La enorme Comunidad de Inteligencia (CI) de hoy está compuesta por al menos 18 “agencias de tres letras” cuyo lema parece ser “Las palabras desconsideradas hieren los sentimientos (musulmanes)”.
Durante la administración Obama, la CIA y el FBI eliminaron términos como “yihad” y referencias al Islam de los documentos de entrenamiento de la IC de la era Bush, y su DHS adoptó una nueva nomenclatura, abandonando la “Guerra Global contra el Terror” en favor de “Operaciones de Contingencia en el Exterior” y declarando que en adelante el terrorismo islámico sería llamado “Desastre Causado por el Hombre”.
Muchos de los designados por Biden para el Comité Interino provienen de la administración Obama (Antony Blinken, Jake Sullivan, Alejandro Mayorkas, William J. Burns, Avril Haines, Susan Rice y otros), por lo que sus prioridades políticas son naturalmente similares, pero están cargadas de “progresismo” y “conciencia”.
La edición de invierno de 2023/2024 de The Dive , una revista trimestral de IC publicada por la “Oficina de Diversidad, Equidad, Inclusión y Accesibilidad (IC DEIA) de la ODNI (Oficina del Director de Inteligencia Nacional)”, nos muestra cuánto ha cambiado la IC desde el 11 de septiembre.
La introducción de The Dive la hace una editora en jefe anónima que anuncia que, como analista novel hace años, “le resultaba chocante lo común que era que la gente hablara y escribiera sobre países extranjeros de una manera despectiva”. La editora, susceptible, declara que el lenguaje que escuchaba al principio de su carrera era a menudo tan “hiriente” que la hacía “sentir incómoda”, pero anuncia orgullosa: “Muchas cosas han mejorado desde entonces”.
Separar el terrorismo del Islam
El primer artículo de The Dive sugiere una forma en que los funcionarios de la IC deberían cambiar su léxico antiterrorista con el objetivo de “desenredar el Islam de las palabras y frases que se utilizan para hablar del terrorismo y la violencia extremista”. Preocupado por el hecho de que “algunos cursos de formación y presentaciones oficiales confunden las creencias islámicas con el terrorismo”, el autor insta a los miembros de la IC a evitar “determinadas frases para identificar amenazas terroristas internacionales que son dañinas para los musulmanes estadounidenses”.
Entre esas palabras hirientes, las más importantes son “yihadista” y cualquier mención de la palabra “islam”. A los terroristas estadounidenses se los debería llamar “extremistas violentos locales” (HVEs), continúa el autor, pero hay que tener cuidado de asegurar que “no se haga referencia a los términos problemáticos” si resulta que los sospechosos son musulmanes.
Los terroristas musulmanes extranjeros pueden ser etiquetados como “extremistas del terrorismo internacional”, pero los miembros del CI deben asegurarse de “declarar explícitamente que manipulan y distorsionan el Islam para justificar erróneamente la violencia”.
El artículo luego presenta su sustituto preferido para “terrorismo”: “una palabra que muchos eruditos islámicos, líderes públicos y académicos usan para identificar con precisión a los extremistas: Khawarij ”.
Como señala Aymenn Jawad al-Tamimi , la palabra khawarij “no es inmediatamente comprensible para un público más amplio o para aquellos que no tienen conocimiento del uso histórico y actual del término en el discurso árabe e islámico”.
El artículo de Dive explica que la palabra “significa ‘forasteros’ y hace referencia a un grupo de individuos de la historia islámica que se rebelaron contra Ali ibn Abi Talib”. Si el objetivo de la ODNI es separar el terrorismo del Islam, elegir la palabra árabe khawarij y remontarse a los orígenes del Islam es inexplicablemente obtuso.
Sin embargo, la ODNI afirma que no tomó sus decisiones a la ligera, sino que “hizo grandes esfuerzos para entablar un diálogo con la comunidad musulmana, los académicos y un reconocido erudito islámico, el jeque Hamza Yusuf del Zaytuna College”. Además de todo eso, la ODNI recientemente “se enteró de que nuestros homólogos franceses han estado utilizando el término Khawarij en su nomenclatura”.
Bueno, si lo hacen los franceses…
Prohibir a los analistas antiterroristas utilizar las palabras “yihad” o “islam” hará que les resulte muy difícil describir o incluso identificar a las organizaciones terroristas más peligrosas, la mayoría de las cuales casualmente tienen “islam” y/o “yihad” en sus nombres. Por ejemplo:
Se supone que “Alá” es otra palabra que no debe pronunciarse, lo que hace que los miembros del CI no puedan mencionar el nombre de Hezbolá ni llamar a los hutíes por el nombre que ellos mismos se dan: Ansar Allah .
Esta semana un joven de 17 años supuestamente entró en una clase de baile para niños en Southport, al noroeste de Inglaterra y comenzó a apuñalar a niñas pequeñas, hiriendo a 10 y matando a 3. Inicialmente se informó que el niño era un inmigrante musulmán.
Sin embargo, esta historia se revirtió en cuestión de horas, y la nueva versión reflejó que en realidad había nacido en Cardiff, hijo de inmigrantes ruandeses. Su nombre era “Axel Muganwa Rudakubana” a última hora del viernes.
Otro joven fue detenido más tarde, supuestamente, portando un machete y un pasamontañas durante una vigilia por las víctimas. Se dice que también era musulmán. Esto, supuestamente, dio lugar a las protestas y disturbios, la destrucción de un muro de ladrillos fuera de una mezquita y la quema de un furgón policial. Posteriormente surgieron otros supuestos disturbios en Londres y Hartlepool .
Ésta es la versión actual. Ninguno de los detalles ha sido confirmado todavía, así que todo es por ahora un acto de fe, porque además estos hechos estuvieron precedidos de varios episodios de violencia policial contra inmigrantes en varios puntos de Inglaterra.
En el caso español, se está abriendo paulatinamente una ventana para encontrar paralelismos que permitan enrarecer el ambiente. Ayer conocíamos que cinco trabajadores del Centro de Atención a Menores (CAM) de Ateca, en Zaragoza, habían sido detenidos acusados de delitos contra la integridad moral, lesiones, torturas, agresión sexual, corrupción de menores y pertenencia a grupo criminal. Se trata de un caso de abusos sexuales a adolescentes tutelados por el Gobierno de Aragón en el que cuatro de los cinco detenidos eran extranjeros, y de lo que poco más se conoce.
Diferentes medios de comunicación y dirigentes políticos han estado reflejando un panorama desolador en el que la inmigración, y fundamentalmente la inmigración africana, ha disparado la inseguridad en España, a pesar de ser el país de la Unión Europea con la tasa más baja de delitos. Pero el sueño húmedo de los movimientos fascistas en España es obtener una respuesta parecida a la de Reino Unido, algo que para nada es descabellado, puede ocurrir y tiene antecedentes (El Ejido, febrero de 2000 o caso Lucrecia Pérez, noviembre de 1992).
Cualquiera que sea la verdad de lo ocurrido en el centro de menores de Ateca, y cualesquiera que sean los objetivos a largo plazo que puedan perseguir, esta “estrategia de tensión” tiene una agenda política inmediata que ya se está volviendo clara, y es tan predecible como siempre.
Atacar la libertad de expresión es la agenda eterna y omnipresente que precede a todo lo demás y ha sido una verdadera acumulación en los últimos días. El diario ABC titulaba sin tapujos: Un bulo en redes sociales sobre el origen del autor del ataque en Southport deja más de 50 policías heridos.
En Reino Unido la BBC preguntaba: “¿Las redes sociales avivaron las llamas de los disturbios en Southport?” y el Telegraph responde afirmativamente. En España, el consenso de medios es similar: la veracidad de la información está sujeta al autor de la publicación, lo cuál es un retorno a lo que el franquismo llamaba la «verdad oficial», y en consecuencia, se deben aplicar restricciones a todas aquellas fuentes «no oficiales» o «no verificadas».
Lo cierto es que se viene gestando una gran ola de censura en el que los grupos fascistas, como el Frente Obrero, son los tontos útiles de la legislación que se viene. Es necesario crear un clímax reaccionario para que, en este caso, de la mano de un gobierno «progresista», la censura se vea como algo normal o positivo (igual que lo fue el confinamiento de 2020).
Es por eso que casi todo en el ciclo de noticias –desde las enfermedades hasta el cambio climático– supuestamente puede “solucionarse” con censura.
Porque una vez eliminada la libertad de expresión, todo lo que viene después se vuelve mucho más fácil, incluida la segunda parte de la agenda que se impulsa ahora: la vigilancia masiva y la tecnología de reconocimiento facial.
En lo que respecta a este objetivo secundario, los medios de comunicación aún no han llegado a la fase de “llamado a la acción”. Siguen estancados en la difusión del miedo, con advertencias generalizadas sobre «peligros para la democracia» como Alvise Pérez o la delincuencia común -nunca se verá como un peligro para la democracia que millones de familias no puedan pagar su vivienda-.
Lo cual, a su vez, tiene el útil efecto secundario de hacer que el tal Alvise parezca una auténtica fuerza de oposición. Y en el lado opuesto se podrá ver el aplauso a las medidas represivas, por supuesto, al creer que el Estado es nuestro único escudo contra los malvados y malhechores de la extrema derecha.
🇬🇧 MODERN TIMES/«Individual who thinks he is «anti-fascist» because he calls everyone who does not think like him a fascist»
Las tres premonitorias y certeras distopías del s. XX
En la historia de la literatura de la primera mitad del s. XX, se recogen tres novelas distópicas en las que se describe la nefasta deriva de la sociedad occidental, que ha conducido al mundo que conocemos hoy. Cronológicamente, se trata de “Un mundo feliz” (1932), de Aldous Huxley; de “1984” (1949), de George Orwell; y de “Fahrenheit 451”, de Ray Bradbury.
En “Un mundo feliz”, Huxley presenta un mundo muy regulado, tecnológico y deshumanizado, dividido en castas y en el que los individuos son planificados y alterados genéticamente. En este mundo, los individuos son siempre felices, gracias al consumo desenfrenado, al divertimento constante y al “soma”, droga pata eliminar las frustraciones y las emociones negativas. Ahora bien, en este mundo, el amor, las relaciones, los sentimientos, la capacidad y la libertad de razonar —que nos hace sentirnos vivos y humanos— no tienen cabida. En esta sociedad, los individuos creen ser libres y, en realidad, son víctimas y esclavos del consumo, del entretenimiento y del placer (cf. hoy, mundo occidental).
En “1984”, Orwell describe una país totalitario y represivo, que mantiene a los ciudadanos en constante vigilancia (de pensamiento, deseos y relaciones personales y familiares), por medio de pantallas y micrófonos (cf. hoy: China, Corea del Norte, Rusia y cada vez más países); un país donde las relaciones humanas y el deseo sexual están prohibidos; un país donde el pensamiento crítico, la memoria/historia, la cultura y la libertad han desaparecido; un país donde el “Ministerio de la Verdad” se ocupa de reescribir la historia y de la propaganda, mediante la educación, los medios, el entretenimiento y el arte; un país donde reina el “doblepensar”, por medio de una “neolengua”, para pensar y verbalizar dos opiniones contradictorias y aceptar ambas y a la vez (cf. Pedro Sánchez, casta política, Ley de Memoria Histórica, etc.).
En “Fahrenheit 451”, Bradbury presenta un mundo donde los libros (símbolos y soporte de sabiduría y garantía de la memoria colectiva) están prohibidos y donde los bomberos son los encargados de localizarlos y de quemarlos para que el virus de la infección del pensamiento crítico no se propague. Se trata también de una sociedad deshumanizada y sin cultura, donde los individuos llevan una vida superficial y vacía, basada en el consumo, el entretenimiento y el placer desenfrenados. En esta sociedad, la gente siempre habla de lo mismo, nadie dice nada diferente ni original, que es lo que pasa en la actualidad. Por otro lado, hoy, en un mundo de conexiones virtuales, en el que las pantallas son omnipresentes, ya no haría falta quemar libros, ya que la gente no lee ni aprende ni, por lo tanto, sabe.
Ante estos siniestros relatos premonitorios, nadie se dio por aludido ni movió un dedo. Y, algunas décadas después, nos encontramos donde estamos: en una sociedad que ha materializado las distopias precitadas; en una sociedad desarmada y sin medios para criticar y oponerse, por citar sólo algunos casos, a la “Agenda 2030”, a “La Europa Verde”, a “la Ley de Restauración de la Naturaleza”, a “la Ciudad 20 Minutos”, a los movimientos “woke”, etc.; en una sociedad que camina hacia un mundo donde se aplicará ese eslogan del Foro de Davos y de la Agenda 2030, que reza así: “En 2030 no tendrás nada y serás feliz”, como recoge el título del relato de Aldous Huxley.
La distopía europea del s. XXI: “Soumission”
En 2015, Michel Houellebecq, escritor francés que no deja indiferente a nadie, publicó también un relato distópico, titulado “Soumission”, donde relata lo que puede suceder en Francia en un futuro próximo. En su relato, Houellebecq narra cómo, en unas próximas elecciones presidenciales y con unos partidos tradicionales abandonados por los ciudadanos, Mohammed Ben Abbes, carismático y moderado líder de los Hermanos Musulmanes, derrota, con el apoyo del PSF y la derecha, a la candidata del Frente Nacional, en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales.
Con Ben Abbes en el poder, se empiezan a producir una serie de cambios en la vida de los franceses: los judíos han emigrado a Israel, las mujeres han cambiado las faldas por blusas largas y pantalones, se permite la poligamia, se anulan las leyes de igualdad entre el hombre y la mujer, se islamiza La Sorbona, se aplica la “sharía”,… Además, Ben Abbes pretende ampliar la Unión Europea a los países árabes mediterráneos, para convertirla en una nuevo “Imperio Romano Islámico”, con Francia como eje central.
“Soumission”:¿distopia o crónica de una realidad anunciada, a corto o medio plazo?
En “Soumission”, Houellebecq plantea el espinoso tema de la islamización de la sociedad europea. Por eso, fue víctima de amenazas por pate de los fundamntalistas y tuvo que desaparecer durante una buena temporada, como Salman Rushdie por sus “Versos satánicos”, de la vida social.
Hasta ahora, esta distopía no se ha materializado pero, según muchos demógrafos, vamos camino de que se cumpla, si no se hace nada para impedirlo, tanto en Francia como en otros países y en la Unión Europea en su conjunto. En efecto, desde hace décadas, la UE es uno de los destinos privilegiados de una inmigración tanto regular como irregular. En 2021, de los 446,7 millones de habitantes de la UE, 23,8 millones procedían de países no pertenecientes a la UE (5,3% de la población total). Si se incluyen las personas nacidas fuera de la UE pero con ciudadanía europea, la cifra sube a 38 millones (8,5%). Tres cuartas partes de ello se han instalado en Alemania, Francia, España e Italia.
Entre los inmigrantes, la comunidad más numerosa y en crecimiento constante es la musulmana, gracias a la inmigración, a la tasa de natalidad y al índice de fecundidad (2,9 niños por mujer musulmana frente el 1,5 niños de las no musulmanas). Se estima que, en la U.E., viven unos 25 millones de musulmanes (5% de la población total) y hay unas 6.000 mezquitas. Según proyecciones para el 2050, el número de musulmanes europeos se triplicará (el 14%). Algunos consideran que la política migratoria de puertas abiertas de la U.E. ha sido como un caballo de Troya y no es presagio de nada bueno. El profesor Fernando León Jiménez ha empezado a utilizar el nombre de “Eurabia” para designar a una futura Europa en la que la cultura dominante será la islámica. La evolución demográfica está en el origen de una creciente desconfianza y hostilidad hacia los musulmanes, percibidos como una amenaza para las identidades nacionales, la seguridad interna y la cohesión social. Por eso, ha surgido una cierta islamofobia entre los europeos y una cierta radicalización entre los musulmanes europeos.
La distopía de Houellebecq tiene todos los visos de que se convierta en realidad a corto plazo, confirmando así lo expresado, hace décadas, por Boumedian en la ONU o por Gadafi: “Conquistaremos Europa con el vientre de nuestras mujeres”; o por unasmujeres musulmanas. en un mercadillo de Burgos: “Llegaremos a dominaros gracias anuestros vientres y a vuestra tolerancia” (buenismo ciego y bobalicón).
La guerra entre Israel y el grupo extremista Hamás sigue en el ojo de la humanidad, no solo por la cantidad de muertos y heridos que está dejando este conflicto, o por la destrucción de Palestina, la Franja de Gaza e Israel, si no tambien por la viralización de un contenido multimedia que levanta las alarmas de todas las naciones que no estén en concordancia con los terroristas islamistas.
En el material audiovisual se aprecia a Mahmoud al-Zahar, líder islamista y cofundador del grupo terrorista Hamás, en el cual anuncia que Israel es el primer objetivo miliar de sus agresiones. Este comandante da una amenaza a través de este video grabado en diciembre de 2022 a los gobiernos de Medio Oriente.
Mahmoud habla de que Alá (Dios) dominará todo el mundo, explicando que su objetivo será toda nación que impida esta consigna “divina”.
“Alá acercó los confines del mundo uno al otro por mi causa, y yo he visto sus extremos oriental y occidental. El dominio de mi nación alcanzaría esos confines que se han acercado a mi” rezaba el líder extremista en el material publicado.
Para estos radicales religiosos su lucha no es solo por territorio, el cual buscan tomar por la fuerza alegando que les pertenece por derecho, sino que los cristianos, también son una amenaza, que según su doctrina deben ser exterminados por la voluntad de su Dios.
A su vez Mahmoud exhortó a todos los gobiernos del mundo a alinearse con sus puntos de vistas ideológicos y religiosos, amenazando con su grupo de radicales Hamás, el cual es el más grande entre los varios grupos islamistas palestinos.
¿Qué es Hamás?
El grupo fue fundado en 1987 por el jeque Ahmed Yassin, un refugiado palestino que vivía en Gaza, durante la primera intifada o levantamiento, que estuvo marcada por protestas generalizadas contra la ocupación de Israel.
El objetivo principal de estos extremistas es la liberación de Gaza, la destrucción Israel el cual acusan de invasores y la sustitución de esta nación hebrea por un Estado islámico (COTESÍA)
El objetivo principal de estos extremistas es la liberación de Gaza, la destrucción Israel el cual acusan de invasores y la sustitución de esta nación hebrea por un Estado islámico. A esta consigna despiadada se suma ahora la intención de imponer su fe en todo el mundo a la fuerza, profesando que ese es el designio de su Dios (Alá).
El video que lleva casi un año grabado aparece dentro de este nuevo conflicto que se desenlaza bajo las mismas intenciones, sobrepasando ya los mil muertos en ambos lados de la contienda armada.
Para Israel la única forma de terminar con esta pesadilla bélica es exterminar a los radicales de Hamás, jurando que los reducirá a ruinas, aseveró su primer ministro Benjamín Netanyahu.
Para el día de hoy la ofensiva hebrea esta alcanzando los objetivos establecidos, tomando ya la frontera de Gaza y tratando de reducir las muertes hebreas como efecto colateral.
Esta nación, víctima de los terroristas, está siendo apoyada por muchos gobiernos, entre ellos la Unión Europea y Estados Unidos, este último brindándole un apoyo incondicional, en un aspecto diplomático y militar, a tal punto de poner a su disposición el portaaviones más grande del mundo llamado USS Gerald R. el cual se presume estará en las costas de Gaza para su uso en contra de Hamás.
El USS Gerald R. Ford (CVN-78) es un portaaviones de la Armada de los Estados Unidos
Después de cuatro días de intensa brutalidad de esta guerra, se cree que los radicales estarían dispuestos a negociar un “cese al fuego”, según información publicada por un medio de comunicación de la península de Catar (Al Jazeera), ya que los hebreos a pesar de sus múltiples muertes han logrado dar de baja a dos importantes altos cargos de la milicia palestina de Hamás, asumiéndose por los resultados que su promesa de reducirlos a cenizas parece estar cumpliéndose.
¡Mira que casualidad! Lo mismo digo, de hecho, desde siempre, es historia de bachillerato, eso si, tiene mérito porque lo ha detallado … ¡pues eso, AL DETALLE!
Y ES LA PURA VERDAD.
ENGLISH TRANSLATION, UNDER THE TWEET
🚨| ¿QUIÉN ESTABA PRIMERO ISRAEL O PALESTINA? | A CONTINUACIÓN UNA RESPUESTA CONTUNDENTE‼️
– Antes de Israel, había un mandato británico, no un estado palestino. -Antes del Mandato Británico, existía el Imperio Otomano, no un estado palestino. -Antes del Imperio Otomano, existía… pic.twitter.com/CCKSYQKkpX
— 🔰Guardianes Patrióticos (@Patrioticos_RD) May 24, 2024
Before Israel, there was a British Mandate, not a Palestinian state. -Before the British Mandate, there was the Ottoman Empire, not a Palestinian state. -Before the Ottoman Empire, there was the Islamic state of the Mamluks of Egypt, not a Palestinian state. -Before the Islamic Mamluk state of Egypt, there was the Ayyubid Arab-Kurdish Empire, not a Palestinian state. -Before the Ayyubid Empire, there was the Frankish and Christian Kingdom of Jerusalem, not a Palestinian state. -Before the Kingdom of Jerusalem, there was the Umayyad and Fatimid empires, not a Palestinian state. -Before the Umayyad and Fatimid empires, there was the Byzantine Empire, not a Palestinian state. -Before the Byzantine Empire, there was the Sassanids, not a Palestinian state. -Before the Sassanid Empire, there was the Byzantine Empire, not a Palestinian state. -Before the Byzantine Empire, there was the Roman Empire, not a Palestinian state. -Before the Roman Empire, there was the Hasmonean state, not a Palestinian state. -Before the Hasmonean state, there was the Seleucid, not a Palestinian state. -Before the Seleucid empire, there was the empire of Alexander the Great, not a Palestinian state. -Before the empire of Alexander the Great, there was the Persian empire, not a Palestinian state. -Before the Persian empire, there was the Babylonian empire, not a Palestinian state. -Before the Babylonian Empire, there were the Kingdoms of Israel and Judah, not a Palestinian state. -Before the Kingdoms of Israel and Judah, there was the Kingdom of Israel, not a Palestinian state. -Before the Kingdom of Israel, there was the theocracy of the twelve tribes of Israel, not a Palestinian state. -Before the theocracy of the twelve tribes of Israel, there was an agglomeration of independent Canaanite city-kingdoms, not a Palestinian state. On that piece of land there has been everything EXCEPT A PALESTINIAN STATE. Translated with DeepL.com (free version)
Monumental texto de la gran Laure Lugon Zugravu, publicado por el diario de Ginebra Le Temps
“Entonces hemos llegado a este punto. Mientras que deberíamos indignarnos por los 10.000 muertos palestinos, y sostener a los civiles de Gaza, lo que hemos logrado es despertar nuestros peores demonios. El antisemitismo ha vuelto con fuerza.
Nunca hubiera creído posible ver en mi tiempo de vida buzones recubiertos con pintadas de la estrella de David en Ginebra, afiches reclamando la liberación de los rehenes arrancados, en las manifestaciones slogans que invitan a borrar Israel del mapa: “Desde el río hasta el mar, Palestina será libre”. Esta es una fórmula recuperada por Hamás para significar la eliminación total del enemigo judío.
Nunca hubiera creído posible ver en mi tiempo de vida imágenes de desfiles, como en Essen, Alemania, en los que islamistas radicales berrean “Allah Akbar” mientras reclaman la instauración del califato. Nunca hubiera creído posible que profesores de instituto en Francia no se atrevan a enseñar la Shoah. O que la semana pasada en Steffisburg, cantón de Berna, un evento cultural alrededor de la Shoah haya debido ser cancelado por razones de seguridad…mientras que cada semana miles de personas desfilan a favor de los palestinos, sin correr el menor riesgo. Nunca hubiera creído posible que, ochenta años tras el fin de la guerra, los niños judíos prefieran esconder su condición de tales.
Puede que el antisemitismo haya sido en sus orígenes un fenómeno ligado a la extrema derecha. Pero en nuestros días, la ideología parda puede contar con un nuevo extremismo para alimentar el odio: el totalitarismo islámico.
Apenas disimulado, el extremismo islámico avanza detrás de la causa palestina, que puede ser muy noble, llevado en hombros por una izquierda radical que echa de menos más revoluciones…y más votos. En los años 60, la vieja izquierda tradicional hizo de sus proyectos anti imperialistas y de la defensa de los pueblos oprimidos su fondo de comercio. Es por eso que nadie se sorprende que la tradicional “kefiyah” palestina se haya integrado en los desfiles.
Pero desde entonces una nueva izquierda ha fusionado las luchas feministas, identitarias, de género, raciales, anticolonialistas y anticapitalistas. Y ha integrado en este confuso rompecabezas al islamismo radical por una mera asociación de ideas: Israel es igual a los Estados Unidos, lo que equivale a Occidente, lo que significa hombres blancos heteropatriarcales, ergo supremacistas, o sea: enemigos. Pero si la ignorancia y la ceguera no fueran tan habituales entre los militantes de izquierda, sabrían que el islamismo no trataría mejor a los “queer” de lo que trata a los judíos.
Aunque ya me imagino a los ingenuos que van a empezar a pegar alaridos diciendo que las manifestaciones pro palestinas solo tienen un objetivo: la defensa de un pueblo y un Estado, lo que diferencia antisemitismo de antisionismo. Pero la realidad es bastante más fea, porque la respuesta armada israelí ha provocado la cólera…sin que hayamos llorado debidamente por las primeras víctimas: los civiles israelíes masacrados el 7 de octubre.
Considerar a Hamás como un simple “movimiento de resistencia” es la consecuencia de la porosidad de nuestra sociedad al islamismo en nombre de la causa árabe. Esa solidaridad con los árabes muestra en realidad el rechazo a la existencia de Israel.
Nunca hubiera yo imaginado ver los valores universalistas hundirse en tales pantanos ideológicos; o que la causa palestina terminara revelando el odio que Occidente siente hacia sí mismo. Este Occidente que ya no tiene el coraje de mirar de frente las estrellas de David en los buzones de las casas judías de Ginebra.”
Por cierto, yo me pregunto ¿Si los palestinos están en la miseria, COMO DIABLOS TIENEN TANTO ARMAMENTO CON ARMAS DE DESTRUCCIÓN MASIVA? MUCHO MORRO ES LO QUE TIENEN
Expertos señalan que el efecto psicológico de este tipo de terrorismo es de dimensiones imponentes
Una cierta parcialidad mundial se inclina hacia Hamás, defendiendo a los terroristas y esto se debe a la desinformación y adoctrinamiento masivo en medios, redes sociales y a la formación en las instituciones educativas.
En todo el mundo la guerra en Medio Oriente ha sido noticia, acaparando los titulares y presente en todas las emisiones de los noticieros. Las redes sociales son una gran importancia en este proceso de información, que ha causado una matriz de opinión.
Sin embargo, la preocupación no es por el desarrollo de estas noticias, sino por la equivocada argumentación que se transmite a gran escala. En gran medida hasta los institutos educativos han sido víctimas de estas desinformaciones, donde el adoctrinamiento causa una alarma en la posición de las personas ante este conflicto.
Los argumentos en contra de Hamás sobran
«A las 7 de la mañana viví la peor pesadilla de mi vida. Un terrorista irrumpió en casa de mi abuela, la asesinó, le quitó el teléfono, filmó su agonía y a continuación colgó el vídeo en su muro de Facebook. Así es como me enteré de la muerte de mi abuela», explica Mor Bayer, nieta de Braha Levinson.
A ojos de los expertos estos actos son parte de un proceso de justificar el terrorismo, y que se ve evidenciado desde hace tres semanas. Se creía que la población mundial repudiaría los actos atroces de Hamás, pero las reacciones han creado confrontaciones.
El objetivo principal de estos extremistas es la liberación de Gaza, la destrucción Israel el cual acusan de invasores y la sustitución de esta nación hebrea por un Estado islámico (COTESÍA)
El adoctrinamiento es desde las escuelas
Gobiernos con tendencias, mayormente de izquierda, han llevado los procesos formativos en escuelas y universidades hacia una argumentación a favor de Hamás. Esto se debe a años de adoctrinamiento bajo el nombre de la “teoría crítica”.
La aberración del racismo y la justificación de muertes humanas se está tornando como un factor repetitivo en la sociedad, el cual resulta alarmante en las sociedades donde Hamás se posiciona como una “organización de justicia”, que ha sido vendida a los más jóvenes como algo correcto.
La falta de cultura investigativa y la propaganda antisemitista está alcanzando valores preocupantes. Los terroristas, quienes entraron a una nación a asesinar a as de 1.500 personas en menos de 24 horas no son los buenos de la trama.
Expertos señalan que el efecto psicológico de este tipo de terrorismo es de dimensiones imponentes. Los ideales incorrectos y mortíferos se están filtrando en las más jóvenes y vulnerables.
Ante este contexto el llamado de naciones y dirigentes de gobiernos es a estar atentos en todo momento de la información que llega a los sistemas educativos a través de los profesores o facilitadores. Esta guerra no es solo de dos naciones, es de una ideología radical y asesina en contra del mundo.
La Gran Sustitución, concepto creado en Francia por el escritor René Camus y ampliamente difundido allende los Pirineos, todavía es ignorado en nuestros lares. Es de esperar que antes del colapso final nos nos enteremos al menos de lo que significa.
El debate sobre el islam, el laicismo, la integración, la asimilación de migrantes, el “comunitarismo”, la “desradicalización” antiislamista, etc., está desconectado de la realidad y del sentido común. Está intelectualizado […]. Es una ensalada de postulados ideológicos y de píos deseos. Pero el corazón del problema es práctico, material, demográficamente cuantitativo y, además, étnico. Diez principios deberían ser evidentes sobre esta cuestión.
1- No combatir solo los efectos de la inmigración, sino, sobre todo, sus causas
Querer prohibir los velos en los lugares públicos, controlar la financiación y la altura de los minaretes de las mezquitas, rechazar en escuelas, hospitales –y en cualquier sitio– las practicas islámicas, etc. –y hacerlo mediante leyes y reglamentos–: todo esto es necesario. Pero habremos perdido desde el comienzo si no comprendemos que todo esto también es insuficiente. Todo esto fracasará si no se aborda el origen del problema. Y éste es a la vez puramente cuantitativo y demográfico, pero también étnico: la inmigración extraeuropea de mayoría musulmana en progresión exponencial y la fecundidad netamente superior de los inmigrantes. Esta es la doble causa que hay que tomar en consideración.
2 – Pensar a largo y no a corto plazo
Matemáticamente, si no se hace nada para bloquear el flujo de la inmigración, si ninguna “remigración” (retorno a su país) es puesta en marcha, dentro de la segunda mitad del siglo XXI Francia (y lo mismo cabe decir de la mayoría de los países europeos) no será un país étnicamente “europeo” y el islam será netamente mayoritario. Nuestros países serán países afro-árabo musulmanes que conocerán la pauperización e incesantes violencias etnorreligiosas, con un éxodo masivo de los últimos europeos de origen. Además de una probable guerra civil de carácter étnico y de forma endémica. Es la ley de hierro de la demografía (inmigración y natalidad). En este caso, simplemente los países europeos desaparecerán, y hasta puede que desaparezca su propio nombre.
Pero esta perspectiva a medio y largo plazo es ignorada totalmente por las oligarquías (los dirigentes actuales estarán muertos o serán nonagenarios cuando se produzca el hundimiento final) que piensan y actúan solo a corto plazo. Es el reflejo de una sociedad de lo inmediato, que no se proyecta en el futuro, que olvida su pasado, que toma Prozac o fuma porros para no pensar en el presente.
3 – Comprender que las fuerzas que desean la destrucción étnica de Europa están trabajando para ello
Estas fuerzas se infiltran en los diversos Estados, en la tecnocracia europea, en las oligarquías mediáticas, partidocráticas (incluido el FN francés) y sindicales. Imponen la ideología inmigracionista y colaboran en la islamización.
Fundamentalmente antidemocráticas (“antipopulistas”, como dicen en su jerga), animadas por un sentimiento nihilista de odio hacia la cultura, la historia y el arraigo de las naciones europeas, aliadas objetivas del islam invasivo, estas fuerzas empujan a las autoridades políticas de derechas o de izquierdas al etnocidio de los europeos. Todo está hecho para dejar entrar la marea migratoria y para destruir las raíces culturales de las identidades europeas, especialmente en la enseñanza pública y los medios de comunicación.
4 – El etnopluralismo es como el motor de agua: nunca funcionó en ninguna parte y nunca funcionará
Es una idea a enterrar en el cementerio de las utopías, como el comunismo. Existe una incompatibilidad de vida en común (cohabitación territorial) en una misma unidad política entre poblaciones étnicamente diferentes: sobre todo, si algunas son árabo-musulmanas o africanas. Las excepciones no son más que burbujas artificiales compuestas de élites.
Sobre todo para quienes viven una zona étnica, se ha puesto más que de manifiesto la imposibilidad del etnopluralismo (revelado ya por Aristóteles). Y, sin embargo, plantear tal cosa es un tabú, una prohibición ideológica. Un tabú, una imposibilidad que no experimentan las élites inmigracionistas y antirracistas por la sencilla razón de que esta gente, contrariamente a los “pequeños blancos”, no viven ni están nunca en contacto con sus queridos inmigrantes arabo-musulmanes o africanos, los cuales sólo son para ellos puras abstracciones. Es por ello por lo que difunden para los demás –no para ellos– el concepto de “vivir juntos”.
5 – ¿Combatir el “comunitarismo”? ¡Demasiado tarde!
El combate contra el “comunitarismo” (esa palabra trampa que sirve para enmascarar el término de “colonización étnica”) no sirve de nada, como tampoco sirve de nada el combate contra la islamización y la radicalización. Es demasiado tarde. A principios de los años ochenta del pasado siglo todavía se podía pensar en integrar y asimilar en la “República” y la cultura franco-europea a inmigrantes extraeuropeos. Pero ello es rigurosamente imposible desde que suponen porcentajes considerables, mayoritarios en ciertas zonas urbanas. Es inútil intentar mejorar las cosas: hay que darle la vuelta a la cuestión. Es decir, bloquear los flujos migratorios e invertirlos.
6 – Hay que abandonar la idea de que ellos son “nuestros compatriotas”. ¿Cómo lo serían, si no quieren serlo?
Es rigurosamente imposible constituir una nación unida con una proporción creciente de poblaciones árabo-musulmanas y africanas, incluso si hablan la lengua del país. La candidez de los inmigracionistas y asimilacionistas de querer que esos millones de inmigrantes o hijos de inmigrantes sean “nuestros compatriotas” es equivalente a la hostil negativa, por parte de un número cada vez mayor de ellos –sobre todo entre los jóvenes–, a considerarse franceses –o españoles, alemanes, etc.– incluso si tienen la nacionalidad. No quieren integrarse o asimilarse. Cada vez más jóvenes de origen árabo-musulmán, africano o turco, por toda Europa, incluso con nacionalidades europeas legales, se consideran ciudadanos de sus países de origen, mientras que Europa es detestada como una tierra de conquista. Tienen reflejos racistas. Ese es su problema.
7 – Querer crear un “islam de Francia” es una ridícula utopía
El islam no es solo incompatible con la “República”, sino que es incompatible con todo lo que no es él mismo, ya sea religión o cultura. Implica un profundo enraizamiento psíquico, étnico. De Gaulle lo había comprendido, y de ahí su rechazo a la Argelia francesa como apéndice de Francia. La idea de un “islam de la Ilustración”, moderado y reformado es un callejón sin salida. Los musulmanes franco-compatibles o republicano-compatibles son minorías utopistas, o son embaucadores faltos de sinceridad. El islam es intrínsecamente hostil a todo lo que representa la civilización europea. Las únicas ideologías que han flirteado con él son totalitarias: antes el nazismo y actualmente el marxismo, con el “islamo-izquierdismo”. Y no es por casualidad.
8 – Contra el terrorismo islámico: desislamizar Francia y Europa
No es solo con el espionaje y tratando de desmantelar las redes islamistas cómo se evitarán los atentados, ni tampoco programando en las cárceles (escuelas del crimen) ridículas e inoperantes (a la vez que contraproducentes) operaciones de “desradicalización”. Es, sobre todo, prohibiendo la entrada en el territorio (inmigración cero) de todo nuevo inmigrante musulmán y revertiendo los flujos migratorios a través de deportaciones masivas. Está mal decirlo, pero el riesgo de atentados terroristas en un país occidental es proporcional a la importancia numérica de su población musulmana.
9 – Admitir que la influencia musulmana y árabo-africana alcanza la totalidad del territorio nacional
La causa de todos los problemas es demográfica y matemática. Constatación de Patricio Riberiro, secretario general del sindicato de policía Synergie-Officiers: “Ningún lugar está inmunizado: el fenómeno de la comunitarización y de la insularidad de un montón de barrios se observa por todas partes con la infiltración y la invasión del tejido escolar, asociativo y deportivo; es un mar de fondo”. Menciona que “la negación de la realidad por parte de un cierto número de cargos electos” revela, en realidad, “la aquiescencia y la connivencia intelectual”. Piensa que “este buenismo o clientelismo cínico nos conduce a la catástrofe”. Nada que añadir. El problema es estrictamente demográfico, nada más. Por razones de corrección ideológica y semántica hablamos de “comunitarismo”, espantoso neologismo, mientras que se trata sencillamente de una invasión exterior (inmigración) e interior (natalidad).
Por otra parte, el escritor argelino Boualem Sansal señala: “El orden islámico intenta instalarse en Francia, es un hecho patente: en muchos lugares ya está instalado” ´(FigaroVox. Entrevista 17/6/2016)
10 – Integración y asimilación: misión imposible
La integración (es decir, la adopción parcial de las costumbres del país de acogida, como el idioma, pero conservando una parte de sus usos y costumbres de origen) es posible si los inmigrantes representan, como máximo, el 5% de la población de acogida. Para la asimilación (la adopción total de la cultura de acogida y el abandono de la propia) el porcentaje es todavía más bajo. Para decepción de todos los discursos (del FN, de la derecha y del centro), ni la integración ni la asimilación son posibles por una razón matemática: la proporción de inmigrantes es demasiado alta. Las masas de niños africanos o árabes de origen nunca podrán, salvo excepciones individuales, por supuesto, ser asimilados o realmente “afrancesados” por la escuela. La Francia universal, supracultural, supraétnica es una imposibilidad, el fruto de una utopía intelectual abstracta construida en tiempos en que la inmigración masiva no existía.
Conclusión: resolver el problema global supondrá un enorme choque
Los problemas de creciente comunitarismo, de “guetización”, de fricciones y enfrentamientos incesantes con las costumbres musulmanas en expansión que degradan la vida cotidiana de los autóctonos europeos; los problemas de criminalidad multiforme en alza constante, de hundimiento del nivel de una escuela pública multiétnica, de terrorismo, evidentemente: nada de ello se podrá resolver mediante simples políticas interiores que nunca estarán a la altura de los problemas.
El referéndum británico a favor del “Brexit” ha sido, en realidad, un desesperado voto protesta de las clases populares inglesas contra la inmigración. Pero una Gran Bretaña separada de la UE –si el referéndum es respetado–, ¿limitará la inmigración? No es seguro.
La solución general vendrá, en primer lugar, del restablecimiento de las fronteras nacionales y de la interrupción total de toda inmigración extraeuropea, incluso legal, de trabajo y de reagrupación familiar; en segundo lugar, de una decidida política de expulsión de todos los clandestinos e inmigrantes en situación irregular y de “remigración” para aquellos que están en situación regular. En cuanto a aquellos que, a causa del derecho del suelo (que deberá ser imperativamente prohibido), son “franceses de papel” (o de cualquier otra nacionalidad europea), su situación será la más difícil de resolver, pero deberá hacerse.
Cierto, estas soluciones suponen un inmenso coraje. Provocarán choques, dramas y conflictos que habrá que afrontar. Pero continuar sin hacer nada desembocará en una situación todavía peor. La ecuación es sencilla: a partir del momento en que una inmigración-desagüe es autorizada (alentada) por el Estado desde hace cuarenta años, con una tasa de reproducción de dos a tres veces superior por parte de las poblaciones inmigrantes, con un 90% de ellos musulmanes, y una huida de las elites jóvenes, Francia y los demás países europeos estarán muerto en veinte años.
Hablamos de lo que, sin hipérbole, se puede calificar como la salvación de El Salvador emprendida por su presidente Nayib Bukele.
Es curioso que, al menos en Europa, no se le esté dando toda la atención debida a algo que constituye uno de los fenómenos más significativos de estos últimos tiempos. Me refiero a lo que, sin hipérbole, se puede calificar como la salvación de El Salvador emprendida por su presidente Nayib Bukele. Sí, es cierto que en las Redes Sociales se habla de ello; también lo es que la prensa del Sistema ha lanzado contra el régimen de El Salvador algunos de sus dardos envenenados (mayores sin embargo por parte de las Organizaciones Internacionales y ONGs), pero todo ello carece de parangón con el torrente de encono por parte de la izquierda o de entusiasmo por parte de la verdadera derecha que un asunto de tal calibre hubiese tenido normalmente que desatar.
La izquierda no ha chistado (o sólo lo ha hecho levemente), lo cual nada nos asombraría si fuese Bukele un dictadorzuelo socialista al uso. Pero no lo es. Se trata de un gobernante de derechas ante cuya actuación lo lógico sería que el mundo woke y progre se rasgara estrepitosamente las vestiduras ante lo que, a sus ojos, no puede ser más que una-atroz-y-dictatorial-represión-contra-una multitud-de-meros-presuntos-culpables-detenidos-a-mansalva. Por su parte, la derecha (la de verdad, no la derechona cobarde, cuyo epíteto explica suficientemente su silencio) tampoco se ha puesto a saltar de júbilo junto con el pueblo salvadoreño, el 95 por ciento del cual aclama, según todos los sondeos, a un presidente que en un plazo extraordinariamente breve ha puesto término al terror, la corrupción y la muerte que asolaban al país.
Veamos los hechos
En 2019, el outsider populista que era entonces Nayib Bukele ganó las elecciones a la presidencia de la República. Con ello puso término al dominio que, emponzoñados en la corrupción, ejercían desde hacía años (como mínimo, desde el término de la guerra civil en 1992) los dos partidos que se repartían el poder. Pero Bukele no se quedó ahí y la emprendió vigorosamente contra una corrupción mucho peor, pero que le era consustancial: el terror que desplegaban las pandillas denominadas Maras, las cuales habían convertido al país en el más violento de toda Hispanoamérica. Con un índice de 105,2 asesinatos por 100.000 habitantes, ello significaba que este pequeño país de unos ocho millones de habitantes contaba con la pavorosa cifra de aproximadamente 8.000 homicidios al año.
Pero no sólo se trataba de asesinatos, robos y extorsiones efectuados por miles de pandilleros, unos mafiosos tan carentes de ideología política como las actuales guerrillas y bandas de narcotraficantes que asolan a nuestra América. El número y la fuerza de las pandillas salvadoreñas era tal que habían llegado a hacerse con el control absoluto de determinados barrios o poblaciones, lugares fuera de la ley en los que, como en tantos suburbios franceses o de otros países europeos (pero con motivaciones y un trasfondo étnico bien distintos), nadie, ni siquiera la policía, podía entrar sin poner su vida en peligro.
Le bastaron sin embargo tres años a Bukele para acabar con tales horrores. Reducido el índice de homicidios a 7,8 por 100.000 habitantes, el país más violento de Hispanoamérica se había convertido en el más pacífico; con todas las obvias repercusiones que de ello se derivan en materia de riqueza y prosperidad.
¿Cómo ha podido producirse semejante milagro? ¿Cómo ha conseguido Bukele acabar con el terror? De la única forma con la que se puede acabar con tal monstruosidad: impidiendo cualquier asomo de concesión política, no vendiéndose y envileciéndose, no comprando la paz —como se ha comprado en determinada región española— a cambio de entregar a los terroristas los resortes del poder y del dinero público. Actuando por el contrario con la mayor contundencia contra ellos, dejándose de melindres y remilgos, reprimiendo a fondo, sin vacilar. Así se ha hecho en El Salvador, donde se ha proclamado el estado de excepción y se ha detenido nada menos que a 60.000 terroristas . Para alojarlos, se ha construido una gigantesca cárcel, el Centro de Confinamiento del Terrorismo (CECOT), que, con capacidad para 40.000 reclusos, constituye el mayor penal de todo el continente americano. En el momento de inaugurarlo, el presidente Bukele declaraba: «Trasladamos a los primeros 2.000 pandilleros al CECOT. Ésta será su nueva casa, donde vivirán por décadas, mezclados, sin poder hacerle más daño a la población».
Duras condiciones
«Vivirán por décadas», y en condiciones duras, aunque humanas e higiénicas (nada que ver, por ejemplo, con los asesinatos entre bandas que son moneda corriente en muchas cárceles hispanoamericanas). Que las condiciones penitenciarias de El Salvador son duras, durísimas incluso, queda claro cuando se las compara con las existentes en las cárceles socialdemócratas, donde los presos son cómodamente mantenidos por el Estado sin que se vean obligados a trabajar en oficios de lo más corriente (carpinteros, pintores, fontaneros, albañiles, electriicitas…), como ocurre en El Salvador, donde deben subvenir mediante su trabajo a su alimentación y alojamiento.
Pero no sólo la vida de los penados es dura. También es duro, muy duro, para nuestros compasivos ojos ver las imágenes de estos miserables. No estamos acostumbrados a tales cosas. Lo que solemos ver son, más bien, imágenes de los cuerpos desventrados de las víctimas de crímenes o atentados cometidos por quienes, en caso de ser detenidos, aparecen la mayoría de las veces con el rostro púdicamente cubierto.
Lejos de hacerlo así, las autoridades de El Salvador envuelven la detención de sus terroristas en una meticulosa escenificación que, difundida en cantidad de videos por televisiones y redes, pretende, sin duda, servir de lección para quitarles a sus compinches las ganas de proseguir por el mismo camino. Pero algo más importante aún se juega aún en estas imágenes de centenares y centenares de presos que, a paso ligero, avanzan en tropel, pegados unos a otros, rapados al cero, esposados y con las manos en la espalda o en el cogote, inclinado el torso, baja la mirada, desnudo el cuerpo, cubierto sólo con sus negros tatuajes y sus blancos calzones.
Lo que se juega —lo que aquí se busca— es todo lo contrario del mandamiento primero de las cárceles liberales o socialdemócratas. Aquí no se busca «la dignificación y rehabilitación» de unos presos que al cabo de poco tiempo vuelven a salir a la calle con la alta posibilidad de volver a delinquir. Mediante esta exposición pública de los detenidos se buscan dos cosas: por un lado, un escarmiento que les quite las ganas de reincidir un día; por otro lado, la reparación —así sea simbólica— tanto de las víctimas de los crímenes cometidos como del conjunto de la sociedad ultrajada por ellos.
La compasión, mejor destinarla a las víctimas
Brilla aquí por su ausencia la lástima, la compasión hacia el delincuente: este gran principio de nuestra modernidad. Es ello, sin duda, lo que, incomodando a una derecha identitaria sobre la que pesa la constante amenaza de ser demonizada por sus enemigos, le ha impedido hasta la fecha abrazar con entusiasmo la causa de El Salvador.
Son distintas, en cambio, las razones que llevan a la izquierda a no abalanzarse con la saña que le es propia contra la experiencia salvadoreña. Para hacerlo, tendría que silenciar lo que todo el mundo sabe: el masivo apoyo que el pueblo de El Salvador está dando a unas medidas que desde la izquierda no se pueden sino tildar de autoritarias y antidemocráticas. Silenciarlo es tanto más difícil cuanto que no es sólo el pueblo salvadoreño el que expresa su apoyo a semejante «autoritarismo». Basta darse una vuelta por las Redes Sociales para constatar la extraordinaria cantidad de comentarios que, procedentes de toda Hispanoamérica (y de España), desean, en medio de un encendido entusiasmo, que un Bukele aparezca también en sus lares y emprenda la misma política que está haciendo renacer a El Salvador.
Uno creería a veces que la blandenguería del hombre moderno es una tara irremisiblemente expandida por doquier. Lo es, sin duda. Pero la experiencia salvadoreña también nos muestra que el mal tiene cura y que los ojos de una amplia, inmensa mayoría pueden acabar abriéndose un día de par en par.