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Los ‘derechos humanos’ del islam. / Islam’s «Human Rights».

por Janet Tavakoli
28 de Noviembre de 2016

Tras presenciar cómo la República Islámica de Irán viola los derechos humanos, adopta la ley de la sharia, persigue a otras religiones, asesina a los disidentes y obliga al poder judicial a ponerse al servicio del Ministro de Inteligencia, parece claro que lo peor que puede ocurrirle a un país libre occidental es permitir que los fundamentalistas islámicos se hagan con un gobierno.

La mayoría de los 1.600 millones de musulmanes del mundo rezan en árabe, aunque no sea su lengua materna. El problema, sin embargo, no reside en la traducción, sino en la ideología.

Quince de los diecinueve secuestradores del 11-S eran árabes saudíes; dos eran de Emiratos Árabes Unidos, uno era de Egipto y otro del Líbano. Todos eran de países de lengua árabe.

Los eruditos musulmanes no se unieron para protestar por el acto terrorista del 11-S. En su lugar, muchos celebraron una victoria: el Corán incluye pasajes que permiten la violencia para expandir el islam.

La mayoría de los denominados musulmanes son amantes de la paz, pero como hay 164 versículos del Corán que prescriben la yihad, muchos musulmanes pueden sentir que sería herético o desleal condenarlo.

Los países de lengua árabe no son los únicos que apoyan el terrorismo. Según el Departamento de Estado de EEUU, la República Islámica de Irán sigue siendo el principal Estado patrocinador del terrorismo. Irán también anunció recientemente que seguirá financiando el terrorismo, incluidas las organizaciones terroristas Hezbolá [«El Partido de Alá»] y Hamás.

Irán sigue financiando la fetua de muerte dictada contra un europeo, el novelista británico Salman Rushdie, por Los versos satánicos –una novela–, dictada en 1989 el ayatolá Jomeini, muerto hace mucho tiempo. El año pasado, la recompensa por su cabeza se incrementó en otros 600.000 dólares, alcanzando casi los 4 millones de dólares.

Hasta su muerte a principios de este año, el ayatolá Vaez-Tabasi, un prominente clérigo chií en Irán, que presidió el santuario del Imán Reza, el cual atrae anualmente a tantos visitantes como La Meca, llamó a librar una «perpetua guerra santa».

Las prácticas de Mahoma chocan con los valores humanistas de la civilización occidental

Los fundamentalistas ven a Mahoma como el hombre perfecto. Sin embargo, Mahoma fue el guía de sus violentos seguidores, que violaron, esclavizaron a presos de guerra y asesinaron a los no creyentes como parte del plan de expansión del islam. Hoy, dicha conducta es emulada por los terroristas islámicos en Irak, Siria, Sudán, Pakistán, Bangladés, Mauritania y Nigeria, por citar sólo unos pocos.

Mahoma tuvo varias esposas, entre ellas una esclava que se le dio como regalo. Con los cincuenta años ya cumplidos, le pidió a un amigo la mano de su hija, de seis años, y consumó el llamado matrimonio cuando la niña tenía nueve. Aunque Mahoma criticaba las costumbres corruptas de sus contemporáneos árabes, mantuvo relaciones sexuales con una niña que era demasiado menor para tener capacidad de consentimiento; en Occidente llamamos a esto estupro. (Sahih Bukhari, volumen 5, libro 58, número 234)

Haciendo referencia a la vida de Mahoma, los fundamentalistas permiten matrimonios forzosos con menores en países como Arabia Saudí, Afganistán, algunos Estados del Golfo e Irán.

Si los líderes musulmanes fundamentalistas no entienden lo errónea que resulta esta ideología a ojos de occidente, tal incomprensión podría dar lugar a una visión fundamentalmente distinta de los derechos humanos: para Occidente, estos valores se encarnan en la Ilustración –valores como las libertades individuales, la libertad de pensamiento, la investigación desinteresada– , y en la Declaración Universal de los Derechos Humanos: que todos los pueblos, al margen de su raza, religión o sexo, tienen derecho a la vida, a la libertad y la seguridad personal, y a la libertad frente a la tortura, la esclavitud y el trato degradante.

Para los 57 miembros de la Organización de Cooperación Islámica (OCI), sin embargo, todos los derechos humanos deben basarse en primer lugar en la ley religiosa islámica, la sharia: todo lo que esté dentro de la sharia es un derecho humano, y todo lo que esté fuera de la sharia NO es un derecho humano.

Para los 57 miembros de la Organización de Cooperación Islámica, los derechos humanos deben estar basados en la ley religiosa islámica, la sharia: lo que esté dentro de la sharia es un derecho humano; lo que esté fuera, no. En la imagen, la cumbre que la OCI celebró en Estambul en 2016. (Imagen: captura de un vídeo de Al Yazira).
Para los 57 miembros de la Organización de Cooperación Islámica, los derechos humanos deben estar basados en la ley religiosa islámica, la sharia: lo que esté dentro de la sharia es un derecho humano; lo que esté fuera, no. En la imagen, la cumbre que la OCI celebró en Estambul en 2016. (Imagen: captura de un vídeo de Al Yazira).

Por lo tanto, la esclavitud, o el sexo con menores, o pegar a las mujeres, o llamar «adulterio» a las violaciones que no cuentan con cuatro testigos –castigado con la pena de muerte–, o que una mujer valga oficialmente la mitad que un hombre, son todo «derechos humanos».

En 2005, después de que el dibujante danés Kurt Westergaard dibujara una viñeta que satirizaba suavemente a Mahoma por encargo de un periódico, muchos clérigos musulmanes lo acusaron de blasfemia y pidieron su muerte. Entre ellos, un clérigo paquistaní que ofreció un millón de dólares de recompensa para quien asesinara al danés. Protestaron miles de musulmanes. En 2010, un asaltante musulmán, hacha en mano, atacó a Westergaard en su casa; por fortuna, Westergaard pudo escapar a una habitación segura.

Los gobiernos occidentales deberían mantenerse firmes frente a quienes nos chantajean para que renunciemos a nuestras libertades. Ningún gobierno inteligente debería debilitar el derecho a la libertad de expresión para aplacar a una gente que se presenta falsamente como víctimas, cuando a menudo son, en realidad, los agresores.

Los musulmanes reformistas y la crisis de credibilidad

La mayoría de los 1.600 millones de musulmanes del mundo no aprueben quizás la violencia y las violaciones de los derechos humanos, pero el hecho sigue siendo que los fundamentalistas no son un grupo marginal: ocupan posiciones de alto nivel en la jerarquía clerical musulmana. Hay decenas de millones (o más), y cada uno de ellos parece creer que su interpretación del islam es la única correcta. De este grupo, se calcula que cientos de miles son yihadistas dispuestos a tomar parte de la violencia activa.

Muchos musulmanes reformistas afirman que se les incluye injustamente en el mismo montón que esa cuadrilla de extremistas, pero si lo que están diciendo es que hay una división, puede que muchas veces no lo hayan expresado con demasiada claridad.

Cuando Martín Lutero, sacerdote católico y profesor de Teología, repudió dos enseñanzas fundamentales de la Iglesia Católica, reconoció que, por definición, ya no era católico. Formó parte de la Reforma protestante, y a sus seguidores se les conoce como luteranos.

Los musulmanes reformistas pueden seguir llamándose musulmanes, pero nunca podrá haber un Corán 2.0. Se considera que toda palabra del Corán es la palabra de Alá, similar a los Diez Mandamientos como la palabra directa de Dios. Nadie puede negar que Alá quiso decir realmente lo que se supone que Alá dijo. Las interpretaciones, sin embargo, sí difieren, y desde 1948 han provocado la muerte de 11 millones de musulmanes a manos de otros musulmanes.

Así que imaginemos lo que les podría deparar a los no musulmanes.

El islam, además, parece haberse estructurado para ser difundido mediante la violencia, la «yihad dura» y la «yihad blanda»: En la yihad dura entran el terrorismo, el asesinato y el intento de asesinato. En la yihad blanda entran la reescritura de la historia, como ha ocurrido con la votación de la Unesco que afirma que antiguos monumentos bíblicos, como la Tumba de Raquel o la Cueva de los Patriarcas, son islámicos, cuando el islam histórico ni siquiera existió hasta el siglo VII; la migración para hacer crecer el islam (héjira), como estamos viendo ahora en Europa y con las amenazas turcas de inundar Alemania de migrantes; la penetración cultural, como la promoción del islam en los libros de texto escolares o ajustar el currículum a la «corrección política»; la infiltración política y educativa, así como la intimidación (una yihad blanda bajo la que se esconde una yihad dura).

Más lamentable es que todo esto se haga tan a menudo, como con la Unesco, con la ayuda y la complicidad de Occidente.

Tanto la yihad dura como la blanda han sido históricamente el modo con que el islam ha podido imponerse en Persia, Turquía, Grecia, el sur de España, Portugal, todo el norte de África y toda Europa oriental. Depende de nosotros que no nos lo vuelvan a hacer.

ISLAMCANCER

Reflexiones sobre el islamismo en tiempos de guerra / Reflections on Islam in wartime

Por Mauricio Rojas 

La brutal expansión del denominado Estado Islámico en Irak y Siria ha dejado estupefacto al mundo. Nada parecido se había visto desde los tiempos de Stalin, Hitler y Pol Pot, y la amenaza no se circunscribe al Oriente Medio. Las redes del Estado Islámico se extienden muy lejos de las fronteras de los países musulmanes, tal como lo muestra su capacidad de enrolar como combatientes a miles de jóvenes provenientes de Europa Occidental y Estados Unidos. Se trata de una de las manifestaciones más violentas del islamismo o “islam político”, como se autodenomina, y por ello es importante hacer un esfuerzo por entender los fundamentos de esta corriente político-religiosa.

¿Qué es el islamismo?

El islamismo no es más que el fundamentalismo movilizado políticamente en torno a tres objetivos fundamentales. En primer lugar está el objetivo estratégico de la gran cruzada emprendida ya por Mahoma, a saber, la islamización del mundo, extendiendo la así llamada Casa del Islam (Dar al Islam) hasta absorber completamente ese mundo exterior llamado Casa de la Guerra (Dar al Harb), donde aún reina la ignorancia (yahiliyah) acerca del mensaje divino transmitido por Mahoma. En segundo lugar tenemos la islamización plena de las sociedades musulmanas, es decir, su sometimiento integral e irrestricto a la ley islámica, de acuerdo al arquetipo de la umma o “comunidad de los creyentes” instituida por Mahoma en Medina. Esta intención restauradora es la que hace del islamismo un fundamentalismo militante o, en sus variantes yihadistas, un fundamentalismo armado.

A estas dos finalidades, ampliamente reconocidas como características del islamismo, se suma un tercer gran objetivo, que no es otro que destruir toda interpretación del islam que no sea la propia. Ello explica el carácter de guerra civil musulmana que adopta el islamismo en su versión yihadista. Aquí, simplemente, no hay perdón, y hay que recordar que se trata de una lucha fratricida que, al menos entre sunitas y chiitas, lleva ya más de 1.300 años, es decir, desde la batalla de Kerbala, el año 680, aún recordada con gran devoción por los musulmanes chiitas.

La lista de enemigos definida por el Estado Islámico en sus proclamas, por ejemplo aquella en la que declaraba instaurado el califato, el 29 de junio de 2014, refleja nítidamente estos objetivos. Primero están los rafidah (chiitas), luego los murtadín (apóstatas) y tawaghit (idólatras o falsos líderes musulmanes), y finalmente las naciones del kufr (pecado), alusión al mundo no islámico donde habitan los kufar (infieles).

Resumiendo, podemos decir que la lucha islamista –ya sea de raigambre sunita o chiita– tiene un horizonte global, pero su punto de partida son los propios países islámicos, que habrían abandonando la pureza del credo original de Mahoma, cayendo nuevamente en aquella yahiliyahque los caracterizaba antes de la revelación del Corán. Esta es la visión, extraordinariamente influyente, lanzada por Sayid Qutb (1906-1966; especialmente en su obra Hitos en el camino), el principal teórico de los Hermanos Musulmanes de Egipto. La profesión de fe de los Hermanos Musulmanes es, a su vez, la mejor síntesis posible de las ideas islamistas, cualquiera que sea su expresión concreta:

Alá es nuestro fin, el Profeta nuestro guía, el Corán nuestra constitución, la yihad nuestro camino y la muerte por Alá nuestro objetivo supremo.

Utopía islamista y carácter totalizante del islam

La utopía del islamismo es la creación de la ummat al Islamiyah o comunidad islámica universal, regida, de acuerdo a la tradición sunita ampliamente mayoritaria, por un califa o vicario (jalifa) del “mensajero de Alá” (rasul Alá, denominación de Mahoma). De allí el título, jalifa rasul Alá, adoptado desde el primer sucesor de Mahoma, Abu Bakr, hasta el jefe del Estado Islámico, Abu Bakr al Bagdadi.

Esta posición es muy distinta de, por ejemplo, la de los papas católicos (vicarios de Cristo), ya que el califa es, simultáneamente, un jefe espiritual, político y militar. Esta diferencia es clave, ya que alude a dos características cardinales que separan al cristianismo del islam y que, a su vez, son vitales para entender la fuerza del mensaje islamista entre muchos musulmanes. En primer lugar, el cristianismo no es fundacionalmente totalizante (si bien tendería a serlo al pasar a ser, en distintos lugares y épocas, una religión de Estado), y por ello no se articula originalmente como una religión que pretenda regir los asuntos de este mundo. “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” y “Mi Reino no es de este mundo” son dos síntesis bíblicas de esta distancia respecto del orden social y político terrenal que no existe en el islam.

Esto hace que para el cristianismo sea posible, sin alterar sus fundamentos últimos, aceptar una sociedad secularizada, mientras que para el islam una sociedad no regida por la ley islámica osharia es, en principio, inaceptable. También lo es la democracia, ya que ésta se basa en la plena soberanía popular, mientras que en el islam la soberanía siempre recae, en último término, en Alá, y los hombres deben limitarse a reconocerla y aplicarla. Los musulmanes pueden tolerar, por razones de hecho, el vivir en sociedades secularizadas y democráticas, pero nunca pueden dejar de aspirar, sin faltar a su fe, a crear una sociedad plenamente islamizada. Esto no implica, sin embargo, que todos deban ser musulmanes, pudiendo existir otras fes monoteístas en calidadminorías protegidas, siempre que se sometan a la ley islámica. Al respecto, hay que recordar que de acuerdo al Corán la conversión forzosa al islam no está permitida (“No ha de existir coacción en la religión”, dice la famosa aleya 2:256).

En segundo lugar, a diferencia de Mahoma, Cristo no fue ni pretendió jamás ser un jefe político-militar, tampoco el creador de un orden social determinado. La figura de Cristo dirigiendo sus ejércitos espada en mano es tan ajena a los evangelios como es natural la figura de Mahoma combatiendo en las célebres batallas de Badr (624) y Uhud (625), donde incluso resulta herido. De esta manera, Mahoma definió mediante sus actos el amplio campo de la yihad (esfuerzo, especialmente en la expresión coránica al yihad fi sabil Alá, es decir, “esfuerzo en el camino de Alá”), que va desde la lucha espiritual interior (la así denominada yihad mayor) a la lucha, pacífica o violenta, contra otros (la yihad menor). Esta última puede ser tanto defensiva (proteger los territorios ya incorporados a la Casa del Islam) como ofensiva (extender los dominios del islam a nuevas tierras).

En suma, mientras que el cristianismo nació para resistir al mundo o incluso para apartarse de él, el islam lo hizo para conquistarlo y gobernarlo. El cristianismo pretende originalmente divulgar una “buena nueva” (evangelio) espiritual, mientras que la buena nueva del islam trata del conjunto de la sociedad y de un reino que sí es de este mundo.

Raíces históricas del islamismo

Una explicación común sobre la razón de ser del islamismo plantea que éste sería una reacción ante la modernización que se difunde globalmente bajo la influencia occidental. Otros ponen el acento en la amenaza o intromisión político-militar de las potencias occidentales en el mundo musulmán. Este tipo de explicaciones tiene, sin duda, mucho de verdad, pero tiende a olvidar que las primeras reacciones islamistas anteceden en mucho a estos fenómenos y constituyen un rasgo permanente de la historia islámica.

Un breve recorrido por esa historia puede aclarar este punto. La expansión inicial del islam fue extraordinaria, y apenas cien años después de la muerte de Mahoma (632) el imperio árabe-musulmán se extendía desde el Indo hasta el Atlántico. Este desarrollo espectacular puso a una sociedad tribal en contacto con grandes culturas, como la helenística, la persa y la hindú. Bajo su atracción, el centro político del imperio islámico basculó rápidamente desde Medina hacia esas zonas más desarrolladas, asentándose primero en Damasco (bajo la dinastía de los Omeyas, 661-750) y luego, bajo los Abasíes, en la recién construida Bagdad, en plena Mesopotamia. Esta expansión creó un impulso dentro del islam similar a aquel que tempranamente experimentó el judeocristianismo, es decir, a dejar de ser una religión tribal para convertirse en una religión universal, capaz de difundirse entre otros pueblos e incorporar parte de la rica herencia cultural de los mismos (así, del mestizaje simbólico entre Jerusalén y Atenas nació el cristianismo).

Esta aspiración más abierta y cosmopolita fue el secreto del momento más esplendoroso de lacivilización islámica: los dos primeros siglos del califato de Bagdad (750-944). Es en ese ambiente que surgen, ya en el siglo VIII, escuelas de pensamiento islámico como la de los mutazilíes, claramente influencidos por el racionalismo griego y hasta hoy objeto de odio de parte de las corrientes tradicionalistas del islam.

Ahora bien, fue justamente este inicio prometedor lo que desencadenó la primera reacción fundamentalista en la historia del islam, en lo que sería una de sus características recurrentes, donde los intentos de apertura y mestizaje cultural se ven revertidos por largos períodos de reacción islamista bajo la bandera del retorno a la pureza de los orígenes, es decir, al espíritu tribal del primer islam.

Con la desintegración del califato de Bagdad, ese mundo islámico en que las elites eran fieles al Corán pero leían también las traducciones de los clásicos de la Antigüedad grecolatina, tal como se inspiraban en la cultura jurídico-política de Bizancio y en los sofisticados estilos de vida persas, terminó siendo destruido por el localismo y la reacción popular, guiada por los ulemas (“doctores de la religión” y líderes locales). La consecuencia fue el surgimiento de una férrea ortodoxia jurídico-religiosa basada exclusivamente en el Corán y la sunna del Profeta (recolección de relatos autentificados de la vida y los dichos de Mahoma o hadices). A partir de ello se fija la ley divina o sharía, que rige toda la vida social, y el islam, especialmente en su versión sunita, pasa a ser una religión del recuerdo o la imitación (taqlid), que no conoce concepto más aborrecido que el de bida o innovación (sinónimo de herejía).

Wahabismo e islamismo

Durante la larga evolución histórica del islam se dieron nuevos ejemplos, habitualmente en las periferias del mundo islámico, de mestizaje y pluralismo. Fue así como se construyó el esplendor del califato de Córdoba (929-1031) o del reinado de Akbar en la India (1556-1605). En el caso de la España musulmana, la reacción vino, primero, desde Mauritania y Malí, origen de la expansión almorávide, y luego se intensificó con los almohades, de origen bereber. En el caso de la India musulmana, fue el emperador Aurangzeb (1658-1707) quien destruyó la notable obra de apertura y sincretismo religioso-cultural de Akbar.

Sin embargo, el caso más extremo y relevante de reacción islamista se da en la propia cuna del islam, la Península Arábiga. Se trata del wahabismo, también conocido bajo la denominación genérica de salafismo (de salaf o ancestro, referido a las primeras tres generaciones de seguidores de Mahoma, como ideal del musulmán). Esta es la principal corriente fundamentalista sunita, de la que provienen, entre otros, Al Qaeda, el Estado Islámico, Boko Haram (Nigeria), Al Shabaab (Somalia), Al Nur (Egipto) y los talibanes. Deriva su nombre de Mohamed ben Abdul Wahab (1703-1792), cuyas doctrinas ascéticas fueron una reacción extremadamente virulenta contra lo que interpretaba como una degeneración del islam, particularmente bajo los impulsos místicos del sufismo. Esto lo llevó a predicar la absoluta unidad y centralidad de Alá (al Tauhid), lo que incluso indujo a destruir cúpulas, minaretes y monumentos funerarios, especialmente aquellos asociados con Mahoma y sus compañeros, que pudiesen distraer al creyente del culto único a Alá. Esta obra de destrucción, que el Estado Islámico sigue promoviendo, conoció su momento culminante a comienzos en el siglo XIX, cuando las fuerzas saudíes conquistaron La Meca, Medina, Kerbala y Nayaf.

Una de las principales fuentes de inspiración de Mohamed ben Abdul Wahab fue Taqi al Dinben Taimiya (1263-1328), gran predicador fundamentalista de la yihad militar y el uso de la excomunión (takfir) contra otros musulmanes, que pasaban de esa manera a ser apóstatas. En su caso, los enemigos y falsos musulmanes eran los conquistadores mongoles y sus colaboradores, pero su llamado a la yihad contra otros (falsos) musulmanes fue retomado de manera genérica por Wahab, que pasa a constituir la referencia clave de todo el pensamiento salafista hasta nuestros días, tal como lo demuestran, entre otros, Osama ben Laden y los líderes del Estado Islámico.

Tanto el papel histórico de Wahab como su importancia actual se fundan en su alianza con un jefe tribal, Mohamed ben Saud, que adoptó sus doctrinas como base religiosa de sus intentos por unificar Arabia. Los descendientes de Ben Saud fundarían, en 1932, la Arabia Saudita que hoy conocemos, y que es la base de un fundamentalismo wahabí que extiende su influencia dentro y fuera del mundo musulmán con la ayuda de la riqueza petrolera de ese país. No es por ello ninguna casualidad que Osama ben Laden provenga de Arabia Saudita ni que muchas de las tribus iraquíes que sostienen el Estado Islámico estén emparentadas con tribus sauditas.

Tiempos de guerra

Vivimos en tiempos de guerra, global, implacable y prolongada, con el islamismo armado o yihadismo. El avance genocida del Estado Islámico y sus ramificaciones internacionales nos ha obligado a reconocer esta penosa realidad. El escenario actual de la guerra es el Oriente Medio, pero pronto lo veremos extenderse, bajo nuevas formas, por otras latitudes. Hay miles de jóvenes que viven en las sociedades occidentales que ya son parte o están deseosos de ser parte de la yihad global. Esto es lo urgente, lo que debemos combatir aquí y ahora con toda decisión. Sin embargo, lo decisivo será enfrentar la corriente ideológico-religiosa de la que se nutre el yihadismo y que, como hemos visto, está enraizada en los fundamentos mismos del islam.

Debemos, en otras palabras, reconocer que existe un problema dentro del islam que reside en su aspiración central, incompatible con una sociedad abierta y democrática, de regir la vida social en su integridad. Esta aspiración, y no sólo los métodos más o menos extremos para alcanzarla, es el quid del problema. En este sentido, es sintomático que la crítica al yihadismo proveniente del islam institucionalizado (como la del gran muftí de Egipto y otras autoridades similares) se centre en la brutalidad de los métodos usados o en la proclamación ilegítima del califato, sin entrar en el fondo del asunto, ya que en ese terreno el islamismo tiene muchos triunfos en la mano.

Esta es la gran encrucijada del islam contemporáneo, y debiera también ser encarada, clara y honestamente, por aquellos musulmanes reformistas que quieren hacer del islam una religión moderna. Para sobrevivir en el largo plazo, el islam debe iniciar una retirada desde su concepción original totalizante hacia la esfera puramente espiritual y privada. Queda por ver si será posible.

El islam normal y corriente / The ordinary Islam

Mucho se ha discutido, mucho se ha hablado y se habla sobre las diferencias, o incluso sobre la profunda oposicion entre un islam «bueno» (pacífico, amable, abierto a la pluralidad de ideas y religiones, respetuoso de las mujeres…) y un islam «malo» (radical, fanático, extremista, machista… y en último extremo yihadista).

Mucho se ha discutido, mucho se ha hablado y se habla sobre las diferencias, o incluso sobre la profunda oposicion entre un islam «bueno» (pacífico, amable, abierto a la pluralidad de ideas y religiones, respetuoso de las mujeres…) y un islam «malo» (radical, fanático, extremista, machista… y en último extremo yihadista). Digámoslo con otras palabras: es obvio que no todos los musulmanes son terroristas; pero lo que ocurre es que todos los terroristas sí son hoy musulmanes. Y poco se oye y poco se ve insurgirse a los musulmanes «buenos» contra tales terroristas. Lo deberían hacer, por la cuenta que les trae, con la mayor de las energías, con mucha mayor fuerza incluso que nosotros mismos: no de la forma suave y delicada con la que emiten declaraciones después de cualquier atentado cometido por sus correligionarios «malos».

Pero no es de estos últimos de los que queremos hablar, sino de los otros, del islam «bueno», pacífico, tolerante, amigo de las mujeres… No somos nosotros, sin embargo, quienes vamos a hacerlo. Son ellos quienes hablan de sí mismos. Démosles la palabra, oigamos lo que de ellos mismos cuentan los musulmanes sencillos, corrientes y molientes.

Habla un destacado imán en la Conferencia de Paz Islámica celebrada en Noruega en el mes de mayo de 2013. Escúchenlo, merece la pena. Y compartan el video por doquier.

El Manifiesto

POR FAVOR, IMPORTANTE DIFUNDIR, EL VÍDEO LO DICE TODO EN APENAS 3,23 MINUTOS.

ESTÁ BIEN CLARO, A VER SI NOS ENTERAMOS DE UNA VEZ, EL ISLAM SOLO HA TENIDO Y TIENE UN FIN:

CREAR UN ESTADO TEOCRÁTICO-TOTALITARIO GLOBAL

Y NI CASO A LAS ÚLTIMAS PALABRAS DEL PAPA FRANCISCO I, EL ESTÁ EQUIVOCADO CUANDO DICE: «No es justo identificar al islam con la violencia»

NO, SU SANTIDAD, USTED ESTÁ EQUIVOCADO O INCLUSO MIENTE DESCARADAMENTE VAYA USTED MISMO A SABER PORQUÉ.

EL ISLAM ES ODIO, VIOLENCIA, DEPRAVACIÓN Y TOTALITARISMO

LO MISMO AFIRMO DE TODOS LOS POLÍTICOS QUE DEFIENDEN EL DIÁLOGO CON EL ISLAM. TODOS ESTÁN EQUIVOCADOS O MIENTEN POR A SABER QUE OSCUROS INTERESES.

EL MUNDO SERIA UN LUGAR MUCHO MEJOR SI NO EXISTIESE NI HUBIESE EXISTIDO NUNCA EL ISLAM

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ISLAM IMPRESENTABLE: Un terapeuta saudi aconseja cómo «disciplinar a las esposas»

El terapeuta saudita Khaled al Saqaby aconseja en un video a los musulmanes sobre “la manera correcta” de “disciplinar a sus mujeres”. La grabación fue realizada en febrero de este año, pero ha sido ahora cuando lo han divulgado los  medios.

Sentado en un lugar desconocido del bosque, que explica por qué los hombres pueden tener que disciplinar a sus esposas, pero describe cómo hacerlo de forma segura y de acuerdo con el Islam. 

Khaled Al-Saqaby hace público el material a principios de este año y admitió ante la cámara que era una cuestión ‘espinosa’, y agregó: «Si Alá quiere, vamos a cruzar este puente con seguridad».

“Creo que el problema surge cuando los esposos no entienden cómo tratar la desobediencia”, observa Saqaby al comenzar, según la traducción al inglés.

El terapeuta saudita insta a los hombres a no abusar físicamente de sus esposas y sostiene que el diálogo debe ser el primer paso cuando se trata de disciplinar a las esposas. “Primero recuérdale sus derechos y sus deberes en relación con Alá”, sugiere.

El segundo paso, según Khaled al Saqaby, es “abandonarla en la cama”. Esto significa que “debes permanecer en la cama con ella, pero de espaldas, o dormir en una cama individual en la misma habitación”.

La tercera instrucción con el fin de disciplinarla, según él, es “golpearla”, acto que “no se debe hacer con un objeto afilado, sino con un pequeño palo o pañuelo”.

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“Las mujeres tienen que entender que el objetivo es la disciplina. Y para poder golpearlas, se deben cumplir las condiciones islámicas necesarias”, asegura. “El objetivo es simplemente hacer que la esposa entienda que estaba equivocada en la forma en que trataba a su marido”.

El terapeuta afirma para concluir que a veces las esposas podrían golpear a sus maridos. “Desafortunadamente, algunas esposas quieren vivir una vida en igualdad con su marido”, lamenta y añade que esa situación “es un problema muy grave”.

VÍDEO EN INGLÉS

FUENTE (EN INGLÉS): The Daily Mail