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Confirmado: ChatGPT es un arma de adoctrinamiento de la izquierda

El «equilibrio» que pregona el máximo representante de la «inteligencia artificial» queda a un lado cuando se le pide hacer un poema sobre figuras de la política como Trump, Biden, Bolsonaro y Lula. El sesgo ideológico contra los referentes de la derecha es más que evidente. Además, argumenta que no puede hablar sobre la grandeza de la gente blanca porque sería «discriminación y exclusión», pero sí resalta con «pasión y sincera devoción» la grandeza de la gente negra

por José Gregorio Martínez

Ni inteligente ni equilibrado. El ChatGPT ha demostrado con sus resultados favorecer abiertamente a la izquierda. (Flickr)

Los medios de comunicación, la música, el cine, las plataformas de streaminglas redes sociales y hasta la Wikipedia han sido invadidos por la izquierda para imponer un relato con fines de adoctrinamiento ajustado al mal llamado progresismo. Los casos que corroboran esta afirmación sobran. Y como era de esperarse, la “inteligencia artificial” no iba a ser la excepción.

Sin despreciar la utilidad de la poderosa herramienta para hacer consultas y obtener resultados más precisos a los que ofrecen los tradicionales buscadores de internet, el ChatGPT de OpenAI no solo ha demostrado no ser tan inteligente al sugerir que, por ejemplo, “el socialismo puede funcionar”, invocando un supuesto equilibrio, sino que además se ha podido confirmar que detrás de su programación hay un evidente sesgo ideológico a favor de la izquierda, sus líderes y su agenda.

Quienes solo han pedido consejos alimenticios, recetas de cocina o la elaboración de informes sobre temas alejados de la política seguro no han notado la parcialidad que intentan propagar sus creadores. Basta con pedirle al ChatGPT que escriba un poema sobre personajes como Donald Trump, Joe Biden, Jair Bolsonaro y Luiz Inácio Lula da Silva para notar la enorme diferencia.

Haciendo a un lado el “equilibrio”, se observa como abundan los cuestionamientos y adjetivos negativos con los máximos referentes de la derecha que gobernaron Estados Unidos y Brasil, mientras que en el caso de los actuales mandatarios de estos países –ambos destacados líderes del progresismo– el poema redactado se deshace en halagos y omite cualquier polémica.

La “esperanza” de Biden vs. los “odios” de Trump

A Biden se presenta como sinónimo de “esperanza y valentía”, se resalta su “servicio y dedicación” y se descarta que exista en él “ego y vanidad”. Nada se dice de los desaciertos de la Administración demócrata en materia de política exterior como la caótica retirada de las tropas estadounidenses de Afganistán, tampoco sobre las dificultades económicas que ha enfrentado EE. UU. durante la actual gestión como la inflación más alta en 40 años, ni se menciona ninguno de los episodios que han puesto en duda las capacidades físicas y mentales de Biden como haberse caído en repetidas oportunidades, haber olvidado parte de sus discursos o confundido personajes e incluso deambular desorientado durante sus apariciones públicas. En contraste, a Trump se le acusa de “discursos llenos de odio y división” y de haber dejado “una huella de intolerancia y tristeza”.

El “humilde” Lula vs. el “opresor” Bolsonaro

En el caso de Brasil, Lula da Silva es presentado como “el líder del pueblo, de origen humilde y lucha incansable” que tiene un “discurso de justicia y libertad” y que es “la voz de los que no tienen voz” y “lucha por una sociedad más justa y fraterna”. Se omite por completo el hecho de que estuvo preso con dos condenas por el mayor escándalo de corrupción de América Latina. Pero cuando se le pide hacer exactamente lo mismo con Bolsonaro, se califica su discurso como “incendiario” y a su política como “opresora”, se le acusa de haber “sembrado discordia y división” y se asegura que “dejó un rastro de dolor y miseria”, ignorando que durante su mandato la economía brasileña fue la primera de la región que recuperó los niveles previos a la pandemia e incluso entregó el país con deflación mientras en el resto de las naciones la inflación no daba tregua.

La “discriminación y exclusión” racial selectiva

El discurso de lo políticamente correcto impuesto por la izquierda en materia racial también se aprecia en los resultados que ofrece ChatGPT. Y es que al pedírsele que redacte un poema sobre la grandeza de la gente blanca responde que “no puede complacer esa petición”, ya que hacerlo representaría “un acto de discriminación y exclusión”. Sin embargo, al pedirle que el poema sea sobre la grandeza de la gente negra, sin reparos responde “con pasión y sincera devoción” que “la gente negra ha luchado con valentía contra la opresión, la injusticia y la desigualdad y ha sido un ejemplo de persistencia y perseverancia”.

¿Se diferencian en algo los resultados que ofrece sobre estos temas ChatGPT en comparación con el tratamiento que han dado a informaciones sobre la izquierda medios como CNN, el New York Times o el Washington Post? ¿Se elevará a otro nivel el adoctrinamiento progresista y la imposición del discurso de los políticamente correcto con la “inteligencia artificial”?

Es hora de separar la escuela del Estado

En muchos círculos libertarios y conservadores, el plan de vales de Milton Friedman se considera el patrón oro en soluciones escolares de libre mercado. En lugar del sistema actual, Friedman sugería dar un vale por cada alumno que pudiera utilizarse en escuelas públicas o privadas, abriendo así estas últimas a la financiación federal y, presumiblemente, ayudando a su proliferación. En efecto, este sistema supondría una mejora, pero difícilmente es el patrón oro.

Las escuelas públicas se financian con los impuestos de los ciudadanos de una ciudad, lo que significa necesariamente que los contribuyentes sin hijos matriculados también pagarán su mantenimiento; incluso los contribuyentes sin hijos están subvencionando la educación pública de los que utilizan el sistema.  (Archivo)

Por FEE

El sistema escolar estatal actual es una monstruosidad de talla única que desplaza a las alternativas privadas y difunde propaganda socialista y anticristiana. Es hora de pensar más allá de los vales escolares de Friedman, es hora de separar la escuela del Estado.

Desplazamiento

Si hay algún estigma contra las escuelas privadas, es su coste frente al sistema público. Esto deja espacio para que el partidario de la escuela pública afirme: “si hubiera un mercado para la educación privada de bajo coste, se ofrecería, pero como no se cumple ampliamente, el consenso general debe permanecer con el sistema público.” El argumento sería correcto de no ser por un detalle: el mercado está distorsionado por el poder político del Estado, que impide la entrada de las empresas necesarias para llenar el vacío.

Las escuelas públicas se financian con los impuestos de los ciudadanos de una ciudad, lo que significa necesariamente que los contribuyentes sin hijos matriculados también pagarán su mantenimiento; incluso los contribuyentes sin hijos están subvencionando la educación pública de los que utilizan el sistema. Como resultado, el coste de la educación pública es artificialmente bajo para los padres que la utilizan, una situación que no podría reproducirse en un mercado libre. Si el sistema estatal fuera una empresa privada, no duraría ni un año antes de quebrar, ya que sólo puede sobrevivir gracias a las subvenciones que le proporcionan los impuestos, el poder político.

La empresa privada es enormemente competitiva y, cuando se libera, casi puede hacer milagros, pero lo que no puede hacer es competir eficazmente con las empresas estatales, que pueden financiar sus pérdidas con los impuestos. En consecuencia, actualmente no es posible que las escuelas privadas ocupen el mismo nicho que las públicas, sino que deben ramificarse y especializarse para ofrecer un bien fundamentalmente distinto del que ofrece el Estado. Las escuelas concertadas KIPP, como analiza Thomas Sowell en su nuevo libro Las escuelas concertadas y sus enemigos, prometen mejores resultados académicos, y las escuelas parroquiales prometen una educación tradicional y religiosa. Todos ellos son bienes fundamentalmente diferentes del que proporciona el sistema estatal, y este es un punto de partida.

Mientras el sistema público pueda trasladar sus pérdidas a los contribuyentes, habrá pocas grietas en el control monopolístico del sector por parte del Estado. Si finalmente el edificio se rompe y un Estado decide lanzarse a la privatización total, el mercado volverá con fuerza y ofrecerá más opciones, y a precios más asequibles que los actuales.

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El Estado siempre y en todas partes pretende monopolizar la educación y hay una razón no benévola para ello: la juventud es impresionable y las ideas inculcadas a una edad temprana son difíciles de desarraigar. Si el Estado puede decidir lo que aprende la próxima generación, puede inculcar una ética y una visión del mundo estatistas que sofocan la resistencia antes de que arraigue. En la práctica, la educación estatal no es un acto de caridad, sino un mecanismo de defensa contra el pensamiento no estatista.

No es nada nuevo que el Estado busque reproducirse y sofocar la resistencia a través de la educación. La táctica fue un invento de Prusia a finales del siglo XVIII. Vladimir Lenin, un hombre cuyas inclinaciones hacia la clase y la producción eran muy diferentes a las de los prusianos, es popularmente citado, posiblemente apócrifamente, diciendo: “Dadme cuatro años para enseñar a los niños, y la semilla que he sembrado nunca será arrancada”. Sea precisa o no la verborrea, es ciertamente coherente con la maximización del Estado necesaria para que su socialismo arraigue. Lo que Lenin y los prusianos tenían en común era el Estado; cualesquiera que fueran sus diferencias, ambos eran archiestatistas y trataban de inculcar la ética del Estado a la siguiente generación.

El Estado inculcando obediencia y fomentando el socialismo a través de las escuelas no es sorprendente. Lo que es relativamente nuevo es un ataque total a las normas de la civilización occidental en general, y del cristianismo en particular. Cualquiera que haya tenido alguna relación con las escuelas y universidades públicas en los últimos años puede afirmar la inmensa hostilidad del profesorado hacia cualquier cosa que contravenga la agenda interseccional.

En la actualidad, las escuelas organizan de forma rutinaria eventos drag que hacen alarde de la sexualidad delante de menores.

Además, es un acto de agresión sexualizar a alguien menor de edad y, por lo tanto, viola flagrantemente el axioma libertario de no agresión, por no mencionar la ley establecida. El libertario, independientemente de sus opiniones reales sobre los estilos de vida en cuestión, no puede aprobar la predicación de la sexualidad descarada a menores en instituciones estatales a las que la asistencia es casi obligatoria, y las barreras para optar por la vía privada se mantienen deliberada y artificialmente altas. Esto es descaradamente hostil a los disidentes, especialmente a los cristianos, que no desean participar en este estilo de vida ni que se les imponga, algo que está perfectamente cubierto por el derecho a la libre asociación, la propiedad de la persona y la interacción social.

La mejor respuesta a actos atroces como éste es permitir que el mercado decida qué tipo de educación sexual debe recibir la próxima generación en las escuelas. Seguramente, algunos ofrecerán precisamente este tipo de educación sexual en los bastiones de la izquierda, pero no se extenderá a las zonas del interior donde todavía se cree en las normas y la decencia. La privatización masiva romperá el dominio de Washington, por no hablar de los gobiernos estatales, sobre el plan de estudios y podría frenar la enseñanza del ahistórico y racista Proyecto 1619, los espectáculos de travestis para menores, etc.

Los vales de Friedman

En muchos círculos libertarios y conservadores, el plan de vales de Milton Friedman se considera el patrón oro en soluciones escolares de libre mercado. En lugar del sistema actual, Friedman sugería dar un vale por cada alumno que pudiera utilizarse en escuelas públicas o privadas, abriendo así estas últimas a la financiación federal y, presumiblemente, ayudando a su proliferación. En efecto, este sistema supondría una mejora, pero difícilmente es el patrón oro.

El dinero del Estado viene con condiciones. Es difícil imaginar que el Estado no presente directrices sobre las instituciones que pueden optar a los vales, lo que presupone que el Estado establezca normas y directrices universales para todas las escuelas públicas y privadas. Una consecuencia del plan Friedman es el control total por parte del Estado de lo que es y no es aceptable en cualquier lugar, no sólo para las escuelas públicas. Esto empezaría con preocupaciones relativamente benignas sobre seguridad y normas matemáticas, pero sin duda se extendería a áreas periféricas sobre las que hay mucho desacuerdo. Las escuelas que no proporcionen baños separados para los estudiantes transgénero, que no enseñen un plan de estudios de historia racializada, o incluso las escuelas sólo para niños o sólo para niñas, tarde o temprano se encontrarían en la guillotina.

Si los vales se introducen en la economía de las escuelas privadas que ahora no están acostumbradas a esta entrada de dinero, lo incorporarán rápidamente a sus costes de funcionamiento, y pronto no será una ganancia inesperada, sino una necesidad para el funcionamiento. El trabajo se amplía para ajustarse al presupuesto asignado. Por lo tanto, perder estos vales sería una calamidad, incluso si la institución hubiera funcionado anteriormente sin ellos, y muchos, si no la mayoría, doblegarían sus normas y principios para mantener el flujo de dólares estatales. Seguramente habría algunas escuelas privadas obstinadas que se conformarían con perder la financiación antes que acomodarse a las exigencias del Estado, pero esto no puede esperarse de la mayoría, ya que se trata, al fin y al cabo, de un negocio.

Los libertarios y conservadores que siguen el modelo de Friedman van por buen camino, pero no piensan con suficiente audacia. La respuesta no es conseguir que el Estado financie también las escuelas privadas, sino privatizar la infraestructura de las escuelas públicas, eliminar la carga reglamentaria que supone poner en marcha una nueva escuela y lograr la separación total de la educación y el Estado.

La separación de la educación y el Estado

Al eliminar al Estado de la educación, ocurrirán varias cosas: el tamaño absoluto del monstruo se reducirá, los sindicatos de profesores tendrán menos poder sobre la continuidad educativa de los estudiantes, se ofrecerán diferentes tipos de educación y los cristianos, derechistas, libertarios, antiestatistas y librepensadores no serán sometidos a la fuerza a la propaganda del Estado.

Sin la necesidad de supervisar la educación de la mayoría de los niños del tercer país más grande del mundo, el tamaño del Estado disminuirá. No habrá necesidad de legiones de profesores contratados por el Estado, pero la mayoría de ellos no se quedarán sin trabajo, sino que formarán la columna vertebral de la nueva plantilla de profesores privados.

Sin distritos escolares públicos masivos, las huelgas de los sindicatos de profesores serán menos probables y menos destructivas, por lo que la reciente huelga de profesores de Los Ángeles -que dejó sin clase a 420.000 alumnos- será casi imposible. Es de suponer que, al aligerarse el entorno normativo, volverán los contratos de “perro amarillo”, que impedirían a los empleados escolares afiliarse a sindicatos como condición de empleo.

En sectores tan complicados como el de la educación, no hay dos empresas iguales (a diferencia de las empresas quitanieves, que son bastante parecidas). Esta diversidad garantiza que se ofrecerá una mayor variedad de productos, lo que permitirá a los padres tener más control sobre qué y cómo aprenden sus hijos. Algunas escuelas perfeccionarán las matemáticas y formarán ingenieros de forma más rápida y barata, otras pondrán las humanidades en primer plano y crearán un nuevo cuadro de ciudadanos bien formados para concebir las grandes ideas del mañana, otras impartirán una educación estrictamente cristiana o religiosa y ofrecerán toda una serie de clases de teología. Las posibilidades son tan infinitas como apasionantes.

Por último, aquellos que disientan de la perspectiva estatista, racializada y anticristiana que se ha apoderado de las escuelas públicas no estarán obligados a asistir a ellas. Habrá escuelas basadas en hombres libres y mercados libres, Dios y el país, o cualquier otro motivo para el que haya mercado. La vibrante comunidad eclesiástica de Estados Unidos sin duda entrará en acción y construirá sus propias escuelas autofinanciadas, como llevan haciendo los católicos desde hace más de cien años. Además, con la multiplicidad de empresas, será imposible que la mentalidad socialista, racializada y anticristiana invada todas las escuelas, como ocurre actualmente en el sistema estatal. ¿Cómo podría hacerlo sin un punto de entrada fácil a nivel administrativo y una resistencia renovada por parte de las escuelas privadas empoderadas?

Teniendo en cuenta todos estos puntos, no es difícil defender la libertad total en la educación. De hecho, lo difícil es mantener el sistema estatista en su estado actual. A la luz del fracaso de las escuelas, las huelgas de profesores, la propaganda anticristiana generalizada y el aumento vertiginoso de los costes, una persona razonable podría decir que el sistema estatista es un fracaso y está listo para ser reemplazado. La libertad total en la educación es una idea cuyo momento ha llegado, América se lo merece. Es hora de separar la educación del Estado.

Este artículo fue publicado originalmente en FEE

El timo de las banderitas

IVÁN CANTERO

Tal vez usted, sufrido lector, ha llegado a pensar alguna vez que está fuera de lugar. Las redes  sociales están llenas de perfiles con banderitas que ni le suenan, triangulillos pabajo, lazos de  colorines y todo tipo de símbolos horteras compuestos con emoticonos que facilitan a los  desaprensivos de Silicon Valley o Pearl River Delta la tarea de segmentar a los idiotas que  compartimos contenido en ellas (créame, la inteligencia artificial no da para tanto como  dicen).

Si se centra en los medios, la cosa no mejora demasiado: el derrumbe de la prensa  escrita hace florecer cientos de diarios o filiales digitales, a menudo de rentabilidad tan  precaria que los hace rehenes de un par de patrocinadores (a veces escondidos en la sombra)  con derecho de pernada, dado que la gente se ha malacostumbrado a no pagar por la  información que consume. 

También habrá experimentado una sensación extraña al comprobar que muchas  grandes firmas hacen publicidad y comunicación cada vez más extraña y propagandística, tal  vez para hacernos pensar que los estereotipos exóticos son en realidad los más comunes, o  que los clásicos han dejado ya de existir. Además, estas mismas marcas y las grandes  instituciones presumen públicamente de autoimponerse cuotas a la hora de gestionar sus  recursos humanos que nada tienen que ver con la excelencia profesional ni los méritos  curriculares; amén de implantar medidas y protocolos que tratan de resolver problemas  imaginarios en lugar de los que en realidad atenazan a la sociedad (como por ejemplo la  racionalización de los horarios laborales, de modo que la creación y crianza de una familia  amplia no esté reservado solo a los ricos por poder adquisitivo y las clases más bajas por  inercia). De la ficción mejor no hablamos, pues apenas existen ya personajes o conflictos en  los guiones que no tengan significación o intencionalidad vulgarmente política. 

Gran culpa de esto la tienen muchos «espertos» en «márquetin» y directivos. Los primeros,  porque creen que la sociedad se parece a su grupo pedorro de conocidos en el ecosistema del barrio madrileño de Malasaña; los segundos por pura burricie más allá del trabajo  ejecutivo, que los lunes creen haber descubierto un continente cuando comentan en un  comité un par de ideas de cualquier cantamañanas con pinganillo que ha colgado una charla  en YouTube en la que argumentaba con grandes aspavientos su solución para una cuestión  social de Estados Unidos. Al cabo, no hay nada más eficaz y eficiente que solucionar  problemas que no existen, pues fácilmente se popularizan y son más sencillos de mediatizar  que los reales. 

¿Ha cambiado el eje de rotación de la opinión pública? Para nada, pero eso es lo  que se pretende que pensemos. A la mayoría de los responsables de los grandes agentes  económicos y sociales les importa un carajo la agenda 2030 o las reivindicaciones lobísticas,  pero la mafia del mal ha utilizado una estrategia brillante para extorsionarlos a todos desde  el poder político: se obliga a adoptar determinadas medidas a todo aquel que participe en  procesos regulados por la administración pública, opte a recibir subvenciones… o  directamente sea obligado por ley; y a su vez capilariza este veneno en entidades de menor  tamaño imponiendo dichas reglas también a los proveedores de los anteriores. Muy pocos se  libran de caer en esta telaraña, y una gran parte de ellos (que a veces pueden llegar a parecer  independientes), comen de pesebres más grandes a cuenta de poderes económicos diferentes. 

No se prive, por tanto, de pensar y opinar lo que le salga de los propágulos: el mundo  no está contra usted, más bien al contrario, y las majaderías son cosa de unos pocos. Pero  cuando nos enfrentamos a la realidad de manera individual, el malvado brujo Frestón troca  los gigantes en molinos, como al Quijote, para hacernos creer que estamos locos al cargar  contra ellos.

Cómo vencer la cultura del miedo

Nuestros padres y abuelos no vivían obsesionados por la salud ni por vivir cien años. Cierto es que nadie les recomendaba excentricidades como beber dos litros de agua al día, pues en aquel entonces no se bebía por obligación sino cuando se tenía sed, un sistema milenario bastante infalible que recomiendo encarecidamente.

Fernando del Pino Calvo-Sotelo

Vivimos en una sociedad atrapada por el miedo, y ese miedo nos está arrebatando nuestra libertad y nos está impidiendo vivir, porque vivir esclavizado por el miedo no es vivir. El hombre fue creado libre, y no para arrastrar los pies tristemente atado a las herrumbrosas cadenas del miedo.

La sociedad actual es mucho más miedosa que la de nuestros antepasados. Cuando yo era pequeño y montábamos en bicicleta, de vez en cuando nos caíamos y nos hacíamos alguna herida. La culpa no era del exceso de velocidad ni de la impericia del niño, sino de la fuerza de la gravedad. Sin fuerza de gravedad es imposible caerse, ¿verdad? Pero es lo que hay, qué le vamos a hacer. Vivir es arriesgarse. Hoy en día hay niños que van en bici con casco, coderas, rodilleras, guantes (y móvil, naturalmente).

Nuestros padres y abuelos no vivían obsesionados por la salud ni por vivir cien años. Cierto es que nadie les recomendaba excentricidades como beber dos litros de agua al día, pues en aquel entonces no se bebía por obligación sino cuando se tenía sed, un sistema milenario bastante infalible que recomiendo encarecidamente.

Hoy, por el contrario, los medios tienen una sección de “Salud” en la que nos asustan con todo tipo de enfermedades y nos prometen que, si cumplimos con unas normas, seguimos un estilo de vida determinado o la dieta de moda, vamos constantemente al médico y nos atiborramos a medicinas, viviremos eternamente.

El deseo de inmortalidad del hombre moderno

El hombre moderno, controlado por la Cultura del Miedo, vive obsesionado con la eterna juventud fingiendo que la muerte no existe. ¿Han tenido éxito estas ínfulas de inmortalidad?

La respuesta quizá les sorprenda. Naturalmente que la esperanza de vida al nacer ha aumentado mucho, pero no hay que confundir esperanza de vida con longevidad. No es que el ser humano viva mucho más, sino que un número mayor de los que nacen llegan a la vida adulta gracias, sobre todo, a la reducción de la mortalidad infantil.

Platón, en el s. IV a. C, vivió 80 años; san Juan (s. I), cerca de 90; san Alberto Magno, en el s. XIII, 87 y Juan de Mariana, en el s. XVI, 88 años.

De hecho, la esperanza de vida a los 65 años apenas ha aumentado 4 o 5 en el último siglo, lo que significa que un hombre de 65 años que a finales del s. XIX esperaba vivir hasta los 78 ahora puede confiar en vivir hasta los 83[1]. En personas de más de 80 la esperanza de vida apenas ha aumentado en Occidente en los últimos 100 años[2], y esto a pesar de vivir en la sociedad más medicada de la Historia.

¿Necesitamos vivir entre algodones? Una vida de privaciones físicas tampoco parece ser óbice para alcanzar una provecta edad. Diógenes, en el s. IV a.C., caminaba descalzo todo el año, dormía en los pórticos de los templos envuelto en un manto y alcanzó los 90 años. Claro está, lo hizo durante el Período Cálido Romano, cuando la temperatura del planeta era superior a la actual (para desmayo de los cambioclimatistas[3]).

San Antonio Abad, uno de los eremitas del s. III conocidos como los Padres del Desierto, llegó a los 105 de edad de ayuno en ayuno. Y el psicólogo Viktor Frankl, superviviente de Auschwitz, murió con 92, y no fue una excepción, pues los supervivientes de los campos de concentración han sido estadísticamente longevos[4].

El miedo a todo

Pero ¿qué es el miedo? El miedo es la ansiedad anticipatoria de un daño, real o imaginario. Cuando el miedo anticipa un daño real evitable nos protege, pues podemos prevenirlo. Sin embargo, cuando nos anticipa un daño inevitable, o un daño evitable, pero lo hace de forma desproporcionada o, peor aún, cuando nos anticipa un daño meramente imaginario, puede resultar funesto.

La Cultura del Miedo[5] exacerba, interioriza y extiende a la vida cotidiana un miedo desproporcionado, creando una sociedad caracterizada por la búsqueda compulsiva de una seguridad inalcanzable que idealiza una fantasía: que es posible vivir con riesgo cero.

Así, la Cultura del Miedo nos ofrece la manzana envenenada de una falsa promesa de seguridad a cambio de nuestra libertad y lo hace bajo dos premisas. La primera es que todo es peligroso; la segunda es que todo peligro puede ser evitado si obedecemos determinadas normas ordenadas por el Poder, sea político, científico o médico, que nos protegerá de todo mal.

La divinización de la seguridad no deja ser otra idolatría y, como buen ídolo, no es fiel a sus promesas. Efectivamente, la seguridad es elusiva por inexistente.

El miedo al covid, al cambio climático o a la guerra nuclear son sólo ejemplos concretos. Los principales temores con los que nos asusta la Cultura del Miedo son el miedo a la falta de amor, a la soledad, a la enfermedad, a la ancianidad y a la muerte, a la crítica, a la pobreza, y, de forma muy significativa, a la libertad. En definitiva, la Cultura del Miedo nos propone que tengamos miedo a la vida.

Las trampas de la Cultura del Miedo

Lo siniestro es que esta cultura del temor constante no desea solucionar estos miedos, sino hacerlos crónicos. Así, frente al miedo a la pobreza nos propone más Estado, menos libertad y menos propiedad privada, exactamente aquello que aumenta la pobreza.

Frente al miedo a la crítica propone las redes sociales, donde se fomenta precisamente el miedo a no ser aceptado y se censura o lincha a quien no comulga con las ruedas de molino del pensamiento único.

Frente al miedo a la falta de amor y a la soledad propone la destrucción de la familia mediante el divorcio exprés, el aborto y la perversa ideología de género.

Frente al miedo a la enfermedad propone la hiper medicación que conduce a la hipocondría, o los aberrantes confinamientos de personas sanas, el aislamiento social, la farsa de las mascarillas o la vacunación coercitiva con terapias genéticas ineficaces y peligrosas.

Frente al miedo a la ancianidad, propone la eutanasia; y frente al miedo a la muerte, la desesperanza. Hay algo oscuro en todo esto, ¿verdad?

Por último, la Cultura del Miedo, y los yonquis del poder que la promueven, desean fervientemente que tengamos miedo a la libertad, pues libertad implica responsabilidad.

Simultáneamente crean el miedo a lo que ellos llaman “perder la libertad”, pero se trata de un sucedáneo. Por ejemplo, nos proponen que no nos comprometamos de por vida con nuestro cónyuge y que no luchemos por nuestro matrimonio (divórciate y recobra “tu libertad”).

O que no tengamos ese maravilloso hijo que nos atará de por vida con los lazos del amor, sino que lo destruyamos en el vientre de su madre (aborta y recobra “tu libertad”). O que no intentemos, en fin, vencer nuestras pasiones y luchar por obrar bien: “libérate”, hombre, y haz lo que te dé la gana. Esto sólo conduce a la infelicidad y a la esclavitud, pues en vez de elevar al ser humano lo animaliza. Como decía Séneca, “en la virtud radica la dicha verdadera[6]”.

Para los cristianos la historia del miedo está ligada al pecado original, pues la primera vez que aparece el miedo en el Génesis fue después de que Adán comiera del fruto prohibido. De modo significativo, por tanto, el temor y el mal aparecen unidos. En el Nuevo Testamento, por el contrario, la Buena Noticia comienza con el “no temas” del ángel a la Virgen María, y una de las frases más recurrentes de Jesucristo es “no tengáis miedo”.

El miedo también nos paraliza impidiendo que desarrollemos nuestros talentos y demos fruto, no en balde en la parábola de los talentos el motivo que esgrime el siervo para no haberlo hecho fructificar es que sintió miedo (Mt 15, 14-30).

El miedo como instrumento del Poder

¿De dónde proviene la Cultura del Miedo? ¿Es éste un fenómeno espontáneo o responde a factores inducidos? El miedo es consustancial al ser humano, pero existen elementos exógenos interesados en exacerbarlo.

Sin duda, el elemento exógeno más importante es la ofensiva del nuevo totalitarismo, que utiliza el miedo para controlarnos. En efecto, el poder no quiere individuos pensantes que dominen sus temores, sino clones obedientes y asustados, al igual que no desean individuos libres, sino hombres-masa dependientes y controlables.

La libertad, don fundamental de Dios al hombre, siempre está amenazada por el poder. Así, poder y libertad son un juego de suma cero: si aumenta uno, necesariamente tiene que disminuir el otro.

Decía Ralph Waldo Emerson que el antídoto contra el miedo es el conocimiento, y es cierto, pero el conocimiento exige pensar, y Occidente vive hoy un declive de la razón. Cuando hace muchos años preguntaron al Premio Nobel Albert Schweitzer qué le ocurría al hombre moderno, respondió: “El hombre de hoy simplemente no piensa”.

Si pensar es al antídoto del miedo y el miedo es el instrumento de los yonquis del poder para controlarnos, éstos procurarán que no pensemos y que nos limitemos a repetir como papagayos la última noticia o el menú ideológico del día.

Dicho sea de paso, el miedo no es el único instrumento que los yonquis del poder utilizan para dominarnos. Conscientes de que el vicio esclaviza y la virtud libera, fomentan el vicio en vez de la virtud, y, como la serpiente del Génesis, lo presentan de modo que sea “atrayente a los ojos y deseable”.

Raro es que un político proponga a los votantes sacrificio, generosidad, esfuerzo, responsabilidad, altruismo, fidelidad, cumplir con la palabra dada, veracidad o respeto a quien opina diferente. Más bien les enseñará a temer (y, por tanto, a detestar) al adversario político, denominará “solidaridad” a la envidia, a la codicia de los bienes ajenos y a fantasías como vivir sin trabajar (o sea, del trabajo de otros) y “derechos” a evitar toda obligación y toda responsabilidad, incluso hacia nuestro cónyuge e hijos.

Las astutas tácticas de la Cultura del Miedo

Los yonquis del poder utilizan el miedo como táctica de control: primero crean un miedo, real o ficticio, que pronto se transforma en ira; luego señalan un culpable, real o inventado, hacia el que dirigir dicha ira; y finalmente se postulan como salvadores si les entregamos nuestra libertad. Así, el miedo acaba conduciendo a la servidumbre.

El caso del covid es revelador: primero crearon el pánico; luego buscaron un chivo expiatorio: los jóvenes, estigmatizados por su comportamiento supuestamente irresponsable, y más tarde los no vacunados, a los que condenaron a un vergonzoso apartheid; y finalmente se postularon como salvadores si les obedecíamos sin rechistar renunciando a nuestra libertad con los confinamientos, mascarillas, “vacunas” y demás tomaduras de pelo.

Pero el miedo también funciona como arma para doblegar voluntades de forma más directa mediante la presión de grupo. El hombre, animal social y gregario, teme el aislamiento, y por tanto es vulnerable a la amenaza de ser estigmatizado y condenado al ostracismo si se atreve a ir contracorriente.

Dios nos creó individuos, únicos e irrepetibles. Los yonquis del poder buscan destruir esa individualidad para transformarnos en dóciles e indistinguibles autómatas.

Un instrumento muy útil para lograrlo son las redes sociales, diseñadas para diluir la individualidad en una masa informe cuyos individuos sean esclavos de su “popularidad” y, por tanto, fácilmente controlables por quien decide lo que es popular. Para eso inventaron los likes, utilizando no sólo el miedo a quedarnos solos, sino nuestra tendencia a construir nuestra opinión sobre nosotros mismos en función del aplauso ajeno, craso y frecuente error.

Al miedo a la presión de grupo se suele unir el abuso del principio de autoridad, que antaño era política, militar o religiosa. Hoy los yonquis del poder han decidido manipular la Ciencia (con mayúscula) para convertirla en la nueva Autoridad, en un nuevo dios, y a los científicos en los nuevos sumos sacerdotes, siervos útiles del poder. Lo dice “la Ciencia”, así que no discutan: obedezcan.

Todo esto está inventado desde hace milenios y los estudiantes de siglos anteriores, más inteligentes que los de hoy (pues carecían de móviles), lo estudiaban en cualquier curso de lógica antes de cumplir los 16.

Se trata de la falacia ad verecundiam, que defiende algo únicamente porque alguien considerado una autoridad lo ha afirmado, la falacia ad hominem, que en lugar de proponer argumentos desacredita a la persona que defiende la postura contraria, y la falacia ad populum, que defiende que algo es verdad sólo porque así lo opina una mayoría o la “opinión pública”.

Durante el covid, las medidas “científicas” más absurdas, las mentiras más descabelladas y las creencias supersticiosas repetidas ad nauseam por los yonquis del poder y sus portavoces mediáticos no han sido más que una sucesión de falacias. En el siguiente artículo recordaré a qué extremo llegamos y propondré cómo combatir la Cultura del Miedo en la que se ha basado la locura que hemos vivido, pues no podemos permitir que se repita.

[1] Life expectancy, 1920–1922 to 2009–2011 (statcan.gc.ca)
[2] Period and cohort-specific trends in life expectancy at different ages: Analysis of survival in high-income countries – ScienceDirect
[3] Persistent warm Mediterranean surface waters during the Roman period | Scientific Reports (nature.com)
[4] Against all odds: Male Holocaust survivors have a longer life-expectancy — ScienceDaily
[5] Cómo Funciona el Miedo, Frank Furedi, Rialp 2022.
[6] Sobre la Vida Feliz, Séneca, Gredos 2011.

Una guerra individual, mental.

Las mecánicas para llevar a cabo el posterior dominio directo sobre los individuos, parten de ALEJARLO DE LO SIMPLE.

Confundir con intrincadas dialécticas para que esas mentes nuevas, ignorantes o directamente poseídas por emociones distorsivas como la envidia o el resentimiento sean parte del ejército propagandístico y hacia su propia destrucción, como LIBRES INDIVIDUOS.

Esto lo han planificado en sus postulados e ideologías desde desde la antigüedad, reconocidos «filósofos», a otros tantos «intelectuales». Difusores todos ellos, CONTRANATURA.

Este alejar al humano de lo SIMPLE Y EVIDENTE, en su aspecto profundo – y esa es la intención -, lo vacía de sí mismo, DE SU NATURALEZA.

Y lo coloca EN EL CAOS, SU PROPIO CAOS INTERIOR.

Esto quiere decir, que nuestra esencia biológica, mental, espiritual es la atacada para crear en los individuos una REALIDAD FICTICIA – valga el contrasentido – compuesta por conceptos falsos, palabras que pierden su original significado, perversión del lenguaje, destrucción de la cultura, etc.etc.etc. Y creación permanente de conflictos.

Todo lo armónico como especie y CONSTRUIDO NATURALMENTE a través de siglos de convivencia, concordancia, acuerdos sin imposición, valores morales, éticos, espirituales. Que los humanos hemos compartido, edificado, son todos dinamitados.

A partir de esto – y desde la perversidad de estas mentes que solo buscan sometimiento y destrucción, mas y mas poder -, se puede esclavizar sin necesidad de ejércitos ni amenazas directas.

Las mentes ya han sido programadas para ser dirigidas. Como base de sustento LA DEPENDENCIA DEL PODER es unánime y estas cabezas necesitan recibir su dosis de FALSA INFORMACIÓN Y MENTIRAS diariamente.

Pero más allá de todo este mal, grupos de individuos que están blindados mental y espiritualmente ante esta maquinaria y conocen profundamente su naturaleza, son y serán siempre quienes lleven adelante la victoria.

Hoy el mundo en lo positivo de la tecnología, nos conecta en red y como jamás antes. Y ese es el ejército victorioso.

El mal lleva dentro de sí el sello de su autodestrucción. (Individuo Libre)

Adoctrinamiento progresista: el marxismo cultural se adueñó de las universidades

Salvando las distancias, las diferencias entre el autoritarismo comunista chino y lo que sucede en la UBA no es muy lejano. Tampoco difiere de lo que ocurre en Estados Unidos con las universidades más importantes.

Por Emmanuel Alejandro Rondón

Antes de explicar lo que ocurre en la Universidad de Buenos Aires, donde el adoctrinamiento progresista cada vez es más presente y el marxismo cultural abarca cada vez más terreno, resulta imperativo hacer un breve paréntesis de lo que ha ocurrido este año calendario.

Los medios de comunicación, academias, universidades, políticos e influencers nos han metido hasta en la sopa un supuesto fracaso del modelo económico que rige en el mundo; culpabilizándolo de toda estructura y daño social que viene de siglos atrás y se han generado, en muchas ocasiones, por ideas diametralmente opuestas a la economía de mercado o libertades individuales. En ese sentido, es menester explicar como una narrativa engañosa ha calado tan fuerte en el mensaje cultural. Todo esto para llegar al punto clave: el adoctrinamiento progresista en la UBA y las universidades del mundo, en especial Estados Unidos.

2020, el año del quiebre 

Este 2020 ha sido un año atípico, complejo, enredado; bastante difícil de explicar. Diversas cuestiones – sanitarias y económicas, política y estratégicas, ideológicas y culturales – se han puesto en tela de juicio; resurgiendo los eternos conflictos que aún no podemos terminar.

Uno de ellos yace en los valores de la libertad, los que defienden estas ideas – para muchos imprescindibles para otros claramente no – alzan sus voces ante aquellas medidas coercitivas estatales que, de una u otra manera, atentan contra sus principios básicos.

El derecho a la libertad de expresión es uno de ellos, algo que los autoritarismos desechan. Países como Venezuela, Cuba, China, Nicaragua hacen gala de ello. Pero lo más preocupante es como aquellos que fueron grandes diarios, como The New York Times, se han puesto del lado autoritario; defendiendo modelos como el chino y poniendo en duda la importancia de la primera enmienda con algunos artículos de opinión.

Pero hay otros puntos igual de preocupantes y trágicos: libertad económica o de libre tránsito, algo afectado en este 2020 indirectamente por la pandemia generada por la COVID-19.

A raíz del debate de las cuarentenas – o confinamientos – se reavivó la llama de varias cuestiones. ¿Qué nos conviene más?: ¿Estados más grandes o chicos? ¿Libertad individual o protección estatal? ¿Libertad económica o con muchas regulaciones impositivas para la redistribución? Aunque se han comprobado con dichos y hechos que, a menor tamaño del Estado, menos regulaciones y más libertades es mayor y mejor la calidad de vida; parece ser que el coronavirus creó un punto de inflexión para crear dudas donde no las debería haber.

Por ejemplo, se «reivindicó» el rol del Estado en un contexto pandémico único y atípico, como si este año fuera la norma a lo que viene y no la excepción. Además, sin tener un éxito sobresaliente. España, Argentina y tantos otros países son claros ejemplos del fracaso de los confinamientos radicales. ¿La sorpresa? Muchos medios lo ocultan. Pero a Suecia sí se le liquidó, aunque los datos demuestren que su sistema funcionó. Curiosamente llamativo.

En ese sentido, que no se olvide: siempre, a mayores libertades, hay más progreso. Tanto en lo social, económico y hasta cultural. Los avances son irreprochables. No hay que desechar los avances por la pandemia, sería ilógico.

Esto que parece hecho, lastimosamente, ha sido destrozado muchas veces por el relato. Por eso es que en Latinoamérica aún hay gente que piensa que Venezuela es un fracaso por un bloqueo económico estadounidense y que Argentina está en una situación paupérrima por el «neoliberalismo».

¿Cómo es que sucede esto? La respuesta es simple, adoctrinamiento mediático, manipulación de las narrativas, ignorancia académica y un lavado entero de la realidad donde las universidades juegan un papel preponderante.

Esa fórmula es un coctel de la muerte que sirve de semillero para ideas que han fracasado durante décadas en nuestra región, pero que de igual forma siguen tomando fuerza. Hacemos referencia a las ideas socialistas, por supuesto, hoy disfrazadas como progresistas para hacerlas más tolerables.

El caso en EEUU es sencillo de explicar, solo hay que mencionar este dato reseñado en La Gran Época: «Según un reciente informe del Young America’s Foundation (YAF), solo una de las 100 mejores universidades de EE.UU. invitó a un orador republicano para dirigirse a la clase de 2020 en sus ceremonias de graduación, lo cual refleja una abrumadora falta de voces conservadoras en el campus».

No es casualidad que el presidente Donald Trump haya pedido revisar la exención de impuestos para suprimir los beneficios impositivos a las casas de estudio que promuevan el «adoctrinamiento de izquierda radical». Pero el problema ya es de fondo, el progresismo y el marxismo cultural ha abarrotado las universidades más importantes del país.

Adoctrinamiento: caso de la UBA

Quizá, es más difícil explicar el aparato mediático, cómo los medios se han puesto del bando autoritario, pues es un tema amplísimo digno de tesis. Pero es más simple explicar el adoctrinamiento académico, tal y como ocurre en la Universidad de Buenos Aires (UBA), una casa de estudio reconocidísima en toda la región.

En la UBA existen hechos irrefutables que demuestran como a los jóvenes se les meten ideas de forma forzosas atentando contra los propios valores universitarios y las leyes argentinas.

El 13 de noviembre del 2019, el Consejo Superior de la Universidad de Buenos Aires dispuso una resolución donde se obligaba la capacitación obligatoria en temas de violencia contra la mujer y género a los docentes, estudiantes, autoridades; etc., «de conformidad con el artículo 1 de la Ley N˚ 27 499». Es decir, la Ley Micaela.

Este curso, que el lector puede verificar en la página web de la UBA y el canal de YouTube de la propia universidad argentina, tiene contenidos como: 1. «Patriarcado, sexismo y género», 2. «Historia de los feminismos con foco en la Argentina», 3. «Colectivos LGTTBIQ»; y una gran serie de vídeos con alto contenido dogmático progresista.

Por ejemplo, en el vídeo «Patriarcado, sexismo y género» la doctora en Ciencias Sociales, Diana Maffia, habla desde su mero punto de vista subjetivo sobre lo que es la violencia en base a la «jerarquización de los géneros», menciona que existe una trampa para la mujer en lo que ella considera el «principal cambio de la sociedad occidental» – pasar de un orden natural a un contrato social – y que esa trampa radica en el orden privado.

Según ella, la vida privada de las familias se sigue manteniendo en un «orden natural» que termina en un contexto opresivo para la mujer. Ella espeta, con alta seguridad en su vídeo, que el reconocimiento de derechos en el contrato social de la sociedad moderna llega solo al ámbito público – controlado por el Estado – pero no al privado, que se maneja en un orden natural familiar que ha dejado a la mujer como una esclava doméstica; además, culpa al capitalismo sobre ese origen opresivo.

Una clase adoctrinaria.

La doctora en Ciencias, que demuestra constantemente su amorío por lo público, lo colectivo, por el Estado; y su desprecio constante hacia la familia, la propiedad y lo natural; destaca que, en el orden privado de la familia formado en un contexto natural, «los niños y la mujer son propiedades del hombre». Ese es su argumento en un vídeo de poco más de once minutos.

Este pensamiento, cargado de resentimiento pero, además, de muchas falacias y dogmas progresistas, ignorando conceptos básicos biológicos como que «hombres» se refiere a la raza humana y no solo a los varones – como indica ella –; que desconoce principios básicos de libertad, que no concibe la capacidad de las personas para prosperar y salir adelante individualmente, que descaradamente ofende a la realidad que destroza completamente su relato, es lo que se está impartiendo en la UBA de forma obligatoria para toda la comunidad académica.

Pero más allá del contenido, el cual es absolutamente reprochable para toda persona liberal (en referencia a los liberales América Latina, no EEUU), libertaria o conservadora; pero muy coherente para las gentes que están de acuerdo con las ideas progresistas y de izquierdas, aquí lo realmente preocupante es la obligatoriedad de realizar el curso, así tu carrera no tenga nada que ver con las ciencias sociales.  

Qué es la Ley Micaela – la ley en la que se basa el curso – y su carga doctrinaria  

Origen: «Micaela García, en quien se inspira esta ley, fue violada y asesinada por Sebastián Wagner en 2017, que estaba preso y fue liberado por la justicia garantista días antes del hecho», se lee en el portal La Derecha Diario.

Para poner en contexto, esta ley consta de 11 artículos, y el primero de ellos indica: «Artículo 1° – Establecerse la capacitación obligatoria en la temática de género y violencia contra las mujeres para todas las personas que se desempeñen en la función pública en todos sus niveles y jerarquías en los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial de la Nación».

Es decir, la Ley Micaela, aprobada por amplia mayoría entre el kirchnerismo y el macrismo, jamás incluye a las universidades dentro de la capacitación. Mucho menos a los estudiantes. Por lo que este curso de género, basada en dicha ley, parte de una lectura sesgada y malinterpretada del primer artículo.

Segundo, y no menos importante, es la carga ideológica que lleva el contenido del curso. Esta Ley Micaela, desde un principio, fue un instrumento populista de partidos y movimientos de izquierda en Argentina; en una forma de congraciarse con los colectivos feministas y progresistas del país. Algo que ha ocurrido siempre y que no debe sorprender. El problema yace en que esto, ahora, se ha trasladado a una casa de estudio autónoma; como es la UBA.

Los temas abordados, con filosofías subjetivas, sin facts, con visiones sesgadas; y la forma en la que se imparte el curso, solo se ve en países autoritarios como Venezuela o China. Catalogar a esta especie de cátedra como «obligatoria» a toda la comunidad universitaria es solo uno de los agravantes. Este curso de temática de género se realiza de forma online, a través de vídeos en YouTube, por lo que los estudiantes no pueden debatir ni esbozar sus argumentos face to face con profesores u otros alumnos. ¿La casilla de comentarios? Desactivada, por lo que ningún estudiante puede emitir una opinión negativa; lo único que pueden hacer es darle al botón de dislike para demostrar su disconformidad.

Múltiples estudiantes se oponen a la obligatoriedad de este curso de género, en especial porque la Ley de Micaela, en teoría, debería basarse en la violencia contra la mujer, pero, en su defecto, se abordan temas ideológicos progresistas.

Bien se puede hacer referencia a los artículos 12 y 13 de la convención interamericana de DDHH que habla de la libertad de conciencia y de la libertad de pensamiento y de expresión. En Argentina, este tratado tiene un rango constitucional. ¿Hay libertad de expresión cuando una autoridad coercitivamente cancela la opinión de sus alumnos en una tribuna estudiantil?

Y no solo ello, si se evalúa con rigurosidad el contenido, bien podría hablarse de un claro adoctrinamiento de ideas progresistas. La carga ideológica de los profesores y lo que profesan, la nula existencia de crítica en la plataforma donde se desempeñan las clases, el carácter de obligatorio; la situación es muy similar a la reciente orden del Ministerio de Educación de China, que recientemente ordenó que «37 de las mejores universidades del país ofrezcan cursos sobre el estudio de las teorías políticas del líder del Partido Comunista Chino (PCch), Xi Jin ping», y estos son obligatorios para todos los estudiantes, según reseñó el medio La Gran Época.

Salvando las distancias, las diferencias entre el autoritarismo comunista chino y lo que sucede en la UBA no es muy lejano. Tampoco difiere de lo que ocurre en Estados Unidos con las universidades más importantes.

El testimonio estudiantil contra el adoctrinamiento

Este artículo surgió de la denuncia por parte de estudiantes de la UBA que no están de acuerdo con la obligatoriedad del curso con temática de género. Laura González, venezolana radicada en Argentina, cursante de la carrera Diseño Gráfico en la Universidad de Buenos Aires, junto a Franco Matas, alumno de la Universidad Nacional de Rosario, organizaron una campaña en CitizenGo para recolectar firmas pidiendo la cancelación de la realización forzosa del curso. 

«Necesitamos una universidad comprometida con el pensamiento crítico y la libertad de expresión; por eso pedimos que no promuevan arbitrariamente teorías dogmáticas en la UBA como la ideología de género que nada tiene que ver con nuestras respectivas carreras», reseña la petición.

González se contactó con El American para pedir apoyo y visibilizar la situación, ella mencionó que este curso «es obligatorio para todos los estudiantes de todas las facultades» incluso para aquellas carreras que no tienen relación con temas humanitarios: «Yo estudio diseño gráfico, nada que ver con el curso. Es una cosa absurda que algo que no tenga nada ver con mi carrera me lo pongan como obligatorio», espetó.

La estudiante venezolana indicó que no son muchos los estudiantes que han alzado sus voces, pero sí hay mucho descontento y que no se pueden quedar callados ante los atropellos: «No puede ser que nos quedemos callados con todo lo que está pasando, si aceptamos esto nos van a meter otro curso aún peor. La semana en la ciudad de Rosario se ordenó que para sacar el carnet de conducir hay que hacer un curso con temática de género. Es una locura».

Laura no fue la única estudiante que se animó a declarar y manifestar su descontento, Daniela Pereira, estudiante de medicina de la UBA, aceptó declarar para este artículo junto a otros dos estudiantes de la carrera: «No quiere hacer este curso de género porque no tiene nada que ver con medicina, estoy en la carrera para estudiar las materias de la misma, no para estudiar temas obligados que no tienen relación. Si quieren hacer este curso para el que quiera hacerlo, está bien, pero no de manera obligatoria, yo no estoy obligada a estudiar una cosa con la que no estoy de acuerdo».

Bruna Santos no se quedó atrás, y también manifestó estar en contra de la obligatoriedad del curso con temática de género: «Claramente este curso tiene en su estructura una ideología y lo que busca es hacernos pensar de acuerdo con estas ideas y apoyar sus políticas. Y al hacerlo obligatorio, esto también lo hace muy autoritario, vivimos en democracia y el curso tiene el total derecho a existir, así como tenemos también el derecho de si nos interesa o no hacerlo, lo que se pide es bastante básico: libertad de elección».

Fernando Silva, otro estudiante de medicina brasilero, expresó que para él no hay que tener la obligatoriedad de tener el curso: «la universidad es abierta, libre, laica; así que no hay razón para que la gente que no esté involucrada en la cuestión de los géneros haga los cursos. No debe ser obligado como se está haciendo», sentenció.

La campaña que iniciaron Laura y Franco en CitizenGO ya pasaron las 500 firmas, con el objetivo de llegar a 1000. Un número que, si bien no parece significativo, se ha logrado con mucho esfuerzo y con escasa difusión. Lo que puede considerarse un gran logro. Aunque los estudiantes pretenden que esto sea mucho más grande y ya están intentando articularse en movimientos estudiantiles para defender los principios de la libertad. Lo cual es muy loable y valiente.

En las redes sociales también se encuentran las quejas de cientos de estudiantes que están en contra del adoctrinamiento progresista en la UBA. Cursos como el de temática de género, justificado de forma equivoca con la Ley Micaela, lo único que hace es impulsar ideas y teorías políticas fracasadas que se han implementado en toda la región durante décadas. Muchos chicos, inconscientemente, terminan adhiriéndose a estos colectivos por el simple hecho que lo vieron en la universidad; sin ver una contracara de la historia y sin tener la oportunidad de presenciar un debate con ideas que contrarresten a las expuestas.

Este tipo de acciones por parte de la rectoría de la UBA, al final de cuentas, no solo tiene lagunas legales preocupantes, sino que atentan contra los principios y valores universitarios universales. La imposición «académica» autoritaria en la UBA empieza a parecerse al de las peores tiranías del mundo, los estudiantes deberían alzar sus voces, antes que sea demasiado tarde. La apatía de los defensores de la libertad deja el terreno libre para aquellos que atentan contra sus principios más básicos. El caso es preocupantemente parecido en EEUU.

La realidad y el ideal.

El sistema está edificado entonces, entre depredadores y depredados, en una misteriosa y oscura simbiosis.

Los gobiernos y las atrocidades que cometieron y cometen no están exentas de una mayoría humana que no es capaz de convivir como individuos, sin ellos.

En el sentido no ya de administraciones mínimas, necesarias, naturales de cualquier comunidad pequeña, mediana o grande, sino de mega estados poderosos que no son otra cosa que castas de seres con atribuciones de violencia constante, sobre todo el resto. Que lo acepta y soporta sin sacárselos de encima. Y ese es el punto.

La naturaleza humana mayoritaria, si bien pacífica y no siendo quien crea a los psicópatas en el poder, es quien cree en ellos bajo hipnosis colectiva y adoctrinamiento y la que les otorga poder o al menos se lo reafirma constantemente.

Bajo un sistema espurio, falso, de supuesta elección de «autoridades». Cual más inútil, mentiroso y criminal.

El sistema está edificado entonces, entre depredadores y depredados, en una misteriosa y oscura simbiosis. Y esa abstracción «el estado» se nutre de ocupantes surgidos de la población misma y no nacidos de repollos.

Ergo, la idea de que la humanidad puede vivir sin ello, en un estado de libertarismo anárquico, solamente es posible de imaginar en otro tipo de humanidad que no es esta, que clama por amos-verdugos y los sostiene.

Esa imaginaria Humanidad Ideal, por sí sola no los generaría. Y ese es el asunto en contraposición y para no fantasear.

Quizás, esa Humanidad, sea una visión que está en nuestro espíritu, nuestros genes, como una pulsión profética intuitiva de un tiempo que está en el futuro lejano.

Por ahora, «sarna con gusto no pica», debería cantar a coro una gran mayoría, obedeciendo y creyendo a sus depredadores. Sean dirigidos donde sea que unos lo planeen y los otros siendo amnésicos crónicos de esas atrocidades, bajo las cuales los someten. Obedientes, indolentes.

Acaso desde el 2020 hasta hoy, no se han dado las más claras muestras de esto? (Individuo Libre)

La guerra abierta entre sexos, cada vez más cerca.

Lo sucedido en el colegio mayor Elías Ahuja de Madrid cuando menos merece un comentario. Naturalmente habrá quien piense que la culpa de todo la tiene Franco. Interpretaciones tan descabelladas o más, hemos podido verlas reproducidas en la  “mentira democrática” y la gente se lo ha tragado sin pestañear, porque el pueblo español no es que se distinga precisamente, por su capacidad crítica, de lo cual también se le echa la culpa al de siempre.  Pues bien, lo cierto es que un hecho así resulta inimaginable y cualquiera que haya vivido en la España franquista lo sabe bien, que nunca un hecho tan vergonzoso se hubiera podido producir, por la sencilla razón de que las escuelas de entonces, lo mismo que en los Colegios Mayores, eran lugares, donde se velaba por la  formación humana , donde los adolescentes y los jóvenes  aprendían a  ser personas de bien  y honradas a carta cabal. Los chicos   eran respetuosos con unas chicas que se hacían respetar porque habían sido educadas en la honestidad y en la limpieza de cuerpo y alma. Ésta y no otra era la clave para que los propios chicos, también educados en los mismos valores, tuvieran en gran estima a las chicas pudorosas, no como actualmente ocurre, en que  a la hora de elegir compañera, los propios interesados  confiesan que prefieren que  sean un poco “guarronas”.

Motivos hay para estar preocupados, no tanto por el hecho en sí del que todo el mundo habla, cuanto por lo que a través de él se dejé entrever y que viene a confirmar lo que ya más o menos sabíamos. Estamos viviendo una crisis aguda, que afecta a la relación entre los sexos. La situación es grave, tanto que la ministrilla Irene Montero se vio obligada a intervenir quirúrgicamente, sacando la ley del “solo el SÍ es SÍ”, tan equivocada que lo que seguramente va a conseguir es agravar el problema. Naturalmente que hay que tomar conciencia de la gravedad del asunto, pero sobre todo urge saber cuál es su origen para enfrentarnos a él y tratar de darle alguna solución.

 Resulta verdaderamente  grotesco e indignante que salgan en primera línea, lamentándose y rasgándose las vestiduras, precisamente dirigentes políticos, que por acción u omisión han sido sus principales causantes y no parece muy difícil dar con  quienes han sido, más aún, desde hace tiempo se vienen denunciando prácticas educativas aberrantes, inspiradas en la ideología de género, que bien podría ser visto, como un instrumento pensado para la corrupción de menores. No nos engañemos, en gran medida la falta de  compenetración, no solo entre las parejas jóvenes, sino también en las más maduritas, es fruto de una educación equivocada, que más que educar lo que hizo y está haciendo es deseducar. 

 El adoctrinamiento en la ideología de género que se está llevando a cabo en los centros educativos, no solo está siendo motivo de perversión moral, sino que está dando origen larvadamente a una guerra entre los sexos y quien no lo vea así es que está ciego. Guerra entre sexos en versión chusca, es exactamente lo que yo acierto a ver en lo sucedido en el colegio agustino de Elías Ahuja y que ha puesto bien de manifiesto el componente de un subconsciente masculino lleno aversión y resentimiento. No sé si habrá réplica por parte de las chicas, pero hay razones suficientes para pensar que si la hubiera, seguramente saldría a relucir un subconsciente sexista no menos preocupante, tal como hemos podido ver en más de una ocasión.  Esto que acaba de suceder y mucho más, hay que interpretarlo dentro del contexto amplio, enmarcado en un feminismo corrosivo y demoledor, que anda diciendo por ahí que los hombres son unos machistas depredadores, violadores irredentos, enemigos de las mujeres a las que siempre han tenido esclavizadas.  Hace falta mucho cinismo para lamentarse por algo de lo que se es responsable. Después de haber estado durante años, tratando de adoctrinar a los escolares en la práctica de una sexualidad salvaje, puramente biológica, ahora nos escandalizamos de que éstos se expresen en términos sexistas.  ¿Acaso se puede esperar una respuesta solidaria, comprometida y respetuosa con los demás a quienes han sido educados  en un pansexualismo enfermizo, que solo busca  la satisfacción momentánea y egoísta de los más bajos instintos?

Vamos a hablar claro, la educación sexual que se está impartiendo en las escuelas  además de ser  demoledora, está alimentando  resentimientos y malentendidos,  que propician el enfrentamiento entre hombre y  la mujer.  Una información interesada sobre los juguetes eróticos  puede  contribuir a despersonalizar la sexualidad dejando fuera de toda relación humana y humanizadora y convertirla en una pura estimulación mecánica.  ¿Que sentido tendría un aprendizaje de este tipo de cara a un relación conyugal, como la propia naturaleza exige?   Según he podido saber,  el tipo de educación sexual que se imparte en los centros, consiste en conocer el propio cuerpo, para así poder obtener el máximo de placer posible, lo que ciertamente se corresponde con una cultura eminentemente hedonista, no lo voy a negar, lo que sí que digo es que ésa no es la educación sexual que se está necesitando, o cuando menos no lo es toda. Lo que se necesita fundamentalmente y más que nada es conocer y explorar los espíritus y dotarles de aquellos valores humanos y morales que hagan posibles que un sujeto y una sujeta, distintos entre sí, se compenetren y mutuamente se apoyen y complementen. Recalco lo de un sujeto y una sujeta distintos entre sí, porque hay que partir de la evidencia científica de que hombre y mujer son diferentes. Lo son morfológicamente, lo son genéticamente, lo son anatómicamente y sobre todo lo son psicológicamente, con su sensibilidad propia y su modo característico de entender la sexualidad.       

 Desde mayo del 68 existen fuerzas muy interesadas por implantar la indiferenciación sexual,    sirviéndose para ello de las escuelas, los parlamentos y los medios de comunicación, para sus siniestros propósitos , incluso la propia ONU, está haciendo valer su autoridad moral a favor de   esto mismo. Es seguramente por ello, que la identidad femenina atraviesa una crisis sin precedentes. Todo comenzó por ocultar los sentimientos y afectos femeninos, para así poder ingresar más fácilmente en el mundo laboral de los hombres; la cosa fue a más y muchas mujeres acabaron  traicionándose a sí mismas,  sacrificando su propia identidad femenina,  para  convertirse en “hombretonas” y  llegar  a ser paradigma de lo que se dio en llamar la mujer moderna. Frente a tanta confusión, una cosa parece clara y es que la naturaleza de la mujer   es única e insustituible, estando llamada a realizar un tipo de humanidad maravillosa y diferente de la del hombre, de modo que solo siendo fiel a sí misma podrá lograr su plenitud. La falsificación de la mujer obra del feminismo radicalizado “a lo Beauvoir” ha repercutido negativamente en las relaciones de la pareja, pero a quien más daño ha hecho es a la propia mujer. A simple vista, semejante afirmación resulta paradójica, por lo que está pidiendo una explicación.   Bien está que a la mujer se la equipare con el hombre en todos los órdenes de la vida social, lo que no deja de ser una desgracia es que a la mujer se la masculinice, robándole su propia identidad, hasta verla convertida en una réplica del hombre. Ser mujer es un don, un privilegio que el mundo necesita, por eso una mujer nunca debiera dejar de serlo. Fue Julián Marías quien dijo que: “Cuando una mujer no sabe a mujer, resulta una forma degradada de lo humano”.  En la medida en que la mujer se olvida de su condición de mujer, se está convirtiendo en un objeto fácilmente manipulable.  Bien entendido que esta fidelidad de la que hablo es compatible con las preferencias personales y con la vocación profesional de cada cual, sin necesidad de tener que renunciar a nada, por supuesto tampoco a la maternidad y a la familia.  

 La Srª Irene Montero,  ministra de la igualdad, tiene que explicarnos qué está fallando en la política  de género, para que cada vez haya más desavenencias entre los jóvenes de distinto sexo, para que las agresiones sexuales sean el pan nuestro de cada día, o para que unos  universitarios nos obsequien con un espectáculo de tan mal gusto. Ha de explicarnos porqué  tantos chicos y chicas  se muestran reacios a formar una familia  estable  y cuando se deciden a hacerlo son incapaces de dar continuidad a un ilusionante proyecto en común.

Cuando en España se impuso por decreto la ley  la coeducación, se nos dijo que ello iba a favorecer la cooperación, el mutuo conocimiento, la convivencia, la cercanía, la confraternización, la interrelación. Todo ha sido un camelo, Sra. ministra, lo que está sucediendo   es otra cosa bien distinta.  Políticos, políticas y polítiques ¿por qué no se van a sus casas y nos dejan en paz?

El Correo de España

OBSERVANDO UN PERVERSO SISTEMA CERRADO

El profundo problema de las personas, comunidades, que priorizan valores morales, respeto de derechos individuales, es que son víctimas.

No pueden detectar el nivel de deshumanismo, maldad, perversión, sadismo, de los psicópatas en el poder, por cuestiones profundas y graves.

Algo en sus mentes, en sus genes, les impide ver. Y por eso proyectan sus parámetros citados, en la imaginaria posibilidad de que estos degenerados de La Creación, malnacidos, «comprendan» y sean buenos, los traten bien, justamente, mañana.

Se indignan diariamente como expresión crónica y esquizofrénica circular, de las nuevas barbaridades, ilegalidades y la conocida lista de brutalidades del gobierno y la política toda, contra ellos.

Ese nivel de ceguera, proyección ficticia, es en realidad de una estupidez sin límites para quienes comprendemos la profundidad del mal, su absoluta ausencia de empatía, de los que – al ser psicópatas – necesitan el poder como su ecosistema natural. Y así lograr depredar, esclavizar a aquellos que se entregan de manera ciega, inconsciente a su sometimiento gracias a un sistema deformado y deforme llamado «democracia», «gobierno». Que aceptan como necesario gracias a otro programa-defecto en sus genes/mentes: la fantasía de «la autoridad».

Y decimos «fantasía» porque esos criminales – sus amos – no son poseedores de real autoridad, autoridad natural, sino seres que ese sistema por ellos deformado y aceitado, les permite «llegar»: Los peores de la población tienen su paraíso en todo el engranaje político-gubernamental y de ese modo, tipos criminales de diverso grado e índole, vagos, improductivos, mentirosos, manipuladores, pueden soñar en ser mañana «señor presidente», «señor diputado», «señor intendente», etc. etc.

Y sus víctimas en el llano, aceptando todo gracias a esa condición nata, más el adoctrinamiento escolar, el de los medios masivos (herramienta del poder para mentir, ocultar, programar), los hace totalmente inermes. Más allá de berrinches, manifestaciones, publicaciones, que no son más que la catarsis del impotente.

Por todo esto, es «normal» y no de sorprender a aquellos que observamos esta moneda de dos caras entre víctimas y victimarios e intentamos «despertarlos», que se nieguen a ello e incluso nos acusen de todo tipo de estupideces imaginarias, a su nivel. (Individuo Libre)

Era de esperar.

 

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Era de esperar, que como la NO MODIFICADA Ley Electoral permite, en Cataluña el Terrorismo Independentista pacte un goMierdo Separatista Multi-Partito Mal-Parido “a la Balear”; por una vez el Maestro, la República de Catatonia, copia al alumno, Las Colonias Catatónicas de Catatonia Libre…

 

LEER ARTÍCULO COMPLETO:  Era de esperar…