Categoría: SEXO

Lo que pocos cuentan: el origen ideológico totalitario del actual feminismo de género.

Fue promovido por marxistas para aplicar la lucha de clases a la sexualidad.

«Nos insultaban diciéndonos que éramos unas zorras, unas hijas de puta, que nos teníamos que pudrir…» Esto, aunque lo parezca, no es el relato de una escena de maltrato doméstico.

Una violenta pervesión del feminismo original

Esos insultos atrozmente machistas los sufrieron ayer mujeres de Vox en una marcha feminista en Madrid. Las insultadas, además, fueron agredidas y precisaron protección policial, y todo por el mero hecho de atreverse a cuestionar los dogmas ideológicos del feminismo de género. Entre otros lemas violentos, se corearon barbaridades como «vamos a quemar la Conferencia Episcopal««machotes a machete» y «varón, pardillo, tu boca en el bordillo», en referencia al método con el que un nazi le destrozaba la cabeza a un joven negro en la película «American History X». Pero ¿en qué consiste esta ideología de género o feminismo de género? Su denominación la acuñó una feminista, Christina Hoff Sommers, abiertamente opuesta a él. En su libro «Who Stole Feminism?» (¿Quién robó el feminismo?), publicado en 1994, escribió lo siguiente:

«El feminismo de equidad es sencillamente la creencia en la igualdad legal y moral de los sexos. Una feminista de equidad quiere para la mujer lo que quiere para todos: tratamiento justo, ausencia de discriminación. Por el contrario, el feminismo del ‘género’ es una ideología que pretende abarcarlo todo, según la cual la mujer norteamericana está presa en un sistema patriarcal opresivo. La feminista de equidad opina que las cosas han mejorado mucho para la mujer; la feminista del ‘género’ a menudo piensa que han empeorado. Ven señales de patriarcado por dondequiera y piensan que la situación se pondrá peor. Pero esto carece de base en la realidad norteamericana. Las cosas nunca han estado mejores para la mujer que hoy conforma 55% del estudiantado universitario, mientras que la brecha salarial continúa cerrándose.»

Una manipulación del feminismo promovida desde la ultraizquierda

Ese feminismo de género, profundamente materialista y promovido inicialmente desde la extrema izquierda, quiso aplicar la tesis marxista de la lucha de clases a las relaciones sexuales, tal como explicaba una de las creadoras del feminismo radical, Shulamith Firestone (1944-2012). En su libro «La dialéctica del sexo» (1970) bebía directamente del pensamiento de Karl Marx:

«Asegurar la eliminación de las clases sexuales requiere que la clase subyugada (las mujeres) se alce en revolución y se apodere del control de la reproducción; que se restaure a la mujer la propiedad sobre sus propios cuerpos, como también el control femenino de la fertilidad humana, incluyendo tanto las nuevas tecnologías como todas las instituciones sociales de nacimiento y cuidado de niños. Y así como la meta final de la revolución socialista era no sólo acabar con el privilegio de la clase económica, sino con la distinción misma entre clases económicas, la meta definitiva de la revolución feminista debe ser, a diferencia del primer movimiento feminista, no simplemente acabar con el privilegio masculino, sino con la distinción de sexos misma: las diferencias genitales entre los seres humanos ya no importarían culturalmente.»

El objetivo: acabar con la maternidad; el medio: el aborto

Pero ¿cómo acabar con esas diferencias sexuales, si sólo las mujeres pueden ser madres? Firestone lo tenía claro: «el núcleo de la opresión femenina hay que buscarlo en sus funciones procreadoras y de crianza.». ¿Y cuál era la solución que proponía frente a esa opresión«La liberación de las mujeres de la tiranía de su biología reproductiva por todos los medios disponibles», y esto último incluye el aborto, por supuesto. Este feminismo de género decía defender a la mujer desligándola de una facultad exclusivamente femenina -la maternidad- y enfrentándola a sus hijos, convertidos en simples obstáculos para alcanzar esa «liberación», de forma que si hace falta, se les liquida con la aprobación de la ley y la financiación del Estado. Así se crearon las perversas y totalitarias bases ideológicas de la legalización del aborto en países democráticos.

Un proyecto de ingeniería social que se empezó a aplicar en la URSS

Esa visión nefasta y materialista de la maternidad y de las relaciones con los hijos fue promovida inicialmente por el marxismo, al que le interesaba destruir las relaciones familiares en su concepción totalitaria de la sociedad. No es casualidad que las dictaduras comunistas fuesen las más activas promotoras del aborto: el primer país que lo legalizó fue la URSS en 1920. En Cuba se legalizó en 1965, seis años después de la instauración de la dictadura castrista. A día de hoy, entre los países que más desprotegen a los niños por nacer en el mundo están dictaduras comunistas como China, Corea del Norte, Vietnam y Cuba. La promoción del aborto en esos países y también en muchos países democráticos ha generado la más absoluta irresponsabilidad de hombres y mujeres sobre los frutos de su sexualidad, pero con ciertas diferencias. Y es que las leyes creadas para permitir matar a los hijos por nacer han sido especialmente beneficiosas para los hombres que querían desentenderse de su descendencia, al convertir ésta en la consecuencia de una mera elección de la mujer y, por tanto, exclusiva responsabilidad suya. Una feminista actual, Cecilia Voss Koch, ha denunciado las consecuencias del aborto para las mujeres:

«A base de animar a la sociedad a considerar al hijo de una mujer como una especie de propiedad desechable, el aborto refuerza la imagen de la propia mujer como una propiedad disponible y como un objeto sexual reutilizable -un recurso sexual renovable. No es ninguna coincidencia que el mayor contribuyente financiero a la causa de los «derechos de aborto» sea la Fundación Playboy. Cuando el aborto está disponible para todas las mujeres, toda la responsabilidad masculina para el control de la fecundidad ha sido eliminada. Un hombre sólo necesita ofrecer a la mujer un dinero para un aborto y eso es todo: ninguna responsabilidad, ninguna relación, ningún compromiso. Y en eso estamos… ¡recicladas y utilizadas de nuevo!»

Contra las niñas por nacer y las madres en nombre del feminismo

Esa legislación perversa ha dado lugar a la matanza de más de dos millones de niños por nacer en España. Teniendo en cuenta que algo más del 48% de los recién nacidos en España son niñas, podríamos concluir que de esos dos millones, más de 960.000 eran niñas por nacer, asesinadas con el beneplácito e incluso con el aplauso del feminismo de género. Pero esta matanza de niñas no es el único efecto directo de las leyes abortistas en las propias mujeres. Hace dos años la Fundación Madrina denunciaba que nueve de cada diez mujeres españolas sufren ‘mobbing maternal’ en sus empresas, de modo que ser madre se ha convertido en un factor de exclusión social y laboral para la mujer. Y es que la desprotección de los niños por nacer va ligada a la desprotección de la maternidad. En 2009, durante un debate en el Parlamento de Galicia, una diputada socialista favorable al aborto tachó de «ultraderechista» la propuesta de ofrecer apoyo a las madres embarazadas sin recursos. En febrero de 2011, cuando el gobierno gallego aprobó definitivamente un plan de ayuda a la mujer embarazada, el PSOE descalificó la medida diciendo que pretendía «exportar a Galicia el modelo familiar de la ultraderecha». En un tono parecido, pero en este caso en el Parlamento de Asturias, la izquierda descalificaba una iniciativa similar entre insultos a las madres, llegando el PSOE a tachar de «casi ilegal» una iniciativa para apoyar a madres embarazadas sin recursos, considerando que ofrecerles alternativas al aborto va «contra el derecho de la mujer a decidir». Un derecho que, por lo visto, sólo deja una opción a las madres: abortar.

El siguiente objetivo a destruir: la familia

Pero al feminismo de género no le bastaba con cargarse la maternidad para alcanzar sus objetivos. Esa ideología totalitaria chocaba con la existencia de una institución social ligada a la maternidad: la familia. En la citada obra, Shulamith Firestone apelaba nuevamente a Karl Marx para justificar este proyecto feminista de ingeniería social:

«Marx intuyó la existencia de algo cuya profundidad escapaba a sus conocimientos, cuando observó que la familia contenía en sí misma -en embrión- todos los antagonismos que luego se desarrollarían a mayor escala dentro de la sociedad y el estado. A menos que la revolución arranque de cuajo la organización social básica -la familia biológica, el vínculo a través del cual la psicología del poder puede siempre subsistir clandestinamente-, el germen parasitario de la explotación jamás será aniquilado. Necesitamos una revolución sexual mucho más amplia que la socialista y, por supuesto, que la incluya- para erradicar verdaderamente todos los sistemas clasistas».

¿Y cómo proponía destruir la familia? Pues recurriendo directamente a la ciencia-ficción para diseñar una sociedad sin familias:

«La reproducción de la especie a través de uno de los sexos en beneficio de ambos sería sustituida por la reproducción artificial… La división del trabajo desaparecería mediante la eliminación total del mismo (cybernation). Se destruiría así la tiranía de la familia biológica.«

Nos encontramos ya con un diseño social puramente orwelliano, que se parece peligrosamente al de la novela «1984» y que, como el comunismo, pretende subvertir las instituciones naturales de la sociedad a golpe de ingeniería social, recurriendo a todo tipo de atropellos para lograr sus objetivos, incluso agredir a las mujeres que no están de acuerdo con ese proyecto totalitario.

Una ingeniería social que genera opresión, violencia e injusticia

Resulta alarmante comprobar hasta qué punto estas aberrantes tesis están siendo asumidas por sociedades como la nuestra, desatando la violencia contra el discrepante, la violencia contra los niños por nacer y la violencia en el seno de la familia. En este sentido, tampoco es casualidad que las leyes basadas en la ideología de género invisibilicen la violencia doméstica que sufren hombres y niños varones, y que la mera palabra de una mujer baste para detener a su pareja masculina, dando pie a la presentación de denuncias falsas y a la utilización de esta ley perversa como un método de chantaje. Recordemos que en los siete primeros años de su aplicación, los Juzgados de Violencia sobre la Mujer recibieron 1.034.613 denunciasresultando exculpados 826.616 denunciados, el 79,89%. se trata de la única ley, además, en la que el sexo es un factor a tener en cuenta en el caso de valorar si una denuncia merece ser considerada o si el culpable es reo de un delito (en el caso del varón) o de una falta (si es mujer), en una directa violación de la igualdad ante la ley y del derecho a la presunción de inocencia que proclama la Constitución. Y a estas agresiones contra derechos fundamentales, igual que pasa con la más brutal de todas -el aborto, que implica violar el derecho a vivir-, ya ni siquiera se opone la actual derecha parlamentaria, ya sea por complejo, por tibieza o por miedo a ser blanco de las iras de personas violentas como las que ayer agredieron a unas mujeres por discrepar. Con esta ingeniería social promovida por el feminismo de género no estamos consiguiendo una sociedad más libre e igualitaria, sino más opresiva, violenta e injusta. Y ya va siendo hora de decirlo alto y claro.

ELENTIR

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El espeluznante fin último de la ideología de género explicado por uno de sus creadores.

Shulamith Firestone quería una sociedad comunista que normalizara la pedofilia

La ideología de género, surgida de la extrema izquierda y ahora muy extendida en la sociedad, es una fuente incesante de disparates. Pero, ¿cuál es su objetivo final?

La diferencia entre feminismo de equidad y feminismo de género

En 2008 ya señalé aquí la diferencia entre feminismo de igualdad y feminismo de género . El primero buscaba, desde una perspectiva liberal, la igualdad de derechos y oportunidades para las mujeres, un propósito muy loable que ya se ha logrado en los países occidentales. Sin embargo, el feminismo de género no tiene una perspectiva liberal, sino marxista. La primera en describir la verdadera naturaleza del feminismo de género fue la feminista Christina Hoff Sommers en su libro “¿Quién robó el feminismo?” (1994), en el que acuñó el término “ideología de género” para referirse a ese feminismo marxista. En 2016, en una entrevista publicada por el diario español El Mundo , lo definió así:

“Es una escuela de feminismo de línea dura que ve a las mujeres, incluso en Occidente, como cautivas de un sistema de injusticia y opresión. Según esta teoría, cada logro humano lleva en realidad el sello del patriarcado: la literatura, la filosofía, la ciencia, la música o el lenguaje. No basta con cambiar las leyes o las tradiciones. Todo el sistema tiene que ser desmantelado. El feminismo de género surgió de la política radical de la década de 1960 y estuvo marcado por la filosofía marxista y la de Marcuse, Frantz Fanon y Michel Foucault”.

Lo que escribió una de las fundadoras del feminismo de género

En mi artículo sobre el origen totalitario del feminismo de género , expuse algunos de los escritos publicados en 1970 por una de sus creadoras y autoras más influyentes: la comunista canadiense Shulamith Firestone. Vimos entonces cómo este fanático radical se proponía abiertamente destruir “la familia biológica”, inspirado en el pensamiento de Karl Marx.

Creía que el comunismo fracasó porque no destruyó a la familia.

Sin embargo, en su libro “La dialéctica del sexo” (1970) Firestone no se queda ahí. Para ella, la destrucción de la familia es parte de algo aún mayor. En la primera edición publicada por Bantam Book, en la página 212 se puede leer lo siguiente:

“El fracaso de la Revolución Rusa se debe directamente al fracaso de sus intentos de eliminar la represión familiar y sexual. Este fracaso, a su vez, como hemos visto, fue causado por las limitaciones de un análisis revolucionario con sesgo masculino basado únicamente en la clase económica, que no tuvo en cuenta a la familia en su totalidad, ni siquiera en su función como unidad económica. Del mismo modo, todas las revoluciones socialistas hasta la fecha han sido o serán fracasos precisamente por estas razones. Cualquier liberación inicial bajo el socialismo actual siempre debe volver a la represión, porque la estructura familiar es la fuente de la opresión psicológica, económica y política”.

Es decir, que las razones por las que Firestone quería destruir a la familia no solo tenían una supuesta relación con un propósito de liberación de la mujer: lo que ella realmente quería era el triunfo del comunismo destruyendo a la familia, que es el dique social más sólido frente al totalitarismo. experimentos Para ella, el comunismo había fracasado en Rusia no porque hubiera sido demasiado totalitario, sino porque había revertido sus planes más totalitarios.

Propuso abolir la infancia y normalizar el incesto y la pedofilia

En la página 239 del libro, Firestone propone la abolición del “concepto de infancia”, desvinculándolo de cualquier relación con sus padres biológicos , y señala que “aunque los niños serían menos, no estarían monopolizados, sino que se mezclarían libremente toda la sociedad en beneficio de todos”.

Lo que nos encontramos en la página 240 es la consecuencia que saca Firestone de esa sociedad totalitaria: la normalización de la pedofilia y el incesto. Hablando de los niños, afirma: “si él decidiera relacionarse sexualmente con adultos, aunque decidiera elegir a su propia madre genética, no habría razones a priori para que ella rechazara sus insinuaciones sexuales , porque el tabú del incesto sería han perdido su función.”

En la misma página repite sin rodeos su intención de normalizar la pedofilia ( algo que también defendió otra de las ideólogas del feminismo de género, Simone de Beauvoir ): “Las relaciones con los niños incluirían tanto sexo genital como el niño fuera capaz de hacer —probablemente considerablemente—. más de lo que ahora creemos— pero debido a que el sexo genital ya no sería el foco central de la relación, la falta de orgasmo no presentaría un problema serio. Los tabúes del sexo adulto/niño y homosexual desaparecerían”.

Una ideología que ha acabado asumiendo incluso la acomplejada derecha

Después de leer estas aberraciones, escritas por una mujer que padeció esquizofrenia durante décadas, es escalofriante darse cuenta de la enorme influencia que ha alcanzado en nuestra sociedad la ideología de género formulada por Firestone , hasta el punto de que ya no es solo una colección de tonterías. defendida desde la extrema izquierda, pero también por el resto del mapa político. Incluso la derecha más tímida ha terminado asumiendo estas tonterías sin dudar , arremetiendo contra quienes aún nos oponemos a ellas.

Ya no pueden decir que un grupo de exagerados “ultraderechistas” intentan vincular la ideología de género con la promoción de la pedofilia y de una sociedad totalitaria , ya que una de las fundadoras de esa ideología lo expuso abiertamente. La pregunta que debemos hacernos ahora es: sabiendo esto, ¿están dispuestos a seguir siendo cómplices de esa ideología creada para empujarnos hacia una sociedad totalitaria, comunista y pedófila?

ELENTIR.

Los hombres princesita: la verdadera masculinidad tóxica

La mujer sensual y lista despierta rencor y envidia en el hombre princesita. Ante ella adopta una actitud de altanería y soberbia.

Irene González

Quizá el origen de todo esté en la música indie. Esa desgracia musical que inutilizó los cerebros de una generación, atormentada en su egocentrismo, impregnándolos de debilidad y desprecio por lo valioso, para ocultar sus complejos ante la masculinidadTodo vestigio de hombría quedó denostado al crear al pusilánime, al eterno adolescente, al hombre princesita. Un subgénero del hombre moderno heterosexual.

El anhelo de ligar, de conectar. Ese interés, esa torpe curiosidad rodeada de errores y ganas de ver, tocar y vivir a la otra persona por encima de cualquier miedo, insignificante ante el calor del otro. Ligar muchas veces implica interrumpir, quizá molestar, insistir o sentirse ridículo, pero siempre es atreverse. Ser capaz de vencer ese instante de salto al vacío es un alarde natural de virilidad, aunque en muchas ocasiones no surta efecto. Siempre fue cosa de dos. Una especie de baile donde cada uno hace lo que puede y el valor va cambiando de lado, al paso.

Toda esa excitante y extraordinaria tentación ha sido sustituida en la vida posmoderna por una reacción en redes, un «me gusta», que sin palabras no es más que un bucle de emoticonos a ninguna parte. Sé que es difícil no caer rendida de deseo ante este absurdo, que lleva a refugiarse en una película de Marcello Mastroianni. Pienso en la masculinidad destruida que representan los hombres princesita y me invade la desolación ante el declive estético de la seducción y el amor, tras el que hay un oscuro vacío moral.

El princesita está tan acomodado en su cobardía que la ha transformado en pereza sexual y desidia emocional. Su apatía posmoderna le incapacita para vivir el vigor del deseo, tan alejado de la necesidad y el ansia de consumo. Tiene más miedo a mostrar un natural interés por una mujer y no ser correspondido, que a perderse lo que pueda vivir. Este desdén ante el sexo que requiere moverse del sofá hay quien lo interpreta como una desgana ante la falsa sensación de abundancia. Las redes le han hecho preso del espejismo de ilimitadas opciones y experiencias. Una generación atrapada y agitada en la saturación de un scrolling infinito que deja un vacío aturdido y demasiado cansado como para sentir ante la vida real que se escapa, mientras se intenta huir de ella en esa pantalla, en esa rueda de hámster. Hacerse next a uno mismo.

Hombres princesita: cobardía emocional

Atrapados en el síndrome de María Antonieta, el hombre princesita necesita ser buscado, elogiado e invitado hasta tenerlo en bandeja para muchas veces desdeñarlo. Un ego débil, caprichoso e infantil que necesita alimentar la sensación de exceso. O algo mucho peor, aparentar un carácter bohemio que su cobardía emocional nunca le podrá dar. La mujer sensual y lista despierta rencor y envidia en el princesita, ante la que adopta una actitud de altanería y soberbia. Le da tanto miedo no ser deseado por ciertas mujeres que opta por el desprecio para ocultar sin éxito su falta de hombría. Lo que más valora es la facilidad de acceso y deshecho, la comodidad que le permita disfrazar sus limitaciones, masculinidad destruida.

El feminismo de tercera ola ha hecho mucho daño a las guapas. Sin piropos, ni caballerosidad, ni amor romántico. Ahora todo es un asco.

La ampliación del concepto de violencia sexual hasta el absurdo ha dado refugio a los depredadores al permitir que se confundan con el que mira a la chica que le gusta. (No te quedes ahí, ve a hablar con ella).

Este escenario sirve como excusa para camuflar su pusilánime existencia esperando impávido que vayan a cortejarle. Tan infantil como insustancial murmulla: «que se acerque ella, estamos en el siglo XXI». Terror. El princesita además de poco hombre no es muy listo.

La iniciativa no es y no debe ser exclusiva de los hombres, pero tampoco de las mujeres como pretenden. El posmofeminismo ha conseguido que las mujeres se encarguen de todo, de parir y de invitarles a salir. «No, que me denuncian», «igualdad», contesta el princesita —lo peor es que son unos aburridos. Pocas cosas más antieróticas que un tipo pidiendo cuotas de igualdad para él en el momento de «ligar».

Que hoy nazcan niños en este mundo del absurdo sentimental es un milagro. Se dedican estudios a la incidencia del precio del alquiler y los salarios en la baja natalidad. Nadie habla de los puentes destruidos entre los que son iguales y naturalmente algo distintos. Toda diversidad se celebra, menos la existente entre sexos. Se fomenta la confusión y se enaltece la fugaz compañía, sin capacidad para conocer el deseo, normalizando el desprecio al amor.

La verdad de una sociedad está en las costuras de cómo nos relacionamos y aproximamos a la intimidad. El lugar que ocupa en cada uno la posibilidad del amor, que no es tan frecuente como las parejas estables. Ahora la soberbia, el miedo, la envidia y la desidia llenan un espacio ausente de ternura y curiosidad hacia el otro a la hora de explorar una conexión real, una intimidad. Lo que más anhelan los hombres y mujeres supervivientes de la posmodernidad.

© Voz Populi

Y para que nada falte a nuestra condena a ser dilapidados en plaza pública por manifiesto delito de heteropatriarcado y masculinidad tóxica, he aquí La fortuna de ser mujer, una película con los grandes Sofia Loren y Marcello Mastroianni.

Cuando la soberanía reside en el lobby: ¿Es legítimo legislar fuera de los parlamentos?

#StopLobbyLGTBIQ+ #CambioClimáticoPatraña

EL LEGISLATIVO SE SOMETE A FACTORES EXTERNOS

El magnate globalista George Soros y la activista climática Greta Thunberg. La Gaceta de la Iberosfera

JAVIER TORRES

No se presentan a las elecciones pero sus demandas acaban en el BOE. Que Pablo Iglesias denunciara -cuando surgió Podemos- el chalaneo bipartidista con las puertas giratorias, la influencia de lobbies, bancos y empresas energéticas en el parlamento o la sumisión de los medios comprados, y luego remedara algunos de esos vicios, no invalida el argumento, sino al denunciante.

La verdad, la diga quien la diga, es que hay una confluencia de intereses entre los dos grandes partidos y fuerzas extramuros de distinto pelaje que influyen notablemente en la dirección del Estado. En demasiadas ocasiones los diputados votan leyes cocinadas desde oscuros despachos por grupos de presión. Nada nuevo, por otra parte, en política. 

Sin embargo, cabe preguntarse por la legitimidad del proceso. Sobre todo ahora que escuece la falta de independencia de un poder judicial que agoniza sometido al ejecutivo y legislativo. La costumbre se hace ley pero es, sobre todo, la ley la que hace la costumbre. Por eso los partidos políticos se reparten los jueces en un cambalache normalizado desde el entierro socialista de Montesquieu en 1985. Una anomalía en la que ahora se incide a menudo. (Por cierto, este mercadillo de togas en que PP y PSOE han convertido al CGPJ ha espoleado a Urkullu, que ya reclama su propio poder judicial vasco. Con las escuelas y cárceles controladas, al PNV sólo le faltaban gudaris togados al servicio de la causa).

Se habla menos, por el contrario, del sometimiento del legislativo a factores externos. A organismos supranacionales, consejos de administración de compañías del Ibex, oenegés, fundaciones… Todos redactan en la sombra. Intereses que mutan en ley, una especie de fotosíntesis legislativa que convierte el interés particular en papel gracias al calor de escaño y moqueta. 

Hace unos días el presidente de un poderosísimo club de fútbol se reunió con el flamante líder de un partido político para que retirase unas incómodas enmiendas a la ley del deporte que obstaculizaban su nuevo negocio. Logrado el objetivo, el dirigente también torció el otro brazo del mismo cuerpo bipartidista. Sin esas amarras, nada impedirá un futuro con gigantes cada vez más ricos contra medianos y pequeños cada vez más pobres. ¿Nos suena?

Tampoco es casualidad que mientras en España nadie saliera a la calle, en Reino Unido o Italia (tierras del Brexit y la reciente victoria de Meloni) las protestas fueran masivas cuando conocieron el proyecto –la superliga– que pone en riesgo sus competiciones nacionales.

Esta misma semana se ha conocido que la Guardia Civil relaciona a George Soros con una aplicación para impulsar un nuevo referéndum separatista en Cataluña. Los agentes investigaron las actividades del ‘CNI catalán’ y, en concreto, la elaboración de una aplicación informática llamada Vocdoni destinada a organizar elecciones seguras. Uno de los “socios clave” detrás de la aplicación, según la Guardia Civil, es la fundación Open Society, propiedad de Soros.  

Por mucho que tachen de conspiranoico a quien señala las actividades de Soros, es indiscutible la financiación del magnate a causas como la inmigración ilegal masiva o el separatismo, ambos tentáculos del proyecto globalista. La influencia del magnate también se aprecia dentro de las instituciones, como los 12 jueces del tribunal europeo de derechos humanos vinculados a su fundación. Además, Soros fue la primera persona que Sánchez recibió en la Moncloa, una reunión que el líder socialista jamás ha explicado.  

Quizá las mayores conexiones entre un lobby y la política se produzcan a cuenta del cambio climático. El año pasado este grupo de presión sacó adelante en el Congreso la ley que prohíbe explorar y explotar nuestros propios recursos naturales. Como todo movimiento poderoso, el climático invierte más en lavar su imagen y comprar voluntades que en ciencia, de ahí su apariencia verde, simpática y comprometida con el planeta. Una fachada que oculta que la aplicación de sus postulados (voladura de centrales nucleares y térmicas, impuestos a la emisión de CO2…) ha arrastrado a la dependencia -pobreza- energética a países como España, donde pagamos la gasolina, la luz y el gas a precio de oro.

La propaganda climática es tan potente a través de medios de comunicación, empresas, colegios, universidades, ¡y hasta el Vaticano!, que al movimiento se le tolera una cara B que destroza obras de arte y ataca edificios oficiales sin que le llamen terrorista. Peor, claro, es que a uno le digan negacionista. 

También es recurrente la etiqueta de homófobo, que se emplea a quien osa discutir los planteamientos LGTBI. Desde hace más de una década el rodillo arcoíris ha extendido sus tentáculos en las legislaciones de la mayoría de naciones occidentales. A las leyes de primera generación (matrimonio gay) le han seguido otras como la trans. Aunque no son iguales, ambas tienen algo en común: no tuvieron respaldo en las calles, lo que nos recuerda que cualquier norma puede salir adelante aunque la sociedad no la demande. El lobby, así, pasa por encima del pueblo como si la historia ya estuviera escrita y el parlamento fuera puro atrezo. 

La guerra abierta entre sexos, cada vez más cerca.

Lo sucedido en el colegio mayor Elías Ahuja de Madrid cuando menos merece un comentario. Naturalmente habrá quien piense que la culpa de todo la tiene Franco. Interpretaciones tan descabelladas o más, hemos podido verlas reproducidas en la  “mentira democrática” y la gente se lo ha tragado sin pestañear, porque el pueblo español no es que se distinga precisamente, por su capacidad crítica, de lo cual también se le echa la culpa al de siempre.  Pues bien, lo cierto es que un hecho así resulta inimaginable y cualquiera que haya vivido en la España franquista lo sabe bien, que nunca un hecho tan vergonzoso se hubiera podido producir, por la sencilla razón de que las escuelas de entonces, lo mismo que en los Colegios Mayores, eran lugares, donde se velaba por la  formación humana , donde los adolescentes y los jóvenes  aprendían a  ser personas de bien  y honradas a carta cabal. Los chicos   eran respetuosos con unas chicas que se hacían respetar porque habían sido educadas en la honestidad y en la limpieza de cuerpo y alma. Ésta y no otra era la clave para que los propios chicos, también educados en los mismos valores, tuvieran en gran estima a las chicas pudorosas, no como actualmente ocurre, en que  a la hora de elegir compañera, los propios interesados  confiesan que prefieren que  sean un poco “guarronas”.

Motivos hay para estar preocupados, no tanto por el hecho en sí del que todo el mundo habla, cuanto por lo que a través de él se dejé entrever y que viene a confirmar lo que ya más o menos sabíamos. Estamos viviendo una crisis aguda, que afecta a la relación entre los sexos. La situación es grave, tanto que la ministrilla Irene Montero se vio obligada a intervenir quirúrgicamente, sacando la ley del “solo el SÍ es SÍ”, tan equivocada que lo que seguramente va a conseguir es agravar el problema. Naturalmente que hay que tomar conciencia de la gravedad del asunto, pero sobre todo urge saber cuál es su origen para enfrentarnos a él y tratar de darle alguna solución.

 Resulta verdaderamente  grotesco e indignante que salgan en primera línea, lamentándose y rasgándose las vestiduras, precisamente dirigentes políticos, que por acción u omisión han sido sus principales causantes y no parece muy difícil dar con  quienes han sido, más aún, desde hace tiempo se vienen denunciando prácticas educativas aberrantes, inspiradas en la ideología de género, que bien podría ser visto, como un instrumento pensado para la corrupción de menores. No nos engañemos, en gran medida la falta de  compenetración, no solo entre las parejas jóvenes, sino también en las más maduritas, es fruto de una educación equivocada, que más que educar lo que hizo y está haciendo es deseducar. 

 El adoctrinamiento en la ideología de género que se está llevando a cabo en los centros educativos, no solo está siendo motivo de perversión moral, sino que está dando origen larvadamente a una guerra entre los sexos y quien no lo vea así es que está ciego. Guerra entre sexos en versión chusca, es exactamente lo que yo acierto a ver en lo sucedido en el colegio agustino de Elías Ahuja y que ha puesto bien de manifiesto el componente de un subconsciente masculino lleno aversión y resentimiento. No sé si habrá réplica por parte de las chicas, pero hay razones suficientes para pensar que si la hubiera, seguramente saldría a relucir un subconsciente sexista no menos preocupante, tal como hemos podido ver en más de una ocasión.  Esto que acaba de suceder y mucho más, hay que interpretarlo dentro del contexto amplio, enmarcado en un feminismo corrosivo y demoledor, que anda diciendo por ahí que los hombres son unos machistas depredadores, violadores irredentos, enemigos de las mujeres a las que siempre han tenido esclavizadas.  Hace falta mucho cinismo para lamentarse por algo de lo que se es responsable. Después de haber estado durante años, tratando de adoctrinar a los escolares en la práctica de una sexualidad salvaje, puramente biológica, ahora nos escandalizamos de que éstos se expresen en términos sexistas.  ¿Acaso se puede esperar una respuesta solidaria, comprometida y respetuosa con los demás a quienes han sido educados  en un pansexualismo enfermizo, que solo busca  la satisfacción momentánea y egoísta de los más bajos instintos?

Vamos a hablar claro, la educación sexual que se está impartiendo en las escuelas  además de ser  demoledora, está alimentando  resentimientos y malentendidos,  que propician el enfrentamiento entre hombre y  la mujer.  Una información interesada sobre los juguetes eróticos  puede  contribuir a despersonalizar la sexualidad dejando fuera de toda relación humana y humanizadora y convertirla en una pura estimulación mecánica.  ¿Que sentido tendría un aprendizaje de este tipo de cara a un relación conyugal, como la propia naturaleza exige?   Según he podido saber,  el tipo de educación sexual que se imparte en los centros, consiste en conocer el propio cuerpo, para así poder obtener el máximo de placer posible, lo que ciertamente se corresponde con una cultura eminentemente hedonista, no lo voy a negar, lo que sí que digo es que ésa no es la educación sexual que se está necesitando, o cuando menos no lo es toda. Lo que se necesita fundamentalmente y más que nada es conocer y explorar los espíritus y dotarles de aquellos valores humanos y morales que hagan posibles que un sujeto y una sujeta, distintos entre sí, se compenetren y mutuamente se apoyen y complementen. Recalco lo de un sujeto y una sujeta distintos entre sí, porque hay que partir de la evidencia científica de que hombre y mujer son diferentes. Lo son morfológicamente, lo son genéticamente, lo son anatómicamente y sobre todo lo son psicológicamente, con su sensibilidad propia y su modo característico de entender la sexualidad.       

 Desde mayo del 68 existen fuerzas muy interesadas por implantar la indiferenciación sexual,    sirviéndose para ello de las escuelas, los parlamentos y los medios de comunicación, para sus siniestros propósitos , incluso la propia ONU, está haciendo valer su autoridad moral a favor de   esto mismo. Es seguramente por ello, que la identidad femenina atraviesa una crisis sin precedentes. Todo comenzó por ocultar los sentimientos y afectos femeninos, para así poder ingresar más fácilmente en el mundo laboral de los hombres; la cosa fue a más y muchas mujeres acabaron  traicionándose a sí mismas,  sacrificando su propia identidad femenina,  para  convertirse en “hombretonas” y  llegar  a ser paradigma de lo que se dio en llamar la mujer moderna. Frente a tanta confusión, una cosa parece clara y es que la naturaleza de la mujer   es única e insustituible, estando llamada a realizar un tipo de humanidad maravillosa y diferente de la del hombre, de modo que solo siendo fiel a sí misma podrá lograr su plenitud. La falsificación de la mujer obra del feminismo radicalizado “a lo Beauvoir” ha repercutido negativamente en las relaciones de la pareja, pero a quien más daño ha hecho es a la propia mujer. A simple vista, semejante afirmación resulta paradójica, por lo que está pidiendo una explicación.   Bien está que a la mujer se la equipare con el hombre en todos los órdenes de la vida social, lo que no deja de ser una desgracia es que a la mujer se la masculinice, robándole su propia identidad, hasta verla convertida en una réplica del hombre. Ser mujer es un don, un privilegio que el mundo necesita, por eso una mujer nunca debiera dejar de serlo. Fue Julián Marías quien dijo que: “Cuando una mujer no sabe a mujer, resulta una forma degradada de lo humano”.  En la medida en que la mujer se olvida de su condición de mujer, se está convirtiendo en un objeto fácilmente manipulable.  Bien entendido que esta fidelidad de la que hablo es compatible con las preferencias personales y con la vocación profesional de cada cual, sin necesidad de tener que renunciar a nada, por supuesto tampoco a la maternidad y a la familia.  

 La Srª Irene Montero,  ministra de la igualdad, tiene que explicarnos qué está fallando en la política  de género, para que cada vez haya más desavenencias entre los jóvenes de distinto sexo, para que las agresiones sexuales sean el pan nuestro de cada día, o para que unos  universitarios nos obsequien con un espectáculo de tan mal gusto. Ha de explicarnos porqué  tantos chicos y chicas  se muestran reacios a formar una familia  estable  y cuando se deciden a hacerlo son incapaces de dar continuidad a un ilusionante proyecto en común.

Cuando en España se impuso por decreto la ley  la coeducación, se nos dijo que ello iba a favorecer la cooperación, el mutuo conocimiento, la convivencia, la cercanía, la confraternización, la interrelación. Todo ha sido un camelo, Sra. ministra, lo que está sucediendo   es otra cosa bien distinta.  Políticos, políticas y polítiques ¿por qué no se van a sus casas y nos dejan en paz?

El Correo de España

El privilegio femenino / Female privilege

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El feminismo ha descrito al género masculino como privilegiado y al femenino como oprimido. Sin embargo, un análisis tanto de la situación actual como de la realidad histórica nos muestra un cuadro mucho más complicado en el que ambos sexos son simultáneamente privilegiados y oprimidos en distintas áreas de la vida.

Nuestra entrada tratará sobre el privilegio femenino, y para ello traduciré dos listas: la de Ballgame, publicada en Feminist Critics, y la de Sweating Through Fog. Recordemos que los autores son estadounidenses y por tanto habrá algunas diferencias culturales (por ejemplo la número 14 de Ballgame no se aplica a los países hispanohablantes). Si bien las dos listas repiten algunos puntos, la de Sweating Through Fog me gustó más, pero ambas son complementarias al abordar distintos aspectos del privilegio femenino.

A continuación mostramos la lista de Ballgame. En negrita encontrarán los puntos que considero más universales y/o relevantes.

Como mujer…

1. Tengo muchas menos probabilidades de morir asesinada que un hombre.

2. Tengo muchas menos probabilidades de terminar suicidándome que un hombre.

3. Tengo menos probabilidad de ser víctima de una agresión violenta que un hombre.

4. Probablemente me han enseñado que es aceptable llorar.

5. Probablemente viviré más años que un hombre.

6. La mayor parte de la gente no considerará que mi valor como persona está exclusivamente vinculado a cómo de alto asciendo en la jerarquía [laboral].

7. Tengo muchas más posibilidades de ser considerada una compañera sentimental valiosa para alguien, incluso si no tengo empleo y apenas dinero, que un hombre.

8. Se me proporciona mucha más libertad para formar amistades íntimas que a un hombre.

9. Mis probabilidades de sufrir una herida o enfermedad relacionadas con el trabajo son significativamente inferiores que para un hombre.

10. Mis probabilidades de morir en el trabajo son una pequeña fracción que las de un hombre.

11. Si rechazo pelear [físicamente, cuando me desafían], es poco probable que esto dañe mi reputación con mis iguales o que se ponga en cuestión mi valía como compañera sexual.

12. Normalmente no se espera que sea capaz de ejercer la violencia. Si carezco de esta capacidad, generalmente no será percibido como una nefasta deficiencia personal.

13. Si nací en Norteamérica después de la Segunda Guerra Mundial, puedo tener la certeza de que mis genitales no fueron mutilados poco después de nacer, sin anestesia.

14. Si intento abrazar a un amigo en un momento de júbilo, es mucho menos probable que mi amigo se cuestione mi sexualidad o se retire incómodo.

15. Si busco consuelo en el abrazo de un amigo íntimo, podré preocuparme mucho menos sobre cómo mi amigo interpretará el gesto o si mi valía como miembro de mi género será cuestionada.

16. Generalmente no estoy forzada por las reglas de género a portar una armadura emocional en mis interacciones con la mayoría de las personas.

17. Con frecuencia soy el centro emocional de mi familia.

18. Se me permite llevar ropa que indica “vulnerabilidad”,  “delicadeza” y “ser juguetona”.

19. Se me permite ser vulnerable, juguetona y delicada sin poner en cuestión mi valía como ser humano.

20. Si interactúo con los niños de otras personas (particularmente gente que no conozco muy bien), no tengo que preocuparme demasiado de que la interacción sea malinterpretada.

21. Si tengo problemas ajustándome a algunos aspectos de las exigencias de género, tengo muchas más posibilidades que un hombre de encontrar una audiencia comprensiva para discutir lo irrazonable de la demanda, y una menor probabilidad de que mi rechazo a ceder me haga ser percibida como inadecuada para mi género.

22. Tengo menos probabilidad de que se me avergüence por ser sexualmente inactiva que un hombre.

23. Desde mi tardía adolescencia hasta la menopausia, para la mayor parte de los niveles de atracción sexual, es más fácil para mí encontrar un compañero sexual a mi nivel de atractivo que para un hombre.

24. Mi papel en la vida de mi hijo se percibe generalmente como más importante que el papel de su padre.

Ahora la lista de Sweating Through Fog. Una vez más, marcaré en negrita los que considero más universales y/o relevantes. He añadido un hipervínculo para corroborar la afirmación sobre las distintas penas por el mismo delito.

Como mujer…

1. Estoy menos presionada que otros para que participe en conductas arriesgadas, peligrosas y poco saludables: una de las razones por las que vivo más que otros.

2. Puedo escoger profesiones menos lucrativas y no ser llamada una perdedora.

3. Si no llego a la cima de mi profesión, está bien. La gente no juzgará que soy menos por ello.

4. Tengo derecho a los beneficios de una sociedad segura y ordenada, pero nadie espera que ponga en riesgo mi seguridad personal para mantenerla.

5. Tengo el derecho de que la inmensa mayoría del riesgo sufrido en defensa de mi país recaiga sobre los hombros de otros.

6. Se me permite evitar la violencia, e incluso huir de ella, sin arriesgarme a que se rían de mí.

7. Si veo a alguien en peligro, se me permite parar y pensar cuidadosamente sobre el riesgo que corre mi persona antes de salvarlo, sin que mi coraje sea puesto en duda.

8. Tengo el derecho de evitar desafíos peligrosos y arriesgados sin que se me llame cobarde.

9. Cuando soy niña se me permite llorar y decirle a mis padres que tengo miedo de algo. Mis padres no estarán decepcionados conmigo.

10. Tengo el privilegio de que las profesiones realmente peligrosas sean ocupadas por otros.

11. Si cometo un crimen, recibiré menos tiempo en prisión por el mismo delito.

12. Cuando me encuentro con otros en una aterradora situación de vida o muerte, tengo el derecho a que se me evacúe primero, una vez que los niños están a salvo. Los otros pueden esperar.

13. Si acabo asesinada como parte de alguna atrocidad, la gente estará especialmente furiosa y llamarán la atención al hecho particular de que fui asesinada. Cuando otros son asesinados, no es tan escandaloso.

14. Tengo derecho a entregar a mi hijo en adopción, y por tanto rechazar totalmente cualquier responsabilidad financiera y personal que de otra forma tendría.

15. Puedo escoger si quiero ser madre o no, sabiendo que la sociedad presionará al padre para que cumpla con sus responsabilidades financieras, quiera o no quiera.

16. Si soy atacada, espero que otras personas no involucradas y a salvo vengan a defenderme.

17. Si veo a alguien ser atacado, no se espera que ponga en riesgo mi seguridad para defenderlo. Está bien si yo espero a que otros intervengan, y al mismo tiempo está bien si yo critico a otros por no hacerlo.

18. En una disputa relacionada con la custodia, se presupone que soy el mejor progenitor y el más seguro.

19. Tengo el derecho de interactuar con niños que no son míos sin que la gente me mire de modo sospechoso.

20. Si elijo ser madre, la gente lo entenderá si quiero concentrarme exclusivamente en el cuidado diario y personal de mis hijos. La sociedad espera que mi esposo gane el suficiente dinero para hacer que esta opción sea posible.

21. Puedo ser realmente ofensiva cuando alguien me enfada, y llamarlos feos, perdedores, frikis, asquerosos, repugnantes, basura, pusilánimes, pervertidos, gordos [etc.]. Después de todo, tengo el derecho a que no se me trate cruelmente en el trabajo, y el derecho a no escuchar cosas desagradables que puedan hacerme sentir incómoda. Tengo recursos legales si ese derecho no es respetado, y tengo el derecho de dejar eso perfectamente claro en mi entrevista de trabajo.

22. Se me permite aceptar mis cualidades espirituales, adoptar una visión de la vida más elevada y refinada, porque otros pueden encargarse de todo el “trabajo sucio”: jardinería [¿yard work?], recolección de basuras, construcción, pesca, minería, alcantarillado, limpieza de las calles, transporte de larga distancia, manejo de equipajes, pintura, granallado y cementado.

23. Si fracaso en algo, puedo ir a la universidad y estudiar las fuerzas históricas y constructos sociales que hacen la vida más dura para gente como yo. Si otros fracasan, es que no tienen lo que hay que tener.

24. Si fracaso en casi todo, siempre puedo enseñar cursos universitarios que explican por qué gente como yo fracasa tanto.

Los puntos 23 y 24 son más una mofa de los feministas profesionales que un privilegio femenino, pero es cierto que el feminismo permite a la mujer culpar al Patriarcado de sus fracasos, algo que el hombre no puede hacer.

Por supuesto las listas no abarcan todo, y hay muchas otras que tratan este tema como la de Women in Higher Education. De hecho, existe un blog dedicado al tema llamado This Is Female Privilege. Como mencioné al principio, sin embargo, no podemos perder de vista las diferencias culturales, pues los géneros no interactúan igual en todas partes.

Por el momento me gustaría añadir algunos privilegios más. Por ejemplo:

1. Mi falta de agresividad no es percibida como una deficiencia de mi personalidad.

2. La timidez o introversión no suponen un obstáculo tan grande para encontrar pareja como lo sería en un hombre, ni pondrán en cuestión mi valía como miembro de mi género.

3. Puedo disponer de la casa como me plazca, dictando la organización del espacio y su decoración, para que refleje mis prioridades y personalidad.

4. La opresión, dificultades y problemas que experimenta mi género son reconocidos por la mayor parte de la opinión pública y reciben atención especial tanto de las instituciones estatales como de las universidades.

5. Tengo el privilegio de desconocer que mis privilegios existen (como se dijo sobre el privilegio masculino en Amptoons).

Ahora la gran pregunta: ¿Es justo llamar a todos estos puntos “privilegios”? Sinceramente, y a pesar de haber escrito esta entrada, el concepto de privilegio no es tan adecuado cuando hablamos de género (sea el masculino o el femenino) como cuando hablamos de raza, que fue para lo que se ideó, y específicamente para la situación en Estados Unidos. El concepto de privilegio fue creado como categoría de análisis en 1965 por Theodore W. Allen, partiendo de las teorías de Du Bois. No sería hasta 1988 cuando Peggy McIntosh establecería un paralelismo entre el privilegio racial de los blancos y las diferencias entre hombres y mujeres para crear el concepto de privilegio masculino.

El gran problema es que, a grandes rasgos, el privilegio racial no funciona como el privilegio de género. El privilegio racial de los blancos, primero legal y luego social, no implica ninguna obligación legal o social para el blanco, y desde luego ninguna contrapartida ventajosa para el negro. En los roles de género, sin embargo, no ocurre así. Por ejemplo, el hombre puede tener más oportunidades de encontrar trabajo (privilegio) por razones como que no se queda embarazado. Hay, sin embargo,  contrapartidas: es devaluado como persona cuando carece de él, y recibe menos apoyo familiar, demostrado en que más del 80% de los sin techo son varones, a pesar de que entre los hombres el desempleo es inferior. Por otra parte, una mujer tiene mucha más posibilidades de ser considerada como pareja pese a estar desempleada que un hombre en las mismas circunstancias (a quien podrían llamar “un perdedor”, insulto que no funciona igual de bien a la inversa).

Algo parecido ocurre con los llamados privilegios femeninos. Veamos por ejemplo el caso de la prohibición de las mujeres en posiciones de combate en las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, una prohibición que sólo ha sido abolida este año. Según el punto número 5 de la segunda lista, es un privilegio no tener que participar en el combate para la defensa del país y dejar que lo hagan otros. Creo que todos podemos estar de acuerdo en eso. Por otra parte, también podría interpretarse como opresión. En primer lugar porque es una prohibición, no un derecho, y en segundo lugar porque sin el acceso a puestos de combate a las mujeres se les está impidiendo ocupar los puestos más altos como oficiales (más allá de coronel), además de la libertad de luchar por su país si eso es lo que quieren hacer.

Ahora bien, dándole otra vuelta de tuerca, poder alistarse a las Fuerzas Armadas, tener el empleo estable que ofrece, recibir entrenamiento gratis en una profesión y comenzar una carrera con posibilidades de ascenso, es una opción muy apetecible para varones con pocos recursos, que se alistarían sin pensárselo dos veces si hubieran tenido garantizado (como las mujeres) que nunca iban a desempeñar una función de combate. No subir de rango más allá de coronel (que muy pocos consiguen en cualquier caso), no le resultaría un duro precio a pagar a alguien que comienza en la pobreza o simplemente no puede encontrar trabajo.

Por tanto, cuando en este blog utilicemos el concepto de “privilegio” refiriéndonos al género, será utilizado como categoría de análisis para debatir con términos similares a los que usa el feminismo (para que todos tengamos las mismas armas) pero sin ser tan ingenuos como para pensar que el privilegio por razón de género es equiparable al privilegio racial.

Mi crítica al feminismo en este sentido es que, cuando se hacen listas del privilegio masculino (como la de Amptoons), nunca se especifican los matices o contrapartidas. El feminismo jamás admite que los privilegios masculinos tienen un reverso, como por ejemplo la desechabilidad masculina. Sin embargo, son prestos a criticar que el privilegio femenino sí los tiene, al menos los pocos que admiten la existencia del privilegio femenino en primer lugar.

Cada privilegio tiene sus matices y contrapartidas (opresión), para ambos sexos. La existencia del privilegio femenino no niega la opresión de la mujer en otras áreas, del mismo modo que el privilegio masculino no niega la opresión del varón. Privilegio y opresión son dos caras de la misma moneda: el palo y la zanahoria para mantener a la gente en su lugar.

El feminismo, sin embargo, considera que el privilegio femenino es en realidad sexismo benevolente (una pequeña compensación) y que la opresión del varón es un efecto secundario y no deseado del privilegio. Valoren ustedes, teniendo en cuenta aspectos de la opresión masculina ya tratados aquí (tanto en la actualidad como en el pasado) qué visión de las relaciones entre privilegio y opresión para ambos sexos les parece más ajustada.

Finalmente, quería terminar la entrada preguntándoles qué otros privilegios femeninos se les ocurren, ya sean universales o específicos para sus culturas.

FUENTE: Hombres, género y debate crítico.

El orgasmo no es un complot de Occidente»: Islam y sexo, una relación de amor y odio

En las sociedades musulmanas, la aproximación al sexo es cada vez más problemática a medida que los islamistas y ultraconservadores ganan peso. ¿Su solución? Una represión aún mayor

MUSULMANAS EN BERLIN
Dos chicas con velo pasan ante el cartel de un ‘sex shop’ en Berlín, en julio de 2017. (Reuters)

«El orgasmo no es un complot de Occidente». Lo clama el escritor argelino Kamel Daoud, harto ya de una oleada de tabúes que se van apoderando del mundo musulmán: cada día se exige más a las mujeres que sean decentes, púdicas, religiosas, vírgenes… pero también cada día aumenta el acoso sexual en la calle. A las que parece que no lo son, primero, y luego, a todas.

La dicotomía se presenta entre la mujer virtuosa y virgen, que no plantea una amenaza al patriarcado, frente a una ‘occidentalizada’, es decir sexualmente permisiva, que supone una depravación moral. Todo es cuestión de un pudor regulado por las ‘fetuas’ (dictámenes religiosos) de imames y telepredicadores, fundamentalistas de un nuevo islam que ha demonizado el sexo y ha convertido el cuerpo de la mujer en su gran obsesión. Algo que hay que cubrir con un velo y tener bajo control estricto.

El jeque marroquí Abdelbari Zemzemi es el rey de las fatuas sexuales. Ha dado su bendición a las mujeres para que usen “una zanahoria o una botella” para masturbarse y a los hombres para que se compren una muñeca hinchable como pareja. Cualquier cosa está bien “para no caer en el pecado”, es decir, tener relaciones sexuales fuera del matrimonio. Eso nunca.

Los permisos de Zemzemi solo se aplican –dice– a las personas “que lo necesitan” y especialmente a las que están teniendo“impedimentos” para unirse en el santo matrimonio. Para los demás, “amén” a todo experimento, siempre cuando sea entre cónyuges. En un dictamen anterior, Zemzemi consideró que el sexo de un marido con su difunta esposa, recién fallecida, es “totalmente legítimo” porque ella, su mujer, “le pertenece antes y después de la muerte”.

A falta de leyes, la sociedad se encarga de establecer las reglas: un hombre y una mujer no pueden pasar la noche juntos en un hotel egipcio ni marroquí a falta de un certificado de matrimonio. Puede que sin este papel, incluso un paseo romántico por la costa de Tánger, cogidos de la mano, acabe en comisaría. Darse un beso en público es ya una falta de respeto, con anillo o sin él.

Proteger el honor de la familia por encima de todo, ser chica de bien, y actuar de acuerdo a lo preestablecido es el máximo deber ciudadano de cada fémina. De ahí que violar a una mujer no se considera tanto una agresión contra la libertad de ella sino como un delito contra la moral pública; un delito en el que ella tendrá parte si – a ojos de la sociedad – hizo algo para que el hombre se sintiese “impulsado” a violarla. Por ejemplo andar sola de noche o llevar una falda corta. El delito no es la agresión, es el sexo. Por eso también está penado en casi todos los países musulmanes el sexo libremente consentido entre adultos (el artículo 490 del Código Penal marroquí prevé hasta un año de prisión para ello, aunque raramente se aplica).

La sexualidad femenina como amenaza

“A mí se me ha perforado la mente con que el sexo antes del matrimonio es malo y que mi virginidad es lo más importante”, reconoce Mariam, de 24 años. “La mayoría de las mujeres árabes con las que he tenido relaciones solo mantienen sexo anal para no romper su himen, e incluso así, después tienen muchos remordimientos”, explica Karim, de 27 años. “Aunque es cuestión de vergüenza y timidez, de tabú, también tiene mucho de ignorancia. Todos sabemos cómo se tienen hijos, pero nadie habla del sexo porque les da vergüenza. Hablar de disfrutarlo es ya algo inimaginable”.

La obsesión por regular y controlar cada detalle de las relaciones individuales en las sociedades musulmanas, espoleada por la oleada de fundamentalismo religioso que vive la región desde hace un par de décadas, ha convertido la cuestión del sexo en un tabú social cada día más severo. La propia idea de una “sociedad musulmana”, tal y como la define el fundamentalismo islámico, es precisamente la de una sociedad en la que no existe la “depravación moral de Occidente”, es decir la posibilidad del sexo libremente compartido y disfrutado entre adultos. En la sociedad islámica, tal y como la intentan fijar los jeques del fundamentalismo, el honor de un hombre reside en el control del cuerpo de todas las mujeres de su familia: su esposa, sus hijas, su hermana, su madre. La sexualidad de ellas es una amenaza para el orden social, una fuente de inmoralidad: no tienen capacidad de controlarse a sí mismas y necesitan de un hombre que proteja su virtud y su pureza.

“Sé un hombre: tapa a tus mujeres”. Este fue el lema de una campaña que hizo furor en las redes sociales en Marruecos el pasado verano. No era una idea nueva: copiaba una iniciativa lanzada en Argelia en 2015. El mensaje cargaba a los hombres de la responsabilidad de garantizar que “sus” mujeres no fueran en bikini a la playa ni llevaran ropa corta o ajustada en verano. La respuesta no tardó: la activista marroquí Betty Lachgar –ya experimentada en lanzar campañas por la libertad sexual, por la derogación de la ley que criminaliza las relaciones sexuales entre adultos no casados, la despenalización del aborto y la legalización de la homosexualidad– y la rifeña Zoubida Maallem Boughaba difundieron el lema “Sé una mujer libre”.

“Nuestras abuelas no llevaban velo”

Zoubida Maallem y otra activista, la melillense Mimunt Hamido Yahia, coordinadora del blog No Nos Taparán, lamentan que estas campañas contra la “desnudez” -estar en bikini cuenta como “estar desnuda”- estén “colonizando” el norte de África, donde hasta hace una generación no hubo tanto sentido del pudor. “Nuestras madres no llevaban hiyab, y nuestras abuelas menos”, defiende Hamido. Distingue entre el típico pañuelo campesino, que se ha llevado en todas las sociedades rurales del Mediterráneo, y el hiyab moderno, que se asocia a una idea de castidad y pureza, de ocultamiento del cabello de la mujer por su supuesto atractivo sexual y que incluso ha llegado ya hasta a las pasarelas de moda de marcas como Dolce & Gabbana. “En las fotos de mi abuela se le ven las trenzas bajo la pañoleta”, asevera.

La idea de ocultación de la mujer como pecaminoso objeto de deseo subyace en la teología islámica, pero solo se hizo presente a nivel público en las sociedades musulmanas en los últimos 30 años. El terreno comenzó a gestarse en los años setenta, cuando el islam político comenzó su andadura, pero se hizo visible por primera vez desde las tribunas del poder con la Revolución iraní en 1979. Luego llegó el ascenso de los talibanes en Afganistán, la guerra civil –perdida militarmente, pero ganada en el terreno social– de los islamistas en Argelia en los años 90 y, ya después de la Primavera Árabe, el auge de los Hermanos Musulmanes en Egipto o del partido Ennahda en Túnez.

La globalización de estos movimientos, que se declaran salvadores de un mundo laico, ha venido acompañado de un protagonismo cada vez mayor de los predicadores que se inspiran en Arabia Saudí y Qatar, dos países dominados por la escuela wahabí, un movimiento ultraortodoxo nacido en el siglo XVIII, y considerado secta casi hereje hasta el siglo XX. Ahora está en vías de convertirse en la única versión conocida del islam, sobre todo en Europa, donde los colectivos de musulmanes inmigrantes, a menudo de segunda o incluso tercera generación, desconocen totalmente la fe de sus abuelas y se alimentan únicamente de las fetuas que hallan en los foros de internet, impregnadas de un fundamentalismo exacerbado no tan lejos de la ideología del Daesh.

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Un grupo de egipcias protesta contra el acoso sexual en el centro de El Cairo (Reuters)

El sexo fuera del matrimonio, el gran tabú

Esta relación de amor-odio que mantiene el islam con el sexo es bastante reciente. Durante los siglos de esplendor de la civilización arábiga, hasta aproximadamente el XVII, abundaba no solo la poesía erótica –tanto heterosexual como homosexual– sino también los tratados de sexología e incluso los manuales para ligar. El flirteo se consideraba una de las bellas artes, de Córdoba a Bagdad, y no consta que tener éxito se castigara con la lapidación. “Tenemos la suerte de que la religión musulmana, a diferencia de la católica o la judía, considera que la relación sexual debe dar placer, no sólo servir a la procreación”, subraya la feminista marroquí Aïcha Zaïmi Sakhri, que a finales de los años 90 lanzó la revista ‘Femmes du Maroc’.

Entre consejos de belleza, moda y reportajes críticos con el patriarcado se escondía en cada número una doble página negra con información sexual: anatomía del clítoris, consejos de cómo llegar al orgasmo, masturbación. “Claro que es audaz, dirán dios mío, de qué hablan… pero no está prohibido. Lo que no podemos hacer es hablar del sexo fuera del matrimonio. De este tema hablamos sólo entre líneas. Porque estas relaciones están prohibidas por la ley”, reconocía Sakhri. Pero el placer en sí no está demonizado por los teólogos.

Similar iniciativa lanzó, una década más tarde, la artista Joumana Haddad en Líbano, con la revista Jasad (Cuerpo). Pero en los países entre Casablanca y Beirut, poco material hay para ellas y ellos para informarse. En Egipto funciona desde hace pocos años la plataforma digital Ma3looma (“Un dato”), fundada para combatir la enorme ignorancia de la juventud en materia sexual. Lo más atractivo es su servicio de preguntas y respuestas, siempre anónimas. Las dudas expresadas muestran el nivel de educación sexual: “No, usted no se puede quedar embarazada con un beso”. “No, tampoco por lavar su ropa interior junto a la de un hombre”, advierte, en respuesta a las cientos de preguntas que recibe cada más.

El tabú sexual en Egipto es tan amplio que –a diferencia de lo que ocurre en Marruecos– una entrevista a un sexólogo en televisión se puede convertir en escándalo nacional. “Estos temas son para hablarlos en la pareja y en la habitación”, insistió el muy popular presentador Tamer Amin. El escritor egipcio Ahmed Naji fue condenado a dos años de prisión por “violar la moral pública” con uno de los capítulos de su novela. El demandante, un lector de su libro, le acusó de provocarle “taquicardias y una bajada de tensión arterial”. Por lo mismo, la educación sexual no existe ni en las escuelas ni en las conversaciones entre padres, amigos o incluso hermanos. Porque el saber lleva al querer, creen. Hablar sobre el sexo hará que los jóvenes intenten tener relaciones sexuales sin esperar a la boda.

El problema es que el sustituto de la educación sexual, la pornografía en internet, crea una concepción distorsionada de las relaciones entre hombres y mujeres, un mundo donde no hace falta el consentimiento ni el respeto. Y las consecuencias están a la vista: el auge del acoso sexual callejero. Un acoso verbal, que a menudo deriva en frotamientos. Sus autores se justifican con la imposibilidad de “aliviar” sus pulsiones sexuales de otra manera. Al no poder establecer un diálogo normal con una chica -a ellas les dicen que no hablen con chicos extraños-, el cuerpo femenino se convierte en un mero objeto.

Y ese objeto del deseo sigue ahí, aun bajo todas las capas de tela. Cuando Rania Fahmi, de 20 años y de una zona rural de Egipto, sale a la calle, lo hace vestida de negro y de largo, sin nada que marque una curva, con el pelo cubierto… pero parece que la simple presencia de una mujer en un callejón basta para despertar la bestia masculina. Rania se ha visto obligada a arrear varios golpes con el bolso al hombre que la acosaba, haciéndose viral en las redes sociales y llevando a su agresor a prisión.

¿De quién es la culpa si destapas la carne?

La gravedad de la situación obligó a reaccionar el pasado septiembre a la Universidad Al Azhar, una de las mayores autoridades religiosas del islam, feudo del conservadurismo. «Algunos tratan de hacer de la ropa de una mujer o de su comportamiento un pretexto para justificar el terrible crimen del acosador, como si la mujer fuera responsable de tal pecado», declaró esta institución. Pero la fetua tuvo poco impacto entre la oleada de mensajes que cada día llegan desde telepredicadores y páginas web religiosas, y que coinciden todas en que la mujer es la responsable de evitar el acoso, no dando oportunidad. El jeque australiano Taj Aldin al-Hilali, oriundo de Egipto, lanzó su famosa parábola del gato y la carne para explicar el acoso. Si se deja una carne en la mesa sin tapar, y el gato se la come, ¿de quién es la culpa? Del gato no: solo sigue su instinto. Lo que hay que tapar es la carne, concluyó el predicador.

El símil resume a la perfección la teología islámica respecto al cuerpo de la mujer: constituye motivo de ‘fitna’, es decir cizaña, enfrentamiento, incitación a la rebeldía. El hombre –sostiene esta escuela– es un animal rapaz por naturaleza; si se quiere evitar que se abalance sobre una mujer en la calle y así perturba el orden social, hay que evitar que tenga oportunidad para ello. Hay que evitar que haya mujeres en la calle o, si las hay, al menos hay que taparlas para que no se vea incitado a asaltarlas.

Este es, precisamente, el razonamiento teológico que fundamenta el uso del velo islamista, conocido como hiyab. O su versión más estricta, el niqab o burka, que cubre toda la cara. Por eso, argumenta Mimunt Hamido, defender el velo en España como signo de “multiculturalidad” o “respeto a costumbres ajenas” es desconocer totalmente el significado que conlleva y que es “una separación sexista de la sociedades entre agresores por naturaleza y agredidas culpables”. “El velo no es una prenda más: es un símbolo que clasifica las mujeres en decentes e indecentes”, denuncia. En esta línea, un abogado egipcio, Nabil al Wahsh, ha afirmado incluso en la televisión que violar a las mujeres con pantalones vaqueros ajustados es un «deber nacional» y acosarlas es “una obligación patriótica”. Porque, dijo, nadie quiere ver a una mujer atrayendo la atención de los hombres.

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Una mujer en la piscina del Wome Deluxe Hotel, un resort ‘halal’ en Alanya, Turquía. (Reuters)

Otro famoso símil para convencer a las chicas de que elegir el hiyab es la única manera de ser una mujer decente es el de la piruleta: “Si te ofrecen dos caramelos, uno con su envoltorio y el otro ya abierto y rodeado de moscas ¿cuál elegirías?” Las “moscas”, en esta versión, son los chicos que siguen a una mujer en la calle para gritarle obscenidades. Pero sufrir este acoso no es culpa de las moscas: es culpa de quien no lleva el envoltorio.

Socialmente. Legalmente no, o ya no. El pasado septiembre, el Gobierno marroquí anunció por fin una nueva ley, largamente reclamada por los movimientos feministas, para erradicar la violencia contra las mujeres. No solo tipifica por primera vez como delito forzar a alguien a casarse contra su voluntad, sino también penaliza con seis meses de cárcel y multa el acoso sexual. Queda por ver si se aplicará.

La experiencia de Egipto no deja mucho lugar al optimismo: también allí se castiga el acoso con seis meses de prisión y multa desde una reforma legal de 2014. Pero cuando la activista Amal Fathy publicó este año un video en las redes sociales en el que relataba cómo había sido acosada sexualmentecuando hacía gestiones en un banco y denunciaba que el Gobierno no está haciendo lo suficiente para proteger a las mujeres contra esta lacra, el arma legal se convirtió en bumerán. El video llegó a la prensa internacional y la policía no tardó en ir a su casa y arrestarla. A finales de septiembre pasado, un tribunal la sentenció a dos años de cárcel y una multa de 490 euros por “difundir noticias falsas” y manchar la imagen del país.

El himen a toda costa

Atrapados entre sus impulsos sexuales y la responsabilidad de vigilar sobre la decencia de “sus” mujeres –un concepto que para muchos no incluye solo las de su familia, sino todas las de su país o incluso cualquier musulmana en el mundo– , muchos jóvenes han descubierto una válvula: las otras. Las que no son musulmanas. Las ‘occidentales’. Ellas no necesitan ser decentes: nacen putas, más o menos. Ligar con una europea es la solución perfecta para un chico musulmán que no tiene medios para casarse, pero se horroriza ante la idea de manchar el honor de la que podría ser su futura esposa.

Es la vía de escape de Tareq (nombre ficticio) , un egipcio de 25 años para el que “no hay otra solución más allá del matrimonio” para poder tener relaciones sexuales con una mujer. Reconoce que es “una necesidad humana digan lo que digan los religiosos” e ironiza que está “harto del porno”. “Quiero tocar a un cuerpo humano sin pagar por ello”, suspira, mientras toma una cerveza en un bar de Ámsterdam. El Barrio Rojo es su atracción favorita: “¿Y qué quieres que haga? ¿Violar a las chicas en la calle? Aquí al menos dan a la gente esta salida, allí nos ahogamos con lo que hay”. El próximo verano celebrará su boda por todo lo alto con una chica cinco años más joven y a la que apenas conoce. Ambos residen en El Cairo. Le quedan pocos meses pero “son una eternidad”. No tiene remordimientos por lo que pueda pensar su prometida. Es un matrimonio arreglado con “una chica decente y con estudios”, cuenta con orgullo.

Ella no tiene esta vía de escape mientras se prepara para la misma boda. Será el día en el que perderá la virginidad, ese símbolo de dignidad que le garantiza un matrimonio. Un símbolo que no ha perdido vigor desde los días de la tradición en los que garantizaba el honor público de la familia. Hace una generación –lo cuenta la socióloga marroquí Soumaya Naamane Guessous en su tesis “Más allá del pudor”, una investigación sobre las costumbres sexuales de las marroquíes, realizada en los años 80 y bestseller en todas las librerías marroquíes hasta hoy, con una decena larga de reediciones– no faltaban madres que daban a sus hijas el consejo de ‘enrollarse’ con sus novietes todo lo que quisieran… siempre y cuando preservaran el himen. Eso no.

Hoy, la obsesión llega más lejos. Hay casos en los que una pareja de novios,tras una etapa de encuentros sexuales, decide casarse… y que por mutuo acuerdo deciden que la chica acuda a una clínica para recomponerse el himen y ser virgen de nuevo para su ahora futuro esposo. Porque ¿cómo se va a casar él con una chica que no haya sabido preservarse para el día de la boda?

En el Magreb, la floreciente industria de la recomposición del himen se denuncia a veces como un negocio que se aprovecha de los tabúes y, como no, los refuerza. Pero en otras longitudes puede ser un salvavidas. En los países árabes al este de Egipto, y hasta el sureste de Turquía, persiste la terrible costumbre de los asesinatos de honor: si el vecindario sospecha que una chica podría haber perdido la virginidad, o que actúa como si pudiera estar dispuesta a perderla, sobre la familia recae la obligación de matarla. Una tradición tan fuerte que varios países prácticamente la permiten por ley: en Jordania, el castigo para el asesino no suele sobrepasar los seis meses.

Cuando se propuso, en 2003, reformar la ley para abolir la atenuante del ‘honor’ vulnerado, los diputados de los Hermanos Musulmanes votaron en contra. Ante la pregunta de cómo podían proteger con su voto una tradición que no viene en el Corán ni es compatible con la norma islámica de que nadie debe ser ejecutado sin juicio público y sentencia de un juez, la respuesta era fácil: no, matar no es islámico, aducían, pero sirve para evitar que a las chicas se les ocurra cometer un pecado.

Matrimonio infantil musulmán, en Europa

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Que más quisiéramos que poder hablar del matrimonio infantil, como si fuera un capítulo superado en la Historia de la humanidad; sin embargo, en nuestros tiempos, éste continúa siendo uno de los desafíos más importantes, en materia de Protección de la Infancia.
A pesar de los esfuerzos que se han hecho por erradicarlo, su práctica sigue estando vigente en muchos países del mundo, inclusive en algunas regiones del nuestro, cuyas víctimas mayoritarias, son las niñas.

El tema se complica cuando este hecho, se inscribe en el ámbito de las tradiciones religiosas, así como en los usos y costumbres de ciertos grupos humanos. El fenómeno migratorio masivo hacia Europa, protagonizado mayoritariamente por musulmanes, nos permite asomarnos a esta realidad y a la forma en que se ha ido desplegando y arraigando en aquel territorio, so pretexto de la multiculturalidad.

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Según la narración de Sahih Bukhari (1), el profeta Mahoma teniendo alrededor de 50 años de edad, tomó por esposa a una niña de 6 años que se llamaba Aisha. Pero no fue sino hasta que ella cumplió los 9 años, cuando éste consumó el matrimonio con ella.
Una cosa es que este hecho pudiera haber sido muy común en el contexto sociocultural del siglo VII, en el que el profeta se desenvolvió, y otra, es que en pleno siglo XXI, una multitud de devotos, lo replique en sus países de origen, y en el caso de emigrar -y en un desplante de desinterés absoluto por la asimilación cultural del país que los acoge-, pretenda imponérsela.

En la usanza islámica, no existe una edad mínima para este tipo de matrimonio. Puede acordarse desde que son bebés, formalizándose a través de un contrato matrimonial, en el que los padres de la niña, dan su consentimiento. A pesar de que se dice que el matrimonio no debe ser consumado, sino hasta la llegada de la menarca, los testimonios de mujeres adultas que se casaron cuando eran niñas, evidencian que fueron desvirgadas mucho antes de su primera menstruación. Esta práctica, permite la endogamia, ya que no prohíbe el matrimonio entre consanguíneos. Además de ser una norma social que emula la unión de Mahoma con Aisha, algunas de las razones que lo fomentan:

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– Aceptación social de la Pedofilia, es decir, la inclinación erótica hacia menores de edad.
– Garantía para al esposo de que la novia sea virgen.
– Ser una estrategia de supervivencia familiar, porque al casarla, el futuro marido se hará cargo de mantener a la niña.
-En un caso más extremo y directamente relacionado con el grado de pobreza, ganancia económica, a través de la venta de la niña, al hombre que pretende casarse con ella.
-Anulación de la penalidad por el delito de violación, siempre y cuando el perpetrador, se case con la niña de la que abusó.

Entre los daños provocados a las víctimas, están:

– Muerte por hemorragias, durante la noche de bodas.
-Fístula vesico-vaginal.
– Enfermedades de transmisión sexual.
-Embarazos, partos de alto riesgo y abortos espontáneos.
– Serias patologías físicas y emocionales.
– Deserción escolar.
– Aislamiento social.
– Suicidio.

Sobre el tema migratorio, a muchas niñas las casan en su país de origen, para asegurar que haya un hombre adulto que las proteja durante el trayecto. Y en otros casos, los matrimonios se concretan en los albergues para migrantes.

Establecer cifras honestas sobre el tema, se hace complicado por:

-La diferencia de idioma, entre los migrantes y los trabajadores sociales europeos.
-La imprecisión de datos a causa del miedo que las niñas muestran cuando se las entrevista.
– Las mentiras de los adultos que -por miedo a represalias- niegan que estar casados con ellas.
-Y también porque las estadísticas, suelen estar dolosamente trucadas, a favor de las políticas globalistas de la Unión Europea.
Sin embargo, se sospecha que los números, son muy superiores a los que oficialmente se reconocen.
Para darnos una idea de cómo se está dando esta realidad en Europa, pongo 2 ejemplos:

1. El primero es el caso de Alemania, en donde luego de varios años de ignorar este gravísimo problema, por fin, en el 2017, se aprobó una ley que no solo prohíbe matrimonios con menores de 16 años, sino que además invalida aquellos en los que uno de los cónyuges, hubiera tenido menos de 16 años cuando se contrajo matrimonio. A pesar de ser una muy buena noticia, es muy difícil saber si la ley realmente se está respetando, ya que dentro de los guettos autocreados por los musulmanes y que reciben el nombre de NO GO Zones -en los que ni los policías se atreven a entrar-, la Sharía, la ley más violenta y machista sobre la faz de la Tierra, impera por encima de la Constitución.

2. El caso de Suecia se cocina aparte, el gobierno en turno, que se precia de tener el primer gabinete feminista del planeta, no solo se ha manifestado en pro del matrimonio infantil dentro de la comunidad migrante, sino que además en la más reciente votación parlamentaria sobre el tema, votó a su favor. Es importante señalar que si esta iniciativa no se convirtió en ley, fue gracias a que al voto mayoritario, en contra… sin embargo, en la práctica, su aplicación es sumamente discrecional. Ignorando el resultado de dicha votación, y dando apoyo político al Islam, unos días después, los servicios sociales del gobierno sueco, publicaron un manual, en donde haciendo el más irresponsable uso del lenguaje políticamente correcto, le daban consejos a los migrantes que estaban casados con niñas… sin ponerse en ningún momento, del lado de las víctimas…

La severa oleada de críticas en contra del panfleto, no se hizo esperar, y tan solo unas horas después de haberlo publicado, las autoridades gubernamentales, lo retiraron de la página web en la que lo habían subido.

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En la mayoría de los países de Europa Occidental, casos similares, son cada vez son más frecuentes y sonados, a pesar de los esfuerzos de invisibilizarlos o minimizarlos, por parte de los gobiernos de la Unión Europea… Pareciera increíble que, en nombre de la democracia, en una sociedad que se precia de ser defensora de los Derechos Humanos, se haya llegado al extremo de poner en duda, el cumplimiento de la obligación moral, política y social, de proteger y cuidar a las niñas, mediante una votación parlamentaria, así como que el crimen del abuso de menores, permanezca en el rango de estado civil…

Ante estos hechos, conviene reflexionar sobre cuál es nuestra postura frente al Feminismo, que a pesar de autoproclamarse como defensor de los derechos femeninos, no ha condenado al gabinete sueco feminista, por ser cómplice de la normalización de la violencia en contra de las niñas, fomentador de la endogamia y franco defensor de la pederastia.

Por Beatriz Eugenia Andrade Iturribarría
Twitter: @euzkera

Video relacionado:

 

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[1] ·Bukhari, vol. 5, Libro 63, no. 3896; cf. Bukhari, vol. 7, book 67, no.5158

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Algunas fuentes:
http://culturalmarxism.net/saudi-grand-mufti-says-that-there-is-wrong-with-child-marriages/

https://www.express.co.uk/news/world/939408/Sweden-leaflet-child-marriage-immigrants-National-Board-
of-Health-and-Welfare

https://gaceta.es/noticias/los-verdes-alemania-ley-prohibe-los-matrimonios-infantiles-02062017-1711/
https://www.webislam.com/articulos/33885-el_matrimonio_en_el_islam.html
https://www.gatestoneinstitute.org/9078/germany-child-marriage
http://www.breitbart.com/london/2016/08/14/report-1000-child-marriages-germany/
https://aboutislam.net/tag/child-marriage/

https://es.corrispondenzaromana.it/suecia-prohibido-por-el-parlamento-el-matrimonio-infantil/embed/#?secret=JxsrT6lzOU

http://www.antena3.com/noticias/mundo/suecia-pide-ninas-que-utilicen-tactica-cuchara-creen-que-pueden-
sufrir-abusos-extranjero_201805215b02e6f70cf2a7ba0a1bd0ca.html

https://www.ahorainformacion.es/2017/09/26/los-tribunales-suecos-aprueban-el-matrimonio-infantil-
islamico/

Germany Legalizes Sharia Child Marriages

Origen: Matrimonio infantil musulmán, en Europa – Disidencias

El Feminismo Corporativo: una verdadera lacra social.

FEMINAZIS28

«En Francia piropear o sencillamente silbar a una mujer por la calle supone una multa de 750 euros.»

Por Javier Benegas en Disidentia 

En apenas unos años, hemos pasado de disfrutar de una cierta libertad a tener que medir cada una de nuestras palabras, expresiones y actos. Las coacciones que atentan contra nuestra libertad de expresión y de acción, se han multiplicado. Y son las que emanan del bullicioso Feminismo Corporativo (en adelante FC) las que se han vuelto más expeditivas y peligrosas. De hecho, no resulta exagerado afirmar que este nuevo feminismo se ha convertido en la peor y más corrosiva de todas manifestaciones de la Corrección Política.

Censura, censura y más censura

 

El FC censura por definición cualquier alusión al aspecto físico de la mujer, muy especialmente si ésta se produce en un medio de comunicación. Referirse a la belleza o la fealdad de una fémina —no así de un hombre—, o simplemente aludir a su forma de vestir en un reportaje o noticia, es un acto castigado con el escarnio del profesional que firme la nota, aunque se trate de una sátira o una simple crónica rosa.

Si el protagonista del reportaje es una mujer relevante, estos es, según el lenguaje FC, un “referente”, entonces directamente se califica de atentado. Y el autor (muchas veces autora) es arrojado a la hoguera por hereje.

El FC también ha elevado el vulgar piropo a la categoría de agresión sexual. Así, en Francia piropear o sencillamente silbar a una mujer por la calle supone una multa de 750 euros. Y si esto sucede en el transporte público el importe de la sanción se duplica; es decir, 1.500 euros. Una medida que pronto podría ser imitada por otros países europeos.

Por si esto no fuera bastante se pretende que este tipo de sanciones se apliquen, además de en la calle, en otros ámbitos, como la prensa. Y que se tipifique como delito en un medio de información cualquier referencia remotamente sexual sobre una mujer.

La falsa cultura de la violación

A pesar de que las violaciones son delitos cometidos por una diminuta minoría de varones, en comparación con la población total, el FC pretende imponer la idea de que en nuestras sociedades existe una “cultura de la violación“. Y para que ninguna interacción entre hombres y mujeres escape a su control, toda acción debe ser fiscalizada y calificada como algún tipo de agresión sexual, desde una simple palabra, pasando por una insinuación, hasta la franca proposición sexual.

El FC pretende además que el supuesto delito sexual deje de depender de los hechos objetivos y pase a estar sujeto a la apreciación subjetiva de una de las partes, es decir, de la mujer. Y que ni siquiera se necesaria una mínima coherencia temporal. Así, la mujer tendrá derecho a arrepentirse al día siguiente de la relación sexual que mantuvo voluntariamente la noche anterior. Y su cambio de parecer podrá ser base suficiente para procesar al varón.

Universidades y tribunales paralelos

En numerosas universidades norteamericanas el FC ha logrado que se pueda denunciar a un estudiante por el hecho de “mirar raro”, algo por otra parte que es imposible de demostrar salvo que la palabra de la mujer se convierta en ley. Así, en los campus norteamericanos proliferan los comités que actúan como tribunales paralelos, suplantando las competencias de los tribunales ordinarios.

Cualquier joven puede ver su reputación arruinada irremediablemente por obra y gracia de un malentendido, un despecho o una desavenencia con una compañera. Los comités que le juzgarán, además de estar presionados por la corriente feminista, carecen de la preparación y los medios necesarios para realizar pesquisas mínimamente garantistas. Para colmo de males, están saturados, puesto que todo es susceptible de ser considerado agresión sexual.

Como es lógico, los dictámenes de estos comités suelen acabar en los tribunales ordinarios, donde verdaderos jueces terminan finalmente exonerando al estudiante… pero cuando el daño reputacional es ya irreparable. En la era de Internet, las viejas noticias permanecen en la Red durante largo tiempo y, en muchos casos, también las fotografías de los “ajusticiados”. A estos contenidos se puede acceder desde cualquier parte del planeta. Por lo que la víctima no tiene siquiera la posibilidad de rehacer su vida en otra parte.

Feminismo Corporativo e intereses

El FC ha convertido el Día Internacional de la Mujer en un acto de desagravio en el que se denuncia, entre otras cosas, la falsa “cultura de la violación”. Así, lo que hasta hace tan solo unos años era una jornada de celebración y de estímulo, ha derivado en un ajuste de cuentas generalizado, una interesada guerra de sexos con la que se presiona a los legisladores para que redacten leyes particulares. Y la ley deje de ser igual para todos y se convierta en privilegio.

Como ejemplo inquietante de cómo el FC ha penetrado en unas instituciones que se supone neutrales, basta pasear por delante del Ministerio de Igualdad y contemplar la enorme pancarta con un lazo morado que pende de su fachada. Una imagen que tiene ciertas reminiscencias de la Alemania nazi, en cuyos edificios oficiales pendían grandes estandartes con la esvástica.

Lamentablemente, cuanto más ceden los políticos a la presión, más lobbies feministas florecen en aquellos sectores más prometedores. Para las activistas, todo sector relevante, con posibilidades de promoción, se convierte en un objetivo estratégico. Una característica que revela la existencia de intereses que no son ni mucho menos extensibles a todas las mujeres.

En efecto, resulta bastante sospechoso que se ponga el foco en determinados sectores profesionales, casualmente aquellos que resultan más cercanos y atractivos a las activistas y, en especial, a sus núcleos duros. Raro es ver movilizaciones similares en actividades que resultan de escaso interés para las activistas. No existe, por ejemplo, ningún movimiento feminista relevante en los oficios más sufridos, donde la posibilidad de ascender y obtener privilegios es prácticamente inexistente.

En cambio, en el mundo de la dirección de empresas, las finanzas, las ciencias sociales, la política o el periodismo la guerra es total. La razón es sencilla, el FC es por definición un movimiento elitista, integrado por mujeres de clase media que aspiran a mejorar su posición por encima de sus méritos. Son personas que buscan en el activismo su ascensor social.

No es feminismo, es elitismo

El FC se asemeja bastante a los nacionalismos supremacistas. Al igual que estos, crea un enemigo exterior: el hombre o, en su defecto, el patriarcado; construye una causa general con la que promete grandes beneficios a todos los que la apoyen, pero luego las ventajas y prebendas recaen en una minoría; establece barreras de entrada similares a la imposición lingüística, en su caso se trata de una serie de preceptos, reglas, códigos de conducta y dogmas cuya definición y certificación queda a discreción de una selecta cúpula; no significa más y mejores oportunidades, sino selección adversa, un proceso donde no ascienden las más capaces sino las más dogmáticas; y, por último, es intrínsecamente elitista: no hay nada que desagrade más a las nuevas feministas que las mujeres esforzadas, esas que, motu proprio, trabajan duro y velan por las personas a las que quieren, en vez de sumarse a su causa.

En definitiva, el Feminismo Corporativo se ha convertido en un grave problema para la convivencia y la sociedad abierta. No representa a todas las mujeres, sino a una clase muy concreta de mujeres que busca la manera de situarse por encima de todos los demás.

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Las otras ‘manadas’ que no tuvieron juicios mediáticos en España: ¿adivinas el motivo?

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En España ha habido una gran polémica por la sentencia de “La Manada”, que vino precedida de un juicio paralelo en los medios, juicio que no tuvieron otros casos similares. ¿Por qué razón?
He estado investigando un poco en hemerotecas y en las webs del Ministerio del Interior y de la Policía Nacional, y me he encontrado con las siguientes noticias de abusos sexuales en grupo ocurridos en los últimos años y que no merecieron la atención de los grandes medios, y por las que no han montado protesta alguna ni los grupos feministas ni los partidos de izquierda que ahora arremeten contra los jueces del caso “La Manada”:
Estoy seguro de que los datos que he indicado en negrita no han tenido que ver con el silencio abrumador de los medios, de las organizaciones feministas y de los partidos mayoritarios sobre estos casos. Todo debe ser pura casualidad, o a lo mejor hay alguna otra razón que se me escapa y que seguramente alguien tendrá la amabilidad de explicarme.
Por Elentir