«Vayan de Putas, que la Marquesa invita y paga con PASTA EXPOLIADA al Pueblo…»
«…y la PASTA que ROBAMOS al Pueblo, crece en los árboles.»
(Banda Moncloa 23, goMierdo «de», o CONTRA, España)
En los años 50 había un diccionario para escolares en EDAD BURRAL, que son los que más buscan tacos en los diccionarios, que cuando ibas a la palabra PROSTITUTA, te indicaba que equivalía a RAMERA, con lo que, naturalmente, te remitían a RAMERA, y cuando consultabas RAMERA, te devolvían, en modo de viceversa BEFA, a la palabra PROSTITUTA; diccionarios más serios definían PROSTITUTA comomujer que vende su cuerpo por dinero o especies, e incluía los sinónimos de RAMERA, PUTA, MERETRIZ, CORTESANA, y algún que otro del que no me acuerdo. Si quieres interesar a un niño en un nuevo lenguaje, EMPIEZA por los tacos, palabrotas y juramentos.
Radica en la esencia de nuestra naturaleza el ser diferentes. La genética ya nos separa y permite una clasificación. El igualitarista, además de llamarme racista, argumentaría que somos iguales en un 99%. Claro, eso es lo que nos iguala a, por ejemplo, los cerdos. No se habrá parado a pensar que la señora de al lado es genéticamente igual en un 99,99% y, sin embargo, ella puede tener hijos y él no.
Esto de la igualdad es el cuento de nunca acabar, el producto más espectacular de la mitología postmoderna. Las cosas -los humanos- son únicamente iguales cuando enturbiamos la vista. Igualdad es ausencia de resolución. Colocamos peras y manzanas en una cesta y ya tenemos “fruta”. Todos los humanos caemos al cesto del igualitarismo y ya somos iguales. Nadie es listo, nadie tiene una nariz enorme. Vistos así, en el cesto, tras la neblina igualitarista, son imposibles el mérito, el libro, la historia. ¿De qué íbamos a hablar, disputar, si todos fuésemos “fruta”? ¿De dónde saldrían la genialidad o la excelencia? Los escritores contarían siempre la misma historia, los medios las mismas “verdades” y los historiadores el mismo cuento.
Radica en la esencia de nuestra naturaleza el ser diferentes. La genética ya nos separa y permite una clasificación. El igualitarista, además de llamarme racista, argumentaría que somos iguales en un 99%. Claro, eso es lo que nos iguala a, por ejemplo, los cerdos. No se habrá parado a pensar que la señora de al lado es genéticamente igual en un 99,99% y, sin embargo, ella puede tener hijos y él no.
Sólo somos iguales en la masa, como fans de una banda de rock, amantes del Hip-Hopp o hinchas de un club de fútbol, diluyendo nuestra individualidad. El amante de Wagner me decía: los hiphopper son imbéciles. En principio correcto, pues el wagneriano es muy libre de clasificar a quien quiera como quiera. Por otro lado, el wagneriano no es más que un adaptado, quien con semejantes afirmaciones busca fundamentalmente el aplauso de sus iguales. Esto le convierte en, cuando menos, igual de imbécil que el hiphopper, quien siempre podrá responder con un: “los wagnerianos también son imbéciles, …”.
LO INCORRECTO ES MASCULINO, BLANCO Y VIVE EN OCCIDENTE
Luego tenemos algunas denominaciones diferenciales, que, según las reglas de lo políticamente correcto, deben ser usadas por los sujetos correctos en el contexto correcto: el negro, que no significa otra cosa que “el hombre de color”, puede permitirse cambios en su autodenominación (e imponerlos a los demás) desde que es dueño de su propia denominación, algo que el pobre blanco no conseguirá jamás. Así es que un negro puede llamar “negro” a otro negro, pero un blanco no puede hacerlo. En mi caso, la cosa no funcionaría, pues mi caso no está sujeto a las sagradas reglas de la corrección política: ¿se imaginan que mañana saliese a la calle y le dijese a todo el mundo algo como “no me llame blanco, llámeme hombre descolorido, o rostro pálido”? … aunque esto último también tiene connotaciones racistas. Ya saben, lo incorrecto es masculino, blanco y vive en occidente. Evidentemente, las mujeres son mejores, aunque sean “iguales”, blancas y vivan en occidente.
Ese poder sobre la propia autodenominación es el que también pretenden alcanzar los representantes de algunas religiones cuando rechazan cualquier crítica con la disculpa del racismo (o el multiculturalismo). Y quienes están dispuestos a aceptar ese mantra no caen en lo absurdo que resulta hablar de una raza cristiana, o católica, o musulmana, … ¿qué les parece la raza budista? Todo absurdo es posible bajo la niebla de la corrección política, desde la miopía del igualitarismo a ultranza.
EN LAS EXCELENCIAS DE LOS DEMÁS APRENDEMOS A RECONOCER NUESTRAS PROPIAS VIRTUDES Y NUESTRAS LIMITACIONES
Sólo somos iguales en nuestra libertad. En nuestra capacidad de llegar a ser todo aquello en lo que podemos convertirnos. En lo demás, nadie se parece a nadie. La igualdad no es una meta, es el principio. La única igualdad a la que aspiro es aquella que me sitúa al nivel de quien puedo llegar a ser yo. Y sólo los ignorantes y los soberbios renuncian a ello. Todos somos diferentes y, por ello, todos somos excelentes. Quien renuncia a descubrir su propia excelencia amparado en el igualitarismo es un necio. Quien renuncia reconocer la excelencia en el otro también. En las excelencias de los demás – ¡ojo! no sólo en los excelentes- aprendemos a reconocer nuestras propias virtudes y nuestras limitaciones.
La única igualdad que existe, que debemos proclamar y defender, es la igualdad sin excepciones ante la ley. Sigo esperando que alguien me explique por qué, que un hombre asesine con premeditación y alevosía a una mujer es peor que si una mujer asesina a un hombre con premeditación y alevosía. Sigo esperando que alguien me explique por qué alguien que gracias a su trabajo y esfuerzo y las gotas de suerte (oportunidad) que de ello se generaron no puede ser más rico (incluso infinitamente más rico) que alguien que, o bien no tuvo esa suerte, o no se esforzó lo suficiente, o simplemente no tenía las mismas cualidades que el primero.
EL DESCUBRIMIENTO DE LA EXCELENCIA EN LAS MUJERES, EN LOS DISCAPACITADOS, EN LOS HOMBRES … NO SE CONSIGUE POR LEY, NI POR MEDIO DE SUBVENCIONES
El igualitarismo es la peor forma de totalitarismo, pues niega al humano toda posibilidad de crecimiento, en tanto que nos mantiene ignorantes de nuestro virtuosismo. Si además está revestido de “solidaridad compasiva” hacia quienes – por el motivo que fuere – no son conscientes de sus propias virtudes, o no pueden desarrollarlas, genera la peor de las desigualdades: la que nace de la imposición por la cual los sujetos de dicha “solidaridad compasiva” sólo son conscientes de su minusvalía.
El descubrimiento de la excelencia en las mujeres, en los discapacitados, en los hombres … no se consigue por ley, ni por medio de subvenciones. Basta con re-conocerles como lo que son: humanos capaces de llegar a ser todo aquello en lo que pueden convertirse, que siempre será diferente a aquello en lo que yo puedo convertirme y, por tanto, nuevo y enriquecedor.
Recuerden: al final, cuando ya no veamos más que la cesta llena de “fruta”, terminaremos en smoothie, fácil de envasar, cómodo de conservar. Bueno, ya lo están haciendo.
Esta columna fue publicada originalmente en la revista online Disidentia.
Lo natural está de moda. Vamos al supermercado y nos encontramos con que las patatas, los zumos, los huevos, la leche de coco y hasta las barritas energéticas son cien por cien naturales -quién lo hubiera sospechado de las patatas- y en algunos casos incluso “bio”. Aún recuerdo cuando allá por los setenta y principios de los ochenta, a caballo de los movimientos neohippies, cuatro gatos reclamaban para sí mismos y los demás la vuelta al naturalismo. Hoy, incluso las centrales nucleares diseñan sus campañas publicitarias presentándose como respetuosas con el medioambiente, climaneutrales y, por lo tanto, las mejores aliadas de la naturaleza. La naturaleza es al mismo tiempo pura y sagrada, disponible y un recurso. ¿No se trata de una seria contradicción? De manera enrevesada, reaparece aquí la dialéctica entre la dominación y la liberación. El tipo de concepto de naturaleza que uno elige no solo es decisivo para cuestiones éticas o políticas, sino que también revela la cuestión de la misma naturaleza del ser humano.
Parece ser que a la hora de definir naturaleza nos ocurra lo mismo que le ocurría a San Agustín con el concepto del tiempo: sabía lo que era, siempre y cuando no le preguntaran al respecto; porque cuando trataba de explicarlo, nunca lo conseguía. Hablar de la naturaleza en la vida cotidiana es tan usual como extrañamente misteriosa cuando pensamos detenidamente en ella. La naturaleza es ambigua y un viejo concepto. En primer lugar, significa transformación, crecimiento, adaptación, desarrollo. Podríamos seguir dándole atributos y ampliando el concepto hasta convertirlo en algo tan abstracto que lo incluya todo o la nada en absoluto. Nuestra mente necesita un “algo” opuesto o al lado -o fuera- de la naturaleza para poder definirla con precisión: frecuentemente hemos recurrido a la razón, la cultura, la costumbre, Dios o incluso la tecnología. Llevamos siglos en busca de una fórmula mágica, una teoría general de la naturaleza, que nos permita mantener intacto el abismo conceptual históricamente generado en occidente entre naturaleza y cultura, o civilización si lo prefieren.
REPASANDO LA HISTORIA
El término «naturaleza» proviene del latín natura, que coincide en su significado lógico con la palabra griega physis. Bajo este concepto se coloca todo aquello que no ha sido hecho por el hombre, la techné, es decir, el arte y la artesanía, que no se consideraban algo natural. En la antigüedad, el término “naturaleza” significaba la totalidad de las cosas que se originaron sin intervención humana y existen independientemente del ser humano. Caracterizando todo el ser y el devenir, el principio orgánico está integrado en la physis / natura. Así, en Platón, el organismo se concibe como una imagen del mundo viviente. En Aristóteles, la naturaleza es el devenir de la materia, la causa de su forma y su propósito. En el caso de los estoicos, la physis se reduce a lo externo, que se distingue precisamente de la naturaleza (racional) superior del hombre: el orden moral como instancia enfrente del orden natural. En la Edad Media cristiana (occidental), la naturaleza aparece como la creación de Dios, independientemente actuante, como el verde viviente. La naturaleza humana se define desde su semejanza a Dios creador. Dios es la naturaleza creativa (natura naturans) que creó las entidades mundanas (natura naturata).
EN JEAN-JACQUES ROUSSEAU, LAS IDEAS DE LA ILUSTRACIÓN SE MEZCLAN CON LA ALABANZA DE LA NATURALEZA, Y NACE LA IDEA DE QUE EL HOMBRE SE HA ALEJADO DEMASIADO DE LA NATURALEZA
El humanismo y el Renacimiento permiten la aparición de la idea de la intervención y la viabilidad de generar naturaleza: ya sea como médico o mago, arquitecto, mecánico o alquimista, la materia se redescubre como algo esencialmente disponible para el ser humano. La comprensión moderna de la naturaleza, que surgió en el período moderno temprano, se puede identificar con dos nombres: René Descartes y Francis Bacon. «Someter a la tierra» – de acuerdo con la palabra bíblica (ver Génesis 28), Bacon equipara el conocimiento natural con su dominación. La naturaleza se convierte en cuestionable mediante la medición y el experimento, al tiempo que se vuelve autónoma mediante la formulación de las leyes generales de la naturaleza. Déscartes hace una separación entre lo que él llama res extensa y la esfera mental. Esta separación dualista entre la mente y la naturaleza todavía es muy poderosa hoy en día. Mediante el desarrollo tecnológico y los hallazgos científicos, el ser humano ha llegado al antiguo lugar creado y está modelando demiúrgicamente la machina mundi, que se piensa que es una estructura altamente compleja pero controlable.
En Jean-Jacques Rousseau, las ideas de la Ilustración se mezclan con la alabanza de la naturaleza, y nace la idea de que el hombre se ha alejado demasiado de la naturaleza. Los románticos contribuyen como mejor saben a mitificar lo natural como lo primigenio y bueno, mientras que Alexander von Humboldt reúne la naturaleza física y moral del hombre. Más tarde, al valor estético de la naturaleza se le une un valor ético, tal como la religión lo había hecho anteriormente con la naturaleza como producto de la creación.
EL PAISAJE SUPUESTAMENTE NATURAL EN REALIDAD DEBERÍA LLAMARSE PAISAJE CULTURAL
Hoy en día se pueden identificar dos conceptos de la naturaleza en competencia: el mecanicista y el organicista. El primero, basado en la metáfora de la máquina, se caracteriza, en primer lugar, por la división sujeto-objeto, en segundo lugar, por el mecanicismo, en tercer lugar, por el experimento y, en cuarto lugar, por la relación dominación-esclavitud. En el segundo concepto, el órgano sirve como una alegoría, que contiene la idea de totalidad, organicidad, simpatía y la igualdad de todos los seres vivos. Desde ambas concepciones, sin embargo, nos encontramos con un problema nuevo: la naturaleza virgen, la pura, aquella sobre la cual la sociedad no ha trabajado aún, no existe. Desde que existe el ser humano no ha dejado de cambiar su entorno, afectando a la naturaleza. El paisaje supuestamente natural en realidad debería llamarse paisaje cultural.
EL SER HUMANO ES PARTE DE LA NATURALEZA
Hablamos de la naturaleza y nos olvidamos de nosotros mismos: nosotros mismos somos la naturaleza, parte inseparable de ella. En consecuencia, la naturaleza es algo bastante diferente de lo que sentimos cuando pronunciamos su nombre. Convertir nuestras ideas, nuestras percepciones del medio en que vivimos en principios absolutistas no nos acerca a la realidad. En absoluto.
Y, sin embargo, más allá del etiquetado de productos de consumo procedente del entorno (natural), obviamente naturales, con la marca “bio” o “cien por cien natural”, caemos una y otra vez en la tentación de deificar todo aquello que no somos “nosotros” a costa, siempre, de demonizar todo lo que nosotros hacemos. El caso de la llamada “huella ecológica” es aquí un buen ejemplo. Sus promotores describen la influencia humana en la naturaleza como intrínsecamente mala. Somos vistos como una enfermedad en el planeta. La metáfora de la huella ecológica transmite la idea de que pisoteamos la tierra con nuestras sucias botas. En consecuencia, por ejemplo, somos juzgados moralmente por el alcance de nuestras emisiones de CO2. Un viaje a Los Ángeles supone tres toneladas y media de CO2, el viaje al restaurante X kilos, el filete en el plato sigue sumando y así sucesivamente.
SI NO HUBIÉRAMOS AUMENTADO NUESTRA HUELLA ECOLÓGICA, AÚN VIVIRÍAMOS EN CUEVAS, TENDRÍAMOS UNA ESPERANZA DE VIDA DE APROXIMADAMENTE 35 AÑOS Y MORIRÍAMOS DE HAMBRE
Esta actitud hacia la existencia humana está en profunda contradicción con las ideas nacidas del humanismo y la Ilustración. Si no hubiéramos aumentado nuestra huella ecológica, aún viviríamos en cuevas, tendríamos una esperanza de vida de aproximadamente 35 años y moriríamos de hambre. La metáfora de la huella ecológica busca destruir la aspiración histórica e inspiradora de la humanidad de conseguir progreso, bienestar y libertad enfrentándose -adaptándose- a los caprichos crueles de la naturaleza.
Los promotores de este tipo de ideas son como una autoridad religiosa moderna ansiosa por controlar nuestro comportamiento. Recuerda el Galileo Galilei de Bertold Brecht, donde los pobres deben ser felices sabiendo que Dios lo quiere así y les está poniendo a prueba. En el mismo estilo, los ecoverdistas de hoy quieren que los pobres sean felices sabiendo que la naturaleza requiere de su pobreza o les exige lograr un equilibrio místico indefinible. Pero deben seguir siendo pobres.
A diferencia de los ecoverdistas, creo que deberíamos sacar a los pobres de su miseria y mejorar las vidas de todos: hacer crecer nuestras economías, aumentar nuestra huella ambiental y liberar nuestro potencial creativo y adaptativo. O, como habría dicho Francis Bacon, necesitamos dominar más la naturaleza y obligarle a revelar sus secretos.
1-La importancia de la frase legal «Soy competente para manejar mis asuntos»
Probablemente los dos conceptos más importantes del SISTEMA DE FICCIÓN LEGAL de todas las corporaciones -como UNITED STATES, INC-, es la frase “ SOY COMPETENTE PARA MANEJAR MIS ASUNTOS ” y el significado de ser Representante Autorizado de acuerdo con “ UCC 3-402 (b) (1) “.
Estos dos conceptos son clave para comprender lo que el sistema legal nos está haciendo y exponen el fraude-esclavitud que el «SISTEMA LEGAL DE ABOGADOS» fue en toda la Tierra.
“Soy competente para manejar mis asuntos”.
Esta frase tiene un solo significado para los abogados: El que dice la frase «Soy competente para manejar mis asuntos» está declarando y declarado LEGALMENTE COMPETENTE . Sin esta frase, a todos los ABOGADOS de todo el mundo, somos LEGALMENTE INCOMPETENTES y podemos y debemos ser…
«La fin des années 70 annoncent une nouvelle ère musicale en Angleterre qui bientôt déferlera sur l’Europe et la France. Après le mouvement punk et son slogan No Future ! une nouvelle vague est prête à envahir les bacs chez les disquaires et faire le bonheur des adolescents et autres amoureux de la musique. Le groupe anglais The Cure deviendra l’un des représentants emblématiques de cette époque où musique et liberté flirteront ensemble et s’endormiront paisiblement au petit matin après une folle nuit d’ivresse et d’amour dans le lit d’une jeunesse rêvant enfin à son futur. «
Incendie au Caire
lentement bleu s’estompe les creux de l’est captent le soleil mourant la nuit lui succède silencieuse et noire
le miroir d’une flaque reflète l’endroit solitaire où je te rencontre
je vois ta tête dans la lumière déclinante et à travers l’obscurité tes yeux brillent
Otegi sigue dando órdenes a Sánchez y éste obedece con tal de seguir en Moncloa. Un psicópata dando órdenes a otro psicópata. Lo nunca visto. Viñeta de LINDA GALMOR.