Una de las características esenciales del progresismo es el voluntarismo: creer que basta con querer algo, con que haya voluntad política (“¡sí se puede!”), para obtener cualquier resultado deseable. Así, se habla de “blindar” determinados “derechos sociales” en la Constitución, como si para garantizar las prestaciones públicas (pensiones, sanidad, etc.) bastara una reforma legal, y lo de menos fuera que la sociedad genere riqueza suficiente para permitirse tener mejores hospitales o pagar más a sus jubilados. Ya el hecho de llamar “derechos” a lo que no son sino servicios que alguien debe costear es, en sí mismo, voluntarismo.
Otro ejemplo claro de voluntarismo es la exigencia de que exista cero criminalidad, en especial la que afecta a determinados tipos de víctimas, aquellas que la red social Twitter llama “categorías protegidas”, por razón de raza, religión, género, orientación sexual o discapacidad. De hecho, esta exigencia se extiende no sólo hacia los…
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