Categoría: POLÍTICA

Violado un niño de 10 años por compañeros de escuela árabes en Alemania

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Un grupo de estudiantes de una escuela primaria de Berlín (Alemania) fueron a una excursión al castillo de Kröchlendorff, a unos 120 kilómetros de la capital alemana. Durante el viaje, un niño de diez años fue violado por otro compañero de grado, mientras dos más le sujetaban y otros dos eran testigos.

La noticia ha salido a la luz ahora, aunque los hechos se remontan a antes del verano, durante una excursión de fin de curso.

La víctima fue amenazada durante el día por los perpetradores y fue por la noche cuando sucedió la agresión.

Las autoridades no han podido detener a los atacantes, dado que se trata de niños menores de 14 años, límite de edad punible en Alemania, sí que se ha podido desvelar que los agresores y cómplices eran de origen árabe, probablemente iraníes.

M. García. Despiertainfo.com

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Por la libertad y la palabra

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El pogromo contra el español es la guerra contra España.

Por Hermann Tertsch

El 9 de septiembre hay convocada en Barcelona una manifestación para exigir a Pedro Sánchez que cumpla su palabra y convoque elecciones porque una inmensa mayoría de los españoles, lo dicen las encuestas, no lo considera legitimado para tomar las decisiones que está tomando sin ser elegido. Esa manifestación debería ser el comienzo de una movilización general en toda España para que plazas y calles se llenen de ciudadanos que demanden elecciones inmediatas y exijan respeto para la voluntad popular a este Gobierno, que tiene la osadía de decir que a los españoles no les convienen ahora las elecciones o que sería un despreciable «contar votos malamente».

Los españoles se juegan mucho más que ese saqueo fiscal planeado. Se juegan su libertad y la unidad de la patria, confirmados ya los planes de Sánchez del choque de «las izquierdas» contra «las derechas» en su siniestro intento de ganar ahora la guerra civil de hace 80 años. Ese despreciable proyecto lo asume y hereda de Zapatero, hoy muy significativamente ya la mano derecha de Nicolás Maduro, un dictador narcocomunista que debe acabar ante Tribunal Penal Internacional de La Haya por los crímenes contra su pueblo. Sánchez se ha negado a tachar de dictador a Maduro y comparte con él no solo los consejos de Zapatero. También la alianza con los comunistas españoles de Podemos, cuyos dirigentes fueron decisivos en la deriva del chavismo hacia la dictadura. Como lo son ahora en convertir el programa del nuevo Frente Popular español en una rápida operación para hundir al país en la dependencia, en la desinformación y mentira histórica, el abuso y la servidumbre.

Una semana después de esa manifestación por la libertad y la unidad de España frente a los intentos de destruir la nación y someterla en pedazos a tiranías marxistas, hay otra gran convocatoria, también en Barcelona, el día 16. Será la primera gran manifestación a favor de la libertad de elección de lengua y del uso del español. Convocada por la asociación Hablamos Español, una iniciativa joven de inmensa vitalidad que crece sin cesar, recoge firmas y goza ya de numerosos apoyos. Pretende hacer lo que no hicimos en cuarenta años y hoy pagamos dramáticamente: defender el derecho de todo español a estudiar, trabajar y vivir en lengua española en todos los rincones de España. La traición a este derecho se inició muy pronto. Ahí está ya en 1981 el Manifiesto de los 2.300 de un grupo de intelectuales encabezados por Amando de Miguel y Federico Jiménez Losantos que lo denunciaron. Sufrieron represalias, este último un atentado, y la mayoría acabó fuera de Cataluña. Ahí comenzó la «limpieza cultural», el pogromo contra el español que ha alcanzado una brutalidad propia de odios balcánicos. La terrible indiferencia general por este maltrato del nacionalismo gobernante contra mayorías castellanohablantes ha sido fomentada por todos los gobiernos de España, tanto del PSOE como del PP, para no irritar a sus socios. Pero la expulsión del castellano de las regiones con nacionalismos es mucho más que una disputa cultural. Pretende erradicar la presencia y las huellas de la lengua común para poner en duda la propia existencia allí de ese pasado común. Desde la toponimia a las lápidas, de los archivos a los carteles, se pretende que desaparezca todo testimonio de la huella de España y la lengua española. Por eso hablar o escribir de «Girona» o «Lleida» o «Araba» o «Iruña» cuando se habla o escribe en español es colaborar con el pogromo hispanófobo. Fíjense hasta qué punto están implicados nuestros políticos y periodistas el la fatal deriva. Fíjense hasta qué punto la lucha por la lengua común es la lucha en defensa de la libertad.

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Rokhaya Diallo y el racismo necesario (Rokhaya Diallo and the necessary racism)

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Rokhaya Diallo se ha convertido en un icono del movimiento ‘antirracista’ en Francia.

La profesión de “perito en microrracismos” tiene un futuro brillante en la sociedad dominada por el marxismo cultural, en estrecha competencia con la de perito en micromachismos.

Por Francisco José Contreras

Les presento a Rokhaya Diallo. Nacida de padres africanos en París en 1978, su trayectoria es la de una triunfadora: cursó estudios de Derecho Internacional y Europeo y de markéting en la Universidad París I, se ha desempeñado profesionalmente con éxito, y llegó a pertenecer al Consejo Nacional de lo Digital (Conseil National du Numérique). Aunque, desde que creó en 2007 la asociación Les Indivisibles, su ocupación primordial ha sido el activismo y el periodismo. Digamos que se ha convertido en una profesional del antirracismo. En la última década ha denunciado constantemente el “racismo institucional y sistémico” del país que acogió a sus padres, le proporcionó una educación de calidad, subvenciona su asociación y le proporciona tribunas mediáticas masivas para difundir sus diatribas (Diallo es omnipresente en las televisiones y radios francesas). También escribe en el Washington Post.

¿Dónde se oculta ese terrible racismo francés? La asociación de Diallo concedió entre 2009 y 2015 los “Y’a bon Awards”, una especie de Premio Limón al racista del año. Casi todos los galardones se adjudicaron a supuestos “islamófobos”: es decir, la crítica del Islam es computada como racismo (en realidad, el Islam es una religión practicada por gente de todas las razas). También son racistas los fabricantes de tiritas y esparadrapo: ¡siempre son de color blanco! La voluntad de humillar a las personas de piel oscura es evidente. Los comentarios de Diallo suscitaron toda una polémica en Twitter: el #sparadrapgate. La profesión de “perito en microrracismos” tiene un futuro brillante en la sociedad dominada por el marxismo cultural, en estrecha competencia con la de perito en micromachismos.

Más enjundiosas son las consideraciones de Diallo sobre porcentajes de desempleo o delincuencia en las diversas etnias: “en la isla [francesa] de Guadalupe, el 57% de los jóvenes [mayoritariamente negros] están en el paro”; “el 60% de los detenidos por la policía en Francia son musulmanes, aunque los musulmanes no son más que el 10% de la población”. Ojo al truco: la sobrerrepresentación africana o magrebí en las estadísticas de delincuencia o desempleo no puede tener otra explicación, según Diallo, que el racismo de policías, jueces y empresarios. No se toma en consideración la posibilidad de que, en lo que se refiere al éxito económico, se trate de diferencias de formación, ambiente familiar, capacidad, esfuerzo… Y, en lo que se refiere a la delincuencia, la procedencia de países con culturas más violentas, amén del propio fracaso académico-profesional (si uno está en el paro, es más probable que caiga en el delito).

Tenemos, pues, lucha antirracista para rato. Pues, mientras no se alcance una perfecta igualdad de resultados interracial (o sea, ratios de delincuencia, éxito académico, etc. exactamente proporcionales al peso demográfico de cada raza), tendrán una excusa para gritar “¡racismo!”. El paralelismo con la falacia de la “brecha salarial de género” es evidente.

Pero esta exigencia de perfecta igualdad de resultados interracial e inter-género sólo podrá conseguirse mediante una masiva, asfixiante intervención del Estado, que promueva a los grupos en supuesta desventaja (mujeres y razas no blancas) y machaque la cresta del colectivo opresor, los varones blancos heterosexuales. Sólo una tiranía de la corrección política podrá impedir la disparidad de resultados. La “discriminación positiva” es un lecho de Procusto que estira los logros de algunos colectivos, mientras amputa los de otros. Recordemos que el lecho de Procusto era un instrumento de tortura.

Fomentar el resentimiento entre razas y sexos no parece una política muy saludable. Además de poner en peligro la cohesión social –dividiéndonos en “comunidades” enfrentadas- devalúa la responsabilidad individual al habituar a la gente a culpar a la sociedad de sus propias limitaciones y fracasos. Suspendí el examen por el sesgo racista de los examinadores, no porque no haya estudiado lo suficiente. Así que me voy a los Campos Elíseos a romperlo todo (más de 300 detenidos y 45 policías heridos en las celebraciones de la victoria en el Mundial).

En realidad, el llamado antirracismo es la forma que ha adoptado el racismo en la sociedad actual (entendiendo “racismo” en sentido amplio como “obesión por la raza”). La modernidad había encontrado una solución civilizada para los problemas raciales: la “desracialización” de la mirada, la puesta entre paréntesis del color. Martin Luther King dijo: “Sueño con un país donde se juzgue a las personas, no por el color de su piel, sino por el contenido de su carácter”. El corolario son las leyes colour-blind, que prescinden del dato racial a la hora de distribuir derechos y deberes: ven en la persona un ciudadano incoloro, no un miembro de tal o cual etnia. El ideal debería ser una sociedad de individuos, no de tribus raciales; una sociedad en la que la pigmentación de la piel resulte un rasgo anecdótico, no muy diferente del RH o la estatura.

Ahora bien, el antirracismo no quiere leyes ciegas al color, sino leyes que, distinguiendo entre razas opresoras y oprimidas, mantengan encendida la obsesión por la pertenencia racial (además, con un matiz revanchista y de enfrentamiento). Los antirracistas no quieren que nos olvidemos de la raza: insisten en recordarle a cada uno la suya.

Este énfasis en la concienciación racial llega a extremos delirantes. Por ejemplo, los “campamentos de verano descolonizadores”, en los que se prohíbe la entrada a los blancos (¿Imaginan la que se armaría si alguien tuviese la mala idea de crear un campamento cerrado a los negros?). O bien, las asociaciones de estudiantes negros o magrebíes en las Universidades, si bien este es un fenómeno más frecuente en EE.UU. y Canadá, donde existen grupos juveniles afroamericanos, orientales, nativo-americanos, hispanos… pero resulta impensable la creación de una “asociación estudiantil blanca”: inmediatamente surgirían las acusaciones de supremacismo y neonazismo.

Rokhaya Diallo se opuso en un artículo del Washington Post a la supresión del término “raza” en la Constitución francesa, debatida hace unos meses. Es lógico. Diallo necesita que la raza siga siendo muy importante: que la gente se defina –y se enfrente- en función de ella. ¿De qué vivirían, si no, los antirracistas?

Cuando el gran Joe Louis se convirtió en el primer boxeador negro en ganar el título mundial de los pesos pesados, un periodista le preguntó: “¿Estás orgulloso por [lo que significa para] tu raza?”. Su memorable respuesta fue: “Sí, estoy muy orgulloso por mi raza. La raza humana, por supuesto”. Para las huestes de Diallo, Joe Louis era un tío Tom.

La mentira de los impuestos a los “ricos”(The lie of the taxes to the «rich»)

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If my best isn’t good enough then how can it be good enough for two?”

George Michael

Por  Daniel Lacalle 

Por fin. Al final lo reconocen. Las subidas de impuestos no son para pagar las pensiones ni para reducir el déficit, son por “justicia social” –según la Ministra de Hacienda-.

La frase es magnífica y se une a aquellas proféticas palabras de Carmen Calvo, que ustedes recordarán “el dinero público no es de nadie”. Dice así: «Hay subidas de impuestos con afán recaudatorio y otras que se hacen por justicia social».

La frase parece una broma. Todas las subidas de impuestos tienen afán recaudatorio. ¿“Justicia social”? Pues no. Si lo que le preocupase a nuestra ministra es la justicia social, habría atajado la administración paralela,esa red clientelar de empresas y fundaciones fantasma, que en su comunidad, Andalucía, detrae más de 3.000 millones de euros anuales de recursos públicos (un 3,5% más que en 2017 en el presupuesto de la Comunidad, casi el 10% del gasto no financiero total). Y lo mismo en otras comunidades autónomas. Más de 28.000 millones anuales.

Si al PSOE le preocupase la justicia social, no habría subido impuestos a familias y empresas en todas las comunidades autónomas gobernadas con Podemos hasta alcanzar una presión fiscal entre un punto y hasta dos puntos superior a la media nacional.

El cuento de demonizar las rentas altas empieza por el lenguaje. “Rentas altas”. ¿Quién define “altas”? Parte de hacer creer al que lo lee o escucha que es una renta injusta o desproporcionada. No dicen “las rentas más productivas” o “las rentas mejor remuneradas”, no. “Rentas altas”. Para que usted piense que somos malvados explotadores. 

El PSOE y Podemos les cuentan el cuento de que 600.000 personas van a pagar 20.000 millones más de gastos anuales, ustedes se lo creen y, mientras se carcajean, les suben los impuestos a todos con nombres originales (verdes, locales, regionales, Google, CO2). Luego bajan el listón “de rico” a medida que su voracidad confiscatoria no se ve saciada. Hasta que usted es rico y no se había enterado.

En España, el contribuyente medio dedica 177 días de sueldo anual para pagar impuestos.

Las “rentas altas”, por su parte, trabajan 180 días al año solo para pagar impuestos.

Si partimos de un contribuyente soltero y sin hijos que gana 150.000 euros brutos al año, vemos que su cuña fiscal ya es del 48,25% en las comunidades autónomas del régimen común, y que llega hasta el 53,11% en NavarraEl concepto de “renta alta” es en realidad casi inexistente en España.

Las rentas de 150.000 euros abonan unos 84.000 al año en impuestos, antes de entrar en impuestos indirectos, al ahorro, a la vivienda, etc. Es decir, el equivalente a unos cuatro sueldos brutos medianos.

Ellos saben que un incremento del 10% en el tipo efectivo medio sobre las rentas de más de 150.000 euros hundiría la recaudación entre 500 millones y 2.500 millones de euros. En el más optimista de los casos, efecto casi nulo. Como indica Juan Rallo, hay diversos estudios que lo demuestran.

Si le preocupase la justicia social, no consideraría aceptable detraer en impuesto de la renta más de la mitad de los ingresos de un trabajador, sea cualificado o no, para luego detraer un tercio de sus ahorros, un cuarto de su vivienda y un quinto de su consumo. Pero si le preocupase la justicia social, desde luego se daría cuenta que expoliando a los 90.000 ciudadanos, trabajadores, que ganan más de 120.000 euros ni se pagan las pensiones ni se reduce el déficit ni se mejora el patrón de crecimiento ni aumentan los salarios.

En España la mayor desigualdad es entre contribuyentes y burócratas.

Aquí, de lo que se trata no es de garantizar el estado de bienestar, que se garantiza creando empleo, empresas grandes y sólidas y atrayendo inversión.Se trata de financiar el gasto clientelar y poner escollos al crecimiento para presentarse luego como el salvador. “No le importa quemar el bosque si se convierte en rey de las cenizas” como decían en Game of Thrones.

Ninguna sociedad ha hecho más ricos a los pobres haciendo pobres a los ricos.

Pero lo que es absolutamente intolerable es que digan que no va a afectar a “la clase trabajadora”. Como si los que ganan 120.000 o 150.000 euros al año, o lo que sea, no fueran trabajadores. Y además, incansables, como los demás. Como si los médicos, ingenieros, arquitectos o cualquier grupo que se gane su salario con su esfuerzo no fueran trabajadores que se levantan cada mañana para generar crecimiento, empleo y prosperidad.

Estamos ante una guerra de odio al mérito, al éxito y a la prosperidad. El odio populista a la gran empresa o a los salarios superiores no es la defensa del pueblo o el pequeño empresario. Es la constatación de la envidia al éxito. Porque la definición de gran empresa se va rebajando –como la de “ricos”- hasta que el kiosco de barrio les parece Exxon.

En España tenemos aproximadamente 600.000 personas que ganen más de 60.000 euros y a eso llaman “ricos”. Y unas 750 empresas contribuyen a la inmensa mayoría del impuesto de sociedades. Esas empresas son hasta un 30% más pequeñas en tamaño a la media de los grandes grupos de nuestros países comparables, pero lo llaman “grandes empresas”. La empresa española es fundamentalmente pequeña y mediana y, encima, más pequeñas que la media de nuestras economías comparables.

La fiscalidad confiscatoria es devastadora para el estado de bienestar, el crecimiento y el empleo. Porque los impuestos confiscatorios generan un efecto depresor, y estamos sobrepasando ese nivel con el cuento de que “hay margen”. 

“Recaudamos poco”, dicen. Y usan presión fiscal (una ratio recaudatoria, ingresos fiscales sobre PIB) en vez de cuña fiscal (lo que usted y yo pagamos con respecto a lo que ganamos). La primera es ópticamente baja. La segunda es muy alta. ¿Cómo lo solucionan? Subiendo impuestos. Y siguen recaudando “poco”. El que parte, reparte y se lleva la mejor parte.

¿Se han dado cuenta que los que siempre encuentran margen lo hacen con el dinero de los demás? ¿Que los solidarios con el salario y ahorro ajeno siempre consideran que usted gana demasiado y ellos gastan poco?

Una renta de 150.000 euros paga más impuestos que cuatro salarios medianos. ¿No deberíamos incentivar que fuera atractivo atraer inversión, contratar y subir sueldos en vez de multiplicar el coste del impuesto al trabajo y la inversión para que nunca aumenten?

Las grandes empresas generan 1,21 millones de empleos. Es decir, crean 1,21 millones de puestos de trabajo más que los populistas que las atacan. ¿No deberíamos atraer más y mejores?

Según Funcas, el 10% más rico en términos de renta soporta el 48% de todo lo que se recauda en impuesto sobre la renta.

Los “ricos”, señora ministra, son los que mantienen en sus sillones a esos que jamás han creado un puesto de trabajo ni arriesgado sus ahorros para montar una empresa, que jamás se han quedado hasta altas horas de la madrugada, fines de semana y sin vacaciones, para crear riqueza. Los “ricos” son los que pagan el sueldo a esos que atacan al capitalismo desde su iPad pagado con nuestros impuestos mientras se toman un mes de vacaciones después de cuarenta días de “gobierno”. Nunca he visto a unos anticapitalistas más apegados al capital… de los demás.

Las “rentas altas”, señora ministra, son la clase trabajadora que mantiene a su clase política.

Los trabajadores, empresarios, autónomos y familias que ustedes llaman “los ricos” están hartos de los políticos rentistas extractivos, que usan la demagogia para incitar el odio y multiplicar el gasto clientelar, no garantizar el estado de bienestar. 

Lo verdaderamente preocupante de España es esta carrera hacia cero de subir impuestos constantemente para recaudar peor y menos. Y así nunca progresaremos. Pero nos daremos palmadas en la espalda diciendo que la culpa es de la nueva, e inferior, definición de “los ricos”. Prepárese.

No se engañen, los populistas saben que las empresas y “rentas altas” pagan muchos impuestos. Lo que buscan es fomentar la envidia, destruir lo que queda y echar a quien quiera venir. Y presentarse como la solución repartiendo las migajas de lo que quede. Destruyendo miles de empleos al día, como ya hemos visto en el pasado. Justicia social.

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COMISIONES DE LA VERDAD Y POR EL MONTE LAS SARDINAS

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Escrito por Miguel A.Velarde

El verano, junto con la cabalgata presupuestaria anual, siempre es el momento propicio para que un gobierno cuele todas esas cosas que no se atrevería a hacer en épocas en las que los ciudadanos están algo más atentos a las noticias. Tampoco es que hacerlo de forma descarada vaya a tener demasiada repercusión, en un país en el que la mayoría ha asumido orgullosamente su papel de siervos obedientes que necesitan ser protegidos por un amo sabio. No, pero quizás algunas cosas den algo más de reparo, y es mejor hacerlas de forma más discreta, sin que los afectados vayan a dedicarle mucho tiempo en pensar sobre ellas.

A cambio, se nos suelen regalar polémicas menos trascendentes para tenernos entretenidos, lo que se agradece, puesto que nos permite mantener cierto nivel de indignación y cabreo (“conviene que haya tensión” como decía el gobernante que sin duda pasará a la Historia como modelo y síntoma de la decadencia de la Europa del siglo XXI). A los yonkis se nos tiene que dar nuestra dosis para que no nos alteremos demasiado.

¿Temas intrascendentes? Quizá. Ningún tema en política lo es y a la vez todos lo son. La vida sigue después de cualquier acto del gobierno. Se pueden socavar derechos y decretar el hundimiento económico de un país, y al día siguiente el sol vuelve a salir y la gente sigue tomándose su café de la mañana, e indignándose porque tal o cual mamarracho ha dicho cualquier cosa. Pocos notaron el final del Imperio Romano de Occidente. Se levantaron un día siendo súbditos del rey de los ostrogodos, y lo vivieron exactamente igual que el día anterior cuando eran ciudadanos romanos. Acercándonos más, se nos privó del derecho al recurso de apelación civil en los asuntos de menos de 3.000 € y la vida siguió. Se nos limitó el derecho al uso de dinero en efectivo y no se acabó el mundo. ¿Nos vamos a preocupar por cuestiones menores? La vida va a seguir igual.

Más o menos. Al menos un tiempo.

Este verano la cosa nos pilló por sorpresa con el tema de la inmigración. El gobierno nos vendió que iba a ser caritativo y amoroso, para llevarse bien con su principal socio parlamentario, pero enseguida descubrió que su masa principal de votantes no veía bien esa caridad (convencer a la gente que son competidores por los subsidios con los inmigrantes, es lo que tiene), así que lo que toca es correr un tupido velo y tratar de agradar a todo el mundo: ahora acojo a éstos porque salen muy bien en las fotos y ahora entrego a Marruecos a estos otros porque nadie me lo puede impedir.

Mejor seguir con el plan A preparado desde un principio que es… Franco.

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En España siempre tenemos muy presentes y de actualidad nuestros conflictos civiles del pasado.

Lo que ocurre con Francisco Franco es muy curioso, y debiera ser objeto de un estudio en bastante mayor profundidad. Que 43 años después del fin de un régimen, tipos que no lo vivieron actúen como si fuese algo actual debiera ser bastante sorprendente. Pero rascando un poco, vemos que es el Mcguffin perfecto de nuestro país.

Para empezar, Franco es el coco, el hombre del saco, y a la vez el mito fundacional de buena parte de las fuerzas políticas españolas. Estamos en un mundo en el que la socialdemocracia ha muerto de éxito (de éxito político, de cuota de poder, que no en lo relativo a solucionar ningún problema). Durante décadas no hubo espacio relevante en Europa para ninguna fuerza política no socialdemócrata. Se podían dividir en democristianos (con un toque más conservador en lo social) o socialdemócratas propiamente dichos (con un toque menos conservador en lo social), por usar la terminología alemana aplicable a casi todo el continente, pero en el fondo, las diferencias eran tan mínimas que la crisis de partidos era inevitable. Incluso los comunistas renunciaron en su día a la dictadura del proletariado, admitiendo (al menos de palabra) las reglas de la democracia representativa. El eurocumunismo fue una palabra muy de moda hasta que les empezó a dar vergüenza usarla.

Por supuesto, entre las cloacas (en los escaños minoritarios de los parlamentos y las administraciones menores) se movían las ratas que se oponían a la socialdemocracia imperante. Teniéndolos a ellos como alternativa al sistema, resultaba evidente que era mejor seguir como se estaba: comunistas, fascistas, ecologistas sandía (con un sorprendente éxito en algunos momentos)…

¿En qué se podían diferenciar entre ellos, entonces, los socialdemócratas españoles, una vez superadas las cuestiones estéticas (las chaquetas de pana tuvieron su época, y no daban para más)?: Franco.

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Todo español entre 20 y 90 años corrió delante de los grises. Ellos lo confirman

Así, ya desde el principio, unos alzaron la antorcha de su heroica lucha antifranquista como origen de su legitimidad, y otros agacharon la cabeza para que no los relacionaran con el régimen anterior. Da igual que ninguno hubiera luchado en su vida contra la dictadura, y que todos tuvieran sus comienzos políticos cuanto menos cierta relación con la política previa a la democracia. El cambio de régimen fue “de la ley a la ley”, como se ha repetido, y los que eran funcionarios, sindicalistas o alcaldes a principios de 1975 seguían siéndolo para fin de año.

Pero daba igual. Unos se inventaron un pasado ficticio para ellos, y otros prefirieron avergonzarse del suyo, esperando que nadie se lo recordase. La ficción, evidentemente, tiene más fuerza que la vergüenza.

Pasaron las décadas, y el pecado original pervivió al igual que el mito. Los hijos de los que nunca habían hecho nada para derrocar la dictadura, se enorgullecían de las novelescas heroicidades de sus mentores políticos, mientras que echaban en cara a los nuevos políticos del otro bando que los fundadores de su partido habían tenido cargos públicos antes de la Constitución. Así, Franco se convirtió en la kriptonita de unos socialdemócratas (los del PP) y en la poción mágica de Panoramix de los otros socialdemócratas.

Al fin y al cabo, todos seguimos teniendo una gran querencia por la justicia bíblica, y los pecados de los padres se transmiten a sus hijos, sin redención posible. Si es que nos rascan un poco y sale el pastor neolítico que llevamos dentro.

¿Relevancia práctica? Ninguna. Estética. Estética. Franco y el antifranquismo convertidos en las nuevas chaquetas de pana.

Luego llegó la etapa final de la última crisis económica, que trajo consigo la crisis (aunque tampoco para tanto) de los partidos tradicionales. Por toda Europa, los fascismos y los comunismos por fin dejaron de tratar de arrebatarse violentamente la clientela potencial y asumieron todas las cosas que los unían ideológicamente. Así, de la fusión de grupúsculos de ideología totalitaria surgieron cosas como Podemos. Pero como rascando debajo de las estupideces y los unicornios de sus programas electorales (me encanta el término burricornio que acuñó Eclectikus) cualquiera con un coeficiente intelectual algo mayor que un boniato de tamaño medio, huiría de ellos como de la peste, tuvieron que enarbolar otras banderas para atraerse indignados. En algunos sitios fue la inmigración (a favor o en contra), o las políticas de género, o el odio al turista (una rama de la xenofobia bastante clásica)… En España, además de ello, tenían el principal Mcguffin a su alcance: Franco.

Ellos podían acusar a todo bicho viviente de franquista, porque según su propia fantasía fundacional, afirmaban ser los nuevos, los recién llegados, los que no tenían pasado, al contrario que el resto: Los del PP eran franquistas, pero los del PSOE también. Y como la mala conciencia debe explotar por alguna parte, los aludidos siempre estuvieron dispuestos a hacer cualquier cosa para librarse del sambenito, al igual que los conversos del siglo XVI para evitar ser acusados de judaizantes.

Y es que vivir en sus torres (universitarias, parlamentarias, funcionariales…) alejadas de la realidad es lo que tiene. En el mundo real, Franco está tan presente como Leovigildo, el general Prim o la princesa de Éboli. Hay una pequeña panda que aún lo odia como si todavía caminase por la calle, temiendo que sus designios controlen sus vidas, y otro pequeño grupúsculo que lo adora de idéntica forma. Todos ellos irrelevantes en la práctica, pero que parecen ser los motores de la política actual, en vista de lo que los medios (al calor del oligopolio fáctico estatal) y sus subvencionadores políticos nos muestran.

He tenido ocasión de ver discusiones muy raras en las redes. Tipos que no han escuchado hablar de las guerras carlistas, dando lecciones sobre los motivos sociales de la guerra del 36 y la dictadura, y de cómo ésta es la causa de los males de nuestra sociedad actual. Y todo ello bajo el mejor de los argumentos posibles: el “es mi opinión y debes respetarla”.

– Oiga, es que yo creo que Franco fue un dictador asesino y malvado que merece lo peor.

– Oiga, que yo creo que Franco fue el salvador de España y reunía en su persona todas las virtudes.

Pues vale. ¿Y a mí qué me cuentan?

– Oiga, que yo veo muy mal que se produzcan actos de exaltación de Franco y de su dictadura.

– Oiga, que yo veo muy mal que se insulte la memoria de Franco.

Pues vale. ¿Y a mí qué me cuentan?

– Oiga, que hay que impedir que se produzcan actos de exaltación de Franco y de la dictadura.

– Oiga, que hay que prohibir que se insulte la memoria de Franco.

Pues miren, no. Ahí entramos en la libertad de opinión y de expresión, que no puede defenderse sólo para quien opine lo mismo que yo.

Si alguien sale en televisión llamando genocida a Franco y a usted no le gusta, refútelo. Y si alguien se va a un monumento a enarbolar banderas con el águila de San Juan y pedir que Franco resucite, y a usted no le gusta, refútelo también, o monte al día siguiente otro acto pidiendo que se quede en su tumba.

No es posible pedir respeto por los derechos fundamentales, pero sólo de los que piensan como nosotros.

Y aquí estamos, discutiendo sobre lo banal y usándolo como excusa para atacar lo importante. Gritos indignados por el lugar donde está enterrado un cadáver, pero lo solucionamos infringiendo el artículo 86 de la Constitución. Porque ¿qué es el principio del sometimiento del poder a normas, comparado con una polémica veraniega?

Pero estas cosas arrastran consecuencias más divertidas aún. Ahora nos anuncian una “comisión de la verdad” para dejar zanjados todos los debates sobre la guerra civil (la de 1936 a 1939, supongo, porque los debates sobre la que enfrentó a Pedro I de Castilla con Enrique de Trastámara, por ejemplo, aún continúan donde deben, que es en los ámbitos académicos). Y lo sueltan así, sin vergüenza ninguna, porque saben que han preparado bien a la audiencia. Todos dispuestos a obedecer sumisamente a quien el que manda diga que es un experto. Y todos tan hartos ya de la cansina matraca que están dispuestos a admitir cualquier cosa que la ponga fin.

O quizá convenga pararse un poco a reflexionar. Quizá.

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Las comisiones de la verdad siempre han tenido mucho trabajo en todas partes.

Hace 2234 años de la batalla de Cannas, y aún no hay consenso absoluto de cuál de los dos cónsules la pifió ese día, o si lo hicieron de común acuerdo. Hace 120 años de la guerra de Cuba, y aún no están claros los movimientos políticos del gobierno español. Sólo por poner dos ejemplo. ¿El 11-M, el golpe de estado de Tejero, la transición, la primera república..?

¿Nadie ve el problema de permitir que unos políticos y sus expertos decidan cómo fue la Historia e impongan por Ley sus conclusiones? ¿Y luego qué? ¿Penalizamos al discrepante? ¿Abolimos la libertad de expresión, al tiempo que prohibimos la investigación histórica?

¿Y por qué quedarnos ahí? ¿Por qué no hacemos lo mismo con el resto de la Historia de España? Que los expertos a sueldo del político de turno establezcan la verdad irrefutable de todo cuanto sucedió. Y ya que estamos, de todo cuanto sucede.

Y extendámoslo a otros ámbitos, y así nos quedaremos más tranquilos. La Filosofía es una lata. ¿Por qué no dejar sentado legalmente qué corriente de pensamiento tiene la razón? E igual con la Física, la Química, la Biología…Todo sea por evitar las polémicas, que sólo traen crispación y… bueno sí, avance en todos los ámbitos del saber. Pero viviremos todos tan tranquilos…

Y por supuesto, la política. ¿Por qué no determinar ya desde el poder qué ideología es la correcta? ¿Y qué gobernante es el mejor?

Y todo ello gracias a Franco. El personaje más útil de la Historia. Dictador, vale, pero un chollo. Eso es lo que es.

HAROLD & WILSON: «Modo superlativo»

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Echenique, El Espurio

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«Echenique fue el impulsor de la falacia que siguieron todos los miembros de Podemos y del PSOE. Manipular a las masas aborregadas, darles pan y circo mientras desmantelan la democracia.»

Por Isaac Parejo

La maldad tiene muchas formas pero hay un rasgo característico a todas las personas que la poseen: la inteligencia. No todas las personas inteligentes son malvadas pero sí todos los malvados son inteligentes. Pablo Echenique es una mente brillante, un científico del CSIC con un currículum espectacular. Pero Pablo Echenique también tiene otra cualidad, por llamarlo de alguna forma: la maldad. Hace de la mentira un discurso y estoy convencido de que no es por ignorancia sino por sus enfermizas ganas de implantar en España una dictadura a la imagen y semejanza del Madurismo más puro. Un argentino kirchnerista que vino a España porque en su país de origen se habría muerto de hambre con un gobierno que imitaba al chavismo. Un personaje que es la viva imagen del totalitarismo, más incluso que su alter egoPablo Iglesias, o mejor dicho, el ideólogo y ejecutor de todo esto en la sombra: Juan Carlos Monedero.

Pero lo peligroso no es que esta gente piense así, sino que un partido de gobierno como el PSOE haya adoptado su discurso y sus formas. PSOE y Podemos se han aliado (otra vez) para desmontar la democracia y el Estado de Derecho. Los socialistas siempre han intentado, desde sus inicios, destruir España. Nunca lo han conseguido y ahora va su enésimo conato.

Todos llevamos escuchando, desde que Sánchez es presidente, las cacicadas y golpes del Gobierno que, durante 2 meses, se está dedicando a tres cosas: a enfrentar a la sociedad, a usar el dinero público para usos privados y a realizar concesiones a todos los que quieren cargarse la integridad territorial del país. Pedro Sánchez, un ser acomplejado, es, ahora mismo, lo más parecido a un dictador que hemos tenido en los últimos 43 años. Pero va a más y además con la complicidad de la mayoría de los medios de comunicación. El PSOE también ha adoptado (más que nunca) el discurso de la mentira de Podemos, pero en esta ocasión hasta límites aberrantes. La última cacicada ha sido intentar cargarse el Senado, el último resquicio de poder que tenía el PP, poder dado por los españoles en las urnas. Saben que hacer esto es un auténtico golpe dictatorial y una prueba más del totalitarismo que les caracteriza pero sabían como venderlo: mediante la mentira.

Echenique fue el impulsor de la falacia que siguieron todos los miembros de Podemos y del PSOE. Manipular a las masas aborregadas, darles pan y circo mientras desmantelan la democracia. De ahí que el tema candente en la actualidad sea Franco mientras, tras la puerta del consejo de ministros, el Gobierno se está dedicando a atarlo todo para evitar que la derecha vuelva al poder, algo que intentó Zapatero pero que se le vino abajo cuando estalló la crisis.

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Al aberrante tuit de Echenique se le unieron las declaraciones de Adriana Lastra, la portavoz del PSOE en el Congreso. Todos sabemos que Adriana no tiene ningún tipo de estudio más que el graduado escolar. No es un ataque, no le reprocho el no haber estudiado pues no conocemos sus circunstancias personales, pero lo que sí es reprochable es que ni siquiera haya hecho un mínimo esfuerzo por conocer la profesión a la que se dedica, la política. A un político se le exige, como mínimo, que conozca la Constitución, o al menos que sepa por qué es cargo público, quién le ha votado y por qué ha sido elegido. Pero a Adriana Lastra le dio pereza hasta eso, así que no dudó en hacer unas declaraciones que en cualquier país decente inhabilitarían a un político para volver a abrir la boca. Adriana dijo nada más y nada menos, que el Senado era antidemocrático y que la soberanía nacional estaba en el Congreso de los Diputados. Bien, esto es un extracto de la Constitución Española.

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Sinceramente, o Adriana Lastra es una analfabeta o no ha votado en su vida. Me inclino más por lo primero así que vamos a explicar cómo se elige al Senado en España ya que esta señorita y, por lo visto, Echenique, toda su tropa y el PSOE al completo, no saben que, cuando acudimos a las urnas cada cuatro años, estamos votando en dos elecciones distintas: una para el Congreso y otra para el Senado, con dos papeletas distintas y bien diferenciadas.

Al contrario que en las elecciones al Congreso, donde se votan listas cerradas y bloqueadas, es decir, votas a un partido en un pack, las elecciones al Senado son, quizás, las más legítimas y democráticas (dentro de la legitimidad que obviamente tienen las dos, luego ya podemos entrar en la utilidad o no de esta cámara). Cuando votamos al Senado, tenemos que marcar tres nombres en la mayoría de provincias, pueden ser incluso personas de partidos distintos. Los más votados en cada provincia obtienen escaño en el Senado (además de los 58 senadores por designación regional), por eso nunca se dan los porcentajes de voto de las elecciones al Senado pues no se calculan por partidos sino por personas.

Que Echenique confundiera (a propósito) el 30% de votos (33 realmente) del PP en el Congreso con los Senadores obtenidos o que Adriana Lastra deslegitimara el Senado como si nadie lo hubiera votado es un hecho gravísimo que denota que estamos en manos de auténticos inútiles, totalitarios o ignorantes. Pero lo mejor es que sus acólitos se han tragado el cuento como pavos. Fue decir Echenique esas palabras del tuit anterior y segundos después podías encontrarte con miles de usuarios diciendo exactamente la misma barbaridad para justificar el golpe dictatorial que pretenden dar. Amén de este otro tuit que provoca auténtico pánico.

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Acudamos a la RAE para leer la significado del término “arrebatar”.

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Sí, arrebatar, en el contexto utilizado por Echenique significa “quitar con violencia y fuerza”. Si os sorprende esta expresión del Secretario de Organización de Podemos, es necesario ponernos en antecedentes ya que, en 1999, una de las primeras medidas de Hugo Chávez fue precisamente eliminar el Senado para que quedara únicamente la cámara de diputados, llamada allí Asamblea Nacional. Y, ¿qué ocurrió cuando hace unos años el chavismo perdió la mayoría en esta Asamblea? Fácil, que el Tribunal Supremo, controlado por el chavismo, eliminó las funciones legislativas de esta cámara y Venezuela se convirtió oficialmente en una dictadura.

No es ni más ni menos que lo que pretenden hacer el PSOE y Podemos, siguiendo calcados los pasos aprendidos en aquella escuela de la que bebieron todos los líderes del Podemos y a la que ahora el PSOE se ha sumado.

Y, ¿pensáis que alguien va a hacer algo por España? Lo dudo mucho. Mientras el PP sigue con su corrección política en lugar de movilizar al electorado para que salgan a protestar o mientras ciudadanos está pendiente de la próxima encuesta que salga para ver qué postura toman, los españoles ven como no solo no hay oposición a esto sino que la que hay en el Congreso es una oposición cobarde y acomplejada, que es en lo que convirtió Rajoy al PP o lo que es el partido de Rivera, que se arrima al sol que más calienta. En España hay una derecha social huérfana de derecha política. Muchos dicen que VOX es la solución. Yo no creo que en soluciones mágicas ni en el advenimiento de un líder que arregle los despropósitos y los desastres del país, ya hemos visto la experiencia de muchos mesías que han acabado en fiascos de proporciones épicas. Yo no tengo la solución pero sé quién está provocando el problema. Igual es ahí por donde tenemos que empezar.

HAROLD & WILSON: «No se si hacemos bien»

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Los impuestos los pagas tu (Taxes you pay for)

PARA QUE SE ENTEREN SOBRE TODO, LOS CRETINOS QUE VOTAN A PODEMOS Y PARTIDOS SIMILARES O AL MISMO PSOE.

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Escrito por José Luis Montesinos

Es bien conocido por una parte importante de la ciudadanía que los impuestos siempre recaen sobre la clase media. Si se incrementan en demasía la clase media se convierte en baja y el país se va al carajo. Así de sencillo. Las clases altas, y más en un mundo globalizado, tienen los recursos necesarios para poner el dinero a buen recaudo, fuera de la voracidad de la sanguijuela de turno del ministerio de economía.

Todas las veces que repitamos este mantra son pocas. Comprobado está, de la misma forma. que existen políticos que reiteran que los impuestos los van a pagar los ricos y tontos de baba que les creen. La envidia siempre se consideró el pecado endémico de los españoles y eso de que paguen otros y que se jodan cala como gota malaya.

Mientras es un hecho que la economía repunta, los salarios en España se mantienen bajos. Las empresas que han sufrido un tremendo reajuste en los últimos tiempos no acaban de transferir esta bonanza a la cuenta de sus empleados, entre otras cosas porque no acaban de notarla. Habiendo como hay más trabajo, en el mundo global competir con otros países implica mantener los costes bien embridados. En un país donde la energía se paga al doble de lo que cuesta, gracias a los impuestos, es muy difícil transponer las subidas en el volumen de negocio a subidas salariales. El tejido empresarial español, en donde las empresas de alto valor añadido son la excepción, no puede repuntar si a cada paso que de les suben el gasoil, la luz o Sociedades.

Las pretendidas subidas de impuestos que se han anunciado y que pagaran las grandes empresas y las pymes, se repercutirán directamente en los salarios de sus empleados. Hasta en un 75%, según los estudios.

Los conocimientos más básicos de economía nos enseñan que el precio viene determinado por el mercado, cuando el número de competidores va en aumento. En la economía mundial, a excepción de algunos monopolios y oligopolios, el número de actores que participan en el mercado de cada producto o servicio es cada vez mayor, lo que impide que nadie pueda marcar el precio, por lo que nuestras empresas deberán reducir sus costes cada vez que al iluminado recaudador le parece que necesita hacer caja. Mientras suben ventas e ingresos el beneficio se lo lleva Hacienda y los salarios se quedan igual. Sencillo de entender.

Así de sencillo. Tú pagas el pato, como trabajador de una empresa de que haya que recaudar más. Tú pagas el pato como consumidor, porque eres clase media y cuando suben impuestos te los suben siempre a ti. Tú pagas. Y ¿callas?

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EL ESTADO DEL BIENESTAR ES EL PROBLEMA (THE STATE OF WELFARE IS THE PROBLEM)

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Si en un club privado, exclusivo o de andar por casa, pasara lo que pasa en un país, en un Estado del Bienestar, sus empleados se irían a la calle rápidamente, pero el Estado del Bienestar no es un club privado, es una falacia per se.

Escrito por José Luis Montesinos 

Imaginemos un club de campo, en el que sus miembros pueden disfrutar de unas magníficas instalaciones que incluyen piscina al aire libre para el verano y climatizada en invierno, campo de golf, gimnasio, spa, eventos deportivos y servicio de restaurante, entre otras exclusivas ofertas de ocio. Uno de esos que salen en las películas, con gente muy rica y mucho pijerío. La entrada cuesta un potosí y no digamos la membresía. Cuesta creer que los miembros del club acepten nuevos miembros sin pasar ningún filtro. Los accesos están controlados, hay vallas y cancelas, equipo de seguridad, a veces perros. Se hacen una idea.

Esto es lo que prometen los promotores y mantenedores del Estado del Bienestar. Un club exclusivo con servicios exclusivos y, desde luego que sí, a un precio desorbitado, para mantener la exclusividad. Sin embargo, a la hora de la verdad, dejan entrar a cualquiera, otorgándoles el mismo estatus de miembro, o incluso en ocasiones mejores servicios, a los nuevos recién llegados al club que no han pagado la membresía. Evidentemente, muchos miembros del club del Estado del Bienestar, que llevan años empeñando la mitad de su sueldo en la cuota protestan y se enfadan. Son los empleados de la institución los que, pese a vivir del sueldo que pagan los miembros, se pasan por el arco del triunfo sus reclamaciones y deciden prestar los servicios a quien a ellos les interesa.

Si en un club privado, exclusivo o de andar por casa, pasara lo que pasa en un país, en un Estado del Bienestar, sus empleados se irían a la calle rápidamente, pero el Estado del Bienestar no es un club privado, es una falacia per se.

Muchos españoles (y europeos) que se han tragado la mentira, reclaman que el club es suyo y que no puede entrar nadie a quien ellos no aprueben. Los empleados del club, que obtienen el apoyo, incluso violento, de esos a los que subsidian con el dinero de los socios con pedigrí, prefieren seguir subsidiando. La realidad es que el Estado del Bienestar no es ningún club. No tiene socios. No se basa en la propiedad privada.

¿Qué nos queda? Repetir una y mil veces la gran mentira que supone eso de que la voluntad de unos gobernantes que se presuponen ungidos por las urnas es capaz de traer la felicidad a sus ciudadanos. Repetir que es falso y argumentar que lo es. Nos queda defender lo que la Libertad ha conseguido de forma mucho más eficaz que los políticos, que cualquiera puede y debe ser bienvenido a sumar mientras respete a los demás, mientras sea libre y permita que los demás lo sean y que es en realidad es club quimérico e ilusorio el que crea los problemas que venía a resolver. Sin sanidad y educación falsamente gratuitas, sin trabas al emprendimiento, ni licencias, ni cuota de autónomos, ni impuestos abusivos, cualquier recién llegado puede empezar a ganarse la vida en las mismas condiciones que los que estamos aquí de siempre.

Todo en el Estado del Bienestar es mentira. Todos y cada uno de nosotros nos ganamos el bienestar a pesar del Estado. Y con la inmigración, como en cualquier otro asunto, el problema nace de su existencia y sus pretendidas soluciones. No de las personas que huyen del hambre.