«Creo en el Camarada Secretario General, y en la Redistribución de la Renta»; sacado del Credo Social/Comunista
ROBAR A LOS RICOS PARA DÁRSELO A LOS POBRES
Robin Hood, o Robin de los Bosques de Sherwood, personaje de ficción, cuentan que fue un NOBLE aristócrata y propietario latifundista, con su fortuna EXPOLIADA, y sus bienes EXPROPIADOS por el Sheriff de Nottingham, RECAUDADOR, Esbirro, y Sicario de Juan Sin Tierra, que había usurpado el Trono a su hermano el Rey Legítimo Ricardo Corazón de León, ausente en las cruzadas para liberar Israel-Paletina del Islam. Cuentan leyendas y canciones, después la novela, luego las películas de cine, que Robin de Sherwood aprovechó la espesura de Sherwood, y su destreza con la espada y el arco, para formar e instruir una Banda de Forajidos, ellos mismos expoliados campesinos y artesanos, para hostigar las huestes del Usurpador Juan, y de Nottingham, su Sicario Sheriff y…
Irene Montero, haciendo gala de su arrogancia, de su repulsiva ignorancia y de su crueldad ideológica, acaba de proclamar que los niños tienen derecho a mantener relaciones sexuales con adultos siempre que haya consentimiento por parte del niño.
Todo lo que civiliza a un hombre colapsa y se derrumba ante la justificación de la pederastia socapa del consentimiento del niño avasallado, violado, ultrajado, acariciado por las puercas manos de un cerdo con priapismo que sólo satisface su lujuria en un pubis infantil. Irene Montero, haciendo gala de su arrogancia, de su repulsiva ignorancia y de su crueldad ideológica, acaba de proclamar que los niños tienen derecho a mantener relaciones sexuales con adultos siempre que haya consentimiento por parte del niño. Por un atavismo impreso en nuestra información genética, el niño, cualquier niño, busca amparo y seguridad, y esos dos anhelos, el cachorro del hombre, sólo los ve colmados en la figura del adulto, principalmente de sus padres, de cualquier adulto, próximo o desconocido, da igual: ¿a quién no se le ha agarrado de la mano un niño perdido, lleno de miedo y de lágrimas, en la playa o en unos grandes almacenes, que busca en su momentáneo desamparo la seguridad y el cobijo que él sabe que sólo un adulto puede proporcionarle? De ahí que el consentimiento de un niño sea lo más fácil y barato de obtener; en el más problemático de los casos basta con ofrecerle, a cambio de su consentimiento, una bolsa de chucherías o un juguete.
Todos lo sabemos. Los pederastas también. IreneMontero también lo sabe porque es adulta y porque es madre. Por lo tanto, en su propuesta de tolerar las relaciones sexuales de los adultos con los niños, previo consentimiento del niño (¡por supuesto, faltaría más!) no hay más que ponzoña y crueldad, pus y mierda a granel para despachar en la barra libre de la pederastia, que es tan antigua, tan sucia y tan sórdida como la propia IreneMontero quien, en la Roma decadente, no hubiera sido ni siquiera cajera en una tienda del Foro, sino sprintías, moneda sexual romana, con la que se pagaba a las putas y que, por extensión, daba nombre a esos selectos esclavos que organizaban las orgías de los patricios llenándolas de sutilezas y de toda clase de cópulas monstruosas en las que, en el clímax de la bacanal, se hacía participar a niños pequeños, muy pequeños. Mis pececillos, los llamaba el Emperador Tiberio porque los sumergia en su piscina para que le practicaran felaciones bajo el agua. Si la eyaculación llegaba antes de que el niño se ahogase, estupendo. De lo contrario su cadáver era arrojado por los acantilados de Capri o a la piscifactoría de voraces morenas, lugar al que iban a parar (vivos) los que contrariaban la voluntad o el capricho del Emperador, incluídas las Irenes Montero de la época. O sea, las sprintías del César.
La pederastia es un pecado y un delito que perturba la moral más primaria del hombre. Sólo tiene un castigo que no está recogido en nuestros decadentes y tolerantes códigos democráticos. El castigo evangélico: “¡Ay del queescandalizare a una sola de estas criaturas, más le valdríaatarse una piedra de molino al cuello y arrojarse al lago!” Hay, también, otro castigo para el pederasta: el que le aguarda en prisión, la soga o la puñalada carcelarias, porque hasta los delincuentes de moral más elemental y primaria entienden en su ferocidad que los niños no se tocan, ni siquiera con un consentimiento expreso obtenido en el trueque de una bolsa de chucherías o de un juguete.
Se señala que, aunque en Europa existen numerosas empresas de alto rendimiento, en conjunto, crecen más lentamente, generan menos beneficios e invierten menos en I+D que sus homólogas estadounidenses, lo que, según el informe se debe a que se están quedando atrás en el el desarrollo y aplicación de tecnologías.
La apuesta por la innovación, extendiendo la disrupción tecnológica por doquier, es un reto a afrontar si no se quiere frenar el crecimiento de las empresas europeas y, por tanto, de la propia Europa.
No me sorprendería que los mismos que están maquinando la distorsión del lenguaje en la actualidad, y con ello el desbarajuste global, sean la reencarnación de los arrogantes espíritus que causaron la debacle en la torre de Babel.
Lo de la confusión del lenguaje, en el caso de Babel, suena más bien a una terrible insolación en medio de un conflicto laboral con inmigrantes, que no hablaban el idioma de la región de Senaar, donde construían la torre.
En ese momento, cada cual resolvió declararse en paro y regresar al lugar de donde había venido. La torre, que pretendía ser un templo muy alto, solo llegó a los siete pisos y la única explicación que se le ocurrió al capataz, se le transmitió al rey: los albañiles enloquecieron y empezaron a hablar en otras leguas. Aquella excusa, la misma que se le dio al pueblo, terminó por convertirse, primero en leyenda y luego en mito.
La biblia nos cuenta, por ejemplo, de cómo Yahvé, en un acto divino, confundió lingüísticamente a los que pretendían construir un edificio tan alto que llegara al cielo y de paso sirviera de refugio, en caso de diluvio. Según la versión sagrada, los constructores empezaron a hablar sin ton ni son. No se sabe si el rey, que financiaba la obra, también hablaba otra lengua a la hora de pagar. Como quiera que sea, el historiador persa, Al-Tabari (839-923 A.D.) cuenta que del babélico revolú se originaron 72 idiomas.
Las fuentes judías definen la de Babel, como “la generación de la secesión”, altiva, anárquica, autodestructiva, cuyos seres no reconocían ni respetaban su puesto y querían disputárselo al Creador. En otras tradiciones, metafísicamente hablando, los de Babel son, desde entonces, espíritus perdidos, confundidos. Como los ángeles caídos, son criaturas rebeldes; almas cuyo único objetivo es reencarnar para sembrar el caos.
¿Lenguaje incluyente o divisivo?
Pero volviendo al mundo actual, los internautas conocen el video viralizado hace ya un tiempo, en donde una persona que se identifica con el género no binario, rompe a llorar en plena clase en línea porque un estudiante le llama “compañera” en lugar de “compañere”.
El video volvió a circular recientemente, tras la entrevista de Univisión, en la que Jorge Ramos, interroga al Premio Nobel de Literatura y miembro de la Real Academia de la Lengua Española, Mario Vargas Llosa, sobre los pronombres inclusivos. El escritor no pudo contener la risa ante la posibilidad de que se utilice “todes” en lugar de “todos”, cuando se hable de hombres y mujeres juntos.
Ya lo había dicho en otra entrevista en 2016, que el lenguaje se concibe de forma natural y que hay reglas en su uso que se deben respetar y por tanto no se puede distorsionar para satisfacer una ideología.
“El uso de la letra e como supuesta marca de género, _explicó entonces el intelectual_, es ajeno al sistema morfológico del español, además de ser innecesario, pues el masculino gramatical funciona como término inclusivo en referencia a colectivos mixtos, o en contextos genéricos o inespecíficos”.
Ramos preguntó al Nobel sobre si esta postura no era machista, pues en principio, el feminismo es uno de los elementos para proponer su uso. “Si hay más mujeres que hombres debería de ser ‘nosotras’ en lugar de ‘nosotros’, formuló el periodista.
“Yo estoy de acuerdo con las feministas en las cosas fundamentales, sin ninguna duda. Hay que combatir los prejuicios, hay que promover a las mujeres. Pero desnaturalizar el lenguaje porque se considera machista, es una estupidez que de ninguna manera yo voy a aprobar. La lengua se va renovando, adaptando, y no se la puede forzar sin provocar traumas lingüísticos”.
Piruetas lingüísticas
“Un individuo que tiene una limitación en el lenguaje por su falta de educación y de cultura, que pretenda cambiarlo, es el colmo de la ignorancia y la arrogancia”, apunta el escritor español Arturo Pérez Reverte y agrega que “las piruetas lingüísticas son innecesarias”.
Miembro, como Vargas Llosa, de la RAE, Pérez Reverte observa que “cuando el ser humano empieza a perder habilidades mentales, lo primero que sufre es la memoria y el lenguaje”. Y se refiere al lenguaje incluyente como a “un disparate lingüístico vinculado a la política, al feminismo radical, a la incultura y a la política demagógicamente correcta”.
Pérez R. critica “a las autoridades locales que imponen idioteces que violentan el sentido común y acosan a las personas por querer ejercer su derecho a hablar y escribir con propiedad la lengua española”.
La respuesta de la izquierda ante estos argumentos, se reduce a acciones injustas o violentas como las del dictador Daniel Ortega que ordenó en junio de este año, la disolución de la RAE en Nicaragua, por considerarla un “agente extranjero”. De paso cerró otras 82 agencias de tipo social y cultural que no se acomodaban a su ideología marxista.
La politización del lenguaje
Pero, como dice la filósofa y feminista estadounidense, Camille Paglia, la cultura y el lenguaje es de todos y para todos. No existe el derecho a deformarlo para hacerlo más inclusivo. Solo la literatura puede hacerlo más personal. “¡Contribuya al lenguaje, escriba un poema, escriba un libro, en lugar de destruirlo!” aconseja a los promotores del lenguaje incluyente a quienes considera, además, “agitadores políticos” que están invadiendo la privacidad y la libertad de pensamiento y de expresión.
El idioma es un legado, creado por intelectuales y artistas serios y dedicados, que han contribuido a la literatura y a la cultura, señala Paglia al tiempo que cuestiona: “¿Cómo se atreven los maniáticos a dictar como debemos hablar o como debemos usar los pronombres?” La escritora aplaude, al tiempo que apoya, la decisión de maestros y académicos que rehúsan, el uso en las aulas, de los pronombres propuestos por los activistas del género.
El escritor y profesor colombiano Alister Ramírez Márquez, miembro de la RAE en Estados Unidos, afirma que el movimiento para cambiar los pronombres y hacerlos inclusivos, ha creado una gran confusión en todas las esferas. Por otra parte, el academista no cree en el uso arbitrario de los pronombres ni en que la lengua se adapte a la imposición de un grupo élite académico. Ramírez considera más importante “eliminar los prejuicios raciales, culturales y de género antes que dictar nuevas reglas a la lengua”.
Misión del lenguaje
Como ocurre en el mundo del arte, los ideólogos y activistas radicales recurren a la manipulación del lenguaje como una forma incongruente de desestabilizar la sociedad. Esa táctica, añadida al desadaptado social, que solo encuentra satisfacción en la protesta y el desorden, tiene como efecto, solo el caos. Lo paradójico es que, al tiempo que, en su hostilidad, exigen respeto e inclusión, ellos mismos son ofensivos y divisivos. La hipocresía de sus acciones es muy obvia. El lenguaje inclusivo es otra forma de separar, dividir, segregar. Una cosa es la libertad de expresión en los reclamos de justicia social, pero otra, la conveniente distorsión del lenguaje y la cultura.
Aparte de ser libre, el lenguaje es orgánico, es una función viva que crece y muta con el ser humano. Es una evolución lenta, gradual, que se adapta al ritmo de la transformación social. Bien empleado, el lenguaje une porque mejora la comunicación. Forzar sus funciones para lograr objetivos políticos es mera falta de imaginación en las desesperadas provocaciones.
Gloria Chávez Vásquez escritora, periodista y educadora reside en Estados Unidos.
«(Hay) Untamiento de Tarrasa, pervertidor de Menores»; según denuncian estos diás los pocos Medios de Comunicación NO VENDIDOS al Sanchismo.
TIENEN HASTA COREÓGRAFO/FA (ni fu ni fa) TRAVESTI-TRANS
«La pedofila huele peor que el Pedo de un Carabao»; Modosito Blog
Untamiento, Autonotaifa, y Banda 23 de Moncloa apoyan esto
(y luego obligan al Rey a que nos pida que confiemos en TODAS las AdminisTRAIciones Esas)
Idea que ni los Gays apoyan, por PERVERTIDA
Claro que a la Banda 23 le gusta el MARICONEO más que a los MARICONES, además de que todo lo que EMANA de Moncloa, NO SON más que MARICONADAS y PESTILENTES EMANACIONES. La idea NO ES original de la Banda que hay en Moncloa, ni de las Generalidades Klingonianas, ni de Untados Untamientos, ni siquiera del Chapero Misterio de Interioridades; el que en Nueva York se PERPETRASE una cosa de estas con anterioridad, pero con un BAIDEN…
No voy a ser yo quien niegue a “algunas” los tiempos oscuros de la diferencia entre géneros que en la tribu terráquea hubo y que sigue existiendo en mayor medida en ciertas partes del planeta, fomentada por la ignorancia y por la comodidad de quienes han asumido la “lotería” de pertenecer al género dominante en sus, para mí mal llamadas culturas: “El hombre”. Ese algo abstracto que montó el tenderete humano y que proviene de la misma humanidad, se encargó desde el principio de ensuciar todo trato, todo acuerdo, toda necesidad entre los habitantes del mundo: La Paz debe siempre ser erradicada. El amor discriminado, las diferencias vestidas de enemistad, la muerte y el asesinato publicitados, el miedo potenciado, la inseguridad viene de fábrica debido a que ninguno tenemos ni idea consciente de que es esto y que hacemos aquí…
Llegamos a acuerdos y constituciones entre sexos, que fueron, en los comienzos, necesarios. Éramos pocos, dispersos en grupos familiares donde cada uno tenía un cometido para la supervivencia de la tribu.
Con inteligencia se dividieron las labores. El hombre, físicamente más fuerte cumplía el cometido de enfrentarse a mamuts, leones y toda clase de animales feroces para conseguir el alimento del grupo. Mientras, la mujer, cubría las necesidades manteniendo el fuego encendido, preparando las pieles, cocinando la caza, pariendo los hijos, manteniendo el orden de lo cotidiano para que la comunidad avanzase hacia adelante.
La misma mujer, la que criaba, fomentaba y alentaba en los varones que paría la “bestialidad” necesaria en el momento para cumplir con su papel de futuro proveedor “porque era lo que tenía que ser”.
Lo malo es que esos acuerdos no evolucionaron. Y cuando las necesidades fueron otras y las formas avanzaban, el mundo, que podría haber adelantado en todos los campos, mantuvo a algunos de ellos apartados del desarrollo, como la relación entre géneros, que siguió, por comodidad para uno de ellos, como en las cuevas Neandertales.
El hombre y la mujer, diferentes en su sexo por la necesidad de reproducir la especie, no supieron compensar las diferencias ni igualar derechos porque, la comodidad de unos y la inercia obligada de la mayoría de las otras, desembocaron en las culturas presentes. Algunas más desarrolladas que otras, pero sin pulir ese subconsciente colectivo y ancestral al que ayudan los procesos típicos de cada sexo en cuestión de hormonas y mecanismos corporales que exigen y que son los gobernantes de ciertos cerebros que ignoran por completo cual podría ser su verdad si decidieran permitir que el intelecto (La parte que nos diferencia de los animales) presentara ante ellos las posibilidades de dar el salto cuántico definitivo para hermanar y no separar a los seres humanos de distinto sexo pero igual alma, intelecto y sentimiento en lo que son: seres complementarios que se necesitan mutuamente.
El pobre hombre, pues de él tratamos, se encontró desde el principio de los tiempos con un papel a interpretar donde se le exigían cualidades que no tenía por qué tener.
Emocionalmente castrado en tiempos en los que se le exigía fuerza, silencio emocional y una energía que no todos disfrutaban, el hombre entrenado asumía forzosamente lo que “debía ser” y pagaba un precio común: La muerte prematura.
Tanto a causa de las guerras como por la forma de vivir insana y por el cansancio vital que debía proporcionarles “cumplir” con su cometido, mantener un grupo familiar, mostrarse viril y enérgico, disimular sus miedos y sus sensibilidades… Aparentar lo que se llamó hombría sin dejar resquicio a la debilidad e incluso a la cobardía, que los hombres no eran ni vulnerables ni lloraban.
El mundo ha estado desde siempre lleno de viudas. Se dice que se debe a que la mujer, genéticamente es más fuerte debido a que tiene que lidiar con embarazos y partos…
Seguramente sí. Pero la presión de ser macho dominante, se quiera o no y la obligación de “demostrar” para que luego el Fary no les llamase “Hombres blandengues”, consumiría a cualquiera.
El hombre, en la historia, por necesidad de su fama y de sus obligaciones se degradaba físicamente en las guerras, en su forma de vivir, de beber y de comer. Pero también le pasó factura el miedo a no estar a la altura, el exceso de responsabilidades y la educación machista, normal hasta hace no muchos años.
Se conocen los problemas de obesidad y enfermedades como la gota y la diabetes a causa de los excesos de reyes, y nobles. Sin embargo, no era el caso de los pobres que, aunque mantenían por su sexo y educación la misma forma de sentir y sentirse, eran por fuerza más frugales en todo y mantenían su salud algo más de tiempo.
Respecto al pasado machista, también es verdad que pocas madres enseñaban a su hijo a comprender al otro género, no fuera a ser que se volviera un “calzonazos”: traducción materna de hombre blandengue que de ninguna manera debía disfrutar la futura nuera. ¡Faltaría más! Porque su nenuco había nacido para ser servido, convirtiéndose ellas en servidoras sin horario y sin ayuda de marido e hijos hasta su muerte para demostrar lo muy dignas y sacrificadas en aras del antiguo sistema Neandertal que eran. Por supuesto, esperaban de las futuras mujeres de sus hijos la misma filosofía y comportamiento, como mandaba la tradición, y lo que es peor, de sus hijas también.
Tampoco recibieron muchos una mínima educación ética realmente con arreglo a sus relaciones con las mujeres y sobre todo la ética de sexo que sobrevuela a los modales y a la buena educación incluso.
– ¡Nene! ¡Caca! ¡Ahí no se poliniza! – Perdonen la broma. Pero en su verdadero contexto quiere decir, de nuevo, que la empatía entre géneros no se fomentaba, llegando a sentir muchos que tenían derecho al uso y disfrute, literalmente, de todo lo que llevase faldas. Búsquese, por ejemplo, lo que era el “derecho de pernada”: El dueño de la propiedad feudal tenía derecho a acostarse en toda boda con la novia antes que el marido, de forma que muchos campesinos eran hijos del señor del castillo. Así, por la cara y por unas leyes miserables que ya dan a entender lo que se consideraba a la mujer en épocas pasadas: botín de guerra, esclava, sustraída por piratas para venderla, violada; que lo mismo da que fuera en un harem como concubina que en una choza en el campo por soldados que la consideraban un premio a sus asesinatos.
Lo cierto es que, en lugar de igualar las relaciones entre los dos sexos, el egoísmo y la falta de formación, quisieron considerar a la mujer como un objeto, una propiedad, utilidad que debía ser vendida, otorgada como botín de guerra y esclavizada…
Si las madres eran colaboradoras necesarias mucho más lo eran los padres, que inculcaban en sus hijos desde muy niños, según la tradición, lo que “debía” ser un hombre.
Tiempos hubo en los que muchos padres, con el pretexto de hacer de su hijo un hombre, los llevaban al burdel para lanzarlos en los brazos de cualquier prostituta, lo que podía resultar un trauma enquistado para la futura vida sexual del chico o, con suerte, una lección más positiva que le ayudase a relacionarse físicamente el resto de su vida con las mujeres.
Que las cosas siguen estado así en algunos países es cierto. Que las guerras hacen emerger a la canalla atávica de violadores y abusadores, también es cierto; pero el paso del tiempo y los cambios necesarios, nos han llenado el mundo, por suerte, de “Hombres blandengues” que llevan a sus hijos al colegio, hacen la compra, las cosas de la casa y lo que se tercie sin que se les caiga la barba y el bigote y su masculinidad sufra ni un ápice. Y que lloran si están tristes y demuestran sus sentimientos sin que sus atributos viriles se descompongan o se caigan al suelo como se ve que tanto se temían nuestros ancestros, y el Fary, que no era precisamente un filósofo de alguna escuela griega ni el adalid de la actualidad.
Las cosas han cambiado, menos para las bellas durmientes que viven del ministerio de Igualdad, que parece que se durmieron un día del siglo XI y se han despertado hoy intentando reivindicar con muy poca gracia cosas que ya lo están, porque, hace mucho tiempo que las mujeres podemos salir solas y volver a casa borrachas y solas o acompañadas sin que pase gran cosa.
Que sí, existen violadores y maltratadores de género, que son, en primer término, tarados mentales que utilizan los últimos ramalazos machistas para justificar sus asesinatos por lo que en realidad son criminales. Que las “culturas” atrasadas de gente que no come jamón no ayudan, pues también, pero que el mundo dispone de grandes cantidades de hombres blandengues que van dejando de lado una historia algo siniestra.
En estos momentos no se justifica la existencia de un ministerio que debería llamarse del tiempo, porque sus “integrantas”, cuestionan las cosas como si no hubiera pasado nada desde el siglo XII, por ejemplo y considerando a todos los hombres como a esos asesinos aislados que son delincuentes y que existirán siempre hasta que la ciencia no descubra la manera de sanar cerebros con taras psicóticas o discapacidades ocultas.
Los problemas sentimentales entre hombres y mujeres normales siempre serán: “Tú me quieres, pero yo no… o viceversa. Nos querremos hasta que Dios quiera… Te dejo porque se ha acabado el amor” … Pero lo otro, lo que sí causaba dolor y aislamiento y de alguna manera, aunque en ocasiones pareciera tolerable, posesión y servidumbre, se ha disuelto, quedando dos o tres nenes de mamá, algún hombre de otra época, ya mayor, y un puñado de animales sin cerebro exigiendo servicio y pleitesía… pero, poco más…
De momento, y si algún cataclismo social o sísmico no destruye todo y la historia vuelve a empezar. ¡Que pereza!
“No estamos lejos de 1984, quien sabe si ya lo hemos estado viviendo desde el momento en que llegamos al mundo”.
1984 es una obra fuerte pero real y no muy lejos de la actualidad. Como hemos evidenciado fue escrita en 1949, un tanto revolucionaria, y anticipatoria.
El ser humano desde el momento en que nace llega al mundo como una tabula rasa, sin conocimientos, sin ideas, sin objetivos. Al crecer vamos formándonos las ideas de los demás, las costumbres que observamos de quienes nos rodean. Somos como una cámara que va captando desde lo más minucioso hasta lo más grande.
Pero la libertad no llega a ser del todo nuestra, pero si es, lo que a lo largo de nuestra vida nos han hecho creer, siendo esto todo lo contrario a lo que se conoce como libertad. En 1984 se menciona “Al gran hermano” el cual te vigila, dando a comprender que bajo vigilancia están todos seguros.
En la actualidad este “gran hermano” se da mediante aquellas personas que nos rodean, la sociedad que nos impide la libre expresión de ideas, la sociedad que nos impide un sueldo igualitario entre hombres y mujeres, las etiquetas, las utopías de la lucha contra la esclavitud femenina, la lucha contra el machismo, o como se menciona en El cuento de la criada: “Benditas sean las sumisas” la realidad y el control en el que nos encadena la sociedad. Una lucha desde tiempos memorables e incansable sin poder ponerle un fin.
Sí nos enseñan a ser libres, pero crecemos con cadenas; estas cadenas no son visibles debido a que se encuentran en nuestros pensamientos, en nuestra conciencia, ese algo que nos frena y ese “gran hermano” que nos vigila llamado sociedad y etiquetas.
Lo que pretenden las series como El cuento de la criada y Black Mirror es una base de 1984 que desea explicarnos la realidad que vivimos de manera desnuda ante nuestros ojos.
“La guerra es la paz, La libertad es la esclavitud, La ignorancia es la fuerza”. 1984
“Odia y vivirás tranquilo, sé libre y te esclavizarán tus decisiones, piensa igual que los demás y serás aceptado por la sociedad”.
¿Fuerte no?, ¿real?, sí.
Nuestra sociedad se ha caracterizado por la autonomía, por creer que el pensamiento crítico es un acto de rebeldía y un cambio de opinión una lucha inalcanzable, manteniéndonos bajo su yugo de ideales, de etiquetas, que han salido favorecidas gracias a aquellos que no han conseguido un pensamiento crítico, llegando a convertirse en una gangrena cerebral. Logrando así la sociedad una doble moral, por temor a perder su autoridad, por temor a perder a los adeptos sin pensamiento crítico ni lógico; porque los ignorantes son muchos.