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Sobre los efectos de los tratamientos de transición de género

Resultados de los tratamientos de transición de género: ¿tranquilizadores o inquietantes?

Centenares de personas pertenecientes a organizaciones feministas se concentran este sábado en la Puerta del Sol de Madrid pedir «el cumplimiento íntegro de la agenda feminista y la paralización y derogación de las leyes trans». EFE/ David Fernandez

Por cortesía de Redaccioninfovaticana (*)

(Julio Tudela-Observatorio de Bioética de la UCV)-El pasado 21 octubre de 2022, la revista científica The Lancet publicó un artículo referente a un estudio llevado a cabo por investigadores holandeses, en la que se analiza la progresión en los tratamientos de transición de género en aquellos a los que se administraron fármacos bloqueadores de la pubertad en la adolescencia.

El estudio, en el que participaron más 700 menores procedentes de los Países Bajos, concluyó que el 98% de los adolescentes que iniciaron el tratamiento hormonal cuando eran adolescentes, lo mantienen sin abandonarlo en la edad adulta. Marianne van der Loos, una de las colaboradoras de la investigación, considera los resultados del estudio “tranquilizadores en el contexto de una mayor preocupación pública reciente con respecto al arrepentimiento de la transición”.

No obstante, el estudio contiene posibles sesgos a considerar. En primer lugar, en este trabajo se utilizaron registros médicos de un único centro, la Clínica de Identidad de Género de Ámsterdam. Por otro lado, la confirmación de la administración de los tratamientos de transición se registró a través del inventario nacional de recetas de los pacientes por lo que, como explica el Dr. Pérez López, endocrino y pediatra ejerciente en Madrid, declaraciones publicadas en la revista Science Media Centre España, “una limitación de este estudio es el hecho de que la prescripción del tratamiento hormonal no se traduce necesariamente en el hecho de continuidad en la administración de las hormonas. Esta es una limitación de todos los estudios basados en registros y puede sobreestimar los resultados”. Asimismo, los periodos de seguimiento variaron según el paciente, siendo más corto el análisis de los más recientes.

Países como Suecia, Finlandia, Francia, EEUU o Australia, considerados previamente pioneros en la implantación de tratamientos de transición de género en adolescentes, han ido cambiando de parecer acerca del procedimiento de implantación del tratamiento ante las emergentes evidencias de estar dañando a las personas con disforia de género por aplicar el tratamiento masivamente, sin la exploración y diagnóstico previo pertinente.

Finlandia cuestionó los protocolos

En 2019, una revisión realizada por la Agencia Sueca de Evaluación de Tecnologías Sanitarias y Evaluación de Servicios Sociales (SBU) destacó la falta de explicación del aumento de niños y adolescentes que acuden a la sanidad por disforia de género, además de explicar que los estudios sobre los efectos secundarios consecuentes del tratamiento de afirmación de género a largo plazo son escasos y casi todos observacionales.

En 2020, Finlandia cuestionó los protocolos de la Asociación Mundial para la Salud Transgénero ( WPATH). Posteriormente, el gobierno finlandés emitió nuevas pautas en las que priorizaba las intervenciones psicológicas, declarándolas como tratamiento de primera línea para el abordaje terapéutico de aquellos con disforia de género en lugar de las hormonas bloqueadoras de la pubertad o los tratamientos hormonales cruzados Y advirtiendo sobre la incertidumbre de proporcionar intervenciones irreversibles a menores de 25 años, debido a la falta de madurez neurológica.

En marzo de 2021, el National Institute for Health and Care Excellence (NICE), organismo de la Sanidad británica que evalúa la validez de los tratamiento y la atención del paciente, afirmó que la relación riesgo/ beneficio del tratamiento hormonal de bloqueo y transición en menores “son de muy baja certeza”. Según la investigación llevada a cabo, los estudios, escasos y muy pequeños, están “sujetos a sesgos y confusiones”.  Uno de sus hallazgos fue que los agonistas de GnRH no producen casi o ningún cambio en la disforia de género, la salud mental, la imagen corporal y el funcionamiento psicosocial.

En 2021, el Hospital Karolinska, centro de referencia mundial en el abordaje de la disforia de género y considerado uno de los más hospitales más conocidos del mundo, calificó el “Protocolo holandés” como experimental. Por lo que, en mayo de ese mismo año, entró en vigor una nueva normativa por la cual el tratamiento hormonal de bloqueo de la pubertad y transición de género para menores solo puede realizarse en un entorno de investigación, además de ser aprobado por la junta de revisión de ética de Suecia y evaluado cuidadosamente el nivel de madurez del paciente, para determinar si este es capaz de ofrecer un consentimiento informado significativo.

Por otro lado, en otro estudio del que hemos hablado en el Observatorio, se concluye que aunque los tratamientos de transición de género pueden disminuir la «disforia o incongruencia de género”, no evitan los trastornos psiquiátricos y somáticos relacionados que pueden darse en los pacientes afectados.

La Academia Nacional de Medicina de Francia se une a los países e instituciones críticos con los tratamientos de transición de género pediátricos. Ésta emitió, en febrero de 2022, un comunicado en el cual advierte sobre la dificultad para diferenciar una tendencia transexual duradera de una fase pasajera del desarrollo de un adolescente. En su informe, llama la atención acerca de extremar la precaución médica en niños y adolescentes dada la vulnerabilidad, sobre todo psicológica, de esta población, especialmente sensible a los efectos indeseables y complicaciones graves que pueden dar lugar algunas de las terapias disponibles.

Los riesgos que conllevan los tratamientos de bloqueo hormonal han sido descritos en trabajos previos. A lo largo de la pubertad, el adolescente experimenta numerosos cambios que conducen al individuo a su madurez somática y psíquica, los cuales se ven afectados por la administración de estos fármacos, tales como los análogos reversibles de la hormona liberadora de gonadotropina (GnRH), que bloquea la acción de las hormonas sexuales y el desarrollo de los caracteres sexuales y la maduración cerebral.

Efectos secundarios

Entre los efectos secundarios mencionados cabe resaltar los siguientes:

  • Alteraciones en el desarrollo de la masa ósea y del crecimiento.
  • Afectación, en grados de reversibilidad variable, de la fertilidad y la capacidad de experimentar placer sexual.
  • La falta de desarrollo de los genitales externos puede obligar a una futura reasignación quirúrgica.
  • Los efectos de la supresión de las hormonas de la pubertad sobre el desarrollo cerebral son actualmente desconocidos, los cuales pueden ser demasiado sutiles como para observarlos durante las sesiones de evaluación clínica individual.
  • Recientemente, se ha confirmado que, en ratas, la testosterona segregada en la pubertad organiza la amígdala medial de forma específica en la subregión pudiendo, por lo tanto, contribuir a la maduración del comportamiento social del adulto. De esta manera, la supresión hormonal podría afectar drásticamente esta estructura que es clave en la maduración del comportamiento.

Por otro lado, se plantean diversos problemas éticos. Estos tratamientos son administrados a menores, los cuales no padecen de patología orgánica objetivable. Al administrar el tratamiento hormonal de supresión de pubertad se induce, sobre un cuerpo sano, el bloqueo de su desarrollo normal, dando lugar a un uso difícilmente justificable bioéticamente, por falta de seguridad, eficacia e indicación clínica. Asimismo, el uso de este tratamiento hormonal en menores viola el principio de autonomía por la falta de madurez y dificultad para valorar correctamente las consecuencias o alternativas del tratamiento mencionado.

Por último, a lo largo de los años, y tal como hemos publicado desde nuestro Observatorio, distintos medios de comunicación se han hecho eco de testimonios de adolescentes transexuales relatando su arrepentimiento. En estas declaraciones denuncian la falta de información, la vulnerabilidad propia de la edad y la influencia social la cual hace pensar al menor que la transición de género es la solución a problemas enmascarados como la soledad o la baja autoestima, entre otras cuestiones.

Conclusión

La acumulación de evidencias que cuestionan poderosamente los tratamientos de bloque de la pubertad y transición de género en niños y adolescentes, procedentes de numerosos países, parecen entrar en clara contradicción con lo que se afirma en el estudio holandés mencionado al comienzo de este informe. Es precisamente el Protocolo Holandés, muy intervencionista e imprudente, el que ha servido de referencia durante años para la instauración de estos tratamientos de forma prematura y carentes de las evidencias suficientes, ofreciéndose hoy un panorama sombrío sobre la evolución de los pacientes involucrados, que ha llevado a numerosos centros clínicos e instituciones  de distintos países a modificar drásticamente las pautas establecidas en el mencionado Protocolo, por ineficaces, maleficentes y de consecuencias irreversibles para los afectados en muchos casos.

(*) Artículo publicado en Infovaticana

El manicomio globalista

Tenemos la desgracia de sufrir unas élites lunáticas y dementes.

Alonso de Mendoza

Las élites occidentales no están equivocadas. Están locas. Someter el cuerpo de un niño sano a cambios hormonales irreversibles no es una idea radical, es un disparate de tomo y lomo. Derribar centrales térmicas y embalses en plena crisis energética y de sequía no es una medida errónea, es un acto demencial. Prohibir los productos contra las plagas mientras anuncias que Europa se dirige a una hambruna no es una mera equivocación, ni siquiera una estupidez; es un atentado contra el más elemental sentido común.

No, nuestras élites no son un grupo de inútiles sin remedio. O no todas. Tampoco son necesariamente malvadas. Simplemente, tenemos la desgracia de sufrir unas élites lunáticas y dementes. Porque el malvado deja de hacer el mal cuando consigue sus objetivos, pero el loco nunca deja de hacer locuras. Y en esas estamos, en una espiral de locura permanente.

¿En qué cabeza cabe, si no, que a las puertas de una crisis económica sin precedentes, un jefe de gobierno salga a la palestra y anuncie alegremente que va a regalar 130 millones de euros del sufrido contribuyente a un tipo cuya fortuna supera el PIB de una potencia petrolera como Kuwait?

Hace no muchos años, ningún cargo público habría sobrevivido políticamente a algo así (y hace unos pocos más, tampoco lo habría hecho físicamente). Pero ahora se hacen esos anuncios mientras te disparan la cuota de autónomo y suben los impuestos. Y va a peor.

No hay día que no se cometa o se anuncie un nuevo disparate. No hay día que no se rice el rizo del disparate anterior. De hecho, cuando estás intentando digerir su última locura, te aparecen con otra todavía peor. Es como ese reality show que lleva siglos en antena y que se ha emitido en todos los formatos posibles: en una casa, en una isla, en un hotel, debajo de un puente, etc. En él, los productores buscan desesperadamente nuevas fórmulas para escandalizar al público y para ello se dedican a poner a prueba la salud física, mental y emocional de los concursantes, a los que humillan y desprecian incitándoles –cuando no obligándoles– a cometer las peores indignidades.

En el manicomio globalista, esos concursantes somos nosotros, el pueblo llano, la gente normal. Hoy toca comer albóndigas de gusano, mañana embarcarse en una relación «poliamorosa» y pasado hacer un cursillo homologado para adoptar un «perrhijo». Como en los realities de televisión, la locura cada vez tiene que ir a más. Porque las locuras anteriores aburren. Es una revolución permanente.

La sola idea de que el hombre puede alterar artificialmente el clima de un planeta –y hacerlo nada menos que por decreto del parlamento– nos indica el nivel de desvarío que se ha alcanzado. Es un delirio de tal calibre que cuesta creer que haya calado tanto, sobre todo en una época que reniega de los dioses y dice guiarse sólo por la razón. Pero así están las cosas. Así piensa una clase dirigente que ha acumulado tanto poder y está tan presa de su soberbia que no sólo ha perdido el contacto con la realidad, sino que nos lo quiere hacer perder al resto por Ley

© La Gaceta de la Iberosfera

¿Un Don Quijote negro? El PSOE promueve la diversidad racial en series y obras de teatro

Los socialistas quieren incentivar los «castings abiertos» y aprobar medidas para incorporar a los rodajes «personas con otros orígenes culturales o étnico-raciales»

El PSOE quiere promover la diversidad racial en el cine y series españolas / Europa Press.

POR: BORJA NEGRETE

Un Don Quijote negro que recorre la Mancha junto a su inseparable escudero Sancho Wanda, un asiático que regenta una tienda de ultramarinos. Podría ser una de las futuras versiones del clásico de Cervantes si España empieza a seguir la línea trazada por grandes majors y plataformas como Disney, Netflix o Amazon, como desea el PSOE. El grupo parlamentario socialista ha registrado una Proposición No de Ley (PNL) en la Comisión de Cultura del Congreso de los Diputados para que se tomen medidas que favorezcan la incorporación de «personas con otros orígenes culturales y/o étnico-raciales» en los rodajes de películas y series en el teatro.

El PSOE no está conforme con cómo las minorías étnicas de nuestro país están representadas actualmente en el cine español o en las series. Considera no solo que están infrarrepresentadas, sino que además cuando aparecen en la gran pantalla lo hacen de manera estereotipada: «Los personajes extranjeros no tienen papeles principales y sus roles están asociados con actividades de tipo delictivo, policial o militar. Es decir, que la representación de las personas de origen diverso en el sector del audiovisual está estereotipada«.

El principal partido en el Gobierno se ha propuesto «establecer medidas que fomenten en el ámbito escénico, cinematográfico y audiovisual la incorporación de personas con otros orígenes culturales y/o étnico-raciales. Medidas como, por ejemplo, la promoción de ‘castings abiertos’ o el fomento de formación sobre diversidad cultural y étnico-racial«.

En un casting, lo habitual es que el director establezca unos requisitos físicos para que los participantes se asemejen al personaje que tienen que representar. Estos requisitos pueden ir desde la estatura, al color de piel de ojos. El PSOE quiere incentivar los «castings abiertos«, es decir, aquellos en los que no se establecen unas prerrogativas físicas determinadas para dar cabida a minorías étnicas.

El PSOE no solo quiere que se mejore la visibilidad de las minorías étnicas en los productos culturales, sino también que sus propias culturas queden representadas en obras de teatro, películas series que beban de sus autores y referentes. En la PNL piden «llevar a cabo políticas de promoción desde la perspectiva de la diversidad cultural y étnico-racial en la programación, en materia laboral, en la política de ayudas, en la política de adquisición de obras y en todos aquellos espacios e iniciativas que el Ministerio de Cultura y Deporte considere».

Falta de datos

Los socialistas consideran que las minorías étnicas y raciales no están representadas en nuestro corpus cultural actual pese a no existir datos al respecto, como reconocen en la PNL. Sus fuentes son asociaciones que denuncian esta situación.

«La falta de estudios en torno a la realidad de las personas de orígenes étnico-raciales y culturales diversos hace difícil una aproximación objetiva al problema de su discriminación. No obstante, existen numerosos colectivos de origen diverso que denuncian discriminación a la hora de acceder al sistema cultural, y que, por tanto, ven mermado su sentido de pertenencia».

Una ola que viene de EEUU

La propuesta socialista es el primer paso en nuestro país hacia una ola cultural procedente de las grandes productoras estadounidenses. El PSOE es, no obstante, bastante genérico en cuanto a sus propuestas y ninguna llega tan lejos como la que los premios Oscar se impusieron hace algunos años. Por ejemplo, para poder optar a los grandes premios de la Academia, al menos uno de los actores principales o intérpretes secundarios relevantes debe pertenecer a uno de los siguientes grupos raciales o étnicos:

  • Asiático
  • Hawaiano nativo u otro tipo de isleño originario de Oceanía
  • Indígena/Nativo americano/Nativo de Alaska
  • Latino/Hispano
  • Negro/Afroamericano
  • Originario de Oriente Próximo/Norte de África
  • Otra etnia poco representada

Otra de las normas estipula que al menos el 30% de los actores secundarios o con papeles menores deben ser mujeres, o de una etnia minoritaria, LGTBI+ o deben padecer alguna discapacidad física, cognitiva o auditiva. En definitiva, toda una serie de requisitos que hace que poder participar en los premios cinematográficos sea como pedir una licencia de obra al Ayuntamiento. Estas condiciones dejarían fuera de las candidatas a obras maestras como El Apartamento o El hombre tranquilo.

Los premios Oscar son una campaña publicitaria magnífica para las películas, por lo que todas las productoras -más allá del beneficio que generan con el espectador woke- se han procurado adaptar a estos requisitos, lo que está llenando el cine de sirenitas negras o mujeres empoderadas y hombres blancos heteros malísimos -muchas veces, con una calidad cinematográfica cuestionable, aunque para gustos, los colores-. Los premios Goya, de momento, se libran de estas premisas.

LOS NIÑOS PODRÁN VESTIR FALDAS EN LOS COLEGIOS DEL REINO UNIDO

LOS NIÑOS PODRÁN VESTIR FALDAS EN LOS COLEGIOS DEL REINO UNIDO

POR SI CREIAIS QUE YA HABIAIS VISTO LO MAS DELIRANTE …

YO VOY A IR MAÑANA AL «MERCADONA» CON LA MINIFALDA QUE USÓ MASSIEL CUANDO GANÓ EUROVISIÓN EN 1968.

¿ALGÚN PROBLEMA? ¡¡¡QUE PASA, COÑO!!! QUE LAS CHORRADAS TAMBIEN SON LO QUE DIGA EL IDEARIO «POLITICAMENTE CORRRECTO»?

Pues ¡¡¡YO DESOBEDEZCO PORQUE ME SALE DE LOS COJONES!!! ¿ALGÚN PROBLEMA?

Avatar de elmicrolector

Reino Unido permitirá a los niños en edad escolar usar faldas y a las niñas llevar pantalones en los colegios, bajo la nueva política de uniformes de «género neutro» introducida en el Reino Unido.

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