento pero, además, de muchas falacias y dogmas progresistas, ignorando conceptos básicos biológicos como que «hombres» se refiere a la raza humana y no solo a los varones – como indica ella –; que desconoce principios básicos de libertad, que no concibe la capacidad de las personas para prosperar y salir adelante individualmente, que descaradamente ofende a la realidad que destroza completamente su relato, es lo que se está impartiendo en la UBA de forma obligatoria para toda la comunidad académica.
Pero más allá del contenido, el cual es absolutamente reprochable para toda persona liberal (en referencia a los liberales América Latina, no EEUU), libertaria o conservadora; pero muy coherente para las gentes que están de acuerdo con las ideas progresistas y de izquierdas, aquí lo realmente preocupante es la obligatoriedad de realizar el curso, así tu carrera no tenga nada que ver con las ciencias sociales.
Qué es la Ley Micaela – la ley en la que se basa el curso – y su carga doctrinaria
Origen: «Micaela García, en quien se inspira esta ley, fue violada y asesinada por Sebastián Wagner en 2017, que estaba preso y fue liberado por la justicia garantista días antes del hecho», se lee en el portal La Derecha Diario.
Para poner en contexto, esta ley consta de 11 artículos, y el primero de ellos indica: «Artículo 1° – Establecerse la capacitación obligatoria en la temática de género y violencia contra las mujeres para todas las personas que se desempeñen en la función pública en todos sus niveles y jerarquías en los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial de la Nación».
Es decir, la Ley Micaela, aprobada por amplia mayoría entre el kirchnerismo y el macrismo, jamás incluye a las universidades dentro de la capacitación. Mucho menos a los estudiantes. Por lo que este curso de género, basada en dicha ley, parte de una lectura sesgada y malinterpretada del primer artículo.
Segundo, y no menos importante, es la carga ideológica que lleva el contenido del curso. Esta Ley Micaela, desde un principio, fue un instrumento populista de partidos y movimientos de izquierda en Argentina; en una forma de congraciarse con los colectivos feministas y progresistas del país. Algo que ha ocurrido siempre y que no debe sorprender. El problema yace en que esto, ahora, se ha trasladado a una casa de estudio autónoma; como es la UBA.
Los temas abordados, con filosofías subjetivas, sin facts, con visiones sesgadas; y la forma en la que se imparte el curso, solo se ve en países autoritarios como Venezuela o China. Catalogar a esta especie de cátedra como «obligatoria» a toda la comunidad universitaria es solo uno de los agravantes. Este curso de temática de género se realiza de forma online, a través de vídeos en YouTube, por lo que los estudiantes no pueden debatir ni esbozar sus argumentos face to face con profesores u otros alumnos. ¿La casilla de comentarios? Desactivada, por lo que ningún estudiante puede emitir una opinión negativa; lo único que pueden hacer es darle al botón de dislike para demostrar su disconformidad.
Múltiples estudiantes se oponen a la obligatoriedad de este curso de género, en especial porque la Ley de Micaela, en teoría, debería basarse en la violencia contra la mujer, pero, en su defecto, se abordan temas ideológicos progresistas.
Bien se puede hacer referencia a los artículos 12 y 13 de la convención interamericana de DDHH que habla de la libertad de conciencia y de la libertad de pensamiento y de expresión. En Argentina, este tratado tiene un rango constitucional. ¿Hay libertad de expresión cuando una autoridad coercitivamente cancela la opinión de sus alumnos en una tribuna estudiantil?
Y no solo ello, si se evalúa con rigurosidad el contenido, bien podría hablarse de un claro adoctrinamiento de ideas progresistas. La carga ideológica de los profesores y lo que profesan, la nula existencia de crítica en la plataforma donde se desempeñan las clases, el carácter de obligatorio; la situación es muy similar a la reciente orden del Ministerio de Educación de China, que recientemente ordenó que «37 de las mejores universidades del país ofrezcan cursos sobre el estudio de las teorías políticas del líder del Partido Comunista Chino (PCch), Xi Jin ping», y estos son obligatorios para todos los estudiantes, según reseñó el medioLa Gran Época.
Salvando las distancias, las diferencias entre el autoritarismo comunista chino y lo que sucede en la UBA no es muy lejano. Tampoco difiere de lo que ocurre en Estados Unidos con las universidades más importantes.
El testimonio estudiantil contra el adoctrinamiento
Este artículo surgió de la denuncia por parte de estudiantes de la UBA que no están de acuerdo con la obligatoriedad del curso con temática de género. Laura González, venezolana radicada en Argentina, cursante de la carrera Diseño Gráfico en la Universidad de Buenos Aires, junto a Franco Matas, alumno de la Universidad Nacional de Rosario, organizaron una campaña en CitizenGo para recolectar firmas pidiendo la cancelación de la realización forzosa del curso.
«Necesitamos una universidad comprometida con el pensamiento crítico y la libertad de expresión; por eso pedimos que no promuevan arbitrariamente teorías dogmáticas en la UBA como la ideología de género que nada tiene que ver con nuestras respectivas carreras», reseña la petición.
González se contactó con El American para pedir apoyo y visibilizar la situación, ella mencionó que este curso «es obligatorio para todos los estudiantes de todas las facultades» incluso para aquellas carreras que no tienen relación con temas humanitarios: «Yo estudio diseño gráfico, nada que ver con el curso. Es una cosa absurda que algo que no tenga nada ver con mi carrera me lo pongan como obligatorio», espetó.
La estudiante venezolana indicó que no son muchos los estudiantes que han alzado sus voces, pero sí hay mucho descontento y que no se pueden quedar callados ante los atropellos: «No puede ser que nos quedemos callados con todo lo que está pasando, si aceptamos esto nos van a meter otro curso aún peor. La semana en la ciudad de Rosario se ordenó que para sacar el carnet de conducir hay que hacer un curso con temática de género. Es una locura».
Laura no fue la única estudiante que se animó a declarar y manifestar su descontento, Daniela Pereira, estudiante de medicina de la UBA, aceptó declarar para este artículo junto a otros dos estudiantes de la carrera: «No quiere hacer este curso de género porque no tiene nada que ver con medicina, estoy en la carrera para estudiar las materias de la misma, no para estudiar temas obligados que no tienen relación. Si quieren hacer este curso para el que quiera hacerlo, está bien, pero no de manera obligatoria, yo no estoy obligada a estudiar una cosa con la que no estoy de acuerdo».
Bruna Santos no se quedó atrás, y también manifestó estar en contra de la obligatoriedad del curso con temática de género: «Claramente este curso tiene en su estructura una ideología y lo que busca es hacernos pensar de acuerdo con estas ideas y apoyar sus políticas. Y al hacerlo obligatorio, esto también lo hace muy autoritario, vivimos en democracia y el curso tiene el total derecho a existir, así como tenemos también el derecho de si nos interesa o no hacerlo, lo que se pide es bastante básico: libertad de elección».
Fernando Silva, otro estudiante de medicina brasilero, expresó que para él no hay que tener la obligatoriedad de tener el curso: «la universidad es abierta, libre, laica; así que no hay razón para que la gente que no esté involucrada en la cuestión de los géneros haga los cursos. No debe ser obligado como se está haciendo», sentenció.
La campaña que iniciaron Laura y Franco en CitizenGO ya pasaron las 500 firmas, con el objetivo de llegar a 1000. Un número que, si bien no parece significativo, se ha logrado con mucho esfuerzo y con escasa difusión. Lo que puede considerarse un gran logro. Aunque los estudiantes pretenden que esto sea mucho más grande y ya están intentando articularse en movimientos estudiantiles para defender los principios de la libertad. Lo cual es muy loable y valiente.
En las redes sociales también se encuentran las quejas de cientos de estudiantes que están en contra del adoctrinamiento progresista en la UBA. Cursos como el de temática de género, justificado de forma equivoca con la Ley Micaela, lo único que hace es impulsar ideas y teorías políticas fracasadas que se han implementado en toda la región durante décadas. Muchos chicos, inconscientemente, terminan adhiriéndose a estos colectivos por el simple hecho que lo vieron en la universidad; sin ver una contracara de la historia y sin tener la oportunidad de presenciar un debate con ideas que contrarresten a las expuestas.
Este tipo de acciones por parte de la rectoría de la UBA, al final de cuentas, no solo tiene lagunas legales preocupantes, sino que atentan contra los principios y valores universitarios universales. La imposición «académica» autoritaria en la UBA empieza a parecerse al de las peores tiranías del mundo, los estudiantes deberían alzar sus voces, antes que sea demasiado tarde. La apatía de los defensores de la libertad deja el terreno libre para aquellos que atentan contra sus principios más básicos. El caso es preocupantemente parecido en EEUU.
Es el país con más comisarías chinas, pero el gobierno español no dice nada
Silencio. Ésa es la respuesta pública del gobierno español ante un grave escándalo que afecta a la soberanía nacional de España frente a la China comunista.
La China comunista tiene 54 centros ilegales de policía en 30 países
El 12 de septiembre, la ONG Safeguard Defenders, con sede en Madrid, publicó una investigación en la que destapó que la dictadura comunista de China tiene 54 centros de policía ilegales en 30 países de 5 continentes. Esos centros policiales actúan como delegaciones de las policías de los condados chinos de Fuzhou y Qingtian. La investigación reveló que 230.000 ciudadanos chinos han sido «persuadidos» a regresar a su país por esos centros de policía ilegales.
Una comisaría ilegal de la policía china de Fuzhou en Barcelona (Foto: Telegraph.co.uk).
Los métodos de la China comunista para obligar a sus ciudadanos a regresar
Los métodos de persuasión de esa dictadura incluyen la negación del derecho a la educación a los niños que sean familiares de los fugitivos y otras limitaciones a los miembros de sus familias. Los métodos para obligar a esos fugitivos a regresar incluyen castigar a sus familiares por «culpabilidad por asociación», aunque no haya ninguna sospecha de que hayan cometido ningún delito, una práctica similar a lo que hace la dictadura comunista de Corea del Norte.
Safeguard Defenders señaló que el 2 de septiembre de este año la dictadura comunista china aprobó una ley, que entrará en vigor el 1 de diciembre, en la que establece la extraterritorialidad total sobre chinos y extranjeros a nivel mundial para ciertos delitos (fraude, fraude de telecomunicaciones, estafas en línea, etc.), es decir, que China se considera con derecho a capturar a todo acusado de esos delitos en cualquier parte del mundo. En lugar de utilizar mecanismos internacionales de cooperación policial o judicial, que prevén mecanismos de control para proteger los derechos del detenido, incluido el derecho a un juicio justo y la presunción de inocencia, la dictadura comunista china se sirve de los citados métodos de coacción para obligarles a regresar a ese país.
Una de las dos comisarías ilegales chinas de Fuzhou en Barcelona (Foto: Telegraph.co.uk).
Entre abril de 2021 y julio de 2022 han regresado 230.000 chinos por esos métodos
La ONG ha denunciado que entre abril de 2021 y julio de 2022, y a pesar de las restricciones de la pandemia, una asombrosa cantidad de 230.000 ciudadanos chinos fueron forzados a regresar para enfrentar posibles cargos penales en China a través de estos métodos, que a menudo incluyen amenazas y acoso, tanto físicamente como a través de Internet, tato a los fugitivos en sus países de residencia como a los miembros de sus familias que residen en la República Popular China. Obviamente, esa dictadura también podría usar esos mismos mecanismos para perseguir a disidentes políticos en el extranjero. De este modo, no sólo los ciudadanos de ese país estarían sometidos a fuertes privaciones de derechos fundamentales: ese programa de comisarías ilegales implica convertir a la China comunista en una dictadura global.
Las comisarías ilegales de policía de la China comunista en España
La policía del condado de Fuzhou tiene dos centros ilegales en Madrid, otros dos en Barcelona y uno en Valencia.
La policía del condado de Qingtian tiene un centro ilegal en Madrid, uno en Barcelona, uno en Santiago de Compostela y uno en Valencia.
Significativamente, España es el país con más comisarías ilegales de policía de la China comunista (nueve en total). Italia, que es el segundo país con más comisarías ilegales chinas, tiene cuatro.
España es el país con más comisarías ilegales de policía chinas: son nueve en total (Foto: Telegraph.co.uk).
El silencio de la mayoría de los medios españoles ante este escándalo
Curiosamente, esta investigación ha sido ignorada por muchos medios de comunicación españoles, incluidos medios locales de las citadas ciudades. La existencia de comisarías ilegales de la policía de una dictadura extranjera en esas localidades, por lo visto, no es un tema de interés para esos medios. Cabría preguntarse cuántos de los medios que han silenciado esta investigación tienen contratos publicitarios con empresas chinas (recordemos que el Partido Comunista Chino tiene comités en todas las grandes multinacionales del país, que ejercen un control político sobre ellas).
El silencio de Sánchez y sus cordiales relaciones con China y con el PCCh
Aún más sorprendente resulta el silencio absoluto del gobierno español de Pedro Sánchez ante ese escándalo. En el mes y medio que ha transcurrido desde la publicación de esa investigación, ningún miembro del gobierno de coalición, formado por los socialistas del PSOE y los comunistas de Unidas Podemos, ha hecho ninguna declaración al respecto. Uno de los escasos medios españoles que han abordado esta cuestión, el diario El Correo, ha señalado que el Ministerio del Interior español «reconoce que está investigando el asunto, aunque no aclara si tenía conocimiento del mismo anteriormente, y esgrime esas indagaciones para no dar detalles al respecto».¿El Centro Nacional de Inteligencia (CNI) no conocía la existencia de comisarías ilegales de policía de China en España?
La web del PSOE informando en 2011 de la reunión celebrada entre varios dirigentes de ese partido y representantes del Partido Comunista Chino (Fuente:PSOE).
El dictador chino Xi Jinping recibido por el presidente del gobierno español Pedro Sánchez en el Palacio de La Moncloa en noviembre de 2018 (Foto: La Moncloa).
En noviembre de 2018, sólo unos meses después de la llegada del dirigente socialista al poder, Pedro Sánchez recibió en Madrid al dictador comunista chino Xi Jinping, en una visita de alto nivel en el que el presidente del gobierno español no dijo absolutamente nada sobre las violaciones de derechos humanos en China. Sánchez calificó el viaje a España el dictador chino como una «visita histórica» y como «una excelente oportunidad para estrechar los lazos comerciales y de inversión entre España y China». Los elogios del socialista español a esa dictadura comunista llegaron al extremo de decir que «China es un país prioritario, no solamente desde el punto de vista comercial, empresarial, sino también, desde el punto de vista afectivo y cultural».
Cabe preguntarse si en aquella visita se trató la instalación de esas comisarías ilegales de policía en España por parte de la China comunista, y si Pedro Sánchez dio su permiso para ello. En todo caso, el silencio del gobierno español ante este programa chino es alarmante y revela algo peor que la mera simpatía entre un gobierno que se dice democrático y un régimen totalitario.
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Foto principal: La Moncloa. Reunión entre Xi Jinping y el presidente del gobierno de España, Pedro Sánchez, durante una visita del dictador chino a Madrid en 2018.
Durante décadas, el Partido Comunista de China se ha basado en los campos de reeducación para reformar a los «parásitos» y persuadir a la gente para que apoye la causa comunista.
En su libro Archipiélago Gulag , el escritor ruso Aleksandr Solzhenitsyn reflexiona sobre los ocho años que pasó dentro de un sistema de campos de prisioneros soviéticos esparcidos por la tundra siberiana. Dentro del Gulag, los presos políticos como Solzhenitsyn fueron enviados al frío glacial para talar árboles, construir casas y extraer oro y uranio. Apenas estaban alimentados y mal vestidos. Cualquier palabra de protesta podría costarles la vida o, peor aún, la vida de sus amigos y familiares.
La publicación del libro de Solzhenitsyn reveló los horrores del Gulag al resto del mundo.
Sin embargo, la Unión Soviética no fue la única nación comunista que sometió a sus prisioneros a adoctrinamiento y trabajos forzados. Durante décadas, la República Popular China presidió un sistema similar, posiblemente más amplio, de campos de trabajo y de reeducación.
Estos campos fueron construidos para prisioneros políticos y no políticos y los chinos los llamaban Laogai y Laojiao , respectivamente.
Académicos como James Finerman de la Universidad de Georgetown han sugerido que los campos de Laogai —Laogai significa “reforma a través del trabajo”— no eran tan diferentes (e incluso podrían haber tenido mejores condiciones) que las prisiones estadounidenses promedio.
Harry Wu, que pasó 19 años dentro del gulag chino después de criticar la invasión de Hungría por parte de la URSS en 1957, no está de acuerdo. En una entrevista de 1994 con NPR , Wu dijo que los guardias de la prisión lo mataron de hambre, lo golpearon y lo colocaron en confinamiento solitario durante largos períodos de tiempo.
Después de ser liberado en 1979, Wu emigró a los Estados Unidos. Apostado en la Universidad de California, Berkeley, hizo planes para regresar a China con la intención de documentar la vida dentro de los campos de Laogai.
Disfrazado como un hombre de negocios que buscaba emplear trabajo forzoso para su empresa, Wu regresó al oeste con imágenes de prisioneros chinos fabricando productos para la exportación. Este vídeo, mostrado en 60 Minutos de CBS , causó indignación pública, lo que motivó a los políticos estadounidenses a reconsiderar las relaciones económicas con China.
Las personas detenidas bajo el laojiao están detenidas en instalaciones diferentes a las del sistema penitenciario general de laogai. Ambos sistemas, sin embargo, implican mano de obra penal.
«El marxismo sostiene que el Estado es una máquina de violencia para que una clase gobierne a otra. Las instalaciones de Laogai son uno de los componentes de violencia de la maquinaria estatal. Son herramientas que representan los intereses del proletariado y las masas populares y ejercen la dictadura sobre una minoría de elementos hostiles provenientes de la clase explotadora.«
La creación de los campos de reeducación
Junto a Laogai existía Laojiao, que se traduce como «reeducación a través del trabajo». Donde los campos de Laogai estaban reservados para prisioneros políticos, las instalaciones de Laojiao albergaban ladrones, mendigos y prostitutas.
El concepto de Laojiao comenzó a tomar forma a fines de la década de 1930, cuando Mao y sus asociados observaron que la economía de China, gravemente afectada por años de guerra civil (sin mencionar la mala gestión capitalista), había empujado a muchos ciudadanos a “profesiones ilegítimas y de mala reputación”.
La reeducación a través del trabajo en China se practicó hasta 2013, cuando se abolió el sistema Laojiao.
En el lenguaje comunista, estos ciudadanos eran conocidos como el “lumpenproletariado”, miembros de la clase trabajadora que, a diferencia de sus hermanos socialistas, aún tenían que organizarse o tomar un interés activo en la actividad revolucionaria. En la práctica, eran vistos como parásitos: personas que se alimentaban de la sociedad sin contribuir a ella de manera significativa.
En 1949, el Ministro de Seguridad Pública, Luo Ruiqing, comenzó a construir la infraestructura burocrática necesaria para “reformarlos”.
Ruiqing se movió rápidamente. Se cerraron los burdeles y se limpiaron las calles. Para finales del año siguiente, según los informes, el PCCh había reunido a más de 5000 personas y las había distribuido en 13 campos de reeducación.
Según la historiadora Aminda H. Smith , ocho de estos campamentos estaban destinados a prostitutas, mientras que el resto albergaba a delincuentes comunes, soldados desbandados, terratenientes fugitivos, víctimas de desastres, hooligans y vagabundos, entre otro tipo de personas.
Campos de prisioneros para prostitutas en China.
Los documentos del gobierno citados por Smith afirman que el objetivo de los campos de reeducación de Laojiao era “mantener el orden público en las ciudades”, “erradicar la población parasitaria”, “liberar a las prostitutas” y asegurarse de que los prisioneros recibieran “reforma, educación y capacitación en habilidades”. Los horarios revelan que los internos se despertaban a las 5 a. m. y se acostaban a las 9:30 p. m. El tiempo intermedio estaba lleno de clases, discusiones y ejercicios de calistenia. Los internos también podían disfrutar de dos horas y media de “tiempo de recreación”.
Aunque es difícil saber qué sucedió realmente dentro de los campos de reeducación, generalmente se acepta que los internos de Laojiao fueron tratados mejor que sus contrapartes de Laogai. A los ojos del Partido Comunista, eran víctimas del capitalismo, no enemigos de clase. En lugar de ser sometidos a trabajos forzados, se les enseñó sobre el marxismo-leninismo. El plan de estudios del campo de reeducación, dice Smith, comenzó «enseñando a los mendigos y prostitutas a equiparar sus ocupaciones ‘impropias’ actuales con la victimización».
Laogai contra Laojiao
Había una clara diferencia en la forma en que los campos de Laogai y Laojiao trataban a sus internos. Donde los presos políticos fueron, en palabras de Mao, «obligados» a reformarse, los apolíticos tuvieron que ser «persuadidos».
La persuasión vino a través de la educación. En clase, los instructores les dieron a las prostitutas materiales de lectura que “exponían los crímenes de los dueños y cuidadores de burdeles, mostraban cómo se creó el sistema de prostitución y explicaban la conexión inseparable entre este y la vieja sociedad”.
Después de escapar de China, Harry Wu hizo campaña por la autonomía tibetana.
Los instructores también mostraron películas. El viceministro de Educación de China, Yang Yunyu, dijo que una obra de teatro de 1934 llamada Amanecer , sobre una niña huérfana que se suicida después de ser vendida a un burdel, conmovió a muchas prostitutas hasta las lágrimas.
Los miembros del partido también mencionan que los internos se convencieron unos a otros al compartir sus propias experiencias. Según los informes, escuchar sobre enfrentamientos con terratenientes abusivos y proxenetas hizo que los internos “se dieran cuenta de las causas de su sufrimiento” mientras los ayudaba a identificar a “sus verdaderos enemigos”.
Las fuentes gubernamentales siempre deben tomarse con pinzas, especialmente porque los testimonios de los internados en campos de reeducación a menudo pintan un panorama mucho más oscuro. Los informes de personas atadas, colgadas, humilladas o golpeadas hasta la muerte sugieren que, después de todo, Laojiao y Laogai no eran tan diferentes.
Smith incluso menciona casos de instructores de campamento que se negaron a obedecer a sus superiores, quienes a su vez fueron castigados por «no ver que el trabajo de reeducación era glorioso».
Los académicos también debaten si los internos en los campos de reeducación, específicamente los delincuentes comunes, fueron sometidos a trabajos forzados de la misma manera que los disidentes políticos en Laogai. Fuentes no gubernamentales afirman que sí. Fuentes gubernamentales, en cambio, insisten en que los instructores evitaron a toda costa la fuerza. Estas fuentes no solo dicen que los internados accedieron a unirse a la fuerza laboral por su propia voluntad, sino que hacerlo fue una señal de que su reeducación había sido exitosa.
Se ha denunciado que las prisiones chinas producen los artículos que se venden en países extranjeros, cuyos beneficios van al Gobierno.
Preguntas sin resolver como estas revelan lo poco que sabemos sobre el gulag chino. Algunos culpan a la inaccesibilidad de los informes oficiales, muchos de los cuales permanecen bajo llave.
Wu, quien luego creó una ONG dedicada a estudiar los campos de Laogai, sugirió que nuestra falta de conocimiento delata una ignorancia deliberada. Después de todo, China es un actor central en la economía mundial, e investigar abiertamente sus abusos de derechos humanos pasados y presentes podría obstaculizar importantes acuerdos comerciales.
Xi toma el poder del PCCh tras expulsar del Congreso a su antecesor en el cargo Hu Jintao y se convierte en el hombre más poderoso del país desde Mao
Xi Jinping en el XX Congreso del PCCh – EFE
El Partido Comunista de China ha elegido la nueva composición del Comité Central y de sus más altos órganos de dirección durante la despedida y cierre de su XX Congreso Nacional, según ha informado la agencia Xinhua.
Como cabía esperar, el primer ministro del país, Li Keqiang, se ha quedado fuera del comité permanente del partido, el máximo organismo decisorio del partido. Li, de 67 años, había avanzado en los últimos meses su jubilación y los expertos daban por sentado que pasaría a ocupar un segundo plano, por mucho que todavía estuviera a un año de la retirada obligatoria, una regla que no se aplica al secretario general del partido y el presidente del país, Xi Jinping.
Junto a él se han quedado fuera otros veteranos del partido, como el presidente del Congreso Nacional del Pueblo, Li Zhanshu, de 72 años; el presidente de la Conferencia Política Consultiva, Wang Yang, de 67 años, y el vice primer ministro Han Zheng, de 68, confirma el South China Morning Post .
En el congreso, presidido por el propio Xi, los miembros del Partido Comunista chino ha elegido a las 200 personas que dirigirán el Comité Central, así como a 170 suplentes, y que estarán al frente del partido durante los próximos cinco años. Los miembros del Comité Central responden ante los 25 miembros del politburó, quienes a su vez dependen del comité permanente del partido.
Además, se realizó una votación de una enmienda a la Constitución del PCCh para cambiar la actual mención al «Pensamiento de Xi Jinping sobre el socialismo con características chinas para una nueva era», aprobada en el último Congreso, y sustituirla por «Pensamiento de Xi Jinping».
Asimismo, los delegados también eligieron hoy una nueva Comisión Central de Inspección y Disciplina, el órgano anticorrupción del PCCh que en los pasados cinco años investigó por malas prácticas a 5 millones de los 96 (millones de) miembros que componen la formación.
Discurso de Xi
Xi Jinping, en su discurso final, ha hecho un llamamiento al nuevo Comité Central, a seguir «inquebrantablemente» el camino del desarrollo políticodel socialismo con peculiaridades chinas y a adherirse a «la unidad orgánica del liderazgo del partido».
Además, ha mostrado su disposición para «fortalecer la garantía del dominio popular del país» desarrollando «integralmente» la democracia consultiva, así como promoviendo «la democracia popular» y consolidando un «frente único patriótico», según ha detallado la citada agencia.
El presidente chino ha manifestado su deseo de «desempeñar mejor el papel del Estado de derecho» en la consolidación de los fundamentos, construyendo integralmente un país socialista moderno.
«Es necesario mejorar el sistema legal socialista con peculiaridades chinas con la Constitución como eje, promover sólidamente la administración basada en la ley, administrar justicia con rigor e imparcialidad y acelerar la construcción de una sociedad regida por la ley», ha añadido.
Con todo, Xi ha recordar la importancia de implementar en las políticas del Comité Central «el concepto general de seguridad nacional», así como mantener la seguridad nacional durante todo el proceso «de todos los aspectos del trabajo del partido y del país».
«Es necesario mejorar el sistema de seguridad nacional, mejorar la capacidad de mantener la seguridad nacional, mejorar el nivel de gobernanza de la seguridad pública«, ha aseverado el mandatario chino.
Hu Jintao abandona el Congreso
Lo que ha sorprendido a la prensa es la aparente purga que ha protagonizado Xi contra Hu, el expresidente (2003-2013) fue obligado a abandonar el Congreso y media hora después las búsquedas relacionadas con su nombre en las redes sociales chinas habían desaparecido.
En la red Weibo – equivalente a Twitter, censurado en China-, la publicación más reciente en la que se puede hallar el nombre del antiguo mandatario data del 18 de octubre, en la que una cuenta cita unas palabras del político sobre desarrollo económico.
Esta mención es la excepción, ya que la mayoría hace referencia a la presencia de Hu en la inauguración del cónclave político el pasado 16 de octubre, y tras esas referencias y la del 18, el nombre del dirigente no vuelve a aparecer en dicha red.
Emperor Xi just had his predecessor Hu Jintao hauled out of the CCP summit on live TV in full view of everyone
Mientras, la misma búsqueda en Baidu, el principal buscador del gigante asiático, arroja excepcionalmente como resultado más actual un artículo de este viernes sobre el Congreso publicado en una página web oficial, donde aparece su nombre en un pie de foto.
Poco después de que la prensa accediera al gran salón y con las cámaras ya captando lo que sucedía, unos bedeles se acercaron a Hu, sentado a la izquierda del presidente y líder del PCCh, Xi Jinping, y le conminaron a levantarse y salir del recinto, a lo que el exmandatario pareció resistirse verbalmente, según presenció EFE.
Hu salió finalmente de la sala, aunque antes cruzó unas breves palabras con Xi, quien durante el incidente permaneció con la mirada al frente ajeno a lo que sucedía a escasos centímetros de su espalda.
La inusual escena, que duró alrededor de un minuto al entrar los periodistas en la sala de plenos del Gran Palacio del Pueblo, supone – a falta de detalles o confirmación oficial- la posible purga política de la facción del expresidente chino, antecesor de Xi en el cargo.
De confirmarse que lo ocurrido ha sido una purga, el presidente Xi Jinping aseguraría su control absoluto sobre el PCCh durante al menos los próximos cinco años.
Esto para que se entere la gente de que China, por mucho que haya abierto las puertas a las empresas privadas, sigue siendo el mismo comunismo totalitario de siempre, en el que el individuo no vale nada. Solo vale el «pensamiento colectivo» cuyo nombre real es «pensamiento único», negando a los individuos pensar como tales.
Habría que acabar con todos los totalitarismos (comunismo, nacional-socialismo, fascismo, Islam) por lo civil o por lo criminal.
En una nota publicada este miércoles, el Ejército Popular de Liberación de China, o PLA, informó al mundo que, al menos en lo hace referencia a Internet, China está en guerra.