Mises y la imposibilidad científica del socialismo

Por Luis Torras

En 1920, en pleno apogeo de la Guerra Civil entre bolcheviques y el resto del país, el economista austríaco, –de patria y pensamiento–, Ludwig von Mises publicaba el artículo seminal “Economic Calculation in the Socialist Commonwealth” en donde de manera sucinta demostraba la imposibilidad científica del cálculo económico en una economía planificada: sin competencia por los recursos, defendió Mises, sin propiedad, resulta imposible una eficiente inversión de los mismos. Dos años después, coincidiendo con la constitución oficial de la URSS, Mises escribía una de sus obras más notables: Socialismo. Análisis económico y sociológico.

En esta obra monumental, el pensador austríaco realiza una pormenorizada crítica al socialismo desde un punto de vista económico, social, y moral. El sistema socialista consistente en la colectivización de los medios de producción, la eliminación de la propiedad, en mayor o menor grado, y la instauración de un orden económico basado en el intervencionismo del Estado en todas las esferas de la vida económica y social. Una cosmovisión del mundo que fue la corriente dominante en Europa y el mundo durante buena parte del siglo XX y que Mises experimentó en primera persona.

Socialismo de Ludwig von Mises se publicó en 1922, el mismo año en el que se proclamó de forma oficial la URSS.

Durante la Primera Guerra Mundial, Mises sirvió como capitán de artillería siendo testigo directo de la derrota de su patria. Este episodio confirmó muchas de sus críticas que ya había desarrollado desde muy joven a los excesos nacionalistas que habían caracterizado los años previos a la contienda y que él asociaba al debilitamiento social y económico de su país. Más tarde, sufrió en propia piel la persecución nazi, por su doble condición de judío y librepensador, y la del KGB soviético después, teniendo que emigrar a Estados Unidos en 1940.

La obra y vida de Ludwig von Mises están marcadas por su compromiso con la búsqueda de la verdad científica. Mises responde al arquetipo que inmortalizó Ayn Rand ​en el personaje de Howark Roark de El Manantial, –novela que entusiasmo a Mises – , ejemplo de coraje intelectual y moral inquebrantable. Mises nunca se dejo tentar por la fama fácil que otorga la espectacularidad de promesas irrealizables y cargadas de falsas expectativas que conducen a la servidumbre de la inflación, los impuestos y regulaciones superfluas y excesivas.

Crítica al socialismo

La ciencia no únicamente consiste en buscar la verdad, también tiene la obligación de desenmascarar errores y falacias. Socialismo es un ejemplo de esto último y resulta un ejemplo destacado del rigor científico del autor que desarma uno por uno los argumentos colectivistas del credo socialista a partir del individualismo metodológico. El libro consta de cinco partes que pueden leerse como libros independientes. Su punto de partida es la importancia de la propiedad y su relación con la cooperación pacífica o, en su ausencia, la inevitabilidad del uso coercitivo del poder y de la violencia. A continuación, Mises expone los fundamentos del socialismo y su imposibilidad para operar y se analiza la supuesta “inevitabilidad del socialismo”, uno de los credos que defendió Marx. La obra también incluye una reflexión sobre la dimensión moral y ética del socialismo y su relación con los orígenes del cristianismo –el comunismo ni empieza con Marx ni, por desgracia, acaba con von Mises (ni siquiera con la caída del Muro de Berlín) – . Por último, el autor destaca y pone en valor la importancia central que tiene la batalla de las ideas para la salvaguarda de una sociedad libre y abierta, un elemento clave y transversal en la obra misiana. El libro cuenta también con un apartado final con las conclusiones y un epílogo, célebre, en donde el pensador austríaco señala el carácter antidemocrático del intervencionismo.

El marcado carácter científico de Socialismo contrasta con la inconsistencia teórica del marxismo. En su impotencia por desarmar la lógica del liberalismo clásico, el marximos tuvo que acudir a los excesos de la retórica; hoy hablaríamos de post-verdad. Marx ni siquiera supo acabar su gran obra El Capital. Por ejemplo, en su crítica al socialismo, Mises desarrolla el concepto de polilogismo para referirse a la tesis marxista que defiende que diferentes grupos razonan de manera distinta. Huelga decir que ningún pensador marxista hasta la fecha ha podido razonar dichos postulados con un mínimo de solvencis. El polilogismo de clases marxista dio pie al polilogismo de razas Nazi, y también lo encontramos en la base del razonamiento de todos los movimientos nacionalistas.

Dos gigantes de la defensa de las libertades: Ludwig von Mises y F.A. Hayek, ambos vivieron en primera persona los horrores de la Gran Guerra, el nazismo y el comunismo.

Como en el resto de la obra del pensador austríaco, Socialismo se edifica sobre una visión holística de la acción humana y una refutación frontal al dualismo artificial que pretende diferenciar entre la acción egoísta o altruista, como asumen todavía hoy el grueso de pensadores sociales, o como sucede cuando economistas y politólogos quieren diferenciar entre racional e irracional. A menudo en estos planteamientos se ignora el carácter subjetivo de la acción, –presente en el individualismo metodológico– , donde la cooperación voluntaria las acciones de uno no están en conflicto con las del otro sino que tienen que necesariamente disciplinarse a las acciones de los demás.

La obra de Mises resulta demoledora en todos los aspectos y constituye de alguna manera el tercer acto de un debate intelectual más amplio, importantísimo, entre lo individual y lo colectivo. En tiempos modernos, este debate empieza con la crítica de Carl Menger (fundador de la Escuela de Viena) a la escuela historicista alemana (Schmoller y Wagner, que luego serás dos de los dos grandes pilares intelectuales del nazismo). El segundo acto vendrá de la mano del díscipulo más notable de MengerEugen von Böhm-Bawerk que será el primero en hacer una crítica al marxismo aunque sea de manera parcial y no tan completa como la que desarrollará con posterioridad Mises.

Mises edificó su gran obra sobre la base del pensamiento de Menger y Böhm-Bawerk. La gran conquista de este tercer acto es la demostración de la imposibilidad científica del cálculo económico en un entrono de ausencia de propiedad lo que permite la competencia entre usos alternativos para un mismo recursos, lo que a su vez posibilita la formación de precios que reflejen en cada momento la escasez relativa de los bienes y sirven para disciplinar el comportamiento de los agentes económicos. Esto era lo mismo que afirmar la imposibilidad de establecer el socialismo como sistema de dirección económica para el mundo entero, la gran pretensión de los comunistas soviéticos.

No hace falta recordar que el grueso de advertencias lanzadas por Mises desde los años veinte de la pasada centuria fueron desoídas. Tras la Revolución de octubre, Europa se sumergió en uno de los periodos más oscuros de la Historia universal donde más de cien millones de personas murieron en el transcurso del siglo XX a causa de alguna u otra forma de totalitarismo colectivista. Pese a la crudeza de estas experiencias, nuestro tiempo no es ajeno a la ensoñación de pretender dirigir la economía de forma planificada e imponer soluciones desde arriba –aunque sea mediante sistemas democráticos – . La lectura de Socialismo de Mises resulta hoy tan vigente como en 1922 cuando se publicó por primera vez.

Saliendo de una importante exposición de arte en Nueva York, uno de los reporteros le preguntó a Dalí: “¿Qué hay de nuevo en la pintura maestro?” A lo que el genio del Ampurdán respondió de forma automática: “Velázquez.” Sucede hoy lo mismo con Mises y las ciencias sociales.

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El verano más caluroso de la historia es otro engaño de los socialdemócratas

Hemos pasado el verano soportando falsas noticias acerca de que las temperaturas son las más altas de los últimos cien años, o mil años, o un millón de años… Da igual porque el efecto publicitario es el mismo. El País vuelve a la carga con el mismo fraude: “La crisis climática lleva al planeta al verano más caluroso jamás registrado” (1).

La revista Forbes repite la monserga y ElDiario.es se empacha de sensacionalismo: “Este mes de julio ha sido el más caluroso de nuestra historia documentada y, muy probablemente, de los últimos 120.000 años” (2).

Naturalmente, el calor ha estado acompañado de toda clase de calamidades naturales, desde los incendios de Canadá, hasta inundaciones “sin precedentes” porque, como en las olimpiadas, no hay noticia si no se supera un registro anterior.

Por supuesto, la intoxicación asegura que quienes no tragan con ese cúmulo de imbecilidades son unos reaccionarios “de derechas”, mientras que “los socialdemócratas de todo el mundo comparten un diagnóstico correcto de la crisis climática”, pontifica ElDiario.es.

Este tipo de declaraciones altisonantes son una manipulación desde el principio hasta el final. El aumento del vapor de agua en la atmósfera no está provocado por el calentamiento, como asegura ElDiario.es, sino por la erupción del volcán submarino Hunga Tonga, en el Océano Pacífico, que ha lanzado gigantescas masas de agua a la estratosfera y que explica las altas temperaturas de este verano en ciertas regiones del Hemisferio norte (3).

Los socialdemócratas se cuidan mucho de explicar el lugar en el que han calculado las temperaturas de hace 120.00 años, ni la manera en que la han calculado. Hablan de unas “mediciones directas” que se iniciaron “en el planeta” en 1850, una fecha mágica en la que sitúan el inicio de la revolución industrial y, con ella, del desastre climático.

Las temperaturas se han medido con termómetros, sobre todo desde que Daniel Fahrenheit creó en 1714 un modelo canónico de mercurio y una escala para medir los cambios. Era muy sencillo y bastante preciso. Pero hasta hace muy poco tiempo, casi nadie en el mundo tenía termómetro y, desde luego, no se dedicaba a registrar periódicamente las temperaturas.

Para poder comparar las temperaturas actuales con las de hace 100, 1.000 ó 100.000 años hacen falta series homogéneas de datos que no existen. No hay mediciones directas ni tampoco indirectas obtenidas con un atisbo de fiabilidad. No se sabe cómo se ha podido calcular con un mínimo de certieza la evolución de las temperaturas de los océanos, que suponen el 70 por cien del planeta.

La vara de medir ha cambiado. Desde los años ochenta las temperaturas ya no se obtienen con termómetros sino con sensores de resistencia eléctrica. En otras ocasiones recurren a satélites espaciales, de los que hay varios, y cada uno de ellos muestra tempraturas que no coinciden entre sí. Finalmente, unas mediciones se entremezclan con otras y los datos se barajan como si fuera una partida de cartas con naipes diferentes.

El resultado es aún peor que en los sondeos electorales. Cada empresa obtiene datos diferentes y arroja previsiones muy distintas porque la “cocina estadística” cambia notablemente según el tratamiento de la información bruta. En consecuencia, no sólo ha cambiado la vara de medir; el procedimiento de obtención de las temperaturas es distinto y su tratamiento estadístico también lo es.

Para ilustrar la precaución con la que se deben obtener las temperaturas, hay que recordar artilugios curiosos, como la “garita de Stevenson”, inventado a finales del siglo XIX por el padre del novelista británico para establecer un canon de medida de las temperturas, que consistía en introducirlos en una especie de jaula de madera, a una cierta altura del suelo, con techo y rejilla lateral.

“La garita de Stevenson está hecha de madera con láminas pintadas de color blanco para facilitar la ventilación y, a la vez, proteger a los aparatos de medida de la radiación solar y de la lluvia. La puerta de la garita se orienta al norte con el fin de que el sol no perturbe la medida cuando se hacen las lecturas de las distintas variables”, dice MeteoGalicia.

La inmensa mayoría del mundo ha carecido de mediciones con termómentro y, desde luego, casi nunca se han utilizado el tipo de garitas propuestas por Stevenson, a pesar de lo cual han ingresado en los registros oficiales y se las tiene por buenas mediciones.

Hasta los años setenta del siglo pasado, las garitas estaban en las ciudades, donde el urbanismo ha formado “islas de calor”. Las series históricas están afectadas por su emplazamiento en grandes metrópólis que apenas representan el 4 por cien de la superficie terrestre. Por ejemplo, en Madrid la isla de calor del centro sube las temperturas 8,5ºC por encima de la periferia (4). Se ha tomado la parte (las ciudades) por el todo (el planeta).

Lo que se discute es hasta qué punto las “islas de calor urbano” han alterado las mediciones. En su último informe el IPCC estimó que las “islas de calor urbano” suponen menos del 10 por cien del aumento de la temperatura. Sin embargo, un reciente estudio de 37 investigadores de 18 países diferentes eleva ese porcentaje hasta el 40 por cien (5).

Según los autores, en un siglo la temperatura ha subido 0,89ºC, teniendo en cuenta las áreas urbanas y las rurales. Pero si sólo se tienen en cuenta estas últimas, la subida es de sólo 0,55ºC.

“La comunidad científica aún no está en condiciones de establecer con seguridad si el calentamiento desde 1850 es causado principalmente por el hombre, en su mayor parte natural o alguna combinación de ellos”, concluyen también los autores del estudio.

Si en todos los países del mundo las garitas se traladaran a las zonas rurales y los bosques, nos sorprenderíamos al escuchar que nos ha invadido una ola de frío intenso.

(1) https://elpais.com/clima-y-medio-ambiente/2023-09-02/la-crisis-climatica-lleva-al-planeta-al-verano-mas-caluroso-jamas-registrado.html
(2) https://www.eldiario.es/sociedad/ebullicion-global_129_10480941.html
(3) https://www.livescience.com/planet-earth/climate-change/did-the-tonga-eruption-cause-this-years-extreme-heat
(4) https://www.elmundo.es/madrid/2023/08/18/64de757bfc6c83b9168b4575.html
(5) https://doi.org/10.3390/cli11090179 https://www.mdpi.com/2225-1154/11/9/179

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