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¡Joder, me cago en la puta, me cago en el copón con ruedas, me cago en la p … que los p…, si es que …!



LA LIBERTAD, SI NO ES INDIVIDUAL, NO ES LIBERTAD. Politicamente MUY incorrecto.
Etiqueta: CATALUÑA



POR: ÀLEX GUBERN Y DANIEL TERCERO PARA ABC
«No en mi nombre: ni amnistía, ni autodeterminación». Tras una pancarta con este lema, decenas de miles de ciudadanos -300.000, según Societat Civil Catalana, organizadora, 50.000, según la Guardia Urbana- se han manifestado por el centro de Barcelona, en la mañana de hoy, para exigir al PSOE que no acepte una amnistía para los encausados por el ‘procés’ y un referéndum de secesión en Cataluña, tal y como exigen los partidos independentistas para apoyar a Pedro Sánchez en la investidura.
La fecha escogida, el 8 de octubre, tiene un valor simbólico pues fue el día, seis años atrás, de la masiva marcha por la capital catalana, que congregó a miles de personas, para defender la unidad de España y posicionarse contra el referéndum ilegal de aquel año, celebrado solo siete días antes. Unos días antes, el 3-O, tras una jornada de huelga en Cataluña, el Rey pronunció un discurso que fue el punto de inflexión a la situación de rebeldía.
Seis años después, el constitucionalismo ha vuelto a salir a la calle, llenando Paseo de Gracia de banderas españolas y ‘senyeres’, una imagen que tras más de una década de ‘procés‘ en la que el independentismo ha monopolizado prácticamente toda la movilización callejera, no deja de chocar. Familias, grupos de jóvenes -entre estos los de S’ha Acabat!-, gente venida del resto de España… un mosaico humano diverso y celebrante, asumiendo la gravedad del momento político, sí, pero disfrutando también de una soleada mañana de domingo que acabó con Paseo de Gracia entero coreando ‘Resistiré’.
Convocada por SCC, la marcha se ha desarrollado con normalidad, en un ambiente festivo y reivindicativo, en el que la consigna más coreada ha sido la de «Puigdemont a prisión». A la cita han acudido los presidentes del PP, Alberto Núñez Feijóo, y Vox, Santiago Abascal, así como presidentes autonómicos populares y gran parte de las cúpulas de ambos partidos. También la dirección de CS. Cumpliendo con la petición que SCC hizo a los partidos de no llevar distintivos propios para evitar que la marcha se leyese en clave partidista, la sociedad civil ha sido la protagonista.
En contraste con la nutrida presencia de dirigentes del PP y Vox, ningún representante del PSC y del PSOE ha hecho acto de presencia en la manifestación. De hecho, el líder de los socialistas catalanes, Salvador Illa, ha descalificado la manifestación de hoy como un ejercicio de crispación de «la derecha y la ultraderecha» con el único objetivo de «generar miedo» azuzando el temor de que «se rompe España». Hace hoy seis años Salvador Illa estaba en el escenario junto a Josep Borrell en la manifestación convocada por SCC. El presidente de la Generalitat, Pere Aragonès, ha calificado la manifestación como «fracaso». «Hemos constatado una vez más el fracaso de la derecha y la extrema derecha. La manifestación de hoy es la constatación de este fracaso», ha dicho.
La marcha, que ha arrancado en la confluencia del paseo de Gracia con la calle Provenza, ha finalizado en el cruce de paseo de Gracia con la Gran Vía. Seis travesías del Ensanche que se han llenado prácticamente. Un éxito de convocatoria se mire desde el punto de vista que se mire.
En el turno de parlamentos, la presidenta de Societat Civil, Elda Mata, ha denunciado la existencia de «una hoja de ruta nacionalista para separar Cataluña de España tras 45 años de cesiones al nacionalismo a cambio de mantener el Gobierno. Ha habido un intolerable agravio entre comunidades autónomas, y un incumplimiento del deber de los gobernantes de garantizar la igualdad entre los los españoles».
También ha intervenido la catedrática de Derecho constitucional Teresa Freixes, para quien la labor de recomponer España civilmente «sólo lo podremos hacerlo si nos unimos como hicimos al hacer la Constitución. Desde la sociedad civil llamamos a los grandes partidos, y a todos los que se quieran sumar, que regresen al consenso».
Por su parte, el exmilitante del PSOE y exalcalde de La Coruña Francisco Vázquez ha dibujado el actual mapa político en nuestro país: «No nos engañemos, la amnistía y la autodeterminación son un capítulo más de un proyecto para que unos sigan en el Gobierno y otros sigan con su proyecto independentista». «Quieren volver a imponer las dos españas, las dos orillas enfrentadas. La amnistía ya nos la dimos, y la autodeterminación nos la dimos al votar la Constitución, aprobada por un 90% en Cataluña», ha señalado.



POR: JULIO MERINO
Solo han pasado 4 meses y vuelvo a publicarlo. Tal vez, por seguro, porque todos están más locos y cada día hay más tontos. Ahora, cosa curiosa, se han unido los locos y los tontos para combatir la Moción de Censura de VOX y desprestigiar al catedrático Tamames. La Izquierda está loca por mantenerse en el Poder y la Derecha cada día está más tonta pensando que ya tiene en sus manos la Moncloa. Pues, lo dicho. Lo que ayer decía de esta gente lo mantengo. Así es que pasen y lean:
Cuando yo sea Presidente suspenderé la Ley de Memoria Histórica y la Democrática.
Cuando yo sea Presidente me cargaré los indultos
Cuando yo sea Presidente me cargaré la Ley de Igualdad de Género
Cuando yo sea Presidente me cargaré todos los “chiringuitos” de la LGTBI+
Cuando yo sea Presidente les devolveré la independencia al CGPJ y al TC
Cuando yo sea Presidente mandaré rehacer todo lo que se ha hecho en el Valle de los Caídos.
Cuando yo sea Presidente bajaré todos los impuestos
Já,já,já, pobre diablo, pobre Alberto Núñez Feijóo, porque los Oráculos dicen que este “moderado” jamás podrá llegar a la Moncloa.
Que ya lo decía don Miguel de Unamuno (y curiosamente se lo decía a Franco en la comida que tuvieron en el Hotel Nacional de Madrid con la presencia de Ramón Serrano Súñer).
Pero ya no somos nosotros solos los que venimos publicando que Pedro Sánchez es el mayor traidor de la Historia de España (Bellido Dolfos fue un monaguillo a su lado) como lo pueden comprobar en algunos de los artículos que les reproduzco.

“Traidor. Es el calificativo que más he encontrado, a lo largo del fin de semana, en políticos, articulistas, redes sociales, incluso en conversaciones informales, al hablar de Pedro Sánchez y su iniciativa de eliminar el delito de sedición, reduciéndolo poco menos que a una bronca callejera, por muy ‘agravada’ que se quiera.
Sustituir sedición por ‘Desórdenes públicos agravados’ (¿quién habrá sido el promotor de esa figura, Félix Bolaños?) parece una tomadura de pelo, más que una medida seriamente pensada y madurada, si no fuera porque se trata de asunto altamente delicado.
Lo de traidor podría parecer excesivo. Sin embargo, dice la Real Academia que traidor es quien “comete traición”. Y para “traición” concreta dos acepciones: “1) Falta que se comete quebrantando la fidelidad o lealtad que se debe guardar o tener. 2). Delito cometido por civil o militar que atenta contra la seguridad de la patria”.
Por esos dos lados puede cogerse a Pedro Sánchez. Por el del quebranto a la fidelidad y lealtad debidas, y por el de atentado contra la seguridad de la patria.
Lo primero, habida cuenta del cúmulo de promesas incumplidas, hechas a la sociedad, a los españoles, a la ciudadanía, y por la suma de mentiras comprobadas.
Las redes sociales vienen mostrándolas con insistencia y claridad una tras otra: no iba a pactar con Pablo Iglesias (lo hizo vicepresidente), ni con Bildu (“si quiere, lo digo veinte veces”), ni con Esquerra (“no voy a permitir que la gobernabilidad de España dependa de partidos independentistas”), y se pronunció en contra de los indultos (“los indultos políticos deben acabar en nuestro país”). En fin, un cúmulo de incumplimientos y traiciones.
Y una suma de mentiras también. Que Pedro Sánchez continúa lanzando. Lo hizo en la entrevista de La Sexta, como destacó Carlos Alsina de forma contundente en su programa. Una de ellas, afirmar que el delito de sedición es muy anacrónico, porque fue redactado en 1822, “cuando en España -dijo- se producían alzamientos militares”.
Dos mentiras. En España se produjo un alzamiento militar en 1981: el 23-F. El delito de sedición se reguló hace 27 años, en el Código Penal de 1995. Otra más: afirmar que había reivindicado esa reforma desde siempre. Vale la pena volver a escuchar el comentario de Alsina, en el que recuerda también a Sánchez que en 2018, recién llegado al Gobierno, sostuvo, en una entrevista con Susana Griso, que lo ocurrido en Cataluña era una rebelión.
En cuanto a la segunda acepción de traición, es decir atentar contra la seguridad de la patria, lo cierto es que la desaparición del delito de sedición, convertido en simple “bronca pública”, deja a España indefensa frente quienes desean romperla y planean promover nuevos procesos de ruptura y de independencia como los vividos en 2017.
Y todo ello recurriendo a trucos de tramposo. Lo es tramitar la reforma como proposición de ley, no como proyecto de ley, con lo que no tendrá que escuchar al Consejo del Poder Judicial ni al Consejo de Estado. Y por vía de urgencia, por supuesto. Otra ocurrencia tal vez de Félix Bolaños, o del omnipresente asesor Cándido Conde Pumpido.
La reforma del delito de sedición no va a afectar de forma directa a los condenados por el ‘procés’, porque ya han sido indultados. Pero sí a los numerosos dirigentes de Esquerra que aún están siendo enjuiciados en Cataluña. Y a los cargos de la Generalidad y del Parlamento que siguen fugados fuera de España.
Tal como explica el boletín de FAES, dependiendo de su configuración, el nuevo tipo penal se podría no aplicar a los hechos sucedidos en 2017, si estos no encajan con lo que recoja el nuevo precepto, por lo que quedarían impunes, al no serles de aplicación ni el nuevo precepto ni el antiguo (ya derogado). “Podríamos estar, pues, ante una amnistía encubierta, al menos en lo que se refiere al delito de sedición”.
Más aún. También podría quedar afectada la imputación –condena para los ya juzgados– por el delito de malversación. Si se considera que es instrumental del delito de sedición, la desaparición de este podría conllevar también la del primero. Y, sin ese delito, desaparecería la inhabilitación que impide a los separatistas catalanes ocupar cargos públicos y presentarse a las elecciones. Podrán, en fin, volver a ser candidatos en las convocatorias próximas.
¿Y todo eso por qué? ¿O, más bien, para qué? Pues para mantenerse en el poder. Alfonso Reyes citaba en Twitter esta frase de Robespierre: “La traición deja de ser un defecto para convertirse en una virtud cuando te permite mantener el poder”.
Ladrillo a ladrillo, Pedro Sánchez está destrozando los cimientos de España. (José Apezarena – “Confidencial Digital)

“Sánchez ha retomado el testigo de aquel PSOE de la Guerra Civil al que no le tembló el pulso ni cuando dijo que urgía la sovietización de España, el que se alzó en armas contra la propia República en 1934, que tuvo checas donde se torturaba y asesinaba a inocentes de mano de criminales como Agapito García Atadell – miembro de la ejecutiva federal de la UGT y escolta personal de Indalecio Prieto – y, en fin, el que se alió con el comunismo para mantener un horror en la retaguardia incomparable mientras sus dirigentes expoliaban las riquezas de sus compatriotas para llevárselas al exilio en calidad de botín personal. Que nadie se engañe: el PSOE que hemos conocido de Felipe no tiene nada que ver con éste de ahora, guerracivilista, rabioso, cainita, despreciador de leyes, instituciones, reglas democráticas y fraternidad.
Lo repito, el momento es gravísimo. La política nacional la dictan asesinos etarras, golpistas catalanes y comunistas dispuestos a conseguir por la fuerza lo que las urnas no les otorgan, como la “manifestación” en favor de la sanidad pública de este domingo que no era más que una concentración de militantes rogelios venidos de toda España con billete, bocata y treinta euros para gastos de bolsillo, contra la presidenta Ayuso.
¡Que les importan a estos tipos los problemas reales de los españoles! Todo es objeto de manipulación, de engaño, de falsedad si con ello se contribuye a su causa. Sus medios adictos están empeñados en disfrazar, cuando no mentir, acerca de los terribles errores económicos, políticos y sociales de este gobierno de incompetentes. Nadie en el partido socialista se atreve a romper la baraja porque también entre los llamados barones regionales existe el egoísmo personal que prima ante el deber cívico de salvar a España y a su sistema democrático de la perversión a la que Sánchez la está abocando. Sánchez modifica por la puerta de atrás el delito de sedición ahora, pero mañana lo hará con otras cosas, y acabaremos viendo un pseudo referéndum en Cataluña, y en las vascongadas y en todo lugar del territorio nacional que disponga de una clase política mezquina y traidora. Y veremos a la nación más vieja de Europa convertida en una federación extraña y repulsiva, a la justicia en manos de 2 amigotes y conmilitones sanchistas – con la República también hubo jueces y jurados y todos fallaban en consonancia con los deseos del Frente Popular -, y veremos como el crimen y la delincuencia se sientan en los más altos sillones de la nación, y a Ceuta y Melilla entregadas a Marruecos y quién sabe si las Canarias. ¿Por qué? Porque Sánchez es capaz de todo y quiere un país como el que querían sus predecesores en los años treinta, un país servil y dócil a los dictados del partido, un país sin medios libres, sin oposición, sin poderes independientes, un país en el que solo sean millonarios ellos y sus compañeros de viaje. No soy alarmista ni apocalíptico, créanme, el paso dado con la sedición permite vaticinarlo. Ante esto, que supone un antes y un después en los cuarenta años de libertad que hemos gozado gracias al consenso y a la democracia constitucional, no caben inhibiciones. Ya no es solo un asunto del PP, de VOX o de Ciudadanos. Esto nos compete a todos los demócratas españoles que no queremos vivir en un sistema doctrinario y represor. Tengamos muy presente que lo que ahora puede parecernos más o menos importante no es más que la antesala del infierno que nos espera si no reaccionamos con vigor democrático. Patronal, organizaciones de trabajadores, partidos, profesionales, mujeres, hombres, estudiantes, todos estamos llamados a decir que hasta aquí hemos llegado.
Ojalá estemos a tiempo de salvar a España. Ojalá estemos a tiempo de salvarnos a todos.” (Miguel Giménez – “Voz Populi”)


POR: Joan Puig
Cuando se descubrió el pastel, eché un vistazo a la prensa deportiva catalana. Asombroso. Ni una sola línea. Repito: ni una sola línea. No hace falta imaginar que habría pasado si lo mismo hubiese ocurrido con el Real Madrid. En los días siguientes echaba ojeadas a la prensa generalista —La Vanguardia, El Periódico, Ara, etcétera…—. Y lo único que encontré fue un artículo que se hacía eco de los comentarios del entrenador del Barça, en el que decía que era raro que algo así se publicase justo ahora, siendo líderes. O sea, que era una conspiración.
Sigamos. A las puertas de la huelga de Sanidad en Cataluña, La Vanguardia publicaba un artículo a página completa… ¡Sobre Ayuso y la Sanidad! ¿Saben que Cataluña es la Comunidad Autónoma que lidera las listas de espera para operarse? Es vergonzoso.
Hace unos días ocurrió algo terrible: el suicidio de una niña en Sallent. Aunque se intentó ocultar, finalmente se descubrió que la causa era el bullying que sufría en la escuela, entre otras razones porque se burlaban de su nivel de catalán. Cuando encontré alguna mención a esta noticia, era sobre la lacra del bullying en España. Cataluña, la tierra de la Omertá.
Recuerdo que cuando se descubrió el caso Pujol, un periodista y exdirectivo de un periódico importante de Cataluña hizo autocrítica: “hemos mirado demasiado hacia otro lado durante demasiados años”. Obviamente no han aplicado lo aprendido. Es más… proliferan los artículos de opinión que loan la figura figura histórica del expresidente. Aquí todo es intocable.
Tampoco leerán nada sobre los suicidios en las cárceles catalanas, que ostenta el triste récord de ser líderes en España, por ejemplo. O sobre la tasa de fracaso escolar en Cataluña, que es aterradora. Es deprimente, créanme.
Estos días nos hemos enterado del hackeo de varios centros hospitalarios. Es gravísimo. Entre otras consecuencias, es posible que los datos de los pacientes acaben en las aseguradoras y que éstas lo utilicen para denegar solicitudes para ser cliente de la entidad. Algo así, en cualquier democracia occidental, conllevaría la dimisión del máximo responsable político. Pero en Cataluña, no. ¿Por qué? Porque saben que, con la inestimable ayuda de los medios de comunicación catalanes, la sociedad seguirá en la inopia. Es desolador.
Y si hablamos de las radios, tres cuartos de lo mismo. Estos días, tan prolíficos en noticias escandalosas en Cataluña, ¿saben de qué hablan en RAC1 (emisora líder)? Pues de la Operación Cataluña, Villarejo, etcétera.
Los medios de comunicación catalanes han contribuido, y siguen contribuyendo, a construir una sociedad idiotizada, que se mira el ombligo. “Somos los mejores” es la letanía que emiten los medios, sin mostrar nunca la más mínima exigencia o crítica hacia los organismos públicos que les gobiernan.
Algo tan saludable como la crítica sirve para que los Gobiernos estén obligados a ser mejores y, sobre todo, a que la sociedad sea exigente. Fíjense que jamás ha habido ninguna manifestación como protesta contra la corrupción. Impensable. Los medios de comunicación catalanes sólo se calientan con el tema de la lengua. Tenemos un ejemplo reciente. El caso de la enfermera que protestaba por tener que obtener el nivel C de catalán. ¡Anatema, herejía! Ahí sí, ahí entraron al trapo, como un rebaño de miuras, TV3, la prensa, la radio, las tertulias, magnificando un caso puntual.
Sí, señores, no les quepa la menor duda: el periodismo en Cataluña no existe. Y es cómplice y responsable de haber creado una sociedad infantilizada y manipulada, que alimenta un vergonzoso sentimiento de superioridad que roza el racismo. ¿Exagero? ¡En absoluto! Miren, recientemente, por un extraño milagro de origen desconocido, TV3 emitió un reportaje sobre el protagonismo de los catalanes en la explotación de los negros de Cuba. ¿Han oído hablar del repugnante papel jugado por los negreros catalanes en el tráfico de esclavos? Seguramente sí. Las grandes fortunas catalanas se amasaron comerciando con seres humanos, a miles, decenas de miles. Como en todas partes, la Historia tiene etapas luminosas y otras mucho más oscuras. Pues bien… ¿Saben cuál fue la reacción que generó ese programa? Negación, absoluta, rotunda. Y balón por la banda. Y cortina de humo. Y que eso era culpa de España, porque los catalanes, seres de luz, no hacían estas cosas.
Este último ejemplo refleja perfectamente en qué han convertido a la sociedad catalana los medios controlados por los gobiernos nacionalistas: no conciben, ni admiten, ni analizan, que los catalanes no sean seres luminosos, ahora y en toda su historia pasada. Cataluña es una sociedad adolescente, estúpida, sumamente inculta, y sumamente fanatizada. Da mucha pena, muchísima, toda.
Recuerdo que hace ya algún tiempo mantuve un intercambio de tweets sobre lo “sangrientos que fueron los españoles, el Duque de Alba, etcétera». Cuando argumenté que en aquel contexto histórico era algo habitual, la guerra, las conquistas, mi interlocutor me contestó —¡cómo no— que los catalanes no eran así. Que ellos eran seres élficos. Le puse un ejemplo de lo contrario y documentado. De hecho, todavía a día de hoy, el recuerdo de la terrible «Venganza Catalana», bajo la figura del Katalan, como respuesta al asesinato de Roger de Flor aún persiste en los países balcánicos, donde la figura de un guerrero-gigante, sediento de sangre, se usa para asustar a los niños. O en Bulgaria, donde es un insulto llamar a alguien “hijo de catalán”. En la respuesta incluí un enlace a un excelente artículo histórico. ¿Saben que ocurrió? ¡Me bloqueó de inmediato! Y es que esta parroquia de fanáticos no soporta ninguna verdad que pueda estropear su falsa luminosidad.
¿Tiene solución el periodismo en Cataluña? Pues me temo que no. Hace ya unos cuantos años publiqué un artículo sobre este tema, en el que utilizaba como ejemplo un texto del periodista Enric Juliana, subdirector de La Vanguardia. Me pareció correcto enviárselo en un mensaje privado de Twitter. Lo leyó. Vaya si lo leyó. De cabo a rabo se lo leyó… ¿Y saben que hizo? ¡Bloquearme a los pocos minutos!
Mientras he escrito estas líneas, más y más ejemplos de la muerte del pensamiento crítico y del periodismo libre se han producido en Cataluña. Es inútil intentar siquiera consignarlos todos. Descanse en paz el periodismo en Cataluña, tierra de silencio.


Los separatistas se sienten tan envalentonados con las cesiones de Pedro Sánchez que ya plantean que una minoría sea capaz de romper la unidad de España.
Según ha publicado la agencia Europa Press, los separatistas de ERC quieren un referéndum en el que con una participación del 50% y el sí del 55% se declare la independencia de Cataluña. De hecho, es el plan que tienen de cara a los próximos 4 años, después de haber conseguido que Sánchez indultase a los autores del golpe separatista de 2017, y después promoviese la eliminación del delito de sedición y una rebaja sustancial de penas para los autores del delito de malversación. Que socialistas y comunistas hayan aceptado crear un Código Penal a la carta para el separatismo ha transmitido a éste la idea de que Sánchez y sus socios están dispuestos a hacer lo que sea por seguir en el poder.
Aprovechándose de esa falta de escrúpulos de la izquierda, ERC quiere un referéndum pactado con el gobierno para romper España pero que sólo voten los catalanes, mientras el resto de los españoles nos quedamos de espectadores viendo como despedazan nuestro país. Pero la burla planteada por los separatistas no sólo se dirige contra el resto de los españoles, sino también contra los españoles de Cataluña. Las cifras señaladas por ERC implican que el «sí» a la independencia un 27,49% de los votantes catalanes bastase para romper la unidad de España. En las elecciones catalanas de 2021, con un 51,29% de participación, los partidos separatistas sumaron el 48,68% de los votos emitidos. Tal vez esperan conseguir una cifra raspada con la que puedan romper cientos de años de convivencia e historia común entre españoles.
Por supuesto, lo que ERC plantea claramente es un nuevo golpe separatista, por eso tenía tanto interés en que el gobierno de Pedro Sánchez derogase el delito de sedición y rebajase el delito de malversación: para volver a hacerlo y salir impunes. Si el gobierno de Sánchez aceptase un referéndum así, entonces se convertiría en cómplice del golpe separatista. Ningún gobierno español tiene autoridad ni derecho para convocar un referéndum de independencia. El Artículo 2 de la Constitución es muy claro: «La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles«. Si el gobierno aceptase trocear España, el gobierno estaría dando un golpe de Estado contra la legalidad constitucional.
Ante una situación así, además de apelar al Artículo 2, deberíamos recordar también el Artículo 8 de la Constitución: «Las Fuerzas Armadas, constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire, tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional«. Si el gobierno decide demoler España, el Rey, las Cortes y el Tribunal Constitucional estarían legitimados a reclamar la intervención de las Fuerzas Armadas para poner fin a ese golpe de Estado.
Hay que recordar que la Constitución Española fue aprobada por el 91,81% de los españoles, con una participación del 67,11%. En Cataluña la participación fue del 67,9% y el «sí» sumó el 90,5% de los votos. Así pues, lo que plantea el separatismo no sólo es un nuevo golpe a la Constitución, sino también un secuestro del pueblo catalán. Y para resolver secuestros están las Fuerzas de Seguridad del Estado y, de ser necesario, también las Fuerzas Armadas. No cabe imaginar una misión más noble para nuestros Ejércitos que defender la unidad de España, la democracia y el Estado de Derecho frente a unos golpistas que quieren destruirlos. Es lo que ocurrió en Perú, donde la Policía y el Ejército defendieron la democracia frente al golpe de Estado de Pedro Castillo.


Barcelona y las principales ciudades catalanas han vivido la peor de las pesadillas imaginables a lo largo de siete interminables días que difícilmente podremos olvidar. Días de ira, odio y fuego; una semana trágica que arroja un balance estremecedor en cuanto a heridos, detenidos, pérdidas económicas y caos se refiere. Este artículo repasa la cronología de todo lo sucedido.
Sin que el contexto histórico, los hechos, y la chispa desencadenante que prendió el fuego guarde relación alguna con la realidad actual, podemos afirmar, 110 años después, que Barcelona, y toda Cataluña con ella, ha vivido una segunda Semana Trágica. Y el incendio, que amenaza con convertirse en una devastadora ekpirosis a la griega –según la cosmología estoica, una conflagración o consunción por fuego que pone fin a periodos y ciclos–, puede abrasarnos a todos. No me malinterpreten, no es mi intención subir a la tribuna de oradores a vender miedo y apocalipsis a granel, pero lo que ha ocurrido y puede ocurrir en los próximos días es más que preocupante, gravísimo.
No voy a entrar a evaluar ni a opinar acerca de la sentencia dada a conocer por el Tribunal Supremo durante las primeras horas del pasado lunes. Ahí está. Y doctores tiene la iglesia jurídica infinitamente más capacitados que yo a la hora ofrecer un análisis pormenorizado. Personalmente con decir que la acato –aunque no comparto en absoluto ese enrevesado argumento sofista que tilda de añagaza todo lo que hemos vivido día a día durante años– no hay nada más que yo pueda o deba añadir.

Esa sentencia ha sido, pues era esperada por el nacionalismo catalán como agua de mayo, la chispa que ha hecho saltar por los aires la santabárbara, el pañol de los explosivos; barriendo, en su onda expansiva, la poca razón que restaba y la paupérrima conllevancia que a duras penas manteníamos, y que unos cuantos acariciaban como último recurso, desde que su referéndum ilegal se diera de bruces con la realidad, el Estado de derecho, las fugas, las detenciones y el comienzo de la vía judicial.
Durante la pasada semana una legión de abducidos alteró y casi bloqueó por completo el normal funcionamiento del segundo aeropuerto más importante de España, forzando la cancelación de cientos de vuelos, dejando a miles de viajeros y turistas en tierra, obligando a personas de todas las edades, tripulaciones, azafatas y personal aeroportuario a caminar kilómetros para acceder a sus responsabilidades y trabajos. Muchos tuvieron que pernoctar tirados sobre cartones, indignados, sin comprender qué ocurría. Uno de ellos, un visitante francés, con problemas cardíacos, que tuvo que caminar varios kilómetros tirando de su equipaje, falleció a consecuencia de un infarto. Junto a los policías nacionales y mossos lesionados —288 agentes: 153 mossos d’esquadra, 134 efectivos de la Policía Nacional y 1 de la Guardia Urbana— varios héroes de la «republiqueta» han perdido ojos y un testículo debido a las pelotas de goma. Los destrozos en El Prat se elevan a dos millones de euros. Y a nivel global, en toda Catalunya, el saldo asciende a 600 heridos —13 continúan aún hospitalizados, entre ellos un policía en estado muy grave, en el hospital Sant Pau de Barcelona, y otras siete personas cuyo pronóstico es grave—, más de 100 detenidos, 28 encarcelados, y daños que superan los 2,5 millones de euros. La imagen de Barcelona ha quedado seriamente dañada en esa primera semana de furia y caos.

Pero lo peor estaba por llegar tras el asedio al aeropuerto de Barcelona. Unas horas después, cuando muchos pensábamos que quizá todo tendería a calmarse, la ANC y Òmnium, tomando el relevo en la convocatoria de “Tsunamis y Hecatombes”, llamaban a sus huestes a sitiar la Delegación del Gobierno en el Ensanche barcelonés. Y al punto unos 40.000 enajenados, según la Guardia Urbana, respondían a la convocatoria. La noche del martes, durante horas, se sucedieron las cargas, se desató la violencia y ardió Barcelona en infinidad de puntos. El espectáculo, desde la óptica de una sociedad moderna, democrática y europea, recogido en infinidad de vídeos y fotografías que han dado la vuelta al mundo, y retransmitido en directo por la televisión, fue dantesco, inaceptable, triste, desesperanzador. Un absoluto despropósito. El independentismo, en su último embate, perdía la careta, la máscara tras la que se ha ocultado todos estos años. No hay sonrisas, ni fraternidad, ni buen rollo, solo un rostro grotesco y repugnante. En el resto de capitales catalanas el escenario, a menor escala, era muy similar: barricadas, contenedores ardiendo, kale borroka a la catalana, mobiliario urbano destrozado, cargas, vías cortadas, lucha cuerpo a cuerpo y tiendas en llamas.
Viviendo como vivimos en una sociedad hiperconectada, global, resultaba asombroso ver todas esas imágenes, con el corazón atenazado y leer, al mismo tiempo, los mensajes lanzados en las redes por los apóstoles y adláteres de la intolerancia. Marta Pascal, Elsa Artadi, Pilar Rahola, y muchos otros, se llevaban las manos a la cabeza, rasgando sus vestiduras de Armani. “Ese no es el camino”, clamaban. “Así no; así, nunca”, alertaban. Demasiado tarde. El monstruo que han contribuido a crear, alimentado a base de infinitas dosis de ponzoña inyectadas desde sus púlpitos y escaños, había escapado a su control por completo y anda libre, arrasándolo todo a su paso.

Son muchos los culpables de este orden de cosas. Muchos. Desde Roger Torrent, que ha llegado a efectuar llamamientos a desbordar al Estado y su “represión”, hasta paniaguados como el infumable Toni Soler o Mònica Terribas, que en su habitual monserga matutina, llamaba, a primeras horas del miércoles, a la contrición general y al sosiego, acaso consciente de haber abonado durante años la peor de las cizañas. La vergüenza caiga sobre ellos. A mi juicio, y creo que al de cientos de miles de catalanes hartos de esta vergüenza, son, todos ellos, gentuza. Y de la peor calaña. No cabe en la cabeza de ningún ciudadano normal, educado, cívico y demócrata, tanto odio, tanta mala leche, tanta sinrazón.
Durante el miércoles partieron, desde diversos puntos de Cataluña, las denominadas “Marchas por la Libertad”. Y ahí iba, en una de ellas, por la autopista de Gerona, el fanático presidente Quim Torra, anda que te andarás —“patim, patam, patum”, como en la canción infantil catalana del Patufet— en dirección a Barcelona. No dio la cara ante los medios tras el desastre de los dos primeros días hasta verse obligado a condenar, aunque de forma muy tibia, la violencia, pasada la medianoche del miércoles. Él está ahí únicamente, y así lo viene a decir, para servir a una parte del pueblo de Cataluña, y para obedecer a Carles Puigdemont, amo y señor de todos los Tsunamis, deleznable alfeñique cuyo nombre quedará escrito, junto al que le precedió y al que le sucedió en el cargo, en la página más negra y nauseabunda de la historia de Cataluña.

Y mientras tanto, mientras a lo largo del tercer día de furia proseguían los cortes en carreteras y vías urbanas y férreas, Pedro Sánchez recibía en La Moncloa a Pablo Casado, Pablo Iglesias y Albert Rivera. “No se tomarán por ahora —dijo el Presidente en funciones, usando a Fernando Grande-Marlaska de altavoz—, más allá del envío de más contingente policial a Cataluña el próximo fin de semana, medidas especiales”. Como explicó poco después José Luis Ábalos, “el Gobierno tiene a su alcance todos los mecanismos necesarios para actuar como dique de contención del caos cuando sea preciso”. Y añadió, preguntado sobre lo inconveniente o no de los pactos que el PSC mantiene con el nacionalismo en muchos ayuntamientos e instituciones catalanas, que “gracias a esos acuerdos hemos (el PSOE) frenado al independentismo”. No sé cómo lo verán ustedes, pero desde mi punto de vista es para echarse a reír por no llorar.
La noche del miércoles los disturbios afectaron a la zona de la Consejería de Interior, tras una marcha de unas 13.000 personas, cuyo trazado discurría por el centro de la ciudad; el jueves el vandalismo se centró en diversos puntos: Plaza Artós, Jardinets de Gràcia, Provenza y Rosellón/Balmes. Se produjeron violentos enfrentamiento entre CDR y elementos (unos 200 manifestantes) de extrema derecha. Finalmente la peor de las pesadillas se materializó el viernes, cuando tras la masiva manifestación de las «marchas por la libertad» —que congregaron a unas 525.000 personas, según la Guardia Urbana— los independentistas radicales libraron batalla campal contra las fuerzas del orden en la zona de Plaza Urquinaona y Pau Claris, asediando el cuartel de la Policía Nacional en Barcelona. Esa noche dejó imágenes que los barceloneses tardarán décadas en olvidar, y un paisaje lunar, arrasado, devorado por las llamas, en el que todo fue destruido: contenedores, señales de tráfico, mobiliario urbano, terrazas de bares, escaparates. Otras zonas afectadas fueron Plaza de Cataluña, Gran Vía y Plaza Universidad. La quinta noche de protestas fue de una virulencia jamás vista.

La semana se cerró con dos días de relativa tregua, solo salpicados por incidentes menores. Probablemente “la mano negra que mece la cuna de todos los CDR y Tsunamis” —imaginen ustedes de quién o de quiénes hablamos— dio orden de “aflojar”, del mismo modo que en su día dio orden de “apretar”, mientras intentaba en vano poder hablar con Pedro Sánchez. El presidente del Gobierno en funciones se negó a mantener contacto alguno con Quim Torra mientras no condenara con absoluta rotundidad y sin ambages la violencia. A falta de charlas telefónicas, el uno y el otro desempolvaron el viejo arte de la epístola, que siempre marca más distancia y reviste carácter más oficial.

Cataluña se sume, totalmente desgarrada en su tejido social, en la incertidumbre más absoluta. Los CDR amenazan: “Hemos comenzado un camino de no retorno”. Todo puede pasar en los próximos días. Miles de ciudadanos comparten, ante ese panorama, su desesperación en las redes sociales. Dicen sentirse abandonados, solos, sin salida, incapaces de ver el final de esta pesadilla.
Cataluña a día de hoy es una tierra desolada, quemada, maldita, sin futuro, sin posibilidad de reconciliación. No habrá ni olvido ni perdón por parte de nadie, porque ya es, sencillamente, imposible. En el futuro, durante décadas, convivirán sin volverse a mirar a la cara, sin relacionarse, sin mezclarse, dos comunidades antagónicas, ulsterizadas, que se detestan y desprecian profundamente.
La única música futura será un canto fúnebre, un réquiem.