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POR SI ACASO.

POR: Alfonso Ussia.

Es de esperar que el señor presidente de la Junta Islámica en Cataluña haya sido invitado, muy amablemente por supuesto, a declarar ante el juez. No por nada especial, sino por su cariñosa amenaza al presidente del Gobierno de España publicada en la «Web Islam» el pasado miércoles 23 de marzo. Don Abdennur Prado, que así se llama el sujeto, no ha sido excesivamente sutil en su escrito. Se muestra descontento con la participación de España en la guerra de Libia, y le ha advertido, más bien adelantado, a Zapatero de que «tendrá su 11-M».

Es de esperar que el Ministerio del Interior, el Fiscal y el juez hayan preguntado a don Abdennur Prado si ha ido de farol o tiene la convicción de que el atentado se va a producir. En tal caso, sería conveniente preguntarle, siempre que don Abdennur no se sienta incomodado, si conoce los planes, la identidad de los miembros de los comandos, y la fecha elegida para proceder a la masacre terrorista por su civilización aliada. No es por nada, pero siempre es mejor prevenir que curar, y con esta gente tan encantadora y nada fundamentalista, cualquier prevención es poca.

Aun tratándose de una fanfarronada, el escrito del simpático don Abdennur Prado, contiene una clara amenaza terrorista contra la ciudadanía con el presidente del Gobierno de España como excusa. Y mucho me temo, que una amenaza de esa índole, con base o sin ella, puede ser interpretada como un delito en nuestro Código Penal.

Con personas como don Abdennur hay que tener mucho cuidado. Se hace caso omiso a lo que dice y escribe, y el día menos pensado nos demuestra que tenía unos duples en sus manos y que de farol, nada. Lo malo es que esas demostraciones se certifican contando muertos y hospitalizando a los heridos. Don Abdennur nos tiene que explicar muchas cosas, mientras los ciudadanos nos intentamos explicar también cómo sujetos como don Abdennur pueden pasear por la calle con libertad y respeto. Porque ante una amenaza de semejante calibre, de no tener complejos aterrorizados ante los islamistas extremos, lo que habría que hacer con Abdennur, después de pasar por el despacho del juez, es ponerlo de patitas en Libia, en Siria, en Yemen o en Arabia Saudí, para que así se relacione con más facilidad con nuestros aliados de las civilizaciones, sector Al Qaeda, con el que se supone que don Abdennur intercambia algún tipo de información, a no ser que don Abdennur Prado sostenga sus amenazas en su inteligente intuición, el pálpito, eso que Plinio, el gran personaje de Francisco García Pavón, sentía cuando se acercaba al final de una investigación criminal.

Entiendo que con esta Junta Islámica hay que tener prudencia y mimo. Toda la furia y el desprecio oficial hacia los malvados cristianos que rezan y ponen la otra mejilla se transforma en comprensión y acojonamiento multicultural cuando los islamistas andan de por medio. Por ello no pido que la Policía lleve esposado al líder islámico en Cataluña ante el juez. Se puede hacer pupa en las muñecas. Hay esposas o grillos que hacen muchísima pupa. No pido, que en espera de que el juez lo reciba, sea encerrado en un calabozo. Nada de eso. Que aguarde en un salón confortable y bien alfombrado. ¿En qué cabeza cabe que un líder islámico radical sufra semejante humillación? Pero ya que ha amenazado al presidente del Gobierno con un atentado como el del 11 de marzo de 2004, que al menos el señor juez, con mucha cortesía, pueda formularle la siguiente pregunta. «¿Lo suyo va en serio o en broma?». Sin molestar ni ofender, claro está.

FUENTE: LA RAZON.ES

EL DISPARATE por ALFONSO USSIA

 

DEDICAD DOS MINUTOS A SU LECTURA, PORQUE MERECE LA PENA.
 
 
 
Más de cuatrocientos millones de seres humanos hablan el español en el mundo. Un californiano y un argentino se entienden en el mismo idioma. Eso es la cultura. Un español sea vasco, catalán, castellano, gallego o andaluz, encuentra su idioma común en los labios de los indígenas de la isla de Pascua, ese pedazo de Chile desprendido que navega en la inmensa soledad del Pacífico. Colombia discute –con la razón–, con Venezuela –la sinrazón–, en español. Los presos de Cuba lloran en español por lo que España no hace por ellos. No hay lugar en el mundo, por escondido que se halle, en el que no pueda oírse una palabra en español.
Y en España, con esta clase política rotundamente gilipollas que tenemos, nos gastamos el dinero en traductores para que, en el Senado, un andaluz le hable en catalán a otro andaluz, y un vasco en vascuence a un castellano, y un gallego en gallego a un montañés, cuando todos hablan y entienden a la perfección el español. No somos un desastre. Somos un disparate. Lo preocupante es que los políticos no anunciaron a los ciudadanos, los emisores de los votos, sus ridículas intenciones. Y la ruptura entre la sociedad y una amplia mayoría de sus representantes es absoluta. No por mentirosos, no por corruptos, no por meramente inútiles, sino por imbéciles. Las cámaras autonómicas están para hablar en la lengua local y la común. En el Congreso y el Senado no puede usarse otro idioma que el español.
Imbéciles los que pidieron el uso de las lenguas autonómicas en el Senado, y más imbéciles aún los que tragaron con la petición. No cabe en cabeza humana tamaña majadería. Todos se entienden y se traducen. En España, cuna del español, no se habla español. Pongámonos en la piel de los nacionalistas e independentistas más radicales. ¿Qué idioma usan para viajar fuera de España? ¿Qué idioma usan para hacer sus negocios fuera de España? ¿Qué idioma usan para viajar y hacer sus negocios por España? El catalán es un idioma vivo, formidable y local. Es práctico tan sólo en Cataluña. El vascuence es la unión de distintos dialectos enfrentados por las montañas, y cuyo dominio está fuera del alcance de muchos dirigentes nacionalistas. Es relativamente práctico sólo en Guipúzcoa, Vizcaya, Álava y la zona vascohablante de Navarra. No se puede añadir el País vasco-francés porque no existe. Los franceses nunca han reconocido un departamento vasco. Y el gallego, como el valenciano, como el murciano, como el bable, como el guanche, y como el mallorquín, entra en el saco de las lenguas locales.
Todos ellos, los que hablan el idioma de sus raíces maternas y mantienen la tradición y la riqueza cultural de sus palabras, hablan también el español. Son españoles y es lógico que se entiendan. Y sólo en España, los políticos menosprecian el idioma común, no común solamente con los españoles, sino con cuatrocientos millones de personas esparcidas por el mundo, América principalmente. Y ese disparate, es consecuencia directa de la necedad imperante en la clase política española, que siente complejo hasta de su idioma, el español.
Como si Franco lo hubiera inventado, que algunos lo creen así, porque además de la estupidez colectiva, el mayor defecto de España es la ignorancia, la incultura y la brutalidad mental.
Lo que ha protagonizado Montilla en el Senado no merece otro calificativo que el de gilipollez compartida.
 
¡¡Nación de locos!!