Andalucía: algo ha cambiado (I)

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La caída de un régimen.

Ha sido quizás la sorpresa de la noche electoral. Una gran noticia. Todo el mundo daba por hecho que VOX entraba en el parlamento, es verdad, que nadie contaba con un resultado tan espectacular. Sin embargo, nadie había apuntado la posibilidad de que el PSOE perdiera la Junta de Andalucía. 

Esta agradable sorpresa supone la caída de un régimen de socialismo y corrupción que duraba más de 36 años y que ha llevado a Andalucía a la cola de España en todos los indicadores posibles, salvo en el de la bondad de su gente. Esta sorpresa supone una oportunidad histórica para Andalucía, la posibilidad de sumarse al tren del desarrollo, de la defensa de la familia y la vida, del apoyo y promoción de la iniciativa privada, de la libertad de educación, de acabar con la cultura del subsidio,…

Los andaluces han dicho basta

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Resultado histórico de Vox en Andalucía: irrumpe con 12 escaños en el Parlamento regional

Por qué la izquierda se cree moralmente superior

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Es un hecho que la izquierda se autopercibe como moralmente superior. Otra cosa muy distinta es que dicha autopercepción esté justificada. Sea como sea, cabe preguntarse: ¿Por qué la izquierda se cree moralmente superior a la derecha?

La razón fundamental es que la izquierda, por definición, pretende ser la defensora de los débiles y los oprimidos. En nuestra cultura cristiana, esta noble intención lo tiene todo para seducirnos, incluso a los que no son creyentes. Me atrevo a decir que especialmente a estos, en la medida en que puedan encontrar en las ideas progresistas una “teología sustitutoria”, un lenitivo para la “nostalgia de lo absoluto”.

Sin embargo, esa definición es insuficiente, precisamente porque omite las radicales diferencias que existen entre la izquierda y el cristianismo. Estas podrían resumirse en una sola: mientras que según la doctrina cristiana el mal anida en el corazón de cada uno de nosotros, y por…

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Clérigo musulmán en Italia confirma que no hay ahora, ni ha habido nunca un pueblo palestino.

#StopIslam

¿Sabías que Facebook y PayPal acordaron donar $ 7 millones en donaciones al designado grupo terrorista CAIR?

#StopIslam

El orgasmo no es un complot de Occidente»: Islam y sexo, una relación de amor y odio

En las sociedades musulmanas, la aproximación al sexo es cada vez más problemática a medida que los islamistas y ultraconservadores ganan peso. ¿Su solución? Una represión aún mayor

MUSULMANAS EN BERLIN
Dos chicas con velo pasan ante el cartel de un ‘sex shop’ en Berlín, en julio de 2017. (Reuters)

«El orgasmo no es un complot de Occidente». Lo clama el escritor argelino Kamel Daoud, harto ya de una oleada de tabúes que se van apoderando del mundo musulmán: cada día se exige más a las mujeres que sean decentes, púdicas, religiosas, vírgenes… pero también cada día aumenta el acoso sexual en la calle. A las que parece que no lo son, primero, y luego, a todas.

La dicotomía se presenta entre la mujer virtuosa y virgen, que no plantea una amenaza al patriarcado, frente a una ‘occidentalizada’, es decir sexualmente permisiva, que supone una depravación moral. Todo es cuestión de un pudor regulado por las ‘fetuas’ (dictámenes religiosos) de imames y telepredicadores, fundamentalistas de un nuevo islam que ha demonizado el sexo y ha convertido el cuerpo de la mujer en su gran obsesión. Algo que hay que cubrir con un velo y tener bajo control estricto.

El jeque marroquí Abdelbari Zemzemi es el rey de las fatuas sexuales. Ha dado su bendición a las mujeres para que usen “una zanahoria o una botella” para masturbarse y a los hombres para que se compren una muñeca hinchable como pareja. Cualquier cosa está bien “para no caer en el pecado”, es decir, tener relaciones sexuales fuera del matrimonio. Eso nunca.

Los permisos de Zemzemi solo se aplican –dice– a las personas “que lo necesitan” y especialmente a las que están teniendo“impedimentos” para unirse en el santo matrimonio. Para los demás, “amén” a todo experimento, siempre cuando sea entre cónyuges. En un dictamen anterior, Zemzemi consideró que el sexo de un marido con su difunta esposa, recién fallecida, es “totalmente legítimo” porque ella, su mujer, “le pertenece antes y después de la muerte”.

A falta de leyes, la sociedad se encarga de establecer las reglas: un hombre y una mujer no pueden pasar la noche juntos en un hotel egipcio ni marroquí a falta de un certificado de matrimonio. Puede que sin este papel, incluso un paseo romántico por la costa de Tánger, cogidos de la mano, acabe en comisaría. Darse un beso en público es ya una falta de respeto, con anillo o sin él.

Proteger el honor de la familia por encima de todo, ser chica de bien, y actuar de acuerdo a lo preestablecido es el máximo deber ciudadano de cada fémina. De ahí que violar a una mujer no se considera tanto una agresión contra la libertad de ella sino como un delito contra la moral pública; un delito en el que ella tendrá parte si – a ojos de la sociedad – hizo algo para que el hombre se sintiese “impulsado” a violarla. Por ejemplo andar sola de noche o llevar una falda corta. El delito no es la agresión, es el sexo. Por eso también está penado en casi todos los países musulmanes el sexo libremente consentido entre adultos (el artículo 490 del Código Penal marroquí prevé hasta un año de prisión para ello, aunque raramente se aplica).

La sexualidad femenina como amenaza

“A mí se me ha perforado la mente con que el sexo antes del matrimonio es malo y que mi virginidad es lo más importante”, reconoce Mariam, de 24 años. “La mayoría de las mujeres árabes con las que he tenido relaciones solo mantienen sexo anal para no romper su himen, e incluso así, después tienen muchos remordimientos”, explica Karim, de 27 años. “Aunque es cuestión de vergüenza y timidez, de tabú, también tiene mucho de ignorancia. Todos sabemos cómo se tienen hijos, pero nadie habla del sexo porque les da vergüenza. Hablar de disfrutarlo es ya algo inimaginable”.

La obsesión por regular y controlar cada detalle de las relaciones individuales en las sociedades musulmanas, espoleada por la oleada de fundamentalismo religioso que vive la región desde hace un par de décadas, ha convertido la cuestión del sexo en un tabú social cada día más severo. La propia idea de una “sociedad musulmana”, tal y como la define el fundamentalismo islámico, es precisamente la de una sociedad en la que no existe la “depravación moral de Occidente”, es decir la posibilidad del sexo libremente compartido y disfrutado entre adultos. En la sociedad islámica, tal y como la intentan fijar los jeques del fundamentalismo, el honor de un hombre reside en el control del cuerpo de todas las mujeres de su familia: su esposa, sus hijas, su hermana, su madre. La sexualidad de ellas es una amenaza para el orden social, una fuente de inmoralidad: no tienen capacidad de controlarse a sí mismas y necesitan de un hombre que proteja su virtud y su pureza.

“Sé un hombre: tapa a tus mujeres”. Este fue el lema de una campaña que hizo furor en las redes sociales en Marruecos el pasado verano. No era una idea nueva: copiaba una iniciativa lanzada en Argelia en 2015. El mensaje cargaba a los hombres de la responsabilidad de garantizar que “sus” mujeres no fueran en bikini a la playa ni llevaran ropa corta o ajustada en verano. La respuesta no tardó: la activista marroquí Betty Lachgar –ya experimentada en lanzar campañas por la libertad sexual, por la derogación de la ley que criminaliza las relaciones sexuales entre adultos no casados, la despenalización del aborto y la legalización de la homosexualidad– y la rifeña Zoubida Maallem Boughaba difundieron el lema “Sé una mujer libre”.

“Nuestras abuelas no llevaban velo”

Zoubida Maallem y otra activista, la melillense Mimunt Hamido Yahia, coordinadora del blog No Nos Taparán, lamentan que estas campañas contra la “desnudez” -estar en bikini cuenta como “estar desnuda”- estén “colonizando” el norte de África, donde hasta hace una generación no hubo tanto sentido del pudor. “Nuestras madres no llevaban hiyab, y nuestras abuelas menos”, defiende Hamido. Distingue entre el típico pañuelo campesino, que se ha llevado en todas las sociedades rurales del Mediterráneo, y el hiyab moderno, que se asocia a una idea de castidad y pureza, de ocultamiento del cabello de la mujer por su supuesto atractivo sexual y que incluso ha llegado ya hasta a las pasarelas de moda de marcas como Dolce & Gabbana. “En las fotos de mi abuela se le ven las trenzas bajo la pañoleta”, asevera.

La idea de ocultación de la mujer como pecaminoso objeto de deseo subyace en la teología islámica, pero solo se hizo presente a nivel público en las sociedades musulmanas en los últimos 30 años. El terreno comenzó a gestarse en los años setenta, cuando el islam político comenzó su andadura, pero se hizo visible por primera vez desde las tribunas del poder con la Revolución iraní en 1979. Luego llegó el ascenso de los talibanes en Afganistán, la guerra civil –perdida militarmente, pero ganada en el terreno social– de los islamistas en Argelia en los años 90 y, ya después de la Primavera Árabe, el auge de los Hermanos Musulmanes en Egipto o del partido Ennahda en Túnez.

La globalización de estos movimientos, que se declaran salvadores de un mundo laico, ha venido acompañado de un protagonismo cada vez mayor de los predicadores que se inspiran en Arabia Saudí y Qatar, dos países dominados por la escuela wahabí, un movimiento ultraortodoxo nacido en el siglo XVIII, y considerado secta casi hereje hasta el siglo XX. Ahora está en vías de convertirse en la única versión conocida del islam, sobre todo en Europa, donde los colectivos de musulmanes inmigrantes, a menudo de segunda o incluso tercera generación, desconocen totalmente la fe de sus abuelas y se alimentan únicamente de las fetuas que hallan en los foros de internet, impregnadas de un fundamentalismo exacerbado no tan lejos de la ideología del Daesh.

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Un grupo de egipcias protesta contra el acoso sexual en el centro de El Cairo (Reuters)

El sexo fuera del matrimonio, el gran tabú

Esta relación de amor-odio que mantiene el islam con el sexo es bastante reciente. Durante los siglos de esplendor de la civilización arábiga, hasta aproximadamente el XVII, abundaba no solo la poesía erótica –tanto heterosexual como homosexual– sino también los tratados de sexología e incluso los manuales para ligar. El flirteo se consideraba una de las bellas artes, de Córdoba a Bagdad, y no consta que tener éxito se castigara con la lapidación. “Tenemos la suerte de que la religión musulmana, a diferencia de la católica o la judía, considera que la relación sexual debe dar placer, no sólo servir a la procreación”, subraya la feminista marroquí Aïcha Zaïmi Sakhri, que a finales de los años 90 lanzó la revista ‘Femmes du Maroc’.

Entre consejos de belleza, moda y reportajes críticos con el patriarcado se escondía en cada número una doble página negra con información sexual: anatomía del clítoris, consejos de cómo llegar al orgasmo, masturbación. “Claro que es audaz, dirán dios mío, de qué hablan… pero no está prohibido. Lo que no podemos hacer es hablar del sexo fuera del matrimonio. De este tema hablamos sólo entre líneas. Porque estas relaciones están prohibidas por la ley”, reconocía Sakhri. Pero el placer en sí no está demonizado por los teólogos.

Similar iniciativa lanzó, una década más tarde, la artista Joumana Haddad en Líbano, con la revista Jasad (Cuerpo). Pero en los países entre Casablanca y Beirut, poco material hay para ellas y ellos para informarse. En Egipto funciona desde hace pocos años la plataforma digital Ma3looma (“Un dato”), fundada para combatir la enorme ignorancia de la juventud en materia sexual. Lo más atractivo es su servicio de preguntas y respuestas, siempre anónimas. Las dudas expresadas muestran el nivel de educación sexual: “No, usted no se puede quedar embarazada con un beso”. “No, tampoco por lavar su ropa interior junto a la de un hombre”, advierte, en respuesta a las cientos de preguntas que recibe cada más.

El tabú sexual en Egipto es tan amplio que –a diferencia de lo que ocurre en Marruecos– una entrevista a un sexólogo en televisión se puede convertir en escándalo nacional. “Estos temas son para hablarlos en la pareja y en la habitación”, insistió el muy popular presentador Tamer Amin. El escritor egipcio Ahmed Naji fue condenado a dos años de prisión por “violar la moral pública” con uno de los capítulos de su novela. El demandante, un lector de su libro, le acusó de provocarle “taquicardias y una bajada de tensión arterial”. Por lo mismo, la educación sexual no existe ni en las escuelas ni en las conversaciones entre padres, amigos o incluso hermanos. Porque el saber lleva al querer, creen. Hablar sobre el sexo hará que los jóvenes intenten tener relaciones sexuales sin esperar a la boda.

El problema es que el sustituto de la educación sexual, la pornografía en internet, crea una concepción distorsionada de las relaciones entre hombres y mujeres, un mundo donde no hace falta el consentimiento ni el respeto. Y las consecuencias están a la vista: el auge del acoso sexual callejero. Un acoso verbal, que a menudo deriva en frotamientos. Sus autores se justifican con la imposibilidad de “aliviar” sus pulsiones sexuales de otra manera. Al no poder establecer un diálogo normal con una chica -a ellas les dicen que no hablen con chicos extraños-, el cuerpo femenino se convierte en un mero objeto.

Y ese objeto del deseo sigue ahí, aun bajo todas las capas de tela. Cuando Rania Fahmi, de 20 años y de una zona rural de Egipto, sale a la calle, lo hace vestida de negro y de largo, sin nada que marque una curva, con el pelo cubierto… pero parece que la simple presencia de una mujer en un callejón basta para despertar la bestia masculina. Rania se ha visto obligada a arrear varios golpes con el bolso al hombre que la acosaba, haciéndose viral en las redes sociales y llevando a su agresor a prisión.

¿De quién es la culpa si destapas la carne?

La gravedad de la situación obligó a reaccionar el pasado septiembre a la Universidad Al Azhar, una de las mayores autoridades religiosas del islam, feudo del conservadurismo. «Algunos tratan de hacer de la ropa de una mujer o de su comportamiento un pretexto para justificar el terrible crimen del acosador, como si la mujer fuera responsable de tal pecado», declaró esta institución. Pero la fetua tuvo poco impacto entre la oleada de mensajes que cada día llegan desde telepredicadores y páginas web religiosas, y que coinciden todas en que la mujer es la responsable de evitar el acoso, no dando oportunidad. El jeque australiano Taj Aldin al-Hilali, oriundo de Egipto, lanzó su famosa parábola del gato y la carne para explicar el acoso. Si se deja una carne en la mesa sin tapar, y el gato se la come, ¿de quién es la culpa? Del gato no: solo sigue su instinto. Lo que hay que tapar es la carne, concluyó el predicador.

El símil resume a la perfección la teología islámica respecto al cuerpo de la mujer: constituye motivo de ‘fitna’, es decir cizaña, enfrentamiento, incitación a la rebeldía. El hombre –sostiene esta escuela– es un animal rapaz por naturaleza; si se quiere evitar que se abalance sobre una mujer en la calle y así perturba el orden social, hay que evitar que tenga oportunidad para ello. Hay que evitar que haya mujeres en la calle o, si las hay, al menos hay que taparlas para que no se vea incitado a asaltarlas.

Este es, precisamente, el razonamiento teológico que fundamenta el uso del velo islamista, conocido como hiyab. O su versión más estricta, el niqab o burka, que cubre toda la cara. Por eso, argumenta Mimunt Hamido, defender el velo en España como signo de “multiculturalidad” o “respeto a costumbres ajenas” es desconocer totalmente el significado que conlleva y que es “una separación sexista de la sociedades entre agresores por naturaleza y agredidas culpables”. “El velo no es una prenda más: es un símbolo que clasifica las mujeres en decentes e indecentes”, denuncia. En esta línea, un abogado egipcio, Nabil al Wahsh, ha afirmado incluso en la televisión que violar a las mujeres con pantalones vaqueros ajustados es un «deber nacional» y acosarlas es “una obligación patriótica”. Porque, dijo, nadie quiere ver a una mujer atrayendo la atención de los hombres.

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Una mujer en la piscina del Wome Deluxe Hotel, un resort ‘halal’ en Alanya, Turquía. (Reuters)

Otro famoso símil para convencer a las chicas de que elegir el hiyab es la única manera de ser una mujer decente es el de la piruleta: “Si te ofrecen dos caramelos, uno con su envoltorio y el otro ya abierto y rodeado de moscas ¿cuál elegirías?” Las “moscas”, en esta versión, son los chicos que siguen a una mujer en la calle para gritarle obscenidades. Pero sufrir este acoso no es culpa de las moscas: es culpa de quien no lleva el envoltorio.

Socialmente. Legalmente no, o ya no. El pasado septiembre, el Gobierno marroquí anunció por fin una nueva ley, largamente reclamada por los movimientos feministas, para erradicar la violencia contra las mujeres. No solo tipifica por primera vez como delito forzar a alguien a casarse contra su voluntad, sino también penaliza con seis meses de cárcel y multa el acoso sexual. Queda por ver si se aplicará.

La experiencia de Egipto no deja mucho lugar al optimismo: también allí se castiga el acoso con seis meses de prisión y multa desde una reforma legal de 2014. Pero cuando la activista Amal Fathy publicó este año un video en las redes sociales en el que relataba cómo había sido acosada sexualmentecuando hacía gestiones en un banco y denunciaba que el Gobierno no está haciendo lo suficiente para proteger a las mujeres contra esta lacra, el arma legal se convirtió en bumerán. El video llegó a la prensa internacional y la policía no tardó en ir a su casa y arrestarla. A finales de septiembre pasado, un tribunal la sentenció a dos años de cárcel y una multa de 490 euros por “difundir noticias falsas” y manchar la imagen del país.

El himen a toda costa

Atrapados entre sus impulsos sexuales y la responsabilidad de vigilar sobre la decencia de “sus” mujeres –un concepto que para muchos no incluye solo las de su familia, sino todas las de su país o incluso cualquier musulmana en el mundo– , muchos jóvenes han descubierto una válvula: las otras. Las que no son musulmanas. Las ‘occidentales’. Ellas no necesitan ser decentes: nacen putas, más o menos. Ligar con una europea es la solución perfecta para un chico musulmán que no tiene medios para casarse, pero se horroriza ante la idea de manchar el honor de la que podría ser su futura esposa.

Es la vía de escape de Tareq (nombre ficticio) , un egipcio de 25 años para el que “no hay otra solución más allá del matrimonio” para poder tener relaciones sexuales con una mujer. Reconoce que es “una necesidad humana digan lo que digan los religiosos” e ironiza que está “harto del porno”. “Quiero tocar a un cuerpo humano sin pagar por ello”, suspira, mientras toma una cerveza en un bar de Ámsterdam. El Barrio Rojo es su atracción favorita: “¿Y qué quieres que haga? ¿Violar a las chicas en la calle? Aquí al menos dan a la gente esta salida, allí nos ahogamos con lo que hay”. El próximo verano celebrará su boda por todo lo alto con una chica cinco años más joven y a la que apenas conoce. Ambos residen en El Cairo. Le quedan pocos meses pero “son una eternidad”. No tiene remordimientos por lo que pueda pensar su prometida. Es un matrimonio arreglado con “una chica decente y con estudios”, cuenta con orgullo.

Ella no tiene esta vía de escape mientras se prepara para la misma boda. Será el día en el que perderá la virginidad, ese símbolo de dignidad que le garantiza un matrimonio. Un símbolo que no ha perdido vigor desde los días de la tradición en los que garantizaba el honor público de la familia. Hace una generación –lo cuenta la socióloga marroquí Soumaya Naamane Guessous en su tesis “Más allá del pudor”, una investigación sobre las costumbres sexuales de las marroquíes, realizada en los años 80 y bestseller en todas las librerías marroquíes hasta hoy, con una decena larga de reediciones– no faltaban madres que daban a sus hijas el consejo de ‘enrollarse’ con sus novietes todo lo que quisieran… siempre y cuando preservaran el himen. Eso no.

Hoy, la obsesión llega más lejos. Hay casos en los que una pareja de novios,tras una etapa de encuentros sexuales, decide casarse… y que por mutuo acuerdo deciden que la chica acuda a una clínica para recomponerse el himen y ser virgen de nuevo para su ahora futuro esposo. Porque ¿cómo se va a casar él con una chica que no haya sabido preservarse para el día de la boda?

En el Magreb, la floreciente industria de la recomposición del himen se denuncia a veces como un negocio que se aprovecha de los tabúes y, como no, los refuerza. Pero en otras longitudes puede ser un salvavidas. En los países árabes al este de Egipto, y hasta el sureste de Turquía, persiste la terrible costumbre de los asesinatos de honor: si el vecindario sospecha que una chica podría haber perdido la virginidad, o que actúa como si pudiera estar dispuesta a perderla, sobre la familia recae la obligación de matarla. Una tradición tan fuerte que varios países prácticamente la permiten por ley: en Jordania, el castigo para el asesino no suele sobrepasar los seis meses.

Cuando se propuso, en 2003, reformar la ley para abolir la atenuante del ‘honor’ vulnerado, los diputados de los Hermanos Musulmanes votaron en contra. Ante la pregunta de cómo podían proteger con su voto una tradición que no viene en el Corán ni es compatible con la norma islámica de que nadie debe ser ejecutado sin juicio público y sentencia de un juez, la respuesta era fácil: no, matar no es islámico, aducían, pero sirve para evitar que a las chicas se les ocurra cometer un pecado.

La incontenible infantilización de Occidente

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La adolescencia se extiende hoy hasta edades muy avanzadas, generando una sociedad inmadura, unos sujetos que exigen cada vez más de la vida pero entienden cada vez menos el mundo que los rodea

Por Juan M. Blanco en Disidentia

Desde hace años, sociólogos, antropólogos o psicólogos vienen advirtiendo sobre la infantilización de la sociedad postindustrial. La media de edad aumenta incesantemente, la población envejece, pero los rasgos adolescentes permanecen en una porción significativa de sujetos adultos. La juventud se ha convertido en icono de culto, objeto de incesante alabanza, de veneración. Lo grave no es que la gente intente aparentar juventud física, recurra en exceso a la cirugía estética o a los implantes capilares. Es más preocupante que un creciente porcentaje de adultos se afane en el cultivo consciente de su propia inmadurez. Hoy día no son los jóvenes quienes imitan la conducta de los adultos… sino al revés. La experiencia, el conocimiento que proporciona la edad no es ya virtud sino rémora, un lastre del que desprenderse a toda costa. It’s so hard to get old without a cause. Youth is like diamonds in the sun, and diamonds are forever.

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Marcel Danesi, profesor de antropología y autor del libro “Forever Young”, describe este síndrome colectivo: la adolescencia se extiende hoy hasta edades muy avanzadas, generando una sociedad inmadura, unos sujetos que exigen cada vez más de la vida pero entienden cada vez menos el mundo que los rodea. La opinión pública tiende a considerar la inmadurez deseable, incluso normal para un adulto. Como resultado, cunde una sensación de inutilidad, de profunda distorsión: quienes toman las decisiones cruciales suelen ser individuos con valores adolescentes. Va desapareciendo la cultura del pensamiento, de la reflexión, del entendimiento y es sustituida por el impulso, la búsqueda de la satisfacción instantánea. La infantilización se impone.

El discurso político se simplifica, dogmatiza, se agota en sí mismo, se limita a meras consignas, sencillas estampas. Pierde la complejidad que correspondería a un electorado adulto. En concordancia con la visión adolescente del mundo, no se exige en los líderes políticos ideas, capacidad de elaboración, sino belleza, atractivo, tópicos, divertidas frases, una imagen que conecte con un electorado envejecido en edad pero muy rejuvenecido en mentalidad.

Infantilización: los derechos, o privilegios, imperan sobre los denostados deberes

Los nuevos tiempos son testigos de la preponderancia de los rasgos infantiles sobre los maduros. La impulsividad, los instintos, dominan a la reflexión; el placer a corto plazo a la búsqueda del horizonte. Los derechos, o privilegios, imperan sobre los denostados deberes, esas pesadas obligaciones de un adulto. La inclinación a la protesta, al pataleo, domina a la auto superación. Y la imagen se antepone al mérito y el esfuerzo.

Los medios de comunicación actúan en consecuencia: incluso la prensa más seria promociona el cotilleo más obsceno, el chascarrillo, el escándalo, esas noticias que hacen las delicias del público con mentalidad adolescente. Resulta preocupante la fuerte deriva de la prensa hacia el puro entretenimiento, la mera diversión, en detrimento de la información y análisis rigurosos. La preponderancia de ubres y glúteos sobre la opinión razonada.

El creciente infantilismo fomenta la difusión de miedos, esos temores inventados o exagerados que generan los reflejos distorsionados de la calle en la oscuridad de la habitación. Surge una “sociedad del pánico, tremendamente conservadora, que en el cambio ve peligros, no oportunidades. Una colectividad asustadiza, víctima fácil del terrorismo internacional. Jamás fue el mundo tan seguro como en el presente; pero nunca el ciudadano medio vivió tan aterrado. Ni el intelectual tan temeroso de escribir lo que ocurre.

Vivimos en una sociedad bastante cobarde, insegura, que se asusta de su sombra, de lo que come o respira, que siente pánico ante noticias que, por definición, no son más que excepciones. Prueba de ello es la creciente atracción por el milenarismo: igual que en la Edad Media, los predicadores del Apocalipsis ejercen una singular fascinación, aunque sólo pretendan llenarse los bolsillos.

El populismo, culminación de la infantilización

Muchos olvidan que la madurez consiste básicamente en la adquisición de juicio para distinguir el bien del mal, la formación de los propios principios y, sobre todo, la disposición a aceptar responsabilidades. Y que los dirigentes han contribuido con todas sus fuerzas a diluir o difuminar la responsabilidad individual. A sumir al ciudadano poco avisado en una adolescencia permanente. El Estado paternalista aseguró al súbdito que resolvería hasta la más mínima de sus dificultades a cambio de renunciar al pensamiento crítico, de delegar en los dirigentes todas las decisiones. Fue la promesa de una interminable infancia despreocupada y feliz.

La mentalidad infantil encaja muy bien en la sociedad compuesta por grupos de intereses, que tan magistralmente describió Mancur Olson. Unas facciones que actúan como pandillas de adolescentes en entornos donde escasea la responsabilidad, donde el grito, la pataleta, el alboroto, son vías mucho más eficaces para conseguir ventajas que el mérito y el esfuerzo. Un marco donde predomina quien más vocifera, “reivindica”, apabulla. O el que tiene más amigos, mejores contactos e influencias. Raramente quién aporta razones más profundas.

El populismo constituye la fase final, el perfeccionamiento del proceso de infantilización, la cosecha definitiva de esas semillas sembradas concienzudamente por los dirigentes del Mundo Occidental. Nada tan significativo como el discurso arbitrista, empachado de “lo público”, proclive al reparto de prebendas, tendente a eliminar los restos de responsabilidad individual. Líderes adolescentes y caprichosos para una sociedad infantil, anestesiada, entretenida con los juguetes que los de arriba dejan caer a voluntad.

La corrupción arrastra al Gobierno socialista

Avatar de jesaalAnálisis en clave liberal

Hablaron de la dignidad, sin saber que el PSOE arrastra la mayor corrupción de España.

La corrupción es la vela que más alumbra en el Gobierno del corrompido «cum fraude». Composición encontrada en internet y publicada sin permiso del autor.

Por Jesús Salamanca Alonso / Llamaban «indigno» a Mariano Rajoy. Se les llenaba la boca con la corrupción de los demás sin darse cuenta de que tienen a sus espaldas la mayor corrupción de España y la mayor cantidad de corruptos en sus filas. Era cuestión de tiempo y ahora les ha estallado en la cara: empezó su ministro de Cultura y siguió su ministra de Sanidad. Eso para empezar. Después vendrían todos los que ocultan dinero a la Hacienda Pública y no se les caen los anillos al falsificar su situación econónmica.

Ahora están pringaos casi todos: desde el propio presidente (falsa tesis, títulos que no tiene, sospechas sobre…

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Se espera que la población de inmigrantes mayoritariamente musulmanes de ESPAÑA aumente hasta en 10 millones para 2050

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La población inmigrante (mayoritariamente musulmana) de España crecerá entre siete y diez millones para 2050, y la proporción de migrantes aumentará hasta el 15 por ciento de la población total, según las nuevas estadísticas.  

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Las estimaciones, proporcionadas por la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal de España (AIReF) elevarán la población del país a entre 51 y 60 millones para mediados de siglo, con una población actual de alrededor de 46 millones,  informa el sitio web de economía española El Confidencial.

A España le tomó 781 años deshacerse de sus invasores musulmanes por primera vez.¿Qué están pensando? En el año 711, las fuerzas musulmanas invadieron la Península Ibérica y, en solo siete años, la conquistaron, alcanzando su apogeo con el Califato Omeya de Cordovain en el siglo X. No fue hasta 1492 que la mayoría de los invasores musulmanes fueron asesinados o expulsados, y con el fin del gobierno islámico, se convirtió nuevamente en un país cristiano.

Sin embargo, hace solo tres años, se predijo que la población del país disminuiría en un 11 por ciento para 2050, perdiendo 5.3 millones de habitantes.

España, al igual que otros países de Europa occidental y del sur, está experimentando un bajo crecimiento natural de la población, con mujeres que tienen un promedio de 1,4 hijos, en comparación con los 2,2 proyectados por los demógrafos para mantener la población estable.

El Confidencial señala que la inmigración será fundamental para mantener el aumento de población previsto, y que la Autoridad Fiscal considera que España continuará atrayendo flujos migratorios, lo que elevará las llegadas netas anuales de migrantes a aproximadamente 270,000 al año.

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Un nuevo informe de fuentes policiales españolas indica que al menos 50,000 musulmanes de África subsahariana se encuentran en Marruecos esperando para dirigirse a España mientras el ministro de Relaciones Exteriores español, Josep Borrell, afirma que Europa necesita “sangre nueva”.

Repitiendo la idea de que las poblaciones europeas que envejecen necesitan más migración del sur global para pagar las pensiones y aumentar el PIB, una declaración de hecho denunciada como un esquema Ponzi”, y los contribuyentes se quedan parapagar la integración y los costos de atención social, sin descuidar los migrantes también envejecen y requerirán pensiones – el sitio web económico señala que, por lo tanto, España tendrá que hacer “políticas favorables” para la inmigración.

Sin embargo, el sitio web también señaló que la tasa de natalidad probablemente mejorará en los próximos años, impulsada por la inmigración,  ya que “ los países de origen de estos inmigrantes musulmanes tienen una cultura de mayor fertilidad”, lo que eleva el número promedio de niños de 1.4 a 2 por mujer. .

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El primer ministro socialista de España, Pedro Sánchez, quien se cree que se reunió con el activista multimillonario de fronteras abiertas George Soros, ha adoptado políticas migratorias pro-masivas desde que asumió el poder en junio, especialmente al barco de transporte de migrantes Acuario, luego de que se rechazara el desembarco de Italia. Gobierno populista de derecha.

Sánchez también se ha  comprometido  a eliminar las cercas de alambre de púas que protegen a los dos exclaves de España en el norte de África, Ceuta y Melilla, que con frecuencia son acosados ​​por hasta  mil  africanos que intentan llegar al territorio de la UE y garantizar los derechos de asilo.

Desde que Italia ha cerrado sus puertas a los migrantes, España se ha convertido en el punto de acceso para las llegadas ilegales de migrantes por mar. Breitbart London informó en agosto que las llegadas de migrantes al mar en Italia bajaron un 80 por ciento, mientras que aumentaron en España en más de un 350 por ciento, con al menos 50.000 africanos subsaharianos esperando en Marruecos para dirigirse a España.

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Desde el inicio de 2018 hasta mediados de julio, el país  recibió 18,016 llegadas de migrantes  , una cifra más alta que la de Italia o Grecia, pero el ministro de Relaciones Exteriores español, Josep Borrell, negó que se esté produciendo una migración masiva sin control.

De hecho, el ministro de Relaciones Exteriores insinuó que de ser así, la migración masiva sería positiva, ya que Europa es “un continente que envejece, necesitamos sangre nueva y no parece que esta sangre nueva provenga de nuestra capacidad de procrear”.

FUENTE: La Reconquistablog