BENIMAD / ElCongreso de los Diputadospondrála lupa en la fortuna de Irene Montero.
El diputado Pablo Cambronero denuncia que hay contradicciones en las versiones de la ministra de Igualdad sobre cómo logró comprar el chalet de Galapagar. Una polémica que surge después de la polémica ocurrida durante unmitin electoral de Unidas Podemosen Valencia, donde una señora se encaró con la ministra de Igualdad.
Es importante recordar que Pablo Iglesias e Irene Montero compraron el chalet de Galapagar en 2018 por un valor de 600.000 euros. Y lo hicieron cuando el padre de la ministra aún estaba vivo. Por eso no cuadra que ahora Irene Montero afirme que la compró gracias a la herencia de su padre. Así lo confirma el periodista Alfonso Rojo.
La explicación de Irene Montero encendió las alarmas dentro del Congreso, por lo que el diputado Cambronero vuelve a indagar sobre el“súbito enriquecimiento”
PERIODISTA DIGITAL / Irene Montero perdió los papeles en cuestión de segundos.
Durante un mitin electoral de Unidas Podemos celebrado en la ciudad de Valencia de cara a las elecciones del 28M, una vecina preguntó a la ministra de Igualdad sobre cómo logró comprar el chalet de Galapagar ante la difícil situación económica de España.
En las imágenes captadas por el programa Espejo Público, se puede ver a la ciudadana frente a Montero, a quien le relata que su marido llevaba trabajando desde los catorce años, por lo que no entendía “cómo con su edad había podido comprarse un chalet”.
La pregunta no gustó nada a Montero, quien se inclinó hacia la vecina y elevó el tono de inmediato: “¿Sabe por qué, señora?, ¿sabe por qué? Porque mi padre falleció de cáncer con 60 años y me dejó una herencia porque soy hija única”.
PERIODISTA DIGITAL / / Lo de este ganado es para echarle de comer aparte.
Pero no sólo por las memeces que legislan, sus contradicciones, la doble vara de medir o los indeseables con los que se juntan.
También y sobre todo, por lo que mienten. Se acerca una señora a Irene Montero, que andaba por Valencia haciendo campaña en favor de los zarrapastrosos locales, y tras comentar que su marido trabaja desde los 14 años y nunca han podido comprarse un chalet, pregunta a la Ministra de Igualdad cómo se las ha arreglado para adquirir una mansión con piscina y casita de invitados en Galapagar.
Y va la consorte del Coletas y en lugar de contestar educadamente, se aproxima a una cuarta del rostro de la mujer e histérica como una hidra le grita que su padre falleció de cáncer con 60 años y le dejó una herencia, añadiendo que…
«Hasta los más borricos de entre los barones socialistas vieron un «éxito» clamoroso en el pacto entre Pedro Sánchez y Bildu. ¿Y ponen ahora el grito en el cielo?»
Pedro Sánchez, todavía presidente del Gobierno socialcomunista de España.
Emiliano García-Page no parece proclive a que Bildu continúe acercándose al PSOE e ir con esa formación filoetarra a partir un piñón, a pesar de Sánchez, al menos eso es lo que dice ahora en plena campaña electoral y cuando las encuestas «hablan» por adelantado. Un adelanto que ya presupone un descalabro de dimensiones descontroladas. «Yo, con los asesinos de ETA, ni a la vuelta de la esquina», decía el presidente manchego.
«Decir que ETA no existe, como dice el felón de Moncloa, es desconocer la realidad, a sabiendas de que aún perdura el sector duro que encabezaba Xabier García Gaztelu «Txapote», uno de los mayores sanguinarios de ETA».
Dados los medios de que dispone, nuestro mundo podría y debería ser el más refinadamente culto de toda la historia. Pero no lo es. Es todo lo contrario.
Dieciocho universidades, tanto públicas como privadas, hay nada más que en Madrid. Ochenta y tres en toda España. Otros países, sin embargo, aún nos ganan; como Italia, con 97; o Alemania, con 108; o Gran Bretaña, con 160. Sólo Francia, inculto país, según el criterio de la cantidad, se queda con tan sólo 54 universidades.
La conclusión parece saltar a la vista. Estamos viviendo un espectacular auge cultural. Enormes son las ansias de saber. Caudalosos fluyen los ríos por los que navegan, envueltos en ciencia, arte y belleza, los tripulantes de «la generación más culta de toda nuestra historia», como se dice a menudo.
¿De verdad? ¿En serio?
No, se trata de un espejismo. El que se despliega en un mundo que, dados los medios de que dispone, podría y debería ser, es cierto, el más refinadamente culto de toda la historia. Pero no lo es. Miles de horas transcurren en cursos y exámenes, coloquios y conferencias, viajes y seminarios. Todo el inmenso acervo de nuestra cultura está, en un grado jamás conocido, al alcance de todos. Pero nuestra sociedad, careciendo de aliento para lo que no sea utilitario y material, se olvida de semejante acervo, no vive de él, no lo asume como su santo y seña. Peor aún: hasta puede rechazarlo, como lo hacen por ejemplo quienes, movidos por la ideología woke, pretenden prohibir —«cancelar»— por machistas, blancos y heteropatriarcales nada menos que a un Homero o a un Beethoven. (No es broma: la infamia ha sido proclamada negro sobre blanco.)
Lo que crece en lugar del vergel que podría, que debería ser nuestra cultura —la «cultura de gran estilo», decía Nietzsche— es en realidad una especie de páramo. Hábilmente camuflado, eso sí. Démosle un nombre: el Gran Tinglado de la Culturilla.
Cuatro grandes pilares lo sostienen:
La industria cultural
Parece un contrasentido, un oxímoron, poner juntos los términos «industria» y «cultura». Pero no lo es. Los principios industriales o mercantiles —en particular, los del show o star system— son los que rigen la industria cultural, ya sea cinematográfica, musical, arquitectónica, de artes plásticas o literaria. Una industria cuyos productos difícilmente pueden, en tales condiciones, verse nimbados por ningún tipo de genio o duende. Ello no impide, sin embargo, que, como excepción que confirma la regla, a veces pueda colarse entre tales productos algún libro, alguna película, alguna obra de alta cultura o de estremecedora belleza que se ve coronada, además, por un clamoroso y merecido éxito.
Los grandes medios de comunicación de masas
El segundo pilar sobre el que descansa el Gran Tinglado de la Culturilla está constituido por las todopoderosas cadenas de televisión, prensa y radio. Lo que menos importa son sus cada vez más reducidos «programas culturales». Lo decisivo es el espíritu que se expande a través de ese «cuarto poder», como se le llama, suponiendo que no sea ya el primero.
«Si no sales en televisión no existes», se dice con acierto. Y, sin embargo, es obvio que se puede existir fuera de los grandes medios. Un abundante número de periódicos digitales y políticamente incorrectos, alguna que otra radio y hasta una pequeña televisión existen por ahí. Pero si todos esos medios tienen plena libertad jurídica para existir, todos carecen de libertad efectiva para incidir. Casi todos se encuentran extramuros de la Ciudad, fuera del centro del mundo, apartados de las audiencias masivas, donde se juega lo fundamental.
El sistema docente
Maltratado por el pedagogismo buenista, dominado por ideologías de izquierdas —hoy encarnadas en el wokismo—, el sistema docente constituye, con la salvedad de algunas casi heroicas excepciones, el tercer bastión desde el que se desparrama esa atmósfera, ese caldo de cultivo gris que nos envuelve con la falaz apariencia de una abundante y generalizada cultura.
«La cultura, la cultura… ¡Oh, ah! ¡Qué bonito! ¡Qué divertido, qué entretenido!», dice la gente. Mucho entretenimiento, en efecto, es el que aporta esa cultura —«ese espacio de ocio»— que no es otra cosa que el Gran Tinglado de una culturilla trivial y superficial donde el hombre-masa se siente a sus anchas. Todo ese tinglado, en efecto, se desmoronaría al instante si no se encontrara ahí ese hombre, si no estuvieran ahí esas masas que compran, consumen y hasta se deleitan con las fruslerías que, servidas en bandeja de plástico y envueltas con lazos de colores, la industria cultural, los medios sistémicos de comunicación y el sistema docente les sirven en «el siglo más culto de todos los tiempos».
«OKAY MA’AM, NOW, LET’S SAY THIS CRAP IS YOUR MIND.»
La gorda Pam de Podemos [y Secretaria de Estado de Igualdad] dice que en el Congreso de los Diputados hacen falta más gordas. Estoy de acuerdo. Pero. Depende. Hay gordas y gordas. Como hay flacas y flacas. Etcétera. Si son como Pam las gordas que Pam quiere traer al Congreso, bien. No cerebralmente, claro está. Cerebralmente, Pam no es nada. Pero. Eróticamente. Pam es mucho. Es el tipo de gordita exuberante de cara de yo no fui (pero todos sabemos que fue ella ¡y que le gustó!). A mí ese tipo de gordas me gustan mucho.
Meterse con ellas en la cama es como meterse con un narval o con una ballena beluga, algo exótico y hasta primoroso. Sin querer por esto ofender a los narvales ni a las ballenas belugas que con toda seguridad son más inteligentes y están más cerebralmente capacitadas para estar en el Congreso español que Pam. Hablo de erotismo, que es el tema que me interesa. Para saber lo que aprecio carnalmente a Pam basta leer su retrato (o lo que sea) en mi libro Eros y política.
Ah, Pam, gorda de mis sueños orondos y de mis despertares embarrados.
El sanchismo es una buena denominación para la actual situación de España, que puede conducirnos a un punto de no retorno. El apellido del que se dice que ejerce como presidente del Gobierno sirve para describir una situación derivada de un autoritarismo que es difícil de distinguir del despotismo, junto con una osadía y cinismo en el ejercicio de sus funciones, que no conoce límites.
De todos los numerosos desmanes producidos por el Sr. Sánchez, en el ámbito interno nacional, para seguir en el Gobierno, deben de destacarse por su impacto en la integridad del Estado dos: la amnistía ad hoc al golpe catalán y el canje de presidiarios de la organización terrorista vasca a cambio del apoyo al Gobierno instalado en Moncloa.
En 2017 tiene lugar la proclamación de la República Catalana, precedida de un referéndum ilegal, situación mal gestionada por el Gobierno de entonces, que termina con la detención, enjuiciamiento y encarcelación de sus autores. Pero no se ilegalizan los partidos promotores del golpe, que ofrecen su apoyo a Sánchez a cambio de amnistía.
Las soluciones a ambos casos son de gran originalidad. En el caso vasco, los internos se trasladan a las cárceles en territorio vasco a la vez que se transfería la competencia de prisiones al gobierno autonómico de Álava. La pregunta es: para qué querrá una autonomía la competencia penitenciaria. En el caso catalán se procede a la abolición de los delitos cometidos y hasta luego Lucas. Pura transacción en fraude de ley.
Un estado que acoge esas prácticas es muy frágil y su calidad democrática está ausente. La vara de medir para los vencedores del 36 de hace 87 años es una perversa Ley de Memoria, la vara de medir para los terroristas vascos es el acuerdo de convertirlos en socios parlamentarios. Sánchez, tanto en el caso vasco como el catalán, sigue el camino que conduce al desastre. Legalizar a los enemigos del Estado conduce al caso colombiano: Otegi, presidente de la República.
En los cinco años de presidencia sanchista, las instituciones del Estado se han modificado, impunemente, en lo necesario para que el presidente siga en el cargo. La situación, si no fuese trágica para la existencia de la democracia en España, podría calificarse de absurda. Tómese por ejemplo la mutación del Tribunal Constitucional, la presidencia la ejerce una persona objetivamente parcial, apoyada por letrados cuya nominación es evidente que surge del presidente del Gobierno. Por ahora crea derechos cuando su función es vigilar su cumplimiento. Organismos estatales de base técnica como el CIS se ponen continua y descaradamente al servicio del presidente.
La débil democracia española nunca entendió que el Estado era atacado por los independentismos catalán y vasco. En el caso catalán, manipulando el autonomismo hasta la náusea y acabando con la declaración de Independencia. Desde mucho antes del advenimiento constitucional de 1978, el independentismo vasco había declarado la guerra al Estado español, empleando como instrumento una organización terrorista conocida por sus siglas que provocó más de 850 muertos y 2.600 heridos. Habría que preguntarse si el Estado de las autonomías hubiese existido sin la acción terrorista del independentismo vasco.
La evolución política en España y Europa provocó el tardío rechazo del terrorismo, baza que aprovechó el independentismo vasco para negociar su legalización política por la hibernación de la violencia. Esa legalización fue ofrecida al sanchismo como apoyo en el Congreso de los Diputados a cambio de un modesto precio.
Si alguien se imagina que ETA ha sido vencida es que vive en la ignorancia, esa situación no se puede resolver con medias tintas. ETA es el independentismo vasco y se activará cuando lo necesite. El alto el fuego se produjo porque no era rentable y la vía política se prestaba más eficaz. Su estrategia no depende de las legislaturas, es atemporal hasta conseguir su fin y si hay que volver a la violencia, se hará.
El independentismo vasco muestra su verdadero rostro en las listas electorales. Es un acto que pretende humillar al sanchismo, llevarlo a admitir otro trágala. Públicamente lo lamentará, pero acabará aplicándose la legislación democrática, y si hay que transferir a la comunidad vasca la competencia de política exterior se hará.
Es muy probable que la promulgación de la Ley de Memoria Histórica de 2007, ampliada en 2022, marcase el fin del sistema constitucional de 1978. Se volvía a poner de manifiesto que los nostálgicos de una época que no habían vivido reclamaban una justicia que afectaba al acuerdo constituyente. Incidir en esta herida fue la primera estrategia sanchista al inicio de su mandato, que activa en época electoral. La exhumación de cadáveres y el derribo de monumentos eran factores de su estrategia regeneracionista.
Ante esta situación, creo que queda muy claro que debemos conseguir democráticamente sacar de la Moncloa a un déspota e impostor, capaz de todo. Es posiblemente la última oportunidad que tenemos. Estas elecciones del 28M deben tomarse como un primer paso para conseguirlo.