
«Redwood se refiere a la corrección política como una de las armas más viables y útiles de la izquierda, porqué debido a la presión de algunos grupos, obliga a la sociedad a aceptar lo que aquellos ven como “verdad”. Esta presión lleva a las personas a adaptarse o a ser rechazadas. ¿Quién quiere eso? Muy a menudo, la gente cede por no soportar la alternativa.»
Por / By Fred DeRuvo
ORIGINAL ARTICLE IN ENGLISH:

Todos hemos escuchado los términos “políticamente correcto” y “corrección política”. Sabemos que estos términos comenzaron como un poco más que eufemismos, pero en realidad, fueron (y son) de hecho un señuelo. Se hace hincapié en el disimulo del término para ocultar la verdadera amenaza que plantean a la sociedad lo políticamente correcto o la corrección política.
Políticamente correcto o Corrección política es esencialmente la labor externa de la cultura marxista en la sociedad. El objetivo del marxismo cultural es la reformar de la sociedad para reemplazar completamente sus tradiciones y valores. Mientras que los marxistas de la vieja escuela creían que la oposición violenta, incluso militarizada era la mejor manera de lograrlo, los marxistas de hoy (Los nuevos Izquierdistas) encontraron una mejor manera de hacer eso mismo evitando el derramamiento de sangre y muerte con que plagaron el siglo XX. Hacerlo cambiando la sociedad desde adentro. Es algo que el secretario del partido comunista italiano Antonio Gramsci (1891-1937) había entendido y promovió en muchos de sus escritos.
La mayoría de la gente piensa que ser políticamente correcto significa simplemente evitar términos, frases y acciones que solo tienen el propósito de ofender a la gente. Normalmente, a personas que forman parte de grupos minoritarios. Por ejemplo, socialmente no es aceptable utilizar términos despectivos al referirse a las personas por su raza o por sus preferencias sexuales. Nos dicen que la corrección política en una sociedad civilizada evita hacer este tipo de cosas porque simplemente exacerba los problemas creando más separación entre los grupos.
¿Pero políticamente correcto es solo eso? Resumiendo, la corrección política en vez de alentar a la gente a reconocer su identidad, lleva a las personas a ver y acentuar sus diferencias. Esto es también conocido como multiculturalismo. Así, en lugar de celebrar nuestra identidad, deberemos celebrar nuestra diversidad. Se pretende que festejemos a los que son diferentes de nosotros, como si debido a esas diferencias ellos fueran mejores (no si eres blanco). Políticamente correcto es un llamado a ignorar el carácter de la persona centrándonos sólo en el color de su piel, su género u otra condición superflua.
Entiéndase que el objetivo del marxismo hoy sigue siendo el mismo que generaciones atrás, enfrentar a los trabajadores (el proletariado) contra la burguesía (ricos) y forzarlo a redistribuir su riqueza. Sin embargo, pretende lograr lo mismo mediante la corrección política (o multiculturalismo), obligando a la sociedad civil a rendir su libre pensamiento.
En otras palabras, se utiliza la presión social para obligar a la gente a aceptar nuevos valores y principios relegando esos molestos valores bíblicos. Por ejemplo, si una persona no está de acuerdo con el estilo de vida homosexual, rápidamente se enfrentara a “! DETEN EL ODIO!” entre otros comentarios diseñados para avergonzarla y conducirla a un sumiso silencio.
No importa si la persona realmente odia o no la homosexualidad. La idea aquí es que su
desacuerdo sea expuesto como odio y acusarlo de eso. Pronto, en el momento que alguien se atreva a afirmar su desacuerdo con ese estilo de vida, será verbalmente atacado e injuriado como alguien que odia al homosexual. Así eventualmente, aunque solo estén en desacuerdo con la homosexualidad las personas comienzan a mantenerse calladas. Es decir la corrección política se utiliza para forzarlo a aceptar un nuevo valor, suprimiéndole el de su tradición.
Estos insólitos valores también son acompañados por la promoción y constante repetición en los medios de comunicación, la educación y los negocios. Los teóricos marxistas a través de las últimas tres o cuatro generaciones hasta hoy, se ocultaron en grupos académicos detrás de los muros de nuestras universidades, en revistas de como Fortune 500, tras películas de Hollywood y en la industria musical. También llenan los pasillos del Congreso. Desde estas posiciones de poder, los marxistas han redefinido valores fundamentales para nuestra sociedad. Mientras calladamente ocurría esta metamorfosis, creo que muchos fuimos sorprendidos totalmente fuera de guardia y ahora tratamos de ponernos al día.
El principal problema con la corrección política (como la variedad multicultural) es que “en la mayoría de estos dogmas y tabúes podemos encontrar una creencia oculta que nunca fue examinada correctamente y mucho menos probada, aun así, no puede ser cuestionada”. [1] La persona que dijo esto, Zuriel Redwood, utiliza el ejemplo de la homosexualidad perfectamente. Zuriel lo explica diciendo: “todo el movimiento de los derechos homosexuales se basa en el supuesto de que el homosexual nace homosexual. El dogma insiste en que ser homosexual no es una opción. Basado en este supuesto, sugiere la lógica que cualquier argumento en contra de los reclamos homosexuales es intrínsecamente injusto. Quien se oponga a la idea de los homosexuales en las fuerzas armadas es acusado inmediatamente de odiarlos”. [2]
El principio básico fundamental, que las personas nacen homosexuales, nunca ha sido probado. Redwood dice que mientras algunas personas posiblemente nacen homosexuales, no tenemos una pizca de evidencia o prueba concluyente que apoye el concepto/creencia de que todo homosexual, nació como tal y no que fue una elección personal. Sin embargo, por la presión social creada por la corrección política, esta conjetura (que el homosexual nace así) aun sin pruebas es aceptada como verdad.
Redwood se refiere a la corrección política como una de las armas más viables y útiles de la izquierda, porqué debido a la presión de algunos grupos, obliga a la sociedad a aceptar lo que aquellos ven como “verdad”. Esta presión lleva a las personas a adaptarse o a ser rechazadas. ¿Quién quiere eso? Muy a menudo, la gente cede por no soportar la alternativa. Si miramos a través de las Escrituras, encontramos muchos ejemplos de personas que no claudicaron ante la presión social, manteniendo su integridad siguieron la verdad de Dios independientemente de lo que pudiera sucederles.
Políticamente correcto es una fuerza en la sociedad que moldea y forma no sólo lo que la gente dice y hace, al final hasta lo que piensa. “El Bolchevismo soviético dio lugar a la corrección política tal como la conocemos hoy. El término se refería a las acciones o declaraciones aunque no ilegales, iban en contra de los estándares aprobados de la dirigencia política. Ser políticamente incorrecto no fue necesariamente castigado legalmente, pero tuvo consecuencias políticas”. [3]
Hoy, ser políticamente correcto significa evitar acciones y palabras que pudieran ofender las sensibilidades de los que se consideran víctimas de la sociedad (minorías). Sin embargo, es llevado al ridículo extremo, siendo lo más preocupante la aplicación legislativa de la corrección política. Sabemos que se han promulgado leyes en el Reino Unido que prohíben a la gente de decir ciertas cosas. ¿Llamarlo homosexualidad? “pecado” ¡Prepárate, será arrestado e ir a la cárcel! Lo mismo sucede ahora en Canadá, donde se aprobó una ley que prohíbe el uso de la palabra “sodomita” al referirse a un homosexual.
En esencia, el marxismo hoy emplea el multiculturalismo (a través de lo políticamente correcto) para cambiar las normas sociales y valores desde adentro, mientras que ayer los marxistas intentaban cambiar la sociedad desde fuera, asimiento el control a través de la oposición violenta. Obviamente, es mucho más efectivo cambiar la sociedad desde dentro. Aunque lograrlo toma mucho más tiempo, tiene más poder de permanencia.
Los izquierdistas están usando lo políticamente correcto para arruinar la sociedad. Apelan al anclaje sentimental y emocional de la persona. Nos dicen que “si se siente bien no es malo”. La corrección política ha creado una paleta siempre cambiante sobre la virtud de las emociones por las que la gente toma sus decisiones. La corrección política es un método sin basamento alguno en la Verdad real sustantiva. No es absoluta. Simplemente busca cerrar la discusión o la acción que considere ofensiva y lo hará con leyes si es necesario.
[1] Redwood, Zuriel (29 / 08 / 2012). Minoría bolchevismo (Kindle ubicaciones 1050-1051). Kindle Edition.
[2] Ibíd., Kindle ubicaciones 1038-1041
[3] Ibídem, Kindle ubicaciones 1059-1062


Para comprender cómo se lucran todas estas entidades, es necesario entender que se trata de un circuito de retroalimentación, donde se encuentran las denuncias por violencia de género, los presupuestos y subvenciones y la financiación con los Fondos Europeos. Cuantas más denuncias, más ayudas, más financiación; y cuantas más ayudas, más se incentivan las denuncias.
Las denuncias falsas existen
Hasta la década de los 90 se producían en España en torno a 15.000-20.000 denuncias al año por violencia de hombres a mujeres en el ámbito de la pareja. Posteriormente, hasta principios de este milenio, se registraron unas 70.000 denuncias anuales. Y a partir del 2005, con la implantación de la ley, las denuncias ascienden a 126.000 al año, cifra que continúa aumentando (en 2017 ya 166.000). El primer salto se explica porque, en 1999, comienza a contemplarse el maltrato psicológico como delito y, además, el delito de violencia contra la mujer se extiende a los casos entre ex parejas. Eso explica que se incremente sustancialmente el número de denuncias.
Pero el segundo salto no se debe a una recalificación de los actos delictivos, sino a la “Ley contra la Violencia de Género”, que introduce el concepto de discriminación positiva, vulnerando así, de forma evidente, la igualdad ante la ley. Se empiezan a aplicar penas diferentes en función de si el hecho lo comete un hombre o una mujer. Incluso, determinados actos constituyen delito si son cometidos por un hombre… pero no si los comete una mujer. También se suprime la presunción de inocencia, invirtiendo la carga de la prueba: el hombre denunciado es culpable hasta que no demuestre su inocencia. Y, además, esta ley concede sustanciosas ayudas económicas y ventajas jurídicas a las mujeres que denuncian, incluso antes de que se dicte sentencia.
No sólo eso, se crea una jurisdicción específica para la violencia de género, unos Tribunales de Excepción, inconstitucionales pues están expresamente prohibidos por la Constitución Española de 1978, en los que solamente se juzga a hombres. A este proceso discriminatorio se le añade otro más perverso: se crean fuertes incentivos para que la mujer acuse a su esposo de malos tratos en los procesos de separación conyugal. Hasta el punto que surgen abogados especializados en ello, que introducen estas acusaciones como elemento de presión en la negociación del divorcio.
Pero, ¿qué impulsa a una mujer a recurrir a estas más que dudosas prácticas de denuncia indebida? Muy sencillo: con una denuncia por malos tratos se agiliza el proceso de separación. Para empezar, el expediente de separación pasa de ser un trámite civil (Juzgado de Familia) a uno penal (Juzgado de Violencia de Género). Además, sin que el esposo haya sido juzgado, se aplican medidas cautelares desproporcionadas, como una orden de alejamiento.
Pero aquí no termina el despliegue de incentivos. La mujer que ha denunciado obtiene, en pocos días, la custodia total de los hijos, una pensión alimenticia y el derecho exclusivo al uso de la vivienda. Y, aunque la mujer disponga de medios económicos sobrados, puede beneficiarse de los servicios gratuitos de un abogado a cargo de la Administración. Infinidad de beneficios para la mujer; al hombre, por el contrario, se le despoja de todo sin haber sido ni siquiera juzgado.
Las denuncias falsas apenas se investigan
Mientras esta práctica inmoral está a la orden del día, los medios de comunicación insisten en afirmar que sólo el 0.0075% de las denuncias son falsas. Su fuente proviene de la Fiscalía General del Estado pero lo que dice esta fiscalía realmente no es que sólo exista este porcentaje de denuncias falsas sino que solo ha investigado y comprobado como falsas ese número. Existen muchas más que quedan impunes. Pero ¿por qué no se investigan?
Los procesos legales son complejos; si el juez no aprecia delito de violencia de género se debe a que o no existió o bien no se encuentran indicios o pruebas. La mayoría de las veces no se sabe si se debe a una razón u otra y por ello se procede a archivar y a absolver al hombre denunciado. Del más de millón de denuncias interpuestas desde la ley, la tasa de delitos inexistentes, archivados o sobreseídos es del 80% respecto a los hombres enjuiciados, según los datos del CGPJ. Exactamente ahí, en esas sentencias es donde se ocultan las denuncias falsas.
Ahora bien, si el juez tiene claro que no hay pruebas porque no hay delito de malos tratos y sospecha que la denunciante lo sabía, entonces se puede abrir un nuevo proceso por denuncia falsa. Pero este nuevo procedimiento discurre de igual modo: si no hay pruebas de denuncia falsa, el caso se archiva. Al contrario, si hay pruebas de ello y se condena, la pena máxima para esa mujer es de 2 años de prisión pero, sin antecedentes, la pena queda en suspenso. Por tanto, para una mujer, el riesgo de denunciar falsamente a su esposo es mínimo, casi inexistente.
Resumiendo, ese famoso 0,0075% hace referencia solamente a los casos en los que se abrió un proceso penal contra la mujer, se acusó, juzgó y condenó, confirmando la Audiencia Provincial la sentencia. Cabe preguntarse por qué la Fiscalía no actúa de oficio ante un falso testimonio. Lo cierto es que sólo actúa en casos muy flagrantes y, además, resulta que denunciar sin pruebas no es un delito. Pero, sobre todo, lo fundamental aquí es que la Fiscalía no es independiente: trabaja para el Gobierno, para el Poder Político.
Existen incentivos cuantiosos para incitar la denuncia falsa
Todo el edificio económico de subvenciones pivota en un hecho jurídico, las denuncias. A través de la ley se establecen unos criterios para el reparto de los Fondos Europeos. Una tercera parte de los fondos atiende a criterios vinculados con valores demográficos. Las otras dos terceras partes atiende al número de mujeres asesinadas, al número de mujeres que se declaran maltratadas y al número de denuncias interpuestas. Así, a mayor número de denuncias más dinero procedente del Fondo Social Europeo se reparte al Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad.
Qué mejor forma de obtener fondos que por medio de las denuncias. Pero, para ello, tuvieron que modificar el Código Penal y violentar los principios de igualdad ante la ley, causalidad y presunción de inocencia. Así se amparan situaciones esperpénticas como un hombre que fue condenado por soltar una ventosidad durante una discusión con su pareja. Incorporándose este hecho en el largo catálogo de acciones punibles por las que los hombres pueden ser denunciados. En palabras de Soledad Murillo de la Vega“cuando hicimos la ley se nos planteaba el dilema entre la presunción de inocencia y el derecho a la vida, y optamos por salvar vidas”. Suena a naufragio: “primero las mujeres y los niños”.
A las motivaciones para denunciar se suma la llamada Renta Activa de Inserción (RAI),una ayuda que, como otras, se concede a la mujer por la mera denuncia, sin que exista base legal base legal constitutiva de la existencia de maltrato. Así se explica que, a pesar del descenso de número de hombres condenados, haya aumentado el número de mujeres perceptoras de los pagos de la RAI: 10.913 hombres condenados frente a 31.555 mujeres perceptoras de la RAI en 2015.
A este sistema de percepción de fondos se le suman las múltiples subvenciones que conceden las Administraciones Públicas. Hace poco Absolutexe, el Grifo de Twitter, documentó más de 93 millones de euros concedidos, en más de 9.000 subvenciones aprobadas desde el año 2014. Partiendo de los términos “mujer” y “convocatoria” hizo toda una aproximación. Así aparecen entidades como la Fundación Mujeres, la Asociación Mujeres para la Salud o la Asociación de Mujeres Juristas Themis, quienes reciben cuantiosas ayudas en esta materia además de otras distintas instancias. En cualquier caso, la lista de entidades que reciben subvenciones es muy larga. Es todo un enredo de aportaciones que confirma el lucro de estas asociaciones y otras tantas. Pero también confirma el papel del Estado y su intención a la hora de incentivarlas y mantenerlas.
La verdadera lacra de la Ley de Violencia de Género
Como se puede apreciar, esto es un círculo vicioso: la pescadilla que se muerde la cola. Con una simple denuncia se activan los mecanismos económicos: y las ayudas y subvencionas animan a denunciar. La dotación para la denominada “violencia de género” y su difusión y relevancia en los medios de comunicación nada tiene que ver con el bienestar de las personas sino con el beneficio privado que las ayudas proporcionan a algunas asociaciones, que han hecho de la Ley de Violencia de Género su medio de vida.
Como consecuencia de esta perniciosa ley se violan sistemáticamente los derechos humanos, no sólo de los hombres afectados, sino también de niños, abuelos, familias, etc. Y otro daño colateral de esta ley es el infligido a aquellas mujeres que realmente necesitan ayuda, que piden auxilio y no tienen las asistencias necesarias para salvaguardar sus vidas.
La ley falla porque no quiere ver que la violencia íntima en la pareja es un problema humano en el que están implicados factores psicobiológicos y culturales. La Ley no funciona porque no protege ni siquiera a las mujeres, por más que diferentes estamentos elogien su aprobación y puesta en marcha. Pero los datos en contra son muy tozudos. Sólo la sociedad puede impedir que la política y sus brazos largos se adueñen definitivamente de nuestras vidas. Depende absolutamente de todos nosotros no seguir ignorando tan enorme daño. La vida de cada persona no debería tener un precio distinto y menos aún en función de su “género”.