Los separatistas se sienten tan envalentonados con las cesiones de Pedro Sánchez que ya plantean que una minoría sea capaz de romper la unidad de España.
El separatismo quiere romper España con el 27,49% de los votantes catalanes
Según ha publicado la agencia Europa Press, los separatistas de ERC quieren un referéndum en el que con una participación del 50% y el sí del 55% se declare la independencia de Cataluña. De hecho, es el plan que tienen de cara a los próximos 4 años, después de haber conseguido que Sánchez indultase a los autores del golpe separatista de 2017, y después promoviese la eliminación del delito de sedición y una rebaja sustancial de penas para los autores del delito de malversación. Que socialistas y comunistas hayan aceptado crear un Código Penal a la carta para el separatismo ha transmitido a éste la idea de que Sánchez y sus socios están dispuestos a hacer lo que sea por seguir en el poder.
Aprovechándose de esa falta de escrúpulos de la izquierda, ERC quiere un referéndum pactado con el gobierno para romper España pero que sólo voten los catalanes, mientras el resto de los españoles nos quedamos de espectadores viendo como despedazan nuestro país. Pero la burla planteada por los separatistas no sólo se dirige contra el resto de los españoles, sino también contra los españoles de Cataluña. Las cifras señaladas por ERC implican que el «sí» a la independencia un 27,49% de los votantes catalanes bastase para romper la unidad de España. En las elecciones catalanas de 2021, con un 51,29% de participación, los partidos separatistas sumaron el 48,68% de los votos emitidos. Tal vez esperan conseguir una cifra raspada con la que puedan romper cientos de años de convivencia e historia común entre españoles.
Un golpe a la Constitución con el gobierno como posible cómplice
Por supuesto, lo que ERC plantea claramente es un nuevo golpe separatista, por eso tenía tanto interés en que el gobierno de Pedro Sánchez derogase el delito de sedición y rebajase el delito de malversación: para volver a hacerlo y salir impunes. Si el gobierno de Sánchez aceptase un referéndum así, entonces se convertiría en cómplice del golpe separatista. Ningún gobierno español tiene autoridad ni derecho para convocar un referéndum de independencia. El Artículo 2 de la Constitución es muy claro:«La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles«. Si el gobierno aceptase trocear España, el gobierno estaría dando un golpe de Estado contra la legalidad constitucional.
Lo que dice el Artículo Octavo de la Constitución Española
Ante una situación así, además de apelar al Artículo 2, deberíamos recordar también el Artículo 8 de la Constitución: «Las Fuerzas Armadas, constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire, tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional«. Si el gobierno decide demoler España, el Rey, las Cortes y el Tribunal Constitucional estarían legitimados a reclamar la intervención de las Fuerzas Armadas para poner fin a ese golpe de Estado.
Hay que recordar que la Constitución Española fue aprobada por el 91,81% de los españoles, con una participación del 67,11%. En Cataluña la participación fue del 67,9% y el «sí» sumó el 90,5% de los votos. Así pues, lo que plantea el separatismo no sólo es un nuevo golpe a la Constitución, sino también un secuestro del pueblo catalán. Y para resolver secuestros están las Fuerzas de Seguridad del Estado y, de ser necesario, también las Fuerzas Armadas. No cabe imaginar una misión más noble para nuestros Ejércitos que defender la unidad de España, la democracia y el Estado de Derecho frente a unos golpistas que quieren destruirlos. Es lo que ocurrió en Perú, donde la Policía y el Ejército defendieron la democracia frente al golpe de Estado de Pedro Castillo.
En España existe una desigualdad patente entre hombres y mujeres. Y esta desigualdad es la ley de violencia de genero frente a la ley de violencia doméstica.
La ley contra la violencia doméstica no hace diferenciación entre géneros (como deberían hacer todas las leyes). Es una ley que protege tanto a hombres como mujeres, parejas homosexuales, heterosexuales, transexuales y todos los “sexuales” que se os ocurran. Si tu estas “casado” con una persona y la agredes físicamente (continuado en el tiempo) estas cometiendo un delito de violencia doméstica.
Sin embargo la ley de violencia de género, con penas mucho mayores, es una ley que hace diferencia de géneros. Para cometer violencia de genero debes de ser hombre, mientras que para recibir violencia de genero debes de ser mujer.
Esto es una aberración. Y os voy a explicar porque.
Pie de foto: ¿Le gusta esto a Pablo? No, no le gusta, pero eso no es motivo para que deje de trabajar con ellos. Es más efectivo lo que está haciendo
Preguntado Pablo Iglesias por cómo, siendo un partido de izquierdas, aceptaba hacer un programa «Fort Apache» para un gobierno como el de Irán, «que es una teocracia»o ¿aceptaríais hacer algo para una televisión financiada por el gobierno de Putin?». Y el gran botarate respondió:
«Pues, mira, la geopolítica es así y no vamos a ser los únicos imbéciles que no hagamos política mientras todo el mundo hace política (…) imaginaos lo que podrían decir muchos: “Ah, tú eres un traidor, eres un espía, eres un antipatriota, estás permitiendo que los alemanes –que estamos en contra de ellos los bolchevique–, también que te pongan un tren para llegar a desestabilizar tu país…”. Así es la política, así es la política……
Pero ¿quién no va a querer ser, por ejemplo, Inspector de Hacienda del Estado, Inspector de Trabajo, Abogado del Estado, o Interventor, con un simple test y una entrevista, ¿seguido de un curso de formación en el que ya cobras un sueldo? La respuesta es obvia.
Miremos dos años atrás, cuando el Ministerio de Función Pública (ahora integrado en Hacienda y Función Pública) lanzó la idea de que para aprobar cualquier oposición bastaba con hacer un examen tipo test y pasar una entrevista, eliminando los ejercicios orales, y reduciendo los temarios al mínimo, o lo que es lo mismo, despreciando el esfuerzo y el conocimiento necesario en la actualidad para acceder a cualquier puesto de funcionario.
Dentro de esta filosofía «NINI», ya se ha ideado una prueba piloto en el sistema de promoción interna para un Cuerpo, el llamado Escala Técnica de Gestión de Organismos Autónomos, para el que se reducirán los temas a estudiar: de 83 temas se quedarán en 16, y se pasará de los cuatro exámenes actuales a solo uno, de tipo test, pero en el que las respuestas negativas no penalizan.
Miremos ahora a la Generalitat Valenciana en la que se hará también una prueba piloto similar para todos los cuerpos nivel A1 (el nivel más alto de la Administración) que va a consistir en un ejercicio tipo test, y en un curso teórico-práctico de cuatro meses que – dicen – tiene como objetivo facilitar el desarrollo de habilidades comunicativas de relación en el equipo de trabajo y de sociabilización. En esa prueba piloto las bases de la convocatoria determinarán qué capacidades se van a evaluar, como análisis y resolución de problemas, determinación de prioridades y organización, liderazgo, trabajo en equipo…, utilizando para ello pruebas como dinámica de grupos, o entrevistas.
Pues bien, este nuevo sistema de oposiciones ideado es una tremenda aberración, aunque lo estén intentado vender con mensajes grandilocuentes, a los que pocos se pueden resistir: «necesidad de captar talento», «simplificar los trámites», «democratizar la función pública», «valorar las aptitudes de los candidatos» …
Pero ¿quién no va a querer ser, por ejemplo, Inspector de Hacienda del Estado, Inspector de Trabajo, Abogado del Estado, o Interventor, con un simple test y una entrevista, ¿seguido de un curso de formación en el que ya cobras un sueldo? La respuesta es obvia.
Solo se me ocurre pensar que quienes pretenden implantar este sistema pertenezcan a esa generación de jóvenes NINI, que se han dedicado a la política, sin trabajar nunca, salvo los puestos que han ido escalando en el partido político, y sin estudiar demasiado. Recordemos los escándalos descubiertos en los últimos años, relativos a inflar los currículums con estudios inacabados, carreras universitarias terminadas en tiempos récord – eso sí que es talento – o títulos master regalados. Ahora bien, tampoco es cuestión de generalizar, puesto que hay políticos que han llegado a los puestos más altos, presidente del gobierno, vicepresidente o ministro, que pertenecían a Cuerpos Superiores de la Administración: Inspectores de Hacienda, Registradores de la Propiedad o Abogados del Estado.
Todos sabemos que, en el caso de nuestra querida España, este nuevo sistema en el que se sustituyen criterios objetivos – como los que existen en las actuales oposiciones –por otros subjetivos, nos llevaría inexorablemente a que los futuros funcionarios serán aquellos que tengan algún padrino, incluidos, por supuesto, los políticos. Y ya puestos, ¿por qué no podrían ocupar esos puestos los NINI que intentan escalar puestos en el partido político y no lo consiguen? Éste sería un buen premio.
Los promotores de este sistema no deben de olvidar que todos tenemos que cumplir las normas, y ellos los primeros, y la norma principal, nuestra Constitución, establece en su artículo 103 que la ley regulará el acceso a la función pública de acuerdo con los principios de mérito y capacidad. Es decir, los puestos de funcionarios no se pueden regalar.
Como primera medida de esta filosofía «NINI», se ha firmado un acuerdo entre Función Pública y tres sindicatos para implantar este nuevo sistema en la promoción interna- para pasar de un cuerpo a otro superior- confundiendo la carrera administrativa de los funcionarios, que está sin desarrollar, con el acceso a otro cuerpo superior, que, como se ha dicho, tiene que cumplir los requisitos constitucionales de mérito y capacidad. Las dos partes firmantes no han tenido en cuenta la opinión de los más afectados, los cuerpos de nivel A1, porque saben que estarían en contra de esos regalos, y que han propuesto muchas alternativas para solucionar los problemas actuales que tiene la función pública.
Si las medidas que hemos propuesto no les interesan, podría ser porque su objetivo es conseguir miles y miles de estómagos agradecidos, muy importantes en el próximo año electoral, tanto de elecciones políticas como sindicales. De paso, los políticos sustituyen a los funcionarios actuales, altamente cualificados e independientes-pero que en los próximos años se jubilarán casi la mitad-, por estos nuevos funcionarios «NINI», que estarían dispuestos a agradar a los políticos que les han regalado el puesto de funcionario o el acceso a un cuerpo superior.
Recordemos a los políticos que su función es gestionar lo público, pero no son los dueños de la Administración ni de la cosa pública. La existencia de una función pública cualificada e independiente es una condición imprescindible para el correcto funcionamiento del Estado y, en muchos momentos, el elemento corrector de la acción política.
Estos cambios ideados en las oposiciones para entrar como funcionario, o para ascender en la Administración a cuerpos superiores desde niveles inferiores, son un gravísimo atentado contra el esfuerzo, la excelencia y la preparación acreditada. Además, van en contra de los principios constitucionales de mérito y capacidad, y supondrán la muerte de una Función pública profesional, preparada e independiente. No sólo los directivos de la Administración, sino todos los funcionarios y la sociedad deberían oponerse a ello, porque recuerden: un funcionario con menos conocimientos es más vulnerable y manipulable.
Contando Estrelas se adhiere a este manifiesto, y anima a todos sus lectores a darle la máxima difusión posible en las redes sociales.
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DEFENDER LA DEMOCRACIA
Los abajo firmantes, periodistas y colaboradores de distintos medios de comunicación españoles, asistimos con creciente preocupación a la deriva antidemocrática de un gobierno, el de Pedro Sánchez, que ignora voluntariamente los límites marcados en nuestro pacto constitucional, en un intento de conservar el poder a cualquier precio.
Asistimos con preocupación al uso torticero de la actividad legislativa, negociando normas penales con aquellos que las violan y diseñando modificaciones legales para favorecer a delincuentes específicos por ser socios coyunturales del actual gobierno.
Asistimos con preocupación a la pretensión del actual gobierno de premiar, precisamente, a quienes han cometido graves delitos contra esa Constitución que garantiza la pacífica convivencia social.
Asistimos con preocupación a la deriva autoritaria de un gobierno que está llevando a cabo un asalto frontal del Tribunal Constitucional y del órgano de gobierno del Poder Judicial, con el único fin de poder llevar a término su tarea de derribo del marco constitucional.
Es por ello que, antes de que la democracia quede herida de forma irreversible,
EXIGIMOS a todos los funcionarios públicos que cumplan con su deber de defender el marco constitucional de convivencia.
INSTAMOS a los partidos de oposición a que utilicen todos los mecanismos constitucionales a su alcance para cortar, o al menos dificultar lo más posible, la deriva autoritaria y antidemocrática del actual gobierno.
ANIMAMOS a las organizaciones de la sociedad civil a convocar cuantos actos y protestas sean necesarios para hacer llegar al gobierno, y a toda la sociedad, la voz de los ciudadanos comprometidos con la defensa de la democracia y el estado de derecho.
RECORDAMOS la responsabilidad de los medios de comunicación, sus profesionales y colaboradores en la defensa de la democracia y la libertad consagradas en la Constitución Española.
PEDIMOS a todos los ciudadanos que respalden de manera activa todas las acciones y movilizaciones que los partidos de la oposición y las organizaciones de la sociedad civil puedan poner en marcha, y que cada uno defienda los valores constitucionales en todos los ámbitos, sin esperar a que los demás lo hagan.
Las democracias no mueren cuando sus enemigos tratan de destruirlas. La democracia muere cuando los que tenemos la obligación de defenderla no cumplimos con nuestro deber de hacerlo.
Nuestro marco democrático de convivencia, plasmado en la Constitución española, está en peligro. Y es deber de toda la ciudadanía defenderlo, con todos los instrumentos legales a nuestro alcance.
LISTA ALFABÉTICA DE FIRMANTES (a 13/12/2022):
Dolores Agenjo Pepe Albert de Paco Yago Alonso Carmen Álvarez-Vela Rebeca Argudo Adolfo Arjona Benito Arruñada Manuel Artero Iñaki Arteta Alberto Asensi Luis Balcarce Rafael Bardají Miguel Angel Belloso Javier Benegas Jaime de Berenguer María Blanco Dieter Brandau Antonio Burgos Susana Burgos Tacho de la Calle Nicolás de Cárdenas Xosé Carlos Caneiro Toni Cantó Susana Cañil Carmen Carbonell Josué Cárdenas Fran Carrillo Cristina Casabón Jenaro Castro Carmen Celdrán Álvaro Climent Malena Contestí Carlos Cotón Rebeca Crespo Jesús Cuadrado Carlos Cuesta Itxu Díaz Rosa Díez Gari Durán María Durán Óscar Elía Mañú José Javier Esparza Eduardo Fernández Luiña Sergio Fidalgo José Antonio Fúster Javier García Isac Miquel Giménez Teresa Giménez Barbat Juan Carlos Girauta Pepa Gea Jaime González Santiago González Pau Guix Antonio Herráiz Carlos Herrera Fátima Iglesias María Jamardo Antonio Jiménez Federico Jiménez Losantos Carmelo Jordá Daniel Lacalle Fernando Lázaro Paco Linares Julio Llorente Benjamín López Luis Losada Romualdo Maestre Carlos Martínez Gorriarán Ángel Mas F. Javier de Mendizábal Pablo Molina Patricia MorenoAntonio Muro Antonio Naranjo Santiago Navajas Javier Negre Santiago Orúe Mario Noya Adolfo Ortega Maite Pagazaurtundúa Ignacia de Pano Isaac Parejo María José Peláez Miguel Ángel Pérez Xavier Pericay Luis del Pino Pablo Planas Juan Pablo Polvorinos Miguel Ángel Quintana Berta Rivera Antonio Robles José Carlos Rodríguez Juanma Rodríguez Carlos Rodríguez Braun Daniel Rodríguez Asensio Daniel Rodríguez Herrera Alfonso Rojo Ricardo Ruiz de la Serna Isabel San Sebastián Yésica Sánchez Diego Sánchez de la Cruz Fernando Sánchez Dragó Fernando Sancho Javier Santamarta Patricia Sanz Fernando Savater Jaume Segalés César Sinde Javier Somalo Domingo Soriano Raquel Tejero Juan Carlos Téllez Asís Tímermans Carmen Tomás Santiago Trancón Alfredo Urdaci Alfonso Ussía Juan Van-Halen Acedo VelardeDaoíz Luis Ventoso Alejo Vidal-Quadras Raúl Vilas Javier Villamor Eduardo Vírgala
… los yonquis del poder intentan disuadir al hombre para que no piense por sí mismo, pues no quieren individuos pensantes sino clones obedientes, al igual que no desean hombres libres e independientes sino hombres-masa, dependientes y controlables.
Hace muchos años preguntaron al Premio Nobel Albert Schweitzer en una entrevista: “Doctor, ¿qué le ocurre al hombre de hoy?” Tras meditar unos segundos, Schweitzer respondió: “El hombre de hoy simplemente no piensa”. Si ésta era la respuesta hace décadas, me pregunto cómo sería hoy cuando el móvil ha reducido nuestra capacidad de atención al nivel de un simio.
Porque saber en tiempo real todo lo que acontece o repetir como un papagayo lo que oímos de otros no es pensar. Como escribe el gran filósofo colombiano Nicolás Gómez Dávila, “en un siglo donde los medios de publicidad divulgan infinitas tonterías, el hombre culto no se define por lo que sabe sino por lo que ignora[2]”.
Pensar es formar y combinar ideas en la mente tras atenta reflexión, y eso exige detenimiento, tiempo y esfuerzo. Cotorrear, sin embargo, no exige nada de eso, motivo por el que es una actividad más popular. Pero pensar tiene otro atributo adicional: es el escudo que protege nuestra libertad.
Por este motivo, los yonquis del poder intentan disuadir al hombre para que no piense por sí mismo, pues no quieren individuos pensantes sino clones obedientes, al igual que no desean hombres libres e independientes sino hombres-masa, dependientes y controlables.
Para lograrlo, lo primero que hacen es enardecer sus pasiones, puesto que éstas entorpecen a la razón, e inclinarles hacia el vicio, que siempre esclaviza (del mismo modo que la virtud libera). En efecto, raro es que un político proponga a los votantes sacrificio, generosidad, esfuerzo, responsabilidad, cumplir con la palabra dada, veracidad o respeto a quien opina diferente.
Más bien les enseñará a temer (y, por tanto, a detestar) al adversario político, fomentará la envidia y la codicia de los bienes ajenos (bajo la coartada de la “solidaridad”) y prometerá fantasías como vivir sin trabajar (o sea, del trabajo de otros) evitando asumir ninguna responsabilidad, que asumirá el Estado Leviatán, carcelero benevolente. En palabras de Gómez Dávila, “aun sin querer la tiranía, el pueblo quiere fines que la implican”.
Por lo tanto, el sistema de incentivos perverso de las elecciones en las democracias “del Bienestar” conlleva el paulatino debilitamiento moral del individuo y, como moral y libertad son conceptos indisolublemente ligados, la pérdida de moral conduce a la servidumbre.
El poder del miedo
Los yonquis del poder conocen bien un atajo para lograr que el hombre deje de pensar, se deje dominar por las pasiones y acepte la servidumbre. Se trata del miedo.
El miedo puede ser una táctica de control para dirigir nuestras pasiones (generalmente la ira) hacia terceros: se crea un miedo, real o ficticio; se señala un culpable, real o inventado; y “los salvadores” se postulan para protegernos y devolvernos nuestra seguridad a cambio de entregarles nuestra libertad. Miedo y libertad, por tanto, acaban siendo incompatibles.
Pero el miedo también puede ser utilizado para doblegar voluntades de forma más directa. No olviden que el poder trata siempre de someter la voluntad de los demás utilizando su capacidad de modificar su situación mediante la administración de premios y castigos.
Un modo eficaz de intimidar es mediante la presión de grupo. ¿Cómo funciona? Por un lado, confunde la opinión de la mayoría con la verdad, confusión facilitada por la ficción democrática. Es fácil que el hombre, animal gregario y social, crea que si toda la manada se dirige hacia un lugar, allí debe haber comida y agua (aunque sea un despeñadero). No es estrictamente necesario que la mayoría real piense de un modo; basta con que el individuo así lo crea, y esto lo logran los yonquis del poder a través del martilleo mediático.
Asimismo, esa misma naturaleza social hace que el ser humano considere peligroso ir contracorriente y arriesgarse a ser estigmatizado y condenado al ostracismo, pues la soledad le asusta y frecuentemente construye su opinión sobre sí mismo en función del aplauso ajeno.
No olviden que enfrentarse a la masa requiere mucho valor. Como nos recuerda Hannah Arendt en Los Orígenes del Totalitarismo, “han existido hombres capaces de resistir a los más poderosos monarcas y de negarse a someterse ante ellos, pero ha habido pocos que resistieran a la multitud, que permanecieran solos ante las masas manipuladas atreviéndose a decir no cuando se le exigía un sí”.
El último instrumento de manipulación que quiero comentar es el abuso del principio de autoridad. Antaño la autoridad podía ser política, militar o religiosa, pero dado el descrédito de la política, la preterición de lo militar y el declive en las creencias religiosas, los yonquis del poder han decidido convertir a la Ciencia (con mayúscula) en el nuevo dios y a los científicos en los nuevos sumos sacerdotes, siervos útiles del poder. Lo dice “la Ciencia”, así que no discutan: obedezcan.
Naturalmente, todo esto está inventado desde hace milenios y los estudiantes de siglos anteriores, más inteligentes que los de hoy (pues carecían de móviles), lo estudiaban en cualquier curso de lógica antes de cumplir los 16: es la falacia ad verecundiam, que defiende algo únicamente porque alguien considerado una autoridad lo ha afirmado, la falacia ad hominem, que en lugar de argumentar desacredita a la persona que defiende la postura contraria, y la falacia ad populum, que defiende que algo es verdad sólo porque así lo opina una mayoría o la “opinión pública”.
Finalmente, cuando la intimidación blanda falla, el poder aumentará la presión a través del silenciamiento del disidente mediante la censura o la persecución judicial, y llegados al extremo, utilizará su privilegio de la violencia física, por ejemplo, arrestando al individuo en cuestión, legal o ilegalmente.
Hemos recorrido así el camino por el que los yonquis del poder manipulan, engañan e intimidan al hombre para que no piense y le controlan a través del miedo.
Resulta irónico que esta destrucción de la razón se haya dado precisamente en nombre de la diosa Razón en sociedades que, habiendo abandonado la idea de Dios y el sentido de la trascendencia, se sentían por fin liberadas para alcanzar la iluminación a través de un cientificismo que prometía ser la cúspide de la civilización: el hombre, por fin, se había declarado dios, definidor del bien y del mal y dueño de la vida y la muerte.
“Os dieron a elegir entre el deshonor y la guerra; elegisteis el deshonor, y tendréis la guerra”, espetó un premonitorio Churchill tras el infame acuerdo de Chamberlain con Hitler. Utilizando una paráfrasis, podría decirse de las sociedades occidentales: “Os dieron a elegir falazmente entre fe y razón. Elegisteis perder la fe, y acabareis perdiendo la razón”. Como católico no puedo dejar de admirar la clarividencia de Juan Pablo II cuando defendía en Fides et Ratio que “fe y razón son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad”.
El declive de la razón se ha acelerado en la última década, como muestran la ideología de género o el ecologismo radical que adora a la Madre Tierra como en épocas primitivas, pero voy a centrarme en dos cuestiones: el relato oficial sobre el covid y su paralelismo con la religión climática, cuyo principal punto en común es el control a través del miedo. En ambos casos se nos ordena que no utilicemos la razón y confiemos ciegamente en la autoridad (“científica”, naturalmente). Desobedezcamos.
Terror y mentiras covid
El SAR-CoV-2 apareció a finales del 2019 en una ciudad china en la que un laboratorio (parcialmente financiado por instituciones norteamericanas) estaba investigando o más bien modificando genéticamente ese patógeno en concreto.
Imaginen que se produce un vertido de cacao en un pueblo donde hay una fábrica de chocolate. Como comprenderán ustedes, la probabilidad de que, de todos los lugares de la Tierra, de decenas de miles de ciudades de 195 países de cinco continentes, la epidemia del coronavirus surgiera precisamente en una ciudad donde existía un laboratorio que trabajaba con ese coronavirus sin que el origen sea ese laboratorio es ínfima. Podía haber surgido en cualquier lugar, pero lo hizo precisamente en Wuhan. Fíjense qué puntería.
Luego la razón sugiere claramente que el origen del coronavirus fue una filtración accidental de dicho laboratorio. Digo accidental porque obviamente si el gobierno chino hubiera querido desatar una epidemia no lo habrían hecho en China sino en EEUU.
A pesar de ello, los medios enseguida se hicieron eco de la versión oficial chino-norteamericana respecto al origen supuestamente zoonótico de un pangolín que aún sigue en busca y captura. La irracional e improbable explicación de un salto accidental de animal a humano prevaleció sobre la racional y probable explicación de una negligencia en un laboratorio utilizando la falacia ad verecundiam (algo es verdad porque una autoridad lo dice), y a los que osaban discutir la versión oficial se les tildó de paranoicos de teorías de la conspiración (falacia ad hominem, criticando a la persona y no el argumento).
Tras esta cortina de humo, vino el control a través del miedo: el contubernio político-mediático-farmacéutico puso en marcha una campaña de terror sin precedentes para que la población aceptara alucinantes restricciones a su libertad y se inyectara unas “vacunas” y terapias genéticas en gran medida experimentales.
Este pánico artificialmente creado permitió escenarios propios de dictaduras, como abusos policiales, toques de queda y confinamientos, mientras aparecía la figura del colaboracionista, típica de regímenes totalitarios, que denunciaba a sus vecinos.
La clave de la campaña de terror fue la ocultación de un dato esencial: desde mediados del 2020 se sabía que el covid sólo era una enfermedad peligrosa para una minoría de la población de riesgo, definida por edad y cuatro patologías concomitantes: obesidad, diabetes, hipertensión y cardiopatías. Para el resto el covid era una enfermedad estadísticamente leve, como pusieron de manifiesto numerosos estudios epidemiológicos realizados en muchos países[3], España incluida[4].
Medidas absurdas, despóticas y arbitrarias
Las medidas liberticidas e irracionales se sucedieron una tras otra. Los ilegales confinamientos fueron un completo desastre que arruinaron mental[5] y económicamente a decenas de miles de personas sin beneficio epidemiológico alguno, llegando a la barbarie de condenar a nuestros mayores a morir solos.
Tras negar la utilidad de las mascarillas nos las impusieron caprichosamente hasta en el campo y en la playa, algo tan ridículo que da vergüenza recordarlo. En interiores la obligatoriedad de las mascarillas también constituyó un rotundo fracaso (salvo para los comisionistas), pues no impidió que se sucedieran ola tras ola de contagios[6]. Lo que sí logró la maldita mascarilla fue crear una permanente sensación de peligro que convertía al otro en una potencial amenaza para la salud, contribuyendo a la hipocondría, a la discordia y al aislamiento.
El disparate llegó a obligar a familias que vivían juntas y viajaban en un mismo coche a sentarse separadas en un restaurante, ¿lo recuerdan?
Otro ejemplo de irracionalidad fue la negación de la inmunización natural de mano de quienes sin embargo glorificaban unas terapias genéticas experimentales incluso antes de ser desarrolladas, un acto de fe muy poco científico y una contradicción flagrante, pues casi siempre pasar una enfermedad infecciosa genera una respuesta inmunológica natural más potente y duradera que vacunarse contra ella[7].
Quizá la mayor irracionalidad fue la imposición del pasaporte covid[8]. Las vacunas y terapias genéticas covid nunca previnieron el contagio ni la transmisión de la enfermedad, pero el contubernio político-mediático-farmacéutico, con el único fin de promover torticeramente la vacunación y a sabiendas de la falsedad del argumento, hizo creer que los vacunados estaban protegidos y desató una caza de brujas contra los no vacunados, acusándoles falsamente de propiciar la continuación de la epidemia. Así se completaba la tríada necesaria: un miedo, un culpable, un salvador.
Aunque los vacunados continuaron contagiándose a mansalva y muriendo por covid[9], se siguió proponiendo nuevas dosis de unas inyecciones que no sólo no funcionaban[10], sino que causaban un nivel de efectos adversos sin precedentes[11].
Por último, a quienes denunciaban estas contradicciones basándose en datos se les tildaba de “negacionistas” (crítica ad hominem)y se censuraban sus escritos. Mientras, los colegios médicos amenazaban a los pocos facultativos valientes que osaban alzar su voz en defensa de la evidencia científica. “Limítense a obedecer”, era la consigna. Todo muy científico.
Terror y mentiras climáticas
El experimento totalitario del covid tiene muchos paralelismos con la manipulación climática. Es incluso probable que sus autores intelectuales sean los mismos (malos, pero poco creativos), pues no por casualidad el término denigratorio “negacionista”, elegido para etiquetar a quien no aceptaba comulgar con las ruedas de molino del covid, es el mismo término utilizado para criticar a quienes ponen en duda la teoría del calentamiento global antrópico.
Al igual que con el covid, el fanatismo climático ha construido un Himalaya de falsedades partiendo de algunas premisas reales, como el aumento de CO2 en la atmósfera y el ligero calentamiento global de 0,14°C por década desde 1979[12]. Los datos, sin embargo, desmontan sus eslóganes fetiche, de modo que la letanía catastrofista se ha convertido ya en una cansina reiteración de necedades.
¿Sabían que la población de osos polares está aumentando[13], el coral en la Gran Barrera australiana está en máximos de los últimos 35 años[14] y la superficie de bosques del planeta crece[15]?
El hielo del Ártico, sujeto a enormes variaciones estacionales e influido por fenómenos poco comprendidos como las corrientes oceánicas, está revirtiendo su anterior tendencia y lleva varios años creciendo: 2021 marcó el segundo año con más hielo desde 2003[16]. Además, como flota y ocupa ya un volumen, su derretimiento no supondría un aumento del nivel del mar. Echen hielo a un vaso de agua, esperen a que se derrita y compruébenlo.
Dado que la Antártida contiene 1.250 veces más hielo que el Ártico, el hielo que debería preocuparnos es el antártico, pero la Antártida se ha enfriado ligeramente desde 1979, lo que quizá explique que esté estable o ganando hielo[17]. De hecho, en 2021 vivió los seis meses más fríos jamás registrados[18].
La tranquilizadora realidad es que el nivel de los océanos ha aumentado unos 120 metros desde la última glaciación y en el último siglo ha aumentado entre 1 y 3mm anuales[19], un ritmo despreciable y normal en una época interglaciar.
Asimismo, los huracanes están disminuyendo en número e intensidad al menos desde 1990[20], la superficie total quemada por incendios forestales a nivel global ha descendido un 25% en las últimas dos décadas[21] y “sigue sin haber evidencia a nivel global respecto al signo de la tendencia, magnitud y frecuencia de las inundaciones y de las sequías desde mediados del s. XX” (IPCC, AR5, WG I, capítulo 2.6, p. 214-217).
Con estos datos en la mano, cuando las generaciones venideras estudien las histerias colectivas del s. XXI se preguntarán cómo las sedicentes “élites” occidentales decidieron empobrecer a su población en nombre de una excéntrica teoría sustituyendo fuentes de energía baratas, eficientes y fiables por otras que son caras, ineficientes e intermitentes (alias “renovables”), que sólo funcionan en determinadas latitudes, cuando luce el sol o cuando sopla el viento. Alucinante.
Covid y cambio climático: la anti-ciencia
El contubernio político-mediático primero nos dice de qué debemos asustarnos. Luego busca un culpable: los no vacunados, los “irresponsables” jóvenes o los combustibles fósiles. Seguidamente, nos intimida mediante la presión de grupo y figuras de autoridad (los famosos “expertos”).
Se niega el debate, se censura cualquier información que no coincida con la mentira oficial y quienes osan mostrarse escépticos son tachados de “negacionistas”. Evidentemente, esto no es ciencia sino la antítesis de la ciencia, un dogma de obligada creencia que no está permitido discutir ni puede ser sometido al escrutinio de los datos.
Como es bien sabido, el método científico (o la inferencia de teorías a partir de hechos observados) tiene una parte inductiva, en la que de un número limitado de observaciones se intentan extraer leyes, reglas o principios generales que permiten hacer predicciones, y una parte deductiva en la que se aplica la teoría general y se observa si los datos reales validan la hipótesis.
Tanto con el covid como con el cambio climático el proceso de deducción ha fallado, por lo que si el proceso fuera científico dichas hipótesis habrían sido desechadas.
En el caso del covid, las intervenciones no farmacéuticas (confinamientos, mascarillas, etc.) no han funcionado: Suecia, que no hizo nada, ha tenido un exceso de mortalidad muy inferior a la mayoría de países que sí tomaron dichas medidas, España incluida[22], y en EEUU, estados que no tomaron medida coercitiva alguna (como Dakota del Sur) han tenido similar o menor mortalidad que otros estados que sí las adoptaron[23].
Por otro lado, las “vacunas” y terapias genéticas no sólo han resultado ineficaces para acabar con la epidemia, sino que han causado efectos secundarios adversos sin precedentes (no hay más que ver el “inexplicable” exceso de mortalidad[24]).
En el caso del cambio climático, los modelos de circulación general en cuyas proyecciones se basan las predicciones catastrofistas llevan 30 años fracasando en sus previsiones de un apocalipsis que nunca llega. Si se tratara de ciencia, un historial predictivo tan lamentable hace tiempo habría desautorizado la hipótesis de origen.
En realidad, el hombre aún ignora en gran medida el porqué de las variaciones climáticas, de modo que “los modelos matemáticos simplifican una realidad tremendamente compleja, caótica, en aras a realizar proyecciones – a treinta, cincuenta, setenta años – que carecen de robustez[25]”.
Una realidad orwelliana
En su novela 1984, George Orwell describe una distopía totalitaria en la que un Estado todopoderoso y opresivo tiraniza a la población mediante una vigilancia masiva y una represión implacable.
Parte importante del sistema es el control del pensamiento mediante la perversión del lenguaje, de modo que el significado real de las palabras sea el opuesto al que le corresponde. Así, el Ministerio del Amor se ocupa de administrar los castigos y la tortura , el Ministerio de la Paz se encarga de lograr un estado de guerra perpetua (¿epidemia perpetua?), el Ministerio de la Abundancia está encargado de conseguir que la gente viva siempre al borde de la subsistencia mediante un duro racionamiento (¿de la electricidad?) y el Ministerio de la Verdad se dedica a engañar constantemente (¿a través de los medios?).
¿Estamos viviendo el comienzo de esta pesadilla distópica? A la superstición la llaman ciencia; a la censura, libertad; a la envidia y la codicia de los bienes ajenos, solidaridad; a la histeria, sensatez; a un totalitarismo creciente, democracia; a los que ofrecen datos, “negacionistas”, y a los que los niegan, “científicos”; a los que aplican razonamientos lógicos, “paranoicos de la conspiración”, pero los que repiten la consigna como papagayos, ciudadanos ejemplares.
Tanto la Cultura del Miedo como el declive de la razón, que difumina los contornos que separan la verdad de la mentira, son incompatibles con la libertad. Como nos advierte Hannah Arendt, filósofa judía alemana superviviente del nazismo, “el objeto ideal de la dominación totalitaria no eran el nazi o el comunista convencidos, sino las personas para quienes ya no existía la distinción entre el hecho y la ficción, entre lo verdadero y lo falso”.
Querido lector: yo quiero interpelarle directamente. Cuando llegue el nuevo totalitarismo encontrará dos grupos de personas. El primero, mayoritario, estará compuesto por personas aborregadas, supersticiosas, esclavizadas por el miedo y las adicciones y corrompidas por las promesas de los demagogos. Éstas recibirán a los nuevos tiranos entre vítores, pues los considerarán sus salvadores.
El segundo grupo, minoritario, estará formado por los centinelas de la verdad y de la libertad, personas sobrias, libres, valientes y pensantes que le plantarán cara. Constituirán la última línea de defensa, y yo le pregunto: ¿a qué grupo se unirá usted?
El objetivo de Google no es ayudar a encontrar información, sino a controlarla y crear un nuevo “Index”, una lista negra de fuentes independientes y alternativas
Con 12 millones de dólares Google financiará una red mundial de inquisidores a través del Instituto Poynter Media. Los nuevos Torquemada están encuadrados en 135 chiringuuitos que operan en 65 países y en más de 80 idiomas.
Es un mordisco de los 13,5 millones de dólares concedido por los grandes monopolios tecnológicos a la IFCN (International Fact-Checking Network), una división del Instituto Poynter que, sin embargo, asegura que no tiene ánimo de lucro.
En España forman parte de la IFCN los censores de Newtral y Maldita.
El dinero se utilizará para ampliar las actuales operaciones de la IFCN, así como para estrechar el control del flujo informativo sobre lo que consideran como “desinformación”, que es todo aquello que desmiente las versiones oficiales de los gobiernos y las grandes empresas.
La IFCN fue creada en 2015 por el Instituto Poynter para reunir los inquisidores de todo el mundo en una red unificada. En la actualidad colabora con más de 100 tinglados de todo el mundo que adiestran a los nuevos Torquemada y demás aficionados a quemar libros.
A pesar de que no tiene ánimo de lucro, los ingresos de Poynter han aumentado un 150 por cien desde 2017. Este año sus ingresos superaron los 15 millones de dólares. Entre sus principales financiadores se encuentran Facebook, TikTok y Google.
La privatización de la censura
El objetivo de Google no es ayudar a encontrar información, sino a controlarla y crear un nuevo “Index”, una lista negra de fuentes independientes y alternativas, como mpr21.info, enterrándolas entre los resultados de su buscador.
La distinción entre lo que constituye “información” y lo que constituye “desinformación” es arbitraria y depende de si se alinea con la versión oficial que suministran quienes detentan el gobierno, la industria, la universidad, las instituciones o los colegios profesionales.
En Estados Unidos, en un reciente pleito, Facebook ha reconocido que la llamada “verificación de hechos” que encubre la censura, son opiniones y, como tales, están protegidas por la libertad de expresión. No son declaraciones objetivas, por lo que unas opiniones, las dominantes, sirven para censurar otras, las independientes.
La transferencia de la censura de los organismos públicos a los privados es característico de los nuevos tiempos. Permite que el Estado, los fiscales, los jueces, los policía y demás aparatos de represión queden al margen y se mantenga la imagen de la defensa de los derechos fundamentales. Son las empresas tecnológicas las censuran, no el Estado, que no puede inmiscuirse en una cuestión que parece “comercial” más que política.
Sin embargo, en Twitter se ha demostrado que no es así, que las nuevas empresas tecnológicas actúan por encargo o en connivencia con los gobiernos y que la Unión Europea ha exigido a Twitter que imponga un censura más estricta a las opiniones.
Así se refuerzan los aparatos represivos del Estado, mientras que su responsabilidad pública desaparece. El cierre gubernamental de un periódico se puede recurrir ante el juez; el cierre de una cuenta de Facebook no.
Las redes sociales aumentan la capacidad del Estado para vigilar, controlar, censurar y despersonalizar a los “bichos raros” que suministran informaciones fuera de los circuitos oficiales de las grandes cadenas.
El siguiente paso ya está en marcha. Se trata de controlar la información por medio de inteligencia artificial, que es más barato que tener a un Torquemada visitando las páginas de los “bichos raros” a tiempo completo.
«Mientras permanezcan en sus Barrracones, Imaginarias y Centinelas permitirán, a la Vil Canalla de mis Soldados y demás Tropa acuartelada, las jocosas actividades recreativas que, no en demasía, y dentro de un orden, hagan Burla, Befa, y Escarnio a costa de las Bienpensantes Clases Dirigentes.»
(Extraido, de modo probablente apócrifo, de las Ordenanzas de Carlos III)
EL MUNDO, 8 de Diciembre 2022. El Ejército investiga el sorteo de una prostituta entre militares del Cuartel del Bruc de Barcelona.
NO SEMOS KARNE, POR DIÓ
Esta muy libre cita de las Ordenzas de Carlos III, viene a cuento por el ESCÁNDALO, que una Marcial e Imaginativa Rifa, PRESUNTAMENTE celebrada en el Cuartel del Bruc, Barcelona, ha causado en la Portentosa y Podemizada Zurdería; el cuartel, con permiso de la Colau, Alcatriz de Manteros y oKupas, está situado en el Barrio de Pedralbes de esa Capital, y aloja al Regimiento 63 de Infantería…
Pablo Iglesias no era muy partidario del gradualismo en aquel otoño de 2014 e invitó a los suyos a una reflexión sobre el poder: el cielo no se tomaba por consenso, sino por asalto. Aún faltaban más de cinco años para que él arañase el cielo que soñaba en la vicepresidencia segunda del Gobierno.
Podemos nunca ha tenido miramientos con eso que la izquierda siempre ha calificado despectivamente como ‘libertades formales’ y su líder nunca se ha tenido por la parte más débil de la coalición. Su arrogancia siempre nos hizo temer (y desear) que alguna vez topara con el límite de aguante del presidente del Gobierno. Recuerden cuando le restregó a Sánchez que su partido tenía el pasado manchado de cal viva. Aquí se acabó, pensamos todos los que aún no habíamos llegado a comprender la extraordinaria elasticidad de las tragaderas de Pedro Sánchez. No es solo que su…
Hacia fines del siglo XIX, para contrarrestar las diferencias que se producían en la explosión de la revolución industrial, y en vez de corregir los defectos que sufría la sociedad por los drásticos cambios en los sistemas de producción, muchas sociedades comenzaron a incursionar en distintas pruebas con los postulados socialistas y comunistas que podríamos decir habían comenzado a ser parte de las nuevas ideologías sociales con la Revolución Francesa.
Las distintas líneas políticas que aparecen desde principios del turbulento siglo XX tienen todas orígenes similares. Podemos decir que los primeros pasos coinciden con la revolución rusa de 1917. Ahí es donde Lenín, con su marcado odio y ataque a los ricos dueños de las tierras habla que el socialismo es el paso al comunismo, el cual es la pureza ideológica.
Benito Mussolini coincide plenamente con el ideario socialista y opina igual que Lenín que el trabajador no era por naturaleza revolucionario y había que empujarlo por la elite intelectual. La diferencia de Mussolini es que ve que el nacionalismo era una idea más aglutinante que la revolución de los trabajadores.
Después de un gran fracaso electoral donde solo obtiene 5000 votos en Milán, su propia sección, con muchos disturbios especialmente por el norte de Italia, il Duce lanza dos amenazas con fuertes discursos en Udine y Nápoles exigiendo se le entregue el poder. Increíblemente el 29 de octubre de 1922 marcha sobre Roma y le usurpa el poder al Primer Ministro Luigi Facta.
Poco tiempo después Adolf Hitler emergió con su nuevo sistema socialista al que llama nacional socialismo. También usó políticas de identidad nacionalistas para reunir y unificar a sus seguidores.
De la misma manera que Lenín apuntaba contra los ricos dueños de las tierras y Mao Zedong contra los propietarios, Hitler lo hizo contra los judíos expresando así su odio hacia los propietarios y al capitalismo.
En definitiva, el socialismo, el fascismo y el nacional socialismo son muy similares. Tienen el mismo origen, los mismos objetivos, aunque con distintas motivaciones y quizás algunas diferencias en el aspecto organizativo.
Como bien dice Joshua Philipp: “El actual relato de que el socialismo está de algún modo separado del nazismo y del fascismo, y aún más, creer que estos conceptos están divorciados de sus orígenes comunistas, se debe al revisionismo histórico y a mucha acrobacia mental.”
Por eso insisto con un concepto que vengo expresando hace tiempo y es que las ideologías políticas no las podemos representar en un segmento donde en los extremos estén a la izquierda el comunismo y a la derecha el nazismo y en el medio todas las demás que se aplican en el mundo, sino que la representación más real sería una circunferencia donde se puedan ubicar todas las ideologías y las dos mencionadas estarán bastante cerca una de la otra.
No pensar de esa manera, es decir que el socialismo es pariente cercano de las ideologías como el fascismo y el nazismo, tan denostadas y criticadas casi unánimemente por toda la sociedad es como dicen los psicólogos una transferencia de culpa.
El socialismo / comunismo, además de haberse cobrado la vida de más de 100 millones de personas en el último siglo, el sistema fracasó por destruir la moral y la creencia humana.
Para el socialismo la propiedad de los medios de producción debe ser social y no privada, la libertad es limitada en vez de plena, el trabajo es un deber y no un derecho, la distribución de riqueza debe ser igualitaria y no de acuerdo al mérito de cada uno, y el marco institucional es centralizado al contrario del sistema capitalista.
Históricamente, luego del desorden de la I Guerra Mundial y como dijimos sucede el advenimiento de gobiernos comunistas como fascistas y nazis, luego se produce la II Guerra Mundial donde después del sangriento conflicto desaparecen esas dictaduras, que si bien hubo posteriormente gobiernos dictatoriales llamados de derecha, no tuvieron la entidad de aquellos derrotados entonces. De hecho nosotros vivimos de cerca dictaduras llamadas de derecha que nos castigaron en todo Latinoamérica.
Luego de la II guerra comenzaron los tiempos de la llamada guerra fría, en la que el mundo estaba dividido en dos, aquellos países que apoyaban al capitalismo liderados por Estados Unidos, y los que estaban dentro de la órbita del comunismo o socialismo liderados y dirigidos por la Unión Soviética y en menor medida por China.
El mundo vivió un proceso de más de cuarenta años donde esa división estuvo más o menos marcada, con momento tranquilos y momentos de mucha tensión.
Pero en 1989 el socialismo cayó estrepitosamente derrotado por su propia ineficacia. La misma sociedad de los países comunistas y socialistas se rebeló y buscó su propia libertad, y los fuertes gobiernos totalitarios de antes nada pudieron hacer para frenar el deseo natural del hombre.
Como símbolo de ese momento se toma la caída del muro de Berlín en noviembre de ese año. Con la caída del muro se rompieron las barreras que separaban al mundo y ese pueblo oprimido durante tanto tiempo por el socialismo quiso buscar su libertad y posibilidad de progreso en el capitalismo.
Se había extirpado el cáncer. El socialismo había producido tanto mal en el mundo que era irrisorio pensar que podía volver de alguna manera.
Pero también como muchas veces produce esa terrible enfermedad hizo metástasis en varios lugares del planeta para traer más violencia y pobreza.
Con lo que respecta a nuestra zona geográfica, poco tiempo después de la caída del muro, algunos sobrevivientes liderados por Fidel Castro desde Cuba y en complicidad con varios mandatarios americanos como Lula da Silva, Hugo Chávez, Rafael Correa, Evo Morales y el matrimonio Kirchner organizados bajo el título de Foro de Sâo Paulo arman la gran estrategia global para retomar para el socialismo todo el sub continente.
Con metas muy marcadas, con grandes financiaciones provenientes del narcotráfico y aprovechando el caldo de cultivo que aparecía en la pobreza de ciertos países se dedicaron a imponer nuevamente el socialismo mediante fuertes campañas políticas, con violentos actos anárquicos con mucha destrucción, con planes de convencimiento mediante ataques al orden establecido, a la propiedad privada, a la cultura y a la familia.
Lamentablemente cuentan con la complicidad, supongamos inocente, de distintas líneas políticas que actúan con tibieza buscando consenso donde no lo hay, o bien las entidades religiosas, incluyendo a la iglesia católica que quizás menosprecien el riesgo que se corre.
La destrucción que están produciendo es enorme y será muy difícil salir de esta situación.
En Latinoamérica ya casi no hay medias tintas. Está bien marcado cuáles son los gobiernos o líderes que van en un sentido u otro y las batallas libradas y a librar son muy fuertes. En cambio, en Europa, como en otras épocas sufrieron el socialismo de forma más drástica, no se ve tanta injerencia de esta ideología, aunque hay que prevenir que existen partidos políticos y algunos gobiernos que constantemente vuelven a lo mismo.
Es raro que los pueblos no sepan ver y comparar cómo se desarrollan otros en el mundo. Hoy todas las noticias nos llegan al instante, y si bien hay mucho manejo de la información y siempre hay comentarios tendenciosos que ensucian la pureza de la misma, los hechos se saben, se conocen. Entonces es muy fácil copiar lo bueno y descartar lo malo.
Una de las cosas que está a la vista, por más que lo quieran esconder, es que el socialismo fracasó en cualquier lugar donde se lo haya aplicado y con la intensidad o modo que lo hayan hecho.
El socialismo es un cáncer, se extirpó en 1989 simbólicamente con la caída del muro de Berlín, pero volvió con muchas y peligrosas metástasis.
La única cura para esa terrible enfermedad es la libertad y el sistema económico del capitalismo.