Hoy vengo a hablar un poco más en profundidad de uno de los fenómenos más notorios de la globalización y sin embargo uno de los menos comentados, como si no pudiera criticarse. Me refiero a la evidente intención de ir degradando la cultura en todos sus ámbitos, década tras década. La cultura en si misma no puede degradarse, es inmortal, como lo es la música del barroco o las novelas de Julio Verne: siempre están ahí para quien quiera disfrutarlas, nadie las ha censurado ni eliminado. De lo que hablo es de lo que podemos llamar la cultura de masas, aquella que triunfa, que la gente sigue a diario y de manera compulsiva, la que forma parte del día a día de la calle, la que impregna nuestros sentidos sin que podamos evitarla ya que está por todas partes. Vamos a destacar solo unos pocos casos, pero me encantaría que…
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Nuevo concepto de la Administración para Pedro Sánchez «El mentiroso» 













