Etiqueta: CAMBIO CLIMÁTICO

‘La catástrofe climática’. Qui prodest?

¿Pereceremos abrasados por quemar gas o de frío por no quemarlo?

POR: JOSÉ MARÍA AIGUABELLA AÍSA

«Mis tres objetivos principales serían reducir la humanidad a 100 millones en todo el mundo, destruir la infraestructura industrial y hacer resurgir las zonas silvestres, para que sus especies al completo tomen el mundo»

Dave Foreman, ecologista estadounidense, miembro destacado del ambientalismo radical

He aquí unos ejemplos de los sucesivos apocalipsis, que debieran habernos eliminado, varias veces, de la faz de la Tierra (algunas incitan a la hilaridad):

  • Año 1967,  Diario The Salt Lake Tribune: Hambruna terrible en 1975.
  • Año 1969, The New Times: Todos desaparecerán en una nube de vapor azul en 1989. 
  • Año 1970, The Boston GlobeEdad de hielo para 2020.
  • Año 1970, Redlans Facts: América estará sujeta a racionamiento de agua para 1974 y de alimentos para 1980. 
  • Año 1970, Revista Life: Los ciudadanos de las grandes urbes requerirán máscaras de gas para 1985, año en el cual la contaminación del aire habrá reducido a la mitad la cantidad de luz solar que llega a la Tierra.
  • Año 1971, The Washington PostNueva edad de hielo para 2020-2030. 
  • Año 1972, Maurice Strong., director del programa de la ONU para el medio ambiente: El hombre también puede ser responsable de la tendencia al enfriamientoCientíficos sugieren que las emisiones de polvo y otras partículas liberadas a la atmósfera  por la agricultura y la quema de combustible pueden bloquear la luz solar para que no llegue y caliente la superficie de la Tierra. 
  • Año 1974, Revista Time: 1974,  The Guardian: Los satélites espaciales muestran que una nueva era de hielo se acerca rápidamente. 
  • Año 1976, The New Times: El enfriamiento del planeta traerá hambruna inminente.
  • 1978, The New Times: Según los expertos: sin fin a la vista para la tendencia de enfriamiento. 
  • Año 1983, EPA de Estados Unidos: Un calentamiento global catastrófico podría comenzar en 1990. 
  • Año 1988, El País: Las Maldivas se hunden en el Índico. 
  • Año 1988, Revista Salon: El principal experto en clima del mundo predice que el Bajo Manhatan se encontrará bajo el agua en 2018.
  • Año 1989, The Oshkosh NorthuveternUn estudio realizado por expertos concluye que el aumento del nivel del mar arrasará las naciones en el año 2000 si no se hace nada. 
  • Año 2000, The Independent: Los niños no sabrán lo que es la nieve.
  • Año 2002, The Guardian: Hambruna en diez años si no dejamos de comer pescado, carne y productos lácteos. Gran Bretaña será como Siberia en 2024.
  • Año 2008, el científico de la Nasa Jim Hasen: El Ártico se quedará sin hielo en 2018.
  • Año 2008, Al Gore: El Ártico no tendrá hielo en 2013/14. 

Fuente: citado por J. García, El rebaño, pp. 215-221. Contiene las referencias de las fuentes.

La meteorología ha deparado un tórrido y prolongado verano, cuyos precedentes había alejado del recuerdo el transcurso de décadas.  Como sucede cada vez que la meteorología aprieta, en uno u otro sentido, el cambio climático, convertido, por la hipérbole en catástrofe climática, es causa recurrente de todos nuestros males,  que justifica el castigo merecido, que los políticos nos aplican bajo onerosas disposiciones, dada nuestra culpabilidad por los malos hábitos y costumbres con que gobernamos nuestras vidas. 

Empecemos por constatar que, desde el origen del planeta Tierra, los ciclos climáticos se alternan de manera natural. Tomemos el ejemplo de la Edad de Piedra, durante el periodo Paleolítico (desde hace 1.500.000 hasta hace unos 10.000 años), cuando la población mundial era tan reducida que su capacidad de contaminación era inexistente. Durante esa extensa cronología tuvieron lugar cuatro glaciaciones –con anterioridad había habido otras-: Mindel, Gunz, Ris, Würm con sus correspondientes periodos interglaciares, en los que el frío era sustituido por las condiciones propias de un clima templado, dando lugar a un cambio climático.

Los efectos de los cambios climáticos repercutieron en la erosión, la modificación de la red fluvial, las inundaciones, el nivel del mar, la sequía, los incendios forestales. También modificaron la fauna, la vegetación y las formas de vida humana. La temperatura global y el nivel del mar han estado fluctuando desde siempre.

Cuando finalizó la cuarta y última glaciación,  el Paleolítico cedió el  paso al Mesolítico. Las temperaturas alcanzaron los niveles del clima templado y, como consecuencia del cambio climático, las especies animales resistentes al frío desaparecieron de las latitudes medias. El reno que había llegado a  habitar en el sur de Europa, se desplazó hacia las proximidades del Ártico, mientras que  el mamut y el rinoceronte se extinguieron y apareció una nueva fauna, propia del clima templado como el ciervo, el corzo o el jabalí. Los bosques de coníferas y abetos se desplazaron hacia el Norte de Europa y Canadá, siendo sustituidos por especies como el roble, avellano, olmo. El hábitat humano se fue haciendo sedentario y surgieron incipientes poblados. La incipiente agricultura y ganadería fueron sustituyendo a la economía depredadora.  Los utensilios se  adaptaron y perfeccionaron para atender a las nuevas necesidades agrícolas y domésticas. 

Desde entonces hasta hoy los ciclos climáticos se han sucedido, provocando tanto altas como bajas temperaturas o han oscilado entre periodos de sequía y lluviosos. 

Los anuncios sobre el final de los tiempos han estado presentes a lo largo de la Historia. Antaño, eran los dioses quienes enviaban catástrofes a la humanidad como castigo por su mal comportamiento. Hoy, es el planeta, elevado a la condición de divinidad, que enfurecido por las agresiones que cada uno de nosotros le causamos, nos castiga y castigará con las catástrofes merecidas, acordes con nuestra culpabilidad. 

Si nos atenemos a la realidad, actualmente, existe un consenso acerca del aumento de temperatura en la Tierra. Resulta más complicado averiguar en qué medida influye en ello el ser humano. Los científicos invierten su tiempo y esfuerzo en investigar, formular hipótesis, que hasta que no están verificadas no elevan a la condición de ciencia. Por otro lado, un grupo organizado, con cuantiosos incentivos y numerosos altavoces mediáticos, se presentan como la voz  universal y única con pretensiones de ciencia

No existe mejor recurso para dominar a la sociedad que el miedo –como se ha comprobado durante la pandemia-. La naturaleza, ese dios vengativo, debe ser   apaciguado con ofrendas y sacrificios, de los que los sumos sacerdotes climáticos resultarán beneficiados con la parte alícuota de  las ofrendas.  

La inminencia del apocalipsis climático como hecho irrefutable, ha derivado en un sucedáneo de religión. «Una religión obligatoria como palanca para imponer un nuevo orden, cuya esencia es sospechosamente vieja» (J. Benegas).  Entre sus preceptos a observar se encuentran el dejar de comer carne, el vivir en una casa más reducida, el renunciar al coche privado, el dejar de viajar en avión, el renunciar a tener hijos, que contribuirían a la contaminación humana.

En los años 70 el apocalipsis climático se anunciaba producido por el frío; el petróleo se acabaría en 10 años, siendo optimistas en 20. En la década de los 80, las ciudades no quedaron, como se había anunciado, sepultadas bajo el agua y arrasadas por huracanes violentísimos. En el siglo XX, debiéramos haber muerto de frío. En el XXI, aseguran, algunos “expertos”, que pereceremos abrasados. ¡Qué cosas! Propias de la profesión de activista mediático.

¿A qué intereses benefician las consecuencias de la miseria energética autoimpuesta en Occidente? China emite el 30% de emisiones de carbono en el mundo; Estados Unidos el 13,4 %; la Unión Europea el 9%; España el 0,9 %. Curiosamente la carga onerosa medioambiental recae sobre los que menos contaminan.  Occidente está siendo arruinado por unos gobiernos de cursis, cuando no de políticos espurios, obsesionados con las emisiones cero, que ponen el porvenir de sus ciudadanos –imaginen cómo y por qué- en manos de un puñado de autócratas corruptos y tiránicos, cuyos países contaminan sin rubor,  mientras se frotan las manos ante tan estúpida entrega incondicional a sus intereses. ¿Será por qué quien que paga, manda? 
Ni que decir tiene, que el gran beneficio, producido por el timo climático,  que obtienen las grandes corporaciones empresariales, oligopolios del capitalismo globalista, está aliado con la propaganda «ecolojeta», realimentada  y legitimada por el activismo climático «progre», el cual no se entera o se entera demasiado bien.

«En Occidente ha proliferado una nueva profesión que consiste en ser activista, es decir, jugar a ser revolucionario amparado por el sistema que dice querer derrocar y financiado por multinacionales, grandes empresas y el poder político»

J. García, el Rebaño, p. 173.

«…los situados más a la izquierda. De hecho, estos son los únicos que, desde entonces, han sabido promover entre los electores grandes causas, mientras que los conservadores se han limitado a argumentar que son buenos gestores.…

En la búsqueda de una hegemonía permanente, se ha eliminado la dependencia de la realidad y, en consecuencia, su exposición a la crítica y el disenso. Así hemos  llegado hasta el presente, donde, mediante la agitación del pánico moral, las grandes causas, como el Ecologismo, el Feminismo, el Igualitarismo o el Identitarismo, han alcanzado la categoría de santas cruzadas inasequibles a la crítica. En su defensa, la masa, enardecida y convertida por los políticos y los medios de información en creyentes, no se anda con reparos».3.

J. Bengas, La ideología invisible, p. 6

La Agenda 2030 de la ONU: un repaso a sus aspectos y sus objetivos más controvertidos

Examinando en su propio texto las causas por las que genera tanta polémica

Elentir

Uno de los temas recurrentes de los discursos políticos de estos últimos años es la llamada Agenda 2030, muy citada pero poco conocida para el gran público.

Un documento aprobado en 2015 sin ser sometido a votación

Su nombre oficial es «Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible». Fue adoptada por la Asamblea General de la ONU el 25 de septiembre de 2015. El texto completo y oficial de la Agenda 2030 se puede leer aquí (ver PDF). Según podéis leer en este enlace, la ONU afirma que se trata de «un plan de acción a favor de las personas, el planeta y la prosperidad, que también tiene la intención de fortalecer la paz universal y el acceso a la justicia». Un detalle llamativo de este documento se refiere a su proceso de aprobación. Ese mismo día, la web de la ONU afirmó que el texto se adoptó «unánimemente», pero en el registro de resoluciones del 70° Período de Sesiones de la ONU nos encontramos con lo siguiente:

Esto mismo se indica en el Volumen I de Resoluciones y Decisiones de la ONU (ver PDF) de ese año, al hablar de la Resolución 70/1, que aprobó la Agenda 2030: «Aprobada en la 4a sesión plenaria, celebrada el 25 de septiembre de 2015, sin votación, sobre la base del proyecto de resolución A/70/L.1″.

Hay que decir que este tipo de resoluciones sin votación son aprobadas en la ONU cuando existe un consenso previo. En el sitio web de la Agenda 2030 se afirma: «En 2015, todos los Estados Miembros de las Naciones Unidas aprobaron 17 Objetivos como parte de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, en la cual se establece un plan para alcanzar los Objetivos en 15 años». La pregunta que cabe hacerse ahora es si todos los países miembros de la ONU consensuaron dicha agenda tal como la ONU los está interpretando.

El objetivo 5 y el eufemismo que usa para disfrazar el aborto

Un ejemplo de este posible conflicto lo vemos en el objetivo 5, titulado así «Lograr la igualdad de género y empoderar a todas las mujeres y las niñas». Ya de partida, el objetivo utiliza un término con una carga ideológica (los seres humanos tenemos sexo, no género, pero el progresismo usa esta palabra para disociar el sexo de la biología). El texto que desarrolla el objetivo incluye muchas cuestiones totalmente legítimas, como poner fin a toda discriminación y violencia contra mujeres y niñas, y eliminar el matrimonio infantil, precoz y forzado y la mutilación genital femenina.

El problema llega en el punto 5.6, que afirma lo siguiente: «Asegurar el acceso universal a la salud sexual y reproductiva». La ONU viene utilizando desde hace muchos años el término «salud sexual y reproductiva» como un eufemismo del aborto. Por ejemplo, el 11 de noviembre de 2019, la web de la ONU acusó a «conservadores y fundamentalistas» de intentar «hacer retroceder los derechos de las mujeres»citando expresamente el acceso al aborto como parte de esos derechos. La declaración partía simplemente de un grupo de expertos de la ONU, pero a menudo estas declaraciones son usadas como si hubiesen sido aprobadas por la Asamblea General.

La ONU ya ha apelado a ese objetivo 5 para promover la despenalización del aborto

Los motivos para la alarma en torno al citado objetivo punto 5.6 se confirmaron en menos de un año. El 5 de agosto de 2016, la ONU publicó un documento, el Informe del Relator Especial sobre el derecho de toda persona al disfrute del más alto nivel posible de salud física y mental (ver PDF). El informe señalaba al comienzo: «La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y los Objetivos de Desarrollo Sostenible brindan la oportunidad de mejorar la salud y los derechos humanos de los que se han quedado más atrás». En el documento se afirma lo siguiente:

«Las leyes que penalizan el aborto o limitan el suministro de información o la prestación de servicios de salud sexual o reproductiva exponen a las mujeres y las niñas a un mayor riesgo de complicaciones relacionadas con el embarazo y mortalidad materna (meta 3.2/3.7 y Objetivo 5)».

A día de hoy, muchos países penalizan total o parcialmente el aborto por cuanto implica matar a un ser humano en su etapa prenatal. ¿Cuando esos países otorgaron su apoyo a una Agenda 2030 aprobada sin votación, sabían que se usaría para atacar el derecho a la vida que protegen sus leyes?

El objetivo 4 y su olvido de la libertad de educación

Por otra parte, el objetivo 4 lleva este título: «Garantizar una educación inclusiva y equitativa de calidad y promover oportunidades de aprendizaje permanente para todos». Nuevamente, el texto utiliza términos con carga ideológica como «igualdad de género» y no hace mención alguna a la libertad de educación, un derecho amparado por los Artículos 18 y 26 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y por diversos tratados internacionales.

Colaron la ideología de género ya en la introducción

Hay que decir que la carga ideológica de la Agenda 2030 queda patente ya en su introducción, cuando afirma: «La incorporación sistemática de una perspectiva de género en la implementación de la Agenda es crucial». El término «perspectiva de género» viene siendo utilizado como un eufemismo de la ideología de género, una teoría anticientífica que pretende disociar el sexo de la Biología.

El cambio climático y las políticas de intervencionismo estatal

Por otra parte, el Objetivo 13a afirma lo siguiente: «Cumplir el compromiso de los países desarrollados que son partes en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de lograr para el año 2020 el objetivo de movilizar conjuntamente 100.000 millones de dólares anuales procedentes de todas las fuentes a fin de atender las necesidades de los países en desarrollo respecto de la adopción de medidas concretas de mitigación y la transparencia de su aplicación». El punto 13.2 también llama a lo siguiente: «Incorporar medidas relativas al cambio climático en las políticas, estrategias y planes nacionales».

Estas pautas están sirviendo para disparar el gasto público, la presión fiscal y el intervencionismo estatal en los países occidentales, mientras China sigue siendo la primera potencia contaminante, emitiendo un 30% del total mundial de dióxido de carbono, más que Estados Unidos, India, Rusia y Japón juntos.

Un documento en el que han colado metas muy criticables entre otras legítimas

Así pues, los críticos con la Agenda 2030 tienen razones para recelar de ella. Entre muchas metas que son loables y otras que son más o menos ambiguas, la ONU ha colado elementos con una clara carga ideológica y que lesionan derechos fundamentales, empezando por el derecho más primario de todos, que es el derecho a la vida, en el caso del aborto.

¿Un texto determinado por la influencia de China en la ONU?

Hay que tener en cuenta que China tiene una creciente influencia en la ONU, por lo que cabe preguntarse hasta qué punto de esos objetivos se han caído cuestiones tan elementales como la libertad de educación -que no existe en esa dictadura comunista- mientras se han introducido tesis abortistas que sí son del agrado de ese régimen totalitario, simplemente para hacer un texto acorde a los intereses chinos, aunque no lo sea para el resto del mundo. Por lo demás, habría que preguntar también qué clase de examen hicieron muchos gobiernos de ese documento antes de aprobarlo, dejándose colar términos ideológicos y tesis abortistas que no tiene la aprobación de todo el mundo ni por asomo.

Nos vamos a comer a Pepito Grillo

Mientras escribo estas líneas unos 2.700 seres ilustres, entre los que se cuentan Presidentes de Gobierno y Jefes de Estado; líderes políticos de toda adscripción, con su pin 2030 en la solapa; CEOs de grandes multinacionales y empresas punteras; banqueros de riñón forrado; representantes ilustres de la sociedad civil, y propietarios de grandes medios de comunicación, se hallan reunidos en el Foro de Davos

Por: Julio Murillo

Mientras escribo estas líneas unos 2.700 seres ilustres, entre los que se cuentan Presidentes de Gobierno y Jefes de Estado; líderes políticos de toda adscripción, con su pin 2030 en la solapa; CEOs de grandes multinacionales y empresas punteras; banqueros de riñón forrado; representantes ilustres de la sociedad civil, y propietarios de grandes medios de comunicación, se hallan reunidos en el Foro de Davos, sacando humo por las orejas durante cuatro días o así, a fin de “impulsar soluciones con visión de futuro y abordar los desafíos globales más apremiantes”. Al menos ese es el objetivo según el portal oficial WEF (World Economic Forum) de la monumental francachela que se montan anualmente aquellos que rigen los destinos del mundo.

Llegan muy ufanos en sus flotillas de jets privados, con sus séquitos de asesores, adláteres, paniaguados y prensa subvencionada; se abrazan y se dejan querer en la alfombra roja; pronuncian discursos trascendentes en tono circunspecto pero con sonrisa ladina; se ponen tibios de pato a la naranja, ostras de Arcade, transportadas en contenedores especiales, y langosta a la meunière –manjares generosamente regados con grandes reservas y con champagne Cuvée Dom Ruinart Blanc de Blancs 2010 de Maison Ruinart–; mitigan la soledad y el insoportable peso que el poder conlleva solazándose con escorts selectas entre sesión y sesión, y, tras unos cuantos eructos, polvos y fotos oficiales para consumo global e interno regresan con expresión triunfal, dejando tras de sí una huella de carbono y un despilfarro inmensurable.

Pero calma, calma, que les veo venir… No se sitúen, amigos lectores, en una tesitura conspiranoica. A mí esas teorías me divierten mucho, para qué negarlo, pero fijo que ninguno de estos próceres del mundo mundial es un Illuminati, o aún peor, un Anunnaki reptiliano morador de la Tierra Hueca –aunque algunos tengan una morfología de ofidio que espanta–. No, simplemente son seres superiores (ahí tienen a nuestro insigne Presidente) dispuestos a solventar todos los problemas que nos afligen desde tiempo inmemorial, desde el olvidado agujero de ozono de la Antártida, el SIDA, el Ébola, las crisis económicas, el deshielo de los casquetes polares, las guerras geoestratégicas, las epidemias propagadas por un murciélago cabrón que se escapó de un laboratorio, y mil maldiciones más que requieren de bálsamos de Fierabrás a la voz de ya… porque el mundo, ahora mismo, va de culo, cuesta abajo y sin frenos.

Son muchísimos los problemas y poco el tiempo disponible para atajarlos o paliarlos… ¿Cómo parar una guerra no auspiciada por nadie?, ¿cómo reducir el nivel de contaminación sin dejar de producir y crecer?, ¿cómo reducir la población mundial porque aquí sobra, eso dicen ellos, más de la mitad de la gente?, ¿cómo lidiar con el cambio climático que nos abrasará en breve?, y sobre todo la pregunta más acuciante: ¿cómo alimentar a millones de parias y desheredados en tiempos de crisis, hiperinflación galopante y escasez de materias primas?

Tranquilos, que en 2030 todo esto estará solventado, a base de downsizing, decrecimiento controlado, y seremos felices sin necesidad de comer perdices. Confíen en la famosa Agenda. Estamos en las mejores manos. En lo referido a las hambrunas la solución es el grillo. Pepito Grillo. Nos lo vamos a comer, usted, yo, Vicente y el resto de la gente. La voz de Pepito Grillo, otrora voz de la exigua conciencia de los mentirosos, será ahora conciencia universal. Y también nos zamparemos al escarabajo del estiércol y sus larvas. Hasta en la sopa los vamos a degustar. Luego vendrán los gusanos, las larvas y los artrópodos, que constituyen el filum más numeroso y diverso del reino animal. No se espanten, recuerden a Steve McQueen interpretando a Papillón y cazando cucarachas en su celda en la Guayana francesa.

En medio de la tremenda avalancha de noticias que se generan a diario, quizás a muchos de ustedes les haya pasado inadvertida una medida legislativa de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) que el 23 de marzo de 2022 ratificó la “seguridad” (déjenme poner comillas al término seguridad) en el consumo –en forma de pasta o preparado alimenticio, parcialmente desgrasado, congelado, liofilizado, molido, triturado o en polvo–, del Acheta domesticus (grillo de proximidad, como el de su jardín) y también la del Alphitobius diaperinus, o escarabajo Pelotero, un coleóptero veneradísimo en el antiguo Egipto –hasta el séquito del faraón se detenía a su paso, recuerden el magnífico film de 1966 de Jerzy Kawalerowicz– que redondea con sus patitas dentadas boñigas de estiércol para criar a sus larvas. La UE ha dictado Reglamento de Ejecución con fecha 5 de enero de 2023, a pesar de que admiten posibles efectos secundarios, reacciones adversas, alergénicas –sobre todo en aquellos que presenten intolerancia a moluscos y crustáceos–, e incluso casos de anafilaxia, no recomendando, por tanto, su consumo a menores de 18 años. Nuestro BOE ya ha publicado la normativa.

Y en esas estamos. Como parece que a nivel planetario debemos ir haciéndonos a la idea de que “the end is near and so we face the final curtain”, que nos cantaba Frank Sinatra, estos dos encantadores bichitos van a pasar a formar parte de panes, multicereales, colines, barritas energéticas, galletas, bizcochos, repostería en general, platos preparados con leguminosas y cereales, sucedáneos de carne, sopas o polvos de sopa, chocolate, pizzas, harinas, aperitivos, snacks, y mil y un productos más.

Nos estábamos quedando sin abejas, cada vez más raras de ver, y ahora se van a cepillar a millones de grillos y escarabajos. Torrefacción y molido. Y eso me lleva a recordar un lejano día en que un brillante profesor de Ciencias Naturales de bachillerato entró en clase y desplegó en la pared un gran mapa ilustrado, taxonómico, mostrando desde la base hasta el vértice de la pirámide todos los reinos y especies de nuestro mundo, desde los protozoos hasta el Homo sapiens. Tras una larga disertación nos preguntó: ¿cuál de estos animalitos consideran ustedes que es el más insignificante y prescindible? Claro, los reptiles, batracios, insectos e himenópteros ganaron por goleada. Aquel profesor fue contundente: “Si eliminan eso, lo pagarán caro, porque el mundo se irá a la mierda”.

Era mentira. Porque nos cepillamos anualmente docenas, centenares de especies, y aquí no pasa nada. Menos mal que tenemos a estas lumbreras al timón, pilotando el big reset que hará que todos seamos felices sin ser dueños del sayo que vistamos o de las alpargatas que calcemos. Tienen solución para todo: ¿Exceso de contaminación? Pues coche eléctrico que te endoso, a precio estratosférico, y ya lo pagarás como puedas y ya te espabilas buscando un enchufe; ¿hambruna en el horizonte?, pues toma grillo y escarabajo, que cuando se acaben ya seguiremos con gusanos, libélulas, hormigas y babosas. Y así, con todo. Absolutamente con todo. Y lo que no arregle la izquierda progresista mejor que lo dejemos en manos de Dios o de quien sea… There’s anybody out there?

A todo nos acostumbramos, amigos. Después de todo, los hábitos alimentarios son una mera cuestión cultural. Estas cosas en muchos puntos de Asia se las comen a diario de entrante, seguido de una buena rodaja de anaconda a la plancha y un licor de “largato” para bajar. Eso sí, aquí se impone que Klaus Schwab, George Soros, Bill Gates, Christine Lagarde, Pedro Sánchez, Alberto Nuñez Feijóo y, sobre todo, Alberto Garzón, el del chuletón descomunal, den ejemplo. Los queremos ver devorar un plato de escarabajos y otro de saltamontes au point en vivo y en directo. Las salsas, al gusto, porque todos ellos son muy finos.

El problema es que una vez iniciado, y aceptado –que eso está aún por ver–, ese camino, nos aproximamos un poco más a la solución final, de corte orwelliano. Les recomiendo encarecidamente que vean, o vuelvan a ver, “Soylent Green” (1973), titulada en España “Cuando el destino nos alcance”, película distópica dirigida por Richard Fleischer, con unos magníficos Charlton Heston y Edward G. Robinson –fue la última película de este inmenso actor–, en la que la humanidad malvive gracias a una «alga marina» salvífica; un último y desesperado recurso alimentario que el Gobierno reparte entre las masas, por el cual todos son capaces de matar a su hermano o a su vecino… Un alga que nace –tremenda revelación final– de la desesperación de millones, de la eutanasia voluntaria y de las morgues habilitadas a tal efecto.

Les dejo, que se desploma la temperatura y tengo que tapar los ajos, puerros, apios y semillas varias que estoy germinando. Sean felices. Bueno, sean lo que puedan ser, o lo que nos dejen ser. El núcleo de la Tierra ya gira a la inversa. Descorche lo que tenga a mano y rece para que cualquiera que no sea Pedro Sánchez esté al timón.

Frío polar en EEUU: ¿calentamiento global?

Nuestro viejo y querido planeta Tierra sigue girando ajeno por completo a las pretensiones de sus habitantes, pero para quienes viven del floreciente negocio del fraude climático el 2022 ha sido un mal año.

POR: Fernando del Pino Calvo-Sotelo

Nuestro viejo y querido planeta Tierra sigue girando ajeno por completo a las pretensiones de sus habitantes, pero para quienes viven del floreciente negocio del fraude climático el 2022 ha sido un mal año.

Nadie lo diría, leyendo los mismos medios que repiten las mentiras sobre el covid o las sandeces sobre la guerra de Ucrania, pero los iconos del cambio climático han ido quedando al desnudo como lo que siempre fueron: mentira, propaganda, humo.

¿Sabe usted que los satélites muestran que la Tierra es cada vez más verde? A pesar del crecimiento de la población, cada vez hay más superficie cubierta por árboles[1], es decir, que no existe ya un problema de deforestación en el planeta gracias a la disminución de la superficie quemada por incendios forestales[2], a la reforestación y al aumento del maravilloso CO2, alimento por antonomasia de plantas y árboles, sinónimo de vida.

Para empeorar las cosas, diciembre ha terminado con un frío polar sin precedentes en EEUU, que los obedientes periodistas achacan a la tormenta “Elliot” como hace dos años fue “Filomena”. Ya saben, cuando hace mucho frío sólo es meteorología (una simple “ola de frío” con “vientos árticos”), pero cuando hace calor ya no hay “olas de calor” naturales y recurrentes, sino “calentamiento global”.

 Por cierto, ningún “científico” supo predecir este frío siquiera con un par de semanas de antelación, pero saben a ciencia cierta lo que pasará en el planeta dentro de 100 años.

El Ártico y el oso polar

El primer ídolo climático caído es la reducción del hielo del Ártico, un mantra constante a pesar de su irrelevancia, pues sólo supone el 0,07% del hielo del planeta. Además, su potencial derretimiento no implicaría un aumento del nivel de los océanos, pues flota ya en la superficie del mar (principio de Arquímedes). El hecho es que, tras algunos años reduciéndose, la superficie media de hielo en el Ártico se está estabilizando e incluso ha crecido[3]:

Por primera vez desde el 2008 este año la ruta marítima del Norte que bordea la costa de Eurasia no ha estado libre de hielos, y en su mínimo estival la superficie de hielo del Ártico ha superado los 6 millones de km (12 veces la superficie de España), casi la mayor cifra desde 2007[4], año en que el periodista y político Al Gore hizo caja profetizando que en el 2013 el Ártico estaría sin hielo. Nadie ha sabido predecir este aumento, y nadie sabe por qué se ha producido.

Hablar del Ártico es hablar del oso polar, icono ecologista por excelencia convertido en víctima del “calentamiento global”. La imagen (¡de dibujos animados!) de un pobre osito ahogándose fue tan efectiva en una sociedad tan infantilizada como la nuestra que conocidas organizaciones ecologistas la utilizaron para sablear al personal en exitosas campañas.

Esto no dejaba de resultar extraño, pues el oso polar es el mamífero terrestre que tiene menos probabilidad de ahogarse: su récord de natación ininterrumpida en mar abierto es de 687 km durante casi 10 días de travesía en aguas gélidas.

Mensaje para adultos: el oso polar no es un osito de peluche sino un peligroso y despiadado depredador que despelleja a sus presas antes de comérselas (a veces, aún vivas) en una sangrienta orgía de rojo sobre blanco. También practica el canibalismo matando y comiendo crías de su propia especie[5]. Pues bien: para desmayo de sus presas, su población crece sin parar y se estima hoy en 32.000 ejemplares[6]. Uf, qué alegría.

Groenlandia y la Antártida, cada vez más fría

Groenlandia es un reservorio de hielo 125 veces más importante que el Ártico. La superficie de esta enorme isla, cuatro veces el tamaño de España, está cubierta por una capa de hielo de 3 km de espesor. Durante algunos años su hielo disminuyó ligeramente, pero también se está recuperando y este año ha estado por encima de la media desde 1980[7].

La Antártida es la mayor reserva de hielo del planeta (un 90% del total) con un volumen 1.250 veces superior al del Ártico. Como es el caso de Groenlandia, la mayor parte del hielo está cubriendo el continente con un espesor medio de más de 2km y una pequeña parte flota libremente en sus costas.

En conjunto, la Antártida está ganando hielo según un estudio de la NASA[8], pero incluso la pequeña parte que flota, mucho más inestable y objeto habitual de filmaciones en las que grandes trozos de hielo caen al mar, crece ligeramente desde hace 40 años[9].

En definitiva, parece que no deberíamos perder el sueño por el hielo del “continente helado” (llamado así por algún motivo), cuya temperatura media es de -57°C y cuyo Polo Sur se enfría ligeramente desde hace 60 años[10], habiendo sufrido su invierno más gélido en el 2021[11]:

Nadie supo predecir este enfriamiento, y nadie sabe por qué se ha producido.

La resurrección de los corales

Otro icono de la propaganda climática ha sido el blanqueamiento y destrucción de los corales causado, claro está, por el calentamiento. Dado que la primera referencia al blanqueamiento de los corales australianos data del año 1575, que los océanos apenas están mostrando calentamiento desde que se miden con las boyas Argo y que los corales son impresionantemente longevos y resistentes, la relación causa-efecto disparaba las alarmas habituales de las mentiras del fraude climático.

Esto ha quedado demostrado este año cuando, contrariamente a las cansinas profecías catastrofistas, la superficie de coral en la Gran Barrera australiana ha crecido hasta batir el récord de los últimos 36 años, especialmente en la zona norte[12].

Nadie supo predecir este aumento y nadie sabe por qué se ha producido.

Finalmente, cabe mencionar que la evidencia empírica tampoco muestra un aumento de fenómenos meteorológicos extremos: no hay ninguna tendencia apreciable en sequías, ni olas de calor, ni inundaciones, ni huracanes, como ven en el siguiente gráfico[13]:

La difícil medición de temperaturas globales

La temperatura atmosférica sólo se ha podido medir con cierta precisión desde que se desplegaron los primeros satélites en 1979, y la del mar sólo desde 2007, cuando concluyó el despliegue inicial de boyas Argo (un termómetro por cada 100.000 km2 de océano).

Así, desde 1979 (un año frío) los satélites han mostrado un aumento de temperatura de 0,13°C por década[14], variación que quizá caiga dentro del rango de error instrumental, aunque desde finales del s. XX la temperatura atmosférica apenas ha variado:

La medición de temperaturas de esa inmensidad de volumen que es la atmósfera del planeta tiene enormes limitaciones, a pesar de la seguridad con que se manifiestan algunos.

Para observaciones muy anteriores a 1979 sólo existe un limitado número de termómetros que cubren un porcentaje ridículo de la superficie del planeta (y sólo en el hemisferio norte), y que además están contaminados por el llamado “efecto de isla urbana de calor” (UHI), es decir, por mediciones hechas con termómetros que hace 100 años estaban en mitad del campo y que hoy están en medio de la ciudad (con asfalto, coches y calefacciones).

Para mediciones de temperatura en series paleoclimáticas (de miles o cientos de miles de años) la principal fuente son las estimaciones derivadas de los isótopos de oxígeno atrapados en el hielo antártico y, en menor medida, groenlandés, que dan una idea de la temperatura local (sólo en dos puntos de la Tierra) y que además se comportan de modo asíncrono.

Pues bien, coincidiendo con este ligerísimo aumento de temperaturas la concentración de CO2 en la atmósfera ha pasado del 0,025% al 0,04%. Los instigadores del fraude climático (los yonquis del poder globalistas y grandes intereses económicos) han desarrollado una simplista relación causa-efecto que, contrariamente al mantra del “consenso”, es cuestionada por muchos científicos de enorme prestigio.

Así, han culpado a una pobre criatura llamada hombre, que pasaba por ahí, del “cambio climático”, como si el clima no hubiera cambiado siempre de forma natural, y pronostican que de seguir aumentado la temperatura unos pocos grados más llegará el apocalipsis.

No sé si a ustedes les pasa, pero yo sobrevivo sin problemas a diferencias de temperatura de 10°C todos los días del año entre la mañana y la tarde y de 30°C entre el invierno y el verano. ¿Creen que el hombre y el planeta no pueden adaptarse a un suave aumento de temperatura de 1 o 2°C en los próximos dos siglos, si es que llega a producirse?

 ¿Qué solución proponen para evitar el Apocalipsis? Lo de siempre: más poder y más dinero para unos pocos y el empobrecimiento y la servidumbre para el resto.

El clima es cíclico y sabemos poco de él              

El principio fundamental del clima es la ciclicidad, y al igual que la marea primero sube y luego baja, ni el día ni la noche, ni el frío ni el calor, ni la lluvia ni la sequía, ni el verano ni el invierno, ni siquiera los gobernantes psicópatas son eternos.

Lo mismo pasa con el clima: es cíclico y lleva cambiando desde el albor de los tiempos con glaciaciones en las que el nivel de los océanos era 120m inferior al actual y calentamientos posteriores, pero la propaganda climática ha aprovechado estos ciclos naturales para crear su relato apocalíptico extrapolando ad infinitum tendencias de corto plazo.

El clima terrestre es un sistema multifactorial, complejo y caótico sobre el cual el hombre apenas comprende una pequeña parte. De ahí que las predicciones meteorológicas fallen estrepitosamente más allá de unos pocos días o que esta increíble ola de frío y nieve en EEUU haya llegado casi por sorpresa.

Cualquier físico atmosférico honrado reconoce que lo que ignoramos del clima es mucho más de lo que conocemos. Afectado por la radiación solar, los movimientos de traslación y rotación, por las grandes masas oceánicas y sus corrientes, por las nubes, sujetas a retroalimentaciones de distinto signo, y por gases de efecto invernadero (de los que el más importante es el vapor de agua), simplemente no conocemos bien su funcionamiento.

La tendencia de las temperaturas, además, depende del punto de partida elegido. Como dice el geólogo Ian Plimer, “si usted quiere mostrar que hay calentamiento, tome el período 1979-1998; si quiere mostrar que no lo hay, escoja los últimos 24 años; si quiere demostrar que hay calentamiento por causas naturales, escoja los últimos 300 años; si quiere demostrar que hay enfriamiento, escoja los últimos 6.000; y si quiere demostrar que el clima es cíclico por causas naturales, tome el último millón de años, como hago yo[15]”.

El fraude climático

Querido lector: cuando le asusten con el cambio climático, recuerde la manipulación masiva que hemos sufrido con el covid. La táctica es similar: el miedo como herramienta de control, la ocultación de datos, el abuso de la mentira, la censura, la manipulación y corrupción de “la Ciencia”, el falso consenso, la persecución del disidente (¡negacionista!), la servil complicidad de los medios y el afán de poder.

Y no olviden que el fraude del cambio climático (“calentamiento global”) tiene un alto precio: la pérdida de la libertad y un empobrecimiento masivo, del que la inflación es un ejemplo. El objetivo final es concentrar el poder y el dinero en unos pocos.

 “No existe ninguna emergencia climática” afirman más de 1.400 científicos en la World Climate Declaration[16]. Sin duda. Esa pretenciosa criatura llamada hombre no tiene el poder de determinar el clima de su planeta ni, por ahora, la capacidad para comprenderlo. Qué más quisiera.

[1] Global land change from 1982 to 2016 | Nature
[2] A human-driven decline in global burned area | Science
[3] Sea Ice Mysteries – Watts Up With That?
[4] Summer’s waning light | Arctic Sea Ice News and Analysis (nsidc.org)
[5] EXCLUSIVE: Male Polar Bear Chases and Eats Cub | National Geographic – YouTube
[6] Polar bears continued to thrive in 2021 – The Global Warming Policy Foundation (thegwpf.org)
[7] Massive Increase in Greenland Surface Ice Sheet Suggests Possible Overall Gain in 2022 – The Daily Sceptic
[8] NASA Study: Mass Gains of Antarctic Ice Sheet Greater than Losses | NASA
[9] New Perspectives on the Enigma of Expanding Antarctic Sea Ice – Eos
[10] Fifty-year Amundsen–Scott South Pole station surface climatology – ScienceDirect
[11] It has never been so cold at the South Pole | Polarjournal
[12] Annual Summary Report of Coral Reef Condition 2021/22 | AIMS
[13] Little evidence of changes in extreme weather trends – The Global Warming Policy Foundation (thegwpf.org)
[14] Roy Spencer, PhD (drroyspencer.com)
[15] Not for Greens, Ian Plimer, 2014.
[16] World Climate Declaration – Clintel

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El mito del cambio climático y la energía limpia y la izquierda

«Limpio», como «inteligente», se ha convertido en un requisito para toda tecnología. Tanto lo uno como lo otro son mitos.

La tecnología inteligente es una tecnología de vigilancia. No es más inteligente por sus cualidades intrínsecas, sino porque envía y recibe datos que le permiten ser más inteligente a la hora de manipular a los usuarios. La parte inteligente la ponen los seres humanos. También la parte estúpida, como cuando a cambio la gente sacrifica su privacidad e independencia.

La energía limpia es un mito aún mayor. La Ley sobre el Aumento de la Inflación (Inflation Increase Act) canaliza miles de millones de dólares a formas ineficientes de generación de energía que el Estado viene subvencionando desde hace más de 50 años porque alguna agencia publicitaria de Madison Avenue las calificó de «limpias».

La energía es inherentemente limpia y sucia. Para poder aprovechar las fuerzas del universo se necesita extraer metales, talar árboles y convertir los combustibles fósiles en plásticos con los que ensamblar máquinas. Una vez esas máquinas están en funcionamiento desprenden calor, porque, limpias o sucias, así funciona la segunda ley de la termodinámica. Ni siquiera Al Gore puede eludir la entropía, y ni el panel solar más reluciente, los aerogeneradores más elegantes o el Tesla más sigiloso evitarán el desperdicio energético cuando la energía se transfiera, almacene o utilice para hacer una cosa u otra.

La única energía realmente eficiente proviene de criaturas bioluminiscentes como las luciérnagas. No las hemos creado y, a pesar de todos los alardes de los tecnócratas, no podemos replicarlas.

La energía limpia depende de enormes minas de tierras raras gestionadas por la China comunista, que envenenan todo lo que les rodea. Los aerogeneradores requieren enormes cantidades de madera que deforestan el Amazonas. Ni las turbinas ni los paneles solares se reciclan cuando se tornan inservibles: acaban en vertederos y se convierten en residuos tóxicos. Respirar la fibra de vidrio de aerogeneradores inutilizados o beber agua contaminada con metales pesados procedente de los paneles solares es un grave peligro para la salud.

Gran parte de la basura limpia que llamamos «reciclaje» también acaba en los vertederos. La diferencia entre la basura sucia y la limpia es que enviamos parte de la segunda a China o a países del Tercer Mundo, donde la reciclan en condiciones muy primarias y luego nos la devuelven. Eso, hasta que China tomó medidas contra la toxicidad de la industria del reciclaje y empezó a rechazar gran parte de nuestra basura limpia, que ahora va a parar a vertederos igualmente limpios.

No había nada de ecológico en mandar al otro lado del mundo cajas de pizza o botellas de cola. Un artículo describía una ciudad china en la que se reciclaba plástico como una «zona inerte» sin «nada verde«, en la que se trituran «capas de cajas de plástico corrugado, viejos barriles de plástico y gigantescos charcos resecos de plástico», «se vierten en tinas metálicas llenas de líquido limpiador cáustico» y luego el «exceso de basura y líquido limpiador» se «arroja a un pozo de residuos de las afueras».

Esa es la sucia realidad que se esconde detrás del triángulo del reciclaje y de los anuncios llenos de productos desechables de dibujos animados deseosos de ser reciclados en nuevos productos para niños más que dispuestos.

La parte limpia de la energía limpia o de la basura no está en su elaboración, sino en nuestra percepción.

Un panel solar parece estéticamente más limpio que una mina de carbón. Un coche eléctrico emite un zumbido artificial de nave espacial mientras se desliza por la calle. Una turbina eólica titila en blanco. Estas impresiones superficiales tan triviales que confunden la arquitectura con el proceso mantienen una estafa de un billón de dólares.

Las energías solar y eólica se presentan como más naturales que cualquier otra porque la asociación con el sol y el viento las aísla de alguna manera de las sucias realidades de la termodinámica. La imagen de los paneles solares y las turbinas eólicas inculca el mito de que son interfaces limpias para recibir ese mágico regalo del cielo.

El neo-romanticismo de los años 60 rechazó la revolución industrial. Cuando los jóvenes de las flores se convirtieron en burgueses de zonas residenciales acomodadas, con trabajos en agencias de publicidad y organizaciones sin ánimo de lucro, quisieron una tecnología que les diera la ilusión de la coherencia filosófica. En lugar de atenerse a sus principios, reconfiguraron la revolución industrial para hacerla mucho más onerosa, ineficiente e inaccesible para la sucia clase trabajadora. La nueva tecnología, al igual que sus vidas suburbanas, sería moral y estéticamente limpia. Como la basura reciclada en China y devuelta en una reluciente botella de agua del grifo purificada, haría que lo sucio volviera a estar limpio.

Pero ¿qué es la limpieza? La vieja izquierda deploraba que se confundiera la limpieza física con la moral, pero la nueva cae de todos modos en ese mismo error. La nueva clase dirigente les dice a los mineros del carbón que aprendan código, o a instalar paneles solares. Al igual que las antiguas élites, su verdadera objeción es que son sucias. Los disparatados principios del ecologismo son fetiches estéticos para las clases altas. Dan cuenta de una sensibilidad cultural, no científica. Su vocabulario apesta a evasión de las realidades de la vida, tecnología inteligente, energía limpia e información almacenada en la nube.

La tecnología no es mágica. La única inteligencia es la humana, la única energía es sucia y la nube es un montón de servidores propiedad de una corporación global que son alimentados por centrales de carbón donde el ruido constante es tan fuerte que los trabajadores pueden sufrir daños auditivos.

La intervención en el Foro de Davos de 2020 de la prestigiosa primatóloga y conservacionista Jane Goodall acerca de la necesidad de reducir la población humana para combatir la crisis climática. La científica sostenía que existen más personas en el mundo que recursos en el planeta. También dijo que la educación y la planificación familiar son importantes para controlar el crecimiento de la población y proteger el medio ambiente. Ver informe IPCC.

Con cada nuevo hito en las marcas de población mundial se derriban los augurios maltusianos del colapso global. La ONU estima que el crecimiento poblacional se detendrá a finales de siglo, cuando se superen los 10.000 millones de personas. John Wilmoth, director del departamento de población de Naciones Unidasseñaló en una entrevista a The New York Times, que centrarse en reducir la población como una de las medidas para frenar el cambio climático, distrae de lo verdaderamente importante: abandonar los combustibles fósiles y usar los recursos de una manera más eficiente.

El mito de la limpieza se alimenta de una huida de la realidad. Ese escapismo tiene un alto precio, no sólo en miles de millones desperdiciados y vidas arruinadas por los artilugios ecologistas, sino en la sangrienta historia de la izquierda, que es una larga huida de la realidad hacia la tiranía de los reyes filósofos.

Hay una campaña, orquestada por organizaciones y políticos de izquierda, para exigir que Twitter, cuyo propietario es ahora Elon Musk, siga con su práctica de censurar el discurso de odio y otros contenidos «objetables».

Una carta enviada a los 20 principales anunciantes de Twitter y firmada por 40 organizaciones activistas, entre ellas la Asociación para el Avance de las Personas de Color (NAACP), el Center for American Progress, la Alianza de Gais y Lesbianas contra la Difamación (GLAAD) y el Global Project Against Hate and Extremism, contiene esta velada amenaza: «Las organizaciones abajo firmantes le pedimos que se comprometa públicamente a cesar toda publicidad en Twitter a nivel mundial –y así se lo notifique a Musk– si sigue adelante con sus planes de socavar la seguridad de la marca y sus normas comunitarias, que incluyen la aniquilación de la moderación de contenidos.»

Cuando los Gobiernos censuran las opiniones discrepantes no sirven más que a sus propios intereses. Cuando los Gobiernos afirman actuar por el «propio bien» del pueblo mientras prohíben los puntos de vista discrepantes, con demasiada frecuencia aumentan su propio poder a costa de la ciudadanía. Cuando los Gobiernos camuflan sus órdenes con las «buenas intenciones», entonces pueden sobrevenir las calamidades más atroces.

Y como no podía ser menos, el multimillonario George Soros se encuentra vinculado a algunas figuras de los medios socialdemócratas más influyentes de EE.UU. y del extranjero a través del dinero que aporta a grupos que, a su vez, se relacionan con ellos, según revela un nuevo estudio.

Un informe realizado por MRC Business, que integra el conservador Centro de Investigación de Medios, reveló que 253 grupos mediáticos de todo el mundo, entre ellos al menos 54 figuras del ámbito periodístico, están ligados a George Soros a través del dinero que el multimillonario aporta a distintas organizaciones que tienen lazos con ellos.

Según los autores del estudio, Joseph Vazquez y Dan Schneider, los más de 32.000 millones de dólares que el multimillonario George Soros ha invertido en sus organizaciones para divulgar alrededor de todo el mundo su plan sobre el aborto, la economía, LGBT y otros temas «han dado sus frutos».

Por lo tanto, es imperativo que los occidentales no perdamos de vista la batalla más importante que ya se está librando: la que enfrenta la libertad individual con el control total del Estado. Todos los demás asuntos deberían ser examinados con esa lupa. Nos encontramos, en efecto, en una encrucijada en la historia de la libertad humana. Aunque sólo una pequeña minoría comprenda lo que está en riesgo, esos pocos harían bien en luchar y preservar nuestras libertades individuales frente a aquellos Gobiernos y corporaciones que trabajan diligentemente para diluirlas. O se reaviva la luz de la libertad o se apagará hasta un día posterior.

La energía y la basura de la izquierda no son más limpias que su ideología y su historia. Y son los que están más sucios por dentro los que sienten la mayor necesidad patológica de estar limpios por fuera.

FUENTE: Situaciones Difíciles y Conflictivas.

El Polo Sur alcanza temperaturas récord en noviembre

Según los últimos datos de los satélites, la temperatura planetaria no se ha movido desde hace más de ocho años.

POR CHRIS MORRISON (ORIGINAL ARTICLE IN ENGLISH)

Los registros de frío extremo continúan cayendo en el Polo Sur. Tres días recientes (16, 17 y 18 de noviembre) han registrado un récord diario, con el 18 cayendo a -45,2 °C, en comparación con -44,7 °C en el mismo día de 1987. Los récords siguen al invierno de seis meses de 2020 -21, que fue el más frío desde que comenzaron los registros en 1957. Inexplicablemente, todos estos hechos y tendencias han escapado a los informes de los principales medios de comunicación. La excusa podría ser que es solo el clima, y ​​las temperaturas siempre han subido y bajado. Pero la excusa no parece aplicarse al máximo de 40,3 °C del Reino Unido del 19 de julio en RAF Coningsby, registrado al costado de la pista utilizada por los aviones Typhoon después de la combustión. Este récord apenas ha estado fuera de los titulares de Net Zero desde entonces.

De hecho, cualquier cosa que se enfríe apenas se ve en estos días. El hielo marino del Ártico está regresando de manera significativa y casi silenciosa. El hielo de verano a finales de septiembre cubría 4,92 millones de kilómetros cuadrados, 1,35 millones de kilómetros cuadrados más que el mínimo de 2012. En tierra, la capa de hielo de Groenlandia puede haber aumentado de tamaño durante el último año hasta agosto de 2022. Mientras tanto, la zoóloga Dra. Susan Crockford informó que este es el quinto año de los últimos siete en que se ha formado suficiente hielo marino a lo largo de la costa. costa oeste de la Bahía de Hudson a mediados de noviembre para cazar osos polares y poder salir al hielo, “tal como se hizo en la década de 1980”.

Por supuesto, ha sido un año muy malo para los catastrofistas climáticos en general. El coral está creciendo en la Gran Barrera de Coral con fuerza, solo unos años después de que los periodistas y sus ‘expertos’ advirtieran que era probable que desapareciera. Según los últimos datos satelitales, la temperatura global no se ha movido durante más de ocho años. Un poco más de dióxido de carbono en la atmósfera ha llevado a un «reverdecimiento» significativo del planeta, un proceso que durante los últimos 30 años sin duda ha reducido el hambre y la hambruna en el mundo. Sir David Attenborough dirigió recientemente una serie de seis películas de propaganda verde Frozen Planet II que presentan una variedad de catástrofes climáticas ‘modeladas’. Notable fue la afirmación de que todo el hielo marino del verano del Ártico podría desaparecer para 2035. Además,destacó una colonia de pingüinos Adelia en la Antártida occidental, cuyo número se dice que se redujo en 40 años de 20 000 a solo 400 parejas reproductoras, aparentemente debido al cambio climático. En la narración faltaba la noticia más alegre de que recientemente se había descubierto una colonia de 1,5 millones de Adelia en el lado este del continente.

Dado que todos los carteles de miedo recientes están desapareciendo rápidamente, hay un énfasis creciente en ‘atribuir’ un evento único de mal tiempo al cambio climático, o a la crisis/emergencia/colapso climático: las nuevas palabras de agitprop utilizadas para disfrazar el hecho de que las temperaturas globales, con o sin la ayuda del CO 2 , se quedó sin fuerza hace más de dos décadas.

Fiona Harvey, activista de The Guardian desde hace mucho tiempo , dijo en una edición reciente del BBC Media Show que los escritores pueden ser imparciales y presentar los hechos, y los hechos fueron que los ‘científicos’ nos dijeron que estamos en un precipicio y enfrentamos puntos de inflexión que hacer el planeta inhabitable. Pero, ¿de quién son los ‘hechos’ que ella informa? Una vez más, como ha demostrado el Daily Skeptic , la agenda Net Zero de comando y control está impulsada por la ciencia politizada y, a menudo, se deriva de modelos climáticos defectuosos, bases de datos de temperatura superficial corruptas e historias inventadas de ‘atribución’ del clima . Cuando el guardiáncita ‘científicos’, a menudo se refiere a los practicantes de disciplinas de observación como la geografía, donde se promueven ampliamente las predicciones de ‘impacto’ modeladas.

En el curso de su entrevista, Harvey repitió la falsedad desacreditada de que el 30% de Pakistán se había inundado como resultado de las recientes inundaciones del monzón. La cifra real en este país montañoso se comprobó fácilmente a partir de los datos de la NASA y fue de alrededor del 8%. Refiriéndose a la narrativa general sobre el cambio climático y la necesidad de mantener el calentamiento en 1,5°C, señaló que si eso no te pareciera una historia, “no deberías ser periodista”. Una mejor historia, por supuesto, podría ser preguntar quién inventó la cifra de 1,5 °C en primer lugar y por qué.

Muchas personas, como Harvey, afirman que son periodistas, no activistas, pero cada vez hay más pruebas de que ese pase se ha vendido durante mucho tiempo en muchas áreas de los principales medios de comunicación y comunicación. El sociólogo de la Universidad de Cardiff, el Dr. Aaron Thierry, sostiene que las universidades deberían permitir que los académicos dediquen al menos el 10 % de su tiempo a la “defensa y el compromiso con los procesos políticos”. En su opinión , “aquellos con el mayor conocimiento y comprensión de estas crisis tienen la obligación moral de proporcionar liderazgo y participar en la promoción y el activismo”.

El geólogo australiano, el profesor Ian Plimer, le da poca importancia a todas las mentiras y ofuscaciones que rodean a la ciencia climática establecida. Si se hubiera probado que las emisiones humanas de dióxido de carbono impulsan el calentamiento global, «habría una cita interminable de la docena de artículos científicos seminales que demuestran esta prueba». En cambio, señala, hay un “silencio ensordecedor”. Los ciclos climáticos no han cambiado porque los humanos están vivos hoy, “y no pueden ser cambiados por sentimientos, ideología o legislación”. También señaló: “Los portadores de hechos validados son denigrados, cancelados y considerados controvertidos por aquellos que no tienen contraargumentos, no tienen capacidad para analizar críticamente y confían en sus propios intereses y sentimientos”.

Se podría decir que se exponen al frío, al igual que todos esos inconvenientes registros de temperatura del Polo Sur.

Chris Morrison es el editor ambiental del Daily Skeptic .

Stop Press: Ross Clark en el Spectator dice que debemos ignorar a los enemigos del clima y celebrar el hecho de que la población mundial ha alcanzado los ocho mil millones .

La autopista al infierno climático de la ONU

#CalentamientoGlobalHoax

Ante el nulo interés que ha despertado la COP27, al Conferencia de la ONU sobre cambio climático, ha tenido que saltar a la palestra Antonio Guterres para declarar que el mundo está “en la autopista al infierno climático”.

El domingo la Organización Meteorológica Mundial hizo lo propio emitiendo un comunicado de prensa titulado “Los ocho años más calurosos registrados indican un aumento de los impactos del cambio climático” (1).

Es más falso de un billete de tres euros.

Los registros de temperatura por medio de satélites y globos meteorológicos comenzaron en 1979. Desde entonces la temperatura ha subido +0,013°C cada año. Entre 2015 y 2022, es decir, durante los últimos 8 años, las temperaturas se han estabilizado, e incluso han disminuido ligeramente. En consecuencia, no hay ninguna aceleración.

En 2015 el objetivo fijado por la COP21 fue que la temperatura mundial se estabilizara. Es lo que está ocurriendo ahora mismo. ¿Es sólo un respiro o el comienzo de una tendencia? Nadie lo sabe, por supuesto, excepto la Organización Meteorológica Mundial, cuyo director, Petteri Taalas, dijo otra estupidez: que la Guerra de Ucrania había sido una bendición para el clima (2).

El caso es que las emisiones y la concentración de CO2 han seguido aumentando a pesar de los discursos oficiales en contra. La temperatura no ha cambiado porque al clima el CO2 no le importa nada.

(1) https://public.wmo.int/en/media/press-release/eight-warmest-years-record-witness-upsurge-climate-change-impacts
(2) https://apnews.com/article/russia-ukraine-business-united-nations-weather-ece2a951b35fe8be9a7090cd93b3a0ac

mpr21

Los niños de papá se entretienen con el cambio climático

A falta de efectivos, los seudoecologistas se dedican a atraer a las cámaras de la televisión con acciones simbólicas, como arrojar tomates a cuadros famosos, como “Los girasoles” de Van Gogh en la National Gallery de Londres.

Este fin de semana se celebra en El Cairo la COP 27, la Conferencia de la ONU sobre el cambio climático y el capital financiero internacional ha puesto a sus peones en movimiento porque este tipo de fastos ya no logran atraer la atención del mundo.

A falta de efectivos, los seudoecologistas se dedican a atraer a las cámaras de la televisión con acciones simbólicas, como arrojar tomates a cuadros famosos, como “Los girasoles” de Van Gogh en la National Gallery de Londres. En el Museo del Prado posaron ante los cuadros de Goya y con pintura negra escribieron en la pared “+1,5 grados”.

En La Haya dos seudoecologistas que se pegaron a la ventana que protegía el cuadro “La Niña de la Perla” de Johannes Vermeer fueron condenados por un tribunal a dos meses de prisión.

Las corrientes seudoecologistas creen que el clima se puede regular como el grifo del agua fría y caliente. Lo llaman “protección del clima”. La campaña estuvo organizada por la red A22, formada el pasado mes de abril para que los gobiernos reduzcan “drásticamente” las emisiones de CO2.

La red está financiada por el Fondo de Emergencia Climática, un organismo estadounidense creado en 2019 por tres grandes oligarcas. En primer lugar, Trevor Nelson, empresario y antiguo alumno de la Fundación de Bill Gates, cercano a Howard Warren Buffett, nieto del financiero más famoso de Wall Street. Pero también Rory Kennedy, hija del senador Bob Kennedy, y representante de la familia presidencial estadounidense.

Aileen Getty contribuyó al Fondo con 600.000 dólares. Es la tercera generación del imperio Getty, fundado por su padre John Paul Getty, un magnate de los combustibles fósiles. Propietario de la Getty Oil Company, fue considerado en su día el hombre más rico del planeta.

Un museo privado en las alturas de Los Ángeles exhibe las colecciones de arte moderno, fruto de las inversiones del multimillonario. Sus hijos pasaron la página del petróleo en 1984, ocho años después de su muerte. Les dejó una fortuna de 5.400 millones de dólares. Su hermano Mark fundó la agencia de fotografía Getty, pero Aileen se convirtió en la típica pija que se aburre en las grandes mansiones con piscina.

“Creo que la crisis climática ha avanzado hasta un punto en el que tenemos que tomar medidas contundentes para intentar cambiar el rumbo de un planeta que cada vez es más inhabitable. Mi apoyo al activismo climático es una afirmación del valor de la desobediencia civil como la vía más rápida para el cambio. No queda tiempo para otra cosa que no sea una acción climática rápida y completa”, escribió en un reciente artículo para The Guardian.

Dos bisnietos de los Rockefeller, Rebecca Rockefeller Lambert y Peter Gill Case, crearon la Equation Campaign, un organismo que financia a los seudoecologistas. Entregaron 30 millones de dólares, más donaciones de la propia Fundación Rockefeller, o de Open Society, la fundación de Soros.

Las grandes fortunas también suelen codearse con los famosos en las plataformas de filantropía. El director de “No mires hacia arriba”, Adam McKay, una película de Netflix que tuvo una difusión mundial, forma parte de la junta directiva del Fondo de Emergencia Climática.

Estos grandes fondos reivindican un radicalismo infantil y fueron decisivos para la aparición del grupo Extinction Rebellion a finales de la década pasada. Se creó gracias un cheque del Fondo de Emergencia Climática.

Para hacerse con una parte del botín, los “expertos” en el clima han comenzado a imitar a los niños de papá. Han creado colectivos, como la Rebelión de los Científicos, y la primavera pasada asaltaron la sede del banco JPMorgan, acusándolo de financiar los combustibles fósiles. El físico de la NASA Peter Kalmus fue uno de los detenidos.

El apoyo a los niñatos del cambio climático es rentable para las fundaciones filantrópicas, incluso desde un punto de vista estrictamente financiero. Un estudio publicado en la Stanford Social Innovation Review explicaba en primavera que el impacto de las movilizaciones vinculadas a la desobediencia civil era menos costoso en términos de emisiones de gases de efecto invernadero, y más rentable en términos de impacto político y mediático, que la simple financiación de las ONG tradicionales.

La financiación de la seudoecología sigue aumentando, pero el destino del dinero cada vez está menos claro. ClimateWorks estimó en su último informe que de los 750.000 millones de dólares invertidos por las fundaciones filantrópicas, sólo se gastaron entre 6.000 y 10.000 millones en el clima.

mpr21

Cuando la soberanía reside en el lobby: ¿Es legítimo legislar fuera de los parlamentos?

#StopLobbyLGTBIQ+ #CambioClimáticoPatraña

EL LEGISLATIVO SE SOMETE A FACTORES EXTERNOS

El magnate globalista George Soros y la activista climática Greta Thunberg. La Gaceta de la Iberosfera

JAVIER TORRES

No se presentan a las elecciones pero sus demandas acaban en el BOE. Que Pablo Iglesias denunciara -cuando surgió Podemos- el chalaneo bipartidista con las puertas giratorias, la influencia de lobbies, bancos y empresas energéticas en el parlamento o la sumisión de los medios comprados, y luego remedara algunos de esos vicios, no invalida el argumento, sino al denunciante.

La verdad, la diga quien la diga, es que hay una confluencia de intereses entre los dos grandes partidos y fuerzas extramuros de distinto pelaje que influyen notablemente en la dirección del Estado. En demasiadas ocasiones los diputados votan leyes cocinadas desde oscuros despachos por grupos de presión. Nada nuevo, por otra parte, en política. 

Sin embargo, cabe preguntarse por la legitimidad del proceso. Sobre todo ahora que escuece la falta de independencia de un poder judicial que agoniza sometido al ejecutivo y legislativo. La costumbre se hace ley pero es, sobre todo, la ley la que hace la costumbre. Por eso los partidos políticos se reparten los jueces en un cambalache normalizado desde el entierro socialista de Montesquieu en 1985. Una anomalía en la que ahora se incide a menudo. (Por cierto, este mercadillo de togas en que PP y PSOE han convertido al CGPJ ha espoleado a Urkullu, que ya reclama su propio poder judicial vasco. Con las escuelas y cárceles controladas, al PNV sólo le faltaban gudaris togados al servicio de la causa).

Se habla menos, por el contrario, del sometimiento del legislativo a factores externos. A organismos supranacionales, consejos de administración de compañías del Ibex, oenegés, fundaciones… Todos redactan en la sombra. Intereses que mutan en ley, una especie de fotosíntesis legislativa que convierte el interés particular en papel gracias al calor de escaño y moqueta. 

Hace unos días el presidente de un poderosísimo club de fútbol se reunió con el flamante líder de un partido político para que retirase unas incómodas enmiendas a la ley del deporte que obstaculizaban su nuevo negocio. Logrado el objetivo, el dirigente también torció el otro brazo del mismo cuerpo bipartidista. Sin esas amarras, nada impedirá un futuro con gigantes cada vez más ricos contra medianos y pequeños cada vez más pobres. ¿Nos suena?

Tampoco es casualidad que mientras en España nadie saliera a la calle, en Reino Unido o Italia (tierras del Brexit y la reciente victoria de Meloni) las protestas fueran masivas cuando conocieron el proyecto –la superliga– que pone en riesgo sus competiciones nacionales.

Esta misma semana se ha conocido que la Guardia Civil relaciona a George Soros con una aplicación para impulsar un nuevo referéndum separatista en Cataluña. Los agentes investigaron las actividades del ‘CNI catalán’ y, en concreto, la elaboración de una aplicación informática llamada Vocdoni destinada a organizar elecciones seguras. Uno de los “socios clave” detrás de la aplicación, según la Guardia Civil, es la fundación Open Society, propiedad de Soros.  

Por mucho que tachen de conspiranoico a quien señala las actividades de Soros, es indiscutible la financiación del magnate a causas como la inmigración ilegal masiva o el separatismo, ambos tentáculos del proyecto globalista. La influencia del magnate también se aprecia dentro de las instituciones, como los 12 jueces del tribunal europeo de derechos humanos vinculados a su fundación. Además, Soros fue la primera persona que Sánchez recibió en la Moncloa, una reunión que el líder socialista jamás ha explicado.  

Quizá las mayores conexiones entre un lobby y la política se produzcan a cuenta del cambio climático. El año pasado este grupo de presión sacó adelante en el Congreso la ley que prohíbe explorar y explotar nuestros propios recursos naturales. Como todo movimiento poderoso, el climático invierte más en lavar su imagen y comprar voluntades que en ciencia, de ahí su apariencia verde, simpática y comprometida con el planeta. Una fachada que oculta que la aplicación de sus postulados (voladura de centrales nucleares y térmicas, impuestos a la emisión de CO2…) ha arrastrado a la dependencia -pobreza- energética a países como España, donde pagamos la gasolina, la luz y el gas a precio de oro.

La propaganda climática es tan potente a través de medios de comunicación, empresas, colegios, universidades, ¡y hasta el Vaticano!, que al movimiento se le tolera una cara B que destroza obras de arte y ataca edificios oficiales sin que le llamen terrorista. Peor, claro, es que a uno le digan negacionista. 

También es recurrente la etiqueta de homófobo, que se emplea a quien osa discutir los planteamientos LGTBI. Desde hace más de una década el rodillo arcoíris ha extendido sus tentáculos en las legislaciones de la mayoría de naciones occidentales. A las leyes de primera generación (matrimonio gay) le han seguido otras como la trans. Aunque no son iguales, ambas tienen algo en común: no tuvieron respaldo en las calles, lo que nos recuerda que cualquier norma puede salir adelante aunque la sociedad no la demande. El lobby, así, pasa por encima del pueblo como si la historia ya estuviera escrita y el parlamento fuera puro atrezo. 

Grandes científicos italianos sueltan una bomba sobre el cambio climático

Sí, hay cambio climático, si hay calentamiento atmosférico, dicen 83 grandes científicos italianos. Pero no es causado por el hombre, sino por la naturaleza.

Los abajo firmantes, ciudadanos y científicos, instamos encarecidamente a los responsables políticos a que adopten políticas de protección medioambiental compatibles con los conocimientos científicos. En particular, existe una urgente necesidad de combatir la contaminación donde ocurra, como lo indicas las prueba científicas. En este sentido, es de lamentar que los conocimientos disponibles en el mundo de la investigación se estén utilizando demasiado tarde para reducir las emisiones antropogénicas de contaminantes que están generalizadas en los sistemas medioambientales tanto continentales como marinos.

Sin embargo, uno debe ser consciente de que el dióxido de carbono, en sí, no es un contaminante. Por el contrario, es indispensable para la vida en nuestro planeta.

En las últimas décadas, se han formulado hipótesis de que el calentamiento global de la superficie de la Tierra de aproximadamente 0,9 ° C, observado desde 1850, es anormal y se debe a actividades humanas, en particular a las emisiones de CO2 procedentes del uso de combustibles fósiles. 

Esta es la tesis del calentamiento global antropogénico promovida por el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas (PICC), cuyas consecuencias serían cambios ambientales tan graves que harían temer que se produzca un daño enorme en un futuro próximo, a menos que se adopten de inmediato medidas drásticas y muy costosas. Muchas naciones de todo el mundo se han unido a programas para reducir las emisiones de dióxido de carbono, y una propaganda cada vez más virulenta invita a adoptar programas cada vez más exigentes cuya implementación, muy costosa para las economías de estos Estados, sería necesaria, según se pretende, para controlar el clima y “salvar” el planeta.

Sin embargo, el origen antropogénico del calentamiento global es una conjetura no probada, deducida únicamente de ciertos modelos climáticos, es decir, de programas informáticos complejos, llamados modelos de circulación general.

Por el contrario, la literatura científica ha destacado la existencia de una variabilidad climática natural que los modelos no pueden reproducir, variabilidad natural cada vez mejor verificada. 

Esta variabilidad natural representa una parte significativa del calentamiento global observado desde 1850. 

La responsabilidad antropogénica del cambio climático observado en el último siglo es, por lo tanto, excesivamente exagerada y los pronósticos catastróficos no son realistas.

El clima es el sistema más complejo de nuestro planeta, por lo que debemos abordarlo con métodos apropiados que se adapten a su nivel de complejidad. Los modelos de simulación del clima no reproducen la variabilidad natural del clima y, en particular, no reconstituyen los períodos cálidos de los últimos 10,000 años.  Estos se han repetido cada mil años: existe el período cálido medieval, bien conocido, el período cálido romano y, en general, los grandes períodos cálidos durante el Holoceno Óptimo [hace 8.000 años].

Estos períodos del pasado ​​fueron más cálidos que el actual, aunque la concentración de CO2  fue más baja que la actual; están vinculados a los ciclos milenarios de la actividad solar. Estos efectos no son reproducidos por los modelos.

Recuérdese que el calentamiento observado desde 1900 hasta la actualidad comenzó, de hecho, en 1700, es decir, en el punto menor de la Pequeña Edad de Hielo, que es el período más frío de los últimos 10.000 años, y corresponde a un mínimo milenario de actividad solar que los astrofísicos llaman mínimo solar de Maunder. Desde entonces, la actividad solar, siguiendo su ciclo milenario, ha aumentado y calentado la superficie de la Tierra.

Además, los modelos no logran reproducir las oscilaciones climáticas bien conocidas de periodo de unos 60 años. Estas fueron responsables de un período de calentamiento (1850-1880) seguido de uno de enfriamiento (1880-1910), y  posteriormente de un período de calentamiento (1910-1940), su un período de enfriamiento (1940-70) y de un nuevo período de calentamiento (1970-2000) similar al observado hace 60 años. 

Los años siguientes (2000-2019) no vieron el aumento predicho por los modelos, de aproximadamente 0.2° C por década, sino una clara estabilidad climática interrumpida esporádicamente por las rápidas oscilaciones naturales del Océano Pacífico ecuatorial, denominadas El Niño Southern Oscillation (ENOS), como la que provocó el calentamiento temporal en 2015 y 2016.

Los medios de comunicación también dicen que los eventos extremos, como los huracanes y los ciclones, han aumentado de manera alarmante. ¡No! Estos eventos, como muchos sistemas climáticos, están modulados por el ciclo de 60 años que se acaba de mencionar. Veamos, por ejemplo, los datos oficiales desde 1880 sobre los ciclones tropicales del Atlántico que afectaron a América del Norte: muestran una fuerte oscilación de 60 años, correlacionada con la oscilación térmica del Océano Atlántico llamada tlantic Multi-decadal Oscillation (AMO). Los picos observados durante diez años son comparables para los años 1880-90, 1940-50 y 1995-2005. De 2005 a 2015, el número de ciclones disminuyó, siguiendo el ciclo anteriormente mencionado. 

Por lo tanto, durante el período 1880-2015, no hay correlación entre el número de ciclones, que oscila, y el CO2  que aumenta monótonamente.

El sistema climático aún no es suficientemente comprendido. Si bien es cierto que el CO es un gas de efecto invernadero, la sensibilidad del clima a su aumento en la atmósfera es, según el propio IPCC, todavía extremadamente incierta. Se dice que una duplicación de la concentración atmosférica de CO02 de aproximadamente 300 ppm antes de la era industrial a 600 ppm, podría elevar la temperatura media del planeta entre un mínimo de 1° C y un máximo de 5° C.

Esta incertidumbre es enorme. Sin embargo, muchos estudios recientes basados ​​en datos experimentales estiman que la sensibilidad del clima al CO es significativamente más baja que la estimada por los modelos del IPCC.

Así pues, es científicamente irrealista atribuirle al hombre la responsabilidad del calentamiento observado desde 1900 hasta la actualidad.  Las predicciones alarmistas por lo tanto no son creíbles, ya que se basan en modelos cuyos resultados están en contradicción con los datos observados. 

Hay motivos para creer que estos modelos sobrestiman la contribución antropogénica y subestiman la variabilidad climática natural, especialmente la inducida por el sol, la luna y las oscilaciones oceánicas.

Finalmente, los medios de comunicación difundieron el mensaje de que habría un consenso casi unánime entre los científicos sobre la causa antropogénica del cambio climático actual y que, por lo tanto, el debate científico estaría cerrado. Sin embargo, debemos ser conscientes, en primer lugar, de que el método científico requiere que sean los hechos, y no el número de creyentes los que hagan de una conjetura una teoría científica consolidada.

Sea como sea, incluso este supuesto consenso no existe. Las opiniones de especialistas (climatólogos, meteorólogos, geólogos, geofísicos, astrofísicos) son muy variables y muchos de ellos reconocen la importancia de la contribución natural al calentamiento global observado desde el período preindustrial, e incluso al calentamiento del período que va de la posguerra hasta hoy. 

También ha habido peticiones firmadas por miles de científicos en las que se ha expresado su desacuerdo con la hipótesis del calentamiento global antropogénico. Cabe destacar la lanzada en 2007 por el físico F. Seitz, expresidente de la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos, y la lanzada por el Panel Internacional No Gubernamental sobre el Cambio Climático (NIPCC), cuyo informe de 2009 concluye que la  naturaleza, y no la actividad humana, gobierna el clima”.

En conclusión, dada la importancia crucial de los combustibles fósiles para el suministro energético de la humanidad, sugerimos que nos neguemos a adherirnos a las políticas para reducir las emisiones atmosféricas de dióxido de carbono bajo el ilusorio pretexto de gobernar el mundo climático.

COMITÉ DE LANZAMIENTO

  1. Uberto Crescenti, profesor emérito de geología aplicada, Università G. D’Annunzio, Chieti-Pescara, ex Rectore magnifique et Président de la Société italienne de géologie.
  2. Giuliano Panza, profesor de sismología de la Universidad de Trieste, académico de Lincei y de la Academia Nacional de Ciencias, conocido como el XL, Premio Internacional 2018 de la Unión Americana de Geofísica.
  3. Alberto Prestininzi,profesor de geología aplicada, Universidad de La Sapienza, Roma, ex editor científico jefe de la Revista Internacional IJEGE y director del Centro de Investigación sobre Predicción y Control de Riesgos Geológicos.
  4. Franco Prodi, profesor de física atmosférica, Universidad de Ferrara.
  5. Franco Battaglia, profesor de química física, Universidad de Módena; Movimento Galileo 2001.
  6. Mario Giaccio,profesor de tecnología y economía de las fuentes de energía, Universidad G. D’Annunzio, Chieti-Pescara, ex decano de la Facultad de Economía.
  7. Enrico Miccadei, profesor de Geografía, Física y Geomorfología, Universidad G. D’Annunzio, Chieti-Pescara.
  8. Nicola Scafetta, profesora de física atmosférica y oceanografía, Universidad Frederico II de Nápoles

FIRMAS 

  1. Antonino Zichichi, profesor emérito de Física, Universidad de Bolonia, fundador y presidente del Centro Ettore Majorana para la Cultura Científica en Erice.
  2. Renato Angelo Ricci, profesor emérito de física de la Universidad de Padua, ex presidente de la Sociedad Italiana de Física y de la Sociedad Europea de Física; Movimiento Galileo 2001.
  3. Aurelio Misiti, profesor de Salud-Ingeniería Ambiental, Universidad La Sapienza, Roma.
  4. Antonio Brambati, profesor de sedimentología, Universidad de Trieste, director del proyecto Paleoclima-mare de PNRA, ex presidente de la Comisión Nacional de Oceanografía.
  5. Cesare Barbieri, Profesor Emérito de Astronomía, Universidad de Padua.
  6. Sergio BartalucciFísico, Presidente de la Asociación Científica y Tecnológica de Ricerca Italiana.
  7. Antonio Bianchini, profesor de astronomía, Universidad de Padua.
  8. Paolo Bonifazi, ex director del Instituto Interplanetario de Física Espacial, Instituto Nacional de Astrofísica.
  9. Francesca Bozzano, profesora de Geología Aplicada, Universidad Sapienza de Roma, Directora del Centro de Investigación CERI.
  10. Marcello Buccolini, profesor de geomorfología, Universidad de G. D’Annunzio, Chieti-Pescara.
  11. Paolo Budetta, profesor de geología aplicada, Universidad de Nápoles.
  12. Monia Calista, Investigadora en Geología Aplicada, Universidad G. D’Annunzio, Chieti-Pescara.
  13. Giovanni Carboni, profesor de física, Universidad Tor Vergata, Roma; Movimiento Galileo 2001.
  14. Franco Casali, profesor de física, Universidad de Bolonia y Academia de Ciencias de Bolonia.
  15. Giuliano Ceradelli, ingeniero y climatólogo, ALDAI.
  16. Domenico Corradini, profesor de geología histórica, Universidad de Módena.
  17. Fulvio Crisciani, profesor de dinámica de fluidos geofísicos, Universidad de Trieste e Instituto de Ciencias Marinas, CNR, Trieste.
  18. Carlo Esposito, Profesor de Teledetección, Universidad La Sapienza, Roma.
  19. Mario Floris, profesor de Teledetección, Universidad de Padua.
  20. Gianni Fochi, químico, Scuola Normale Superiore de Pisa; periodista científico.
  21. Mario Gaeta, profesor de volcanología, Universidad de La Sapienza, Roma.
  22. Giuseppe Gambolati, miembro de la  American Geophysica Union, profesor de métodos numéricos, Universidad de Padua.
  23. Rinaldo Genevois, profesor de geología aplicada, Universidad de Padua.
  24. Carlo Lombardi, profesor de Plantas Nucleares, Politécnica de Milán.
  25. Luigi Marino, Geólogo, Centro de Investigación de Control y Predicción de Riesgos Geológicos, Universidad La Sapienza, Roma.
  26. Salvatore Martino, profesor de Microzonación Sísmica, Universidad La Sapienza, Roma.
  27. Paolo Mazzanti, profesor de interferometría satelital, Universidad de La Sapienza, Roma.
  28. Adriano Mazzarella, profesor de meteorología y climatología, Universidad de Nápoles.
  29. Carlo Merli, profesor de Tecnologías Ambientales, Universidad La Sapienza, Roma.
  30. Alberto Mirandola, profesor de Energética Aplicada y presidente del Doctorado en Energética de la Universidad de Padua.
  31. Renzo Mosetti, profesor de oceanografía, Universidad de Trieste, ex director del Departamento de Oceanografía, Istituto OGS, Trieste.
  32. Daniela Novembre, investigadora en Geo-recursos mineros y aplicaciones mineralógicas y petrográficas, Universidad G. D’Annunzio, Chieti-Pescara.
  33. Sergio Ortolani, profesor de Astronomía y Astrofísica, Universidad de Padua.
  34. Antonio Pasculli, Investigador de Geología Aplicada, Universidad G. D’Annunzio, Chieti-Pescara.
  35. Ernesto Pedrocchi, Profesor Emérito de Energía, Politécnico de Milán.
  36. Tommaso Piacentini, profesor de Geografía Física y Geomorfología, Universidad G. D’Annunzio, Chieti-Pescara.
  37. Guido Possa, ingeniero nuclear, ex viceministro Miur.
  38. Mario Luigi Rainone, profesor de geología aplicada, Universidad de Chieti-Pescara.
  39. Francesca Quercia, geóloga, directora de investigación, Ispra.
  40. Giancarlo Ruocco,  profesor de Estructura de la Materia, Universidad La Sapienza, Roma.
  41. Sergio Rusi, profesor de hidrogeología, Universidad G. D’Annunzio, Chieti-Pescara.
  42. Massimo Salleolini, profesor de hidrogeología aplicada e hidrología ambiental, Universidad de Siena.
  43. Emanuele Scalcione, Jefe del Servicio Regional de Agrometeorología de Alsia, Basilicata.
  44. Nicola Sciarra, profesora de geología aplicada, Universidad G. D’Annunzio, Chieti-Pescara.
  45. Leonello Serva, geólogo, director de servicios geológicos de Italia; Movimiento Galileo 2001.
  46. Luigi Stedile, geólogo, Centro de Investigación de Control y Control de Riesgos Geológicos, Universidad de La Sapienza, Roma.
  47. Giorgio Trenta, físico y médico, presidente emérito de la Asociación Italiana de Protección de Radiación Médica; Movimiento Galileo 2001.
  48. Gianluca Valenzise, Directora de Investigación, Instituto Nacional de Geofísica y Volcanología, Roma.
  49. Corrado Venturini, profesor de geología estructural, Universidad de Bolonia.
  50. Franco Zavatti, investigador de astronomía, Universidad de Bolonia.
  51. Achille Balduzzi, geólogo, Agip-Eni.
  52. Claudio Borri, profesor de ciencias de la construcción, Universidad de Florencia, coordinador del Doctorado Internacional en Ingeniería Civil.
  53. Pino Cippitelli, geólogo Agip-Eni.
  54. Franco Di Cesare, Ejecutivo, Agip-Eni.
  55. Serena Doria, Investigadora de Probabilidad y Estadística Matemática, Universidad G. D’Annunzio, Chieti-Pescara.
  56. Enzo Siviero,  profesor de Ponti, Universidad de Venecia, Rector de la Universidad e-Campus.
  57. Pietro Agostini, Ingeniero, Asociación de Científicos y Tecnolgi para la Investigación Italiana.
  58. Donato Barone, ingeniero.
  59. Roberto Bonucchi, maestro.
  60. Gianfranco Brignoli, geólogo.
  61. Alessandro Chiaudani, Doctor en Agricultura, Universidad G. D’Annunzio, Chieti-Pescara.
  62. Antonio Clemente, Investigador en Planificación Urbana, Universidad G. D’Annunzio, Chieti-Pescara.
  63. Luigi Fressoia, arquitecto urbano, Perugia.
  64. Sabino Gallo, ingeniero nuclear.
  65. Daniela Giannessi, primera investigadora, Ipcf-Cnr, Pisa.
  66. Roberto Grassi, ingeniero, director de G&G, Roma.
  67. Alberto Lagi, Ingeniero, Presidente de Restauración de Plantas Complejas Dañadas.
  68. Luciano Lepori, investigador del Ipcf-Cnr, Pisa.
  69. Roberto Madrigali, Metereologo.
  70. Ludovica Manusardi, física nuclear y periodista científica, Ugis.
  71. Maria Massullo, Tecnologia, Enea-Casaccia, Roma.
  72. Enrico Matteoli, Primer Investigador, Ipcf-Cnr, Pisa.
  73. Gabriella Mincione, profesora de ciencias y técnicas de medicina de laboratorio, Universidad G. D’Annunzio, Chieti-Pescara.
  74. Massimo Pallotta, primer tecnólogo, Instituto Nacional de Física Nuclear.
  75. Enzo Pennetta, profesor de ciencias naturales y divulgador científico.
  76. Nunzia Radatti, química, Sogin.
  77. Vincenzo Romanello, Ingeniero Nuclear, Centro de Investigación, Rez, República Checa.
  78. Alberto Rota, ingeniero, investigador en Cise y Enel.
  79. Massimo Sepielli, Director de Investigación, Enea, Roma.
  80. Ugo Spezia, Ingeniero, Gerente de Seguridad Industrial, Sogin; Movimiento Galileo 2001.
  81. Emilio Stefani, profesor de fitopatología, Universidad de Módena.
  82. Umberto Tirelli, científico superior visitante, Istituto Tumori d’Aviano; Movimiento Galileo 2001.
  83. Roberto Vacca, ingeniero y escritor científico.

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