Categoría: POLÍTICA

Aunque la llamen así, no es Democracia.

democracia

«El engaño y la desinformación han permitido al los déspotas garantizarse mayorías para realizar sus intereses personales y los de “su grupo”

Por  Luis I. Gómez Fernández  en Disidentia

Casi ninguna otra palabra es utilizada de forma tan manipuladora y corruptora, de forma tan descuidada y para nada meditada como la palabra Democracia. Baste con dar un vistazo a la interminable lista de prefijos y sufijos que casi siempre la adornan (social, cristiana, liberal, popular, …) para comprender los innumerables intentos de apropiación indebida, de adaptación semántica a la que es sometida.

 

Permítanme, antes de nada, recordar cordialmente a los utilizadores y paridores inconscientes de tales adjetivaciones el gigantesco daño que le causan a la verdad cada vez que, en su ensoñación irracional y nada meditada, cualifican a la democracia con uno de tales adjetivos. Su pecado es, sin embargo, claramente venial si lo comparamos con el de aquellos que, a sabiendas de lo vacuo de tales adjetivaciones, las utilizan conscientemente, ya sea para manipular a determinados grupos, ya sea para justificar su propia violentación del concepto Democracia.

La democracia ateniense

La historia de la Democracia cuenta ya unos 2.600 años. Nace de una iniciativa de los griegos atenienses, según la cual las decisiones en las polis, sobre todo aquellas referidas a la guerra y las relaciones con los pueblos vecinos, no deberían ser tomadas exclusivamente por los nobles gobernantes, sino por los miembros del Consejo de la ciudad de Atenas que tuviesen un mayor grado de competencia sobre el asunto.

El reconocimiento personal se lo debemos sin duda a Heráclito de Epheso (aprox. 545 al 480 a.d.C) y al padre de la Historia, Heródoto (aprox. 484 al 425 a.d.C) quien había estudiado, durante sus viajes, los usos y costumbres de lidios, persas, egipcios, babilonios y escitas. Cabe destacar su disputa con Pericles y Sófocles durante las guerras persas, pues de ella surge la primera exposición seria del pensamiento de Heródoto sobre cómo ejercer el gobierno.

Ya antes, la ruptura con la creencia por la que el Gobernador ocupaba su puesto por mandato divino, debiendo justificar sus actos más ante la deidad que ante su pueblo, abrió el pasillo ideológico necesario para que Solon (aprox. 640 al 560 a.d.C) cambiase notoriamente las leyes, condonase las deudas a los pequeños propietarios y eliminase la ley por la que el endeudamiento estaba condenado con la esclavitud. Fué Solon quien por primera vez divide la población (en cuatro clases) según sus propiedades y no según su título familiar, concediendo a cada clase diversos derechos políticos.

La democracia ateniense sería el ingrediente principal de una cultura dominante durante varios siglos. La caída de Atenas y la llegada de los romanos supusieron el fin de aquella primera democracia, sustituida por un sistema elitista senatorial que subsistió, hasta la llegada de Julio Cesar, más como sucedáneo que como verdadero reflejo de los principios atenienses.

Desde el punto de vista semántico, “demos kratein” ha de ser traducido como “gobierno del pueblo”, si bien aquella democracia (ejercida sólo por una parte del pueblo) siempre estuvo sometida, en su capacidad decisoria, al cumplimiento de determinadas normas. Nunca ha existido una “democracia ilimitada y generalizada”. Tampoco hoy. Tampoco podemos identificar “demos kratein” con el gobierno de una nación o un pueblo. De hecho, en la antigua Attika existían unas 30 “demoi” grandes y más de cien pequeñas.

¿Quién tiene derecho a voto en la “demos”?

Una precisión: en democracia, tal y como ha de ser entendida históricamente, los votantes deciden sobre todas las cuestiones. Empecemos con las limitaciones. ¿Tiene todo el mundo derecho a voto? ¿No importan la edad o el género? ¿Cómo se decide a partir de qué edad se consigue el derecho a votar? ¿Es la edad determinante, muestran la misma madurez todas las personas mayores de 18 años? ¿Cuánto vale un voto surgido de un núcleo de población pequeño? ¿Y si surge de un núcleo grande? ¿Valen lo mismo?

A la hora de decidir sobre una cuestión, ¿debe el votante certificar de alguna forma su capacidad para poder tomar esa decisión? ¿Puede un grupo minoritario decidir mayoritariamente no respetar la decisión impuesta por un grupo mayoritario? ¿El derecho a voto es exclusivo de quienes llevan “mucho tiempo” viviendo en un sitio? Tras una decisión democráticamente adoptada, ¿quién asume la responsabilidad en caso de error? ¿Vale más el voto de una persona experimentada que el de una persona analfabeta? En otras palabras: ¿quién decide democráticamente las reglas de juego de la democracia? ¿Cómo es posible decidir democráticamente sobre las reglas de la democracia?

Resulta curioso comprobar como ninguna de esas preguntas ha encontrado respuesta satisfactoria (democrática) durante los últimos 2.500 años. A lo largo de la historia han sido siempre ciertos grupos dominantes los que se han encargado de dictar esas normas, o de heredarlas. El lector avezado me dirá: “esos principios generales forman parte de las constituciones y/o de los programas de los partidos políticos”. Efectivamente: pero nadie ha venido a debatir conmigo sobre la ley electoral, por ejemplo. Han sido ellos quienes la han redactado y aprobado. ¿Se han preguntado alguna vez qué es eso de “una mayoría democrática cualificada”? Pues ya les dejo yo con la pregunta.

La obligación por ley, el engaño y la desinformación han sido siempre armas rentables para no pocos déspotas a la hora de garantizarse las mayorías respectivas, para realizar sus intereses personales y los de “su grupo”. Recuerden que más del 60% de los representantes políticos en nuestra pseudo-democracia ya está decidido mucho antes de ustedes puedan votar: es la magia de los partidos y sus listas de candidatos.

Los políticos y los funcionarios dominan nuestra “democracia” exactamente igual que lo hacían antiguamente los barones, condes y marqueses. Sólo hay que ver la “legitimidad democrática” de tantas y tantas decisiones que alguien toma por nosotros sin más justificación que números paupérrimos de participación o párrafos escondidos en remotos lugares de un programa electoral. Sobre la capacidad cognitiva y profesional de muchos de nuestros “representantes democráticos” a la hora de tomar decisiones prefiero no hablar ahora. Estoy de buen humor.

De la democracia a la fractocracia

Puesto que siempre habrá más pobres que ricos, más arrendatarios que propietarios, más empleados que empresarios, más miedosos que valientes, más colectivistas que individuos responsables y más personas incultas que cultas, resulta facilísimo para los numerosos “héroes políticos”, con su falta de escrúpulos, de sentido de la responsabilidad y su avidez por todo lo que huela a poder, adueñarse de la correspondiente mayoría para expropiar, recortar en sus derechos a la minoría sometiéndola por vía democrática a su voluntad.

Si prefieren que lo exprese de forma más polémica: hazte con la masa de los estúpidosmediante promesas populistas y agitación demagógica y excluyente, y será fácil dominar de “manera legítima y democrática” a cualquier grupo minoritario que pueda amenazar tu privilegio de poder. Es la fórmula mágica que tantas veces ha funcionado en la larga historia de la humanidad, ora disfrazada de despotismo, ora de feudalismo, ora de democracia. Por eso me niego a aceptar que vivo en una sociedad democrática. La nuestra es más bien una democracia fracturada.

Jamás se ha alcanzado por la vía democrática una verdadera reforma de nada. Es cierto que la utilización irresponsable del oportunismo, la comodidad y del continuo estado de dependencia de las masas generó en no pocas ocasiones el espejismo de enormes modificaciones en la situación de la humanidad (revoluciones, derechos humanos, acuerdos de Kioto, Naciones Unidas, …), pero todos esos cambios  (explicados a continuación penosamente por los historiadores) se deben principalmente a la acción de unos pocos que supieron hacer uso de las sociedades fragmentadas para, inculcando primero y recogiendo los parabienes de la mayoría adoctrinada después, alcanzar sus propios objetivos; unas veces loables, otras no.

No son el fruto del “gobierno de todos”, sino más bien el del gobierno de unas mayorías manipuladas y cebadas en promesas, por lo general no involucradas en el proceso más allá de lo que les permitieron los prometedores de turno. No asistimos a una democracia: se trata de una fractocracia (el poder de una parte del demos).

Desde los tiempos de la Ilustración los pensadores y filósofos europeos se devanan las neuronas (en ocasiones con irrisorios resultados) sobre la madre de todas las preguntas: ¿qué reglas y leyes han de regular la base de un Estado moderno y democrático? Situados al principio frente a la negación de cualquier sistema que pretendiese usurpar las prerrogativas de la nobleza, Hegel Kant carecieron de la fuerza necesaria para llevar sus tesis a buen puerto. Fracasaron ante el desinterés de las masas, a las que no consiguieron comunicar, ni con las palabras ni con sus escritos, la necesidad de asumir responsabilidad por la propia vida, los propios actos.

Otros fueron retirándose a la esquina apolítica (GoetheSchopenhauerNietzsche) incluso prefiriendo ahogarse en un mar lírico e insustancial (Schiller). Los representantes de la llamada “Escuela de Frankfurt”, peligrosísimos pseudodemócratas cuyo pensamiento nace del socialista y criminal Marx (de quien como “pensador” sólo cabe decir que nunca entendió ni una sola palabra de “su” Hegel), apenas si pueden ser denominados colaboracionistas a la hora de implantar una conciencia pseudodemocrática por la que se concede a las masas ignorantes el espejismo de ejercer el poder. Todos ellos olvidaron uno de los principios básicos de la democracia clásica: la demos debe ser capaz de compartir cualificadamente (no cuantificadamente) las decisiones que le afectan.

Los individuos deben ser escuchados y deben inmiscuirse en las labores de gobierno. Todos los individuos. Según su capacidad en esta o aquella tarea. No existen los inútiles totales. En una verdadera democracia no existiría un sólo modelo educativo, o sanitario, o agrícola, o de seguridad. En una verdadera democracia los mentirosos crónicos que hoy gobiernan y opositan en nuestro país jamás habrían durado más de tres meses en sus puestos.

Sólo de la libertad individual nacen los derechos democráticos personales. Del mismo modo, los derechos democráticos de cada uno exigen un ejercicio individual de autocrítica a la hora de ejercer el derecho a voto: ¿soy consciente, me he informado suficientemente, dispongo de capacidad real para emitir un juicio sobre aquello que se me pregunta? ¿O prefiero unirme a una masa vociferante y esconderme así de mi propia responsabilidad, cediendo mis derechos a los políticos de turno?

La verdadera democracia presupone una entidad social pequeña, agrupada generalmente en torno a unos objetivos comunes y que protege tanto el derecho de cada uno de sus miembros a someterse a la voluntad de la mayoría como el derecho a la disidencia, sin ver por ello amenazada su existencia dentro del grupo. La verdadera democracia protege y alienta la individualidad, pues sólo desde ella es posible generar pluralidad y sólo desde la pluralidad es posible dar solución al mayor número imaginable de cuestiones. De forma cualificada y no cuantificada.

Miren a su alrededor. ¿Qué ven? Exacto: somos niños peleándonos por los caramelos que nos arrojan los políticos desde sus boyantes carrozas. ¿Hasta cuándo?

Justicia en contraposición a justicia social

«La llamada Justicia Social es la mayor injusticia del hombre para con el hombre.»

Por 

leonard-read-231x300¿Qué es Justicia? «Justicia» dice James Madison «es la finalidad del Gobierno y es la finalidad de la sociedad civil». Esta definición me satisface. Mi contención o tesis es que la Justicia y la llamada «Justicia Social» están en pugna y que pretender fomentar la última es contrarrestar la primera.

La Justicia como la Honradez debe ser la meta de nuestra conducta con los demás. Cierto que también podemos ser injustos o deshonestos con nosotros mismos, pero eso es otro cantar. La que ahora nos ocupa es un problema social que cubre las relaciones entre usted y yo y otros individuos. No son los grupos o clases, sino los individuos los que están sujetos a la justicia o injusticia, a la honradez o deshonestidad, a la armonía o desarmonía. Sabemos que la Sociedad está compuesta por personas como usted y yo, pero en adición a eso, no tenemos ni remota idea de lo que es la sociedad. La Justicia no cabe aplicarse a todos en general, sólo a cada uno en lo particular.

Lo que hemos dado en llamar sociedad civil consiste de una cantidad diversa y variante de individuos, cada uno de por sí, un mundo, y que viven contemporáneamente. Cada uno puede alcanzar el máximo de sus potencialidades sólo en tanto prevalezca la justicia en sus relaciones personales, o sea la ausencia de injusticia. Comprendida en esta forma, la justicia es en realidad la finalidad de la sociedad civil.

El Gobierno en su concepción ideal, no puede tener ninguna otra finalidad que una justicia común, porque esa es la finalidad de la sociedad civil, de la cual el gobierno es sólo el instrumento o el agente. A la diosa Justicia se le representa con los ojos vendados, precisamente porque si atisba, o mira a hurtadillas, trampea. Lo que le concierne no es quién es la persona, sino qué fue lo que hizo o de qué se le acusa. Tal es el significado de lo que se dice ser: «Un gobierno de leyes, no de hombres».

Hemos de admitir que la igualdad de oportunidades, sin favores ni privilegios especiales para nadie, es un ideal u objetivo un tanto lejos de realización y al que apenas podemos aspirar. Sin embargo, no podemos siquiera pretender aproximarnos a dicho ideal, si no comprendemos claramente lo que es la justicia y cómo puede alcanzarse. Algunas verdades o realidades pueden contribuir a aclarar nuestras ideas acerca de la justicia.

«No hagas a otros, lo que no quieras que hagan contigo» es una máxima venerable que puede servirnos de guía de la forma en que cada individuo debe comportarse hacia los demás. La práctica de la mutualidad y reciprocidad es quizás la forma más acertada y por la cual no es dable aproximarnos más al alcance de la justicia.

Podemos también hacer la prueba de lo que es bueno y justo, aplicando el principio de universalidad a las máximas que nos sirven de guía. Por ejemplo, «Tengo derecho moral a la propia vida, a poder adquirir los medios de vida y a la libertad». ¿Es esto justo? Sí, siempre que concedamos el mismo derecho a los demás. ¿Se puede? Entonces es justo. Probemos ahora enunciando la máxima al revés: «¿Me cabe el derecho de quitar la vida, los medios de vida y la libertad a los demás?» ¿Es esto justo?

Lo sería si pudiéramos racionalmente con ceder el derecho de asesinar, robar o esclavizar a los demás. Pero como racionalmente no podemos conceder ese derecho a ninguno, por consiguiente no es ni bueno, ni justo.

La institución de la libertad, correctamente entendida, basta para hacer justicia a cada individuo. John Stuart Mill nos dio la siguiente definición:

«La única libertad que merece el nombre nuestro propio bienestar a nuestra manera, siempre que no intentemos privar a los de más del mismo derecho, o impidamos sus esfuerzos por alcanzarlo».

Mi propia definición si fuera puesta en práctica, asegurarla la justicia universal: «Que no existan restricciones hechas por el hombre que limiten el desenvolvimiento de la energía creadora». Lo cual significa que nadie tendría derecho a inhibir a ningún individuo en ningún sentido, excepto el de impedir cualquier acción destructiva, tales como: el fraude, la violencia, el engaño, el robo, etc.

Las fórmulas expuestas son cuatro maneras de expresar substancialmente la misma idea: «La Justicia en contraposición a la concesión de privilegias es únicamente la ausencia de represión de las aspiraciones creadoras del individuo. Dejad a cada cual que persiga sus propios fines, siempre y cuando no interfiera con la persecución de fines pacíficos por los demás. La Justicia correctamente entendida, es como Alejandro Hamilton la definiera: «El cemento de la sociedad».

Ahora consideraremos lo que es conocido como: «Justicia Social», aunque tanto en teoría como en la práctica, dista mucho de ser Justicia. La Justicia Social refleja la corriente de nuestros tiempos. Es de origen muy antiguo, aunque todavía sirve como bandera para políticos y planificadores que tratan de ganar votos para alcanzar el poder. La Justicia Social sirve únicamente para conquistar el poder, no tiene ninguna base racional y es simplemente una manifestación del complejo de Diosificación que hoy día afecta en gran parte de la humanidad.

En la práctica de la tan recantada Justicia Social, al individuo se le ignora por completo. En cambio a la población y a la economía se le considera globalmente; a los individuos se les clasifica vagamente como: ricos y pobres, y en las votaciones se les toma en cuenta como bloques de finqueros, asalariados, pensionados, minorías oprimidas, víctimas de desastres, personas desalojadas, habitantes de palomares, y muchas otras clases de grupos, en la guerra que se libra contra la pobreza.

Justicia Social es el juego por el cual se «roba al minoritario de Pedro para ayudar al mayoritario de Pablo». Esta forma de comportamiento político busca el beneficio de algunos a costa del sacrificio de otros y en realidad es una forma de lo enunciado por Marx en su fórmula: «de cada cual según su habilidad, a cada cual según su necesidad». No es el hecho de que la Justicia Social siga los lineamientos del pensamiento de Marx, lo que la condena, sino únicamente lo que atrae nuestra censura es el hecho de que la justicia queda burlada. Para apreciar la diferencia, sometamos los principios de la Justicia Social a algunas de las fórmulas usadas con anterioridad.

«La Regla de Oro». Si no estuvieras de acuerdo en aprobar que otros forcivoluntariamente te quitaran lo tuyo para apropiárselo, tampoco puedes pretender que se les quite a ellos para tu propio beneficio. La Justicia Social está en pugna con este principio.

«Universalidad». Si no puedes racionalmente aprobar la práctica del despojo legal por parte de otros como medio de enriquecerse, tampoco puedes aprobarlo como medio de enriquecimiento propio. La Justicia Social resulta totalmente antagónica a este principio.

«La persecución del propio bien, siempre que a los demás no se les prive del mismo derecho». La Justicia Social persigue exactamente el fin opuesto, o sea el de privar a los demás, para beneficio propio.

«Que no existan restricciones hechas por el hombre que impidan el desenvolvimiento de energías creadoras». La Justicia Social busca premiar al indolente, penando y restringiendo a los que han ejercitado su energía creadora.

La llamada Justicia Social es la mayor injusticia del hombre para con el hombre. En vez de cimentar y consolidar a la sociedad, fomenta la codicia del poder y privilegio y es la semilla que germina en la corrupción y caída del hombre.

Finalmente, la Justicia Social en modo alguno se ajusta a la pretensión de sus partidarios, quienes pretenden que es expresión de misericordia y de piedad. Estas virtudes son de carácter estrictamente personal y hallan expresión únicamente en la voluntaria donación de lo que es de uno, nunca en la acción de arrebatar y redistribuir las posesiones de los demás.

Los ciudadanos que actúan motivados por una educación moral y ética, pueden condonar una filosofía tal como la llamada Justicia Social, solamente en caso de no darse cuenta de la terrible injusticia involucrada en la misma.

Sangre de hermanos.

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«Pero hay un hecho que revuelve las tripas de cualquier persona normal y es la miseria moral del candidato electo.»

Por Agustín Muro

Como viejo socialista del 82; nada que ver con la jauría actual de Ferraz, he asistido anonadado al número circense del Congreso en estas dos últimas jornadas.

Y nada que decir del resultado. El procedimiento está contemplado por nuestra Constitución y como demócrata nada que objetar, aunque no lo comparta.

Pero hay un hecho que revuelve las tripas de cualquier persona normal y es la miseria moral del candidato electo.

Ha contado con apoyos bastardos y sangrientos y lo más dramático es que ni necesitaba los votos de los heredero de los pistoleros que asesinaron a compañeros socialistas que con su sacrificio hicieron posible la España que hoy tenemos.

Pedro Sánchez tiene sobre su conciencia el olvido de los Germán González, Vicente Gajate, Fernando Mújica, Fernando Buesa, Juan Mª Jauregui, Ernes Lluch, Frilán Elespe y Jose Luis López de la Calle.

Estos eran sus hermanos socialistas y la sangre que entonces manchó las manos de los asesinos, hoy debían haberle obligado a no permitir el apoyo de los herederos del terror y la estulticia.

Pero para eso hay que tener honor y respeto al menos por los suyos, pero este personaje se deshonra él, denigra a su partido y ofende la memoria de sus víctimas con tal de cumplir sus bastardos deseos.

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Cuando el lenguaje «políticamente correcto» atenta contra la libertad de expresión.

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En las universidades de los Estados Unidos el debate plantea por qué el exceso de prudencia en las palabras genera el “no debate” (Shutterstock)

En las principales universidades de los Estados Unidos se abrió un debate sobre cuáles son las mejores formas de expresarse para evitar caer en denuncias por racismo y discriminación

¿Pueden las palabras provocar la unión de los pueblos? Sí. ¿Pueden las palabras dividir a los pueblos? Sí. Pero claro que no son las palabras las culpables, sino el uso que se hace de ellas. Este siglo XXI parece ser un escenario férfil y complejo para que corran estas ¿aparentes? contradicciones. Tan basado en la diversidad cultural, política y religiosa que sin embargo parece ser que el uso de palabras justas y políticamente correctas conforman un debate acerca de lo «no dicho» que opera más para separar que para unir.

 

En Estados Unidos, esta discusión se dio de manera profunda en varias universidades de diferentes Estados del país del Norte. La revista Newsweek realizó al respecto un informe preciso sobre cómo se extiende y el daño que provoca esta situación de aparente «no debate»; pero que en realidad se trata de un debate efímero y epidérmico, que hoy se da en el interior de los claustros universitarios.

 

Para los sociólogos, este cambio de paradigma en el uso del lenguaje en las instituciones educativas de EEUU disparó la primera piedra. Allí, la demonización de ciertas expresiones y la amplificación casi inmediata en las redes sociales está provocando una ola de censura encubierta, donde la extrema corrección política pasa a ser un eje primordial.

 

La universidad siempre fue un campo fértil para la incorrección, para desafiar ideas preconcebidas, para jugar con el lenguaje y transgredir las fronteras mediante la creatividad. Sin embargo, esa óptica rupturista, que caracteriza a los jóvenes, parece en la actualidad estar cambiando.

 

Uno de los casos más llamativos fue el de Clyde Lynch, quien presidió durante 18 años el Lebanon Valley College. En su honor, hace un tiempo bautizaron al edificio principal con su nombre. Sin embargo, un grupo de estudiantes comenzó a juntar firmas y adhesiones en las redes sociales para cambiar la denominación. Los motivos no dejan de ser sorprendentes. El rechazo no está relacionado con la conducta de Lynch, ni con su trabajo, sino con el significado de su apellido, ya que «lynch», en inglés, significa linchar y en los petitorios aducían que el nombre del edificio tenía «connotaciones raciales».

 

Algo similar le sucedió a Eve Ensler, la reconocida dramaturga estadounidense, quién jamás se imaginó que una representación de su obra Los monólogos de la vagina, interpretada cientos de veces por miles de artistas alrededor del mundo, sería cancelada en un colegio de mujeres por ser ofensiva contra las «mujeres sin vagina».

 

Según los especialistas, estas nuevas camadas salen a un mundo sin reglas, pero con la contradicción de «vivir en lo prohibido», donde ciertas conductas verbales resultan ofensivas y donde los nombres de las personalidades más crueles de la historia están resaltados en monumentos y edificios públicos.

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La tapa de la revista Newsweek puso el debate en la picota

En los últimos años los programas de estudio norteamericanos han ido cambiando: buscan reflejar las nuevas sensibilidades sociales. Los libros ahora vienen con «advertencias gatillo» –trigger warnings, en inglés- un concepto originado en Internet para advertir a las personas con trastorno de estrés postraumático -veteranos de guerra, sobrevivientes de abuso infantil y otros- sobre los contenidos que podrían «activar» un fantasma psicológico del pasado.

 

Otra de las conductas que causaron revuelo fue la postura de estudiantes de la Universidad de Columbia, quienes están dejando de leer mitología griega para no despertar impresiones del pasado relacionadas al abuso sexual. Y mientras que en Rutgers University realizaron una huelga de «libros caídos» por los textos de Virginia Woolf ante el temor a «activar» tendencias suicidas.

 

Más de la mitad de los colegios y universidades de Estados Unidos tienen códigos de expresión restrictivos y, de acuerdo con un observatorio de la censura, 217 instituciones -incluyendo algunas de los más prestigiosas- tienen códigos de expresión que «sin ambigüedades inciden en la libertad de expresión».

 

La Primera Enmienda a la Constitución de los Estados Unidos se ha interpretado en términos generales, dando a los estadounidenses algunos de los derechos de expresión más amplios del mundo. Sin embargo, en las últimas dos décadas, y especialmente en los últimos años, los administradores universitarios y muchos estudiantes han tratado de limitar el uso de algunas palabras y han generado movimientos para restringirlo en las aulas también.

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En las universidades de Columbia y Rutgers la sensibilidad acerca de textos de Virginia Woolf y otros escritos ya generaron polémica (The Atlantic)

Para proteger a los estudiantes de la incomodidad de tener que escuchar las ideas y opiniones de otros que puedan dañar sus creencias, el Departamento de Educación de Estados Unidos entre otras autoridades educativas- han señalado al «discurso» como una «conducta verbal que potencialmente puede violar los derechos civiles de las minorías y las mujeres».

El contraste del discurso anti minorías de Donald Trump

 

Algunos campus universitarios están empezando a parecerse a la Oceanía de George Orwell con su policía del pensamiento. Los periódicos estudiantiles se debaten ante la elección del uso de algunos vocablos y los estudiantes que hacen uso de frases y expresiones calificadas como «discurso del odio» son señalados por el resto. En paralelo, las redes sociales todo lo amplifican y lo comunican como un ojo omnipresente y protagonista vital de este tiempo.

 

Los profesores también se enfrentan a la posibilidad de ofender accidentalmente a cualquier estudiante y es por eso que están reconsiderando los planes de estudio y la restricción de las discusiones en clase sólo a cuestiones simples y «lavadas». Un profesor de la Universidad de Brandeis tuvo que atravesar recientemente una investigación administrativa secreta por acoso racial después de usar la expresión «espalda mojada» en clase, que se considera ofensiva y dirigida a los inmigrantes mexicanos que quieren ingresar a los Estados Unidos.

 

A medida que las universidades se han convertido en bastiones de una corrección política rigurosa, en la arena política se destaca un ambiente muy distinto. Y lo más manifiesto es la posición del candidato republicano a la presidencia, Donald Trump. Él se caracteriza por repartir macro-agresiones a diario y con un uso de expresiones muy políticamente incorrectas. Sus discursos incluyen acusaciones sobre la supuesta «portación de criminalidad» de los hispanos y musulmanes o comentarios que contienen expresiones que promueven la violencia de género sobre la gordura o fealdad de sus rivales mujeres políticas. Este tipo de discurso, en la actualidad, sería casi imposible que ocurriera en la mayoría de los campus universitarios.

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Mientras que algunos textos como los de Virginia Woolf despiertan “traumas”; el discurso misógino del candidato republicano Donald Trump contrasta con la corrección política de las universidades (Shutterstock)

Algunos líderes de negocios, escritores, políticos y hasta cómicos están siendo excluidos de los campus para evitar incomodar a las minorías -o a la mayoría-. La primavera en Estados Unidos es la estación donde ocurren los discursos de graduación y que ahora se denominó con ironía «temporada de no invitación». Los estudiantes y las universidades debaten acaloradamente sobre la idoneidad moral de quienes hablan en las graduaciones y se involucran en peleas sobre si los oradores ligeramente controvertidos merecen estar detrás de un podio.

 

Algunos incluso declinan el convite. Christine Lagarde, directora del Fondo Monetario Internacional y una de las mujeres más poderosas del mundo, canceló recientemente un discurso en la Universidad de Smith, uno de los colegios de mujeres más preeminentes de los Estados Unidos, después de una protesta contra ella en Facebook de estudiantes y profesores, a raíz de su conexión con los «capitalistas globales».

Los temas sobre diversidad sexual y raza son los que generan mayor debate con respecto al rol de la universidad. ¿Es un laboratorio para experimentar cómo hacer una sociedad más amable y justa? ¿O se trata de un campo de entrenamiento para el cerebro, donde las mentes jóvenes son desafiadas por otros puntos de vista para aprender a defender los propios? ¿O ambos?

 

Irónicamente, los jóvenes que claman por las «advertencias gatillo» es una generación criada por los valores de hombres y mujeres que alcanzaron la mayoría de edad en la década de 1960, en pleno auge del movimiento pro libertad de expresión de la Universidad de Berkeley, California que  estableció un nuevo estándar para hablar sin restricciones. El Free Speech Movement (FSM).

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Las universidades solían ser el espacio para lo disruptivo. Ya no (Shutterstock)

El movimiento de censura en los campus de hoy es un impulso profundamente conservador, incrustado dentro de una cultura permisiva y decadente que está muy lejos de ser «segura».

Cinco meses atrás, la Universidad de Yale organizó el debate Inteligencia Squared para analizar la proposición «La libertad de expresión está amenazada en el campus». Allí, cuatro destacados profesores y escritores argumentaron durante 1 hora y 45 minutos. Después, el público votó la proposición y el 66 por ciento estuvo de acuerdo. El debate tuvo muy poca cobertura, posiblemente debido a que se realizó el Supermartes, una noche en la que el dueño de las macro-agresiones, Donald Trump, lideró la atención de los medios.

 

El debate de Yale devino en una discusión acerca de si la demanda de libertad de expresión es en realidad un ataque encubierto a la izquierda. «Debemos tener en cuenta la posibilidad de que lo que realmente está sucediendo es que la libertad de expresión ha sido cooptada por los grupos sociales dominantes, para servir a sus intereses y silenciar a los marginados», dijo el profesor de filosofía de la Universidad de Yale Stanley Jason.

Shaun Harper, director del centro para el estudio de la raza y la equidad en la educación de la Universidad de Pennsylvania desestimó las quejas generalizadas acerca de la censura en el campus, diciendo que «sólo un puñado de las universidades tienen políticas restrictivas y que el racismo en los campus americanos es un problema más generalizado y urgente que la censura». Como prueba de ello, dijo que 8 mil presidentes de universidades y otros directores de alto nivel han llegado a su centro de orientación para saber cómo responder al racismo en sus campus.

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Para los especialistas, en algunas universidades hay más problemas de racismo que de libertad de expresión (Shutterstock)

La escritora y abogada Wendy Kaminer, en cambio, argumentó a favor de la idea y coincidió: «La libertad de expresión está amenazada en el campus» y desgranó las estadísticas que muestran que la mitad de los colegios y universidades de Estados Unidos tienen códigos de expresión restrictivos.

 

Kaminer ha escrito libros y ensayos que critican los movimientos de autoayuda y recuperación, así como la censura, y argumentó que el número de restricciones «vagas» en el habla, los chistes y los gestos en los campus son «demasiados para memorizarlos».

La opinión de Kaminer es interesante, ya que ella misma tuvo problemas con la «policía del lenguaje«. Poco antes del debate en Yale, ella participó en un panel organizado por los alumnos de la Universidad de Smith en Nueva York donde se debatió sobre el desafío de enseñar o no con el libro de Mark Twain «Huckleberry Finn», donde se usa repetidamente la palabra «nigger», forma despectiva de llamar a una persona de descendencia africana.

 

Opinó Kaminer a la revista Newsweek: «En la clase propuse hablar de estas palabras que sólo podemos mencionar por sus iniciales. Cuando digo ‘la palabra N’, todos oyen la palabra nigger en sus cabezas. Una alumna que estaba presente lo filmó y lo posteó en las redes «fogoneando» un debate sobre el supuesto racismo de la escritora. Fue realmente sorprendente para mí que mis agresores, no pudieran distinguir entre el discurso racista y el hecho de hablar sobre el discurso racista. No hubo diferencia«.

El jurista y crítico cultural Stanley Fish, autor del libro «No hay tal cosa como la Libertad de Expresión», dice que los administradores universitarios deberían ignorar las demandas de censura de los estudiantes, ya que van en contra del propósito de la universidad.

 

«La investigación académica no puede ser impedida por demonizar a ciertas formas de discurso por adelantado o por santificar a ciertos tipos de discurso con antelación», dijo.

«Lo que estamos viendo no son sólo fobias sobre el lenguaje», dijo Kaminer. «Hemos ido más allá de la corrección política y estamos viendo una disminución real del pensamiento crítico. Si usted no sabe la diferencia entre una palabra citada y un epíteto, entonces usted no sabe pensar».

FUENTE: Infobae

NOTA PERSONAL: Pues todo esto en Europa es aun peor y, si PODEMOS llegara a gobernar en España … ¡¡NI TE CUENTO!! MEJOR SER MUDO.

 

 

Los despojos de España

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«La fuente del derecho, y de las instituciones, no será ya el pueblo español, sino algunos de sus pueblos por medio de las élites políticas del lugar»

Por José Carlos Rodríguez  en Disidentia

El PNV, que es un partido corrupto, ha tomado la decisión de echar del poder al Partido Popular, que ha creado una máquina de expolio desde su espina dorsal, para entregárselo al PSOE, que es la corrupción hecha política. Y todo ello en nombre de la limpieza y la honradez. El portavoz de los nacionalistas vascos en el Congreso de los Diputados, Aitor Esteban, suma el escarnio a la desvergüenza, al preguntarse qué país es esta España cuyo gobierno depende de ellos. El escarnio es una recreación en una verdad oprobiosa; es un cinismo con saña, que no cae en una sima moral porque tiene el suelo de la verdad. Y la verdad es que España depende de un partido que la odia abierta y sinceramente; un odio que han convertido en un gran negocio.

El negocio es la clave del cambio de gobierno impreso por el Congreso de los Diputados, y que ha colocado a Pedro Sánchez en la Moncloa. Sánchez ha recibido el apoyo de 180 diputados procedentes de ocho grupos, y en los que sus 84 escaños son una minoría. Le llevan en volandas quienes ven a España como un obstáculo o una amenaza para su visión de lo que quieren hacer en este amplio solar de la Península Ibérica. Pablo Iglesias ha declarado que España para él es una realidad política que hay que derribar después del resultado de la Guerra Civil. De ERC y PDeCAT no será necesario añadir nada a este respecto. El PNV duda si dar el paso secesionista a la vista de que el expolio del resto de España le resulta tan conveniente; lo mismo cabe decir de Nueva Canarias. Compromís es el qué hay de lo mío desde una perspectiva progresista, valenciana y universal.

Se abre una oportunidad única, la de poder repartirse los despojos de España antes de quedar abandonada a su suerte. En un momento en el que el último bastión de la nación son los jueces y la Corona en las instituciones, y los españoles que no han caído en el descreimiento en la calle, el gobierno se ha convertido en una empresa de demoliciones. Esto es lo que parece que ocurrirá antes de las próximas elecciones, en la medida en que la parte más decente del PSOE lo permita.

España, como realidad histórica, como comunidad política, queda en entredicho. La fuente del derecho, y de las instituciones, no será ya el pueblo español, sino algunos de sus pueblos (Cataluña, Vascongadas…) por medio de las élites políticas del lugar. El propio Sánchez se refirió durante la moción al portavoz del PDeCAT como representante de “los catalanes”. Podemos, que tiene como objetivo mediato acabar con la Constitución Española, “saludará”, con ese lenguaje medido y manoseado que utilizan, los “procesos democráticos” que, como el del primero de octubre, asienten una nueva legitimidad que haga añicos la del 78. PNV y Bildu están pactando un nuevo Estatuto que, entre otras cosas, diferencia entre gudaris y maketos. Eso no tiene por qué salir tal cual, pero el proyecto de crear una nueva ciudadanía vasca está ahí.

Es necesario acabar con el poder que no controlan del todo, como es el judicial. Eso se intentará identificando el funcionamiento de la maquinaria judicial con un ejercicio autoritario que aplasta los legítimos derechos políticos de quienes no quieren ser españoles. Desde el gobierno se seguirá conspirando contra el país, pero ya no por medio de la inacción sino por iniciativa de los grupos que sostienen a Sánchez.

Aún queda una gran operación política que es condición sine qua non para la celebración de unas nuevas elecciones democráticas, y es la deslegitimación del centro y la derecha en España. El PSOE recuperará, con el apoyo de Podemos y del resto de grupos, la reforma de la Ley de Memoria Histórica que prevé nada menos que la censura de aquéllas obras de historia que pudieran considerarse favorables al bando nacional, entre otras medidas. Los restos de Franco dejarán de descansar en el Valle de los Caídos, y se esparcirán sus cenizas sobre media España para provocar enfrentamiento civil y deslegitimación política y social.

 

Todo ello se intentará. La nueva Ley de Memoria Histórica saldrá casi seguro. Pero el nuevo gobierno también tiene una posición muy difícil. Tiene oposición, para empezar, con Ciudadanos y el Partido Popular. En segundo lugar, el equilibrio de la coalición frentista es muy difícil. Sólo Sánchez puede convocar elecciones cuando él quiera, pero si hay perspectiva de que su partido suba en las encuestas a costa de Podemos, los de Pablo Iglesias pueden pararle los pies. O forzar nuevas elecciones si son ellos los que crecen.

Mientras, comprobaremos hasta qué punto España se ha convertido en un desguace o todavía tiene fibra como para mantenerse en pie.

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«¡No queda sino batirnos!»

Francisco de Quevedo

A BUEN ENTENDEDOR …

Ciudadanos malcriados a la sombra del Poder

«Como bebés chapoteando en un líquido amniótico embriagador, las personas eligen y consumen por instinto, ignorantes de todos las herramientas y recursos destinados a generar esas mismas elecciones»

Por  Eduardo Fort  en Disidentia

En un capítulo épico de The Simpsons, quizá la serie que mejor analiza la sociedad occidental contemporánea, dos extraterrestres que simulan ser Bill Clinton y Bob Dole(candidatos presidenciales en las elecciones de 1996) debaten sobre los humanos durante una manifestación pro-aborto y afirman: “Esto es muy sencillo. Banderitas estadounidenses para algunos, aborto para otros”. Ante la sonrisa siniestra de los visitantes del espacio exterior, los ciudadanos aparecen reflejados como niños malcriados a quienes hay que satisfacer.

otto_fc3bcrst_von_bismarck-1La segunda mitad del siglo XX marcó el establecimiento definitivo del Estado de Bienestar en la mayoría de los países desarrollados. Este avance, que nació como un sistema dirigido a paliar las desventajas del mercado capitalista así como alejar la amenaza comunista en los países occidentales, se convirtió pronto en un fetiche para casi todo el arco del espectro político. Sin entrar en detalles: con el paso del tiempo, este Frankenstein cuya existencia se remonta a los primeros bosquejos de la Seguridad Social implementada por el mariscal Otto von Bismarck (1815-1898) durante su mandato como primer canciller del Reich Alemán (1871-1890) degeneró en una especie de gigante dadivoso y deficitario que debe, por fuerza, cumplir los deseos de todos los ciudadanos.

¿Suena exagerado? No lo es y convendría no creer que lo sea. Los habitantes de la posmodernidad, herederos involuntarios pero desagradecidos de décadas de luchas políticas y revoluciones, entienden al Estado como un ente distante y etéreo, que sólo cifra su existencia en la consagración de muchos derechos y casi ninguna obligación. No hay una conciencia de la ciudadanía como conjunto de voluntades aunadas en pos de un objetivo común: ya sea por la fuerza, a lo Hobbes, o por la conveniencia armónica, a lo Rousseau.

Los habitantes de las grandes ciudades, como las chicas de la clásica canción de Cyndi Lauper, sólo quieren divertirse. En el imperio de lo efímero y lo fugaz, donde no existe respeto por la Historia y la Tradición, el distanciamiento con el legado ideológico y político de nuestros antepasados, sea cual fuere, es total. A diferencia de lo ocurrido en siglos anteriores, no se asesina a presidentes, no hay movilizaciones sociales que sacudan los cimientos del sistema y la participación política es nula.

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Quizá aquí los honestos espíritus liberales se congratulen de la descripción, pero habría que detenerse a pensar.

El escenario queda planteado, entonces, de la forma más perversa posible. Los miembros de las sociedades contemporáneas suponen que el Estado debe ponerse a su servicio. Hasta aquí, bien. Pero no es tan sencilla ni diáfana la evolución posterior. Los resortes ocultos que realmente detentan el Poder (dicho esto sin ánimo alguno de enfoques conspiranoicos) optan por generar artificialmente esas mismas necesidades que los ciudadanos creen requerir. Conclusión: nos encontramos con falsos talismanes e ídolos de barro que concitan el interés de las multitudes. Esto, que puede sonar televisivo y limitado al marketing publicitario, tiene un trasfondo siniestro; se aplica tanto a un kilo de arroz cuanto a un automóvil último modelo o al candidato presidencial de moda. No es casualidad que asistamos al boom de los asesores de imagen y los consultores de comunicación. Se votan rostros, vestuarios, maquillajes y estilos estéticos.

¿Y qué sucede con los ciudadanos? Como bebés chapoteando en un líquido amniótico embriagador, las personas eligen y consumen por instinto, ignorantes (en la inmensa mayoría de los casos) de todos las herramientas y recursos destinados a generar esas mismas elecciones. Citando al pionero de la publicidad Edward Bernays (1891-1995), se activan pretensiones que no existían y se inventan consumos jamás imaginados. Legiones de especialistas analizan los aspectos más diversos del (permítaseme la licencia poética) alma humana: se utilizan colores, sonidos, sabores y texturas para atraer al gran público.

¿Cuáles son las consecuencias? Es fácil imaginarlas. Mientras los ciudadanos dedican su tiempo al disfrute vacío y a la persecución vana de necesidades irrelevantes, quienes realmente reparten los naipes de la baraja se frotan las manos y pueden dar rienda suelta a sus más complejos diseños políticos. Como muestra, basta un botón: cualquiera puede advertir que las grandes multinacionales diseñan, merced a sus múltiples tentáculos, los productos necesarios para satisfacer a todos los paladares del mundo.

Con estas piezas sobre el tablero, es imperioso no caer en la tentación totalitaria (en términos de Jean François Revel): el sistema democrático que supimos (supieron) conseguir no tiene por qué terminar en el vertedero de la Historia, descartado sin más.

Jorge Luis Borges afirmó alguna vez, en una de sus clásicas boutades, que la democracia no es más que “un abuso de la estadística”. Es probable, pero, lamento decirlo, no hay a la vista otras reglas del juego más ecuánimes y satisfactorias. Aún corriendo el riesgo de parecer “antisistema”, superados los totalitarismos de corte fascista y comunista, impensables en la mayoría de los países del mundo las intervenciones militares sanguinarias que marcaron a fuego el siglo XX, es hora de criticar y repensar la forma y el fondo del “peor sistema político, exceptuando a todos los demás”, en palabras de Winston Churchill.

El racismo …que ellos han provocado (VÍDEO).

Se quejan de que antes no había racismo en España y ahora si.Les dimos una oportunidad (y mil) para integrarse , pero abusaron de nuestra tolerancia para imponerse.

Ahora, se quejan de que recogen tempestades(cuando sembraron vientos). Fueron los primeros en mostrar racismo (hacia nosotros) intolerancia y pocas ganas de integrarse en nuestra sociedad.

Estos del video que tanto despotrican y lanzan piedras sobre nuestro tejado, lo hacen en árabe, demostrando una vez más su desarraigo intencionado y encaminado a perpetuar en España su cultura sobre todo lo demás.

Se quejan de que con siete hijos no reciben la ayuda necesaria. De que sus hijos no pueden estudiar árabe y el corán de forma gratuita !!! De que somos poco menos que los más racistas del mundo (¿por tanto, más racistas que ellos?) De que los ayuntamientos les ceden casales para oratorios PERO DENTRO DEL PUEBLO (y ellos quieren fuera y por eso se indignan)

Se quejan de que las mujeres musulmanas deben fotografiarse para los carnets sin velo (SERÍA DE DESEAR QUE FUESE ASÍ, PERO NO ES VERDAD). Se quejan de que no hay trabajo para ellos etc etc….COMO SI FUESEN EL OMBLIGO DE ESPAÑA. …y aun dicen que en Marruecos no hay racismo contra los españoles pero aquí les tratamos a ellos con desprecio.(Y SE LO CREEN).

Pd.: un video de «Contando Verdades» reeditado por David Eneas Ladon para corregir problemas de sincronía.

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Presupuesto golpista, no

¡¡VÁYASE, SEÑOR RAJOY!!. Pero de la política y que le acompañen Pedro Sánchez y ese macarra de medio pelo de «El Coletas».

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FERNANDO ALVARADO / EFE

Por  Federico Jiménez Losantos en El Mundo

Albert Rivera ha dicho que «los españoles no se merecen» el acuerdo de Rajoy y Sánchez para que recomience el golpe de Estado ese Hitleret que llama «bestias» a los catalanes y otros cuatrocientos cincuenta millones más que en el mundo hablan español. Cierto. Por eso los españoles dejan en masa de votar a los partidos que han usufructuado el régimen constitucional durante cuarenta años. Ahora, en el momento más grave de la historia de España desde 1936, Rivera debe demostrar que merece ser el presidente de esos españoles traicionados por los que, ante el requetegolpe de Estado, huyen en desbandada camino de unos jueces a los que Catalá y Robles ya han apuñalado preventivamente, por si Torra accediera a disimular un añito.

La parte de representación o parlamentaria ante el requetegolpe ya la ha desempeñado magníficamente Ciudadanos. Es difícil hacerlo mejor que Inés Arrimadas en las sesiones de investidura del que nos llama «bestias», sin que se inmuten esos medios de comunicación catalanes apesebrados y golpistas. Torra presume también de que toda su familia, como pidió en un tuit, es parte de los CDR, esos matones que agreden a los que en Cataluña se oponen a la dictadura xenófoba de un nacionalismo que, al fin, muestra su verdadera faz. También ha negado la legitimidad de su propio nombramiento, al reconocer que es otro y no él, pese a haberlo votado el parlamento regional, el presidente legítimo: el forajido, archicobarde y requetegolpista Puigdemont. También ha dicho que repondrá al paramilitar golpista Trapero -que debería estar en la cárcel- al frente de los 17.000 mozos de escuadra que son los que han de enfrentarse a tiros con la policía, la guardia civil y el ejército español. Y, por supuesto, ya ha dicho que a ver qué día decae el 155 y le dan la llave de la caja para refinanciar el requetegolpe, o sea, el enfrentamiento civil.

Ese dinero es el de los futuros Presupuestos del Estado, que serían los del requetegolpe pactado por Rajoy con Urkullu y sus borrokas. Y Rivera no debería votarlos jamás. Si Sánchez, que participa plenamente del proyecto golpista catalán en la Comunidad Valenciana y Baleares, quiere votarlos, que lo haga. Los españoles no merecemos que Rivera también nos traicione. Aunque no sea por patriotismo sino por interés, debe romper ya con Rajoy.

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Un 155 contra Ciudadanos

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Hoy por hoy es el único partido que cree que la unidad de España es un bien a preservar.

Por     en Libertad Digital

El Gobierno de Mariano Rajoy y el PSOE de Pedro Sánchez se han puesto su mejor traje de hombres de Estado y han pactado que aplicarán el 155 en según qué circunstancias y con según qué alcance. Sus voceros justificarán la alianza en la gravedad de la situación. Nadie duda de esa gravedad. De lo que cabe dudar, y mucho, es de las intenciones de estos dos necios arrogantes. Si efectivamente Pedro Sánchez percibiera la gravedad de la situación que atraviesa España, habría ayudado al Gobierno en la tramitación de los presupuestos generales a fin de evitar el chantaje del PNV. Y si efectivamente Mariano Rajoy hubiera sido consciente de los peligros que acechan a la nación, jamás se habría sometido a la extorsión de un partido cuyo objetivo es destruirla. No sólo: si de verdad tuvieran tan clara la necesidad de colaborar, lo que harían sería formar un Gobierno de coalición y arremeter unidos con toda la fuerza del Estado contra quienes quieren romper España.

Nada de eso hay porque el peligro que perciben Rajoy y Sánchez es en realidad el mismo que empujó a los nacionalistas vascos a votar los presupuestos. Ese peligro se llama Ciudadanos. Los acuerdos a los que llegaron este martes Rajoy y Sánchez no tienen por objeto pactar una estrategia con la que hacer frente a los futuros desafíos de la Generalidad. Su razón de ser es aislar a Ciudadanos. Y la prueba está en la invitación a Pablo Iglesias que el pacto incluye. Tal invitación es absurda, toda vez que el invitado es el responsable de que su franquicia en Cataluña entregara la presidencia del Parlamento catalán a los soberanistas. Esto es así porque el pacto no está dirigido contra Torra, sino contra Rivera. Su propósito es demostrar al electorado que el partido naranja sufre un ataque de histeria, sobreactúa y está contraindicado para combatir el independentismo catalán. El mensaje es que los soberanistas sólo pueden ser vencidos con mesura y sosiego y no con la ansiedad y precipitación que empapan las propuestas de Ciudadanos. De manera que Rajoy y Sánchez no se unen para salvar España sino para salvar sus antifonarios. Es para este elevado fin para el que hay unidad.

Es evidente que Rivera cometió un gravísimo error cuando se permitió apoyar la ley de presupuestos junto con el PNV, pues eso lo convirtió en cómplice del chantaje. Quizá creyó que no debía desdecirse o le pudo más colgarse las medallas de las medidas que había logrado introducir en ellos. Sea como fuere, el caso es que hoy por hoy representa al único partido que cree que, mal que bien, la unidad de España es un bien a preservar. Lo que Rajoy y Sánchez pretenden en definitiva es destruir la única esperanza que les queda a quienes creen que merece la pena tratar de impedir que España se rompa, aunque sólo sea para proteger la libertad de los españoles que se tienen por tales y que viven en Cataluña.

Los crecientes ataques sexuales de migrantes en España agitan a la nación. / Spain’s increasing migrant sex attacks rock the nation.

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Los inmigrantes llegan a Europa – Créditos de las fotos: Giovanni Cancemi / Shutterstock.com

 

La dorada y soleada costa sur de España es una gran atracción turística, pero también es uno de los principales puertos de entrada para la inmigración ilegal en el país y Europa.

ARTICLE IN ENGLISH LANGUAGE: Spain’s increasing migrant sex attacks rock the nation.

 

Hay tantos casos de violencia de inmigrantes en estas regiones que pasan casi desapercibidos, como es comprensible, ya que el turismo es una de las industrias más grandes de España.

El 16 de abril en Alicante, un argelino conoció a una mujer en una discoteca y luego insistió en que ella volviera a casa con él. Una vez en su apartamento, otros tres hombres aparecieron desde una habitación contigua y los 4 la violaron . Uno de ellos la llevó a su casa, por lo que se escapó a la tienda abierta más cercana e hizo una llamada a la policía. Horas después, los cuatro sospechosos fueron detenidos.

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Anciana atacada – Fuente: Mediterraneo Digital

Un día después, en Algeciras, en Andalucía, administrada por el PSOE, Partido Socialista, y principal puerto de entrada desde Tánger, Marruecos, una anciana fue golpeada violentamente y robada cuando llegaba a casa por la noche. En una ciudad que es casi un cuarto musulmana, esta es una ocurrencia común allí.

Casos como estos pasan desapercibidos o en gran parte no denunciados, como una horrible violación el año pasado en Gandía, cerca de Valencia, que apenas recibió atención de los medios nacionales, donde uno de los dos paquistaníes, dos cubanos y dos argelinos violaron a una mujer joven mientras otros miraban e hicieron nada. Y hace apenas un mes, 10 argelinos fueron arrestados por violar a 3 niñas, una tenía solo 14 años, durante 24 horas.

Importar una cantidad masiva de inmigrantes varones, en su mayoría jóvenes, a Europa, alterando el equilibrio de género de la población de los países anfitriones, es una receta para ciertos desastres.

Alemania, Suecia, Francia y el Reino Unido ya lo han descubierto. Los problemas de España recién están comenzando.

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Ban immigrants. Stop refugee. Red Forbidding character. Syrian Man in national costume crossed out red stripe. Vector sign